PARTE I.
EL CEREBRO DIVIDIDO
CAPITULO 1.
ASIMETRÍA Y CEREBRO
EL tópico de la diferencia entre los
hemisferios, su asimetría fundamental, ha fascinado a los hombres durante mucho
tiempo. De hecho, la especulación sobre el tema se remonta a más de dos
milenios: los médicos griegos en el siglo III A.C. sostenían que el hemisferio
derecho estaba especializado en la percepción, y el hemisferio izquierdo en el
entendimiento - lo que, por lo menos, ya muestra una línea de pensamiento
notablemente interesante.1
En tiempos más modernos, el médico Arthur Wigan
publicó su reflexivo estudio, La
Dualidad de la Mente, en 1844, impulsado por su fascinación por un puñado
de casos con los que se encontró, tras descubrir en la autopsia de una persona
que había llevado una vida aparentemente sin complicaciones que tenía uno de
los hemisferios cerebrales destruido por una enfermedad. A lo largo de 20 años,
Wigan recopiló más ejemplos, y llegó a la conclusión de que cada hemisferio por
sí solo, podía sustentar la conciencia humana, y que por tanto, "debemos tener dos mentes con dos cerebros”, y la enfermedad mental es
el resultado de que entren en conflicto.2 Pero no hizo
ninguna sugerencia sobre cómo diferían, y parece haber asumido que eran en gran
parte intercambiables - una especie de estrategia evolutiva del tipo "cinturón y tirantes", ante la
posibilidad de que un hemisferio quedara irremediablemente dañado.
¿PORQUÉ DOS
HEMISFERIOS?
Esto nos lleva a una primera cuestión:
¿Porque existen dos hemisferios cerebrales? Después de todo, no es necesario que
un órgano cuya función principal, tal y como se entiende comúnmente, es
establecer conexiones, tenga su estructura casi completamente dividida. En el
transcurso de la larga evolución del homo
sapiens sapiens podría haber evolucionado hacia un cerebro unificado, que
ofrecería a primera vista enormes ventajas. Es cierto que los orígenes
embriológicos del cerebro se sitúan en dos mitades distintas. Pero esta no
puede ser la respuesta, no solo porque, aún más temprano, los mismos primitivos
hemisferios surgen de una única estructura en la línea media, el telencéfalo,
aproximadamente a las cinco semanas de gestación, (figura 1.1) sino porque las
estructuras de la línea media y las conexiones entre las mitades del cerebro sí
que se forman más tarde en el desarrollo fetal en algunos niveles, aunque los
propios hemisferios permanezcan completamente divididos.
Y el cráneo que
recubre al cerebro comienza, embriológicamente hablando, en varias partes a
ambos lados del cerebro, pero termina como un todo fusionado - así que ¿por qué
no también el propio cerebro? Ya que en cambio, lo que vemos es una tendencia clara
a acentuar la separación anatómica. Durante
mucho tiempo se desconocía la función del cuerpo calloso, la banda principal de
tejido neural que conecta los dos hemisferios en su base. (Figura 1.2)
Fig.1-1. Origen
embrionario de los hemisferios cerebrales y de otras regiones del cerebro
fig.1.2 El cerebro visto desde arriba,
con el hemisferio derecho abierto para revelar el cuerpo calloso
En un momento dado, se creía que no era
más que una especie de almohadilla, un soporte estructural que impedía que los
dos hemisferios se hundieran. Ahora sabemos que está ahí para permitir que los
hemisferios se comuniquen. Pero ¿con qué sentido? ¿En qué consiste la
comunicación?
Se estima que el
cuerpo calloso contiene entre 300 y 800 millones de fibras, conectando áreas
topológicamente similares en ambos hemisferios. Sin embargo solo el 2% de las
neuronas de la corteza cerebral están conectadas a través de este tracto.3
Además, el propósito principal de un gran número de estas conexiones es en
realidad inhibir - en otras palabras, impedir que el otro hemisferio
interfiera. Las neuronas pueden tener una acción excitatoria o inhibitoria, las
neuronas excitatorias provocan una mayor actividad neuronal en un sentido
descendente, mientras que las neuronas inhibitorias lo suprimen. Aunque la
mayoría de las células que llevan proyecciones por el cuerpo calloso, utilizan
el glutamato como neurotransmisor facilitador, y son excitadoras, hay
importantes poblaciones de neuronas (las que utilizan el neurotransmisor Gamma
amino-butírico o GABA), cuya función es inhibidora. Incluso las fibras
excitatorias a menudo terminan en neuronas intermediarias o “interneuronas”
cuya función es inhibidora.4 Desde luego, la inhibición no es un
concepto sencillo. La inhibición a nivel neurofisiológico no equivale
necesariamente a una inhibición a nivel funcional, de la misma manera que
retirar el pie del pedal del freno del coche no hace que se detenga: la
inhibición neural puede poner en marcha una secuencia de actividades, de modo
que el resultado neto sea funcionalmente permisivo. Pero la evidencia es que el
efecto primario de la transmisión por el cuerpo calloso es producir una
inhibición funcional.5 Tanto es así que varios
neurocientíficos han propuesto que la función central del cuerpo calloso es
permitir que un hemisferio inhiba al otro.6 La estimulación de
neuronas en un hemisferio normalmente provoca una breve respuesta excitadora
inicial, seguida de una activación inhibitoria prolongada en el hemisferio
contralateral. Dicha inhibición puede ser generalizada, y puede observarse con
técnicas de neuroimagen.7
Claramente el
cuerpo calloso también tiene funciones excitatorias - la transferencia de
información, no sólo la prevención de confusión, es importante - y tanto ésta
como la función inhibidora son necesarias para el funcionamiento normal del ser
humano.8 Pero todo esto nos lleva a pensar acerca de las ventajas de
la división y el grado en que cada hemisferio puede abordar la realidad por sí
mismo. Al seccionar el cuerpo calloso por completo se produce un efecto
sorprendentemente pequeño. Los cirujanos que realizaron las primeras
intervenciones para el tratamiento de la epilepsia, llamadas de "cerebro
dividido", en el que se seccionaba el cuerpo calloso, se sorprendieron al
descubrir cómo sus pacientes continuaban funcionando normalmente, recuperando
casi su vida cotidiana, como si nada hubiera pasado (con algunas excepciones
interesantes que exploraré más adelante).
Se podría pensar
que a medida que los cerebros evolucionaron para hacerse más grandes, las
conexiones interhemisféricas aumentarían en paralelo. Pero no es así; en
realidad disminuyen en relación con el tamaño del cerebro.9 Cuanto
más grande es el cerebro, menos interconectado está. En lugar de aprovechar la
posibilidad para aumentar la conectividad, la evolución parece moverse en la
dirección opuesta. Y hay una estrecha relación entre la separación de los
hemisferios por un lado y el desarrollo de algo que irá apareciendo en esta
historia según se va desplegando: la asimetría de los hemisferios. Porque
resulta que cuanto mayor es la asimetría cerebral, también es menor el
cuerpo calloso, lo que sugiere que la evolución tanto del tamaño cerebral como la
de la asimetría de los hemisferios van de la mano de una reducción en la
conectividad interhemisférica.10 Y, en el caso final del cerebro
humano actual, sus hemisferios gemelos se caracterizan por ser dos sistemas
autónomos.11
Entonces, ¿existe
realmente algún propósito en la división neuronal y, por tanto, en los procesos
mentales? Si es así, ¿Cuál podría ser?
He mencionado la
opinión de Kinsbourne de que, siguiendo el principio fisiológico de los
procesadores en oposición, la dualidad refina el control. Creo que eso es
correcto, hasta donde alcanza. Pero la historia va mucho más allá de eso,
porque el cerebro no es solo una herramienta para lidiar con el mundo. Es el
que hace que el mundo exista.
La cuestión
mente-cerebro no es el tema de este libro, y no tengo capacidad ni el espacio
para abordarla en profundidad. El argumento de este libro no depende de
sostener un punto de vista u otro. Pero, no obstante es legítimo preguntarse
cuál es la posición del autor de un libro como este. De ahí esta breve
desviación.
Se podría decir
que la mente es la experiencia del cerebro de sí mismo.12 Tal
formulación es inmediatamente problemática, ya que el cerebro está involucrado
en la constitución del mundo en el cual, solamente, puede existir como objeto
de experiencia - ayudando a enraizar la experiencia, para lo que ya se necesita
a la mente. Pero aceptemos la frase tal cual. El cerebro entonces
necesariamente proporciona la estructura a la mente. Esto no sería, sin embargo,
equiparar mente y cerebro. A veces se supone que es así, debido a la tendencia,
al utilizar frases como “la
experiencia que el cerebro tiene de sí mismo”, a centrarse en la palabra
“cerebro”, que creemos entender, en lugar de en la palabra problemática
"experiencia", que no entendemos.
Todos los
intentos de explicación dependen, explícita o implícitamente, de establecer
paralelismos entre la cosa que se quiere explicar y alguna otra cosa que
creemos que ya entendemos mejor. Pero el problema fundamental para explicar la
experiencia de ser consciente es que no hay nada remotamente parecido con el
que compararlo; es en sí mismo el fundamento de toda experiencia. No hay nada que
tenga la "interioridad" que tiene la conciencia. Fenomenológica, y
ontológicamente, es única. Como trataré de mostrar, el proceso analítico no
puede tratar con tal singularidad; existe la irresistible tentación de
deslizarse de la singularidad de algo a su supuesta inexistencia, ya que la
realidad de lo singular, tendría que ser captada por modismos que no se aplican
a nada más.13
¿Es la conciencia
un producto del cerebro? La única certeza aquí es que cualquiera que piense que
puede responder con certeza a esta pregunta está equivocado. Solo tenemos
nuestras concepciones de la conciencia y del cerebro para seguir adelante; y lo
único que sabemos con certeza es que todo lo que sabemos del cerebro es un
producto de la conciencia. Esto es, científicamente hablando, mucho más cierto
que la conciencia en sí misma sea un producto del cerebro. Esto puede ser así o
no serlo; pero lo que es un hecho innegable es la idea de que hay un universo
de cosas, en el que hay una cosa llamada cerebro, y otra cosa a la que
llamamos mente, junto con unos principios científicos que permitirían que una
emerja de la otra - esto son todo ideas, productos de la conciencia y, por lo
tanto, solo valen en tanto como modelos particulares utilizados por dicha
conciencia para entender el mundo. No sabemos si la mente depende de la
materia, porque todo lo que sabemos sobre la materia es en sí mismo una
creación mental. En ese sentido, Descartes tenía razón: el único hecho
innegable es nuestra conciencia. Sin embargo, estaba equivocado, aunque ahora
la mayoría estarían de acuerdo con él, en pensar que la mente y el cuerpo son
dos esencias separadas (dos "qué"). Creo que esto es, un producto
típico de una cierta forma de pensar que propongo, es característica del
hemisferio izquierdo, una preocupación por la "queidad” de las cosas.
Donde obviamente es una cuestión de dos ("como-eidades") de la misma
cosa, de dos modos diferentes de ser (como así lo vería el hemisferio derecho),
el hemisferio izquierdo solo lo puede formular como dos "queidades",
dos cosas diferentes. Igualmente, es la preocupación errónea por la
queidad de las cosas lo que lleva a la idea aparentemente anti-cartesiana y
materialista de que la mente y el cuerpo son la misma cosa. No estamos
seguros, y nunca podríamos estar seguros, si la mente, o incluso el cuerpo, es
una cosa en general. La mente tiene las características de un proceso más que
los de una cosa; es un devenir, una forma de ser, más que una entidad. Cada
mente individual es un proceso de interacción con lo que sea que existe aparte
de nosotros mismos de acuerdo a su propia historia particular.
El tipo de monismo representado por el materialismo
científico muy a menudo propugnado por los neurocientíficos no es radicalmente
distinto del dualismo cartesiano al que a menudo se piensa que se opone. Su
solución al problema ha sido simplemente "dar una explicación" a una
parte de la dualidad, intentando reducir una a la otra. En lugar de haber dos
queidades, solo hay una: la materia. Aunque Descartes fue lo suficientemente
honesto como para reconocer que había un problema real ahí, uno con el que
estuvo luchando, como se desprende de un pasaje en su “Meditación VI" donde escribe:
...Yo no estoy simplemente presente en mi cuerpo como un marinero está
presente en un barco, sino que......estoy muy estrechamente unido y, por así
decirlo, entremezclado con él, de modo que formo con él una sola entidad.14
Fenomenológicamente hablando, hay aquí
tanto una unidad, una "entidad única", como una profunda disparidad;
y cualquier relato que no haga plena justicia tanto a la unidad como a la
disparidad no puede ser tomado en serio. Puede haber una sola queidad aquí,
pero tiene que haber más de una "cómo-eidad”, y eso importa. Aunque (según
el hemisferio izquierdo) una cosa, una cantidad, una queidad, puede ser
reducida a otra - es decir, considerarse en términos de sus constituyentes -
una forma de ser, una cualidad, una cómo-eidad, no puede ser reducido a otra
forma de ser.15
LA EXPANSIÓN
FRONTAL
Dejemos de lado por el momento la
naturaleza dividida del cerebro y echemos un vistazo un poco más de cerca al
cerebro en su conjunto. (fig.1.3) La primera cosa que se observa, además de la
división interhemisférica, es la extraordinaria expansión de los lóbulos
frontales, la parte del cerebro que más recientemente ha evolucionado.
Mientras que los
lóbulos frontales representan alrededor del 7% del volumen del cerebro de un
animal relativamente inteligente como el perro y alrededor del 17% del cerebro
en los simios más pequeños, representa hasta el 35% en el cerebro humano.
De hecho, es muy
parecido al de los grandes simios, aunque la diferencia entre nuestros lóbulos
frontales y los de los grandes simios radica en la proporción de materia
blanca.16 La materia blanca parece blanca debido a la vaina de
mielina, una capa de fosfolípidos que en algunos tipos de neuronas rodea a los
axones, los largos terminales de la célula nerviosa a través de los cuales se
transmiten los mensajes.
Fig. 1.3. El
cerebro visto desde el lado izquierdo, mostrando las principales regiones del
lenguaje y puntos de referencia.
Esta vaina de mielina facilita considerablemente
la velocidad de las transmisiones: la implicación de que haya una mayor
cantidad de mielina en los lóbulos frontales es que las regiones están más
profusamente interconectadas en los humanos. Por cierto, también hay más
materia blanca en el hemisferio derecho humano que en el izquierdo, un punto al
que volveré.17
Muchos de los
rasgos que definen la condición humana pueden atribuirse a nuestra capacidad de
distanciarnos del mundo, de nosotros mismos y de la inmediatez de la
experiencia. Esto nos permite planificar, pensar con flexibilidad e inventiva
y, en resumen, tener un cierto control del mundo que nos rodea, en lugar de
simplemente responder a él pasivamente. Esta distancia, esta capacidad de
elevarnos por encima del mundo en él que vivimos, ha sido posible gracias a la
evolución de los lóbulos frontales.
Está claro que
tenemos que habitar el mundo de la experiencia corporalmente inmediata, el terreno
real en el que vivimos y en el que nuestro compromiso con el mundo tiene lugar
junto a nuestros semejantes, y necesitamos habitarlo plenamente. Pero al mismo
tiempo necesitamos elevarnos por encima del paisaje en el que nos movemos, para
poder ver lo que podríamos llamar el territorio.
Para entender el paisaje, necesitamos a la vez que adentrarnos lo más posible
en el mundo de la experiencia sentida y vivida, a lo largo de lo que podríamos
considerar un eje horizontal, también elevarnos por encima de ese mundo, en el
eje vertical. Vivir precipitadamente, a ras de suelo, sin poder hacer una pausa
(situándose fuera de la presión inmediata del tiempo) y elevarse (en el
espacio), es ser como animales; sin embargo, flotar en el aire no es vivir en
absoluto - solo ser un ojo observador distante. Es necesario traer lo que se ha
aprendido en la ascensión, de vuelta al mundo en el que transcurre la vida, e
incorporarlo de tal modo que enriquezca la experiencia y permita que lo que sea
que “se nos revela" (en frase de
Heidegger) haga justamente eso. Pero, aun así, solo lo hará en el terreno, no
en el aire.
Hay un grado
óptimo de separación entre nosotros mismos y el mundo que percibimos, si es que
queremos entenderlo, como lo hay entre el ojo del lector y esta página: si hay
demasiada separación no podemos distinguir lo que está escrito, pero,
igualmente, si hay muy poca, no podemos leer las letras en absoluto.18
Esta “distancia necesaria”, como podríamos llamarla, (que resulta ser crucial
para la historia que se despliega en este libro), no es lo mismo que desapego.
La distancia puede provocar desapego, como cuando calculamos fríamente
cómo burlar a nuestro oponente, imaginando lo que él cree que será nuestro
próximo movimiento. Esta distancia nos permite aprovecharla y utilizarla. Pero
lo que se subraya con menos frecuencia, es que por contraste, también tiene el
efecto opuesto. Al alejarnos de la inmediatez de nuestra experiencia animal,
podemos ser más empáticos con los demás, a quienes llegamos a ver, por primera
vez como seres humanos, como nosotros mismos.
Los lóbulos
frontales no solo nos enseñan a traicionar, sino también a confiar. A través de
ellos aprendemos a reconocer otras perspectivas y a controlar nuestras propias
necesidades y deseos inmediatos. Si esta distancia necesaria es la comadrona
del mundo de Maquiavelo,
también ofrece el mundo de Erasmo. La evolución de los lóbulos frontales
nos capacita al mismo tiempo, tanto para ser los explotadores del mundo y de
los demás, como para ser ciudadanos unos con otros y guardianes del mundo. Si
nos ha convertido en el más poderoso y destructivo de los animales, también nos
ha convertido, como es notorio, en un "animal social" y en un animal
con una dimensión espiritual.
Inmediatamente
podemos ver el problema aquí. Para poder mantenernos en contacto con la
complejidad y la inmediatez de la experiencia, especialmente si queremos
empatizar y crear vínculos con los demás, debemos mantener una experiencia lo
más amplia del mundo tal y como nos llega. Necesitamos adentrarnos en el mundo
de la experiencia a lo largo del eje horizontal, por así decirlo. Por el
contrario, para controlarlo o manipularlo, necesitamos ser capaces de alejarnos
de ciertos aspectos de la experiencia y, de hecho, trazar un mapa del mundo
desde el eje vertical - como cualquier mapa estratégico en el cuartel central
de un general - para planificar nuestras campañas. ¿Podría esto, en sí mismo,
darnos una pista a la pregunta de por qué el cerebro está dividido?
Sí y no. Por un lado, la explicación no tiene que ver
simplemente con el cerebro humano, por la razón obvia de que los cerebros de
animales y aves también están divididos. Pero podría muy bien dar una pista
sobre la forma en que el cerebro ya dividido podría ser útil para su poseedor
humano. Pero antes de seguir reflexionando sobre ello, vamos a acercarnos un
poco más en nuestra mirada a la estructura general del cerebro.
ASIMETRÍA
ESTRUCTURAL
Cuando la mayoría de personas piensa en
las diferencias en la estructura de los hemisferios, lo primero que viene a la
mente es el hecho ya conocido de que el cerebro es asimétricamente más grande
en su lado izquierdo. Aunque de hecho, esta diferencia no es tan obvia como
probablemente parece, la diferencia es evidente. Desde mediados del siglo XIX
se sabía que la facultad del habla estaba asociada al área frontal izquierda,
una región que ahora recibe el nombre, tal vez injustamente, de Paul Broca, un
médico francés cuyas observaciones fueron anticipadas un cuarto de siglo antes
por su compatriota, Marc Dax.19 Ambos habían observado que aquellos
que sufrían un derrame cerebral u otro daño en esta parte del cerebro tendían a
perder su capacidad del habla. Más tarde, el neurólogo prusiano Carl Wernicke
descubrió, a través de observaciones similares, que la comprensión del lenguaje
era distinta de la del habla, y que estaba ubicada más atrás en el hemisferio
izquierdo, en el giro temporal postero-superior, una región que ahora lleva su
nombre.20 Fue la asociación con el lenguaje lo que llevó a denominar
al hemisferio izquierdo como "dominante", puesto que era el que
hablaba.
Poco después, dos
anatomistas austriacos, Richard Heschl y Oscar Eberstaller, observaron de forma
independiente que había asimetrías visibles en esta región, Heschl, le dio su nombre a la circunvolución
transversal del lóbulo temporal superior izquierdo, en donde se procesa la
información auditiva entrante.21 Después de esto las cosas se
quedaron paradas por un tiempo hasta que en los años 30, Richard Pfeiffer
descubrió que el planum temporale,
una región inmediatamente posterior a la circunvolución de Heschl, dentro de la
fisura de Silvio, y que nuevamente estaba implicada en el lenguaje y en la
función auditiva, era más grande en el lado izquierdo. Este hallazgo fue
confirmado y ampliado por Geschwind y Levitsky en la década de 1960, quienes
informaron de que en el 65% de los casos el
planum temporale es en
promedio, un 30% mayor en el lado izquierdo que en el derecho.22
Posteriormente, el análisis de cráneos y las exploraciones cerebrales revelaron
que hay un agrandamiento generalizado de la parte posterior del hemisferio
izquierdo en la región del lóbulo parietal, conocida como petalia izquierda (el
término petalia se aplicaba
originalmente a la impresión que dejan en la superficie interna del cráneo las
protuberancias de un hemisferio en relación con el otro, pero ahora se aplica a
la protuberancia misma).23
Pero eso no es
todo. No es solo el hemisferio izquierdo quien tiene sus áreas de expansión. El
cerebro normal parece estar doblado alrededor de su eje central, la fisura
entre los hemisferios cerebrales. El cerebro no solo es más ancho en el lado
izquierdo por atrás, sino también más ancho en el lado derecho por delante; y además
de extenderse más hacia atrás en la izquierda, incluso un poco por debajo del
hemisferio derecho, se extiende más hacia adelante en la derecha, incluso
superponiéndose un poco sobre el izquierdo. Es como si alguien hubiera cogido
el cerebro por abajo y le hubiera dado un giro bastante fuerte en el sentido de
las agujas del reloj. El efecto es sutil, pero altamente consistente, y lo
denominan los neurocientíficos, la torsión de Yakovlev. (fig.1.4)24
¿De qué diantres va
todo esto? ¿Por qué el cerebro es asimétrico de esta manera? Si las funciones
cerebrales superiores se distribuyeran simplemente en el cerebro según los
dictados del espacio, no habría ninguna razón para que se produjeran
deformaciones locales de este tipo, sino para una expansión general difusa y
simétrica de la capacidad cerebral, sobre todo teniendo en cuenta que el cráneo
que la contiene comienza siendo simétrico.
Se
ha aceptado desde el tiempo del gran anatomista John Hunter que la estructura
es, en algún nivel, una expresión de la función, una idea reforzada a
principios del siglo XX por la obra de D'Arcy Thompson.25 Y
la relación de las asimetrías anatómicas con las funcionales ha sido de un gran
interés teórico.26 Aunque un tamaño más grande no siempre equivale a
una mayor capacidad funcional, lo más común es que así sea.27
Fig. 1.4 La torsión Yakovlev (Cerebro visto desde abajo)
La función se
refleja en el volumen a lo largo de todo el sistema nervioso central, en el
cerebro, el cerebelo y en la médula espinal.28 Un buen ejemplo, que no solo ilustra este
punto sino que sugiere que las áreas cerebrales de los individuos pueden en
realidad, aumentar en respuesta al uso, es el hecho de que el hipocampo
posterior derecho, el área del cerebro que almacena complejos mapas
tridimensionales del espacio, es más grande en los taxistas de Londres,
taxistas con amplia experiencia de orientación.29 Otra vívida
demostración de este principio proviene del hemisferio izquierdo en los pájaros
cantores, que se expande durante la temporada de apareamiento, y luego se
contrae de nuevo, una vez que termina dicho periodo.30 Y hay
evidencias específicas de que estas particulares expansiones asimétricas de la
corteza cerebral en las que estamos interesados probablemente estén
relacionadas con su función.31
La explicación
convencional más conocida de la asimetría anatómica del cerebro ha sido, que puesto
que el hombre es un animal social, según la famosa frase de Aristóteles, que necesita un lenguaje y como el
lenguaje es un sistema complejo, se requiere mucho espacio en el cerebro. Y
como es lógico que el lenguaje se aloje en un solo lado, uno u otro
hemisferio tendrían que especializarse en dicho lenguaje, desplazando a otras
funciones, resultando ser el hemisferio izquierdo, el cual convenientemente se
expandió en la “región del lenguaje” del hemisferio posterior izquierdo para
acomodar dicha función. El lenguaje es lo que nos separa de los otros animales;
es lo que nos da el poder para comunicarnos y pensar. ¿Es tan obvio que la
expansión del hemisferio izquierdo se debe al impulso del lenguaje?
Como espero mostrar a su debido tiempo, creo que cada
parte de esta proposición es errónea, aunque las razones por la que lo son, así
como las razones por las que hacemos las suposiciones que hacemos, son
profundamente reveladoras de la naturaleza del propio cerebro. Y, obviamente,
no sirven para explicar la expansión del lóbulo frontal derecho.
ASIMETRÍA DE
FUNCIONES
Estas cuestiones sobre el significado de
la estructura tienen respuestas, pero para entenderlas, tenemos que examinar
más de cerca las funciones.
De hecho, el
fenómeno de las diferencias funcionales entre los hemisferios se remonta muy
atrás en el árbol filogenético, mucho más allá de cualquier otra cosa como el
lenguaje o la preferencia en el uso de una de las manos. Y eso es lo que se
podría esperar del hecho de que el cerebro bihemisférico, estructuralmente
dividido, no es un invento nuevo; la estructura bihemisférica debió haber
ofrecido posibilidades que eran adaptativas. La lateralización de las funciones
está muy extendida en los vertebrados.32 También es cierto que
algunas de las mismas diferencias neuroendocrinas que caracterizan el cerebro
humano- diferencias en los neurotransmisores o en los receptores
neurohormonales entre los hemisferios- ya están presentes en el cerebro de las
ratas.33 Simplemente hemos llevado todo este
proceso mucho más lejos. Así que, ¿cuál es la ventaja para aves y
animales?
Puede que
animales y aves no tengan que afrontar los problemas que plantean nuestros
lóbulos frontales, pero ya experimentan necesidades que compiten entre sí. Esto puede verse a un cierto nivel en
términos de los tipos de atención que deben prestar al mundo. Necesitan centrar
la atención de una manera focalizada y con precisión, como por ejemplo, un
pájaro necesita enfocarse en un grano de maíz que quiere comer y distinguirlo,
digamos, de los granos de arenilla que hay a su alrededor. Al mismo tiempo,
necesita una atención abierta, lo más amplia posible, para protegerse contra un
posible depredador. Esto requiere algo de esfuerzo. Es como el caso particularmente
dificultoso de tratar al mismo tiempo, de frotarse en círculos la barriga y
darse palmaditas en la cabeza - solo que peor, porque hay una cierta
imposibilidad. No solo se trata de dos ejercicios diferentes que deben llevarse
a cabo simultáneamente, sino que son dos tipos de ejercicios muy
diferentes, que requieren no solo que la atención deba dividirse, sino que sea
de dos maneras distintas a la vez.
Si nos alejamos
un poco de esta distinción entre atención focalizada y atención abierta,
podríamos verlo como parte de un conflicto más amplio, expresado como una
diferencia del contexto, del mundo que estamos habitando. Por un lado, está el
contexto, del mundo del "mí mismo" - solo yo y mis necesidades, el de
un individuo que compite con otros individuos, mi habilidad para picotear esa
semilla, perseguir ese conejo o coger esa fruta. Necesito usar, o manipular, el
mundo para mis fines, y para eso necesito una atención con un enfoque focalizado.
Por otro lado, necesito verme a mí en un contexto más amplio del mundo en
general, en relación con otros, ya sean amigos o adversarios: necesito tenerme
en cuenta a mí mismo, como miembro de un grupo social, ver aliados potenciales,
y más allá de eso, percibir posibles compañeros y potenciales enemigos. Así
puedo sentirme parte de algo mucho más grande que yo mismo, e incluso existir
en y a través de ese "algo" que es más grande que mi yo – la bandada
o el rebaño con el que busco comida, me reproduzco y merodeo, la manada con la
que cazo, la pareja y la descendencia a la que también alimento y, en última
instancia, todo lo que sucede en mi ámbito. Esto requiere menos de una atención
intencionada y enfocada, y más de una atención abierta, receptiva, y expansiva
hacia todo lo que existe, con filiaciones fuera de uno mismo.
Estas
incompatibilidades básicas sugieren la necesidad de mantener partes del cerebro
separadas, en caso de que interfieran una con otra. Así que ahí, hay indicios
de por qué el cerebro puede necesitar segregar su funcionamiento en dos
hemisferios. Si eres un ave, de hecho, resuelves el dilema de cómo comer y
mantenerte vivo empleando diferentes estrategias con cada ojo: el ojo derecho
(hemisferio izquierdo) para coger algo y alimentarte, el ojo izquierdo
(hemisferio derecho) para una atención vigilante del entorno. En general, los
polluelos priorizan la información local con el ojo derecho (hemisferio
izquierdo) y la información global con el ojo izquierdo (hemisferio derecho). Y
no resulta sorprendente, que los pollitos que están bien lateralizados de este
modo pueden utilizar estos dos tipos de atención con mayor eficacia que
aquellos en los que, experimentalmente, no se les ha permitido el desarrollo de
la lateralización.34 Muchos
tipos de aves muestran una conducta más alarmante, cuando ven a un depredador
con el ojo izquierdo (hemisferio derecho),35 son mejores detectando
depredadores con el ojo izquierdo, 36 y elegirán examinar a los
depredadores con su ojo izquierdo, 37 hasta el punto de que si han
detectado un depredador con su ojo derecho, girarán la cabeza para examinarlo
más detenidamente con el izquierdo.38 Los cuervos criados en
cautividad incluso seguirán la dirección de la mirada de un investigador que
mira hacia arriba, utilizando su ojo izquierdo.39 En muchos
animales, hay sesgos a nivel de poblaciones hacía la vigilancia de los depredadores
con el ojo izquierdo (hemisferio derecho).40 En los monos tití, los
ejemplares con cerebros más lateralizados son más capaces, debido a la
especialización de sus hemisferios, de buscar alimento y mantenerse alerta
frente a los depredadores.41
Los gatos que tienen una preferencia lateralizada por una de sus garras tienen
tiempos de reacción más cortos.42 Los chimpancés lateralizados son
más eficientes capturando termitas que los chimpancés sin lateralización.43
Incluso en cerebros concretos que están, por una razón u otra, menos
"lateralizados" que la norma, parecen observarse déficits globales.44
En una palabra, la lateralización aporta ventajas evolutivas, sobre todo en la
realización de tareas de atención dual.45
Y como dijo un investigador sucintamente: la asimetría se cotiza.46
En rapaces y
animales depredadores, es el hemisferio izquierdo el que se aferra, a través de
su ojo derecho y su extremidad derecha, a la presa.47 Esto es
aplicable a presas habituales: en los sapos, una presa novedosa o inusual puede
activar inicialmente el hemisferio derecho, hasta que se convierte en una presa
habitual, momento en el que se vuelve a activar el hemisferio izquierdo.48
En general, los sapos observan a
sus presas con el hemisferio izquierdo, e interactúan con sus congéneres con el
hemisferio derecho.49
Las ventajas no
son solo un beneficio para el individuo: ser una especie más lateralizada, a
nivel de población conlleva ventajas en la cohesión social.50 Esto
puede deberse a que el hemisferio derecho parece estar profundamente
involucrado en el funcionamiento social, no solo en los primates, donde está
especializado en la expresión de sentimientos sociales, sino también en
animales y aves más pequeños.51 Por ejemplo, los pollos usan
preferentemente el ojo izquierdo (hemisferio derecho) para diferenciar a los
miembros de la especie familiar de los que no lo son, y en general para
recopilar información social.52 Los polluelos se acercan a sus
padres o a un objeto del que han que adquirido una impronta utilizando su ojo
izquierdo (hemisferio derecho),53 al igual que las urracas
australianas.54 Aunque las cigüeñuelas de ala negra picotean más, y
con más éxito, a presas cuando usan el ojo derecho (hemisferio izquierdo), es
más frecuente que los machos realicen sus exhibiciones de cortejo a hembras a
las que miran con su ojo izquierdo (hemisferio derecho).55 El
hemisferio derecho es el lugar principal de experiencias sociales tempranas en
ratas.56 En la mayoría de las especies animales, las respuestas
emocionales más intensas están relacionadas con el hemisferio derecho y están
inhibidas por el izquierdo.57
Quizá sea solo
una coincidencia bella que el chorlito de pico torcido, nativo de Nueva
Zelanda, y que usa su pico para buscar alimento entre las piedras, tenga un
pico curvado hacia la derecha, de modo que le sea más útil para su manipulación
desde su hemisferio izquierdo.58 Sin duda puede haber
contraejemplos. Pero parece haber un hilo conductor coherente a lo largo de
todo el proceso. El habla está en el hemisferio izquierdo en los humanos: pero,
¿qué pasa entonces, con las vocalizaciones instrumentales de otras especies? pues
que surgen también del hemisferio izquierdo, en criaturas tan diversas como
ranas, aves paseriformes, ratones, ratas, jerbos y titíes.59 De
forma similar, en los cuervos existe un fuerte sesgo hacia el ojo derecho
(hemisferio izquierdo) para utilizar instrumentos, incluso cuando al uso del
ojo derecho se le dificulta la tarea.60 Esto tiene, como veremos
cuando consideremos la situación humana, algunas resonancias importantes para
la naturaleza de nuestro propio mundo. Pero cuando se trata de mediar en nuevas
experiencias e información, es ya el hemisferio derecho, en animales y en
humanos, y no el izquierdo, el que es de una importancia crucial.61
Las consistentes diferencias
van más allá que esto, y son diferencias que de nuevo, prefiguran diferencias
en los humanos. Fijémonos en funciones discriminatorias más sutiles. El
hemisferio derecho tanto en aves, como en humanos, se asocia con la
discriminación detallada y con la topografía;62 mientras que el
hemisferio izquierdo de muchos animales vertebrados, de nuevo como en los
humanos, está especializado en la categorización de estímulos y el control
preciso de las respuestas motoras.63 Las palomas pueden, de forma
bastante sorprendente, clasificar imágenes de escenas cotidianas dependiendo
del contenido. Sin embargo, aún más sorprendente, es el hecho de que cada
hemisferio adopta aparentemente su propia estrategia, de modo que el hemisferio
izquierdo de la paloma usa una estrategia "local" - agrupando las
imágenes de acuerdo con características particulares que deben estar
invariablemente presentes - mientras que su hemisferio derecho se basa más en
una estrategia "global", teniendo en cuenta las cosas en su conjunto
y comparándolas con un ejemplar ideal.64 La importancia completa de este hallazgo se
pondrá de manifiesto cuando examinemos el cerebro humano.
Por tanto, en
términos generales, el hemisferio izquierdo presta una atención estrecha y
focalizada, principalmente con el propósito de obtener y alimentarse. El
hemisferio derecho presta una atención amplia y vigilante, cuyo propósito
parece ser el reconocimiento de las señales del entorno, especialmente de otras
criaturas, ya sean posibles depredadores o parejas potenciales, enemigos o
amigos; y está involucrado en la vinculación en los animales sociales. Podría
ser entonces, que la división del cerebro humano sea también el resultado de la
necesidad de prestar al mundo dos tipos de atención incompatibles al mismo tiempo,
una estrecha, focalizada y dirigida a nuestras necesidades, y la otra más
amplia, abierta, y dirigida hacia cualquier otra cosa que esté sucediendo en el
mundo aparte de nosotros mismos.
En los humanos, al igual que en los animales y las
aves, resulta que cada hemisferio atiende al mundo de una manera diferente - y
las maneras son coherentes. El hemisferio derecho garantiza la amplitud y la
flexibilidad de la atención, mientras que el hemisferio izquierdo aporta la atención
focalizada. Esto tiene la consecuencia relacionada de que el hemisferio derecho
ve las cosas en su totalidad, y en su contexto, mientras que el hemisferio
izquierdo, ve las cosas abstraídas del contexto, y fragmentadas en partes, a
partir de las cuales luego reconstruye la "totalidad": algo bastante
diferente. Y también resulta que las capacidades que nos ayudan, como humanos,
a formar vínculos con los demás - empatía, comprensión emocional, etc. – y que
implican un tipo de atención muy diferente al mundo, son funciones en gran
parte del hemisferio derecho.
LA NATURALEZA DE
LA ATENCIÓN
La atención no es otra
"función" más junto con otras funciones cognitivas. Su estatus
ontológico es el de algo previo a las funciones e incluso a las cosas. El tipo
de atención que aplicamos al mundo cambia la naturaleza del mundo al que
atendemos, la propia naturaleza del mundo en el que dichas
"funciones" se llevarían a cabo y en el que existirían esas
"cosas". La atención cambia qué tipo de cosas llegan a ser
para nosotros: de ese modo cambia el mundo. Si eres mi amigo, la manera en que
te atiendo será diferente de la manera en que te atendería si fueras mi
empleado, mi paciente, el sospechoso de un crimen que estoy investigando, mi
amante, mi tía o un cuerpo a la espera de ser diseccionado. En todas estas
circunstancias, excepto en la última, también el otro tendrá una experiencia
bastante diferente no solo de mí, sino también de sí mismo: te sentirías distinto
si yo cambiara el tipo de mi atención. Y sin embargo, nada ha cambiado objetivamente.
Esto es así, no
solo con el mundo humano, sino con todo con lo que entramos en contacto. Una
montaña es un punto de referencia para un explorador, para un buscador de oro
es una fuente de riqueza, para un pintor una forma con múltiples texturas, o
para otro la morada de los dioses, cambia según la atención que se le presta.
No hay una montaña “real" que pueda distinguirse de las demás, ni ninguna
forma de pensar que revele la verdadera montaña.
La ciencia, sin
embargo, pretende llegar a descubrir tal realidad. Sus descripciones,
aparentemente libres de valoraciones, se supone que transmiten la verdad
sobre el objeto, sobre el que se plasman más tarde nuestros sentimientos y
deseos. Sin embargo, esta postura de extrema objetividad, esa "visión
desde ninguna parte", para usar la frase de Nagel, está en sí misma
cargada de valoraciones. Es solo una forma particular de mirar las cosas, un
modo que privilegia el desapego, la falta de compromiso del observador con el
objeto contemplado. Para algunos propósitos, esto puede ser innegablemente
útil. Pero su uso en tales causas no lo hace más verdadero o real, o más
cercano a la naturaleza de las cosas.
La atención también cambia quien somos nosotros,
según a lo que atendemos. Nuestro conocimiento de neurobiología (por ejemplo,
de las neuronas espejo y su función, que abordaré más adelante) y de
neuropsicología (por ejemplo, a partir de experimentos de imprimación por
asociación, que también tendremos tiempo de examinar a su debido tiempo)
muestran que al atender a otra persona que realiza una acción, e incluso al
pensar en ella haciéndolo – incluso, de hecho, al pensar en ciertos tipos de
personas en general - nos volvemos objetivamente, de forma medible, más parecidos
a ellos, en la forma en que nos comportamos, pensamos y nos sentimos. A
través de la dirección y la naturaleza de nuestra atención, comprobamos que
somos partícipes en la creación, tanto del mundo como de nosotros mismos. En
consonancia con esto, la atención está inevitablemente ligada a valores - a
diferencia de lo que consideramos como "funciones cognitivas", que
son neutrales a este respecto. Los valores entran a través del modo en que
se ejercen esas funciones; y pueden utilizarse de diferentes maneras para
diferentes propósitos con diferentes fines. Sin embargo, la atención es
intrínsecamente un modo en que, no una cosa: es intrínsecamente una
relación, no un hecho en bruto. Es una "como-eidad", un algo entre,
un aspecto de la conciencia misma, no una "queidad", una cosa en sí
misma, un objeto de la conciencia. Hace surgir un mundo y, con él, dependiendo
de su naturaleza, un conjunto de valores.
ENTENDIENDO EL
CEREBRO
Esto nos lleva a un punto fundamental
acerca de cualquier intento de entender el cerebro. Y es un caso especialmente crucial
de los problemas que surgen a la hora de entender cualquier cosa. La naturaleza
de la atención que uno presta a cualquier cosa altera lo que uno encuentra; lo
que pretendemos entender cambia su naturaleza según el contexto en el que se
halle; y solo podemos entender cualquier cosa como un algo.
No hay manera de
sortear estos problemas - si es que son problemas. Intentar desligarse por
completo de uno mismo no es más que aplicar un tipo especial de atención que
tendrá importantes consecuencias para lo que descubramos. De modo similar, no
podemos ver algo sin que haya un contexto, aunque el contexto parezca ser el de
un “no-contexto”, una cosa arrancada de sus lazos con el mundo vivo. Se trata
de un tipo de contexto especial muy cargado de valores en sí mismo, y que sin
duda también altera lo que encontramos. Tampoco podemos decir que no veamos las
cosas como algo - sino que solamente las vemos, y punto. Siempre hay un
modelo desde el cual estamos entendiendo, un ejemplar con el que estamos
comparando, lo que vemos, y cuando no se identifica generalmente significa que
hemos adoptado tácitamente el modelo de la máquina.
¿Significa eso
que todos los intentos de acercarse a una verdad – salvo decir que cada cosa
tiene su verdad a su manera - están abocadas al fracaso, que cada versión de la
realidad tiene el mismo valor? Ciertamente no. Exploraré estas cuestiones más
adelante, ya que son fundamentales para este libro. Estas deben esperar hasta
que veamos lo que realmente "hacen" los hemisferios.
Tales
consideraciones se aplican al intento de entender cualquier cosa en general.
Pero cuando pasamos a mirar a lo que nos referimos como funciones cerebrales,
se plantea un problema de orden totalmente distinto. No estamos
"solo" mirando cosas en el mundo - un trozo de roca, o incluso una
persona - sino los procesos por los cuales el mundo mismo, al igual que la roca
o la persona, llegan a existir para nosotros en general, los fundamentos mismos
del hecho de nuestra experiencia, incluyendo cualquier idea que podamos tener
sobre la naturaleza del mundo y la naturaleza del cerebro, e incluso la idea de
que esto sea así. Si es cierto que la atención cambia la naturaleza de lo que
encontramos, ¿cómo decidimos la atención más adecuada para eso? ¿Una que
trate de ignorar la interioridad de la experiencia? ¿Qué contexto posible hay para
situar los fundamentos de la experiencia de todos los contextos cualesquiera
que sean? ¿Y qué tipo de cosa es lo que vemos "como"? La respuesta está lejos de ser obvia, pero si
no se intenta abordar la cuestión, no damos ninguna respuesta. Y respondemos
con el modelo que entendemos – con el único tipo de cosa que podemos llegar a
entender completamente, por la simple razón de que nosotros la hemos creado: la
máquina.
No podemos mirar
el mundo que surge dentro del cerebro, sin que eso suponga calificar el mundo
en el que existe el propio cerebro; nuestra comprensión de los modos de entender
del cerebro altera nuestra comprensión del propio cerebro - el proceso no es
unidireccional sino recíproco. Si resulta que los hemisferios tienen diferentes
maneras de interpretar el mundo, esto no es solo un hecho interesante acerca de
la eficiencia del sistema de procesamiento de información; esto nos dice algo
sobre la naturaleza de la realidad, sobre la naturaleza de nuestra experiencia
del mundo, y debe permitirnos también cualificar nuestra comprensión del
cerebro.
Para los médicos como yo, esto se manifiesta en las
experiencias asombrosas y conmovedoras de nuestros pacientes, tanto en aquellos
con lesiones neurológicas específicas como los que padecen trastornos
psiquiátricos más comunes. Para ellos no se trata de una "pérdida de
datos", sino de nada menos que del hecho que su propio mundo ha cambiado
realmente. Esta es la razón por la que intentar persuadirles de una realidad
alternativa tiene un valor limitado, a menos que ya hayan logrado recuperar el
mundo en el que vivimos.
CONCLUSIÓN
En este capítulo he planteado una serie
de cuestiones derivadas de la estructura del cerebro humano, y he hecho poco
todavía para responderlas. ¿Por qué están separados los hemisferios? La
separación de los hemisferios no parece ser accidental, sino que está
activamente mantenida, y el grado de separación cuidadosamente regulado por la
banda de tejido que los conecta. Esto sugiere que la mente, y el mundo de
experiencia que crea, pueden tener una necesidad similar de mantener las cosas
separadas. ¿Por qué?
Las aves y los
animales, como también nosotros, tienen hemisferios separados. En ellos, la
diferencia parece tener que ver con la necesidad de atender al mundo de dos
maneras distintas a la vez. ¿Es así en los humanos? Los lóbulos frontales están
en particular muy desarrollados en los humanos. Su función es proporcionar la distancia
- necesaria para nuestras cualidades más característicamente humanas, ya sea por
anticipación o por empatía. Como resultado, necesitamos ser capaces de estar
abiertos a lo que sea que hay y, al mismo tiempo, disponer de un “mapa",
una versión del mundo más simple, más clara y, por lo tanto, más útil. Por
supuesto, esto no explica en sí mismo la existencia de dos hemisferios, pero
¿podría dar una pista del modo en que la separación de los hemisferios podría
ser especialmente útil?
El cerebro es
estructuralmente asimétrico, lo que probablemente indica una asimetría de
funciones. Siempre se ha pensado que esto se debía al lenguaje - que después de
todo, es una especie de "mapa" o versión del mundo. ¿No sería esa,
seguramente, la razón por la que hay una expansión en la parte posterior del
hemisferio izquierdo? Esta explicación no puede ser la correcta por varias
razones que consideraré en el Capítulo 3, aparte del hecho de que no hace nada
por explicar la expansión en la parte anterior del hemisferio derecho. La
respuesta a esta pregunta que he planteado tendrá que esperar hasta que
lleguemos a ese capítulo. Pero hay algo que debemos considerar, al acercarnos
al siguiente capítulo, en el que veremos más de cerca lo que realmente ocurre
en los dos hemisferios del cerebro humano.
La experiencia
está siempre en movimiento, ramificada e impredecible. Para que podamos conocer
algo, esa cosa debe tener propiedades duraderas. Si todas las cosas fluyen,
y uno nunca puede entrar en el mismo río dos veces - la frase de Heráclito es,
creo, una brillante evocación de la realidad central del mundo del hemisferio
derecho - a uno siempre le cogerá desprevenido la experiencia, ya que al no
repetirse nunca nada, nada puede saberse nunca. Tenemos que encontrar la manera
de fijarlo mientras fluye, alejándonos de la inmediatez de la experiencia,
saliéndonos del flujo. De ahí que el cerebro tenga que atender al mundo de dos
maneras completamente diferentes, y al hacerlo, hace surgir dos mundos
distintos. En uno, experimentamos - el mundo vivo, complejo, encarnado,
un mundo de individuos, siempre siendo únicos, siempre en flujo, una red de
interdependencias, que forman y modifican la totalidad, un mundo con el que
estamos profundamente conectados. En el
otro, "experimentamos" nuestra experiencia de un modo especial: una
versión “re-presentada” de él, que contiene entidades ahora estáticas,
separables, delimitadas, pero esencialmente entidades fragmentadas, agrupadas
en clases, por las que se pueden hacer predicciones. Este tipo de atención aísla,
fija y hace explícita cada cosa al ponerla bajo el foco de la atención. Al
hacerlo, vuelve las cosas inertes, mecánicas, sin vida. Pero también nos
permite por primera vez conocer, y en consecuencia aprender y hacer cosas. Esto
nos da poder.
Estos dos
aspectos del mundo no son simétricamente opuestos. No son equivalentes, por
ejemplo, a los puntos de vista “subjetivo” y “objetivo”, conceptos que son en
sí mismos un producto, y ya reflejan, una forma particular de estar en el mundo
– y de hecho, y esto es importante, ya reflejan una “visión” del mundo. La
distinción que estoy tratando de hacer es
entre, por un lado, el modo en que experimentamos el mundo de manera pre-reflexiva,
antes de que tengamos la oportunidad de "verlo" en su totalidad o de
dividirlo en partes - un mundo en el que lo que más tarde llegará a
considerarse como subjetivo u objetivo, se mantiene en suspensión abarcando
cada “polo” potencial y su unión, juntos; y por otra parte, el mundo en el que
estamos más acostumbrados a pensar, en el que lo subjetivo y lo objetivo
aparecen como polos separados. En pocas palabras, un mundo donde hay
"entre-eidad", y otro donde no la hay. Estas no son dos formas diferentes
de pensar acerca del mundo: son formas diferentes de ser en el
mundo. Y su diferencia no es simétrica, sino fundamentalmente asimétrica.
Con esto en
mente, pasemos a los hemisferios para ver más de cerca lo que ellos “hacen”.
CAPITULO 2.
¿QUÉ ES LO QUE "HACEN" LOS DOS
HEMISFERIOS?
¿Cuánta evidencia neurológica y
neuropsicológica hay de que los hemisferios realmente sean tan diferentes? y en
caso de que haya diferencias, ¿hay patrones consistentes y significativos en
las diferencias, en lugar de una simple repartición aleatoria de “funciones”
según los dictados del espacio? (Este modelo
de "armario de juguetes" representado por la visión tradicional, según
la cual las funciones cerebrales simplemente se acomodaron según pudieran
encontrar o hacerse un hueco, es el que se invoca para explicar el hecho de que
las funciones lingüísticas se sitúen en el hemisferio izquierdo). ¿Realmente
son importantes las diferencias que existen entre las numerosas áreas
funcionales y anatómicas ampliamente subdivididas descritas por la neurociencia
dentro de cada hemisferio?
Tales diferencias
son sin duda de enorme importancia. Sin embargo, para des-cribir (escribir
acerca de) cualquier cosa, hay que seleccionar entre una infinidad de
características posibles: y es inevitable circuns-cribir (dibujar una línea
alrededor) lo que es relevante para este propósito. Por ejemplo, al comparar
dos automóviles es obviamente cierto – aunque sea en ese momento irrelevante -
que hay muchas más similitudes entre ellos en su conjunto que, por ejemplo,
diferencias entre sus motores. Aunque el sentido de compararles sea centrarse
en sus diferencias. Así pues, mi interés aquí, no está en las innumerables
similitudes, que se dan por supuestas, sino precisamente en las diferencias
entre los hemisferios. Aun así, hay una diferencia regional intrahemisférica,
más que interhemisférica, muy importante a la que tendré que referirme, ya que
no puede, por la naturaleza de los hechos, disociarse de la cuestión más
amplia; la trataré al final del capítulo, donde espero que tenga más sentido.
También quisiera
advertir como algo de importancia primordial, contra la tendencia natural del
enfoque analítico, que distingue las partes de manera impecable, a ver dichas partes
más que a la totalidad sistémica a la que pertenecen. La ciencia implica tanto
el análisis como la síntesis del conocimiento. Cada vez somos más conscientes
de que ningún "trozo" del cerebro puede ser responsable de nada de lo
que experimentamos: el cerebro es un sistema dinámico, y a lo que tenemos que
prestar atención es a la totalidad sistémica, "formada" por muchas partes,
identificables a posteriori. Cuando dividimos, lo mejor es hacerlo donde
la naturaleza ha establecido claramente una división: entre los hemisferios. Y
cuando a continuación, me refiera, como lo haré a menudo, a regiones dentro de
un hemisferio, debe darse por sentado que la actividad principal no está
confinada solamente a esa región, sino que actúa de manera concertada con
muchas otras, principalmente, aunque no por supuesto limitadas, a regiones
dentro del mismo hemisferio.1
Hay, en efecto, diferencias
generalizadas y consistentes entre los hemisferios, que existen a muchos
niveles.
Comenzando una
vez más con la estructura, la mayoría de los estudios han encontrado que el
hemisferio derecho es más largo, ancho y, en general más grande, así como más
pesado que el izquierdo.2 Interesantemente esto es cierto para los
mamíferos sociales en general.3 De hecho, el hemisferio derecho es más ancho
que el izquierdo en la mayor parte de su longitud, y tan solo en la región
parieto-occipital posterior es más ancho el hemisferio izquierdo.4 Los
hemisferios cerebrales muestran una asimetría muy constante entre el derecho y
el izquierdo, desde la infancia hasta la edad adulta, siendo los ventrículos más
grandes en el izquierdo (espacios dentro de los hemisferios que contienen el
líquido cefalorraquídeo y que son una medida inversa del volumen cerebral).5
Sin embargo, la expansión de las áreas del habla en el hemisferio
izquierdo tiene también un origen muy temprano y es detectable desde la 31
semana de gestación, estando claramente presente durante el resto del último
trimestre.6
Además de diferir
en tamaño y en forma en una serie de áreas cerebrales definidas,7
los hemisferios difieren en el número de neuronas,8 el tamaño neuronal (el tamaño de las células
nerviosas individuales),9 y en el grado de ramificación dendrítica
(el número de conexiones emitidas por cada célula nerviosa) dentro de áreas
asimetricas.10 Hay una mayor superposición dendrítica en las columnas
corticales del hemisferio derecho, que se ha postulado como un mecanismo de una
mayor interconectividad, en comparación con el izquierdo.11 La
proporción entre la materia gris y la blanca también difiere.12 El hallazgo de que hay más materia blanca en el
hemisferio derecho, facilitando la transferencia de información a través de las
regiones, refleja también su atención a la imagen global, mientras que el
hemisferio izquierdo prioriza la comunicación local, la transferencia de
información dentro de las regiones.
Neuroquímicamente
los hemisferios difieren en su sensibilidad a las hormonas (por ejemplo, el
hemisferio derecho es más sensible a la testosterona),13 y a agentes
farmacológicos;14 y dependen
de neurotransmisores predominantemente diferentes (el hemisferio izquierdo es
más dependiente de la dopamina y el hemisferio derecho de la noradrenalina).15
Estas diferencias estructurales y funcionales16 a nivel cerebral sugieren que puede haber
realmente diferencias básicas en lo que hacen los dos hemisferios. Así
que, ¿qué nos dicen las investigaciones neuropsicológicas al respecto?
Si bien es cierto que sabemos mucho acerca de lo que
“hacen” las diferentes áreas dentro de cada hemisferio, en algunos casos
bastante minuciosamente discriminadas, en el sentido de que podemos responder a
la pregunta de "qué" es lo que parecen ayudar a mediar, hemos tendido
a prestar menos atención al "cómo", a la forma en que hacen esto - no
en el sentido del mecanismo por el que lo hacen, del cual tenemos una
comprensión cada vez mayor, sino en el sentido de qué aspecto de una
determinada "función" se está abordando. Tan pronto como uno comienza
a mirar la cuestión de esta manera - por ejemplo, no dónde está el lenguaje,
sino donde están ciertos aspectos del lenguaje - entonces surgen
diferencias sorprendentes entre hemisferios.17
VÍAS DE
CONOCIMIENTO
La estructura del cerebro es fácil de
medir, su función es más problemática. Así que, permítanme comenzar diciendo
algo de los medios por los que llegamos a tener conocimiento del funcionamiento
del cerebro y algunos de los problemas asociados con ello. Esto es importante
porque hay una tendencia, particularmente entre los no especialistas a creer
que, gracias a la tecnología moderna, podemos "ver" fácilmente qué partes
del cerebro están involucradas en casi cualquier actividad humana.
Lo primero que
hay que dejar claro es que, aunque el cerebro se describe a menudo como si
estuviera compuesto de secciones - "módulos" - de un tipo u
otro que luego hay que ensamblar, es en realidad un sistema único integrado y
sumamente dinámico. Los sucesos que ocurren en cualquier parte del cerebro
están conectados con otras regiones y potencialmente tienen consecuencias para
estas, que pueden responder a ese suceso inicial, propagarlo, potenciarlo o
desarrollarlo, o alternativamente corregirlo de algún modo, inhibirlo o tratar
de restablecer el equilibrio. No hay secciones, solo redes, un abanico casi
infinito de vías. Por lo tanto, especialmente cuando se trata de sucesos
cognitivos o emocionales complejos, todas las referencias a la localización,
especialmente dentro de un hemisferio, y en última instancia, incluso a través
de hemisferios, deben entenderse en ese contexto.
Habiendo dicho
esto, ¿cómo se puede empezar? Un método es estudiar a sujetos con lesiones
cerebrales. Esto tiene ciertas ventajas. Cuando una parte del cerebro es
destruida por un derrame cerebral, un tumor u otra lesión, podemos ver lo que
se ha perdido, aunque la interpretación de los resultados no siempre sea tan
sencilla como podría parecer.18 Otro método es usar técnicas
experimentales de inactivación temporal de los hemisferios. Una forma de
conseguirlo es mediante la prueba de
Wada, una prueba que
normalmente se lleva a cabo antes de una intervención neuroquirúrgica para
determinar qué hemisferio es el responsable principal del habla. Consiste en
inyectar amital sódico o un anestésico similar en el torrente sanguíneo de una
de las arterias carótidas, anestesiando, así una mitad del cerebro, mientras
que la otra mitad del cerebro permanece activa. Otra forma es mediante técnicas
de estimulación magnética transcraneal, que utilizan un electroimán para inhibir
(o según la radiofrecuencia, aumentar) la actividad de un hemisferio de forma
temporal, o en un lugar específico dentro del hemisferio. En el pasado, la
administración unilateral de terapia electroconvulsiva (TEC) ofrecía una
alternativa similar: ya que entonces era posible pedir al sujeto que realizara
alguna tarea específica, sabiendo que uno de los hemisferios estaba inactivado
durante unos 15-20 minutos tras el tratamiento.
Otras técnicas
que han sido de ayuda consisten en dirigir un estímulo perceptivo a uno solo de
los hemisferios. El taquistoscopio,
es un dispositivo que permite emitir un estímulo visual durante unos pocos
milisegundos, un tiempo demasiado corto para que la mirada se desvíe; la
colocación cuidadosa del estímulo permite que llegue solamente a una mitad del
campo visual. Las técnicas de escucha dicótica aplican diferentes estímulos a
cada oído, generalmente a través de auriculares, y esta fue una de las formas
en la que se estableció por primera vez que en general el oído derecho
(hemisferio izquierdo) tiene ventaja para tratar con material verbal. Pero en
un cerebro normal podemos asumir que la información se propaga muy rápidamente
al hemisferio contralateral, lo que hace que al usar estas técnicas lo que se
busca son pequeñas diferencias en los tiempos de reacción o diferencias
marginales en la relevancia.
Por esta razón,
un recurso especialmente rico han sido los individuos con el llamado cerebro
dividido, pacientes que para controlar una epilepsia intratable, se sometieron
a un procedimiento llamado callosotomía,
que secciona el cuerpo calloso. Esta operación es rara en la actualidad, ya que
la mayoría de las convulsiones son controlables con los actuales medios
farmacológicos, pero cuando se llevaron a cabo por primera vez, por Sperry y
Bogen y sus colegas, en California en el decenio de 1950 a 1960, fue
revolucionaria - tanto para los pacientes que comenzaron a llevar una vida más normal,
como para neurólogos, psicólogos y filósofos, que vieron cómo se abría una
ventana al funcionamiento del cerebro. En el caso de sujetos con
cerebro-dividido, los estímulos presentados en un oído o en un campo visual no
se pueden transferir a través del cuerpo calloso al otro hemisferio, lo que da
una imagen relativamente limpia de cómo responde un hemisferio por sí solo,
razón por lo cual fueron tan valiosos para los investigadores. Aunque algunas
circunstancias particulares hacen que los sujetos con cerebro-dividido sean
especialmente intrigantes. Si se muestra una imagen a un sujeto con cerebro
dividido en su campo visual izquierdo, él o ella no podrán nombrar lo que han
visto, ya que la imagen del campo visual izquierdo se envía solo al lado
derecho del cerebro, y el hemisferio derecho en la mayoría de los sujetos no
tiene la capacidad de habla. Como la comunicación interhemisférica está en gran
parte ausente, el hemisferio izquierdo que es el que habla no puede nombrar lo
que el hemisferio derecho acaba de ver. Sin embargo, la persona puede indicar
un objeto equivalente con su mano izquierda, ya que esa mano está controlada
por el lado derecho del cerebro.
Otras
informaciones provienen de registros de EEG y, cada vez más de neuroimágenes
funcionales, que permiten ver qué áreas del cerebro se activan de manera
preferencial al realizar una tarea, y esta área es prometedora. La información
del EEG es instantánea, y por lo tanto bastante precisa en el tiempo, pero es
más difícil de localizarla con precisión en el cerebro. Por el contrario, la
resonancia magnética funcional (RMNf), en la actualidad el método preferido de
obtención de imágenes, proporciona una localización más precisa, pero con un
intervalo de tres a cinco segundos. Estas técnicas se pueden combinar. La
neuroimagen, incluida la tomografía computarizada por emisión de fotón único
(SPECT) y la tomografía por emisión de positrones (PET), así como la RMNf,
utilizan una variedad de técnicas para detectar dónde hay cambios en la
perfusión al cerebro (suministro de sangre), el principio común es que las
áreas activas tienen un mayor ritmo de metabolismo y, por lo tanto, requieren
un aumento temporal del suministro de sangre. Sin embargo, es conveniente decir
algo acerca de los problemas asociados a los estudios de neuroimagen como
fuente de información por sí sola.19
Las imágenes solo
muestran unos pocos picos, mientras que lo que más interesa puede estar en
otras partes.20 No se puede
dar por sentado que las áreas que se iluminan son las responsables
fundamentales de la "función" que se está visualizando, ni que las
áreas que no se iluminan no están involucradas.21 Y, lo que es más, ni siquiera se puede suponer
que cualquiera de los "picos" es de importancia primordial, ya que
solo son las tareas de esfuerzo las que tienden a registrarse – y cuanto más
expertos seamos en algo, veremos menos actividad cerebral. Por ejemplo,
personas con un coeficiente intelectual más alto tienen tasas metabólicas
cerebrales más bajas durante condiciones mentalmente activas;22
al igual que las personas con mayor tamaño cerebral,23 que también se correlaciona con el
coeficiente intelectual.24 También tenemos que recordar que las
activaciones que visualizamos del cerebro en realidad pueden ser de naturaleza
inhibitoria - la inhibición puede ser indistinguible de la activación
utilizando los métodos actuales de resonancia magnética.25
Con esto no se terminan
ni mucho menos los problemas que hay que superar. Pequeñas diferencias en la
forma en que se presenta la tarea pueden producir una gran diferencia en los
resultados. Cambios en la novedad o la complejidad pueden enmascarar estructuras
relevantes o identificar falsamente otras irrelevantes.26 Cuanto más
compleja sea la tarea, probablemente más extensamente distribuidas estarán las
redes involucradas, y será más difícil saber qué es lo que se está midiendo;
los algoritmos de sustracción, por los que se comparan dos conjuntos de
condiciones para aislar el elemento de interés, están asociados a sus propios
problemas.27
Como si esto no
fuera suficiente, hay muchas variables involucradas en cualquier experimento
que implique a seres humanos. Los sujetos masculinos y femeninos responden de
manera diferente; no solo ser zurdo o diestro puede introducir diferencias,
sino lo que es más importante, una marcada lateralidad para el uso de una mano
(ya sea derecha o izquierda) puede dar una imagen muy diferente de la de
alguien ambidextro; la raza y la edad también establecen diferencias. Casos
individuales pueden ser diferentes porque la manera en que experimentamos el
mundo individualmente es distinta; incluso el mismo cerebro varía en su
respuesta a la misma tarea según el contexto - por ejemplo, según lo que le había
sucedido anteriormente. En palabras de un destacado especialista en
neuroimágenes: “Algunas personas creen
que la psicología está siendo reemplazada por las imágenes cerebrales, pero no
creo que ese sea el caso...Es la confrontación de todos estos métodos
diferentes lo que crea el conocimiento."28
Por todas estas
razones, he intentado en todo momento no basarme solo en la neuroimagen, y lo
menos posible en una sola línea de evidencias. La importancia de vincular,
siempre que sea posible, la neuroimagen con las evidencias en estudios de
lesiones cerebrales se ha destacado recientemente en relación al concepto de la
"teoría de la mente".29 Pero, como comencé señalando,
incluso los estudios de lesiones cerebrales tienen sus limitaciones.30
Con todo, debe
quedar claro que no se puede esperar una coincidencia completa de resultados;
es probable que haya muchas discrepancias, y en general, esta no es una ciencia
tan precisa como puede parecer. No obstante, en conjunto, tenemos una gran
cantidad de información que sugiere diferencias consistentes, y es a estas que
tenemos que echar un vistazo más de cerca.
Al hacerlo, a
veces me referiré a regiones del cerebro ilustradas en las Figuras 2.1 y 2.2,
específicamente a partes de la corteza prefrontal, el diencéfalo, los ganglios
basales y el sistema límbico y, aunque la argumentación puede seguirse sin un conocimiento
detallado de anatomía, las imágenes pueden ayudar a los lectores que no están
familiarizado con los temas.
Fig.2.1 Corteza
prefrontal y Sistema Límbico fig. 2.2. Diencéfalo, ganglios basales y s. límbico.
También debería
decir que este es necesariamente un capítulo largo. Reconozco que eso puede ser
un poco desalentador para el lector, y que podría haberlo dividido en varias
partes. Pero mi esperanza es que se pueda abandonar la idea de "áreas de
cognición" separadas, por mucho que haya tenido que
dividir el mundo sin fisuras que ofrece cada hemisferio en trozos reconocibles
para los propósitos de la descripción. En el proceso de hacerlo, he sido
consciente de la artificialidad de tales divisiones, ya que cada una de estas
se solapa inevitablemente con muchas otras, y en última instancia, creo que
forman un todo único y coherente. Si lo hubiera cortado en capítulos separados
habría reforzado la tendencia que deseo evitar. Así que los diversos
encabezamientos de este capítulo son un término medio que, espero, darán al
proceso un sentido de dirección.
AMPLITUD Y
FLEXIBILIDAD FRENTE A FOCALIZACIÓN Y CAPTACIÓN
Me gustaría comenzar con algo que ya
hemos mencionado, la importancia fundamental de la atención. Si lo que existe
se hace realidad para cada uno de nosotros a través de su interacción con
nuestros cerebros y mentes, la idea de que pudiéramos tener un conocimiento de la
realidad que no fuera también una expresión de nosotros mismos, y dependiente
de lo que aportamos a dicha relación, es insostenible. Puede parecer obvio, sin
embargo, que la tarea del cerebro - para los que tenemos un cerebro - es
ponernos en contacto con lo que existe aparte de nosotros mismos.
Pero esta
conclusión no es tan obviamente correcta como parece. Diferentes aspectos del
mundo surgen a través de la interacción de nuestros cerebros con lo que sea que
existe aparte de nosotros mismos, y precisamente que aspectos llegan a
existir depende de la naturaleza de nuestra atención. Podría resultar que, para
algunos propósitos, aquellos que implican hacer uso del mundo y manipularlo en
nuestro beneficio, necesitásemos, de hecho, ser bastante selectivos acerca de
lo que vemos. En otras palabras, es posible que necesitemos conocer aquello
que nos es de utilidad - pero esto puede ser muy diferente del entendimiento en
un sentido más amplio y, seguramente puede requerir filtrar algunos aspectos de
la experiencia. Sin experimentar lo que sea que eso es, no tendríamos nada en
lo que basar nuestro conocimiento, así que tenemos que experimentarlo en alguna
etapa; pero para poder conocerlo, tenemos que "procesar" la
experiencia. Tenemos que ser capaces de reconocer (“re-conocer”) lo que ya
hemos experimentado: para decir que esto es "tal o cual cosa", es
decir, que tiene ciertas cualidades que me permiten situarlo en una categoría
de cosas que he experimentado antes y sobre las cuales tengo ciertas creencias
y sentimientos. Este procesamiento con el tiempo acaba siendo tan automático
que no tenemos una experiencia del mundo como experiencia, sino de nuestra
representación del mundo. El mundo ya no está "presente" para
nosotros, sino que está "re-presentado", un mundo virtual, una copia
que existe en forma conceptual en la mente.
Gran parte de
nuestra capacidad para "utilizar" el mundo depende, no de un intento
de abrirnos lo más posible a aprehender lo que sea que exista aparte de
nosotros, sino más bien en aprehender lo que sea que he traído a la realidad para
mí mismo, mi representación de ello. Este es el cometido del hemisferio
izquierdo, y parece requerir una atención selectiva, y altamente focalizada.
El hemisferio
derecho, como aves y animales lo demuestran, tiene “la mirada puesta hacia
afuera”. Tiene que estar abierto a lo que exista aparte de nosotros mismos, tanto
como sea posible sin preconcepciones, sin centrarse solo en lo que ya conoce o
está interesado. Esto requiere un modo de atención que es más amplio y flexible
que el del hemisferio izquierdo. ¿Pero qué sucede realmente en detalle?
La literatura
neuropsicológica convencional distingue cinco tipos de atención: la atención
vigilante, la atención sostenida, el estado de alerta, la atención enfocada y
la atención dividida. Si bien no son idénticas, la atención
vigilante y la atención sostenida son similares, y a menudo se las trata como
un mismo concepto. Junto con el estado de alerta, forman la base de lo que se
ha llamado, el eje de intensidad de la atención. El otro eje es el grado
de selectividad, formado por los dos tipos restantes, la atención
focalizada y la atención dividida.31 Los experimentos confirman que
los diferentes tipos de atención son distintos e independientes entre sí, y
están sustentados por una serie de estructuras cerebrales diferentes,
distribuidas extensamente a lo largo de las áreas prefrontal, cingulada anterior
y parietales posteriores de ambas cortezas hemisféricas. Claramente dentro de
cada hemisferio, y posiblemente entre hemisferios, el sistema de procesos de
control es complejo. Sin embargo, algunas diferencias amplias y consistentes en
la especialización de los hemisferios son sorprendentes cuando se revisan las
pruebas disponibles.
El estado de
alerta y la atención sostenida pueden sonar a "funciones” técnicas, justo
el tipo de cosas con las que es difícil entusiasmarse fuera de un laboratorio
de psicología. Pero, al igual que la atención vigilante, son el fundamento de
nuestro ser en el mundo, no solo en el nivel más bajo, vegetativo, sino también
en el más alto, en los niveles espirituales, ("¡Hermanos, estén
sobrios, estén atentos!", "¡O Mensch, gib acht!").32
Sin el estado de alerta, estaríamos como dormidos, sin capacidad para responder
al mundo que nos rodea; sin la atención sostenida, el mundo se fragmenta; y sin
la atención vigilante, no podemos darnos cuenta de nada que no sepamos ya. Al
observar las pruebas de investigación sobre el cerebro, es evidente que la
atención vigilante y sostenida están gravemente deterioradas en sujetos con
lesiones del hemisferio derecho, especialmente en las lesiones del lóbulo
frontal derecho;33 por el
contrario, en los pacientes con lesiones en el hemisferio izquierdo (que
dependen de que su hemisferio derecho esté intacto) la atención vigilante está
preservada.34 Los pacientes con lesiones en el hemisferio derecho
también presentan lo que se denomina, ralentización perceptivo-motora, un signo
de disminución del estado de alerta, asociado a lapsos de atención.35 Los
estudios tanto en sujetos sanos como en pacientes con cerebro dividido
corroboran el papel del hemisferio derecho en los aspectos de
"intensidad" de la atención;36 y los estudios de escaneado
aportan más pruebas que confirman el predominio del hemisferio derecho en el
estado de alerta y la atención sostenida.37 En general, parece claro que, de los dos ejes
principales de la atención, la intensidad (estado de alerta, vigilancia
y atención sostenida) depende del hemisferio derecho.
El otro eje
principal de atención es la selectividad (atención focalizada y
dividida). En cuanto a la atención focalizada, la historia aquí es muy
diferente. Los déficits en la atención focalizada son más graves con una lesión
del hemisferio izquierdo.38 Aunque la atención selectiva pueda ser
bilateral,39 se asocia más típicamente con la actividad en el núcleo
caudado izquierdo o la corteza cingulada anterior izquierda.40 Sujetos
sanos muestran una preferencia del hemisferio izquierdo para reacciones basadas
en la elección.41 Y los estudios de escaneado sugieren que la
atención focalizada está asociada a la actividad en la corteza orbitofrontal
izquierda y a los ganglios basales.42
En cuanto a la
atención dividida, la evidencia está dividida. Si bien algunos estudios
sugieren que están involucrados ambos hemisferios izquierdo y derecho,43
parece haber un claro papel primario del hemisferio derecho, especialmente de
la corteza prefrontal dorsolateral derecha.44
En resumen, el
hemisferio derecho es responsable en todo tipo de atención, excepto en la
atención focalizada. Incluso cuando está dividida la atención, y parece que
ambos hemisferios están involucrados, es probable que el hemisferio derecho
desempeñe el papel principal (posiblemente el de unificar la entrada dividida).
Y debido a que el hemisferio derecho es
el responsable de la atención globalmente, y a que existe una tendencia natural a que cada hemisferio
procese de manera preferente los estímulos del campo atencional contralateral,
a la mayoría de personas, si se les pide que dividan por la mitad una línea, lo
harán ligeramente hacia la izquierda del punto medio real - porque así se
iguala la extensión aparente de las medias-líneas vistas desde el punto de
vista del hemisferio derecho.45 Son las lesiones en el lóbulo parietal
inferior derecho las que causan el deterioro más grave de la atención global.46
Se ha sugerido
que la base del predominio del hemisferio derecho para la atención puede
residir en el procesamiento viso-espacial más sofisticado del hemisferio derecho,
pero yo me inclinaría a verlo como una consecuencia de la diferencia atencional
más que una causa de ello.47
Más específicamente, hay evidencias de que el
predominio del hemisferio izquierdo es en la atención local, estrechamente
focalizada y el predominio del hemisferio derecho para la atención amplia,
global y flexible.48 El alcance del ámbito del hemisferio derecho es
amplio.49 Pacientes con lesiones en el hemisferio derecho (y que por
lo tanto, dependen de su hemisferio izquierdo intacto) necesitan empezar juntando
fragmentos para obtener una visión de conjunto, mientras que los que tienen una
lesión en el hemisferio izquierdo (y que dependen de su hemisferio derecho)
prefieren un enfoque global.50 Los pacientes con lesión en el hemisferio
derecho no parecen ser capaces de ajustar la amplitud del "foco" de
su atención: sufren de un "estrechamiento excesivo, más o menos permanente
de su ventana atencional".51 Esto es lo que sucede cuando tenemos que
confiar en la atención del hemisferio izquierdo por sí solo.
LO NUEVO FRENTE A
LO CONOCIDO
De esto se deduce que, en casi todos los
casos, lo que es nuevo debe primero estar presente en el hemisferio derecho,
antes de que pueda ser enfocado por el izquierdo. Por un lado, el hemisferio
derecho es el único que se ocupa del campo visual periférico del cual tienden a
provenir las nuevas experiencias; solo el hemisferio derecho puede dirigir la
atención a lo que nos llega desde los bordes de nuestra conciencia, independientemente
del lado.52 Cualquier novedad que entre en nuestro mundo
experiencial desencadena instantáneamente una liberación de noradrenalina -
principalmente en el hemisferio derecho.53 Las experiencias
novedosas inducen cambios en el hipocampo derecho, pero no en el izquierdo.54
Por lo tanto, no es una sorpresa que fenomenológicamente sea el
hemisferio derecho el que esté en sintonía con la aprehensión de cualquier cosa
nueva.55
Esta diferencia
es dominante en todos los ámbitos. No solo el de las nuevas experiencias, sino
también el aprendizaje de nueva información o nuevas habilidades que implican
más la atención del hemisferio derecho que la del izquierdo,56 incluso
si la información es de naturaleza verbal.57 Sin embargo, una vez
que las habilidades se han hecho familiares a través de la práctica, pasan a
ser competencia del hemisferio izquierdo,58 incluso para habilidades
como tocar un instrumento musical.59
Si es el
hemisferio derecho el que está vigilante a lo que sea que exista "ahí
fuera", solo él puede ofrecernos algo distinto de lo que ya conocemos. El
hemisferio izquierdo trata con lo que conoce y, por lo tanto, da prioridad a lo
esperado - su proceso es predictivo. Prefiere activamente lo que conoce.60 Esto lo hace más eficiente en
situaciones de rutina donde las cosas son predecibles, pero menos eficiente que
el derecho siempre que haya que revisar los supuestos iniciales,61 o
cuando es necesario distinguir información antigua de material nuevo que pueda
ser coherente con ello.62 Debido a que el hemisferio izquierdo se
deja llevar por sus expectativas, el hemisferio derecho obtiene mejores
resultados que el izquierdo siempre que la predicción es difícil.63 El vínculo entre el hemisferio derecho y lo
que es nuevo o emocionalmente atrayente existe no solo en los humanos, sino
también en mamíferos superiores: por ejemplo, los caballos perciben estímulos
nuevos y potencialmente excitantes con el ojo izquierdo.64
LO POSIBLE FRENTE
A LO PREDECIBLE
El hemisferio derecho es, en otras
palabras, más capaz de un cambio de encuadre;65 y no es sorprendente
que el lóbulo frontal derecho sea especialmente importante para la flexibilidad
de pensamiento, ya que el daño en esa área conduce al pensamiento perseverante,
una incapacidad patológica para responder con flexibilidad a situaciones cambiantes.66
Por ejemplo, una vez que han encontrado un enfoque que funciona para un
problema, los sujetos parecen atascarse, y lo aplicarán de manera inapropiada a
un segundo problema que requiere un enfoque diferente - o incluso, por haber
respondido correctamente a una pregunta, darán la misma respuesta a la
siguiente y a la siguiente. Es la corteza frontal derecha la que se encarga de
inhibir a lo que uno responde inmediatamente y, por lo tanto, se ocupa de la
flexibilidad y del cambio de escenario;67 así como de la capacidad
de inhibición de las respuestas inmediatas a estímulos del entorno.68
Esto es similar a
la resolución de problemas. En este caso, el hemisferio derecho presenta un
abanico de posibles soluciones, que permanecen activas mientras se exploran las
alternativas.69 El hemisferio izquierdo, por el contrario, toma la
única solución que parece ajustarse mejor a lo que ya conoce y se aferra a
ella.70 Los estudios sobre la anosognosia, de V.S. Ramachandran
revelan una tendencia del hemisferio izquierdo a negar las discrepancias que no
se ajustan a su esquema previo de las cosas. El hemisferio derecho, por el
contrario, observa activamente las discrepancias, haciendo más de abogado del
diablo.71 Estos enfoques son ambos necesarios, pero apuntan en
direcciones opuestas.
Esta diferencia
no se basa en ninguna de las antiguas distinciones, como la verbal frente a la
visoespacial. Funciona igualmente en el ámbito de la atención a la información
verbal. De acuerdo con lo que sabemos de sus prioridades, el hemisferio
izquierdo concentra activamente su foco atencional a palabras muy relacionadas,
mientras que el hemisferio derecho activa un rango más amplio de palabras. El
hemisferio izquierdo opera de manera focal, suprimiendo significados que no son
en ese momento relevantes. Por el contrario, el hemisferio derecho
"procesa la información de manera no focal con una activación generalizada
de significados relacionados".72 Mientras que las relaciones
léxico semánticas, cercanas dependen más del hemisferio izquierdo, las
asociaciones semánticas más laxas dependen del derecho.73 Debido a
que el hemisferio derecho pone a disposición, significados de palabras poco
frecuentes o lejanamente relacionadas,74 hay una mayor implicación
del hemisferio derecho cuando se generan palabras inusuales75 o
relacionadas de forma lejana o con usos novedosos para objetos.76 Este
puede ser uno de los muchos aspectos por los que se tiende a asociar al
hemisferio derecho con un estilo más libre y más "creativo". La región
temporo-anterior derecha está asociada a la creación de conexiones entre
información distante durante la comprensión,77 y el surco temporo
postero-superior derecho estaría implicado selectivamente en la creatividad
verbal.78 En situaciones de "cierre", por el contrario, el
hemisferio izquierdo suprime activamente al derecho, para excluir
asociaciones que solo de forma lejana estén relacionadas semánticamente.79
El estilo más
flexible del hemisferio derecho se evidencia no solo en sus propias
preferencias, sino también en el "meta" nivel, en el hecho de que
también puede usar el estilo preferente del hemisferio izquierdo, mientras que
el hemisferio izquierdo no puede usar el del hemisferio derecho. Por ejemplo,
aunque el hemisferio izquierdo saca más provecho de una única asociación fuerte
que de varias asociaciones más débiles, solo el hemisferio derecho puede usar
cualquiera de las dos por igual.80
Una de las
pruebas psicológicas estándar que se supone miden la creatividad es el Test de Asociación Remota, cuyo nombre
alude a la creencia de que la creatividad requiere la capacidad de
establecer asociaciones entre ideas o conceptos muy diferentes.81 Dado que los esfuerzos de la voluntad para
enfocar la atención reducen deliberadamente su campo,82 es posible
que el cese de esfuerzo por "llegar a algo " - relajación, en otras
palabras - favorezca la creatividad, porque permite ampliar la atención y, con
la expansión del campo atencional, el compromiso del hemisferio derecho.83
(De lo dicho se desprende que asociaciones de pensamiento más alejadas o
tenues se realizan más fácilmente al permitir la ampliación del campo
atencional del hemisferio derecho, lo que también puede explicar el fenómeno de
tenerlo en “la punta de la lengua":
cuanto más nos esforzamos, más reclutamos la atención estrecha del hemisferio
izquierdo, y menos podemos recordar la palabra. Una vez que dejamos de
intentarlo, la palabra nos viene sola.)
Dado que el hemisferio izquierdo en realidad inhibe la amplitud de atención
que despliega el hemisferio derecho, la creatividad puede aumentar después de
un accidente cerebrovascular en el hemisferio izquierdo, y no solo de
cualidades sensoriales, sino como dice Alajouanine sobre un pintor al que
describe, con "múltiples componentes intelectuales y afectivos".84
Ciertamente, hay muchas evidencias de que el hemisferio derecho es
importante para la creatividad, 85 lo cual, no es de extrañar, dada
su capacidad para establecer más conexiones y de mayor alcance entre las cosas
y de pensar de manera más flexible.86 Pero esto es solo una parte de
la historia. Ya que ambos hemisferios están involucrados de manera importante.
La creatividad depende tanto de la unión de cosas como de que se mantengan por
separado - esa es la función específica del cuerpo calloso, tanto la de separar
como la de conectar; y curiosamente la división del cuerpo calloso perjudica la
creatividad.87
INTEGRACIÓN
FRENTE A DIVISIÓN
En general, el hemisferio izquierdo está
más interconectado en su interior, y dentro de las regiones que lo componen,
que el hemisferio derecho.88 Todo esto es parte del estilo de su
enfoque cerrado, pero también es un reflejo en el nivel neuronal de la
naturaleza esencialmente autorreferencial del mundo del hemisferio
izquierdo: trata con lo que ya sabe, el mundo que ha creado para sí mismo. Por
el contrario, como he mencionado, el hemisferio derecho tiene un mayor grado de
mielinización, lo que facilita la transferencia rápida de información entre la
corteza y los centros subcorticales,89 y una mayor conectividad en
general.90 Desde el punto de
vista funcional, su integración superior se evidencia en las mediciones del EEG
91 al igual que en las proyecciones somatosensoriales más diseminadas aunque
superpuestas (que transmiten información sobre el tacto, el dolor y la posición
del cuerpo), y en las entradas auditivas en el lado derecho del cerebro.92
En el plano
experiencial, también es más capaz de integrar procesos perceptivos, en particular
reuniendo diferentes tipos de información de los diferentes sentidos.93
Hay evidencias en veteranos de guerra con daño cerebral que confirman la
diferencia entre la organización focal del hemisferio izquierdo y la estructura
más profusa y difusamente organizada del hemisferio derecho, e indican que esta
puede ser la razón por la que el hemisferio derecho tenga ventaja a la hora de
construir un mundo tridimensional rico y variado espacialmente. En principio,
cabría esperar que la agrupación de tipos de funciones muy diferentes en el
hemisferio derecho con una organización más difusa, diera lugar a una calidad
de integración diferente de la que caracteriza al hemisferio izquierdo, de
organización más focalizada: habiendo una mayor convergencia de tipos de
información dispares, y "se podría predecir una integración heteromodal
que superaría la posible en un hemisferio focalmente organizado."94
En pocas palabras, esto significa reunir en la conciencia diferentes
elementos, incluyendo información procedente del oído, de los ojos, y otros
órganos sensoriales, así como de la memoria, a fin de generar el mundo rico y
complejo, y a la vez coherente, que experimentamos. Por el contrario, el
hemisferio izquierdo podría ser "inadecuado para las síntesis más rápidas
y complejas que logra el hemisferio [derecho]".95
He mencionado que
los estímulos novedosos provocan la liberación de noradrenalina en el
hemisferio derecho. La mayoría de las neuronas se "fatigan", es
decir, dejan de responder cuando se estimulan continuamente. Sin embargo, estas
neuronas noradrenérgicas no se fatigan, sino que mantienen su condición de
excitación, de modo que la atención exploratoria se mantiene abierta a través
de una mayor expansión tanto en el espacio como en el tiempo.96 El rango
del hemisferio derecho aumenta aún más por el hecho de que tiene una memoria de
trabajo más amplia, por lo que puede acceder a más información y mantenerla
unida en cualquier momento durante más tiempo.97 Es capaz de tener
presente más información en la mente, haciéndolo durante periodos más largos, y
con mayor especificidad (lo que también significa una menor susceptibilidad a
la degradación de la memoria con el tiempo).98
Este campo de atención más amplio, abierto a lo que
pueda ser, asociado a una mayor integración a lo largo del tiempo y el espacio,
es lo que hace posible el reconocimiento de patrones amplios o complejos, la
percepción de las "cosas como un todo", viendo el bosque a través de
los árboles.99 En resumen, el hemisferio izquierdo ofrece una visión
local a corto plazo, mientras que el hemisferio derecho tiene una visión más
amplia.
LA JERARQUÍA DE
LA ATENCIÓN
Hay, entonces, dos formas ampliamente
diferentes de atender al mundo. ¿Cómo se relacionan una con la otra?
Si lo que es
nuevo como experiencia es más probable que esté presente en el hemisferio
derecho, esto sugiere una jerarquía temporal de la atención, en la que nuestra
conciencia de cualquier objeto de experiencia comienza en el hemisferio
derecho, que es el que fundamenta la experiencia, antes de que llegue a ser más
extensamente procesada en el hemisferio izquierdo. Esto coexiste y se confirma
con una jerarquía de la atención en cualquier momento del tiempo, que también
establece que sea el hemisferio derecho, y no el izquierdo, el predominante
para la atención.100
La atención
global, cortesía del hemisferio derecho, llega primero, no solo en el tiempo,
sino que tiene prioridad en nuestro sentido de lo que estamos atendiendo; por
lo tanto, guía la atención local del hemisferio izquierdo, en lugar de al
revés.101 A modo de ilustración, normalmente veríamos la imagen de
la página siguiente como una H (compuesta de varias E) y un 4 (compuesto de
ochos).
La excepción a esto es la esquizofrenia, en la
que se pierde la capacidad dependiente del hemisferio derecho de ver el
conjunto de una sola vez; entonces la figura se convierte en una masa de Es y ochos.
Una de las diferencias cruciales en la esquizofrenia - y en la esquizotipia -
radica en el modo de atención, por el cual el conjunto se construye a partir de
las partes.102 No obstante,
la jerarquía atencional también puede invertirse en ciertas circunstancias en
individuos normales.103
Cuando hay una alta probabilidad de que
lo que buscamos se encuentre a nivel local, nuestra ventana de atención se
estrecha, con el fin de optimizar el rendimiento a este nivel,
"invirtiendo así la tendencia natural a que se favorezca el aspecto
global".104
Esencialmente, el
estrecho foco atencional del hemisferio izquierdo, que cree "dirigirse"
hacia lo que sea, en realidad ya ha sido capturado como tal.105 Por
lo tanto, el hemisferio derecho es el que tiene la predominancia de los
movimientos atencionales exploratorios, mientras que el hemisferio
izquierdo facilita la captación focalizada de lo que ya se ha
priorizado.106 Es el hemisferio derecho el que controla hacia dónde
debe orientarse esa atención.107
Podemos pensar
que construimos una imagen de algo mediante un proceso de escaneado en serie –
juntando los fragmentos- porque así es como lo explica nuestro hemisferio
izquierdo, consciente y verbal, cuando se le pide que descifre cómo se hace a
posteriori. Pero en realidad vemos primero las cosas en su totalidad: el
procesamiento atencional en serie no es necesario. En otras palabras, no
tenemos que orientar nuestra atención a cada característica de un objeto
sucesivamente para comprender el objeto en su conjunto; las características
están todas presentes sin necesidad de combinar los productos de la atención
focal.108
Más allá de la
diferencia en la naturaleza y la extensión de la atención que los dos
hemisferios prestan al mundo, existe una diferencia fascinante y fundamental en
su orientación. Se podría pensar que ambos hemisferios se ocuparían del mundo
en su conjunto, o si es imposible que ambos lo hagan, que habría una
distribución simétrica y complementaria de la atención a lo largo de todo el
campo. Pero este no es el caso. Dado que el campo visual izquierdo y las
percepciones del oído izquierdo están más accesibles al hemisferio derecho, y
por la misma razón, el campo visual derecho y las percepciones del oído derecho
al hemisferio izquierdo, se esperaría, y de hecho se encuentra, un gradiente de
atención de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, a lo largo del mundo
experiencial para cualquiera de los dos hemisferios. Pero estos gradientes no
son simétricos: existe una asimetría
fundamental del interés con respecto a la imagen global. El hemisferio
derecho está interesado por la totalidad del mundo disponible para los
sentidos, tanto si lo que recibe procede de la izquierda como de la derecha; y nos
proporciona un único mundo completo de experiencia. El hemisferio izquierdo
parece interesarse de forma restringida por la mitad derecha del espacio y la
mitad derecha del cuerpo- solo una parte, la
parte que usa.109
Por ejemplo, en pacientes con cerebro-dividido, el hemisferio derecho
atiende al campo visual completo, pero el hemisferio izquierdo solo atiende al
derecho.110 Esta negativa del hemisferio izquierdo a dar cuenta de
la mitad izquierda del mundo explica el fascinante fenómeno de la
"heminegligencia" tras un derrame cerebral en el hemisferio derecho,
después del cual el individuo depende completamente del hemisferio izquierdo
para que su cuerpo y su mundo cobren existencia.111 Y como lo que le
interesa al hemisferio izquierdo es solo la mitad derecha del mundo, la mitad
izquierda del cuerpo y todo lo que se encuentra en la parte izquierda del campo
visual, no se materializa. (Figura 2.3).
FIG. 2.3.
Plantillas (columna izda), copiadas por pacientes con hemi-negligencia (columna
dcha.)
Tan extremo puede ser este fenómeno, que
la persona que lo sufre puede no reconocer la existencia de alguien que esté a
su izquierda, o en la mitad izquierda de la pantalla de un reloj o en la página
izquierda de un periódico o de un libro, e incluso dejará de lavarse, afeitarse
o vestir la mitad izquierda de su cuerpo, llegando a veces a negar que exista
esa parte en absoluto. Y esto es así a pesar del hecho de que no hay nada que
falle en el sistema visual primario: el problema no se debe a una ceguera tal y
como se entiende normalmente.
Si se inhabilita
temporalmente el hemisferio izquierdo de un individuo así, mediante
estimulación magnética transcraneal, la negligencia mejora, lo que sugiere que
el problema que se produce tras el accidente cerebrovascular del hemisferio
derecho se debe a la activación de la acción sin oposición del hemisferio
izquierdo.112 Pero no se observa una imagen especular del fenómeno
de la negligencia después de un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo,
porque en este caso el hemisferio derecho, que sigue funcionando, proporciona
una imagen completa del cuerpo y del mundo, a la persona que lo sufre. Y,
debido a que el hemisferio derecho es el único que atiende a los extremos del
campo atencional (ya sea el izquierdo o el derecho), cuando la hemi-negligencia
provoca la pérdida del campo izquierdo, de manera extraordinaria, también hay
una pérdida del campo del extremo derecho.113
Existe
también un curioso fenómeno de "adhesividad" en la atención que
muestra el hemisferio izquierdo, que se relaciona con su relativa
inflexibilidad mencionada anteriormente. Después de un daño en el hemisferio
derecho, el hemicampo derecho parece ejercer una atracción magnética.114 Los pacientes se encuentran con que su mirada
es atraída, a pesar de ellos mismos, hacia la derecha.115 E incluso
se ha sugerido que el fenómeno de la hemi-negligencia atencional no es tanto
una cuestión de desatención al lado izquierdo del espacio, como del hecho de
estar capturado por el lado derecho del espacio, y no poder soltarse.116 El hemisferio izquierdo tiene dificultad para
desengancharse;117 y esto parece ser precisamente porque, en lugar
de que la familiarización con algo le haga desatender, le hace atender aún más.
Los pacientes comienzan sintiéndose atraídos por objetos de la parte derecha, y
luego se quedan enganchados a ellos, porque en lugar de producirse una
inhibición (retroalimentación negativa), como ocurriría normalmente, los
estímulos repetidos o familiares del lado derecho provocan una facilitación
(retroalimentación positiva).118 Un paciente mío que había sufrido
un ictus en el hemisferio derecho tras la rotura de una malformación
arteriovenosa en la región temporoparietal se quedaba fijado en objetos
inanimados de su hemicampo derecho: por ejemplo, si intentaba pasar por una
puerta, y veía una bisagra a su derecha, se quedaba "atascado"
inspeccionándola durante largos períodos tiempo, a menos que uno de sus
cuidadores lo desenganchara activamente.
Probablemente es
relevante que sea el hemisferio derecho el que controle los movimientos
oculares conjugados, es decir, que hace que los dos ojos se muevan juntos,
119 lo que lleva a la interesante idea de que puede ser el hemisferio
derecho el que también mantenga los hemisferios juntos, en interés de la
totalidad del mundo experiencial, en lugar de permitir que el hemisferio
izquierdo voluntariamente vaya por su cuenta.
En resumen, la
jerarquía de atención, por una serie de razones, implica un papel de base y, en
última instancia, un papel integrador del hemisferio derecho, en la que todo lo
que hace el hemisferio izquierdo a nivel detallado debe de basarse en la imagen
generada por el hemisferio derecho y, a continuación, ser devuelto a él. Este
es un caso de la progresión derecha->> izquierda –>> derecha,
que será uno de los temas de este libro. Y se encuentra en la base misma de la experiencia:
es en la atención, donde el mundo realmente se hace realidad.
Pero esto no completa el cuadro. Hay otro punto muy
significativo que debe observarse aquí acerca de la relación entre los
hemisferios. Se recordará que los polluelos usan uno u otro ojo para diferentes
propósitos y diferentes visiones del mundo. Sin embargo, los polluelos que usan
ambos ojos, no hacen estas divisiones: ellos se aproximan más a la visión del
hemisferio derecho.120 Esto está en consonancia con lo que cabría
esperar de todo lo que hemos visto sobre la jerarquía atencional. Pero también
puede tener que ver con el hecho de que en esta etapa sus hemisferios son
relativamente independientes. Ya que sabemos que en aves adultas, el desarrollo
de las comisuras - bandas de tejido nervioso como el cuerpo calloso, que
conectan los dos hemisferios - permiten que el hemisferio izquierdo tenga un
efecto inhibidor sobre el hemisferio derecho en mayor medida que el hemisferio
derecho sobre el izquierdo. De este modo, logran invertir la asimetría natural:
imponen la visión del mundo del hemisferio izquierdo. Solo cuando se
imposibilita la comunicación interhemisférica al seccionar las comisuras se
vuelve a ver, la asimetría natural a favor de la visión del mundo del
hemisferio derecho.121
EL TODO FRENTE A
LA PARTE
He mencionado que el vínculo entre el
hemisferio derecho y la percepción holística o gestáltica es una de las
generalizaciones más fiables y duraderas de las diferencias entre los
hemisferios, y que se deriva de las diferencias en la naturaleza de la
atención.122
El hemisferio derecho ve totalidades, antes de que lo que sea se descomponga
en partes en nuestro intento de "conocerlo". Su procesamiento
holístico de la forma visual no se basa en la suma de las partes. Por otro
lado, el hemisferio izquierdo ve partes-objetos.123 El ejemplo más
conocido de este proceso de percepción gestáltica es la manera en que un
perro dálmata, olfateando el suelo a la sombra de un árbol, emerge
repentinamente de una masa de puntos y salpicaduras. (Figura 2.4). El proceso
no es una recopilación gradual de fragmentos de información, sino un fenómeno de
"¡ajá!, de compresión repentina" - que llega de golpe.
Fig.2.4.
Emergencia de una Gestalt.
El hemisferio
derecho, con su mayor poder integrador, está constantemente buscando patrones
en las cosas. De hecho, su comprensión se basa en el reconocimiento de patrones
complejos.124
Los sujetos con
cerebro dividido tienen una completa incapacidad para relacionar la forma o
estructura de algo que han visto con algo que estén sintiendo con su mano - si
el objeto se siente con la mano derecha. Sin embargo, con la mano izquierda
(hemisferio derecho), lo relacionan perfectamente.125 Gazzaniga y
LeDoux pensaron que esto debía depender de algún tipo de ventaja táctil o de
"manipulación" del hemisferio "menor", porque pudieron
demostrar que en un segundo experimento de integración viso-visual, que
consistía en encajar una figura rota, el hemisferio
izquierdo no era tan malo (aunque seguía sin ser tan bueno como el
derecho). Ver Figura 2.5.
Fig. 2. 5. En el primer experimento, se
ve el modelo visual B: la mano derecha y la mano izquierda son testadas por
separado para determinar la capacidad de seleccionar la forma requerida solo
con el tacto de A, B o C. En el segundo
experimento, la muestra visual Y, se muestra por separado a cada campo visual:
a continuación el sujeto tiene que emparejarla visualmente con una de las
figuras rotas X, Y o Z. (Gazzaniga y LeDoux, 1978)
Pero esta segunda prueba no es ni mucho menos una
prueba de la capacidad de generar un sentido de totalidad. Una prueba de la
capacidad de generar un sentido de totalidad sería, precisamente, tener una
idea de cómo sería en otras modalidades a las que uno tiene delante - ser capaz
de decir por el tacto de alguna cosa, a que se parecería sin haberlo visto
nunca; o ser capaz de seleccionar solo por el tacto un objeto que se haya visto
– capacidad de la que carece el hemisferio izquierdo.
Los sujetos con
daños cerebrales unilaterales muestran déficits adicionales en las habilidades
de dibujo, dependiendo de si está comprometida la función del hemisferio
derecho o del izquierdo. Las composiciones de personas con daños en el
hemisferio derecho, al depender de su hemisferio izquierdo, pierden la
coherencia general y la integridad, volviéndose tan distorsionadas que apenas
son reconocibles: no hay una captación gestáltica de la totalidad. Por
ejemplo, si se les pide que dibujen una persona, los sujetos con lesiones
parieto-occipitales derechas "presentan una considerable dificultad para
ensamblar correctamente los distintos elementos, y en sus repetidos intentos
colocan las extremidades en posiciones extrañas (brazos unidos al cuello o a la
parte inferior del tronco)". Un paciente, al que se le pidió que dibujara
un elefante, "dibujó tan solo una cola, el tronco y una oreja". El
montaje de una maqueta de un elefante no les fue más fácil: “lo hacen
lentamente y terminan en un completo fiasco. Aunque, por lo que dice, reconoce
los elementos esenciales, es incapaz ni siquiera aproximadamente de colocarlos
en su lugar o de relacionarlos unos con otros."126 Las figuras se simplifican y distorsionan de
forma casi increíble: un hombre, es solo una mancha con tres palos por
extremidades; una bicicleta, dos pequeñas ruedas colocadas por encima de los
pedales (más grandes); una casa reducida a unas pocas líneas caóticas, con un
techo simbolizado por una V invertida. Figura. 2.6.
En cambio, los
dibujos de personas con daños en el hemisferio izquierdo, y que dependen de su
hemisferio derecho, a veces muestran una relativa pobreza de detalles, ya que
hacen hincapié en la forma del conjunto.127 (Ver Figura 2.7.)128
fig. 2.6. Dibujo
de un paciente con lesión parietal derecha de un hombre, y de una
bicicleta y una casa, de otro paciente con lesión parieto-occipital derecha,
Fig. 2.7 árbol dibujado por el mismo
sujeto: primero en condiciones normales; luego solo con el hemisferio derecho inactivado;
y luego con el hemisferio izquierdo inactivado.
Es lo mismo con
la percepción, que con la ejecución. Por ejemplo, un paciente con daño en el
hemisferio derecho descrito por Hécaen y Ajuriaguerra fue incapaz de reconocer
un dibujo de una casa, hasta que vio que, había una chimenea.129 El
conjunto le era inescrutable, pero una parte le dio la pista.
Pero, una vez
más, los fallos en el procesamiento integrador cuando hay daños en el
hemisferio derecho no se limitan a un dominio u otro, y no forman parte de la
vieja dicotomía visual/verbal: las dificultades experimentadas por pacientes
con lesiones del hemisferio derecho para captar la información visoespacial como
un todo están relacionados con las dificultades que tienen con la comprensión
verbal-semántica.130
Debido a la forma en que el hemisferio izquierdo está
sesgado hacia la identificación por partes y el hemisferio derecho hacia la
imagen global, también difieren en la forma en que entienden lo que
experimentan.
CONTEXTO FRENTE
ABSTRACCIÓN
Por la misma razón que el hemisferio
derecho ve las cosas como una totalidad, antes de que hayan sido descompuestas
en partes, también ve cada cosa en su contexto, como si estuviera en una
relación de cualificación con todo lo que le rodea, en lugar de considerarlas
como una entidad única y aislada.131 Su conciencia del mundo es
cualquier cosa menos abstracta.
Cualquier cosa
que requiera una interpretación indirecta, que no sea explícita o literal, que
en otras palabras requiera una comprensión contextual, depende del lóbulo
frontal derecho para que su significado sea transmitido o recibido.132
El hemisferio derecho comprende a partir de pistas contextuales indirectas, no
solo a partir de un enunciado explícito, mientras que el hemisferio izquierdo tiene
que identificar por etiquetas en lugar de por el contexto (por ejemplo,
identifica que debe ser invierno porque es “Enero”, no mirando los árboles).133
Esta diferencia
es particularmente importante cuando se trata de lo que los dos hemisferios
aportan al lenguaje. El hemisferio derecho toma lo que sea que se dice dentro
de todo su contexto.134 Está especializado en la pragmática, el arte
de la comprensión contextual del significado y del uso de la metáfora.135 Es
el hemisferio derecho el que procesa los aspectos no literales del lenguaje,136
de los que hablaremos más adelante. Esta es la razón por la que el hemisferio
izquierdo no es bueno para entender significados que están en un nivel
superior, de expresiones tales como " hace hoy, un poco de calor aquí "
(donde el hemisferio derecho está entendiendo, "por favor, abra una
ventana", el hemisferio
izquierdo supone que este comentario es sólo un informe útil de datos
meteorológicos). También es la razón por la que el hemisferio derecho, es el
responsable de la apreciación del humor, ya que el humor depende decisivamente
de la capacidad de entender el contexto de lo que se dice y se hace, y de cómo
el contexto lo cambia. Los sujetos con daño en el hemisferio derecho, al igual
que sujetos con esquizofrenia, que en muchos aspectos se parecen a ellos, no
pueden entender el significado implícito y tienden a tomar literalmente los
comentarios de una conversación.
El hemisferio
izquierdo, debido a que su pensamiento está descontextualizado, tiende a seguir
ciegamente la lógica interna de una situación, incluso si esto está en
contradicción con lo que nos dice la experiencia.137 Esto puede ser
una fortaleza, por ejemplo, en filosofía, cuando nos lleva más allá de una
intuición, aunque también podría considerarse como una enfermedad para la cual
la filosofía misma debe ser la cura; pero es una debilidad cuando se convierte
en una rendición demasiado rápida a la teoría. El hemisferio izquierdo es el
hemisferio de la abstracción,138 que como la propia palabra indica,
es el proceso de extraer las cosas de su contexto. Esto, y su capacidad
relacionada para categorizar las cosas una vez que se han abstraído, son los
cimientos de su poder intelectual. Un paciente con daños en el hemisferio
izquierdo, descrito por Hécaen y Ajuriaguerra, y por lo tanto dependiente solo
de su hemisferio derecho, cuando se le pidió que copiara un modelo usando
piezas de madera, parecía como "si estuviera obligado por una fuerza
extraña a colocar las piezas de madera encima del modelo que pretendíamos que
copiara, en lugar de a un lado". Se pensó que esto significaba que tenía
"un problema con la capacidad de producir una representación abstracta a
partir de un modelo concreto."139
El hemisferio izquierdo solo puede re-presentar; y el
hemisferio derecho, por su parte, solo puede ofrecer de nuevo, lo que
“presencia”. Esto está cerca del núcleo de lo que diferencia a los hemisferios.
Hughlings Jackson, en muchos aspectos, el padre de la neuropsiquiatría moderna,
cuyas agudas observaciones de pacientes con lesiones cerebrales y epilepsia lo
convierten en una rica fuente de revelaciones sobre las diferencias de los
hemisferios, ya intuía dichas diferencias durante la Primera Guerra Mundial. Un
paciente suyo que había perdido la capacidad de expresión verbal, conservaba
cierta comprensión automática de los nombres de los objetos, que Jackson
suponía que estaba mediado por su hemisferio derecho. Aunque podía coger al
instante un ladrillo, cuando se lo pedían, según Jackson, no podía tener la "memoria"
de la palabra ladrillo:
No creo que
un hombre que no puede decir (ni escribir) la palabra ladrillo se pueda decir
que tiene "memoria" de ello. (ser consciente de la palabra en sí misma). Él no tenía conciencia de ello, sino de la cosa de la que sirve de
símbolo - lo que es algo muy diferente.140
La abstracción es
necesaria para que el hemisferio izquierdo re-presente al mundo. El hemisferio
izquierdo opera con un sistema de formas visuales abstractas, almacenando
información que permanece relativamente
invariable a partir de instancias específicas, produciendo tipos o clases de
cosas abstractas; mientras que el hemisferio derecho es consciente de y
recuerda qué es lo que distingue a instancias específicas de cada tipo, unas de
otras.141 El hemisferio
derecho trata de manera preferencial con las cosas realmente existentes, tal y
como se encuentran en el mundo real.142 Dado que su lenguaje enraíza
las cosas en el contexto del mundo, se ocupa de las relaciones entre las
cosas. Por lo tanto, el hemisferio derecho tiene un vocabulario: ciertamente
tiene un léxico de sustantivos concretos y palabras con imágenes, que comparte
con el hemisferio izquierdo; pero, más que eso, los vínculos perceptivos entre
palabras son realizados principalmente por el hemisferio derecho.143
En general,
conceptos abstractos y palabras, junto con la sintaxis compleja, son
dependientes del hemisferio izquierdo. Pero, una vez más, la inferioridad en el
lenguaje del hemisferio derecho depende en un grado significativo de la
inhibición activa del hemisferio izquierdo. Si el hemisferio izquierdo está
suficientemente distraído, o incapacitado, el hemisferio derecho resulta tener
un vocabulario más extenso, que incluye palabras largas, inusuales y no-
imaginables.144
La distinción
entre contexto y abstracción queda ilustrada por el uso diferente de los
símbolos por parte de cada hemisferio. En un sentido de la palabra, un símbolo
como el de una rosa, es el foco o el centro de una red interminable de
connotaciones que se ramifican a través de nuestra experiencia física y mental,
personal y cultural, en la vida, la literatura y el arte: la fuerza del símbolo
está en proporción directa al poder que tiene para transmitir una gama de
significados implícitos, que deben permanecen implícitos para ser poderosos. En
este sentido, es como un chiste que tiene varias capas de significado -
explicarlas destruye su efecto. El otro tipo de símbolo podría ejemplificarse
por un semáforo en rojo: su poder reside en su uso, y su uso depende de una
correspondencia 1:1 entre la orden de "stop" y el color rojo, que
excluye cualquier ambigüedad y tiene que ser explícito. Este tipo de función
simbólica pertenece al ámbito del hemisferio izquierdo, mientras que el primer
tipo pertenece al ámbito del derecho.145
De hecho, una diferencia particularmente importante
radica en la capacidad del hemisferio derecho para comprender la metáfora, de
la que hablaré en el próximo capítulo. La región temporal derecha parece ser
esencial para la integración de dos conceptos en apariencia no relacionados en
una expresión metafórica significativa.146
Sin embargo, resulta fascinante que las expresiones metafóricas o
no literales tópicas se traten por el hemisferio izquierdo: en el caso de una
expresión de este tipo, es al ver el significado literal de la frase
trillada lo que la actualiza, lo que requiere cierta agudeza mental (un poco
como si se tratara de un chiste), y por lo tanto, en este caso, el significado
no-destacable (no familiar, por no tópico) pasa a ser procesado en el
hemisferio derecho.147
INDIVIDUALIDADES
FRENTE A CATEGORÍAS
Al mismo tiempo, es el hemisferio
derecho el que tiene la capacidad de distinguir ejemplos específicos dentro de
una categoría, más que categorías por sí solas: almacena detalles para
distinguir instancias específicas.148 El hemisferio derecho presenta instancias
individuales y únicas de cosas y de objetos individuales y familiares, mientras
que el hemisferio izquierdo re-presenta categorías de cosas y objetos genéricos
sin especificar.149 En consonancia
con esto, el hemisferio derecho utiliza referentes únicos, mientras que el
hemisferio izquierdo utiliza referentes inespecificos.150 Es con el
hemisferio derecho con el que distinguimos individualidades de todo tipo, tanto
de lugares como de rostros.151 De
hecho, es precisamente su capacidad de procesamiento holístico lo que permite
al hemisferio derecho reconocer a los individuos.152 Después de
todo, las individuos son totalidades gestálticas: ese rostro, esa voz,
ese modo de andar, esa pura "quididad" de la persona o cosa, que
desafía el análisis en partes.
Mientras que el
hemisferio izquierdo está más interesado por las categorías y los tipos
abstractos, el hemisferio derecho está más interesado por la singularidad e
individualidad de cada cosa o ser existente. El papel del hemisferio derecho,
Ramachandran lo describe como el “detector de anomalías" que podría ser
visto como un aspecto de su preferencia por las cosas tal y como existen en la
realidad (que nunca son completamente estáticas o congruentes - siempre
cambiantes, nunca iguales) frente a la representación abstracta, en las que las
cosas se convierten en categorías fijas y equivalentes, tipos más que
individualidades.
El hemisferio
derecho se interesa por las discriminaciones más finas entre las cosas, ya sean
vivas o no vivas.153 De hecho, los criterios cerebrales de
categorización tienen esto en cuenta de manera notable. Lo que es general y lo
que es específico es, después de todo, relativo. Así, caracterizar un objeto
como un automóvil, o como una pieza de fruta, es general; pero distinguir qué
variedad de fruta (una pera), o en concreto qué tipo de pera ( variedad comicio), o qué marca de coche
(Citroën), en concreto qué modelo de Citroën (2CV), es más específico.154
A medida que las categorías
más "subordinadas" se individualizan, son reconocidas por el
hemisferio derecho, mientras que el hemisferio izquierdo se ocupa de las
categorías más generales, "supraordinadas".155 En
consonancia con esto, a pesar de la conocida ventaja del hemisferio derecho en
el tratamiento de lo viso-espacial, el hemisferio izquierdo es superior en la
identificación de formas y figuras simples, que son fácilmente clasificables,
mientras que las figuras complejas, al ser menos típicas, y estar más
individualizadas, son mejor procesadas por el hemisferio derecho.156
En general,
entonces, la tendencia del hemisferio izquierdo es la de clasificar, mientras
que la del derecho es la de identificar individualidades.157 Pero,
por supuesto, ambos hemisferios están implicados en el reconocimiento según como
se agrupen las experiencias - ¿cómo no podría ser de otro modo? Cada hemisferio
debe ser capaz de dar sentido a una realidad al revelarse una forma, a lo que
de otro modo sería una masa amorfa de impresiones. Pero como hacen esto en la
práctica, difiere en aspectos vitales que tienen un impacto directo en la
naturaleza del mundo que cada uno de ellos da a luz. La versión del hemisferio
derecho es más global y holística, basada en el reconocimiento de similaridades
con un ejemplar ideal, y en la posición de éste en el contexto de otros
ejemplos, mientras que el hemisferio izquierdo identifica rasgos simples que
situarían al objeto en una determinada categoría en abstracto.158
Como resultado, mientras que el hemisferio izquierdo utiliza categorías
abstractas, el hemisferio derecho opera de manera más efectiva utilizando
ejemplares específicos.159 Las técnicas de imagen funcional del
cerebro muestran que el hemisferio izquierdo asume una especie de "ojo de Dios", es decir, una visión invariable, en su representación de
los objetos, mientras que el hemisferio derecho utiliza visiones almacenadas
del “mundo real" con el fin de agrupar la experiencia.160
El proceso de
categorización sistemático del hemisferio izquierdo a veces puede llegar a
tener vida propia. He mencionado que las redes de neuronas dopaminérgicas están
más extensamente distribuidas en el hemisferio izquierdo que en el derecho. Y el
exceso de transmisión dopaminérgica, que se produce, por ejemplo, por el abuso
de anfetaminas y en tratamientos con altas dosis de medicamentos anti-parkinsonianos,
puede simular aspectos de la esquizofrenia porque tiende a favorecer al
hemisferio izquierdo sobre el derecho. En tales circunstancias, a veces se
observa una especie de necesidad irrefrenable de coleccionar y categorizar,
unida a una obsesión imperiosa del hemisferio izquierdo por adquirir y hacer,
lo que se conoce como “punding”, por
ejemplo, el montaje y desmontaje mecánico y repetitivo de máquinas, la recogida
y categorización de objetos inanimados, como linternas, televisores, piedras,
cajas, etc.161 Una vez tuve
un paciente con esquizofrenia que ordenaba y reordenaba estructuras simétricas
de envases comerciales, cuidadosamente recogidos: las “esculturas” resultantes
llenaban su cuarto de estar. En una ocasión, después de que él hubiera pasado
el fin de semana en su apartamento, le pregunté cómo le había ido. Me contestó
secamente: "Moví algunas cosas a la derecha" – una respuesta que
tiene considerable interés en vista del fuerte sesgo del hemisferio izquierdo a
atender el lado derecho del espacio, y desatender al izquierdo, (hay una
asimetría de la función hemisférica en la esquizofrenia, con un hemisferio
izquierdo anormal e hiperactivo en comparación con el derecho). La pasión por
coleccionar y organizar se ve en otros trastornos, por supuesto, incluido el
síndrome de Asperger, que también muestra déficits en el hemisferio derecho.
Sin embargo, no
se piense que este impulso a la categorización tiene vida propia solo en
personas que consideramos enfermas. Está presente en todos nosotros. Como Henry
Maudsley, decía: nosotros tenemos
una
propensión lo bastante fuerte como para no solo hacer divisiones en el
conocimiento donde no las hay en la naturaleza, y luego imponer dichas
divisiones a la naturaleza, haciendo que la realidad se ajuste a la idea, sino
ir más allá, y convertir las generalizaciones hechas a partir de la observación
en entidades definitivas, permitiendo que en el futuro estas creaciones
artificiales tiranicen al entendimiento.162
LAS DIFERENCIAS
EN LO SEMEJANTE
El contraste entre las diferentes
visiones del mundo de los dos hemisferios se pone de manifiesto de forma
notable en la cuestión de la semejanza y la diferencia. Una vez más, considerar
su manejo como si solo se tratara de diferentes "funciones de comparación
en el procesamiento de la información" no tiene mucho sentido. No son
"funciones” dentro de un mundo que ya conocemos por tener una cierta
estructura (mecánica): ellas mismas forman parte de los fundamentos del mundo
en el que intentamos comprenderlas.
Una individuo
podría ser vista como un pequeño universo, un número infinito de momentos, de
experiencias y percepciones en serie (tal como lo vería el hemisferio
izquierdo), que por supuesto son (al menos en lo que concierne al hemisferio
derecho) un todo único. Su esposa o esposo que salió de la casa por la mañana
puede volver de un humor diferente o tener un corte de pelo distinto por la
noche, pero esto no presenta un problema de identificación, porque estos
fragmentos separados de la experiencia, estos fotogramas separados de la
película, tal y como los vería el hemisferio izquierdo, no están realmente
separados en absoluto - son los diferentes aspectos de un todo único. Pero en
ciertos déficits del hemisferio derecho, se pierde la capacidad para ver la
totalidad, y los sujetos empiezan a creer que están tratando con personas
diferentes. Pudiendo desarrollar la convicción de que una persona que conocen
muy bien, en realidad está siendo "re-presentada" por un impostor,
una condición conocida, en honor a su primer descriptor, como síndrome de
Capgras.163 Pequeños cambios perceptivos parecen sugerir una entidad
completamente diferente, no solo un nuevo fragmento de información que debe
integrarse en la totalidad: la significancia de la parte, en este sentido,
sobrepasa el tirón de la totalidad.
Resulta
fascinante que síndromes deficitarios del hemisferio derecho también puedan dar
lugar a algo que parece lo contrario: la creencia de que alguien que uno conoce
está duplicado en diferentes lugares y en diferentes momentos. En otras
palabras, no se trata de la división de una única totalidad, sino de la
reproducción masiva de dicha totalidad. "Algo personal y normalmente vivo
ha sido duplicado como si fuera un mero artículo en una cadena de
montaje", según John Cutting, con la consiguiente pérdida de singularidad
y familiaridad.164 Una paciente mía acusó a su marido de ser infiel
porque creía haberle visto en varias ocasiones con diferentes mujeres mientras
ella estaba de compras en la ciudad, en momentos en los que ella sabía que él
tenía que haber estado en el trabajo. Esta curiosa afección se denomina
síndrome de Fregoli, en honor a un artista italiano del transformismo, de
principios del siglo XX.165 Aquí se pierde la discriminación precisa
de los individuos que proporciona el hemisferio derecho, y los diferentes
individuos se agrupan y se vuelven a "re-presentar" en una categoría.166
No es lo opuesto al síndrome de Capgras, sino una consecuencia natural de
la misma causa: una pérdida del sentido de totalidades únicas. Esa
"identificación errónea delirante" se aplica no solo a personas, sino
también a objetos: otra paciente mía inició una venganza contra alguien que,
según creía, había entrado en su dormitorio y cambiado de forma sutil toda su ropa
por copias de una calidad ligeramente inferior. Incluso se puede aplicar a
lugares: un individuo sostenía que había ocho ciudades "impostoras",
duplicados de la suya, y decía que había pasado los últimos ocho años
deambulando entre ellas, sin encontrar la verdadera. También había ocho
duplicados de su esposa e hijos, cada uno de los cuales vivía en una ciudad
duplicada con un duplicado del paciente.167
En general, entonces y en consonancia con el principio
de que lo que distingue a los dos hemisferios, no es lo que hacen, sino cómo
lo hacen, no se puede decir que un hemisferio trate con elementos simples
("unidades"), y el otro con agregados. Ambos tratan con unidades y
ambos tratan con agregados. Así, el hemisferio derecho ve entidades
individuales (unidades), y las ve como pertenecientes a una totalidad
contextual (un agregado), de la que no están separados. Por el contrario, el
hemisferio izquierdo ve partes (unidades), que componen algo que reconoce por
la categoría a la que pertenece (un agregado). Sin embargo, la relación entre
la unidad más pequeña y el agregado más amplio en ambos casos es profundamente
diferente: al igual que el modo de atención al mundo con el que está asociado.
LO PERSONAL
FRENTE A LO IMPERSONAL
Debido a que el
hemisferio derecho no ve nada en abstracto, sino que siempre aprecia las cosas
en su contexto, está interesado en lo personal, en contraste con el hemisferio
izquierdo, que tiene más afinidad con lo abstracto o lo impersonal.168 La
visión del mundo en general que tiene el hemisferio derecho, está construida
según lo que le concierne a él, no según categorías objetivas impersonales, y
por lo tanto tiene una cualidad personal. Esto es tanto su fuerza como su
debilidad en relación con el hemisferio izquierdo. Trata preferentemente con todo
aquello que se le aproxima, que se le acerca, que se relaciona con él.169
El lóbulo temporal derecho trata preferentemente con la memoria de carácter
personal o con carga emocional, lo que se denomina memoria episódica, mientras
que el lóbulo temporal izquierdo se interesa más por la memoria de hechos que
son “de dominio público”.170 Curiosamente la preocupación del hemisferio
derecho por el pasado personal puede estar directamente relacionado con otra
cuestión a la que llegaremos, su tendencia hacia sentimientos de tristeza.171
LO VIVO FRENTE A
LO NO-VIVO
El gran neurólogo
François Lhermitte llamó la atención hace treinta y cinco años sobre una
diferencia esencial entre los hemisferios, cuando describió un caso que
confirmaba que el hemisferio derecho está más interesado por las
individualidades vivas que por objetos hechos por el hombre.172 Esto se deriva naturalmente de su interés en
lo que sea que exista aparte de nosotros, y de su capacidad de empatía - así
como de su capacidad para ver la totalidad, donde el hemisferio izquierdo ve un
aglomerado de partes: hay una relación intuitiva entre el hecho de trocear
cosas y privarlas de vida. Solo el hemisferio izquierdo codifica los objetos
sin vida,173 mientras que
ambos hemisferios codifican las cosas vivas, tal vez porque las vivas pueden
verse tanto como individualidades independientes (hemisferio derecho) o como
objetos de uso, como presas, “cosas”, etc. (hemisferio izquierdo).174 Sin
embargo, al menos en un estudio se ha encontrado una clara división entre los
hemisferios, el izquierdo codificando lo no-vivo y el derecho lo vivo,
independientemente de la tarea que se realice.175 Otro estudio llegó
a la conclusión de que existen “diferentes redes cerebrales que sirven para la
identificación de entidades vivas y no vivas".176 Sin embargo, alimentos, e instrumentos
musicales, presumiblemente por la forma íntima en que participan en la vida del
cuerpo, se asocian más a lo vivo que con lo no-vivo. El cuerpo como tal es una
entidad del hemisferio derecho, mientras que las "partes" del cuerpo
son competencia del hemisferio izquierdo.177 De hecho, cuando el
hemisferio derecho deja de estar disponible para hacer realidad el lado
izquierdo del cuerpo, el hemisferio izquierdo solo puede sustituirlo por una
estructura mecánica de partes inanimadas de dicho lado. Un paciente
descrito por Ehrenwald relataba, después de un derrame cerebral en el
hemisferio derecho,
"donde debería encontrarse la mitad
izquierda de su pecho, abdomen y estómago, solo hay un tablero de madera".
Este llega hasta su ano, y está dividido en compartimentos por tablones
transversales...los alimentos no siguen el camino habitual desde el estómago a
través de los intestinos, "son absorbidos por los compartimentos de este
andamiaje y caen por el agujero del fondo del armazón". Todo esto ocurre
solo en el lado izquierdo. En el lado derecho los órganos están todos
perfectamente en su sitio.178
Y Ehrenwald deja constancia de que no
fue solo una idea delirante, sino una percepción: él podía ver y sentir la tabla de
madera.
No solo el hemisferio derecho tiene afinidad por lo
que está vivo, sino que el hemisferio izquierdo tiene a su vez la misma
afinidad por lo que es mecánico. El interés principal del hemisferio izquierdo
es la utilidad. Está interesado en lo que ha hecho, y en el mundo como un
recurso para ser utilizado. Por lo tanto, es natural que tenga una afinidad
particular por palabras y conceptos de herramientas, por las cosas hechas por
el hombre, los mecanismos y todo lo que no esté vivo. El hemisferio izquierdo codifica
las herramientas y las máquinas.179 Las referencias a herramientas y
acciones de agarrar activan el hemisferio izquierdo incluso en personas
zurdas, a pesar de que habitualmente usan el hemisferio derecho/mano
izquierda para agarrar objetos y utilizar herramientas en la vida diaria. Y
daños en el hemisferio derecho dejan inalterada la capacidad de usar
herramientas sencillas, mientras que daños en el hemisferio izquierdo
incapacitan a la persona que los sufre para usar un martillo y un clavo, o una llave
y un candado. Sin embargo, los daños en el hemisferio derecho afectan
especialmente a las acciones cotidianas que involucran una secuencia de pasos -
por ejemplo, preparar una taza de café o envolver un regalo.180
¿Se podría ir tan
lejos como para decir que el lado izquierdo representa la ciencia y el lado
derecho, la naturaleza? Aunque yo mismo he expresado mi escepticismo sobre las
dicotomías populares asociadas con los dos lados del cerebro, creo que hay
razones para suponer que el lado izquierdo representa los frutos de la
invención humana, incluido el lenguaje, la fabricación y una forma parcial de
representar objetos.181
Esto escribe Michael Corballis, en el
transcurso de un homenaje a Roger Sperry, ambos importantes contribuyentes a
nuestra comprensión de los hemisferios, y ambos igualmente escépticos de las
"dicotomías populares". Llama la atención la afinidad del hemisferio
izquierdo a todo lo que él mismo hace ("los frutos de la invención
humana") en contraste con la afinidad del hemisferio derecho por lo que
existe antes y después - y más allá de - nosotros mismos, es decir, la
naturaleza. No aceptaría el término "ciencia", en el verdadero
sentido de la palabra, como aplicable al hemisferio izquierdo; ya que gran
parte del espíritu del empirismo proviene del hemisferio derecho, como sugeriré
al considerar los descubrimientos científicos durante el período del
Renacimiento, y la ciencia no siempre avanza por caminos predecibles - es más
fortuita, está menos regulada, de lo que piensa el hemisferio izquierdo, e
implica una conciencia abierta a lo que es.182 Quizás Corballis tampoco lo aceptaría, ya que
no responde a su propia pregunta. Pero si, se sustituyera por la palabra,
"mecanismo" - y por desgracia, tanta ciencia puede ser mecanicista -
estaría en completo acuerdo.
La región
temporal derecha parece tener áreas no solo específicas para los seres vivos,
sino también para todo lo que es específicamente humano.183 Estas
evaluaciones sobre "lo humano", son independientes de la capacidad superior
del hemisferio derecho para reconocer rostros.184
El hemisferio
derecho prioriza todo lo que realmente es, y nos afecta. Prefiere las
cosas existentes, las escenas reales y los estímulos que pueden tener sentido
en términos del mundo vivo, todo lo que tiene significado y valor para nosotros
como seres humanos.185 Es más capaz de asimilar información del
entorno,186 sin responder
automáticamente a él, y, posiblemente como resultado, el desarrollo del
hemisferio derecho es más sensible a las influencias del entorno.187
Al mismo tiempo,
el hemisferio izquierdo se siente más en su casa tratando con imágenes
distorsionadas, no realistas, fantásticas - y en última instancia,
artificiales.188 Esto puede deberse a que invitan a un análisis por
partes, más que en conjunto. Además parece que el hemisferio izquierdo tiene un
sesgo favorable hacia todo lo que sea extraño, sin sentido o inexistente,189
aunque los datos aquí son particularmente difíciles de interpretar porque la
mayoría de los estudios no han distinguido suficientemente los elementos de
interferencia.190
El hecho de que, mientras las cosas están todavía
"presentes" en su novedad, como entidades individualmente existentes
- no "re-presentadas" como representaciones de una categoría -
pertenezcan al hemisferio derecho, puede verse a la luz de esta distinción
entre lo vivo y lo no vivo, ya que a medida que se vuelven demasiado
habituales, inauténticas y, por lo tanto, sin vida, pasan al hemisferio
izquierdo.
EMPATÍA Y LA
"TEORÍA DE LA MENTE"
Debido a la apertura del hemisferio
derecho a la interconectividad entre las cosas, está interesado en los otros
como individuos, y en cómo nos relacionamos con ellos. Es el mediador de la
identificación empática.191 Si me imagino a mí mismo sufriendo, estoy
usando ambos hemisferios, pero si es tú dolor, me llega a mi hemisferio
derecho.192 Las mismas neuronas de la corteza cingulada anterior
derecha, un área que se sabe que está asociada a la apreciación del dolor,
muestran actividad tanto si nosotros mismos estamos heridos como si
presenciamos que otra persona sufre una experiencia dolorosa similar.193 “La conciencia de uno mismo, la
empatía, la identificación con los demás y, en general, los procesos
intersubjetivos, dependen en gran medida de... recursos del hemisferio
derecho."194 Cuando nos ponemos en la piel de los demás,
utilizamos el lóbulo parietal inferior derecho y el córtex prefrontal lateral
derecho, que participan en la inhibición de la tendencia automática a defender nuestro
propio punto de vista.195 En circunstancias en las que se activa el
hemisferio derecho, los sujetos están más favorablemente dispuestos hacia los
demás y son más fácilmente convencidos por argumentos en favor de posiciones
que previamente no habían apoyado.196
En general, el
hemisferio derecho es crucial para hacer atribuciones sobre el contenido
emocional o de otro tipo, de otra mente, y en particular con respecto al estado
afectivo de otro individuo.197 Según Simón Baron-Cohen, el
hemisferio derecho se activa incluso al escuchar palabras que describen la
mente, como "pensar" e "imaginar".198 Pero el hemisferio derecho empatizará con, o
se identificará con, y tratará de imitar solo lo que sabe que es otro ser vivo,
y no un mecanismo - algo que es de interés en vista de los papeles que hemos
visto que desempeñan los dos hemisferios en la división del mundo en animado e
inanimado.199 Cuando observamos tanto una mano real como una mano por
"realidad virtual" agarrando un objeto, activamos automáticamente las
áreas del hemisferio izquierdo correspondientes, como si nosotros también
estuviéramos agarrándolo - pero sorprendentemente, solo en el caso de la mano real
viva, se activan las regiones del área temporoparietal derecha.200 Tenemos un impulso inconsciente e involuntario
de imitar a alguien que estamos viendo realizar una acción - hasta el punto de
que la inducción empática, sobre todo si es algo que ya hemos practicado
nosotros mismos, es realmente más fuerte que el deseo voluntario de hacer algo
que preferiríamos que ocurriera. Pero esto solo es cierto si pensamos que es
una persona de verdad la que está actuando. Si pensamos que es una computadora,
simplemente no nos comprometemos.201
El hemisferio
derecho desempeña un papel importante en lo que se conoce como "teoría de
la mente", la capacidad para ponerse uno mismo en la posición de otra
persona y sentir lo que está pasando en su mente.202 Esta capacidad
surge en los primates junto con el autorreconocimiento y la conciencia de sí
mismo, y está estrechamente vinculada a ellas.203 Es una capacidad
que los niños no desarrollan por completo hasta los cuatro años (aunque algunos
aspectos probablemente estén ya presentes a partir de los 12 a 18 meses), y que
los niños autistas nunca adquieren.204 La prueba clásica de la
teoría de la mente muestra a dos muñecas, Sally y Anne, jugando con una canica.
Después de jugar, la guardan en una caja, y salen de la habitación. Mientras
Sally está fuera de la habitación, Anne regresa, y se pone a jugar con la
canica y la guarda en otra caja diferente. La pregunta que le hacen al niño, es:
"Cuando regrese Sally, ¿dónde buscará la canica?" Quienes no tienen la capacidad de la teoría
de la mente indican la nueva caja, donde saben que está la bolita, no la
original donde Sally la vio colocada por última vez.205
El hemisferio
derecho tiene, con mucho, la predominancia de la comprensión emocional.206
Es el mediador del comportamiento
social.207 En ausencia del hemisferio derecho, el hemisferio
izquierdo es indiferente a los demás y a sus sentimientos: "las
interacciones sociales se llevan a cabo sin tener en cuenta los sentimientos,
deseos, necesidades y expectativas de los demás".208 Los
pacientes con déficit frontal derecho, pero no con déficit frontal izquierdo,
sufren un cambio de personalidad por el que se vuelven incapaces de empatizar.209
Ha suscitado un
considerable interés el descubrimiento de que existen neuronas, con el
sobrenombre de "neuronas espejo", que se activan tanto cuando hacemos
algo como cuando vemos a otros hacerlo.210 Pruebas fisiológicas y de comportamiento
indican que la pars opercularis izquierda (parte del área de Broca), el
área del lóbulo frontal izquierdo crucial para la producción del habla,
contiene neuronas espejo que están implicadas en la imitación de los
movimientos de los dedos.211 Tan apasionante fue este hallazgo, el
cual es de hecho muy significativo, y del que hablaré en el próximo capítulo -
que hasta hace poco se pensaba que las neuronas espejo eran una particularidad
del hemisferio izquierdo humano, e incluso se había planteado su existencia
como una razón por la cual el lenguaje se había desarrollado en el hemisferio
izquierdo, en lugar del derecho.212 Pero esto parece un poco como
poner el carro delante de los bueyes, sobre todo porque tanto la pars opercularis izquierda como la
derecha tienen igualmente neuronas espejo, y ambos hemisferios contribuyen al
procesamiento de la observación y la imitación.213 De hecho, qué hemisferio está implicado en
cada momento no solo tiene que ver con qué y dónde está la acción que estamos
imitando, sino también con qué grado de instrumentalidad ("dirigida hacia
un objeto") tiene esa acción. Ya que tales acciones estimulan el sistema
del hemisferio izquierdo. Por otra parte, la contribución predominante a la
imitación de acciones que no son instrumentales, proviene de los lóbulos
temporal y frontal derecho.214
Las neuronas espejo son un medio para comprender las
intenciones de los otros, entre otras cosas, y no se limitan a copiar acciones.215
Forman parte de nuestra capacidad para comprender a los demás y empatizar
con ellos. Por ejemplo, al imitar las expresiones faciales de otras personas,
es la pars opercularis derecha, con
sus neuronas espejo, el área de importancia crítica; y es esta área la que
parece estar silente en los niños autistas cuando realizan dicha tarea.216
ASIMETRÍA
EMOCIONAL
La afinidad del hemisferio derecho con
las emociones y la experiencia corporal de ellas se refleja en una gama de
asimetrías funcionales. Parte del polo frontal derecho del cerebro, la llamada
corteza orbitofrontal del hemisferio derecho, es esencial para la comprensión
emocional y la regulación.217 También es donde se aprecia
conscientemente el significado emocional de acontecimientos.218 En general, el hemisferio derecho está más
íntimamente conectado con el sistema límbico, un sistema subcortical primitivo
involucrado en la experiencia de emociones de todo tipo, y con otras
estructuras subcorticales que lo está el hemisferio izquierdo.219 El
polo frontal derecho también regula el eje hipotálamo-hipofisario, que es la interfaz
neuroendocrina entre el cuerpo y la emoción,220 y que es esencial
para nuestra apreciación subjetiva del estado fisiológico del cuerpo.221
Está íntimamente conectado con los sistemas inconscientes y automáticos de
regulación del cuerpo y de su nivel de excitación, por ejemplo, a través del
control autónomo de la frecuencia cardíaca o de la función neuroendocrina.222
Como consecuencia, también es la corteza frontotemporal derecha la que
ejerce un control inhibitorio sobre la excitación emocional.223
Aunque ha habido mucho debate sobre el tono emocional
particular de cada hemisferio (del que hablaremos más adelante) existen
evidencias de que en todas las formas de percepción emocional,
independientemente del tipo de emoción y en la mayoría de las formas de
expresión, el hemisferio derecho es dominante.224
RECEPTIVIDAD
EMOCIONAL
El hemisferio derecho es el que
identifica la expresión emocional: es más rápido y más preciso que el
hemisferio izquierdo para discriminar la expresión facial de la emoción.225
Específicamente, el surco temporal superior derecho parece estar
involucrado en el reconocimiento de la emoción facial.226 El
hemisferio derecho es el lugar de la interpretación de los gestos, no solo de
la expresión facial, sino también de la prosodia (entonación vocal).227 La
superioridad en la percepción emocional se añade y se distingue de la conocida
superioridad del lóbulo parietal derecho para la interpretación visoespacial.228
Aquellas personas con daños en el hemisferio derecho tienen dificultades
para entender la entonación o implicación emocional.229
Curiosamente,
parece que el hemisferio izquierdo lee las emociones interpretando la parte
inferior de la cara. Aunque el hemisferio izquierdo puede comprender la
expresión emocional, no mira a los ojos, incluso cuando se le indica que lo
haga, sino a la boca.230 Únicamente, el hemisferio derecho parece
ser capaz de comprender la información más sutil que proviene de los ojos. La
empatía no es algo que uno lea en la parte inferior de la cara, donde se
tienden a transmitir mensajes relativamente tajantes - de amigo o enemigo. Una
paciente mía con un déficit temporoparietal derecho me preguntaba: "¿Qué
les pasa a todos con los ojos?" Cuando le pregunté qué quería decir, me
explicó que había notado que aparentemente la gente parecía comunicar mensajes
codificados con sus ojos, pero que no podía entender lo que decían,
presumiblemente porque la parte de su cerebro que lo tendría que interpretar no
funcionaba bien – siendo un motivo más de paranoia para aquellos que tienen que
depender de su hemisferio izquierdo para configurar el mundo.
Cuando se trata
de la comprensión (y expresión) de las emociones por el lenguaje, nuevamente, a
pesar de la preponderancia del hemisferio izquierdo para el lenguaje, el
hemisferio derecho es superior.231 El lenguaje emocional puede ser
posible incluso cuando se pierde el habla por un accidente cerebrovascular en
el hemisferio izquierdo.232 Es el hemisferio derecho el que
comprende el aspecto emocional o humorístico de una narración.233 La
memoria del lenguaje emocional está en el hemisferio derecho.234 En
última instancia, hay pruebas claras de que, cuando se trata de reconocer una
emoción, sea la que sea, ya sea que se exprese por el lenguaje o mediante la
expresión facial, es en el hemisferio derecho en el que principalmente nos
basamos.235
El rostro es el
intermediario común de dos de los aspectos más significativos del mundo del
hemisferio derecho: la singularidad de un individuo y la comunicación de los
sentimientos. El hemisferio derecho está implicado en la identificación no solo
de la expresión facial de la emoción, sino también de la relación entre la
emoción con un rostro en particular.236 Esto comienza en los niños y
es el medio principal para el desarrollo del sentido de identidad del bebé, a
través de la interacción con el rostro de la madre.237 También es en
la corteza parietotemporal derecha donde el niño aprecia la voz de la madre.238
Debido a su
interés por nuestro yo encarnado, por nuestros sentimientos y los sentimientos
e intenciones de los demás, así como por su singularidad, se podría anticipar
que es a través del hemisferio derecho, como se almacenan en la memoria las
emociones de los rostros.239 De hecho, el hemisferio derecho es el
principal responsable de nuestra capacidad para identificar y recordar rostros
en general.240 Esta capacidad nos parecería bastante extraordinaria
si no nos resultara tan cercana y tan familiar. Los rostros son a grandes
rasgos estructuras tridimensionales complejas y muy similares que deben
distinguirse entre sí por las interrelaciones, a menudo minúsculas, entre las
"partes" que forman el conjunto (que, además, pueden cambiar con la
expresión facial de un segundo a otro), y poder discriminarse individualmente
en diferentes orientaciones, a distintas distancias, en diferentes condiciones
de iluminación, a menudo mientras se mueven, y en una fracción de segundo. Así
que es bastante asombroso que podamos hacerlo. La incapacidad para reconocer
las caras se llama prosopagnosia, y se debe a lesiones del hemisferio derecho.241
Lo que de forma
crítica es capaz de hacer aquí el hemisferio derecho es percibir los aspectos
"configuracionales" del conjunto. En la prosopagnosia, falta esta
capacidad.242 De hecho, en su ausencia, el hemisferio izquierdo
tiene que confiar en el laborioso proceso de intentar recomponer el rostro a
partir de las partes, con el efecto paradójico de que puede que no le resulte
más fácil reconocer una cara al derecho que boca abajo, e incluso puede
resultarle más fácil boca abajo, porque tal perspectiva le obliga a
concentrarse en las partes.243
La circunvolución
fusiforme medial derecha desempeña aquí un papel fundamental,244 aunque
últimamente se ha puesto de manifiesto que la red subyacente al reconocimiento
facial está ampliamente distribuida en el hemisferio derecho.245
Pacientes con daño cerebral derecho no solo son peores en la identificación de
rostros, en comparación con pacientes con daño cerebral izquierdo, sino que
también son peores a la hora de evaluar rasgos con el que no estén
familiarizados, como la edad de un rostro.246 El hemisferio derecho
es preeminente, no solo para identificar un rostro humano individual y para
interpretar su expresión emocional, sino también para apreciar su edad, sexo y
atractivo.247
Uno de los logros
de Wigan fue haber identificado la prosopagnosia en 1844,248 pero se
necesitaron otros cien años hasta que le pusieron nombre. En 1947, Joachim
Bodamer describió a un paciente que decía que las caras le parecían
“extrañamente planas, blancas con enfáticos ojos oscuros, como si estuvieran puestas
en una superficie plana, como láminas ovaladas blancas, todas iguales".249 La falta de
profundidad es muy interesante por razones que expondré a continuación. La
prosopagnosia fue vinculada con lesiones del hemisferio derecho por Sergent y
Villemure, quienes identificaron que había "una incapacidad para combinar
los rasgos integrantes en una representación facial configuracional que
definiera de forma única cada rostro".250 Juntando las partes
no se podía lograr una totalidad única.
También es notable
que una vez más, exista un defecto específico para el reconocimiento de los
ojos. En algunos casos, presumiblemente debido a que el hemisferio izquierdo, por
su interés en la parte inferior de la cara, toma cartas en el asunto, y sujetos
con prosopagnosia parcial después de una lesión del hemisferio derecho eran
capaces de obtener datos de la zona de la boca, pero fueron incapaces de
utilizar la información de los ojos.251
La superioridad del hemisferio derecho para reconocer
caras es otra diferencia lateralizada que se extiende considerablemente a lo
largo de la cadena evolutiva - por ejemplo, incluso está presente, créanlo o
no, en las ovejas, que pueden recordar caras individuales de humanos y de otras
ovejas después de un lapso de años, nuevamente confiando principalmente en el
hemisferio derecho.252
EXPRESIVIDAD
EMOCIONAL
Además del reconocimiento de las emociones,
el hemisferio derecho desempeña un papel vital en la expresión emocional,253
a través del rostro o de la prosodia de la voz.254 El lóbulo frontal
derecho es de una importancia crítica para la expresión de emociones de
prácticamente cualquier tipo, a través del rostro y la postura corporal.255
La única excepción a la superioridad del hemisferio derecho es en la expresión
emocional de la ira.256 La
ira está fuertemente conectada con la activación frontal izquierda.257
La agresividad nos motiva y la dopamina desempeña un papel crucial en las
recompensas que ofrece.258
Los niños autistas,
que no pueden entender el lenguaje social, la ironía, la metáfora, y carecen de
capacidad de empatía - todo ello mediado por la región frontal derecha -
carecen de habilidad prosódica, la capacidad de transmitir significado y
sentimiento a través de la entonación y la inflexión de la voz.259
Es el hemisferio
derecho el que media en las expresiones faciales espontáneas en reacción al
humor u otras emociones, incluyendo la sonrisa y la risa.260 También
es el hemisferio derecho el responsable de la capacidad peculiarmente humana de
expresar tristeza a través de las lágrimas.261
La mitad
izquierda de la cara ( o "hemifaz izquierda"), que está controlada
por el hemisferio derecho, está más involucrada en la expresión emocional.262
Las emociones también se perciben con mayor fuerza cuando se expresan por la
hemifaz izquierda: 263 e, intrigantemente, la hemifaz izquierda
también es más grande que la derecha en los diestros.264 Aunque la
expresión facial de emociones es un rasgo universal en los humanos, hay inevitablemente
diferencias en la expresión facial entre las culturas; y debido al hecho mismo
de que la hemifaz izquierda manifiesta información emocional más compleja,
siendo capaz de transmitir sentimientos encontrados, parece que en situaciones
multiculturales puede ser más fácil para las personas leer la información
relativamente sencilla que transmite la hemifaz derecha.265
Esta
especialización del hemisferio derecho en las emociones es un proceso que
comienza en las especies prehumanas: chimpancés y algunos otros primates
no-humanos muestran, al igual que nosotros, una especialización del hemisferio
derecho en la expresión facial de las emociones.266
La afinidad del hemisferio derecho tanto para la
percepción como para la expresión de la emoción parece ser confirmada por la
fuerte tendencia universal a acunar a los bebés con su cara hacia la izquierda,
de modo que quede dentro del dominio principal de atención del hemisferio
derecho de los adultos, y estén expuestos a la hemifaz izquierda del propio
adulto, más expresiva emocionalmente.267 Se sabe que esta
preferencia se remonta al menos a 2,000-4,000 años,268 e incluso
madres zurdas muestran este sesgo de acunar hacia la izquierda.269
De hecho, incluso chimpancés y gorilas muestran el mismo sesgo hacia la
izquierda para mecer a sus bebés.270
DIFERENCIAS EN
CUANTO A LA AFINIDAD EMOCIONAL
Es el hemisferio derecho el que hace una
valoración emocional de lo que está viendo, un tema al que volveré más
adelante, al considerar la forma en que los hemisferios influyen en el
significado que damos al mundo experiencial.271 En ausencia de un hemisferio
derecho funcional, nuestro mundo y nuestros yoes se empobrecen emocionalmente.
El lóbulo frontal derecho desempeña un papel sumamente importante en la
personalidad - en quien fundamentalmente somos.272
No obstante, el
hemisferio izquierdo desempeña un papel en el entendimiento y la expresión de
la emoción. ¿Cuáles son entonces las diferencias?
Para empezar,
parece que el hemisferio izquierdo está especializado en las emociones sociales
más superficiales, en contraste con el hemisferio derecho, que está más
directamente en contacto con la emocionalidad de los procesos primarios.273
En relación con esto, el
hemisferio izquierdo también estaría más involucrado en la representación
consciente de la emoción: las expresiones emocionales voluntarias o
artificiales, de nuevo principalmente en el área de la boca, estarían
controladas por el hemisferio izquierdo.274 Un estudio sobre el
procesamiento consciente e inconsciente de la expresión facial emocional ha
sugerido que la amígdala izquierda pero no la derecha está asociada con el
contenido representacional explícito de la emoción observada, mientras
que la amígdala derecha está más involucrada con el procesamiento emocional
inconsciente.275
Hay que decir
que, aunque está implicado en la emoción, el hemisferio izquierdo sigue siendo,
en comparación con el derecho, relativamente neutral emocionalmente,276 algo que se evidencia por su afinidad por las
pinturas abstractas, "no emocionales".277 Los estímulos
emocionales no se incorporan al estado de ánimo - ni se adoptan personalmente -
cuando se presentan al hemisferio izquierdo en lugar de al derecho.278
Todo parece más consciente, más voluntarioso, más deliberado, y eso está en
consonancia con la necesidad del hemisferio izquierdo de influir y manipular,
así como su papel en la representación de la experiencia. En la
alexitimia, un trastorno de falta de conciencia o capacidad para expresar con
palabras el tono emocional, el problema surge por la incapacidad del hemisferio
derecho emocionalmente consciente, que puede constatarse que está
experimentando una excitación emocional, para comunicárselo al hemisferio
izquierdo.279
La literatura
también sugiere que puede haber diferencias en el tono emocional de los
hemisferios, y esto es un área compleja.280 Las viejas ideas de que
el hemisferio derecho se ocupaba de las llamadas emociones
"negativas" y el izquierdo de las "positivas" no están
sustentadas; una teoría que prevalece es que las emociones del hemisferio
derecho son las de "retirada", y las del izquierdo las de
"acercamiento". Ninguna de las dos teorías me parece muy
satisfactoria. Existe un amplio acuerdo de que el hemisferio derecho está más
en sintonía con la tristeza y menos con la ira que el hemisferio izquierdo;281
y lo que llamamos emociones "positivas" depende de ambos
hemisferios.282 Si bien el hemisferio derecho está asociado con el
afecto positivo en muchos casos,283 e incluso puede ser la fuente
principal de experiencias placenteras,284 es en general el
hemisferio izquierdo el que tiende a tener una visión más optimista de sí mismo
y del futuro.285 De hecho,
hay pruebas a las que me referiré, de que puede adoptar una perspectiva
injustificadamente optimista. Una vez más, el rango del hemisferio derecho es
más inclusivo (puede tratar con cualquiera de los dos polos) y el del
hemisferio izquierdo es más parcial. Me parece una posibilidad que las
emociones que están relacionadas con la vinculación y la empatía, ya sea que
las llamemos "positivas" o "negativas", sean tratadas
preferentemente por el hemisferio derecho, y como es de esperar: tales
estímulos capten la atención del hemisferio derecho.286 De la misma
manera, las emociones que tienen que ver con la competitividad, la rivalidad y
la autoestima individual, positiva o negativa, serían tratadas preferentemente
por el hemisferio izquierdo.287
Otro detalle que
invita a la reflexión sobre la tristeza y el hemisferio derecho, tiene que ver
con la percepción del color. Las regiones del cerebro implicadas en
la identificación consciente del color son probablemente las del lado
izquierdo, tal vez porque involucra un proceso de categorizar y de nombrar;288
sin embargo, parece que la percepción del color en las visualizaciones
mentales en circunstancias normales solo activa el área fusiforme derecha, no
el izquierdo,289 y en los
estudios de diagnóstico por imagen, los estudios de lesiones y las pruebas
neuropsicológicas sugieren que el hemisferio derecho está más en sintonía con
la percepción y discriminación de los colores.290 En este sentido, hay indicios de que el
hemisferio derecho prefiere el color verde y el hemisferio izquierdo prefiere
el color rojo (ya que el hemisferio izquierdo prefiere la orientación
horizontal y el hemisferio derecho la vertical - un punto al que volveré, al considerar
los orígenes del lenguaje escrito en el capítulo 8).291 El color
verde se ha asociado tradicionalmente no solo con la naturaleza, la inocencia y
los celos, sino también con la melancolía: "Ella languidecía en sus pensamientos, / y con
una melancolía verde y amarilla / se sentaba como Paciencia en un monumento, / sonriendo
ante la pena".292
¿Hay alguna
relación entre las tendencias melancólicas del hemisferio derecho y la creencia
medieval de que el lado izquierdo del cuerpo estaba dominado por la bilis
negra? La bilis negra estaba asociada,
por supuesto, con la melancolía (literalmente, del griego melan, negro, chole-, bilis) y se pensaba que era producida
por el bazo, un órgano del lado izquierdo. Por las mismas razones el propio
término bazo se aplicó, desde el siglo XIV hasta el siglo XVII, a la
melancolía; como si se intuyera que la melancolía, la pasión y el sentido del
humor procedían del mismo lugar (de hecho del hemisferio derecho, asociado con
el lado izquierdo del cuerpo), aunque el “bazo" también podía referirse a
cada uno o a cualquiera de ellos.
La cuestión de la
relación entre los trastornos depresivos y hemisferio derecho es compleja.
Aquí, más que en cualquier otra parte, hay que tener en cuenta la influencia
del eje antero-posterior (delante-atrás), tanto como la del eje
derecha-izquierda del cerebro. Parece que la polaridad del tono emocional entre
los dos hemisferios está específicamente ligada a las partes más recientemente
evolucionadas del cerebro, las más “humanas”, los lóbulos frontales. Las
lesiones anteriores izquierdas se asocian con la depresión y las lesiones anteriores
derechas se asocian con una "alegría exagerada".293 Cuanto
más cerca se encuentra del polo frontal la lesión del hemisferio izquierdo,
mayor es la sintomatología depresiva.294 Para las personas con
lesiones en el hemisferio derecho, lo contrario es cierto: cuanto más caudal
(más atrás) la lesión, mayor es la posibilidad de depresión.295 Esta
confluencia de evidencias sugiere que el polo frontal derecho, tiene una
orientación depresiva en comparación con el polo frontal izquierdo o con su
propia corteza parieto-occipital.296 La depresión per se está
probablemente asociada a una reducción de la actividad posterior derecha,
además del aumento de la actividad frontal derecha en la mayoría de los casos,297
aunque como se podría predecir, la detección de amenazas es una actividad
posterior derecha.298 Hay
evidencias de una actividad excesiva del hemisferio izquierdo en la manía,299
el polo opuesto de la depresión, y esto también puede producirse en otros
mamíferos.300
Los estudios en
lesiones confirman la relación entre la actividad del lóbulo frontal derecho y
la depresión301 y los estudios de neuroimagen también sugieren una
correlación entre la hipofunción frontal izquierda y la depresión.302 Una
mayor activación del derecho que del izquierdo está relacionado con el estado
de ánimo deprimido.303 El aumento específico de la actividad
eléctrica en la región frontal derecha es un marcador de depresión,304
y la mayoría de los estudios de EEG también confirman la hipoactivación frontal
izquierda.305 En sujetos
normales, la activación relativa del EEG en el lado derecho en reposo
predice una mayor experiencia de afecto "negativo": los sujetos con
una activación frontal izquierda relativamente mayor en reposo, "pueden
ser capaces de terminar rápidamente su reacción, mientras que los sujetos con
activación frontal derecha pueden carecer de las habilidades de afrontamiento necesarias para minimizar la
duración de la respuesta afectiva negativa".306 Los depresivos
se valen relativamente más del campo visual izquierdo y realizan más
movimientos oculares hacia la izquierda en formas que han sido validadas y que
sugieren la activación del hemisferio derecho.307
Las evidencias
que confirman esta afirmación provienen del tratamiento de la depresión. La disminución
del funcionamiento anterior izquierdo encontrada en la depresión remite, como
se esperaba, con la enfermedad. Cuando el flujo sanguíneo en la región frontal
anterior izquierda está inicialmente más disminuido, esto predice una mejor
respuesta a los antidepresivos.308 Es menos probable que la
depresión se resuelva o responda al tratamiento cuando hay lesiones
irreversibles en el hemisferio izquierdo (pero no en otras áreas del cerebro).309
También hay
evidencia de que los tipos de depresión que se experimentan en la hipoactividad
posterior derecha son diferentes de los que se experimentan en la hipoactividad
frontal izquierda, en formas que están en consonancia con las visiones del
mundo que los dos hemisferios aportan. Así, la depresión resultante de un daño
en el hemisferio derecho tiene más de indiferencia o apatía - una falta de vida
global y difusa - en contraste con la depresión ansiosa y perturbadora,
acompañada de rasgos biológicos, resultante de lesiones en el hemisferio
izquierdo.310 El tipo de ansiedad que acompaña al estado de ánimo
depresivo, y que puede inducirse al leer una narración triste, se conoce como
excitación ansiosa y muestra una mayor lateralización hacia el hemisferio
derecho. Por el contrario, la aprensión ansiosa, basada tanto en el miedo a la
incertidumbre como a la falta de control - preocupaciones del hemisferio
izquierdo - va acompañada de una activación preferente del hemisferio
izquierdo.311
A la hora de interpretar los estudios de neuroimagen
sobre la emoción, hay que tener en cuenta la afirmación de Jaak Panksepp,
probablemente el neurocientífico más destacado del mundo en materia de afecto y
emoción, de que es más probable que estemos obteniendo imágenes de áreas
asociadas al contenido cognitivo de un estado afectivo que aquellas asociadas
al propio estado afectivo pre-cognitivo.312
RAZÓN FRENTE A
RACIONALIDAD
A pesar de que el hemisferio derecho
tiene un papel abrumadoramente importante en la emoción, el estereotipo popular
de que el hemisferio izquierdo tiene el monopolio de la razón al igual que la
opinión de que tiene el monopolio sobre el lenguaje, es errónea. Como siempre
no es una cuestión de "qué" sino de "de qué manera".
De hecho, hay
diferentes tipos de razonamiento, y aunque el hemisferio izquierdo ejecuta claramente
mejor un argumento lineal y secuencial, algunos otros tipos de razonamiento,
incluida la deducción, y ciertos tipos de razonamiento matemático, dependen
principalmente del hemisferio derecho. El hemisferio izquierdo realiza un
razonamiento más explícito, mientras que el razonamiento menos explícito (como
el que suele darse en la resolución de problemas, incluido la resolución de
problemas matemáticos y científicos) lo realiza el hemisferio derecho.313 Existe una relación entre el fenómeno placentero
del "aja", del insight (descubrimiento interno) y la amígdala
derecha, que intermedia en las interacciones entre las emociones y la función
cognitiva frontal superior.314 De hecho, un extenso cuerpo de
investigaciones indica que el insight, ya sea matemático o verbal, en cualquier
tipo de resolución de problemas ocurre cuando, precisamente, no estamos
concentrados en ellos, y se asocia con la activación del hemisferio derecho,
principalmente en su área temporo-anterior derecha, y específicamente en la
circunvolución temporo superior-anterior derecha, aunque cuando hay altos
niveles de reestructuración implicados también hay actividad en la corteza
prefrontal derecha.315 El insight es también una percepción de las
incongruencias previas de los propios supuestos, que se vincula con la
capacidad del hemisferio derecho para detectar una anomalía.
Resolver
problemas, hacer deducciones razonables y emitir juicios puede volverse más
difícil si somos conscientes del proceso. Por lo tanto, explicitar los procesos
de pensamiento o el análisis de un juicio, puede en realidad perjudicar el
rendimiento, ya que fomenta que el hemisferio izquierdo se centre en la
estructura explícita y superficial del problema.316
La evidencia es
que las habilidades matemáticas están divididas entre los hemisferios. Algunos
estudios han demostrado que el rendimiento matemático es peor en niños317 y
adultos318 con daños en el hemisferio izquierdo, que con daños en el
hemisferio derecho. Sin embargo, en otro estudio, los niños con un daño en el
hemisferio izquierdo eran significativamente más pobres solo en el lenguaje
escrito, mientras que niños con daños en el hemisferio derecho tuvieron peores
resultados en el lenguaje escrito, la lectura y las matemáticas.319 Está
claro que el hemisferio derecho desempeña un papel en los cálculos aritméticos320
y, en general en los cálculos matemáticos se activa con más fuerza el
derecho.321 La adición y la sustracción activan el lóbulo parietal
derecho, mientras que la multiplicación activa el recuerdo verbal de las
"tablas de multiplicar" en el hemisferio izquierdo.322 Los
niños prodigio en cálculo parecen utilizar más estrategias dependientes del
hemisferio derecho, haciendo uso de la memoria episódica.323
El hemisferio
derecho está crucialmente implicado en el proceso de razonamiento deductivo, un
proceso que es independiente no solo de las áreas del lenguaje del hemisferio
izquierdo, sino también de las áreas visoespaciales del hemisferio derecho: por
ejemplo, en ausencia de cualquier información visual correlativa (cuando los
problemas se presentan acústicamente a través de auriculares), los diferentes
tipos de razonamiento sobre problemas evocan actividad en la corteza parietal
superior derecha y bilateralmente en el precuneus.324 El
hecho de que el precuneus esté involucrado es en sí mismo interesante, ya que
es un centro que se encuentra en lo profundo del lóbulo parietal, y está
íntimamente conectado tanto con la emoción -forma parte del sistema límbico -
como con el sentido del yo. Es uno de los puntos más consistentemente
"activos" del cerebro, con una alta tasa metabólica en reposo, y que
se silencia en estados alterados de conciencia donde el sentido del yo no está
activo, igual que en el sueño, en la anestesia y en los estados vegetativos.
Parece desempeñar un papel importante en la memoria episódica, que es crítica
para la identidad personal y en la adopción de una perspectiva en primera
persona.325 Y, de hecho, la
lógica deductiva también se asocia con el área prefrontal ventromedial derecha
del cerebro, un área que se sabe está dedicada a las emociones y los
sentimientos.326 Ver lo que se deriva de una comprensión social y
emocional de la situación en la que uno se encuentra en el mundo real es al
menos tan importante, como ver lo que se deriva de una proposición abstracta.
Un hallazgo que
puede parecer inesperado a primera vista, y cuyo significado completo se hará
evidente en el próximo capítulo, es que es el hemisferio derecho es el que
tiene un sentido intuitivo de los números y de su magnitud relativa. Sin
embargo, el sentido es aproximado y no tiene precisión. El hemisferio
izquierdo, por el contrario, tiene precisión, pero no tiene un sentido
intuitivo de lo que realmente está haciendo, aparte de seguir reglas y
manipular símbolos.327 Si uno adquiere una habilidad computacional
que le lleva a dar respuestas precisas, será más evidente en el idioma en el
que se adquirió: pero no hay tal efecto del idioma en relación con la
estimación inexacta, el sentido intuitivo de la magnitud.328
Vale la pena considerar que los números pueden
simbolizar absolutos - una cantidad cuantificable, como en las
estadísticas - lo que sugeriría una afinidad con el hemisferio izquierdo, o
significar relaciones, lo que sugeriría una afinidad con el hemisferio
derecho. Para Pitágoras, era esta regularidad de las proporciones o de las
correspondencias, más que los números en sentido absoluto, lo que sustentaba la
música y la belleza - la música de las esferas, la armonía natural del
universo.
CUERPOS GEMELOS
La emoción es inseparable del cuerpo en
el que se siente, y la emoción es también la base de nuestro compromiso con el
mundo. La comprensión social en el sentido de conexión empática, así como
entender cómo se sienten los demás, lo que quieren decir no solo por lo que
dicen en su contexto, como hemos visto, sino por sus expresiones faciales, su
"lenguaje corporal" y su tono de voz - todo esto es posible gracias
al hemisferio derecho.
En consonancia
con su capacidad para sentir emociones y su predisposición a entender la
experiencia mental en el contexto del cuerpo, en lugar de abstraerla, el
hemisferio derecho está profundamente conectado con el yo encarnado.
Aunque cada lado del cerebro tiene conexiones motoras y sensoriales con el lado
opuesto del cuerpo, sabemos que el hemisferio izquierdo tiene solo la imagen
del lado contralateral (derecho) del cuerpo – y cuando el hemisferio derecho
está incapacitado, la parte izquierda del cuerpo del individuo, virtualmente
deja de existir para esa persona. Solo el lóbulo parietal derecho tiene una
imagen corporal completa.329 Es importante destacar que esta imagen
corporal no es una mera fotografía. No es una representación (como lo sería si
estuviera en el hemisferio izquierdo), ni una simple suma de nuestras
percepciones corporales, o algo imaginado, sino una imagen viva, íntimamente
ligada a la actividad en el mundo - una experiencia esencialmente afectiva.330
Es por eso que las perturbaciones en esa zona,
conducen a enfermedades profundamente perturbadoras, como la dismorfia
corporal, y la anorexia nerviosa.331
Más que esto, los
hemisferios derecho e izquierdo ven el cuerpo de diferentes maneras. El
hemisferio derecho, como se puede deducir por los sorprendentes cambios que
ocurren después de una lesión cerebral unilateral, es responsable de nuestro
sentido del cuerpo como algo que "vivimos", algo que forma parte de
nuestra identidad, y que es, si se puede decir así, la interfaz entre nuestros
yoes y el mundo en general. Para el hemisferio izquierdo, por contraste, el
cuerpo es algo de lo que estamos relativamente desvinculados, una cosa en el
mundo, como las demás cosas ("en
soi", más que "pour soi",
para usar los términos de Sartre), desvitalizado, un "cadáver".332
Como dice Gabriel Marcel, a veces es
como si yo fuera mi cuerpo, otras veces es como si yo tuviera un cuerpo.333
Algunos idiomas, como el alemán, ven el cuerpo en estos dos
sentidos tan distintos que tienen diferentes palabras para ellos: leib en el primer sentido, körper en el segundo. Por cierto, la
palabra alemana körper, está
relacionada con la inglesa "corpse" (cadáver), y llegó al idioma a
través de la medicina y la teología (el cuerpo siendo el elemento que se quedaba
cuando el alma partía); la palabra Leib,
relacionada con leben/lebendig ("vivir” /”viviente") se refiere a
los "cuerpos" que sobrevivían a una batalla - los que no sobrevivían,
eran körper. De hecho, aún más
sorprendente es que la palabra griega que posteriormente vino a indicar el
cuerpo, considerado separadamente de la persona, sôma, nunca fue usado por Homero para referirse al cuerpo vivo,
solo a un cadáver.334
El hemisferio
izquierdo parece ver el cuerpo como un ensamblaje de partes: recuerden al
paciente de Ehrenwald, que después de un derrame cerebral en el hemisferio
derecho, su cuerpo se volvió rectilíneo, compartimentado, inanimado y hueco (un
ensamblaje de andamios). Si el hemisferio derecho no funciona correctamente, el
hemisferio izquierdo puede negar tener algo que ver con una parte del cuerpo
que no parece funcionar según las instrucciones del hemisferio izquierdo. Los
pacientes dirán que la mano "no me pertenece" o incluso que pertenece a la persona
que está en la cama de al lado, o hablaran de ella como si estuviera hecha de
plástico.335 Un paciente se quejó de que había una mano muerta en su
cama. Otro paciente varón pensó que el brazo debía pertenecer a una mujer de la
cama de al lado; una mujer blanca pensaba que la suya pertenecía a "un petit nègre" que estaba en la
cama con ella; otro se quejó de que había un niño en la cama, a su izquierda.
Otra más estaba convencida de que las enfermeras habían envuelto su brazo con
la ropa sucia y lo habían mandado a lavar.336
Una paciente
creía firmemente que el brazo paralizado pertenecía a su madre, aunque en todos
los demás aspectos su conversación era bastante normal.337 El
proceso en su caso se revertía, normalmente, inhibiendo el hemisferio
izquierdo, mediante una técnica de estimulación vestibular:
Investigador: ¿De quién es este brazo?
AR (paciente): No es mío.
Investigador: ¿De quién es?
AR: Es de mi madre.
Investigador: ¿Y
cómo es posible que esté aquí?
AR: No lo sé. Lo encontré en mi
cama.
Investigador: ¿Cuánto tiempo ha estado ahí?
AR: Desde el primer día. Siento
que, está más caliente que el mío. El otro día cuando el tiempo era más frío también
estaba más caliente que el mío.
Investigador:
Entonces, ¿dónde está su brazo izquierdo?
AR: (hace un gesto indefinido hacia delante).
Está ahí debajo.
Inmediatamente
después de la estimulación vestibular [que inhibe al hemisferio izquierdo], el
investigador le pide al paciente que le muestre su brazo izquierdo del
paciente.
AR: (señalando su propio brazo
izquierdo): Aquí está.
Investigador: (levanta el brazo izquierdo del paciente)
¿Es suyo este brazo?
AR: Sí, Por qué.
Investigador: ¿Dónde está el brazo de su madre?
AR: (duda) Está en algún
lugar por ahí.
Investigador: ¿Dónde exactamente?
AR: No lo sé. Quizás aquí, bajo las
sábanas. (Ella mira a su derecha, debajo de la ropa de cama.)
Dos horas después
de la estimulación vestibular, el investigador vuelve a preguntar a AR.
Investigador: (señalando el brazo izquierdo del paciente)
¿De quién es este brazo?
AR: Es de mi madre. Esta más
caliente.
Investigador: ¿Dónde está tu brazo izquierdo?
AR mira en silencio
al investigador. Una hora y media después, ella se dirige espontáneamente al investigador.
AR: (señalando su brazo
izquierdo): El brazo de mi madre está más frío de lo que estaba esta
mañana. Siente el frío que hace.
A la mañana siguiente
(30 de noviembre), el investigador pregunta nuevamente a AR, de quien es el
brazo izquierdo de AR, mientras se lo señala.
AR: Es de mi madre. Está bastante
caliente. Lo encontré aquí. Ella lo olvidó cuando le dieron el alta en el
hospital.
Después de la
estimulación vestibular realiza el mismo procedimiento utilizado el día
anterior, el investigador eleva el brazo izquierdo de la paciente y le pregunta
nuevamente de quién es ese brazo.
AR: (toca su brazo izquierdo):
Es mío.
Investigador: ¿Dónde está el brazo de tu madre?
AR: Debe estar aquí, en la esquina.
(Busca el brazo de su madre debajo de la ropa de cama sin encontrarlo.)
Está bastante caliente. Es un brazo fuerte; mi madre era lavandera...
Esto es lo que se
conoce como asomatognosia y, a menudo, sigue a un accidente cerebrovascular en
el hemisferio derecho.338 La falta de capacidad para reconocer
partes del yo encarnado siempre está asociada con el daño del hemisferio
derecho, nunca con daño del hemisferio izquierdo.339 El fenómeno se
puede replicar mediante la anestesia selectiva del hemisferio derecho.340
También puede dar
lugar a la creencia de que la parte afectada está bajo control de un extraño.
Un paciente descrito por Lhermitte no mostraba ninguna preocupación y estaba
abiertamente eufórico, a pesar de estar paralizado de su lado izquierdo: "Parecía
como si todo el lado izquierdo de su cuerpo hubiera desaparecido de su
conciencia y de su vida psíquica". Tres días después, sin embargo,
este paciente
relata que de vez en cuando una mano extraña, lo molesta y perturba, se le acerca
a él y se le coloca en su pecho: dice "esta mano me presiona la barriga y
me ahoga". "Esta mano me molesta", dice otra vez, "No me
pertenece, y me temo que podría golpearme".
Él pensaba que podría pertenecer al
hombre de la cama de al lado.341 Otro paciente llegó a creer que el
lado izquierdo de su cuerpo era "maligno " y estaba controlado por
agentes externos, tal vez por el diablo en confabulación con su padre muerto.342
Hay una mayor
conciencia propioceptiva en el hemisferio derecho que en el izquierdo: es
decir, el hemisferio derecho sabe mejor que el izquierdo, sin tener que mirar,
por ejemplo, dónde está la mano contralateral y qué posición adopta - aunque
esto favorezca a la mano izquierda en los diestros.343 El hemisferio derecho está mucho más
vinculado a los cambios fisiológicos que ocurren en el cuerpo cuando
experimentamos emociones.344 La superioridad del hemisferio derecho
en el ámbito emocional está explícitamente vinculada a esta estrecha relación
fisiológica con el cuerpo.345 Esta es otra razón adicional por la que
sostenemos a los bebés por el lado izquierdo: "el impacto emocional del
tacto, el modo más básico y recíproco de interacción, es también más directo e
inmediato, si se sostiene al bebé por el lado izquierdo del cuerpo".346
Y aunque estudios de los efectos de accidentes cerebrovasculares en la función
sexual han demostrado que empeora si ocurre un ictus en el hemisferio
izquierdo, esto se ve dificultado por la depresión, una secuela común del
accidente cerebrovascular del hemisferio izquierdo; si se excluyen los sujetos
deprimidos, parece ser más dependiente del hemisferio derecho.347
Interesantemente,
cuando hay un daño en el hemisferio derecho, parece haber una pérdida de la
integración normal del yo con el cuerpo: el cuerpo se reduce a un compendio de impulsos
que ya no están integrados con la personalidad del "dueño" del
cuerpo. Esto puede dar como resultado, un apetito morboso y excesivo por el
sexo o la comida, que no se corresponde con la naturaleza del individuo en
cuestión.348
Anteriormente he señalado el hecho que el hemisferio
derecho está más íntimamente conectado con los sistemas inconscientes y
automáticos de regulación del cuerpo y de su nivel de excitación, por ejemplo,
a través del control autónomo de la frecuencia cardíaca o de la función
neuroendocrina. Hay una excepción a esto. En el sistema nervioso autónomo hay
dos “procesadores en oposición”, el sistema simpático y el parasimpático.
Existe cierta evidencia de que, mientras que el control del sistema nervioso
simpático está más influenciado por el hemisferio derecho, el control del
sistema nervioso parasimpático está más bajo el control del hemisferio
izquierdo.349 De los dos, el simpático es más importante para
modular la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea en respuesta a la emoción.350
También está más implicado en la
respuesta a lo nuevo, a lo incierto y a lo emocionalmente exigente, los
dominios específicos de la alerta del hemisferio derecho, mientras que el
sistema nervioso parasimpático produce una relajación de la función autónoma,
apropiada para lo familiar, lo conocido y lo emocionalmente más neutral, los
dominios específicos del hemisferio izquierdo. Pero la relajación del
hemisferio izquierdo puede ciertamente aumentar la actividad de forma
inapropiada, y entonces se asociará con la actividad simpática. Quizás la
conclusión más segura es que esta área no está clara.
EL SIGNIFICADO Y
LO IMPLÍCITO
Cuando pensamos
en significado, tendemos a pensar en el lenguaje, y la gran contribución del
hemisferio izquierdo al significado es el lenguaje, la manipulación de
símbolos. Esta contribución es tan grande que dedicaré el siguiente capítulo a
examinar la importancia de este aspecto. El hemisferio izquierdo tiene un
vocabulario mucho más extenso que el derecho, y una sintaxis más sutil y
compleja. Esto amplía enormemente nuestro poder para cartografiar el mundo y
explorar las complejidades de las relaciones causales entre las cosas.
Esta superioridad no tiene nada que ver con una mayor afinidad por el
componente auditivo. Por un lado, la música es en la mayoría de los aspectos,
mejor apreciada por el hemisferio derecho. En la medida en que exista una
superioridad auditiva para el lenguaje del hemisferio izquierdo, se debe en
todo caso a su efecto inhibidor sobre el hemisferio derecho.351 La
superioridad en el lenguaje proviene más bien de su naturaleza como hemisferio
de la representación, en el que los
signos sustituyen a la experiencia. Si no fuera por esto, cabría esperar que el
lenguaje de signos, que es de naturaleza visoespacial más que verbal, se trataría
en el hemisferio derecho. Pero, a pesar de ello, el lenguaje de signos está
mediado por el hemisferio izquierdo;352 y las alteraciones del
lenguaje de signos en sujetos sordos también se asocia sistemáticamente con el
daño del hemisferio izquierdo, siendo los déficits resultantes típicamente
análogos a los problemas de lenguaje que experimentan sujetos oyentes con una
lesión en el mismo lugar.353 Esto prueba que la especialización de
la corteza auditiva no tiene que ver con el procesamiento del material
auditivo, o incluso con las palabras mismas. Tiene que ver con el procesamiento
de signos, símbolos, representaciones de cosas, ya sean verbales o
visoespaciales. Igualmente, el supuesto sesgo visoespacial del hemisferio derecho
probablemente no tiene que ver con cualidades visoespaciales en sí mismas, sino
con el hecho de que es la ruta principal de percepción del mundo exterior, de
las cosas en y por sí mismas, en contraposición a sus signos. Pero el hemisferio izquierdo está ligado
al lenguaje per se: el lenguaje es el
lugar donde se siente en casa. Parece que (en un paralelismo interesante con la
situación de los números mencionados anteriormente) en realidad se preocupa
menos por el significado que el hemisferio derecho, siempre y cuando tenga el
control de la forma y el sistema. En condiciones de daño en el hemisferio
derecho, donde el hemisferio izquierdo ya no está restringido por el derecho,
puede producirse una hipertrofia sin sentido del lenguaje.354
Una vez más, los estereotipos son erróneos. Puede que el hemisferio
izquierdo tenga mucho que ver con el lenguaje, pero el hemisferio derecho
también juega un papel vital en él. Utiliza el lenguaje no para manipular ideas
o cosas, sino para entender lo que los otros quieren decir. Este hemisferio
"silencioso" reconoce palabras,355 y dispone de
vocabulario, como ya se ha comentado, e incluso tiene algunos aspectos de la
sintaxis.356 De hecho, no solo la recepción del lenguaje, sino
también la expresión, es altamente dependiente del hemisferio derecho: los
problemas de expresión verbal de pacientes con daño en el hemisferio derecho
pueden ser graves, y se ha sugerido que son casi tan graves como los de
pacientes con daño hemisférico izquierdo.357
Y, en lo que se refiere a la comprensión, son en algunos aspectos peores.
La fuerza particular del hemisferio derecho está en la comprensión del
significado en su conjunto y en su contexto. Es con el hemisferio derecho con
el que entendemos la moraleja de una historia,358 así como el sentido
de un chiste.359 Ya que es capaz de interpretar inteligentemente lo
que otros quieren decir, determinándolo a partir de la entonación y de la
pragmática, y no solo a partir de la suma de las unidades de significado,
sujetas a las reglas combinatorias de la sintaxis, como lo haría una
computadora.360 Por lo tanto, es particularmente importante
dondequiera que es necesario comprender el significado no literal -
prácticamente en todas partes, por lo tanto en el discurso humano, y en
particular cuando se trata de ironía, humor indirecto o sarcasmo.361 Los
pacientes con daño en el hemisferio derecho tienen dificultades para entender
el significado no literal.362 Tienen dificultades con el significado
indirecto, como el que implica la metáfora363 y el humor.364
De hecho, aquellos con daños en el hemisferio derecho no pueden hacer
inferencias, una parte absolutamente vital para entender el mundo: no entienden
los significados implícitos, sean de la clase que sean, solo detectan los
significados explícitos.365 (Una vez que se hace una inferencia y el
significado comienza a ser más explícito, el proceso puede ser transferido de
la circunvolución temporal superior derecha al lado izquierdo.)366 Mientras que el rendimiento sintáctico está
más afectado en niños con daño en el hemisferio izquierdo, la comprensión
léxica real está más deteriorada en el daño del hemisferio derecho.367
El significado completo de la incapacidad del hemisferio izquierdo para la
metáfora y la afinidad del hemisferio derecho con la misma, quedará claro en el
próximo capítulo. Si bien es cierto que significa que la comprensión del
lenguaje indirecto y connotativo de la poesía depende del hemisferio derecho,
la importancia de la metáfora es que subyace a todas las formas de
comprensión, tanto en la ciencia y la filosofía, como en la poesía y el
arte.368
El hemisferio derecho está especializado en la comunicación no verbal.369
Se ocupa de lo implícito, mientras que el hemisferio izquierdo está vinculado a
"un procesamiento más explícito y consciente".370 Las
percepciones sutiles e inconscientes que rigen nuestras reacciones son captadas
por el hemisferio derecho. Por ejemplo, es el área alrededor de la
circunvolución fusiforme del hemisferio derecho la que predomina en la lectura inconsciente
de las expresiones faciales.371 Los cambios emocionales que se
expresan en minúsculos cambios faciales son reflejados y sincronizados por el
hemisferio derecho del observador con un margen de 300-400 milisegundos, a
niveles por debajo de la conciencia.372 Mirar los movimientos de los
ojos y la boca, de otra persona activa la corteza posterior temporo-occipital
derecha.373 Se recordará que
el hemisferio izquierdo no atiende a los ojos: esta es una de las razones por
las que el hemisferio derecho es mejor para detectar el engaño.374
Debido a que el hemisferio derecho capta pistas y significados sutiles, y a que
puede entender cómo se sienten y piensan los demás, confiamos en él, cuando
evaluamos si las personas mienten.375 Aquellas personas con daño en
el hemisferio derecho tienen dificultad para distinguir una broma de una
mentira; en contraste, aquellos con daño en el hemisferio izquierdo son en
realidad mejores para detectar la mentira que los individuos normales, este es
otro ejemplo de la forma en que los hemisferios requieren tanto de separación
como de conexión.376 Todo esto me recuerda una reflexión de John
Napier sobre la relación entre la mentira y la comunicación explícita frente
a la implícita: "Si el lenguaje nos fue dado a los hombres para ocultar nuestros
pensamientos, entonces el propósito de los gestos ha sido el de
revelarlos."377
El ámbito de todo lo que permanece, y tiene que permanecer, implícito y
ambiguo es extenso, y es crucialmente importante. Por eso uno se siente
desesperanzado al tener que recurrir a la palabra escrita para transmitir el
significado en situaciones importantes desde el punto de vista humano y que
conllevan una gran carga emocional.
El
comportamiento no verbal, el lenguaje, la expresión facial, las entonaciones y
los gestos son fundamentales para establecer complejas y contradictorias
relaciones predominantemente emocionales entre las personas y entre el hombre y
el mundo. Con qué frecuencia un toque en el hombro, un apretón de manos o una
mirada dicen más de lo que se puede expresar con un largo monólogo. No porque
nuestro discurso no sea lo suficientemente preciso. Todo lo contrario. Es
precisamente su exactitud y precisión lo que hace que el discurso sea
inadecuado para expresar lo que es demasiado complejo, cambiante y ambiguo.378
Como hemos visto, las cosas que están cargadas de
valor para mí, debido a su lugar en "mi" mundo, son relevantes para
el hemisferio derecho, una consecuencia de su preocupación por lo que tiene un
significado personal. En este caso, el "yo", es un ser social, y no
una entidad aislada y objetivada, ya que el hemisferio derecho media en el
comportamiento social en todas sus ramificaciones. Por ello, un ictus en el
hemisferio derecho, aunque no involucre directamente el habla, es en la
práctica más incapacitante que un ictus en el hemisferio izquierdo, a pesar del
hecho de que en un ictus en el hemisferio izquierdo generalmente se pierde el
habla. Después de un ictus en el hemisferio izquierdo, y a pesar de las
dificultades que conlleva la pérdida del habla y la pérdida del uso de la mano
derecha, las posibilidades de vida independiente son mayores que después de un
ictus en el hemisferio derecho.379 No es solo la capacidad de interpretar las
señales emocionales, en un sentido funcional o utilitario, lo que está mediado
por el hemisferio derecho. Y si bien la capacidad de interpretar la mente de
los demás, incluso de apreciar lo que deben estar pensando y sintiendo -
capacidad que falta en el autismo - está perdida en un ictus del
hemisferio derecho,380 es más que eso también - es la capacidad para
empatizar de manera activa. El significado es más que palabras.
MÚSICA Y TIEMPO
En ocasiones es música. La música, al estar arraigada en el cuerpo,
comunicando la emoción, implícita, es una expresión natural de la naturaleza
del hemisferio derecho. La relación entre el lenguaje y la música es algo que
exploraremos en el próximo capítulo: sus funciones y orígenes coincidentes
revelan algunas verdades vitales sobre nosotros mismos. Dado que la entonación
de la voz y los aspectos emocionales de la experiencia son de su especial
interés, cabe esperar que la música sea un fenómeno en gran parte (aunque no
exclusivamente) del hemisferio derecho.
Hay, sin embargo, otros aspectos en los que la música
también es un candidato natural para los intereses del hemisferio derecho. Son
las relaciones entre las cosas, más que las entidades aisladas, lo que
tiene una importancia primordial para el hemisferio derecho. La música consiste
enteramente en relaciones, "entreidad". Las notas no significan nada
en sí mismas: las tensiones entre las notas, y entre ellas y el silencio en el
que viven en un endeudamiento recíproco, lo es todo. La melodía, la armonía y
el ritmo se encuentran en los huecos y, sin embargo, la entreidad es solo lo
que es debido a las notas en sí mismas. En realidad, la música no está solo
en los espacios, como tampoco está solo en las notas: está en el todo
que las notas y el silencio forman juntos. Cada nota se transforma por el
contexto en el que se encuentra. Lo que entendemos por música no es cualquier
agrupación de notas, sino algo en el que el conjunto creado es lo
suficientemente poderoso como para hacer que cada nota viva de una manera
nueva, de una forma que nunca antes había sucedido. De manera similar, la
poesía no es una disposición cualquiera de palabras, sino una en la que cada
una de ellas se integra en un todo nuevo y cobran vida de una manera nueva,
llevándonos de vuelta al mundo de la experiencia, a la vida: la poesía
constituye un "discurso silente". Tanto la música como el lenguaje
poético son parte del mundo que es ofrecido por el hemisferio derecho, un mundo
caracterizado por entreidad. Tal vez no sea, al fin y al cabo, tan equivocado
llamar al hemisferio derecho el hemisferio "silencioso": pues sus
enunciados son implícitos.
Pero no es solo porque exista en una entreidad que la
música es competencia del hemisferio derecho. Su naturaleza indivisible, la
necesidad de experimentar el todo en cualquier momento dado, aunque se despliegue
siempre en el tiempo, algo que siempre está cambiando, nunca estática o fija,
en constante evolución, con el sutil pulso de un ser vivo (recuerden que
incluso los instrumentos musicales están presentes en el cerebro como seres
vivos), el hecho de que su comunicación sea por naturaleza implícita,
profundamente emotiva, y actuando a través de nuestra naturaleza encarnada; en
resumen, todo lo relacionado con la música la convierte en el “lenguaje”
natural del hemisferio derecho. Si es cierto, como dijo Walter Pater, siguiendo
a Novalis, que todo arte aspira constantemente hacia la condición de la música,
todo arte aspira a residir en el mundo que nos entrega el hemisferio derecho.
La relación entre la música y el cuerpo no está de
ninguna manera limitada a los movimientos voluntarios (o aparentemente
voluntarios) de las extremidades, como en la danza. Todos somos conscientes de
las muchas formas en que la música nos afecta físicamente a través de nuestras
emociones. Las frases musicales actúan como metáforas que emanan de, y amplían
enormemente el significado del movimiento en y del cuerpo: subiendo, cayendo,
pulsando, respirando. Muchas características de la música, incluidas obviamente
las síncopas, pero también las apoyaturas melódicas y los cambios enarmónicos,
configuran patrones de expectativa que, en última instancia, se confirman o se
frustran;381 y este proceso conduce a reacciones fisiológicas, como
alteraciones en la respiración o cambios en el ritmo cardíaco, en la presión
arterial e incluso en la temperatura, así como nos hace sudar, nos hace llorar
o nos pone los pelos de punta.382 Dichos cambios son nuevamente
mediados a través de la conexión vital del hemisferio derecho con los centros
subcorticales, con el hipotálamo y con el cuerpo en general.
Se ha dicho que la música, al igual que la poesía, es
intrínsecamente triste,383 y una encuesta sobre la música en muchas
partes del mundo lo confirmaría - no, por supuesto, que no haya música alegre,
sino que incluso esa música a menudo parece ser una alegría arrancada de los
dientes de la tristeza, una especie de fiesta en clave menor. Es lo que
esperaríamos en vista del tono emocional del hemisferio derecho; y hay una
afinidad fuerte entre el hemisferio derecho y la clave menor, así como entre el
hemisferio izquierdo y la clave mayor.384 El filósofo presocrático
Gorgias escribió, que "el estremecimiento (phrike), una compasión
bañada en lágrimas y un anhelo nostálgico penetran en los que escuchan la
poesía", y en esa época la poesía y el canto eran una sola cosa.385
La relación entre música y emoción es fascinante y,
hasta cierto punto, desconcertante. Suzanne Langer dijo que la música no solo
tiene el poder de recordar emociones con las que estamos familiarizados, sino
también de evocar "emociones y estados de ánimo que no habíamos sentido,
pasiones que no conocíamos antes".386 En otras palabras, la
música parece expandir ilimitadamente el abanico de emociones posibles ya que
la emoción experimentada está muy ligada a la particularidad de la obra que la
mediatiza, y sin embargo el léxico con el que estamos obligados a describir los
sentimientos sigue siendo frustrantemente limitado. Así, la
"tristeza" de una obra de Bach será muy diferente de la
"tristeza" de una obra de Mozart, y la "tristeza" de la Pasión según San Mateo será diferente
del tipo de la "tristeza" que podríamos distinguir en La Ofrenda Musical y la “tristeza” que
experimentamos en un movimiento de la
Pasión según San Mateo – como por ejemplo, la maravillosa aria para
contralto “Erbarne Dich” - será de un
tipo muy diferente de la "tristeza", - por ejemplo, de su coro final,
“Wir setzen uns mit Tränen nieder”. (Llorando nos postramos). Esto
debe ser lo que Mendelssohn quiso decir con su declaración, por otra parte,
paradójica de que "los pensamientos que me transmite la música que
amo no son demasiado indefinidos para ser puestos en palabras, sino que, al
contrario, demasiado definidos".387 El lenguaje nos
devuelve inevitablemente a la gastada moneda de la re-presentación, en la que
las cualidades únicas de todo lo que existe se reducen a la misma serie de
términos. Como dijo Nietzsche: "En comparación con
la música, toda comunicación por medio de palabras es impúdica; las palabras
diluyen y embrutecen; las palabras despersonalizan: las palabras hacen que lo
poco común, sea común".388
Aunque el lenguaje es principalmente una función del
hemisferio izquierdo, la pronunciación de palabras en canciones está asociada a
una amplia activación del hemisferio derecho.389 Después de un
accidente cerebrovascular en el hemisferio izquierdo que deja al paciente
incapacitado para hablar, él o ella pueden cantar la letra de canciones sin
dificultad. En cambio, el daño en el hemisferio derecho, puede llevar a una
condición conocida como amusia, en la que se puede perder la capacidad de
apreciar y comprender o de interpretar la música.390 Las lesiones
del hemisferio derecho pueden dejar la comprensión del habla relativamente
intacta, mientras que la percepción de los sonidos no verbales (incluida la
música) se ven profundamente perturbados.391 En tales casos, así
como en la agnosia auditiva (que es más común después de un daño bilateral), la
percepción del timbre, el ritmo y los sonidos complejos se ve gravemente
afectada.392 La mayoría de los casos de amusia sin afasia, es decir,
la incapacidad para apreciar o interpretar música, pero sin deterioro de la
comprensión o producción del habla, involucran daños en el hemisferio derecho.393
La situación inversa depende de que el hemisferio derecho no sufra daños. Un
conocido compositor y profesor de música del Conservatorio de Moscú, Vissarion
Shebalin, tuvo un derrame cerebral temporo- parietal izquierdo con la
consiguiente afasia severa (deterioro del lenguaje), pero continuó componiendo
obras de excelente calidad - según Shostakovich, indistinguibles de sus obras
previas al derrame cerebral.394 Un organista y compositor profesional
que era ciego desde los dos años, tuvo un derrame en la arteria cerebral media
izquierda, con la consiguiente afasia
severa, así como alexia y agrafia (incapacidad para leer o escribir) en Braille
para las palabras - pero no para la música, y siguió tocando y componiendo sin
verse afectado.395 Un compositor y director de orquesta que sufrió
un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo ya no podía leer palabras, pero
podía leer y escribir música sin dificultad.396
La melodía, el tono, el timbre y el proceso de
afinación, casi siempre están mediados por el hemisferio derecho (en músicos no
profesionales).397 El ritmo tiene una base más amplia. La
discriminación de patrones rítmicos activa redes ampliamente distribuidas en la
corteza parieto-temporal, inferior y prefrontal, casi exclusivamente en el
hemisferio derecho.398 Sin
embargo, algunos ritmos métricos básicos están mediados por el hemisferio
izquierdo, particularmente en el área de Broca;399 mientras que los
ritmos más complejos, y aquellos con más desviaciones del patrón estándar, como
las sincopas y los ritmos cruzados, son tratados preferentemente por el
hemisferio derecho.400 El hemisferio derecho es más sensible a la
armonía,401 lo que podría considerarse esencialmente como una
función de dicho hemisferio.402 El hemisferio derecho es también la
fuente de nuestra capacidad para relacionar armonía con entonación (la base de
la progresión armónica) y con algunos aspectos del ritmo.403
Pero la música plantea un problema intrigante. Todo lo
que acabo de decir se aplica al aficionado: el músico profesional o altamente
capacitado parece utilizar el hemisferio izquierdo en mucha mayor medida para
la comprensión de la música. Esto ha sido interpretado por algunos como un
indicio de la adopción de un enfoque de aprendizaje más consciente, basado en
la teoría o en el análisis, en sujetos con esta formación. Es casi seguro que
esto es cierto. También puede ser, como ha argumentado Jerre Levy, que las
pruebas obtenidas a partir de artistas y músicos de éxito indiquen que sus
habilidades están más ampliamente distribuidas en ambos hemisferios de lo que
es habitual (véase los "matemáticos voladores").404 Esto
estaría en consonancia con el hallazgo de que la atención visoespacial se
distribuye más uniformemente entre los hemisferios en los músicos, posiblemente
debido a que han adquirido la habilidad de leer música, un proceso secuencial
de izquierda a derecha como el lenguaje (favoreciendo así el procesamiento del
hemisferio izquierdo), pero cuyo significado está sin embargo, representado
visoespacialmente (posiblemente favoreciendo el procesamiento del hemisferio
derecho). Además, los pianistas deben poder usar cada mano por igual
para alternar entre secuencias visoespaciales y secuencias motoras.405
Sin embargo, los hallazgos de Goldberg y Costa
sugieren, que también puede ser un caso especial de un principio de aplicación
más general, que hemos visto anteriormente. Mientras recopilamos nueva
información, el hemisferio derecho es el responsable, pero una vez que lo que
sea se vuelve completamente "conocido”, familiar, se hace cargo el
hemisferio izquierdo.406 El descubrimiento de que la música de
contrapunto de J. S. Bach causa una fuerte activación del hemisferio derecho,
incluso en músicos entrenados es fascinante. Los investigadores que hicieron el
hallazgo lo explicaron sobre la base de que es necesario mantener en la
conciencia una amplia gama de perfiles melódicos simultáneamente, lo que
requiere la mayor capacidad del hemisferio derecho para mantener la experiencia
en la memoria de trabajo.407 Si bien eso puede ser correcto, una
explicación alternativa podría residir en la imposibilidad de atender a todas
las partes de dicha música en su totalidad, de modo que nunca se pueda
experimentar exactamente de la misma manera en diferentes audiciones. Ya que
nunca es finalmente capturada, siempre es nueva. Y las dos explicaciones quizá
no sean tan diferentes, ya que la "captura" del hemisferio izquierdo
que da lugar a una falta de autenticidad, solo es posible limitando el alcance
de lo que se atiende.
La música - como la narrativa, como la experiencia de
nuestra vida según la vamos viviendo - se despliega en el tiempo. El movimiento
del tiempo es lo que hace que la música sea lo que es. No es solo que haya un acento
inicial y un ritmo; sino que su estructura se extiende a lo largo del tiempo,
dependiendo de la memoria para mantenerse unida.
El tiempo es el contexto que da significado a todas
las cosas en este mundo y, a la inversa, todas las cosas que tienen significado
para nosotros en este mundo, todas las cosas que tienen un lugar en nuestras
vidas, existen en el tiempo. No se trata de verdades abstractas y
re-presentaciones de entidades, sino que todo lo que es, está
sujeto al tiempo. La sensación de paso del tiempo se asocia con la atención
sostenida, y aunque solo sea por esa razón, es de esperar que esta surja en el
hemisferio derecho, servido por la corteza
prefrontal y el lóbulo parietal inferior derecho.408 La
capacidad de comparar la duración en el tiempo la lleva a cabo claramente el
hemisferio derecho,409 y
depende de la corteza prefrontal dorsolateral derecha.410 De hecho,
prácticamente todos los aspectos de la apreciación del tiempo, en el sentido de
algo vivido, con un pasado, presente y futuro, dependen del hemisferio derecho,
principalmente de la corteza prefrontal y parietal derecha.411 El
sentido del pasado o del futuro se ve gravemente afectado con el daño del
hemisferio derecho.412
Lo que se denomina secuenciación temporal es un
concepto ambiguo. Dicha secuenciación, dependiendo de lo que se quiera decir
con ello, puede depender del hemisferio derecho413 o, si la secuencia no tiene un significado en
"el mundo real”, como puede ocurrir en una narración, puede depender del
hemisferio izquierdo414 - El
entendimiento de la narrativa es una habilidad del hemisferio derecho; el
hemisferio izquierdo no puede seguir una narrativa.415 Pero la
secuenciación, en el sentido de la ordenación de acontecimientos
descontextualizados artificialmente, no relacionados, momentáneos o
interrupciones momentáneas del flujo temporal - el tipo de cosas que el hemisferio izquierdo realiza o hace bien - no
es en absoluto una medida del sentido de tiempo. Es precisamente esto lo que se
impone cuando se rompe el sentido del tiempo. El tiempo es esencialmente
un flujo indivisible: la tendencia del hemisferio izquierdo a descomponerlo en
unidades y a fabricar aparatos para medirlo, puede conseguir engañarnos de que
se trata de una secuencia de puntos estáticos, pero tal secuencia nunca se
acerca a la naturaleza del tiempo, por muy cerca que se aproxime. Este es otro
ejemplo de cómo algo que no tiene existencia para el hemisferio izquierdo es
re-presentado por él , en forma mecánica y no viva, como una aproximación
cercana a cómo la ve, pero siempre quedando al otro lado del abismo que separa
los dos mundos - como una serie de tangentes que se acercan cada vez más a un
círculo sin llegar a alcanzarlo, una máquina que se aproxima, aunque lo haga
bien, a la mente humana pero que no tiene consciencia, un monstruo de
Frankenstein hecho con partes del cuerpo que nunca llega a vivir de verdad.
Una afección llamada palinopsia, en la
cual hay una alteración y fragmentación del flujo normal de experiencia visual,
o una persistencia anormal en el tiempo de las imágenes, provocando estelas
visuales, es causada por lesiones en la corteza posterior derecha;416 y fenómenos similares - de pérdida de la
fluidez del movimiento a través del tiempo - en otras modalidades que la de la
vista, están probablemente asociadas de manera similar con déficits en la
corteza posterior derecha.417 Bajo tales condiciones, se pierde la
capacidad del hemisferio derecho de percibir el flujo como un movimiento único
y unificado a través del tiempo. Reemplazándose, por el mundo atemporal y
mecánico, del hemisferio izquierdo, por la suma de una serie infinita de
momentos estáticos, algo así como la sucesión de fotogramas en una película de
cine, lo que se conoce como fenómeno Zeitraffer.
Nuevamente, se ha sugerido que, mientras que el
hemisferio derecho es necesario para el "seguimiento de la información
temporal" de forma sostenida, el hemisferio izquierdo es más eficiente
para la detección de breves interrupciones del flujo temporal que son
descontextualizadas.418 Desde mi punto de vista, esto simplemente
confirma la predilección por la abstracción, así como la falta de capacidad
para la percepción del flujo temporal, del hemisferio izquierdo. El punto
crítico aquí es que el hemisferio derecho tiene una ventaja cuando hay fluidez en
el movimiento o un flujo a lo largo del tiempo, pero el hemisferio izquierdo
tiene ventaja donde hay una estasis o se enfoca en un punto en el tiempo.419
Hay una ambigüedad en la idea de permanencia. El hemisferio izquierdo
parece aceptar la permanencia de algo solo si es estático. Pero las cosas
pueden cambiar - fluir y, todavía, tener permanencia: pensemos en un río. El
hemisferio derecho percibe que hay permanencia incluso cuando hay flujo. Por
eso, cuando está dañado, las entidades vivas no tienen permanencia - el
fenómeno de Capgras.
La música tiene lugar en el tiempo. Sin embargo, la música también tiene la
capacidad de situarnos fuera del tiempo. Como dijo George Steiner, "la
música es... el tiempo, liberado de temporalidad".420 Igualmente
actúa a través del cuerpo, pero nos transporta más allá del mundo de lo
meramente físico: es muy particular y, sin embargo, parece hablar de cosas que
son universales.421 Quizás este pasar “a través de” una cosa para
encontrar su opuesto sea un aspecto del mundo del hemisferio derecho, en el que
los "opuestos" no son incompatibles, son un aspecto de su redondez,
más que de su linealidad. Sin embargo, yo diría, a riesgo de llevar el lenguaje
hasta o más allá de sus límites, que el tiempo en sí mismo es (lo que el
hemisferio izquierdo llamaría) paradójico en su naturaleza, y que la música no
libera tanto al tiempo de la temporalidad, como pone de manifiesto un aspecto
que siempre está presente en el tiempo, su intersección con un momento que
participa de la eternidad. De manera similar, no se sirve de lo físico para
trascender la fisicalidad, ni de la singularidad para trascender lo particular,
sino que saca a relucir la espiritualidad latente en lo que concebimos como
existencia física, y descubre la universalidad que, como Goethe se pasó la vida
tratando de expresar, está siempre latente en lo particular. También es una
característica de la música en todas las culturas conocidas, el hecho de que es
usada para comunicarse con lo sobrenatural, con lo que está por definición, por
encima y más allá, "lo Otro aparte", de nosotros mismos.422
PROFUNDIDAD
Lo equivalente al tiempo en el ámbito
visual podría concebirse como profundidad espacial: de hecho, a partir de
Einstein hemos llegado a comprender que el tiempo y el espacio son aspectos de
una misma entidad. Al igual que el hemisferio derecho da
"profundidad" a nuestro sentido del tiempo, en el ámbito visual es el
hemisferio derecho el que nos da los medios para apreciar la
profundidad del espacio, 423 la manera en que nos situamos en
relación con los demás, en lugar de hacerlo mediante la categorización. El
hemisferio derecho tiende a tratar las relaciones espaciales en términos del
grado de distancia, que puede discriminar fácilmente, en contraste con la
estrategia del hemisferio izquierdo, que tiende a ser más categórico:
"arriba", "abajo", y así sucesivamente.424
Existe un paralelismo con el sentido del tiempo: la duración pertenece al
hemisferio derecho, mientras que la secuenciación ("antes,"
"después" = "arriba," "abajo") pertenece al
izquierdo. La organización del espacio en el hemisferio derecho depende más de
la profundidad, de si las cosas están más cerca o más lejos "de mí".425
El hemisferio derecho está incluso sesgado hacia aquello que está más lejos
"de mí", un aspecto de su atención más amplia, variada y más
profunda.426 El hemisferio izquierdo, en comparación, tiene
dificultades para procesar la profundidad: como resultado, puede equivocarse al
calcular el tamaño de las cosas, a veces de forma dramática.427
Los déficits del
hemisferio derecho causan dificultades para tratar con superficies irregulares
y ligeramente curvadas, como las que son características de los seres vivos, en
tres dimensiones, aunque se mantiene la capacidad para tratar con objetos
predecibles y rectilíneos en 3D, como un cubo. Se ha propuesto que este
problema para tratar con volúmenes curvos puede ser la base de la prosopagnosia428
y podría ser un factor que contribuyese. Una de las características que
describe Bodamer, del "paciente S" fue, después de todo, la falta de
profundidad, la reducción del rostro a una "placa ovalada blanca".429
El hemisferio
derecho tiende a presentar el mundo de manera realista, con detalles visuales,
y en tres dimensiones, con profundidad; y así el sentido estético de intensidad
y belleza de las representaciones visuales provienen en gran parte del
hemisferio derecho.430
El hemisferio
derecho representa los objetos con volumen y profundidad en el espacio, tal y
como se experimentan; el hemisferio izquierdo tiende a representar el mundo
visual de manera esquemática, abstracta, geométrica, con falta de detalles
realistas, e incluso en un único plano. (Figuras 2.8 y 2.9).431
Fig.2.8. y 2.9 flor y mesa, dibujadas
por los mismos sujetos: en condiciones normales; y luego con el hemisferio
derecho inactivo; y con el hemisferio izquierdo inactivo.
Los dibujos de
edificios, en individuos con el hemisferio derecho inactivo, pueden incluso
estar dispuestos en un plano, con toda la fachada visible al mismo tiempo, como
el dibujo de un niño.432
Otra forma de
decirlo es que el hemisferio izquierdo se interesa por lo que conoce,
mientras que el hemisferio derecho se interesa por lo que experimenta. (Figura
2.10)
Un paciente
estudiado por Gazzaniga y LeDoux,
que se sometió a una comisurotomía, podía dibujar un cubo normalmente con
cualquiera de las dos manos antes de la operación, pero después de la
intervención solo era capaz de dibujar un pobre diagrama con su mano derecha,
aunque con la mano izquierda era capaz de dibujar una construcción
tridimensional de un cubo. (Figura 2.11)433
Fig. 2.10. Objetos cotidianos dibujados "según el hemisferio
izquierdo", con el h. derecho desactivado.
Fig. 2.11 dibujo
del cubo antes y después de una comisurotomía. Preoperatoriamente, el paciente
podía dibujar un cubo con cualquier mano. Sin embargo, después de la operación,
su mano derecha tenía un desempeño deficiente.
LA CERTEZA
Al hemisferio izquierdo le gustan las
cosas hechas por el hombre. Las cosas que hacemos nosotros también son más fiables:
las conocemos al detalle, porque las hemos montado nosotros. No están, como los
seres vivos, en constante cambio y movimiento, más allá de nuestro control.
Debido a que el hemisferio derecho ve las cosas tal y como son, son
constantemente nuevas para él, por lo que no tiene nada parecido al banco de
datos de información sobre categorías que tiene el hemisferio izquierdo. No
puede tener la certeza del conocimiento que proviene de ser capaz de fijar las
cosas y de aislarlas. Por mantenerse fiel a lo que es, no forma abstracciones
ni categorías basadas en la abstracción, que son las fortalezas del lenguaje
denotativo. En contraste, el interés del hemisferio derecho por el lenguaje
radica en todo lo que contribuye a llevarlo más allá de los efectos limitadores
de la denotación, a la connotación: reconociendo la importancia de la
ambigüedad. Por lo tanto, se muestra virtualmente silente, relativamente
cambiante e incierto, mientras que el hemisferio izquierdo, por el contrario,
puede estar irrazonablemente, incluso obstinadamente, convencido de su propia
exactitud.434 Como señala
John Cutting, a pesar “de asombroso grado de ignorancia por parte del
hemisferio izquierdo (supuestamente el principal) acerca de lo que (es) capaz
de hacer su contraparte el hemisferio derecho (supuestamente el secundario),
(se) atribuye la toma de decisiones a sí mismo en ausencia de cualquier
evidencia racional sobre lo que está sucediendo".435
Hay numerosos
ejemplos de este fenómeno. Un sujeto con cerebro dividido, al que se le
proyecta en su hemisferio derecho una fotografía de un desnudo con una pose
sugerente, se pone nervioso y se ríe de forma avergonzada. Cuando el
investigador le pregunta por qué, su hemisferio izquierdo verbal no tiene ni
idea. Por lo tanto, se inventa algo que sea plausible - alguien en la
habitación la está turbando.
Pero un ejemplo
famoso, relatado por Gazzaniga y LeDoux, ilustra el punto más importante aquí.
Los investigadores muestran a un paciente con cerebro dividido (PS) una imagen
que se proyecta en uno o en el otro hemisferio y le piden que elija una tarjeta
relacionada con la escena. Por ejemplo, muestran una escena de nieve al hemisferio
derecho y le piden, que elija una imagen apropiada de una serie de tarjetas,
con cualquiera de las manos. No puede decir qué es lo que ha visto, porque el
hemisferio derecho no puede hablar, pero es capaz de ir con la mano izquierda
directamente a la imagen de una pala. Sin embargo, como el hemisferio izquierdo
no vio nada, su mano derecha elige al azar, y no obtiene mejores resultados que
el azar. Luego se hacen las cosas un poco más interesantes. Al mismo tiempo que
muestran una imagen de la escena de la nieve en su hemisferio derecho, muestran
una imagen de una garra de un pollo en su hemisferio izquierdo. Cada hemisferio
tiene conocimiento de una sola imagen, y en cada caso es diferente. Cuando le
piden al paciente con cerebro dividido (PS) que elija una tarjeta apropiada,
nuevamente su mano izquierda elige una pala (porque el hemisferio derecho ha
visto la nieve) pero la mano derecha elige una imagen de un pollo (porque lo
que el hemisferio izquierdo ha visto es la garra del pollo).Cuando se le preguntó
por qué su mano izquierda había elegido la pala, su hemisferio izquierdo
verbal, que tiene que responder a la pregunta, pero que no sabe nada de la
escena de la nieve, y por tanto de la
verdadera razón para elegir la pala, no está en absoluto desconcertado. Explica
que vio un pollo y, que por supuesto, "eligió la pala porque la necesitaba
para limpiar el gallinero".
El hallazgo
realmente interesante aquí, como los propios autores dicen, es que "sin
pestañear" el hemisferio izquierdo extrae conclusiones erróneas de la
información disponible y sentencia sobre lo que solo el hemisferio derecho
puede saber: "sin embargo, el hemisferio izquierdo no presentó su
sugerencia como una mera conjetura, sino más bien [como] una declaración de
hechos."436
Esto puede estar
relacionado con un fenómeno conocido como confabulación, donde el cerebro, al
no poder recordar algo, en lugar de admitir una laguna en su comprensión,
inventa algo plausible que parezca consistente para rellenarlo. Así, por
ejemplo, en presencia de una lesión del lado derecho, el cerebro pierde la
información contextual que le ayudaría a dar sentido a la experiencia; el
hemisferio izquierdo, sin ningún miramiento, inventa una historia y, al carecer
de perspectiva, parece completamente convencido de ello.437 Incluso
en ausencia de amnesia, el hemisferio izquierdo muestra una fuerte tendencia a
confabular: cree saber algo, reconocer algo, que no sabe, una tendencia que
puede estar vinculada a su falta de capacidad para discriminar casos únicos de
las categorías genéricas en las que los coloca.438 El hemisferio izquierdo es el
equivalente a ese tipo de persona que, cuando se le pregunta por la dirección
de una calle, prefiere inventar algo en lugar de admitir que no lo sabe. Esta
impresión es confirmada por Panksepp: “El hemisferio izquierdo lingüísticamente
competente...parece predispuesto a reprimir las emociones negativas, e incluso
optar por confabular".439 Hasta cierto punto, tal vez
confabulemos inevitablemente historias acerca de nuestras vidas, un proceso
supervisado por lo que Gazzaniga llama el hemisferio izquierdo
"interpretador".440 Sin embargo, es el hemisferio derecho
el que emite juicios sobre la veracidad o verosimilitud de estas narrativas.441
El hecho es que
este hábito está lejos de ser inocuo: lleva al hemisferio izquierdo a hacer
malas inferencias y a tomar algunas decisiones erróneas. En un experimento
realizado por los colegas de Gazzaniga, se pidió a sujetos con cerebro dividido
(JW y VP) que adivinaran qué color,
rojo o verde, iba a aparecer a continuación, en una serie de tarjetas en la
que, había de forma evidente (cuatro veces más), verdes que rojas.442 En lugar de darse cuenta de que la forma de
obtener puntuación más alta era elegir el verde cada vez (la estrategia del
hemisferio derecho), lo que conduciría a una puntuación del 80%, el hemisferio
izquierdo elegía el verde al azar, aunque unas cuatro veces más a menudo que el
rojo, produciendo una puntuación un poco mejor que el azar. El problema aquí,
tal y como han puesto de manifiesto investigaciones posteriores, es que el
hemisferio izquierdo infiere un patrón– un patrón que, sin embargo, es
erróneo.443
En un experimento
similar, realizado anteriormente con sujetos normales, los investigadores
descubrieron que, no solo (lo que ahora sabemos que ocurre) el hemisferio
izquierdo tiende a insistir en su teoría a costa de equivocarse, sino que
después insistirá alegremente en que ha acertado. En este experimento, los
investigadores encendían luces con una frecuencia similar (1:1) durante un
período considerable, y los participantes volvían a predecir al azar en una
proporción de 4:1, lo que produjo malos resultados. Pero al cabo de un tiempo,
sin que los sujetos lo supieran, los investigadores cambiaron el sistema, de
modo que cualquiera que fuera la luz que predijera el sujeto, esa era la luz
que se mostraba a continuación: en otras palabras, el sujeto estaba de repente
abocado a acertar al 100%, porque así era como estaba montado. Cuando se les
pidió que lo comentaran, los sujetos - a pesar de haber continuado prediciendo
simplemente la luz más frecuente hasta entonces, el 80 por ciento de las veces-
respondieron de manera abrumadora que había un patrón fijo en las secuencias de
luz y que finalmente la habían descifrado. Luego continuaron describiendo
sistemas extravagantes y complicados que "explicaban" porqué habían
acertado siempre.444
Así que el
hemisferio izquierdo necesita certeza y necesita tener razón. El hemisferio
derecho, permite mantener en suspensión varias posibilidades ambiguas juntas
sin cerrarse prematuramente a un resultado. La corteza prefrontal derecha es
esencial para tratar con información incompleta y desempeña un papel crítico en
el razonamiento sobre situaciones incompletamente especificadas. El hemisferio
derecho es capaz de mantener representaciones mentales con cierta ambigüedad
frente a una tendencia a la sobreinterpretación prematura del hemisferio
izquierdo.445 La tolerancia del hemisferio derecho a la
incertidumbre está implícita en todo momento en su sutil habilidad para usar la
metáfora, la ironía y el humor, todo lo cual depende de no resolver
prematuramente las ambigüedades. También sucede, por supuesto, en la poesía,
que se basa en las capacidades lingüísticas del hemisferio derecho. Durante la
estimulación con imágenes ambiguas de rivalidad perceptiva (el fenómeno de una
figura ambigua que se puede ver de una manera u otra, pero no ambas
simultáneamente, como "el pato-conejo" o “el cubo de Necker”) la
corteza frontal derecha está más activa.447
fig. 2.12. ¿Es un
pato o un conejo? fig.
2.13 ¿Es este un cubo visto desde arriba a la dcha o desde abajo a la izda?
Las imágenes
borrosas o imprecisas no son un problema para el hemisferio derecho, sino para
el izquierdo, incluso cuando la naturaleza de la tarea sugeriría que debería
ser más problemática para el hemisferio derecho.448 Uno de los hallazgos iniciales más consistentes
de la especialización de los hemisferios fue que cada vez que una imagen se
presenta fugazmente o de forma degradada, de modo que solo se dispone de
información parcial, surge una superioridad del hemisferio derecho - incluso
cuando el material es verbal.449 En un sutil trabajo experimental,
Justine Sergent pudo demostrar, esto y lo contrario, es decir, que cuando las
imágenes se presentan durante más tiempo de lo habitual, lo que aumenta su
certeza y familiaridad, surge una superioridad en el hemisferio izquierdo,
incluso cuando se trata de reconocimiento facial. La autora hace la interesante
observación de que las letras del alfabeto, "representan un conjunto
finito de estímulos que están bien enfocados, son familiares y están
sobreaprendidos", mientras que las imágenes visuales "representan un
conjunto potencialmente infinito de formas con ángulos visuales de gran tamaño,
con diferentes niveles de estructura de importancia y relevancia desiguales
que, en la mayoría de los casos, no son familiares para los sujetos". Al
hacer este comentario, muestra claramente el hilo conductor que une, por un
lado, la afinidad del hemisferio izquierdo por lo que él mismo ha hecho (en
este caso el lenguaje), con la consabida familiaridad, con la certeza y la
finitud y, por otro lado, la afinidad del hemisferio derecho por todo lo que es
lo "otro", lo nuevo, lo desconocido, lo incierto e ilimitado.450
Una vez más, en un relato como el que presento en este capítulo, lo que puede
considerarse como "funciones" separadas (o áreas de interés), por el
hemisferio izquierdo, puede considerarse también, por el hemisferio derecho,
como aspectos de una misma entidad que solo están artificialmente separados por
el proceso de descripción. Las "funciones" no se alojan arbitrariamente
juntas en este o aquel hemisferio: constituyen, en el caso de cualquiera de los
dos hemisferios, aspectos de dos modos completos de estar en el mundo.
La certeza también está relacionada con una visión
limitada, pues mientras más seguros estamos de algo, menos vemos. Para poner
esto en el contexto de la neurofisiología de la vista: la fóvea del ojo humano,
una pequeña área en la retina situada en el centro de la mirada, es la más pronunciada
de todos los primates. En ella su resolución es aproximadamente unas 100 veces
mayor que en la periferia.451 Sin embargo, sólo tiene una amplitud
de alrededor de 1o grado. La parte del campo visual que realmente
entra en su resolución no tiene más de 3o grados de amplitud. Ahí es
donde se concentra el haz de atención del hemisferio izquierdo, centrado en un
punto concreto: en lo que se ve claramente.
AUTOCONSCIENCIA Y
TONO EMOCIONAL
El hemisferio derecho también es más
realista en cuanto a su posición en relación al mundo en general, menos
grandioso, más consciente de sí mismo, que el hemisferio izquierdo.452
El hemisferio izquierdo es siempre optimista, pero poco realista sobre sus
deficiencias. Cuando a pacientes que han sufrido un ictus en el hemisferio
derecho se les ofrece alguna orientación constructiva para mejorar su
rendimiento, esto tiene poco impacto.453 En palabras de un
investigador de traumatismos craneoencefálicos, “los niños con trastorno por
déficit del hemisferio derecho ignoran los obstáculos de la tarea, aceptan
desafíos imposibles, realizan esfuerzos sumamente inadecuados y se quedan
atónitos ante los malos resultados. Estos niños actúan sin miedo porque pasan
por alto los peligros inherentes a la situación".454 A un profesional altamente inteligente,
descrito por Stuss, y completamente inconsciente de su falta de capacidad para
hacer su trabajo después de la extirpación de un tumor en la corteza prefrontal
derecha. Cuando se le pidió que interpretara el papel de asesor de salud
laboral para alguien con sus mismos problemas, le aconsejó apropiadamente la
jubilación por razones médicas, pero cuando se le pidió que aplicara esa
sugerencia a su propia situación, fue completamente incapaz de hacerlo.455
Hay muchos informes de casos similares.456
Aunque
relativamente hablando, el hemisferio derecho tiene una visión más pesimista de
sí mismo, también es más realista al respecto.457 Hay evidencias de
que, a)quienes están algo deprimidos son más realistas, incluso en su
autoevaluación; y que, b)la depresión es (a menudo) una condición de la
asimetría hemisférica relativa, en favor del hemisferio derecho.458
Incluso los esquizofrénicos tienen una mejor idea de su estado, en proporción
al grado en que presentan síntomas depresivos.459 La evidencia es
que esto no se debe a que una percepción interna te deprima, sino a que estar
deprimido te da una mejor percepción interna.460
La percepción
interna de la enfermedad depende, por lo general, del hemisferio derecho, y las
personas que tienen dañado el hemisferio derecho tienden a negar su enfermedad
- el fenómeno bien conocido y extraordinario de la anosognosia, en la cual los
pacientes niegan o minimizan radicalmente el hecho de que tienen, por ejemplo,
una pérdida flagrante del uso de una mitad completa del cuerpo.461 Un paciente con una extremidad completamente
paralizada (izquierda) puede negarse rotundamente a aceptar que tiene algo mal,
y dará las explicaciones más absurdas de por qué no puede moverla a demanda. Esto
sucede hasta cierto punto en la mayoría de los casos después de un accidente
cerebrovascular que afecta el lado izquierdo del cuerpo (con daño del
hemisferio derecho), pero prácticamente nunca después de un accidente
cerebrovascular del lado derecho (con daño del hemisferio izquierdo). El fenómeno
de la negación puede revertirse temporalmente activando el hemisferio derecho
afectado.462 Igualmente, la negación de la enfermedad (anosognosia)
se puede inducir mediante la anestesia del hemisferio derecho.463
Nótese que no es
solo una ceguera, un fracaso para ver - es una negación voluntaria. Hoff y
Pótzl describen a un paciente que demuestra esto maravillosamente: "En la
exploración, cuando a ella se le muestra su mano izquierda en el campo visual
derecho, ella mira hacia otro lado y dice: 'No la veo'. Ella esconde de forma espontánea su mano izquierda
debajo de la ropa de cama o la pone detrás de su espalda. Nunca mira a la
izquierda, ni siquiera cuando la llaman desde ese lado".464 Si se ve obligado a enfrentarse a la
extremidad afectada, no es infrecuente que tenga una sensación de repulsión, lo
que se conoce como misoplejía: si el investigador le pone a la paciente la mano
izquierda en su mano derecha, "la
coge solo para soltarla inmediatamente con una expresión de disgusto".465
En las lesiones
del hemisferio derecho, no solo existe la negación o indiferencia ante la
incapacidad, sino a veces hay una perturbación del estado de ánimo, "que
recuerda la fatuidad de personas con lesiones frontales: euforia, jovialidad,
afición a juegos de palabras superficiales". Uno de los
pacientes relatado por Hécaen y de Ajuriaguerra, que tenía una
hemi-asomatognosia completa causada por un tumor parietal,” exhibía una
jovialidad sorprendente, al mismo tiempo que se quejaba de un fuerte dolor de
cabeza".466
La negación es
una especialidad del hemisferio izquierdo: en los estados de inactivación
relativa del hemisferio derecho, en los que por tanto existe un sesgo hacia el
hemisferio izquierdo, los sujetos tienden a evaluarse a sí mismos de manera optimista,
ven las imágenes de manera más positiva y son más propensos a mantenerse en su
punto de vista.467 En presencia de un accidente cerebrovascular en
el hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo está "incapacitado por una
previsión ingenuamente optimista de los resultados".468 Siempre es un ganador: ganar está asociado con
la activación de la amígdala izquierda, perder con la activación de la amígdala
derecha.469
Hay vínculos aquí
con la tendencia del hemisferio derecho a la melancolía. Si el hemisferio
derecho tiene una tendencia a estar más afligido y es más propenso a la
depresión, esto puede, desde mi punto de vista, estar relacionado no solo con
estar más en contacto con lo que está sucediendo, sino con estar más en
contacto, y preocupado, por los demás. "Ningún hombre es una isla": es el
hemisferio derecho del cerebro humano el que se encarga de que nos sintamos
parte de algo mucho mayor. Cuanto más conscientes y empáticos estamos con lo
que sea que existe aparte de nosotros mismos, es más probable que suframos. La
tristeza y la empatía están altamente correlacionadas: esto se puede ver en
estudios con niños y adolescentes.470 También existe una correlación
directa entre tristeza y empatía, por un lado, y sentimientos de culpa,
vergüenza y responsabilidad, por el otro.471 Los psicópatas, que no tienen ningún
sentimiento de culpa, vergüenza o responsabilidad, tienen déficits en el lóbulo
frontal derecho, en particular en la corteza orbitofrontal y ventromedial
derecha.472
Quizás sentir implique
inevitablemente sufrir. La palabra griega pathe,
“sentimiento”, se relaciona con pathos,
“aflicción” y con paschein, “sufrir”:
las mismas raíces están en la palabra "pasión" (y un desarrollo
similar lleva a la palabra alemana para las pasiones, leidenschaften, de la raíz leiden,
sufrir). Esta es solo una razón para dudar de la fácil equiparación entre
placer y felicidad, por un lado, y
"el bien" por el otro.
Intrínsecamente
cuidar de otro implica esencialmente una cierta disposición, la disposición a
experimentar la pena por la grave desgracia del otro...Ser justo es sentirse
perturbado por la injusticia. El dolor, el sufrimiento y la pérdida de placer,
por tanto, a veces determinan quienes somos y que valoramos. Están
esencialmente entretejidos con nuestros compromisos más profundos. Y como
razones que fluyen de nuestros compromisos más profundos, nosotros a veces
tendremos razones no-instrumentales para sufrir.473
En cierta ocasión, cuando Berlioz
sollozaba durante una actuación musical, un amable espectador le comentó:
"Parece estar muy afectado, monsieur. ¿No sería mejor que se
retirara unos instantes?" En respuesta, Berlioz dijo bruscamente:
"¿Tiene usted la impresión de que estoy aquí para divertirme?"474
Cuando el rey Lear
clama:" ¿Hay alguna causa
en la naturaleza que haga que estos corazones sean tan duros?, podríamos
responder, en un nivel, que sí - un defecto en la corteza prefrontal derecha.475
Pero eso solo ilumina el hecho de que la crueldad no existe en la
"naturaleza": solo los humanos con su corteza prefrontal izquierda
tienen la capacidad para la maldad deliberada. Sin embargo, solo los humanos,
con su corteza prefrontal derecha, son capaces de tener compasión.
EL SENTIDO MORAL
Otra área donde la retrospección
analítica nos induce a error en cuanto a la naturaleza de lo que estamos
viendo, ya que reconstruye el mundo según los principios del hemisferio
izquierdo, es el de la moralidad. Los valores morales no son algo que elaboramos
racionalmente según algún principio de utilidad, ni de ningún otro principio,
para el caso, sino que son aspectos irreductibles del mundo fenoménico, como el
color. Estoy de acuerdo con Max Scheler,476 y para el caso con
Wittgenstein,477 en que la valoración moral es una forma de
experiencia irreductible a cualquier otro tipo, o de la que se pueda dar cuenta
en otros términos; y creo que esta percepción subyace a la deducción que hace
Kant de Dios, a partir de la existencia de valores morales, en lugar de que los
valores morales emerjan de la existencia de Dios. Tales valores están
vinculados a la capacidad de empatía, no de razonamiento; y los juicios morales
no son deliberativos, sino inconscientes e intuitivos, profundamente ligados a
nuestra sensibilidad emocional hacia los demás.478 La empatía es
intrínseca a la moralidad.
Los pacientes con
lesiones en los lóbulos frontales ventromediales son impulsivos, no pueden
prever las consecuencias y están desconectados emocionalmente de los demás; en
particular, la corteza frontal ventromedial derecha, que tiene ricas
interconexiones con las estructuras límbicas, es crítica en todos los aspectos
del comportamiento moral y social.479
En el juicio moral interviene una compleja red del hemisferio
derecho, en particular la corteza ventro-medial y orbitofrontal derecha, así
como la amígdala de ambos hemisferios.480 El daño en la corteza
prefrontal derecha puede llevar a un comportamiento francamente psicopático.
Nuestro sentido
de la justicia está respaldado por el hemisferio derecho, en particular por el
córtex prefrontal dorsolateral derecho.481 Con la inactivación de
esta área, actuamos más egoístamente. Esto probablemente esté relacionado con
la capacidad del lóbulo frontal derecho para ver el punto de vista del otro y
para la empatía en general. Discutiré la relación entre el altruismo y el
hemisferio derecho en el Capítulo 4. La capacidad del lóbulo frontal derecho
para inhibir nuestro impulso natural al egoísmo significa que también es el
área en la que más confiamos para el autocontrol y el poder para resistir a la
tentación.482
Creo que también podemos establecer una conexión aquí
con una diferencia bastante fundamental entre los hemisferios. La
"adhesividad" del hemisferio izquierdo, su tendencia a recurrir a lo
que está familiarizado, tiende a reforzar lo que sea que ya esté haciendo. Hay
una reflexividad en el proceso, como si estuviera atrapado en una sala de
espejos: solo descubre más de lo que ya sabe, y solo hace más de lo que ya está
haciendo. El hemisferio derecho, por el contrario, al ver mejor el panorama, y
adoptar una perspectiva más amplia que incluye tanto la suya propia como la del
hemisferio izquierdo, se inclina más hacia la reciprocidad, y es más propenso a
adoptar otros puntos de vista. Una forma de pensar sobre esto es en términos de
sistemas de retroalimentación. La mayoría de los sistemas biológicos buscan la
homeostasis: si se desplazan demasiado lejos en una dirección, se estabilizan
mediante una autocorrección. Se trata de una "retroalimentación
negativa", cuyo ejemplo más familiar es el funcionamiento de un
termostato: si la temperatura tiende continuamente a disminuir, el termostato
activa el sistema de calefacción que actuará para que la temperatura vuelva al
nivel deseado. Sin embargo, los sistemas pueden volverse inestables y entrar en
una situación en la que se llega a una "retroalimentación positiva" –
en otras palabras, un movimiento en una dirección, en lugar de producir otro
movimiento en la dirección opuesta, actúa promoviendo movimientos adicionales
en la misma dirección, y se produce un efecto de bola de nieve. El hemisferio
derecho, entonces, es capaz de liberarnos mediante la retroalimentación
negativa. El hemisferio izquierdo tiende a una retroalimentación positiva, y
podemos quedarnos atascados.483 Esto no es distinto a la diferencia
entre el bebedor normal y el adicto. Después de cierto punto, el bebedor normal
comienza a tener menos gana de otra bebida. Y lo que hace que alguien sea
adicto, es la falta de un "interruptor de apagado" - otro trago solo
hace que el siguiente y el siguiente sean más probables. E interesantemente,
las lesiones de los sistemas frontolímbicos, principalmente en el hemisferio
derecho, están asociadas con el comportamiento adictivo. Los jugadores
patológicos, por ejemplo, tienen déficits frontales que son principalmente del
lado derecho; 484 por el contrario, en adictos a la cocaína, por
ejemplo, al estimular la corteza prefrontal derecha se reduce su deseo de
consumirla.485 Y la negación, una especialidad del hemisferio
izquierdo, es típica de la adicción.
EL YO
La consciencia de uno mismo es un
desarrollo sorprendentemente tardío en la evolución. Los simios superiores,
como chimpancés y orangutanes, son capaces de reconocerse a sí mismos, pero no sucede
así en otros simios: fallan en la prueba del espejo.486 La región
prefrontal derecha está críticamente implicada en el reconocimiento de uno
mismo, ya sea por el rostro o por la voz.487 Los estudios de imagen
de auto reconocimiento facial o vocal confirman la importancia de la región
frontal derecha y la corteza cingulada derecha.488 Un importante correlato de la
autoconciencia en los seres humanos es el uso correcto de los pronombres
personales "yo" y "mi", algo de lo que carecen en el
autismo, y una condición que se repite en muchos déficits del hemisferio
derecho.489 Está claro que
ningún hemisferio puede por sí solo constituir el yo. El yo es un concepto
complejo, pero, para resumir, el yo como intrínseca y empáticamente inseparable
del mundo en el que se encuentra en relación con los demás, y la sensación de
continuidad del yo, son más dependientes del hemisferio derecho, mientras que
el yo objetivado, y el yo como expresión de la voluntad, dependen en general
más del hemisferio izquierdo. Algunos estudios en sujetos con cerebro dividido
sugieren una ventaja del hemisferio derecho en el auto reconocimiento; pero
otros estudios revelan que ambos hemisferios pueden reconocer el yo de forma
objetiva por igual, aunque el hemisferio derecho tiene ventaja para reconocer a
otras personas conocidas.491
La percepción "interior"
y personal del yo, con su historia, y su memoria personal y emocional, así como
lo que, de una manera bastante confusa, se llama "el concepto de sí
mismo", parece depender en gran medida del hemisferio derecho. El concepto
de sí mismo se ve afectado cuando hay una lesión en el hemisferio derecho,
dondequiera que se encuentre la lesión en dicho hemisferio;492
aunque la región frontal derecha es de importancia crítica en este caso.493
Esto podría describirse como “la experiencia de ser uno mismo”. El
hemisferio derecho parece estar más comprometido con los recuerdos emocionales
y autobiográficos.494 No es de extrañar que el "sentido del
yo" se asiente en el hemisferio derecho, porque el yo se origina en la
interacción con "el otro", no como una entidad aislada
atomísticamente: "El sentido del yo emerge de la actividad del cerebro en
la interacción con otros yoes".495 En los primates, la corteza
orbitofrontal derecha, la parte del lóbulo frontal derecho más crucial para la
comprensión social y empática, es más grande que en el lado izquierdo.496 Es
probable que esta parte del cerebro se expanda durante el período de
interacción lúdica entre el bebé y la madre en la segunda mitad del primer año
y en el segundo año de vida, durante el cual el sentido del yo emerge, y de
hecho, la corteza orbitofrontal derecha es considerada por Allan Schore como el
crisol del yo en crecimiento.497 El hemisferio derecho madura antes que el
izquierdo, y está más involucrado que el izquierdo en casi todos los aspectos
de desarrollo del funcionamiento mental en la primera infancia, y del yo como
un ser social, y empático.498 El desarrollo social en el bebé tiene
lugar independientemente del desarrollo del lenguaje, lo cual es otro indicio
de su origen en el hemisferio derecho.499
La relación entre
la evolución del sentido del yo y la percepción de los demás como seres
semejantes a uno mismo y, por lo tanto, como evocadores de empatía y
comprensión, a la que me he referido antes como un logro de los lóbulos
frontales derechos, se ve confirmada por la estrecha relación entre el
desarrollo del sentido del yo y el desarrollo de la "teoría de la
mente". Esto se evidencia, por ejemplo, por el hecho de que los correlatos
de neuroimágenes tanto de la autoconciencia como de la teoría de la mente se
encuentran en la corteza frontal derecha y en la corteza cingulada derecha.500
También es el
hemisferio derecho el responsable de "mantener un sentido del yo
coherente, continuo y unificado".501 La evidencia de pacientes
con demencia es muy sugerente de que es el hemisferio derecho el que "conecta
al individuo con las experiencias y los recuerdos emocionalmente relevantes,
que subyacen a los esquemas del yo”, y que por lo tanto forman “el pegamento
que mantiene unido el sentido del yo".502 La observación
recuerda a una formulación de Douglas Watt según la cual "la emoción une prácticamente todo tipo de
información que el cerebro pueda codificar... [Es] parte del pegamento que
mantiene unido a todo el sistema,"503 y de hecho, en la
medida en que esto sea cierto, la observación de que el hemisferio derecho
mantiene unido el sentido del yo se derivaría de esto. Y como ya se ha
mencionado en la breve discusión sobre los hemisferios y el tiempo, es la
corteza derecha (prefrontal), junto con sus conexiones recíprocas con otras
estructuras corticales y subcorticales, la que permite a los adultos humanos
percibirse a sí mismos como eso - yoes, con una existencia continúa a lo largo
del tiempo.504 El daño frontal derecho afecta al sentido del yo a lo
largo del tiempo - a un yo con una narrativa y una existencia continua y
fluida.505
Sperry y sus
colegas plantearon la hipótesis de que es la red del hemisferio derecho la que
da lugar a la auto-conciencia.506 El hemisferio derecho está
involucrado preferentemente en "el
procesamiento de las imágenes de uno mismo, al menos cuando estas imágenes de
sí mismo no son conscientemente percibidas".507 En
particular, la red frontoparietal derecha parece ser fundamental para
distinguir el yo de los otros.508 La activación en la región parietal inferior y
medial derecha, es decir, el precuneus anterior y la corteza cingulada
posterior, es proporcional al grado en que los estímulos se perciben como
referidos al yo.509 Cuando los sujetos miran una imagen de su propia
cara, la activación se observa en el hemisferio derecho, especialmente en la
unión occipito-temporo-parietal derecha y en el opérculo frontal derecho.510
Los individuos
pueden ignorar o identificar erróneamente sus propias manos y pies cuando el
hemisferio derecho está dañado o temporalmente inactivado - pero no, cuando es
el hemisferio izquierdo.511 La asomatognosia, la condición por la
cual los sujetos no reconocen su yo encarnado o partes de su propio cuerpo, se
encuentra en casi el 90% de los sujetos después de un accidente cerebrovascular
en el hemisferio derecho;512 y, a la inversa, la condición parece estar
asociada solo con los déficits del hemisferio derecho - Feinberg, quien ha
realizado un estudio de esta afección, señala que de los 100 casos que conoce,
ni una sola vez ha ocurrido con daño del hemisferio izquierdo.513
En consonancia
con esto, personas con daño en la corteza frontotemporal derecha pueden
experimentar un desapego cognitivo de sí mismos.514 Cuando sujetos
leen una narración en primera persona, se activa el córtex cingulado anterior y
el precuneus de manera bilateral, pero también preferentemente la unión
temporo-parietal derecha, en comparación con la lectura de una narración en
tercera persona.515
Los filósofos
pasan mucho tiempo revisando y analizando procesos que suelen ser - y quizás
deban permanecer - implícitos, inconscientes, intuitivos; en otras palabras,
examinan la vida del hemisferio derecho desde el punto de vista del izquierdo.
Quizá entonces no es de extrañar que a veces el pegamento comience a
disolverse, y que se produzca un desagradable crujido a medida que el sentido
del yo, por lo demás normalmente sólido, se desmorona, revelando posiblemente
más sobre los méritos (o defectos) del proceso, que sobre el yo que está sometido
a escrutinio. Los esquizofrénicos, como los filósofos, tienen un problema con
el sentido del yo del que carecen los individuos comunes, implicados en su
vida. Como Wittgenstein, señaló una vez: "es extraño que en la vida
cotidiana no nos inquiete la sensación de que se nos está escapando este
fenómeno, el flujo constante de las apariencias, sino solo cuando filosofamos.
Esto indica que lo que está en cuestión aquí es una idea surgida por una mala
aplicación de nuestro lenguaje."516 ¿Podría leerse esta
"mala aplicación del lenguaje" - con otras palabras, como el
procedimiento defectuoso de buscar la verdad situándose en el mundo del
hemisferio izquierdo mientras se mira el mundo del hemisferio derecho?
Un elegante
experimento reciente subraya el papel clave desempeñado por el hemisferio
derecho en el reconocimiento del yo y, al mismo tiempo, destaca la afinidad del
hemisferio izquierdo con el conocimiento público, más que con el personal.
Usando el Test de Wada, se
mostró a cada sujeto una imagen generada por ordenador de su propia cara
transformada en la de una persona famosa de la vida pública. Una vez pasado el
efecto de la anestesia, se les mostraba a los sujetos las imágenes separadas de
la persona famosa y de ellos mismos, y se les preguntaba cuál se parecía más a
la imagen que habían visto anteriormente. Los que vieron la imagen con su
hemisferio derecho eligieron la imagen de ellos mismos: los que la vieron con
el hemisferio izquierdo eligieron la imagen de la persona famosa.517 En
este estudio, nueve de cada diez casos se ajustaron a este patrón. A pesar de
que un caso de comisurotomía (“cerebro dividido”) parecía sugerir lo contrario,
prácticamente todos los demás estudios evidenciaron el papel fundamental del
hemisferio derecho en el reconocimiento de uno mismo.519
La región frontal
derecha parece ser esencial para la identificación del yo también en otras
modalidades, como en el reconocimiento de la voz.520 Daños en las regiones parietal y medial
derecha pueden dar lugar a confusiones del yo con otros;521 los
daños en el lóbulo frontal derecho crean una alteración de los límites del ego,
lo que sugiere “que el hemisferio derecho, especialmente la región frontal
derecha en circunstancias normales juega
un papel crucial en el establecimiento de la relación adecuada entre el yo y el
mundo".522 Es esta región la que no funciona de forma tan
evidente en la esquizofrenia, en la que los sujetos no solo carecen de empatía,
humor, comprensión metafórica, pragmática, habilidades sociales y teoría de la
mente, sino que confunden de manera crucial los límites de su yo con el del otro,
incluso sintiendo a veces que se funden con otros individuos o que otros seres
les están invadiendo u ocupando su propio espacio corporal.
También dependen
del hemisferio derecho aspectos importantes de la conciencia de sí mismo en el
sentido como los demás pueden vernos o percibirnos - sería algo parecido a la
introspección. La capacidad de entenderse a sí mismo como un ser humano como
los demás, que está implicada en la autoconciencia, es un aspecto de la
capacidad humana de identificarse con los demás, empatizar con ellos y
compartir sus sentimientos, y depende como hemos visto, del hemisferio derecho.
El lóbulo parietal inferior derecho juega un papel crucial tanto en la
planificación523 como en el seguimiento de resultados524
de las propias acciones.
Este fue uno de
los primeros indicios que el hemisferio izquierdo es el asiento de la
autoconciencia consciente, seguramente por la expresión de su mismidad a
través de la voluntad consciente.525 Ya he sugerido que la expresión
de la voluntad, en el sentido de la voluntad consciente y racional - del
control y manipulación de objetos - podría haber sido responsable de la
expansión del hemisferio izquierdo. Sin embargo, resulta que cuando actuamos
"desde nosotros mismos", en el sentido de iniciar una nueva acción en
lugar de seguir el ejemplo de otro, la actividad se desarrolla principalmente
en el hemisferio derecho, aunque pueda estar limitado a acciones prácticas y
habituales.526 Hay una tendencia a asociar la independencia y
motivación con el hemisferio derecho, y la pasividad con el hemisferio
izquierdo. Esto está relacionado con la adhesividad, descrita anteriormente,
con su relativa incapacidad para cambiar de escenario, para adoptar una nueva
forma de ver las cosas, en lugar de quedarse atrapado en las señales del
entorno. El síndrome de "dependencia del entorno" se refiere a una
incapacidad para inhibir respuestas automáticas a señales del entorno: también
se conoce como "comportamiento de uso forzado". Las personas que
muestran tal comportamiento, por ejemplo, cogerán unas gafas que no son suyas y
se los pondrán, simplemente porque están sobre la mesa, o involuntariamente
cogerán un bolígrafo y papel y comenzaran a escribir, o copiaran el
comportamiento del investigador de forma pasiva sin que se lo hayan pedido,
incluso cogerán un estetoscopio y fingirán usarlo. Según Kenneth Heilman, el
síndrome, al igual que la abulia (pérdida de voluntad), la acinesia (incapacidad
de moverse) y la impersistencia motora (incapacidad para llevar a cabo una
acción) son más comunes después de un daño frontal derecho, en lugar de
izquierdo.527 En cuatro de los cinco casos de síndrome de
dependencia del entorno, en un artículo clásico de Lhermitte en el que se
describió por primera vez dicho síndrome, la lesión única o principal estaba en
el lóbulo frontal derecho. En cada caso, el paciente explicaba que “me pusieron esos objetos; y creía que
tenía que usarlos".528 Sin embargo, la situación está lejos de ser
sencilla, ya que mi lectura de los datos adicionales proporcionados por
Lhermitte es que el síndrome es tan común después de lesiones en cualquiera de
los dos lóbulos frontales;529 y en cualquier caso, una lesión en
cualquiera de los lóbulos frontales puede, "liberar" patrones de
comportamiento característicos del hemisferio posterior del mismo lado (véase
más adelante), tanto como para alterar el funcionamiento del hemisferio en su
conjunto (o incluso al hemisferio contralateral a través del cuerpo calloso).
Sin embargo, estaría en consonancia con otras investigaciones que muestran un
comportamiento de utilización forzada después de un daño en el hemisferio
derecho: un paciente no solo mostró respuestas exageradas a señales externas
(comportamiento de utilización forzada) y una impersistencia motora, sino una
reacción de agarre instintivo con la mano derecha, después de un infarto en el
tálamo derecho, que se asoció con la insuficiente perfusión de toda la corteza
cerebral derecha, especialmente en el área frontal.530
En realidad, somos un compendio de los dos hemisferios
y, a pesar de los interesantes resultados de los experimentos diseñados
artificialmente para separar su funcionamiento, ellos trabajan juntos la mayor
parte del tiempo en el nivel cotidiano. Pero eso no excluye en absoluto que
puedan tener agendas radicalmente diferentes, y durante largos períodos de
tiempo y en gran cantidad de individuos se hace evidente que cada uno de ellos
crea una manera de estar en el mundo que entra en conflicto con el del otro.
CODA: EL PROBLEMA
“FRONTAL- POSTERIOR”
Al principio de este capítulo mencioné
que había una diferencia regional intrahemisférica, más que entre los hemisferios
a la que necesitaba referirme. Se trata de la relación de los lóbulos
frontales, las regiones del cerebro más evolucionadas y distintivamente humanas,
con los procesos que ocurren en las otras partes del cerebro, incluida la
corteza posterior, sobre la que actúan para ejercer un cierto control. Los
lóbulos frontales logran lo que logran en gran parte a través de lo que
normalmente se describe como una inhibición de la parte posterior del
mismo hemisferio. Sin embargo, esto podría describirse mejor, especialmente en
el caso del hemisferio derecho, como una modulación - el efecto
inhibitorio es "significativamente más pronunciado" en el caso del
hemisferio izquierdo, quizás en consonancia con su estilo menos integrador, más
blanco o negro.531 Esta relación entre lo anterior "frontal"
y lo "posterior" es otro ejemplo de "procesadores en
oposición" acoplados que permiten una modulación fina de las respuestas.
¿Qué
quiero decir con modulación? Un proceso que opone resistencia, pero no niega.
La mejor manera de entenderlo es como el establecimiento de una distancia
necesaria, o demora, que permite que surja algo nuevo. En este sentido, es como
la relación aparentemente antagónica de los dos hemisferios, (un tema que
exploraré en detalle más adelante en el libro): no es que los resultados de un
hemisferio nieguen los del otro, ni que, en algún sentido superficial,
simplemente se "complementen" el uno con el otro. Su incompatibilidad
permite, en cambio, en una síntesis dialéctica que surja algo nuevo. Por poner
un ejemplo: si la inmediatez de la asociación del hemisferio derecho con la
emoción y el cuerpo lo lleva a priorizar lo que está cerca, lo que es
'mío", el lóbulo frontal derecho aporta cierta distancia y demora a la
defensa de "mí" posición. Como resultado, permite a los otros que se
presenten como individuos con un "mi" también; esto permite una
empatía más amplia y los inicios del altruismo. Esto no es una negación de algo
por el lóbulo frontal, sino una modulación del mismo, un "desplegar",
si se quiere, de algo que siempre estuvo ahí, aunque solo en germen - algo que
cobra vida solo cuando se interpone un grado de distancia necesario. O para dar
otro ejemplo, esta vez del hemisferio izquierdo. El relativo distanciamiento
del cuerpo que muestra el hemisferio izquierdo, y su tendencia a la
abstracción, sirven normalmente a su propósito de obtener beneficios
individuales. Sin embargo, el lóbulo frontal izquierdo, aporta distancia, y
permite la experiencia del desapego sereno del reino material y el
“vaciamiento" descrito por los expertos en meditación como experiencia
mística. Una vez más, esto no es una negación, sino una elaboración, de lo que
ofrece el hemisferio izquierdo. No es probable que haya "un lugar de Dios" en el
cerebro, y este área está plagado de problemas de terminología y metodología:
pero hay áreas que a menudo están implicadas en el acompañamiento de
experiencias religiosas.532 En una revisión razonablemente prudente
y objetiva de la literatura hasta la fecha de Michael Trimble, llega a la
conclusión de que hay una lenta acumulación de evidencias a favor de que la
experiencia religiosa está más estrechamente vinculada al hemisferio
"no-dominante", especialmente a la parte posterior del hemisferio
derecho (la región temporoparietal). Pero, para ilustrar mi punto de vista, la
otra región que está implicada se encuentra en el lóbulo frontal izquierdo -
específicamente debido a su poder para inhibir la parte posterior del
hemisferio izquierdo (región temporoparietal), el asiento del lenguaje y del
análisis secuencial.533
CONCLUSIÓN
La bibliografía sobre el funcionamiento
del cerebro es enormemente extensa, y aumenta exponencialmente con cada día que
pasa. Este capítulo no puede, por su naturaleza, pretender ser una revisión
exhaustiva: para lograr eso se requeriría un equipo de expertos y un libro
varias veces mayor que este. Más bien pretende poner de relieve las diferencias
entre los hemisferios, cuando existen pruebas coherentes, y en particular para
revertir el arraigado prejuicio de que, si bien el hemisferio derecho puede dar
un poco de color a la vida, es el hemisferio izquierdo el que se encarga de los
asuntos serios. A excepción del manejo explícito que implica el lenguaje
y el análisis en serie (sin duda muy importantes), el hemisferio izquierdo no
es el hemisferio dominante. Lenguaje y análisis serán el tema del próximo
capítulo. Lo que he tratado de transmitir aquí es la gran extensión y algo de
la sensación, de nuestra dependencia del hemisferio derecho, todo lo cual
contrasta completamente con la visión del mismo como el hemisferio “silente”.
Esto, junto con el sobrenombre aún vigente, de hemisferio “menor", debería
hacernos reflexionar sobre la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Estamos
tan acostumbrados a focalizarnos en la utilidad y en la "función" que
el hecho de que un daño en el hemisferio derecho pueda alterar completamente la
forma en que nos relacionamos con el mundo, y cambiar fundamentalmente nuestro
modo de ser, ha sido hasta hace poco prácticamente inadvertido. De hecho, a
riesgo de que parezca que el hemisferio izquierdo se queda aún con menos, debo
señalar que hay pruebas de que incluso las personas con mayor capacidad verbal,
así como espacial, probablemente dependan en mayor medida del hemisferio
derecho.534 Quizás, inevitablemente, a partir de esto, resulte que
aquellas personas de mayor inteligencia, sea cual sea su disciplina, puedan
tenerlo en cuenta.535
En última
instancia, si el hemisferio izquierdo es el hemisferio del "qué", el
hemisferio derecho, con su preocupación por el contexto, los aspectos
relacionales de la experiencia, la emoción y los matices de la expresión,
podría decirse que es el hemisferio del "cómo". Esto tal vez explica
por qué la neurociencia convencional, que en sí misma es en gran parte una
manifestación de la actividad del hemisferio izquierdo, se ha centrado tanto en
lo que el cerebro hace en cada hemisferio, y no en la forma en que
lo hace cada hemisferio, perdiendo así, en mi opinión, el significado de lo que
está tratando de entender.
Antes de
embarcarme en este capítulo, propuse que había dos modos de estar en el mundo,
ambos esenciales. Uno de ellos es permitir que las cosas se nos hagan
presentes en toda su particularidad encarnada, con toda su variabilidad e
impermanencia, y su interconectividad, como parte de un todo que está en
constante flujo. En ese mundo nosotros, también, nos sentimos conectados con lo
que experimentamos, partes de esa totalidad, no estamos confinados en un
aislamiento subjetivo de un mundo que es considerado como objetivo. El otro
modo es salirse del flujo de la experiencia y "experimentar" nuestra
experiencia de una manera especial: para re-presentar el mundo en una
forma menos verdadera, pero aparentemente más clara, y por lo tanto, moldeada
de una forma más útil para manipular el mundo y a los demás. Este mundo es
explicitado, abstraído, compartimentalizado, fragmentado, estático (aunque sus
“piezas” puedan re-componerse, para que adquiera movimiento, como en una
máquina), esencialmente sin vida. Desde este mundo nos sentimos desapegados,
pero en relación a él somos poderosos.
Creo que la
diferencia esencial entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo es
que el hemisferio derecho presta atención a lo otro, sea lo que sea que exista
aparte de nosotros mismos, con el que se encuentra en profunda relación. Se
siente profundamente atraído y vivificado por la relación, la entreidad, que
existe con esto otro. En contraste, el hemisferio izquierdo presta atención al
mundo virtual que ha creado, que es auto-consistente, coherente consigo mismo, aunque
autocontenido, desconectado en última instancia de lo otro, lo que le hace
poderoso, pero a la larga únicamente capaz de operar en, lo que conoce, de sí
mismo.
Sin embargo, como
también he subrayado al principio, ambos hemisferios participan en
prácticamente todas las "funciones" en alguna extensión, y en
realidad ambos siempre están comprometidos. No deseo dar la impresión de que
podría ser bueno que todo el mundo sufriera un derrame cerebral en el
hemisferio izquierdo. Doy por sentado que las contribuciones hechas por el
hemisferio izquierdo, del lenguaje y el pensamiento sistemático en particular,
son inestimables. Nuestro talento para la división, para ver las partes, es de
una importancia asombrosa - superado solo por nuestra capacidad de
trascenderlo, a fin de ver el todo. Estos dones del hemisferio izquierdo nos
han ayudado a lograr nada menos que la civilización misma, con todo lo que eso
significa. Incluso si pudiéramos renunciar a ello, lo que, por supuesto, no
podemos, seríamos tontos si lo hiciéramos y saldríamos infinitamente
perjudicados. Hay cantos de sirenas que nos llaman a hacer precisamente eso, a
abandonar la claridad y la precisión (que, en cualquier caso, depende en gran
medida de ambos hemisferios), y quiero subrayar que me opongo apasionadamente a
ello. Necesitamos la capacidad de hacer discriminaciones finas y de usar la razón
de manera apropiada. Pero estas contribuciones deben ponerse al servicio de
algo más, que solo el hemisferio derecho puede aportar. Ellas solas, son
destructivas. Y ahora mismo pueden estar llevándonos a la perdida de la
civilización que ayudaron a crear.
CAPITULO 3.
LENGUAJE, VERDAD Y MÚSICA
En lo
anteriormente expuesto, he seguido deliberadamente la práctica
neuropsicológica, al centrarme en una serie de tareas o funciones
diferenciadas, que pueden ser definidas y medidas, ya que es la forma en que se
recopila la información sobre el cerebro y es la manera en la que estamos
acostumbrados a pensar sobre él. Ahora
intentaré mostrar este material bajo una luz diferente. Quiero agruparlo y
sugerir que las diferencias hemisféricas no son solo una curiosidad, sin más
significación, un montón de hechos neuropsicológicos, sino que en realidad
representan dos aspectos del mundo que son individualmente coherentes, aunque
incompatibles.
Esto nos llevará naturalmente a la exploración de por
qué tenemos lenguaje: ¿para comunicarnos, para pensar o para qué? ¿Y cuál es el
papel de la música? ¿Las respuestas a estas preguntas proyectan alguna luz
sobre la expansión asimétrica de los hemisferios izquierdo y derecho?
LO NUEVO Y LO
FAMILIAR; DOS TIPOS DE CONOCIMIENTO.
Uno de los hallazgos mencionados en el último capítulo, fue el importante
descubrimiento realizado por Goldberg y Costa, confirmado por investigaciones
posteriores, de que cualquier tipo de nueva experiencia, ya sea de música,
palabras, objetos de la vida real, o construcciones imaginarias, compromete al
hemisferio derecho. Pero tan pronto como se convierten en algo familiar o
rutinario, el hemisferio derecho está menos comprometido y, finalmente, la
"información" pasa a ser competencia únicamente del hemisferio
izquierdo.1
Comprensiblemente, esto ha tendido a ser visto como
una especialización en el procesamiento de información, según el cual los
"nuevos estímulos" son "procesados" preferentemente por el
hemisferio derecho y los rutinarios o familiares por el hemisferio izquierdo.
Pero esto ya, como cualquier modelo, presupone la naturaleza de lo que se está
observando (una máquina para el procesamiento de información). ¿Qué nos
encontraríamos si empleáramos un modelo diferente? ¿Surgiría tal vez otra conclusión?
Quiero proponer una forma diferente de mirar el papel
que juega el cerebro en la formación de nuestra experiencia del mundo. Esto
implica interesarse por la naturaleza del propio conocimiento.
Usamos la palabra "conocer" en al menos dos
sentidos significativamente diferentes. En un sentido, el conocimiento es
esencialmente un encuentro con algo o alguien, por lo tanto, con algún
"otro" (una verdad plasmada en la frase "conocimiento
carnal"). Decimos que conocemos a alguien en el sentido de que tenemos una
experiencia de él o ella, de modo que "sentimos" quién es él o ella,
como individuo distinto de otros. Esta clase de conocimiento permite percibir
la singularidad del otro. Es también únicamente “mi" conocimiento. Si otra
persona nos preguntara "¿cómo es ella?", tu podrías comenzar por
intentar describirla en pocas palabras ("temperamental", "alegre",
acompañado por frases calificativas como "bastante", "un
poco", "muy" y así sucesivamente), pero pronto te sentirías
frustrado por la sensación de que estos términos generales realmente no ayudan
mucho a transmitirlo. Podrías recurrir a relatar ejemplos de cosas que haya
dicho o hecho. Podrías mostrar una fotografía - aprendemos mucho de los
rostros. Pero si las preguntas continuaran, tendrías que decir: "Mira,
tendrás que conocerla - te la presentaré".
Es también "mi" propio conocimiento, no solo en el sentido de que no
puedo trasladártelo, sino en el sentido de que hay algo de mí en ello. Lo que
yo conozco acerca de ella proviene del hecho de que fui yo quien se encontró
con ella. Otra persona podría hacer que surgieran otros aspectos de ella y
podría verla cómo alguien bastante diferente. Pero también sería extraño si
todos los que la conocieran la encontraran alguien completamente diferente. Eso
implicaría que no hay una entidad estable subyacente que conocer. Es de esperar
que surja un consenso entre quienes la han conocido. Esta es la clase de
conocimiento en el que primero pensamos cuando hablamos de los seres vivos.
Siguiendo la estela del último capítulo, espero que
algunos de estos puntos les suenen. Ciertos aspectos nos parecen familiares. Es
la forma en la que naturalmente nos aproximamos al conocimiento de un ser
vivo; tiene que ver con los individuos y permite un sentido de singularidad;
es algo "mío", personal, no es algo que se pueda pasar a otra
persona sin cambios; y no es fijo ni incuestionable. No es fácil
de capturar con palabras; la totalidad no se captura al intentar
enumerar una lista de partes ("temperamental”, "alegre",
etc.); al menos tiene algo que ver con la persona encarnada (la
fotografía); se resiste a términos generales; tiene que ser vivido;
y el conocimiento depende de la entreidad
(un encuentro). Estos son todos, de hecho, aspectos del mundo "de
acuerdo" al hemisferio derecho.
Este tipo de conocimiento se deriva del encuentro de
un ser o cosa, como un todo, con algún otro. Pero hay otro tipo de
conocimiento, un conocimiento que proviene de unir cosas a partir de
fragmentos. Este es el conocimiento de lo que llamamos hechos.2 Esto
no suele aplicarse para conocer a las personas. Podríamos decir, por ejemplo,
"nació el 16 de septiembre de 1964", "vive en Nueva York",
"mide 1,65 m. de altura", "es pelirrojo", "tiene
pecas", etc. Inmediatamente se tiene la sensación de que se trata de
alguien, a quien no se conoce en realidad. O es una lectura de una base
de datos de la policía, o es uno de esos perfiles de las revistas de famosos
("tipo último libro leído", etc). Lo que, es más, parece como si se
estuviera describiendo un objeto inanimado - "mueble con cajones, dos
simples sobre tres dobles, pie de arco, de 1870, con 90x66x84 cm" - o un
cadáver. Este es el único tipo de conocimiento permitido por la ciencia (aunque
algunos de los mejores científicos hayan utilizado subterfugios que les han
permitido escaparse de este otro tipo). Se trata de un conocimiento de dominio
público, el horario de los trenes de cercanía, la fecha de la batalla de Trafalgar,
etc. Su virtud es su certeza, es algo fijo. No cambia de una persona a persona
ni de un momento a otro. Por tanto, el contexto es irrelevante. Pero no da una
buena idea del conjunto, solo de una reconstrucción parcial de algunos aspectos
de dicho conjunto.
Este conocimiento tiene su utilidad. Su gran fortaleza
es que sus hallazgos son repetibles. Sus cualidades son inversas a las que se
describieron anteriormente, y están asociadas con el hemisferio izquierdo: con una
afinidad a lo no vivo; a los “trozos” de información; es general,
impersonal, fijo, seguro y desapegado.
Desde luego, ambos modos de conocimiento pueden
aplicarse al mismo objeto. Mi conocimiento de ti puede basarse en saber tu
edad, altura y tu lugar de nacimiento, aunque eso no es en sí mismo lo que
significa que te conozco. Estas formas de conocimiento son tan diferentes que
en muchos idiomas se refieren a ellos con diferentes palabras: por ejemplo,
para la primera acepción, en latín es cognoscere,
en francés connaitre, en alemán kennen;
para la segunda acepción, en latín es sapere, en francés savoir, en alemán wissen - y así sucesivamente. Lo que quiero sugerir es que, así
como wissen podría aplicarse a veces
a personas y seres vivos, kennen puede
aplicarse a muchas más cosas que a nuestros allegados. Este tipo de
conocimiento puede ayudarnos a comprender, en lugar de simplemente acumular
información sobre una gran cantidad de cosas en el mundo, animadas e
inanimadas. De hecho, hay pruebas claras de que solíamos hacer esto en el
pasado, pero hemos perdido el hábito o tal vez incluso la capacidad (véase la segunda
parte de este libro).
Para poner un ejemplo de una entidad aparentemente no
viva que parece requerir que lo conozcamos en el sentido de kennen en lugar de wissen, pensemos en una pieza musical. El acercamiento a la música
es equivalente a entrar en relación con otro individuo vivo, y las
investigaciones sugieren que entender la música se percibe como algo similar a
conocer a una persona; atribuimos libremente cualidades humanas a la música,
incluyendo la edad, el sexo, las características de la personalidad y los
sentimientos.3 La naturaleza empática de la experiencia significa
que tiene más en común con encontrarse con una persona que con un concepto o
una idea que pueda expresarse con palabras.4 Es importante recordar
que la música no simboliza un contenido emocional, lo que requeriría que
sea interpretada; sino que lo metaforiza, "lo trasfiere"
directamente a nuestra mente inconsciente. Tampoco simboliza las cualidades
humanas, sino que las transmite directamente, de modo que actúa sobre nosotros,
y nosotros respondemos a ella, como en un encuentro humano. En otras palabras,
conocer una pieza musical, como conocer otras obras de arte, es una cuestión de
kennenlernen (familiarizarse). Al llegar a nosotros a través del
hemisferio derecho, tales creaciones vivas se consideran de naturaleza
esencialmente humana. En un libro anterior argumenté que las obras de arte, música,
poemas, pinturas, grandes edificios, solo pueden entenderse si apreciamos que
se parecen más a las personas que a textos, conceptos o cosas.5 Y,
esta percepción es antigua: Aristóteles, por ejemplo, comparó la tragedia con
un ser orgánico.6
Lo que Goldberg y Costa podrían haber descubierto no
es solo algo sobre lo novedoso y lo familiar, sino sobre dos formas diferentes
de conocer de los dos hemisferios. Conocer algo (en el sentido de kennen), nunca es conocerlo del todo
(en el sentido de wissen), ya que
permanecerá siempre cambiante, evolucionando, revelando otros aspectos de sí
mismo - en este sentido siempre nuevo, aunque familiar, en el sentido
original de que pasa a formar parte de nuestros seres elegidos, aquellos con
quienes estamos en una relación más íntima, nuestra familia (en latín,
literalmente, nuestro "hogar"). Conocer (en el sentido de wissen) es fijar algo para que sea
repetible y se repita, para que se vuelva familiar en el otro sentido:
rutinario, sin autenticidad, carente de la chispa de la vida. Creo que lo que se
podría deducir de esas investigaciones es que la primera aprehensión de cualquier
cosa la realiza el hemisferio derecho mientras siga siendo nueva, y mientras
estemos todavía llegando a conocerla (en el sentido de kenner-lernen);
pero que sería pronto asumida por el hemisferio izquierdo, donde se vuelve
familiar, en el sentido de que ahora es ya conocida (gewußt) y por lo
tanto segura (gewiß). El conocimiento de la totalidad es seguido muy
pronto por el conocimiento de las partes.
Jung dijo que "todo conocimiento es similar a un
reconocimiento".7 Con esto quería decir que llegamos a un
conocimiento de algo en el sentido de "conocer" (wissen) solo si se reconoce (erkennen)
algo que ya antes conocíamos (kennen).
En el proceso se vuelve claro, familiar, donde antes estaba latente, intuitivo.
Esto es, creo, una expresión del mismo proceso que Goldberg y Costa describen a
nivel neurológico; lo nuevo se vuelve viejo. De hecho, Nietzsche va más allá, y
capta el quid de la cuestión, cuando expresa una idea similar: "es a
través del "conocimiento" [erkennen,
re-conocimiento] que llegamos a tener la sensación de que ya conocemos [wissen] algo; por lo tanto, significa combatir un sentimiento de novedad y
transformar lo aparentemente nuevo en algo viejo".8
Como dijo Gregory Bateson, todo conocimiento tiene que
ser conocimiento de la distinción, y esto por tanto implica algo más que de la
propia esencia.9 Igualmente se podría decir que toda experiencia es
una experiencia de la diferencia. Incluso a nivel sensorial, no podemos
experimentar nada a menos que haya un cambio o una diferencia: nuestros nervios
sensoriales se "fatigan” rápidamente y nos acostumbramos, por ejemplo, a
un olor, o a un sonido. Nuestros sentidos responden a la diferencia entre valores,
a valores relativos, no absolutos.10 (Parece que el conocimiento y
la percepción, y por tanto la experiencia, solo existen en las relaciones entre
las cosas. Quizás de hecho, todo lo que existe lo hace solo a través de las
relaciones, como las matemáticas o la música: hay aspectos de la física
cuántica que respaldarían esa visión).
Este hecho, el de que el conocimiento proviene de
distinciones, implica que podemos llegar a la comprensión de la naturaleza de
cualquier cosa, cualquiera que sea, solo por comparación con otra que ya
conocemos, observando las similitudes y diferencias. Sin embargo, al igual que
todo cambia su naturaleza, aunque sea levemente, cuando cambia de contexto, lo
que elegimos para comparar con una cosa determina qué aspectos de ella se
destacaran y cuáles se desvanecerán. Así, comparar un partido de fútbol con
acudir a una casa de apuestas pone de manifiesto algunos aspectos de la
experiencia; compararlo con asistir a la iglesia, hace resaltar otros. El
modelo que elegimos para entender algo determina lo que encontramos. Si bien es
cierto que nuestra comprensión es un efecto de las metáforas que
elegimos, también es cierto que es una causa: nuestra comprensión en sí
misma guía la elección de la metáfora por la cual entendemos. La metáfora
elegida es tanto causa como efecto de la relación. Por lo tanto, la forma en
que pensamos en nosotros mismos y en nuestra relación con el mundo ya se revela
en las metáforas que elegimos inconscientemente para hablar de ello. Esa
elección afianza aún más nuestra visión parcial del tema. Paradójicamente,
parece que nos vemos obligados para entender algo lo suficientemente bien,
incluidos a nosotros mismos, a elegir antes el modelo adecuado de poder
entenderlo. Nuestro primer salto determina dónde aterrizaremos.11
Si asumimos un universo puramente mecánico y tomamos
la máquina como modelo, descubriremos la visión - ¡sorpresa, sorpresa! - que el
cuerpo, y el cerebro con él, son una máquina. Para un hombre con un martillo,
todo empieza a parecerse a un clavo. Pero como solo podemos conocer las cosas
en función de otras cosas que ya conocemos, cualquier "explicación",
por muy convincente que sea, no es más que un modelo; una comparación de algo
con otra cosa. Todo lo que se puede decir cuando se intenta, por ejemplo,
interpretar los datos de un escáner para entender lo que el cerebro está
haciendo cuando imito la acción de otra persona, es que parece haber algún tipo
de correlación entre lo que observamos que ocurre en el cerebro - un
"punto caliente" en el escáner cerebral sugerente de un aumento del
metabolismo en mi lóbulo frontal derecho - con la experiencia que yo estoy
teniendo al mismo tiempo. Sin embargo, la naturaleza de esa correlación,
permanece oscura, porque se ejemplifica en una sustancia única, que es el
cuerpo humano - no hay nada con lo que se pueda comparar, para hacerse
una idea, excepto otros cuerpos vivos, lo que no nos lleva mucho más lejos.
Puedes compararlo con una máquina, si lo deseas; pero esta analogía es
necesariamente pobre en muchos aspectos, excepto, por supuesto, en lo que el
cuerpo y la máquina tienen en común, y eso es todo lo que la comparación
nos revelará (la trampa, para aquellos que han creído en este modelo como el
camino hacia la luz, es que todo lo
relacionado con el cuerpo parecerá cada vez más mecánico, y así el
modelo parece cada vez más apto: y la elección original parece finalmente
confirmada como un ajuste perfecto). Hablar de "funciones" y
"mecanismos" nos lleva por este sendero particular del jardín. El
modelo de la máquina es el único que le gusta al hemisferio izquierdo;
recuerden que está especializado en el manejo de herramientas y máquinas. La
máquina es algo que ha sido montada por el hemisferio izquierdo a partir de
componentes, por lo que es comprensible solo a partir de sus partes; la máquina
no tiene vida y sus partes son inertes – las palancas no cambian su naturaleza
según su contexto.
Ahora quiero intentar apartarme un poco de la cuestión
de qué "funciones" realizan los hemisferios, supuestamente similares
a la máquina, y pensar en ellos más globalmente como si tuvieran una
disposición o una postura hacia el mundo - una “visión" desde sí mismo,
por así decirlo. Esto sugiere, que pueden compartir algunos aspectos con la
vida mental humana, ya lo sé; pero ¿es realmente tan extraño como parece - o es
más extraño suponer que todo lo que hacen es computar como máquinas? Si es
cierto que la conciencia, sea lo que sea, surge de la mera complejidad de la
actividad neuronal auto-interconectada, 12 ¿por qué los hemisferios,
las dos masas neuronales más grandes y más densamente auto-interconectadas,
cada una de las cuales equivale a la mitad del cerebro, y cada una de las
cuales es capaz de sostener la vida consciente por sí misma, no deberían tener
algunas de las características de la conciencia normal? Los hemisferios en
pacientes con el cerebro dividido tienen cada uno, una personalidad distinta,
con gustos y preferencias característicos, según una de las personas que más se
dedica al estudio de estos pacientes.13 El inconsciente, si bien no
es idéntico al hemisferio derecho, está sin duda más estrechamente asociado con
él (para un análisis más completo de esta cuestión, véanse más adelante). En
este sentido, podría esperarse que los hemisferios separados tengan
personalidades y valores distintos: como escribió Freud, del inconsciente es
"un reino particular de la mente con sus propias
pulsiones de deseo, su propio modo de expresión y sus peculiares mecanismos
mentales que no están presentes en otros lugares".14
Este es solo otro modelo, y como todos los modelos, debe tomarse como lo
que es, una comparación, no una identificación. Lo más que uno puede esperar es
que permita que algo se ponga de manifiesto, algo diferente al menos de lo que
se pone de relieve en el relato cognitivista convencional. La aplicación de un
modelo diferente, no el de la máquina sino el de la persona, a cada hemisferio
revela diferentes aspectos y nos permite tener una idea de cada hemisferio como
un todo en lugar de como un ensamblaje de piezas.
LO QUE NOS DICE EL LENGUAJE ACERCA DE
LOS HEMISFERIOS
Dado que lo que
pensamos sobre el mundo y lo que conocemos de él está, nos guste o no, mediado
en gran parte por el lenguaje, merece la pena examinar más de cerca la
naturaleza del lenguaje y su relación con los hemisferios. Es probable que nos
diga mucho sobre las diferencias entre los hemisferios, sobre cómo se relaciona
cada hemisferio con el mundo en general, e incluso cómo se relacionan los
hemisferios entre sí, ya que el mismo lenguaje es nada menos que una versión
del mundo, un tipo de experiencia, que por lo tanto tiende un puente entre lo
físico y lo abstracto, lo inconsciente y lo consciente, lo implícito y lo
explícito.
El lenguaje es competencia de ambos hemisferios y, al
igual que todo lo demás, tiene diferentes significados en cada hemisferio. Cada
uno lo utiliza de manera diferente, y sobresalen distintos aspectos en el uso
que hacen de él uno u otro hemisferio.
Volvamos a la estructura del cerebro y echemos otro
vistazo a esa extraña asimetría en la región parietal izquierda, donde se dice
que reside el lenguaje. ¿No es obviamente, esa asimetría consecuencia de
que se dedica a eso? ¿Cuál es el problema con esa explicación?
Si bien es cierto que la expansión del hemisferio
izquierdo se asocia hoy en día con las funciones del lenguaje,15 la
creencia de que es el lenguaje el que ha necesitado dicha expansión plantea dificultades.16 Por
un lado, los registros fósiles de los primeros humanos, mucho antes de que los
antropólogos creyeran que se había desarrollado el lenguaje,17 ya
mostraban este patrón típico de asimetría cerebral.18 Aún más
sorprendente es el hecho de que algunos de los grandes simios, y posiblemente
otros primates como los babuinos, que claramente no tienen lenguaje,19 ya muestran una asimetría similar a la del
cerebro humano, con un agrandamiento en la misma zona del hemisferio izquierdo
que en los humanos se asocia con el lenguaje.20 El planum temporale, que en los humanos
está sin duda asociado con el lenguaje, y que es en general más grande en el
lado izquierdo que en el derecho, es también más grande asimétricamente, en el
lado izquierdo, en orangutanes, gorilas21 y chimpancés.22 Y
la torsión de Yakovlev, también está presente no solo en los fósiles humanos,
sino en los grandes simios.23
Además, ahora que sabemos más sobre el funcionamiento
de nuestro propio cerebro, sabemos que en realidad no es cierto que el lenguaje
dependa de un hemisferio: su funcionamiento se distribuye a través de los dos.
Si bien es cierto que la mayor parte de la sintaxis y el vocabulario, el meollo
del lenguaje, se encuentra en la mayoría de los casos en el hemisferio
izquierdo, es sin embargo, el hemisferio derecho el que se encarga de las
funciones lingüísticas superiores, como la comprensión del significado de una
frase u oración en su contexto, su tono, su significado emocional, junto con el
uso del humor, la ironía, la metáfora, etc. Sin embargo, aunque sea el
hemisferio derecho el que, en términos lingüísticos, pinta el cuadro, sigue
siendo el hemisferio izquierdo el que sostiene la "caja de pinturas".
Después de un ictus en el hemisferio izquierdo, el pintor del hemisferio
derecho se queda sin sus materiales. De ahí la antigua opinión de que el
hemisferio izquierdo era el "dominante": en su ausencia no se pinta
ningún cuadro, no hay un discurso coherente. Pero el argumento de que el
lenguaje tenía que residir en un solo lugar, explicando así la expansión del
hemisferio izquierdo, simplemente no se sostiene.
Entonces, ¿a qué se debe esta expansión del
hemisferio izquierdo? Tal vez, se ha propuesto, sea consecuencia de la
condición de ser diestros. Pero esto plantea una pregunta adicional, por qué
hemos desarrollado la tendencia a ser diestros. La suposición habitual es que,
al ser el hombre el animal que fabrica herramientas, se necesitaba una
habilidad adicional para fabricar tales herramientas, lo que requería una
especialización. Sin embargo, no es tan evidente por qué la habilidad se
consigue mejor con una sola mano. Operarios hábiles podrían ser incluso aún más
hábiles si pudieran usar ambas manos igualmente bien, y el cerebro no está
sujeto a una regulación económica que signifique que el desarrollo de una mano
deba hacerse a expensas de la adquisición de habilidades de la otra. Sin
embargo, es un hecho evolutivo que, tanto para el uso como para la fabricación
de herramientas, hemos tendido claramente a preferir la mano derecha, que está
controlada por el lado izquierdo del cerebro - de hecho por una parte del
cerebro que está, por cierto, muy cerca del área de Broca, la parte del
hemisferio izquierdo que se ha hecho cargo del poder expresivo de la sintaxis y
el vocabulario, de los nombres de las cosas y de cómo los juntamos.
Además, si volvemos a mirar a los primates superiores,
también resulta que algunos de ellos comienzan a preferir la mano derecha para
agarrar las cosas, a pesar del hecho de que, aunque utilicen palos y
piedras, no sean desde luego fabricantes de herramientas en el sentido humano.24
Es poco probable que cualquier asimetría en sus cerebros se deba a la necesidad
de espacio cerebral para albergar las complejas habilidades de fabricación de
herramientas. Su mano derecha prensil debe ser un signo de otra cosa.
Lo más extraño, es que parece que no es una
expansión en general. Lo que hay es una deliberada inhibición de
la expansión en el área correspondiente del hemisferio derecho. E incluso
conocemos los genes que lo hacen. El investigador que los descubrió comentó:
"Se puede asumir con seguridad que la asimetría que terminó conduciendo al
lenguaje es poco probable que haya aparecido por el lenguaje...Es probable que
haya aparecido por alguna otra razón y que básicamente haya sido cooptada por
el lenguaje".25
La lateralización de la función cerebral y la asimetría de su estructura,
ocurrieron sin el lenguaje o el uso de herramientas. No estoy diciendo que, una
vez que la asimetría del hemisferio se aceleró en los humanos, no tuviera nada
que ver con el lenguaje o con la preferencia por la mano derecha: obviamente
fue así.26 Mi argumento es que estos no pudieron haber sido los
impulsores, el origen del fenómeno; las asimetrías asociadas con el lenguaje y
la preferencia por la mano derecha deben ser epifenómenos de otra cosa, algo
más fundamental, más primitivo. ¿Qué fue eso?
LOS ORÍGENES DEL
LENGUAJE
Para entender mejor esta asimetría,
necesitamos dar un paso atrás por un momento y preguntarnos por qué tenemos
lenguaje después de todo. Debido a qué el mundo sin él es tan inimaginable, y
puesto que el lenguaje es el medio a través del cual evaluamos todas las cosas,
incluido el propio lenguaje, es más difícil de lo que parece a primera vista
enfocarlo ¿Qué clase de cosa es el lenguaje? ¿De qué clase de plan podría
formar parte?, y ¿tiene algo en común con la preferencia por la mano derecha?
Obviamente, se
podría pensar que el lenguaje debe haberse desarrollado para la comunicación.
Pero eso no es tan obvio como parece. Hace unos trescientos o cuatrocientos mil
años o más, el Homo heidelbergensis,
el antepasado común del Homo Sapiens
y del Homo neanderthalensis, tenía un
cerebro de gran tamaño y un aparato vocal comparable a los de los humanos
modernos y, aunque no podemos estar seguros de la fecha más temprana en que
surgieron tales características, es muy posible que haya sido hace medio millón
de años.27 Sin embargo, las evidencias sugieren que no desarrollamos
el grado sofisticado de manejo de símbolos que requiere el lenguaje hasta un
periodo mucho más tardío, posiblemente hasta hace tan poco, como unos cuarenta
mil años, y en cualquier caso no antes, de unos ochenta mil años, que es cuando
surgen de forma repentina y profusamente los primeros vestigios de culturas,
junto con las evidencias de representaciones visuales, y cuando los humanos
comienzan a hacer rituales para el enterramiento a sus muertos.28
Parecería, entonces, que durante una gran parte de la historia de la humanidad,
a pesar de tener un cerebro grande y presumiblemente una inteligencia elevada,29
se las arreglaron para comunicarse satisfactoriamente sin el lenguaje tal
y como hoy lo entendemos. Hay que admitir que no eran civilizados en el sentido
real de la palabra. Pero sobrevivieron y prosperaron como animales sociales,
viviendo en grupos. ¿Cómo se comunicaban nuestros antepasados, si no era
mediante el lenguaje?
Abordar estas
cuestiones requiere examinar otra curiosidad de lo que nos dicen los registros
fósiles. Sabemos que el lenguaje hablado depende, no solo de un espacio
cerebral suficiente para albergar un diccionario y una gramática, sino también
de unas características bastante específicas del aparato vocal (no solo de las
cuerdas vocales, sino también de las partes articulatorias de la lengua y de la
boca) que nos permiten articular una amplia gama de sonidos, así como de un
notable grado de control respiratorio, que nos permite pronunciar frases
largas, fluidas y articuladas, y modular sutilmente la entonación a lo largo de
una sola respiración. Todas las lenguas conocidas requieren estas características.
Monos y primates no tienen tal control, lo que es una de las razones por las
cuales los intentos de entrenarlos para hablar han sido tan infructuosos. Solo
las aves pueden imitar el habla humana, mientras que no pueden hacerlo nuestros
parientes más cercanos: el aparato vocal de las aves, o siringe (literalmente,
"flauta") y su sofisticado control de la respiración, explican el
porqué.30
¿Cuándo
desarrollaron estas capacidades los humanos? Podría pensarse que es una tarea
imposible, evaluar en qué momento de la historia humana nuestros antepasados
desarrollaron el sofisticado control del aparato vocal y la respiración que
ahora poseemos. Sin embargo, algunas ingeniosas observaciones permiten hacer
una inferencia fiable. Para acceder a la lengua, el nervio que la inerva, el
nervio hipogloso, tiene que pasar por una abertura en la base del cráneo,
llamada canal condilar anterior. La carga de trabajo que tiene que hacer un
nervio se refleja en su tamaño; a su vez, el diámetro del orificio a través del
cual pasa indica el tamaño del nervio. Así que, midiendo el diámetro del canal
en la base del cráneo, podemos hacernos una idea bastante aproximada de cuánto
trabajo articulatorio tenía que hacer la lengua del "dueño" del
cráneo. Consideraciones similares se aplican al canal vertebral torácico por el
que pasan los nervios que controlan la respiración de los músculos de la caja
torácica. Y lo que encontramos, como cabría esperar, es que simios y primates
tienen canales mucho más pequeños, tanto en relación con los nervios de la
articulación vocal como con los de la respiración, que los humanos actuales.
Pero, y aquí está la rareza que invita a la reflexión, el examen de los
primeros esqueletos humanos, de mucho antes del periodo en que creemos que
surgió el lenguaje, revelan tamaños de los canales casi indistinguibles de los
de los humanos actuales. ¿A qué se debe eso?
La respuesta más
probable es una sorpresa, y requiere un cierto cambio de encuadre para la
mayoría de nosotros. Porque la explicación de este sofisticado control y
modulación de la producción de sonido, en ausencia del lenguaje tal y como lo
conocemos, tuvo que ser una especie de lenguaje no verbal, en el que había
entonación y fraseo, pero no propiamente palabras: ¿y qué es eso, si no la
música?
Existen
importantes similitudes entre la música y el lenguaje, lo que sugiere al menos
un origen común. Por ejemplo, muchos aspectos sutiles del lenguaje están
mediados por regiones del hemisferio derecho que también median en la
interpretación y la experiencia de la música. Además, estas regiones del
hemisferio derecho son las homólogas de áreas del hemisferio izquierdo que
están implicadas en la elaboración y comprensión del lenguaje - están en la
"misma" posición al otro lado del cerebro. La música y el lenguaje
tienen una arquitectura compartida, construida a partir de frases de entonación
relacionadas por una especie de 'sintaxis'; aunque la sintaxis de la música
tiene más que ver con la forma general de toda la pieza durante muchos minutos
(o, en el caso de Wagner, de horas) 31 que con la relación
específica de elementos sucesivos y rápidos en una progresión lineal. Tanto en
la música como en el habla, la frase es la unidad básica de la estructura y
función, y tanto las frases del habla como las frases musicales tienen melodía
y ritmo, que desempeñan un papel crucial en su expresividad. Existe incluso una
estrecha relación semántica entre la música y el lenguaje: las frases musicales
transmiten significados específicos que, de ser necesarios, asociamos intuitivamente
con palabras específicas.32
Sin embargo,
cuando se trata de comprender los orígenes del lenguaje, hay menos acuerdo y
las especulaciones han seguido uno de estos tres caminos. Hay quienes creen que
la música es una derivación inútil, o un epifenómeno, del desarrollo del
lenguaje; hay quienes, por el contrario, creen que el lenguaje mismo se
desarrolló a partir de la comunicación musical (una especie de canto); y,
finalmente, hay quienes sostienen que la música y el lenguaje se desarrollaron
de manera independiente, pero paralela, a partir de un ancestro común, que se
ha denominado "musilenguaje".33 Me parece que esta última
opción es difícil de distinguir de la posición de que "la música fue lo
primero". Esto se debe a que, si bien el “musilenguaje” puede no haber
sido una música muy sofisticada, debe de haberse parecido más a la música que
al lenguaje referencial y, para que haya sido un 'lenguaje' en algún sentido,
debe de haberse basado en lo que consideramos como aspectos musicales - los aspectos
no verbales- del lenguaje, como el tono, la entonación, el volumen, el ritmo y
el fraseo. La existencia misma del concepto de "musilenguaje" no hace
más que poner de manifiesto hasta qué punto, los aspectos musicales del
lenguaje contribuyen al significado, en el sentido de que podrían proporcionar
por sí mismos la base para la comunicación de significados.
La evidencia de los registros fósiles es, como digo,
que el control de la voz y la respiración, necesaria para el canto surgieron
aparentemente mucho antes de que el lenguaje los hubiera requerido. Pero ¿hay
alguna razón, aparte de esta, por la que deberíamos adoptar la visión de que la
música fue lo primero?
LENGUAJE O
MÚSICA: ¿QUE FUE PRIMERO?
Hay, por lo
menos, algunos indicios sobre el tema. En primer lugar, la "sintaxis"
de la música es más sencilla, menos evolucionada que la del lenguaje, lo que
sugiere un origen anterior. Y lo que es más importante aún, la observación del
desarrollo del lenguaje en niños confirma que los aspectos musicales del
lenguaje son efectivamente anteriores. La entonación, el fraseo y el ritmo se
desarrollan primero; la sintaxis y el vocabulario aparecen más tarde. Los
recién nacidos ya son sensibles a los ritmos del lenguaje; 34 prefieren
el "habla infantil" - también conocida como "parloteo de
bebé" - que enfatiza lo que se llama prosodia, la música del habla. En
respuesta a esto, tan pronto como nace su hijo, las madres amplían las
variaciones de su tono, su repertorio y elevan el tono general de su habla, además
de ralentizar el tempo y enfatizar su ritmo.35 Los bebes, pueden
distinguir el timbre y entonación de la voz de su madre, y la prefieren a
cualquier otra,36 y pueden
distinguir la entonación única de su "lengua materna", que de nuevo
también prefieren a otras.37 Estas
capacidades para distinguir las inflexiones características de un idioma, o
incluso de un hablante individual, no son signos de un talento innato para el
idioma como tal: se basan en aspectos del procesamiento holístico del
hemisferio derecho, capaz de hacer discriminaciones finas sobre patrones
globales y que tienen poco que ver con el procesamiento analítico del lenguaje
por parte del hemisferio izquierdo.38 De hecho, incluso los primates
pueden identificar voces individuales, utilizando tales características. Por lo
tanto, estos procesos en los recién nacidos tienen que ver con la activación de
áreas del cerebro que se encargan de los aspectos no verbales y musicales del
habla. Existe un principio (no del todo fiable) según el cual “la ontogenia
recapitula la filogenia”, en otras palabras, que el desarrollo de los
individuos de una especie sigue un curso similar al del desarrollo de la
especie en su conjunto: un ejemplo sencillo es el desarrollo inicial de una
cola en el embrión humano, que posteriormente se pierde. En la medida en que
este principio es válido, entonces la música es anterior al lenguaje. Una
observación en este sentido fue hecha incluso por Salomon Henschen: “La
facultad musical es filogenéticamente más antigua que el lenguaje; ya que
algunos animales tienen dicha facultad musical, y las aves en un alto grado.
También es más antigua desde el punto de vista ontogenético, ya que el niño
comienza a cantar antes que a hablar".39
En última instancia, la música es comunicación de la
emoción, la forma más fundamental de comunicación que, en la filogenia, así
como en la ontogenia, fue y es lo primero. La investigación neurológica apoya
firmemente la suposición de que "nuestro amor por la música refleja la
capacidad ancestral de nuestro cerebro de mamífero para transmitir y recibir
sonidos emocionales básicos", la prosodia y el movimiento rítmico que
emergen intuitivamente del acoplamiento del cuerpo en la expresión emocional:
"La música se construyó sobre mecanismos prosódicos del hemisferio derecho
que nos permitieron la comunicación afectiva emocional a través de entonaciones
vocales."40 Presumiblemente, tales “mecanismos” fueron muy
importantes para la supervivencia grupal. También es probable que tuvieran
raíces profundas: "la profunda conmoción emocional que se genera por la
música", escribe el influyente antropólogo Robin Dunbar, "sugiere que
la música tiene orígenes muy antiguos, muy anteriores a la evolución del
lenguaje."41
Esta conclusión no ha sido aceptada universalmente.
Hay varias razones, pero una de ellas destaca, al menos en lo que respecta a
los genetistas. La aparición de nuevos avances debe demostrar una ventaja
evolutiva. El lenguaje, se argumenta, da una gran ventaja por el poder que
confiere a su poseedor: pero, ¿qué tiene que ver la música con el poder - qué
ventaja puede aportar? Aparentemente no te pone en posición de asestar un golpe
de gracia a tú rival y no parece ser una forma de preservar tus genes (a pesar
de apelaciones poco convincentes a lo que se podría llamar el "factor Tom
Jones"). Así, la música ha sido considerada como una “exaptación” inútil
del lenguaje: es decir, una adaptación de una habilidad, originalmente
desarrollada por su ventaja competitiva en un área, para un propósito muy
diferente.42 Así, escribir a máquina podría verse como una
exaptación de la habilidad digital desarrollada para fabricar herramientas: no
fue la presión por publicar más artículos que sus colegas, lo que hizo que se
desarrollara esta habilidad en primer lugar, como tampoco tenemos piernas para
dar empleo a los sastres. La música sería, en tal sentido, un subproducto
irrelevante de alguna innovación más competitiva, como el lenguaje: Steven
Pinker por cierto lo considera así, e incluso sugiere que la música carece de
sentido y es tan decadente como la pornografía o la afición a la comida grasienta.43
Sin embargo, las pruebas no se inclinan a favor de que la música sea una
exaptación del lenguaje - sino más bien lo contrario. Si el lenguaje evolucionó
más tarde, parece que lo hizo a partir de la música. Así que el problema
evolutivo continúa (espero poder ofrecer una posible solución del problema en
el momento oportuno).
No solo los genetistas pueden tener dificultades con dicha
idea. Actualmente, tendemos a pensar en la música como algo periférico, si no
inútil. Estamos inclinamos a arquear una ceja cuando se habla de nuestros
antepasados como “Neandertales cantores".44 Pero, de hecho,
muchos teóricos del lenguaje, como Rousseau en el siglo XVIII, von Humboldt en
el siglo XIX y Jespersen en el XX, han pensado que es probable que el lenguaje
se haya desarrollado a partir de la música, de modo que las teorías de Mithen y
otros en el siglo XXI no salen de la nada.45
Que podamos utilizar medios no verbales, como la
música, para comunicarnos no es, en cualquier caso, algo sorprendente. El
choque viene en parte por la forma en que los occidentales vemos actualmente la
música: hemos perdido el sentido de la posición central que la música ocupaba
antes en la vida comunitaria, y que todavía ocupa en la mayor parte del mundo.
A pesar de que no hay ninguna cultura en el mundo que no tenga música y en la
que las personas no se reúnan para cantar o bailar, hemos relegado la música a
un segundo plano. Podríamos pensar en la música como una experiencia
individualista, incluso solitaria, pero eso es raro en la historia del mundo.
En sociedades estructuradas de forma más tradicional, la interpretación de la
música desempeña un papel integral e integrador, no solo en las celebraciones,
los festivales religiosos y otros rituales, sino también en el trabajo y el
ocio cotidianos; y es, sobre todo, una interpretación compartida, no solo algo
que escuchamos pasivamente.46 Es una forma vital de unir a las
personas, de ayudarlas a tomar conciencia de la humanidad compartida, de los
sentimientos y las experiencias compartidas y de reunirlas activamente. En
nuestro mundo, la competencia y la especialización han hecho de la música algo
compartimentado, algo alejado del núcleo de la vida. Así Oliver Sacks escribe:
Esta función
primordial de la música se ha perdido hasta cierto punto hoy en día, en que
tenemos una clase especial de compositores e intérpretes, y el resto de
nosotros estamos reducidos a una escucha pasiva. Uno tiene que ir a un
concierto, o a una iglesia o a un festival musical, para recuperar la emoción
colectiva y el vínculo de la música. En tal situación, parece haber una verdadera unión de sistemas nerviosos...47
Pero si resultara
que la música lleva al lenguaje, en lugar del lenguaje a la música, esto nos
ayudaría a comprender por primera vez el hecho histórico, de otro modo
desconcertante, de que la poesía surgió antes que la prosa.48
La prosa fue conocida al principio como pezos
logos, literalmente "logos
pedestre o caminante,”, en
contraposición al habitual logos danzante de la poesía. De hecho, la
poesía primitiva se cantaba: así que la evolución de las habilidades literarias
progresa, si esa es la palabra correcta, desde la música del hemisferio derecho
(palabras que se cantan), al lenguaje del hemisferio derecho (el lenguaje
metafórico de la poesía), y luego al lenguaje del hemisferio izquierdo (el
lenguaje referencial de la prosa).
Es probable que la música sea el antecesor del
lenguaje y que surgiera principalmente en el hemisferio derecho, que es donde
cabría esperar que surgiera un medio de comunicación con los otros que
promoviera la cohesión social.
COMUNICACIÓN SIN
LENGUAJE
La predominancia del lenguaje y, sobre
todo, de los efectos de la palabra escrita, puede haber contribuido por sí
misma al declive de la música en nuestra cultura. (Espero mostrar en capítulos
posteriores que la cultura de la palabra escrita tiende inevitablemente hacia
el fenómeno predominante en el hemisferio izquierdo de un mundo competitivo,
especializado y compartimentado). Puede que al principio nos cueste aceptar la
primacía de la música, ya que estamos atrapados en una cultura tan determinada
y dependiente del lenguaje que no podemos imaginar que sea de otra manera. Y debido
a que la parte de la comunicación de la que somos conscientes radica en la
elección de las palabras, imaginamos erróneamente que es ahí donde radica la
mayor parte de la comunicación o incluso toda. De lo que no somos conscientes,
y necesitamos para la mayoría de propósitos permanecer inconscientes, es de que
la mayor parte de los mensajes que comunicamos no están en las palabras en
absoluto. Los animales se comunican entre sí, e incluso cooperan, sin lenguaje,
así que ¿por qué no habría de ocurrir en nosotros?
Algunos animales
adoptan una forma de "musilenguaje", utilizando la entonación, no
solo el lenguaje corporal, para comunicarse con los humanos: miren al perro
doméstico. Entre ellos se comunican preferentemente por el olor y el lenguaje
corporal. Pero ellos han logrado ser conscientes del hecho de que la entonación
es una parte importante de la comunicación con los humanos. Aunque por muy
buenos comunicadores vocales que sean, sus posibilidades son limitadas: no
tienen ni el rango de conceptos que transmitir, ni el aparato vocal o
respiratorio que los primeros humanos habrían poseído para transmitirlos.
En caso de que
uno se sienta tentado a pensar que la música nunca podría proporcionar un medio
de comunicación lo suficientemente flexible o extenso para los homínidos, hay
que recordar que la amplia vida social de algunos de los animales no humanos
más inteligentes, no solo los bonobos, sino también mamíferos acuáticos, como
ballenas y delfines, incluyendo las complejas maniobras de ataque de las orcas,
son coordinadas enteramente mediante lo que podríamos llamar "música",
un "lenguaje" de tonos, entonaciones en una relación temporal.49
Y nuestros hijos preverbales se comunican con nosotros - no siempre, es cierto,
con la claridad deseada, pero sí con suficiente eficacia. Incluso las personas
que sufren accidentes cerebrovasculares en el hemisferio izquierdo, y que de
forma repentina y devastadora han perdido el uso del lenguaje, pueden aprender
a comunicar una serie de intenciones y significados, así como, obviamente,
emociones, a pesar de que tienen la
doble desventaja de no haber crecido aprendiendo de forma instintiva e
intuitiva la habilidad de comunicarse sin palabras, y de que viven en una
cultura que se ha organizado totalmente en torno a la comunicación a través del
lenguaje.
Quizá la
evidencia más sorprendente, es que existen tribus en la cuenca del Amazonas,
como los Pirahã, una tribu de cazadores-recolectores
en Brasil, cuya lengua es en realidad una especie de canción, poseyendo una
gama tan compleja de tonos, acentuaciones y longitudes de sílabas, que sus
hablantes pueden prescindir por completo de sus vocales y consonantes y cantar,
tatarear o silbar las conversaciones.50
Para nuestros
ancestros primates, que claramente no tenían habla, el lenguaje corporal
desempeñaba un papel vital en la cohesión social, especialmente en las
prolongadas sesiones de aseo mutuo. Una de las teorías es que las canciones,
una especie de lenguaje musical instintivo con entonación, surgieron
precisamente debido a que, con la aparición de los humanos, los grupos sociales
se hicieron demasiado grandes para que el acicalamiento fuese práctico como
medio de vinculación. La música, en este sentido, es una especie de
acicalamiento a distancia; que no requiere el contacto físico, pero sí de igual
manera un lenguaje corporal. Y, según esta teoría, el lenguaje referencial fue
una evolución tardía a partir de ello.51 Se estima que, incluso
ahora, más del 90% de la comunicación entre humanos se realiza por medios no
verbales, a través del lenguaje corporal, y especialmente, a través de la
entonación. La comunicación, después de todo, no es solo el tipo de lenguaje
que usamos para hablar sobre las cosas. La música es comunicación - pero
nos habla a nosotros, no acerca de cosas. No se refiere (a un
tercero); tiene una existencia "Yo- tu", no una existencia "Yo-
ello".
De hecho, incluso sin las pruebas antropológicas,
podríamos dudar de que el lenguaje fuera necesario para la comunicación, aunque
solo fuera porque el lenguaje, a diferencia de otras formas de comunicación más
intuitivas y musicales, es el medio perfecto para ocultar, en vez de revelar,
el significado. El hecho de que ahora nos comunicamos principalmente a través
del lenguaje no debería hacernos olvidar el hecho igualmente importante de que
no lo necesitamos para la mayoría de los tipos de comunicación. La mayor parte
de nuestra comunicación se lleva a cabo sin ella, nos guste o no, y el lenguaje
puede incluso hacer que algunos tipos de comunicación sean más problemáticos.
PENSAMIENTO SIN
LENGUAJE
¿Pero puede decirse que, aunque el
lenguaje no sea estrictamente necesario para la comunicación, su aparición fue
necesaria para que los humanos se convirtieran en los seres pensantes que son,
capaces de formar conceptos, emitir juicios, tomar decisiones, resolver
problemas, todo lo que es característico de nuestras funciones más elevadas?
Pues no, realmente, de hecho, no en absoluto. La creencia de que no se puede
pensar sin lenguaje es otra falacia del proceso introspectivo, por la que
pensar con palabras acerca del lenguaje solo sirve para confirmar
la importancia del proceso verbal. Cuando nosotros conscientemente hacemos una
introspección, o retrospección, sobre nuestros propios procesos de pensamiento,
y tratamos de reconstruir lo que sucede, cómo funciona la mente, solo podemos
hacerlo como si en esas circunstancias intentáramos llevar a cabo la tarea,
conscientemente, poniéndolo en palabras. Pero la mente no actúa así. Llevamos a
cabo la mayoría de los procesos mentales que normalmente constituyen lo que
entendemos por pensar sin hacer nada conscientemente, ni con el lenguaje,
siquiera. Damos sentido al mundo, formamos categorías y conceptos, sopesamos y
evaluamos evidencias, tomamos decisiones y resolvemos problemas, todo ello sin
lenguaje, y sin siquiera ser conscientes del proceso.
De hecho, muchas
de esas cosas solo pueden realizarse satisfactoriamente si no tenemos una
conciencia demasiado explícita del proceso, que de otro modo tendría un efecto
limitador e inhibidor. Existen muchos ejemplos de famosos problemas científicos
que se resolvieron sin lenguaje. Después de muchas cavilaciones, Kekulé captó
la forma del anillo bencénico, el fundamento de la química orgánica, cuando la
imagen de una serpiente mordiéndose la cola surgió de las brasas de su fuego;
Poincaré, tras haberse pasado quince días tratando de refutar las funciones
Fuchsianas, de repente vio su realidad, después de tomarse una taza de café
negro, "las ideas surgieron en tropel - las sentí chocar hasta que los pares se
entrelazaron"; más tarde le vino a la mente la relación de estas funciones
con la geometría no-euclidiana, en el momento en que subía a un autobús, y
aunque estaba en medio de una conversación completamente ajena a la cuestión
("luego de regreso a Caen, verifiqué a conciencia el resultado con
tranquilidad"). La estructura de la tabla periódica de los elementos se le
apareció a Mendeléyev en un sueño. Einstein escribió que "las palabras o
el lenguaje, tal como se escriben o se hablan, no parecen desempeñar ningún
papel en el mecanismo de mi pensamiento…"52 Gauss y Helmholtz
hicieron observaciones similares. El pensamiento matemático, mediado
principalmente por el hemisferio derecho, tiene lugar en tres dimensiones.
Rudolf Arnheim escribió en su obra clásica, "Pensamiento Visual", tan convincente hoy como cuando se
escribió en 1969: "Lo que tenemos que reconocer es que las formas
perceptivas y pictóricas no son solo traducciones de los productos del
pensamiento, sino el propio pensamiento en carne y hueso".53 Observen
esa expresión: "el propio pensamiento en carne y hueso". Tendré más
que decir sobre esto más adelante en la discusión sobre el lenguaje y el
cuerpo. Pero la cuestión es la siguiente: el hecho de que seamos más
conscientes de aquellos momentos en los que pensamos explícitamente en palabras
- y que actualmente concibamos que todo el pensamiento tiene lugar en palabras
- no debe hacernos creer que el lenguaje es necesario para el pensamiento.
Incluso podría ser un impedimento para ello. La mayoría de las formas de
imaginación, por ejemplo, o de innovación, de resolución intuitiva de
problemas, de pensamiento espiritual o de creatividad artística requieren que
trascendamos el lenguaje, al menos el lenguaje en el sentido aceptado de un
código referencial. La mayor parte del pensamiento, como la mayor parte de la
comunicación transcurre sin lenguaje.
Es más, en términos
evolutivos, el pensamiento, incluyendo la formación de conceptos, es claramente
anterior al lenguaje. Aparte de la ya mencionada existencia de sofisticados
homínidos preverbales, sabemos que los animales pueden pensar y formar
conceptos. Cualquier ser sintiente que viva en un entorno donde necesita
defenderse de depredadores y encontrar lo suficiente para comer debe ser capaz
de formar conceptos y clasificar las cosas en categorías. Sin ello, se vería
obligado a comenzar desde cero en cada encuentro con amigos o enemigos, con
plantas o venenos, y no duraría mucho. Estas suposiciones se ven corroboradas
por la evidencia de estudios que demuestran que, de hecho, la percepción de
categorías no es exclusiva de los seres humanos y, por lo tanto, no puede
depender del lenguaje.54 La capacidad de categorizar es, de hecho,
casi universal.55 Las palomas, por ejemplo, pueden categorizar
diferentes tipos de hojas, peces o personas. Incluso pueden distinguir un
rostro humano en una multitud, y objetos artificiales de los naturales.56
De hecho, también
se ha demostrado que son capaces de clasificar imágenes de dibujos animados y
de discriminar ejemplos de arte moderno, por ejemplo, un Monet de un Picasso.57
Entrenados para poder picotear una palanca que les daba acceso a semillas
de cáñamo en respuesta a uno u otro tipo de imagen, fueron capaces de elegir
apropiadamente, e incluso pudieron comenzar a hacer generalizaciones entre
Monet y Renoir, y entre Picasso y Braque. Y su discriminación no se basó en una
característica, como el del color o el contorno, ya que también se realizaron
pruebas en blanco y negro y desenfocadas. De manera similar las palomas pueden
distinguir a Bach, de Hindemith o Stravinski.58 Por cierto, las
carpas pueden distinguir el blues de la música clásica; incluso, y sospecho que
el investigador se permitió un cierto sentido de humor aquí, al poner Muddy
Waters y el Trout Quintet (el quinteto de
la Trucha) (por si se preguntan cómo lo hizo, las carpas tenían que
presionar un disco con su hocico: una elección correcta daba como resultado una
bolita de comida).59 Y los animales son en general capaces de hacer representaciones
mentales, de generalizar y de formar categorías y de razonar, aunque no tengan
lenguaje.60 Los perros
incluso entienden las conexiones aparentemente arbitrarias entre palabras y
acciones o cosas.
La formación de
conceptos, junto con la capacidad de ver las relaciones entre cosas y
acontecimientos, y la capacidad de vincular conceptos con signos de algún tipo,
presumiblemente movimientos físicos, surgió a través de la selección natural y
formó el sustrato del lenguaje mucho antes de la aparición de la humanidad
actual. La planificación prospectiva, que hasta ahora se considerada un rasgo
distintivo de la cognición humana, está claramente presente en las aves que no
tienen lenguaje (algo que vale la pena destacar ya que, por ejemplo, Alex, un
loro gris africano de Irene Pepperberg, era capaz de comunicarse, planificar y
razonar, ya que tenía bastante vocabulario).61 Incluso la "teoría
de la mente"; es decir, la capacidad de atribuir estados mentales a otros,
que se ha convertido en el estandarte del pensamiento complejo y multinivel, que
los niños no lo adquieren hasta los cuatro años, y que algunos sujetos, en
particular autistas, nunca lo adquieren del todo: está intacto en humanos que
han perdido el lenguaje,62 y puede estar presente hasta cierto punto
en chimpancés y primates.63 Por lo tanto, está claro que la
"teoría de la mente" tampoco puede depender del lenguaje.
Una vez más, no
solo los animales, sino las crías de nuestra propia especie, evidencian que es
un error suponer que los significados dependen del lenguaje, aunque nuestro
hemisferio izquierdo consciente sea incapaz de concebir un significado que no
se transmita con palabras. El significado y la capacidad de comunicar
significados son anteriores al lenguaje en el desarrollo humano. Y lo que es
más, tales significados están mediados, no por el hemisferio izquierdo, sino
por el derecho. La sintonización de expresiones faciales emocionalmente
expresivas entre la madre y el bebé durante la maduración temprana del
hemisferio derecho del niño, significa que, mucho antes de que el bebé
comprenda o pronuncie una sola palabra, posee ya un extenso repertorio de
señales para comunicar su estado interno.64
Que el
pensamiento no depende del lenguaje también lo demuestran quienes han
desarrollado alguna afasia, es decir, que han perdido la facultad del habla.
Los que se recuperan son capaces de describir su experiencia y tenemos la
suerte de contar con la descripción que dejó Jacques Lordat, profesor de
fisiología en la Universidad de Montpellier, un hombre que de una forma un
tanto irónica, había hecho un estudio sobre la afasia. En 1843 publicó un
artículo en el que daba una descripción detallada de un episodio afásico, que
le duró varias semanas, que él mismo había experimentado después de un derrame
cerebral. Lordat observa que
cuando yo quería hablar no encontraba las
expresiones que necesitaba...en el
pensamiento estaba disponible, pero
los sonidos que tenían que expresarlo como intermediarios ya no estaban a mi
disposición...no era capaz de aceptar...la teoría de que los signos verbales
son necesarios, incluso indispensables para el pensamiento.65
De hecho, los
sujetos que han sufrido un derrame cerebral demuestran que incluso el
razonamiento complejo y el cálculo matemático no dependen del lenguaje.66
La estructura sintáctica es distinta de la estructura lógica: los sujetos que
han perdido el control de la sintaxis tras un ictus en el hemisferio izquierdo
siguen siendo capaces de utilizar procesos de pensamiento sofisticados, tan
complejos como la estructura de sintaxis complejas, y pueden calcular y razonar
perfectamente bien.67 Los
pacientes con demencia semántica también pueden realizar cálculos, a veces
excepcionalmente bien.68
Que no
necesitamos palabras para sostener conceptos lo demuestran también algunas
magnificas investigaciones llevadas a cabo en pueblos indígenas con
vocabularios de estructura muy diferente a la nuestra. Resulta que, por
ejemplo, los conceptos numéricos no dependen de la preexistencia de términos
lingüísticos para ellos. Tribus con escasas palabras para los números (como la
tribu amazónica de los Mundurukú, que no tienen ninguna palabra para un
valor superior a tres) pueden tener éxito en tareas aritméticas que involucran
valores tan grandes como ochenta. Algunos miembros de la tribu Mundurukú hablan tanto su propio
idioma, con un vocabulario extremadamente limitado para los números, como en
portugués, en el que hay un rango ilimitado de palabras numéricas, mientras que
otros solo hablan Mundurukú. No obstante, los dos grupos de hablantes obtienen
resultados equiparables en tareas de cálculo (tanto si su vocabulario numérico
va más allá del "3" como si no), y ambos grupos obtienen resultados
tan buenos como los grupos de control francófonos; y esto es así en adultos y
niños.69 La idea del
"infinito recursivo" - es decir, que se puede seguir agregando un número indefinidamente para obtener
números cada vez más grandes - es algo natural para nosotros, incluso cuando no
figura en nuestros sistemas simbólicos establecidos, aunque Chomsky y sus
colegas hayan supuesto que se deriva de la propiedad recursiva de las lenguas
naturales.70 Los Oksapmin de Papua, Nueva Guinea, que utilizan partes del cuerpo como
sistema de conteo, adaptaron rápidamente su sistema a una regla de conteo
generativa (es decir, poder contar más y más, hasta "ordenes" de
magnitud claramente demasiado grandes para que haya un número de partes del
cuerpo) cuando los tiempos cambiaron y se introdujo el dinero en su sistema.71
Parece que tales conceptos clave son innatos, en lugar de ser impuestos
culturalmente como producto de un lenguaje aprendido, y esto se confirma aún
más por las investigaciones sobre la forma en que los niños desarrollan los
conceptos de número.72
Pero, se puede
decir, que seguramente necesitamos el lenguaje para discriminar, o al menos para
hacer discriminaciones finas, entre las cosas que experimentamos: ¿cómo podemos
organizar la experiencia si no tenemos "etiquetas" para lo que
percibimos? Esto también resulta ser falso. Por ejemplo, no tener una palabra
para un color no significa que no podamos reconocerlo. Los indios Quechi, tienen solo cinco términos para los colores, pero pueden
diferenciar las tonalidades tan bien como cualquier occidental; y, más cerca,
los alemanes, que no tienen una palabra propia para el color "rosa",
pueden por supuesto reconocerlo de la misma manera.73 Sin embargo,
las palabras pueden influir en nuestras percepciones. Pueden interferir
en la forma en que percibimos los colores - y las expresiones faciales, para el
caso - lo que sugiere que las palabras para los colores pueden establecer
nuevos límites en la percepción de los mismos, y que el lenguaje puede imponer
una estructura en la forma en que interpretamos las caras.74 En
otras palabras, el lenguaje no es necesario ni para la categorización, ni para
el razonamiento, ni para la formación de conceptos, ni para la percepción: no
da lugar por sí mismo al paisaje del mundo en el que vivimos. Lo que hace, más
bien, es dar una forma a ese paisaje fijando los "distritos" en los
que lo dividimos, definiendo qué categorías o tipos de entidades vemos
allí – según cómo lo moldeemos.
En este proceso,
el lenguaje ayuda a que algunas cosas destaquen, pero por la misma razón hace
que otras se desvanezcan. La observación del desarrollo infantil lo
confirma:
Se ha sugerido que nuestros conceptos están
determinados por el lenguaje que hablamos (la hipótesis de Sapir-Whorf). Sin
embargo, esto no es más que una verdad a medias o en una cuarta parte. Sin
duda, los niños a menudo adquieren primero el concepto y luego rápidamente
aprenden la palabra para describirlo, lo cual sería el camino opuesto desde el
punto de vista de Sapir-Whorf. Además, existen evidencias de que los bebés de
cinco meses tienen un concepto, relacionado con el grado de ajuste de la ropa,
que posteriormente pierden si su lengua materna no incorpora el mismo concepto.75
La hipótesis
de Sapir-Whorf sostiene una verdad parcial - si no se tiene palabra,
es probable que se pierda el concepto; pero esta investigación demuestra
que el concepto puede surgir sin la palabra y, por lo tanto, no depende de
ella. Así que el pensamiento es antes
que el lenguaje. A lo que el lenguaje contribuye es a afianzar ciertas
formas particulares de ver el mundo y darles fijeza. Esto tiene su lado bueno y
su lado malo. Ayuda a la coherencia de las referencias en el tiempo y el
espacio. Pero también puede ejercer una fuerza restrictiva sobre lo que
pensamos y cómo lo pensamos. Representa una versión más fija del mundo:
da forma a nuestro pensamiento, no lo fundamenta.76
Así pues, el
lenguaje no es esencial para la comunicación o el pensamiento, y puede
interrumpir o interferir con ambos. Así que volvemos a la pregunta: ¿por qué
surgió realmente el lenguaje y para qué sirve?
Puede haber una pista en el hecho de que la otra
característica humana que convencionalmente nos define, además del lenguaje, es
la fabricación de herramientas, y que esto está asociado con el desarrollo de
la habilidad de la mano derecha: interesantemente en la misma área del
hemisferio izquierdo donde está la semántica y la sintaxis. Pero incluso si el
desarrollo de la habilidad con la mano derecha hubiera provocado el crecimiento
de la petalia izquierda (lo que
no pudo haber hecho, porque el crecimiento es muy anterior a ello) aún nos
quedaría la pregunta de por qué el proceso tuvo que ser asimétrico. A menos que
la agenda de los dos hemisferios sea muy diferente.
EL LENGUAJE Y LA MANO
La localización
de la capacidad de agarrar en el hemisferio izquierdo, cerca del lenguaje, no
es casual y nos dice algo. Sabemos por experiencia que hay muchas conexiones
entre la mano y el lenguaje. Por ejemplo, es evidente que existe una estrecha
relación entre el lenguaje hablado y la riqueza del lenguaje gestual que suele
acompañarlo. En sujetos normales, la restricción del movimiento de la mano
produce un efecto adverso en el contenido y fluidez del habla.77
Ramachandran incluso relata un caso de una joven que nació sin extremidades
superiores. Esta persona experimentaba el síndrome del brazo fantasma; y el
hecho de que tenga brazos fantasmas, como ocurre en otras personas sin
extremidades congénitamente, es bastante interesante (normalmente se piensa que
los miembros fantasmas son el vestigio de una extremidad que se ha perdido, que
en otras palabras, debía de haber estado allí originalmente).78
Pero, aunque estos brazos fantasmas, por ejemplo, no se balanceaban a los lados
cuando iba caminando, no podía evitar sentir que gesticulaban cuando ella hablaba.
A pesar de que nunca había sido capaz de usar un brazo o una mano, el habla
activaba estas áreas de su cerebro.79
También a nivel neurofisiológico, resulta que hay similitudes entre las
habilidades necesarias para la producción del habla y las requeridas para el
movimiento de las manos, específicamente del movimiento de la mano derecha.80
De hecho, según Marcel Kinsbourne, el lenguaje se desarrolla
específicamente en relación con la "acción del lado derecho y, en
particular, la orientación hacia la derecha".81 Se trata, según
él, de una "elaboración, extensión y abstracción de la función
sensoriomotora”, originada en un proto-lenguaje formado por “enunciados que eran
coincidentes e impulsados por el mismo ritmo que el movimiento en cuestión”.82
Para confirmar la estrecha conexión entre el lenguaje y el cuerpo,
especialmente los movimientos de señalar y agarrar con la mano derecha, se
puede ver a los bebés y niños pequeños, señalar mientras balbucean, y los niños
“siempre señalan mientras nombran y no nombran sin señalar, estirando la mano
derecha... El balbuceo también puede aparecer en conjunción con secuencias
motoras que son resultados de las respuestas de orientación- locomoción,
agarre, y manipulación".83 Y la asociación no es solo válida
para el niño: incluso en el adulto, el lenguaje, el gesto y el movimiento
corporal son "diferentes actualizaciones del mismo proceso".84
Las capacidades manipulo-espaciales pueden haber constituido la base del
lenguaje primitivo, y tales habilidades y el lenguaje referencial requieren
mecanismos neuronales similares.85 Los elementos sintácticos del
lenguaje bien pueden derivar de los gestos.86 Y no solo de los gestos, sino de los
movimientos de la mano más funcionales, más manipulativos: tanto la fabricación
de herramientas como el habla son "comportamientos seriados, sintácticos y
manipuladores basados en complejas articulaciones de patrones
biomecánicos".87 De hecho, la conexión es tan fuerte que una de
las teorías es que el lenguaje referencial puede haber evolucionado, no a
partir de sonidos, sino directamente a partir de los movimientos de las manos -
y no solo eso, sino específicamente de los movimientos que se hacen para agarrar.88
La proximidad de la función se
refleja en la anatomía, por la proximidad del área del habla y el área del
cerebro encargada de la capacidad de agarre. Como ya se mencionó, en el área de
Broca, el área motora del habla del lóbulo frontal, intervienen ciertas
neuronas especializadas llamadas neuronas espejo que están implicadas en los
movimientos de los dedos, y que también se activan al observar a otras personas
realizar movimientos de las manos.89
Esta complicidad entre el lenguaje y los movimientos
de agarre de la mano no es solo un interesante hallazgo neurofisiológico y
neuroanatómico. Es intuitivamente correcto, como lo demuestran los términos que
utilizamos para describir las comprensiones y expresiones lingüísticas. No es
casualidad que hablemos de lo he "cogido”, cuando entendemos lo que
alguien está diciendo. La metáfora de agarrar está muy arraigada en la forma de
hablar acerca del propio pensamiento en la mayoría de los idiomas (por ejemplo,
los diversos derivados en romance de la palabra latina com-prehendere, y las afines de be-greifen en las lenguas germánicas). En su fascinante estudio
sobre la mano humana, el psicólogo húngaro de habla alemana Géza Révész
escribe:
En alemán, la noción de "handeln"
(actuar) abarca
todas las actividades humanas significativas y dirigidas a un objetivo.
Caracteriza inequívocamente la personalidad total del hombre. Esta idea no se
limita a la manipulación externa, es decir, a las acciones que producen cambios
en el mundo exterior. También incluye la acción interna, las actividades
intencionadas de la mente. En su modo de manipulación, el hombre experimenta su
"yo” verdadero. A través de él, adquiere poder sobre la naturaleza física,
reúne un rico fondo de material de la experiencia, aumenta su rango de
efectividad y desarrolla sus capacidades...los impulsos, las aspiraciones, los
deseos, las decisiones presionan para su realización, y esto ocurre
principalmente a través de la mediación de la mano...Si deseamos transmitir que
hemos aprendido algo mental, decimos que lo hemos cogido.90
El señala palabras, como Erfassen,
Begriff, begreiflich, Eindruck, Ausdruck, behalten, auslegen, überlegen. También las hay
en inglés - no solo grasp y comprehend, (agarrar, comprender) sino
también palabras como impression, expression, intend, contend, pretend,
(impresión, expresión, pretender, contener) (estas
últimas procedentes del latín tendere, alcanzar con la mano).
Entre otras cosas, Révész llama la atención sobre hecho de que, aunque el
tacto es el primero, más básico y convincente de los sentidos (los organismos
más simples solo tienen vellos o cilios táctiles), sin embargo, solo puede
proporcionar una imagen fragmentada de algo. La manipulación de algo
proporciona un fragmento de información cada vez, y luego uno tiene que reunir
las partes: no da una sensación del conjunto. También señala que distinguir
cosas con la mano es una cuestión de qué tipo de cosa es, y no de cuál
en particular.
Todo esto – este agarre, esta toma de control, esta aprehensión fragmentada
del mundo, esta distinción de tipos, en lugar de cosas individuales - se lleva
a cabo en la mayoría de nosotros con la mano derecha. Así que, no es sorprendente
que en estas reflexiones se escondan las pistas sobre la naturaleza de los
procesos del hemisferio izquierdo. En todos estos aspectos, no solo en la toma
de control, sino en la forma de abordar la comprensión, construyéndola paso a
paso, en lugar de ser capaz de percibirla en su totalidad, en el interés por
las categorías de las cosas en lugar de por los individuos, la comprensión
sigue un camino acorde con las operaciones del hemisferio izquierdo. También es
a través de agarrar las cosas que conferimos a las cosas certeza y fijeza:
cuando son inciertas o cambiantes, decimos que "no podemos poner el dedo en la llaga", o que "no lo tenemos bien agarrado". Esto también es un aspecto
importante del mundo de acuerdo al hemisferio izquierdo. La idea de “agarrar”
implica apoderarse de una cosa para nosotros, para usarla, sacarla de su
contexto, sujetarla con fuerza, concentrarse en ella. La aprehensión que
tenemos, nuestro entendimiento en este sentido, es la expresión de nuestra
voluntad, y es el medio de poder. Es lo que nos permite "manipular" -
literalmente tomar un puñado de lo que necesitamos - y así dominar el mundo que
nos rodea.
Y, como para confirmar la profunda relación entre el hemisferio izquierdo y
la instrumentalidad, la actitud de agarrar y usar, recordemos que el uso de
herramientas se representa preferentemente en el hemisferio izquierdo incluso
en individuos zurdos. Esto es sin duda un hallazgo notable. Aunque el cerebro
de una persona está organizado de tal manera que el hemisferio derecho gobierna
las acciones cotidianas de la mano izquierda, los conceptos del uso de
herramientas no activan de manera preferencial el hemisferio derecho, sino el
izquierdo.91 Y otras pruebas,
igual de destacables, demuestran que, una vez más, incluso en los zurdos, las
acciones específicas de agarrar están asociadas con el control del hemisferio
izquierdo, es decir, el concepto está separado del control de la mano como tal.92
Por otra parte, los movimientos
exploratorios de la mano, en vez de los de agarrar, activan la corteza parietal
superior derecha, incluso cuando la mano que está explorando es la mano
derecha.93 Estos
resultados de las investigaciones por neuroimágenes están de acuerdo con la
experiencia clínica. Los sujetos con daños en el hemisferio derecho tienden a
agarrar cualquier cosa que esté a su alcance, o incluso blanden su mano derecha
en el espacio vacío, como si buscaran algo que agarrar. Y no se trata
simplemente de la liberación de un reflejo primitivo: a diferencia de sujetos que
muestran un reflejo de agarrar, son capaces de aflojar su agarre de inmediato,
en cuanto se les pide que lo hagan. Es volitivo.94 Y el contraste
con sujetos con daños en el hemisferio izquierdo, que, por lo tanto, depende de
su hemisferio derecho, no podría ser más acentuado:
Cuando
se le pide al paciente que copie los gestos del investigador, trata de poner
sus propias manos en el investigador...Cuando sus manos se ponen en acción,
parece como si buscaran no permanecer aisladas, como si trataran de
"encontrar compañía en algo que llene el espacio vacío".95
LENGUAJE Y
MANIPULACIÓN
No soy el primero que ha conjeturado que
el lenguaje referencial se originó en algo distinto a la necesidad de
comunicar. El filósofo Johann Gottfried Herder, quien en 1772 publicó uno de
los ensayos más importantes e influyentes sobre los orígenes del lenguaje,
observó que lo que yo llamaría el elemento “yo-tú” de la comunicación al nivel
más intuitivo, la fuerza empática que está presente en la música, es poco característica
del lenguaje humano, concluyendo que "el lenguaje aparece como un órgano
natural de la razón".96 Esto podría requerir una matización, ya
que como he subrayado, el razonamiento se realiza sin el lenguaje; pero lo que
señala aquí es la importancia del lenguaje principalmente como ayuda a un
cierto tipo particular de cognición. Más cerca de nuestros días, el destacado
neurocientífico estadounidense Norman Gershwin se aventuró a afirmar que,
después de todo, el lenguaje podría no haberse originado en un impulso de
comunicación, que llegaría más tarde, sino como un medio para cartografiar el
mundo.97 Yo estoy de acuerdo con eso y voy un poco más allá. Es un
medio de manipulación del mundo.
Entender la
naturaleza del lenguaje depende, una vez más de pensar acerca de la ”como-eidad” (como-lo hace) no de la
“que-eidad” (que-hace). El desarrollo del lenguaje denotativo permite, no la
comunicación en sí misma, sino un tipo especial de comunicación, no el
pensamiento en sí mismo, sino un tipo especial de pensamiento.
Ciertamente no es
tan importante para la comunicación personal dentro de una relación, e incluso
puede ser un impedimento en este caso. Las conversaciones telefónicas, en las
que se pierden todas las señales no verbales, aparte de alguna información del
tono parcialmente degradada, son insatisfactorias no solo para amantes y
amigos, sino para todos aquellos para los que el intercambio personal es
importante; no se puede esperar que este medio funcione bien para, por ejemplo,
llevar a cabo sesiones de terapia o para cualquier tipo de entrevista. No está
en sintonía con la relación “Yo-tu”. Cuando las palabras son útiles es en la
transmisión de información, específicamente sobre algo que no está presente
ante nosotros, algo que está alejado en el espacio o en el tiempo, cuando usted
y yo necesitamos cooperar para hacer algo sobre alguna otra cosa. Esto
amplia casi inimaginablemente el ámbito de la relación del “Yo-ello" (o
"nosotros-ello").
¿Y qué hay del
papel que juega el lenguaje, a partir de su existencia, en el pensamiento? Una
vez más, el rol del lenguaje es dar control sobre el mundo, en particular sobre
aquellas partes que no están presentes espacial o temporalmente, un mundo que
en este proceso se transforma desde el "yo-tú" del mundo de la música
(y del hemisferio derecho) al mundo del “yo-ello” de las palabras (y el hemisferio
izquierdo). Las palabras por sí solas hacen que los conceptos sean más estables
y estén disponibles para la memoria.98 Nombrar cosas nos da poder
sobre ellas, de modo que podamos utilizarlas; cuando a Adán le fueron dadas las
bestias para su uso y para "tener dominio" sobre ellas, también fue a
él a quien le fue dado el poder de nombrarlas. Y la formación de categorías
proporciona límites más claros al paisaje del mundo, dando a una determinada
visión del mismo una mayor solidez y permanencia. Puede que esto no haya
comenzado con los humanos, pero obviamente el lenguaje referencial le dio un
gran impulso. El lenguaje afina la expresión de las relaciones causales. Amplía
enormemente el abanico de referencias del pensamiento y amplía la capacidad de planificación
y manipulación. Permite la memorización indefinida de más de lo que podría
retener cualquier memoria humana. Estas ventajas, de memorización y fijación
que aporta el lenguaje, por supuesto, aumentan enormemente cuando el lenguaje
se convierte en escrito, permitiendo que los contenidos de la mente queden fijados
en algún lugar del espacio externo. Y a su vez, esto amplía aún más las
posibilidades de manipulación e instrumentalización. Los textos escritos más
antiguos que se conservan son los registros burocráticos.
El lenguaje, en
resumen, aporta precisión y fijeza, dos características muy importantes si
queremos tener éxito en la manipulación del mundo. Y, específicamente, aunque
no nos guste reconocerlo, sirve para manipular a otros seres humanos. No
podemos ocultar fácilmente la verdad en la comunicación no verbal, pero
sí con las palabras. No podemos dirigir fácilmente a otros para que lleven a
cabo nuestros planes sin el lenguaje. No podemos actuar a distancia sin el
lenguaje. Al parecer, el lenguaje comienza con lo que parecieran ser
aspiraciones imperiales.
Por supuesto, no
hay nada malo en la manipulación en sí misma, en tener proyectos sobre cosas
que podemos controlar, cambiar o hacer nuevas. Estas son ciertamente
características humanas básicas, y son los cimientos fundamentales de la
civilización. En este sentido, el lenguaje es tal, y como se concibe de forma
convencional pero simplista, un don sumamente precioso e importante.
Y volviendo a las
necesidades de los lóbulos frontales, el lenguaje proporciona el marco para una
representación virtual de la realidad. El lenguaje permite al hemisferio
izquierdo representar un mundo "sin-conexión", una versión conceptual
distinta del mundo de la experiencia, protegido del entorno inmediato, con sus impresiones
persistentes, sentimientos y demandas, abstraído del cuerpo, donde ya no se
ocupa de lo concreto, específico, individual, e irrepetible y en constante
cambio, sino de una representación incorpórea del mundo, abstracta, central, no
particularizada en tiempo y lugar, de aplicación general, clara y fija. Aislar
artificialmente las cosas de su contexto ofrece la ventaja de permitirnos
concentrarnos atentamente en un aspecto concreto de la realidad y en cómo se
puede modelar, de modo que pueda ser captada y controlada.
Pero sus pérdidas
son en cuanto a la imagen global. Todo lo que se encuentra en el ámbito de lo
implícito, o que depende de la flexibilidad, todo lo que no puede ser enfocado
y fijado, deja de existir en lo que concierne al hemisferio hablante.
También se desplaza la balanza hacia los intereses del
hemisferio izquierdo, que no siempre están en consonancia con los del derecho.
Hay muchos vínculos entre el lenguaje y la capacidad para agarrar, y tienen una
agenda similar. Ambos permiten concentrarse en el mundo: la captación mental,
al igual que la física, requiere la precisión y fijeza que proporciona el
lenguaje, haciendo que el mundo esté disponible para su manipulación y
posesión. ¿Fue el afán de poder, encarnado en la voluntad de controlar el
entorno, lo que aceleró la manipulación de símbolos y la expansión del
pensamiento conceptual (ya presente en algunos simios99 y en
nuestros primeros ancestros) dando lugar a la expansión del hemisferio
izquierdo antes de que evolucionaran el lenguaje y la capacidad de agarrar?
Bajo esta luz, el lenguaje y la capacidad de agarrar pueden verse como
expresiones en el nivel fenoménico de un impulso más profundo del hemisferio
izquierdo: la manipulación efectiva del mundo, y más allá, la competencia con
otras especies y con los otros. Una vez que se estableció la capacidad de
manipulación en el hemisferio izquierdo, y sin duda especialmente una vez que
el poder de abstracción se integró con los comienzos del lenguaje referencial,
el uso preferencial de la mano derecha para llevar a cabo la manipulación
literal del entorno habría seguido de forma natural.
LA METÁFORA
El lenguaje funciona como el dinero. Es
sólo un intermediario. Pero, al igual que el dinero, toma algo de la vida de
las cosas que representa. Empieza en el mundo de la experiencia y regresa al
mundo de la experiencia - y lo hace a través de la metáfora, que es una función
del hemisferio derecho, y está arraigada en el cuerpo. Para usar una metáfora, el
lenguaje es el dinero del pensamiento.
Sólo el
hemisferio derecho tiene la capacidad de entender la metáfora.100
Esto podría no sonar demasiado importante, como si fuese algo interesante, a la
hora de hacer un poco de crítica literaria. Pero eso es solo una muestra del
grado en que nuestro mundo discursivo está dominado por los hábitos mentales
del hemisferio izquierdo. El pensamiento metafórico es fundamental para nuestro
entendimiento del mundo, porque es la única manera en que nuestra
comprensión puede salir del sistema de signos para llegar a la vida misma. Es
lo que vincula el lenguaje con la vida.
El término
metáfora implica algo que te lleva a través de una brecha implícita (en griego,
meta- "a través", pherein - llevar). Cuando digo que el
lenguaje es metafórico, no estoy pensando solo en Keats dirigiéndose a una urna
griega - "Tú, todavía desamparada esposa de la quietud, / tú, hija
adoptiva del silencio y el tiempo lento.” Aquí hay claramente muchas
metáforas complejas interactuando, y es obvio que esto crea algo nuevo y
diferente de una descripción objetiva del Jarrón de Sosibios. Se trata de un lenguaje metafórico en un sentido
dramático. Pero hay otros dos sentidos, más amplios, y a la vez relacionados,
en los que el lenguaje es metafórico. Hablando metafóricamente, se podría decir
que el lenguaje está disponible para llevarnos al mundo de la experiencia,
tanto en lo “más alto" como en lo “más bajo".
En el extremo
"más alto" me refiero a cualquier contexto, y éstos no se encuentran,
ni mucho menos solo en la poesía, en el que las palabras se utilizan para activar
una amplia red de connotaciones, que aunque presentes en nosotros, permanecen
implícitas, de modo que los significados se aprecian como un todo, de una vez,
por la totalidad de nuestro ser, consciente e inconsciente, en lugar de estar
sujetos a los efectos aislantes de la atención secuencial y de foco estrecho.
Mientras permanezcan implícitos, no pueden ser secuestrados por la mente
consciente y ser convertidos en otra serie de palabras, en una paráfrasis. Si
esto sucediera, su poder se perdería, como un chiste que hubiera que explicar
(el humor es una facultad del hemisferio derecho).
En el extremo
"más bajo", me refiero al hecho de que cada palabra, en sí misma y
por sí misma, al final tiene que llevarnos fuera de la red del lenguaje al
mundo vivo, en última instancia a algo que solo puede ser señalado, algo que se
relaciona con nuestra existencia encarnada. Incluso palabras como 'virtual' o
'inmaterial' nos remiten en su derivación latina, a veces por caminos muy
tortuosos, a las realidades terrenales de la fortaleza de un hombre (vir-tus), o a la sensación de un trozo
de madera (materia). Todo tiene que
expresarse en términos de algo más, y ese algo más, al final, tiene que volver
al cuerpo. Para cambiar de metáfora (e invocar el espíritu de Wittgenstein) ahí es donde la pala
llega al lecho de roca y se desvía. No
hay nada más fundamental en relación a lo que podemos entender que eso.
Eso es como la
relación del dinero con los bienes materiales en el mundo real. El dinero toma
su valor (en el extremo más bajo) de algunas cosas reales, y posiblemente vivas
– las vacas o gallinas de alguien, en algún lugar - y solo adquiere valor
realmente cuando se traduce en bienes o servicios reales - alimento, ropa,
pertenencias, reparación del coche - en el ámbito de la vida cotidiana (en el
extremo “más alto”). Entre tanto, puede participar en numerosas transacciones
"virtuales" consigo mismo, el tipo de cosas que suceden dentro de un
sistema monetario cerrado.
Permítanme enfatizar que la brecha a través de la cual
la metáfora nos lleva es una brecha que el propio lenguaje crea. La
metáfora es la cura del lenguaje para los males que el lenguaje conlleva (de la
misma manera que, en mi opinión, el verdadero proceso de la filosofía es curar
los males que implica el filosofar). Si la separación existe en el nivel del
lenguaje, no existe en el nivel de la experiencia. En ese nivel, las dos partes
de una metáfora no son similares; son la misma. El pensador alemán Jean
Paul (Johann Paul Friedrich Richter) escribió en 1804, en su Vorschule der
Asthetik (Introducción a la
estética):
Las
ingeniosas figuras del lenguaje pueden dar alma al cuerpo o cuerpo al espíritu.
Originalmente, cuando el hombre era todavía uno con el mundo, este tropo
bidimensional no existía todavía; no se comparaba lo que no mostraba ninguna
semejanza, sino que se proclamaban identidades: las metáforas eran, como en el
caso de los niños, sinónimos necesarios de cuerpo y mente. Al igual que, en el
caso de la escritura, las imágenes precedieron al alfabeto, la metáfora (en la
medida en que designaba relaciones y no objetos) fue la primera palabra en el
lenguaje hablado, y solo después de perder su color original pudo convertirse
en un signo literal.101
Una metáfora
afirma una vida común que se experimenta en el cuerpo de quien la hace, y la
separación solo está presente en el nivel lingüístico. Nuestro sentido de lo
común de dos ideas, percepciones o entidades no radica en una derivación a posteriori de algo abstraído de cada
una de ellas, que al compararlos posteriormente resulta ser similar, o incluso
una y la misma cosa; sino más bien de una única experiencia concreta,
cinestésica, más fundamental que cualquiera de las dos, y desde la cual
a su vez se derivan. Así, un choque de argumentos y un choque de platillos no
se ven como si tuvieran algo en común después de que la idea desencarnada de
"choque" se abstrae de uno y de otro, y se encuentra -¡aja! – que son
similares; es más bien que estas experiencias – un choque de argumentos y un
choque de platillos, o, para el caso, un choque de espadas, o un choque de
colores - se sienten en nuestros seres encarnados como compartiendo una
naturaleza común.
Cuando la metáfora se parafrasea o se reemplaza, lo
que ha sido extralingüístico, inconsciente y, por lo tanto, potencialmente
nuevo y vivo en la colisión de estas dos entidades, pasa a ser reconstruido,
esta vez sólo en términos de lo que es familiar. El propósito de la metáfora es
reunir la totalidad de una cosa con la totalidad de otra, de modo que cada una de
ellas se vea bajo una luz diferente. Y funciona en ambos sentidos, como siempre
ocurre al unir una cosa con otra. No se puede sujetar a una para que no se
mueva, mientras la otra es atraída hacia ella: deben atraerse mutuamente. Como
dice Max Black: "Si llamar a un
hombre, un lobo es ponerlo bajo una luz especial, no debemos olvidar que la
metáfora hace que el lobo parezca más humano de lo que sería de otra
manera."102 Y
Bruno Snell, hablando de la forma en que Homero compara a un valiente guerrero
con una roca en medio de las olas rompientes, y luego, a su vez, la roca es descrita
como "inquebrantable" por analogía con el comportamiento humano,
escribe con agudeza:
Esta peculiar
situación, a saber, que el comportamiento humano solo se aclara por referencia
a otra cosa que a su vez se explica por analogía con el comportamiento humano,
es propia de todos los símiles homéricos. Más que eso, se da en toda metáfora
genuina y, de hecho, en todos los casos de entendimiento humano. Por lo tanto,
no es del todo correcto decir que la roca se ve antropomórficamente, a menos
que agreguemos que nuestra comprensión de la roca es antropomórfica por la
misma razón por la que somos capaces de mirarnos a nosotros mismos
petromorficamente... el hombre debe
escuchar un eco de sí mismo antes que pueda oírse o conocerse a sí mismo.103
La metáfora (servida por hemisferio derecho) precede
a la denotación (servida por el izquierdo). Esto es una verdad histórica, en el
sentido de que el lenguaje denotativo, incluso el lenguaje filosófico y
científico, se deriva de metáforas basadas en la experiencia inmediata del
mundo tangible.
La metáfora es esencialmente una cuestión de
pensamiento, no solo de palabras. El lenguaje metafórico es un reflejo del
pensamiento metafórico... Eliminando la metáfora se eliminaría la filosofía.
Sin una gran gama de metáforas conceptuales, la filosofía no podría despegar.
El carácter metafórico de la filosofía no es exclusivo del pensamiento
filosófico. Es cierto para todo el pensamiento humano abstracto, especialmente
para la ciencia. La metáfora conceptual es lo que hace posible la mayor parte
del pensamiento abstracto.104
También es una verdad acerca de la
epistemología, sobre cómo entendemos las cosas. Cualquier cosa solo puede
entenderse en términos de otra cosa, y en última instancia, debe reducirse a
algo que se experimenta, fuera del sistema de signos (es decir, al cuerpo). Las
mismas palabras que forman los bloques de construcción del pensamiento
explícito son todas ellas originalmente metáforas, basadas en el cuerpo humano
y su experiencia.
La metáfora encarna
el pensamiento y lo sitúa en un contexto vivo. Estas tres áreas de
diferencias entre los hemisferios, metáfora, contexto y cuerpo, se
interpenetran unas con otras. Una vez más, es el hemisferio derecho, en su
interés por la inmediatez de la experiencia, el que está más densamente
interconectado e involucrado con el cuerpo, la base de esa experiencia. Donde
el hemisferio derecho puede ver que la metáfora es la única manera de preservar
el vínculo entre el lenguaje y el mundo al que se refiere, el hemisferio
izquierdo lo ve o bien como una mentira (Locke, expresando el desdén de la
Ilustración, llamaba a las metáforas “engaños perfectos”) 105 o bien
como una distracción ornamental; y la connotación como una limitación, ya que,
en aras de la certeza, el hemisferio izquierdo prefiere los significados
únicos.
Para el hemisferio izquierdo, en consecuencia, el
lenguaje puede llegar a parecer desconectado del mundo, ser él mismo la
realidad; y la realidad, por su parte, llega a parecer estar hecha de
fragmentos encadenados, como las palabras están encadenadas por la sintaxis. El
hemisferio izquierdo está obligado a ver el lenguaje así porque entiende las
cosas a partir de la observación de “piezas” que luego reconstruye para hacer
algo, y esta es la única vía que tiene para entender tanto el mundo como el
lenguaje mismo, es el medio con el que hace su comprensión, incluyendo su
comprensión del lenguaje.
LENGUAJE
ENRAIZADO EN EL CUERPO
Las metáforas, incluso las más sencillas
que se esconden en expresiones como sentirse “decaído”, derivan de nuestra
experiencia de vivir como criaturas encarnadas en el mundo cotidiano.106
En otras palabras, el cuerpo es el contexto necesario para toda
experiencia humana.
De hecho incluso
el lenguaje, históricamente y en el marco de la historia de cada ser vivo a
medida que él o ella adquieren el lenguaje, pone de manifiesto que no es un
sistema teórico o un conjunto de procedimientos, formado por fragmentos
encadenados por reglas o algoritmos, sino una habilidad encarnada, y sus
orígenes se encuentran en el medio de comunicación empático de la música y del
hemisferio derecho, donde está profundamente conectado con el cuerpo.
Anteriormente
mencioné que había quienes creían que el lenguaje surgió, no de la música, sino
del gesto. Sin embargo, no hay ningún conflicto necesario entre estas
creencias. La música es profundamente gestual por naturaleza: la danza y el
cuerpo están implícitos en ella en todas partes. Incluso cuando no nos movemos,
la música activa la corteza motora del cerebro.107 La música es un
medio holístico, "multimodal", como dice Mithen, que no está limitado
por una modalidad especifica de experiencia. En la medida en que los orígenes
del lenguaje se hayan en la música, se hayan en un cierto tipo de gesto, el de
la danza: social, no intencional ("sin utilidad"). Cuando el lenguaje
comenzó a desplazarse de hemisferio, y a separarse a sí mismo de la música,
para convertirse en el medio verbal y referencial que ahora reconocemos con ese
término, se alineó con un tipo diferente de gesto, el de agarrar, que es, por
contraste, individualista, con un propósito, y limitado a una modalidad.
Pero el lenguaje, si lo atendemos correctamente, aún
arrastra las nubes de gloria de sus orígenes en el hemisferio derecho. En el
siglo XVIII, el filósofo alemán Herder, en su Ensayo sobre el origen del lenguaje, señala que el lenguaje puede
contribuir a cegarnos ante la naturaleza intrínsecamente sinestésica de la
experiencia, pero sugiere que parte de esta, puede captarse, a pesar del
lenguaje, en los sonidos-palabras que surgen de ella:108
Estamos
llenos de tales interconexiones de los más diferentes sentidos...en la
naturaleza todos los hilos son un solo tejido…Las sensaciones se unen y todas
convergen en la zona donde los rasgos distintivos se convierten en sonidos. Así,
lo que el hombre ve con sus ojos y siente con el tacto también puede convertirse
en sonido.109
Sin embargo, con
el auge de la lingüística de Saussure
en el siglo XX, se puso de moda insistir en la naturaleza arbitraria de los
signos, un movimiento sorprendente y contra intuitivo, destinado a subrayar la
"libertad" del lenguaje en la medida de lo posible de las ataduras
del cuerpo y del mundo físico que describe. Sin embargo, hay muchas pruebas de
que los sonidos de las palabras no son arbitrarios, sino que evocan de forma
sinestésica, la experiencia de las cosas a las que se refieren. Como se ha
demostrado repetidamente, las personas que no tienen ningún conocimiento de un
idioma, pueden, sin embargo, adivinar correctamente qué palabra, o cuál de
estos signos supuestamente arbitrarios – corresponde a cada objeto, en lo que
se conoce como el efecto "kiki/bouba" (kiki evoca un objeto con forma de
punta, mientras 'bouba' evoca un objeto suavemente redondeado).110
Por mucho que el lenguaje proteste por lo contrario, sus orígenes se encuentran
en el cuerpo como un todo. Y la existencia de una estrecha relación entre el
gesto corporal y la sintaxis verbal implica que no solo los nombres concretos,
las "palabras-de cosas", sino incluso los elementos del lenguaje más
aparentemente formales y lógicos, tienen su origen en el cuerpo y la emoción.
La estructura profunda de la sintaxis se basa en secuencias fijas de movimiento
de las extremidades de criaturas que corren.111 Esto respalda las
pruebas que examinaré en el Capítulo 5, en el sentido de que las propias
estructuras y el contenido del pensamiento existen en el cuerpo antes de
su expresión en el lenguaje.
¿Por qué hago
énfasis en este origen corporal del pensamiento y del lenguaje? En parte porque
ha sido negado en nuestra época, no solo, ni siquiera principalmente, por De
Saussure y sus seguidores. Más que eso, el hecho de su negación me parece que
forma parte de una tendencia general, a lo largo de los últimos cien años más o
menos, hacia un rechazo cada vez mayor de nuestro ser encarnado, en favor de
una versión abstraída, cerebralizada, y maquinal de nosotros mismos, que se ha
impuesto en el pensamiento popular, a pesar de que haya tendencias más
recientes en la filosofía que intentan, con grados de éxito muy diversos, alejarse
de tales conclusiones. Como dejan claro Lakoff y Johnson,
la propia
estructura de la razón proviene de los detalles de nuestra corporeidad. Los
mismos mecanismos neuronales y cognitivos que nos permiten percibir y movernos
también crean nuestros sistemas conceptuales y modos de razón...La razón es
evolutiva, en el sentido de que la razón abstracta se basa y hace uso de formas
de inferencia motora y perceptiva presentes en animales
"inferiores"…. Por lo tanto, la razón no es una esencia que nos
separa de otros animales; más bien, nos sitúa en un continuo con ellos.112
La huida del
lenguaje del hechizo del cuerpo durante los últimos cien años representa, en mi
opinión, parte de una revuelta más amplia del modo de concebir el mundo por el hemisferio
izquierdo contra el hemisferio derecho, el tema de la Parte II de este libro.
La vehemencia de
la comparación de la música con exaptaciones tan inútiles como la pornografía y
la inclinación por la comida basura sean intencionales o no, hacen que sea
difícil argumentar que el lenguaje, la valiosa herramienta de la cognición
científica, provenga en última instancia del turbio mundo de las emociones y el
cuerpo. ¿Es eso lo que se está negando? ¿O acaso es que el discurso científico,
tan dependiente del lenguaje referencial, no le gusta reconocer esos esqueletos
en el armario familiar, y le resultan embarazosos sus ancestros corporales, de
agarrar y manipular? Cualquiera que sea el motivo, el lenguaje hace todo lo
posible por ocultar sus huellas y negar su parentesco.
Por ejemplo, el
auge de la teoría chomskiana de la gramática universal.113 La
creencia que las estructuras del lenguaje analítico están cableadas en nuestros
cerebros contribuye a perpetuar la idea de que el cerebro es una máquina
cognitiva, un ordenador equipado con un programa basado en reglas para
estructurar el mundo, en lugar de ser el lenguaje una parte inextricable de un
organismo vivo encarnado que desarrolla habilidades implícitas, y
performativas, a través de un proceso empático de imitación inteligente. Si
bien no estoy en condiciones de hacer plena justicia a un tema que todavía
sigue siendo objeto de un vivo debate entre expertos, es indiscutible que la
existencia de una gramática universal tal como la concibió Chomsky es muy discutible.
Sigue siendo marcadamente especulativa cincuenta años después de que la haya
postulado, y es discutido por muchos nombres importantes en el campo de la
lingüística.114 Y algunos hechos son difíciles de cuadrar con ella.
Resulta que lenguas de todo el mundo utilizan una variedad muy amplia de
sintaxis para estructurar las frases.115 Pero lo que es más
importante, la teoría de la gramática universal no es compatible de forma
convincente con el proceso demostrado por la psicología del desarrollo, por el
que los niños adquieren el lenguaje en el mundo real. Los niños demuestran
ciertamente una notable habilidad para captar espontáneamente las formas
conceptuales y psicolingüísticas del habla, pero lo hacen de una manera mucho
más holística que analítica. Ellos son asombrosamente buenos imitadores - no
máquinas de copiar, sino imitadores.
La imitación
puede reducirse ciertamente a una cuestión de copia rutinaria: descomponer una
acción en una serie de pasos y reproducirlos mecánicamente. La copia deliberada
y explícita de gestos individuales, fuera de contexto, sería así. Pero la
imitación también puede estar impulsada por un sentimiento de atracción que nos
lleva, por un proceso que permanece desconocido, a aprehender esa totalidad e
intentar sentir como debe ser desde dentro, por así decirlo,
"habitar" a la otra persona. Así es como imitamos la voz de alguien,
sus patrones de habla o sus ademanes físicos, su forma de hablar o de caminar.
Utilizo el término "atracción" en un sentido que no hace ningún
juicio sobre el valor de su objeto: si la imitación puede ser la forma más
sincera de adulación, también puede ser la forma más sincera de burla. Pero a menudo
conlleva una carga de atracción positiva hacia su objeto: nos convertimos en
quienes somos imitando los modelos de personas que admiramos o respetamos.
También es la forma en que adquirimos la mayoría de nuestras habilidades,
aunque a veces recurramos a la copia de forma rutinaria. Tal imitación es
empática, e implica una identificación. Juega un papel importante en el
desarrollo humano, no solo en la adquisición de habilidades, tal y como,
desarrolla un niño el dominio del lenguaje, sino en el desarrollo de valores
que forman parte de nuestra individualidad. Volveré al tema de la imitación en
el Capítulo 7, cuando considere las posibles formas en que podrían ocurrir los
cambios en la historia de las ideas.
Las habilidades
están encarnadas, y por lo tanto son en gran medida intuitivas: se resisten al
proceso de seguir reglas explicitas. Un clásico de la literatura taoísta, que
escribió Chuang Tzu, contiene varias
historias, como la del Cocinero Ting
despiezando un buey para su señor,
Wen-hui, concebidas para ilustrar el hecho de que una habilidad no puede
adquirirse mediante su formulación con palabras o reglas, sino que solo puede
aprenderse observando y siguiendo con los ojos, manos y, en última instancia,
con todo el ser: donde el mismo experto no es consciente de cómo realiza lo que
hace.116 Como dicen Dreyfus
y Dreyfus en su libro Mind Over Machine (“la mente sobre la
maquina”): "la habilidad de un experto se convierte en una parte tan
importante de él que no necesita ser más consciente de ella de lo que sería de
su propio cuerpo.”117 A pesar de las poderosas sugerencias de lo
contrario, el lenguaje no es una abstracción de la vida, un juego, con
sus proposiciones de autonomía, trivialidad y definición por reglas. No, él es
una extensión de la vida. En la famosa frase de Wittgenstein: "imaginar un
lenguaje significa imaginar una forma de vida" - no una representación
virtual de la vida, sino una forma de vida.118
Un niño no
adquiere la habilidad del lenguaje, al igual que la habilidad para la vida,
aprendiendo reglas, sino imitando, una forma de identificación empática,
generalmente con sus padres, o al menos con aquellos miembros del grupo que son
percibidos como más competentes. He sugerido que tal identificación implica un
intento (obviamente inconsciente) de habitar el cuerpo de otra persona, y esto
puede sonar algo místico. Pero la imitación es un intento de ser
"como" (en el sentido de experimentar ‘como’ sería ser) otra persona,
y experimentar "como" sería ser otra persona es algo que solo se
puede experimentarse "desde dentro".119 No solo la
adquisición del lenguaje, sino el propio funcionamiento cotidiano del lenguaje,
implica tal habitabilidad. La comunicación se produce porque, en un sentido
necesariamente limitado, pero sin embargo crucialmente importante, llegamos a
sentir lo que es ser la persona que se está comunicando con nosotros. Esto
explica por qué adquirimos los hábitos o tics del habla de la otra persona,
incluso contra nuestra voluntad (un tartamudeo sería uno de esos casos
embarazosos); y explica muchos de los problemas del arrastre emocional en una
conversación, la contratransferencia que se produce, no solo en la terapia,
sino en la vida ordinaria y cotidiana, cuando experimentamos en nuestros propios
marcos los mismos sentimientos que experimenta nuestro interlocutor. Y la
empatía se asocia a un creciente deseo intuitivo de imitar.120
Habitando el
cuerpo del otro: ¿es así como comenzó el lenguaje? ("musilenguaje”) Rudolf
Laban, quien quizás haya observado más de cerca que nadie el significado del
movimiento corporal en las actuaciones, nos ofrece algunas observaciones
fascinantes a este respecto. En el África subsahariana existe una forma de
comunicación basada en el ritmo de tambores que ha sido denominada, quizá de
forma poco acertada, “telegrafía rítmica de tambores". Esta técnica está muy extendida y, con ella se pueden comunicar
mensajes sumamente detallados a través de largas distancias. Según Laban, no
hay ningún intento, como podría imaginar la persona occidental, de imitar el
patrón de sonidos de palabras o frases; eso sería inútil por los muchos idiomas
diferentes que hablan las distintas tribus que ocupan territorios contiguos. En
cambio, "la recepción de estos ritmos de tambor o tam-tam están
acompañados de una visión del movimiento del tamborilero, y es este movimiento,
una especie de danza, el que se visualiza y se entiende".121 La
comunicación se produce porque el oyente habita el cuerpo de la persona que
toca el tambor y experimenta lo que el tamborilero está experimentando.
Aunque en Occidente ya no nos parezca que el lenguaje "corporice" el
significado de esta manera, es posible que al menos nuestra comprensión de la
música todavía comparta esta forma de habitar los movimientos del otro, el
intérprete, el cantante, quizás incluso, el compositor. Laban vuelve a decir:
"Es…. interesante notar que la
música orquestal es producida por movimientos corporales extremadamente precisos
de los músicos", y
propone que tal vez una de las razones por las que nos gusta ver, además de
oír, la música interpretada, es justamente que podemos habitar mejor el cuerpo
del intérprete, una percepción que me parece intuitivamente correcta.122
Recapitulando,
por tanto: el lenguaje se origina como una expresión encarnada de la emoción,
que es comunicada por un individuo "habitando" su cuerpo, y por lo
tanto el mundo emocional, a otro; una habilidad corporal, además, que cada uno
de nosotros adquiere mediante la imitación, por la identificación emocional y
la armonización intuitiva de los estados corporales del que aprende con quien
lo aprende; además, es una habilidad que se origina en el cerebro como un
análogo del movimiento corporal, e involucra los mismos procesos, e incluso las
mismas áreas del cerebro, que ciertos gestos altamente expresivos, así como la
participación de neuronas (neuronas espejo) que se activan por igual cuando
realizamos una acción que cuando vemos que otra persona la lleva a cabo (de
modo que, en el proceso, puede decirse que compartimos casi literalmente la
experiencia corporal del otro y habitamos el cuerpo del otro); un proceso, que
por último, los antropólogos consideran
derivado de la música, a su vez una extensión del acicalamiento, que nos
une como seres físicamente encarnados a través de una forma de lenguaje
corporal extendido que es emocionalmente vinculante para un gran número de
individuos dentro de un grupo. Como mínimo, se puede decir que tiende puentes,
como lo hace todo modo de comunicación, entre individuos, en cada etapa de su
desarrollo y de su práctica, histórica e individualmente, y lo hace apoyándose
en nuestra corporeidad común, dentro de un grupo - cuya imagen, además, es el
cuerpo. A un grupo de personas lo llamamos "un cuerpo", y sus
componentes son vistos como sus extremidades o "miembros". Su
relación dentro del grupo no es meramente aditiva, como lo sería en un
ensamblaje mecánico de piezas, sino combinatoria, produciendo una nueva entidad
que es más que la suma de sus partes. Si se tratara de una sustancia química,
se diría que es un compuesto, en lugar de una mezcla.
Si el lenguaje
comenzó en la música, comenzó con funciones (del hemisferio derecho)
relacionadas con la empatía y la vida en común, no con la competitividad y la
división; promoviendo la unión, o, como yo preferiría, la “entreidad". Por
su naturaleza como medio de comunicación, el lenguaje es inevitablemente una
actividad compartida, como la música, que comienza con la transmisión de emoción
y promueve la cohesión. El canto humano es único: ninguna otra criatura
comienza a sincronizar el ritmo, o a mezclar el tono de sus expresiones con las
de sus congéneres, del modo en que lo hace instintivamente el canto humano. No
es, como el canto de los pájaros, individualista en intención y competitivo en
su naturaleza (recordemos que el canto de los pájaros, como otras expresiones
instrumentales, se basa en el hemisferio izquierdo, no, como la música humana,
en el derecho). Todo lo relacionado con la música humana sugiere que su
naturaleza es compartida, no competitiva. Así, varios antropólogos han
argumentado que el desarrollo de la habilidad musical debe haber sido un
producto, no de la selección individual, sino de la selección grupal, un proceso
por el cual "la reproducción de todos los genes presentes en un grupo se
ve influida de manera similar por los nuevos comportamientos
desarrollados".123 La selección natural explota la diferencia
en las tasas individuales de reproducción exitosa dentro del grupo, pero aquí
todo el grupo se habría beneficiado - en términos de su cohesión como grupo -
de algo que todo el grupo habría desarrollado.124
Y, de hecho, el
lenguaje referencial también tendría que haber sido un producto de la selección
de grupo si realmente tuviera mucho que ver con la comunicación. O bien todos
en el grupo lo desarrollan, y el grupo se beneficia, de modo que los miembros
del grupo prosperen - o no se desarrolla, ya que no sirve de mucho ser un
experto comunicador solitario si tus compañeros no pueden captar el mensaje. Y
esto tiene sentido: las ventajas del lenguaje hablado, como la de cazar de
forma más eficaz, habrían beneficiado a todos los individuos del grupo, incluso
aunque hubiera un rango de desarrollo en las habilidades lingüísticas, ya que
igual que los productos de la caza habrían sido compartidos. La selección
natural clásica, por el contrario, tendría que requerir que la habilidad se
ocultara activamente o se mantuviera en secreto a los demás - una habilidad
que, por su propia naturaleza, tiene que ver con el intercambio de información.
Así que parece que el lenguaje pudo haber comenzado, no como el producto de una
competencia despiadada, sino como otra área en la que la humanidad ha mejorado
gracias a la cooperación y la colaboración.125 Volviendo al puzle de
la música (y su aparente falta de) ventajas competitivas, convencionalmente no
hemos podido ver ninguna ventaja porque estamos acostumbrados a pensar en
términos de individuo enfrentado contra individuo, no en términos de grupo, en
el que los individuos trabajan juntos.
Esta es la
argumentación desde la utilidad. Como tantas otras cosas que se suele decir que
son útiles para un grupo– la música y la danza, el sentido de la belleza, la
sensación de asombro – el lenguaje nos ayudó a ser competidores más efectivos a
nivel de grupo, y no a nivel del individuo. Sin embargo, en última instancia,
creo que el gran logro de la humanidad no es haber perfeccionado su utilidad a
través de la asociación para formar grupos, sino haber aprendido a través de
nuestra facultad para la experiencia intersubjetiva, y nuestra capacidad
relacionada de imitar, para así trascender la utilidad por completo. Podemos, a
través de nuestra capacidad de imitar, elegir por nosotros mismos la dirección
que tomamos, moldear nuestro pensamiento y comportamiento y, por lo tanto,
nuestro futuro humano, de acuerdo con nuestros propios valores, en lugar de
esperar ser guiados por el proceso ciego de la competitividad genética, que
conoce un solo valor, el de la utilidad. Podemos elegir imitar formas de
pensar o de comportarnos; y al hacerlo, aceleramos nuestra evolución en muchos
órdenes de magnitud, y las alejamos de las fuerzas ciegas del azar y la
necesidad, en la dirección o direcciones que elijamos.
Es bastante
extraño encontrar a Dunbar refiriéndose a la danza como algo inútil:
"danzar, un fenómeno que probablemente se clasifique, junto con la sonrisa
y la risa", escribe, "como
uno de los más fútiles de todos los universales humanos".126 Digo
que es extraño porque él más que nadie, debería poder ver más allá de esa
aparente inutilidad para el individuo, su posible utilidad para el grupo. Tal
vez lo hace, y lo llama "fútil" irónicamente. Sin embargo, estoy de
acuerdo con él, que la sonrisa, la risa y la danza son – gloriosamente -
inútiles: ¿Cuántos de nosotros realmente creemos que cuando bailamos, nos
reímos o sonreímos, lo hacemos en última instancia debido a alguna pobre
utilidad para el grupo al que pertenecemos? Quizás no haya ningún fin a la vista.
Quizás estos comportamientos espontáneos no tengan un sentido, ni un propósito
más allá de ellos mismos, aparte de que expresen algo más allá de nosotros.
Quizás, el hecho de que tantos de nuestros rasgos distintivos sean tan
"inútiles" podría hacernos reflexionar. En lugar de buscar, según el
modo del hemisferio izquierdo, la utilidad, quizá deberíamos considerar, según
el modo del hemisferio derecho, que finalmente, a través de la imitación y la
experiencia intersubjetiva, la humanidad ha escapado de algo peor incluso que "la
sombría desolación del azar" de Kant: de la sombría desolación de la
necesidad.127
Al carecer de una
explicación en términos de una causa final - la razón que da sentido a un
comportamiento en función de su resultado - los científicos a veces piensan que
han explicado un fenómeno redefiniéndolo en otro nivel. Así, Dunbar explica
nuestra satisfacción con actividades "fútiles" a través de la
referencia a las endorfinas. El aseo personal, la música, la convivencia, el
amor, la religión - todo resulta misteriosamente por la liberación de
endorfinas. "¿Suena familiar?", pregunta en una de esas ocasiones,
complacido con la simplicidad de su solución, pero consciente de que ya ha
recorrido algunas millas en el aire: "Bien, por supuesto que sí: es la
historia de las endorfinas otra vez".128 Y se supone que eso
explica por fin por qué necesitamos, disfrutamos y nos sentimos cómodos
con tales cosas. Pero, ¿es esto realmente diferente de anunciar con orgullo
que, después de una prolongada investigación, hemos descubierto que la razón
por la que nos disgusta que nos menosprecien, o nos ignoren o nos golpeen en la
cabeza con un garrote es que provoca el agotamiento de las endorfinas, la
reducción de la biodisponibilidad de la serotonina, la secreción de cortisol o
la sobrecarga del sistema nervioso simpático? En el mundo real, sin embargo, no
elegimos participar en actividades porque se liberan endorfinas, aunque la
liberación de endorfinas esté muy bien; sino que cuando nos comprometemos con
lo que, por innumerables razones complejas y sutiles, tiene significado e
importancia para nosotros, somos más felices, y las endorfinas simplemente son
parte de la vía final común para la felicidad, a nivel neuroquímico - al igual
que evitamos a un atracador, no porque nos gustaría mantener altos nuestros
niveles de serotonina el mayor tiempo posible, sino porque es probable que nos
ataque y nos haga la vida desgraciada, siendo el agotamiento de serotonina la
vía común final de esa desdicha.
Así que el
lenguaje es un híbrido. Evolucionó a partir de la música y en esa parte de
su historia representaba el impulso de comunicación; y en la medida en que
conserva elementos empáticos del hemisferio derecho, todavía lo hace. Sus
fundamentos se encuentran en el cuerpo y en el mundo de la experiencia. Pero el
lenguaje referencial, con su enorme vocabulario y su sofisticada sintaxis, no
se originó en un esfuerzo por comunicarse, y desde este punto de vista,
representa algo parecido a un secuestro. Ha hecho todo lo posible para repudiar
tanto sus orígenes corporales como su dependencia de la experiencia - hasta
convertirse en un mundo en sí mismo. Sin embargo, a pesar de todo esto, la
necesidad de hablar no proviene del área de Broca, donde se origina el acto
motriz del habla. Eso es evidente por el hecho de que los sujetos con lesiones
en el área de Broca por lo general parecen estar desesperados por comunicarse.
Proviene del área cingulada anterior, una región profundamente implicada en la
motivación social. Los sujetos con daños en esta área exhiben mutismo
acinético, la falta de deseo de comunicarse a pesar de tener la función del
habla perfectamente normal. "Esto refuerza la conclusión de que el habla
es fundamentalmente un acto social, y que solo se ha tergiversado de forma
tortuosa con fines científicos. Entre paréntesis, los delfines y las ballenas
tienen ricas expansiones neuronales en esta área del cerebro [cingulada
anterior], y parecen ser altamente comunicativos".129 También
se podría señalar que estos animales, famosos por su inteligencia y
sociabilidad, se comunican a través de la música.
El lenguaje ha
hecho todo lo posible para oscurecer su parentesco. Se ha abstraído cada vez
más de sus orígenes en el cuerpo y en el mundo experiencial. Desarrolló su
forma actual para permitir referirnos a lo que no está presente en la
experiencia: el lenguaje ayuda a su re-presentación. Esto tuvo el efecto
de expandir su utilidad para la comunicación y el pensamiento en algunos
propósitos, pero lo redujo en otros. En este proceso, importantes aspectos del
lenguaje, como los elementos denotativos que permiten la precisión de la
referencia y la planificación, se han establecido en el hemisferio izquierdo,
mientras que otros aspectos del lenguaje, en general sus funciones connotativas
y emotivas, se han mantenido en el hemisferio derecho. Y la comprensión del
lenguaje al más alto nivel, una vez que se han reunido los elementos, el
sentido de un enunciado en su contexto, teniendo en cuenta cualquier cosa que
esté sucediendo, incluido el tono, la ironía, el sentido del humor, el uso de
la metáfora, etc.., pertenece una vez más al hemisferio derecho.
La forma en que estos aspectos del lenguaje se han
organizado, como hemos visto, no es aleatoria, sino que está de acuerdo con la
naturaleza global de cada hemisferio. La metáfora es el aspecto crucial del
lenguaje por el cual retiene su conexión con el mundo, y mediante el cual las
"partes" del mundo que el lenguaje parece identificar conservan su conexión
entre sí. El lenguaje literal, por el contrario, es el medio por el que la
mente pierde su contacto con la realidad y se convierte en un sistema
auto-consistente de símbolos. Pero, más que esto, hay una configuración
importante que seguiremos encontrando: algo que emerge del mundo del hemisferio
derecho, es procesado en el nivel intermedio por el hemisferio izquierdo y
regresa finalmente al hemisferio derecho en el nivel más alto.
LA EXPANSIÓN
FRONTAL DERECHA
Hemos hablado bastante sobre el
hemisferio izquierdo y su mundo. ¿Qué pasa con el hemisferio derecho? Al mismo
tiempo que desarrollamos esta visión especializada y restringida del mundo, no
podemos permitirnos perder de vista la totalidad de la experiencia en toda su
riqueza. Está muy bien tener un mundo virtual, pero antes que nada hay que
seguir habitando el mundo real de la experiencia, donde se puede poner en
práctica la propia capacidad de manipulación. El éxito del hombre no ha sido
solo en manipular el medio ambiente, como el "animal que fabrica
herramientas", sino en la creación de sociedades unidas, que son la base
de la civilización.
Es el hemisferio
derecho el que nos permite hacer precisamente eso, al mantener su cometido más
amplio, a la luz de lo que nos facilita el desarrollo del lóbulo frontal, y llevarlo
mucho más lejos. Al estar especializado en la vinculación social, sería el
lugar natural para que se desarrollen aún más las habilidades relacionales y
empáticas del hombre, el "animal social"; y esto es exactamente lo
que se observa. Como he mencionado, si uno observa la estructura del cerebro,
se da cuenta de que no es solo el hemisferio izquierdo el que tiene un
ensanchamiento asimétrico, sino también el derecho.
Como hemos visto,
asimetrías similares a las encontradas en el cerebro humano también se
encuentran en monos y simios y he mencionado la existencia en ellos de una
expansión del hemisferio izquierdo. Pero no solo en esto se anticiparon
nuestros antepasados evolutivos. Ellos también tienen esta petalia frontal
derecha.
Las pruebas de
qué petalia apareció primero, la derecha o la izquierda, están divididas.130
Al ser frontal, a diferencia de la expansión más posterior del hemisferio
izquierdo, la petalia derecha bien puede haber llegado más tarde a escena. Sin
embargo, en el feto humano, las regiones frontales del hemisferio derecho se
desarrollan antes que las regiones occipitales del hemisferio izquierdo - ¿aquí
la ontogenia recapitula la filogenia?131 En general, el hemisferio
derecho madura primero, aunque en el segundo año de vida el hemisferio
izquierdo lo supera, con el asentamiento de las áreas del habla y el lenguaje,132
pero también hay evidencias de que el hemisferio derecho continúa
desarrollándose después de que el hemisferio izquierdo haya madurado, con
elementos emocionales y prosódicos más sofisticados del lenguaje que se
desarrollan en el quinto y sexto año de vida.133 Si esto es cierto, aquí hay un paralelismo
interesante entre la historia evolutiva de los hemisferios (derecho––>izquierdo--->derecho)
y su relación funcional. En cualquier caso, la petalia frontal derecha comienza
a aparecer en algunos de los monos más sociales, como macacos, y en simios,
134 pero alcanza su máxima expresión en los humanos, en cuyo cerebro es,
de hecho, la región más asimétrica de todas.135
Si es aún más
acentuada que la petalia izquierda e incluso más en particular en los humanos,
¿por qué le hemos prestado tan poca atención? ¿Podría ser porque nos hemos
centrado en el hemisferio izquierdo, y lo que hace, a expensas del derecho, y
lo que hace? Hasta hace poco, todo lo relacionado con el hemisferio derecho
estaba envuelto en una cierta oscuridad. Después de todo, se consideraba que
estaba en silencio; y para la forma de pensar del hemisferio izquierdo, eso
significa mudo. ¿Es el lóbulo frontal derecho responsable de algo que pueda
compararse con los logros, en términos de aprehensión y lenguaje denotativo,
del hemisferio izquierdo?
Sabemos que es el
lóbulo frontal derecho el que nos permite lograr el resto de cosas de lo que es
capaz el lenguaje; el que hace posible la empatía, el humor, la ironía, y nos
ayuda a comunicarnos y expresar no solo hechos, sino a nosotros mismos. Aquí,
el lenguaje no se convierte en una herramienta de manipulación, sino en un
medio para llegar al "otro". Pero, por supuesto, no es solo en el
ámbito del lenguaje donde reside su importancia, ni mucho menos.
De hecho, la mayoría de las características más
notables de los seres humanos, las características que nos diferencian de los
animales, dependen en gran medida del hemisferio derecho, y en particular de
las contribuciones de la región en la que se expande el hemisferio derecho, el
lóbulo frontal derecho. Si se pide nombrar las características que en última
instancia diferencian a los humanos de los animales, las respuestas clásicas,
la razón y el lenguaje, parecen una pobre tentativa. Muchos animales muestran,
en un cierto grado, capacidad para deducir (el razonamiento deductivo está
asociado de manera importante a la función del hemisferio derecho, en cualquier
caso): los cuervos pueden razonar, incluso las abejas tienen algún tipo de
lenguaje. Por supuesto, incluso los animales más evolucionados son
incomparablemente inferiores a nosotros en ambos aspectos, pero la cuestión es
que muestran al menos destellos de tales funciones utilitarias. Pero hay muchas
cosas de las que no muestran evidencia alguna: por ejemplo, imaginación,
creatividad, capacidad de asombro religioso, la música, la danza, la poesía, el
arte, el amor a la naturaleza, el sentido moral, el sentido del humor o la
capacidad de modificar sus ideas. En todos ellos (aunque, como siempre, ambos
hemisferios sin duda juegan un papel), una parte importante, y en la mayoría de
los casos la parte principal, la desempeña el hemisferio derecho, lo que
generalmente implica al lóbulo frontal derecho. Mientras que la relación del
hemisferio izquierdo con el mundo consiste en alargar la mano para agarrarlo, y
por lo tanto para utilizarlo, la del hemisferio derecho parece consistir
en tender la mano, sin más. Sin un propósito. De hecho, una de las principales
diferencias entre las formas de ser de los dos hemisferios es que el hemisferio
izquierdo siempre tiene "un fin a la vista", un propósito o uso, y es
más el instrumento de nuestra voluntad consciente que el hemisferio derecho.
CONCLUSIÓN
Propongo que hay dos formas opuestas de abordar
el mundo, ambas vitales, pero que son fundamentalmente incompatibles, y que,
por lo tanto, incluso antes de que los humanos entraran en escena, requerían un
manejo por separado, incluso un secuestro neurológico de uno al otro. Una
tendencia, fundamental para poder obtener cosas del mundo para nuestros propios
fines, implica el aislamiento de una cosa de la contigua, y en aislar al ser
vivo, percibido como subjetivo, del mundo, percibido como objetivo. El impulso
aquí es hacia la manipulación, y su valor rector es la utilidad. Desde mi punto
de vista, comenzó colonizando el hemisferio izquierdo, y con la creciente
capacidad de distanciamiento del mundo mediada por la expansión de los lóbulos
frontales, a medida que se asciende en el árbol evolutivo, resultó en una expansión
física del área concebida para facilitar la manipulación del entorno, simbólica
y físicamente, en monos y simios superiores. Con el tiempo esa expansión se
convirtió en la sede natural del lenguaje referencial en los humanos.
La otra tendencia
centrípeta, en lugar de centrífuga: es hacia la sensación de conexión entre las
cosas, antes de que la reflexión las aísle, y por lo tanto hacia el compromiso
con el mundo, hacia una relación de "entreidad" con todo aquello que se
encuentra fuera del yo. Con el crecimiento de los lóbulos frontales, esta
tendencia se vio reforzada por la posibilidad de la empatía, cuyo asiento es la
expansión frontal derecha en los primates sociales, incluidos los humanos.
Es muy posible
que nosotros, y los grandes simios que nos precedieron, no seamos los
iniciadores de la asimetría del funcionamiento de los hemisferios, ni siquiera
los iniciadores de la naturaleza de esa asimetría, sino los herederos de
algo mucho más antiguo que nosotros, que hemos utilizado y desarrollado en formas
peculiarmente humanas para fines particularmente humanos. No solo en los seres
humanos se han descubierto que hay necesidades, pulsiones o tendencias que,
siendo igualmente fundamentales, son también fundamentalmente incompatibles;
por un lado un impulso esencialmente divisorio de adquisición, de poder y
manipulación, basado en la competitividad, que enfrenta al individuo con el
individuo, al servicio de la supervivencia individual; y por otro lado un
impulso esencialmente cohesivo hacia la cooperación, la sinergia y el beneficio
mutuo, basado en la colaboración, al servicio de la supervivencia del grupo.
Antes de que la aparición del lenguaje o la fabricación de herramientas al
hemisferio izquierdo, pudiera haberlo "desplazado", con su necesidad
de Lebensraum (espacio vital), los simios superiores ya muestran signos de
haber segregado la expresión de las emociones sociales, al igual que nosotros,
al hemisferio derecho del cerebro - manteniéndolo alejado de las áreas de
abstracción utilitaria; y lo que es igual de importante, impidiendo que la
abstracción ejerciera su efecto corrosivo sobre la experiencia.
Ambos impulsos o
tendencias pueden servirnos bien, y cada uno de ellos expresa un aspecto de la
condición humana que afecta a nuestra esencia. No es inevitable, en última
instancia, que estén en conflicto; y de hecho es mejor que no lo estén. En
algunos cerebros humanos, parece que pueden coexistir más fácilmente, y volveré
a ello en la conclusión de este libro. Pero la relación entre los hemisferios
no es sencilla. La diferencia puede ser creativa: la armonía (y el contrapunto)
es un ejemplo. En este caso, las diferencias se funden para formar algo más
grande que cualquiera de los componentes por sí solos; por lo que sería un error
ver la tendencia divergente como puramente negativa. Antes de que pueda haber
armonía, debe haber diferencia. La observación más fundamental que se puede
hacer sobre el universo observable, aparte del hecho misterioso de que exista
en general - provocando la pregunta final de la filosofía, de por qué existe
algo en lugar de nada - es que hay en todos los niveles fuerzas que tienden a
la coherencia y a la unificación, y fuerzas que tienden a la inestabilidad y a
la separación. La tensión entre ellas parece ser una condición inalienable de
la existencia, independientemente del nivel en que se contemple. Los
hemisferios del cerebro humano, creo, son una expresión de esta tensión
necesaria. Y los dos hemisferios también adoptan diferentes posturas acerca de
sus diferencias: el hemisferio derecho hacia la cohesión de estas dos
disposiciones, y el hemisferio izquierdo hacia la competencia entre ellas.
Dado que el
hemisferio derecho es más característico de la condición humana que el
izquierdo, sigue siendo un misterio el por qué se le ha prestado tan poca
atención. Parece que es parte de lo que podríamos llamar el síndrome del
"hemisferio menor". Sin embargo, sabemos que es el hemisferio en el
que se arraiga la experiencia y que tiene una visión más amplia, y que está
abierto a todo lo que existe fuera del cerebro. ¿Entonces, cómo ha ocurrido
este abandono? ¿Es solo que el hemisferio izquierdo tiene el control del
lenguaje y del argumento analítico, y que, por lo tanto, cuando los científicos
(que dependen de dicha metodología para construir una visión de cualquier cosa
a partir de “elementos” de información) miran el cerebro, lo hacen solo desde
el hemisferio izquierdo, y ven solo lo que éste ve? ¿Es solo que tales recursos
no son capaces de entender el mundo como es en su totalidad, y que, por lo
tanto, el hemisferio izquierdo prefiere su propia versión, que al menos tiene
sentido para él? ¿O hay algo más pasando aquí?
La enorme
vehemencia con la que el hemisferio derecho ha sido desestimado por los
representantes del elocuente hemisferio izquierdo, a pesar de su abrumadora
importancia, sugiere una posible rivalidad. Creo que ha habido hasta muy
recientemente una ceguera entre los neurocientíficos a las contribuciones
hechas por el hemisferio derecho. En 1966, R. C. Oldfield escribía que,
"entre los neurólogos prevalece una cierta conspiración de silencio sobre
la falta de actividad del hemisferio derecho". Hasta la publicación de los
libros de John Cutting, The Right Cerebral Hemisphere and Psychiatric
Disorders and his Principles of Psychopathology, (“el hemisferio cerebral
derecho y los trastornos psiquiátricos, y su obra ‘Principios de Psicopatología)
y el reciente de Michael Trimble, The Soul in the Brain: The Cerebral Basis
of Language, Art, and Belief, (El Alma en el cerebro: las bases cerebrales
del lenguaje, el arte y las creencias) 137 no solo han recibido poco
crédito, sino que han sido objeto de una cierta animadversión, al menos en
apariencia, inexplicable. Parecería que hay un partidismo entre los científicos
en favor del hemisferio izquierdo, una especie de "chovinismo del
hemisferio izquierdo". Lo vemos
incluso en el lenguaje utilizado por los escritores más objetivos para
describir las diferencias entre los hemisferios: por ejemplo, la necesidad de
precisión del hemisferio izquierdo ‘inteligente’ da lugar a un procesamiento
"fino", mientras que la del hemisferio derecho marginado da
lugar a un procesamiento "tosco". No se mencionan aquí los peligros
de la sobredeterminación, ni las virtudes de un rango más amplio, de la
sutileza, la ambigüedad, la flexibilidad o la tolerancia.
En este sentido,
tal vez valga la pena señalar la impresión neutral de un lector "naif",
el compositor Kenneth Gaburo, que se aproxima a la literatura neurocientífica
desde fuera, y detecta que "hay algo extraordinariamente peyorativo",138
en el lenguaje utilizado para describir el hemisferio derecho. Entre
otras referencias las que califican al hemisferio izquierdo como
“dominante", y al hemisferio derecho como “menor”, "silencioso",
etc., y así sucesivamente, él se estaba refiriendo al influyente artículo que
Salomón Henschen, uno de los gigantes de la historia de la neuropatología,
antiguo profesor de medicina en Uppsala, publicó en la revista Brain en 1926.
La situación es incluso peor que lo que Gaburo da a entender, ya que las
palabras reales de Henschen fueron:
En todos los casos,
el hemisferio derecho muestra una inferioridad manifiesta en comparación con el
izquierdo, y solo desempeña un papel automático...Este hecho demuestra la
inferioridad del hemisferio derecho, especialmente del lóbulo temporal derecho
...Una persona que no es capaz de entender palabras después de la destrucción
del lóbulo temporal izquierdo se hunde a nivel del hombre primitivo ...El
lóbulo temporal derecho es, por supuesto, suficiente para la vida psíquica más
primitiva; pero solo utilizando el lóbulo temporal izquierdo puede el hombre
alcanzar un nivel más alto de desarrollo psíquico...es evidente que el
hemisferio derecho no alcanza el mismo elevado nivel de desarrollo psíquico que
el izquierdo...Por lo tanto, uno se pregunta si el hemisferio derecho es un
órgano en regresión.. es posible que el hemisferio derecho sea un órgano de
reserva.139
Michael
Gazzaniga, uno de los más distinguidos neurocientíficos vivos e investigador de
los hemisferios continúa la misma tendencia, y su lenguaje está en la tradición
de Henschen. Hay "diferencias impactantes entre los dos hemisferios":
"El hemisferio izquierdo tiene muchas más capacidades mentales que el
derecho... [El hemisferio derecho] es una segunda opción en cuanto a habilidades
para resolver problemas…. Sabe muy poco sobre muchas cosas.''140 En una ocasión escribió que "bien
podría argumentarse que las habilidades cognitivas de un hemisferio derecho
normal desconectado y sin lenguaje, son muy inferiores a las habilidades de un
chimpancé."141 En un artículo más reciente, escribió: "Un
sistema cerebral (el del hemisferio derecho) con aproximadamente la misma
cantidad de neuronas que otro que es capaz de cognición (hemisferio izquierdo)
es incapaz de desarrollar una cognición de orden superior - lo que constituye
una prueba convincente de que el número de células corticales en sí mismo no
puede explicar completamente la inteligencia humana."142 Sin
embargo, cuando se demuestra que el hemisferio derecho supera al izquierdo en
una tarea de predicción bastante básica, lo interpreta esto como un signo de la
inteligencia del hemisferio izquierdo, alegando que los animales también
son capaces de superar la estrategia del hemisferio izquierdo humano. De hecho,
el problema es que al hemisferio izquierdo solo le gusta la teoría y, a menudo
esta no es útil en la práctica – que es lo que hace que se equivoque. Sobre la
atención, escribe que,
el hemisferio
izquierdo dominante utiliza una estrategia "guiada" o
"inteligente”, mientras que el hemisferio derecho no lo hace. Esto
significa que el hemisferio izquierdo adopta una estrategia cognitiva útil para
resolver un problema, mientras que el hemisferio derecho no posee esas
habilidades cognitivas adicionales. Pero esto no significa que el hemisferio izquierdo
sea siempre superior al hemisferio derecho en orientación atencional.143
Muy cierto. De hecho, como él sabe, ya
que se refiere al hecho, el hemisferio derecho es el predominante para la
orientación atencional, un tema que será familiar para el lector. A lo que él
se refiere como estrategia "inteligente" y "útil" -
"esas habilidades cognitivas adicionales" - de hecho, no son ni
inteligentes ni útiles, en comparación con la postura abierta y no dogmática
del hemisferio derecho. Conducen a una menor precisión, no a una mayor.
Pero es posible que no lo entienda por el lenguaje utilizado.
Por supuesto, es
igual de tediosa la tendencia a considerar que lo que comúnmente se entiende en
el lenguaje popular por "hemisferio izquierdo" carece por completo de
cualidades válidas. A menudo, me parece que tales posiciones ocultan un
trasfondo de oposición a la razón y al uso cuidadoso del lenguaje, y una vez
que las palabras pierden sus anclajes, y la razón se descarta - como han
defendido algunos críticos posmodernos y feministas bastante influyentes -
sobreviene la Babel.144 Las dudas sobre el alcance del racionalismo
y la creencia de que la razón por sí sola
pueda revelar toda la verdad, no hacen que uno sea antirracional: pero
condenar la razón en sí misma es un completo disparate. La poesía y la
metáfora, como la ciencia, no toleran la negligencia, sino todo lo contrario,
del mismo modo que es la razón, y no su desprecio sin límites, lo que conduce
al escepticismo ante un racionalismo excesivo y fuera de lugar. Pero el
lenguaje y la razón son hijos de ambos hemisferios, no de uno solo. El trabajo
del hemisferio izquierdo debe integrarse con el del derecho, eso es
todo. El hemisferio izquierdo es el consejero más preciado del Maestro, su
valioso emisario.
Ya he sugerido
que hay una necesidad de que los hemisferios mantengan su distancia uno del
otro y sean capaces de inhibirse uno al otro. Además, el interés del hemisferio
izquierdo por adquirir y utilizar le hace ser competitivo por naturaleza,
ha de recordarse también, que es confiado, irracionalmente optimista, e
inconsciente de lo que ocurre en el hemisferio derecho y, sin embargo, niega
sus propias limitaciones. ¿Y si resultara, como de hecho ocurre, que la ventaja
del hemisferio izquierdo que supone ser diestro ha sido el resultado, no de
un aumento de la habilidad en la mano derecha, sino de un déficit en la
izquierda?145 Esta podría ser otra asimetría interesante.
Marian Annett,
quizás la mayor autoridad viva en cuanto a la preferencia por el uso de la mano
derecha, cree que podemos haber desarrollado una "dependencia excesiva del
hemisferio izquierdo a expensas de las habilidades del hemisferio
derecho". Señala el número inesperadamente elevado de zurdos
entre artistas, atletas e "intérpretes hábiles de muchas clases".146
En los diestros, la diferencia entre el
rendimiento de las dos manos se asocia con una ligera ventaja de la mano
derecha, pero el precio de esto, según Annett, es que "la mano izquierda
disminuye drásticamente", un hallazgo que ha sido corroborado por muchos
otros investigadores.147
Este patrón de
una desventaja específica y relativa del hemisferio derecho se confirma a nivel
anatómico.148 El planum
temporale, como se mencionó en el primer capítulo, es asimétrico en la
mayoría de los cerebros humanos, siendo el izquierdo hasta un tercio más grande
que el derecho. Pero en los casos en que, inusualmente, los dos hemisferios se
desarrollan simétricamente, no es que los dos planum sean del mismo tamaño que
el del planum derecho (más pequeño), sino que son del tamaño habitual del
planum izquierdo: en otras palabras, ambos son de gran tamaño. Por lo
tanto, en los cerebros normales de los diestros, no es que el planum izquierdo
esté aumentado, sino que el planum derecho está disminuido, en tamaño.
Las investigaciones recientes para encontrar el gen o los genes responsables de
la asimetría cerebral en la región del lenguaje esperaban encontrar un gen que
actuara sobre el hemisferio izquierdo para hacer que se expandiera. En cambio,
encontraron genes que intervenían en el hemisferio derecho para impedir su
expansión: de los veintisiete genes implicados, la mayoría se expresaban más en
el derecho, y el gen más importante lo hacía de forma drástica. Christopher
Walsh, profesor de neurología en Harvard que dirigió la investigación, comentó:
"Tendemos a asumir teleológicamente, por nuestro enfoque en el lenguaje
como la cosa más hermosa, que debe de estar dotado de algún mecanismo especial
en el hemisferio izquierdo…. Pero en realidad, puede que simplemente esté
habitualmente reprimido en el hemisferio derecho y se le permita tener lugar en
el izquierdo".149
La situación
"normal", entonces, se asocia a pérdidas del hemisferio derecho,
tanto anatómicas como funcionales.150 Los mecanismos que inducen la
asimetría cerebral humana operan reduciendo el papel del hemisferio derecho.151
¿Y eso por qué?
Porque él no estar lateralizado de forma alguna es una desventaja, como hemos
visto.152 Esto tiene que ser así, porque hay compensaciones
asociadas a la especialización del hemisferio "dominante", el que
tiene el control del lenguaje y la capacidad de agarre. El aislamiento de la
función-tipo del hemisferio izquierdo hace que le sea más fácil hacer lo que
tiene que hacer. Funciona de manera más eficiente si no tiene que lidiar con la
“versión” conflictiva del mundo presentada por el otro hemisferio, el llamado “menor".
Por tanto, el hemisferio no dominante tiene que estar en desventaja. Pero si se
lleva el proceso demasiado lejos, las pérdidas obvias causadas por la cojera
del hemisferio derecho superan las ventajas del izquierdo. Es una curva en
forma de U invertida. La velocidad para mover clavijas en un tablero con
cualquiera de las dos manos es una medida de la habilidad del hemisferio
contralateral: los claramente diestros son más lentos que los que no
diestros, especialmente con su mano izquierda.153 Igualmente, los
relativamente pocos, claramente zurdos, cuyos cerebros pueden ser un reflejo de
los totalmente diestros, también están en desventaja. De hecho, Annett supone
que el elevado número de zurdos entre los matemáticos154 y los profesionales del deporte no se debe
tanto a una ventaja intrínseca de los zurdos, sino a la ausencia de grandes
diestros (que están en desventaja).155 Los más propensos a tener
patrones anómalos de lateralización, como los zurdos, y aquellos con dislexia,
esquizofrenia, trastorno bipolar y autismo, por ejemplo (junto con sus
familiares, quienes pueden, ventajosamente, ser portadores de algunos, pero no
todos, los genes para dicha condición), son los que tienen menos probabilidades
de mostrar lo que podría llamarse "encapsulación del hemisferio
izquierdo". En otras palabras, en el cerebro normal, el procesamiento en
serie que constituye la base de la función del hemisferio izquierdo está
cuidadosamente separado de las funciones que podrían perjudicarle, pero el
corolario de esto es que el enfoque holístico del hemisferio derecho no está
disponible en la misma medida que lo está el lenguaje y el pensamiento
conceptual. En patrones de lateralización anómalos, esta segregación no ocurre,
con ventajas y desventajas recíprocas. Esto daría lugar a que algunos accedan a
determinados talentos de los cuales el resto de nosotros estamos excluidos
("matemáticos voladores"), y a que otros se encuentren en una
situación peor, perdiendo las ventajas evolutivas de la especialización
("trapecistas inhibidos").Este punto de vista es compatible con la
gran cantidad de evidencia disponible de que existen tanto talentos especiales
como discapacidades asociadas a una organización cerebral anómala en estas
condiciones, y en los familiares de aquellos que las padecen.
Es claro que se
trata de un tema muy amplio, que merece un mayor análisis. El punto que deseo
enfatizar aquí es que el hemisferio izquierdo tiene que "bloquear" al
hemisferio derecho para poder hacer su trabajo. Esta es seguramente la
importancia de las pruebas funcionales y anatómicas de que la superioridad del
hemisferio izquierdo se basa, no en un salto hacia adelante del hemisferio
izquierdo, sino en una restricción "deliberada" del derecho.
Si queremos
entender la relación entre los hemisferios y su posible rivalidad, necesitamos
comparar los dos mundos experienciales que producen ambos hemisferios.
CAPITULO 4.
LA NATURALEZA DE LOS DOS MUNDOS
En el primer capítulo, llamé la atención
sobre la naturaleza dividida del cerebro y planteé que tenía un propósito: quizá
había cosas que necesitaban mantenerse por separado. También llamé la atención
sobre la asimetría del cerebro, un indicio de que la diferencia no implicaba
necesariamente una equivalencia. En el segundo capítulo examiné cuál podría ser
la naturaleza de las diferencias entre los hemisferios. En el tercer capítulo,
he propuesto que los hemisferios no eran simples "bancos de datos"
distribuidos al azar, sino que tenían conjuntos de valores coherentes y
posiblemente irreconciliables, lo que se reflejaba en el control que ejerce el
hemisferio izquierdo sobre la manipulación mediante la mano derecha, y en la
evolución del lenguaje a partir de la música, de modo que el lenguaje paso a
residir en gran parte en el hemisferio izquierdo y la música, en gran medida,
en el derecho. En este capítulo examinaré con mayor detalle los tipos de mundo
que los dos hemisferios traen a la luz y plantearé la cuestión de si son
realmente simétricos o si uno de ellos tiene prioridad. Y para empezar,
volvamos a la atención, que fue donde comenzamos nuestra exploración de las
diferencias entre hemisferios.
Nuestra atención
es receptiva al mundo. Hay ciertos modos de atención que son evocados de forma
natural por ciertos tipos de objetos. Prestamos un tipo de atención diferente a
un hombre moribundo que, a una puesta de sol, o al carburador de un coche. Sin
embargo, el proceso es recíproco. No es solo que lo que encontramos determina
la naturaleza de la atención que le prestamos, sino que la atención que
prestamos a cualquier cosa también determina qué es lo que encontramos. En
circunstancias especiales, el hombre moribundo se convertirá en un manual de enfermedades para un patólogo, o para un
reportero gráfico en una "instantánea", tanto en el sentido de un
momento visual capturado como en el de una ronda de disparos en una campaña. La
atención es un acto moral: crea, trae aspectos de las cosas a la existencia,
pero al hacerlo hace que otras se desvanezcan. Lo que una cosa es depende de
quién lo atiende y de qué manera. El hecho de que un lugar sea especial para
alguien por su gran paz y belleza puede, por ese mismo hecho, convertirse para
otros en un recurso a explotar, de tal manera que su paz y belleza sean
destruidas. La atención tiene consecuencias.
Una forma de
expresar esto es decir que no descubrimos una realidad objetiva ni inventamos
una realidad subjetiva, sino que hay un proceso de evocación receptiva, el mundo
"evocando" algo en mi interior, que a su vez "evoca" algo
en el mundo. Esto es válido también para las cualidades perceptivas, no solo
para los valores. Por ejemplo, no hay una montaña "real", distinta a
la creada por las esperanzas, aspiraciones, reverencias o codicia de quienes se
acercan a ella, y es igualmente cierto que su verdor, o su naturaleza grisácea,
o su pedregosidad no se encuentran en la montaña ni en mi mente, sino que surge
de entre nosotros, invocado por cada uno e igualmente dependiente de ambos,
como la música no surge solo de las manos del pianista ni del piano, ni una
escultura, procede de la propia mano del escultor o de la piedra, sino de su
confluencia. Y, además, las manos son parte de un cuerpo vivo - o dicho más
convencionalmente, son el vehículo de la mente, que es a su vez el producto de
todas las otras mentes que han interactuado con ella, desde Beethoven y Miguel
Angel hasta cada encuentro de nuestra vida cotidiana. Somos transmisores, no
creadores.
Nuestra atención es receptiva al mundo, pero el mundo es receptivo a
nuestra atención. La situación presenta una paradoja para el análisis lineal,
como la mano de M. C. Escher, que dibuja la mano que dibuja a su vez la mano...
(Ver Figura 4.1).
Fig. 4.1 Manos dibujando.
M. C. Escher. 1948
Esta paradoja se
aplica al problema de cómo llegamos a conocer cualquier cosa, pero es
particularmente problemática para el caso específico en el que tratamos de
acercarnos a los propios procesos por los que surge el conocimiento. No es
posible discutir las bases neuropsicológicas de nuestra conciencia del mundo
sin adoptar una posición filosófica, sea uno o no consciente de ello.1
No ser consciente de ello es haber adoptado implícitamente el punto de vista
por defecto del materialismo científico. Y desafortunadamente, según esa
posición, una de las manos del cuadro de Escher debe ser la primera.
La
neuropsicología está indisolublemente ligada a la filosofía. En los últimos
años, esto ha sido reconocido con mayor frecuencia, más por los filósofos que
por los neurocientíficos, con una o dos excepciones importantes. Algunos de
estos avances son de agradecer. Sin embargo, con demasiada frecuencia se desliza
un proceso potencialmente traicionero en el propio trabajo, porque no es detectado.
Lo que la ciencia hace realmente cuando presenta sus descubrimientos no se
examina: el proceso científico y el significado de sus hallazgos generalmente
se dan generalmente por sentado. El modelo del cuerpo y por lo tanto del
cerebro, como un mecanismo, está exento del proceso de escepticismo filosófico:
lo que nos dicen se convierte en verdad. Y, dado que el cerebro se ha equiparado
a la mente, la mente también se convierte en un mecanismo. La visión filosófica
del mundo se pone en consonancia con esto, y pone de manifiesto - la verdad del
modelo mecanicista aplicado al cerebro y a la mente. Como resultado, en un
espectacular secuestro, en lugar de un proceso de moldeamiento mutuo, por el
que la filosofía interroga a la ciencia, y la ciencia informa a la filosofía,
la visión naif del mundo de la ciencia ha tendido por defecto a dar forma y
dirigir lo que se ha llamado "neurofilosofía".
Si el mundo del
hemisferio izquierdo y el mundo del hemisferio derecho están presentes en la
mente y forman aspectos coherentes de la experiencia, ¿no deberíamos encontrar
que las incompatibilidades resultantes se reflejen en la historia de la
filosofía? Los hemisferios tienen diferentes respuestas a la pregunta
fundamental, “¿Qué es el conocimiento?", tal y como se ha expuesto en el
capítulo anterior y, por lo tanto, diferentes "verdades" sobre el
mundo. Así que, a primera vista, sí. Pero el enfoque por defecto de la
filosofía es el del hemisferio izquierdo, ya que es a través del lenguaje
denotativo y el análisis lineal y secuencial por el que fijamos las cosas y las
hacemos claras y precisas, y fijarlas y hacerlas claras y precisas equivale a
ver la verdad, de acuerdo con el hemisferio izquierdo. Y dado que el tipo de
atención que se presta dicta el mundo que se descubre, y las herramientas que
se utilizan determinan lo que se encuentra, no es sorprendente que la visión
filosófica de la realidad reflejara las herramientas que se utilizan,
las del hemisferio izquierdo, y concibiera el mundo según líneas analíticas, y
puramente racionalistas. Sería poco probable que la filosofía pudiera ir más
allá de sus propios términos de referencia y de su propia epistemología; y así,
la respuesta a la pregunta de si la historia de la filosofía podría reflejar
las incompatibilidades de los hemisferios es - probablemente, no.
Sin embargo, si
hubiera evidencias de que, a pesar de esto, los filósofos se han sentido cada
vez más impelidos a tratar de dar cuenta de la realidad del hemisferio derecho,
en lugar de la del izquierdo, esto sería de extraordinaria importancia. Hay que
admitir que tratar de lograrlo utilizando las herramientas convencionales de la
filosofía sería un poco como intentar volar con un submarino, teniendo que realizar
ingeniosas adaptaciones en el diseño para poder elevarse unos pies por encima
del agua. Las dificultades para el éxito serían enormes, pero el mero hecho de
intentarlo indicaría que había algo que obligaba a hacer el intento de ir más
allá de los términos de referencia normales. Esta sería una evidencia mucho más
sólida de la realidad última del mundo del hemisferio derecho que cualquier
volumen de filosofías que confirmaran la realidad del hemisferio izquierdo, lo
cual sería solo lo esperado.
Lo que
argumentaré en este capítulo es que precisamente tal desarrollo se ha producido
en la filosofía, y que ha sido evidente en el trabajo de los filósofos más
influyentes de nuestra época. Tal evolución me parece tan sorprendente como la
evolución de las matemáticas y la física desde la década de 1880, a la que en
algunos aspectos importantes es paralela. No es de extrañar que el método
científico condujera durante mucho tiempo a una visión del universo - el del universo
newtoniano - que reflejaba los principios del método científico. Pero cuando
empezó a obtener conclusiones incompatibles con el modelo asumido por su
método, un universo "paradójico", fue el hallazgo más revelador. A
finales del siglo XIX, Georg Cantor se debatía con la idea de que existía una necesaria
incertidumbre e incompletud en el ámbito de las matemáticas. El infinito ya no
era domesticable convirtiéndolo en un concepto abstracto, dándole un nombre, y
luego continuando como si fuera un número más. Llegó a la constatación de que
no hay un solo "infinito", sino una infinidad de infinitos, más allá
de todo lo que podemos captar o representar, algo que era real, que no se
limitaba a llevar las series "hasta donde llegaran", sino que iba más
allá; algo de otra naturaleza que las series con las que intentaba alcanzarlo,
y que, en principio, nunca podría ser alcanzado por ningún tipo de proceso
cognitivo conocido. Su contemporáneo Ludwig Boltzmann introdujo el tiempo y la
probabilidad en el ámbito intemporal y seguro de la física, mostrando que
ningún sistema puede ser perfecto; los teoremas de incompletitud, de Kurt Gödel
demostraron que eso, siempre sería así inevitablemente, que siempre habrá
verdades dentro de cualquier sistema que no puedan ser probadas en los términos
de ese mismo sistema. La "interpretación de Copenhague" de la mecánica
cuántica de Niels Bohr y el Principio de incertidumbre de Werner Heisenberg
establecieron un universo en el que la incertidumbre es el núcleo, no solo un
producto de la imperfección humana, que se remediaría con el tiempo por los
avances en el aprendizaje, sino que está en la propia naturaleza de las cosas.
Aunque la visión interna o la intuición que los llevó a estos descubrimientos
procedió, según sugiero, desde el hemisferio derecho o en todo caso, desde
ambos hemisferios trabajando juntos, sus conclusiones se derivaron claramente
de procesos del hemisferio izquierdo, de la lógica del análisis secuencial. No
obstante, estos desarrollos transformadores, validaron el mundo proporcionado
por el hemisferio derecho, no el del izquierdo.
Volviendo a la
filosofía y al cerebro, deberíamos esperar que se iluminen mutuamente: la
filosofía debería ayudarnos a comprender la naturaleza del cerebro, y la
naturaleza del cerebro debería ayudar a iluminar los problemas filosóficos. En
este sentido, hay tres cuestiones en particular que merecen ser planteadas. ¿Lo
que sabemos sobre los hemisferios, tiene algo que ofrecer para esclarecer un
debate filosófico? De igual manera, ¿ayuda la filosofía a dar sentido a las
diferencias entre los hemisferios que sabemos que existen? Y ¿qué pueden decirnos las respuestas a ambas
preguntas sobre la naturaleza del cerebro?
La primera
pregunta nos lleva de inmediato a aguas profundas. Los propios filósofos pueden
ser los mejores jueces, y los temas son tan extensos y complejos como la propia
mente. Sin embargo, se pueden proponer naturalmente algunas posibles áreas de
debate.
En la filosofía
Occidental, durante gran parte de los últimos dos mil años, la naturaleza de la
realidad se ha tratado en términos de dicotomías: real frente a ideal, sujeto frente
a objeto. Con el tiempo, los significados de los términos, y algunas veces los
términos mismos, han cambiado, y la constante necesidad de trascender tales
dicotomías ha llevado a modificaciones y calificaciones de la clase de
realismo o idealismo, del tipo de objetivismo o subjetivismo, pero la
cuestión esencial, ha permanecido: ¿cómo se conectan el mundo y nuestras
mentes? Dado que nuestro mundo es traído a la existencia por los dos
hemisferios, y que constituyen la realidad de maneras profundamente diferentes,
parecería probable que algunas de estas dicotomías puedan ser iluminadas por
las diferencias entre los mundos que cada uno de los hemisferios cerebrales
trae a la existencia.
Esto no tiene
nada que ver con la idea de que, por ejemplo, un hemisferio podría ser
subjetivo y el otro objetivo. Eso es obviamente falso. Se trata más bien de que
la filosofía en Occidente es esencialmente un proceso del hemisferio izquierdo.2
Es verbal y analítica, requiere un pensamiento abstracto,
descontextualizado, y desencarnado, trata con categorías, le interesa la
naturaleza de lo general más que de lo particular, y adopta un enfoque
secuencial y lineal de la verdad, construyendo el edificio del conocimiento a
partir de las partes, ladrillo a ladrillo. Si bien esta caracterización no es
cierta para la mayoría de los filósofos presocráticos, particularmente
Heráclito, si lo es para la mayoría de los filósofos en Occidente, desde Platón
hasta llegar al siglo XIX, época en que, por ejemplo, Schopenhauer, Hegel y
Nietzsche comenzaron a cuestionar las bases sobre las que la filosofía hizo sus
avances. La filosofía es naturalmente afín a la versión del mundo del
hemisferio izquierdo, en la que divisiones como la que hay entre sujeto y
objeto parecen especialmente problemáticas. Pero estas dicotomías pueden
depender de una determinada visión del mundo, naturalmente dicotomizadora, del
tipo "lo uno/o lo otro" y pueden dejar de ser problemáticas en el
mundo proporcionado por el hemisferio derecho, donde lo que al hemisferio
izquierdo le parece dividido está unificado, donde los conceptos no están
separados de la experiencia, y donde es evidente el papel fundamentador de la
"entreidad" en su constitución de la realidad. La clave de tales
dicotomías filosóficas no reside, entonces, propongo, en la división entre los
hemisferios, sino en la naturaleza del propio hemisferio izquierdo.
Si hubiera que
caracterizar al hemisferio izquierdo en referencia a un principio rector, sería
el de la división. La manipulación y el uso requieren claridad y fijeza, y la
claridad y fijeza requieren separación y división. Lo que se está moviendo, sin
fisuras, un proceso, se convierte en algo estático y separado - las cosas.
Es el hemisferio de “lo uno/o lo otro”: la claridad genera límites bien
definidos. Y así hace divisiones que pueden no existir según el hemisferio
derecho. Al igual que un objeto en particular no es solo un manojo de
propiedades percibidas "aquí, en mi interior", ni solo algo que
subyace a ellas "fuera, en el exterior", el yo no es solo un manojo
de estados o facultades mentales, ni, por otra parte, algo distinto que subyace
a ellas. Es un aspecto de la experiencia que tal vez no tenga bordes
nítidos.
Heráclito (como a los filósofos Orientales que
influyeron en el pensamiento griego hasta Platón) no estaba perturbado por lo paradójico,
ya que lo consideraba una señal de que nuestras formas ordinarias de pensar no
son adecuadas para la naturaleza de la realidad. Pero más o menos al mismo
tiempo en que el modo platónico de discurso, con su insistencia en la Ley del Tercero Excluido, 3
entró en juego - en otras palabras, cuando el pensar se convirtió en filosofía
en el sentido establecido- la paradoja comenzó a erigirse en un foco de
inquietud intelectual. Y así aparecieron algunas de las más famosas paradojas:
La paradoja de Sorites (del griego soros, un montón).
Se cree que su origen está en Eubúlides
de Mileto (c.350 a.C.) Si un grano de arena no es un montón, en ningún
momento añadir un grano más, puede marcar la diferencia entre no ser un montón
y ser un montón, ¿entonces, cómo puede ser que (por ejemplo, cuando se alcanzan
100.000 granos) se haya formado un montón?
La paradoja del Barco de Teseo. La escribió Plutarco en su Vida de Teseo:
La nave en la que
regresaron Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y fue conservada
por los atenienses hasta la época de Demetrio de Falero, pero se le fueron
sacando los tablones viejos a medida que se deterioraban, poniendo en su lugar
maderas nuevas y más resistentes, de tal manera que esta nave se convirtió en
un ejemplo de referencia entre los filósofos, por la cuestión lógica de la
identidad de las cosas que cambian; por una parte sosteniendo que la nave
seguía siendo la misma y por la otra argumentando que ya no era lo misma.4
La referencia a
Demetrio de Falero data de alrededor de 300 a.C. La "cuestión lógica de la
identidad de las cosas que cambian" a la que se alude, es conocida
habitualmente como el "argumento del crecimiento" y es la base de
numerosas paradojas, como la paradoja de Crisipo,
ya que, a medida que las cosas crecen, se añade o se pierde al menos alguna
partícula, por lo que, según una interpretación, dejan de ser la misma entidad.
En efecto, todos los seres vivos presentan este problema, el de una cosa que
fluye, ya que siempre está en un estado de cambio y autoreparación. (Como diría
el filósofo alemán Novalis, dos mil años después "No hay duda de que
nuestro cuerpo es un río moldeado.")5
Las paradojas de
Zenón. Se originaron con Zenón de Elea (c. 450 a.C.):
-
Aquiles y la tortuga. En una carrera
en la que Aquiles le da ventaja a la tortuga, Aquiles nunca puede alcanzarla,
porque primero tiene que llegar al punto donde la tortuga está, luego al punto
que alcanzó la tortuga mientras que Aquiles llegó al punto de partida de la
tortuga, y así hasta el infinito.
-
La dicotomía. Nunca podemos
movernos en absoluto, porque primero tenemos que hacer la mitad del camino, y
antes de eso, un cuarto del camino, y antes un octavo, y así hasta el
infinito.
-
La flecha. Una flecha
disparada a un blanco no puede moverse, porque, en un momento dado, la flecha
está donde está o está donde no está. Si permanece donde está, entonces
debe estar quieta, pero si se mueve a donde no está, no puede estar allí. Así
que no puede moverse en absoluto.
La paradoja de Epimenides. Llamada así en honor a Epimenides de
Cnosos (c.600 a.C.), un vidente cretense posiblemente mitológico, que escribió
un poema o canción desenfadada en él que afirmaba que “los cretenses siempre
son mentirosos"- algo que es falso si es verdadero, y verdadero si es
falso. Pero parece que esto solo comenzó a parecer un verdadero problema cuando
fue examinado retrospectivamente por escritores griegos posteriores.
El surgimiento de la paradoja comienza a tener sentido si se tiene en cuenta
los diferentes mundos que revelan los dos hemisferios. Se produce por una
repentina intrusión de la visión de la realidad del hemisferio izquierdo, que
entra en conflicto con la del hemisferio derecho.
Por ejemplo, la
Paradoja de Sorites. Es el resultado de creer que una totalidad es la suma
de las partes, y que se puede alcanzar mediante un proceso secuencial de
agregación. Intenta relacionar dos cosas: un grano de arena y un montón
de granos, como si esa relación fuera equivalente. También presupone que debe
haber un montón o no haber un montón en un momento dado: "o lo uno/o lo
otro" son sus únicas alternativas. Esta es la mirada del hemisferio
izquierdo, y por supuesto conduce a la paradoja. Según el punto de vista del
hemisferio derecho, se trata de un cambio de contexto y de la aparición de una Gestalt,
una entidad que tiene límites imprecisos y que se reconoce como un todo: el
montón se crea gradualmente y es un proceso, una "cosa" cambiante y
en evolución (este problema está relacionado con el Argumento del Crecimiento). No tener en cuenta el contexto,
la incapacidad de entender las formas de una Gestalt, una exigencia
inadecuada de precisión donde no se puede encontrar, la ignorancia del proceso,
es lo que lo convierte en una serie interminable de momentos estáticos: estos
son signos del predominio del hemisferio izquierdo.
Igual pasa con La Nave de Teseo. También aquí el
problema se debe a la creencia de que una totalidad es la suma de las partes y
desaparece a medida que se cambian las partes. También existe la creencia de
que necesariamente debe haber un "punto" en un proceso en el que la
identidad cambia. El hecho de que este tipo de paradoja se conociera como el
Argumento del Crecimiento (auxanomenos
logos) demuestra que existe una
dificultad para tratar con las formas vivas y cambiantes. Todo, una vez más,
apunta a un predominio de la visión del hemisferio izquierdo sobre el del
derecho.
Las paradojas de
Zenón se basan igualmente en la adopción de la visión del hemisferio izquierdo
de que todo movimiento que fluye en el espacio o en el tiempo puede
determinarse en una serie de momentos o puntos estáticos que luego se pueden
sumar para restituir el conjunto vivo. La fluidez "sin fisuras" del
movimiento en el espacio o el tiempo, se "reduce" a una serie,
parecido a la serie de fotogramas estáticos de una película de cine. Esto es lo
que les sucede a los sujetos que sufren daños en el hemisferio derecho y
desarrollan palinopsia. Esta fragmentación de la experiencia es también lo que
subyace en la identificación errónea delirante, otro síndrome de déficit del
hemisferio derecho, en él que la falta de fisuras, la esencia individual, de un
ser vivo, se descompone en una serie de manifestaciones, que nos remite de
nuevo al argumento del crecimiento: mi esposa, un día no es la misma
persona que mi esposa al día siguiente.6
La Paradoja de los
cretenses mentirosos es un poco diferente, pero también en este caso el
problema se debe a que solo se confía en el hemisferio izquierdo para construir
el mundo. Y lo hace con reglas y con precisión. Mientras tanto, el hemisferio
derecho, como Aquiles en la vida real, supera a la tortuga del hemisferio
izquierdo, en una zancada, sin esfuerzo: la pragmática del hemisferio derecho
significa que sabemos exactamente lo que Epimenides quiere decir. No tenemos
por qué obsesionarnos con las reglas. En el mundo real nada es absoluto, y así
con una falta de pedantería apropiada al hecho de que su comentario proviene en
realidad de un poema, y probablemente tenga una intención humorística, es
consciente de que es cretense, y entendemos que Epimenides se ha salido del
encuadre por un momento, para echar un vistazo al pueblo al que pertenece. En
la vida real, uno se encuentra con personas que se toman los comentarios
humorísticos al pie de la letra, o que intentan laboriosamente reemplazar la
comprensión mediante la aplicación de reglas absolutas y terminan en una
paradoja, y que generalmente está en algún lugar del espectro de Asperger.
Parece un fallo del hemisferio derecho como consecuencia de malentender el
contexto, de falta de humor, de la falta de flexibilidad, o de la insistencia
en la certeza que se obtiene por las reglas. Lo que esta paradoja también
ilustra es que cualquier sistema cerrado y autorreferencial que el hemisferio
izquierdo conciba, si se toma estrictamente en sus propios términos,
auto explotará: hay un miembro del sistema que no puede ser acomodado por el
propio sistema.7 Pero siempre hay una ruta de escape de la sala de
los espejos, si uno mira con suficiente atención.
Paradoja
significa, literalmente, un hallazgo contrario a la opinión o a la expectativa
aceptada. Esto nos alerta inmediatamente, ya que el que el proveedor de
opiniones y expectativas aceptables es el hemisferio izquierdo. Lo cito como
una señal de que nuestras formas comunes de pensar, las del hemisferio
izquierdo, no son adecuadas para la naturaleza de la realidad. ¡ya que -
¡cuidado! aquí parece que el hemisferio izquierdo, con su dependencia de la
aplicación de la lógica, está afirmando lo contrario: que es la realidad la
que es inadecuada para nuestras formas ordinarias de pensar.
Contrariamente a la opinión admitida, afirma que la flecha no se mueve, que
Aquiles no puede superar a la tortuga, que nunca puede haber un montón de
arena, que después de todo la nave de Teseo no es realmente la misma nave, y
que Epimenides estaba inevitablemente diciendo tonterías. En otras palabras, su
comprensión de la paradoja es - no la de que debe de haber un problema al
aplicar este tipo de lógica al mundo real - sino que el mundo real no es como
creemos que es, porque la lógica lo dice. Esto parece una interesante
usurpación, un intercambio de roles, con una nueva distribución que redefine
quién es el Maestro y quién el Emisario.8
Los problemas que
surgen si vemos el mundo como un proceso, siempre en flujo, o como una serie de
entidades estáticas y acabadas, han persistido inevitablemente en la filosofía.
En la Edad Media se reconocía en la distinción entre el mundo visto como natura naturans, la naturaleza
"natural", haciendo lo que la naturaleza hace, un proceso en
constante evolución, y en ese grado incognoscible, y natura naturata, la naturaleza
"naturalizada", un algo terminado, perfecto, (lo que siempre implica
un tiempo pasado, una detención del flujo del tiempo), estático, cognoscible.
Spinoza fue uno de los pocos filósofos, entre Platón y Hegel, aparte de Pascal,
que tuvo un fuerte sentido del mundo del hemisferio derecho.9 Para
él, esta distinción, comprensiblemente, tenía una importancia particular;
también entendió de manera preeminente la forma en que lo universal se alcanza
solo a través de lo particular; "cuanto más entendemos las cosas
individuales, más entendemos a Dios."10
Pero el área en
la que los hemisferios y la filosofía pueden iluminarse mutuamente, algo que es
de interés principal en este libro, es el de la relación de la mente con el
mundo. Solo por la inmensidad de este tema, quiero acotarlo y pasar a mirar las
cosas desde el otro extremo del proceso, y tratar mi segunda pregunta, qué
puede decirnos la filosofía que nos ayude a entender las diferencias entre los
hemisferios.
Así que regresemos
al punto principal de las diferencias hemisféricas, la división frente a
la cohesión. Desde la notoria división cartesiana entre sujeto-objeto, la
filosofía ha peleado con el espectro del solipsismo. Conocer algo es
encontrarse con lo otro, y conocerlo como algo separado de nosotros mismos. Si
de lo único que estoy seguro es de mi propia existencia (cogito ergo sum), ¿cómo se puede cruzar la brecha? Para el
solipsista, no hay nada que encontrar, ya que todo lo que conocemos proviene
únicamente de nuestra propia mente; según Wittgenstein, el solipsista es como
alguien que intenta hacer que el coche vaya más rápido empujando desde el
interior del salpicadero. Aquí también se da una paradoja: la posición se
autodestruye, en la medida de que exige otra mente, otra conciencia que pueda
representar al solipsista (como el amo de Hegel necesita al esclavo para ser un
amo): utilizar el término "yo" requiere la posibilidad de que haya
algo que sea “no-yo" - de lo contrario, en lugar de "todo lo que es,
es mío", solo obtenemos el vacuo "todo lo que es mío, es mío".11
Como ha demostrado Louis Sass en relación con el mundo
de la esquizofrenia, la subjetividad
solipsista por un lado (con su fantasía de omnipotencia) y la objetividad
alienada por el otro (con su fantasía relacionada de impotencia) tienden a
colapsarse entre sí, y son meras facetas del mismo fenómeno: ambas implican
aislamiento en lugar de conexión.12
El intento de adoptar la visión del ojo de Dios, o la "visión
desde ninguna parte" en la famosa frase de Thomas Nagel, la posición
pretendida por el objetivismo, es tan vacía como el solipsismo, y en última
instancia es indistinguible de esta, en sus consecuencias: la "visión
desde ninguna parte" pretende equipararse a una "visión desde todas
partes".13 Lo que es
diferente es la "visión desde alguna parte". Todo lo que conocemos solo
puede ser conocido desde un punto de vista individual, ya sea bajo uno u otro
aspecto de su existencia, nunca en su totalidad o perfección.14 Igualmente,
lo que llegamos a conocer no consiste en cosas, sino en relaciones, cada
entidad aparentemente separada cualifica a las otras con las que se relaciona.
Pero esto no implica que no pueda haber un mundo de experiencia compartido
constituido de forma fiable. El hecho de que no experimentemos exactamente el
mismo mundo no significa que estemos condenados a no encontrarnos en mundo
alguno. No podemos refugiarnos en fantasías ni de omnipotencia ni de
impotencia. La dura verdad es menos grandiosa: que existe algo aparte de
nosotros mismos, sobre el que podemos influir en algún grado. Y la
evidencia es que cómo lo hacemos importa.
DEWEY Y JAMES:
CONTEXTO Y NATURALEZA DE LA VERDAD
Hacia finales del
siglo XIX y principios del XX, los filósofos pragmáticos estadounidenses, John
Dewey y William James, de diferentes maneras, comenzaron a mostrar su
insatisfacción con el enfoque atomista y racionalista de la filosofía y la
abstracción que necesariamente conllevaba. Dewey escribió:
Pensar es
siempre pensar, pero el pensamiento filosófico se encuentra, en general, en el
extremo de la escala de distanciamiento respecto a la urgencia activa de
situaciones concretas. Es por este hecho que el abandono del contexto es la
falacia más acuciante del pensamiento filosófico… me atrevería a afirmar que la
falacia más dominante del pensamiento filosófico se deriva de la ignorancia del
contexto……la ignorancia del contexto es el mayor fracaso en el que puede
incurrir el pensamiento filosófico.15
Si el proceso de
la filosofía es entender el mundo, y en realidad las cosas siempre están
inmersas en un contexto de relaciones con otras cosas que las alteran, no vas a
tener éxito en entenderlas si comienzas por sacarlas del contexto. "No
somos conscientes explícitamente del papel del contexto porque cada uno de
nuestros enunciados está tan saturado de él que conforma el significado de lo
que decimos y escuchamos".16 Aquí Dewey se refiere a la
naturaleza implícita del mundo del hemisferio derecho, su insistencia en la
importancia del contexto y la importancia fundamental de la pragmática del
hemisferio derecho para dar un sentido a "lo que decimos y escuchamos".
Y el contexto implica tanto cambio como proceso:
Considerar al organismo en la
naturaleza, al sistema nervioso en el organismo, al cerebro en el sistema
nervioso, a la corteza en el cerebro es la respuesta a los problemas que
acechan a la filosofía. Y cuando se vean así, se verá que están, no como están
las canicas en una caja, sino como están los acontecimientos en la historia, en
un proceso en movimiento, en crecimiento, que nunca termina.17
Dewey y James abordaron el problema de cómo se puede
conocer la verdad en un mundo donde las cosas varían según el contexto, y parte
de ese contexto es la propia naturaleza de la mente que lleva a cabo el
conocimiento. "Las cualidades nunca estuvieron ‘en’ el organismo; ellas
siempre fueron cualidades de las interacciones en las que participan tanto las
cosas extra-orgánicas como los organismos".18 James, como
Dewey, veía que había un algo otro a nosotros mismos, y que, por lo tanto, a
pesar de la imposibilidad de una objetividad "desconectada", la
verdad sobre ello era importante:
La tan alabada evidencia objetiva nunca
está triunfalmente ahí; es una mera aspiración o Grenzbegriff [límite o
noción ideal] que marca el ideal infinitamente remoto de nuestra vida
pensante.... [Pero] cuando como empiristas renunciamos a la doctrina de la
certeza objetiva, no renunciamos por ello a la búsqueda o esperanza de la
verdad misma. Seguimos confiando en su existencia, y seguimos creyendo que
lograremos una posición cada vez mejor hacia ella si continuamos
sistemáticamente recopilando experiencias y pensando. Nuestra gran diferencia
con la escolástica radica en la forma de afrontarla. La fuerza de su sistema
reside en los principios, el origen, el terminus a quo de su pensamiento;
para nosotros la fortaleza está en el resultado, la conclusión, el terminus
ad quem. No se trata de decidir de dónde viene, sino a que nos conduce.19
Este comentario
de James ilustra la diferencia entre las dos aproximaciones al conocimiento o a
la comprensión, de los dos hemisferios. Según el hemisferio izquierdo, la
comprensión se construye a partir de las partes; se comienza con una certeza,
se coloca otra al lado y se avanza como si se construyera un muro, de abajo
hacia arriba. Considera que hay pruebas objetivas de la verdad respecto a una
parte, ajenas al contexto del conjunto que se va a constituir. Según el
hemisferio derecho, la comprensión se deriva del conjunto, ya que solo a la luz
del conjunto se puede entender verdaderamente la naturaleza de las partes. Un
proceso es empujado desde atrás (desde el terminus a quo), el otro es
atraído desde adelante (hacia el terminus
ad quem). Según esta última visión, la del hemisferio derecho, la verdad es
siempre provisional, pero eso no significa que uno deba "renunciar la
búsqueda o la esperanza de la verdad misma".
Dewey también
estaba insatisfecho con la idea de que el conocimiento fuera un proceso pasivo,
según el cual había verdades claras y evidentes "ahí fuera" a las que
se podía acceder, mediante un proceso en el que la mente y la imaginación
humana no tenían que desempeñar un papel activo. En sus conferencias de Gifford
en 1929, tituladas, La búsqueda de la
certeza, "afirmaba que el debate en la filosofía había descansado,
desde la década de 1630 [la época de Descartes] en una visión demasiado pasiva
de la mente humana y en exigencias inadecuadas de certeza geométrica".20 Deploraba la teoría resultante de un
"espectador” del conocimiento, “la concepción tradicional, según la cual
la cosa a conocer es algo que existe antes y totalmente aparte del acto de
conocer".21
Este tema fue retomado por los filósofos alemanes y
franceses de la tradición fenomenológica. Es con ellos que las cosas dieron un
paso notable, casi imprevisible, y es a ellos a quienes me dirijo ahora. Mi
intención al hacerlo no debe ser mal interpretada. No se trata de afirmar que
estos filósofos estén "en lo cierto" - aunque creo que revelan
verdades importantes sobre nosotros mismos y el mundo, conocidas por otras tradiciones,
que hasta hace poco se habían perdido completamente de vista en la filosofía
Occidental. En la filosofía siempre hay puntos de vista diferentes, y la
discusión literalmente no tiene fin. Siempre habrá quien no esté convencido de
lo que estos filósofos parecen haber visto y tratado de transmitir. No – mi
argumento es que estos filósofos, ninguno de los cuales pudo tener acceso a lo
que ahora sabemos sobre las diferencias entre los hemisferios, se vieron
obligados, sin saberlo, a deducir la realidad e importancia última del mundo
del hemisferio derecho, a pesar de que cada uno partiera de las premisas y
herramientas de la filosofía, con su tendencia inherente hacia el modo de
pensar del hemisferio izquierdo.
HUSSERL Y LA IDEA
DE LA INTERSUBJETIVIDAD
Edmund Husserl nació en Moravia en 1859
y comenzó estudiando matemáticas, física y astronomía, aunque cada vez más se
fue interesando por la relación entre la psicología y la filosofía. Sus
principales obras fueron publicadas durante el cambio de siglo y la segunda
Guerra Mundial (murió en 1938); al igual que Wittgenstein, su posición
filosófica evolucionó drásticamente, y sus últimas obras abordan los problemas
del racionalismo en un mundo constituido en parte por la conciencia humana. Fue
el primero, y quizá el único, fenomenólogo verdadero en el sentido más
estricto, aspiraba a estudiar la conciencia y la experiencia consciente (los
fenómenos) de manera objetiva, pero, no obstante desde una perspectiva en
primera persona, en lugar de en tercera persona. Utilizó determinados tipos de
experimentos mentales, llamados "reducciones" (nada que ver con el
reduccionismo), en un intento minucioso de llegar a las cosas tal como son en
sí mismas, con el fin de trascender todos los marcos teóricos preconcebidos,
así como la división sujeto-objeto. Dado que la fenomenología ha sido la
principal influencia en la filosofía europea del siglo XX, Husserl, como su
fundador, es considerado por lo general como uno de los pensadores más
influyentes de nuestra época. Heidegger, Merleau-Ponty, Scheler y muchos otros
son a menudo llamados fenomenólogos y Hegel, un siglo antes, ha sido
considerado como un precursor.
Aunque Husserl
traía una formación en la filosofía cartesiana y en la metodología de la
ciencia para abordar los fenómenos mentales, se dio cuenta de que esta
filosofía y esta metodología fallaban a la hora de dar cuenta de la naturaleza
de la experiencia. Según Husserl, las raíces de la crisis europea del
modernismo se encontraban en el "verirrenden Rationalismus" y en la
“Blindheit für das Transzendentale":22 una especie de
racionalismo enloquecido y de una ceguera a lo trascendental. En su filosofía
posterior, Husserl aspiraba a trascender la aparente dualidad entre lo
subjetivo y lo objetivo, entre el realismo y el idealismo, que tanto había
preocupado a la filosofía desde Platón: enfatizando el papel que desempeña en
la construcción del mundo la empatía, la capacidad no solo de ponerse en la
piel del otro sino, sobre todo, de sentir lo que el otro está sintiendo.23
Llegó a la conclusión de que existía una realidad objetiva, que estaba
constituida por lo que llamó intersubjetividad. Esta sucedía a través de la
experiencia compartida, que se hace posible en nosotros por nuestra existencia
encarnada junto a otros individuos encarnados.24 Distinguió las dos
formas en que conocemos el cuerpo: como un objeto material (körper), junto con otros objetos en el
mundo y, en ese sentido, ajeno a nosotros, y la manera en que lo experimentamos
como algo no solo vivo, sino vivido (Leib),
desde dentro, por así decirlo. Cuando vemos a otros comprometidos en la acción
en el mundo, los sentimos a ellos como leibhaft como si compartiéramos
con ellos nuestra conciencia de la existencia encarnada.25
En este énfasis
en el cuerpo, en la importancia de la empatía y la intersubjetividad (que forma
parte de lo que entiendo por "entreidad"), Husserl está afirmando el
papel esencial que desempeña el hemisferio derecho en la constitución del mundo
en el que vivimos. Él también subraya la importancia del contexto: las cosas
solo son lo que son porque se encuentran en el entorno en el que se encuentran
y están conectadas a todo aquello a lo que están conectadas. Esto plantea el
espectro de la circularidad epistemológica, ya que lograr la comprensión de
cualquier cosa depende de la comprensión del conjunto; y las herramientas del
lenguaje y del análisis lógico nos sacan del contexto, nos devuelven al
conjunto de conceptos familiares que, si uno es un filósofo, está
constantemente tratando de trascender mediante el análisis del lenguaje. Ese
era el propósito de lo que él llamaba las reducciones fenomenológicas.
Su propio enfoque es lineal, pero le obliga a reconocer la incómoda verdad que
se muestra en las manos de Escher. El mundo surge de un proceso circular que da
vueltas y busca sus orígenes, más parecido a una imagen que se ve de golpe, que
como un recorrido lineal hacia un objetivo: por un proceso del hemisferio
derecho, en otras palabras, más que por uno del izquierdo.
El hecho de que la empatía con los otros fundamenta
nuestra experiencia no solo de ellos, sino de nosotros mismos y del mundo, se
ha visto confirmado por la investigación psicológica en los últimos años. Uno
podría pensar, al modo cartesiano, que atribuimos una "interioridad"
a los demás sobre la base de que reconocemos primero nuestros propios
sentimientos, los vinculamos a las expresiones externas, a las afirmaciones y
acciones que hacemos simultáneamente con esos sentimientos, y luego, cuando vemos
esas mismas expresiones en los demás, les atribuimos los mismos sentimientos
por una especie de analogía lógica con nosotros mismos. Pero la psicología del
desarrollo muestra que esta es una suposición falsa. La dirección en la que
funciona no parece ser desde el interior de nuestros yoes (separados) hacia el
interior de los otros (separados), sino desde la experiencia compartida hacia
el desarrollo de nuestra propia interioridad y la de los demás. No
necesitamos aprender a establecer el vínculo entre nosotros mismos y los demás,
porque aunque somos individuales no estamos inicialmente separados, sino que
somos intersubjetivos en nuestra conciencia.26 Como ha dicho un
filósofo de la mente, reflexionando sobre la relevancia de la fenomenología
para la neurociencia, comenta,
hay una notable convergencia entre estas
dos tradiciones, no solo en el tema de la intersubjetividad, sino en
prácticamente todas las áreas de investigación dentro de la ciencia cognitiva,
como ha sido discutido por un número creciente de científicos y filósofos. En
el caso de la intersubjetividad, gran parte de la convergencia se centra en la
constatación de que la conciencia de uno mismo como individuo encarnado en
el mundo está fundada en la empatía - en la cognición empática de uno con
los otros y en la cognición empática de los otros con uno mismo.27
De nuevo, el proceso es circular (o como
una espiral), en lugar de lineal.
El hemisferio
izquierdo no se deja asombrar por la empatía: su preocupación es maximizar el
beneficio para sí mismo, y su valor de referencia es la utilidad. En
consecuencia, los filósofos de la tradición angloamericana, en mayor o menor
medida ajenos a los fenomenólogos europeos, se han mostrado desconcertados por
el comportamiento altruista. Han tenido que recurrir a complejas formulaciones
lógicas que desafían el sentido común y la experiencia, para explicar un
comportamiento, que obviamente es producto de un cuidado y atención, como algo
en última instancia egoísta (a pesar de que El
Dilema del Prisionero, véase más adelante, parece demostrar que la persona
racional en realidad no debería actuar de manera egoísta, otra paradoja que
ilumina uno de los puntos "gódelianos" dentro del sistema del
hemisferio izquierdo). Naturalmente, hay formas de considerar lógicamente este
tipo de problemas de lógica. Se añaden más y más clausulas rebuscadas, más
bucles autorreferenciales, que recuerdan mucho a los epiciclos sobre epiciclos
que añadían los astrónomos prekeplerianos a las órbitas planetarias para
"salvaguardar los fenómenos". Es como el intento de trazar una curva
usando solo líneas rectas: se añaden más y más, aproximándose cada vez más a la
curva, en una complejidad infinita, sin que las líneas lleguen nunca a su
objetivo, quedándose siempre fuera de la curva - algo que una mano diestra
podría haber trazado en un solo movimiento. O como una compleja construcción de
engranajes para producir un simulacro de persona viva, existiendo siempre, por
mucho que se acerque a su objetivo, incluso de forma exquisita, algo más que le
falta.
El Dilema del Prisionero es un problema
que será familiar a muchos lectores, y que tiene su origen en un aspecto de los
modelos económicos y sociales conocido como Teoría de juegos, y que fue
presentado por primera vez por Flood y Dresher en 1950.28 El
planteamiento es el siguiente. La policía sospecha que dos individuos, A y B,
son autores de un delito grave, pero no tienen suficientes pruebas para
inculparlos. Arrestan a los sospechosos y los interrogan por separado. A cada
uno de ellos se le dice que, si testifica a favor de acusar al otro, y el otro
permanece en silencio, saldrá libre y el otro recibiría la pena máxima de 10
años de cárcel. En el caso de que ambos guarden silencio, la policía solo podrá
formular una acusación mucho menor, por lo que cada uno cumpliría seis meses.
Si cada uno delatara al otro, cada uno recibiría una sentencia de dos años.
Ninguno de los prisioneros está en condiciones de saber lo qué hará el otro.
¿Cómo deberían responder cada uno - guardando silencio o delatando al otro (por
defecto)? Sus opciones se resumen a continuación.
A (guarda silencio) A condenado a seis meses A condenado a diez años
A (delata) A
queda libre
A condenado a dos años
La esencia del problema es que el mejor resultado para ambos es que cada
uno permanezca en silencio, y que cada uno cumpla sus seis meses (opción
superior izquierda). Pero, si cada uno se comporta de manera racional,
terminarán haciéndolo peor: cada uno acusará al otro y ambos terminarían
cumpliendo dos años (opción inferior derecha). La razón de esto es clara, A no
sabe qué hará B, por lo que sopesa sus opciones. Si B se calla,
para A, lo mejor es acusarle: saldrá libre, en lugar de cumplir seis
meses en la cárcel. Si, por el contrario, B le acusa, A todavía
le irá mejor acusarle, ya que le caerán dos años en lugar de 10 años. Así que
pase lo que pase, es mejor que le acuse. Y, por supuesto, al ser la situación
simétrica, B razonará de manera similar: por lo tanto, están atrapados
en la esquina inferior derecha del diagrama, mientras que ambos estarían mejor
en la parte superior izquierda.
A medida que se
repite el juego, se pueden hacer varios intentos de anticipar lo que el otro
puede estar pensando, lo que afecta al resultado. Por ejemplo, A puede
aprender por experiencia que ninguno de los dos puede salir de esta trampa a
menos que esté dispuesto a confiar y asumir un riesgo. Así que puede
comportarse de manera altruista en la próxima ronda. Si B también lo
hace, ambos serán recompensados. Si B no lo hace, A puede decidir
no hacer el tonto en la tercera ronda, sino castigar a, A acusándole la
próxima vez. Incluso si B hace lo recíproco en la segunda ronda, A
puede decidir testificar en la tercera ronda, con la expectativa de que B
pueda continuar en reciprocidad, para ventaja de A. Evidentemente, hay
un número infinito de situaciones y enredos de este tipo que se pueden plantear,
pero que solo se tratan en escenarios artificiales por los informáticos y filósofos.
En el mundo real, nos damos cuenta de que, en pocas palabras, no podemos llegar
a ninguna parte a menos que estemos dispuestos a asumir un riesgo y a confiar.
El cálculo no es útil, y es reemplazado por un gesto de bondad en la mayoría de
las personas en las que la corteza orbitofrontal derecha, la base de la
empatía, sigue funcionando correctamente. En el caso de individuos muy poco
empáticos, como los psicópatas, en quienes esta parte del cerebro es defectuosa
y, por lo tanto, les falta este sentido del mundo, se dedicarán, como los
filósofos, a los cálculos.29
La mayoría de los sujetos en el Dilema del Prisionero prefieren la cooperación mutua a la
acusación unilateral, aunque el dilema esté planteado de tal forma que
aparentemente sea de su interés el acusar, independientemente de lo que haga el
otro jugador.30 Parece que no buscamos simplemente maximizar nuestra
ventaja material a expensas de los demás, y esto no se explica por un
razonamiento de prudencia "egoísta". El altruismo es una consecuencia
necesaria de la empatía: sentimos los sentimientos de los demás, nos implicamos
en su ser. Los grandes simios son capaces de empatía y pueden ser altruistas:
por ejemplo, Binti
Jua, un gorila del zoológico de Brookfield en Chicago, salvó a un niño que había
caído en su recinto31. Perros que han convivido con humanos pueden
actuar de maneras que no están impulsadas ni por instinto ni por ningún
interés concebible, y que serían consideradas altruistas si ocurriera en
humanos: no pueden estar haciendo ningún tipo de cálculo. ¿Por qué no
deberíamos también nosotros ser capaces de actos de amor?
Debemos recordar que, en los mamíferos,
los mecanismos de vinculación social se basan en el aprendizaje y son sin duda
más dominantes que los mecanismos innatos de "reconocimiento de
parentesco". Podemos aprender a amar a otros animales…. la adquisición de
un comportamiento de cuidado deja una
huella aparentemente indeleble en la forma de estar en el mundo de una criatura.32
El altruismo en
los seres humanos va mucho más allá de lo que ocurre en el mundo animal, y
también más allá de lo que se denomina "altruismo recíproco" en el
que nos comportamos "altruistamente" desde la expectativa calculada
de que el favor será correspondido. Tampoco se trata de que los genes miren por
sí mismos, a expensas del individuo; los seres humanos cooperan con personas
con las que no están genéticamente emparentadas. También es mucho más que una
mera cooperación basada en la importancia de mantener la propia reputación;
cooperamos y ayudamos, a los que apenas conocemos, aunque sepamos que nunca
volveremos a encontrarlos y que no pueden recompensarnos de ninguna manera. La
posibilidad de una futura reciprocidad puede, por supuesto, influir en las
decisiones, allí donde se vea viable, pero no es fundamental para el fenómeno.33
Es la mutualidad, no la reciprocidad, el sentimiento
de compañerismo, no el cálculo, lo que constituye tanto el motivo como la
recompensa para una cooperación exitosa. Y el resultado, en términos
utilitarios, no es lo importante: lo que importa es el proceso, la relación. A
nivel neurológico, sabemos que en las situaciones experimentales en las que se
utiliza el Dilema del Prisionero, los sujetos que llegan a la cooperación mutua
con otro individuo humano muestran actividad en áreas del cerebro asociadas al
placer (parte del sistema mesolímbico dopaminérgico, incluyendo el cuerpo
estriado y la corteza orbitofrontal); sin
embargo, no ocurre igual en una situación en la que se lleva a cabo una
apariencia de "cooperación mutua" con una computadora programada en
lugar de con una persona viva. También es interesante que, cuando se juega con
un compañero humano, la mayoría de las regiones que se muestran especialmente
implicadas en la cooperación son las del lado derecho, mientras que con una
máquina como compañero son principalmente las regiones del lado izquierdo (me
importa un bledo la empatía, los dos queremos ganar).34 Y en caso de
que alguien piense que la empatía necesariamente significa ser blando con los
demás, esas regiones del lado derecho incluyen el núcleo caudado derecho, un
área que se sabe que está involucrada en el castigo altruista por deserción.35
MERLEAU-PONTY:
EMPATÍA Y CUERPO
La discusión sobre la empatía me obliga
a salirme de la secuencia cronológica para analizar la filosofía de Maurice
Merleau-Ponty, ya que el papel que desempeña la empatía y el cuerpo en la
construcción de la realidad es central en su pensamiento. Nació en 1908, y sus
principales obras se publicaron en francés entre los años de la guerra y la
década de los sesenta, con traducciones al inglés que en la mayoría de los
casos tardaron de diez a veinte años en llegar: sería difícil exagerar su
influencia en la filosofía, la psicología y la crítica del arte desde la
segunda mitad del siglo XX en adelante. Fue uno de los muchos pensadores que se
vieron influidos por la filosofía de la intersubjetividad de Husserl.
Merleau-Ponty
escribió sobre la reciprocidad de la comunicación que "es como si las intenciones de la otra
persona habitaran en mi cuerpo y las mías en el suyo".36 El
concepto de lo que podríamos llamar el "cuerpo vivido", la sensación
del cuerpo no como algo que vivimos en nuestro interior, ni siquiera como una
extensión de nosotros mismos, sino como un aspecto de nuestra existencia que es
fundamental a nuestro ser, podría considerarse el fundamento último de la
filosofía de Merleau-Ponty. Recapituló la visión de Henri Bergson de que la
propia experiencia de ser humano está inmersa en el mundo, con el cuerpo como
mediador, y sostuvo que el cuerpo humano es el medio por el que la conciencia y
el mundo están profundamente interrelacionados y comprometidos entre sí.
Para Merleau-Ponty, el "objeto" de la percepción no puede
considerarse de forma aislada, porque en realidad está inmerso en un contexto,
el nexo de relaciones entre las cosas existentes que le dan sentido dentro del
mundo. Por lo tanto, ningún objeto existe independientemente de los demás, sino
que refleja una parte de cualquier otra cosa con la que coexiste y, a su vez,
se refleja de forma similar en ellas. Esto se relaciona con un sentido de la incompletitud
intrínseca de la perspectiva disponible sobre cualquier entidad en un momento
dado. Tales revelaciones parciales, "tomas” o Abschattungen (un término de Husserl, a menudo,
infructuosamente traducido como “adumbraciones”), son una parte necesaria de la
verdadera experiencia de cualquier cosa existente, que en última instancia
existe en la totalidad de las perspectivas posibles. Tales visiones parciales
no desautorizan, sino que tienden a confirmar, la existencia real de tal cosa;
solo la representación de un ideal teórico podría pretender la completitud.
Merleau-Ponty enfatizó específicamente la importancia de la profundidad como
fundamento de tal experiencia en el mundo vivido, contrastando los diferentes
aspectos, o Abschattungen, de un todo
único, que se revelan en un objeto que tiene profundidad, con las partes
que son todo lo que uno se encuentra cuando el objeto carece de profundidad.37
El hecho de que
las relaciones entre "el sujeto y su cuerpo", y a su vez entre el
cuerpo y el mundo, relaciones que constituyen el centro de las preocupaciones
filosóficas de Merleau-Ponty, están suscritas por el hemisferio derecho es un
conocimiento potencialmente disponible para cualquiera que haya atendido a
pacientes que han sufrido un ictus. Y se hace evidente cuando algo va mal en el
funcionamiento del hemisferio derecho. Esto se observó hace casi cincuenta años
en un artículo ya clásico sobre las apraxias, síndromes neurológicos en los que
hay una incapacidad para realizar una acción, a pesar de que no hay ningún
deterioro de la función sensorial o motora. Sobre estas afecciones, Hécaen y
sus colegas escribieron: "Es realmente notable que las apraxias que
muestran una alteración de las relaciones entre el sujeto y su cuerpo o entre
el cuerpo y el espacio circundante se encuentren en conexión con lesiones del
hemisferio menor [es decir, el derecho]".38 Al mismo tiempo, cuando la cuestión es cómo utilizar
un objeto, al menos si el uso es sencillo, la lesión suele estar en el
hemisferio izquierdo; pero cuando no se trata de un uso sencillo, suele estar
implicado el hemisferio derecho.39 Las apraxias constructivas, que
dependen de la pérdida del sentido del conjunto, son más comunes y graves tras
las lesiones del lado derecho.40 Para Merleau-Ponty, la verdad se
alcanza a través del compromiso con el mundo, no a través de una mayor
abstracción del mismo; lo general se encuentra a través de, y no a pesar de, lo
particular; y lo infinito a través de, y no a pesar de, lo finito. En relación
con el arte, el punto de vista de Merleau-Ponty, que concuerda con su
experiencia, era que el artista no solo se limitaba a reflejar lo que existía
ya, aunque fuera de forma novedosa, sino que en realidad "traía a la
existencia una verdad" sobre el mundo que no existía antes, tal vez el
mejor ejemplo de que lo universal se manifiesta a través de lo particular.41
El arraigo de nuestro pensamiento y lenguaje en el
cuerpo que compartimos con los demás hace que, a pesar de que toda verdad sea
relativa, esto no menoscabe en absoluto la posibilidad de una verdad
compartida. Es la "conciencia primaria" del hemisferio derecho, junto
a la conciencia corporal preconsciente del mundo, la que relaciona nuestra
experiencia visceral y emocional con lo que sabemos del mundo.42 Esta
posición ha sido corroborada más recientemente por Lakoff y Johnson, y una vez más el cuerpo es el mediador crucial:
La mente no está simplemente encarnada,
sino que está encarnada de tal manera que nuestros sistemas conceptuales se
basan en gran medida en la comunalidad de nuestros cuerpos y el entorno en el
que vivimos. El resultado es que gran parte del sistema conceptual de una
persona es universal o está muy extendido en todos los idiomas y culturas.
Nuestros sistemas conceptuales no son totalmente relativos y no son una mera
cuestión de contingencia histórica, aunque exista un cierto grado de
relatividad conceptual y aunque la contingencia histórica tenga gran
importancia...la verdad está mediada por la comprensión y la imaginación
encarnadas. Esto no significa que la verdad sea puramente subjetiva o que no
haya una verdad estable. Más bien, nuestra encarnación común permite que haya
verdades comunes y estables.43
El papel de base de la experiencia que desempeña la
empatía, la primacía que para Merleau-Ponty tiene la experiencia sobre el
pensamiento conceptual (uno de sus ensayos se titula "La primacía de la percepción y sus
consecuencias filosóficas"),44 su insistencia en el
contexto y en el papel fundamental que desempeña el yo físicamente instanciado
en el "cuerpo vivido" como requisito previo para-ser-en-el-mundo, el
cuerpo vivido como medio de la experiencia intersubjetiva, la consiguiente
importancia de la profundidad, que es la condición necesaria para la existencia
encarnada, su énfasis en que la obra de arte da lugar a algo completamente
nuevo, no solo a una redistribución de lo que ya existe, son todas ellas, en mi
opinión, expresiones de la postura o disposición hacia el mundo del hemisferio
derecho.
HEIDEGGER Y LA
NATURALEZA DEL SER
Sin embargo, fue con la filosofía de
Martin Heidegger que esta visión del mundo alcanzó su expresión más completa.45
Aquí hay que retroceder unos pocos años. Nacido en 1889 en el sur de
Alemania, estaba destinado al sacerdocio, y sus primeros trabajos fueron sobre
Aristóteles y Duns Escoto; pero empezó a darse cuenta de que nuestra forma de
considerar al ser, como si fuera solo un atributo más de las cosas como otros
atributos, o peor aún, una cosa al lado de otras cosas, conducía a un
malentendido del mundo y de nosotros mismos. Su gran obra Sein und Zeit
(“Ser y Tiempo”) fue publicada en 1927 y su importancia se reconoció de
inmediato.
Debido a que
nuestro uso de un término como "ser" nos hace sentir que entendemos
lo que es el ser, esto nos oculta la sensación de asombro radical que
tendríamos si pudiéramos entenderlo realmente, y subvierte nuestros intentos de
entenderlo. Me recuerda la percepción de Cantor de que tratar el infinito como
otro tipo de número nos impedía comprender su naturaleza y, por lo tanto, la
naturaleza del mundo. Pero al igual que eso no significa que debamos abandonar
las matemáticas, la intuición de Heidegger no significa que debamos abandonar
el lenguaje. Sólo significa que tenemos que estar en continua alerta para socavar
el intento del lenguaje de socavar nuestra comprensión.
Aunque Heidegger tiene ardientes admiradores,
igualmente que tiene ardientes detractores, y a pesar de la dificultad de sus
escritos, no cabe duda de su importancia en todos los aspectos del pensamiento
moderno: de hecho su influencia en todo el ámbito de las humanidades ha sido
realmente profunda. Todo el impulso de Heidegger se aleja de la clara luz del
análisis, y esto ha dado lugar a malentendidos. Mientras que algunos lo han
admirado como un sabio filósofo-maestro, otros lo han vilipendiado como un
ofuscador. Y aquellos interesados en derribar los límites del mundo del
sentido común le han adoptado como mentor. Creo que este intento, de los que
llama, Julian Young “los ‘anarco-existencialistas’, para quienes toda
interpretación de la realidad es una estructura de poder opresiva”, de anexar a
Heidegger a su causa representa una farsa, una inversión casi total de lo que
él defendía.46 Para Heidegger, el hecho de que nuestra aprehensión
de lo que sea que es, tome parte en el proceso de que esa cosa llegue a ser lo
que es, y que por lo tanto no haya una única verdad sobre nada que exista, no
significa que cualquier versión de una cosa sea válida o que todas las
versiones sean igualmente válidas. Como dice Eric Matthews, hablando de las
reflexiones de Merleau-Ponty sobre las obras de arte:
Debido a que el soporte de la obra
resultante no tiene un lenguaje de referencia convencional, cualquier
significado que tenga no será expresable en otros términos que los de la propia
obra. Sin embargo, no se trata de un significado arbitrario: el hecho de
que no podamos dar una traducción “correcta” en otro soporte, no significa que
podamos dar a la obra cualquier significado que queramos.47
Y esto no se aplica solo a las obras de
arte. Las cosas no son lo que queramos hacer de ellas. Hay algo que existe
aparte de nuestras propias mentes, y nuestro intento de aprehender lo que sea
que es, tiene que ser verdadero, fiel a ese algo, sea-lo-que-sea que existe y
al mismo tiempo, ser fiel a nosotros mismos al hacer esa aprehensión. Que no
haya una sola verdad no significa que no haya verdad.
Hablar acerca de
la verdad suena demasiado grandioso, demasiado lleno de la promesa de certeza,
y con razón desconfiamos de ello. Pero la verdad no desaparece tan fácilmente.
La afirmación de que "no existe
tal cosa como la verdad" es en sí misma una afirmación sobre la
verdad, e implica que es más verdadera que su opuesta, la afirmación de que
"la verdad existe". Si careciéramos por completo del concepto de
verdad, no podríamos afirmar nada en absoluto, e incluso no tendría sentido
actuar. No tendría sentido, por ejemplo, buscar el consejo de los médicos, ya
que no tendría sentido contar con su opinión, y no habría base para su posible opinión
de que un tratamiento sería mejor que otro. Ninguno de nosotros realmente vive
como si no existiera la verdad. Nuestro problema es más bien con la noción de
una verdad única e inmutable.
La palabra
"verdad" sugiere una relación entre cosas: ser veraz en relación a alguien
o a algo, la verdad como lealtad o como algo que encaja, del mismo modo que lo
harían dos superficies “entre sí”. La verdad está relacionada con la
"confianza", y se refiere fundamentalmente a lo que uno cree
que es cierto. La palabra latina verum (verdad) es afín a una palabra
sánscrita que significa elegir o creer: la opción que uno elige, la situación
en la que uno deposita su confianza. Tal situación no es un absoluto – y nos
habla no solo sobre la cosa elegida, sino también sobre el que lo elige. No
puede ser segura: implica un acto de fe e implica ser fiel a las propias
intuiciones.
Para Heidegger,
el Ser (Sein) está oculto, y las
cosas, tal y como son en realidad (das
Seiende) solo pueden ser "desveladas" mediante una cierta
disposición de cuidadosa de atención hacia el mundo - enfáticamente no
anexionándolo, ni explotándolo o saqueándolo en busca de significados afines,
en un espíritu de "todo vale". Heidegger relacionó la verdad con el
concepto griego de aletheia,
literalmente "desvelamiento". En este concepto, una serie de facetas
de la verdad son en sí mismas desveladas. En primer lugar, esto sugiere algo
que pre-existe a nuestros intentos de "des-cubrir” la".48 Por
lo tanto, es una entidad definida mediante una negación - por lo que no es; y
en oposición a alguna otra cosa más (desvelamiento). Se llega a ella a
través de un proceso, un acceso al ser de algo; y ese proceso es
también, de manera significativa, parte de la verdad. Es un acto, un viaje, no
una cosa. Tiene grados. Y se encuentra quitando cosas, más que juntando cosas.
Esta idea de la verdad-como-desvelamiento contrasta con la idea de la
verdad-como-exactitud, que es estática, inmutable. La verdad como desvelamiento
es un progreso hacia algo - el algo está a la vista, pero nunca se ve
completamente; mientras que la verdad como exactitud se da como una cosa en sí
misma, que en principio puede ser conocida plenamente.
Para Heidegger,
la verdad era dicho desvelamiento, pero también era una ocultación, ya que la
apertura de un horizonte implica inevitablemente el cierre de otros. No hay un
único punto de vista privilegiado desde el que se puedan ver todos los
aspectos.49 Puede ser cierto que, citando a Patricia Churchland,
"sea razonable identificar lo azulado de un objeto como su disposición para dispersar...las ondas
electromagnéticas aproximadamente a unos 0.46µm" (énfasis
en el original).50 Esto es, supongo, una especie de verdad sobre
el color azul. Esa es una forma en que el azul se revela. Aunque a la mayoría
de nosotros nos parecería que deja muchas cosas fuera. También hay otras
verdades muy importantes sobre el color azul que experimentamos, por ejemplo,
cuando vemos un lienzo de Ingres, o de Yves Klein, o contemplamos el cielo, o
el mar, que encierran ese color. En este sentido, es como la imagen del conejo-pato: solo podemos hacer una
"toma" a la vez. Vemos las cosas viéndolas como algo. También
en este sentido creamos el mundo prestándole atención de una manera
determinada.
Pero hay una
razón más importante por la cual la verdad tiene que ser un ocultamiento. Todo
lo que pretende ser verdad es, según Heidegger, inevitablemente una
aproximación y las cosas verdaderas, las cosas como realmente son, y no tal y
como las podemos aprehender, son en sí mismas inefables, inasibles. Por lo
tanto, verlas claramente es ver algo que, en el mejor de los casos, es
indistinto a la visión - excepto que verlas distintivamente no sería realmente
verlas. Tener la impresión de que uno ve las cosas tal y como son, no es
permitir que se nos hagan "presentes", sino sustituirlas por otra
cosa, por algo más cómodo, familiar y asequible - lo que yo llamaría una
re-presentación del hemisferio izquierdo. El marinero inexperto ve un
tempano de hielo flotando; el marinero con experiencia ve un iceberg y se queda
fascinado.
El concepto de
ocultamiento de Heidegger no implica una especie de desesperación ante lo
incomprensible. Todo lo contrario, como se desprende de toda su obra.
Ocultamiento no significa, en las artes, estar más allá de una
aproximación, ni tampoco invita a un todo vale; sino que sugiere que lo que
entiende el hemisferio derecho es probable que no sea entendido por el izquierdo.
El dicho un tanto gnómico de Heidegger, in der Unverborgenheit waltet die Verbergung ("en el
desvelamiento habita el ocultamiento y su salvaguardia") llama la atención de forma acertada sobre la simultaneidad
del ocultamiento y el resplandor de la verdad en las obras de arte. El
significado está presente por completo en la obra de arte: no puede ser
extraído de ella ni sacado a la luz del día, sino que se proyecta perfectamente
allí donde está. Se podría comparar con la frase de Wittgenstein: "La obra de arte no pretende transmitir algo más, solo a sí misma."51
Según Heidegger, la postura o disposición que debemos
adoptar es la de “estar a la espera" (nachdenken) de algo,
en lugar de simplemente estar "esperando por" algo; es decir,
optar por un paciente y respetuosa atención por algo para que se revele, en el
que necesitamos tener ya alguna idea de lo que va a ser. George Steiner lo
compara con "esa ‘inclinación hacia’, del espíritu, del intelecto y del
oído" que se observa en la
Anunciación de Fra Angélico en San
Marcos.52 En otras palabras, una pasividad muy activa. Hay un
proceso de reaccionabilidad entre el hombre (Dasein, literalmente "ser ahí", o quizás "el ser que
está en el mundo") y el Ser, que vuelve a ser bien descrito por
Steiner:
Una ent-sprechen no es "una
respuesta a" (une réponse à), sino una "reacción a", una
"correspondencia con", una reciprocidad dinámica y un acoplamiento
como los que se producen cuando dos engranajes, ambos en rápido movimiento, se
acoplan. Así pues, nuestra pregunta sobre la naturaleza de la filosofía no
requiere una respuesta en el sentido de una definición o formulación de manual,
ya sea platónica, cartesiana o lockeiana, sino una Ent-sprechung, una reacción,
un eco vital, una "re-spondencia" en el sentido litúrgico del
compromiso participativo...Para Descartes, la verdad está determinada y
validada por la certeza. La certeza, a su vez, se sitúa en el ego. El yo
se convierte en el centro de la realidad y se relaciona con el mundo de fuera
de él con una actitud exploratoria necesariamente explotadora. Como conocedor y
usuario, el ego es depredador. Para Heidegger, por el contrario, la
persona humana y la autoconciencia no son el centro, los validadores de
la existencia. El hombre es solo un oyente privilegiado y un respondedor de la
existencia. La relación vital con la alteridad no es, como para el racionalismo
cartesiano y positivista, una relación de “apropiación" y uso pragmático. Es
una relación de escucha. Se trata de "escuchar la voz del Ser". Es, o
debería ser, una relación de extrema responsabilidad, de tutela, de responsividad
hacia y para.53
Se trata de un
contraste entre, por un lado, el ego
aislado, que se encuentra en una relación de explotación alienada y depredadora
con el mundo que le rodea, saltando de manera extraña de sujeto a objeto y
viceversa, retirándose con su botín al gabinete de su conciencia, donde exige
la certeza del conocimiento; y, por otro lado, un yo que se ve atraído y está
inextricablemente vinculado al mundo en una relación, no solo de naturaleza
metafísica, sino de "estar-con" y dentro de, una relación de cuidado
(Sorge) y preocupación, sugiriendo la
implicación de todo el ser experiencial, no solo de los procesos de cognición -
este contraste evoca, en mi opinión, algunas de las diferencias esenciales
entre los mundos que nos proporcionan los dos hemisferios. Pero eso no es todo.
Puesto que Dasein es "ser ahí" en el
mundo - el mundo literal, real, concreto, y cotidiano - ser un humano, en
definitiva, es estar inmerso en la tierra, y en la cotidianidad
material-del-hecho, del mundo. El hemisferio derecho se ocupa de lo familiar,
no en el sentido de lo inauténticamente rutinario, sino en el sentido de las
cosas que forman parte de "mi" mundo cotidiano o familia, del
hogar, de aquellos por quienes cuido.54 No es ajeno a las cosas
materiales, sino que, muy al contrario, atiende a las cosas individuales en
toda su particularidad concreta. Esta es exactamente la “sensibilidad personal
al núcleo y a la sustancia de la existencia física, a la ‘coseidad’ y a la
obstinada quididad de las cosas, ya sean rocas, o árboles o la presencia
humana" que se encuentra en Heidegger.55 De nuevo, esto arraiga
la existencia en el cuerpo y en los sentidos. No habitamos el cuerpo como si
fuera una extraña pieza cartesiana de magia maquinal, sino que lo vivimos - una
distinción entre la comprensión del cuerpo por el hemisferio izquierdo y el
derecho. Al tratar de transmitir la "otredad" de una construcción
particular, su pura existencia o esencia anterior a cualquier acto de cognición
por el que sea parcialmente aprehendido, Heidegger habla de que el hecho
primigenio de su existencia se nos hace a nosotros presente en el propio olor
de la misma, comunicado más inmediatamente de esta manera que por cualquier
descripción o examen.56 Los sentidos son cruciales en la
"presencia" del ser, "para nuestra aprehensión de un es
en las cosas, algo que ninguna disección analítica o relato verbal puede
aislar".57
El tiempo es
responsable de la individualidad del Dasein,
y es la condición bajo la cual las cosas existentes son. En Sein und Zeit
(Ser y Tiempo) Heidegger insiste en
que no vivimos en el tiempo, como si fuera un flujo independiente y
abstracto, ajeno a nuestro ser, sino que vivenciamos el tiempo - del mismo modo
que ser-en-el-mundo no es lo mismo que estar en el mundo como canicas en una
caja. Vivimos el tiempo en lugar de solo concebirlo, y de la misma manera
vivimos el cuerpo en lugar de simplemente derivar información sensorial a
través de él.58 A través de la experiencia del tiempo,
el Dasein se convierte en un
"ser hacia la muerte": ya que sin la muerte, la existencia sería des-cuidada,
carecería de la fuerza que nos atrae unos a otros y al mundo. Para Heidegger,
el "nadir de la temporalidad inauténtica" es el tiempo como una
secuencia de instantes (el modo del hemisferio izquierdo), que está en
oposición al tiempo vivido del Dasein,
y a todo lo que le da sentido.59
La cotidianeidad
fue un concepto importante para Heidegger: y de nuevo tiene dos significados, y
las distinciones de Heidegger iluminan una vez más las diferencias
hemisféricas, igual que las diferencias hemisféricas iluminan el significado de
Heidegger. Por tomar un ejemplo conocido suyo, el martillo que utilizo
encuentra su lugar de forma natural en el contexto de la acción para la que lo
utilizo, y se convierte casi en una extensión de mí mismo, de modo que no hay
conciencia o atención focal (hemisferio izquierdo) hacia él. Se desvanece en su
contexto - el mundo vivido por mí, mi brazo, la acción del martillear y el
mundo que me rodea en el que esto ocurre (hemisferio derecho); en términos de
Heidegger es zuhanden, ("listo-para-usar").60
Por contraste, solo se destaca, se convierte en términos de Heidegger en vorhanden
("presente-en-la mano"), cuando algo sale mal, se interrumpe este
flujo, y llama mi atención como objeto de observación (hemisferio izquierdo).
Entonces comienza a volverse ajeno. Pero la situación es más compleja y viva
(hemisferio derecho) que lo que este esquema analítico (hemisferio izquierdo)
lo hace parecer. Las cosas no acaban "archivadas" (hemisferio izquierdo)
o "viviendo" (hemisferio derecho) en uno u otro hemisferio, sino que
se mueven constantemente de un lado al otro o, para decirlo con más precisión,
algunos aspectos de ellas pertenecen a un hemisferio y otros aspectos al otro,
y estos aspectos están continuamente presentándose y retirándose en un proceso
que es dinámico. La actividad de la vida hace que aparezcan aspectos de las
cosas en cualquiera de los dos hemisferios. La rutina de la vida cotidiana, en
la que las cosas tienen su lugar y su orden familiar (hemisferio derecho),
puede embotar la percepción de las cosas en lo que Heidegger llamaba,
inautenticidad (hemisferio izquierdo), por el propio peso de la familiaridad, y
en mis términos, su re-presentación en el hemisferio izquierdo viene a ocupar
el lugar de la cosa en sí misma (en términos generales, la idea del
martillo reemplaza a la cosa tal y como se experimenta). Sin embargo, la propia
alienación inherente a la experiencia de su repentina Vorhandenheit, (presencia) cuando el martillo se convierte en el
foco de mi atención, permite la posibilidad de redescubrir la autenticidad que
se había perdido, porque el distanciamiento nos permite verlo de nuevo como una
cosa existente, algo notable casi con un sentido de asombro (en lo que, para
Heidegger, como para muchos otros filósofos, comienza toda la filosofía).
A medida que las
cosas se vuelven aburridas e inauténticas, se conceptualizan en lugar de
experimentarse; se sacan de su contexto vital, un poco como si se arrancara el
corazón de un cuerpo vivo. Heidegger llamó a este proceso de Gestell, o enmarcado, un término que
sugiere el distanciamiento de ver las cosas como si se vieran a través de una
ventana (como en una famosa imagen de Descartes), 61 o como si
estuvieran re-presentadas en un cuadro o, hoy en día, encerradas en la pantalla
del televisor o del ordenador.62 Inherente a ello es la noción de un
conjunto arbitrariamente interrumpido de relaciones potenciales con el contexto
- que en última instancia significa con la totalidad del Ser, con todo lo que
es - cuidadosamente recortado por los bordes del encuadre. Debido a que la
realidad está infinitamente ramificada e interconectada, y a que su naturaleza
es la de esconderse, y rehuir el enfoque del análisis lógico, el lenguaje es un
medio constantemente limitador, potencialmente equivoco y distorsionador. Sin
embargo, es necesario para Heidegger como filósofo. El lenguaje en su tendencia
a la linealidad se resiste a la red reticulada del pensamiento de Heidegger, y
su escritura adopta imágenes y metáforas de caminos que son tortuosos e indirectos,
como Holzwege, Feldweg, Wegmarken y así
sucesivamente, sugiriendo el serpenteo a través de bosques y campos.63 Es interesante que la filosofía de Descartes se
cociera a medias mientras dormía en un horno bávaro, la metáfora de la
inmovilidad y el ensimismamiento revelando la naturaleza de la filosofía, siendo
filosofía y cuerpo uno; mientras que Heidegger era, según Steiner, "un
infatigable caminante por lugares de tinieblas": solvitur ambulando.64 La verdad es un proceso, no un
objeto.
Desde el punto de
vista analítico, como dice Steiner, hay que intentar constantemente "saltar ‘fuera’ y más allá de la propia
sombra del hablante".65 Además, nunca hay que perder de
vista la naturaleza interconectada de las cosas, de modo que el proyecto de
Heidegger se opone también en esto al de Descartes, quien se limitaba a ver los
objetos aisladamente: "si uno trata de mirar muchos objetos de una sola
vez, no ve ninguno de ellos claramente".66 Heidegger llegó de forma natural a la
metáfora, en la que más de una cosa es mantenida implícitamente (oculta) ante
la mente, ya que valoraba de forma inusual para un filósofo, la ambigüedad del
lenguaje poético. Lamentaba la terrible Eindeutigkeit
- literalmente el "significado único" o explicitud - a la que
tendemos en esta era de la informática: y tanto
Wittgenstein como Heidegger, según Richard Rorty, "terminaron
tratando de elaborar términos honorables por los que la filosofía pudiera
rendirse a la poesía".67 La obra de Wittgenstein se volvió cada
vez más apotegmatica: luchando reiteradamente con la idea de que la filosofía
no era posible fuera de la poesía.68
Y Heidegger acabó recurriendo, en sus últimas obras, a la poesía
para transmitir la complejidad y profundidad de su significado. Veía el
lenguaje como parte integrante de lo que sea que proponga, al igual que el
cuerpo lo es del Dasein, y no como un
mero contenedor del pensamiento: "Las
palabras y el lenguaje no son envoltorios en los se empaquetan cosas para el
comercio de quienes escriben y hablan".69
También es
inherente a la forma en que Heidegger habla del lenguaje, el entendimiento de
que nuestra relación con el lenguaje, al igual que la relación que tenemos con
el mundo del que es imagen, no una cuestión de voluntad, de doblegar las
palabras como si fueran cosas para nuestra utilidad, no es una cuestión de
manipulación y dirección (como lo hace el hemisferio izquierdo). Es el lenguaje
el que habla en nosotros, dice, no nosotros los que lo hablamos.70 La
propuesta, a primera vista paradójica (una vez más, Heidegger lleva al límite
lo que el lenguaje puede decir), incorpora la idea de que el lenguaje nos
conecta con una sabiduría que necesitamos a través del esforzado discurso
filosófico y, en cierto sentido, la instancia, o, como llegó a creer cada vez
más, a través de la poesía, para permitir que nos hable; que necesitamos
escuchar lo que emerge de nuestro lenguaje, en lugar de hablar a través de él-
lo cual es una imposición de ideas. Debemos permitir que hable el hemisferio
derecho "silente", con su entendimiento difícil de plasmar en el
lenguaje ordinario de cada día, puesto que el lenguaje cotidiano ya nos remite
directamente a la forma particular de estar en el mundo - la del hemisferio
izquierdo - que se está intentando eludir. Cuando nos dirigimos hacia algo en
un esfuerzo por aprehenderlo, parece decir Heidegger, no somos ingenuamente los
principales impulsores. Para que podamos entender cualquier cosa, tenemos que
estar ya en posesión de la suficiente comprensión de la misma para poder
acercarnos a ella, y de hecho tenemos, que haberla comprendido ya en algún
sentido antes de que podamos "comprender”la".71
Llegamos a la
posición (tan conocida por la experiencia) de que no podemos conseguir la
comprensión agarrándola por nosotros mismos. Ya tiene que estar en
nosotros, y la tarea es despertarla, o quizás desplegarla - hacerla nacer en
nosotros. Del mismo modo, nunca podremos hacer que los demás entiendan algo a
menos que ya lo entiendan en algún nivel.72 No podemos darles
nuestra comprensión, solo despertar su propia comprensión latente. Este es
también el significado del oscuro dicho de que las ideas vienen a nosotros, no
nosotros a ellas. Nuestro papel en la comprensión es el de una pasividad
abierta, en cierto sentido activa: "A la hora de ver las cosas, (Einblick)
son los hombres los que son alcanzado por la visión de".73 La
idea también es familiar en Merleau-Ponty: "es el ser el que habla en
nosotros, y no nosotros los que hablamos del ser", y de nuevo, "no
somos nosotros quienes percibimos, es la propia cosa la que se percibe a sí
mismo".74 La idea de que la mente consciente es pasiva en
relación a lo que le llega a través del hemisferio, de lo-que-sea-que-existe
más allá, también lo expresa Jung: "Todo el mundo sabe hoy en día que las
personas "tienen complejos". Lo que no es tan bien conocido, aunque
es mucho más importante teóricamente, es que los complejos pueden poseernos
a nosotros".75
La filosofía y el
discurso filosófico es solo una forma de entender el mundo. La mayoría de las
personas que ven instintivamente el mundo en términos heideggerianos no se
convierten en filósofos - los filósofos se auto-seleccionan como aquellos que
sienten que pueden dar cuenta o al menos cuestionar con sensatez, la realidad
en los mismos términos que necesitarían trascenderla si queremos hacer justicia
a la realidad del hemisferio derecho. Sin embargo, hay notables excepciones,
siendo Schopenhauer una de ellas. Al igual que Heidegger y Wittgenstein con la
poesía, Schopenhauer creía que la mediación del arte en general, pero en
particular la música, podía revelar más directamente la naturaleza de la
realidad que la filosofía. También creía en la importancia de la compasión y la
iluminación religiosa para lograrlo. Es interesante, desde nuestro punto de
vista, que dijera que "el asombro filosófico está, por tanto, en el fondo
perplejo y melancólico; la filosofía, como la obertura del Don Juan [el Don Giovanni de Mozart], comienza con un acorde
menor".76 En vista de
las asociaciones de la melancolía, la música, la empatía y el sentimiento
religioso con el hemisferio derecho, la observación adquiere un nuevo
significado, porque creo que, a pesar de las apariencias, la filosofía comienza
y termina en el hemisferio derecho, aunque tenga que atravesar el hemisferio
izquierdo en su camino (véase más adelante).
Sigue siendo
cierto que Heidegger, aunque hace todo lo posible por utilizar el lenguaje para
socavar el lenguaje, persiste en conceder un papel primordial al lenguaje en el
Ser. A menudo se pregunta, ¿por qué no la música? Tal vez la respuesta sea
personal: si él no hubiera pensado que el lenguaje tiene una importancia
primordial, y el mismo no se hubiera agarrado instintivamente al lenguaje en
lugar de la música o las artes visuales, como su medio, no habría sido un
filósofo. De todas formas, partiendo de los modos de funcionamiento del hemisferio
izquierdo - lenguaje, abstracción, análisis - Heidegger se mantuvo fiel a lo
que percibía que estaba constantemente oculto para la visión del
hemisferio izquierdo; no se dejó arrollar ni una sola vez, sino que, con
extraordinaria paciencia, persistencia y sutileza, permitió que este hablara
por sí mismo, a pesar del compromiso con el lenguaje, la abstracción y el
análisis, y así logró trascenderlos. Es este extraordinario logro que le
convierte, a mi modo de ver, en una figura heroica como filósofo, a pesar de
todo lo que se podría decir, y se ha dicho, en contra de la ambivalencia de su
papel público en la Alemania de los años treinta.77
Aunque partiendo de una tradición filosófica muy
distinta y trabajando en una ruta diferente, el Wittgenstein tardío llegó a
muchas de las mismas conclusiones que Heidegger. No puede haber duda de la
escrupulosidad de Wittgenstein a la hora de abordar la naturaleza de la
realidad. Sin embargo, al igual que Heidegger, consideró que el proceso
filosófico tenía que trabajar en contra de sí mismo y se vio a sí mismo
llevando la filosofía a un callejón sin salida. "Si mi nombre perdura",
escribió, "entonces será solo como el terminus ad quem de la gran filosofía de Occidente. Como el nombre de aquel
que quemó la biblioteca de Alejandría".78 Al igual que
Heidegger, también Wittgenstein enfatizó la primacía del contexto sobre las
reglas y la construcción de sistemas, y de la práctica sobre la teoría:
"Lo que uno adquiere aquí no es una técnica; uno aprende a hacer juicios
correctos. También hay reglas, pero no forman un sistema, y solo las personas
con experiencia pueden aplicarlas correctamente. A diferencia de las reglas de
cálculo".79 Enfatizó que no son las mentes las que piensan y
sienten, sino los seres humanos. Y al igual que Heidegger, comprendió que la
verdad tanto puede esconderse o engañar, como revelarse. Peter Hacker, estudioso
de Wittgenstein, escribe:
Toda fuente de verdad es también
inevitablemente una fuente de falsedad, de la que sus propios cánones de
razonamiento y confirmación intentan protegerla. Pero también puede convertirse
en una fuente de confusión conceptual y, en consecuencia, de formas de
mitificación intelectual, contra las que suele ser impotente. El cientificismo,
la extensión ilícita de los métodos y categorías de la ciencia más allá de su
dominio legítimo, es una de esas formas, y la concepción de la unidad de las
ciencias, la homogeneidad metodológica de las ciencias naturales y de los
estudios humanísticos uno de esos mitos. La tarea de la filosofía es defendernos
de esas ilusiones de la razón.80
Wittgenstein era
escéptico con respecto al método científico por dos razones principales: su
tendencia a "reducir" y la engañosa claridad de sus modelos. Se
refirió a la "preocupación por el método de la ciencia…. cuando reduce la
explicación de los fenómenos naturales al menor número posible de leyes
naturales elementales".81 Aunque "nos sentimos
irresistiblemente tentados a plantear y responder preguntas de la forma en que
lo hace la ciencia…nunca puede ser nuestro trabajo reducir una cosa a otra".
(Véase. Joseph Needham: "nada puede ser reducido a ninguna cosa".)82
Una de sus frases favoritas era "Todo es lo que es y no otra cosa",83
una expresión del compromiso apasionado del hemisferio derecho con la pura
quididad de cada cosa individual, a través de la cual nos acercamos a lo
universal, y de su resistencia al reduccionismo inevitable del sistema de
construcción del hemisferio izquierdo.
A pesar de su
respeto por la honorable empresa de la búsqueda de claridad, Wittgenstein
desconfiaba de la falsa claridad que aporta el pensamiento científico y, el
mero negocio de su formulación en el lenguaje. Ya me he referido antes al modo
en que la contribución particular del lenguaje al pensamiento consiste en darle
claridad y solidez: y como vio su discípulo Friedrich Waismann, al hablar de
los propios procesos de la mente, un motivo psicológico, "se espesa, se
endurece y toma forma, por así decirlo, solo después de que lo expresamos con
palabras".84 Debemos luchar por la objetividad, y, sin embargo,
la realidad que pretendemos revelar no es precisa en sí misma, de modo que la
precisión artificial de nuestro lenguaje nos traiciona.85 Wittgenstein hablaba despectivamente de
la "irritación del intelecto", del "prurito del intelecto",
que él oponía al impulso religioso (decía que no podía evitar "ver cada
problema desde un punto de vista religioso").86 Consideraba que el cometido de la filosofía
era oponerse a la anestesia de la razón autocomplaciente: "El hombre tiene
que despertar al asombro- y tal vez también los pueblos. La ciencia es una
forma de adormecerlos de nuevo".87
Heidegger habría
estado de acuerdo. La importancia de Heidegger para el tema de este libro no
solo radica en su percepción de que, en última instancia, el mundo viene dado
por (lo que ahora podemos ver) como el hemisferio derecho. Fue aún más lejos, y
parece haber comprendido intuitivamente la relación evolutiva entre los
hemisferios, que constituye el tema de la segunda parte de este libro:
específicamente, que con convulsiones, retrocesos y bandazos a veces
tumultuosos, ha habido un movimiento incesante hacia la erosión del poder del
hemisferio derecho durante los últimos siglos en Occidente.
El mismo Freud,
aunque sabía que el entendimiento racional, al que llamaba "proceso
secundario", nunca podría reemplazar al "proceso primario" del
inconsciente, llegó a creer que, a lo largo de la historia humana, la razón
había invadido el instinto y la intuición.88 Heidegger vio que había
una continuidad fatal entre el lenguaje asertivo, predicativo, definitorio, y
clasificatorio de la metafísica Occidental y esa voluntad de dominio
racional-tecnológico sobre la vida, que él llamó nihilismo. En La Cuestión sobre la Tecnología y otros
Ensayos, escribió que "el evento fundamental de la era moderna es la
conquista del mundo como imagen".89 Consideraba que la
investigación científica aportaba un cierto tipo de metodología estrecha y descontextualizadora
de la naturaleza y de la historia, que aislaba y objetivaba su sujeto y era
esencial para el carácter de su tarea. Al hablar de la visión, y de la
evolución del concepto griego de theoria, más tarde en
latín contemplatio, veía “que el impulso, ya estaba preparado en el
pensamiento griego, por una mirada que aísla y compartimenta", y habla de
"un avance invasivo...hacia lo que
puede ser captado por el ojo".90
Todo esto lleva a recordar demasiado a Descartes "tratando de
ser un espectador más que un actor en todas las comedias que se representan [en
el mundo]".91
Heidegger, adelantándose en el tiempo para considerar
los últimos dos siglos, veía los desastres del materialismo occidental como
derivados de un "olvido del Ser", y las fuerzas aparentemente
opuestas del capitalismo y el comunismo como meras variantes de una tecnicidad
y explotación comunes de la naturaleza. Nuestros intentos de forzar la
naturaleza según nuestra voluntad son fútiles, pensaba, y no muestran ninguna
comprensión del Ser. Esto puede parecer una reflexión beata, y que no concuerda
con la razón. Pero hay un significado aquí que incluso el hemisferio izquierdo
puede entender. La dominación y la expoliación masiva de la naturaleza y de los
recursos naturales, la reducción del mundo a una mercancía, no ha llevado a la
felicidad que debía producir. De acuerdo con Heidegger, lo que aparentemente se
exige actualmente en todas partes es una acción dura, instantánea y, si es
necesaria, violenta; "La larga y paciente espera de un don" ha
llegado a parecer una mera debilidad.92
SCHELER: LA
IMPORTANCIA DE LOS VALORES EN LA CONSTITUCIÓN DE LA REALIDAD
También es necesario decir algo sobre un contemporáneo, colega y amigo, menos
conocido que Heidegger, Max Scheler, que murió joven, y que era la única
persona que Heidegger creía que realmente lo entendía. De hecho, Heidegger
llegó a calificar a Scheler como "la fuerza filosófica más poderosa de la
Alemania actual, es más, de la Europa contemporánea, e incluso de la filosofía
contemporánea como tal".93 Scheler avanzó más que Heidegger en
ciertas direcciones filosóficas, en particular la exploración de los valores y
el sentimiento, no como epifenómenos, sino como constitutivos del mundo
fenomenológico. Según Scheler, los valores no son en sí mismos sentimientos,
aunque nos lleguen a través del ámbito de los sentimientos, del mismo modo que los
colores nos llegan a través del ámbito de la visión. Scheler como otros
filósofos de la fenomenología subrayaron la naturaleza interpersonal de la
experiencia, en particular en la naturaleza de la emoción, que él creía que
trascendía al individuo, y que pertenecía a un reino en el que tales límites ya
no se aplicaban. Según la fenomenología de Scheler, en Esencia y formas de la Simpatía, que respaldó con un estudio del
desarrollo infantil y lingüístico, y que ha sido corroborada por la
investigación después de su muerte en 1928,94 nuestra experiencia
inicial del mundo es intersubjetiva y no incluye una conciencia del yo como
alguien distinto del otro.95 Existe, en cambio, "un flujo
inmediato de experiencias, indiferenciadas entre las mías y la tuyas, que en
realidad contienen tanto las propias experiencias como las de los otros,
entremezcladas y sin distinción unas de otras".96
La visión de Scheler en él que la emoción es
irreductible, y desempeña un papel fundamental en la experiencia, se relaciona
con lo que se ha llamado la primacía del afecto (trataré esto en el próximo
capítulo). En esto, como señala el traductor de Scheler, Manfred Frings, siguió
a Pascal, quien, aun siendo matemático, afirmó en una cita célebre que el
corazón tenía razones que la razón ignora.97
Pero, para Scheler, lo primordial no era cualquier afecto, sino el amor
en sí mismo. Para él, el hombre es esencialmente ens amans, un ser que ama. En el paradigma de Scheler, este poder
atrayente (en el sentido literal de la palabra) es tan misterioso y fundamental
como el poder de atracción de la gravedad en el universo físico.
Para Scheler, los valores son aspectos precognitivos
del mundo existente, que no son ni puramente subjetivos (es decir, "lo que
yo considere que sean") ni puramente consensuados (es decir, "lo que
acordemos que sean"). Afirma que no es algo que derivemos, o elaboremos a
partir de algún otro tipo de información, como tampoco derivamos un color, o
llegamos a una conclusión sobre él, haciendo un cálculo. Llegan a nosotros por
derecho propio, antes de que se haga cualquier cálculo de otro tipo. Esta
posición está muy relacionada con dos temas del hemisferio derecho que ya hemos
tratado: la importancia del contexto y de la totalidad. Por ejemplo, un mismo
acto realizado por dos personas diferentes puede tener una valoración
completamente diferente, por lo que la moralidad nunca puede ser una cuestión
de acciones o consecuencias sacadas de contexto, tanto si se trata de un
contexto más amplio como del mundo mental del individuo implicado (he aquí la
debilidad de un sistema judicial codificado de manera demasiado rígida). De ahí
que juzguemos algunas cosas que, fuera de contexto, se considerarían como
debilidades, como parte de lo que es valioso y atractivo en el contexto del
carácter de una persona en particular; no llegamos a un juicio sobre una
persona sumando la totalidad de sus características o actos, sino que juzgamos
sus características o actos por la "totalidad" que sabemos que es esa
persona.98 (Esto no quiere decir que no se puedan acumular, tantas
"partes" incongruentes que uno ya no pueda resistirse al juicio que
invitan, con la consiguiente revisión de la naturaleza de ese todo. Es como
hacer mayonesa: si se añade demasiado aceite, demasiado rápido, la emulsión se corta.)
Los valores no son un aroma que se agrega con algún
fin socialmente útil; no son una función o consecuencia de otra cosa, sino que
constituye un hecho primario. Scheler se refirió a la capacidad de apreciar el
valor de algo, como Wertnehmung, un
concepto que se ha traducido al inglés, de manera poco afortunada, como “value-ception”,
(en castellano sería “valor-acción”). Para él, esta valor-acción determina el
tipo de atención que prestamos a cualquier cosa y por la cual aprendemos más
sobre ella. Nuestro conocimiento valorativo de la totalidad determina nuestra
comprensión de las partes, y no a la inversa. Es, de hecho, una forma de entrar
en el círculo de las manos de Escher,
con el que comenzó este capítulo.
Scheler también sostuvo que los valores forman una
jerarquía.99 Por supuesto, uno puede estar o no de acuerdo con él en
este punto - se trata de cuestiones de juicio e intuición, más que de
argumentos - pero lo que me parece significativo es que, sin saber nada de las
diferencias hemisféricas, ilustra perfectamente la polaridad de los sistemas de
valores de los dos hemisferios. El hemisferio derecho considera que los valores
inferiores derivan su poder de los superiores a los que sirven; el hemisferio
izquierdo es reduccionista, y explica los valores superiores en referencia a
los valores inferiores, sus valores rectores son los del uso y placer. La
jerarquía de Scheler comienza en el nivel más bajo, lo que él llama sinnliche Werte, o valores de los
sentidos - si algo es agradable o desagradable. Los valores de utilidad (o inutilidad) están en el mismo nivel
que los de los sentidos, ya que "nada puede llamarse significativamente
útil excepto como un medio para el placer; la utilidad…….en realidad, no tiene
ningún valor excepto como un medio para el placer".100 El
siguiente nivel es Lebenswerte, el de
los “valores de la vida", o de la vitalidad: lo que es noble o admirable,
como el coraje, la valentía, la disposición al sacrificio, la audacia, la
magnanimidad, la lealtad, la humildad, etc., o por el contrario, lo que es mezquino,
(gemein) como la cobardía, la
pusilanimidad, el egoísmo, la estrechez de miras, la traición y la arrogancia.101
Luego viene el reino de geistige Werte,
los valores del intelecto o del
espíritu - principalmente la justicia, la belleza y la verdad, con sus
opuestos. El reino final es el de das
Heilige, lo que es sagrado. Véase la figur4.2.
Es relevante para la tesis de este libro que hay
cualidades importantes que resultan ser instrumentalmente útiles y, por lo
tanto, deberían perseguirse por motivos utilitaristas, pero proceder de este
modo carece de sentido, ya que no pueden alcanzarse mediante un esfuerzo de
voluntad, y el intento de hacerlo simplemente las aleja más todavía. Este es
otro punto expresado con gran sutileza y elegancia por el filósofo Jon Elster,
en su brillante libro Uvas Amargas:
como valores típicos de este tipo, menciona la sabiduría, la humildad, la
virtud, el coraje, el amor, la simpatía, la admiración, la fe y la comprensión.102
Hemisferio derecho: Valores más bajos al servicio de los más altos Hemisferio izquierdo:
Valores más altos al servicio de los más bajos Valores de utilidad y placer Valores de vida Valores del intelecto Lo Sagrado
Fig.4.2 Pirámide de valores según Scheler.
Este es otro punto de la debilidad
gódeliana del racionalismo (su libro se subtitula Estudios sobre la subversión de la racionalidad). Estos valores si
se persiguen por su utilidad, se desvanecen en la nada. Todos estos pertenecen
a los niveles superiores de la jerarquía de Scheler. Los valores de utilidad y
de placer, los de rango más bajo, son los únicos a los que se puede aplicar los
modos de funcionamiento del hemisferio izquierdo – pero incluso estos valores
son a menudo inútiles de perseguir (como lo demuestra la paradoja del
hedonismo).103 Cuando las cosas son re-presentadas en el hemisferio
izquierdo lo que destaca es su valor-de uso. En el mundo que hace surgir, todo
se reduce a la utilidad o es rechazado con considerable vehemencia, una
vehemencia que parece nacer de la frustración, y de la afrenta a su
"voluntad de poder". Los valores superiores en la jerarquía de
Scheler, todos los cuales requieren un compromiso afectivo o moral con el
mundo, dependen del hemisferio derecho.
Se dice que el significado de las palabras hebreas
traducidas como "bien y mal", en el mito del Génesis, cuando Adán y Eva comieron del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del
Mal, "significan precisamente lo útil y lo inútil, en otras palabras, lo
que es útil para la supervivencia y lo que no lo es".104
DOS MUNDOS
Si el proceso del hemisferio izquierdo
parece chocar sistemáticamente con los límites de su propio método y necesita
trascenderlos, esto es una evidencia convincente de que la realidad que está
tratando de describir es algo otro. El hecho de que en el siglo XX los
filósofos, al igual que los físicos, hayan llegado cada vez más a conclusiones
que estaban en desacuerdo con su propia metodología de hemisferio izquierdo y
que sugiere la primacía del mundo tal y como la presenta el hemisferio derecho,
nos dice algo importante.
Volviendo desde el ámbito de la filosofía al del uso
del lenguaje en la experiencia cotidiana, también podemos ser conscientes de
otra realidad, la del hemisferio derecho - y sin embargo sentir que la
explicitación nos obliga a reconocer solo el mundo del hemisferio izquierdo. En
otras palabras, vivimos, en dos tipos diferentes de mundo. Por lo tanto,
debería haber dos significados para la mayoría de las palabras que comúnmente
usamos para describir nuestra relación con el mundo. No todas serán como
“agarrar"- voluntariosas, interesadas y unidireccionales.
Ver el mundo
Probablemente la metáfora más importante de nuestra relación con el mundo
sea la de la propia vista. "Ver es saber " es una de las metáforas
más consistentes de todas, y existe en todas las lenguas indoeuropeas, lo que
sugiere un desarrollo temprano en el Ursprache
indoeuropeo (o lenguaje “primigenio").105 Está
profundamente arraigado en la forma en que aprehendemos el mundo. "Ya lo
veo"; decimos, lo que significa "Ya lo entiendo".
En la era de la
vigilancia por circuito cerrado de televisión, de los teléfonos móviles que
"capturan" videos, etc., mucha gente imagina que sus ojos son algo
así como el objetivo de una cámara giratoria en movimiento, tal vez un poco
como la cámara de un cineasta - al igual que nuestro modelo de pensar y memorizar
es como la de una computadora, con sus bancos de memoria internos. La imagen
sugiere que escogemos hacia dónde dirigimos nuestra atención; y a este
respecto, nos vemos a nosotros mismos como sumamente activos y autónomos. En
cuanto a las "impresiones" que recibimos, seríamos como una placa
fotográfica, tomando un registro fiel del mundo de "ahí fuera"; y en
esto nos enorgullecemos de la objetividad, siendo, sumamente pasivos. El
proceso es lineal, unidireccional, adquisitivo, y es la visión del hemisferio
izquierdo de la visión.
Pero el modelo de la cámara es tan engañoso y
restrictivo como el modelo del ordenador. Sabemos que no somos ni tan activos
en elegir hacia dónde dirigimos nuestra atención, ni tan pasivos en el proceso
de ver, como sugiere este planteamiento. Hay otra historia que contar acerca de
la visión, que está respaldada por la neurociencia. También está más en consonancia
con la visión del mundo del hemisferio derecho. Según esta visión, ya estamos
en una relación con el mundo, lo que ayuda a dirigir nuestra atención; y
también significa que aportamos algo de nosotros mismos al proceso de crear una
"visión" del mundo.
¿Somos activos en la elección?
Tomemos en primer lugar la idea de que elegimos de forma activa hacia dónde
miramos. Aunque por sí sólo, el hemisferio izquierdo está considerablemente
atrapado en su propia mirada.106 Una vez que ve algo, se queda fijo
en ello, de una manera que tiene poco que ver con una elección. En cualquier
caso, el mundo en él que estaría efectuando la elección, lo proporciona la
atención más amplia del hemisferio derecho, y a menudo lo que atrae el foco de
nuestra atención nos llega a nosotros de forma pre-consciente, y pasa por alto
cualquier acción voluntaria. Por ejemplo, un ojo se queda "atrapado",
por así decirlo, por palabras o nombres destacados que sobresalen en una página,
(palabras que probablemente no podamos volver a descubrir en cuanto intentemos
encontrarlas, y entre en juego el estrecho haz de atención del hemisferio
izquierdo). En la práctica, el llamado procesamiento "pre-atencional"
significa que antes de que podamos tener la oportunidad de leer lo que hay, detectamos,
de forma pre-consciente, cualquier cosa que posea una carga afectiva particular
o demande nuestra atención.107 Por lo tanto, no es cierto que
prestemos atención a algo de manera consciente antes de que podamos saberlo:
solo podemos seleccionar a qué atender cuando sabemos ya de qué se trata.
Primero lo sabemos, luego nos sentimos atraídos a atender, para saber más - de
nuevo las manos de Escher. El mundo sale a nuestro encuentro y actúa
para atraer nuestra mirada. La vitalidad, la vida y el movimiento en sí mismo
atraen nuestra mirada. La figura de alguien paseando nos distrae; es difícil no
sucumbir incluso a la televisión si se enciende un aparato en cualquier lugar
de la habitación, ya que retrata la vida y el movimiento. En una habitación si
hay un fuego en la chimenea, nos sentimos atraídos a mirarlo; en la época
anterior a la televisión, el fuego era el foco de atención de una reunión
social (focus es simplemente la palabra latina para
"hogar", en el sentido de fuego domestico), y funcionaba como lo hace
ahora el televisor permitiendo una cercanía sin tener que "enfocarse"
demasiado explícitamente en el otro. En este sentido, cumplía con otro fin, el
social.
Lo difícil de la
"adhesividad" del hemisferio izquierdo es que una vez que hemos
decidido lo que el mundo nos va a revelar, es poco probable que vayamos más
allá. Estamos prisioneros de nuestras expectativas.
La nueva
experiencia, cuando se "presenta" por primera vez en la mente,
compromete al hemisferio derecho y, a medida que la experiencia se vuelve
familiar, se "re-presenta" por el hemisferio izquierdo. Como
observaron Goldberg y Costa, el hemisferio izquierdo no solo parece estar
especializado en tratar con lo que (ya) le es familiar, sino que, además, todo
lo que trata el hemisferio izquierdo se convierte rápidamente en familiar,
porque hay una tendencia a que siga recurriendo a lo que ya conoce. Esto tiene
implicaciones para el tipo de conocimiento que puede tener el hemisferio
izquierdo. El problema esencial es que entonces la mente solo puede conocer
realmente, en el sentido de enfocar con nitidez, y "ver con claridad”, lo
que ella misma ha creado. Por tanto, solo conoce - en el sentido de un
conocimiento seguro (wissen), el tipo
del conocimiento que le permite fijar y utilizar una cosa - lo que ha sido
re-presentado (en el hemisferio izquierdo), no lo que está presente en su
totalidad (ante el hemisferio derecho).
En un experimento
ya famoso de Simons y Chabris, se pidió a algunos sujetos que vieran un breve
videoclip que mostraba un partido de baloncesto en un recinto relativamente
reducido.108 Se les pidió que contaran las veces que un equipo tenía
la posesión del balón. Cuando se les preguntó después, que es lo que habían
visto, la mayoría de los observadores fueron completamente ajenos al hecho de
que una figura con un grotesco traje de gorila entraba en medio de la melé,
se giraba para mirar a la cámara, se golpeaba el pecho con los puños, bailaba
una danza y salía despreocupadamente por el otro lado de la pantalla - algo tan
cómicamente evidente en una segunda visión, una vez que se sabe lo que se puede
esperar, que es difícil de creer que realmente se haya podido pasar por alto.
Como ellos y otros más han demostrado clara y gráficamente, solo vemos, al
menos conscientemente, lo que estamos atendiendo de forma focalizada (con el
hemisferio izquierdo consciente). Y dado que lo que seleccionamos para atender
está guiado por nuestras expectativas de lo que vamos a ver, hay una
circularidad involucrada, que significa que experimentamos cada vez más solo lo
que ya conocemos. Nuestra incapacidad para ver las características
aparentemente más obvias del mundo que nos rodea, si no se ajustan a la
plantilla con la que estamos trabajando (parte de lo que Noë y O'Regan han
denominado "la gran ilusión"), 109 está tan arraigado que
es difícil saber cómo podemos llegar a experimentar algo verdaderamente nuevo.
Los
neurocognitivistas dicen que solo podemos re-conocer y, por tanto conocer, algo
si ya tenemos el modelo de ello en nuestro cerebro.110 Eso describe
a la perfección los procesos del hemisferio izquierdo: pero significaría que
estaríamos atrapados para siempre en el mundo re-presentado, ya sin vida, del
conocimiento del hemisferio izquierdo, siempre re-experimentando lo familiar,
un mundo eternamente anquilosado. Volveríamos a la sala de los espejos. Esto
tampoco explica cómo podemos llegar a conocer algo en un primer momento - para
que el modelo llegue a nuestro cerebro. Se trata de nuevo de las manos de
Escher.
El hemisferio
izquierdo nunca nos ayudará en esto. Como comenta un investigador, el
hemisferio izquierdo por sí solo, por ejemplo, después de un derrame cerebral
en el hemisferio derecho, simplemente
"ve lo que está esperando ver".111 Necesitamos, como
señaló Heráclito, esperar lo inesperado: "el que no espera lo inesperado
no lo descubrirá, porque no deja huella y está inexplorado".112 En otras palabras, debemos aprender a utilizar
un tipo de visión diferente; a estar atentos, para no permitir que las opciones
del hemisferio derecho se vean excluidas demasiado rápidamente por el enfoque
más estrecho del hemisferio izquierdo.
La tarea del
hemisferio derecho es llevar al izquierdo más allá, hacia algo nuevo, a algún
“Otro” distinto de él mismo. La comprensión del mundo por parte del hemisferio
izquierdo es esencialmente teórica y autorreferencial. En este sentido, da
validez a la afirmación posmoderna de que el lenguaje es un sistema de signos
encerrado en sí mismo - pero sí, y solo sí, es un producto del hemisferio
izquierdo. Por el contrario, para el hemisferio derecho, como dijo Johnson
acerca de las teorías sobre la literatura, hay siempre una apelación abierta a
la naturaleza: está abierto a todo lo que es nuevo que proviene de la
experiencia, del mundo en general.113
El corolario de
este impacto de las expectativas sobre la atención es que el hemisferio
izquierdo nos ofrece lo que ya conocemos, en lugar de lo que realmente
experimentamos. Esto se puede ver en sus habilidades con el dibujo. Ya que
incluso dibujará aquellos huesos que sabe que están en el interior de una
silueta humana (el llamado dibujo en "rayos X"), con una mala
percepción de la escala relativa, de las relaciones espaciales y de la
profundidad.
Hay una relación inevitable entre la certeza y el
"re-conocimiento"; el retorno a algo ya familiar, conocido. El
conocimiento consciente, el conocimiento que caracteriza al entendimiento del
hemisferio izquierdo, depende de que su objeto esté fijo - de lo contrario no
lo puede conocer. Por lo tanto, es solo su re-presentación en la conciencia, después
que se haya hecho presente en la mente inconsciente, lo que nos permite
conocer algo conscientemente. Hay pruebas neurofisiológicas de que el
conocimiento consciente va detrás de la aprehensión inconsciente en casi medio
segundo.114 Chris Nunn, en un libro reciente sobre la conciencia y
el cerebro, escribe que, como consecuencia, "pueden ocurrir fenómenos
extraños, como percibir conscientemente que un objeto es de un tamaño irreal, y
sin embargo ajustar de forma inconsciente la mano con la que lo agarramos
correctamente en relación con su tamaño real".115 Conocer algo conscientemente, ser consciente
de ello, requiere la memoria. El
escribe:
En el nivel
más básico, uno no puede mantener la atención en algo, a menos que haya alguna
forma de memoria de lo que la atención estaba haciendo un momento antes y de lo
que es ese "algo". La atención [consciente] depende, por lo tanto,
por completo de la memoria intrínseca para su existencia momento a momento...
Por otra parte, los objetos en los que se centra la atención parecen estar
disponibles porque han sido recordados. Son, en cierto sentido, objetos
extraídos de la memoria que coinciden con las características del mundo
"de ahí fuera".
Esto es una
expresión neurocognitiva de la verdad fenomenológica de que lo que conocemos
con nuestro hemisferio izquierdo consciente, está ya en el pasado, ya no está
"vivo", sino que es re-presentado.116 Y
nos remite a Jung: "Toda cognición se asemeja al reconocimiento".117
Sorprendentemente, esta comprensión de la condición de,
ya pasada, del conocimiento se encarna en la palabra griega, eidenai, "conocer", que surge
en el mismo momento que en nuestra historia cultural nos movíamos hacia una
conciencia más completa de los procesos mentales.118 Eidenai está relacionada con idein ("ver"), y de hecho
originalmente significaba "haber visto".
¿Somos receptores pasivos?
La segunda parte de la analogía de la cámara hace referencia a la
receptividad pasiva. Aunque en realidad nunca nos limitamos a "ver"
algo en el mismo sentido en el que una placa fotográfica recibe los rayos de
luz.119 En el mundo real aportamos mucho de nosotros mismos a la
fiesta. Y eso significa que la mirada altera lo que encuentra. Esto solía
expresarse con la idea, frecuente en la Antigüedad y también en el
Renacimiento, de los rayos que salen de los ojos, de una fuente profunda de
vida y energía en su interior. Homero describe los rayos, "penetrantes
como el Sol", que salen de los ojos del águila. Empédocles escribió del
ojo humano que, cuando fue creado, "el fuego primigenio se escondió en su
pupila redondeada", protegido por delicadas membranas de las aguas que
fluían a su alrededor.120 Y Platón, en Timeo, en donde por una vez parece anticiparse a los fenomenólogos,
escribe que una suave y densa corriente de luz tenue, procedente del fuego más
puro de nuestro interior se funde con la luz de lo que se ve, de modo que se
forma "un solo cuerpo" entre nosotros y el objeto de nuestra visión,
transmitiendo los "movimientos" de lo que se ve a cada parte de
nuestro propio cuerpo y alma.121
La expresión "mirar a alguien a los ojos" va
más allá y sugiere que algo realmente emana de nuestros ojos y entra en el
objeto de nuestra atención, como en la concepción isabelina del dardo que surge
del ojo del amante, o aún más en los amantes del Éxtasis de Donne para quienes
nuestras miradas
—esos rayos entretejidos con
un doble bramante ligaban nuestros ojos.
En esos rayos del
ojo del amante, también se puede sentir la comunicación profunda y recíproca
que ofrece la mirada. En otras palabras, al mirar, entramos en una relación
recíproca: el que ve y el que es visto participa en el ser del otro. El modelo
de la cámara es simplemente el del hemisferio izquierdo, cuya captación
analítica y secuencial de las cosas no abarca al movimiento reverberante y
recíproco, la entreidad de la vista. Algunos pasajes famosos de Husserl fueron
anticipados sucintamente por Blake, en El
matrimonio del cielo y el infierno cuando escribió: "El necio no ve el
mismo árbol que el hombre sabio ve ".
La mirada es
realmente activa. Plinio el Viejo escribió en su Historia Natural
sobre el basilisco, una especie de reptil venenoso que podía matar con su
mirada, y la creencia en tal criatura estuvo vigente hasta el Renacimiento.122
Esto encarna una verdad sobre la atención. La atención focalizada y
distante del cirujano, con la intención de curar, puede asemejarse fácilmente a
la atención focalizada y distante del torturador, con la intención de
controlar; solo el conocimiento de la intención cambia la forma en que
entendemos el acto. Y, si soy su destinatario, también cambia mi propia
experiencia. De hecho, es el desapego con el que se desarrollaron los
detallados planes de los campos de exterminio, que a menudo se basaban en la
experiencia de ingenieros, médicos y psiquiatras, lo que hace que el Holocausto
sea especialmente escalofriante. Decimos y sentimos, que el ser humano ha sido
reducido al status de una máquina, o de una parte de una máquina, y al actuar
así reconocemos que el objeto cambia por la forma en que se le atiende. Incluso
con un cadáver, el modo de atención altera lo que se encuentra. En China, el
cuerpo, incluido un cuerpo muerto, se ve como un organismo: sin embargo, una
vez que se le examina con un bisturí, se pone de manifiesto que está formado
por partes aparentemente divisibles.123
La ciencia debe
desligarse de todo lo que la pueda distorsionar. Y por supuesto, abandonarse a
cualquier capricho o pasión personal nunca podría llevar a ningún tipo de
verdad compartida. Pero lograr esa falta de distorsión es un proceso mucho más
sutil de lo que parece. La objetividad requiere la interpretación de lo
que uno encuentra, y depende de la imaginación para su logro.124 El
distanciamiento tiene una naturaleza profundamente ambigua. La postura fría y
distante de la mente científica o burocrática, en última instancia, puede
llevarnos a donde no deseamos ir. Y la relación implícita de la atención del
hemisferio izquierdo, mediante el método científico, con su materialismo
implícito, no significa que no haya una relación – simplemente es una
relación desvinculada, que implica, incorrectamente, que el observador no tiene
un impacto en lo observado (y no se ve alterado por lo que observa). La
entreidad no está ausente, solo se niega, y por lo tanto es de un tipo
particular - particularmente "fría". No podemos conocer algo sin que
haya sido conocido por nosotros - no podemos ver lo que podría ser si no
fuéramos nosotros quienes lo conociéramos. Por lo tanto, cada cosa que
aprehendemos es como es porque la vemos de esa manera y no de otra. Cuando la
ciencia adopta una visión de su objeto en la que se ha eliminado todo lo
"humano" en la medida de lo posible, poniendo una atención enfocada,
pero totalmente desvinculada, está simplemente ejerciendo otra facultad humana,
la de apartarse de algo y verlo, de esa manera en algún sentido importante
desvinculada, desnaturalizada. No hay ninguna razón para ver esa forma
particular como algo privilegiado, excepto que nos permite hacer ciertas cosas
más fácilmente, utilizar las cosas, tener poder sobre las cosas - la
preocupación del hemisferio izquierdo.
Por contraste, la
mirada del hemisferio derecho es intrínsecamente empática, y reconoce la inevitabilidad
de la "entreidad", de hecho, es el hecho mismo de que la mirada
normalmente sea un proceso empático lo que hace que la mirada desvinculada sea
tan destructiva. Merleau-Ponty escribía:
La mirada tiene en mí, un cierto poder
para entrar en contacto con las cosas, y no es una pantalla en la que ella se
proyecta....La mirada del otro me transforma en un objeto, y la mía a él, solo
si ambos nos retraemos al núcleo de nuestra naturaleza pensante [hemisferio
izquierdo], si ambos establecemos una mirada inhumana, si cada uno de nosotros
siente que sus acciones no son aceptadas como comprensibles, sino observadas
como si fueran las de un insecto. Esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando
caigo bajo la mirada de un desconocido. E incluso entonces la objetivación de
cada uno por la mirada del otro se siente como insoportable sobre todo porque
ocupa el lugar de una posible comunicación.125
En otro lugar,
Merleau-Ponty se refiere al momento de acercamiento cuando "la visión deja
de ser solipsista" y "el otro me devuelve los rayos luminosos con los
que yo lo había alcanzado".126
Merleau-Ponty era consciente no solo de la importancia
de la corporeidad en la formación de la base del mundo intersubjetivo, sino de las
ambigüedades de la visión, con su potencial para alienar y objetivar, o
alternativamente para formar el medio de la intersubjetividad. Una de sus obras
más conocidas se titula Lo Visible y lo
Invisible. Así, si se ve la piel como algo totalmente opaco – en otras
palabras, si solo se toma en cuenta el ámbito de lo visible - actúa como un
obstáculo, algo que aliena al espectador de lo que ve. Pero si se mira de otra
manera, viendo a través de lo que se ve, el "espesor" ((l'épaisseur, lo que implica algo intermedio
entre la transparencia y la opacidad) de la piel, lejos de ser un obstáculo, es
lo que nos permite ser conscientes del otro y de nosotros mismos como seres
encarnados, y se convierte en el medio de comunicación entre ambos.127 (En
El ojo y la mente, utiliza la
analogía de algo que se ve a través del agua en el fondo de un estanque - y la
palabra utilizada aquí para referirse al agua semi-translúcida es de nuevo, l’épaisseur,
donde de nuevo la traducción tiene que conformarse con el término "espesor"
que es demasiado literal).128 Nótese que debe conservar su condición
semi-transparente, uniendo lo visible y lo invisible: la transparencia
completa lo haría invisible, y una vez más nos veríamos alienados, sin un medio
para comunicarnos.129
Como nosotros vemos el mundo no solo altera a los
otros, sino a quienes somos nosotros. Necesitamos ser cuidadosos con
aquello a lo que dedicamos nuestro tiempo y de qué manera lo atendemos. A los
participantes en un cuestionario de conocimientos generales se les preparó de
tres maneras mediante actividades que les hicieran pensar acerca de los
estereotipos de profesor, de secretario o de gamberro. Los que fueron
preparados con el estereotipo de profesor obtuvieron una puntuación del 60%,
los que lo hicieron con el estereotipo de gamberro solo obtuvieron el 40%, y
los que fueron preparados con el estereotipo de secretario obtuvieron una
puntuación intermedia.130 En otro test, aquellos que fueron
preparados con el estereotipo del "punk" se mostraron más rebeldes y
menos conformistas que los que fueron preparados con el estereotipo de
"contable".131 De manera similar, después de jugar un
videojuego realista y agresivo, los participantes, especialmente hombres
jóvenes, tenían más probabilidades de responder agresivamente si se les
provocaba.132 A las personas que se les inculcó el estereotipo de
persona anciana (a través de palabras como "sentimental",
"canoso", "jugador de bingo") se volvían más conservadoras
en sus opiniones; mientras que los que eran condicionados con estereotipos de
políticos se volvieron más farragosos. Si se les condiciona con asociaciones
positivas hacia el proceso de envejecimiento (tal y como, sabiduría y con
experiencia), las personas mayores obtenían mejores resultados en los test de
memoria que aquellos a los que se les condicionaba con asociaciones negativas
(como "senil" o demente).133 El personal de enfermería que
trabaja con personas mayores, que están, por así decirlo, en un estado de
condicionamiento continuo, obtenían peores resultados en las tareas de memoria
que las que tuvieron un contacto escaso con personas mayores.134 Las
personas mayores condicionadas con estereotipos negativos sobre el
envejecimiento llegaban incluso a perder las ganas de vivir.135
Aquello a lo que atendemos y cómo lo atendemos, hace
que cambie y nos cambia. Ver no es solo "el mecanismo más eficiente para
adquirir conocimiento", como tienden a verlo los científicos.136
Es eso, por supuesto, pero es también, y antes que nada, el medio principal por
el cual establecemos nuestra relación con el mundo. Es un asunto esencialmente
empático.
La mirada recíproca, y particularmente la mirada
compartida hacia otro objeto, son características altamente evolucionadas.
Aparte de los humanos, solo algunos monos y simios, que han tenido un contacto
prolongado con los humanos, pueden ser capaces de mantener una mirada compartida
hacia otro objeto.137 Los
perros son exquisitamente sensibles a la atención humana, especialmente a la
dirección de la mirada y a las expresiones de los ojos:138 es
posible que sean capaces de compartir la atención, y algunos otros mamíferos
sin duda son capaces de seguir la dirección de la mirada, pero es más difícil
estar seguros de qué nivel de atención exhiben.139 La mayoría de los
gatos, a pesar del contacto prolongado con los humanos, son incapaces de
entender que estás interesado en alguna otra cosa y no se involucran en la
dirección de tu mirada. No resulta mejor si se lo señalas: apuntar solo da como
resultado que el gato te mire al dedo. Un perro, sin embargo, entenderá que
estás pendiente de algo y que tienes algún interés en una determinada dirección
y su mirada se orientará empáticamente en la misma dirección. Tanto en la
mirada compartida como en la mutua, en la que sentimos un vínculo con la mente
del otro individuo, el hemisferio derecho proporciona el sustrato neurológico.
Cuando desviamos nuestra mirada hacia donde vemos que otra persona está
mirando, lo hacemos a través del hemisferio derecho.140 En los seres humanos, la mirada mutua, incluso
cuando se desvía hacia alguna otra cosa (es decir, cuando dos personas son
mutuamente conscientes de su atención común al mismo objeto), se acompaña de la
activación de una red altamente distribuida que se extiende por todo el
hemisferio derecho.141 La interpretación de los rostros es una
prerrogativa del hemisferio derecho; y al mirar a la cara de la pareja (en
comparación con una cara desconocida), se incrementa la actividad de la ínsula
derecha. Mirar la propia cara (en contraste con una cara desconocida) induce la
activación del córtex prefrontal y temporal superior izquierdo, así como una activación
límbica derecha más extensa.142 Así que parece que compartir la
atención y mirar a los ojos de otra persona, así como reconocer la cara de
alguien cercano a uno, aumenta la actividad en el hemisferio derecho mucho más
de lo que sería necesario para procesar las caras por sí solas. De hecho, los
estados mentales compartidos en general activan el hemisferio derecho.143 Y
todos los aspectos de la atención empática se encuentran alterados en el
autismo: el contacto visual,144 la capacidad de seguir la mirada de
otro,145 la atención conjunta o compartida,146 y la
comprensión de la mente a través de la mirada.147 También puede
haber déficits de atención a la mirada en la esquizofrenia.148
Por lo tanto, resulta problemático para la ciencia y,
con frecuencia para la filosofía, que un lenguaje abstruso y abstracto, y una
visión alienante, se consideren como la aproximación adecuada y única a la
verdad. Descartes, según el filósofo David Levin, “prefería la visión
distante...incluso cuando significaba deshumanización''.149 Con ello defendía la creencia de que si
reconocemos nuestra relación con el mundo, éste se volvería opaco. En realidad,
la opacidad es mayor cuando no se reconoce. El equipaje sube a bordo, como dice
Dennett, sin ser inspeccionado. En un artículo científico, no se puede decir
"yo lo vi suceder", sino "el fenómeno fue observado”. Sin
embargo, en Japón, los estudiantes de ciencias que "observan" los
fenómenos, lo hacen con un significado y en un espíritu bastante diferente a
los de sus homólogos occidentales. La palabra kansatsu, que se traduce como "observar", está más cerca
del significado de la palabra "contemplar", que usamos cuando estamos
en un estado de atención absorta en la que nos olvidamos de nosotros mismos, y
nos sentimos conectados con el otro. La sílaba kan en kansatsu contiene el matiz de que el que contempla llega a
sentir una "unicidad" con el objeto contemplado.150
Así el ojo tiene un potencial tanto para conectar como
para dividir. Y, de hecho, incluso la mano no tiene que ser solo como la he
descrito, voluntariosa, interesada, y unidireccional. La mano tiene otros modos
de ser. Una mano extendida puede significar otras cosas - puede confortar,
curar o vivificar (obsérvese que el cuerpo de Adán, en la famosa representación
de Miguel Ángel, es vivificado por la comunicación divina con su mano izquierda
y, por lo tanto, del hemisferio derecho). fig.
4.3
Y puesto que la atención se ve modificada por la intención que
subyace tras ella, incluso agarrar puede dar vida, cuando el contexto cambia,
como en la imagen de la iglesia de San Salvador en Khora, (lamina 4), en la que la figura del Cristo triunfante se desplaza
en el Ultimo Día como un torbellino a
través de las tumbas de los muertos, agarrándolos de los brazos y arrancándolos
del sueño de la muerte.
Fig.4.3 la
creación del Hombre, de Miguel Angel, en el techo de la Capilla Sixtina,
1508-12.
Lamina-4.
Resurrección de los Muertos. iglesia de San Salvador en Khora. Siglo XIV.
La mano es el vehículo tanto de tocar, como de
agarrar, y por lo tanto el origen de la metáfora de tener "tacto". De
hecho, atender significa, precisamente, tender una mano hacia: nosotros
extendemos la mano -"a-tender" - para dar, además de para tomar.
FAUX AMIS
El diferente estatus ontológico de los
dos hemisferios incide en el significado de todos los términos filosóficos que
utilizamos para entender el mundo, ya que ambos hemisferios creen que lo
entienden, pero lo hacen de forma diferente, transformándose el concepto o la
experiencia según el contexto en el que se encuentran (ya sea el del mundo del
hemisferio izquierdo o del derecho). Al igual que los mundos de la
mano-izquierda y de la mano-derecha vistos por Alicia a ambos lados del espejo,
cada uno tiene su propia versión de la realidad, en la que las cosas
parecen superficialmente iguales, pero son diferentes. Concluiré el capítulo
con una breve discusión de algunos de estos faux
amis, o "falsos amigos", que surgen cuando los hemisferios
derecho e izquierdo entienden las palabras de manera diferente.
"Conocimiento" y "verdad" ya los
he discutido – y nuevamente hay dos versiones: una que pretende ser impersonal,
estática, completa, una cosa, y la otra personal, provisional, una cuestión de
grado, un viaje. La "creencia"
está estrechamente relacionada y tiene también dos significados.
Creencia
Creer en algo no se reduce a pensar que tal o cual cosa podría ser cierta.
No es una forma de pensamiento más débil, mezclado con la duda. A veces hablamos
así: "Creo que el tren sale a las 6.13", donde "creo que"
significa simplemente que "pienso (pero no estoy seguro) que…". Dado
que el hemisferio izquierdo se interesa por lo que es seguro, por el
conocimiento de los hechos, su versión de la creencia es que es simplemente una
ausencia de certeza. Si los hechos fueran seguros, según su punto de vista, en
vez de eso debería poder decirse "Yo sé que..." Esta visión de la
creencia proviene de la disposición del hemisferio izquierdo hacia el mundo: de
su interés en lo que es útil, por lo tanto, fijo y seguro (los horarios de los
trenes de nada sirven si no se puede confiar en ellos). Así que creer en algo
es solo una forma débil de conocimiento, en lo que a él respecta.
Pero creer en términos del hemisferio derecho es
diferente, porque su disposición hacia el mundo es diferente. El hemisferio
derecho no "sabe" nada, en el sentido de conocimiento seguro. Para
él, creer en algo es una cuestión de una atención cuidadosa: describe una relación,
en la que hay una llamada y una respuesta, siendo el concepto raíz el de
"responsabilidad".151 Por lo tanto, si digo que "creo
en ti", no significa que piense que tal o cual cosa es cierta sobre ti, ya
que no puedo estar seguro de que sea así. Significa que estoy en un cierto tipo
de relación de atención hacia ti, que conlleva ciertos tipos de comportamiento
(de actuar y de ser) hacia ti, y conlleva en ti también la responsabilidad de
ciertas maneras de actuar y de ser. Es un actuar "como si" ciertas
cosas fueran verdad sobre ti que por la naturaleza de las cosas no pueden ser
seguras. Tiene las cualidades características del hemisferio derecho de ser una
entreidad: una relación reverberante, "re-sonante", "responsable",
en la que cada parte es alterada por la otra y por la relación entre ambas,
mientras que la relación de la persona que cree, con aquello que cree en el
sentido del hemisferio izquierdo es inerte, unidireccional y se centra en el
control más que en el cuidado. Creo que esto es lo que Wittgenstein estaba
intentando expresar cuando escribió que, "mi" actitud hacia el otro
es una "actitud hacia un alma. No se trata de la opinión que tenga
un alma".152 Una "opinión" sería una forma débil de
conocimiento de algo: eso no es lo que se entiende por una creencia, una
disposición o una "actitud".
Esto ayuda a esclarecer la creencia en Dios. Lo cual no es reducible a una
cuestión de respuesta fáctica a la pregunta "¿existe Dios?”, asumiendo de
momento que la expresión “una respuesta fáctica” tenga un significado.153 Se
trata de tener una actitud, de mantener una disposición hacia el mundo, según
la cual ese mundo, tal como surge para mí, es uno al que le corresponde Dios.
La creencia altera al mundo, pero también me altera a mí. ¿Es verdad que Dios
existe? La verdad es una disposición, la de ser fiel a alguien o algo. No se
puede no creer en nada y, así evitar la creencia por completo, simplemente
porque no se puede no tener ninguna disposición hacia el mundo, lo que
es en sí mismo una disposición. Algunas personas eligen creer en el
materialismo; actúan "como si" tal filosofía fuera verdadera. La
respuesta a la cuestión de si Dios existe solo puede provenir de que yo actúe
"como si" Dios existiera, y de este modo sea fiel a Dios, y
experimente a Dios (o no, según sea el caso) como verdadero para mí. Si soy
creyente, tengo que creer en Dios, y Dios, si existe, tiene que creer en mí.154
Al igual que en las manos de Escher, la creencia debe surgir
recíprocamente, no por un proceso lineal de razonamiento. Este actuar
"como si" no es una especie de evasiva, una admisión de que "en
realidad" uno no cree en lo que pretende creer. Todo lo contrario: como lo
entendió Hans Vaihinger, todo el conocimiento, especialmente el conocimiento
científico, no es más que un actuar "como si" ciertos modelos fueran,
por el momento, verdaderos.155 Verdad y creencia, una vez más, como
en su etimología, están profundamente conectadas.156 Es solo el
hemisferio izquierdo el que piensa que hay una certeza que se puede encontrar
en algún sitio.
Voluntad
Nuestro ser primario radica en una disposición hacia el mundo - ciertamente
no en un pensamiento, o en toda una panoplia de pensamientos sobre el mundo, ni
siquiera en un sentimiento o sentimientos acerca del mundo. La voluntad, al
igual que las creencias, con las que pienso que comparte algunas
características, es mejor considerarla como una cuestión de disposición hacia
el mundo. La disposición del hemisferio izquierdo hacia el mundo es la de su
uso. Siendo la filosofía un proceso cognitivo hiperconsciente, puede ser
difícil alejarse de la perspectiva del hemisferio izquierdo de que la voluntad
tiene que ver con el control, y debe residir en el hemisferio izquierdo
consciente. Pero si nuestra disposición hacia el mundo, nuestra relación con
él, se modifica, la voluntad tendrá un significado diferente. La disposición
del hemisferio derecho, la naturaleza de su atención al mundo, es una de
cuidado, más que de control. Su voluntad se relaciona con un deseo o anhelo
hacia algo, algo que está más allá de sí mismo, hacia el otro.
Las evidencias desde varias fuentes diferentes
sugieren, como se comentó en el capítulo anterior, que la mente organiza la
experiencia, agrupando las cosas según sus similitudes, sin la ayuda del
lenguaje, y necesita hacerlo para darle algún sentido en general. Esto es
claramente evidente en el comportamiento de aves y animales vertebrados, y debe
tener lugar a un nivel subcortical relativamente bajo, ya que algunas
reacciones automáticas muy rápidas se basan en la percepción de que tipo de
cosa es a la que se está reaccionando. También sabemos que en los niveles
superiores ambos hemisferios participan en el proceso de identificación. Hay
indicios de que la forma en que lo hacen difiere en algunos aspectos
fundamentales.157 Para el concepto de un "tipo", también
puede haber dos significados - habiendo solo una "queidad", puede sin
embargo haber dos "como-eidades". En un sentido, se refiere a la
categoría a la que puede reducirse algo, debido a una o varias características
específicas. Pero un niño llega a entender el mundo, a aprender sobre él,
viendo las formas - tanto literalmente, las formas visoespaciales, como
metafóricamente, las estructuras - que se presentan en su experiencia,
utilizando una forma de percepción gestáltica, en lugar de aplicando
reglas. Este es el comienzo de la facultad humana para ver, lo que Wittgenstein
en Investigaciones Filosóficas
denominó, "semejanzas familiares", que se asocia a los individuos sin
que necesariamente haya un rasgo definitorio que todos los miembros del grupo
tengan en común.158 Implica la percepción de algo que aún no se ha
visto, y sin embargo, ese algo tiene un significado en relación a cada uno de
los ejemplares que se ha experimentado, y solo se vuelve más claro con más y
más experiencia. Así pues, aunque a menudo pensamos que un "tipo" es
un fenómeno muy reducido, "el mínimo común denominador" de un
determinado conjunto de experiencias, también puede ser algo mucho más grande
que cualquier experiencia que, de hecho, se encuentra más allá de la
experiencia misma, y hacia la cual puede tender nuestro conjunto de
experiencias. Si Bateson tiene razón en que todo conocimiento es conocimiento
de la diferencia, este método es la única forma de conocer algo: la
categorización de algo solo conduce a la pérdida de la diferencia esencial.
Y es aquí donde volvemos a la voluntad. Algunos de los
más poderosos impulsores del comportamiento humano son estos tipos de ideales, no
"tipos de personajes", que son efectivamente estereotipos, sino algo
parecido a los arquetipos, que tienen un poder vivo en la imaginación y pueden
atraernos hacia ellos. En su libro, De la Mettrie's Ghost, (el fantasma
De la Mettrie) Chris Nunn aborda algunos de ellos, utilizando los ejemplos del
"noble Romano" o "el santo", que describe como narraciones
de una cierta forma de ser que nos contamos a nosotros mismos para dar sentido
a nuestra experiencia, y que a su vez ayudan a dar forma a nuestras respuestas
a la experiencia.159 Estos son tipos, pero tienen ciertas cualidades
que sugieren un origen en el hemisferio derecho. No son reducciones (hacia
abajo), sino aspiraciones (hacia arriba); se derivan de la experiencia, pero no
están englobados en ella; tienen un significado afectivo para nosotros, y no
son simplemente abstracciones; su estructura, como señala Nunn, tiene mucho en
común con la narrativa; no pueden derivarse o convertirse en reglas o
procedimientos. De hecho, una de las cosas que seguramente las invalidaría
sería la tendencia a que se convirtieran en solo eso, un conjunto de reglas o
procedimientos: "haz esto y esto, y serás un santo".
A mi entender, tienen mucho en común con los
arquetipos de Jung. El los veía como un puente entre el reino inconsciente del
instinto y el reino consciente de la cognición, en el que cada uno ayuda a dar
forma al otro,160 experimentándolos a través de imágenes o metáforas
que nos transmiten un significado afectivo o espiritual de un reino
inconsciente.161 En su
presencia experimentamos un tirón, una fuerza de atracción, un anhelo, que nos
lleva hacia algo más allá de nuestra propia experiencia consciente, y que Jung
vio como derivado de una experiencia más amplia de la humanidad. Un
ideal suena como algo por definición incorpóreo, pero estos ideales no son
abstracciones inocuas, se derivan de nuestra experiencia afectiva encarnada.
Porque incluso el cuerpo tiene sus diferentes "comos": en
el ámbito de la utilidad, por un lado, se convierte en el mediador por el cual
actuamos y manipulamos el mundo, pero, por otra parte, es también la metáfora
última de toda experiencia, incluyendo nuestra experiencia de los reinos más
elevados de los valores. Esto lo reconoce Laban cuando señala que "el
movimiento corporal siempre se ha usado para dos fines distintos: el logro de
valores tangibles en todo tipo de trabajo y el acercamiento a los valores
intangibles en la oración y el culto".162 El cuerpo, por lo
tanto, alberga en sí mismo las disposiciones de ambos hemisferios hacia el
mundo.
Familiaridad y novedad
Un arquetipo puede resultarnos familiar
sin que nos lo hayamos encontrado nunca en nuestra experiencia. La familiaridad
es otro concepto ambiguo. No es que uno u otro hemisferio "se especialice
en", o tal vez incluso "prefiera", la familiaridad, sea lo que sea
eso, sino que cada hemisferio tiene su propia disposición hacia ella, lo que
hace que uno u otro aspecto se manifieste, y es ese aspecto el que se
pone de manifiesto en el mundo de ese hemisferio. La mesa en particular en la
que estoy trabajando, en toda su singularidad, me resulta familiar como parte
de "mi" mundo y de todo lo que me importa (hemisferio derecho); las
mesas en general me resultan familiares precisamente porque son genéricas
(hemisferio izquierdo), en el sentido que no hay nada nuevo o extraño que descubrir
en ellas. Igualmente, la Torre Eiffel es familiar para el hombre que ha pasado
su vida bajo su sombra (hemisferio derecho), pero también es familiar, la Torre
Eiffel como icono tópico de París (hemisferio izquierdo). Una pieza de música
que he estado escuchando y oyendo inconscientemente, me es familiar hasta el
punto de no tener vida; una pieza musical practicada y trabajada por un músico le
es familiar hasta el punto de cobrar vida. Una se vacía de significado al ser
constantemente re-presentada; la otra se enriquece de significado al
estar constantemente presente - vivida e incorporada activamente en
"mi" vida.
La novedad, es un concepto relacionado, e igualmente
distinto en sus significados específicos para cada hemisferio. En un sentido,
es un retorno de la familiaridad del hemisferio izquierdo a la familiaridad del
hemisferio derecho, desde la inautenticidad a la autenticidad. No puede ser
conseguido voluntariamente, aunque pueda ser muy deseado; requiere una apertura
(aparentemente pasiva) y paciente a lo que es, que nos permite verlo como si
fuera la primera vez, y conduce a lo que Heidegger llamó el "asombro"
radical ante el mundo. Ese concepto también está relacionado con el estremecimiento
de Jan Patocka: una especie de impulso básico para salir de la complacencia de
nuestros modos habituales de ver el mundo.163 Es lo que Wordsworth
en particular se esforzó por lograr: en palabras de Coleridge,
para provocar
un sentimiento análogo a lo sobrenatural, despertando la atención de la mente
del letargo de la costumbre, dirigiéndola hacia la belleza y las maravillas del
mundo que tenemos ante nosotros; un tesoro inagotable, pero en el que, como
consecuencia de la película de familiaridad y de preocupación egoísta, tenemos
ojos que no ven, oídos que no oyen, y corazones que ni sienten ni entienden.164
Implica volver a reconectar con el mundo
que la familiaridad había velado. Es lo más alejado de cualquier necesidad de
un shock: requiere mirar más cuidadosamente lo que parece demasiado familiar, y
verlo como si fuera la primera vez.
Pero también hay un tipo de novedad bastante
diferente, que puede lograrse a voluntad, mediante la recombinación activa de
elementos ya conocidos de forma extraña, rompiendo así las convenciones de
nuestra realidad compartida, alejándonos lo más posible de todo lo que podría
describirse como familiar. Esto coloca las “partes” ya presentadas en
combinaciones disyuntivas, y fractura lo familiar (en el sentido del hemisferio
derecho). Su objetivo es producir una conmoción a través de la aceptación inexorable
de lo extraño o ajeno. Este es el sentido en él que los modernistas pretendían,
en palabras de Pound, "crear lo nuevo", el sentido de "El Shock de lo Nuevo".165
Este tipo de novedad emana del mundo del hemisferio izquierdo.
Actividad y pasividad.
He descrito como "aparentemente pasiva" la apertura del
hemisferio derecho a todo lo que es. Esto se debe a que, en ausencia de un acto
de voluntad, así es como lo ve el hemisferio izquierdo. Pero hay una pasividad
sabia, que permite que las cosas ocurran más por lo que no se hace que
por lo que se hace, que abre posibilidades donde la actividad la cierra.
La dicotomía entre actividad y pasividad se produce
desde el punto de vista de la necesidad de control. La pasividad, desde esta
perspectiva, es la pérdida de control, la pérdida de la autodeterminación, la
pérdida de la capacidad para la interacción efectiva, es decir, útil - un
fracaso de la instrumentalidad. Sin embargo, esto no tiene en cuenta que todos
los estados de cosas importantes, comenzando con el sueño y terminando con la
sabiduría, de los que he hablado anteriormente en este capítulo, no se pueden
lograr mediante un esfuerzo de voluntad – y donde, de hecho, una receptividad
abierta, que permita que las cosas se desarrollen, es realmente más productiva.
Es algo así como lo que Keats describió como "capacidad negativa",
aquella característica de un "hombre consecuente", es decir,
"cuando un hombre es capaz de estar en la incertidumbre, en el misterio,
en la duda, sin perseguir irritablemente hechos y razones".166
Aquí se hace explicito, el vínculo con la capacidad de no forzar las cosas a
una certidumbre, claridad, o fijeza, que nuevamente, lo vincula al dominio del
hemisferio derecho.
En última instancia, necesitamos unir las formas de ver que aportan ambos
hemisferios. Sobre todo, la atención del hemisferio izquierdo debe reintegrarse
con la del hemisferio derecho para que no resulte perjudicial.
CONCLUSIÓN
He mencionado la importancia de la intención que hay detrás de la atención.
Como ha quedado claro en este último capítulo, la naturaleza del lenguaje en el
hemisferio izquierdo y su relación con el gesto de agarrar implican el valor
primordial que tiene para él, el uso. El hemisferio izquierdo siempre
está comprometido con un propósito: siempre tiene un fin a la vista, y
devalúa lo que no tenga ningún propósito instrumental a la vista. El hemisferio
derecho, por el contrario, no tiene ningún propósito. Está atento a lo que sea
que es sin preconcepciones, sin un propósito predefinido. El hemisferio
derecho tiene una relación de preocupación o de cuidado (lo que Heidegger llama
Sorge) con lo que sea que esté
sucediendo.
Si tuviera que condensar las principales diferencias
en la experiencia mediadas por los dos hemisferios, sus dos modos de ser, se
podría decir así. El mundo del hemisferio izquierdo, es dependiente del
lenguaje denotativo y la abstracción, proporciona claridad y poder para
manipular las cosas que son conocidas, fijas, estáticas, aisladas,
descontextualizadas, explícitas, incorpóreas, de naturaleza general, y en
última instancia sin vida. Por el contrario, el hemisferio derecho da lugar a
un mundo de seres vivos individuales, cambiantes, en evolución, en interconexión,
implícitos, encarnados, que viven en el contexto del mundo experimentado,
aunque por la propia naturaleza de las cosas, nunca sean completamente
aprehensibles, y siempre se conozcan imperfectamente - y con este mundo se
mantenga una relación de cuidado. El conocimiento que está mediado por el
hemisferio izquierdo es un conocimiento dentro de un sistema cerrado. Tiene la
ventaja de la perfección, pero dicha perfección se adquiere en última instancia
al precio de una vacuidad, de la autorreferencia. Puede mediar en el
conocimiento solo en términos de una reorganización mecánica de cosas ya
conocidas. Nunca puede realmente "salir" para conocer algo nuevo,
porque su conocimiento es solo de sus propias re-presentaciones. Mientras que
la cosa en sí está "presente" para el hemisferio derecho, sólo es
luego "re-presentada" por el hemisferio izquierdo, convertida ahora
en una idea de la cosa. Donde el hemisferio derecho es consciente de lo
Otro, sea lo que sea, la conciencia del hemisferio izquierdo es de sí mismo.
Y esto nos lleva finalmente a la tercera pregunta que
formulé al comienzo de este capítulo: ¿puede todo esto decirnos algo sobre la
naturaleza del cerebro? Creo que sí. Esa respuesta está implícita en todo lo
que he mencionado antes. No existe tal cosa como el cerebro, está el cerebro
según el hemisferio derecho y el cerebro según el hemisferio izquierdo: los dos
hemisferios que hacen que todo exista, también, inevitablemente, se hacen a sí
mismos - como las manos de Escher. Así que, para algunas personas, el cerebro
es una cosa, un tipo particular de cosa, una máquina; lo que quiere
decir que es algo que entendemos de abajo arriba y que existe para un propósito
que nosotros reconocemos. Para otros, es algo cuya naturaleza es única, por lo
tanto que solo podemos entender, aceptando un grado de no-saber que abre
la mente a lo que sea y cuyo propósito no es fácil de determinar. En otras
palabras, debemos esperar que algunas personas estén seguras de saber
exactamente qué tipo de cosa es el cerebro, mientras que otras pueden saber
"relativamente poco" acerca de él.167
CAPITULO 5.
LA PRIMACÍA DEL HEMISFERIO DERECHO
Si cada hemisferio crea un mundo
distinto, ¿en cuál deberíamos confiar si buscamos la verdad sobre el mundo?
¿Aceptamos simplemente que hay dos versiones del mundo que son igualmente
válidas, y nos encogemos de hombros? Creo que la relación entre los hemisferios
no es equivalente y que, si bien ambos contribuyen a nuestro conocimiento del
mundo y que por lo tanto hay que sintetizar, uno de los hemisferios, el
derecho, tiene prioridad, en el sentido de que sustenta el conocimiento que el
otro llega a tener, y es el único capaz de sintetizar lo que ambos
conocen en una totalidad aplicable. En este capítulo explicaré por qué creo que
es así.
El hecho de que
el hemisferio izquierdo ofrezca una imagen detallada y precisa podría
convencernos de que es él, y no su irritantemente contraparte imprecisa, quien
nos proporciona la verdad acerca del mundo. Y su postura menos
comprometida podría ser un indicio de que es más fiable. Sin embargo, el hecho
de que su atención desvinculada sea en algunos casos psicopática nos indica que
la cuestión tiene un significado en cuanto a los valores, incluido el valor
moral, del mundo que experimentamos. Es una cuestión importante a decidir -
pero hay un problema para llegar aquí a una conclusión. Cada hemisferio atiende
de una manera diferente; las diferentes formas de atender producen diferentes
realidades, incluso sobre esta cuestión de la diferencia de los hemisferios.
¿Cómo salir del círculo hermenéutico?
Una forma de
abordar la cuestión sería observar los resultados: comparar los resultados de
adoptar un modo de atención más distante del mundo con los resultados de
adoptar un modo más comprometido. Hacia el final de este libro, haré justamente
eso - examinar cual es la mejor manera de entender el mundo, según la visión
del hemisferio izquierdo, o sea como un mecanismo, o con la suposición de que
el mundo es más bien un ser vivo, una totalidad conectada, tal como lo vería el
hemisferio derecho. Lo haré sin ningún tipo de argumento especial, juzgando las
respuestas de acuerdo con los valores del hemisferio izquierdo, no los del
derecho. Después de todo, podemos medir las consecuencias de la manera en que
vemos el mundo por lo que le sucede a él y lo que nos sucede a nosotros. Sin
embargo, dado que la atención nos cambia tanto a nosotros como a lo que
atendemos, el mismo juicio que emitimos podría reflejar no tanto la realidad
como la naturaleza de aquello en lo que nos hemos convertido o nos estamos
convirtiendo. Parece difícil salir de este problema, lo que plantea otra
circularidad.
Por eso en el anterior
capítulo busqué indicaciones desde la filosofía. Comencé proponiendo que podría
haber algunas pistas desde la física, el otro camino por el cual intentamos
aprehender la realidad última - si es que es realmente otro camino, y no el
mismo camino bajo otra luz. Ya que hay una tendencia en las biociencias a
considerar más "real" un universo mecanicista, a pesar de que la
física se alejó hace tiempo de este legado del materialismo del siglo XIX, con
el resultado bastante extraño de que el universo inanimado ha llegado a parecer
vivo, a ser parte de la mente, mientras que el universo con vida parece
inanimado, sin mente. La ciencia ha priorizado la claridad; la atención
distante y focalizada; el conocimiento de las cosas a partir de sus partes; la
lógica analítica secuencial como vía de conocimiento; y la priorización de los
detalles sobre la visión de conjunto. Al igual que la filosofía, se acerca al
mundo desde el punto de vista del hemisferio izquierdo. Y la versión de la
realidad del hemisferio izquierdo funciona bien en el nivel local, en lo
cotidiano, en lo que nos centramos por hábito. Ahí rige la mecánica newtoniana;
pero se "deshilacha en los bordes", una vez que uno se asoma a una
imagen más profunda de la realidad, a nivel subatómico o cósmico. Aquí la
incertidumbre sustituye a la certeza; lo fijo resulta ser constantemente
cambiante y no se puede precisar; las líneas rectas se curvan: en otras
palabras, las leyes de Einstein dan mejor cuenta que las de Newton. Las líneas
rectas, como la del horizonte, se curvan si se adopta una perspectiva más
amplia, siendo el espacio mismo curvo - de modo que la rectilineidad del
hemisferio izquierdo es un poco como la visión plana de la Tierra: “Así es como
se ve aquí y ahora". Yo diría que la forma, no solo del espacio y del
tiempo, sino de nuestra aprehensión de ello, es una forma curva: comienza en el
hemisferio derecho, pasa por el reino del hemisferio izquierdo en algún punto
intermedio y regresa al hemisferio derecho. La realidad tiene una redondez más
que una rectilineidad, un tema al que volveré al final de este libro.
En el anterior
capítulo señalé el hecho de que en el siglo XX, a pesar de la naturaleza del
proceso filosófico, surgieron temas desde el debate filosófico que, sin
saberlo, corroboraron la comprensión del mundo que tiene el hemisferio derecho.
Entre ellos se incluyen: la empatía y la intersubjetividad como fundamento de
la conciencia; la importancia de una atención abierta y paciente al mundo, en
contraposición a una atención voluntarista y posesiva; la naturaleza implícita
u oculta de la verdad; el énfasis en el proceso en lugar de lo estático, siendo
el viaje más importante que la meta; la primacía de la percepción; la
importancia del cuerpo en la constitución de la realidad; el énfasis en la
singularidad; el carácter objetivador de la visión; la irreductibilidad de cualquier
valor a la utilidad; y la creatividad como un proceso de desvelamiento (de lo
no dicho) en lugar de un proceso deliberadamente constructivo.
Wittgenstein
hablaba de "una experiencia que
era, para él, un paradigma del sentido último de los valores: el sentido de
asombro ante la existencia misma del mundo".1 Heidegger
dijo que los que llamados filósofos presocráticos no eran filósofos, sino
pensadores (Denker) que no tenían necesidad de "filosofar", absortos
como estaban ante el asombro radical del Ser. Para Platón, "el estado de asombro (thaumazein) era la marca del filósofo -
la filosofía, en realidad, no
tiene otro origen"; 2 de hecho, pensaba que el theios phobos (el temor sagrado) era tan profundamente conmovedor y perturbador
para la vida, que las artes, que podían invocarlo, debían estar bajo estricta
censura para preservar el orden público. Aristóteles escribió que "es debido a su asombro que los hombres
comienzan a filosofar, ahora y en un principio".3
Pero ya
Demócrito, contemporáneo de Platón, comienza a elogiar la athaumastia y la athambia, el rechazo a
dejarse conmover o asombrar por nada; "los sabios estoicos consideran como su objetivo más alto no perder la
serenidad, y tanto Cicerón como Horacio, elogian el nil admirari" - no asombrarse ante nada.4 Y
así la marca del verdadero filósofo no fue ya la capacidad de ver las cosas tal
como son y, por lo tanto, asombrarse por el hecho del Ser, sino precisamente lo
contrario, mantener la calma ante la existencia, sistematizar y clarificar el
mundo, de modo que se re-presente como objeto de conocimiento. El papel del
filósofo, como el del científico, consistía en desmitificar.
Sin embargo, el
sentido de asombro que motivó a la filosofía nunca se perdió: incluso Descartes
sostenía que "el asombro [es] la
primera de todas las pasiones".5
Y también ha sido percibido por otros muchos, que el asombro no era solo el
origen, sino la finalidad de la filosofía. Así, para Goethe, era "lo más elevado a lo que el hombre puede aspirar".6
Wittgenstein veía mayor sabiduría en los relatos míticos del mundo que en
los relatos científicos, los cuales "nos dejan con la marcada impresión de que todo está explicado; nos dan
la ilusión de explicar un mundo ante el que haríamos mejor en maravillarnos... Wittgenstein
critica las explicaciones para dar paso al asombro. Para él, la claridad estaba
en gran parte al servicio del asombro, sus energías críticas se dirigían
a desenmascarar lo que él veía como pseudo-explicaciones que tienden a
interponerse entre nosotros y el mundo, cegándonos ante la pura maravilla de su
existencia".7 De manera similar, Thomas Nagel escribe: "Ciertas formas de perplejidad - por ejemplo,
ante la libertad, el conocimiento y el significado de la vida - me parecen que
encierran más profundidad que cualquiera de las supuestas soluciones a esos
problemas".8 Y, más recientemente, Arne Naess
lo expresa con estas palabras: "La filosofía comienza y termina con
el asombro - un asombro profundo".9 Esto es lo que la filosofía del siglo XX
recuperó trabajosamente.
La filosofía
comparte la trayectoria que he descrito como típica de la relación entre los
hemisferios. Comienza como asombro, intuición, ambigüedad, perplejidad e
incertidumbre; progresa al desplegarse, examinándolo todo desde todos los
ángulos, convirtiéndolo en linealidad por el hemisferio izquierdo; pero su
punto final es ver que la cuestión misma del lenguaje y la linealidad deben ser
trascendidas y, una vez más, dejados atrás. La progresión es familiar: del
hemisferio derecho, al hemisferio izquierdo, y nuevamente al hemisferio
derecho.
Esto también estaría en consonancia con otras
evidencias del papel primario del hemisferio derecho en la generación del mundo
experiencial.
EVIDENCIAS
ADICIONALES DEL PAPEL PRIMARIO DEL HEMISFERIO DERECHO
De hecho, ya hemos mencionado varias razones para suponer que el hemisferio
derecho desempeña un papel primario y fundamentador en la relación entre los
hemisferios. Existe la primacía de la atención vigilante y amplia: si
bien la atención focalizada puede parecerle a quien la ejerce que está bajo su
control consciente, en realidad ya está decidida; dirigimos la atención en
función de aquello de lo que somos conscientes, y para ello necesitamos la
atención amplia del hemisferio derecho. Luego está la primacía de la
totalidad: el hemisferio derecho aborda el mundo antes de que la
separación, la división, o el análisis lo hayan transformado en alguna otra
cosa, antes de que el hemisferio izquierdo lo haya re-presentado. No es
que el hemisferio derecho conecte - porque lo que se revela nunca estuvo
separado; no sintetiza - lo que nunca estuvo disgregado en partes; no integra -
lo que nunca fue menos que un todo.
También hemos examinado el papel que desempeña el hemisferio derecho en lo
que se refiere a lo nuevo: su primacía en la experiencia. Lo que
conocemos tuvo que llegar a ser, primero en el hemisferio derecho ya que, por
definición, al principio es nuevo y el hemisferio derecho transmite lo que es
nuevo como "presencia" - antes de que el hemisferio izquierdo llegue
a re-presentarlo. Y además, tenemos el hecho de que la herramienta más poderosa
del hemisferio izquierdo, el lenguaje referencial, tiene su origen en el cuerpo
y en el hemisferio derecho: una especie de primacía de los medios.
Ahora me gustaría examinar otras líneas adicionales de evidencia sobre el
tema.
LA PRIMACÍA DE LO
IMPLÍCITO
Los orígenes del lenguaje en la música y el cuerpo podrían ser vistos como
parte de algo más amplio, parte de una primacía de lo implícito. La metáfora (que
depende del hemisferio derecho) aparece antes que la denotación (que
depende del izquierdo). Esta es una verdad tanto histórica como epistemológica.
El significado metafórico es en todos los sentidos anterior a la abstracción y
a la explicitación. La propia palabra nos lo dice: no se puede extraer algo
fuera (del latín, abs-fuera, trahere- extraer), a menos que haya algo de donde extraerlo. No se puede
desplegar algo y hacerlo explícito (del latín, ex-fuera, plicare pliegue), a
menos que ya esté plegado. Las raíces de la explicitación se encuentran en lo
implícito. Como dijo Lichtenberg, "La
mayoría de nuestras expresiones son metafóricas - la filosofía de nuestros
antepasados está escondida en ellas".10
Sin embargo, la metáfora no es solo un reflejo de lo
que ha sido, sino el medio por el cual puede surgir lo verdaderamente nuevo,
más que la simple novedad. Cuando una metáfora realmente vive en la mente,
puede generar nuevos pensamientos o entendimientos - es cognitivamente real y
activa, no solo un remanente histórico muerto de una metáfora que alguna vez
estuvo viva, de un cliché.11
Cualquier conocimiento, ya sea del mundo o incluso de
nosotros mismos, depende de la elección de la metáfora correcta. La metáfora
que elegimos guía lo que vemos. Incluso al hablar sobre el conocimiento no
podemos escapar de las metáforas. "Aferrarnos" a las cosas, por
ejemplo, no nos llevará tan lejos como quisiéramos, porque las cosas más
importantes en la vida se resisten a ser agarradas en cualquiera de sus
sentidos. Como las uvas de Tántalo,
se escapan de la mano que las intenta alcanzar.
La paradoja de la filosofía es que necesitamos ir más
allá de lo que puede ser captado o expresado explícitamente, aunque la tendencia
de la filosofía es siempre e inevitablemente volver a lo explícito.
Merleau-Ponty, Heidegger, Scheler y el último Wittgenstein percibieron que la
explicitación nos ata a lo que ya sabemos, por mucho que sigamos
"desplegándolo" y "desarrollándolo". Implícitamente, y a
veces explícitamente, cada uno de ellos trató de llevar la filosofía más allá
de lo explícito, por lo tanto, en un sentido más allá de sí misma. Al hacerlo, desvelaron
los límites del lenguaje analítico, ("de lo que no se puede hablar, uno debe permanecer en silencio"). Pero el intento sigue valiendo
la pena, de hecho, tiene que hacerse, y siempre se hará, siempre y cuando se
respeten los límites de lo que se puede lograr. "Para un viejo psicólogo y flautista de Hamelin, como yo",
escribió Nietzsche, muy consciente de los problemas del lenguaje,
“…precisamente aquello que se tendría que quedar en silencio tiene que
hacerse audible".12
Los escritos de estos filósofos están repletos de
imágenes metafóricas que no solo encarnan, sino que expresan ellas mismas, lo
implícito. Así, tal vez haciéndose eco de los tortuosos caminos de Heidegger a
través de los campos, (Feldweg),
Wittgenstein habla de la indagación filosófica, no como una declaración
explícita, sino más bien como una serie de perspectivas, una serie de recorridos
diferentes a través de una cadena montañosa que, tal vez, permitan que surja
una idea del conjunto. Trescientos años antes de Heidegger o Wittgenstein,
Donne había escrito: “Sobre una enorme
colina, / abrupta y escarpada, la Verdad se alza, / y el que quiera alcanzarla,
tiene que ir hacia ella e ir hacia ella... "13 Tal vez
sea apropiado que un poeta haya llegado allí primero. Este progreso circular, o
más exactamente en espiral, es de nuevo, muy sugerente.
Sin embargo, el mayor problema de la explicitación es
que nos devuelve a lo que ya conocemos. Reduce una experiencia única, una
persona o una cosa a un montón de conceptos abstractos, y por tanto comunes,
que podríamos hallar en cualquier otro lugar - y que de hecho ya teníamos. Conocer,
en el sentido de ver con claridad, es siempre ver algo "como" ya
conocido, y por tanto no presente sino re-presentado. La fructífera
ambigüedad es forzada a ser una cosa u otra. Comencé este capítulo proponiendo
que, debido a su capacidad de alterar las cosas, la atención también puede
destruir. Muchas cosas que son importantes para nosotros simplemente no pueden
tolerar que se les preste demasiada atención, ya que su naturaleza es ser
indirectas o implícitas. Al forzarlas a ser explícitas cambia su naturaleza
completamente, de modo que en esos casos lo que llegamos a pensar que conocemos
"con certeza” de hecho, no lo conocemos en absoluto. Un exceso de
autoconciencia no solo destruye la espontaneidad, sino también la cualidad que
hace que las cosas estén vivas, la interpretación de la música o la danza, el
cortejo, el amor y el comportamiento sexual, el humor, la creación artística y
la devoción religiosa se vuelven mecánicas, sin vida y pueden paralizarse si
somos demasiado autoconscientes.
Aquellas cosas que no pueden mantenerse en el foco de la atención
consciente son, a menudo, las mismas cosas que no pueden conseguirse por
voluntad propia, que llegan solo como un subproducto de algo más; se encogen ante
el resplandor del mundo del hemisferio izquierdo. Así algunas cosas, como el
sueño, simplemente no pueden ser logradas voluntariamente.14 El
marco mental que se requiere para luchar por ellas es incompatible con el marco
mental que permite experimentarlas. Tal como escribió Montaigne:
Incluso cosas
que hago con facilidad y naturalidad, no puedo hacerlas cuando me ordeno a mí
mismo hacerlas por una orden expresa y determinada. Las mismas partes de mi
cuerpo que tienen un cierto grado de libertad y autonomía, a veces se niegan a
obedecerme si planeo que ejecuten una tarea obligatoria en un momento y lugar
determinados.15
Lo que es verdad para acceder al amor o
irse a dormir también lo es para las cosas menos físicas: por ejemplo, los
intentos de actuar con naturalidad, de amar, de ser sabio o de mantenerse
inocente y de despreocuparse, generan autorechazo.16 Las mejores
cosas de la vida se esconden del brillo de la atención enfocada. Rechazan
nuestra voluntad.
Sin embargo, es
precisamente la tarea del hemisferio izquierdo concentrar la atención en lo que
se hace, hacer explícito lo implícito, para que lo que se observa se convierta
en objeto de nuestra voluntad. Esto se logra mediante una cierta manera de
mirar, ya que solo la vista, de entre todos los sentidos humanos, puede dar una
información verdaderamente detallada y dar una clara localización en el espacio
para guiar nuestra capacidad de agarrar. Esta claridad y fijación del objeto es
muy adecuada para la visión del mundo del hemisferio izquierdo: de hecho, solo
en el caso del hemisferio izquierdo, no del derecho, se puede hablar con
propiedad de una "visión" del mundo en general. Por otra parte, la
vista es el único de los sentidos que permite una discriminación precisa de la
profundidad. En la medida en que esta profundidad es preservada, permite el
compromiso del hemisferio derecho, que se traduce en “entreidad”. Si se
elimina, se permite que el hemisferio izquierdo se enfoque con precisión en un
punto de un plano bidimensional (uno es consciente esta bi-dimensionalidad,
sobre todo cuando enfoca un microscopio o un telescopio). La ilusión resultante
es la de claridad, la capacidad de conocer algo "tal y como
es", como si todo se nos revelara con absoluta nitidez.
La profundidad es
la sensación de algo que se encuentra más allá de nosotros. Otra
manera de pensar en esto podría ser, de forma más general, en términos de la
importancia última del contexto. El contexto es ese "algo" (en
realidad nada menos que un mundo) al que pertenece lo que se ve, en el que
reside su ser, y en referencia al cual solo puede entenderse, estando a la vez más
allá y alrededor. El problema del "foco atencional", como lo
denomina la literatura psicológica convencional, es que aísla el objeto de
atención de su contexto - no solo de su entorno, sino de la profundidad en la
que vive. Lo opacifica. Nuestra visión se detiene en "la cosa misma".
El precio es que este recorte del contexto produce algo sin vida y mecánico. En
un famoso pasaje de Las Meditaciones,
Descartes comenta el hecho de mirar desde una ventana, viendo pasar a hombres
por la calle. "Sin embargo", reflexiona, "¿Veo algo más que sombreros y abrigos que podrían ocultar
autómatas? Yo estimo que ellos son hombres".17 No
es de extrañar que, despojados por la mirada filosófica de todo contexto que
pudiera darles sentido, los abrigos y sombreros que Descartes ve desde su
ventana caminando por la calle pudieran estar siendo activados por una máquina.
Se han vuelto completamente opacos; el observador ya no logra pasar a través de
ellos para ver a las personas vivas que hay debajo. Ya no ve lo que está implícito.
Sin embargo, la atención del hemisferio derecho, preocupada como está por el
ser en su contexto, nos permite ver a través de ellos la realidad que se
encuentra alrededor y más allá. No podría cometer el error de ver la ropa y los
sombreros de forma aislada.
La ilusión de
que, si podemos ver algo claramente, que lo vemos como realmente es, es
enormemente seductora. Ruskin, en Pintores
Modernos, señala que la claridad se compra al precio de la limitación:
"Nunca vemos nada con claridad...
Lo que llamamos ver una cosa con claridad, es solo ver lo suficiente de ella para distinguir que es; este grado de inteligibilidad varía en la
distancia para diferentes magnitudes y tipos de cosas…" Pone el ejemplo
de un libro abierto y de un pañuelo bordado sobre un jardín. Vistos desde una
distancia, de un cuarto de milla, son indistinguibles; desde más cerca, podemos
ver cuál es cuál, pero no leemos el libro, ni percibimos el diseño del bordado
en el pañuelo; a medida que nos acercamos, "podemos leer el texto y seguir el dibujo del bordado, pero no podemos
ver las fibras del papel, ni los hilos del tejido"; aún más cerca y
podemos ver la marca de agua y los hilos, "pero no las ondulaciones de la superficie del papel, ni las finas
fibras que conforman cada hilo”; hasta que nos acercamos con un
microscopio, y así sucesivamente, ad infinitum. ¿En qué punto lo vemos
claramente? "Cuando, por lo tanto, decimos, que claramente vemos el
libro"; Ruskin concluye: "nosotros decimos solo que sabemos
que eso es un libro".18 La claridad, al parecer, no
describe un grado de percepción, sino un tipo de conocimiento. Conocer
algo claramente es conocerlo solo parcialmente, y conocerlo, en lugar de
experimentarlo, de una manera determinada.
Con el inicio de la Modernidad, nuestra propia
experiencia se volvió cada vez más figurativa. Como escribe Heidegger: "La
imagen del mundo no cambia de una más antigua a otra más moderna, más bien es el
hecho de que el mundo se convierte en una imagen en general, es lo que
distingue la esencia de la era Moderna".19 Esto altera la
naturaleza de la existencia.
Cuando el
mundo se convierte en una imagen... el mundo (es) concebido y captado como una
imagen. Lo que es, en su totalidad, se toma ahora de tal manera que primeramente
es en el ser, y solo es en el ser en tanto que lo determina el hombre, que lo
representa y lo expone.20
La animosidad de
Heidegger se dirigía especialmente contra el impacto de Descartes, quien había
escrito que el “curso de nuestra vida
depende enteramente de nuestros sentidos" y "el sentido de la
vista es el más noble y más completo" de ellos.21 Esto se debe
precisamente a que Descartes estaba
interesado en la vista como instrumento de conocimiento claro y definido
de cada cosa de forma aislada - un proyecto imposible de conciliar con la
comprensión basada en la naturaleza implícita y contextual de las cosas, tal y
como la proporciona el hemisferio derecho, y que el hemisferio izquierdo, solo
posteriormente “representa y enuncia” como elementos distintos. No es
casualidad que el término "distinto" implique división.
A fin de ver
realmente las cosas tal y como son, la atención necesita hacer algo bastante
diferente. Necesita tanto descansar en el objeto como atravesar el plano
de enfoque. Ver las cosas tal y como son depende también de ver a través de
ellas, hacia algo más allá, el contexto, la "redondez" o profundidad,
en la que existen. Si la atención desvinculante y extremadamente focalizada del
hemisferio izquierdo se aplica a los seres vivos, y no se resuelve más tarde en
una imagen completa mediante la atención del hemisferio derecho, que da
profundidad y contexto, el resultado es destructivo. Nos convertimos en
insectos, como dice Merleau-Ponty. Lo mismo ocurre con las obras de arte, que
como he dicho, tienen más en común con las personas que con las cosas. La
explicitación siempre obliga a este recorte, a esta concentración en la
superficie y a la pérdida de transparencia - o más correctamente
semi-transparencia. Esto es análogo a la explicación de un chiste, o a una
metáfora trabajosamente reformulada. En tales circunstancias, el efecto del
chiste o de la metáfora, se vuelve opaco y se obvia. El significado metafórico
depende de esta semi-transparencia, de este ser-visto-y-no-ser-visto. Kerényi,
por ejemplo, escribe sobre los símbolos homéricos, que se puede "ver a
través de ellos", como "signos visibles de un orden invisible... no
como elementos del ‘simbolismo’, sino como una parte transparente del mundo". Si se percibieran como
símbolos, tendrían que ser explícitamente decodificados, y eso les quitaría
todo su poder.22
Explicitar las
cosas equivale a focalizarse en el funcionamiento, a expensas de la propia obra,
en los medios a expensas del mensaje. Una vez opacado, el plano de atención
está en el lugar equivocado, como si nos enfocáramos en la mecánica de una
representación de teatro, y no en el contenido de la representación en sí
misma; o en el plano de un lienzo, y no en lo que se ve en él.
La profundidad,
en contraposición a la distancia de una superficie, nunca implica desconexión.
La profundidad nos pone en relación, sea cual sea la distancia, con el otro, y
nos permite "sentir a través” del espacio intermedio. Nos sitúa en el
mismo mundo que el otro. Así, por muy distantes que estén las figuras en un
cuadro de Claude, nos sentimos
atraídos por ellas y su mundo; como decía Hazlitt, nos llevan en un viaje, a la
profundidad del espacio que las rodea. Diderot escribió una serie de
relatos de siete paseos que había hecho con un cierto abad como compañero, a
través de los más bellos y salvajes paisajes, y de lo que allí habían visto y
experimentado; solo al final del relato se revela que se trataba de viajes que
fueron imaginados a partir de paisajes de los cuadros de Vernet.23 Lo
que produce el aislamiento no es la profundidad, sino la falta de profundidad.
La pérdida de profundidad constituye una característica importante de la visión
cartesiana y objetiva del mundo, como si se estuviera proyectando en la
superficie de la retina, o en una placa fotográfica. Nos sentimos repelidos por
la bidimensionalidad del plano que permanece a cierta distancia de nosotros,
sin profundidad, un mundo bidimensional en el que ya no podemos mantenernos
junto a lo que se convierte en el "objeto" de nuestra visión. La
profundidad tiene un gran significado psicológico, y es relevante que en la
esquizofrenia, que simula un estado hiperactivo del hemisferio izquierdo, se produzca
un deslizamiento de la perspectiva, como ha demostrado Louis Sass, una pérdida
del anclaje en el marco de referencia.24 La atención deja de
prestarse, por ejemplo, a la escena que se muestra en el papel, y se transfiere
al plano del propio papel. Se pierde precisamente la transparencia que
existe cuando entendemos algo de manera normal.
Una pintura no es
una cosa en el mundo: ni tampoco una simple representación del mundo. En una
maravillosa frase de Merleau-Ponty, nosotros no vemos pinturas, tan solo
vemos de acuerdo a ellas.25 Al igual que las personas, y las
formas del mundo natural, no son ni cosas objetivas, ni meras representaciones
de las cosas: ellas nos permiten ver a través y de acuerdo a, ellas mismas.
Tienen una cualidad semi-opaca (o semi-transparente), que no desaparece
completamente, en cuyo caso se vería una realidad u otra, una realidad que
ellas no harían más que representar. No, ellas tienen realidad propia. Pero
tampoco son meras cosas, que existen “ahí fuera” independientemente de nosotros
o de cualquier otra cosa que exista. Somos conscientes de ellas, pero vemos a
través de ellas, vemos el mundo de acuerdo a ellas. Tomando el ejemplo de las
pinturas de Claude: no nos limitamos a dejar que nuestro ojo se detenga
simplemente en la cosa pura que tenemos enfrente, un lienzo que mide tal y tal,
con tales y cuales manchas de azul, verde y marrón en él, ni tampoco vemos
directamente a través del lienzo, como si ignoráramos que estamos mirando una
pintura, e imagináramos que miramos a través de una ventana. Lo mismo ocurre
con la poesía: aunque el lenguaje a menudo funciona como si fuera transparente,
cuando leemos una pieza de prosa y no nos damos cuenta de su facticidad. Pero
en la poesía, el propio lenguaje está presente para nosotros - semi-transparente,
semi-opaco; no es una cosa, sino un algo vivo que nos permite movernos a través
de él y más allá, aunque sin permitir que el lenguaje desaparezca como si no
jugara ningún papel en lo que sea que está más allá del lenguaje y nos
transmite.
También el teatro puede ser algo completamente
absorbente o muy alienante, convirtiéndose en una imagen en la que no
participamos. Para que nos absorba, los medios tienen que ser translúcidos o
transparentes: no debemos estar centrados en los actores - ni en el autor de la
obra (Shakespeare desaparece completamente en sus obras). Es por eso que una
mala actuación puede ser tan embarazosa. Nos llama la atención sobre el hecho
de que los actores están actuando, y cómo se ven a sí mismos; se convierten en
una especie de críticos cuya autocomplacencia hace que se interpongan entre
nosotros y lo que pretenden transmitir. Lo implícito se vuelve explícito y todo
se pierde.
PRIMACÍA DEL
AFECTO
Si lo implícito
fundamenta lo explícito, implicaría que lo que uno siente no es una reacción o
una superposición de lo que uno evalúa cognitivamente, sino al contrario: el
afecto viene primero, el pensamiento después. Algunas investigaciones confirman
fascinantemente que el juicio afectivo no depende del resultado de un proceso
cognitivo. No decidimos si nos gusta algo sobre la base de una evaluación
explícita, algún tipo de cálculo, sopesando sus partes. Hacemos una apreciación
intuitiva del conjunto antes de que entren en juego los procesos cognitivos, si
bien éstos se utilizarán, sin duda, más adelante para "explicar" y
justificar nuestra elección. Esto se ha denominado "la primacía del
afecto".26 Hacemos una
valoración del conjunto de una vez, y los fragmentos de información sobre aspectos concretos se juzgan a la luz
del conjunto, y no al revés (aunque estos fragmentos de información, si hay suficientes
y no se ajustan a nuestra idea del conjunto, en última instancia, pueden acabar
provocando un cambio en nuestro juicio sobre el conjunto).27 La
implicación es que nuestro juicio afectivo y nuestro sensación del conjunto,
dependientes del hemisferio derecho, ocurren antes que la evaluación cognitiva
de las partes, la contribución del hemisferio izquierdo. "Yo anticiparía
que... en algún nivel afectivo profundo y fundamental, el hemisferio derecho
está más en contacto, con los verdaderos sentimientos internos y es menos capaz
de mentir".28 La suposición de Panksepp estaría
respaldada por las pruebas de investigación analizadas en el Capítulo 2. Si
bien el afecto no es, por supuesto, lo mismo que los valores, al igual que
estos, es primario, no se deriva de la evaluación cognitiva, como el hemisferio
izquierdo nos lo puede hacer creer cuando examinamos retrospectivamente el
proceso, y fue esta idea la que subyace al importante concepto de Max Scheler
de la Wertnehmung, la aprehensión
pre-cognitiva del valor de algo, su relevancia para "mi".29
La disposición hacia el mundo llega primero: cualquier cognición es
posterior y consecuencia de esa disposición, que es, en otras palabras el
"afecto".30 El afecto se puede equiparar con demasiada
facilidad con la emoción. Las emociones son ciertamente parte del afecto, pero
son solo una parte de él. Algo mucho más amplio está implícito: una forma de
atender al mundo (o no atenderlo), una forma de relacionarse con el mundo (o de
no relacionarse con él), una postura, una disposición, hacia el mundo - en
última instancia, una "forma de ser" en el mundo.
Pero la emoción es muy importante, y también está más cerca del núcleo de
nuestro ser que la cognición. Como escribió Nietzsche, "los pensamientos son las sombras de nuestros
sentimientos - siempre más oscuros, más vacuos, más simples".31
Varias líneas de razonamiento a
partir de estas evidencias convergen para sugerir que el núcleo esencial del
ser es subcortical.32 La conciencia perceptivo-cognitiva parece
haberse desarrollado sobre la base de la conciencia afectiva, que era un
"prerrequisito revolucionario", según escribe Jaak Panksepp:
"Desde tal perspectiva, la fe de Descartes en su aserción: 'pienso, luego
existo', puede verse desbancada por una afirmación más primitiva que forma
parte de la configuración genética de todos los mamíferos: "siento, luego
existo".33 Más adelante,
en una nota a pie de página, añade: "la afirmación de fondo probablemente
debería ser, “Yo soy, luego existo".34
La emoción y el cuerpo están en el núcleo irreductible de la experiencia:
no están ahí simplemente para ayudar a la cognición. El sentimiento no es un
mero complemento, un aderezo para el pensamiento: está en el corazón mismo de
nuestro ser, y la razón emana de ese núcleo central de emociones, en un intento
de limitarlas y dirigirlas, y no al revés. El sentimiento vino y viene primero,
y la razón emergió de él: "las pasiones han enseñado a la humanidad a
razonar", dijo el filósofo francés del siglo XVIII, Vauvenargues.35 Incluso
el prejuicio que tenemos en favor de la razón no puede justificarse por sí
mismo mediante el razonamiento; las virtudes de la razón son algo que no
podemos hacer más que intuir. En su influyente libro, El error de Descartes, Damasio señala la primacía de la emoción en
términos neurológicos, cuando observa que,
el sistema de la racionalidad, tradicionalmente
considerado por ser neocortical, no parece funcionar sin la regulación biológica,
tradicionalmente considerado por ser subcortical. La naturaleza parece haber construido el sistema de
racionalidad no solo sobre el sistema de la regulación biológica, sino también a partir de él y con él.36
Esta observación
me remite al punto que señalé en el Capítulo 1, según el cual la estructura del
cerebro revela su historia, y ayuda, en parte por ese mismo hecho, a comprender
la mente. Sin embargo, Damasio no parece reconocer la primacía fenomenológica
de la emoción o el afecto: en su lugar considera que la emoción es auxiliar,
que está ahí para guiar al ser pensante que somos, en lugar de considerar que
el pensamiento está ahí para guiar al ser sintiente que somos. "Las
emociones", insiste, "no son un lujo"; como si tal idea se le
hubiera podido ocurrir a alguien a la luz de la experiencia, y mucho menos aún
de la reconocida primacía del afecto. Las emociones no son un lujo, nos asegura
Damasio, porque son herramientas útiles: "desempeñan un papel en la
comunicación del significado a los demás, y también pueden desempeñar el papel
de guía cognitiva que propongo..."37 Por lo tanto, las emociones están ahí para ejercer como
sirvientes a la razón, desempeñando así una función útil para ayudarnos a la
comunicación, o posiblemente para sopesar
los productos de la cognición, pero no en el núcleo irreductible de la
experiencia de nosotros mismos.
En el proceso de
intentar rehabilitar los sentimientos mostrando que forman, después de todo,
una parte vital del proceso cognitivo, Damasio inevitablemente lo hace
intentando hacerlos explícitos, medibles, cuantitativos - convirtiéndolos en velocidad
o en una cantidad de procesos asociativos mentales, o en una cantidad de
comportamientos motores - en lugar de cualitativos. También los considera, como
William James, una forma de interpretar los "datos"
corporales, de hecho llega a afirmar que "las sensaciones que tenemos normalmente proceden de una
"lectura" de los cambios corporales".38 La
inseparabilidad del cuerpo y la emoción (por no mencionar el afecto) es
interpretada de tal manera que la emoción termina derivando del cuerpo
por una "lectura", que está ahí para guiar la cognición que es
la que hace la lectura. Aparentemente inconsciente de que está repitiendo el
error de Descartes,39 escribe: "Conceptualizo la esencia de los
sentimientos como algo que usted y yo podemos ver a través de una ventana que se
abre directamente en una imagen continuamente actualizada de la estructura y el
estado de nuestro cuerpo..."40 Una vez que eres capaz de
"ver" tus sentimientos "a través de una ventana" que se
abre en una "imagen" de tu cuerpo, es evidente que has superado a
Descartes en su propio juego.
Creo que parte de la dificultad aquí, a la que volveré a lo largo del
libro, es que en el contexto del discurso intelectual siempre estamos obligados
a "mirar" la relación de la cognición con el afecto desde el punto de
vista cognitivo. No es fácil expresar lo que significaría tratarlo desde el
punto de vista del afecto, ni siquiera es fácil de imaginarlo; no hay duda, de
que, si queremos conocer esta relación, en lugar de contentarnos con la
intuición, entonces estamos obligados a tratar la cognición como el camino
hacia el conocimiento. Sin embargo, pedirle a la cognición que dé una
perspectiva sobre la relación entre la cognición y el afecto sería como
preguntarle a un astrónomo en el mundo pre-galileico geocéntrico, si, en su
opinión, el Sol giraba alrededor de la tierra o la tierra alrededor del Sol.
Hacer la pregunta por sí solo sería suficiente para etiquetarle a uno como
loco. Pero fíjense en lo que revela la metáfora: porque con el tiempo, la
observación de pequeñas discrepancias en el modelo se volvió lo suficientemente
significativo como para provocar una bouleversement (convulsión) de todo
el universo conocido. Y así, la cognición finalmente encontró su propio camino
hacia su tipo de verdad: la primacía del afecto.
PRIMACÍA DE LA
VOLUNTAD INCONSCIENTE.
Algunos trabajos experimentales ya famosos de Benjamín Libet, publicados en
1985, intentaron investigar la voluntad consciente desde un punto de vista
neurofisiológico. Libet les pedía a los sujetos que movieran los dedos de la
mano a voluntad de forma espontánea, y registraba lo que sucedía en el cerebro,
monitorizando los datos electroencefalográficos acompañantes, registrados por
electrodos en el cuero cabelludo.41 Confirmando así hallazgos
anteriores de un neurólogo alemán, Hans Kornhuber, que había demostrado que
había una señal puntual en el trazado del EEG, conocida como "potencial de
preparación",(Bereitschaftspotential)
aproximadamente un segundo antes de que tuviera lugar el movimiento.42
Pero, para su sorpresa, descubrió que el impulso consciente para mover el dedo
no ocurría antes, sino aproximadamente 0,2 segundos después del
potencial de preparación. En otras palabras, el cerebro parecía saber de
antemano lo que su "dueño" iba a decidir, para llevar a cabo una
acción.
Esto claramente no cuadraba con la noción convencional
según la cual tomamos una decisión consciente de hacer algo, y ha puesto en
duda en algunas mentes el libre albedrío, dando lugar a una extensa literatura
filosófica de debate. Como dice Susan Pockett, algunos de los resultados de la
investigación de Libet, "parecen negar a la conciencia cualquier papel relevante
en la conducción de nuestros asuntos cotidianos".43 Así es.
Pero como señala uno de los participantes en esos debates, esto es solo
problemático si uno imagina que, para que yo decida algo, tengo que haberlo
querido con la parte consciente de mi mente.44 Quizás mi
inconsciente sea tan “yo” o más, que yo. De hecho, es mejor que lo sea, porque
muy pocas cosas en nuestra vida ocurren de manera consciente.
Se podría pensar que tal conclusión no sería difícil
de aceptar en una era post-freudiana. Ciertamente, no sorprenderá a quienes
hayan leído la obra ya clásica del psicólogo de Princeton, Julian Jaynes, El Origen de la Conciencia en la ruptura de
la Mente Bicameral, en el que sistemáticamente disuade al lector de la idea
de que la conciencia es necesaria para cualquiera de las características que
definen la vida mental humana.45 Señala que, de hecho, muy poca de la actividad
cerebral es consciente (las estimaciones actuales son menos del 5%, y probablemente menos del 1%), y que
tomamos decisiones, resolvemos problemas, hacemos juicios, discriminamos,
razonamos, etc. sin ninguna necesidad de participación consciente.
Antes de hablar más sobre la mente consciente e
inconsciente, sería útil aclarar estos términos. Adam Zeman es admirablemente
conciso al hacerlo.46 Distingue tres significados principales del
término conciencia: (1) la conciencia
como estado de vigilia: "tras un intervalo lúcido, el soldado herido
cayó en un estado inconsciente"; (2) la
conciencia como experiencia: “fui consciente de una sensación de temor y de
un olor penetrante a goma quemada "; (3) la conciencia como mente: “Soy consciente de que puedo estar
agotando su paciencia" - en cuyo caso, a diferencia del ejemplo anterior,
uno no está comunicando algo sobre la experiencia como tal, sino sobre algo que
se tiene en cuenta aunque no se piense en ello ni se experimenten las
consecuencias de tal pensamiento en ese momento. La conciencia en cada uno de
estos sentidos puede ser sostenida por cualquiera de los dos hemisferios
aisladamente, aunque la calidad de esa conciencia puede diferir. La principal
diferencia entre los hemisferios radica en su relación con la mente inconsciente,
tanto si se refiere al estado de sueño (pensando en la conciencia en el primer
sentido), o a lo que experimentamos o tenemos en mente sin ser conscientes de
ello (los sentidos segundo y tercero). Todo lo que no se encuentra en el centro
del campo de atención, en el que estamos enfocados, es mejor tratado por el
hemisferio derecho, y el hemisferio izquierdo pueda mostrar, a veces, una
sorprendente ignorancia de ello.
Jaynes alinea al hemisferio derecho con la mente
inconsciente, y este vínculo ha sido establecido por muchos otros.47 El
alineamiento tiene que ser una cuestión de grado en lugar de todo o nada. Como
comenta un autor, "el lado izquierdo está involucrado en la
respuesta consciente y el derecho en la mente inconsciente".48 Es
cierto que el procesamiento de la información preconsciente, que incluye la
mayor parte de lo que abarca el conocimiento social, tiende a realizarse por el
hemisferio derecho.49 El
sistema atencional que detecta los estímulos fuera del foco del procesamiento
consciente, está "fuertemente lateralizado al hemisferio derecho".50
Igualmente, el procesamiento consciente tiende a realizarse en el hemisferio
izquierdo. Esta dicotomía puede verse en juego incluso en un ámbito, como el de
las emociones, con un sesgo ciertamente fuerte hacia el hemisferio derecho: el
hemisferio derecho procesa material emocional inconsciente, mientras que el
hemisferio izquierdo está involucrado en el procesamiento consciente de los
estímulos emocionales.51 Ciertamente, el hemisferio derecho recibe
material del cual el hemisferio izquierdo no puede ser consciente; 52 y según Allan Schore, el pre-consciente de
Freud se encuentra en la corteza orbitofrontal derecha.53 Freud
escribió sobre el pensamiento no verbal, imaginario, que “es, por lo tanto,
solo una forma muy incompleta de volverse consciente. De alguna manera,
también, está más cerca de los procesos inconscientes que el pensamiento en
palabras, y es incuestionablemente más antiguo que este último, tanto
ontogenéticamente como filogenéticamente".54 De hecho, Freud puede haber derivado su
distinción entre el proceso secundario (consciente) y el proceso primario (inconsciente)
a partir de la distinción de Hughlings Jackson entre el pensamiento verbal y
proposicional del hemisferio izquierdo y los "niveles inferiores de
ideación" sin palabras asociados con el hemisferio derecho.55 Todo
esto está quizá en consonancia con las pruebas que sugieren que durante el
sueño REM y el soñar, hay un flujo sanguíneo mucho mayor en el hemisferio
derecho, en particular en la región temporoparietal.56 Los datos de la coherencia con el EEG también
apuntan a la predominancia del hemisferio derecho en los sueños.
Si lo que entendemos por conciencia es la parte de la
mente que enfoca con nitidez el mundo, lo hace explícito, permite formularlo mediante
el lenguaje, y que es consciente de su propia conciencia, es razonable vincular
la mente consciente con la actividad de casi todo lo que ocurre, en última
instancia, en el hemisferio izquierdo. Se podría pensar en este tipo de
conciencia como un árbol que crece a un lado de una valla, pero con un sistema
de raíces que se adentra profundamente en el suelo de ambos lados de la valla.
Este tipo de conciencia es una parte minúscula de la actividad cerebral, y debe
tener lugar en el nivel más alto de integración de la función cerebral, en el
punto donde el hemisferio izquierdo (que en realidad está en comunicación
constante con el hemisferio derecho, a nivel de milisegundos) actúa como el
"intérprete" de Gazzaniga.58 No es el único que tiene la
experiencia, claro está, sino el que la interpreta, la traduce en palabras.
(Obsérvese la importancia de la metáfora. El significado no se origina en el
intérprete - todo lo que se puede esperar del intérprete es que en sus manos no
se pierda el verdadero significado.)
¿Por qué no vamos a ser “nosotros”, tanto nuestro
inconsciente, como nuestro consciente?
El experimento de Libet no nos dice que no elegimos iniciar una acción:
simplemente evidencia que tenemos que ampliar nuestro concepto de “nosotros”
para incluir a nuestro yo inconsciente. Las dificultades parecen surgir, como
tantas veces, debido al lenguaje, que es principalmente la forma que tiene el
hemisferio izquierdo de interpretar el mundo. Se objetará que lo que queremos indicar
con palabras como "voluntad", "intención",
"elección" es que el proceso es consciente, y si no es consciente,
entonces es que no queríamos que sucediera, no lo intentaríamos, no sería
nuestra elección. El hecho de que hoy en día tengamos claro que nuestros
deseos, intenciones y elecciones inconscientes pueden jugar un papel importante
en nuestras vidas parece no ser notado.
Si nos vemos obligados a reconocer este punto, la
siguiente línea de defensa es renegar del inconsciente, al igual que en
pacientes con cerebro dividido, el hemisferio izquierdo renegará de las
acciones que obviamente se han iniciado ("elegido",
"intentado"; "querido") por el hemisferio derecho: dirá no
fue "mi" voluntad. De hecho, no hace falta observar a los pacientes
con cerebro dividido para ver que el hemisferio derecho tiene voluntad, puede
tener intenciones, propósitos, querer y elegir, al igual que el hemisferio
izquierdo. Como escribió Hans Vaihinger:
La función
orgánica del pensamiento se lleva a cabo en su mayor parte inconscientemente. En el caso de que el resultado finalmente entre también en la
consciencia, o si la conciencia acompaña momentáneamente a los procesos del
pensamiento lógico, esta luz solo penetrará en las aguas poco profundas, pero
los procesos fundamentales reales son llevados a cabo en la oscuridad del
inconsciente. Las operaciones específicamente intencionales son principalmente,
y en cualquier caso al principio, totalmente instintivas e inconscientes,
incluso si más tarde avanzan hacia el círculo luminoso de la conciencia...59
Y ahora quiero presentar algunos sorprendentes
hallazgos de investigaciones que confirman no solo que esto es así, sino que,
una vez más, estas intenciones surgen del hemisferio derecho y son anteriores,
en todos los sentidos, temporal, lógica y ontológicamente, a las del hemisferio
izquierdo.
TANTO EL
PENSAMIENTO COMO SU EXPRESIÓN SE ORIGINAN EN EL HEMISFERIO DERECHO
Los resultados en cuestión provienen del
estudio de los gestos, que son en sí mismos una especie de lenguaje con una
sutileza e inmediatez que va más allá de la explicitud de las palabras: "Respondemos ante los gestos con una atención
extrema y, casi se podría decir, que de acuerdo a un código elaborado y secreto
que no está escrito en ninguna parte, ni nadie conoce, y que todos
entienden".60
Existe, por cierto, una distinción a nivel de hemisferios, entre
gestos expresivos que encarnan estados emocionales internos y gestos
instrumentales, destinados a influir en el comportamiento inmediato del otro.
Como cabría esperar, los gestos expresivos activan el hemisferio derecho, en la
región del surco temporal superior, mientras que los gestos instrumentales
activan un sistema lateralizado hacia la izquierda asociado al lenguaje y a la
imitación motora.61
Pero la
importancia de la gesticulación es que permite vislumbrar la génesis del
pensamiento. David McNeil lleva años videograbando meticulosamente las
interacciones humanas y ha analizado la relación entre el lenguaje gestual y el
hablado. El enfoque de su trabajo no está dirigido hacia las diferencias entre
hemisferios como tales, pero en el camino deja caer algunas observaciones que
son oro puro para quienes están interesados en el tema.62
El primer punto de interés para nosotros
es que la gesticulación anticipa
ligeramente el habla:
La anticipación
al habla por parte de los gestos es una importante evidencia a favor del
argumento de que los gestos revelan los enunciados en su forma primitiva: hay
una imagen global-sintética tomando forma en el momento en que comienza la fase
de preparación, pero no hay todavía una estructura lingüística en la que se
pueda integrar.63
Queda claro que la imagen "global-sintética" es una descripción
de la naturaleza holística o gestáltica del pensamiento asociado con el
hemisferio derecho. McNeill se refiere, por contraste, a la naturaleza
"lineal-segmentada" de la expresión verbal - siendo la linealidad y
la segmentación características de la naturaleza analítica del pensamiento en
el hemisferio izquierdo. Así pues, parece que la primera manifestación del
pensamiento es en una forma "global-sintética" generada por el
hemisferio derecho. Sin embargo, la fase propiamente dicha del gesto - su parte
expresiva - parece retrasarse deliberadamente para que se sincronice con el
acto del habla, una vez que el hemisferio izquierdo ha llegado a este punto, y
los dos modos de pensamiento se han combinado.64
McNeill revisa las pruebas de las principales
hipótesis sobre la relación entre la gesticulación y el habla, y concluye que
existe una síntesis de dos "modos de pensamiento opuestos". Uno se
expresa en los gestos y es "global-sintético en todo su recorrido":
se construye en el momento de hablar y es de naturaleza idiosincrásica, en
lugar de formar un código sistemático - todas características que lo
identifican como derivado del hemisferio derecho. El otro modo se expresa en
palabras, tiene "una estructura lingüística jerárquica
lineal-segmentada," 65 rasgos que lo identifican como derivado
del hemisferio izquierdo. Pero enfatiza que es la contribución del hemisferio
derecho la que tiene prioridad temporal y ontológica, ya que el pensamiento
originalmente sucede "en gran parte en imágenes y es mínimamente
analítico", mientras que en el
momento de la expresión, se convierte "tanto en imágenes como analítico y
es una síntesis de las funciones holísticas y analíticas".66 En
términos de la tesis de este libro, entonces, el proceso comienza en el reino
del hemisferio derecho, recibe la aportación del hemisferio izquierdo y,
finalmente llega a una síntesis del hemisferio derecho con el izquierdo.
"Los gestos no se limitan a reflejar el
pensamiento", escribe McNeill, "sino que ayudan a constituir
el pensamiento.... sin ellos, el pensamiento estaría alterado o
incompleto."67 Esto
recuerda la insistencia de Max Black en que la paráfrasis de la metáfora
produce, "una pérdida de contenido cognitivo"; no se trata solo de
que la paráfrasis literal, "pueda ser fastidiosamente prolija o
aburridamente explícita (o deficiente en cuanto a cualidades de estilo); falla
en ser una traducción porque no da la visión de lo que la metáfora transmite."68 Casi todos los gestos acompañan el
habla,69 y aunque la mayoría se hacen con la mano derecha70 -
ya que el habla y la gesticulación están estrechamente combinados en y cerca
del área de Broca, la naturaleza metafórica del lenguaje gestual, de hecho,
proviene del hemisferio derecho y tiene que ser encaminada hacia el hemisferio
izquierdo para su ejecución. Podemos ver esto en pacientes con cerebro
dividido, cuyo patrón gestual de su mano derecha (que refleja el hemisferio
izquierdo desconectado) es abstracto y empobrecido en extremo, pero se
enriquece de nuevo cuando proviene de la mano izquierda (que refleja el
hemisferio derecho desconectado). Sin embargo, de manera fascinante, esto
interfiere en la fluidez del habla, ya que la forma sintética global de lo que
se quiere decir, expresada con fluidez inmediatamente por la mano izquierda, no
puede, como lo haría normalmente, transferirse a través del cuerpo calloso para
que esté disponible en el hemisferio izquierdo para el habla71 -
añadiendo más evidencia, si fuera necesaria, de que la riqueza del pensamiento
proviene del hemisferio derecho y se transfiere al hemisferio izquierdo de
forma secundaria para su traducción al lenguaje. De nuevo, la imagen del
"intérprete" de Gazzaniga tal vez más acertada de lo que incluso él
se dio cuenta.
McNeill descubre más pruebas del vínculo entre el
lenguaje gestual que tiene primacía y sus orígenes en el hemisferio derecho.
"Tras un daño en el hemisferio derecho, los hablantes muestran una tendencia
tanto a descontextualizar el discurso como a reducir la producción de gestos;"72
y aquellos que no gesticulan
tienden a transmitir secuencias de información más "segmentadas" que
descripciones globales.73 Como se mencionó, la restricción del
movimiento de las manos limita el contenido y la fluidez del habla,74 y ahora podemos ver que esto probablemente se
debe a que inhibe la expresión del concepto primario global-sintético de lo que
se quiere decir, originado en el hemisferio derecho.
Quizás el hallazgo más sorprendente de todos es que, cuando
hay un desajuste entre el gesto y el habla, es el gesto el que prevalece en el
100% de los casos. "En todos
los casos, el elemento determinante del estímulo parecía ser el gesto, y nunca
era el discurso".75 Cuando un conferenciante de matemáticas se
equivocaba verbalmente, su gesto continuaba correctamente con el significado
metafórico, lo que implicaba que el pensamiento era correcto aunque el lenguaje
no lo fuera, y el gesto transmitía dicho pensamiento.76
McNeill también encontró que el hemisferio izquierdo
desconectado no podía comprometerse con la narrativa, por dos razones
principales: carecía de concreción y especificidad en su relación con la
historia, volviéndose abstracto y genérico; y se equivocaba en las secuencias
temporales, mezclando episodios que estaban separados en la historia porque
parecían similares (en otras palabras, los categorizaba y, por tanto, los agrupaba,
aunque luego en el mundo real su significado se perdiera al ser sacados de la
secuencia narrativa). En lugar de una narración, se producía una meta-narrativa
altamente abstracta e inconexa.77 Las formas narrativas de pensamiento
están asociadas con el hemisferio derecho;78 se asocian con
interacciones entre el yo y el otro, están muy cargadas afectivamente - y
surgen antes que las formas "paradigmáticas".79
En general, las pruebas de McNeill apoyan firmemente los restantes argumentos
de que el pensamiento, el significado y el impulso de comunicación provienen
primero, del relativamente inconsciente ámbito del hemisferio derecho. Si la
hipótesis histórica de que la música condujo al lenguaje es correcta, entonces
esto es una demostración más de la primacía del modo de ser del hemisferio
derecho.80
LA
RE-PRESENTACIÓN ESPERA A LA PRESENTACIÓN
La evidencia del trabajo de McNeil es
que - temporal, lógica y ontológicamente - el mundo del hemisferio derecho
fundamenta el del izquierdo. A mi modo de ver, complementa de forma
esclarecedora el trabajo de Libet sobre la voluntad. En ambos casos, el hemisferio
izquierdo consciente se cree el originador, aunque en realidad es un receptor
de algo que le llega de otra parte.
De manera
similar, yo diría que el hemisferio izquierdo consciente cree que tiene el
control, que dirige su mirada hacia donde quiere, que hace que el mundo exista mientras
ojea hacia aquí y allá a su gusto, cuando la realidad es que está eligiendo
entre un mundo más amplio que ya ha sido hecho realidad para él por el
hemisferio derecho - y a menudo ni siquiera está haciendo eso, ya que, mucho
antes de que se dé cuenta, sus elecciones ya se han hecho por él.
Esto tiene que
ser así, ya que la re-presentación tiene que esperar al fenómeno de la
presentación. Volviendo a la literatura neurológica y neuropsicológica, podemos
ver lo que sucede cuando está ausente la contribución del hemisferio derecho al
mundo. El mundo pierde realidad. Las personas que han perdido una parte
significativa de la función del hemisferio derecho experimentan un mundo al que
se le ha quitado el sentido, donde la vitalidad aparece atenuada, y donde las
cosas mismas parecen insustanciales, carentes de solidez corpórea. Debido a la
sensación de desvinculación, estas personas pueden comenzar a dudar de la
realidad de lo que ven, preguntándose si de hecho todo es una "actuación",
un simulacro, algo irreal. Pueden llegar a pensar que el hospital, sus médicos
y enfermeras, son parte de una elaborada farsa montada para su conveniencia.
Esto es similar a los síndromes delirantes de identificación errónea de Capgras
y Fregoli mencionados anteriormente, en las que personas, cosas o lugares
familiares se perciben como si hubieran sido reemplazados por copias, o
impostores - síndromes que también están asociados con déficits en el
hemisferio derecho. En una serie de artículos publicados en 1944, Vié, dio a
conocer algunos ejemplos notables de varios tipos de identificación errónea,
incluyendo dos casos distintos de soldados franceses que, al ser dados de baja
por invalidez en la Primera Guerra Mundial, afirmaban que todo fue - soldados,
trincheras, bombas y demás - una representación teatral.81 Al fin y al cabo, el mundo del hemisferio
izquierdo es, virtual - no es presencial, sino que es una representación. En la
esquizofrenia, esto puede deslizarse fácilmente hacia un sentimiento de
amenaza, en el que parece haber algo que se "escenifica" o se finge,
algo que se está “ocultando" al individuo; la alienación conduce a la
paranoia, junto con una especie de angustioso hastío o "ennui".
Y así los otros exhiben una falta de preocupación casi fatua. Es interesante
que los individuos con daños en el hemisferio derecho pueden ver su propio
cuerpo como algo ajeno, como algo mecánico, un ensamblaje de partes, o una mera
cosa en el mundo como otras cosas, en lugar de verlo como un aspecto integral
de nosotros mismos a través del que vivimos, no solo en el que
vivimos. Una sensación inapropiada de desvinculación, alienación y
extrañamiento del yo y del mundo son consecuencias características de las
lesiones del hemisferio derecho, generalmente temporoparietales.82
Esta condición es similar a aspectos de la esquizofrenia, y es probable que
gran parte de la fenomenología de la fase aguda de la esquizofrenia surja del
hecho de que aspectos importantes de la función del hemisferio derecho están
distorsionados o debilitados.
Así pues, es el
hemisferio derecho el que permite que surja un mundo vivo, y de él se deriva el
mundo re-presentado del hemisferio izquierdo. La diferencia entre uno y otro,
lo que está presente y lo que está re-presentado, está bellamente ilustrado por
los diferentes conceptos de verdad que sostienen.83 ¿Cómo podría
hacerse uno una idea de esto? Tomemos el siguiente ejemplo de un silogismo con
una premisa falsa:
1. Premisa
principal: Todos los monos trepan a los árboles; 2. Premisa
menor: El puercoespín es un mono; 3.
Conclusión implícita: El puercoespín trepa a los árboles.
Bien - ¿esto es
así? Como demostraron Deglin y Kinsbourne, cada hemisferio tiene su propia
manera de abordar esta cuestión. Al principio de su experimento, cuando se le
pregunta a una persona, "¿El puercoespín trepa a los árboles?",
responde (utilizando, por supuesto, ambos hemisferios): "El puercoespín no
trepa, corretea por el suelo; tiene púas, no es un mono". (Por desgracia,
de hecho, hay puercoespines que, si trepan a los árboles, pero parece que los
sujetos rusos, y sus investigadores, lo desconocían, por lo que, a efectos del
experimento, hay que suponer que los puercoespines no son arborícolas.) Durante
la inactivación temporal de los hemisferios, el hemisferio izquierdo del
mismo individuo (con el hemisferio derecho inactivado) responde que la conclusión
del silogismo es cierta: "el puercoespín trepa a los árboles porque es un
mono". Cuando el investigador le pregunta: "¿Pero es el puercoespín
un mono?", responde que sabe que no lo es. Sin embargo, cuando se le
vuelve a presentar el silogismo, se muestra un tanto desconcertado, pero
responde afirmativamente, porque "eso es lo que está escrito en la
tarjeta". Cuando se le pregunta al hemisferio derecho del mismo
individuo (con el hemisferio izquierdo inactivado) si el silogismo es
verdadero, responde: "¿Cómo puede trepar a los árboles? - ¡No es un mono, eso está equivocado
ahí!" Si el investigador le señala
que la conclusión debe seguirse a partir de dichas premisas enunciadas,
responde indignado: "¡Pero el puercoespín no es un mono!"
En repetidas
situaciones en un sujeto tras otro, se presenta el mismo patrón, cuando se
presentan silogismos con premisas falsas, del tipo: “Todos los árboles se
hunden en el agua; una balsa es un árbol; la madera de la balsa se hunde en el
agua", o "La aurora boreal se ve a menudo en África; Uganda está en
África; la aurora boreal se ve en Uganda". Cuando se les pregunta si la
conclusión es verdadera, la persona muestra una reacción de sentido común:
"Estoy de acuerdo en que parece sugerirlo, pero sé que en realidad es
erróneo". El hemisferio derecho descarta las premisas y deducciones falsas
como absurdas. Pero el hemisferio izquierdo se aferra a la conclusión falsa,
respondiendo tranquilamente que "eso es lo que dice aquí".
En la situación
que predomina el hemisferio izquierdo, se prioriza el sistema,
independientemente de la experiencia: se mantiene dentro del sistema de signos.
La verdad, para él, es la coherencia, porque para él no hay ningún mundo más
allá, ningún otro, nada fuera de la mente, con el que se pueda corresponder.
"Eso es lo que dice aquí". De modo que establece una correspondencia
consigo mismo: en otras palabras, es coherente. El hemisferio derecho da
prioridad a lo que aprende de la experiencia: el estado real de las cosas
existentes, "ahí fuera". Para el hemisferio derecho, la verdad no es
mera coherencia, sino una correspondencia con algo distinto de sí mismo. La
verdad, para él, es entendida en el sentido de ser "fiel" a algo,
fidelidad a lo que sea que exista aparte de nosotros.
Sin embargo, sería erróneo deducir de esto que el
hemisferio derecho simplemente se ajusta a lo que le es familiar, adoptando una
cómoda conformidad con la experiencia adquirida hasta ese momento. Después de
todo, la experiencia de uno podría no ajustarse a la realidad: entonces prestar
atención a la lógica sería una forma adecuada de alejarse de la suposición
falsa habitual. Y he enfatizado que es el hemisferio derecho el que nos ayuda a
ir más allá de lo rutinariamente familiar. El diseño del experimento anterior
pone a prueba específicamente lo que sucede cuando uno se ve obligado a elegir
entre dos caminos para llegar a la verdad, al tener que responder a la
pregunta: o utilizando lo que uno sabe por experiencia o siguiendo el silogismo
donde las premisas son abiertamente falsas. Ya que la cuestión no era si el
silogismo era estructuralmente correcto, sino si era realmente verdad. Pero en
una situación diferente, donde se plantea la pregunta "¿Es este silogismo
estructuralmente correcto?", incluso cuando la conclusión se contradice
con la experiencia de uno, es el hemisferio derecho el que responde
correctamente, y el hemisferio izquierdo el que se distrae por la familiaridad
de lo que ya cree saber y se equivoca en la respuesta.84 El hilo
conductor aquí es el papel del hemisferio derecho como "detector de
mentiras". En el primer caso (respondiendo a la pregunta "¿Qué es
verdad aquí?), detectar la mentira implica el uso del sentido común. En el
segundo caso (respondiendo a la pregunta "¿Es correcta la lógica
aquí?"), detectar la mentira implica resistirse a lo obvio, a la línea de
pensamiento habitual. Esto ilustra el aspecto de la actividad del hemisferio
derecho al que Ramachandran se refiere como “abogado del diablo".85
EL FUNCIONAMIENTO
DEL SISTEMA NERVIOSO ESTÁ EN CORRESPONDENCIA CON EL HEMISFERIO DERECHO
Hay otra línea adicional de evidencias
que merece ser considerada. He propuesto que la función y la estructura del
cerebro actúan como una metáfora de la mente: en otras palabras, que podemos
aprender algo sobre la naturaleza de los procesos mentales observando el
cerebro. Al mismo tiempo, he propuesto que hay algo más fundamental sobre el
mundo que se hace realidad con el hemisferio derecho, con su entreidad, su modo
de conocer que implica reciprocidad, un proceso reverberante de ida y vuelta,
en comparación con la forma unidireccional, lineal, y secuencial de construir
una imagen favorecida por el hemisferio izquierdo. Pero, se podría decir, que
el sistema nervioso no sigue en sí mismo el modelo del hemisferio derecho. Un
nervio transmite un impulso al siguiente, que a su vez lo transmite a otro, o a
una fibra muscular, y finalmente eso da lugar a una acción. El proceso es
lineal, secuencial: ¿qué tiene eso de "reverberante"? Seguramente, si
las neuronas en sí mismas funcionaran de esta manera lineal, secuencial,
unidireccional - con independencia de lo que pudiera ocurrir más adelante con
el manejo de esta "información" - entonces el modelo del hemisferio
izquierdo sería fundamental para nuestro ser, para nuestros procesos mentales
y, por lo tanto, para la conciencia misma.
Pues bien, resulta que el comportamiento de las
neuronas no es lineal, secuencial, unidireccional: se comportan de forma
recíproca, reverberante, y no solo en el hemisferio derecho. Esto es lo que
dice Marcel Kinsbourne:
En contra de
la imagen tradicional del cerebro como una vía de información unidireccional,
cuando las estaciones celulares del cerebro se conectan, el tráfico es casi
siempre bidireccional. El tráfico tampoco va en una dirección, con un poco de
retroalimentación. Las áreas interactúan por igual en ambas direcciones,
directamente en forma recíproca, o indirectamente mediante bucles a través de
varias estaciones celulares, de modo que el tráfico neuronal reverbera desde su
punto de partida. El cerebro anterior es, de manera abrumadora, un escenario de
influencias recíprocas reverberantes.86
Parece que esta
reciprocidad, esta entreidad, llega hasta el núcleo de nuestro ser. Más allá de
esto, hay pruebas fascinantes de que la entreidad y la reciprocidad existen a
nivel de la estructura y función celular dentro de la misma neurona,
incluso a nivel molecular, a medida que el cerebro llega a comprender algo y
deja huellas en la memoria.87 No sé si continúa en los niveles
atómico y subatómico, pero mi lectura profana de esta literatura sugiere que
podría ser así.
El proceso de traer el mundo a la existencia comienza,
entonces, con el hemisferio derecho. Y, como mencioné en el Capítulo II, es el hemisferio
derecho el que despliega sus funciones primero, y el que permanece dominante
durante al menos el primer año de vida.88
EL PROCESAMIENTO INTERMEDIO REALIZADO
POR EL HEMISFERIO IZQUIERDO
La primacía podría significar
simplemente llegar primero, en el mismo sentido que la infancia llega antes que
la madurez. Pero no me refiero solo a que el hemisferio derecho inicie el
proceso de traer el mundo a la existencia. Con esto quiero decir que lo hace
porque está más en contacto con la realidad, y que no solo tiene prioridad
temporal o en el desarrollo, sino también primacía ontológica.
Independientemente de lo que el hemisferio izquierdo pueda añadir, y lo que
añade es mucho, necesita devolver lo que ve del mundo para que sea enraizado en
el hemisferio derecho.
Ahora llegamos al
mundo del hemisferio izquierdo, un mundo virtual, pero uno donde ya no somos
receptores pasivos, sino operadores poderosos. El procesamiento del hemisferio
izquierdo añade los valores de claridad y fijeza, que es lo que hace posible
que controlemos, manipulemos o usemos el mundo. Para lograr esto, la atención se
dirige y se focaliza; la totalidad se descompone en partes; lo implícito se
despliega; el lenguaje se convierte en el instrumento del análisis en serie;
las cosas se categorizan y se vuelven familiares. El afecto se deja a un lado y
se reemplaza por la abstracción cognitiva; la mente consciente se hace cargo de
la situación; los pensamientos se envían al hemisferio izquierdo para que se
expresen en palabras y las metáforas se pierden o se suspenden temporalmente;
el mundo se re-presenta en una forma ahora estática y jerárquicamente
organizada. Esto nos permite llegar a tener conocimiento, y así poner el mundo
en orden, pero deja dicho saber desnaturalizado y descontextualizado.
Este es el mundo
que nos es familiar desde el período intermedio o "clásico" de la
filosofía, desde Platón hasta al menos Kant, una vez que se perdieron las
intuiciones de los filósofos presocráticos y antes de que se adquirieran las de
los "idealistas" alemanes, y más tarde de los fenomenólogos. En
física es el mundo de la mecánica clásica, el universo newtoniano y, en
términos más generales una visión de la naturaleza que comenzó con Demócrito y
sus contemporáneos y llegó a su fin con Niels Bohr y los suyos.
El hemisferio
izquierdo, el mediador en la división, nunca es un punto final, siempre es un
lugar de paso. Es un departamento útil al que enviar cosas para su
procesamiento, pero las cosas solo vuelven a tener sentido cuando se devuelven
al hemisferio derecho.
Es necesario que
haya un proceso de reintegración, por el cual volvemos al mundo experiencial
nuevamente. Las partes, una vez vistas, son nuevamente subsumidas en el conjunto,
al igual que la fragmentación difícil y consciente de una pieza por parte del
músico en la práctica se disuelve de nuevo en la interpretación (ahora
mejorada). La parte que ha estado bajo el foco de atención se ve como parte de
una imagen más amplia; lo que tenía que ser consciente por un tiempo se vuelve
inconsciente nuevamente; lo que necesita ser implícito una vez más se retira;
la entidad representada vuelve a estar presente y "vive"; e incluso
el lenguaje adquiere su significado final gracias a la pragmática holística del
hemisferio derecho.
Así, lo que
comienza en el mundo del hemisferio derecho es “enviado” al mundo del
hemisferio izquierdo para su procesamiento, pero debe ser "devuelto"
al mundo del hemisferio derecho donde se puede realizar una nueva síntesis.
Quizás una analogía sería la relación entre la lectura y la vida. La vida
ciertamente puede tener sentido sin los libros, pero los libros no pueden tener
sentido sin la vida. La mayoría de nosotros probablemente compartimos la
creencia de que la vida se enriquece enormemente con ellos: la vida entra en
los libros y los libros regresan a la vida. Pero la relación no es igualitaria
ni simétrica. Sin embargo, lo que hay en ellos no solo se añade a la
vida, sino que genuinamente vuelve a la vida y la transforma, de modo
que la vida, tal como la vivimos en un mundo lleno de libros, es creada en
parte por los propios libros.
Esta metáfora no
es perfecta, pero aclara este punto. En cierto sentido, un libro, como el mundo
según el hemisferio izquierdo, es un extracto selectivo, organizado,
re-presentado, estático, revisable, delimitado, y "congelado" de la
vida. Ha tomado algo infinitamente complejo, interrelacionado sin fin, fluido,
en evolución, incierto, que nunca se repite, encarnado y fugaz (porque está
vivo) y ha elaborado algo de una manera muy diferente que nos sirve para
entenderlo. Aunque obviamente es mucho menos complejo que la vida misma, sin
embargo, ha traído a la luz un aspecto de la vida que antes no estaba ahí. Por
lo tanto, el hemisferio izquierdo (como el libro) puede considerarse que recibe
el mundo tal y como lo entrega el hemisferio derecho (la "vida"
irreflexiva), y devuelve la vida en forma mejorada. Pero, en la estantería, el
contenido del libro está muerto: solo vuelve a la vida en el proceso de ser
leído. Ya no es estático, delimitado, "congelado", el contenido del
libro se incorpora al mundo donde nada es fijo o totalmente conocido, sino que
siempre se convierte en algo más.
Parto de la base
de que hay algo que existe fuera de la mente. Hay que tener un punto de
partida, y si no se cree al menos en eso, no tengo nada que decir, sobre
todo porque, si tiene razón, no está ahí para que se lo diga. La relación de
nuestros cerebros con lo que sea que exista fuera de nosotros mismos podría ser
de cuatro tipos: (1) ninguna relación en absoluto - lo que nos devuelve al
solipsismo, ya que mi cerebro sería la única fuente de todo lo que experimento;
(2) receptiva - en el sentido de que, tal vez como un aparato de radio, el
cerebro recoge al menos algo de lo que lo que sea de ahí fuera, y eso se
convertirá en lo que se experimenta; (3) generativa - en el sentido de que el
cerebro ha creado al menos algo de lo que sea que existe aparte de nosotros; o
(4) reverberante, es decir, tanto receptiva como generativa, recogiendo -
recibiendo, percibiendo, y en el proceso produciendo, devolviendo, creando
"lo que sea que existe aparte de nosotros mismos pero que nos incluye a
nosotros mismos". Simplemente voy a decir en este punto que adopto la
última de estas alternativas. Por supuesto, cual es la correcta es una cuestión
tremendamente importante para la filosofía, pero si tal cosa es susceptible de
ser probada, no puedo demostrarlo. Todo lo que puedo decir es que todas las
evidencias de que dispongo como ser humano que vive, piensa, y siente me llevan
a esa conclusión.
Así que, teniendo
en cuenta el argumento de este libro, ¿son ambos hemisferios los que están
haciendo este dar y recibir, formando parte de todo lo de ahí fuera - o solo
uno? mi punto de vista es que tanto el hemisferio derecho como el izquierdo
están involucrados en el proceso de dar y recibir, a partir del cual se crea el
mundo que experimentamos, pero, una vez más, no simétricamente. El hemisferio
derecho parece ser el primero en dar origen al mundo, pero lo que trae a la
existencia solo puede ser inevitablemente parcial. La idea de que nuestros
cerebros están perfectamente adaptados para traer a la existencia todo lo que
pueda existir en el universo, especialmente, que podrían traer a la existencia
todo lo que hay en el universo en un momento dado, es patentemente ridícula.
Utilizando la analogía de un receptor de radio, se puede sintonizar solo en una
longitud de onda a la vez, y siempre habrá ondas de radio, por no mencionar
otras formas de ondas, que nunca se podrán captar. Pero este filtrado, esta
restricción forzosa del hemisferio derecho, no es una limitación en sentido
negativo, como tampoco es una cualidad negativa en una radio el hecho de poder
transmitir un solo programa a la vez. Tal limitación es una condición de su
funcionamiento en general. A partir de ella, permite que algo en particular
surja para nosotros, el mundo tal y como nos lo entrega el hemisferio derecho.
A su vez el
hemisferio izquierdo capta, ve y recibe solo una parte de lo que ha recibido el
hemisferio derecho. Su método es la selección, la abstracción - en una palabra,
la negación. Pero esta selección, este estrechamiento, una vez más no es una
disminución, sino un incremento. Al restringir o seleccionar, surge algo nuevo
que no existía allí antes. El proceso es como el de una escultura, en la que
una cosa llega a existir a través de desprenderla de algo más. El tallado puede
revelar lo que vive dentro de la piedra, pero igualmente esa cosa, sea lo que
sea, solo vive en la piedra, no en el tallado por sí mismo. Así, en cierto
sentido, la piedra depende de la mano del escultor, aunque no tanto como la
mano del escultor depende de la piedra. El mundo que experimentamos es un
producto de ambos hemisferios, claramente, pero no de la misma manera. La
creación restrictiva de algo por parte del hemisferio izquierdo sigue
dependiendo de su fundamento en algo que lo subyace en el hemisferio derecho (y
ambos de algo que lo subyace a ambos, fuera del cerebro).
Es posible que
esta estructura bifásica, y esencialmente apofática ("negadora"), de
la revelación de lo que sea que exista aparte de nosotros, haya sido anticipada
por Max Scheler. Aunque no haya una ecuación simple entre el hemisferio derecho
y el Drang de Scheler, y el hemisferio izquierdo y su Geist,89 no
obstante, creo que con ello se ilumina un elemento importante tanto en
la forma en que los hemisferios se relacionan entre sí, como en la forma en que
se relacionan juntos con lo que sea que exista aparte de nosotros. La relación
entre los hemisferios es solamente permisiva. El hemisferio derecho
puede o bien no permitir (diciendo, "no") o permitir (no diciendo,
"no"), aspectos del Ser a la “presencia" en él. Hasta que no lo
haga, no sabe lo que son, y por lo tanto, no puede estar involucrado en su existencia
como tal antes de su revelación. Posteriormente a esto, el hemisferio izquierdo
solo puede no permitir (diciendo que "no"), o permitir (al no decir, "no”)
que se "re-presenten" aspectos de lo que es "presentado" en
el hemisferio derecho: no sabe lo que el hemisferio derecho sabe y, por lo
tanto, no puede participar en traerlo a la existencia como tal.
Este modo de
creación negador o apofático de lo que-sea-que-es, se refleja en nuestra
experiencia de que lo que conocemos acerca de las cosas tal y como son
realmente, comenzando con el propio Ser, que es de naturaleza apofática: solo
podemos conocer lo que ellas no son. Su significado particular es
que describe el camino hacia la verdad del hemisferio derecho, que ve las cosas
en su totalidad, y si se le pide que las describa, tiene que permanecer en
"silencio". No tiene otra forma de llegar a lo que es esa cosa más
que señalándola o desvelándola, permitiendo que la cosa se revele tanto como
sea posible (no diciendo, "no" a ello, sino diciendo "no" a
lo que lo rodea y lo oscurece), como un escultor cincelando la piedra para
revelar la forma en su interior. Más aún, debido a que lo que el hemisferio
izquierdo tiene a su disposición es solo lo que no dice que "no" a lo
que se "presencia" en el hemisferio derecho, solo tiene partes del
todo, fragmentos que, si trata de ver el conjunto, tiene que recomponerlos
voluntariamente. Tiene que tratar de llegar a la comprensión juntando las
piezas, construyéndolos activamente desde el interior, como si la estatua fuera
"ensamblada". Mediante este proceso, la persona humana se parecería a
un monstruo de Frankenstein, en lugar de a un ser vivo, y no en vano es una de
las metáforas que originó el Romanticismo.
Esta idea no es
solo una visión interna filosófica que nos ayuda a explicar lo que sabemos de los
mundos creados por los dos hemisferios a nivel fenomenológico. Una vez más, lo
encontramos instanciado a nivel neurológico en la anatomía funcional del
cerebro. Recordemos que la función principal del cuerpo calloso es actuar como
filtro de la transmisión entre los hemisferios,90 permitiendo el
paso de la comunicación, pero actuando de manera preferente para inhibir
la actividad, dando así forma a la evolución de la experiencia consciente,
primordialmente, en el hemisferio izquierdo. Pero eso no es todo. La parte más
evolucionada del cerebro, la corteza frontal, consigue lo que hace en gran
medida negando (o no negando) el resto de la actividad cerebral. "El
trabajo de la corteza consiste en evitar la respuesta inapropiada en lugar de
producir la apropiada", escribe Joseph LeDoux; es decir, que reduce al
mínimo las cosas que existen, selecciona, no las origina.91 Y una
respuesta al problema planteado por el libre albedrío en los experimentos de
Libet es que hay un tiempo entre el inicio inconsciente de una acción y su
ejecución para que la mente consciente intervenga y "ponga un veto" a
la acción. En este sentido, puede ejercer su influencia más como "libre no
albedrío" que como "libre voluntad".92
Los lóbulos frontales son indiscutiblemente las partes
del cerebro que nos hacen más humanos, los que nos proporcionan todas las
grandes cosas que conseguimos. Por tanto, esta negación es enormemente
creativa. Cuando recordamos que es el hemisferio derecho el que logra ponernos
en contacto con lo que es nuevo mediante una actitud de apertura receptiva
hacia lo que es - en contraste con la visión del hemisferio izquierdo que hace
activamente nuevas las cosas, al juntarlas intencionadamente poco a poco - parece
que aquí también hay pruebas, si es que se necesitan más, de que el hemisferio
derecho es más fiel a la naturaleza de las cosas.
EL PROCESO DE
REINTEGRACIÓN
En última instancia, el principio de
división (que es el del hemisferio izquierdo) y el principio de unión (que es el
del hemisferio derecho) deben unificarse: en términos de Hegel, la tesis y la
antítesis deben poder alcanzar una síntesis en un nivel superior. Y los pacientes
con cerebro dividido pueden decirnos algo sobre este nivel a partir de sus
experiencias fuera del laboratorio, en su encuentro con la vida; dado que suelen
tener problemas con los sueños y la imaginación.93 En el caso de los
sueños, puede ser que tengan lugar los sueños, y que la dificultad radique en
que el hemisferio izquierdo tenga acceso a ellos y, por lo tanto, sea capaz de
informar sobre ellos. Sin embargo, es evidente que para la consecución de las mayores
hazañas del espíritu humano se requiere la integración de ambos mundos
hemisféricos, y los pacientes con cerebro dividido parecen tener un nivel
empobrecido de imaginación y creatividad, sugiriendo, como creo que es
claramente el caso, que es necesario el funcionamiento integrado de ambos
hemisferios para tal actividad. La forma que adopte esa integración puede estar
lejos de ser sencilla, por supuesto. Puede ser que, ante la ausencia de un
cuerpo calloso normal, sea imposible para cualquiera de los dos hemisferios
inhibir al otro adecuadamente y evitar que interfieran durante períodos
críticos. O puede haber un fallo de la reintegración una vez que haya terminado
la actividad por separado.
Si predomina la
visión del hemisferio izquierdo, su mundo queda desnaturalizado (en términos de
Heidegger, hay una "desmundanización" del mundo). Entonces el
hemisferio izquierdo percibe que algo no funciona, que le falta algo - de
hecho, nada menos que la vida. Intenta hacer que sus creaciones vuelvan a estar
vivas apelando a lo que considera atributos de un ser vivo: novedad,
excitación, estimulación. Sin embargo, es la facultad de la imaginación, que
surge entre los dos hemisferios, la que nos permite recuperar las cosas del
mundo del hemisferio izquierdo y hacerlas vivir de nuevo en el derecho. Es de
esta manera, y no por medio de la novedad aparatosa, que las cosas vuelven a
ser verdaderamente nuevas.
El hemisferio
derecho necesita del hemisferio izquierdo para poder "desempaquetar"
la experiencia. Sin su distancia y estructura, ciertamente, no podría haber,
por ejemplo, arte, tan solo experiencia - la descripción de Wordsworth de la
poesía como una "emoción rememorada en la tranquilidad" es solo un
famoso reflejo de esto. Pero, igual de importante, es que si el proceso termina
en el hemisferio izquierdo, uno tiene solo conceptos - abstracciones y
concepciones, no arte en absoluto. Del mismo modo, la sensación pre-conceptual e
inmediata de sobrecogimiento solo puede evolucionar hacia la religión con la
ayuda del hemisferio izquierdo: aunque, si el proceso se detiene ahí, todo lo
que queda es teología, sociología o un ritual vacío: es decir otra cosa. Parece
que, una vez realizado el trabajo de división por el hemisferio izquierdo, debe
buscarse una nueva unión, y para que esto suceda, el proceso debe devolverse al
hemisferio derecho para que pueda seguir vivo. Por ello, Nietzsche sostenía que
"a diferencia de todos aquellos
que se empeñan en derivar las artes de un único principio, como fuente
necesaria de vida para toda obra de arte, yo he mantenido mi mirada fija en estas
dos deidades artísticas de los griegos, Apolo y Dioniso.”94
Según Nietzsche, estos dos dioses representaban los dos impulsos artísticos
fundamentalmente opuestos (Kunsttriebe):
uno hacia el orden, la racionalidad, la claridad, el tipo de belleza que viene
con la perfección, el control humano de la naturaleza y la celebración de
máscaras, representaciones o
apariencias; el otro impulso hacia la intuición, la superación de todas
las fronteras artificiales humanas, un sentido de unidad o plenitud, el placer
y el dolor físico, y la celebración de la naturaleza más allá del control
humano, tal como realmente es. Se apreciará que este contraste no corresponde claramente con el hemisferio
izquierdo frente al derecho, sino más bien, en términos neuropsicológicos, con
los lóbulos frontales frente las regiones subcorticales más antiguas del
sistema límbico; pero dado que, como he subrayado, tales distinciones conllevan
implicaciones para la separación de los hemisferios (en el sentido de que el
hemisferio derecho está más en contacto con estas fuerzas antiguas y
"primitivas", aunque las module de manera importante en muchos aspectos),
tiene relevancia para el tema de este libro.
El hemisferio
izquierdo sabe cosas que el hemisferio derecho no sabe, al igual que el
derecho sabe cosas de las cuales el hemisferio izquierdo es ignorante. Pero
solo, como he tratado de sugerir en capítulos anteriores, el hemisferio derecho
está en contacto directo con el mundo vivo encarnado: el mundo del hemisferio
izquierdo es, en comparación, un asunto virtual y sin vida. En este sentido, el
hemisferio izquierdo es “parasitario" del derecho. No tiene vida en sí mismo:
su vida proviene del hemisferio
derecho, al que solo puede decir "no" o no decir "no". Esta
idea subyace en la percepción de Blake en El
Matrimonio del Cielo y el Infierno, en la que escribe, "La Energía es
la única vida y proviene del Cuerpo; y la Razón es el límite o
circunferencia exterior de la Energía” (la cursiva es mía). La razón (lo
que Blake denomina en otro lugar Ratio,
algo que está más próximo a la racionalidad que a la razón) toma su propia
existencia de la delimitación de otra cosa en la que la vida es de hecho
inherente. Esto no es, como pudo haber pretendido Blake, desacreditar la
importancia de la razón, pero sí decir algo importante sobre su categoría
ontológica. Análogamente, la relación entre los hemisferios implica algo más
que una participación equivalente y simétrica de ambos: hay una asimetría entre
los principios de división (hemisferio izquierdo) y unificación (hemisferio
derecho), en última instancia a favor de la unión. Heidegger no fue el único en
ver que la belleza reside en una armonización de opuestos, que se han
diferenciado nítidamente, en la interrelación de una unidad armoniosa. La
necesidad de unificación en última instancia de la división con la unión
es un principio importante en todos los ámbitos de la vida; refleja la
necesidad no solo de que haya dos principios opuestos, sino de que su oposición
se armonice en última instancia. La relación entre unión y división no es en
este sentido, una vez más, equivalente o simétrica.95
Los pensadores y
filósofos de la tradición Romántica se esforzaron por expresar esta idea de
diferentes maneras. Introduzco aquí el término "romántico" con cierta
inquietud, porque para algunos sugiere las limitaciones de un período
circunscrito de la historia cultural occidental reciente, asociado en sus
mentes con la fantasía y la falta de rigor. Desafortunadamente, es el único
término que tenemos para referirnos a una revolución tanto filosófica como
cultural, que anunció los comienzos de una nueva toma de conciencia del poder
del pensamiento metafórico, de las limitaciones de una lógica clásica y
no-paraconsistente, y la adopción de formas no-mecanicistas de pensar sobre el
mundo, que tardíamente nos permitieron ponernos al día con ideas que habían
estado vigentes durante siglos, si no milenios, en las culturas orientales. Con
el advenimiento del Romanticismo, la paradoja volvió a ser no un signo de
error, sino, como habían visto los filósofos occidentales antes de Platón y
todas las principales escuelas de pensamiento de Oriente antes y después, un
signo de la necesaria limitación de nuestros modos habituales de lenguaje y
pensamiento, a la que hay que dar la bienvenida, en lugar de rechazar, en el
camino hacia la verdad. "La
paradoja es todo aquello que es a la vez bueno y grande", escribió
Friedrich Schlegel.96
Como digo, los
Románticos, lucharon por expresar la idea de la unidad de la unión con la
división.97 Volviendo de nuevo a Schlegel: "Donde la filosofía se detiene, la poesía
tiene que comenzar... Todo lo que se podía lograr mientras la poesía y la
filosofía estaban separadas ya se ha hecho y se ha cumplido. Así que ha llegado
el momento de unirlas".98 Con un argumento ligeramente
diferente, pero en una línea similar, escribió: "Es igualmente fatal para la mente tener un sistema o no tener ninguno.
Simplemente tendrá que decidir combinar los dos."99
Y Coleridge escribió en su Biografía
Literaria:
Para obtener
nociones adecuadas de cualquier verdad, debemos separar intelectualmente sus
partes distinguibles; y este es el procedimiento técnico de la filosofía. Pero
una vez hecho esto, debemos entonces restaurarlas a nuestra propia concepción
de la unidad en la que realmente coexisten; y este es el resultado de la filosofía.100
Hegel también sostenía que la unión y la
división tienen ellas mismas que ser unificadas, sugiriendo la prioridad final
del principio de unión sobre el de división, a pesar del papel necesario que
juega la división en una etapa del proceso. "Todo", escribió (con su
característica impenetrabilidad) "depende de la unidad entre la
diferenciabilidad y la no-diferenciabilidad, o de la identidad entre la
identidad y la no-identidad".101
El concepto de lo
individual (entidad o persona, sea lo que sea) es, por lo tanto, un concepto
ambiguo. Por un lado, se puede ver como una parte, que tiene existencia previa
a la totalidad en la que reside, y esa totalidad se entiende como algo que se
alcanza al sumar las partes - lo individual como una "unidad" en un
complejo de unidades, como un bloque entre bloques de construcción (el punto de
vista del hemisferio izquierdo). Por otro lado, lo individual puede ser visto
en sí mismo como una totalidad, indivisible en partes, a partir de las cuales
esa totalidad podría volver a crearse una vez desmembrado; pero, sin embargo,
no está separado de una totalidad mayor a la que pertenece, y que se refleja en
él, del que, incluso, deriva su individualidad (punto de vista del hemisferio
derecho). Así, según este punto de vista, la tendencia divisiva a la
individuación existe dentro de la tendencia a la unión; las entidades
individuales se distinguen, pero solo dentro de una unión que supera y matiza
esa distinción. En el Romanticismo, como sugeriré más adelante, este sentido de
individualidad, aplicado al individuo humano, era sustentable, si bien no por
ello dejaba de percibirse como existente en el contexto de algo más amplio y
profundo que ello mismo, hacia lo que tendía. Esta tendencia hacia algo más no
aniquilaba la individualidad del yo, sino que la enraizaba.
La construcción de sistemas del hemisferio izquierdo ha
sido muy poderosa históricamente, porque es retóricamente poderoso. Da la
impresión de ser una forma de integrar o reintegrar los hechos o entidades
dispares que el propio hemisferio izquierdo ha creado.
Pero de hecho
crea algo muy diferente de la totalidad que ha sido perdida. Simplemente llamo
la atención, siguiendo a Elster, sobre el hecho de que los sistemas
racionalistas contienen las semillas de su propia destrucción. De manera
gódeliana, siempre hay elementos que surgen desde dentro del sistema
(objetivos concebidos racionalmente) que no pueden ser alcanzados por el
mismo sistema (medios racionales de búsqueda), y que de hecho llaman nuestra
atención sobre los límites del sistema, y nos señalan algo más allá. Asimismo,
existen tensiones entre la búsqueda racional de la certeza y el deseo de
conocimiento, ya que, como señaló Hegel, la "inmediatez" (la cualidad
de ser comprensible algo sin necesidad de ningún otro concepto o idea), no es
compatible con lo determinable, y por lo tanto la certeza se compra a expensas
del contenido: "Cuanto más seguro
es nuestro conocimiento, menos sabemos."102 Cuanto más especificamos algo para estar
seguro de ello, menos sabemos realmente de ello, lo que equivale al principio
de incertidumbre mencionado anteriormente.103
La dificultad de conciliar la distinción que en el
fondo sentimos entre, por un lado, una visión del mundo como un ensamblaje de
partes o fragmentos que necesitan, para ser comprendidos, ser agregados a un
sistema (hemisferio izquierdo), y la apreciación de entidades individuales, o
particulares, que nunca están separadas del todo al que pertenecen, y de cuya
unidad, por más paradójico que parezca, se deriva su individualidad (hemisferio
derecho), tenía preocupados y perplejos a los Románticos. Tanto en las cartas
de Coleridge como en su Biografía
Literaria, se ve la lucha por alcanzar una percepción más clara de esta
dualidad; de hecho, encontrar una manera de esclarecer este aspecto
profundamente sentido de la propia dualidad de la mente fue la batalla en la
que estuvo comprometido durante la mayor parte de su vida intelectual. El
escribió:
Yo puedo a veces sentir con
fuerza las bellezas, que usted describe, en sí mismas, y por sí mismas - pero
más frecuentemente todas las cosas me parecen insignificantes - todo el
conocimiento que puede adquirirse, un juego de niños - el universo mismo - ¿qué
es sino un inmenso montón de pequeñas cosas? ¡No puedo contemplar más
que partes, y las partes son todas insignificantes -! - Mi mente siente
como si anhelara contemplar y conocer algo grandioso - algo único e
indivisible, y es solo en la fe de esto que las rocas o las cascadas, las
montañas o las cavernas me dan la sensación de grandiosidad o majestuosidad! —
¡Pero sin esta fe todas las cosas falsifican el infinito!.104
Por contraste,
solo unos días después escribió sobre su
amor a "lo Grandioso", y a “la
Totalidad". - Aquellos que han sido
conducidos a las mismas verdades, paso a paso a través del testimonio constante
de sus sentidos, me parece que carecen de un sentido que yo poseo – Ellos no
contemplan nada más que partes - y todas las partes son necesariamente
insignificantes - y el Universo para ellos no es más que una acumulación de pequeñas
cosas.105
A finales del siglo XIX, Nietzsche había
llegado a la conclusión de que esta visión de una masa de pequeñas cosas
desconectadas no era solo otra forma de ver, sino una forma artificial,
impuesta a la conectividad subyacente de la existencia por la conveniencia del conocimiento:
"No hay unidades duraderas y finales, ni átomos, ni mónadas: también aquí
el 'ser' de las cosas ha sido insertado por nosotros (por razones
prácticas, útiles, de perspectiva)".106 Lo que quiere decir aquí con el
"ser" de las cosas "es en
el sentido de que hay entidades acabadas, que existen independientemente, en
lugar de un todo interconectado siempre en proceso de llegar a ser: una
percepción que es impuesta al mundo por el hemisferio izquierdo por
"razones prácticas, útiles, de perspectiva", siendo las partes
y los sistemas un subproducto del proceso de "conocer", al estilo del
hemisferio izquierdo.
"Mi mente se siente como si ansiara contemplar y conocer algo grandioso…" En alemán el sentimiento de anhelar algo, que existe
fuera del yo al que este se siente conectado cristalizó en la palabra das Sehnen, que a menudo se traduce como
"anhelo". Lo que este concepto me parece que recoge es el sentimiento
de estar conectado a algo, y al mismo tiempo alejado de ello. La conexión
permanece a pesar de la distancia, y la separación se mantiene a pesar de la
sensación de unión. La razón por la que traigo esto a colación es que la diferenciación
existe dentro de la unión, la cual la supera. Aunque este diferenciado,
el individuo sigue siendo parte del todo y solo es comprensible en función del
todo del que forma parte.
El término, das Sehnen, anhelo, proviene de la misma
raíz que die Sehne, un tendón. El
objeto del anhelo es aquello hacia lo que "tendemos", y el término "tendón"
se relaciona de manera similar con las palabras "tender" y
"tendencia". De hecho, la palabra inglesa "sinew" es afín a
die Sehne, y "sinew" solía
usarse para referirse a la unión elástica del músculo y el tendón. Estas
imágenes sugieren el funcionamiento de una articulación como, por ejemplo, la del
codo. La articulación es posible gracias a la existencia del tendón, una
conexión elástica que permite que los huesos que forman parte de la
articulación (pero que no constituyen la articulación) estén alejados entre sí,
y permanezcan conectados, o que se muevan juntos y permanezcan separados; una imagen
recogida ingeniosa, y profundamente, por Donne en los dos brazos de un compás,
con la imagen de los dos amantes en, Una
despedida: prohibido el duelo. El
significado de estas ideas se hará más evidente en la Parte II.
Hay, pues, en resumen, una fuerza de individuación
(hemisferio izquierdo) y una fuerza de cohesión (hemisferio derecho): pero,
allí donde el todo no es lo mismo que la suma de las partes, la fuerza de
individuación existe dentro de la fuerza de cohesión y está sujeta a ella. En
este sentido, lo "dado" al hemisferio izquierdo tiene que ser
nuevamente "cedido" para ser reunificado a través de las operaciones
del hemisferio derecho. Esta sensación en la que la racionalidad del hemisferio
izquierdo debe someterse de nuevo al influjo contextualizador más amplio del
hemisferio derecho, con toda su complejidad emocional, puede explicar, sin
duda, la afirmación eminentemente cuerda y razonable del filósofo David Hume de
que, “la Razón es, y debería ser solo
la esclava de las pasiones, y por lo tanto nunca puede pretender otro oficio
que el de servirlas y obedecerlas.”107 No quería decir que la
pasión desenfrenada debiera gobernar nuestros juicios, sino que el
funcionamiento racional del hemisferio izquierdo (aunque él no podría haber
sabido que eso era lo que era) debería estar sujeto a la sabiduría intuitiva
del hemisferio derecho (aunque tampoco podría haberlo reconocido como tal). Si
la razón surge del sentimiento, como dice Vauvenargues, y, a su vez, debe
inclinarse ante el sentimiento, como sugiere Hume aquí, esto expresa
perfectamente mi punto de vista que lo que surge en el hemisferio izquierdo lo
hace desde el hemisferio derecho, y necesita someterse a él una vez más.
LA REINTEGRACIÓN
COMO AUFHEBUNG
He expresado esta reintegración en términos
de un “retorno” al hemisferio derecho. Esto conlleva el riesgo de sugerir que
los logros de la intervención del hemisferio izquierdo se pierdan o se anulan,
reduciéndose sólo a un recuerdo que debe tenerse en cuenta al observar la nueva
totalidad alcanzada por el hemisferio derecho, como si uno estuviera mirando la
misma totalidad que antes, solo que con nuevos ojos. Esto sería como si
un niño desarmara un reloj y lo volviera a armar. El único sentido
significativo en el que el reloj vuelto a montar sería diferente estaría en el
nuevo conocimiento que el niño tiene de sus partes constituyentes; una
diferencia importante para el niño, sin duda, pero que no modificaría
efectivamente el reloj. Una vez más aquí, nos dejamos engañar por la metáfora
de un mecanismo, un reloj, que, al menos en un cierto sentido, no es más que la
suma de sus partes.
En cambio, el modelo que yo adoptaría para explicar el
modo en que este proceso de aprehensión bihemisférica del mundo ocurre es el
del Aufhebung de Hegel. La palabra, a
menudo traducida como sublación, significa literalmente "elevar"
algo, y se refiere al modo en que las etapas iniciales de un proceso orgánico, si
bien son desplazadas por las que vienen después, no son anuladas por éstas, a
pesar de que dichas etapas posteriores sean incompatibles con las anteriores.
En este sentido, la etapa anterior se "eleva" a la etapa posterior,
tanto en el sentido de que es "absorbida en" o "subsumida"
en la etapa siguiente, como en el sentido de que permanece presente en un nivel
"superior" del proceso, pero transformada por él. En un famoso pasaje
al principio de la introducción del Prefacio
de La Fenomenología de la Mente,
Hegel lo ilustra haciendo referencia al desarrollo de una planta:
El capullo
desaparece al abrirse la flor, y podría decirse que lo anterior es refutado por
lo actual; del mismo modo, cuando llega el fruto, la flor puede explicarse como
una falsa forma de la existencia de la planta, ya que el fruto aparece como su
verdadera naturaleza en lugar de la flor. Estos estadios no son meramente de
diferenciación; sino que se suplantan unos a otros por ser incompatibles entre
sí. Pero la incesante actividad de su propia naturaleza inherente hace que
constituyan al mismo tiempo otros tantos momentos de una unidad orgánica, donde
no solo no se contradicen entre sí, sino que unos son tan necesarios como
otros; y está igual necesidad de todos los momentos constituye por sí sola y de
este modo la vida del todo.108
Así, lo que
ofrece el hemisferio izquierdo debe y necesita ser aufgehoben (sublimado) por el hemisferio derecho, no anulando la
contribución del hemisferio izquierdo, sino llevándola más allá,
reincorporándola de nuevo al ámbito de la unificación (de hecho, en alemán, aufgehoben incluye claramente la idea de
ser preservado, y al mismo tiempo transformado).
No es solo que
Hegel cristalice la relación de los hemisferios con este concepto, ni siquiera
que la relación de los hemisferios sea un ejemplo de ontología dialéctica - la
naturaleza de la existencia surgiendo de la oposición o la negación. Hegel,
junto con Heráclito y Heidegger, ocupa un lugar particular en el desarrollo de
la historia de la relación entre los hemisferios cerebrales, en la medida en
que, me parece, que su filosofía trata realmente de expresar la intuición de la
mente de su propia estructura - o si se prefiere, la mente conociéndose a sí
misma. Su espíritu es como una presencia invisible en este libro, y se hace
necesario dedicar algunas páginas a sus heroicos intentos de articular, en
relación a la estructura de la mente o espíritu (Geist), lo que está más allá de dicha articulación, incluso
actualmente que tenemos un conocimiento de la estructura del cerebro.
Mi elección de la
fábula nietzscheana del Maestro y su
Emisario sugiere que justo en el corazón de la relación entre los
hemisferios vea una lucha de poder entre dos entidades desiguales, y además una
lucha en la que la parte inferior y dependiente (el hemisferio izquierdo)
comienza a verse a sí misma como de importancia primordial. Hegel también
hablaba de un "amo" y un "siervo", es cierto, pero primero
déjenme aclarar algo al respecto. Lo que la mayoría de la gente conoce del
tratamiento que hace Hegel de la relación amo/siervo es un pasaje de la Fenomenología del Espíritu (B, IV, A)
titulado "Señorío y servidumbre". Ahí habla de un amo y un siervo en
el sentido convencional de dos personas en una relación socialmente definida, y
donde centra su interés es en la relación paradójica entre un amo y un siervo concretos
en su búsqueda de "reconocimiento" mutuo. En pocas palabras, el
reconocimiento del siervo hacia el amo carece de valor para éste, debido al
desprecio del amo hacia dicho siervo,109 pero el siervo sí que es
capaz de lograr un sentido más genuino de reconocimiento por su trabajo
cualificado, lo que le permite después de todo, alcanzar una conciencia de sí
mismo más plena. Esencialmente, se trata de una fábula sobre la inutilidad del
elitismo social, y no nos concierne aquí.
Pero hay un
pasaje mucho más interesante, y más profundamente premonitorio, que sigue a
este en la Fenomenología del Espíritu
(B, IV, B), el de la "Conciencia Infeliz". Hegel aquí está hablando
de algo muy diferente, algo de relevancia inmediata para el tema de este libro:
la división interna de la mente o espíritu, que se encuentra escindida en un
subyo, "amo" y en un subyo, "siervo". La descripción de la
relación de estas dos partes de la mente anticipa asombrosamente lo que la
investigación neurológica revelaría sobre el funcionamiento del cerebro y que
constituye el tema de este libro, con la salvedad de que Hegel está utilizando
el término "amo" aquí para referirse a la fuerza usurpadora que yo
asocio con el hemisferio izquierdo - en otras palabras, al emisario convertido
en déspota, conocido como el hemisferio "principal" - y al término "siervo"
para referirse al verdadero Maestro, maltratado por el usurpador, que yo asocio
con el hemisferio derecho, el hemisferio "silencioso" o
"menor".110
En un pasaje
bastante denso de la misma obra, Hegel hace una exposición tan brillante de lo
que la investigación neurológica parece indicar que la incluyo aquí como el
caso más extraordinario de cómo la mente mediante su introspección “se conoce a
sí misma". En el primer párrafo ofrece lo que me parece una descripción
perfecta de las debilidades de la aproximación al mundo real que realiza el
hemisferio izquierdo, mientras no se resuelva en el posterior compromiso del
hemisferio derecho. En el segundo párrafo describe cómo el verdadero
conocimiento se redime a sí mismo "regresando a su sí mismo" en el
hemisferio derecho (las cursivas y, por supuesto, las interpolaciones, son
mías):
Si la
constatación específica...es una que en sí misma es concreta o actual [como la
que está presente en el H. dcho], de todos modos se degrada [debido a la
comprensión formal del H. izdo] en algo sin vida e inerte [por ser
meramente una re-presentación], ya que se limita a estar enunciada a partir de otra entidad
existente, pero no se conoce como
un principio vivo inmanente de esa
existencia [que son todos modos del H. izdo en contraste con los del H. dcho];
ni tampoco hay ninguna comprensión de cómo en esta entidad tiene lugar su modo intrínseco y peculiar de expresarse y producirse [como podría comprender el H. dcho con su
capacidad para apreciar tales cualidades profundas y únicas, en contraste con
el H. izdo]. Esto, el núcleo mismo
de la cuestión, la comprensión formal lo deja para que otros lo añadan más
adelante [el H. izdo lo deja para
que el H. dcho lo restituya en una etapa posterior de la reintegración, por lo
que dicha reintegración es esencial]. En lugar de entrar en el contenido inherente del asunto en cuestión [como lo haría el H. dcho], el entendimiento
siempre acomete un estudio del conjunto [desde el punto de vista del H. izdo en el eje vertical,
como si leyera un mapa], asumiendo una posición por encima de la existencia particular
de la que está hablando, es decir, no la ve en
absoluto.
Aquí, Hegel ha captado brillantemente la diferencia
entre la realidad del mundo tal como la percibe originalmente el hemisferio
derecho y la "comprensión formal" de la misma por parte del
izquierdo. Luego continua:
El verdadero
conocimiento científico, por el contrario, demanda el abandono a la vida misma del objeto [el modo que
solo el H. dcho puede alcanzar], o, lo que es lo mismo, reclama tener ante sí
la necesidad interior que controla el objeto, y expresar solo esto. Sumergiéndose en su objeto [a lo largo del eje horizontal, como lo hace el H. dcho], se olvida de hacer ese estudio general [como lo habría hecho el H. izdo], que no es más que un giro del conocimiento desde el
contenido hacia sí mismo [aludiendo a
la naturaleza inevitablemente autorreferencial del H. izdo]. Pero al estar
sumergido en el material en cuestión, y siguiendo el curso que dicho material
toma, el verdadero conocimiento regresa a sí
mismo [a su origen en el H.
dcho], pero no antes de que el contenido en su plenitud [tal como fue
"desempacado" completamente por el H. izdo, que es su inestimable
contribución] sea tomado en sí mismo, se reduzca a la simplicidad de ser una
característica determinada, descienda al nivel de ser un aspecto de una entidad existente [no solo lo que ve el H. izdo, sino tomado
junto a, y en el contexto de, lo que aporta el H. dcho], y pase a su verdad más elevada [tal como se revela por la Aufhebung final tanto del H. dcho como del H. izdo]. Mediante este proceso, el todo como tal, examinando todo su contenido, emerge él mismo de la riqueza en la que su proceso de reflexión
parecía haberse perdido (el retorno
al H. dcho recupera el todo, ahora enriquecido por el proceso del H. izdo en el
que estaba amenazado de perderse].111
Lo que es
ofrecido por el hemisferio derecho al izquierdo es devuelto y recogido en una
síntesis que implica a ambos hemisferios. Así ocurre en los procesos de
creatividad, en la comprensión de las obras de arte, y en el desarrollo del
sentido religioso. En cada uno de ellos hay un progreso desde una aprehensión
intuitiva de lo que sea, pasando luego por un proceso más formal de
enriquecimiento a través de la comprensión analítica consciente y detallada,
hasta una nueva y mejorada comprensión intuitiva de este todo, ahora
transformado por el proceso que ha experimentado.
Esta idea, aunque
difícil, es de una importancia crítica, porque el tema de la Parte II de este
libro será que ha habido una tendencia del hemisferio izquierdo a ver el
funcionamiento del hemisferio derecho como puramente incompatible, antagónico,
como una amenaza a su dominio - el emisario percibiendo al Maestro como un
tirano. Esto es una consecuencia inevitable del hecho de que el hemisferio
izquierdo solo puede sostener una visión mecanicista del mundo, según la cual
sería ciertamente verdad que la tendencia unificadora del hemisferio derecho
revertiría sus logros en la delimitación de las entidades individuales. Según
esa visión, la oposición no puede dar lugar a la sublación, a una negación
de la negación, sino solo a la negación pura y simple. Pero esto es verlo de
acuerdo a "lo uno/o lo otro"; y ver las entidades individuales como
atomistas, como bolas de billar operando en el vacío - no habiendo entidades
más grandes, excepto aquellas que son la suma de las interacciones de las
"bolas de billar"
individuales. Así parecería que, la naturaleza aborrece el vacío, como todos
sabemos, y, por tanto, no hay nada entre las "bolas de billar". Pero en lugar
de entidades separadas en un vacío, podríamos pensar en las entidades
individuales como si fueran nodos densos dentro de alguna sustancia viscosa
infinitamente elástica o distensible, una especie de sustancia viscosa
existencial - ni en última instancia separable, ni en última instancia
fusionada, aunque tampoco sin identidad ni sin el sentido de unidad final.
Esta idea explica
el intento aparentemente paradójico, según las prácticas espirituales de todas
las tradiciones de "aniquilar" al yo. ¿Por qué se querría hacer tal
cosa, si el propósito de la creación es producir una infinita variedad,
encarnada en innumerables yoes de todos los seres únicos existentes en el mundo
creado? ¿No sería esto simplemente esforzarse por invertir el proceso creativo
y regresar del Ser a la Nada? En cambio, lo que entiendo por esta mal llamada
"aniquilación" del yo es un sacrificio de los límites que antes
definían al yo, no en la anulación del yo, sino en su kenosis, una
transformación por la cual es vaciado en un todo que es más grande que él
mismo.112 De este modo, ni el capullo ni la flor son repudiados,
sino que más bien son aufgehoben (integrados)
en el fruto.
Como he propuesto anteriormente, todos los sistemas
aparentemente "completos", como los que crea el hemisferio izquierdo,
se manifiestan en última instancia, no solo según estándares o valores del
hemisferio derecho, sino incluso en sus propios términos, como
incompletos. Además, independientemente de que la superestructura se sostenga o
no, sus fundamentos radican y son "impulsados" desde la intuición:
las premisas de las que parte la construcción del sistema racional, e incluso
el propio modo de funcionamiento racional, que es el del valor de la razón, no
pueden ser confirmadas por el proceso de sistematización racionalista, sino
que, en última instancia, necesitan ser intuidas. Esto no invalida nuestra
intuición a favor de la razón, por supuesto, igual que no invalida otras de
nuestras intuiciones, como el valor de la bondad, o de la belleza, o de la
veracidad o de la existencia de Dios. (Wittgenstein en su Tractatus califica de
trascendentales la lógica, la ética y la estética).113 Pero esto
significa que tienen su origen en el hemisferio derecho, y no pueden trascender
sus orígenes sino volviendo al hemisferio derecho en un proceso de sublación o Aufhebung. Por mucho que los sistemas
racionalistas den la ilusión de ser completos - y que pueda ser muy difícil de
escapar para aquellos que no pueden ver sus debilidades - de hecho, ocultan
dentro de sí mismos los indicios del hilo que conduce a la salida del
laberinto.
IGNORANCIA NECESARIA
El hemisferio
izquierdo parece desempeñar un papel crucial en el establecimiento de lo que
llega a existir; es parte del proceso de creación. La aplicación de un análisis
lineal y secuencial obliga a explicitar lo implícito, y aporta claridad; esto
es crucial para ayudar a que surja un aspecto de lo que está ahí. Pero, al
hacerlo, se pierde el conjunto.
De nuevo aquí nos enfrentamos a la incompatibilidad de
lo que tenemos que hacer. Tenemos que atender abiertamente al mundo para no perdernos
algo nuevo o importante que tenderá a cambiar la forma en que miramos cualquier
cosa; y a la vez, centrarnos en una cosa para poder ver lo suficientemente bien
lo que es para que, una vez abandonada, pueda volver a ser constitutiva de la
totalidad de la imagen en un sentido enriquecido. Nuevamente, estamos obligados
a reconocer que ver un aspecto con claridad es ocultar otro aspecto: que la
verdad es tanto un ocultamiento como un desocultamiento. La dificultad es una
expresión de la incompatibilidad fundamental que supone situarse en el eje
vertical al mismo tiempo que avanzamos lo más posible en el mundo a lo largo
del eje horizontal.114 La vida parece obligarnos, como el gato de
Schrödinger, a una especie de opción limitante. Parece que no podemos lograr la
especificidad en la observación y, al mismo tiempo, preservar las demás
características del objeto de nuestra atención, de la misma manera que una onda
de luz (un proceso) se colapsa y se comporta como una partícula (una entidad
aislada) si es acotada mediante una observación detallada.
El hemisferio derecho no necesita saber lo que
sabe el hemisferio izquierdo, ya que eso destruiría su capacidad de comprender
la totalidad; al mismo tiempo, el hemisferio izquierdo no puede saber lo que
sabe el hemisferio derecho. Desde dentro de su propio sistema, desde su propio
punto de vista, lo que cree haber "creado" parece completo. Solo
porque lo que produce está enfocado y en el centro del campo de visión, se ve
más fácilmente. Esta es una de las razones por las que somos mucho más
conscientes de lo que contribuye a nuestro conocimiento del mundo.
El hemisferio izquierdo no puede aportar nada nuevo
directamente desde el "exterior", pero puede desplegar, o
"desempaquetar", lo que se le da. Su verdadera fuerza - y contiene
una enorme fuerza, como demuestra la historia de nuestra civilización - radica
en el hecho de que puede hacer explícito lo que el hemisferio derecho tiene que
dejar implícito, dejar plegado. Sin embargo, esa es también su debilidad. La
explicitación clarificadora debe reintegrarse al sentido del conjunto, lo que
ahora está desempaquetado o desplegado, sea-lo-que-sea, debe ser devuelto al
dominio del hemisferio derecho, donde vuelve a vivir. Y esto resulta ser un
problema, como intentaré explicar en el siguiente capítulo.
CAPITULO 6.
EL TRIUNFO DEL HEMISFERIO IZQUIERDO
Repasando las evidencias que he expuesto en el
capítulo anterior, procedentes de la filosofía, neurología y neuropsicología,
parece que hay una mayor probabilidad de que sea el hemisferio derecho el que tenga
una visión más completa del conjunto. A pesar de la convicción del hemisferio
izquierdo de su propia autosuficiencia, todo lo concerniente a la relación de
los hemisferios entre sí y con la realidad sugiere la primacía del hemisferio
derecho, tanto en la fundamentación de la experiencia (en el nivel más bajo)
como en la reconstitución de la experiencia procesada por el hemisferio izquierdo
de nuevo como algo vivo (en el nivel más alto). También hemos visto que muchos
aspectos importantes de la experiencia, aquellos a los que el hemisferio
derecho está especialmente bien equipado para abordar, nuestras pasiones,
nuestro sentido del humor, la comprensión metafórica y simbólica (y con ella la
naturaleza metafórica y simbólica del arte), el sentido religioso, los procesos
imaginativos e intuitivos, se desnaturalizan al convertirse en el objeto de una
atención focalizada, que los hace explícitos, y por tanto mecánicos, sin vida.
El valor del hemisferio izquierdo está precisamente en hacerlos explícitos,
pero esto es solo una etapa, un nivel intermedio del "procesamiento"
de la experiencia, nunca el punto de partida ni el punto final, nunca el nivel
más profundo o el nivel último. Por lo tanto, la relación entre los hemisferios
es muy significativa para el tipo de mundo en el que nos encontramos viviendo.
El hemisferio izquierdo es
competitivo y su preocupación y motivación principal es el poder. Si la
relación funcional se viera alterada, de modo que el hemisferio izquierdo
pareciera tener la primacía o se convirtiera en el punto final o en el último
peldaño del "procesamiento" de la experiencia, el mundo se
transformaría en algo bien distinto. Y podemos decir con bastante claridad cómo
podría ser: sería relativamente mecánico, un ensamblaje de "partes"
más o menos desconectadas, sería relativamente abstracto e incorpóreo,
relativamente distanciado de sentimientos de solidaridad, dado a la explicitación,
utilitario en la ética, demasiado confiado en su propia forma de captar la
realidad, y carente de una visión interna de sus propios problemas - la
evidencia neuropsicológica es que todos estos son aspectos del mundo del
hemisferio izquierdo en comparación con el del derecho.
¿Qué sabemos de la relación entre
los hemisferios en la práctica, y de dónde podría venir nuestro conocimiento,
no de las diferencias hemisféricas, sino de la relación funcional que
mantienen entre sí? El estudio de neuroimágenes funcionales no es muy útil, ya
que sus marcos temporales son demasiado amplios para detectar la mayoría de las
interacciones hemisféricas; y el EEG carece de especificidad. Simplemente se
tiende a encontrar, en un momento dado, que áreas de ambos hemisferios están
implicadas (una vez más enfatizaría que todo lo humano involucra a ambos
hemisferios: no hacemos prácticamente nada con un solo hemisferio).
Al igual que lo que sabemos sobre
el funcionamiento normal del cerebro proviene de accidentes muy particulares de
la naturaleza, o de experimentos artificiales cuidadosamente diseñados que
ponen de relieve lo que de otro modo pasaría desapercibido, lo que sabemos
sobre las relaciones entre los hemisferios proviene de la observación cuidadosa
de cómo funcionan en circunstancias muy especializadas que permiten examinar su
"relación de trabajo". Algunas de estas pruebas proceden de
experimentos cuidadosamente diseñados con sujetos normales en los que se pueden
separar artificialmente las reacciones de cada hemisferio y ser observadas
minuciosamente sus interacciones. No obstante, una fuente especialmente rica ha
sido la de los pacientes con cerebro dividido.
Mi tesis es que los hemisferios desempeñan
tareas complementarias pero conflictivas que cumplir, y necesitan mantener un
alto grado de mutuo desconocimiento. Al mismo tiempo necesitan co-operar. ¿Cómo
se logra esto y cómo es la relación funcional entre ellos?
El cuerpo calloso y las demás
estructuras subcorticales, como las comisuras cerebrales, que comunican entre sí
los hemisferios, también desempeñan funciones complementarias pero
contrapuestas.1 Necesitan compartir información, pero al mismo
tiempo deben mantener separados los mundos donde se maneja esa información.
Al principio de este libro me referí a la evidencia neurológica de que el
cuerpo calloso tiene una función principalmente inhibidora. Eso suena a
competencia, pero podría ser cooperación, porque la cooperación requiere
diferencias, no más de lo mismo. Normalmente una acción en un hemisferio no
suele tener su mejor reflejo en el otro: el cirujano y su ayudante no cooperan si
intentan hacer la misma incisión. Para lograr muchos efectos musicales, ya sea
entre los integrantes de un coro o los miembros de un cuarteto de cuerda, o las
dos manos de un pianista, especialmente cuando hay elementos de fuga,
discordias, ritmos cruzados y sincopas, es igualmente vital que el intérprete
esté sensible y atento al conjunto de la experiencia y, al mismo tiempo, se
deje llevar y exprese otras, que pueden parecer, a nivel más local, que están
en conflicto entre ellas. Debemos inhibir una para poder habitar la otra. Si
pensamos que la relación entre los hemisferios es como la que existe entre las
dos manos de un pianista (cuyos dos hemisferios tienen que cooperar, pero
igualmente deben permanecer independientes), se puede ver que la tarea del
cuerpo calloso tiene que ver tanto con la inhibición del proceso como con la
facilitación de la transferencia de información, y que la co-operación requiera
que se mantenga un equilibrio adecuado.
Anteriormente hemos visto las
pruebas neurológicas, pero ¿qué hay de las evidencias fenomenológicas? - ¿Qué sucede realmente en el mundo del
paciente cuyo cuerpo calloso deja de funcionar repentinamente? He mencionado
que los pacientes con cerebro dividido llevaban una vida sorprendentemente
normal. Si uno los conociera, saliera a comer con ellos, o incluso se fuera de
vacaciones con ellos, nunca podría adivinar que había algo inusual en ellos. Pero
bajo ciertas condiciones de laboratorio, en las que se puede aislar
artificialmente el funcionamiento de los dos hemisferios, podemos aprender
acerca de su función independiente; aunque aparte de esto, los pacientes con
cerebro dividido no parecen particularmente discapacitados. Lo qué invita a
preguntarse, ¿por qué no?
En lo que respecta al intercambio
de información, la mayor parte de la experiencia del mundo exterior no se restringe
a un hemisferio, y hay una considerable redundancia en el sistema: "A
medida que nos movemos alrededor del mundo mirando objetos, tocándolos,
escuchando sonidos, etc., la mayor parte de la información es captada por ambos
hemisferios cerebrales. Además, ambos hemisferios suelen ser capaces de generar
alguna respuesta conductual adecuada".2 No dependemos por
completo de la transmisión callosa. De hecho, por esta razón, las condiciones
experimentales para evaluar a cada hemisferio por separado de un sujeto con
cerebro dividido deben planificarse cuidadosamente para que los estímulos
lleguen a un solo hemisferio. Y, como ocurre con todos los seres humanos, la
mayor parte de lo que cada hemisferio sabe, lo sabe en común con su
contraparte. Al fin y al cabo, ambos hemisferios han tenido las mismas
experiencias, comparten el mismo cuerpo y, de hecho, están unidos en ese
cuerpo: por todo lo que está debajo del cuerpo calloso - el diencéfalo, el
cerebelo, el tronco del encéfalo, la médula espinal y todo lo demás - y todo lo
que el cuerpo les comunica segundo a segundo, lo siguen compartiendo. Además,
como señala el colega de Sperry, Joseph Bogen, incluso en sujetos normales no
hay vías de conexión, ni siquiera en el cuerpo calloso, que funcionen todo el
tiempo: y los prolongados tiempos de neurotransmisión a través del cuerpo
calloso obligan a un grado de independencia interhemisférica.3
Y no es de extrañar, como he enfatizado,
que haya buenas razones para que la naturaleza haya conservado esta gran división
entre los hemisferios. Cada hemisferio tiene que permanecer independiente, e inevitablemente
ignorar hasta cierto punto lo que sucede en su contraparte. La inhibición es la
otra función primaria, quizás la principal, del cuerpo calloso.4 ¿Cómo
afecta la división del cerebro a esto?
A la larga, no tan mal como uno podría
pensar. En el momento en que el cerebro se divide quirúrgicamente, cada hemisferio
llevaba ya años trabajando con el cuerpo calloso intacto durante los cuales ha establecido
sus propios modos especializados de funcionamiento, fijados como memorias en los
patrones de conexión neuronal dentro de cada hemisferio. Por lo tanto, no es el
establecimiento, sino el mantenimiento funcional, de dicha especialización lo que
se ve afectado.
No obstante, en los primeros meses
después de la cirugía, los pacientes con cerebro dividido informaban de algunas
experiencias bastante desconcertantes. Estas tomaban la forma de un aparente
conflicto de voluntades, que se manifestaba en el llamado conflicto intermanual.
Tal fue el caso de un hombre que se encontró en la desafortunada posición de ir
a abrazar a su esposa con un brazo y apartarla con el otro.5 Otros
pacientes con trastornos del cuerpo calloso han relatado experiencias
similares, por ejemplo:
En varias
ocasiones, mientras conducía, la mano izquierda se levantaba y agarraba el
volante quitándoselo a la mano derecha. El problema era tan persistente y grave
que la mujer tuvo que dejar de conducir. Dicha mujer relató situaciones en los
que su mano izquierda cerraba puertas que su mano derecha había abierto,
desdoblaba sábanas que la derecha había doblado, arrebataba el dinero que la mano
derecha había ofrecido a la cajera de una tienda, y le interrumpía su lectura
pasando las páginas y cerrando el libro.6
O: "Abro la puerta del armario. Sé lo que quiero ponerme. Mientras busco
algo con mi mano derecha, la izquierda se acerca y toma algo diferente. No
puedo soltarlo en el suelo si está en mi mano izquierda. Tengo que llamar a mi
hija".7 Obsérvese que siempre es la mano izquierda la
que se está "comportando mal":
volveré a hablar de ello en breve.
Estos síntomas
tendían a desaparecer con el tiempo. De hecho, los pacientes con cerebro
dividido se manejaban sorprendentemente bien, ya que "a pesar de tener dos procesadores cognitivos
diferentes e independientes, se comportan como individuos unificados y rara vez
muestran signos de vacilación, confusión o disociación en sus actividades
cotidianas".8 Esto se debe a que, si bien la
callosotomía corta los principales medios de transferencia de información entre
los hemisferios, hay otros tractos subcorticales que los conectan, compartiendo
información y ayudando a inhibir la función, aunque el empleo de algunos de
estos "desvíos" requiera un cierto reentrenamiento del cerebro.9
Pero sin embargo,
la naturaleza de la experiencia inicial tras la operación merece un examen más
detenido. Ya que tales historias han sido descartadas en cierta medida, tal vez
debido a la tendencia de los observadores a precipitarse en especulaciones
sobre la divisibilidad del yo. No obstante, el mismo Roger Sperry, quien ganó el
premio Nobel por su trabajo sobre el cerebro dividido, escribió: “Tanto el hemisferio izquierdo como el
derecho pueden ser conscientes simultáneamente de experiencias mentales
diferentes, incluso mutuamente conflictivas, que transcurren en paralelo."10
Es evidente que esta idea plantea cuestiones sobre el yo y la identidad
personal, cuestiones que han sido muy discutidas, en particular por parte de
los filósofos en los años sesenta y setenta, cuando se estaban dando a conocer dichas
investigaciones sobre sujetos con cerebro dividido. Pero mi propósito al
referirme aquí a estas experiencias es sugerir que la principal evidencia de
perturbación después de la operación no era, como se podría haber esperado, que
dejaran de ocurrir cosas, sino todo lo contrario – había cosas que no se podía impedir
que ocurrieran que, en otras palabras, no podían ser inhibidas. En este
sentido, los sujetos con cerebro dividido son como pacientes que han sufrido un
accidente cerebrovascular u otra lesión neurológica que afecta a las vías que
pasan por el cuerpo calloso: existe un problema que compromete la inhibición
inter-hemisférica.11 La situación es más grave en el caso de
personas con agenesia callosa (una afección común, que afecta hasta el 1 % de
la población, en la que el cuerpo calloso no se desarrolla),12 o de
personas con alguna disfunción congénita del cuerpo calloso: que nunca han
tenido la ventaja de vivir con una división funcional, por lo que no pueden desarrollar la
inhibición interhemisférica habitual desde el principio.13
La falta de
competencia del cuerpo calloso se ha implicado en la génesis de algunos
trastornos psiquiátricos, especialmente en la psicosis de la esquizofrenia; y
esto está en consonancia con el hecho de que se han encontrado casos de
psicosis asociados con agenesia parcial y completa del cuerpo calloso.14 Si el principal efecto del cuerpo calloso
normal es inhibitorio, el hecho de que se vea afectado tendrá resultados
imprevisibles: o bien resultará creativamente fructífero, o simplemente será disruptivo,
al provocar un colapso prematuro en la unificación de elementos o procesos cuya
independencia mutua era necesario mantener. La investigación en la
esquizofrenia, utilizando pruebas neuropsicológicas, así como EEG y otras
medidas, demuestra precisamente un fracaso de la inhibición interhemisférica.
También en la esquizotipia, se sabe que hay una intrusión de los modos del
hemisferio izquierdo en el funcionamiento del hemisferio derecho.15
Muchos de los fenómenos de la esquizofrenia y de la esquizotipia - tanto los
potencialmente creativos (matemáticos acróbatas ) como los efectos obviamente
disruptivos (trapecistas inhibidos) - podrían explicarse por tales intrusiones,
incluidas las intrusiones de los modos del hemisferio derecho en el
funcionamiento del hemisferio izquierdo, así como la intrusión de los modos del
hemisferio izquierdo en el funcionamiento del hemisferio derecho.
En otras
palabras, la incapacidad o agenesia del cuerpo calloso conduce a un cuadro de
aparente mayor interconectividad de las funciónes.16 Este hallazgo
aparentemente paradójico tiene sentido si el propósito principal del cuerpo
calloso es mantener la separación de los hemisferios.17
El funcionamiento
independiente de los hemisferios es uno de los logros de la madurez; los niños
son, en términos relativos, sujetos con cerebro dividido, con menos independencia interhemisférica.18 Los
bebés y los niños pequeños dependen menos del cuerpo calloso: la mielinización
del cuerpo calloso no comienza hasta el final del primer año de vida, y a
partir de entonces solo progresa lentamente.19 A los niños preadolescentes les resulta
relativamente difícil usar sus hemisferios por separado, lo que constituye una
prueba más del papel inhibidor que desempeña el cuerpo calloso en los adultos.20
La conectividad interhemisférica se incrementa durante la infancia y la
adolescencia, con el resultado de que los hemisferios se vuelven más
independientes.21 Puede que no sea una coincidencia que los bebés y
niños pequeños también sean más dependientes del hemisferio derecho, que madura
antes que el izquierdo, y tal vez sea la creciente importancia de la función
del hemisferio izquierdo con la edad la que haga necesaria la separación de sus
ámbitos de actividad, en beneficio de ambos hemisferios. El muro de Berlín que responde a esta necesidad sería el cada vez más eficiente
cuerpo calloso.
En definitiva, mi punto de vista es que el cuerpo
calloso actúa principalmente como agente de diferenciación de los hemisferios
más que de integración, aunque en última instancia, la diferenciación pueda
estar al servicio de la integración. Esta función compleja, casi paradójica,
está en el centro mismo del cerebro, formando un puente que, sin embargo,
separa los mundos de los hemisferios, y esto está captado con extraordinaria
clarividencia en uno de los versos del tratado espiritual hindú Los Upanishads: "En el espacio
interior del corazón se encuentra el controlador de todo... Él es el puente que
sirve de frontera para mantener separados los diferentes mundos".22
LA RELACIÓN ENTRE LOS HEMISFERIOS
¿Qué sabemos de
la relación normal de funcionamiento entre hemisferios, en aquellos cerebros que
no han sido artificialmente divididos? ¿Es una relación de armonía o de
discordia? La cuestión no es sencilla. Así como la inhibición puede ser
mantenida en interés de la cooperación, la cooperación puede mantenerse en
interés de la competitividad: cuando dos personas co-operan, el primero puede
hacerlo con un espíritu de reciprocidad, mientras que el segundo lo puede estar
haciendo por su propio interés, beneficiándose de la generosidad de espíritu
del primero.
Además, tenemos que distinguir los diferentes niveles
de cualquier relación. Pensemos en la relación entre dos socios, que dirigen
juntos una pequeña empresa. ¿De qué relación estamos hablando? En el nivel más
simple, se podría describir su modo de trabajo cotidiano como el de socios comerciales.
Así, por ejemplo, se podría decir que comparten una oficina y, además,
comparten una amplia formación y experiencia en el trabajo que realizan, de
modo que ambos pueden atender consultas en el propio lugar de trabajo. No
obstante, se entiende que cada uno tiene intereses y conocimientos
especializados, y en consecuencia, cuando es factible, se reparten el trabajo
según líneas acordadas, especialmente cuando el trabajo es complejo; pero
cuando sea más rápido o más conveniente, por ejemplo, porque uno de ellos está
fuera de la oficina y se necesita una respuesta inmediata, el otro intervendrá
y hará lo que sea necesario. En este nivel, y en este sentido, la relación
parece bastante equilibrada y sin problemas.
Pero puede que no sea esa el tipo de relación de la
que estoy hablando. Quiero decir, ¿cómo interactúan desde sus distintos roles y
cómo contribuye cada uno al trabajo de la empresa en su conjunto? Esta es una
pregunta bastante diferente, y nos lleva más allá del día a día, a algo más
parecido al funcionamiento "mes a mes", un nivel intermedio.
En este caso, por ejemplo, podría resultar que Franny
está especialmente interesada, y capacitada para conseguir nuevos clientes;
Fred, al ser un poco más un tipo de trastienda, se le da mejor el trabajo de
contabilidad y de informática. Sin la entrada de nuevos clientes, la empresa
fracasaría; asimismo, difícilmente sobreviviría sin una contabilidad y un
soporte informático adecuados. Así que cada uno necesita al otro. Sin embargo,
supongamos que Fred ha decidido que el futuro de la empresa está en el
desarrollo de nuevos y mejores sistemas de software de contabilidad, que eso es
lo que realmente importa. Cualquiera, se dice a sí mismo, puede encontrar
nuevos clientes; pero se necesita alguien especializado para mantener las
cifras equilibradas, los sistemas en funcionamiento y en marcha. Como
resultado, Fred pasa gran parte de su tiempo utilizando los datos de la empresa
para desarrollar un software más sofisticado, y no da prioridad a preparar las
cifras para las reuniones de Franny con los clientes. Se siente superior a
Franny, diciéndose a sí mismo que no hay nada que ella haga que alguien no
pueda hacer también. Al mismo tiempo, a Franny le molesta que Fred pase tanto
tiempo en lo que parecen ser tecnicismos, aprovechándose él de su capacidad
para forjar contactos y hacer tratos, y que luego le falle en el último
momento. Hay un mal ambiente en la oficina: interacciones malhumoradas,
silencios fríos. Y eso representa otro aspecto de su relación.
Pero hay un tercer nivel en esta relación; no el día a
día, ni siquiera el mes a mes, sino los planes a largo plazo, sobre los cuales
me acabo de enterar. Sin que Franny lo sepa, Fred ha decidido que va a tomar los datos de la
compañía, abandonar a Franny, y hacer un viaje relámpago para poner en marcha
su propio negocio de tecnología de informática.
Ya sé que los hemisferios no son personas. Y este escenario tampoco aspira a
resumir la relación entre los hemisferios cerebrales. Solo pretende una cosa: mostrar
que habría diferentes respuestas a la pregunta de cómo se relacionan los
hemisferios según el nivel en el que nos fijemos. Necesitamos mirar en el nivel
más bajo, en el "día a día", en cómo se desenvuelven juntos en el
trabajo - quien contesta el teléfono. También debemos retirarnos un poco, hasta
un nivel intermedio, y observar cómo se complementan sus funciones en la
construcción de su mundo - en teoría, y en lo que puede no ser lo mismo, en la
práctica. Y tampoco debemos olvidar mirar la estrategia a largo plazo, algo que
una persona ajena podría conocer antes que uno de los socios.
NIVEL
UNO
Si comenzamos por
el nivel uno, la relación del "día a día" - o en el caso de los
hemisferios, la relación milisegundo a milisegundo - ciertamente sus
"tomas" del mundo son ambas necesarias para nosotros momento a
momento como seres humanos vivos. No es solo que en el espacio tridimensional
en el que nos movemos, como seres con un cuerpo, se requiera una participación
bilateral con el entorno, y por tanto una participación bilateral del cerebro;
nuestros procesos de pensamiento, los que nos definen como seres humanos,
implican la necesidad de la intuición y la conceptualización conjunta. En la
medida en que el hemisferio izquierdo es el lugar del conocimiento
conceptualizado, y en la medida en que el hemisferio derecho encarna la
percepción intuitiva, está claro que ambos son necesarios, y que deben mantener
un equilibrio. En este caso se aplicaría aquí la conocida fórmula de Kant, “Begriffe ohne Anschauungen sind leer, Anschauungen
ohne Begriffe sind blind” ("los conceptos sin intuiciones están
vacíos; las intuiciones sin conceptos están ciegos").23 Visto desde el punto de vista de la utilidad y
la realización de tareas, la mayoría de las tareas ordinarias de la vida cotidiana
requieren “aportaciones” de ambas esferas y, desde el punto de vista de la vida
cotidiana, el mundo que experimentamos de forma ordinaria es una fusión de lo
que cada hemisferio ofrece. Así que está claro que lo mejor para nosotros es
que los hemisferios co-operen.24
Sin embargo, ya he mencionado antes la despreocupación
con la que el hemisferio izquierdo se inventa lo que ocurre en el hemisferio
derecho, cuando en realidad no tiene ni idea. Hay algo intrigante en su
reticencia a admitir su ignorancia. Algunos experimentos sutiles sobre
secuencias de tareas que normalmente requieren que los dos hemisferios actúen
de forma diferenciada apuntan a que su modo de interacción no es uno en el que
cooperan con lo que cada uno hace mejor, como si fuera una imitación de una
administración burocrática ideal, sino que es más parecido a la realidad, el de
una rivalidad entre departamentos.25 La competitividad entre los
hemisferios puede en realidad perjudicar el rendimiento (por lo que, no cabe
duda, son capaces de inhibirse mutuamente).
Creo que sería un error atribuir alguna voluntad a
estas decisiones que se toman de milisegundo en milisegundo. Aunque sí creo que
cada uno de los hemisferios puede tener voluntad, pero necesitan tiempo para
ejercerla. Por un lado, es sorprendente que
un hemisferio
asume el control del procesamiento como resultado de un ajuste o de una expectativa
en cuanto a la naturaleza de los requisitos de procesamiento previos al propio procesamiento de la información, y.… sigue teniendo el
control incluso si su rendimiento, por el motivo que sea, es considerablemente
peor que el que podría haber tenido el lado opuesto del cerebro.26
Es como si cada hemisferio tuviera su
propio punto de vista: "Si me parece
que esta carta va dirigida a mí, voy a ocuparme de ella, incluso si al abrirla
resulta que estaba realmente dirigida a ti". Puede que haya buenas razones para este enfoque. Por ejemplo, si
el envío de la información a la otra parte para su procesamiento supusiese un
costo excesivo de tiempo, podría ser mejor aceptar una respuesta algo inferior
que sería más rápida. Los modos de procesamiento con incoherencias mutuas
adoptados por los hemisferios crean una dificultad, que requiere algo así como
un árbitro para dirimir las situaciones en las que ambos hemisferios cerebrales
tienen acceso a la misma información al mismo tiempo. Tales "decisiones de
arbitraje" deben de tomarse en un nivel muy bajo, por debajo de los
propios hemisferios, y debe de haber un interruptor de "metacontrol", a un nivel tan profundo como el tronco
encefálico, que distribuya el trabajo entre los hemisferios.27
En los pacientes
con cerebro dividido, como vimos, está claro que en una situación normal es la
voluntad del hemisferio izquierdo, en el nivel más consciente, la que
normalmente inhibe la voluntad del derecho. Sería tentador pensar que también
el hemisferio izquierdo, en el nivel micro, de milisegundo a milisegundo, es el
que toma la mayor parte de las decisiones. De hecho, algunas de las pruebas
experimentales parecen respaldar la idea de que la mayoría de las personas
diestras están predispuestas hacia un modo de procesamiento que favorece el
hemisferio izquierdo, siempre que el estímulo esté dispuesto de modo que les
permita elegir.28 Pero hay otras evidencias que están en contra de
ello, y parece que el sesgo probablemente pase al siguiente nivel.29
NIVEL DOS
Así que pasemos
de las respuestas automáticas de los hemisferios instante a instante, a
considerar su relación con los elementos de la conciencia - en el nivel
fenomenológico, donde su interacción hace realidad nuestro mundo de
experiencias. En este nivel es más difícil demostrar un hecho neuropsicológico,
precisamente porque lo que estamos viendo no es solo la interacción de
neuronas, sino la experiencia fenomenológica de los seres humanos. Esta tiene
lugar durante períodos más largos que los del potencial de acción neuronal, en
el nivel más alto de integración de la conciencia. Y nadie sabe dónde se
encuentran, si se quisiera obtener imágenes de ello, o cómo medir sus
correlatos neurológicos; además se trata de un proceso que fluctúa, en lugar de
permanecer inmóvil en un lugar en un momento dado para ser medido. Lo que
sucede ahí debe deducirse en gran parte por lo que sabemos sobre la naturaleza,
preocupaciones, intereses, valores y modos típicos de funcionamiento de los dos
hemisferios de forma individual, tal y como se ha explorado anteriormente en este
libro. Pero, de todos modos, se pueden hacer, y se han hecho, algunas
observaciones ingeniosas.
En la descripción del primer nivel, el énfasis estaba
en la necesaria inhibición de un hemisferio por el otro, ya que cada uno de
ellos debe trabajar por separado. Sin embargo, en un nivel superior, y durante
períodos de tiempo más largos, también necesitan trabajar juntos, ya que
algunas facultades humanas importantes, como la imaginación, parecen depender
de la síntesis del funcionamiento de ambos hemisferios. En el capítulo anterior
describí las evidencias de la primacía del hemisferio derecho en la
constitución de nuestra experiencia de la realidad, junto con la necesidad de
que el hemisferio izquierdo "despliegue” lo que el hemisferio derecho conoce,
de manera que esta visión ya desplegada pueda reintegrarse posteriormente a la
realidad del hemisferio derecho. Expresé esto en términos de la Aufhebung de Hegel, siendo el punto
esencial que algo nuevo, que no estaba presente antes, surge a través de este
proceso, no negando las etapas precedentes, sino transformándolas.
Y así lo demuestra uno de los hallazgos más
significativos de la investigación sobre los hemisferios a nivel neurológico.
Marie Banich, directora del Instituto de Ciencias cognitivas en Boulder,
Colorado, y una de las principales investigadoras de la interacción
hemisférica, escribe:
El principal
hallazgo que ha salido de nuestro laboratorio desde mediados de los años
ochenta, es que la interacción interhemisférica es mucho más que un simple
mecanismo por el cual un hemisferio "fotocopia" experiencias y
sentimientos para su compañero. La interacción interhemisférica tiene
importantes funciones emergentes - funciones que no pueden derivarse de la
simple suma de sus partes... la naturaleza del procesamiento cuando ambos
hemisferios están involucrados no se puede predecir a partir de las partes.30
Es posible
determinar qué áreas del cerebro se reclutan para realizar una tarea utilizando
un solo hemisferio, y, al repetirla, se puede determinar eso mismo en cada
hemisferio por separado. Pero cuando ambos hemisferios co-operan para llevar a
cabo una tarea, no solo entran en juego regiones adicionales, como cabría
esperar, sino otras regiones completamente diferentes, y muchas de las que se
activaban en la modalidad de un solo hemisferio permanecen inactivas, y en
cambio se reclutan nuevas áreas en diferentes partes del cerebro.31
A nivel global, podemos preferir uno u
otro hemisferio.
Pero, ¿co-operan realmente los hemisferios para que se produzca esta
situación? Hay algunas pistas en el nivel neurológico sobre la relación que
mantienen en la práctica.
Resulta que uno u otro hemisferio puede predominar - y
su particular estilo cognitivo y perceptivo en conjunto influirá más en nuestra
experiencia del mundo - no solo durante fragmentos de la experiencia
fenomenológica (que, por lo tanto, deben de durar poco más de unos pocos
milisegundos cada vez) sino también durante períodos muy largos. Incluso
podemos tener, tendencias características y coherentes hacia uno u otro
hemisferio, como personalidades, ciertamente para clases particulares de
experiencia, asociados con diferentes grados de excitación y activación de
cualquiera de los dos hemisferios. Este fenómeno se conoce como "sesgo de
utilización hemisférica" o "asimetría perceptiva
característica".32
Se pueden observar algunos aspectos interesantes de la
relación entre los hemisferios al examinar la forma en que estas diferencias
individuales afectan a la competencia por el control de la atención visual. En
los experimentos en los que se realiza una tarea que requiere prestar atención
al campo visual no-preferente (el campo contralateral del hemisferio
no-preferente), mientras se presenta una información irrelevante, y de
distracción en el campo visual preferente, en aquellos sujetos con un sesgo
característico hacia el hemisferio izquierdo, se encuentra que la
tendencia, ya de por sí fuerte, del hemisferio izquierdo, a priorizar el campo
visual derecho y a restar importancia al campo visual izquierdo, estaba
reforzada. Esto significaba que la información irrelevante del lado derecho
interfería con la tarea que se estaba realizando en el campo visual izquierdo
(controlado por el hemisferio derecho). Pero en el caso de los sujetos con un sesgo
característico hacia el hemisferio derecho, cuando se invirtieron las
condiciones, no se observaron tales efectos competitivos: la información
irrelevante en el campo visual izquierdo favorecido por el hemisferio derecho
no interfirió en la capacidad del sujeto para atender la tarea que se estaba
realizando, ahora, en el campo visual derecho (el campo favorecido por el hemisferio
izquierdo).33
Esto sugiere una
distribución más uniforme del interés en el hemisferio derecho que en el
izquierdo. Sabemos que el hemisferio derecho "está pendiente” del
territorio de ambos hemisferios, no solo del suyo propio, como hace el
hemisferio izquierdo. Pero esto va más allá: cuando se tiene un "sesgo de
utilización" a favor del hemisferio izquierdo se intensifica este efecto,
mientras que tener un sesgo similar a favor del hemisferio derecho no hace nada
para alterar la ecuanimidad de sus intereses. Esto coincide con otro hallazgo
de investigación ya bien establecido: que la transferencia de información del
hemisferio izquierdo al hemisferio derecho se realiza más lentamente que la
transferencia del derecho al izquierdo.34 Y, cabe señalar, que esto
es así independientemente de si la tarea es por naturaleza más adecuada para el
hemisferio derecho o para el hemisferio izquierdo.35
La competitividad
entre los hemisferios también se pone de manifiesto en las respuestas en las
lesiones. Si, después de una lesión cerebral, se inhabilita temporalmente el
otro hemisferio (el no dañado), por ejemplo, mediante la estimulación magnética
transcraneal, se produce una mejoría en la función del hemisferio dañado.36
De manera similar, si el individuo sufre un accidente cerebrovascular en
el hemisferio "normal", no dañado, el hemisferio originalmente
lesionado mejora. Esto fue observado hace tiempo por el destacado
neurofisiólogo Brown-Séquard, cuando descubrió que podía revertir una parálisis
causada por una lesión en un hemisferio de una rana al infligir una lesión
similar en el mismo punto del hemisferio contralateral.37 Es más,
tal competitividad interhemisférica parece ser una vez más asimétrica, siendo
el efecto supresor del hemisferio izquierdo sobre el derecho mayor que el del derecho
sobre el izquierdo.38
¿Esto les recuerda algo? Quizás, la constatación de
que, una vez que los hemisferios están en contacto a través de las comisuras,
el hemisferio izquierdo es más capaz de inhibir el derecho que el derecho inhibir
el izquierdo.
Otros datos proceden de personas con el cerebro
dividido. Aunque tienen algunas desventajas, tienen una ventaja en al menos un
aspecto: hay algunas tareas que pueden realizar con más rapidez que los sujetos
normales.39 Por ejemplo, las tareas que implican una atención focalizada
suelen implicar principalmente al hemisferio izquierdo, pero, en pacientes con
cerebro dividido, el hemisferio izquierdo no puede inhibir tan eficazmente el
derecho, de modo que ambos son capaces de prestar una atención focalizada (el
hemisferio derecho también puede proporcionar una atención focalizada) y ambos
contribuyen, con el resultado de que la tarea se lleva a cabo en la mitad del
tiempo.
En algunos casos, se puede ver este patrón de competitividad
hemisférica ejemplificado en el desarrollo cerebral después de una lesión. Los
sujetos con un daño cerebral precoz en el hemisferio izquierdo, en quienes por
lo tanto el lenguaje debe acomodarse en el hemisferio derecho junto con las
facultades sintético-gestálticas del hemisferio derecho normal, muestran
déficits del coeficiente intelectual en sus funciones no verbales,
debido a las interferencias de la presencia del lenguaje en el mismo
hemisferio. De nuevo, la influencia tiende a ser mayor en la dirección del
hemisferio izquierdo sobre el derecho.
Lo que también revelan las historias de pacientes con
cerebro dividido en los primeros meses posteriores a la operación, es que es el
hemisferio izquierdo, el intérprete de Gazzaniga, el que asume el control, a
nivel consciente, de la naturaleza coherente de "nuestra"
experiencia, aunque podamos tener puntos de vista, deseos y valores diferentes
en cada hemisferio. En el conflicto entre las manos, nunca es la mano derecha
la que se experimenta como rebelde, la mano "traviesa", la que está "fuera
de control": es siempre la izquierda, la que empuja hacia el otro lado, la
que agarra el volante, o elige la ropa “equivocada”. "Por supuesto que
sí", se puede decir: "ya que no es la mano derecha la que se comporta
de manera disruptiva". Pero, ¿disruptiva respecto a qué? Una vez que el
hemisferio izquierdo ha escrito el guion y ha representado la mitad de la obra,
cualquier incursión desde el derecho es forzosamente perturbadora e inoportuna
desde su punto de vista. Es el hemisferio izquierdo, ignorante de lo que está
sucediendo en el hemisferio derecho, el que decide qué es lo que "yo"
quiero, y luego juzga cualquier interrupción del hemisferio derecho como
contraria a "mis" intereses. Pero si lo situamos en otro contexto,
¿quién sabe qué podría haber sucedido si en realidad hubiera escuchado tiempo
antes a su hemisferio derecho y hubiera dejado a su esposa en lugar de
abrazarla; ¿o - en la historia de la otra paciente - si ella hubiera cerrado la
puerta, o hubiera conducido en dirección opuesta, o llevado el vestido de color
llameante? En cualquier caso, al menos podemos deducir que cuando dice "sé lo que quiero ponerme", ella quiere decir "mi hemisferio izquierdo sabe lo que quiere que me ponga y estoy
identificada con mi hemisferio izquierdo".40
Del capítulo anterior se desprende que es esencial que
lo que aporta el hemisferio izquierdo se devuelva al reino del hemisferio
derecho, donde puede volver a existir. Solo el hemisferio derecho está en
contacto con la experiencia primaria, con la vida; y el hemisferio izquierdo
solo puede ser una etapa intermedia, un lugar de procesamiento, a lo largo de
la ruta - no el destino final. El hemisferio derecho ciertamente necesita el
izquierdo, pero el hemisferio izquierdo depende del derecho.41 Mucho
de lo que nos distingue, tanto en el sentido positivo como en el negativo, como
seres humanos requiere la intervención del hemisferio izquierdo, siempre y
cuando actúe de acuerdo con el hemisferio derecho. Importantes facultades
humanas dependen de una síntesis de su actividad. En ausencia de esa acción
concertada, el hemisferio izquierdo llega a creer que su territorio realmente es
el mundo.
A pesar de la asimetría en sus funciones, a favor del
hemisferio derecho, existe una importante asimetría opuesta en relación al poder,
a favor del hemisferio izquierdo. El Maestro se hace vulnerable ante el
emisario, y el emisario puede optar por aprovecharse de la situación, para
ignorar al Maestro. Y parece que su naturaleza es tal que es propenso a
hacerlo, e incluso puede, erróneamente, ver el mundo del hemisferio derecho
como algo que anula su trabajo, desafiando su "supremacía".
Esta imagen sugiere, por supuesto, que los dos
hemisferios tienen voluntades que pueden no estar siempre en armonía. ¿Qué tan
legítimo es pensar que los hemisferios tienen voluntades en este sentido? Bogen
se refiere a dos "hechos cruciales": por un lado, que "solo se necesita un hemisferio para tener
una mente", y por otro, que "los hemisferios pueden sustentar la actividad de las dos esferas separadas
de conciencia tras una comisurotomía."42 Sperry escribe
que, en pacientes sometidos a una comisurotomía,
se puede demostrar que cada hemisferio experimenta sus propias
sensaciones, percepciones, pensamientos y recuerdos particulares que son
inaccesibles a la conciencia del otro hemisferio. Los relatos verbales
introspectivos del hemisferio izquierdo que tiene el habla indican una
sorprendente falta de conciencia de este hemisferio respecto a las funciones
mentales que acaban de realizarse inmediatamente antes por el hemisferio
derecho. En este sentido, cada hemisferio aislado quirúrgicamente parece tener
una mente propia, pero cada uno de ellos aislado y ajeno a los acontecimientos
conscientes del hemisferio asociado.43
Y no es así solo
en hemisferios desconectados quirúrgicamente. La inactivación temporal de uno u
otro hemisferio, a través del Test Wada, produce resultados similares.
Incluso sin tales procedimientos
especializados, a veces el cerebro de una persona ordinaria muestra una
desconexión comparable a la que se encuentra en sujetos con cerebro dividido.44
Si existen sensaciones, percepciones, pensamientos y recuerdos separados, así
como maneras separadas de tratar con todo esto, no sería sorprendente que se
formasen deseos separados, y voluntades separadas, para cada hemisferio - y
sabemos que este es el caso por la experiencia de sujetos con cerebro dividido.
Pero también sabemos por ellos, como
sabemos por nuestra propia experiencia acerca de una voluntad dividida, que, a
pesar de todo esto, solo puede haber un campo unificado de conciencia. ¿Y cómo
es eso?
Sperry hace su propio intento de
responder a esta pregunta, y su solución radica en referirse a algo que debe
suceder en el límite superior del proceso. El escribe: “El efecto funcional global y holístico podría así determinar la
experiencia consciente. Si el impacto funcional de la actividad neuronal tiene
un efecto unitario en las dinámicas conscientes del nivel superior, entonces la
experiencia subjetiva se unifica".45 Al tratar estas cuestiones es casi imposible permanecer dentro de
los límites del uso del lenguaje comúnmente aceptado, y no pretendo ser capaz
de resolver dichas cuestiones de manera que se evite las trampas del lenguaje.
Pero no puedo evitar encontrar insatisfactorios en términos explicativos frases
tan generales, como "el efecto funcional global y holístico". Hace
suscitar todo tipo de preguntas - ¿Qué es, aparte de ser una reformulación de
lo que se está tratando de explicar? ¿Y en qué hemisferio se encuentra, o donde
está "la dinámica consciente de nivel superior", sea lo que sea?
Me parece más fructífero pensar en la
conciencia no como algo con bordes nítidos a lo que se llega repentinamente una
vez que se alcanza la cima del funcionamiento mental, sino como un proceso que
es gradual, en lugar de todo o nada, y que comienza en lo más profundo del
cerebro, elevándose desde debajo del nivel de los hemisferios, antes de llegar
a la gran división hemisférica. Así que es posible que sea lo contrario del
modelo de Sperry. El problema entonces, no es cómo dos voluntades pueden convertirse
en una conciencia unificada, sino cómo un campo de conciencia puede acomodar
dos voluntades. Dichas voluntades evolucionan desde los niveles cognitivos
superiores, porque es ahí donde cada hemisferio proporciona mundos diferentes a
la conciencia, con diferentes conjuntos de valores y diferentes experiencias. A
medida que pasamos de una situación a otra, donde diferentes contextos y
diferentes conjuntos de valores cambian mis preferencias, mi voluntad también cambia.
Quizás, entonces, la conciencia está
unificada en los niveles más bajos, y en realidad solo aparece la
posibilidad de separación cuando el proceso se vuelve auto-consciente en
los niveles superiores, dentro de la cognición. Aquí citaría a Jaak Panksepp:
La mayoría de
las formas de intencionalidad y los sentimientos emocionales más profundos no
están divididos de ningún modo obvio por la separación de los hemisferios. Solo
se ven afectadas las interpretaciones cognitivas [fenómeno de alto nivel] de
eventos concretos… La unidad de una forma de conciencia subyace en individuos
con cerebro dividido, y tal vez su sentido fundamental del yo, se afirma por el
hecho de que los hemisferios desconectados no pueden ejecutar más fácilmente
dos tareas cognitivas simultáneas que los cerebros de los individuos normales.46
El "sentido
fundamental del yo" al que se refiere Panksepp, el núcleo del yo, es
afectivo y se halla en lo más profundo: sus raíces se encuentran en un nivel
por debajo de la división hemisférica, un nivel, sin embargo, con el que cada
hemisferio cognitivamente consciente en el nivel más alto está todavía en
contacto. Los conflictos que existen son el resultado de las diferencias entre
los dos hemisferios en el procesamiento cognitivo en un nivel más alto, y en la
mayoría de los casos, solo se manifiestan cuando, en circunstancias especiales,
se tiene el cuidado de introducir material en un solo hemisferio, y de tal
manera que no tenga oportunidad de descender a nivel del yo capaz de comunicarse
por vías por debajo del cuerpo calloso. Esto ayudaría a explicar por qué los
pacientes con cerebro dividido no experimentan ninguna perturbación del sentido
del yo. Gran parte de nuestra experiencia y nuestro sentido del yo, proviene de
la parte baja del "árbol" de la conciencia, por debajo del nivel
hemisférico: la "integración" no necesita ser alcanzada. Todo lo que
el cuerpo calloso tiene que hacer es ayudar a mantener la independencia de los
hemisferios momento a momento, no lograr la integración del yo. Esto también explica
por qué los pacientes con cerebro dividido no describen una fragmentación del
yo, sino simplemente algunas dificultades para inhibir conflictos inapropiados
en sus acciones.
Panksepp ve la
conciencia como algo que comienza en lo profundo, en la llamada materia gris
periacueductal del cerebro medio, y “migra” a través de las regiones superiores
del cerebro, especialmente las regiones cingular, temporal y frontal del
córtex.47 De modo que ve la
conciencia como algo que no es todo o nada, sino que tiene una existencia
continua, transformándose a medida que viaja hacia arriba, a través de las
ramas, a lo que él llama, por analogía con el dosel arbóreo, "el dosel
cerebral", hasta que ya en la corteza frontal se convierte en conciencia
cognitiva de nivel superior.48
Me gusta esta imagen de "dosel" cerebral porque nos recuerda
que la conciencia no es un ave, como a menudo parece estar en la literatura -
revoloteando, distante, llegando al nivel superior y posándose en el cerebro en
algún lugar de los lóbulos frontales - sino un árbol, cuyas raíces están muy
dentro de nosotros. Esto refuerza la naturaleza de la conciencia no como una
entidad, sino como un proceso.49 Si, como dijo Thomas Nagel,
la conciencia es aquello que existe, "cuando hay algo que es ser
ese organismo",50
esto identifica que la experiencia de la conciencia no es tanto una
"que-eidad", sino una "cómo-eidad" - un "lo que es cómo" - una
forma de ser que distingue a los seres vivos, y que es, cuando menos, una característica
tanto del hemisferio derecho (que queda excluido del proceso de comprensión en
la medida en que nos enfocamos en la cuestión y nos inclinamos por el análisis)
como del izquierdo (el hemisferio que se encarga de enfocar y analizar).51
La conciencia no
es lo mismo que la interiorización, aunque no puede haber interiorización sin
conciencia. Retomando la afirmación de Patricia Churchland de que es razonable
identificar lo azulado de un objeto como su disposición a dispersar las
ondas electromagnéticas preferentemente a 0.46µm,52 viéndolo así, como si
fuera desde el exterior, y excluyendo la experiencia "subjetiva" del
color azul - como si se tratara de sacar de la imagen, la interiorización de la
conciencia – requiriéndose un grado muy alto de conciencia y autoconciencia. La
polaridad entre los puntos de vista "objetivo" y
"subjetivo" es una creación de la disposición analítica del
hemisferio izquierdo. En realidad, no puede haber ni una cosa ni otra de forma
absoluta, solo una elección entre una entreidad que se reconoce a sí misma y
otra que niega su propia naturaleza. Al identificar lo azulado
únicamente con el comportamiento de las partículas electromagnéticas no se está
evitando una valorización, ni evitando la entreidad, ni evitando que la sombra
de uno se proyecte sobre la imagen. Uno está utilizando la interioridad de la
conciencia de una manera especializada para esforzarse por vaciarla tanto como
sea posible de valoraciones, del yo. El resultado paradójico es una versión
extremadamente parcial y fragmentada del color azul, que no está libre de
valoración ni es independiente de la disposición del yo hacía su objeto.
Una de las
dificultades en la práctica de la filosofía es que nos vemos obligados a poner
en el centro de nuestra atención y, por lo tanto, a hacer explícitos, procesos
que por su naturaleza no están focalizados y no se pueden hacer explícitos.
Cualquier intento de hacerlo altera de forma inmediata y radicalmente lo que
encontramos. Wittgenstein repetidamente hace la observación, que dejar de
actuar y comprometerse con el mundo para reflexionar sobre él, hace que las
cosas parezcan ajenas - sentimos que "el fenómeno se escapa de
nosotros". Por lo tanto, su empeño como filósofo es ayudarnos a manejarnos
con las cosas, a "movernos alrededor de las cosas y los acontecimientos
del mundo en lugar de tratar de delinear sus rasgos esenciales"53 -
en otras palabras, a ser participantes competentes en la vida del mundo a
medida que fluye (hemisferio derecho), y no analistas desconectados del proceso
una vez que este se detiene (hemisferio izquierdo). La cuestión de si esto
podría socavar la práctica de la filosofía es una cuestión de la que
Wittgenstein era, por supuesto, también muy consciente.
Esto tiene
profundas implicaciones para nuestros intentos de precisar lo que es la
conciencia, ya que tales intentos siempre y necesariamente conllevan altos
niveles de auto-conciencia que inducen una condición reflexiva diferente de la
conciencia tal como se entiende intuitivamente. Panksepp, quien ha escrito
sobre el tema desde el punto de vista de un neurocientífico, considera que la
conciencia es en última instancia de naturaleza afectiva, y que se basa en "procesos
motrices que generan auto-conciencia al estar estrechamente vinculados a
representaciones de la imagen corporal" - en otras palabras, somos, ante
todo, conscientes de nosotros mismos a través de estados emocionales que nos
llevan a la acción y al compromiso con el mundo como seres encarnados. El rechaza
la visión de que la conciencia surge de las representaciones
sensorio-perceptuales, según el modelo cognitivo predominante, basado en lo que
encontramos cuando dejamos de actuar en el mundo y hacemos una introspección
sobre nuestros propios procesos de pensamiento. "La conciencia", escribe, "no es simplemente un asunto
sensorial-perceptivo, una cuestión de imágenes mentales, como nos hace creer
los contenidos de nuestra mente. Está profundamente entrelazada con los
mecanismos cerebrales que promueven automáticamente la disposición a la
acción".54
Sé que no se
siente necesariamente como si el sentido del yo proviniese de los niveles más
inferiores del sistema nervioso. Pero no creo que se "sentiría"
diferente si fuera así o no lo fuera. El problema es que cuando intentamos
hacer una introspección sobre nosotros mismos, cambiamos la naturaleza de lo
que estamos observando. Nuestro compromiso activo y encarnado con el mundo es
una capacidad que tenemos. Es algo que aprendemos antes de ser conscientes de
ello, y la conciencia amenaza con alterarla, como altera todas nuestras capacidades.
De hecho, lo que se entiende como habilidad es algo intuitivo y no explícito.
No calculamos qué acciones debemos realizar para golpear con un martillo de
forma eficaz, y luego damos conscientemente instrucciones a nuestros brazos y
manos para que lo lleven a cabo en un cierto orden, con innumerables
advertencias y salvedades - "Si
el martillo se desvía demasiado a la derecha, apunta un poco más hacia la
izquierda; si esto no funciona, intente usar un poco menos de fuerza",
y así sucesivamente. Si lo hiciéramos, martillaríamos muy mal: en vez de eso,
simplemente tomamos el martillo y golpeamos. Como señala Dreyfus, un estudioso
de Heidegger que ha escrito con insistencia sobre los problemas de tratar de
“operacionalizar” nuestras capacidades, particularmente las capacidades más
complejas que requieren una experiencia considerable, solo recurrimos al
análisis explícito del proceso cuando hacemos una introspección sobre lo que
sucedió - ya sea porque algo ha salido mal, o porque somos completamente
principiantes. Los filósofos y psicólogos que defienden la opinión de que
nuestros procesos mentales son similares a los de una computadora "aún no han notado que solo nos damos cuenta
de nuestras capacidades cuando las cosas no van bien o cuando alguien que
realiza un experimento nos ha dado una tarea en la que no tenemos ninguna
experiencia o habilidad previa. Entonces, de hecho, sí que dependemos del
análisis."55
Lo que nos lleva de nuevo a la cuestión
de si "la conciencia está en el hemisferio izquierdo". Obviamente,
mucho depende de lo que se entiende por "consciente", y si la
conciencia es un continuo, será necesariamente imposible ser tajante al
respecto - de hecho, suponer que se trata de un fenómeno bien definido sería
una señal de estar descarriado. Sin embargo, la distinción más sólida que se
puede hacer, aunque este lejos de no ser problemática, es la que existe entre
la auto-conciencia y la conciencia "pura y simple". Pero, ¿qué es la
conciencia sin auto-conciencia? No
podemos saber si otras criaturas tienen conciencia de sí mismas - o,
estrictamente, conciencia en absoluto - por lo que estamos obligados a hacer
una introspección sobre nuestra propia experiencia. Sin embargo, tal
introspección es, por definición, auto-consciente, por lo que tampoco
llegaremos a saber cómo es ser consciente por esta vía. Sin embargo, se puede
distinguir entre los momentos en que uno es consciente de sí mismo como
objeto de atención y los momentos en que uno es simplemente consciente de
ser. Esto es lo más cercano que puede llegar tal distinción. Tiene la doble
ventaja de coincidir con lo que normalmente entendemos por
"auto-conciencia" en el lenguaje cotidiano; y de señalar la
anormalidad en sujetos cuya psicopatología, como en muchos trastornos de
ansiedad, especialmente en la fobia social, es la de una excesiva
auto-conciencia. Los afectados describen la incómoda sensación de estar siendo
observados, incluso de que hay un "ojo" que observa su
"yo", (en el mundo de la esquizofrenia, este proceso se vuelve
psicótico y se experimenta como una realidad; véase lámina 1). Tal
auto-conciencia tiene también el efecto paralizante de entorpecer y volver
artificiales las habilidades sociales ordinarias que deben permanecer
intuitivas e inconscientes para ser eficaces; por eso, uno de los aspectos de tal
auto-conciencia es el de arrastrar
hacia el centro de la conciencia, lo que debería permanecer fuera de ella.
Lamina 1. Los sujetos psicóticos
experimentan un ojo que todo lo observa y que existe en el mismo nivel que los
objetos que se observan. Álbum de flores victoriano en el archivo del Hospital
Real de Bethlem (por Barbara Honywood) muy anterior al modernismo al que parece
anunciar.
La mayoría, si no
todas, de las "funciones" mediadas por el hemisferio derecho caen en
esta categoría de lo que tiene que permanecer fuera del foco de la conciencia -
implícito, intuitivo, inadvertido. De modo que la auto-conciencia, al
menos, parece surgir cuando el hemisferio izquierdo se dedica a inspeccionar la
vida del hemisferio derecho. En cuanto a las actividades del hemisferio derecho
en sí, somos conscientes la mayor parte del tiempo mientras las llevamos a
cabo, pero no estamos enfocados en ellas, y por lo tanto, no somos conscientes de
ellas - la atención está en otra parte (puede ir y venir, dependiendo de lo
que esté sucediendo).56 Muchas rutinas sobreaprendidas, como
conducir por una ruta habitual, son así. En el momento en que lo estamos
haciendo, no nos damos cuenta de que lo estamos llevando a cabo, pero lo
seríamos de inmediato si algo atrajera nuestra atención - o si cometiéramos un
error.57 Muchos comportamientos rutinarios y sobreaprendidos deben
involucrar al hemisferio izquierdo. Así que claramente, no todo lo que hay en
el hemisferio izquierdo puede estar - o podría haber estado - en el foco de
atención. Por una parte, ese enfoque es muy limitado; y, por otra, muy poco del
hemisferio izquierdo puede estar cerca de la parte superior del dosel cerebral,
donde está la conciencia principalmente.
La idea de que la
auto-conciencia, en el sentido de ser conscientes de nosotros mismos haciendo o
siendo algo, corresponde al hemisferio izquierdo examinando al derecho, está
respaldada por varias observaciones. Como hemos visto, el "foco" de
atención, es una función del hemisferio izquierdo. Las víctimas de la
auto-conciencia son las habilidades sociales o empáticas basadas en el
hemisferio derecho. Y los sujetos esquizofrénicos, cuya psicopatología depende
de una hiperconsciencia reflexiva, y que a menudo representan en sus pinturas
como un ojo distante observando, muestran una hipofunción relativa del hemisferio
derecho en relación con el izquierdo. (véase lámina 2).
Lamina 2. En este notable cuadro de David Chick, de
una experiencia psicótica, el sujeto andrógino existe en el plano del papel, al
igual que el ojo que todo lo observa, a pesar del énfasis que se pone en la
perspectiva (extraído también del archivo de Bethlem)
Más
específicamente, la idea de que las cosas llegan a la existencia a través de un
proceso apofático, también arroja luz, creo, sobre el problema del yo, y ayuda
a confirmar esta visión. Hume investigó introspectivamente y no encontró ningún
signo del yo, solo una serie de impresiones sensoriales. Fichte pensaba que eso
era algo bastante natural. Él creía que el yo no surgía en la cognición: cuanto
más absorto estabas en el proceso de atender, menos consciente estas de ti
mismo como receptor. Es solo cuando hay algún tipo de resistencia cuando uno se
da cuenta del propio yo, "no como
un objeto sino como aquello a lo que se le opone algún tipo de realidad
recalcitrante".58 Esto es como si las cosas estuvieran,
en términos de Heidegger, vorhanden,
separadas de nosotros, y nosotros nos sintiéramos separados de ellas. En
términos de Merleau-Ponty, tiene que ver con el plano de enfoque: si el
"yo" es transparente u opaco. Yo me hago realidad como ser, a través
de la experiencia de la resistencia, como un lago está delimitado por la orilla,
que es la que lo hace ser un lago. Estas asociaciones con la opacidad, y Vorhandenheit, sugieren nuevamente que
el yo auto-consciente emerge solo cuando el foco de atención del hemisferio
izquierdo se aplica al mundo del hemisferio derecho.
¿Qué ocurre con
aquellos que han sufrido un ictus en el hemisferio izquierdo? Claramente siguen
siendo conscientes. El grado en que siguen siendo auto-conscientes es
más difícil evaluar debido a la dificultad que tienen de informar sobre ello de
forma articulada. Sin embargo, no es imposible imaginar formas de evitar este
problema, aunque no estoy al tanto de investigaciones que aborden este punto.
Me sorprendería que la auto-conciencia faltara por completo, y puede ser que,
si el árbol no puede alcanzar el dosel del bosque por un lado de la valla,
presione hacia arriba por el otro lado en un intento de alcanzarlo, con
resultados posiblemente paradójicos para aquellos que han tenido accidentes
cerebrovasculares en el hemisferio izquierdo que pueden ser más, en lugar de
menos, auto-conscientes, debido al efecto perjudicial de tener el foco de
atención en el mismo hemisferio que todas aquellas cosas que por su naturaleza
necesitan alejarse de ello; al igual que las personas con daño cerebral en el
hemisferio izquierdo durante la infancia, desarrollan peores habilidades en el
hemisferio derecho debido a la presencia en el mismo hemisferio del lenguaje,
con su mirada de Gorgona.
La visión de la
conciencia de Panksepp como un proceso que comienza en el cerebro medio y migra
hacia arriba también sugiere un posible enfoque del llamado problema
vinculante, que se refiere a la dificultad de saber cómo los diversos elementos
modulares de la función cerebral se unen en la experiencia del yo - ¿en qué
parte del cerebro o en qué lugar del mismo llegan a unificarse los diversos
módulos identificados por la psicología cognitiva?
Una de las respuestas es epistemológica: se trata en
gran parte de un problema creado por el modelo de mente que hemos apoyado.
Derivado inevitablemente de los mecanismos autoconscientes y autorreflexivos
del hemisferio izquierdo, nuestro examen de nosotros mismos identifica las
partes de una totalidad viviente, y luego se pregunta cómo se pueden unir
dichas partes (el problema del monstruo de Frankenstein). Pero la visión de Panksepp
da una respuesta neurológica a este problema: lo que parecen "módulos” se entienden
mejor como ramas de un árbol - salvo que, en este árbol, tupidos líquenes, el musgo español, también cuelgan
entre las ramas.
Ramachandran describe experimentos que,
contradicen
rotundamente la teoría de que el cerebro esté formado por una serie de módulos
autónomos que actúan como una brigada de voluntarios. La idea, popularizada por
investigadores de la inteligencia artificial, de que el cerebro se comporta como
una computadora, en el que cada módulo realiza un trabajo altamente
especializado y envía su resultado al siguiente módulo, algo que se cree
ampliamente... Pero mis experimentos…me han enseñado que así no es cómo
funciona el cerebro. Sus conexiones son extraordinariamente lábiles y
dinámicas. Las percepciones emergen como resultado de las reverberaciones de
las señales entre los diferentes niveles de la jerarquía sensorial, incluso
entre los diferentes sentidos.59
La experiencia no es un simple cosido, en
el nivel superior, del "mosaico" de funciones de Gazzaniga. La
experiencia ya es coherente en su totalidad en niveles muy bajos del cerebro, y
lo que hacen los niveles más altos no es juntar los trozos (al estilo del
hemisferio izquierdo) sino permitir el crecimiento de una totalidad unificada
(al estilo del hemisferio derecho). Se sabe que existen bucles
cortico-subcorticales altamente complejos y que están profundamente
interconectados involucrando a los ganglios basales, núcleos situados en las profundidades
del cerebro, muy por debajo del cuerpo calloso, y que, a medida que entendemos
más sobre ellos, nos damos cuenta de que participan de manera creciente, no
solo en la coordinación motora, como solíamos pensar, sino tanto en la
segregación como en la integración de las funciones motrices, afectivas y
cognitivas. Estos "bucles" son la base de aspectos emocionalmente
cargados y sutiles de la experiencia. Aunque los elementos cognitivos, motores
y afectivos están cuidadosamente segregados, incluso dentro de los núcleos
subtalámicos - centros de transmisión minúsculos (de entre solo 5-15 mm de
diámetro) - también están con igual cuidado interconectados (incluso a este
nivel tan bajo hay división dentro de la unión). Los procesos resultantes
son aprendidos, pero se han vuelto sin embargo automáticos, y ya no están bajo
control consciente. Pacientes con afecciones como la enfermedad de Parkinson
pueden actualmente tratarse mediante un procedimiento conocido como
estimulación cerebral profunda, que consiste en implantar quirúrgicamente
electrodos en los núcleos subtalámicos y estimularlos durante breves períodos
(un procedimiento indoloro que se lleva a cabo y, de hecho, debe realizarse,
con el paciente totalmente consciente). El profesor Yves Agid y su equipo en la
Pitié-Salpêtrière en París encontraron que una ligera variación en la posición
del electrodo, hacía que el paciente pasara de un estado parkinsoniano
impasible, inmóvil y "apagado" a otro de depresión severa. En las
grabaciones de video se puede ver al paciente haciendo muecas, sosteniendo su
cabeza con las manos y expresando sentimientos de tristeza, culpa, inutilidad y
desesperanza: "Me estoy derrumbando en mi mente, ya no quiero vivir, ni
ver nada, ni escuchar nada, ni sentir nada…" Cuando le preguntaron por qué lloraba y si
sentía dolor, respondió: "No,
estoy harto de la vida, ya he tenido suficiente... No quiero vivir más, estoy
asqueado de la vida …. Todo es inútil... sin valor: tengo miedo de este
mundo". Cuando se le
preguntó por qué estaba triste, respondió: "Estoy cansado. Quiero esconderme en un rincón...Estoy llorando por mí
mismo, por supuesto... No tengo remedio, ¿por qué le estoy molestando...?" Menos de 90 segundos después de la interrupción
de la estimulación, la depresión desapareció. Durante los siguientes cinco
minutos, se encontraba en un estado levemente hipomaníaco, riendo y bromeando
con el investigador, tirando juguetonamente de su corbata. Y al mover la sonda
mínimamente, se volvió francamente hipomaníaco, pareciendo no solo alegre, sino
que estaba "en el cielo" e inquietamente activo - todo ello en
cuestión de minutos o segundos.60
La experiencia estaba ya completamente
"fusionada" o unificada por su reclutamiento automático de los
aspectos cognitivos, emocionales y motores del ser, y se experimenta en el
nivel fenomenológico más alto como un fenómeno integrado, con
pensamientos sobre la inutilidad de seguir viviendo, sentimientos de profunda
tristeza y gestos de desesperación, que ya estaban coherentemente constituidos
(y "listos para salir") en este nivel bajo del árbol de la
conciencia. No es que al desplazar el electrodo se produjera una experiencia
incoherente, tales como las restricciones motoras de la enfermedad de
Parkinson, con cogniciones de manía y afecto propias de la depresión, fragmentos
sin relación que tendrían que esperar a los niveles más altos de la función
cortical para su integración. La totalidad de la experiencia, completamente
coherente en todos los ámbitos, y que nos afecta tanto en niveles más
conscientes como en los inconscientes, ya está presente muy por debajo de la
conciencia.
NIVEL TRES
Recapitulando. Más de una voluntad
(y, con mayor motivo, más de un conjunto de metas o valores) no
significan más de una conciencia: de modo que, con una conciencia podemos albergar
más de una voluntad, las cuales son expresión de más de un objetivo. Entre los
capítulos del dos al cuatro, propuse que los dos hemisferios, como dos vastos
sistemas neurológicos coherentes, son cada uno capaces de sostener la
conciencia por sí mismos, tienen diferentes preocupaciones, objetivos y
valores, y por lo tanto es probable que se expresen en diferentes voluntades; y
en este capítulo he presentado pruebas que sugieren que un conflicto de
voluntades puede ser exactamente lo que nos encontremos. En el Capítulo cinco,
mostré que por una serie de motivos tanto filosóficos como neuropsicológicos,
el hemisferio derecho tiene primacía, y que, aunque el hemisferio izquierdo
tiene un papel valioso, sus resultados deben devolverse al reino del hemisferio
derecho y, una vez más, ser integrados en una nueva totalidad, mayor que la suma
de sus partes. Anteriormente en este capítulo, mostré que, en el primer nivel,
en el de los milisegundos, el hecho más obvio sobre la relación entre los
hemisferios es que dependen de la separación y la inhibición mutua, lo cual es
coherente con la visión de la relación entre los mundos fenomenológico de los
dos hemisferios, según la cual cada uno debe, por diferentes motivos,
permanecer ignorante del otro. En el
segundo nivel, el de su interacción más global a lo largo de periodos de tiempo
más largos que forman la base de la experiencia consciente, la evidencia es que
la relación no es simétrica ni recíproca, llevando la ventaja el hemisferio
izquierdo. Por tanto, existe un conflicto de asimetrías.
Asimetría ontológica
A favor del
hemisferio derecho existe lo que podría llamarse asimetría ontológica
(la primacía de la interacción del hemisferio derecho con lo que sea que
existe). El hemisferio derecho es el mediador primario de la experiencia, del
que se deriva el mundo conceptualizado y re-presentado del hemisferio
izquierdo, y del que depende. Puesto que, como dice Blake, “La Razón es el límite o circunferencia
exterior de la Energía" (siendo la energía algo así como el Drang de Scheler), que, tal como él lo
expresa, "es la única Vida, y
proviene del Cuerpo", el hemisferio izquierdo no tiene vida en sí
mismo, sino que la vida que parece tener proviene de su reconexión con el
cuerpo, la emoción y la experiencia a través del hemisferio derecho. Es esta
primacía de la interacción (mediada por el hemisferio derecho) con el mundo
vivido más allá de nosotros mismos, sobre nuestra re-presentación del mismo
(mediada por el hemisferio izquierdo) lo que subyace a la inversión que hace Goethe de la declaración de San Juan: "En el principio fue la Palabra [logos], y "que
en boca de Fausto se convierte en: "Im Anfang war die Tat!" (En el principio fue el Acto).61
Asimetría de función
También a favor del hemisferio derecho hay una asimetría de la función,
que se deriva de la primera asimetría. En el funcionamiento conjunto de los dos
hemisferios, los resultados del hemisferio izquierdo necesitan ser
devueltos al ámbito del hemisferio derecho para que cobren vida. Si bien la
experiencia se enriquece con el proceso opuesto, por el que los resultados del
hemisferio derecho se envían al hemisferio izquierdo para
"desempaquetarlos", no hay necesidad para ese proceso. Un proceso es
literalmente vital: el otro no.
Estas dos asimetrías indican dónde debería estar, y de hecho necesita
estar, el equilibrio de poder interhemisférico: en el hemisferio derecho. Pero
no es así. Hay otras tres asimetrías que significan que, de hecho, el
equilibrio de poder está condenado a estar peligrosamente sesgado hacia el
hemisferio menor, el izquierdo. Se trata de una "asimetría de los medios",
una "asimetría de la estructura" y una "asimetría en la
interacción".
Asimetría de medios
El punto de vista del hemisferio izquierdo domina inevitablemente, porque
es el más accesible: el más cercano al intelecto auto-consciente y
auto-reflexivo. La experiencia consciente está en el centro de nuestra
atención, por lo que suele estar dominada por el hemisferio izquierdo. Se
beneficia de una asimetría de medios. Los medios de argumentación - las
tres eles: lenguaje, lógica y linealidad - están, en última instancia bajo el
control del hemisferio izquierdo, de modo que las cartas están considerablemente
apiladas a favor de que nuestro discurso consciente haga valer la visión del
mundo re-presentada por el hemisferio desde el que se habla, el hemisferio
izquierdo, en lugar del mundo que está presente en el hemisferio derecho. Su
punto de vista siempre es fácilmente defendible, porque es analítico; la
dificultad reside en aquellos que son conscientes de que esto no agota las
posibilidades y tienen sin embargo que utilizar los métodos analíticos para
trascender el análisis. También es más fácil de expresar, debido a que el
lenguaje se encuentra en el hemisferio izquierdo: el que tiene voz. Pero la ley
de no-contradicción, y de la exclusión del término medio, que deben regir en el
hemisferio izquierdo por la forma en que este interpreta la naturaleza del mundo,
no son válidas en el hemisferio derecho, que interpreta al mundo como algo
inherente, dando lugar a lo que el hemisferio izquierdo llama paradoja y
ambigüedad. Esto es muy parecido al problema de la interpretación analítica
frente a la holística de lo que es una metáfora: para un hemisferio, es una
mentira quizás hermosa, pero en última instancia irrelevante; para el otro es
el único camino hacia la verdad.
Pero incluso este
hecho, por significativo que sea, no transmite la verdadera escala de la distinción,
que se refiere no solo a diferencias funcionales en un momento dado, sino a lo
que ocurre durante períodos mucho más largos en el cerebro humano normal. El
hemisferio izquierdo construye sistemas, donde el derecho no lo hace. Por lo
tanto, le permite elaborar su propio funcionamiento a lo largo del tiempo y
convertirlo en un pensamiento sistemático que le da permanencia y solidez, y
que creo que incluso ya se ha instanciado en el mundo exterior que nos rodea,
lo que inevitablemente le da una enorme ventaja. (Ver Capítulo 12). Y hay algo
muy sugerente en el hecho de que el predominio del hemisferio izquierdo pueda
ser el resultado de que exista - ¿posiblemente de que se haya producido? - un déficit
en el hemisferio derecho.
Veamos primero las
formas en que los dos hemisferios tratan de conocer, de hacerse una idea del
mundo. Usando la conocida terminología del procesamiento de información, el
hemisferio izquierdo favorece el “procesamiento" secuencial y analítico,
mientras que el hemisferio derecho favorece el "procesamiento" en
paralelo de diferentes corrientes de "información" simultáneamente.
Esto es lo que he expresado, como la forma en que el hemisferio izquierdo
construye una imagen, de forma lenta pero segura, pieza a pieza, ladrillo a
ladrillo. Una cosa se establece como (aparentemente) cierta; que sirve de base
para agregar el siguiente pequeño trozo de certeza (aparente). Y así
sucesivamente. Mientras tanto, el hemisferio derecho, trata de asimilar todos
los diversos aspectos de lo que aborda a la vez. Ninguna parte en sí misma
precede a ninguna otra: corresponde más bien a la manera en que se enfoca una
imagen - hay un momento "aja" en el que la totalidad aparece
repentinamente y cobra vida ante nosotros. Para ello, en cambio, el
conocimiento llega a través de una relación, una entreidad, un proceso
reverberante de ida y vuelta entre él mismo y lo Otro, y por lo tanto nunca
está terminado, nunca es seguro.
En este sentido,
el hemisferio derecho tiene una gran desventaja. Si este conocimiento va a ser
transmitido a otra persona, es de hecho esencial poder ofrecer ciertas certezas
(aparentes): poder repetir el proceso para la otra persona, construirlo a
partir de sus fragmentos. Así que este tipo de conocimiento puede ser
transmitido, porque no es "mi" conocimiento. Es conocimiento (Wissenschaft), no el saber (Erkenntnis). Por el contrario,
transmitir lo que el hemisferio derecho sabe requiere que la otra parte ya
tenga un entendimiento previo de ello, que se pueda despertar en él; si no
tiene tal conocimiento, será fácilmente seducido a pensar que el tipo de
conocimiento del hemisferio izquierdo es una alternativa.
El "procesamiento" analítico secuencial
también convierte al hemisferio izquierdo en el hemisferio por excelencia
del discurso secuencial, y eso le da la ventaja extraordinaria de ser
escuchado. Es como ser el Berlusconi del
cerebro, un peso pesado de la política que tiene el control de los medios de
comunicación. El discurso es también posible desde el hemisferio derecho, pero
suele ser muy limitado. Hemos visto que aunque el pensamiento se origina
probablemente en el hemisferio derecho, es el hemisferio izquierdo el que tiene
la mayor parte de la sintaxis y la mayor parte del léxico, lo que lo convierte
en el controlador de la "palabra" en general. Que, junto con su
preferencia por la clasificación, el análisis y el pensamiento secuencial, lo
hace muy poderoso para construir una argumentación. Por el contrario, al
hemisferio derecho le resulta difícil hacerse oír: lo que sabe es demasiado
complejo, no tiene la ventaja de haber sido cortado en pedazos que se puedan
encadenar de forma ordenada, y de todos modos, no tiene voz.
Asimetría de estructura
Y luego hay una asimetría de estructura. Hay una asimetría inherente
a la construcción de este sistema, en concreto, la dificultad de escapar de un
sistema cerrado en sí mismo. El propio sistema cierra cualquier posible
mecanismo de escape. La existencia de un sistema de pensamiento dependiente del
lenguaje devalúa automáticamente todo lo que no puede ser expresado en el
lenguaje; el proceso de razonamiento descarta todo lo que no puede ser
alcanzado por el razonamiento. En la vida cotidiana podemos estar dispuestos a
aceptar la existencia de una realidad más allá del lenguaje o de la
racionalidad, pero lo hacemos porque nuestra mente en su conjunto puede intuir
que algunos aspectos de nuestra experiencia se encuentran más allá de
cualquiera de estos sistemas cerrados. Pero, en sus propios términos, no
hay forma de que el lenguaje pueda salir del mundo creado por el mismo - salvo
permitiendo que el lenguaje vaya más allá de sí mismo como en la poesía; al
igual que en sus propios términos, la racionalidad no puede salir de lo
racional para tomar conciencia de la necesidad de que haya algo más, de algo
distinto de sí misma, que sustente su existencia - excepto si sigue una lógica
gódeliana hasta su conclusión. El lenguaje en sí mismo solo puede
referirse a sí mismo (hasta este punto, la posición posmoderna es correcta), y
la razón solo puede elaborar, "desempaquetar" las premisas desde las
que parte. Pero no puede haber ninguna evidencia desde dentro de la razón que
dé las premisas desde las que debe partir la razón, o que valide el proceso de
razonamiento en sí mismo - esas premisas y el salto de fe a favor de la razón,
tienen que venir desde más atrás y más allá, desde la intuición o la
experiencia.62
Una vez que el sistema se ha instalado, funciona como
una sala de espejos en la que estamos aprisionados por sus reflejos. Los saltos
de fe desde ese momento, están estrictamente fuera de los límites. Sin embargo,
solo con aquello que pueda "saltar" más allá del mundo del lenguaje y
de la razón es lo que puede sacarnos del aprisionamiento de la sala de los
espejos y reconectarnos con el mundo viviente. Y la evidencia es que esa
renuencia para permitir esta salida no es solo un proceso pasivo, una
característica "involuntaria" del sistema, sino una que parece ser querida
por el hemisferio izquierdo. La historia de los últimos cien años en
particular, como trataré de transmitir en la segunda parte, contiene muchos
ejemplos de ataques intempestivos del hemisferio izquierdo contra la
naturaleza, el arte, la religión y el cuerpo, las principales vías de acceso
hacia algo más allá de su alcance. En otras palabras, su comportamiento parece
sospechosamente tiránico - el emisario del Maestro convertido en un tirano.
El hemisferio izquierdo, con su construcción de un
sistema racional, hace posible la voluntad para la acción; cree que es el que
hace que las cosas sucedan, incluso que las cosas vivan. Pero nada en nosotros,
activa o positivamente, hace que las cosas vivan - todo lo que podemos hacer es
permitir, o no permitir, la vida ya existente. Sigue pareciendo difícil de entender
cómo un conjunto de relaciones que están basadas en que están en negación,
su poder de decir "no", o de no decir "no", coincidiendo con
Scheler (y, para el caso con Heidegger) - pueden resultar vivas y creativas. Parece
obvio para el hemisferio izquierdo, que es lo que tenemos para
"pensar" (la razón), y que permanece ignorante de lo que el
hemisferio derecho sabe, que la creación debe ser el resultado de algo positivo
que él hace. Hace cosas, y
como hace que las cosas sucedan,
piensa que les da vida. En esto es como un gato que empuja a un ratón muerto
por el suelo para verlo moverse. Pero no tenemos el poder de hacer que las
cosas vivan: como el gato, sólo podemos permitir la vida, o no permitirla.
Sin embargo, esta idea no es tan extraña - ni tan
inusual en la historia de la filosofía, como puede parecer. El acto de creación
puede ser un acto de invención, no en el sentido moderno de la palabra, sino en
su sentido más antiguo: el de descubrimiento, de encontrar algo que estaba ahí,
pero que requería liberarse para ser. La palabra invención significaba
antiguamente descubrimiento (del latín invenire, encontrar), y fue
solo desde el siglo XVII que la palabra ha pasado a tener el sentido grandioso
de algo creado por nosotros, en lugar de algo que descubrimos. "Des-cubrir",
ha incorporado en la misma palabra el acto de negación, de decir "no"
a algo que se oculta. Spinoza fue el primero en afirmar que omnis determinatio
est negatio: "toda
determinación de algo [en el sentido de enfocar algo con mayor nitidez] es negación". Y Hegel, que en esto,
como tantas veces, está en la vanguardia de la filosofía moderna, enfatizó la
importancia creativa de la negación. Aunque la idea es ya familiar para la
ciencia convencional. Los criterios popperianos para la verdad incorporan la
noción de que nunca podemos demostrar que algo sea correcto; todo lo que
podemos hacer es demostrar que las alternativas son incorrectas.
La sensación que tenemos de que la experiencia está
sucediendo - que incluso si no hacemos nada y solo nos quedamos sentados
mirando, el tiempo sigue pasando, nuestros cuerpos siguen cambiando, nuestros
sentidos recogiendo imágenes, sonidos, olores y sensaciones táctiles, y así
sucesivamente - esto es una expresión del hecho de que la vida viene a
nosotros. Todo lo que sea que exista ahí fuera, aparte de nosotros, entra en
contacto con nosotros igual que el agua que corre en un determinado entorno. El
agua se precipita y el entorno le opone resistencia. Esto se puede ver como un
río buscando incansablemente su camino a través de dicho entorno, aunque en
realidad no se produce ninguna actividad, en el sentido de que no hay ninguna
voluntad involucrada. Se puede ver el entorno bloqueando el camino del agua, de
modo que tenga que girar en otro sentido, pero nuevamente, el agua solo se
precipita en la forma en que el agua tiene que hacerlo, y el entorno se resiste
en su camino, tal como debe hacerlo. El resultado de esa agua sin forma y de la
forma de ese entorno es un rio.
El río no solo atraviesa el entorno, sino que se adentra
en él y lo cambia también, como si el entorno hubiera "cambiado" y,
sin embargo, no hubiera cambiado el agua. El entorno no puede crear el río. No
trata de formar un río. Ni siquiera dice "sí" al río. Simplemente se
limita a decir, "no" al agua, o a no decir, "no" al agua y,
al no decir "no" al agua, dondequiera que lo haga, permite que el río
se haga realidad. El río no existe antes de este encuentro. Sólo el agua existe
antes del encuentro, y el río llega a existir en el proceso de encontrarse con
el entorno, con su capacidad para decir 'no' o no decir 'no'. De manera
similar, existe "lo que sea que existe aparte de nosotros mismos",
pero "lo que sea que existe" solo llega a ser lo que es en la medida
en que se desvela en el encuentro con nosotros mismos lo que es, y nosotros
solo nos desvelamos y nos convertimos en lo que somos, en nuestro encuentro con
"lo que sea que exista".
Pero surge un problema relacionado con el tiempo. En toda descripción, la
cual es al fin y al cabo, una re-presentación, existe el problema de que
empieza a partir de algo ya conocido. A continuación, construye sobre lo conocido
con algo más que también es conocido. Estas pueden ser palabras o imágenes
mentales (como fotografías, lo que los franceses llaman clichés - fijas,
fragmentadas, bidimensionales). Así es como llegamos a la ilusión de que algo
ha sido creado por el hecho de haberlo reunido. Todo lenguaje es inevitablemente
así: sustituye la ambigüedad e incertidumbre que se experimenta en el encuentro
inicial con algo en proceso de formación, con una secuencia de piezas de
información aparentemente fijas y determinadas. La información es, por
definición, algo fijo, un montón de datos, por así decirlo. Y todo lo que la
mente consciente puede hacer cuando tiene un montón de piezas es reunirlas para
intentar hacer algo. Sin embargo, esto no es más que una forma de restablecer la
experiencia de que los seres vivos se crean cosiéndoles sus miembros. Por lo
tanto, la aparente secuencia de cosas en las que unas se causan a otras en el
tiempo es un artefacto de la forma de ver el mundo del hemisferio izquierdo. En
el proceso de creación no estamos ensamblando activamente algo que ya
conocemos, sino encontrando algo que está llegando a ser a través de nuestro
conocimiento, al mismo tiempo que nuestro conocimiento depende de eso que está
llegando a ser cobre existencia; como declara Pushkin sobre Evgueni Onegin,
en medio de la propia obra, que él no sabía a dónde estaba yendo, era un camino
inacabado, un viaje, una exploración, de lo que fuera que estaba surgiendo entre
él mismo y el mundo de lo imaginado.
Asimetría en la interacción
Por último, existe una asimetría de interacción. Me parece que la
forma general en que se relacionan los hemisferios ha cambiado de manera crítica,
pasando de una forma que podría llamarse de equilibrio dinámico estable a una
de desequilibrio. Cuando operan juntas dos entidades necesarias, pero opuestas
entre sí, un desequilibrio a favor de una puede ser, y a menudo será, corregido
por un cambio a favor de la otra - una oscilación del péndulo. Pero dicha
retroalimentación negativa puede convertirse en retroalimentación positiva, y
en el hemisferio izquierdo hay una tendencia inherente a ello.63 Volviendo
a la imagen del péndulo, sería como si una violenta oscilación del péndulo
desplazara todo el reloj, que entonces se desequilibraría en exceso y se
volcaría. Creo que hemos entrado en una fase en nuestra historia cultural en la
que la retroalimentación negativa por los resultados de acciones de cada hemisferio
ha dado paso a una retroalimentación positiva a favor del hemisferio izquierdo.
A pesar de la primacía del hemisferio derecho, es el hemisferio izquierdo el
que tiene todos los ases en la mano y, desde este punto de vista, parece que va
a ganar la partida. Ese es el tema de la Parte II.
¿Qué luz aporta Heidegger sobre la interacción de los
hemisferios? Según Heidegger, los aspectos de nuestro ser que antiguamente se denominaban
como lo apolíneo, más racionalista y lo dionisíaco, más intuitivo se han
desequilibrado enormemente. Nietzsche afirmaba que la constante oposición entre
estas dos tendencias tan diferentes conducía a una fructífera estimulación a
mayores y más elevados niveles de vida y creatividad (lo que concuerda con la
evidencia de la relación entre los dos hemisferios en su mejor momento). La
guerra, como decía Heráclito, es el padre de todas las cosas. Pero la guerra
entre estas tendencias se ha convertido, según Heidegger, ya no en creativa
sino meramente destructiva. Nos ha “dotado
de forma preeminente con una capacidad de captar y delimitar": lo apolíneo ha triunfado a expensas de
lo dionisíaco. Estamos atrapados, a su juicio, en un frenesí de "formación de proyectos, enclaves, marcos,
divisiones, y estructuraciones",
destruyéndonos a nosotros mismos y a nuestro entorno, convirtiéndolo todo en
"recursos", en algo para ser meramente explotado, como dijo una vez gráficamente,
la Naturaleza convertida en "una
gigantesca estación de servicio".64 Esto es lo contrario
del problema al que se enfrentaron los griegos, para quienes la balanza se
inclinaba más hacia lo dionisíaco, y que por lo tanto se esforzaban, y necesitaban
esforzarse, hacia lo apolíneo.
Sin embargo, desde la propia filosofía de Heidegger surgen motivos para
suponer que la situación no es irremediable. Cita con acierto los versos de Hölderlin:
"Wo aber Gefahr ist, wächst / Das Rettende auch (“allí donde hay
peligro, lo que nos salvará también crece"). La forma en que entiendo esto
en relación al cerebro es la siguiente.
En el primer nivel, nos indica algo sobre la
interrelación constante y relativamente estable de los hemisferios en su máxima
expresión. En cierto modo, es el argumento de Nietzsche sobre la relación
fructífera de lo apolíneo y lo dionisíaco. Dentro del ámbito del hemisferio
izquierdo ("donde hay peligro") también existe la posibilidad de un
"despliegue" de lo que está implícito, que, si se devuelve al
hemisferio derecho, conducirá a que surja algo más grande y mejor ("lo que
nos salvará"). Esto suena muy abstracto, pero creo que se puede aclarar
con un ejemplo. Si aplicamos a una obra de arte, por ejemplo, o incluso al
cuerpo humano, una atención analítica y desvinculada, perdemos el sentido de la
cosa en sí misma, y su ser en toda su integridad y alteridad se desvanece. Pero
el resultado de tal forma de atención, siempre y cuando luego se renuncie a
ella, de modo que volvamos a estar en un estado de apertura y receptividad
ante la cosa en sí misma, puede dar como resultado una "presencia"
más profunda y rica. Terminado el trabajo del hemisferio izquierdo, dicho
objeto "retorna" al hemisferio derecho positivamente enriquecido. Las
mejores críticas de obras de arte producen precisamente este resultado, y el
estudio de la medicina en relación con el cuerpo humano, en su mejor momento
también lo alcanzó. De nuevo, está la analogía con el análisis inevitable que
realiza el pianista para aprender una pieza, un análisis que debe olvidar
durante la interpretación. El "peligro" inherente en el proceso, es
la potencial arrogancia del hemisferio izquierdo, que pueda no permitir el
retorno: pudiendo llegar a considerarse a sí mismo como todo en todo.
El hemisferio
izquierdo puede desempeñar un papel vital e irremplazable solo si se le
devuelve al lugar que le corresponde y se deja reasumir por el hemisferio
derecho. El hemisferio izquierdo es una parte crucial del proceso creativo - el
despliegue del potencial. El devenir es un potencial, y para que el Ser emerja
del Devenir, necesita "colapsar" en el presente, como la función de
onda "colapsa" bajo nuestra observación, y el gato de Schrödinger
pasa a estar vivo o muerto - en los términos en los que existimos. Pero, sin
embargo, necesita devolver su trabajo al hemisferio derecho. Solo a partir de
la unidad de la división y la unión surge una nueva unidad: así, la unidad se
fusiona con su opuesto y sin embargo se vuelve más ella misma. (No es cierto, por
el contrario, que a partir de la unidad de la división y de la unión surja
una nueva división, ni tampoco es cierto que de la división de la
unidad y la división produzca una nueva división: permaneciendo divididos, no
surge nada nuevo en absoluto.)
En el segundo nivel, se revela algo sobre el peligro
particular que entraña la concepción actual del mundo, en la que los
hemisferios están, en mi opinión, desequilibrados. Según Heidegger, una parte
inevitable de la existencia está en un estadio de caída, que llamó Verfallen. Pero él creía que, en cierto sentido,
esto también tiene su lado positivo, ya que la existencia misma de Verfallen incita a nuestro Dasein a tomar conciencia de la pérdida
del verdadero ser, y a esforzarse más hacia lo que es verdadero. Este proceso
es inevitablemente un proceso de ciclos o alternancias de dirección. La
sensación de anhelar y de luchar por algo más allá, algo que de otro modo no
podríamos alcanzar, es una idea a la que volveré en la Parte II, donde
consideraré la influencia del cerebro dividido en la cultura Occidental. En el
desarrollo de la historia que expongo ahí, el hemisferio izquierdo llega a ser
más y más poderoso: al mismo tiempo que crecen los problemas.
CODA: CAMINANDO SONÁMBULOS
HACIA EL ABISMO
Desde que tuvo
veinte años y hasta su muerte, en el año 1832, a la edad de ochenta y dos años,
Goethe estuvo obsesionado con la leyenda de Fausto, y trabajó toda su vida, en
lo que se convertiría en su obra maestra definitiva, el extenso poema dramático
Fausto. La leyenda de Fausto, un médico erudito que, frustrado por los
límites de su conocimiento y poder, hace un pacto con el diablo a fin de extenderlos
sin ningún límite mientras esté vivo, a cambio de entregarle su alma inmortal,
yace profundamente en la psique alemana, y las versiones de dicha historia se
remontan a la Edad Media. El mito es claramente una advertencia contra la soberbia.
En la versión de Goethe del relato, Fausto era en esencia un buen hombre, que
había hecho mucho por los demás gracias a su capacidad como médico, antes de
que su ansia de poder y conocimiento lo lleven a hacer numerosas acciones
destructivas. Sin embargo, finalmente Fausto se da cuenta de que hay unos límites
a lo que nuestra condición humana puede entender y lograr, y retorna, a través
de su dolor y remordimiento, a la conciencia del bien que su conocimiento puede
aportar a los demás: su momento final de felicidad, el propósito de su trato
con Mefistófeles, le llega a través de su comprensión de lo que puede hacer por
la humanidad, no para sí mismo. Al final de la obra, Dios, y no el diablo, se
lleva su alma; y al hacerlo, reconoce el valor verdaderamente grande del
esfuerzo incesante de Fausto. En esta versión del mito, a mi parecer, el deseo
del hemisferio derecho de comprender algo que está más allá y los medios del
hemisferio izquierdo para ayudar a conseguirlo - el Maestro y su emisario
trabajando en colaboración - son finalmente redimidos y redentores.65 Aunque más explícitamente, Goethe escribió en
su madurez otro poema, Der Zauberlehrling, (El aprendiz de Brujo),
cuya historia será familiar para la mayoría de las personas por la película, Fantasía de Disney, en la que el brujo
regresa – a quien Goethe se refiere como, der alte Meister, el viejo
maestro – y no está enojado con el insensato aprendiz que pensaba que podía
hacer por sí mismo lo que hacía su maestro, sino que se limita a pedirle que
entienda que solo él, el Maestro, puede conjurar los espíritus de manera
segura. Si el hemisferio izquierdo es impulsivo y competitivo, el hemisferio
derecho no lo es: tiene una apreciación precisa de lo que su compañero puede
ofrecer.
Pero en cualquiera de los dos relatos, la de Fausto o la del aprendiz de
brujo - hay una conciencia salvadora de que las cosas han ido terriblemente
mal. Y en el relato que estoy contando aquí, el hemisferio izquierdo actúa como
el aprendiz de brujo que ignora despreocupadamente que está a punto de
ahogarse, o como un Fausto que no tiene la visión interna de sus errores y de
la destrucción que ha provocado.
Recordemos por un momento la literatura neurológica. Aunque el hemisferio
izquierdo no vea y no pueda entender lo que el hemisferio derecho entiende, es
experto en fingir que lo está viendo, en encontrar explicaciones bastante
plausibles, pero falsas, para las evidencias que no encajan en su versión de
los hechos. Los experimentos de Deglin y Kinsbourne nos recuerdan que el
hemisferio izquierdo prefiere creer en la autoridad, en "lo que dice esta tarjeta", antes
que en la evidencia de sus propios sentidos. ¿Y hay que recordar que está
dispuesto a negar que tiene una extremidad paralizada, incluso cuando se
enfrenta a pruebas indiscutibles? Ramachandran expone el problema con su expresividad
habitual:
En los casos más extremos, un paciente no solo negará que el brazo (o
la pierna) está paralizado, sino que afirmará que el brazo que está en la cama
a su lado, su propio brazo paralizado, ¡no le pertenece! Hay una voluntad dislocada para aceptar
ideas absurdas.
Pero cuando el
daño se produce en el hemisferio izquierdo (y el paciente depende por tanto de
su hemisferio derecho), con una parálisis en el lado derecho del cuerpo,
casi nunca experimentan la negación. ¿Por qué
no? Estas personas están tan incapacitadas y frustradas como las personas con
daños en el hemisferio derecho, y presumiblemente hay tanta
"necesidad" de una defensa psicológica, pero de hecho no solo son
conscientes de la parálisis, sino que hablan constantemente de ella... Es la vehemencia de la negación - no una mera
indiferencia ante la parálisis - lo que pide a gritos una explicación.66
De nuevo, Nietzsche le tiene tomada la medida: "Yo
lo he hecho", dice mi memoria
[episódica y verídica del hemisferio derecho]. "No puedo haberlo hecho" -
dice mi orgullo (hemisferio
izquierdo teórico y propenso a la negación), y se mantiene inflexible. Al final - la memoria cede".67
Al hemisferio
izquierdo no le gusta asumir la responsabilidad. Si el defecto puede dañar la
imagen del propio yo, no le gusta aceptarlo. Pero si puede responsabilizar a
alguien o a algo, es decir - si es una "víctima" de un error ajeno -
está dispuesto a reconocerlo. Ramachandran llevó a cabo un experimento en el
que un paciente que negaba la parálisis de su brazo izquierdo recibió una
inyección de agua salina inofensiva, diciéndole que el tratamiento le
"paralizaría" su brazo izquierdo (que en realidad ya estaba
paralizado). Una vez que su hemisferio izquierdo tenía a algo a lo que culpar,
estaba dispuesto a aceptar la existencia de dicha parálisis.68
Ramachandran de
nuevo: "El hemisferio izquierdo
es conformista, en gran medida indiferente a las discrepancias, mientras que el
hemisferio derecho es lo opuesto: altamente sensible a las perturbaciones."69
La negación, la tendencia al conformismo, la voluntad de ignorar las evidencias,
el hábito de eludir cualquier responsabilidad, la ceguera ante la mera
experiencia frente a la evidencia aplastante de la teoría: todo esto podría
sonar inquietantemente familiar a los que observan la vida occidental
contemporánea.
Una especie de taponamiento de oídos con lacre parece
ser parte del modo normal de funcionamiento del hemisferio izquierdo. No quiere
escuchar lo que considera cantos de sirena del hemisferio derecho, que le
remite a lo que tiene todo el derecho - de hecho, un derecho mayor, como he
argumentado - a llamarse realidad. Es como si el hemisferio izquierdo siguiera
adelante, a ciegas, siempre por el mismo camino. La evidencia de fallos no
significa que vaya en la dirección equivocada, sino tan solo cree que no ha
avanzado lo bastante lejos en la dirección hacia la que ya estaba encaminado.
El hemisferio izquierdo como un
sonámbulo.
La suposición popular, ayudada por reflexiones de algunos respetables
neurocientíficos, es que el hemisferio derecho podría ser algo así como
un zombi, o un sonámbulo. Parece suponerse ingenuamente que la cualidad
definitoria del zombi, la quintaesencia de los fenómenos raros, es la falta de
inteligencia verbalizadora y racionalizadora que ejemplifica el hemisferio
izquierdo.
En el Capítulo 10
trataré el fenómeno de lo siniestro, de los zombis y similares, fenómenos que
comenzaron a aparecer en la literatura, de manera curiosa pero significativa, durante
la Ilustración. Propondré que lo siniestro se parece extraordinariamente a
ciertos aspectos del mundo según el hemisferio izquierdo, donde la
vitalidad está ausente, y lo humano está obligado a asemejarse a algo mecánico.
Después de todo, los zombis tienen mucho en común con el monstruo de
Frankenstein. Funcionan como si fueran simulaciones por ordenador del ser
humano. No hay vida en sus ojos. Y Giovanni Stanghellini ha explorado con
sutileza, en su libro, Disembodied Spirits and Deanimated Bodies, (“Espíritus sin cuerpo y cuerpos sin
alma”) el modo en que el estado 'zombi' se mimetiza con la esquizofrenia, una
condición de déficit en gran parte del hemisferio derecho.70
Los llamados
estados "zombis" se caracterizan por la disociación, en la que la
mente consciente parece cortada del cuerpo y del sentimiento. Eso en sí mismo
sugiere una relativa hipofunción del hemisferio derecho. La disociación es,
además, la fragmentación de lo que debería experimentarse como un todo - la
separación mental de componentes de la experiencia que normalmente se
procesarían juntos, lo que nuevamente sugiere un problema del hemisferio
derecho. Las características principales de la disociación incluyen la amnesia
sobre información autobiográfica, los trastornos de identidad, la despersonalización
y la desrealización (falta de sentido de la realidad del mundo fenoménico, que
parece convertirse en una proyección bidimensional). Por lo tanto, en
principio, se esperaría que se tratara de una condición deficitaria del
hemisferio derecho. Y los sujetos con daño en el hemisferio derecho informan de
hecho, de esto - un cambio y una extrañeza del propio yo, que está desconectado
del mundo, una pérdida del sentimiento de pertenencia al mundo. A veces afirman
haberse convertido en autómatas insensibles, marionetas o meros espectadores,
desprovistos de sentimientos y aislados del mundo circundante (incluso un
paciente informó que su cabeza se había convertido en un cono, y que le faltaba
la parte delantera, otros pacientes han informado de que se sentían a sí mismos
como una simple carcasa, o envoltura, ya que su "yo" había sido
separado de ellos, y estaba situado fuera del cuerpo, en algún lugar cercano y
a la izquierda). Los sujetos hablan casi invariablemente de "que se han
ido a otro espacio o lugar".71
Teniendo en
cuenta todo esto, sería extraordinario que la disociación en sujetos
"normales" no implicara una desconexión del hemisferio derecho y un
desequilibrio interhemisférico a favor del izquierdo. Y esto es justo lo que
muestran las pruebas empíricas.72 De hecho, en la disociación, los
hemisferios están desconectados más de lo habitual, como una
"comisurotomía funcional" efectiva, o interrupción del funcionamiento
del cuerpo calloso.73 La activación del hemisferio izquierdo en
sujetos especialmente propensos a la disociación da lugar a una inhibición más
rápida de lo habitual del hemisferio del derecho, mientras que aquellos que no
son propensos a la disociación muestran una inhibición interhemisférica
equilibrada, corroborando la idea de que la disociación implica una
superioridad funcional del hemisferio izquierdo sobre el hemisferio derecho.74
El estado
disociativo por excelencia es la hipnosis. A pesar del prejuicio popular de que
la hipnosis probablemente implique la "liberación" del hemisferio
derecho, no tiene ninguna de las características que uno esperaría si realmente
fuera un estado de predominio del hemisferio derecho. Y, de hecho, muchos
estudios de imagen han confirmado actualmente que parece haber un predominio de
la activación del lado izquierdo durante la hipnosis.75 Cuando se
nos pide que imaginemos que una fotografía
de colores brillantes está en blanco y negro, el estado cerebral
no es el mismo que se manifiesta, cuando se nos hipnotiza, de modo que
realmente llegamos a creer que la imagen está en blanco y negro, se trata de
estados cerebrales diferentes; y la diferencia es que, en el estado hipnótico, hay una activación
anormalmente mayor en el hemisferio izquierdo.76 En la hipnosis, el
hemisferio derecho no se activa, ni siquiera durante una tarea
típicamente del "hemisferio derecho", utilizando como criterio el
potencial general del EEG.77 En un estudio de neuroimagen que exploró
los correlatos neurales de la hipnosis, la actividad disminuyó en el precuneus,
el cingulado posterior y el lóbulo parietal inferior derecho,78 lo cual es coherente, ya que, como vimos
anteriormente, en el Capítulo 2, se sabe que estas áreas están asociadas al
sentido de la acción individual.79 Además, la hipnosis produce un
aumento de la concentración focal,
junto con una relativa suspensión de la conciencia periférica, un modo de
atención típico del hemisferio izquierdo. Es, según una fuente, "el análogo a la visión macular: nítida y
detallada, pero muy restringida", una descripción perfecta del
campo de visión del hemisferio izquierdo.80 Y de acuerdo con la
hipótesis del hemisferio izquierdo, los sujetos más hipnotizables muestran
niveles más altos de actividad dopaminérgica (la transmisión de dopamina es más
extensa en el hemisferio izquierdo).81
Así que, si estoy
en lo cierto, y la historia del mundo occidental es la de una creciente
dominación del hemisferio izquierdo, no esperaríamos que la visión interna
fuera la nota imperante. En cambio, esperaríamos una especie de optimismo
despreocupado, el sonámbulo silbando una alegre melodía mientras anda sin prisa
hacia el abismo.
Y ahora quiero
referirme a la influencia del cerebro dividido en la cultura Occidental.
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