jueves, 13 de agosto de 2026

EL MAESTRO Y SU EMISARIO. 1º PARTE

 

PARTE I.

EL CEREBRO DIVIDIDO


 


 

CAPITULO 1.

ASIMETRÍA Y CEREBRO

 

EL tópico de la diferencia entre los hemisferios, su asimetría fundamental, ha fascinado a los hombres durante mucho tiempo. De hecho, la especulación sobre el tema se remonta a más de dos milenios: los médicos griegos en el siglo III A.C. sostenían que el hemisferio derecho estaba especializado en la percepción, y el hemisferio izquierdo en el entendimiento - lo que, por lo menos, ya muestra una línea de pensamiento notablemente interesante.1

En tiempos más modernos, el médico Arthur Wigan publicó su reflexivo estudio, La Dualidad de la Mente, en 1844, impulsado por su fascinación por un puñado de casos con los que se encontró, tras descubrir en la autopsia de una persona que había llevado una vida aparentemente sin complicaciones que tenía uno de los hemisferios cerebrales destruido por una enfermedad. A lo largo de 20 años, Wigan recopiló más ejemplos, y llegó a la conclusión de que cada hemisferio por sí solo, podía sustentar la conciencia humana, y que por tanto, "debemos tener dos mentes con dos cerebros”, y la enfermedad mental es el resultado de que entren en conflicto.2 Pero no hizo ninguna sugerencia sobre cómo diferían, y parece haber asumido que eran en gran parte intercambiables - una especie de estrategia evolutiva del tipo "cinturón y tirantes", ante la posibilidad de que un hemisferio quedara irremediablemente dañado.

 

¿PORQUÉ DOS HEMISFERIOS?

Esto nos lleva a una primera cuestión: ¿Porque existen dos hemisferios cerebrales? Después de todo, no es necesario que un órgano cuya función principal, tal y como se entiende comúnmente, es establecer conexiones, tenga su estructura casi completamente dividida. En el transcurso de la larga evolución del homo sapiens sapiens podría haber evolucionado hacia un cerebro unificado, que ofrecería a primera vista enormes ventajas. Es cierto que los orígenes embriológicos del cerebro se sitúan en dos mitades distintas. Pero esta no puede ser la respuesta, no solo porque, aún más temprano, los mismos primitivos hemisferios surgen de una única estructura en la línea media, el telencéfalo, aproximadamente a las cinco semanas de gestación, (figura 1.1) sino porque las estructuras de la línea media y las conexiones entre las mitades del cerebro que se forman más tarde en el desarrollo fetal en algunos niveles, aunque los propios hemisferios permanezcan completamente divididos. 

Y el cráneo que recubre al cerebro comienza, embriológicamente hablando, en varias partes a ambos lados del cerebro, pero termina como un todo fusionado - así que ¿por qué no también el propio cerebro? Ya que en cambio, lo que vemos es una tendencia clara a acentuar la separación anatómica.                                                                                                                                           Durante mucho tiempo se desconocía la función del cuerpo calloso, la banda principal de tejido neural que conecta los dos hemisferios en su base. (Figura 1.2)

 


Fig.1-1. Origen embrionario de los hemisferios cerebrales y de otras regiones del cerebro

 fig.1.2 El cerebro visto desde arriba, con el hemisferio derecho abierto para revelar el cuerpo calloso

En un momento dado, se creía que no era más que una especie de almohadilla, un soporte estructural que impedía que los dos hemisferios se hundieran. Ahora sabemos que está ahí para permitir que los hemisferios se comuniquen. Pero ¿con qué sentido? ¿En qué consiste la comunicación?

Se estima que el cuerpo calloso contiene entre 300 y 800 millones de fibras, conectando áreas topológicamente similares en ambos hemisferios. Sin embargo solo el 2% de las neuronas de la corteza cerebral están conectadas a través de este tracto.3 Además, el propósito principal de un gran número de estas conexiones es en realidad inhibir - en otras palabras, impedir que el otro hemisferio interfiera. Las neuronas pueden tener una acción excitatoria o inhibitoria, las neuronas excitatorias provocan una mayor actividad neuronal en un sentido descendente, mientras que las neuronas inhibitorias lo suprimen. Aunque la mayoría de las células que llevan proyecciones por el cuerpo calloso, utilizan el glutamato como neurotransmisor facilitador, y son excitadoras, hay importantes poblaciones de neuronas (las que utilizan el neurotransmisor Gamma amino-butírico o GABA), cuya función es inhibidora. Incluso las fibras excitatorias a menudo terminan en neuronas intermediarias o “interneuronas” cuya función es inhibidora.4 Desde luego, la inhibición no es un concepto sencillo. La inhibición a nivel neurofisiológico no equivale necesariamente a una inhibición a nivel funcional, de la misma manera que retirar el pie del pedal del freno del coche no hace que se detenga: la inhibición neural puede poner en marcha una secuencia de actividades, de modo que el resultado neto sea funcionalmente permisivo. Pero la evidencia es que el efecto primario de la transmisión por el cuerpo calloso es producir una inhibición funcional.5 Tanto es así que varios neurocientíficos han propuesto que la función central del cuerpo calloso es permitir que un hemisferio inhiba al otro.6 La estimulación de neuronas en un hemisferio normalmente provoca una breve respuesta excitadora inicial, seguida de una activación inhibitoria prolongada en el hemisferio contralateral. Dicha inhibición puede ser generalizada, y puede observarse con técnicas de neuroimagen.7

Claramente el cuerpo calloso también tiene funciones excitatorias - la transferencia de información, no sólo la prevención de confusión, es importante - y tanto ésta como la función inhibidora son necesarias para el funcionamiento normal del ser humano.8 Pero todo esto nos lleva a pensar acerca de las ventajas de la división y el grado en que cada hemisferio puede abordar la realidad por sí mismo. Al seccionar el cuerpo calloso por completo se produce un efecto sorprendentemente pequeño. Los cirujanos que realizaron las primeras intervenciones para el tratamiento de la epilepsia, llamadas de "cerebro dividido", en el que se seccionaba el cuerpo calloso, se sorprendieron al descubrir cómo sus pacientes continuaban funcionando normalmente, recuperando casi su vida cotidiana, como si nada hubiera pasado (con algunas excepciones interesantes que exploraré más adelante).

Se podría pensar que a medida que los cerebros evolucionaron para hacerse más grandes, las conexiones interhemisféricas aumentarían en paralelo. Pero no es así; en realidad disminuyen en relación con el tamaño del cerebro.9 Cuanto más grande es el cerebro, menos interconectado está. En lugar de aprovechar la posibilidad para aumentar la conectividad, la evolución parece moverse en la dirección opuesta. Y hay una estrecha relación entre la separación de los hemisferios por un lado y el desarrollo de algo que irá apareciendo en esta historia según se va desplegando: la asimetría de los hemisferios. Porque resulta que cuanto mayor es la asimetría cerebral, también es menor el cuerpo calloso, lo que sugiere que la evolución tanto del tamaño cerebral como la de la asimetría de los hemisferios van de la mano de una reducción en la conectividad interhemisférica.10 Y, en el caso final del cerebro humano actual, sus hemisferios gemelos se caracterizan por ser dos sistemas autónomos.11

Entonces, ¿existe realmente algún propósito en la división neuronal y, por tanto, en los procesos mentales? Si es así, ¿Cuál podría ser?             

He mencionado la opinión de Kinsbourne de que, siguiendo el principio fisiológico de los procesadores en oposición, la dualidad refina el control. Creo que eso es correcto, hasta donde alcanza. Pero la historia va mucho más allá de eso, porque el cerebro no es solo una herramienta para lidiar con el mundo. Es el que hace que el mundo exista.

La cuestión mente-cerebro no es el tema de este libro, y no tengo capacidad ni el espacio para abordarla en profundidad. El argumento de este libro no depende de sostener un punto de vista u otro. Pero, no obstante es legítimo preguntarse cuál es la posición del autor de un libro como este. De ahí esta breve desviación.

Se podría decir que la mente es la experiencia del cerebro de sí mismo.12 Tal formulación es inmediatamente problemática, ya que el cerebro está involucrado en la constitución del mundo en el cual, solamente, puede existir como objeto de experiencia - ayudando a enraizar la experiencia, para lo que ya se necesita a la mente. Pero aceptemos la frase tal cual. El cerebro entonces necesariamente proporciona la estructura a la mente. Esto no sería, sin embargo, equiparar mente y cerebro. A veces se supone que es así, debido a la tendencia, al utilizar frases como “la experiencia que el cerebro tiene de sí mismo”, a centrarse en la palabra “cerebro”, que creemos entender, en lugar de en la palabra problemática "experiencia", que no entendemos.

Todos los intentos de explicación dependen, explícita o implícitamente, de establecer paralelismos entre la cosa que se quiere explicar y alguna otra cosa que creemos que ya entendemos mejor. Pero el problema fundamental para explicar la experiencia de ser consciente es que no hay nada remotamente parecido con el que compararlo; es en sí mismo el fundamento de toda experiencia. No hay nada que tenga la "interioridad" que tiene la conciencia. Fenomenológica, y ontológicamente, es única. Como trataré de mostrar, el proceso analítico no puede tratar con tal singularidad; existe la irresistible tentación de deslizarse de la singularidad de algo a su supuesta inexistencia, ya que la realidad de lo singular, tendría que ser captada por modismos que no se aplican a nada más.13

¿Es la conciencia un producto del cerebro? La única certeza aquí es que cualquiera que piense que puede responder con certeza a esta pregunta está equivocado. Solo tenemos nuestras concepciones de la conciencia y del cerebro para seguir adelante; y lo único que sabemos con certeza es que todo lo que sabemos del cerebro es un producto de la conciencia. Esto es, científicamente hablando, mucho más cierto que la conciencia en sí misma sea un producto del cerebro. Esto puede ser así o no serlo; pero lo que es un hecho innegable es la idea de que hay un universo de cosas, en el que hay una cosa llamada cerebro, y otra cosa a la que llamamos mente, junto con unos principios científicos que permitirían que una emerja de la otra - esto son todo ideas, productos de la conciencia y, por lo tanto, solo valen en tanto como modelos particulares utilizados por dicha conciencia para entender el mundo. No sabemos si la mente depende de la materia, porque todo lo que sabemos sobre la materia es en sí mismo una creación mental. En ese sentido, Descartes tenía razón: el único hecho innegable es nuestra conciencia. Sin embargo, estaba equivocado, aunque ahora la mayoría estarían de acuerdo con él, en pensar que la mente y el cuerpo son dos esencias separadas (dos "qué"). Creo que esto es, un producto típico de una cierta forma de pensar que propongo, es característica del hemisferio izquierdo, una preocupación por la "queidad” de las cosas. Donde obviamente es una cuestión de dos ("como-eidades") de la misma cosa, de dos modos diferentes de ser (como así lo vería el hemisferio derecho), el hemisferio izquierdo solo lo puede formular como dos "queidades", dos cosas diferentes. Igualmente, es la preocupación errónea por la queidad de las cosas lo que lleva a la idea aparentemente anti-cartesiana y materialista de que la mente y el cuerpo son la misma cosa. No estamos seguros, y nunca podríamos estar seguros, si la mente, o incluso el cuerpo, es una cosa en general. La mente tiene las características de un proceso más que los de una cosa; es un devenir, una forma de ser, más que una entidad. Cada mente individual es un proceso de interacción con lo que sea que existe aparte de nosotros mismos de acuerdo a su propia historia particular.

El tipo de monismo representado por el materialismo científico muy a menudo propugnado por los neurocientíficos no es radicalmente distinto del dualismo cartesiano al que a menudo se piensa que se opone. Su solución al problema ha sido simplemente "dar una explicación" a una parte de la dualidad, intentando reducir una a la otra. En lugar de haber dos queidades, solo hay una: la materia. Aunque Descartes fue lo suficientemente honesto como para reconocer que había un problema real ahí, uno con el que estuvo luchando, como se desprende de un pasaje en su “Meditación VI" donde escribe: 

 

...Yo no estoy simplemente presente en mi cuerpo como un marinero está presente en un barco, sino que......estoy muy estrechamente unido y, por así decirlo, entremezclado con él, de modo que formo con él una sola entidad.14

Fenomenológicamente hablando, hay aquí tanto una unidad, una "entidad única", como una profunda disparidad; y cualquier relato que no haga plena justicia tanto a la unidad como a la disparidad no puede ser tomado en serio. Puede haber una sola queidad aquí, pero tiene que haber más de una "cómo-eidad”, y eso importa. Aunque (según el hemisferio izquierdo) una cosa, una cantidad, una queidad, puede ser reducida a otra - es decir, considerarse en términos de sus constituyentes - una forma de ser, una cualidad, una cómo-eidad, no puede ser reducido a otra forma de ser.15

 

LA EXPANSIÓN FRONTAL

Dejemos de lado por el momento la naturaleza dividida del cerebro y echemos un vistazo un poco más de cerca al cerebro en su conjunto. (fig.1.3) La primera cosa que se observa, además de la división interhemisférica, es la extraordinaria expansión de los lóbulos frontales, la parte del cerebro que más recientemente ha evolucionado.

Mientras que los lóbulos frontales representan alrededor del 7% del volumen del cerebro de un animal relativamente inteligente como el perro y alrededor del 17% del cerebro en los simios más pequeños, representa hasta el 35% en el cerebro humano.

De hecho, es muy parecido al de los grandes simios, aunque la diferencia entre nuestros lóbulos frontales y los de los grandes simios radica en la proporción de materia blanca.16 La materia blanca parece blanca debido a la vaina de mielina, una capa de fosfolípidos que en algunos tipos de neuronas rodea a los axones, los largos terminales de la célula nerviosa a través de los cuales se transmiten los mensajes.


Fig. 1.3. El cerebro visto desde el lado izquierdo, mostrando las principales regiones del lenguaje y puntos de referencia.

Esta vaina de mielina facilita considerablemente la velocidad de las transmisiones: la implicación de que haya una mayor cantidad de mielina en los lóbulos frontales es que las regiones están más profusamente interconectadas en los humanos. Por cierto, también hay más materia blanca en el hemisferio derecho humano que en el izquierdo, un punto al que volveré.17

Muchos de los rasgos que definen la condición humana pueden atribuirse a nuestra capacidad de distanciarnos del mundo, de nosotros mismos y de la inmediatez de la experiencia. Esto nos permite planificar, pensar con flexibilidad e inventiva y, en resumen, tener un cierto control del mundo que nos rodea, en lugar de simplemente responder a él pasivamente. Esta distancia, esta capacidad de elevarnos por encima del mundo en él que vivimos, ha sido posible gracias a la evolución de los lóbulos frontales.

Está claro que tenemos que habitar el mundo de la experiencia corporalmente inmediata, el terreno real en el que vivimos y en el que nuestro compromiso con el mundo tiene lugar junto a nuestros semejantes, y necesitamos habitarlo plenamente. Pero al mismo tiempo necesitamos elevarnos por encima del paisaje en el que nos movemos, para poder ver lo que podríamos llamar el territorio. Para entender el paisaje, necesitamos a la vez que adentrarnos lo más posible en el mundo de la experiencia sentida y vivida, a lo largo de lo que podríamos considerar un eje horizontal, también elevarnos por encima de ese mundo, en el eje vertical. Vivir precipitadamente, a ras de suelo, sin poder hacer una pausa (situándose fuera de la presión inmediata del tiempo) y elevarse (en el espacio), es ser como animales; sin embargo, flotar en el aire no es vivir en absoluto - solo ser un ojo observador distante. Es necesario traer lo que se ha aprendido en la ascensión, de vuelta al mundo en el que transcurre la vida, e incorporarlo de tal modo que enriquezca la experiencia y permita que lo que sea que “se nos revela" (en frase de Heidegger) haga justamente eso. Pero, aun así, solo lo hará en el terreno, no en el aire.

Hay un grado óptimo de separación entre nosotros mismos y el mundo que percibimos, si es que queremos entenderlo, como lo hay entre el ojo del lector y esta página: si hay demasiada separación no podemos distinguir lo que está escrito, pero, igualmente, si hay muy poca, no podemos leer las letras en absoluto.18 Esta “distancia necesaria”, como podríamos llamarla, (que resulta ser crucial para la historia que se despliega en este libro), no es lo mismo que desapego. La distancia puede provocar desapego, como cuando calculamos fríamente cómo burlar a nuestro oponente, imaginando lo que él cree que será nuestro próximo movimiento. Esta distancia nos permite aprovecharla y utilizarla. Pero lo que se subraya con menos frecuencia, es que por contraste, también tiene el efecto opuesto. Al alejarnos de la inmediatez de nuestra experiencia animal, podemos ser más empáticos con los demás, a quienes llegamos a ver, por primera vez como seres humanos, como nosotros mismos.

Los lóbulos frontales no solo nos enseñan a traicionar, sino también a confiar. A través de ellos aprendemos a reconocer otras perspectivas y a controlar nuestras propias necesidades y deseos inmediatos. Si esta distancia necesaria es la comadrona del mundo de Maquiavelo, también ofrece el mundo de Erasmo. La evolución de los lóbulos frontales nos capacita al mismo tiempo, tanto para ser los explotadores del mundo y de los demás, como para ser ciudadanos unos con otros y guardianes del mundo. Si nos ha convertido en el más poderoso y destructivo de los animales, también nos ha convertido, como es notorio, en un "animal social" y en un animal con una dimensión espiritual.

Inmediatamente podemos ver el problema aquí. Para poder mantenernos en contacto con la complejidad y la inmediatez de la experiencia, especialmente si queremos empatizar y crear vínculos con los demás, debemos mantener una experiencia lo más amplia del mundo tal y como nos llega. Necesitamos adentrarnos en el mundo de la experiencia a lo largo del eje horizontal, por así decirlo. Por el contrario, para controlarlo o manipularlo, necesitamos ser capaces de alejarnos de ciertos aspectos de la experiencia y, de hecho, trazar un mapa del mundo desde el eje vertical - como cualquier mapa estratégico en el cuartel central de un general - para planificar nuestras campañas. ¿Podría esto, en sí mismo, darnos una pista a la pregunta de por qué el cerebro está dividido?

Sí y no. Por un lado, la explicación no tiene que ver simplemente con el cerebro humano, por la razón obvia de que los cerebros de animales y aves también están divididos. Pero podría muy bien dar una pista sobre la forma en que el cerebro ya dividido podría ser útil para su poseedor humano. Pero antes de seguir reflexionando sobre ello, vamos a acercarnos un poco más en nuestra mirada a la estructura general del cerebro.

 

ASIMETRÍA ESTRUCTURAL

Cuando la mayoría de personas piensa en las diferencias en la estructura de los hemisferios, lo primero que viene a la mente es el hecho ya conocido de que el cerebro es asimétricamente más grande en su lado izquierdo. Aunque de hecho, esta diferencia no es tan obvia como probablemente parece, la diferencia es evidente. Desde mediados del siglo XIX se sabía que la facultad del habla estaba asociada al área frontal izquierda, una región que ahora recibe el nombre, tal vez injustamente, de Paul Broca, un médico francés cuyas observaciones fueron anticipadas un cuarto de siglo antes por su compatriota, Marc Dax.19 Ambos habían observado que aquellos que sufrían un derrame cerebral u otro daño en esta parte del cerebro tendían a perder su capacidad del habla. Más tarde, el neurólogo prusiano Carl Wernicke descubrió, a través de observaciones similares, que la comprensión del lenguaje era distinta de la del habla, y que estaba ubicada más atrás en el hemisferio izquierdo, en el giro temporal postero-superior, una región que ahora lleva su nombre.20 Fue la asociación con el lenguaje lo que llevó a denominar al hemisferio izquierdo como "dominante", puesto que era el que hablaba.

Poco después, dos anatomistas austriacos, Richard Heschl y Oscar Eberstaller, observaron de forma independiente que había asimetrías visibles en esta región, Heschl, le dio su nombre a la circunvolución transversal del lóbulo temporal superior izquierdo, en donde se procesa la información auditiva entrante.21 Después de esto las cosas se quedaron paradas por un tiempo hasta que en los años 30, Richard Pfeiffer descubrió que el planum temporale, una región inmediatamente posterior a la circunvolución de Heschl, dentro de la fisura de Silvio, y que nuevamente estaba implicada en el lenguaje y en la función auditiva, era más grande en el lado izquierdo. Este hallazgo fue confirmado y ampliado por Geschwind y Levitsky en la década de 1960, quienes informaron de que en el 65% de los casos el planum temporale es en promedio, un 30% mayor en el lado izquierdo que en el derecho.22 Posteriormente, el análisis de cráneos y las exploraciones cerebrales revelaron que hay un agrandamiento generalizado de la parte posterior del hemisferio izquierdo en la región del lóbulo parietal, conocida como petalia izquierda (el término petalia se aplicaba originalmente a la impresión que dejan en la superficie interna del cráneo las protuberancias de un hemisferio en relación con el otro, pero ahora se aplica a la protuberancia misma).23

Pero eso no es todo. No es solo el hemisferio izquierdo quien tiene sus áreas de expansión. El cerebro normal parece estar doblado alrededor de su eje central, la fisura entre los hemisferios cerebrales. El cerebro no solo es más ancho en el lado izquierdo por atrás, sino también más ancho en el lado derecho por delante; y además de extenderse más hacia atrás en la izquierda, incluso un poco por debajo del hemisferio derecho, se extiende más hacia adelante en la derecha, incluso superponiéndose un poco sobre el izquierdo. Es como si alguien hubiera cogido el cerebro por abajo y le hubiera dado un giro bastante fuerte en el sentido de las agujas del reloj. El efecto es sutil, pero altamente consistente, y lo denominan los neurocientíficos, la torsión de Yakovlev. (fig.1.4)24

¿De qué diantres va todo esto? ¿Por qué el cerebro es asimétrico de esta manera? Si las funciones cerebrales superiores se distribuyeran simplemente en el cerebro según los dictados del espacio, no habría ninguna razón para que se produjeran deformaciones locales de este tipo, sino para una expansión general difusa y simétrica de la capacidad cerebral, sobre todo teniendo en cuenta que el cráneo que la contiene comienza siendo simétrico.

            Se ha aceptado desde el tiempo del gran anatomista John Hunter que la estructura es, en algún nivel, una expresión de la función, una idea reforzada a principios del siglo XX por la obra de D'Arcy Thompson.25   Y la relación de las asimetrías anatómicas con las funcionales ha sido de un gran interés teórico.26 Aunque un tamaño más grande no siempre equivale a una mayor capacidad funcional, lo más común es que así sea.27


Fig. 1.4 La torsión Yakovlev (Cerebro visto desde abajo)

La función se refleja en el volumen a lo largo de todo el sistema nervioso central, en el cerebro, el cerebelo y en la médula espinal.28  Un buen ejemplo, que no solo ilustra este punto sino que sugiere que las áreas cerebrales de los individuos pueden en realidad, aumentar en respuesta al uso, es el hecho de que el hipocampo posterior derecho, el área del cerebro que almacena complejos mapas tridimensionales del espacio, es más grande en los taxistas de Londres, taxistas con amplia experiencia de orientación.29 Otra vívida demostración de este principio proviene del hemisferio izquierdo en los pájaros cantores, que se expande durante la temporada de apareamiento, y luego se contrae de nuevo, una vez que termina dicho periodo.30 Y hay evidencias específicas de que estas particulares expansiones asimétricas de la corteza cerebral en las que estamos interesados probablemente estén relacionadas con su función.31

La explicación convencional más conocida de la asimetría anatómica del cerebro ha sido, que puesto que el hombre es un animal social, según la famosa frase de Aristóteles, que necesita un lenguaje y como el lenguaje es un sistema complejo, se requiere mucho espacio en el cerebro. Y como es lógico que el lenguaje se aloje en un solo lado, uno u otro hemisferio tendrían que especializarse en dicho lenguaje, desplazando a otras funciones, resultando ser el hemisferio izquierdo, el cual convenientemente se expandió en la “región del lenguaje” del hemisferio posterior izquierdo para acomodar dicha función. El lenguaje es lo que nos separa de los otros animales; es lo que nos da el poder para comunicarnos y pensar. ¿Es tan obvio que la expansión del hemisferio izquierdo se debe al impulso del lenguaje?

Como espero mostrar a su debido tiempo, creo que cada parte de esta proposición es errónea, aunque las razones por la que lo son, así como las razones por las que hacemos las suposiciones que hacemos, son profundamente reveladoras de la naturaleza del propio cerebro. Y, obviamente, no sirven para explicar la expansión del lóbulo frontal derecho.

 

 

ASIMETRÍA DE FUNCIONES

Estas cuestiones sobre el significado de la estructura tienen respuestas, pero para entenderlas, tenemos que examinar más de cerca las funciones.

De hecho, el fenómeno de las diferencias funcionales entre los hemisferios se remonta muy atrás en el árbol filogenético, mucho más allá de cualquier otra cosa como el lenguaje o la preferencia en el uso de una de las manos. Y eso es lo que se podría esperar del hecho de que el cerebro bihemisférico, estructuralmente dividido, no es un invento nuevo; la estructura bihemisférica debió haber ofrecido posibilidades que eran adaptativas. La lateralización de las funciones está muy extendida en los vertebrados.32 También es cierto que algunas de las mismas diferencias neuroendocrinas que caracterizan el cerebro humano- diferencias en los neurotransmisores o en los receptores neurohormonales entre los hemisferios- ya están presentes en el cerebro de las ratas.33   Simplemente hemos llevado todo este proceso mucho más lejos. Así que, ¿cuál es la ventaja para aves y animales? 

Puede que animales y aves no tengan que afrontar los problemas que plantean nuestros lóbulos frontales, pero ya experimentan necesidades que compiten entre sí.  Esto puede verse a un cierto nivel en términos de los tipos de atención que deben prestar al mundo. Necesitan centrar la atención de una manera focalizada y con precisión, como por ejemplo, un pájaro necesita enfocarse en un grano de maíz que quiere comer y distinguirlo, digamos, de los granos de arenilla que hay a su alrededor. Al mismo tiempo, necesita una atención abierta, lo más amplia posible, para protegerse contra un posible depredador. Esto requiere algo de esfuerzo. Es como el caso particularmente dificultoso de tratar al mismo tiempo, de frotarse en círculos la barriga y darse palmaditas en la cabeza - solo que peor, porque hay una cierta imposibilidad. No solo se trata de dos ejercicios diferentes que deben llevarse a cabo simultáneamente, sino que son dos tipos de ejercicios muy diferentes, que requieren no solo que la atención deba dividirse, sino que sea de dos maneras distintas a la vez.

Si nos alejamos un poco de esta distinción entre atención focalizada y atención abierta, podríamos verlo como parte de un conflicto más amplio, expresado como una diferencia del contexto, del mundo que estamos habitando. Por un lado, está el contexto, del mundo del "mí mismo" - solo yo y mis necesidades, el de un individuo que compite con otros individuos, mi habilidad para picotear esa semilla, perseguir ese conejo o coger esa fruta. Necesito usar, o manipular, el mundo para mis fines, y para eso necesito una atención con un enfoque focalizado. Por otro lado, necesito verme a mí en un contexto más amplio del mundo en general, en relación con otros, ya sean amigos o adversarios: necesito tenerme en cuenta a mí mismo, como miembro de un grupo social, ver aliados potenciales, y más allá de eso, percibir posibles compañeros y potenciales enemigos. Así puedo sentirme parte de algo mucho más grande que yo mismo, e incluso existir en y a través de ese "algo" que es más grande que mi yo – la bandada o el rebaño con el que busco comida, me reproduzco y merodeo, la manada con la que cazo, la pareja y la descendencia a la que también alimento y, en última instancia, todo lo que sucede en mi ámbito. Esto requiere menos de una atención intencionada y enfocada, y más de una atención abierta, receptiva, y expansiva hacia todo lo que existe, con filiaciones fuera de uno mismo.

Estas incompatibilidades básicas sugieren la necesidad de mantener partes del cerebro separadas, en caso de que interfieran una con otra. Así que ahí, hay indicios de por qué el cerebro puede necesitar segregar su funcionamiento en dos hemisferios. Si eres un ave, de hecho, resuelves el dilema de cómo comer y mantenerte vivo empleando diferentes estrategias con cada ojo: el ojo derecho (hemisferio izquierdo) para coger algo y alimentarte, el ojo izquierdo (hemisferio derecho) para una atención vigilante del entorno. En general, los polluelos priorizan la información local con el ojo derecho (hemisferio izquierdo) y la información global con el ojo izquierdo (hemisferio derecho). Y no resulta sorprendente, que los pollitos que están bien lateralizados de este modo pueden utilizar estos dos tipos de atención con mayor eficacia que aquellos en los que, experimentalmente, no se les ha permitido el desarrollo de la lateralización.34  Muchos tipos de aves muestran una conducta más alarmante, cuando ven a un depredador con el ojo izquierdo (hemisferio derecho),35 son mejores detectando depredadores con el ojo izquierdo, 36 y elegirán examinar a los depredadores con su ojo izquierdo, 37 hasta el punto de que si han detectado un depredador con su ojo derecho, girarán la cabeza para examinarlo más detenidamente con el izquierdo.38 Los cuervos criados en cautividad incluso seguirán la dirección de la mirada de un investigador que mira hacia arriba, utilizando su ojo izquierdo.39 En muchos animales, hay sesgos a nivel de poblaciones hacía la vigilancia de los depredadores con el ojo izquierdo (hemisferio derecho).40 En los monos tití, los ejemplares con cerebros más lateralizados son más capaces, debido a la especialización de sus hemisferios, de buscar alimento y mantenerse alerta frente a los  depredadores.41 Los gatos que tienen una preferencia lateralizada por una de sus garras tienen tiempos de reacción más cortos.42 Los chimpancés lateralizados son más eficientes capturando termitas que los chimpancés sin lateralización.43 Incluso en cerebros concretos que están, por una razón u otra, menos "lateralizados" que la norma, parecen observarse déficits globales.44 En una palabra, la lateralización aporta ventajas evolutivas, sobre todo en la realización de tareas de  atención dual.45 Y como dijo un investigador sucintamente: la asimetría se cotiza.46        

En rapaces y animales depredadores, es el hemisferio izquierdo el que se aferra, a través de su ojo derecho y su extremidad derecha, a la presa.47 Esto es aplicable a presas habituales: en los sapos, una presa novedosa o inusual puede activar inicialmente el hemisferio derecho, hasta que se convierte en una presa habitual, momento en el que se vuelve a activar el hemisferio izquierdo.48  En general, los sapos observan a sus presas con el hemisferio izquierdo, e interactúan con sus congéneres con el hemisferio derecho.49

Las ventajas no son solo un beneficio para el individuo: ser una especie más lateralizada, a nivel de población conlleva ventajas en la cohesión social.50 Esto puede deberse a que el hemisferio derecho parece estar profundamente involucrado en el funcionamiento social, no solo en los primates, donde está especializado en la expresión de sentimientos sociales, sino también en animales y aves más pequeños.51 Por ejemplo, los pollos usan preferentemente el ojo izquierdo (hemisferio derecho) para diferenciar a los miembros de la especie familiar de los que no lo son, y en general para recopilar información social.52 Los polluelos se acercan a sus padres o a un objeto del que han que adquirido una impronta utilizando su ojo izquierdo (hemisferio derecho),53 al igual que las urracas australianas.54 Aunque las cigüeñuelas de ala negra picotean más, y con más éxito, a presas cuando usan el ojo derecho (hemisferio izquierdo), es más frecuente que los machos realicen sus exhibiciones de cortejo a hembras a las que miran con su ojo izquierdo (hemisferio derecho).55 El hemisferio derecho es el lugar principal de experiencias sociales tempranas en ratas.56 En la mayoría de las especies animales, las respuestas emocionales más intensas están relacionadas con el hemisferio derecho y están inhibidas por el izquierdo.57

Quizá sea solo una coincidencia bella que el chorlito de pico torcido, nativo de Nueva Zelanda, y que usa su pico para buscar alimento entre las piedras, tenga un pico curvado hacia la derecha, de modo que le sea más útil para su manipulación desde su hemisferio izquierdo.58 Sin duda puede haber contraejemplos. Pero parece haber un hilo conductor coherente a lo largo de todo el proceso. El habla está en el hemisferio izquierdo en los humanos: pero, ¿qué pasa entonces, con las vocalizaciones instrumentales de otras especies? pues que surgen también del hemisferio izquierdo, en criaturas tan diversas como ranas, aves paseriformes, ratones, ratas, jerbos y titíes.59 De forma similar, en los cuervos existe un fuerte sesgo hacia el ojo derecho (hemisferio izquierdo) para utilizar instrumentos, incluso cuando al uso del ojo derecho se le dificulta la tarea.60 Esto tiene, como veremos cuando consideremos la situación humana, algunas resonancias importantes para la naturaleza de nuestro propio mundo. Pero cuando se trata de mediar en nuevas experiencias e información, es ya el hemisferio derecho, en animales y en humanos, y no el izquierdo, el que es de una importancia crucial.61

Las consistentes diferencias van más allá que esto, y son diferencias que de nuevo, prefiguran diferencias en los humanos. Fijémonos en funciones discriminatorias más sutiles. El hemisferio derecho tanto en aves, como en humanos, se asocia con la discriminación detallada y con la topografía;62 mientras que el hemisferio izquierdo de muchos animales vertebrados, de nuevo como en los humanos, está especializado en la categorización de estímulos y el control preciso de las respuestas motoras.63 Las palomas pueden, de forma bastante sorprendente, clasificar imágenes de escenas cotidianas dependiendo del contenido. Sin embargo, aún más sorprendente, es el hecho de que cada hemisferio adopta aparentemente su propia estrategia, de modo que el hemisferio izquierdo de la paloma usa una estrategia "local" - agrupando las imágenes de acuerdo con características particulares que deben estar invariablemente presentes - mientras que su hemisferio derecho se basa más en una estrategia "global", teniendo en cuenta las cosas en su conjunto y comparándolas con un ejemplar ideal.64  La importancia completa de este hallazgo se pondrá de manifiesto cuando examinemos el cerebro humano.

Por tanto, en términos generales, el hemisferio izquierdo presta una atención estrecha y focalizada, principalmente con el propósito de obtener y alimentarse. El hemisferio derecho presta una atención amplia y vigilante, cuyo propósito parece ser el reconocimiento de las señales del entorno, especialmente de otras criaturas, ya sean posibles depredadores o parejas potenciales, enemigos o amigos; y está involucrado en la vinculación en los animales sociales. Podría ser entonces, que la división del cerebro humano sea también el resultado de la necesidad de prestar al mundo dos tipos de atención incompatibles al mismo tiempo, una estrecha, focalizada y dirigida a nuestras necesidades, y la otra más amplia, abierta, y dirigida hacia cualquier otra cosa que esté sucediendo en el mundo aparte de nosotros mismos.

En los humanos, al igual que en los animales y las aves, resulta que cada hemisferio atiende al mundo de una manera diferente - y las maneras son coherentes. El hemisferio derecho garantiza la amplitud y la flexibilidad de la atención, mientras que el hemisferio izquierdo aporta la atención focalizada. Esto tiene la consecuencia relacionada de que el hemisferio derecho ve las cosas en su totalidad, y en su contexto, mientras que el hemisferio izquierdo, ve las cosas abstraídas del contexto, y fragmentadas en partes, a partir de las cuales luego reconstruye la "totalidad": algo bastante diferente. Y también resulta que las capacidades que nos ayudan, como humanos, a formar vínculos con los demás - empatía, comprensión emocional, etc. – y que implican un tipo de atención muy diferente al mundo, son funciones en gran parte del hemisferio derecho.

 

LA NATURALEZA DE LA ATENCIÓN

La atención no es otra "función" más junto con otras funciones cognitivas. Su estatus ontológico es el de algo previo a las funciones e incluso a las cosas. El tipo de atención que aplicamos al mundo cambia la naturaleza del mundo al que atendemos, la propia naturaleza del mundo en el que dichas "funciones" se llevarían a cabo y en el que existirían esas "cosas". La atención cambia qué tipo de cosas llegan a ser para nosotros: de ese modo cambia el mundo. Si eres mi amigo, la manera en que te atiendo será diferente de la manera en que te atendería si fueras mi empleado, mi paciente, el sospechoso de un crimen que estoy investigando, mi amante, mi tía o un cuerpo a la espera de ser diseccionado. En todas estas circunstancias, excepto en la última, también el otro tendrá una experiencia bastante diferente no solo de mí, sino también de sí mismo: te sentirías distinto si yo cambiara el tipo de mi atención. Y sin embargo, nada ha cambiado objetivamente.

Esto es así, no solo con el mundo humano, sino con todo con lo que entramos en contacto. Una montaña es un punto de referencia para un explorador, para un buscador de oro es una fuente de riqueza, para un pintor una forma con múltiples texturas, o para otro la morada de los dioses, cambia según la atención que se le presta. No hay una montaña “real" que pueda distinguirse de las demás, ni ninguna forma de pensar que revele la verdadera montaña.

La ciencia, sin embargo, pretende llegar a descubrir tal realidad. Sus descripciones, aparentemente libres de valoraciones, se supone que transmiten la verdad sobre el objeto, sobre el que se plasman más tarde nuestros sentimientos y deseos. Sin embargo, esta postura de extrema objetividad, esa "visión desde ninguna parte", para usar la frase de Nagel, está en sí misma cargada de valoraciones. Es solo una forma particular de mirar las cosas, un modo que privilegia el desapego, la falta de compromiso del observador con el objeto contemplado. Para algunos propósitos, esto puede ser innegablemente útil. Pero su uso en tales causas no lo hace más verdadero o real, o más cercano a la naturaleza de las cosas.

La atención también cambia quien somos nosotros, según a lo que atendemos. Nuestro conocimiento de neurobiología (por ejemplo, de las neuronas espejo y su función, que abordaré más adelante) y de neuropsicología (por ejemplo, a partir de experimentos de imprimación por asociación, que también tendremos tiempo de examinar a su debido tiempo) muestran que al atender a otra persona que realiza una acción, e incluso al pensar en ella haciéndolo – incluso, de hecho, al pensar en ciertos tipos de personas en general - nos volvemos objetivamente, de forma medible, más parecidos a ellos, en la forma en que nos comportamos, pensamos y nos sentimos. A través de la dirección y la naturaleza de nuestra atención, comprobamos que somos partícipes en la creación, tanto del mundo como de nosotros mismos. En consonancia con esto, la atención está inevitablemente ligada a valores - a diferencia de lo que consideramos como "funciones cognitivas", que son neutrales a este respecto. Los valores entran a través del modo en que se ejercen esas funciones; y pueden utilizarse de diferentes maneras para diferentes propósitos con diferentes fines. Sin embargo, la atención es intrínsecamente un modo en que, no una cosa: es intrínsecamente una relación, no un hecho en bruto. Es una "como-eidad", un algo entre, un aspecto de la conciencia misma, no una "queidad", una cosa en sí misma, un objeto de la conciencia. Hace surgir un mundo y, con él, dependiendo de su naturaleza, un conjunto de valores.

 

ENTENDIENDO EL CEREBRO

Esto nos lleva a un punto fundamental acerca de cualquier intento de entender el cerebro. Y es un caso especialmente crucial de los problemas que surgen a la hora de entender cualquier cosa. La naturaleza de la atención que uno presta a cualquier cosa altera lo que uno encuentra; lo que pretendemos entender cambia su naturaleza según el contexto en el que se halle; y solo podemos entender cualquier cosa como un algo.

No hay manera de sortear estos problemas - si es que son problemas. Intentar desligarse por completo de uno mismo no es más que aplicar un tipo especial de atención que tendrá importantes consecuencias para lo que descubramos. De modo similar, no podemos ver algo sin que haya un contexto, aunque el contexto parezca ser el de un “no-contexto”, una cosa arrancada de sus lazos con el mundo vivo. Se trata de un tipo de contexto especial muy cargado de valores en sí mismo, y que sin duda también altera lo que encontramos. Tampoco podemos decir que no veamos las cosas como algo - sino que solamente las vemos, y punto. Siempre hay un modelo desde el cual estamos entendiendo, un ejemplar con el que estamos comparando, lo que vemos, y cuando no se identifica generalmente significa que hemos adoptado tácitamente el modelo de la máquina.

¿Significa eso que todos los intentos de acercarse a una verdad – salvo decir que cada cosa tiene su verdad a su manera - están abocadas al fracaso, que cada versión de la realidad tiene el mismo valor? Ciertamente no. Exploraré estas cuestiones más adelante, ya que son fundamentales para este libro. Estas deben esperar hasta que veamos lo que realmente "hacen" los hemisferios.

Tales consideraciones se aplican al intento de entender cualquier cosa en general. Pero cuando pasamos a mirar a lo que nos referimos como funciones cerebrales, se plantea un problema de orden totalmente distinto. No estamos "solo" mirando cosas en el mundo - un trozo de roca, o incluso una persona - sino los procesos por los cuales el mundo mismo, al igual que la roca o la persona, llegan a existir para nosotros en general, los fundamentos mismos del hecho de nuestra experiencia, incluyendo cualquier idea que podamos tener sobre la naturaleza del mundo y la naturaleza del cerebro, e incluso la idea de que esto sea así. Si es cierto que la atención cambia la naturaleza de lo que encontramos, ¿cómo decidimos la atención más adecuada para eso? ¿Una que trate de ignorar la interioridad de la experiencia? ¿Qué contexto posible hay para situar los fundamentos de la experiencia de todos los contextos cualesquiera que sean? ¿Y qué tipo de cosa es lo que vemos "como"?  La respuesta está lejos de ser obvia, pero si no se intenta abordar la cuestión, no damos ninguna respuesta. Y respondemos con el modelo que entendemos – con el único tipo de cosa que podemos llegar a entender completamente, por la simple razón de que nosotros la hemos creado: la máquina.

No podemos mirar el mundo que surge dentro del cerebro, sin que eso suponga calificar el mundo en el que existe el propio cerebro; nuestra comprensión de los modos de entender del cerebro altera nuestra comprensión del propio cerebro - el proceso no es unidireccional sino recíproco. Si resulta que los hemisferios tienen diferentes maneras de interpretar el mundo, esto no es solo un hecho interesante acerca de la eficiencia del sistema de procesamiento de información; esto nos dice algo sobre la naturaleza de la realidad, sobre la naturaleza de nuestra experiencia del mundo, y debe permitirnos también cualificar nuestra comprensión del cerebro.

Para los médicos como yo, esto se manifiesta en las experiencias asombrosas y conmovedoras de nuestros pacientes, tanto en aquellos con lesiones neurológicas específicas como los que padecen trastornos psiquiátricos más comunes. Para ellos no se trata de una "pérdida de datos", sino de nada menos que del hecho que su propio mundo ha cambiado realmente. Esta es la razón por la que intentar persuadirles de una realidad alternativa tiene un valor limitado, a menos que ya hayan logrado recuperar el mundo en el que vivimos.

 

CONCLUSIÓN

En este capítulo he planteado una serie de cuestiones derivadas de la estructura del cerebro humano, y he hecho poco todavía para responderlas. ¿Por qué están separados los hemisferios? La separación de los hemisferios no parece ser accidental, sino que está activamente mantenida, y el grado de separación cuidadosamente regulado por la banda de tejido que los conecta. Esto sugiere que la mente, y el mundo de experiencia que crea, pueden tener una necesidad similar de mantener las cosas separadas. ¿Por qué?

Las aves y los animales, como también nosotros, tienen hemisferios separados. En ellos, la diferencia parece tener que ver con la necesidad de atender al mundo de dos maneras distintas a la vez. ¿Es así en los humanos? Los lóbulos frontales están en particular muy desarrollados en los humanos. Su función es proporcionar la distancia - necesaria para nuestras cualidades más característicamente humanas, ya sea por anticipación o por empatía. Como resultado, necesitamos ser capaces de estar abiertos a lo que sea que hay y, al mismo tiempo, disponer de un “mapa", una versión del mundo más simple, más clara y, por lo tanto, más útil. Por supuesto, esto no explica en sí mismo la existencia de dos hemisferios, pero ¿podría dar una pista del modo en que la separación de los hemisferios podría ser especialmente útil?

El cerebro es estructuralmente asimétrico, lo que probablemente indica una asimetría de funciones. Siempre se ha pensado que esto se debía al lenguaje - que después de todo, es una especie de "mapa" o versión del mundo. ¿No sería esa, seguramente, la razón por la que hay una expansión en la parte posterior del hemisferio izquierdo? Esta explicación no puede ser la correcta por varias razones que consideraré en el Capítulo 3, aparte del hecho de que no hace nada por explicar la expansión en la parte anterior del hemisferio derecho. La respuesta a esta pregunta que he planteado tendrá que esperar hasta que lleguemos a ese capítulo. Pero hay algo que debemos considerar, al acercarnos al siguiente capítulo, en el que veremos más de cerca lo que realmente ocurre en los dos hemisferios del cerebro humano.

La experiencia está siempre en movimiento, ramificada e impredecible. Para que podamos conocer algo, esa cosa debe tener propiedades duraderas. Si todas las cosas fluyen, y uno nunca puede entrar en el mismo río dos veces - la frase de Heráclito es, creo, una brillante evocación de la realidad central del mundo del hemisferio derecho - a uno siempre le cogerá desprevenido la experiencia, ya que al no repetirse nunca nada, nada puede saberse nunca. Tenemos que encontrar la manera de fijarlo mientras fluye, alejándonos de la inmediatez de la experiencia, saliéndonos del flujo. De ahí que el cerebro tenga que atender al mundo de dos maneras completamente diferentes, y al hacerlo, hace surgir dos mundos distintos. En uno, experimentamos - el mundo vivo, complejo, encarnado, un mundo de individuos, siempre siendo únicos, siempre en flujo, una red de interdependencias, que forman y modifican la totalidad, un mundo con el que estamos profundamente conectados.  En el otro, "experimentamos" nuestra experiencia de un modo especial: una versión “re-presentada” de él, que contiene entidades ahora estáticas, separables, delimitadas, pero esencialmente entidades fragmentadas, agrupadas en clases, por las que se pueden hacer predicciones. Este tipo de atención aísla, fija y hace explícita cada cosa al ponerla bajo el foco de la atención. Al hacerlo, vuelve las cosas inertes, mecánicas, sin vida. Pero también nos permite por primera vez conocer, y en consecuencia aprender y hacer cosas. Esto nos da poder.

Estos dos aspectos del mundo no son simétricamente opuestos. No son equivalentes, por ejemplo, a los puntos de vista “subjetivo” y “objetivo”, conceptos que son en sí mismos un producto, y ya reflejan, una forma particular de estar en el mundo – y de hecho, y esto es importante, ya reflejan una “visión” del mundo. La distinción que estoy tratando de hacer es  entre, por un lado, el modo en que experimentamos el mundo de manera pre-reflexiva, antes de que tengamos la oportunidad de "verlo" en su totalidad o de dividirlo en partes - un mundo en el que lo que más tarde llegará a considerarse como subjetivo u objetivo, se mantiene en suspensión abarcando cada “polo” potencial y su unión, juntos; y por otra parte, el mundo en el que estamos más acostumbrados a pensar, en el que lo subjetivo y lo objetivo aparecen como polos separados. En pocas palabras, un mundo donde hay "entre-eidad", y otro donde no la hay. Estas no son dos formas diferentes de pensar acerca del mundo: son formas diferentes de ser en el mundo. Y su diferencia no es simétrica, sino fundamentalmente asimétrica.       

Con esto en mente, pasemos a los hemisferios para ver más de cerca lo que ellos “hacen”.


CAPITULO 2. 

¿QUÉ ES LO QUE "HACEN" LOS DOS HEMISFERIOS?

 

 

 

¿Cuánta evidencia neurológica y neuropsicológica hay de que los hemisferios realmente sean tan diferentes? y en caso de que haya diferencias, ¿hay patrones consistentes y significativos en las diferencias, en lugar de una simple repartición aleatoria de “funciones” según los dictados del espacio?  (Este modelo de "armario de juguetes" representado por la visión tradicional, según la cual las funciones cerebrales simplemente se acomodaron según pudieran encontrar o hacerse un hueco, es el que se invoca para explicar el hecho de que las funciones lingüísticas se sitúen en el hemisferio izquierdo). ¿Realmente son importantes las diferencias que existen entre las numerosas áreas funcionales y anatómicas ampliamente subdivididas descritas por la neurociencia dentro de cada hemisferio?

Tales diferencias son sin duda de enorme importancia. Sin embargo, para des-cribir (escribir acerca de) cualquier cosa, hay que seleccionar entre una infinidad de características posibles: y es inevitable circuns-cribir (dibujar una línea alrededor) lo que es relevante para este propósito. Por ejemplo, al comparar dos automóviles es obviamente cierto – aunque sea en ese momento irrelevante - que hay muchas más similitudes entre ellos en su conjunto que, por ejemplo, diferencias entre sus motores. Aunque el sentido de compararles sea centrarse en sus diferencias. Así pues, mi interés aquí, no está en las innumerables similitudes, que se dan por supuestas, sino precisamente en las diferencias entre los hemisferios. Aun así, hay una diferencia regional intrahemisférica, más que interhemisférica, muy importante a la que tendré que referirme, ya que no puede, por la naturaleza de los hechos, disociarse de la cuestión más amplia; la trataré al final del capítulo, donde espero que tenga más sentido.

También quisiera advertir como algo de importancia primordial, contra la tendencia natural del enfoque analítico, que distingue las partes de manera impecable, a ver dichas partes más que a la totalidad sistémica a la que pertenecen. La ciencia implica tanto el análisis como la síntesis del conocimiento. Cada vez somos más conscientes de que ningún "trozo" del cerebro puede ser responsable de nada de lo que experimentamos: el cerebro es un sistema dinámico, y a lo que tenemos que prestar atención es a la totalidad sistémica, "formada" por muchas partes, identificables a posteriori. Cuando dividimos, lo mejor es hacerlo donde la naturaleza ha establecido claramente una división: entre los hemisferios. Y cuando a continuación, me refiera, como lo haré a menudo, a regiones dentro de un hemisferio, debe darse por sentado que la actividad principal no está confinada solamente a esa región, sino que actúa de manera concertada con muchas otras, principalmente, aunque no por supuesto limitadas, a regiones dentro del mismo hemisferio.1 

Hay, en efecto, diferencias generalizadas y consistentes entre los hemisferios, que existen a muchos niveles.

Comenzando una vez más con la estructura, la mayoría de los estudios han encontrado que el hemisferio derecho es más largo, ancho y, en general más grande, así como más pesado que el izquierdo.2  Interesantemente esto es cierto para los mamíferos sociales en general.3  De hecho, el hemisferio derecho es más ancho que el izquierdo en la mayor parte de su longitud, y tan solo en la región parieto-occipital posterior es más ancho el hemisferio izquierdo.4 Los hemisferios cerebrales muestran una asimetría muy constante entre el derecho y el izquierdo, desde la infancia hasta la edad adulta, siendo los ventrículos más grandes en el izquierdo (espacios dentro de los hemisferios que contienen el líquido cefalorraquídeo y que son una medida inversa del volumen cerebral).5 Sin embargo, la expansión de las áreas del habla en el hemisferio izquierdo tiene también un origen muy temprano y es detectable desde la 31 semana de gestación, estando claramente presente durante el resto del último trimestre.6

Además de diferir en tamaño y en forma en una serie de áreas cerebrales definidas,7 los hemisferios difieren en el número de neuronas,8  el tamaño neuronal (el tamaño de las células nerviosas individuales),9 y en el grado de ramificación dendrítica (el número de conexiones emitidas por cada célula nerviosa) dentro de áreas asimetricas.10 Hay una mayor superposición dendrítica en las columnas corticales del hemisferio derecho, que se ha postulado como un mecanismo de una mayor interconectividad, en comparación con el izquierdo.11 La proporción entre la materia gris y la blanca también difiere.12  El hallazgo de que hay más materia blanca en el hemisferio derecho, facilitando la transferencia de información a través de las regiones, refleja también su atención a la imagen global, mientras que el hemisferio izquierdo prioriza la comunicación local, la transferencia de información dentro de las regiones.

Neuroquímicamente los hemisferios difieren en su sensibilidad a las hormonas (por ejemplo, el hemisferio derecho es más sensible a la testosterona),13 y a agentes farmacológicos;14  y dependen de neurotransmisores predominantemente diferentes (el hemisferio izquierdo es más dependiente de la dopamina y el hemisferio derecho de la noradrenalina).15 Estas diferencias estructurales y funcionales16  a nivel cerebral sugieren que puede haber realmente diferencias básicas en lo que hacen los dos hemisferios. Así que, ¿qué nos dicen las investigaciones neuropsicológicas al respecto?

Si bien es cierto que sabemos mucho acerca de lo que “hacen” las diferentes áreas dentro de cada hemisferio, en algunos casos bastante minuciosamente discriminadas, en el sentido de que podemos responder a la pregunta de "qué" es lo que parecen ayudar a mediar, hemos tendido a prestar menos atención al "cómo", a la forma en que hacen esto - no en el sentido del mecanismo por el que lo hacen, del cual tenemos una comprensión cada vez mayor, sino en el sentido de qué aspecto de una determinada "función" se está abordando. Tan pronto como uno comienza a mirar la cuestión de esta manera - por ejemplo, no dónde está el lenguaje, sino donde están ciertos aspectos del lenguaje - entonces surgen diferencias sorprendentes entre hemisferios.17 

 

 

VÍAS DE CONOCIMIENTO

La estructura del cerebro es fácil de medir, su función es más problemática. Así que, permítanme comenzar diciendo algo de los medios por los que llegamos a tener conocimiento del funcionamiento del cerebro y algunos de los problemas asociados con ello. Esto es importante porque hay una tendencia, particularmente entre los no especialistas a creer que, gracias a la tecnología moderna, podemos "ver" fácilmente qué partes del cerebro están involucradas en casi cualquier actividad humana.

Lo primero que hay que dejar claro es que, aunque el cerebro se describe a menudo como si estuviera compuesto de secciones - "módulos" - de un tipo u otro que luego hay que ensamblar, es en realidad un sistema único integrado y sumamente dinámico. Los sucesos que ocurren en cualquier parte del cerebro están conectados con otras regiones y potencialmente tienen consecuencias para estas, que pueden responder a ese suceso inicial, propagarlo, potenciarlo o desarrollarlo, o alternativamente corregirlo de algún modo, inhibirlo o tratar de restablecer el equilibrio. No hay secciones, solo redes, un abanico casi infinito de vías. Por lo tanto, especialmente cuando se trata de sucesos cognitivos o emocionales complejos, todas las referencias a la localización, especialmente dentro de un hemisferio, y en última instancia, incluso a través de hemisferios, deben entenderse en ese contexto.

Habiendo dicho esto, ¿cómo se puede empezar? Un método es estudiar a sujetos con lesiones cerebrales. Esto tiene ciertas ventajas. Cuando una parte del cerebro es destruida por un derrame cerebral, un tumor u otra lesión, podemos ver lo que se ha perdido, aunque la interpretación de los resultados no siempre sea tan sencilla como podría parecer.18 Otro método es usar técnicas experimentales de inactivación temporal de los hemisferios. Una forma de conseguirlo es mediante la prueba de Wada, una prueba que normalmente se lleva a cabo antes de una intervención neuroquirúrgica para determinar qué hemisferio es el responsable principal del habla. Consiste en inyectar amital sódico o un anestésico similar en el torrente sanguíneo de una de las arterias carótidas, anestesiando, así una mitad del cerebro, mientras que la otra mitad del cerebro permanece activa. Otra forma es mediante técnicas de estimulación magnética transcraneal, que utilizan un electroimán para inhibir (o según la radiofrecuencia, aumentar) la actividad de un hemisferio de forma temporal, o en un lugar específico dentro del hemisferio. En el pasado, la administración unilateral de terapia electroconvulsiva (TEC) ofrecía una alternativa similar: ya que entonces era posible pedir al sujeto que realizara alguna tarea específica, sabiendo que uno de los hemisferios estaba inactivado durante unos 15-20 minutos tras el tratamiento.

Otras técnicas que han sido de ayuda consisten en dirigir un estímulo perceptivo a uno solo de los hemisferios. El taquistoscopio, es un dispositivo que permite emitir un estímulo visual durante unos pocos milisegundos, un tiempo demasiado corto para que la mirada se desvíe; la colocación cuidadosa del estímulo permite que llegue solamente a una mitad del campo visual. Las técnicas de escucha dicótica aplican diferentes estímulos a cada oído, generalmente a través de auriculares, y esta fue una de las formas en la que se estableció por primera vez que en general el oído derecho (hemisferio izquierdo) tiene ventaja para tratar con material verbal. Pero en un cerebro normal podemos asumir que la información se propaga muy rápidamente al hemisferio contralateral, lo que hace que al usar estas técnicas lo que se busca son pequeñas diferencias en los tiempos de reacción o diferencias marginales en la relevancia.

Por esta razón, un recurso especialmente rico han sido los individuos con el llamado cerebro dividido, pacientes que para controlar una epilepsia intratable, se sometieron a un procedimiento llamado callosotomía, que secciona el cuerpo calloso. Esta operación es rara en la actualidad, ya que la mayoría de las convulsiones son controlables con los actuales medios farmacológicos, pero cuando se llevaron a cabo por primera vez, por Sperry y Bogen y sus colegas, en California en el decenio de 1950 a 1960, fue revolucionaria - tanto para los pacientes que comenzaron a llevar una vida más normal, como para neurólogos, psicólogos y filósofos, que vieron cómo se abría una ventana al funcionamiento del cerebro. En el caso de sujetos con cerebro-dividido, los estímulos presentados en un oído o en un campo visual no se pueden transferir a través del cuerpo calloso al otro hemisferio, lo que da una imagen relativamente limpia de cómo responde un hemisferio por sí solo, razón por lo cual fueron tan valiosos para los investigadores. Aunque algunas circunstancias particulares hacen que los sujetos con cerebro-dividido sean especialmente intrigantes. Si se muestra una imagen a un sujeto con cerebro dividido en su campo visual izquierdo, él o ella no podrán nombrar lo que han visto, ya que la imagen del campo visual izquierdo se envía solo al lado derecho del cerebro, y el hemisferio derecho en la mayoría de los sujetos no tiene la capacidad de habla. Como la comunicación interhemisférica está en gran parte ausente, el hemisferio izquierdo que es el que habla no puede nombrar lo que el hemisferio derecho acaba de ver. Sin embargo, la persona puede indicar un objeto equivalente con su mano izquierda, ya que esa mano está controlada por el lado derecho del cerebro.

Otras informaciones provienen de registros de EEG y, cada vez más de neuroimágenes funcionales, que permiten ver qué áreas del cerebro se activan de manera preferencial al realizar una tarea, y esta área es prometedora. La información del EEG es instantánea, y por lo tanto bastante precisa en el tiempo, pero es más difícil de localizarla con precisión en el cerebro. Por el contrario, la resonancia magnética funcional (RMNf), en la actualidad el método preferido de obtención de imágenes, proporciona una localización más precisa, pero con un intervalo de tres a cinco segundos. Estas técnicas se pueden combinar. La neuroimagen, incluida la tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT) y la tomografía por emisión de positrones (PET), así como la RMNf, utilizan una variedad de técnicas para detectar dónde hay cambios en la perfusión al cerebro (suministro de sangre), el principio común es que las áreas activas tienen un mayor ritmo de metabolismo y, por lo tanto, requieren un aumento temporal del suministro de sangre. Sin embargo, es conveniente decir algo acerca de los problemas asociados a los estudios de neuroimagen como fuente de información por sí sola.19

Las imágenes solo muestran unos pocos picos, mientras que lo que más interesa puede estar en otras partes.20  No se puede dar por sentado que las áreas que se iluminan son las responsables fundamentales de la "función" que se está visualizando, ni que las áreas que no se iluminan no están involucradas.21  Y, lo que es más, ni siquiera se puede suponer que cualquiera de los "picos" es de importancia primordial, ya que solo son las tareas de esfuerzo las que tienden a registrarse – y cuanto más expertos seamos en algo, veremos menos actividad cerebral. Por ejemplo, personas con un coeficiente intelectual más alto tienen tasas metabólicas cerebrales más bajas durante condiciones mentalmente activas;22 al igual que las personas con mayor tamaño cerebral,23  que también se correlaciona con el coeficiente intelectual.24 También tenemos que recordar que las activaciones que visualizamos del cerebro en realidad pueden ser de naturaleza inhibitoria - la inhibición puede ser indistinguible de la activación utilizando los métodos actuales de resonancia magnética.25

Con esto no se terminan ni mucho menos los problemas que hay que superar. Pequeñas diferencias en la forma en que se presenta la tarea pueden producir una gran diferencia en los resultados. Cambios en la novedad o la complejidad pueden enmascarar estructuras relevantes o identificar falsamente otras irrelevantes.26 Cuanto más compleja sea la tarea, probablemente más extensamente distribuidas estarán las redes involucradas, y será más difícil saber qué es lo que se está midiendo; los algoritmos de sustracción, por los que se comparan dos conjuntos de condiciones para aislar el elemento de interés, están asociados a sus propios problemas.27

Como si esto no fuera suficiente, hay muchas variables involucradas en cualquier experimento que implique a seres humanos. Los sujetos masculinos y femeninos responden de manera diferente; no solo ser zurdo o diestro puede introducir diferencias, sino lo que es más importante, una marcada lateralidad para el uso de una mano (ya sea derecha o izquierda) puede dar una imagen muy diferente de la de alguien ambidextro; la raza y la edad también establecen diferencias. Casos individuales pueden ser diferentes porque la manera en que experimentamos el mundo individualmente es distinta; incluso el mismo cerebro varía en su respuesta a la misma tarea según el contexto - por ejemplo, según lo que le había sucedido anteriormente. En palabras de un destacado especialista en neuroimágenes: “Algunas personas creen que la psicología está siendo reemplazada por las imágenes cerebrales, pero no creo que ese sea el caso...Es la confrontación de todos estos métodos diferentes lo que crea el conocimiento."28

Por todas estas razones, he intentado en todo momento no basarme solo en la neuroimagen, y lo menos posible en una sola línea de evidencias. La importancia de vincular, siempre que sea posible, la neuroimagen con las evidencias en estudios de lesiones cerebrales se ha destacado recientemente en relación al concepto de la "teoría de la mente".29 Pero, como comencé señalando, incluso los estudios de lesiones cerebrales tienen sus limitaciones.30

Con todo, debe quedar claro que no se puede esperar una coincidencia completa de resultados; es probable que haya muchas discrepancias, y en general, esta no es una ciencia tan precisa como puede parecer. No obstante, en conjunto, tenemos una gran cantidad de información que sugiere diferencias consistentes, y es a estas que tenemos que echar un vistazo más de cerca.

Al hacerlo, a veces me referiré a regiones del cerebro ilustradas en las Figuras 2.1 y 2.2, específicamente a partes de la corteza prefrontal, el diencéfalo, los ganglios basales y el sistema límbico y, aunque la argumentación puede seguirse sin un conocimiento detallado de anatomía, las imágenes pueden ayudar a los lectores que no están familiarizado con los temas.

 

 


Fig.2.1 Corteza prefrontal y Sistema Límbico                                fig. 2.2. Diencéfalo, ganglios basales y s. límbico.

También debería decir que este es necesariamente un capítulo largo. Reconozco que eso puede ser un poco desalentador para el lector, y que podría haberlo dividido en varias partes. Pero mi esperanza es que se pueda abandonar la idea de "áreas de cognición" separadas, por mucho que  haya tenido que dividir el mundo sin fisuras que ofrece cada hemisferio en trozos reconocibles para los propósitos de la descripción. En el proceso de hacerlo, he sido consciente de la artificialidad de tales divisiones, ya que cada una de estas se solapa inevitablemente con muchas otras, y en última instancia, creo que forman un todo único y coherente. Si lo hubiera cortado en capítulos separados habría reforzado la tendencia que deseo evitar. Así que los diversos encabezamientos de este capítulo son un término medio que, espero, darán al proceso un sentido de dirección.

 

AMPLITUD Y FLEXIBILIDAD FRENTE A FOCALIZACIÓN Y CAPTACIÓN

Me gustaría comenzar con algo que ya hemos mencionado, la importancia fundamental de la atención. Si lo que existe se hace realidad para cada uno de nosotros a través de su interacción con nuestros cerebros y mentes, la idea de que pudiéramos tener un conocimiento de la realidad que no fuera también una expresión de nosotros mismos, y dependiente de lo que aportamos a dicha relación, es insostenible. Puede parecer obvio, sin embargo, que la tarea del cerebro - para los que tenemos un cerebro - es ponernos en contacto con lo que existe aparte de nosotros mismos.

Pero esta conclusión no es tan obviamente correcta como parece. Diferentes aspectos del mundo surgen a través de la interacción de nuestros cerebros con lo que sea que existe aparte de nosotros mismos, y precisamente que aspectos llegan a existir depende de la naturaleza de nuestra atención. Podría resultar que, para algunos propósitos, aquellos que implican hacer uso del mundo y manipularlo en nuestro beneficio, necesitásemos, de hecho, ser bastante selectivos acerca de lo que vemos. En otras palabras, es posible que necesitemos conocer aquello que nos es de utilidad - pero esto puede ser muy diferente del entendimiento en un sentido más amplio y, seguramente puede requerir filtrar algunos aspectos de la experiencia. Sin experimentar lo que sea que eso es, no tendríamos nada en lo que basar nuestro conocimiento, así que tenemos que experimentarlo en alguna etapa; pero para poder conocerlo, tenemos que "procesar" la experiencia. Tenemos que ser capaces de reconocer (“re-conocer”) lo que ya hemos experimentado: para decir que esto es "tal o cual cosa", es decir, que tiene ciertas cualidades que me permiten situarlo en una categoría de cosas que he experimentado antes y sobre las cuales tengo ciertas creencias y sentimientos. Este procesamiento con el tiempo acaba siendo tan automático que no tenemos una experiencia del mundo como experiencia, sino de nuestra representación del mundo. El mundo ya no está "presente" para nosotros, sino que está "re-presentado", un mundo virtual, una copia que existe en forma conceptual en la mente.  

Gran parte de nuestra capacidad para "utilizar" el mundo depende, no de un intento de abrirnos lo más posible a aprehender lo que sea que exista aparte de nosotros, sino más bien en aprehender lo que sea que he traído a la realidad para mí mismo, mi representación de ello. Este es el cometido del hemisferio izquierdo, y parece requerir una atención selectiva, y altamente focalizada.

El hemisferio derecho, como aves y animales lo demuestran, tiene “la mirada puesta hacia afuera”. Tiene que estar abierto a lo que exista aparte de nosotros mismos, tanto como sea posible sin preconcepciones, sin centrarse solo en lo que ya conoce o está interesado. Esto requiere un modo de atención que es más amplio y flexible que el del hemisferio izquierdo. ¿Pero qué sucede realmente en detalle?

La literatura neuropsicológica convencional distingue cinco tipos de atención: la atención vigilante, la atención sostenida, el estado de alerta, la atención enfocada y la atención dividida. Si bien no son idénticas, la atención vigilante y la atención sostenida son similares, y a menudo se las trata como un mismo concepto. Junto con el estado de alerta, forman la base de lo que se ha llamado, el eje de intensidad de la atención. El otro eje es el grado de selectividad, formado por los dos tipos restantes, la atención focalizada y la atención dividida.31 Los experimentos confirman que los diferentes tipos de atención son distintos e independientes entre sí, y están sustentados por una serie de estructuras cerebrales diferentes, distribuidas extensamente a lo largo de las áreas prefrontal, cingulada anterior y parietales posteriores de ambas cortezas hemisféricas. Claramente dentro de cada hemisferio, y posiblemente entre hemisferios, el sistema de procesos de control es complejo. Sin embargo, algunas diferencias amplias y consistentes en la especialización de los hemisferios son sorprendentes cuando se revisan las pruebas disponibles.

El estado de alerta y la atención sostenida pueden sonar a "funciones” técnicas, justo el tipo de cosas con las que es difícil entusiasmarse fuera de un laboratorio de psicología. Pero, al igual que la atención vigilante, son el fundamento de nuestro ser en el mundo, no solo en el nivel más bajo, vegetativo, sino también en el más alto, en los niveles espirituales, ("¡Hermanos, estén sobrios, estén atentos!", "¡O Mensch, gib acht!").32 Sin el estado de alerta, estaríamos como dormidos, sin capacidad para responder al mundo que nos rodea; sin la atención sostenida, el mundo se fragmenta; y sin la atención vigilante, no podemos darnos cuenta de nada que no sepamos ya. Al observar las pruebas de investigación sobre el cerebro, es evidente que la atención vigilante y sostenida están gravemente deterioradas en sujetos con lesiones del hemisferio derecho, especialmente en las lesiones del lóbulo frontal derecho;33  por el contrario, en los pacientes con lesiones en el hemisferio izquierdo (que dependen de que su hemisferio derecho esté intacto) la atención vigilante está preservada.34 Los pacientes con lesiones en el hemisferio derecho también presentan lo que se denomina, ralentización perceptivo-motora, un signo de disminución del estado de alerta, asociado a lapsos de atención.35 Los estudios tanto en sujetos sanos como en pacientes con cerebro dividido corroboran el papel del hemisferio derecho en los aspectos de "intensidad" de la atención;36 y los estudios de escaneado aportan más pruebas que confirman el predominio del hemisferio derecho en el estado de alerta y la atención sostenida.37  En general, parece claro que, de los dos ejes principales de la atención, la intensidad (estado de alerta, vigilancia y atención sostenida) depende del hemisferio derecho.

El otro eje principal de atención es la selectividad (atención focalizada y dividida). En cuanto a la atención focalizada, la historia aquí es muy diferente. Los déficits en la atención focalizada son más graves con una lesión del hemisferio izquierdo.38  Aunque la atención selectiva pueda ser bilateral,39 se asocia más típicamente con la actividad en el núcleo caudado izquierdo o la corteza cingulada anterior izquierda.40 Sujetos sanos muestran una preferencia del hemisferio izquierdo para reacciones basadas en la elección.41 Y los estudios de escaneado sugieren que la atención focalizada está asociada a la actividad en la corteza orbitofrontal izquierda y a los ganglios basales.42

En cuanto a la atención dividida, la evidencia está dividida. Si bien algunos estudios sugieren que están involucrados ambos hemisferios izquierdo y derecho,43 parece haber un claro papel primario del hemisferio derecho, especialmente de la corteza prefrontal dorsolateral derecha.44

En resumen, el hemisferio derecho es responsable en todo tipo de atención, excepto en la atención focalizada. Incluso cuando está dividida la atención, y parece que ambos hemisferios están involucrados, es probable que el hemisferio derecho desempeñe el papel principal (posiblemente el de unificar la entrada dividida). Y  debido a que el hemisferio derecho es el responsable de la atención globalmente, y a que existe una  tendencia natural a que cada hemisferio procese de manera preferente los estímulos del campo atencional contralateral, a la mayoría de personas, si se les pide que dividan por la mitad una línea, lo harán ligeramente hacia la izquierda del punto medio real - porque así se iguala la extensión aparente de las medias-líneas vistas desde el punto de vista del hemisferio derecho.45 Son las lesiones en el lóbulo parietal inferior derecho las que causan el deterioro más grave de la atención global.46

Se ha sugerido que la base del predominio del hemisferio derecho para la atención puede residir en el procesamiento viso-espacial más sofisticado del hemisferio derecho, pero yo me inclinaría a verlo como una consecuencia de la diferencia atencional más que una causa de ello.47

Más específicamente, hay evidencias de que el predominio del hemisferio izquierdo es en la atención local, estrechamente focalizada y el predominio del hemisferio derecho para la atención amplia, global y flexible.48 El alcance del ámbito del hemisferio derecho es amplio.49 Pacientes con lesiones en el hemisferio derecho (y que por lo tanto, dependen de su hemisferio izquierdo intacto) necesitan empezar juntando fragmentos para obtener una visión de conjunto, mientras que los que tienen una lesión en el hemisferio izquierdo (y que dependen de su hemisferio derecho) prefieren un enfoque global.50  Los pacientes con lesión en el hemisferio derecho no parecen ser capaces de ajustar la amplitud del "foco" de su atención: sufren de un "estrechamiento excesivo, más o menos permanente de su ventana atencional".51  Esto es lo que sucede cuando tenemos que confiar en la atención del hemisferio izquierdo por sí solo.

 

LO NUEVO FRENTE A LO CONOCIDO

De esto se deduce que, en casi todos los casos, lo que es nuevo debe primero estar presente en el hemisferio derecho, antes de que pueda ser enfocado por el izquierdo. Por un lado, el hemisferio derecho es el único que se ocupa del campo visual periférico del cual tienden a provenir las nuevas experiencias; solo el hemisferio derecho puede dirigir la atención a lo que nos llega desde los bordes de nuestra conciencia, independientemente del lado.52 Cualquier novedad que entre en nuestro mundo experiencial desencadena instantáneamente una liberación de noradrenalina - principalmente en el hemisferio derecho.53 Las experiencias novedosas inducen cambios en el hipocampo derecho, pero no en el izquierdo.54 Por lo tanto, no es una sorpresa que fenomenológicamente sea el hemisferio derecho el que esté en sintonía con la aprehensión de cualquier cosa nueva.55        

Esta diferencia es dominante en todos los ámbitos. No solo el de las nuevas experiencias, sino también el aprendizaje de nueva información o nuevas habilidades que implican más la atención del hemisferio derecho que la del izquierdo,56   incluso si la información es de naturaleza verbal.57 Sin embargo, una vez que las habilidades se han hecho familiares a través de la práctica, pasan a ser competencia del hemisferio izquierdo,58 incluso para habilidades como tocar un instrumento musical.59

Si es el hemisferio derecho el que está vigilante a lo que sea que exista "ahí fuera", solo él puede ofrecernos algo distinto de lo que ya conocemos. El hemisferio izquierdo trata con lo que conoce y, por lo tanto, da prioridad a lo esperado - su proceso es predictivo. Prefiere activamente lo que conoce.60  Esto lo hace más eficiente en situaciones de rutina donde las cosas son predecibles, pero menos eficiente que el derecho siempre que haya que revisar los supuestos iniciales,61 o cuando es necesario distinguir información antigua de material nuevo que pueda ser coherente con ello.62 Debido a que el hemisferio izquierdo se deja llevar por sus expectativas, el hemisferio derecho obtiene mejores resultados que el izquierdo siempre que la predicción es difícil.63  El vínculo entre el hemisferio derecho y lo que es nuevo o emocionalmente atrayente existe no solo en los humanos, sino también en mamíferos superiores: por ejemplo, los caballos perciben estímulos nuevos y potencialmente excitantes con el ojo izquierdo.64

 

LO POSIBLE FRENTE A LO PREDECIBLE

El hemisferio derecho es, en otras palabras, más capaz de un cambio de encuadre;65 y no es sorprendente que el lóbulo frontal derecho sea especialmente importante para la flexibilidad de pensamiento, ya que el daño en esa área conduce al pensamiento perseverante, una incapacidad patológica para responder con flexibilidad a situaciones cambiantes.66 Por ejemplo, una vez que han encontrado un enfoque que funciona para un problema, los sujetos parecen atascarse, y lo aplicarán de manera inapropiada a un segundo problema que requiere un enfoque diferente - o incluso, por haber respondido correctamente a una pregunta, darán la misma respuesta a la siguiente y a la siguiente. Es la corteza frontal derecha la que se encarga de inhibir a lo que uno responde inmediatamente y, por lo tanto, se ocupa de la flexibilidad y del cambio de escenario;67 así como de la capacidad de inhibición de las respuestas inmediatas a estímulos del entorno.68

Esto es similar a la resolución de problemas. En este caso, el hemisferio derecho presenta un abanico de posibles soluciones, que permanecen activas mientras se exploran las alternativas.69 El hemisferio izquierdo, por el contrario, toma la única solución que parece ajustarse mejor a lo que ya conoce y se aferra a ella.70 Los estudios sobre la anosognosia, de V.S. Ramachandran revelan una tendencia del hemisferio izquierdo a negar las discrepancias que no se ajustan a su esquema previo de las cosas. El hemisferio derecho, por el contrario, observa activamente las discrepancias, haciendo más de abogado del diablo.71 Estos enfoques son ambos necesarios, pero apuntan en direcciones opuestas.        

Esta diferencia no se basa en ninguna de las antiguas distinciones, como la verbal frente a la visoespacial. Funciona igualmente en el ámbito de la atención a la información verbal. De acuerdo con lo que sabemos de sus prioridades, el hemisferio izquierdo concentra activamente su foco atencional a palabras muy relacionadas, mientras que el hemisferio derecho activa un rango más amplio de palabras. El hemisferio izquierdo opera de manera focal, suprimiendo significados que no son en ese momento relevantes. Por el contrario, el hemisferio derecho "procesa la información de manera no focal con una activación generalizada de significados relacionados".72 Mientras que las relaciones léxico semánticas, cercanas dependen más del hemisferio izquierdo, las asociaciones semánticas más laxas dependen del derecho.73 Debido a que el hemisferio derecho pone a disposición, significados de palabras poco frecuentes o lejanamente relacionadas,74 hay una mayor implicación del hemisferio derecho cuando se generan palabras inusuales75 o relacionadas de forma lejana o con usos novedosos para objetos.76 Este puede ser uno de los muchos aspectos por los que se tiende a asociar al hemisferio derecho con un estilo más libre y más "creativo". La región temporo-anterior derecha está asociada a la creación de conexiones entre información distante durante la comprensión,77 y el surco temporo postero-superior derecho estaría implicado selectivamente en la creatividad verbal.78 En situaciones de "cierre", por el contrario, el hemisferio izquierdo suprime activamente al derecho, para excluir asociaciones que solo de forma lejana estén relacionadas semánticamente.79

El estilo más flexible del hemisferio derecho se evidencia no solo en sus propias preferencias, sino también en el "meta" nivel, en el hecho de que también puede usar el estilo preferente del hemisferio izquierdo, mientras que el hemisferio izquierdo no puede usar el del hemisferio derecho. Por ejemplo, aunque el hemisferio izquierdo saca más provecho de una única asociación fuerte que de varias asociaciones más débiles, solo el hemisferio derecho puede usar cualquiera de las dos por igual.80

Una de las pruebas psicológicas estándar que se supone miden la creatividad es el Test de Asociación Remota, cuyo nombre alude a la creencia de que la creatividad requiere la capacidad de establecer asociaciones entre ideas o conceptos muy diferentes.81  Dado que los esfuerzos de la voluntad para enfocar la atención reducen deliberadamente su campo,82 es posible que el cese de esfuerzo por "llegar a algo " - relajación, en otras palabras - favorezca la creatividad, porque permite ampliar la atención y, con la expansión del campo atencional, el compromiso del hemisferio derecho.83 (De lo dicho se desprende que asociaciones de pensamiento más alejadas o tenues se realizan más fácilmente al permitir la ampliación del campo atencional del hemisferio derecho, lo que también puede explicar el fenómeno de tenerlo en “la punta de la lengua": cuanto más nos esforzamos, más reclutamos la atención estrecha del hemisferio izquierdo, y menos podemos recordar la palabra. Una vez que dejamos de intentarlo, la palabra nos viene sola.)    

Dado que el hemisferio izquierdo en realidad inhibe la amplitud de atención que despliega el hemisferio derecho, la creatividad puede aumentar después de un accidente cerebrovascular en el hemisferio izquierdo, y no solo de cualidades sensoriales, sino como dice Alajouanine sobre un pintor al que describe, con "múltiples componentes intelectuales y afectivos".84 Ciertamente, hay muchas evidencias de que el hemisferio derecho es importante para la creatividad, 85 lo cual, no es de extrañar, dada su capacidad para establecer más conexiones y de mayor alcance entre las cosas y de pensar de manera más flexible.86 Pero esto es solo una parte de la historia. Ya que ambos hemisferios están involucrados de manera importante. La creatividad depende tanto de la unión de cosas como de que se mantengan por separado - esa es la función específica del cuerpo calloso, tanto la de separar como la de conectar; y curiosamente la división del cuerpo calloso perjudica la creatividad.87

 

INTEGRACIÓN FRENTE A DIVISIÓN

En general, el hemisferio izquierdo está más interconectado en su interior, y dentro de las regiones que lo componen, que el hemisferio derecho.88 Todo esto es parte del estilo de su enfoque cerrado, pero también es un reflejo en el nivel neuronal de la naturaleza esencialmente autorreferencial del mundo del hemisferio izquierdo: trata con lo que ya sabe, el mundo que ha creado para sí mismo. Por el contrario, como he mencionado, el hemisferio derecho tiene un mayor grado de mielinización, lo que facilita la transferencia rápida de información entre la corteza y los centros subcorticales,89 y una mayor conectividad en general.90  Desde el punto de vista funcional, su integración superior se evidencia en las mediciones del EEG 91 al igual que en las proyecciones somatosensoriales más diseminadas aunque superpuestas (que transmiten información sobre el tacto, el dolor y la posición del cuerpo), y en las entradas auditivas en el lado derecho del cerebro.92

En el plano experiencial, también es más capaz de integrar procesos perceptivos, en particular reuniendo diferentes tipos de información de los diferentes sentidos.93 Hay evidencias en veteranos de guerra con daño cerebral que confirman la diferencia entre la organización focal del hemisferio izquierdo y la estructura más profusa y difusamente organizada del hemisferio derecho, e indican que esta puede ser la razón por la que el hemisferio derecho tenga ventaja a la hora de construir un mundo tridimensional rico y variado espacialmente. En principio, cabría esperar que la agrupación de tipos de funciones muy diferentes en el hemisferio derecho con una organización más difusa, diera lugar a una calidad de integración diferente de la que caracteriza al hemisferio izquierdo, de organización más focalizada: habiendo una mayor convergencia de tipos de información dispares, y "se podría predecir una integración heteromodal que superaría la posible en un hemisferio focalmente organizado."94 En pocas palabras, esto significa reunir en la conciencia diferentes elementos, incluyendo información procedente del oído, de los ojos, y otros órganos sensoriales, así como de la memoria, a fin de generar el mundo rico y complejo, y a la vez coherente, que experimentamos. Por el contrario, el hemisferio izquierdo podría ser "inadecuado para las síntesis más rápidas y complejas que logra el hemisferio [derecho]".95

He mencionado que los estímulos novedosos provocan la liberación de noradrenalina en el hemisferio derecho. La mayoría de las neuronas se "fatigan", es decir, dejan de responder cuando se estimulan continuamente. Sin embargo, estas neuronas noradrenérgicas no se fatigan, sino que mantienen su condición de excitación, de modo que la atención exploratoria se mantiene abierta a través de una mayor expansión tanto en el espacio como en el tiempo.96 El rango del hemisferio derecho aumenta aún más por el hecho de que tiene una memoria de trabajo más amplia, por lo que puede acceder a más información y mantenerla unida en cualquier momento durante más tiempo.97 Es capaz de tener presente más información en la mente, haciéndolo durante periodos más largos, y con mayor especificidad (lo que también significa una menor susceptibilidad a la degradación de la memoria con el tiempo).98

Este campo de atención más amplio, abierto a lo que pueda ser, asociado a una mayor integración a lo largo del tiempo y el espacio, es lo que hace posible el reconocimiento de patrones amplios o complejos, la percepción de las "cosas como un todo", viendo el bosque a través de los árboles.99 En resumen, el hemisferio izquierdo ofrece una visión local a corto plazo, mientras que el hemisferio derecho tiene una visión más amplia.

 

LA JERARQUÍA DE LA ATENCIÓN

Hay, entonces, dos formas ampliamente diferentes de atender al mundo. ¿Cómo se relacionan una con la otra?

Si lo que es nuevo como experiencia es más probable que esté presente en el hemisferio derecho, esto sugiere una jerarquía temporal de la atención, en la que nuestra conciencia de cualquier objeto de experiencia comienza en el hemisferio derecho, que es el que fundamenta la experiencia, antes de que llegue a ser más extensamente procesada en el hemisferio izquierdo. Esto coexiste y se confirma con una jerarquía de la atención en cualquier momento del tiempo, que también establece que sea el hemisferio derecho, y no el izquierdo, el predominante para la atención.100

La atención global, cortesía del hemisferio derecho, llega primero, no solo en el tiempo, sino que tiene prioridad en nuestro sentido de lo que estamos atendiendo; por lo tanto, guía la atención local del hemisferio izquierdo, en lugar de al revés.101 A modo de ilustración, normalmente veríamos la imagen de la página siguiente como una H (compuesta de varias E) y un 4 (compuesto de ochos).

 La excepción a esto es la esquizofrenia, en la que se pierde la capacidad dependiente del hemisferio derecho de ver el conjunto de una sola vez; entonces la figura se convierte en una masa de Es y ochos. Una de las diferencias cruciales en la esquizofrenia - y en la esquizotipia - radica en el modo de atención, por el cual el conjunto se construye a partir de las partes.102  No obstante, la jerarquía atencional también puede invertirse en ciertas circunstancias en individuos normales.103


Cuando hay una alta probabilidad de que lo que buscamos se encuentre a nivel local, nuestra ventana de atención se estrecha, con el fin de optimizar el rendimiento a este nivel, "invirtiendo así la tendencia natural a que se favorezca el aspecto global".104

Esencialmente, el estrecho foco atencional del hemisferio izquierdo, que cree "dirigirse" hacia lo que sea, en realidad ya ha sido capturado como tal.105 Por lo tanto, el hemisferio derecho es el que tiene la predominancia de los movimientos atencionales exploratorios, mientras que el hemisferio izquierdo facilita la captación focalizada de lo que ya se ha priorizado.106 Es el hemisferio derecho el que controla hacia dónde debe orientarse esa atención.107

Podemos pensar que construimos una imagen de algo mediante un proceso de escaneado en serie – juntando los fragmentos- porque así es como lo explica nuestro hemisferio izquierdo, consciente y verbal, cuando se le pide que descifre cómo se hace a posteriori. Pero en realidad vemos primero las cosas en su totalidad: el procesamiento atencional en serie no es necesario. En otras palabras, no tenemos que orientar nuestra atención a cada característica de un objeto sucesivamente para comprender el objeto en su conjunto; las características están todas presentes sin necesidad de combinar los productos de la atención focal.108

Más allá de la diferencia en la naturaleza y la extensión de la atención que los dos hemisferios prestan al mundo, existe una diferencia fascinante y fundamental en su orientación. Se podría pensar que ambos hemisferios se ocuparían del mundo en su conjunto, o si es imposible que ambos lo hagan, que habría una distribución simétrica y complementaria de la atención a lo largo de todo el campo. Pero este no es el caso. Dado que el campo visual izquierdo y las percepciones del oído izquierdo están más accesibles al hemisferio derecho, y por la misma razón, el campo visual derecho y las percepciones del oído derecho al hemisferio izquierdo, se esperaría, y de hecho se encuentra, un gradiente de atención de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, a lo largo del mundo experiencial para cualquiera de los dos hemisferios. Pero estos gradientes no son simétricos: existe una asimetría fundamental del interés con respecto a la imagen global. El hemisferio derecho está interesado por la totalidad del mundo disponible para los sentidos, tanto si lo que recibe procede de la izquierda como de la derecha; y nos proporciona un único mundo completo de experiencia. El hemisferio izquierdo parece interesarse de forma restringida por la mitad derecha del espacio y la mitad derecha del cuerpo- solo una parte, la parte que usa.109


Por ejemplo, en pacientes con cerebro-dividido, el hemisferio derecho atiende al campo visual completo, pero el hemisferio izquierdo solo atiende al derecho.110 Esta negativa del hemisferio izquierdo a dar cuenta de la mitad izquierda del mundo explica el fascinante fenómeno de la "heminegligencia" tras un derrame cerebral en el hemisferio derecho, después del cual el individuo depende completamente del hemisferio izquierdo para que su cuerpo y su mundo cobren existencia.111 Y como lo que le interesa al hemisferio izquierdo es solo la mitad derecha del mundo, la mitad izquierda del cuerpo y todo lo que se encuentra en la parte izquierda del campo visual, no se materializa. (Figura 2.3).

FIG. 2.3. Plantillas (columna izda), copiadas por pacientes con hemi-negligencia (columna dcha.)

Tan extremo puede ser este fenómeno, que la persona que lo sufre puede no reconocer la existencia de alguien que esté a su izquierda, o en la mitad izquierda de la pantalla de un reloj o en la página izquierda de un periódico o de un libro, e incluso dejará de lavarse, afeitarse o vestir la mitad izquierda de su cuerpo, llegando a veces a negar que exista esa parte en absoluto. Y esto es así a pesar del hecho de que no hay nada que falle en el sistema visual primario: el problema no se debe a una ceguera tal y como se entiende normalmente.

Si se inhabilita temporalmente el hemisferio izquierdo de un individuo así, mediante estimulación magnética transcraneal, la negligencia mejora, lo que sugiere que el problema que se produce tras el accidente cerebrovascular del hemisferio derecho se debe a la activación de la acción sin oposición del hemisferio izquierdo.112 Pero no se observa una imagen especular del fenómeno de la negligencia después de un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo, porque en este caso el hemisferio derecho, que sigue funcionando, proporciona una imagen completa del cuerpo y del mundo, a la persona que lo sufre. Y, debido a que el hemisferio derecho es el único que atiende a los extremos del campo atencional (ya sea el izquierdo o el derecho), cuando la hemi-negligencia provoca la pérdida del campo izquierdo, de manera extraordinaria, también hay una pérdida del campo del extremo derecho.113

            Existe también un curioso fenómeno de "adhesividad" en la atención que muestra el hemisferio izquierdo, que se relaciona con su relativa inflexibilidad mencionada anteriormente. Después de un daño en el hemisferio derecho, el hemicampo derecho parece ejercer una atracción magnética.114  Los pacientes se encuentran con que su mirada es atraída, a pesar de ellos mismos, hacia la derecha.115 E incluso se ha sugerido que el fenómeno de la hemi-negligencia atencional no es tanto una cuestión de desatención al lado izquierdo del espacio, como del hecho de estar capturado por el lado derecho del espacio, y no poder soltarse.116  El hemisferio izquierdo tiene dificultad para desengancharse;117 y esto parece ser precisamente porque, en lugar de que la familiarización con algo le haga desatender, le hace atender aún más. Los pacientes comienzan sintiéndose atraídos por objetos de la parte derecha, y luego se quedan enganchados a ellos, porque en lugar de producirse una inhibición (retroalimentación negativa), como ocurriría normalmente, los estímulos repetidos o familiares del lado derecho provocan una facilitación (retroalimentación positiva).118 Un paciente mío que había sufrido un ictus en el hemisferio derecho tras la rotura de una malformación arteriovenosa en la región temporoparietal se quedaba fijado en objetos inanimados de su hemicampo derecho: por ejemplo, si intentaba pasar por una puerta, y veía una bisagra a su derecha, se quedaba "atascado" inspeccionándola durante largos períodos tiempo, a menos que uno de sus cuidadores lo desenganchara activamente.

Probablemente es relevante que sea el hemisferio derecho el que controle los movimientos oculares conjugados, es decir, que hace que los dos ojos se muevan juntos, 119 lo que lleva a la interesante idea de que puede ser el hemisferio derecho el que también mantenga los hemisferios juntos, en interés de la totalidad del mundo experiencial, en lugar de permitir que el hemisferio izquierdo voluntariamente vaya por su cuenta.

En resumen, la jerarquía de atención, por una serie de razones, implica un papel de base y, en última instancia, un papel integrador del hemisferio derecho, en la que todo lo que hace el hemisferio izquierdo a nivel detallado debe de basarse en la imagen generada por el hemisferio derecho y, a continuación, ser devuelto a él. Este es un caso de la progresión derecha->> izquierda –>> derecha, que será uno de los temas de este libro. Y se encuentra en la base misma de la experiencia: es en la atención, donde el mundo realmente se hace realidad.       

Pero esto no completa el cuadro. Hay otro punto muy significativo que debe observarse aquí acerca de la relación entre los hemisferios. Se recordará que los polluelos usan uno u otro ojo para diferentes propósitos y diferentes visiones del mundo. Sin embargo, los polluelos que usan ambos ojos, no hacen estas divisiones: ellos se aproximan más a la visión del hemisferio derecho.120 Esto está en consonancia con lo que cabría esperar de todo lo que hemos visto sobre la jerarquía atencional. Pero también puede tener que ver con el hecho de que en esta etapa sus hemisferios son relativamente independientes. Ya que sabemos que en aves adultas, el desarrollo de las comisuras - bandas de tejido nervioso como el cuerpo calloso, que conectan los dos hemisferios - permiten que el hemisferio izquierdo tenga un efecto inhibidor sobre el hemisferio derecho en mayor medida que el hemisferio derecho sobre el izquierdo. De este modo, logran invertir la asimetría natural: imponen la visión del mundo del hemisferio izquierdo. Solo cuando se imposibilita la comunicación interhemisférica al seccionar las comisuras se vuelve a ver, la asimetría natural a favor de la visión del mundo del hemisferio derecho.121

 

EL TODO FRENTE A LA PARTE

He mencionado que el vínculo entre el hemisferio derecho y la percepción holística o gestáltica es una de las generalizaciones más fiables y duraderas de las diferencias entre los hemisferios, y que se deriva de las diferencias en la naturaleza de la atención.122


El hemisferio derecho ve totalidades, antes de que lo que sea se descomponga en partes en nuestro intento de "conocerlo". Su procesamiento holístico de la forma visual no se basa en la suma de las partes. Por otro lado, el hemisferio izquierdo ve partes-objetos.123 El ejemplo más conocido de este proceso de percepción gestáltica es la manera en que un perro dálmata, olfateando el suelo a la sombra de un árbol, emerge repentinamente de una masa de puntos y salpicaduras. (Figura 2.4). El proceso no es una recopilación gradual de fragmentos de información, sino un fenómeno de "¡ajá!, de compresión repentina" - que llega de golpe.   

Fig.2.4. Emergencia de una Gestalt.

El hemisferio derecho, con su mayor poder integrador, está constantemente buscando patrones en las cosas. De hecho, su comprensión se basa en el reconocimiento de patrones complejos.124

Los sujetos con cerebro dividido tienen una completa incapacidad para relacionar la forma o estructura de algo que han visto con algo que estén sintiendo con su mano - si el objeto se siente con la mano derecha. Sin embargo, con la mano izquierda (hemisferio derecho), lo relacionan perfectamente.125 Gazzaniga y LeDoux pensaron que esto debía depender de algún tipo de ventaja táctil o de "manipulación" del hemisferio "menor", porque pudieron demostrar que en un segundo experimento de integración viso-visual, que consistía en encajar una figura rota, el hemisferio
izquierdo no era tan malo (aunque seguía sin ser tan bueno como el derecho). Ver Figura 2.5.

Fig. 2. 5. En el primer experimento, se ve el modelo visual B: la mano derecha y la mano izquierda son testadas por separado para determinar la capacidad de seleccionar la forma requerida solo con el tacto de A, B o C.  En el segundo experimento, la muestra visual Y, se muestra por separado a cada campo visual: a continuación el sujeto tiene que emparejarla visualmente con una de las figuras rotas X, Y o Z. (Gazzaniga y LeDoux, 1978)

 

Pero esta segunda prueba no es ni mucho menos una prueba de la capacidad de generar un sentido de totalidad. Una prueba de la capacidad de generar un sentido de totalidad sería, precisamente, tener una idea de cómo sería en otras modalidades a las que uno tiene delante - ser capaz de decir por el tacto de alguna cosa, a que se parecería sin haberlo visto nunca; o ser capaz de seleccionar solo por el tacto un objeto que se haya visto – capacidad de la que carece el hemisferio izquierdo.  

Los sujetos con daños cerebrales unilaterales muestran déficits adicionales en las habilidades de dibujo, dependiendo de si está comprometida la función del hemisferio derecho o del izquierdo. Las composiciones de personas con daños en el hemisferio derecho, al depender de su hemisferio izquierdo, pierden la coherencia general y la integridad, volviéndose tan distorsionadas que apenas son reconocibles: no hay una captación gestáltica de la totalidad. Por ejemplo, si se les pide que dibujen una persona, los sujetos con lesiones parieto-occipitales derechas "presentan una considerable dificultad para ensamblar correctamente los distintos elementos, y en sus repetidos intentos colocan las extremidades en posiciones extrañas (brazos unidos al cuello o a la parte inferior del tronco)". Un paciente, al que se le pidió que dibujara un elefante, "dibujó tan solo una cola, el tronco y una oreja". El montaje de una maqueta de un elefante no les fue más fácil: “lo hacen lentamente y terminan en un completo fiasco. Aunque, por lo que dice, reconoce los elementos esenciales, es incapaz ni siquiera aproximadamente de colocarlos en su lugar o de relacionarlos unos con otros."126   Las figuras se simplifican y distorsionan de forma casi increíble: un hombre, es solo una mancha con tres palos por extremidades; una bicicleta, dos pequeñas ruedas colocadas por encima de los pedales (más grandes); una casa reducida a unas pocas líneas caóticas, con un techo simbolizado por una V invertida. Figura. 2.6.

En cambio, los dibujos de personas con daños en el hemisferio izquierdo, y que dependen de su hemisferio derecho, a veces muestran una relativa pobreza de detalles, ya que hacen hincapié en la forma del conjunto.127 (Ver Figura 2.7.)128

 


fig. 2.6. Dibujo de un paciente con lesión parietal derecha de un hombre, y                                        de una bicicleta y una casa, de otro paciente con lesión parieto-occipital derecha,

Fig. 2.7 árbol dibujado por el mismo sujeto: primero en condiciones normales; luego                            solo con el hemisferio derecho inactivado; y luego con el hemisferio izquierdo inactivado.

Es lo mismo con la percepción, que con la ejecución. Por ejemplo, un paciente con daño en el hemisferio derecho descrito por Hécaen y Ajuriaguerra fue incapaz de reconocer un dibujo de una casa, hasta que vio que, había una chimenea.129 El conjunto le era inescrutable, pero una parte le dio la pista.

Pero, una vez más, los fallos en el procesamiento integrador cuando hay daños en el hemisferio derecho no se limitan a un dominio u otro, y no forman parte de la vieja dicotomía visual/verbal: las dificultades experimentadas por pacientes con lesiones del hemisferio derecho para captar la información visoespacial como un todo están relacionados con las dificultades que tienen con la comprensión verbal-semántica.130

Debido a la forma en que el hemisferio izquierdo está sesgado hacia la identificación por partes y el hemisferio derecho hacia la imagen global, también difieren en la forma en que entienden lo que experimentan.

 

CONTEXTO FRENTE ABSTRACCIÓN

Por la misma razón que el hemisferio derecho ve las cosas como una totalidad, antes de que hayan sido descompuestas en partes, también ve cada cosa en su contexto, como si estuviera en una relación de cualificación con todo lo que le rodea, en lugar de considerarlas como una entidad única y aislada.131 Su conciencia del mundo es cualquier cosa menos abstracta.

Cualquier cosa que requiera una interpretación indirecta, que no sea explícita o literal, que en otras palabras requiera una comprensión contextual, depende del lóbulo frontal derecho para que su significado sea transmitido o recibido.132 El hemisferio derecho comprende a partir de pistas contextuales indirectas, no solo a partir de un enunciado explícito, mientras que el hemisferio izquierdo tiene que identificar por etiquetas en lugar de por el contexto (por ejemplo, identifica que debe ser invierno porque es “Enero”, no mirando los árboles).133    

Esta diferencia es particularmente importante cuando se trata de lo que los dos hemisferios aportan al lenguaje. El hemisferio derecho toma lo que sea que se dice dentro de todo su contexto.134 Está especializado en la pragmática, el arte de la comprensión contextual del significado y del uso de la metáfora.135 Es el hemisferio derecho el que procesa los aspectos no literales del lenguaje,136 de los que hablaremos más adelante. Esta es la razón por la que el hemisferio izquierdo no es bueno para entender significados que están en un nivel superior, de expresiones tales como " hace hoy, un poco de calor aquí " (donde el hemisferio derecho está entendiendo, "por favor, abra una ventana", el hemisferio izquierdo supone que este comentario es sólo un informe útil de datos meteorológicos). También es la razón por la que el hemisferio derecho, es el responsable de la apreciación del humor, ya que el humor depende decisivamente de la capacidad de entender el contexto de lo que se dice y se hace, y de cómo el contexto lo cambia. Los sujetos con daño en el hemisferio derecho, al igual que sujetos con esquizofrenia, que en muchos aspectos se parecen a ellos, no pueden entender el significado implícito y tienden a tomar literalmente los comentarios de una conversación.

El hemisferio izquierdo, debido a que su pensamiento está descontextualizado, tiende a seguir ciegamente la lógica interna de una situación, incluso si esto está en contradicción con lo que nos dice la experiencia.137 Esto puede ser una fortaleza, por ejemplo, en filosofía, cuando nos lleva más allá de una intuición, aunque también podría considerarse como una enfermedad para la cual la filosofía misma debe ser la cura; pero es una debilidad cuando se convierte en una rendición demasiado rápida a la teoría. El hemisferio izquierdo es el hemisferio de la abstracción,138 que como la propia palabra indica, es el proceso de extraer las cosas de su contexto. Esto, y su capacidad relacionada para categorizar las cosas una vez que se han abstraído, son los cimientos de su poder intelectual. Un paciente con daños en el hemisferio izquierdo, descrito por Hécaen y Ajuriaguerra, y por lo tanto dependiente solo de su hemisferio derecho, cuando se le pidió que copiara un modelo usando piezas de madera, parecía como "si estuviera obligado por una fuerza extraña a colocar las piezas de madera encima del modelo que pretendíamos que copiara, en lugar de a un lado". Se pensó que esto significaba que tenía "un problema con la capacidad de producir una representación abstracta a partir de un modelo concreto."139

El hemisferio izquierdo solo puede re-presentar; y el hemisferio derecho, por su parte, solo puede ofrecer de nuevo, lo que “presencia”. Esto está cerca del núcleo de lo que diferencia a los hemisferios. Hughlings Jackson, en muchos aspectos, el padre de la neuropsiquiatría moderna, cuyas agudas observaciones de pacientes con lesiones cerebrales y epilepsia lo convierten en una rica fuente de revelaciones sobre las diferencias de los hemisferios, ya intuía dichas diferencias durante la Primera Guerra Mundial. Un paciente suyo que había perdido la capacidad de expresión verbal, conservaba cierta comprensión automática de los nombres de los objetos, que Jackson suponía que estaba mediado por su hemisferio derecho. Aunque podía coger al instante un ladrillo, cuando se lo pedían, según Jackson, no podía tener la "memoria" de la palabra ladrillo:

 

No creo que un hombre que no puede decir (ni escribir) la palabra ladrillo se pueda decir que tiene "memoria" de ello. (ser consciente de la palabra en sí misma). Él no tenía conciencia de ello, sino de la cosa de la que sirve de símbolo - lo que es algo muy diferente.140

La abstracción es necesaria para que el hemisferio izquierdo re-presente al mundo. El hemisferio izquierdo opera con un sistema de formas visuales abstractas, almacenando información  que permanece relativamente invariable a partir de instancias específicas, produciendo tipos o clases de cosas abstractas; mientras que el hemisferio derecho es consciente de y recuerda qué es lo que distingue a instancias específicas de cada tipo, unas de otras.141  El hemisferio derecho trata de manera preferencial con las cosas realmente existentes, tal y como se encuentran en el mundo real.142 Dado que su lenguaje enraíza las cosas en el contexto del mundo, se ocupa de las relaciones entre las cosas. Por lo tanto, el hemisferio derecho tiene un vocabulario: ciertamente tiene un léxico de sustantivos concretos y palabras con imágenes, que comparte con el hemisferio izquierdo; pero, más que eso, los vínculos perceptivos entre palabras son realizados principalmente por el hemisferio derecho.143

En general, conceptos abstractos y palabras, junto con la sintaxis compleja, son dependientes del hemisferio izquierdo. Pero, una vez más, la inferioridad en el lenguaje del hemisferio derecho depende en un grado significativo de la inhibición activa del hemisferio izquierdo. Si el hemisferio izquierdo está suficientemente distraído, o incapacitado, el hemisferio derecho resulta tener un vocabulario más extenso, que incluye palabras largas, inusuales y no- imaginables.144             

La distinción entre contexto y abstracción queda ilustrada por el uso diferente de los símbolos por parte de cada hemisferio. En un sentido de la palabra, un símbolo como el de una rosa, es el foco o el centro de una red interminable de connotaciones que se ramifican a través de nuestra experiencia física y mental, personal y cultural, en la vida, la literatura y el arte: la fuerza del símbolo está en proporción directa al poder que tiene para transmitir una gama de significados implícitos, que deben permanecen implícitos para ser poderosos. En este sentido, es como un chiste que tiene varias capas de significado - explicarlas destruye su efecto. El otro tipo de símbolo podría ejemplificarse por un semáforo en rojo: su poder reside en su uso, y su uso depende de una correspondencia 1:1 entre la orden de "stop" y el color rojo, que excluye cualquier ambigüedad y tiene que ser explícito. Este tipo de función simbólica pertenece al ámbito del hemisferio izquierdo, mientras que el primer tipo pertenece al ámbito del derecho.145           

De hecho, una diferencia particularmente importante radica en la capacidad del hemisferio derecho para comprender la metáfora, de la que hablaré en el próximo capítulo. La región temporal derecha parece ser esencial para la integración de dos conceptos en apariencia no relacionados en una expresión metafórica significativa.146  Sin embargo, resulta fascinante que las expresiones metafóricas o no literales tópicas se traten por el hemisferio izquierdo: en el caso de una expresión de este tipo, es al ver el significado literal de la frase trillada lo que la actualiza, lo que requiere cierta agudeza mental (un poco como si se tratara de un chiste), y por lo tanto, en este caso, el significado no-destacable (no familiar, por no tópico) pasa a ser procesado en el hemisferio derecho.147

 

INDIVIDUALIDADES FRENTE A CATEGORÍAS

Al mismo tiempo, es el hemisferio derecho el que tiene la capacidad de distinguir ejemplos específicos dentro de una categoría, más que categorías por sí solas: almacena detalles para distinguir instancias específicas.148  El hemisferio derecho presenta instancias individuales y únicas de cosas y de objetos individuales y familiares, mientras que el hemisferio izquierdo re-presenta categorías de cosas y objetos genéricos sin especificar.149  En consonancia con esto, el hemisferio derecho utiliza referentes únicos, mientras que el hemisferio izquierdo utiliza referentes inespecificos.150 Es con el hemisferio derecho con el que distinguimos individualidades de todo tipo, tanto de lugares como de rostros.151  De hecho, es precisamente su capacidad de procesamiento holístico lo que permite al hemisferio derecho reconocer a los individuos.152 Después de todo, las individuos son totalidades gestálticas: ese rostro, esa voz, ese modo de andar, esa pura "quididad" de la persona o cosa, que desafía el análisis en partes.

Mientras que el hemisferio izquierdo está más interesado por las categorías y los tipos abstractos, el hemisferio derecho está más interesado por la singularidad e individualidad de cada cosa o ser existente. El papel del hemisferio derecho, Ramachandran lo describe como el “detector de anomalías" que podría ser visto como un aspecto de su preferencia por las cosas tal y como existen en la realidad (que nunca son completamente estáticas o congruentes - siempre cambiantes, nunca iguales) frente a la representación abstracta, en las que las cosas se convierten en categorías fijas y equivalentes, tipos más que individualidades.

El hemisferio derecho se interesa por las discriminaciones más finas entre las cosas, ya sean vivas o no vivas.153 De hecho, los criterios cerebrales de categorización tienen esto en cuenta de manera notable. Lo que es general y lo que es específico es, después de todo, relativo. Así, caracterizar un objeto como un automóvil, o como una pieza de fruta, es general; pero distinguir qué variedad de fruta (una pera), o en concreto qué tipo de pera ( variedad comicio), o qué marca de coche (Citroën), en concreto qué modelo de Citroën (2CV), es más específico.154  A medida que las categorías más "subordinadas" se individualizan, son reconocidas por el hemisferio derecho, mientras que el hemisferio izquierdo se ocupa de las categorías más generales, "supraordinadas".155 En consonancia con esto, a pesar de la conocida ventaja del hemisferio derecho en el tratamiento de lo viso-espacial, el hemisferio izquierdo es superior en la identificación de formas y figuras simples, que son fácilmente clasificables, mientras que las figuras complejas, al ser menos típicas, y estar más individualizadas, son mejor procesadas por el hemisferio derecho.156        

En general, entonces, la tendencia del hemisferio izquierdo es la de clasificar, mientras que la del derecho es la de identificar individualidades.157 Pero, por supuesto, ambos hemisferios están implicados en el reconocimiento según como se agrupen las experiencias - ¿cómo no podría ser de otro modo? Cada hemisferio debe ser capaz de dar sentido a una realidad al revelarse una forma, a lo que de otro modo sería una masa amorfa de impresiones. Pero como hacen esto en la práctica, difiere en aspectos vitales que tienen un impacto directo en la naturaleza del mundo que cada uno de ellos da a luz. La versión del hemisferio derecho es más global y holística, basada en el reconocimiento de similaridades con un ejemplar ideal, y en la posición de éste en el contexto de otros ejemplos, mientras que el hemisferio izquierdo identifica rasgos simples que situarían al objeto en una determinada categoría en abstracto.158 Como resultado, mientras que el hemisferio izquierdo utiliza categorías abstractas, el hemisferio derecho opera de manera más efectiva utilizando ejemplares específicos.159 Las técnicas de imagen funcional del cerebro muestran que el hemisferio izquierdo asume una especie de "ojo de Dios", es decir, una visión invariable, en su representación de los objetos, mientras que el hemisferio derecho utiliza visiones almacenadas del “mundo real" con el fin de agrupar la experiencia.160        

El proceso de categorización sistemático del hemisferio izquierdo a veces puede llegar a tener vida propia. He mencionado que las redes de neuronas dopaminérgicas están más extensamente distribuidas en el hemisferio izquierdo que en el derecho. Y el exceso de transmisión dopaminérgica, que se produce, por ejemplo, por el abuso de anfetaminas y en tratamientos con altas dosis de medicamentos anti-parkinsonianos, puede simular aspectos de la esquizofrenia porque tiende a favorecer al hemisferio izquierdo sobre el derecho. En tales circunstancias, a veces se observa una especie de necesidad irrefrenable de coleccionar y categorizar, unida a una obsesión imperiosa del hemisferio izquierdo por adquirir y hacer, lo que se conoce como punding”, por ejemplo, el montaje y desmontaje mecánico y repetitivo de máquinas, la recogida y categorización de objetos inanimados, como linternas, televisores, piedras, cajas, etc.161  Una vez tuve un paciente con esquizofrenia que ordenaba y reordenaba estructuras simétricas de envases comerciales, cuidadosamente recogidos: las “esculturas” resultantes llenaban su cuarto de estar. En una ocasión, después de que él hubiera pasado el fin de semana en su apartamento, le pregunté cómo le había ido. Me contestó secamente: "Moví algunas cosas a la derecha" – una respuesta que tiene considerable interés en vista del fuerte sesgo del hemisferio izquierdo a atender el lado derecho del espacio, y desatender al izquierdo, (hay una asimetría de la función hemisférica en la esquizofrenia, con un hemisferio izquierdo anormal e hiperactivo en comparación con el derecho). La pasión por coleccionar y organizar se ve en otros trastornos, por supuesto, incluido el síndrome de Asperger, que también muestra déficits en el hemisferio derecho.

Sin embargo, no se piense que este impulso a la categorización tiene vida propia solo en personas que consideramos enfermas. Está presente en todos nosotros. Como Henry Maudsley, decía: nosotros tenemos 

una propensión lo bastante fuerte como para no solo hacer divisiones en el conocimiento donde no las hay en la naturaleza, y luego imponer dichas divisiones a la naturaleza, haciendo que la realidad se ajuste a la idea, sino ir más allá, y convertir las generalizaciones hechas a partir de la observación en entidades definitivas, permitiendo que en el futuro estas creaciones artificiales tiranicen al entendimiento.162

 

LAS DIFERENCIAS EN LO SEMEJANTE

El contraste entre las diferentes visiones del mundo de los dos hemisferios se pone de manifiesto de forma notable en la cuestión de la semejanza y la diferencia. Una vez más, considerar su manejo como si solo se tratara de diferentes "funciones de comparación en el procesamiento de la información" no tiene mucho sentido. No son "funciones” dentro de un mundo que ya conocemos por tener una cierta estructura (mecánica): ellas mismas forman parte de los fundamentos del mundo en el que intentamos comprenderlas.

Una individuo podría ser vista como un pequeño universo, un número infinito de momentos, de experiencias y percepciones en serie (tal como lo vería el hemisferio izquierdo), que por supuesto son (al menos en lo que concierne al hemisferio derecho) un todo único. Su esposa o esposo que salió de la casa por la mañana puede volver de un humor diferente o tener un corte de pelo distinto por la noche, pero esto no presenta un problema de identificación, porque estos fragmentos separados de la experiencia, estos fotogramas separados de la película, tal y como los vería el hemisferio izquierdo, no están realmente separados en absoluto - son los diferentes aspectos de un todo único. Pero en ciertos déficits del hemisferio derecho, se pierde la capacidad para ver la totalidad, y los sujetos empiezan a creer que están tratando con personas diferentes. Pudiendo desarrollar la convicción de que una persona que conocen muy bien, en realidad está siendo "re-presentada" por un impostor, una condición conocida, en honor a su primer descriptor, como síndrome de Capgras.163 Pequeños cambios perceptivos parecen sugerir una entidad completamente diferente, no solo un nuevo fragmento de información que debe integrarse en la totalidad: la significancia de la parte, en este sentido, sobrepasa el tirón de la totalidad.

Resulta fascinante que síndromes deficitarios del hemisferio derecho también puedan dar lugar a algo que parece lo contrario: la creencia de que alguien que uno conoce está duplicado en diferentes lugares y en diferentes momentos. En otras palabras, no se trata de la división de una única totalidad, sino de la reproducción masiva de dicha totalidad. "Algo personal y normalmente vivo ha sido duplicado como si fuera un mero artículo en una cadena de montaje", según John Cutting, con la consiguiente pérdida de singularidad y familiaridad.164 Una paciente mía acusó a su marido de ser infiel porque creía haberle visto en varias ocasiones con diferentes mujeres mientras ella estaba de compras en la ciudad, en momentos en los que ella sabía que él tenía que haber estado en el trabajo. Esta curiosa afección se denomina síndrome de Fregoli, en honor a un artista italiano del transformismo, de principios del siglo XX.165 Aquí se pierde la discriminación precisa de los individuos que proporciona el hemisferio derecho, y los diferentes individuos se agrupan y se vuelven a "re-presentar" en una categoría.166 No es lo opuesto al síndrome de Capgras, sino una consecuencia natural de la misma causa: una pérdida del sentido de totalidades únicas. Esa "identificación errónea delirante" se aplica no solo a personas, sino también a objetos: otra paciente mía inició una venganza contra alguien que, según creía, había entrado en su dormitorio y cambiado de forma sutil toda su ropa por copias de una calidad ligeramente inferior. Incluso se puede aplicar a lugares: un individuo sostenía que había ocho ciudades "impostoras", duplicados de la suya, y decía que había pasado los últimos ocho años deambulando entre ellas, sin encontrar la verdadera. También había ocho duplicados de su esposa e hijos, cada uno de los cuales vivía en una ciudad duplicada con un duplicado del paciente.167

En general, entonces y en consonancia con el principio de que lo que distingue a los dos hemisferios, no es lo que hacen, sino cómo lo hacen, no se puede decir que un hemisferio trate con elementos simples ("unidades"), y el otro con agregados. Ambos tratan con unidades y ambos tratan con agregados. Así, el hemisferio derecho ve entidades individuales (unidades), y las ve como pertenecientes a una totalidad contextual (un agregado), de la que no están separados. Por el contrario, el hemisferio izquierdo ve partes (unidades), que componen algo que reconoce por la categoría a la que pertenece (un agregado). Sin embargo, la relación entre la unidad más pequeña y el agregado más amplio en ambos casos es profundamente diferente: al igual que el modo de atención al mundo con el que está asociado.

 

LO PERSONAL FRENTE A LO IMPERSONAL

Debido a que el hemisferio derecho no ve nada en abstracto, sino que siempre aprecia las cosas en su contexto, está interesado en lo personal, en contraste con el hemisferio izquierdo, que tiene más afinidad con lo abstracto o lo impersonal.168 La visión del mundo en general que tiene el hemisferio derecho, está construida según lo que le concierne a él, no según categorías objetivas impersonales, y por lo tanto tiene una cualidad personal. Esto es tanto su fuerza como su debilidad en relación con el hemisferio izquierdo. Trata preferentemente con todo aquello que se le aproxima, que se le acerca, que se relaciona con él.169 El lóbulo temporal derecho trata preferentemente con la memoria de carácter personal o con carga emocional, lo que se denomina memoria episódica, mientras que el lóbulo temporal izquierdo se interesa más por la memoria de hechos que son “de dominio público”.170  Curiosamente la preocupación del hemisferio derecho por el pasado personal puede estar directamente relacionado con otra cuestión a la que llegaremos, su tendencia hacia sentimientos de tristeza.171

 

LO VIVO FRENTE A LO NO-VIVO

El gran neurólogo François Lhermitte llamó la atención hace treinta y cinco años sobre una diferencia esencial entre los hemisferios, cuando describió un caso que confirmaba que el hemisferio derecho está más interesado por las individualidades vivas que por objetos hechos por el hombre.172  Esto se deriva naturalmente de su interés en lo que sea que exista aparte de nosotros, y de su capacidad de empatía - así como de su capacidad para ver la totalidad, donde el hemisferio izquierdo ve un aglomerado de partes: hay una relación intuitiva entre el hecho de trocear cosas y privarlas de vida. Solo el hemisferio izquierdo codifica los objetos sin vida,173  mientras que ambos hemisferios codifican las cosas vivas, tal vez porque las vivas pueden verse tanto como individualidades independientes (hemisferio derecho) o como objetos de uso, como presas, “cosas”, etc. (hemisferio izquierdo).174 Sin embargo, al menos en un estudio se ha encontrado una clara división entre los hemisferios, el izquierdo codificando lo no-vivo y el derecho lo vivo, independientemente de la tarea que se realice.175 Otro estudio llegó a la conclusión de que existen “diferentes redes cerebrales que sirven para la identificación de entidades vivas y no vivas".176  Sin embargo, alimentos, e instrumentos musicales, presumiblemente por la forma íntima en que participan en la vida del cuerpo, se asocian más a lo vivo que con lo no-vivo. El cuerpo como tal es una entidad del hemisferio derecho, mientras que las "partes" del cuerpo son competencia del hemisferio izquierdo.177 De hecho, cuando el hemisferio derecho deja de estar disponible para hacer realidad el lado izquierdo del cuerpo, el hemisferio izquierdo solo puede sustituirlo por una estructura mecánica de partes inanimadas de dicho lado. Un paciente descrito por Ehrenwald relataba, después de un derrame cerebral en el hemisferio derecho,

 

"donde debería encontrarse la mitad izquierda de su pecho, abdomen y estómago, solo hay un tablero de madera". Este llega hasta su ano, y está dividido en compartimentos por tablones transversales...los alimentos no siguen el camino habitual desde el estómago a través de los intestinos, "son absorbidos por los compartimentos de este andamiaje y caen por el agujero del fondo del armazón". Todo esto ocurre solo en el lado izquierdo. En el lado derecho los órganos están todos perfectamente en su sitio.178

Y Ehrenwald deja constancia de que no fue solo una idea delirante, sino una percepción: él podía ver y sentir la tabla de madera.

No solo el hemisferio derecho tiene afinidad por lo que está vivo, sino que el hemisferio izquierdo tiene a su vez la misma afinidad por lo que es mecánico. El interés principal del hemisferio izquierdo es la utilidad. Está interesado en lo que ha hecho, y en el mundo como un recurso para ser utilizado. Por lo tanto, es natural que tenga una afinidad particular por palabras y conceptos de herramientas, por las cosas hechas por el hombre, los mecanismos y todo lo que no esté vivo. El hemisferio izquierdo codifica las herramientas y las máquinas.179 Las referencias a herramientas y acciones de agarrar activan el hemisferio izquierdo incluso en personas zurdas, a pesar de que habitualmente usan el hemisferio derecho/mano izquierda para agarrar objetos y utilizar herramientas en la vida diaria. Y daños en el hemisferio derecho dejan inalterada la capacidad de usar herramientas sencillas, mientras que daños en el hemisferio izquierdo incapacitan a la persona que los sufre para usar un martillo y un clavo, o una llave y un candado. Sin embargo, los daños en el hemisferio derecho afectan especialmente a las acciones cotidianas que involucran una secuencia de pasos - por ejemplo, preparar una taza de café o envolver un regalo.180

 

¿Se podría ir tan lejos como para decir que el lado izquierdo representa la ciencia y el lado derecho, la naturaleza? Aunque yo mismo he expresado mi escepticismo sobre las dicotomías populares asociadas con los dos lados del cerebro, creo que hay razones para suponer que el lado izquierdo representa los frutos de la invención humana, incluido el lenguaje, la fabricación y una forma parcial de representar objetos.181

Esto escribe Michael Corballis, en el transcurso de un homenaje a Roger Sperry, ambos importantes contribuyentes a nuestra comprensión de los hemisferios, y ambos igualmente escépticos de las "dicotomías populares". Llama la atención la afinidad del hemisferio izquierdo a todo lo que él mismo hace ("los frutos de la invención humana") en contraste con la afinidad del hemisferio derecho por lo que existe antes y después - y más allá de - nosotros mismos, es decir, la naturaleza. No aceptaría el término "ciencia", en el verdadero sentido de la palabra, como aplicable al hemisferio izquierdo; ya que gran parte del espíritu del empirismo proviene del hemisferio derecho, como sugeriré al considerar los descubrimientos científicos durante el período del Renacimiento, y la ciencia no siempre avanza por caminos predecibles - es más fortuita, está menos regulada, de lo que piensa el hemisferio izquierdo, e implica una conciencia abierta a lo que es.182  Quizás Corballis tampoco lo aceptaría, ya que no responde a su propia pregunta. Pero si, se sustituyera por la palabra, "mecanismo" - y por desgracia, tanta ciencia puede ser mecanicista - estaría en completo acuerdo.

La región temporal derecha parece tener áreas no solo específicas para los seres vivos, sino también para todo lo que es específicamente humano.183 Estas evaluaciones sobre "lo humano", son independientes de la capacidad superior del hemisferio derecho para reconocer rostros.184

El hemisferio derecho prioriza todo lo que realmente es, y nos afecta. Prefiere las cosas existentes, las escenas reales y los estímulos que pueden tener sentido en términos del mundo vivo, todo lo que tiene significado y valor para nosotros como seres humanos.185 Es más capaz de asimilar información del entorno,186  sin responder automáticamente a él, y, posiblemente como resultado, el desarrollo del hemisferio derecho es más sensible a las influencias del entorno.187

Al mismo tiempo, el hemisferio izquierdo se siente más en su casa tratando con imágenes distorsionadas, no realistas, fantásticas - y en última instancia, artificiales.188 Esto puede deberse a que invitan a un análisis por partes, más que en conjunto. Además parece que el hemisferio izquierdo tiene un sesgo favorable hacia todo lo que sea extraño, sin sentido o inexistente,189 aunque los datos aquí son particularmente difíciles de interpretar porque la mayoría de los estudios no han distinguido suficientemente los elementos de interferencia.190

El hecho de que, mientras las cosas están todavía "presentes" en su novedad, como entidades individualmente existentes - no "re-presentadas" como representaciones de una categoría - pertenezcan al hemisferio derecho, puede verse a la luz de esta distinción entre lo vivo y lo no vivo, ya que a medida que se vuelven demasiado habituales, inauténticas y, por lo tanto, sin vida, pasan al hemisferio izquierdo.

 

EMPATÍA Y LA "TEORÍA DE LA MENTE"

Debido a la apertura del hemisferio derecho a la interconectividad entre las cosas, está interesado en los otros como individuos, y en cómo nos relacionamos con ellos. Es el mediador de la identificación empática.191 Si me imagino a mí mismo sufriendo, estoy usando ambos hemisferios, pero si es tú dolor, me llega a mi hemisferio derecho.192 Las mismas neuronas de la corteza cingulada anterior derecha, un área que se sabe que está asociada a la apreciación del dolor, muestran actividad tanto si nosotros mismos estamos heridos como si presenciamos que otra persona sufre una experiencia dolorosa similar.193  “La conciencia de uno mismo, la empatía, la identificación con los demás y, en general, los procesos intersubjetivos, dependen en gran medida de... recursos del hemisferio derecho."194 Cuando nos ponemos en la piel de los demás, utilizamos el lóbulo parietal inferior derecho y el córtex prefrontal lateral derecho, que participan en la inhibición de la tendencia automática a defender nuestro propio punto de vista.195 En circunstancias en las que se activa el hemisferio derecho, los sujetos están más favorablemente dispuestos hacia los demás y son más fácilmente convencidos por argumentos en favor de posiciones que previamente no habían apoyado.196

En general, el hemisferio derecho es crucial para hacer atribuciones sobre el contenido emocional o de otro tipo, de otra mente, y en particular con respecto al estado afectivo de otro individuo.197 Según Simón Baron-Cohen, el hemisferio derecho se activa incluso al escuchar palabras que describen la mente, como "pensar" e "imaginar".198  Pero el hemisferio derecho empatizará con, o se identificará con, y tratará de imitar solo lo que sabe que es otro ser vivo, y no un mecanismo - algo que es de interés en vista de los papeles que hemos visto que desempeñan los dos hemisferios en la división del mundo en animado e inanimado.199 Cuando observamos tanto una mano real como una mano por "realidad virtual" agarrando un objeto, activamos automáticamente las áreas del hemisferio izquierdo correspondientes, como si nosotros también estuviéramos agarrándolo - pero sorprendentemente, solo en el caso de la mano real viva, se activan las regiones del área temporoparietal derecha.200  Tenemos un impulso inconsciente e involuntario de imitar a alguien que estamos viendo realizar una acción - hasta el punto de que la inducción empática, sobre todo si es algo que ya hemos practicado nosotros mismos, es realmente más fuerte que el deseo voluntario de hacer algo que preferiríamos que ocurriera. Pero esto solo es cierto si pensamos que es una persona de verdad la que está actuando. Si pensamos que es una computadora, simplemente no nos comprometemos.201

El hemisferio derecho desempeña un papel importante en lo que se conoce como "teoría de la mente", la capacidad para ponerse uno mismo en la posición de otra persona y sentir lo que está pasando en su mente.202 Esta capacidad surge en los primates junto con el autorreconocimiento y la conciencia de sí mismo, y está estrechamente vinculada a ellas.203 Es una capacidad que los niños no desarrollan por completo hasta los cuatro años (aunque algunos aspectos probablemente estén ya presentes a partir de los 12 a 18 meses), y que los niños autistas nunca adquieren.204 La prueba clásica de la teoría de la mente muestra a dos muñecas, Sally y Anne, jugando con una canica. Después de jugar, la guardan en una caja, y salen de la habitación. Mientras Sally está fuera de la habitación, Anne regresa, y se pone a jugar con la canica y la guarda en otra caja diferente. La pregunta que le hacen al niño, es: "Cuando regrese Sally, ¿dónde buscará la canica?"  Quienes no tienen la capacidad de la teoría de la mente indican la nueva caja, donde saben que está la bolita, no la original donde Sally la vio colocada por última vez.205

El hemisferio derecho tiene, con mucho, la predominancia de la comprensión emocional.206  Es el mediador del comportamiento social.207 En ausencia del hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo es indiferente a los demás y a sus sentimientos: "las interacciones sociales se llevan a cabo sin tener en cuenta los sentimientos, deseos, necesidades y expectativas de los demás".208 Los pacientes con déficit frontal derecho, pero no con déficit frontal izquierdo, sufren un cambio de personalidad por el que se vuelven incapaces de empatizar.209

Ha suscitado un considerable interés el descubrimiento de que existen neuronas, con el sobrenombre de "neuronas espejo", que se activan tanto cuando hacemos algo como cuando vemos a otros hacerlo.210  Pruebas fisiológicas y de comportamiento indican que la pars opercularis izquierda (parte del área de Broca), el área del lóbulo frontal izquierdo crucial para la producción del habla, contiene neuronas espejo que están implicadas en la imitación de los movimientos de los dedos.211 Tan apasionante fue este hallazgo, el cual es de hecho muy significativo, y del que hablaré en el próximo capítulo - que hasta hace poco se pensaba que las neuronas espejo eran una particularidad del hemisferio izquierdo humano, e incluso se había planteado su existencia como una razón por la cual el lenguaje se había desarrollado en el hemisferio izquierdo, en lugar del derecho.212 Pero esto parece un poco como poner el carro delante de los bueyes, sobre todo porque tanto la pars opercularis izquierda como la derecha tienen igualmente neuronas espejo, y ambos hemisferios contribuyen al procesamiento de la observación y la imitación.213  De hecho, qué hemisferio está implicado en cada momento no solo tiene que ver con qué y dónde está la acción que estamos imitando, sino también con qué grado de instrumentalidad ("dirigida hacia un objeto") tiene esa acción. Ya que tales acciones estimulan el sistema del hemisferio izquierdo. Por otra parte, la contribución predominante a la imitación de acciones que no son instrumentales, proviene de los lóbulos temporal y frontal derecho.214

Las neuronas espejo son un medio para comprender las intenciones de los otros, entre otras cosas, y no se limitan a copiar acciones.215 Forman parte de nuestra capacidad para comprender a los demás y empatizar con ellos. Por ejemplo, al imitar las expresiones faciales de otras personas, es la pars opercularis derecha, con sus neuronas espejo, el área de importancia crítica; y es esta área la que parece estar silente en los niños autistas cuando realizan dicha tarea.216

 

ASIMETRÍA EMOCIONAL

La afinidad del hemisferio derecho con las emociones y la experiencia corporal de ellas se refleja en una gama de asimetrías funcionales. Parte del polo frontal derecho del cerebro, la llamada corteza orbitofrontal del hemisferio derecho, es esencial para la comprensión emocional y la regulación.217 También es donde se aprecia conscientemente el significado emocional de acontecimientos.218  En general, el hemisferio derecho está más íntimamente conectado con el sistema límbico, un sistema subcortical primitivo involucrado en la experiencia de emociones de todo tipo, y con otras estructuras subcorticales que lo está el hemisferio izquierdo.219 El polo frontal derecho también regula el eje hipotálamo-hipofisario, que es la interfaz neuroendocrina entre el cuerpo y la emoción,220 y que es esencial para nuestra apreciación subjetiva del estado fisiológico del cuerpo.221 Está íntimamente conectado con los sistemas inconscientes y automáticos de regulación del cuerpo y de su nivel de excitación, por ejemplo, a través del control autónomo de la frecuencia cardíaca o de la función neuroendocrina.222 Como consecuencia, también es la corteza frontotemporal derecha la que ejerce un control inhibitorio sobre la excitación emocional.223

Aunque ha habido mucho debate sobre el tono emocional particular de cada hemisferio (del que hablaremos más adelante) existen evidencias de que en todas las formas de percepción emocional, independientemente del tipo de emoción y en la mayoría de las formas de expresión, el hemisferio derecho es dominante.224

 

RECEPTIVIDAD EMOCIONAL

El hemisferio derecho es el que identifica la expresión emocional: es más rápido y más preciso que el hemisferio izquierdo para discriminar la expresión facial de la emoción.225 Específicamente, el surco temporal superior derecho parece estar involucrado en el reconocimiento de la emoción facial.226 El hemisferio derecho es el lugar de la interpretación de los gestos, no solo de la expresión facial, sino también de la prosodia (entonación vocal).227 La superioridad en la percepción emocional se añade y se distingue de la conocida superioridad del lóbulo parietal derecho para la interpretación visoespacial.228 Aquellas personas con daños en el hemisferio derecho tienen dificultades para entender la entonación o implicación emocional.229

Curiosamente, parece que el hemisferio izquierdo lee las emociones interpretando la parte inferior de la cara. Aunque el hemisferio izquierdo puede comprender la expresión emocional, no mira a los ojos, incluso cuando se le indica que lo haga, sino a la boca.230 Únicamente, el hemisferio derecho parece ser capaz de comprender la información más sutil que proviene de los ojos. La empatía no es algo que uno lea en la parte inferior de la cara, donde se tienden a transmitir mensajes relativamente tajantes - de amigo o enemigo. Una paciente mía con un déficit temporoparietal derecho me preguntaba: "¿Qué les pasa a todos con los ojos?" Cuando le pregunté qué quería decir, me explicó que había notado que aparentemente la gente parecía comunicar mensajes codificados con sus ojos, pero que no podía entender lo que decían, presumiblemente porque la parte de su cerebro que lo tendría que interpretar no funcionaba bien – siendo un motivo más de paranoia para aquellos que tienen que depender de su hemisferio izquierdo para configurar el mundo.

Cuando se trata de la comprensión (y expresión) de las emociones por el lenguaje, nuevamente, a pesar de la preponderancia del hemisferio izquierdo para el lenguaje, el hemisferio derecho es superior.231 El lenguaje emocional puede ser posible incluso cuando se pierde el habla por un accidente cerebrovascular en el hemisferio izquierdo.232 Es el hemisferio derecho el que comprende el aspecto emocional o humorístico de una narración.233 La memoria del lenguaje emocional está en el hemisferio derecho.234 En última instancia, hay pruebas claras de que, cuando se trata de reconocer una emoción, sea la que sea, ya sea que se exprese por el lenguaje o mediante la expresión facial, es en el hemisferio derecho en el que principalmente nos basamos.235

El rostro es el intermediario común de dos de los aspectos más significativos del mundo del hemisferio derecho: la singularidad de un individuo y la comunicación de los sentimientos. El hemisferio derecho está implicado en la identificación no solo de la expresión facial de la emoción, sino también de la relación entre la emoción con un rostro en particular.236 Esto comienza en los niños y es el medio principal para el desarrollo del sentido de identidad del bebé, a través de la interacción con el rostro de la madre.237 También es en la corteza parietotemporal derecha donde el niño aprecia la voz de la madre.238

Debido a su interés por nuestro yo encarnado, por nuestros sentimientos y los sentimientos e intenciones de los demás, así como por su singularidad, se podría anticipar que es a través del hemisferio derecho, como se almacenan en la memoria las emociones de los rostros.239 De hecho, el hemisferio derecho es el principal responsable de nuestra capacidad para identificar y recordar rostros en general.240 Esta capacidad nos parecería bastante extraordinaria si no nos resultara tan cercana y tan familiar. Los rostros son a grandes rasgos estructuras tridimensionales complejas y muy similares que deben distinguirse entre sí por las interrelaciones, a menudo minúsculas, entre las "partes" que forman el conjunto (que, además, pueden cambiar con la expresión facial de un segundo a otro), y poder discriminarse individualmente en diferentes orientaciones, a distintas distancias, en diferentes condiciones de iluminación, a menudo mientras se mueven, y en una fracción de segundo. Así que es bastante asombroso que podamos hacerlo. La incapacidad para reconocer las caras se llama prosopagnosia, y se debe a lesiones del hemisferio derecho.241

Lo que de forma crítica es capaz de hacer aquí el hemisferio derecho es percibir los aspectos "configuracionales" del conjunto. En la prosopagnosia, falta esta capacidad.242 De hecho, en su ausencia, el hemisferio izquierdo tiene que confiar en el laborioso proceso de intentar recomponer el rostro a partir de las partes, con el efecto paradójico de que puede que no le resulte más fácil reconocer una cara al derecho que boca abajo, e incluso puede resultarle más fácil boca abajo, porque tal perspectiva le obliga a concentrarse en las partes.243

La circunvolución fusiforme medial derecha desempeña aquí un papel fundamental,244 aunque últimamente se ha puesto de manifiesto que la red subyacente al reconocimiento facial está ampliamente distribuida en el hemisferio derecho.245 Pacientes con daño cerebral derecho no solo son peores en la identificación de rostros, en comparación con pacientes con daño cerebral izquierdo, sino que también son peores a la hora de evaluar rasgos con el que no estén familiarizados, como la edad de un rostro.246 El hemisferio derecho es preeminente, no solo para identificar un rostro humano individual y para interpretar su expresión emocional, sino también para apreciar su edad, sexo y atractivo.247

Uno de los logros de Wigan fue haber identificado la prosopagnosia en 1844,248 pero se necesitaron otros cien años hasta que le pusieron nombre. En 1947, Joachim Bodamer describió a un paciente que decía que las caras le parecían “extrañamente planas, blancas con enfáticos ojos oscuros, como si estuvieran puestas en una superficie plana, como láminas ovaladas blancas, todas iguales".249 La falta de profundidad es muy interesante por razones que expondré a continuación. La prosopagnosia fue vinculada con lesiones del hemisferio derecho por Sergent y Villemure, quienes identificaron que había "una incapacidad para combinar los rasgos integrantes en una representación facial configuracional que definiera de forma única cada rostro".250 Juntando las partes no se podía lograr una totalidad única.

También es notable que una vez más, exista un defecto específico para el reconocimiento de los ojos. En algunos casos, presumiblemente debido a que el hemisferio izquierdo, por su interés en la parte inferior de la cara, toma cartas en el asunto, y sujetos con prosopagnosia parcial después de una lesión del hemisferio derecho eran capaces de obtener datos de la zona de la boca, pero fueron incapaces de utilizar la información de los ojos.251

La superioridad del hemisferio derecho para reconocer caras es otra diferencia lateralizada que se extiende considerablemente a lo largo de la cadena evolutiva - por ejemplo, incluso está presente, créanlo o no, en las ovejas, que pueden recordar caras individuales de humanos y de otras ovejas después de un lapso de años, nuevamente confiando principalmente en el hemisferio derecho.252

 

EXPRESIVIDAD EMOCIONAL

Además del reconocimiento de las emociones, el hemisferio derecho desempeña un papel vital en la expresión emocional,253 a través del rostro o de la prosodia de la voz.254 El lóbulo frontal derecho es de una importancia crítica para la expresión de emociones de prácticamente cualquier tipo, a través del rostro y la postura corporal.255 La única excepción a la superioridad del hemisferio derecho es en la expresión emocional de la ira.256  La ira está fuertemente conectada con la activación frontal izquierda.257 La agresividad nos motiva y la dopamina desempeña un papel crucial en las recompensas que ofrece.258             

Los niños autistas, que no pueden entender el lenguaje social, la ironía, la metáfora, y carecen de capacidad de empatía - todo ello mediado por la región frontal derecha - carecen de habilidad prosódica, la capacidad de transmitir significado y sentimiento a través de la entonación y la inflexión de la voz.259

Es el hemisferio derecho el que media en las expresiones faciales espontáneas en reacción al humor u otras emociones, incluyendo la sonrisa y la risa.260 También es el hemisferio derecho el responsable de la capacidad peculiarmente humana de expresar tristeza a través de las lágrimas.261

La mitad izquierda de la cara ( o "hemifaz izquierda"), que está controlada por el hemisferio derecho, está más involucrada en la expresión emocional.262 Las emociones también se perciben con mayor fuerza cuando se expresan por la hemifaz izquierda: 263 e, intrigantemente, la hemifaz izquierda también es más grande que la derecha en los diestros.264 Aunque la expresión facial de emociones es un rasgo universal en los humanos, hay inevitablemente diferencias en la expresión facial entre las culturas; y debido al hecho mismo de que la hemifaz izquierda manifiesta información emocional más compleja, siendo capaz de transmitir sentimientos encontrados, parece que en situaciones multiculturales puede ser más fácil para las personas leer la información relativamente sencilla que transmite la hemifaz derecha.265

Esta especialización del hemisferio derecho en las emociones es un proceso que comienza en las especies prehumanas: chimpancés y algunos otros primates no-humanos muestran, al igual que nosotros, una especialización del hemisferio derecho en la expresión facial de las emociones.266

La afinidad del hemisferio derecho tanto para la percepción como para la expresión de la emoción parece ser confirmada por la fuerte tendencia universal a acunar a los bebés con su cara hacia la izquierda, de modo que quede dentro del dominio principal de atención del hemisferio derecho de los adultos, y estén expuestos a la hemifaz izquierda del propio adulto, más expresiva emocionalmente.267 Se sabe que esta preferencia se remonta al menos a 2,000-4,000 años,268 e incluso madres zurdas muestran este sesgo de acunar hacia la izquierda.269 De hecho, incluso chimpancés y gorilas muestran el mismo sesgo hacia la izquierda para mecer a sus bebés.270

 

DIFERENCIAS EN CUANTO A LA AFINIDAD EMOCIONAL

Es el hemisferio derecho el que hace una valoración emocional de lo que está viendo, un tema al que volveré más adelante, al considerar la forma en que los hemisferios influyen en el significado que damos al mundo experiencial.271 En ausencia de un hemisferio derecho funcional, nuestro mundo y nuestros yoes se empobrecen emocionalmente. El lóbulo frontal derecho desempeña un papel sumamente importante en la personalidad - en quien fundamentalmente somos.272        

No obstante, el hemisferio izquierdo desempeña un papel en el entendimiento y la expresión de la emoción. ¿Cuáles son entonces las diferencias?      

Para empezar, parece que el hemisferio izquierdo está especializado en las emociones sociales más superficiales, en contraste con el hemisferio derecho, que está más directamente en contacto con la emocionalidad de los procesos primarios.273  En relación con esto, el hemisferio izquierdo también estaría más involucrado en la representación consciente de la emoción: las expresiones emocionales voluntarias o artificiales, de nuevo principalmente en el área de la boca, estarían controladas por el hemisferio izquierdo.274 Un estudio sobre el procesamiento consciente e inconsciente de la expresión facial emocional ha sugerido que la amígdala izquierda pero no la derecha está asociada con el contenido representacional explícito de la emoción observada, mientras que la amígdala derecha está más involucrada con el procesamiento emocional inconsciente.275

Hay que decir que, aunque está implicado en la emoción, el hemisferio izquierdo sigue siendo, en comparación con el derecho, relativamente neutral emocionalmente,276  algo que se evidencia por su afinidad por las pinturas abstractas, "no emocionales".277 Los estímulos emocionales no se incorporan al estado de ánimo - ni se adoptan personalmente - cuando se presentan al hemisferio izquierdo en lugar de al derecho.278 Todo parece más consciente, más voluntarioso, más deliberado, y eso está en consonancia con la necesidad del hemisferio izquierdo de influir y manipular, así como su papel en la representación de la experiencia. En la alexitimia, un trastorno de falta de conciencia o capacidad para expresar con palabras el tono emocional, el problema surge por la incapacidad del hemisferio derecho emocionalmente consciente, que puede constatarse que está experimentando una excitación emocional, para comunicárselo al hemisferio izquierdo.279

La literatura también sugiere que puede haber diferencias en el tono emocional de los hemisferios, y esto es un área compleja.280 Las viejas ideas de que el hemisferio derecho se ocupaba de las llamadas emociones "negativas" y el izquierdo de las "positivas" no están sustentadas; una teoría que prevalece es que las emociones del hemisferio derecho son las de "retirada", y las del izquierdo las de "acercamiento". Ninguna de las dos teorías me parece muy satisfactoria. Existe un amplio acuerdo de que el hemisferio derecho está más en sintonía con la tristeza y menos con la ira que el hemisferio izquierdo;281 y lo que llamamos emociones "positivas" depende de ambos hemisferios.282 Si bien el hemisferio derecho está asociado con el afecto positivo en muchos casos,283 e incluso puede ser la fuente principal de experiencias placenteras,284 es en general el hemisferio izquierdo el que tiende a tener una visión más optimista de sí mismo y del futuro.285  De hecho, hay pruebas a las que me referiré, de que puede adoptar una perspectiva injustificadamente optimista. Una vez más, el rango del hemisferio derecho es más inclusivo (puede tratar con cualquiera de los dos polos) y el del hemisferio izquierdo es más parcial. Me parece una posibilidad que las emociones que están relacionadas con la vinculación y la empatía, ya sea que las llamemos "positivas" o "negativas", sean tratadas preferentemente por el hemisferio derecho, y como es de esperar: tales estímulos capten la atención del hemisferio derecho.286 De la misma manera, las emociones que tienen que ver con la competitividad, la rivalidad y la autoestima individual, positiva o negativa, serían tratadas preferentemente por el hemisferio izquierdo.287

Otro detalle que invita a la reflexión sobre la tristeza y el hemisferio derecho, tiene que ver con la percepción del color. Las regiones del cerebro implicadas en la identificación consciente del color son probablemente las del lado izquierdo, tal vez porque involucra un proceso de categorizar y de nombrar;288 sin embargo, parece que la percepción del color en las visualizaciones mentales en circunstancias normales solo activa el área fusiforme derecha, no el izquierdo,289  y en los estudios de diagnóstico por imagen, los estudios de lesiones y las pruebas neuropsicológicas sugieren que el hemisferio derecho está más en sintonía con la percepción y discriminación de los colores.290  En este sentido, hay indicios de que el hemisferio derecho prefiere el color verde y el hemisferio izquierdo prefiere el color rojo (ya que el hemisferio izquierdo prefiere la orientación horizontal y el hemisferio derecho la vertical - un punto al que volveré, al considerar los orígenes del lenguaje escrito en el capítulo 8).291 El color verde se ha asociado tradicionalmente no solo con la naturaleza, la inocencia y los celos, sino también con la melancolía: "Ella languidecía en sus pensamientos, / y con una melancolía verde y amarilla / se sentaba como Paciencia en un monumento, / sonriendo ante la pena".292

¿Hay alguna relación entre las tendencias melancólicas del hemisferio derecho y la creencia medieval de que el lado izquierdo del cuerpo estaba dominado por la bilis negra?  La bilis negra estaba asociada, por supuesto, con la melancolía (literalmente, del griego melan, negro, chole-, bilis) y se pensaba que era producida por el bazo, un órgano del lado izquierdo. Por las mismas razones el propio término bazo se aplicó, desde el siglo XIV hasta el siglo XVII, a la melancolía; como si se intuyera que la melancolía, la pasión y el sentido del humor procedían del mismo lugar (de hecho del hemisferio derecho, asociado con el lado izquierdo del cuerpo), aunque el “bazo" también podía referirse a cada uno o a cualquiera de ellos. 

La cuestión de la relación entre los trastornos depresivos y hemisferio derecho es compleja. Aquí, más que en cualquier otra parte, hay que tener en cuenta la influencia del eje antero-posterior (delante-atrás), tanto como la del eje derecha-izquierda del cerebro. Parece que la polaridad del tono emocional entre los dos hemisferios está específicamente ligada a las partes más recientemente evolucionadas del cerebro, las más “humanas”, los lóbulos frontales. Las lesiones anteriores izquierdas se asocian con la depresión y las lesiones anteriores derechas se asocian con una "alegría exagerada".293 Cuanto más cerca se encuentra del polo frontal la lesión del hemisferio izquierdo, mayor es la sintomatología depresiva.294 Para las personas con lesiones en el hemisferio derecho, lo contrario es cierto: cuanto más caudal (más atrás) la lesión, mayor es la posibilidad de depresión.295 Esta confluencia de evidencias sugiere que el polo frontal derecho, tiene una orientación depresiva en comparación con el polo frontal izquierdo o con su propia corteza parieto-occipital.296 La depresión per se está probablemente asociada a una reducción de la actividad posterior derecha, además del aumento de la actividad frontal derecha en la mayoría de los casos,297 aunque como se podría predecir, la detección de amenazas es una actividad posterior derecha.298  Hay evidencias de una actividad excesiva del hemisferio izquierdo en la manía,299 el polo opuesto de la depresión, y esto también puede producirse en otros mamíferos.300

Los estudios en lesiones confirman la relación entre la actividad del lóbulo frontal derecho y la depresión301 y los estudios de neuroimagen también sugieren una correlación entre la hipofunción frontal izquierda y la depresión.302 Una mayor activación del derecho que del izquierdo está relacionado con el estado de ánimo deprimido.303 El aumento específico de la actividad eléctrica en la región frontal derecha es un marcador de depresión,304 y la mayoría de los estudios de EEG también confirman la hipoactivación frontal izquierda.305 En sujetos  normales, la activación relativa del EEG en el lado derecho en reposo predice una mayor experiencia de afecto "negativo": los sujetos con una activación frontal izquierda relativamente mayor en reposo, "pueden ser capaces de terminar rápidamente su reacción, mientras que los sujetos con activación frontal derecha pueden carecer de las habilidades de  afrontamiento necesarias para minimizar la duración de la respuesta afectiva negativa".306 Los depresivos se valen relativamente más del campo visual izquierdo y realizan más movimientos oculares hacia la izquierda en formas que han sido validadas y que sugieren la activación del hemisferio derecho.307             

Las evidencias que confirman esta afirmación provienen del tratamiento de la depresión. La disminución del funcionamiento anterior izquierdo encontrada en la depresión remite, como se esperaba, con la enfermedad. Cuando el flujo sanguíneo en la región frontal anterior izquierda está inicialmente más disminuido, esto predice una mejor respuesta a los antidepresivos.308 Es menos probable que la depresión se resuelva o responda al tratamiento cuando hay lesiones irreversibles en el hemisferio izquierdo (pero no en otras áreas del cerebro).309

También hay evidencia de que los tipos de depresión que se experimentan en la hipoactividad posterior derecha son diferentes de los que se experimentan en la hipoactividad frontal izquierda, en formas que están en consonancia con las visiones del mundo que los dos hemisferios aportan. Así, la depresión resultante de un daño en el hemisferio derecho tiene más de indiferencia o apatía - una falta de vida global y difusa - en contraste con la depresión ansiosa y perturbadora, acompañada de rasgos biológicos, resultante de lesiones en el hemisferio izquierdo.310 El tipo de ansiedad que acompaña al estado de ánimo depresivo, y que puede inducirse al leer una narración triste, se conoce como excitación ansiosa y muestra una mayor lateralización hacia el hemisferio derecho. Por el contrario, la aprensión ansiosa, basada tanto en el miedo a la incertidumbre como a la falta de control - preocupaciones del hemisferio izquierdo - va acompañada de una activación preferente del hemisferio izquierdo.311

A la hora de interpretar los estudios de neuroimagen sobre la emoción, hay que tener en cuenta la afirmación de Jaak Panksepp, probablemente el neurocientífico más destacado del mundo en materia de afecto y emoción, de que es más probable que estemos obteniendo imágenes de áreas asociadas al contenido cognitivo de un estado afectivo que aquellas asociadas al propio estado afectivo pre-cognitivo.312

 

RAZÓN FRENTE A RACIONALIDAD

A pesar de que el hemisferio derecho tiene un papel abrumadoramente importante en la emoción, el estereotipo popular de que el hemisferio izquierdo tiene el monopolio de la razón al igual que la opinión de que tiene el monopolio sobre el lenguaje, es errónea. Como siempre no es una cuestión de "qué" sino de "de qué manera".

De hecho, hay diferentes tipos de razonamiento, y aunque el hemisferio izquierdo ejecuta claramente mejor un argumento lineal y secuencial, algunos otros tipos de razonamiento, incluida la deducción, y ciertos tipos de razonamiento matemático, dependen principalmente del hemisferio derecho. El hemisferio izquierdo realiza un razonamiento más explícito, mientras que el razonamiento menos explícito (como el que suele darse en la resolución de problemas, incluido la resolución de problemas matemáticos y científicos) lo realiza el hemisferio derecho.313  Existe una relación entre el fenómeno placentero del "aja", del insight (descubrimiento interno) y la amígdala derecha, que intermedia en las interacciones entre las emociones y la función cognitiva frontal superior.314 De hecho, un extenso cuerpo de investigaciones indica que el insight, ya sea matemático o verbal, en cualquier tipo de resolución de problemas ocurre cuando, precisamente, no estamos concentrados en ellos, y se asocia con la activación del hemisferio derecho, principalmente en su área temporo-anterior derecha, y específicamente en la circunvolución temporo superior-anterior derecha, aunque cuando hay altos niveles de reestructuración implicados también hay actividad en la corteza prefrontal derecha.315 El insight es también una percepción de las incongruencias previas de los propios supuestos, que se vincula con la capacidad del hemisferio derecho para detectar una anomalía.

Resolver problemas, hacer deducciones razonables y emitir juicios puede volverse más difícil si somos conscientes del proceso. Por lo tanto, explicitar los procesos de pensamiento o el análisis de un juicio, puede en realidad perjudicar el rendimiento, ya que fomenta que el hemisferio izquierdo se centre en la estructura explícita y superficial del problema.316

La evidencia es que las habilidades matemáticas están divididas entre los hemisferios. Algunos estudios han demostrado que el rendimiento matemático es peor en niños317 y adultos318 con daños en el hemisferio izquierdo, que con daños en el hemisferio derecho. Sin embargo, en otro estudio, los niños con un daño en el hemisferio izquierdo eran significativamente más pobres solo en el lenguaje escrito, mientras que niños con daños en el hemisferio derecho tuvieron peores resultados en el lenguaje escrito, la lectura y las matemáticas.319 Está claro que el hemisferio derecho desempeña un papel en los cálculos aritméticos320 y, en general en los cálculos matemáticos se activa con más fuerza el derecho.321 La adición y la sustracción activan el lóbulo parietal derecho, mientras que la multiplicación activa el recuerdo verbal de las "tablas de multiplicar" en el hemisferio izquierdo.322 Los niños prodigio en cálculo parecen utilizar más estrategias dependientes del hemisferio derecho, haciendo uso de la memoria episódica.323 

El hemisferio derecho está crucialmente implicado en el proceso de razonamiento deductivo, un proceso que es independiente no solo de las áreas del lenguaje del hemisferio izquierdo, sino también de las áreas visoespaciales del hemisferio derecho: por ejemplo, en ausencia de cualquier información visual correlativa (cuando los problemas se presentan acústicamente a través de auriculares), los diferentes tipos de razonamiento sobre problemas evocan actividad en la corteza parietal superior derecha y bilateralmente en el precuneus.324 El hecho de que el precuneus esté involucrado es en sí mismo interesante, ya que es un centro que se encuentra en lo profundo del lóbulo parietal, y está íntimamente conectado tanto con la emoción -forma parte del sistema límbico - como con el sentido del yo. Es uno de los puntos más consistentemente "activos" del cerebro, con una alta tasa metabólica en reposo, y que se silencia en estados alterados de conciencia donde el sentido del yo no está activo, igual que en el sueño, en la anestesia y en los estados vegetativos. Parece desempeñar un papel importante en la memoria episódica, que es crítica para la identidad personal y en la adopción de una perspectiva en primera persona.325  Y, de hecho, la lógica deductiva también se asocia con el área prefrontal ventromedial derecha del cerebro, un área que se sabe está dedicada a las emociones y los sentimientos.326 Ver lo que se deriva de una comprensión social y emocional de la situación en la que uno se encuentra en el mundo real es al menos tan importante, como ver lo que se deriva de una proposición abstracta.

Un hallazgo que puede parecer inesperado a primera vista, y cuyo significado completo se hará evidente en el próximo capítulo, es que es el hemisferio derecho es el que tiene un sentido intuitivo de los números y de su magnitud relativa. Sin embargo, el sentido es aproximado y no tiene precisión. El hemisferio izquierdo, por el contrario, tiene precisión, pero no tiene un sentido intuitivo de lo que realmente está haciendo, aparte de seguir reglas y manipular símbolos.327 Si uno adquiere una habilidad computacional que le lleva a dar respuestas precisas, será más evidente en el idioma en el que se adquirió: pero no hay tal efecto del idioma en relación con la estimación inexacta, el sentido intuitivo de la magnitud.328   

Vale la pena considerar que los números pueden simbolizar absolutos - una cantidad cuantificable, como en las estadísticas - lo que sugeriría una afinidad con el hemisferio izquierdo, o significar relaciones, lo que sugeriría una afinidad con el hemisferio derecho. Para Pitágoras, era esta regularidad de las proporciones o de las correspondencias, más que los números en sentido absoluto, lo que sustentaba la música y la belleza - la música de las esferas, la armonía natural del universo.

 

CUERPOS GEMELOS

La emoción es inseparable del cuerpo en el que se siente, y la emoción es también la base de nuestro compromiso con el mundo. La comprensión social en el sentido de conexión empática, así como entender cómo se sienten los demás, lo que quieren decir no solo por lo que dicen en su contexto, como hemos visto, sino por sus expresiones faciales, su "lenguaje corporal" y su tono de voz - todo esto es posible gracias al hemisferio derecho.

En consonancia con su capacidad para sentir emociones y su predisposición a entender la experiencia mental en el contexto del cuerpo, en lugar de abstraerla, el hemisferio derecho está profundamente conectado con el yo encarnado. Aunque cada lado del cerebro tiene conexiones motoras y sensoriales con el lado opuesto del cuerpo, sabemos que el hemisferio izquierdo tiene solo la imagen del lado contralateral (derecho) del cuerpo – y cuando el hemisferio derecho está incapacitado, la parte izquierda del cuerpo del individuo, virtualmente deja de existir para esa persona. Solo el lóbulo parietal derecho tiene una imagen corporal completa.329 Es importante destacar que esta imagen corporal no es una mera fotografía. No es una representación (como lo sería si estuviera en el hemisferio izquierdo), ni una simple suma de nuestras percepciones corporales, o algo imaginado, sino una imagen viva, íntimamente ligada a la actividad en el mundo - una experiencia esencialmente afectiva.330   Es por eso que las perturbaciones en esa zona, conducen a enfermedades profundamente perturbadoras, como la dismorfia corporal, y la anorexia nerviosa.331

Más que esto, los hemisferios derecho e izquierdo ven el cuerpo de diferentes maneras. El hemisferio derecho, como se puede deducir por los sorprendentes cambios que ocurren después de una lesión cerebral unilateral, es responsable de nuestro sentido del cuerpo como algo que "vivimos", algo que forma parte de nuestra identidad, y que es, si se puede decir así, la interfaz entre nuestros yoes y el mundo en general. Para el hemisferio izquierdo, por contraste, el cuerpo es algo de lo que estamos relativamente desvinculados, una cosa en el mundo, como las demás cosas ("en soi", más que "pour soi", para usar los términos de Sartre), desvitalizado, un "cadáver".332 Como dice Gabriel Marcel, a veces es como si yo fuera mi cuerpo, otras veces es como si yo tuviera un cuerpo.333  Algunos idiomas, como el alemán, ven el cuerpo en estos dos sentidos tan distintos que tienen diferentes palabras para ellos: leib en el primer sentido, körper en el segundo. Por cierto, la palabra alemana körper, está relacionada con la inglesa "corpse" (cadáver), y llegó al idioma a través de la medicina y la teología (el cuerpo siendo el elemento que se quedaba cuando el alma partía); la palabra Leib, relacionada con leben/lebendig ("vivir” /”viviente") se refiere a los "cuerpos" que sobrevivían a una batalla - los que no sobrevivían, eran körper. De hecho, aún más sorprendente es que la palabra griega que posteriormente vino a indicar el cuerpo, considerado separadamente de la persona, sôma, nunca fue usado por Homero para referirse al cuerpo vivo, solo a un cadáver.334

El hemisferio izquierdo parece ver el cuerpo como un ensamblaje de partes: recuerden al paciente de Ehrenwald, que después de un derrame cerebral en el hemisferio derecho, su cuerpo se volvió rectilíneo, compartimentado, inanimado y hueco (un ensamblaje de andamios). Si el hemisferio derecho no funciona correctamente, el hemisferio izquierdo puede negar tener algo que ver con una parte del cuerpo que no parece funcionar según las instrucciones del hemisferio izquierdo. Los pacientes dirán que la mano "no me pertenece" o incluso que pertenece a la persona que está en la cama de al lado, o hablaran de ella como si estuviera hecha de plástico.335 Un paciente se quejó de que había una mano muerta en su cama. Otro paciente varón pensó que el brazo debía pertenecer a una mujer de la cama de al lado; una mujer blanca pensaba que la suya pertenecía a "un petit nègre" que estaba en la cama con ella; otro se quejó de que había un niño en la cama, a su izquierda. Otra más estaba convencida de que las enfermeras habían envuelto su brazo con la ropa sucia y lo habían mandado a lavar.336

Una paciente creía firmemente que el brazo paralizado pertenecía a su madre, aunque en todos los demás aspectos su conversación era bastante normal.337 El proceso en su caso se revertía, normalmente, inhibiendo el hemisferio izquierdo, mediante una técnica de estimulación vestibular:

Investigador: ¿De quién es este brazo?

AR (paciente): No es mío.

Investigador: ¿De quién es?

AR:                   Es de mi madre.

Investigador: ¿Y cómo es posible que esté aquí?

AR:                    No lo sé. Lo encontré en mi cama.

Investigador: ¿Cuánto tiempo ha estado ahí?

AR:                 Desde el primer día. Siento que, está más caliente que el mío. El otro día cuando el tiempo era más frío también estaba más caliente que el mío.

Investigador: Entonces, ¿dónde está su brazo izquierdo?

AR:                 (hace un gesto indefinido hacia delante). Está ahí debajo.

Inmediatamente después de la estimulación vestibular [que inhibe al hemisferio izquierdo], el investigador le pide al paciente que le muestre su brazo izquierdo del paciente.

AR:                  (señalando su propio brazo izquierdo): Aquí está.

Investigador:   (levanta el brazo izquierdo del paciente) ¿Es suyo este brazo?

AR:                    Sí, Por qué.

Investigador:   ¿Dónde está el brazo de su madre?

AR:                  (duda) Está en algún lugar por ahí.

Investigador:   ¿Dónde exactamente?

AR:                  No lo sé. Quizás aquí, bajo las sábanas. (Ella mira a su derecha, debajo de la ropa de cama.)

Dos horas después de la estimulación vestibular, el investigador vuelve a preguntar a AR.

Investigador:   (señalando el brazo izquierdo del paciente) ¿De quién es este brazo?

AR:                  Es de mi madre. Esta más caliente.

Investigador:   ¿Dónde está tu brazo izquierdo?

                        AR mira en silencio al investigador. Una hora y media después, ella se dirige espontáneamente al investigador.

AR:                  (señalando su brazo izquierdo): El brazo de mi madre está más frío de lo que estaba esta mañana. Siente el frío que hace.

                        A la mañana siguiente (30 de noviembre), el investigador pregunta nuevamente a AR, de quien es el brazo izquierdo de AR, mientras se lo señala.

AR:                  Es de mi madre. Está bastante caliente. Lo encontré aquí. Ella lo olvidó cuando le dieron el alta en el hospital.

Después de la estimulación vestibular realiza el mismo procedimiento utilizado el día anterior, el investigador eleva el brazo izquierdo de la paciente y le pregunta nuevamente de quién es ese brazo.

AR:                  (toca su brazo izquierdo): Es mío.

Investigador:   ¿Dónde está el brazo de tu madre?

AR:                  Debe estar aquí, en la esquina. (Busca el brazo de su madre debajo de la ropa de cama sin encontrarlo.) Está bastante caliente. Es un brazo fuerte; mi madre era lavandera...

 

Esto es lo que se conoce como asomatognosia y, a menudo, sigue a un accidente cerebrovascular en el hemisferio derecho.338 La falta de capacidad para reconocer partes del yo encarnado siempre está asociada con el daño del hemisferio derecho, nunca con daño del hemisferio izquierdo.339 El fenómeno se puede replicar mediante la anestesia selectiva del hemisferio derecho.340

También puede dar lugar a la creencia de que la parte afectada está bajo control de un extraño. Un paciente descrito por Lhermitte no mostraba ninguna preocupación y estaba abiertamente eufórico, a pesar de estar paralizado de su lado izquierdo: "Parecía como si todo el lado izquierdo de su cuerpo hubiera desaparecido de su conciencia y de su vida psíquica". Tres días después, sin embargo,

este paciente relata que de vez en cuando una mano extraña, lo molesta y perturba, se le acerca a él y se le coloca en su pecho: dice "esta mano me presiona la barriga y me ahoga". "Esta mano me molesta", dice otra vez, "No me pertenece, y me temo que podría golpearme".

Él pensaba que podría pertenecer al hombre de la cama de al lado.341 Otro paciente llegó a creer que el lado izquierdo de su cuerpo era "maligno " y estaba controlado por agentes externos, tal vez por el diablo en confabulación con su padre muerto.342

Hay una mayor conciencia propioceptiva en el hemisferio derecho que en el izquierdo: es decir, el hemisferio derecho sabe mejor que el izquierdo, sin tener que mirar, por ejemplo, dónde está la mano contralateral y qué posición adopta - aunque esto favorezca a la mano izquierda en los diestros.343  El hemisferio derecho está mucho más vinculado a los cambios fisiológicos que ocurren en el cuerpo cuando experimentamos emociones.344 La superioridad del hemisferio derecho en el ámbito emocional está explícitamente vinculada a esta estrecha relación fisiológica con el cuerpo.345 Esta es otra razón adicional por la que sostenemos a los bebés por el lado izquierdo: "el impacto emocional del tacto, el modo más básico y recíproco de interacción, es también más directo e inmediato, si se sostiene al bebé por el lado izquierdo del cuerpo".346 Y aunque estudios de los efectos de accidentes cerebrovasculares en la función sexual han demostrado que empeora si ocurre un ictus en el hemisferio izquierdo, esto se ve dificultado por la depresión, una secuela común del accidente cerebrovascular del hemisferio izquierdo; si se excluyen los sujetos deprimidos, parece ser más dependiente del hemisferio derecho.347

Interesantemente, cuando hay un daño en el hemisferio derecho, parece haber una pérdida de la integración normal del yo con el cuerpo: el cuerpo se reduce a un compendio de impulsos que ya no están integrados con la personalidad del "dueño" del cuerpo. Esto puede dar como resultado, un apetito morboso y excesivo por el sexo o la comida, que no se corresponde con la naturaleza del individuo en cuestión.348

Anteriormente he señalado el hecho que el hemisferio derecho está más íntimamente conectado con los sistemas inconscientes y automáticos de regulación del cuerpo y de su nivel de excitación, por ejemplo, a través del control autónomo de la frecuencia cardíaca o de la función neuroendocrina. Hay una excepción a esto. En el sistema nervioso autónomo hay dos “procesadores en oposición”, el sistema simpático y el parasimpático. Existe cierta evidencia de que, mientras que el control del sistema nervioso simpático está más influenciado por el hemisferio derecho, el control del sistema nervioso parasimpático está más bajo el control del hemisferio izquierdo.349 De los dos, el simpático es más importante para modular la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea en respuesta a la emoción.350  También está más implicado en la respuesta a lo nuevo, a lo incierto y a lo emocionalmente exigente, los dominios específicos de la alerta del hemisferio derecho, mientras que el sistema nervioso parasimpático produce una relajación de la función autónoma, apropiada para lo familiar, lo conocido y lo emocionalmente más neutral, los dominios específicos del hemisferio izquierdo. Pero la relajación del hemisferio izquierdo puede ciertamente aumentar la actividad de forma inapropiada, y entonces se asociará con la actividad simpática. Quizás la conclusión más segura es que esta área no está clara.

 

EL SIGNIFICADO Y LO IMPLÍCITO

Cuando pensamos en significado, tendemos a pensar en el lenguaje, y la gran contribución del hemisferio izquierdo al significado es el lenguaje, la manipulación de símbolos. Esta contribución es tan grande que dedicaré el siguiente capítulo a examinar la importancia de este aspecto. El hemisferio izquierdo tiene un vocabulario mucho más extenso que el derecho, y una sintaxis más sutil y compleja. Esto amplía enormemente nuestro poder para cartografiar el mundo y explorar las complejidades de las relaciones causales entre las cosas.

Esta superioridad no tiene nada que ver con una mayor afinidad por el componente auditivo. Por un lado, la música es en la mayoría de los aspectos, mejor apreciada por el hemisferio derecho. En la medida en que exista una superioridad auditiva para el lenguaje del hemisferio izquierdo, se debe en todo caso a su efecto inhibidor sobre el hemisferio derecho.351 La superioridad en el lenguaje proviene más bien de su naturaleza como hemisferio de la representación, en el que los signos sustituyen a la experiencia. Si no fuera por esto, cabría esperar que el lenguaje de signos, que es de naturaleza visoespacial más que verbal, se trataría en el hemisferio derecho. Pero, a pesar de ello, el lenguaje de signos está mediado por el hemisferio izquierdo;352 y las alteraciones del lenguaje de signos en sujetos sordos también se asocia sistemáticamente con el daño del hemisferio izquierdo, siendo los déficits resultantes típicamente análogos a los problemas de lenguaje que experimentan sujetos oyentes con una lesión en el mismo lugar.353 Esto prueba que la especialización de la corteza auditiva no tiene que ver con el procesamiento del material auditivo, o incluso con las palabras mismas. Tiene que ver con el procesamiento de signos, símbolos, representaciones de cosas, ya sean verbales o visoespaciales. Igualmente, el supuesto sesgo visoespacial del hemisferio derecho probablemente no tiene que ver con cualidades visoespaciales en sí mismas, sino con el hecho de que es la ruta principal de percepción del mundo exterior, de las cosas en y por sí mismas, en contraposición a sus signos.       Pero el hemisferio izquierdo está ligado al lenguaje per se: el lenguaje es el lugar donde se siente en casa. Parece que (en un paralelismo interesante con la situación de los números mencionados anteriormente) en realidad se preocupa menos por el significado que el hemisferio derecho, siempre y cuando tenga el control de la forma y el sistema. En condiciones de daño en el hemisferio derecho, donde el hemisferio izquierdo ya no está restringido por el derecho, puede producirse una hipertrofia sin sentido del lenguaje.354

Una vez más, los estereotipos son erróneos. Puede que el hemisferio izquierdo tenga mucho que ver con el lenguaje, pero el hemisferio derecho también juega un papel vital en él. Utiliza el lenguaje no para manipular ideas o cosas, sino para entender lo que los otros quieren decir. Este hemisferio "silencioso" reconoce palabras,355 y dispone de vocabulario, como ya se ha comentado, e incluso tiene algunos aspectos de la sintaxis.356 De hecho, no solo la recepción del lenguaje, sino también la expresión, es altamente dependiente del hemisferio derecho: los problemas de expresión verbal de pacientes con daño en el hemisferio derecho pueden ser graves, y se ha sugerido que son casi tan graves como los de pacientes con daño hemisférico izquierdo.357

Y, en lo que se refiere a la comprensión, son en algunos aspectos peores. La fuerza particular del hemisferio derecho está en la comprensión del significado en su conjunto y en su contexto. Es con el hemisferio derecho con el que entendemos la moraleja de una historia,358 así como el sentido de un chiste.359 Ya que es capaz de interpretar inteligentemente lo que otros quieren decir, determinándolo a partir de la entonación y de la pragmática, y no solo a partir de la suma de las unidades de significado, sujetas a las reglas combinatorias de la sintaxis, como lo haría una computadora.360 Por lo tanto, es particularmente importante dondequiera que es necesario comprender el significado no literal - prácticamente en todas partes, por lo tanto en el discurso humano, y en particular cuando se trata de ironía, humor indirecto o sarcasmo.361 Los pacientes con daño en el hemisferio derecho tienen dificultades para entender el significado no literal.362 Tienen dificultades con el significado indirecto, como el que implica la metáfora363 y el humor.364 De hecho, aquellos con daños en el hemisferio derecho no pueden hacer inferencias, una parte absolutamente vital para entender el mundo: no entienden los significados implícitos, sean de la clase que sean, solo detectan los significados explícitos.365 (Una vez que se hace una inferencia y el significado comienza a ser más explícito, el proceso puede ser transferido de la circunvolución temporal superior derecha al lado izquierdo.)366  Mientras que el rendimiento sintáctico está más afectado en niños con daño en el hemisferio izquierdo, la comprensión léxica real está más deteriorada en el daño del hemisferio derecho.367

El significado completo de la incapacidad del hemisferio izquierdo para la metáfora y la afinidad del hemisferio derecho con la misma, quedará claro en el próximo capítulo. Si bien es cierto que significa que la comprensión del lenguaje indirecto y connotativo de la poesía depende del hemisferio derecho, la importancia de la metáfora es que subyace a todas las formas de comprensión, tanto en la ciencia y la filosofía, como en la poesía y el arte.368    

El hemisferio derecho está especializado en la comunicación no verbal.369 Se ocupa de lo implícito, mientras que el hemisferio izquierdo está vinculado a "un procesamiento más explícito y consciente".370 Las percepciones sutiles e inconscientes que rigen nuestras reacciones son captadas por el hemisferio derecho. Por ejemplo, es el área alrededor de la circunvolución fusiforme del hemisferio derecho la que predomina en la lectura inconsciente de las expresiones faciales.371 Los cambios emocionales que se expresan en minúsculos cambios faciales son reflejados y sincronizados por el hemisferio derecho del observador con un margen de 300-400 milisegundos, a niveles por debajo de la conciencia.372 Mirar los movimientos de los ojos y la boca, de otra persona activa la corteza posterior temporo-occipital derecha.373  Se recordará que el hemisferio izquierdo no atiende a los ojos: esta es una de las razones por las que el hemisferio derecho es mejor para detectar el engaño.374 Debido a que el hemisferio derecho capta pistas y significados sutiles, y a que puede entender cómo se sienten y piensan los demás, confiamos en él, cuando evaluamos si las personas mienten.375 Aquellas personas con daño en el hemisferio derecho tienen dificultad para distinguir una broma de una mentira; en contraste, aquellos con daño en el hemisferio izquierdo son en realidad mejores para detectar la mentira que los individuos normales, este es otro ejemplo de la forma en que los hemisferios requieren tanto de separación como de conexión.376 Todo esto me recuerda una reflexión de John Napier sobre la relación entre la mentira y la comunicación explícita frente a la implícita: "Si el lenguaje nos fue dado a los hombres para ocultar nuestros pensamientos, entonces el propósito de los gestos ha sido el de revelarlos."377

El ámbito de todo lo que permanece, y tiene que permanecer, implícito y ambiguo es extenso, y es crucialmente importante. Por eso uno se siente desesperanzado al tener que recurrir a la palabra escrita para transmitir el significado en situaciones importantes desde el punto de vista humano y que conllevan una gran carga emocional.

El comportamiento no verbal, el lenguaje, la expresión facial, las entonaciones y los gestos son fundamentales para establecer complejas y contradictorias relaciones predominantemente emocionales entre las personas y entre el hombre y el mundo. Con qué frecuencia un toque en el hombro, un apretón de manos o una mirada dicen más de lo que se puede expresar con un largo monólogo. No porque nuestro discurso no sea lo suficientemente preciso. Todo lo contrario. Es precisamente su exactitud y precisión lo que hace que el discurso sea inadecuado para expresar lo que es demasiado complejo, cambiante y ambiguo.378

Como hemos visto, las cosas que están cargadas de valor para mí, debido a su lugar en "mi" mundo, son relevantes para el hemisferio derecho, una consecuencia de su preocupación por lo que tiene un significado personal. En este caso, el "yo", es un ser social, y no una entidad aislada y objetivada, ya que el hemisferio derecho media en el comportamiento social en todas sus ramificaciones. Por ello, un ictus en el hemisferio derecho, aunque no involucre directamente el habla, es en la práctica más incapacitante que un ictus en el hemisferio izquierdo, a pesar del hecho de que en un ictus en el hemisferio izquierdo generalmente se pierde el habla. Después de un ictus en el hemisferio izquierdo, y a pesar de las dificultades que conlleva la pérdida del habla y la pérdida del uso de la mano derecha, las posibilidades de vida independiente son mayores que después de un ictus en el hemisferio derecho.379   No es solo la capacidad de interpretar las señales emocionales, en un sentido funcional o utilitario, lo que está mediado por el hemisferio derecho. Y si bien la capacidad de interpretar la mente de los demás, incluso de apreciar lo que deben estar pensando y sintiendo - capacidad que falta en el autismo - está perdida en un ictus del hemisferio derecho,380 es más que eso también - es la capacidad para empatizar de manera activa. El significado es más que palabras.

 

MÚSICA Y TIEMPO

En ocasiones es música. La música, al estar arraigada en el cuerpo, comunicando la emoción, implícita, es una expresión natural de la naturaleza del hemisferio derecho. La relación entre el lenguaje y la música es algo que exploraremos en el próximo capítulo: sus funciones y orígenes coincidentes revelan algunas verdades vitales sobre nosotros mismos. Dado que la entonación de la voz y los aspectos emocionales de la experiencia son de su especial interés, cabe esperar que la música sea un fenómeno en gran parte (aunque no exclusivamente) del hemisferio derecho.

Hay, sin embargo, otros aspectos en los que la música también es un candidato natural para los intereses del hemisferio derecho. Son las relaciones entre las cosas, más que las entidades aisladas, lo que tiene una importancia primordial para el hemisferio derecho. La música consiste enteramente en relaciones, "entreidad". Las notas no significan nada en sí mismas: las tensiones entre las notas, y entre ellas y el silencio en el que viven en un endeudamiento recíproco, lo es todo. La melodía, la armonía y el ritmo se encuentran en los huecos y, sin embargo, la entreidad es solo lo que es debido a las notas en sí mismas. En realidad, la música no está solo en los espacios, como tampoco está solo en las notas: está en el todo que las notas y el silencio forman juntos. Cada nota se transforma por el contexto en el que se encuentra. Lo que entendemos por música no es cualquier agrupación de notas, sino algo en el que el conjunto creado es lo suficientemente poderoso como para hacer que cada nota viva de una manera nueva, de una forma que nunca antes había sucedido. De manera similar, la poesía no es una disposición cualquiera de palabras, sino una en la que cada una de ellas se integra en un todo nuevo y cobran vida de una manera nueva, llevándonos de vuelta al mundo de la experiencia, a la vida: la poesía constituye un "discurso silente". Tanto la música como el lenguaje poético son parte del mundo que es ofrecido por el hemisferio derecho, un mundo caracterizado por entreidad. Tal vez no sea, al fin y al cabo, tan equivocado llamar al hemisferio derecho el hemisferio "silencioso": pues sus enunciados son implícitos.

Pero no es solo porque exista en una entreidad que la música es competencia del hemisferio derecho. Su naturaleza indivisible, la necesidad de experimentar el todo en cualquier momento dado, aunque se despliegue siempre en el tiempo, algo que siempre está cambiando, nunca estática o fija, en constante evolución, con el sutil pulso de un ser vivo (recuerden que incluso los instrumentos musicales están presentes en el cerebro como seres vivos), el hecho de que su comunicación sea por naturaleza implícita, profundamente emotiva, y actuando a través de nuestra naturaleza encarnada; en resumen, todo lo relacionado con la música la convierte en el “lenguaje” natural del hemisferio derecho. Si es cierto, como dijo Walter Pater, siguiendo a Novalis, que todo arte aspira constantemente hacia la condición de la música, todo arte aspira a residir en el mundo que nos entrega el hemisferio derecho.

La relación entre la música y el cuerpo no está de ninguna manera limitada a los movimientos voluntarios (o aparentemente voluntarios) de las extremidades, como en la danza. Todos somos conscientes de las muchas formas en que la música nos afecta físicamente a través de nuestras emociones. Las frases musicales actúan como metáforas que emanan de, y amplían enormemente el significado del movimiento en y del cuerpo: subiendo, cayendo, pulsando, respirando. Muchas características de la música, incluidas obviamente las síncopas, pero también las apoyaturas melódicas y los cambios enarmónicos, configuran patrones de expectativa que, en última instancia, se confirman o se frustran;381 y este proceso conduce a reacciones fisiológicas, como alteraciones en la respiración o cambios en el ritmo cardíaco, en la presión arterial e incluso en la temperatura, así como nos hace sudar, nos hace llorar o nos pone los pelos de punta.382 Dichos cambios son nuevamente mediados a través de la conexión vital del hemisferio derecho con los centros subcorticales, con el hipotálamo y con el cuerpo en general.

Se ha dicho que la música, al igual que la poesía, es intrínsecamente triste,383 y una encuesta sobre la música en muchas partes del mundo lo confirmaría - no, por supuesto, que no haya música alegre, sino que incluso esa música a menudo parece ser una alegría arrancada de los dientes de la tristeza, una especie de fiesta en clave menor. Es lo que esperaríamos en vista del tono emocional del hemisferio derecho; y hay una afinidad fuerte entre el hemisferio derecho y la clave menor, así como entre el hemisferio izquierdo y la clave mayor.384 El filósofo presocrático Gorgias escribió, que "el estremecimiento (phrike), una compasión bañada en lágrimas y un anhelo nostálgico penetran en los que escuchan la poesía", y en esa época la poesía y el canto eran una sola cosa.385

La relación entre música y emoción es fascinante y, hasta cierto punto, desconcertante. Suzanne Langer dijo que la música no solo tiene el poder de recordar emociones con las que estamos familiarizados, sino también de evocar "emociones y estados de ánimo que no habíamos sentido, pasiones que no conocíamos antes".386 En otras palabras, la música parece expandir ilimitadamente el abanico de emociones posibles ya que la emoción experimentada está muy ligada a la particularidad de la obra que la mediatiza, y sin embargo el léxico con el que estamos obligados a describir los sentimientos sigue siendo frustrantemente limitado. Así, la "tristeza" de una obra de Bach será muy diferente de la "tristeza" de una obra de Mozart, y la "tristeza" de la Pasión según San Mateo será diferente del tipo de la "tristeza" que podríamos distinguir en La Ofrenda Musical y la “tristeza” que experimentamos en un movimiento de la Pasión según San Mateo – como por ejemplo, la maravillosa aria para contralto “Erbarne Dich” - será de un tipo muy diferente de la "tristeza", - por ejemplo, de su coro final, “Wir setzen uns mit Tränen nieder”. (Llorando nos postramos). Esto debe ser lo que Mendelssohn quiso decir con su declaración, por otra parte, paradójica de que "los pensamientos que me transmite la música que amo no son demasiado indefinidos para ser puestos en palabras, sino que, al contrario, demasiado definidos".387 El lenguaje nos devuelve inevitablemente a la gastada moneda de la re-presentación, en la que las cualidades únicas de todo lo que existe se reducen a la misma serie de términos. Como dijo Nietzsche: "En comparación con la música, toda comunicación por medio de palabras es impúdica; las palabras diluyen y embrutecen; las palabras despersonalizan: las palabras hacen que lo poco común, sea común".388

Aunque el lenguaje es principalmente una función del hemisferio izquierdo, la pronunciación de palabras en canciones está asociada a una amplia activación del hemisferio derecho.389 Después de un accidente cerebrovascular en el hemisferio izquierdo que deja al paciente incapacitado para hablar, él o ella pueden cantar la letra de canciones sin dificultad. En cambio, el daño en el hemisferio derecho, puede llevar a una condición conocida como amusia, en la que se puede perder la capacidad de apreciar y comprender o de interpretar la música.390 Las lesiones del hemisferio derecho pueden dejar la comprensión del habla relativamente intacta, mientras que la percepción de los sonidos no verbales (incluida la música) se ven profundamente perturbados.391 En tales casos, así como en la agnosia auditiva (que es más común después de un daño bilateral), la percepción del timbre, el ritmo y los sonidos complejos se ve gravemente afectada.392 La mayoría de los casos de amusia sin afasia, es decir, la incapacidad para apreciar o interpretar música, pero sin deterioro de la comprensión o producción del habla, involucran daños en el hemisferio derecho.393 La situación inversa depende de que el hemisferio derecho no sufra daños. Un conocido compositor y profesor de música del Conservatorio de Moscú, Vissarion Shebalin, tuvo un derrame cerebral temporo- parietal izquierdo con la consiguiente afasia severa (deterioro del lenguaje), pero continuó componiendo obras de excelente calidad - según Shostakovich, indistinguibles de sus obras previas al derrame cerebral.394 Un organista y compositor profesional que era ciego desde los dos años, tuvo un derrame en la arteria cerebral media izquierda, con la  consiguiente afasia severa, así como alexia y agrafia (incapacidad para leer o escribir) en Braille para las palabras - pero no para la música, y siguió tocando y componiendo sin verse afectado.395 Un compositor y director de orquesta que sufrió un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo ya no podía leer palabras, pero podía leer y escribir música sin dificultad.396

La melodía, el tono, el timbre y el proceso de afinación, casi siempre están mediados por el hemisferio derecho (en músicos no profesionales).397 El ritmo tiene una base más amplia. La discriminación de patrones rítmicos activa redes ampliamente distribuidas en la corteza parieto-temporal, inferior y prefrontal, casi exclusivamente en el hemisferio derecho.398  Sin embargo, algunos ritmos métricos básicos están mediados por el hemisferio izquierdo, particularmente en el área de Broca;399 mientras que los ritmos más complejos, y aquellos con más desviaciones del patrón estándar, como las sincopas y los ritmos cruzados, son tratados preferentemente por el hemisferio derecho.400 El hemisferio derecho es más sensible a la armonía,401 lo que podría considerarse esencialmente como una función de dicho hemisferio.402 El hemisferio derecho es también la fuente de nuestra capacidad para relacionar armonía con entonación (la base de la progresión armónica) y con algunos aspectos del ritmo.403

Pero la música plantea un problema intrigante. Todo lo que acabo de decir se aplica al aficionado: el músico profesional o altamente capacitado parece utilizar el hemisferio izquierdo en mucha mayor medida para la comprensión de la música. Esto ha sido interpretado por algunos como un indicio de la adopción de un enfoque de aprendizaje más consciente, basado en la teoría o en el análisis, en sujetos con esta formación. Es casi seguro que esto es cierto. También puede ser, como ha argumentado Jerre Levy, que las pruebas obtenidas a partir de artistas y músicos de éxito indiquen que sus habilidades están más ampliamente distribuidas en ambos hemisferios de lo que es habitual (véase los "matemáticos voladores").404 Esto estaría en consonancia con el hallazgo de que la atención visoespacial se distribuye más uniformemente entre los hemisferios en los músicos, posiblemente debido a que han adquirido la habilidad de leer música, un proceso secuencial de izquierda a derecha como el lenguaje (favoreciendo así el procesamiento del hemisferio izquierdo), pero cuyo significado está sin embargo, representado visoespacialmente (posiblemente favoreciendo el procesamiento del hemisferio derecho). Además, los pianistas deben poder usar cada mano por igual para alternar entre secuencias visoespaciales y secuencias motoras.405

Sin embargo, los hallazgos de Goldberg y Costa sugieren, que también puede ser un caso especial de un principio de aplicación más general, que hemos visto anteriormente. Mientras recopilamos nueva información, el hemisferio derecho es el responsable, pero una vez que lo que sea se vuelve completamente "conocido”, familiar, se hace cargo el hemisferio izquierdo.406 El descubrimiento de que la música de contrapunto de J. S. Bach causa una fuerte activación del hemisferio derecho, incluso en músicos entrenados es fascinante. Los investigadores que hicieron el hallazgo lo explicaron sobre la base de que es necesario mantener en la conciencia una amplia gama de perfiles melódicos simultáneamente, lo que requiere la mayor capacidad del hemisferio derecho para mantener la experiencia en la memoria de trabajo.407 Si bien eso puede ser correcto, una explicación alternativa podría residir en la imposibilidad de atender a todas las partes de dicha música en su totalidad, de modo que nunca se pueda experimentar exactamente de la misma manera en diferentes audiciones. Ya que nunca es finalmente capturada, siempre es nueva. Y las dos explicaciones quizá no sean tan diferentes, ya que la "captura" del hemisferio izquierdo que da lugar a una falta de autenticidad, solo es posible limitando el alcance de lo que se atiende.   

La música - como la narrativa, como la experiencia de nuestra vida según la vamos viviendo - se despliega en el tiempo. El movimiento del tiempo es lo que hace que la música sea lo que es. No es solo que haya un acento inicial y un ritmo; sino que su estructura se extiende a lo largo del tiempo, dependiendo de la memoria para mantenerse unida.

El tiempo es el contexto que da significado a todas las cosas en este mundo y, a la inversa, todas las cosas que tienen significado para nosotros en este mundo, todas las cosas que tienen un lugar en nuestras vidas, existen en el tiempo. No se trata de verdades abstractas y re-presentaciones de entidades, sino que todo lo que es, está sujeto al tiempo. La sensación de paso del tiempo se asocia con la atención sostenida, y aunque solo sea por esa razón, es de esperar que esta surja en el hemisferio derecho, servido por la corteza  prefrontal y el lóbulo parietal inferior derecho.408 La capacidad de comparar la duración en el tiempo la lleva a cabo claramente el hemisferio derecho,409  y depende de la corteza prefrontal dorsolateral derecha.410 De hecho, prácticamente todos los aspectos de la apreciación del tiempo, en el sentido de algo vivido, con un pasado, presente y futuro, dependen del hemisferio derecho, principalmente de la corteza prefrontal y parietal derecha.411 El sentido del pasado o del futuro se ve gravemente afectado con el daño del hemisferio derecho.412

Lo que se denomina secuenciación temporal es un concepto ambiguo. Dicha secuenciación, dependiendo de lo que se quiera decir con ello, puede depender del hemisferio derecho413  o, si la secuencia no tiene un significado en "el mundo real”, como puede ocurrir en una narración, puede depender del hemisferio izquierdo414  - El entendimiento de la narrativa es una habilidad del hemisferio derecho; el hemisferio izquierdo no puede seguir una narrativa.415 Pero la secuenciación, en el sentido de la ordenación de acontecimientos descontextualizados artificialmente, no relacionados, momentáneos o interrupciones momentáneas del flujo temporal - el tipo de cosas que el  hemisferio izquierdo realiza o hace bien - no es en absoluto una medida del sentido de tiempo. Es precisamente esto lo que se impone cuando se rompe el sentido del tiempo. El tiempo es esencialmente un flujo indivisible: la tendencia del hemisferio izquierdo a descomponerlo en unidades y a fabricar aparatos para medirlo, puede conseguir engañarnos de que se trata de una secuencia de puntos estáticos, pero tal secuencia nunca se acerca a la naturaleza del tiempo, por muy cerca que se aproxime. Este es otro ejemplo de cómo algo que no tiene existencia para el hemisferio izquierdo es re-presentado por él , en forma mecánica y no viva, como una aproximación cercana a cómo la ve, pero siempre quedando al otro lado del abismo que separa los dos mundos - como una serie de tangentes que se acercan cada vez más a un círculo sin llegar a alcanzarlo, una máquina que se aproxima, aunque lo haga bien, a la mente humana pero que no tiene consciencia, un monstruo de Frankenstein hecho con partes del cuerpo que nunca llega a vivir de verdad. Una  afección llamada palinopsia, en la cual hay una alteración y fragmentación del flujo normal de experiencia visual, o una persistencia anormal en el tiempo de las imágenes, provocando estelas visuales, es causada por lesiones en la corteza posterior derecha;416  y fenómenos similares - de pérdida de la fluidez del movimiento a través del tiempo - en otras modalidades que la de la vista, están probablemente asociadas de manera similar con déficits en la corteza posterior derecha.417 Bajo tales condiciones, se pierde la capacidad del hemisferio derecho de percibir el flujo como un movimiento único y unificado a través del tiempo. Reemplazándose, por el mundo atemporal y mecánico, del hemisferio izquierdo, por la suma de una serie infinita de momentos estáticos, algo así como la sucesión de fotogramas en una película de cine, lo que se conoce como fenómeno Zeitraffer.

Nuevamente, se ha sugerido que, mientras que el hemisferio derecho es necesario para el "seguimiento de la información temporal" de forma sostenida, el hemisferio izquierdo es más eficiente para la detección de breves interrupciones del flujo temporal que son descontextualizadas.418 Desde mi punto de vista, esto simplemente confirma la predilección por la abstracción, así como la falta de capacidad para la percepción del flujo temporal, del hemisferio izquierdo. El punto crítico aquí es que el hemisferio derecho tiene una ventaja cuando hay fluidez en el movimiento o un flujo a lo largo del tiempo, pero el hemisferio izquierdo tiene ventaja donde hay una estasis o se enfoca en un punto en el tiempo.419 Hay una ambigüedad en la idea de permanencia. El hemisferio izquierdo parece aceptar la permanencia de algo solo si es estático. Pero las cosas pueden cambiar - fluir y, todavía, tener permanencia: pensemos en un río. El hemisferio derecho percibe que hay permanencia incluso cuando hay flujo. Por eso, cuando está dañado, las entidades vivas no tienen permanencia - el fenómeno de Capgras.

La música tiene lugar en el tiempo. Sin embargo, la música también tiene la capacidad de situarnos fuera del tiempo. Como dijo George Steiner, "la música es... el tiempo, liberado de temporalidad".420 Igualmente actúa a través del cuerpo, pero nos transporta más allá del mundo de lo meramente físico: es muy particular y, sin embargo, parece hablar de cosas que son universales.421 Quizás este pasar “a través de” una cosa para encontrar su opuesto sea un aspecto del mundo del hemisferio derecho, en el que los "opuestos" no son incompatibles, son un aspecto de su redondez, más que de su linealidad. Sin embargo, yo diría, a riesgo de llevar el lenguaje hasta o más allá de sus límites, que el tiempo en sí mismo es (lo que el hemisferio izquierdo llamaría) paradójico en su naturaleza, y que la música no libera tanto al tiempo de la temporalidad, como pone de manifiesto un aspecto que siempre está presente en el tiempo, su intersección con un momento que participa de la eternidad. De manera similar, no se sirve de lo físico para trascender la fisicalidad, ni de la singularidad para trascender lo particular, sino que saca a relucir la espiritualidad latente en lo que concebimos como existencia física, y descubre la universalidad que, como Goethe se pasó la vida tratando de expresar, está siempre latente en lo particular. También es una característica de la música en todas las culturas conocidas, el hecho de que es usada para comunicarse con lo sobrenatural, con lo que está por definición, por encima y más allá, "lo Otro aparte", de nosotros mismos.422

 

PROFUNDIDAD

Lo equivalente al tiempo en el ámbito visual podría concebirse como profundidad espacial: de hecho, a partir de Einstein hemos llegado a comprender que el tiempo y el espacio son aspectos de una misma entidad. Al igual que el hemisferio derecho da "profundidad" a nuestro sentido del tiempo, en el ámbito visual es el hemisferio derecho el que nos da los medios para apreciar la profundidad del espacio, 423 la manera en que nos situamos en relación con los demás, en lugar de hacerlo mediante la categorización. El hemisferio derecho tiende a tratar las relaciones espaciales en términos del grado de distancia, que puede discriminar fácilmente, en contraste con la estrategia del hemisferio izquierdo, que tiende a ser más categórico: "arriba", "abajo", y así sucesivamente.424 Existe un paralelismo con el sentido del tiempo: la duración pertenece al hemisferio derecho, mientras que la secuenciación ("antes," "después" = "arriba," "abajo") pertenece al izquierdo. La organización del espacio en el hemisferio derecho depende más de la profundidad, de si las cosas están más cerca o más lejos "de mí".425 El hemisferio derecho está incluso sesgado hacia aquello que está más lejos "de mí", un aspecto de su atención más amplia, variada y más profunda.426 El hemisferio izquierdo, en comparación, tiene dificultades para procesar la profundidad: como resultado, puede equivocarse al calcular el tamaño de las cosas, a veces de forma dramática.427

Los déficits del hemisferio derecho causan dificultades para tratar con superficies irregulares y ligeramente curvadas, como las que son características de los seres vivos, en tres dimensiones, aunque se mantiene la capacidad para tratar con objetos predecibles y rectilíneos en 3D, como un cubo. Se ha propuesto que este problema para tratar con volúmenes curvos puede ser la base de la prosopagnosia428 y podría ser un factor que contribuyese. Una de las características que describe Bodamer, del "paciente S" fue, después de todo, la falta de profundidad, la reducción del rostro a una "placa ovalada blanca".429   

El hemisferio derecho tiende a presentar el mundo de manera realista, con detalles visuales, y en tres dimensiones, con profundidad; y así el sentido estético de intensidad y belleza de las representaciones visuales provienen en gran parte del hemisferio derecho.430

El hemisferio derecho representa los objetos con volumen y profundidad en el espacio, tal y como se experimentan; el hemisferio izquierdo tiende a representar el mundo visual de manera esquemática, abstracta, geométrica, con falta de detalles
realistas, e incluso en un único plano. (Figuras 2.8 y 2.9).431

Fig.2.8. y 2.9 flor y mesa, dibujadas por los mismos sujetos: en condiciones normales; y luego con el hemisferio derecho inactivo; y con el hemisferio izquierdo inactivo.

Los dibujos de edificios, en individuos con el hemisferio derecho inactivo, pueden incluso estar dispuestos en un plano, con toda la fachada visible al mismo tiempo, como el dibujo de un niño.432

Otra forma de decirlo es que el hemisferio izquierdo se interesa por lo que conoce, mientras que el hemisferio derecho se interesa por lo que experimenta. (Figura 2.10)

Un paciente estudiado por Gazzaniga y LeDoux, que se sometió a una comisurotomía, podía dibujar un cubo normalmente con cualquiera de las dos manos antes de la operación, pero después de la intervención solo era capaz de dibujar un pobre diagrama con su mano derecha, aunque con la mano izquierda era capaz de dibujar una construcción tridimensional de un cubo. (Figura 2.11)433

 

 

 

 


Fig. 2.10. Objetos cotidianos dibujados "según el hemisferio izquierdo", con el h. derecho desactivado.

Fig. 2.11 dibujo del cubo antes y después de una comisurotomía. Preoperatoriamente, el paciente podía dibujar un cubo con cualquier mano. Sin embargo, después de la operación, su mano derecha tenía un desempeño deficiente.

 

LA CERTEZA

Al hemisferio izquierdo le gustan las cosas hechas por el hombre. Las cosas que hacemos nosotros también son más fiables: las conocemos al detalle, porque las hemos montado nosotros. No están, como los seres vivos, en constante cambio y movimiento, más allá de nuestro control. Debido a que el hemisferio derecho ve las cosas tal y como son, son constantemente nuevas para él, por lo que no tiene nada parecido al banco de datos de información sobre categorías que tiene el hemisferio izquierdo. No puede tener la certeza del conocimiento que proviene de ser capaz de fijar las cosas y de aislarlas. Por mantenerse fiel a lo que es, no forma abstracciones ni categorías basadas en la abstracción, que son las fortalezas del lenguaje denotativo. En contraste, el interés del hemisferio derecho por el lenguaje radica en todo lo que contribuye a llevarlo más allá de los efectos limitadores de la denotación, a la connotación: reconociendo la importancia de la ambigüedad. Por lo tanto, se muestra virtualmente silente, relativamente cambiante e incierto, mientras que el hemisferio izquierdo, por el contrario, puede estar irrazonablemente, incluso obstinadamente, convencido de su propia exactitud.434  Como señala John Cutting, a pesar “de asombroso grado de ignorancia por parte del hemisferio izquierdo (supuestamente el principal) acerca de lo que (es) capaz de hacer su contraparte el hemisferio derecho (supuestamente el secundario), (se) atribuye la toma de decisiones a sí mismo en ausencia de cualquier evidencia racional sobre lo que está sucediendo".435

Hay numerosos ejemplos de este fenómeno. Un sujeto con cerebro dividido, al que se le proyecta en su hemisferio derecho una fotografía de un desnudo con una pose sugerente, se pone nervioso y se ríe de forma avergonzada. Cuando el investigador le pregunta por qué, su hemisferio izquierdo verbal no tiene ni idea. Por lo tanto, se inventa algo que sea plausible - alguien en la habitación la está turbando.

Pero un ejemplo famoso, relatado por Gazzaniga y LeDoux, ilustra el punto más importante aquí. Los investigadores muestran a un paciente con cerebro dividido (PS) una imagen que se proyecta en uno o en el otro hemisferio y le piden que elija una tarjeta relacionada con la escena. Por ejemplo, muestran una escena de nieve al hemisferio derecho y le piden, que elija una imagen apropiada de una serie de tarjetas, con cualquiera de las manos. No puede decir qué es lo que ha visto, porque el hemisferio derecho no puede hablar, pero es capaz de ir con la mano izquierda directamente a la imagen de una pala. Sin embargo, como el hemisferio izquierdo no vio nada, su mano derecha elige al azar, y no obtiene mejores resultados que el azar. Luego se hacen las cosas un poco más interesantes. Al mismo tiempo que muestran una imagen de la escena de la nieve en su hemisferio derecho, muestran una imagen de una garra de un pollo en su hemisferio izquierdo. Cada hemisferio tiene conocimiento de una sola imagen, y en cada caso es diferente. Cuando le piden al paciente con cerebro dividido (PS) que elija una tarjeta apropiada, nuevamente su mano izquierda elige una pala (porque el hemisferio derecho ha visto la nieve) pero la mano derecha elige una imagen de un pollo (porque lo que el hemisferio izquierdo ha visto es la garra del pollo).Cuando se le preguntó por qué su mano izquierda había elegido la pala, su hemisferio izquierdo verbal, que tiene que responder a la pregunta, pero que no sabe nada de la escena de la nieve,  y por tanto de la verdadera razón para elegir la pala, no está en absoluto desconcertado. Explica que vio un pollo y, que por supuesto, "eligió la pala porque la necesitaba para limpiar el gallinero".

El hallazgo realmente interesante aquí, como los propios autores dicen, es que "sin pestañear" el hemisferio izquierdo extrae conclusiones erróneas de la información disponible y sentencia sobre lo que solo el hemisferio derecho puede saber: "sin embargo, el hemisferio izquierdo no presentó su sugerencia como una mera conjetura, sino más bien [como] una declaración de hechos."436

Esto puede estar relacionado con un fenómeno conocido como confabulación, donde el cerebro, al no poder recordar algo, en lugar de admitir una laguna en su comprensión, inventa algo plausible que parezca consistente para rellenarlo. Así, por ejemplo, en presencia de una lesión del lado derecho, el cerebro pierde la información contextual que le ayudaría a dar sentido a la experiencia; el hemisferio izquierdo, sin ningún miramiento, inventa una historia y, al carecer de perspectiva, parece completamente convencido de ello.437 Incluso en ausencia de amnesia, el hemisferio izquierdo muestra una fuerte tendencia a confabular: cree saber algo, reconocer algo, que no sabe, una tendencia que puede estar vinculada a su falta de capacidad para discriminar casos únicos de las categorías genéricas en las que los coloca.438  El hemisferio izquierdo es el equivalente a ese tipo de persona que, cuando se le pregunta por la dirección de una calle, prefiere inventar algo en lugar de admitir que no lo sabe. Esta impresión es confirmada por Panksepp: “El hemisferio izquierdo lingüísticamente competente...parece predispuesto a reprimir las emociones negativas, e incluso optar por confabular".439 Hasta cierto punto, tal vez confabulemos inevitablemente historias acerca de nuestras vidas, un proceso supervisado por lo que Gazzaniga llama el hemisferio izquierdo "interpretador".440 Sin embargo, es el hemisferio derecho el que emite juicios sobre la veracidad o verosimilitud de estas narrativas.441

El hecho es que este hábito está lejos de ser inocuo: lleva al hemisferio izquierdo a hacer malas inferencias y a tomar algunas decisiones erróneas. En un experimento realizado por los colegas de Gazzaniga, se pidió a sujetos con cerebro dividido (JW y VP) que adivinaran qué color, rojo o verde, iba a aparecer a continuación, en una serie de tarjetas en la que, había de forma evidente (cuatro veces más), verdes que rojas.442  En lugar de darse cuenta de que la forma de obtener puntuación más alta era elegir el verde cada vez (la estrategia del hemisferio derecho), lo que conduciría a una puntuación del 80%, el hemisferio izquierdo elegía el verde al azar, aunque unas cuatro veces más a menudo que el rojo, produciendo una puntuación un poco mejor que el azar. El problema aquí, tal y como han puesto de manifiesto investigaciones posteriores, es que el hemisferio izquierdo infiere un patrón– un patrón que, sin embargo, es erróneo.443

En un experimento similar, realizado anteriormente con sujetos normales, los investigadores descubrieron que, no solo (lo que ahora sabemos que ocurre) el hemisferio izquierdo tiende a insistir en su teoría a costa de equivocarse, sino que después insistirá alegremente en que ha acertado. En este experimento, los investigadores encendían luces con una frecuencia similar (1:1) durante un período considerable, y los participantes volvían a predecir al azar en una proporción de 4:1, lo que produjo malos resultados. Pero al cabo de un tiempo, sin que los sujetos lo supieran, los investigadores cambiaron el sistema, de modo que cualquiera que fuera la luz que predijera el sujeto, esa era la luz que se mostraba a continuación: en otras palabras, el sujeto estaba de repente abocado a acertar al 100%, porque así era como estaba montado. Cuando se les pidió que lo comentaran, los sujetos - a pesar de haber continuado prediciendo simplemente la luz más frecuente hasta entonces, el 80 por ciento de las veces- respondieron de manera abrumadora que había un patrón fijo en las secuencias de luz y que finalmente la habían descifrado. Luego continuaron describiendo sistemas extravagantes y complicados que "explicaban" porqué habían acertado siempre.444

Así que el hemisferio izquierdo necesita certeza y necesita tener razón. El hemisferio derecho, permite mantener en suspensión varias posibilidades ambiguas juntas sin cerrarse prematuramente a un resultado. La corteza prefrontal derecha es esencial para tratar con información incompleta y desempeña un papel crítico en el razonamiento sobre situaciones incompletamente especificadas. El hemisferio derecho es capaz de mantener representaciones mentales con cierta ambigüedad frente a una tendencia a la sobreinterpretación prematura del hemisferio izquierdo.445 La tolerancia del hemisferio derecho a la incertidumbre está implícita en todo momento en su sutil habilidad para usar la metáfora, la ironía y el humor, todo lo cual depende de no resolver prematuramente las ambigüedades. También sucede, por supuesto, en la poesía, que se basa en las capacidades lingüísticas del hemisferio derecho. Durante la estimulación con imágenes ambiguas de rivalidad perceptiva (el fenómeno de una figura ambigua que se puede ver de una manera u otra, pero no ambas simultáneamente, como "el pato-conejo" o “el cubo de Necker”) la corteza frontal derecha está más activa.447


fig. 2.12. ¿Es un pato o un conejo?                                          fig. 2.13 ¿Es este un cubo visto desde arriba a la dcha o desde abajo a la izda?

Las imágenes borrosas o imprecisas no son un problema para el hemisferio derecho, sino para el izquierdo, incluso cuando la naturaleza de la tarea sugeriría que debería ser más problemática para el hemisferio derecho.448  Uno de los hallazgos iniciales más consistentes de la especialización de los hemisferios fue que cada vez que una imagen se presenta fugazmente o de forma degradada, de modo que solo se dispone de información parcial, surge una superioridad del hemisferio derecho - incluso cuando el material es verbal.449 En un sutil trabajo experimental, Justine Sergent pudo demostrar, esto y lo contrario, es decir, que cuando las imágenes se presentan durante más tiempo de lo habitual, lo que aumenta su certeza y familiaridad, surge una superioridad en el hemisferio izquierdo, incluso cuando se trata de reconocimiento facial. La autora hace la interesante observación de que las letras del alfabeto, "representan un conjunto finito de estímulos que están bien enfocados, son familiares y están sobreaprendidos", mientras que las imágenes visuales "representan un conjunto potencialmente infinito de formas con ángulos visuales de gran tamaño, con diferentes niveles de estructura de importancia y relevancia desiguales que, en la mayoría de los casos, no son familiares para los sujetos". Al hacer este comentario, muestra claramente el hilo conductor que une, por un lado, la afinidad del hemisferio izquierdo por lo que él mismo ha hecho (en este caso el lenguaje), con la consabida familiaridad, con la certeza y la finitud y, por otro lado, la afinidad del hemisferio derecho por todo lo que es lo "otro", lo nuevo, lo desconocido, lo incierto e ilimitado.450 Una vez más, en un relato como el que presento en este capítulo, lo que puede considerarse como "funciones" separadas (o áreas de interés), por el hemisferio izquierdo, puede considerarse también, por el hemisferio derecho, como aspectos de una misma entidad que solo están artificialmente separados por el proceso de descripción. Las "funciones" no se alojan arbitrariamente juntas en este o aquel hemisferio: constituyen, en el caso de cualquiera de los dos hemisferios, aspectos de dos modos completos de estar en el mundo.

La certeza también está relacionada con una visión limitada, pues mientras más seguros estamos de algo, menos vemos. Para poner esto en el contexto de la neurofisiología de la vista: la fóvea del ojo humano, una pequeña área en la retina situada en el centro de la mirada, es la más pronunciada de todos los primates. En ella su resolución es aproximadamente unas 100 veces mayor que en la periferia.451 Sin embargo, sólo tiene una amplitud de alrededor de 1o grado. La parte del campo visual que realmente entra en su resolución no tiene más de 3o grados de amplitud. Ahí es donde se concentra el haz de atención del hemisferio izquierdo, centrado en un punto concreto: en lo que se ve claramente.

 

AUTOCONSCIENCIA Y TONO EMOCIONAL

El hemisferio derecho también es más realista en cuanto a su posición en relación al mundo en general, menos grandioso, más consciente de sí mismo, que el hemisferio izquierdo.452 El hemisferio izquierdo es siempre optimista, pero poco realista sobre sus deficiencias. Cuando a pacientes que han sufrido un ictus en el hemisferio derecho se les ofrece alguna orientación constructiva para mejorar su rendimiento, esto tiene poco impacto.453 En palabras de un investigador de traumatismos craneoencefálicos, “los niños con trastorno por déficit del hemisferio derecho ignoran los obstáculos de la tarea, aceptan desafíos imposibles, realizan esfuerzos sumamente inadecuados y se quedan atónitos ante los malos resultados. Estos niños actúan sin miedo porque pasan por alto los peligros inherentes a la situación".454 A un profesional altamente inteligente, descrito por Stuss, y completamente inconsciente de su falta de capacidad para hacer su trabajo después de la extirpación de un tumor en la corteza prefrontal derecha. Cuando se le pidió que interpretara el papel de asesor de salud laboral para alguien con sus mismos problemas, le aconsejó apropiadamente la jubilación por razones médicas, pero cuando se le pidió que aplicara esa sugerencia a su propia situación, fue completamente incapaz de hacerlo.455 Hay muchos informes de casos similares.456

Aunque relativamente hablando, el hemisferio derecho tiene una visión más pesimista de sí mismo, también es más realista al respecto.457 Hay evidencias de que, a)quienes están algo deprimidos son más realistas, incluso en su autoevaluación; y que, b)la depresión es (a menudo) una condición de la asimetría hemisférica relativa, en favor del hemisferio derecho.458 Incluso los esquizofrénicos tienen una mejor idea de su estado, en proporción al grado en que presentan síntomas depresivos.459 La evidencia es que esto no se debe a que una percepción interna te deprima, sino a que estar deprimido te da una mejor percepción interna.460

La percepción interna de la enfermedad depende, por lo general, del hemisferio derecho, y las personas que tienen dañado el hemisferio derecho tienden a negar su enfermedad - el fenómeno bien conocido y extraordinario de la anosognosia, en la cual los pacientes niegan o minimizan radicalmente el hecho de que tienen, por ejemplo, una pérdida flagrante del uso de una mitad completa del cuerpo.461  Un paciente con una extremidad completamente paralizada (izquierda) puede negarse rotundamente a aceptar que tiene algo mal, y dará las explicaciones más absurdas de por qué no puede moverla a demanda. Esto sucede hasta cierto punto en la mayoría de los casos después de un accidente cerebrovascular que afecta el lado izquierdo del cuerpo (con daño del hemisferio derecho), pero prácticamente nunca después de un accidente cerebrovascular del lado derecho (con daño del hemisferio izquierdo). El fenómeno de la negación puede revertirse temporalmente activando el hemisferio derecho afectado.462 Igualmente, la negación de la enfermedad (anosognosia) se puede inducir mediante la anestesia del hemisferio derecho.463 

Nótese que no es solo una ceguera, un fracaso para ver - es una negación voluntaria. Hoff y Pótzl describen a un paciente que demuestra esto maravillosamente: "En la exploración, cuando a ella se le muestra su mano izquierda en el campo visual derecho, ella mira hacia otro lado y dice: 'No la veo'. Ella esconde de forma espontánea su mano izquierda debajo de la ropa de cama o la pone detrás de su espalda. Nunca mira a la izquierda, ni siquiera cuando la llaman desde ese lado".464   Si se ve obligado a enfrentarse a la extremidad afectada, no es infrecuente que tenga una sensación de repulsión, lo que se conoce como misoplejía: si el investigador le pone a la paciente la mano izquierda en su mano derecha, "la coge solo para soltarla inmediatamente con una expresión de disgusto".465

En las lesiones del hemisferio derecho, no solo existe la negación o indiferencia ante la incapacidad, sino a veces hay una perturbación del estado de ánimo, "que recuerda la fatuidad de personas con lesiones frontales: euforia, jovialidad, afición a juegos de palabras superficiales". Uno de los pacientes relatado por Hécaen y de Ajuriaguerra, que tenía una hemi-asomatognosia completa causada por un tumor parietal,” exhibía una jovialidad sorprendente, al mismo tiempo que se quejaba de un fuerte dolor de cabeza".466

La negación es una especialidad del hemisferio izquierdo: en los estados de inactivación relativa del hemisferio derecho, en los que por tanto existe un sesgo hacia el hemisferio izquierdo, los sujetos tienden a evaluarse a sí mismos de manera optimista, ven las imágenes de manera más positiva y son más propensos a mantenerse en su punto de vista.467 En presencia de un accidente cerebrovascular en el hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo está "incapacitado por una previsión ingenuamente optimista de los resultados".468  Siempre es un ganador: ganar está asociado con la activación de la amígdala izquierda, perder con la activación de la amígdala derecha.469

Hay vínculos aquí con la tendencia del hemisferio derecho a la melancolía. Si el hemisferio derecho tiene una tendencia a estar más afligido y es más propenso a la depresión, esto puede, desde mi punto de vista, estar relacionado no solo con estar más en contacto con lo que está sucediendo, sino con estar más en contacto, y preocupado, por los demás. "Ningún hombre es una isla": es el hemisferio derecho del cerebro humano el que se encarga de que nos sintamos parte de algo mucho mayor. Cuanto más conscientes y empáticos estamos con lo que sea que existe aparte de nosotros mismos, es más probable que suframos. La tristeza y la empatía están altamente correlacionadas: esto se puede ver en estudios con niños y adolescentes.470 También existe una correlación directa entre tristeza y empatía, por un lado, y sentimientos de culpa, vergüenza y responsabilidad, por el otro.471  Los psicópatas, que no tienen ningún sentimiento de culpa, vergüenza o responsabilidad, tienen déficits en el lóbulo frontal derecho, en particular en la corteza orbitofrontal y ventromedial derecha.472    

Quizás sentir implique inevitablemente sufrir. La palabra griega pathe, “sentimiento”, se relaciona con pathos, “aflicción” y con paschein, “sufrir”: las mismas raíces están en la palabra "pasión" (y un desarrollo similar lleva a la palabra alemana para las pasiones, leidenschaften, de la raíz leiden, sufrir). Esta es solo una razón para dudar de la fácil equiparación entre placer y  felicidad, por un lado, y "el bien" por el otro.

Intrínsecamente cuidar de otro implica esencialmente una cierta disposición, la disposición a experimentar la pena por la grave desgracia del otro...Ser justo es sentirse perturbado por la injusticia. El dolor, el sufrimiento y la pérdida de placer, por tanto, a veces determinan quienes somos y que valoramos. Están esencialmente entretejidos con nuestros compromisos más profundos. Y como razones que fluyen de nuestros compromisos más profundos, nosotros a veces tendremos razones no-instrumentales para sufrir.473

En cierta ocasión, cuando Berlioz sollozaba durante una actuación musical, un amable espectador le comentó: "Parece estar muy afectado, monsieur. ¿No sería mejor que se retirara unos instantes?" En respuesta, Berlioz dijo bruscamente: "¿Tiene usted la impresión de que estoy aquí para divertirme?"474

Cuando el rey Lear clama:" ¿Hay alguna causa en la naturaleza que haga que estos corazones sean tan duros?, podríamos responder, en un nivel, que sí - un defecto en la corteza prefrontal derecha.475 Pero eso solo ilumina el hecho de que la crueldad no existe en la "naturaleza": solo los humanos con su corteza prefrontal izquierda tienen la capacidad para la maldad deliberada. Sin embargo, solo los humanos, con su corteza prefrontal derecha, son capaces de tener compasión.

 

EL SENTIDO MORAL

Otra área donde la retrospección analítica nos induce a error en cuanto a la naturaleza de lo que estamos viendo, ya que reconstruye el mundo según los principios del hemisferio izquierdo, es el de la moralidad. Los valores morales no son algo que elaboramos racionalmente según algún principio de utilidad, ni de ningún otro principio, para el caso, sino que son aspectos irreductibles del mundo fenoménico, como el color. Estoy de acuerdo con Max Scheler,476 y para el caso con Wittgenstein,477 en que la valoración moral es una forma de experiencia irreductible a cualquier otro tipo, o de la que se pueda dar cuenta en otros términos; y creo que esta percepción subyace a la deducción que hace Kant de Dios, a partir de la existencia de valores morales, en lugar de que los valores morales emerjan de la existencia de Dios. Tales valores están vinculados a la capacidad de empatía, no de razonamiento; y los juicios morales no son deliberativos, sino inconscientes e intuitivos, profundamente ligados a nuestra sensibilidad emocional hacia los demás.478 La empatía es intrínseca a la moralidad.

Los pacientes con lesiones en los lóbulos frontales ventromediales son impulsivos, no pueden prever las consecuencias y están desconectados emocionalmente de los demás; en particular, la corteza frontal ventromedial derecha, que tiene ricas interconexiones con las estructuras límbicas, es crítica en todos los aspectos del comportamiento moral y social.479  En el juicio moral interviene una compleja red del hemisferio derecho, en particular la corteza ventro-medial y orbitofrontal derecha, así como la amígdala de ambos hemisferios.480 El daño en la corteza prefrontal derecha puede llevar a un comportamiento francamente psicopático.

Nuestro sentido de la justicia está respaldado por el hemisferio derecho, en particular por el córtex prefrontal dorsolateral derecho.481 Con la inactivación de esta área, actuamos más egoístamente. Esto probablemente esté relacionado con la capacidad del lóbulo frontal derecho para ver el punto de vista del otro y para la empatía en general. Discutiré la relación entre el altruismo y el hemisferio derecho en el Capítulo 4. La capacidad del lóbulo frontal derecho para inhibir nuestro impulso natural al egoísmo significa que también es el área en la que más confiamos para el autocontrol y el poder para resistir a la tentación.482       

Creo que también podemos establecer una conexión aquí con una diferencia bastante fundamental entre los hemisferios. La "adhesividad" del hemisferio izquierdo, su tendencia a recurrir a lo que está familiarizado, tiende a reforzar lo que sea que ya esté haciendo. Hay una reflexividad en el proceso, como si estuviera atrapado en una sala de espejos: solo descubre más de lo que ya sabe, y solo hace más de lo que ya está haciendo. El hemisferio derecho, por el contrario, al ver mejor el panorama, y adoptar una perspectiva más amplia que incluye tanto la suya propia como la del hemisferio izquierdo, se inclina más hacia la reciprocidad, y es más propenso a adoptar otros puntos de vista. Una forma de pensar sobre esto es en términos de sistemas de retroalimentación. La mayoría de los sistemas biológicos buscan la homeostasis: si se desplazan demasiado lejos en una dirección, se estabilizan mediante una autocorrección. Se trata de una "retroalimentación negativa", cuyo ejemplo más familiar es el funcionamiento de un termostato: si la temperatura tiende continuamente a disminuir, el termostato activa el sistema de calefacción que actuará para que la temperatura vuelva al nivel deseado. Sin embargo, los sistemas pueden volverse inestables y entrar en una situación en la que se llega a una "retroalimentación positiva" – en otras palabras, un movimiento en una dirección, en lugar de producir otro movimiento en la dirección opuesta, actúa promoviendo movimientos adicionales en la misma dirección, y se produce un efecto de bola de nieve. El hemisferio derecho, entonces, es capaz de liberarnos mediante la retroalimentación negativa. El hemisferio izquierdo tiende a una retroalimentación positiva, y podemos quedarnos atascados.483 Esto no es distinto a la diferencia entre el bebedor normal y el adicto. Después de cierto punto, el bebedor normal comienza a tener menos gana de otra bebida. Y lo que hace que alguien sea adicto, es la falta de un "interruptor de apagado" - otro trago solo hace que el siguiente y el siguiente sean más probables. E interesantemente, las lesiones de los sistemas frontolímbicos, principalmente en el hemisferio derecho, están asociadas con el comportamiento adictivo. Los jugadores patológicos, por ejemplo, tienen déficits frontales que son principalmente del lado derecho; 484 por el contrario, en adictos a la cocaína, por ejemplo, al estimular la corteza prefrontal derecha se reduce su deseo de consumirla.485 Y la negación, una especialidad del hemisferio izquierdo, es típica de la adicción.

 

EL YO

La consciencia de uno mismo es un desarrollo sorprendentemente tardío en la evolución. Los simios superiores, como chimpancés y orangutanes, son capaces de reconocerse a sí mismos, pero no sucede así en otros simios: fallan en la prueba del espejo.486 La región prefrontal derecha está críticamente implicada en el reconocimiento de uno mismo, ya sea por el rostro o por la voz.487 Los estudios de imagen de auto reconocimiento facial o vocal confirman la importancia de la región frontal derecha y la corteza cingulada derecha.488  Un importante correlato de la autoconciencia en los seres humanos es el uso correcto de los pronombres personales "yo" y "mi", algo de lo que carecen en el autismo, y una condición que se repite en muchos déficits del hemisferio derecho.489  Está claro que ningún hemisferio puede por sí solo constituir el yo. El yo es un concepto complejo, pero, para resumir, el yo como intrínseca y empáticamente inseparable del mundo en el que se encuentra en relación con los demás, y la sensación de continuidad del yo, son más dependientes del hemisferio derecho, mientras que el yo objetivado, y el yo como expresión de la voluntad, dependen en general más del hemisferio izquierdo. Algunos estudios en sujetos con cerebro dividido sugieren una ventaja del hemisferio derecho en el auto reconocimiento; pero otros estudios revelan que ambos hemisferios pueden reconocer el yo de forma objetiva por igual, aunque el hemisferio derecho tiene ventaja para reconocer a otras personas conocidas.491         

La percepción "interior" y personal del yo, con su historia, y su memoria personal y emocional, así como lo que, de una manera bastante confusa, se llama "el concepto de sí mismo", parece depender en gran medida del hemisferio derecho. El concepto de sí mismo se ve afectado cuando hay una lesión en el hemisferio derecho, dondequiera que se encuentre la lesión en dicho hemisferio;492 aunque la región frontal derecha es de importancia crítica en este caso.493 Esto podría describirse como “la experiencia de ser uno mismo”. El hemisferio derecho parece estar más comprometido con los recuerdos emocionales y autobiográficos.494 No es de extrañar que el "sentido del yo" se asiente en el hemisferio derecho, porque el yo se origina en la interacción con "el otro", no como una entidad aislada atomísticamente: "El sentido del yo emerge de la actividad del cerebro en la interacción con otros yoes".495 En los primates, la corteza orbitofrontal derecha, la parte del lóbulo frontal derecho más crucial para la comprensión social y empática, es más grande que en el lado izquierdo.496 Es probable que esta parte del cerebro se expanda durante el período de interacción lúdica entre el bebé y la madre en la segunda mitad del primer año y en el segundo año de vida, durante el cual el sentido del yo emerge, y de hecho, la corteza orbitofrontal derecha es considerada por Allan Schore como el crisol del yo en crecimiento.497  El hemisferio derecho madura antes que el izquierdo, y está más involucrado que el izquierdo en casi todos los aspectos de desarrollo del funcionamiento mental en la primera infancia, y del yo como un ser social, y empático.498 El desarrollo social en el bebé tiene lugar independientemente del desarrollo del lenguaje, lo cual es otro indicio de su origen en el hemisferio derecho.499

La relación entre la evolución del sentido del yo y la percepción de los demás como seres semejantes a uno mismo y, por lo tanto, como evocadores de empatía y comprensión, a la que me he referido antes como un logro de los lóbulos frontales derechos, se ve confirmada por la estrecha relación entre el desarrollo del sentido del yo y el desarrollo de la "teoría de la mente". Esto se evidencia, por ejemplo, por el hecho de que los correlatos de neuroimágenes tanto de la autoconciencia como de la teoría de la mente se encuentran en la corteza frontal derecha y en la corteza cingulada derecha.500

También es el hemisferio derecho el responsable de "mantener un sentido del yo coherente, continuo y unificado".501 La evidencia de pacientes con demencia es muy sugerente de que es el hemisferio derecho el que "conecta al individuo con las experiencias y los recuerdos emocionalmente relevantes, que subyacen a los esquemas del yo”, y que por lo tanto forman “el pegamento que mantiene unido el sentido del yo".502 La observación recuerda a una formulación de Douglas Watt según la cual "la emoción une prácticamente todo tipo de información que el cerebro pueda codificar... [Es] parte del pegamento que mantiene unido a todo el sistema,"503 y de hecho, en la medida en que esto sea cierto, la observación de que el hemisferio derecho mantiene unido el sentido del yo se derivaría de esto. Y como ya se ha mencionado en la breve discusión sobre los hemisferios y el tiempo, es la corteza derecha (prefrontal), junto con sus conexiones recíprocas con otras estructuras corticales y subcorticales, la que permite a los adultos humanos percibirse a sí mismos como eso - yoes, con una existencia continúa a lo largo del tiempo.504 El daño frontal derecho afecta al sentido del yo a lo largo del tiempo - a un yo con una narrativa y una existencia continua y fluida.505

Sperry y sus colegas plantearon la hipótesis de que es la red del hemisferio derecho la que da lugar a la auto-conciencia.506 El hemisferio derecho está involucrado preferentemente en "el procesamiento de las imágenes de uno mismo, al menos cuando estas imágenes de sí mismo no son conscientemente percibidas".507 En particular, la red frontoparietal derecha parece ser fundamental para distinguir el yo de los otros.508  La activación en la región parietal inferior y medial derecha, es decir, el precuneus anterior y la corteza cingulada posterior, es proporcional al grado en que los estímulos se perciben como referidos al yo.509 Cuando los sujetos miran una imagen de su propia cara, la activación se observa en el hemisferio derecho, especialmente en la unión occipito-temporo-parietal derecha y en el opérculo frontal derecho.510

Los individuos pueden ignorar o identificar erróneamente sus propias manos y pies cuando el hemisferio derecho está dañado o temporalmente inactivado - pero no, cuando es el hemisferio izquierdo.511 La asomatognosia, la condición por la cual los sujetos no reconocen su yo encarnado o partes de su propio cuerpo, se encuentra en casi el 90% de los sujetos después de un accidente cerebrovascular en el hemisferio derecho;512  y, a la inversa, la condición parece estar asociada solo con los déficits del hemisferio derecho - Feinberg, quien ha realizado un estudio de esta afección, señala que de los 100 casos que conoce, ni una sola vez ha ocurrido con daño del hemisferio izquierdo.513

En consonancia con esto, personas con daño en la corteza frontotemporal derecha pueden experimentar un desapego cognitivo de sí mismos.514 Cuando sujetos leen una narración en primera persona, se activa el córtex cingulado anterior y el precuneus de manera bilateral, pero también preferentemente la unión temporo-parietal derecha, en comparación con la lectura de una narración en tercera persona.515

Los filósofos pasan mucho tiempo revisando y analizando procesos que suelen ser - y quizás deban permanecer - implícitos, inconscientes, intuitivos; en otras palabras, examinan la vida del hemisferio derecho desde el punto de vista del izquierdo. Quizá entonces no es de extrañar que a veces el pegamento comience a disolverse, y que se produzca un desagradable crujido a medida que el sentido del yo, por lo demás normalmente sólido, se desmorona, revelando posiblemente más sobre los méritos (o defectos) del proceso, que sobre el yo que está sometido a escrutinio. Los esquizofrénicos, como los filósofos, tienen un problema con el sentido del yo del que carecen los individuos comunes, implicados en su vida. Como Wittgenstein, señaló una vez: "es extraño que en la vida cotidiana no nos inquiete la sensación de que se nos está escapando este fenómeno, el flujo constante de las apariencias, sino solo cuando filosofamos. Esto indica que lo que está en cuestión aquí es una idea surgida por una mala aplicación de nuestro lenguaje."516 ¿Podría leerse esta "mala aplicación del lenguaje" - con otras palabras, como el procedimiento defectuoso de buscar la verdad situándose en el mundo del hemisferio izquierdo mientras se mira el mundo del hemisferio derecho?

Un elegante experimento reciente subraya el papel clave desempeñado por el hemisferio derecho en el reconocimiento del yo y, al mismo tiempo, destaca la afinidad del hemisferio izquierdo con el conocimiento público, más que con el personal. Usando el Test de Wada, se mostró a cada sujeto una imagen generada por ordenador de su propia cara transformada en la de una persona famosa de la vida pública. Una vez pasado el efecto de la anestesia, se les mostraba a los sujetos las imágenes separadas de la persona famosa y de ellos mismos, y se les preguntaba cuál se parecía más a la imagen que habían visto anteriormente. Los que vieron la imagen con su hemisferio derecho eligieron la imagen de ellos mismos: los que la vieron con el hemisferio izquierdo eligieron la imagen de la persona famosa.517 En este estudio, nueve de cada diez casos se ajustaron a este patrón. A pesar de que un caso de comisurotomía (“cerebro dividido”) parecía sugerir lo contrario, prácticamente todos los demás estudios evidenciaron el papel fundamental del hemisferio derecho en el reconocimiento de uno mismo.519

La región frontal derecha parece ser esencial para la identificación del yo también en otras modalidades, como en el reconocimiento de la voz.520  Daños en las regiones parietal y medial derecha pueden dar lugar a confusiones del yo con otros;521 los daños en el lóbulo frontal derecho crean una alteración de los límites del ego, lo que sugiere “que el hemisferio derecho, especialmente la región frontal derecha  en circunstancias normales juega un papel crucial en el establecimiento de la relación adecuada entre el yo y el mundo".522 Es esta región la que no funciona de forma tan evidente en la esquizofrenia, en la que los sujetos no solo carecen de empatía, humor, comprensión metafórica, pragmática, habilidades sociales y teoría de la mente, sino que confunden de manera crucial los límites de su yo con el del otro, incluso sintiendo a veces que se funden con otros individuos o que otros seres les están invadiendo u ocupando su propio espacio corporal.

También dependen del hemisferio derecho aspectos importantes de la conciencia de sí mismo en el sentido como los demás pueden vernos o percibirnos - sería algo parecido a la introspección. La capacidad de entenderse a sí mismo como un ser humano como los demás, que está implicada en la autoconciencia, es un aspecto de la capacidad humana de identificarse con los demás, empatizar con ellos y compartir sus sentimientos, y depende como hemos visto, del hemisferio derecho. El lóbulo parietal inferior derecho juega un papel crucial tanto en la planificación523 como en el seguimiento de resultados524 de las propias acciones.

Este fue uno de los primeros indicios que el hemisferio izquierdo es el asiento de la autoconciencia consciente, seguramente por la expresión de su mismidad a través de la voluntad consciente.525 Ya he sugerido que la expresión de la voluntad, en el sentido de la voluntad consciente y racional - del control y manipulación de objetos - podría haber sido responsable de la expansión del hemisferio izquierdo. Sin embargo, resulta que cuando actuamos "desde nosotros mismos", en el sentido de iniciar una nueva acción en lugar de seguir el ejemplo de otro, la actividad se desarrolla principalmente en el hemisferio derecho, aunque pueda estar limitado a acciones prácticas y habituales.526 Hay una tendencia a asociar la independencia y motivación con el hemisferio derecho, y la pasividad con el hemisferio izquierdo. Esto está relacionado con la adhesividad, descrita anteriormente, con su relativa incapacidad para cambiar de escenario, para adoptar una nueva forma de ver las cosas, en lugar de quedarse atrapado en las señales del entorno. El síndrome de "dependencia del entorno" se refiere a una incapacidad para inhibir respuestas automáticas a señales del entorno: también se conoce como "comportamiento de uso forzado". Las personas que muestran tal comportamiento, por ejemplo, cogerán unas gafas que no son suyas y se los pondrán, simplemente porque están sobre la mesa, o involuntariamente cogerán un bolígrafo y papel y comenzaran a escribir, o copiaran el comportamiento del investigador de forma pasiva sin que se lo hayan pedido, incluso cogerán un estetoscopio y fingirán usarlo. Según Kenneth Heilman, el síndrome, al igual que la abulia (pérdida de voluntad), la acinesia (incapacidad de moverse) y la impersistencia motora (incapacidad para llevar a cabo una acción) son más comunes después de un daño frontal derecho, en lugar de izquierdo.527 En cuatro de los cinco casos de síndrome de dependencia del entorno, en un artículo clásico de Lhermitte en el que se describió por primera vez dicho síndrome, la lesión única o principal estaba en el lóbulo frontal derecho. En cada caso, el paciente explicaba  que “me pusieron esos objetos; y creía que tenía que usarlos".528  Sin embargo, la situación está lejos de ser sencilla, ya que mi lectura de los datos adicionales proporcionados por Lhermitte es que el síndrome es tan común después de lesiones en cualquiera de los dos lóbulos frontales;529 y en cualquier caso, una lesión en cualquiera de los lóbulos frontales puede, "liberar" patrones de comportamiento característicos del hemisferio posterior del mismo lado (véase más adelante), tanto como para alterar el funcionamiento del hemisferio en su conjunto (o incluso al hemisferio contralateral a través del cuerpo calloso). Sin embargo, estaría en consonancia con otras investigaciones que muestran un comportamiento de utilización forzada después de un daño en el hemisferio derecho: un paciente no solo mostró respuestas exageradas a señales externas (comportamiento de utilización forzada) y una impersistencia motora, sino una reacción de agarre instintivo con la mano derecha, después de un infarto en el tálamo derecho, que se asoció con la insuficiente perfusión de toda la corteza cerebral derecha, especialmente en el área frontal.530

En realidad, somos un compendio de los dos hemisferios y, a pesar de los interesantes resultados de los experimentos diseñados artificialmente para separar su funcionamiento, ellos trabajan juntos la mayor parte del tiempo en el nivel cotidiano. Pero eso no excluye en absoluto que puedan tener agendas radicalmente diferentes, y durante largos períodos de tiempo y en gran cantidad de individuos se hace evidente que cada uno de ellos crea una manera de estar en el mundo que entra en conflicto con el del otro.

 

 

 

CODA: EL PROBLEMA “FRONTAL- POSTERIOR”

Al principio de este capítulo mencioné que había una diferencia regional intrahemisférica, más que entre los hemisferios a la que necesitaba referirme. Se trata de la relación de los lóbulos frontales, las regiones del cerebro más evolucionadas y distintivamente humanas, con los procesos que ocurren en las otras partes del cerebro, incluida la corteza posterior, sobre la que actúan para ejercer un cierto control. Los lóbulos frontales logran lo que logran en gran parte a través de lo que normalmente se describe como una inhibición de la parte posterior del mismo hemisferio. Sin embargo, esto podría describirse mejor, especialmente en el caso del hemisferio derecho, como una modulación - el efecto inhibitorio es "significativamente más pronunciado" en el caso del hemisferio izquierdo, quizás en consonancia con su estilo menos integrador, más blanco o negro.531 Esta relación entre lo anterior "frontal" y lo "posterior" es otro ejemplo de "procesadores en oposición" acoplados que permiten una modulación fina de las respuestas.

            ¿Qué quiero decir con modulación? Un proceso que opone resistencia, pero no niega. La mejor manera de entenderlo es como el establecimiento de una distancia necesaria, o demora, que permite que surja algo nuevo. En este sentido, es como la relación aparentemente antagónica de los dos hemisferios, (un tema que exploraré en detalle más adelante en el libro): no es que los resultados de un hemisferio nieguen los del otro, ni que, en algún sentido superficial, simplemente se "complementen" el uno con el otro. Su incompatibilidad permite, en cambio, en una síntesis dialéctica que surja algo nuevo. Por poner un ejemplo: si la inmediatez de la asociación del hemisferio derecho con la emoción y el cuerpo lo lleva a priorizar lo que está cerca, lo que es 'mío", el lóbulo frontal derecho aporta cierta distancia y demora a la defensa de "mí" posición. Como resultado, permite a los otros que se presenten como individuos con un "mi" también; esto permite una empatía más amplia y los inicios del altruismo. Esto no es una negación de algo por el lóbulo frontal, sino una modulación del mismo, un "desplegar", si se quiere, de algo que siempre estuvo ahí, aunque solo en germen - algo que cobra vida solo cuando se interpone un grado de distancia necesario. O para dar otro ejemplo, esta vez del hemisferio izquierdo. El relativo distanciamiento del cuerpo que muestra el hemisferio izquierdo, y su tendencia a la abstracción, sirven normalmente a su propósito de obtener beneficios individuales. Sin embargo, el lóbulo frontal izquierdo, aporta distancia, y permite la experiencia del desapego sereno del reino material y el “vaciamiento" descrito por los expertos en meditación como experiencia mística. Una vez más, esto no es una negación, sino una elaboración, de lo que ofrece el hemisferio izquierdo. No es probable que  haya "un lugar de Dios" en el cerebro, y este área está plagado de problemas de terminología y metodología: pero hay áreas que a menudo están implicadas en el acompañamiento de experiencias religiosas.532 En una revisión razonablemente prudente y objetiva de la literatura hasta la fecha de Michael Trimble, llega a la conclusión de que hay una lenta acumulación de evidencias a favor de que la experiencia religiosa está más estrechamente vinculada al hemisferio "no-dominante", especialmente a la parte posterior del hemisferio derecho (la región temporoparietal). Pero, para ilustrar mi punto de vista, la otra región que está implicada se encuentra en el lóbulo frontal izquierdo - específicamente debido a su poder para inhibir la parte posterior del hemisferio izquierdo (región temporoparietal), el asiento del lenguaje y del análisis secuencial.533

 

CONCLUSIÓN

La bibliografía sobre el funcionamiento del cerebro es enormemente extensa, y aumenta exponencialmente con cada día que pasa. Este capítulo no puede, por su naturaleza, pretender ser una revisión exhaustiva: para lograr eso se requeriría un equipo de expertos y un libro varias veces mayor que este. Más bien pretende poner de relieve las diferencias entre los hemisferios, cuando existen pruebas coherentes, y en particular para revertir el arraigado prejuicio de que, si bien el hemisferio derecho puede dar un poco de color a la vida, es el hemisferio izquierdo el que se encarga de los asuntos serios. A excepción del manejo explícito que implica el lenguaje y el análisis en serie (sin duda muy importantes), el hemisferio izquierdo no es el hemisferio dominante. Lenguaje y análisis serán el tema del próximo capítulo. Lo que he tratado de transmitir aquí es la gran extensión y algo de la sensación, de nuestra dependencia del hemisferio derecho, todo lo cual contrasta completamente con la visión del mismo como el hemisferio “silente”. Esto, junto con el sobrenombre aún vigente, de hemisferio “menor", debería hacernos reflexionar sobre la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Estamos tan acostumbrados a focalizarnos en la utilidad y en la "función" que el hecho de que un daño en el hemisferio derecho pueda alterar completamente la forma en que nos relacionamos con el mundo, y cambiar fundamentalmente nuestro modo de ser, ha sido hasta hace poco prácticamente inadvertido. De hecho, a riesgo de que parezca que el hemisferio izquierdo se queda aún con menos, debo señalar que hay pruebas de que incluso las personas con mayor capacidad verbal, así como espacial, probablemente dependan en mayor medida del hemisferio derecho.534 Quizás, inevitablemente, a partir de esto, resulte que aquellas personas de mayor inteligencia, sea cual sea su disciplina, puedan tenerlo en cuenta.535

En última instancia, si el hemisferio izquierdo es el hemisferio del "qué", el hemisferio derecho, con su preocupación por el contexto, los aspectos relacionales de la experiencia, la emoción y los matices de la expresión, podría decirse que es el hemisferio del "cómo". Esto tal vez explica por qué la neurociencia convencional, que en sí misma es en gran parte una manifestación de la actividad del hemisferio izquierdo, se ha centrado tanto en lo que el cerebro hace en cada hemisferio, y no en la forma en que lo hace cada hemisferio, perdiendo así, en mi opinión, el significado de lo que está tratando de entender.

Antes de embarcarme en este capítulo, propuse que había dos modos de estar en el mundo, ambos esenciales. Uno de ellos es permitir que las cosas se nos hagan presentes en toda su particularidad encarnada, con toda su variabilidad e impermanencia, y su interconectividad, como parte de un todo que está en constante flujo. En ese mundo nosotros, también, nos sentimos conectados con lo que experimentamos, partes de esa totalidad, no estamos confinados en un aislamiento subjetivo de un mundo que es considerado como objetivo. El otro modo es salirse del flujo de la experiencia y "experimentar" nuestra experiencia de una manera especial: para re-presentar el mundo en una forma menos verdadera, pero aparentemente más clara, y por lo tanto, moldeada de una forma más útil para manipular el mundo y a los demás. Este mundo es explicitado, abstraído, compartimentalizado, fragmentado, estático (aunque sus “piezas” puedan re-componerse, para que adquiera movimiento, como en una máquina), esencialmente sin vida. Desde este mundo nos sentimos desapegados, pero en relación a él somos poderosos.

Creo que la diferencia esencial entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo es que el hemisferio derecho presta atención a lo otro, sea lo que sea que exista aparte de nosotros mismos, con el que se encuentra en profunda relación. Se siente profundamente atraído y vivificado por la relación, la entreidad, que existe con esto otro. En contraste, el hemisferio izquierdo presta atención al mundo virtual que ha creado, que es auto-consistente, coherente consigo mismo, aunque autocontenido, desconectado en última instancia de lo otro, lo que le hace poderoso, pero a la larga únicamente capaz de operar en, lo que conoce, de sí mismo.

Sin embargo, como también he subrayado al principio, ambos hemisferios participan en prácticamente todas las "funciones" en alguna extensión, y en realidad ambos siempre están comprometidos. No deseo dar la impresión de que podría ser bueno que todo el mundo sufriera un derrame cerebral en el hemisferio izquierdo. Doy por sentado que las contribuciones hechas por el hemisferio izquierdo, del lenguaje y el pensamiento sistemático en particular, son inestimables. Nuestro talento para la división, para ver las partes, es de una importancia asombrosa - superado solo por nuestra capacidad de trascenderlo, a fin de ver el todo. Estos dones del hemisferio izquierdo nos han ayudado a lograr nada menos que la civilización misma, con todo lo que eso significa. Incluso si pudiéramos renunciar a ello, lo que, por supuesto, no podemos, seríamos tontos si lo hiciéramos y saldríamos infinitamente perjudicados. Hay cantos de sirenas que nos llaman a hacer precisamente eso, a abandonar la claridad y la precisión (que, en cualquier caso, depende en gran medida de ambos hemisferios), y quiero subrayar que me opongo apasionadamente a ello. Necesitamos la capacidad de hacer discriminaciones finas y de usar la razón de manera apropiada. Pero estas contribuciones deben ponerse al servicio de algo más, que solo el hemisferio derecho puede aportar. Ellas solas, son destructivas. Y ahora mismo pueden estar llevándonos a la perdida de la civilización que ayudaron a crear.


 

CAPITULO 3. 

LENGUAJE, VERDAD Y MÚSICA

 

 

En lo anteriormente expuesto, he seguido deliberadamente la práctica neuropsicológica, al centrarme en una serie de tareas o funciones diferenciadas, que pueden ser definidas y medidas, ya que es la forma en que se recopila la información sobre el cerebro y es la manera en la que estamos acostumbrados a pensar sobre él.  Ahora intentaré mostrar este material bajo una luz diferente. Quiero agruparlo y sugerir que las diferencias hemisféricas no son solo una curiosidad, sin más significación, un montón de hechos neuropsicológicos, sino que en realidad representan dos aspectos del mundo que son individualmente coherentes, aunque incompatibles.

Esto nos llevará naturalmente a la exploración de por qué tenemos lenguaje: ¿para comunicarnos, para pensar o para qué? ¿Y cuál es el papel de la música? ¿Las respuestas a estas preguntas proyectan alguna luz sobre la expansión asimétrica de los hemisferios izquierdo y derecho?

 

LO NUEVO Y LO FAMILIAR; DOS TIPOS DE CONOCIMIENTO.

Uno de los hallazgos mencionados en el último capítulo, fue el importante descubrimiento realizado por Goldberg y Costa, confirmado por investigaciones posteriores, de que cualquier tipo de nueva experiencia, ya sea de música, palabras, objetos de la vida real, o construcciones imaginarias, compromete al hemisferio derecho. Pero tan pronto como se convierten en algo familiar o rutinario, el hemisferio derecho está menos comprometido y, finalmente, la "información" pasa a ser competencia únicamente del hemisferio izquierdo.1

Comprensiblemente, esto ha tendido a ser visto como una especialización en el procesamiento de información, según el cual los "nuevos estímulos" son "procesados" preferentemente por el hemisferio derecho y los rutinarios o familiares por el hemisferio izquierdo. Pero esto ya, como cualquier modelo, presupone la naturaleza de lo que se está observando (una máquina para el procesamiento de información). ¿Qué nos encontraríamos si empleáramos un modelo diferente? ¿Surgiría tal vez otra conclusión?

Quiero proponer una forma diferente de mirar el papel que juega el cerebro en la formación de nuestra experiencia del mundo. Esto implica interesarse por la naturaleza del propio conocimiento.

Usamos la palabra "conocer" en al menos dos sentidos significativamente diferentes. En un sentido, el conocimiento es esencialmente un encuentro con algo o alguien, por lo tanto, con algún "otro" (una verdad plasmada en la frase "conocimiento carnal"). Decimos que conocemos a alguien en el sentido de que tenemos una experiencia de él o ella, de modo que "sentimos" quién es él o ella, como individuo distinto de otros. Esta clase de conocimiento permite percibir la singularidad del otro. Es también únicamente “mi" conocimiento. Si otra persona nos preguntara "¿cómo es ella?", tu podrías comenzar por intentar describirla en pocas palabras ("temperamental", "alegre", acompañado por frases calificativas como "bastante", "un poco", "muy" y así sucesivamente), pero pronto te sentirías frustrado por la sensación de que estos términos generales realmente no ayudan mucho a transmitirlo. Podrías recurrir a relatar ejemplos de cosas que haya dicho o hecho. Podrías mostrar una fotografía - aprendemos mucho de los rostros. Pero si las preguntas continuaran, tendrías que decir: "Mira, tendrás que conocerla - te la presentaré". Es también "mi" propio conocimiento, no solo en el sentido de que no puedo trasladártelo, sino en el sentido de que hay algo de mí en ello. Lo que yo conozco acerca de ella proviene del hecho de que fui yo quien se encontró con ella. Otra persona podría hacer que surgieran otros aspectos de ella y podría verla cómo alguien bastante diferente. Pero también sería extraño si todos los que la conocieran la encontraran alguien completamente diferente. Eso implicaría que no hay una entidad estable subyacente que conocer. Es de esperar que surja un consenso entre quienes la han conocido. Esta es la clase de conocimiento en el que primero pensamos cuando hablamos de los seres vivos.

Siguiendo la estela del último capítulo, espero que algunos de estos puntos les suenen. Ciertos aspectos nos parecen familiares. Es la forma en la que naturalmente nos aproximamos al conocimiento de un ser vivo; tiene que ver con los individuos y permite un sentido de singularidad; es algo "mío", personal, no es algo que se pueda pasar a otra persona sin cambios; y no es fijo ni incuestionable. No es fácil de capturar con palabras; la totalidad no se captura al intentar enumerar una lista de partes ("temperamental”, "alegre", etc.); al menos tiene algo que ver con la persona encarnada (la fotografía); se resiste a términos generales; tiene que ser vivido; y el conocimiento depende de la entreidad (un encuentro). Estos son todos, de hecho, aspectos del mundo "de acuerdo" al hemisferio derecho.

Este tipo de conocimiento se deriva del encuentro de un ser o cosa, como un todo, con algún otro. Pero hay otro tipo de conocimiento, un conocimiento que proviene de unir cosas a partir de fragmentos. Este es el conocimiento de lo que llamamos hechos.2 Esto no suele aplicarse para conocer a las personas. Podríamos decir, por ejemplo, "nació el 16 de septiembre de 1964", "vive en Nueva York", "mide 1,65 m. de altura", "es pelirrojo", "tiene pecas", etc. Inmediatamente se tiene la sensación de que se trata de alguien, a quien no se conoce en realidad. O es una lectura de una base de datos de la policía, o es uno de esos perfiles de las revistas de famosos ("tipo último libro leído", etc). Lo que, es más, parece como si se estuviera describiendo un objeto inanimado - "mueble con cajones, dos simples sobre tres dobles, pie de arco, de 1870, con 90x66x84 cm" - o un cadáver. Este es el único tipo de conocimiento permitido por la ciencia (aunque algunos de los mejores científicos hayan utilizado subterfugios que les han permitido escaparse de este otro tipo). Se trata de un conocimiento de dominio público, el horario de los trenes de cercanía, la fecha de la batalla de Trafalgar, etc. Su virtud es su certeza, es algo fijo. No cambia de una persona a persona ni de un momento a otro. Por tanto, el contexto es irrelevante. Pero no da una buena idea del conjunto, solo de una reconstrucción parcial de algunos aspectos de dicho conjunto.               

Este conocimiento tiene su utilidad. Su gran fortaleza es que sus hallazgos son repetibles. Sus cualidades son inversas a las que se describieron anteriormente, y están asociadas con el hemisferio izquierdo: con una afinidad a lo no vivo; a los “trozos” de información; es general, impersonal, fijo, seguro y desapegado.

Desde luego, ambos modos de conocimiento pueden aplicarse al mismo objeto. Mi conocimiento de ti puede basarse en saber tu edad, altura y tu lugar de nacimiento, aunque eso no es en sí mismo lo que significa que te conozco. Estas formas de conocimiento son tan diferentes que en muchos idiomas se refieren a ellos con diferentes palabras: por ejemplo, para la primera acepción, en latín es cognoscere, en francés connaitre, en alemán kennen; para la segunda acepción, en latín es sapere, en francés savoir, en alemán wissen - y así sucesivamente. Lo que quiero sugerir es que, así como wissen podría aplicarse a veces a personas y seres vivos, kennen puede aplicarse a muchas más cosas que a nuestros allegados. Este tipo de conocimiento puede ayudarnos a comprender, en lugar de simplemente acumular información sobre una gran cantidad de cosas en el mundo, animadas e inanimadas. De hecho, hay pruebas claras de que solíamos hacer esto en el pasado, pero hemos perdido el hábito o tal vez incluso la capacidad (véase la segunda parte de este libro).

Para poner un ejemplo de una entidad aparentemente no viva que parece requerir que lo conozcamos en el sentido de kennen en lugar de wissen, pensemos en una pieza musical. El acercamiento a la música es equivalente a entrar en relación con otro individuo vivo, y las investigaciones sugieren que entender la música se percibe como algo similar a conocer a una persona; atribuimos libremente cualidades humanas a la música, incluyendo la edad, el sexo, las características de la personalidad y los sentimientos.3 La naturaleza empática de la experiencia significa que tiene más en común con encontrarse con una persona que con un concepto o una idea que pueda expresarse con palabras.4 Es importante recordar que la música no simboliza un contenido emocional, lo que requeriría que sea interpretada; sino que lo metaforiza, "lo trasfiere" directamente a nuestra mente inconsciente. Tampoco simboliza las cualidades humanas, sino que las transmite directamente, de modo que actúa sobre nosotros, y nosotros respondemos a ella, como en un encuentro humano. En otras palabras, conocer una pieza musical, como conocer otras obras de arte, es una cuestión de kennenlernen (familiarizarse). Al llegar a nosotros a través del hemisferio derecho, tales creaciones vivas se consideran de naturaleza esencialmente humana. En un libro anterior argumenté que las obras de arte, música, poemas, pinturas, grandes edificios, solo pueden entenderse si apreciamos que se parecen más a las personas que a textos, conceptos o cosas.5 Y, esta percepción es antigua: Aristóteles, por ejemplo, comparó la tragedia con un ser orgánico.6

Lo que Goldberg y Costa podrían haber descubierto no es solo algo sobre lo novedoso y lo familiar, sino sobre dos formas diferentes de conocer de los dos hemisferios. Conocer algo (en el sentido de kennen), nunca es conocerlo del todo (en el sentido de wissen), ya que permanecerá siempre cambiante, evolucionando, revelando otros aspectos de sí mismo - en este sentido siempre nuevo, aunque familiar, en el sentido original de que pasa a formar parte de nuestros seres elegidos, aquellos con quienes estamos en una relación más íntima, nuestra familia (en latín, literalmente, nuestro "hogar"). Conocer (en el sentido de wissen) es fijar algo para que sea repetible y se repita, para que se vuelva familiar en el otro sentido: rutinario, sin autenticidad, carente de la chispa de la vida. Creo que lo que se podría deducir de esas investigaciones es que la primera aprehensión de cualquier cosa la realiza el hemisferio derecho mientras siga siendo nueva, y mientras estemos todavía llegando a conocerla (en el sentido de kenner-lernen); pero que sería pronto asumida por el hemisferio izquierdo, donde se vuelve familiar, en el sentido de que ahora es ya conocida (gewußt) y por lo tanto segura (gewiß). El conocimiento de la totalidad es seguido muy pronto por el conocimiento de las partes.  

Jung dijo que "todo conocimiento es similar a un reconocimiento".7 Con esto quería decir que llegamos a un conocimiento de algo en el sentido de "conocer" (wissen) solo si se reconoce (erkennen) algo que ya antes conocíamos (kennen). En el proceso se vuelve claro, familiar, donde antes estaba latente, intuitivo. Esto es, creo, una expresión del mismo proceso que Goldberg y Costa describen a nivel neurológico; lo nuevo se vuelve viejo. De hecho, Nietzsche va más allá, y capta el quid de la cuestión, cuando expresa una idea similar: "es a través del "conocimiento" [erkennen, re-conocimiento] que llegamos a tener la sensación de que ya conocemos [wissen] algo; por lo tanto, significa combatir un sentimiento de novedad y transformar lo aparentemente nuevo en algo viejo".8

Como dijo Gregory Bateson, todo conocimiento tiene que ser conocimiento de la distinción, y esto por tanto implica algo más que de la propia esencia.9 Igualmente se podría decir que toda experiencia es una experiencia de la diferencia. Incluso a nivel sensorial, no podemos experimentar nada a menos que haya un cambio o una diferencia: nuestros nervios sensoriales se "fatigan” rápidamente y nos acostumbramos, por ejemplo, a un olor, o a un sonido. Nuestros sentidos responden a la diferencia entre valores, a valores relativos, no absolutos.10 (Parece que el conocimiento y la percepción, y por tanto la experiencia, solo existen en las relaciones entre las cosas. Quizás de hecho, todo lo que existe lo hace solo a través de las relaciones, como las matemáticas o la música: hay aspectos de la física cuántica que respaldarían esa visión).

Este hecho, el de que el conocimiento proviene de distinciones, implica que podemos llegar a la comprensión de la naturaleza de cualquier cosa, cualquiera que sea, solo por comparación con otra que ya conocemos, observando las similitudes y diferencias. Sin embargo, al igual que todo cambia su naturaleza, aunque sea levemente, cuando cambia de contexto, lo que elegimos para comparar con una cosa determina qué aspectos de ella se destacaran y cuáles se desvanecerán. Así, comparar un partido de fútbol con acudir a una casa de apuestas pone de manifiesto algunos aspectos de la experiencia; compararlo con asistir a la iglesia, hace resaltar otros. El modelo que elegimos para entender algo determina lo que encontramos. Si bien es cierto que nuestra comprensión es un efecto de las metáforas que elegimos, también es cierto que es una causa: nuestra comprensión en sí misma guía la elección de la metáfora por la cual entendemos. La metáfora elegida es tanto causa como efecto de la relación. Por lo tanto, la forma en que pensamos en nosotros mismos y en nuestra relación con el mundo ya se revela en las metáforas que elegimos inconscientemente para hablar de ello. Esa elección afianza aún más nuestra visión parcial del tema. Paradójicamente, parece que nos vemos obligados para entender algo lo suficientemente bien, incluidos a nosotros mismos, a elegir antes el modelo adecuado de poder entenderlo. Nuestro primer salto determina dónde aterrizaremos.11

Si asumimos un universo puramente mecánico y tomamos la máquina como modelo, descubriremos la visión - ¡sorpresa, sorpresa! - que el cuerpo, y el cerebro con él, son una máquina. Para un hombre con un martillo, todo empieza a parecerse a un clavo. Pero como solo podemos conocer las cosas en función de otras cosas que ya conocemos, cualquier "explicación", por muy convincente que sea, no es más que un modelo; una comparación de algo con otra cosa. Todo lo que se puede decir cuando se intenta, por ejemplo, interpretar los datos de un escáner para entender lo que el cerebro está haciendo cuando imito la acción de otra persona, es que parece haber algún tipo de correlación entre lo que observamos que ocurre en el cerebro - un "punto caliente" en el escáner cerebral sugerente de un aumento del metabolismo en mi lóbulo frontal derecho - con la experiencia que yo estoy teniendo al mismo tiempo. Sin embargo, la naturaleza de esa correlación, permanece oscura, porque se ejemplifica en una sustancia única, que es el cuerpo humano - no hay nada con lo que se pueda comparar, para hacerse una idea, excepto otros cuerpos vivos, lo que no nos lleva mucho más lejos. Puedes compararlo con una máquina, si lo deseas; pero esta analogía es necesariamente pobre en muchos aspectos, excepto, por supuesto, en lo que el cuerpo y la máquina tienen en común, y eso es todo lo que la comparación nos revelará (la trampa, para aquellos que han creído en este modelo como el camino hacia la luz, es que todo lo  relacionado con el cuerpo parecerá cada vez más mecánico, y así el modelo parece cada vez más apto: y la elección original parece finalmente confirmada como un ajuste perfecto). Hablar de "funciones" y "mecanismos" nos lleva por este sendero particular del jardín. El modelo de la máquina es el único que le gusta al hemisferio izquierdo; recuerden que está especializado en el manejo de herramientas y máquinas. La máquina es algo que ha sido montada por el hemisferio izquierdo a partir de componentes, por lo que es comprensible solo a partir de sus partes; la máquina no tiene vida y sus partes son inertes – las palancas no cambian su naturaleza según su contexto.

Ahora quiero intentar apartarme un poco de la cuestión de qué "funciones" realizan los hemisferios, supuestamente similares a la máquina, y pensar en ellos más globalmente como si tuvieran una disposición o una postura hacia el mundo - una “visión" desde sí mismo, por así decirlo. Esto sugiere, que pueden compartir algunos aspectos con la vida mental humana, ya lo sé; pero ¿es realmente tan extraño como parece - o es más extraño suponer que todo lo que hacen es computar como máquinas? Si es cierto que la conciencia, sea lo que sea, surge de la mera complejidad de la actividad neuronal auto-interconectada, 12 ¿por qué los hemisferios, las dos masas neuronales más grandes y más densamente auto-interconectadas, cada una de las cuales equivale a la mitad del cerebro, y cada una de las cuales es capaz de sostener la vida consciente por sí misma, no deberían tener algunas de las características de la conciencia normal? Los hemisferios en pacientes con el cerebro dividido tienen cada uno, una personalidad distinta, con gustos y preferencias característicos, según una de las personas que más se dedica al estudio de estos pacientes.13 El inconsciente, si bien no es idéntico al hemisferio derecho, está sin duda más estrechamente asociado con él (para un análisis más completo de esta cuestión, véanse más adelante). En este sentido, podría esperarse que los hemisferios separados tengan personalidades y valores distintos: como escribió Freud, del inconsciente es "un reino particular de la mente con sus propias pulsiones de deseo, su propio modo de expresión y sus peculiares mecanismos mentales que no están presentes en otros lugares".14

Este es solo otro modelo, y como todos los modelos, debe tomarse como lo que es, una comparación, no una identificación. Lo más que uno puede esperar es que permita que algo se ponga de manifiesto, algo diferente al menos de lo que se pone de relieve en el relato cognitivista convencional. La aplicación de un modelo diferente, no el de la máquina sino el de la persona, a cada hemisferio revela diferentes aspectos y nos permite tener una idea de cada hemisferio como un todo en lugar de como un ensamblaje de piezas.

 

LO QUE NOS DICE EL LENGUAJE ACERCA DE LOS HEMISFERIOS

Dado que lo que pensamos sobre el mundo y lo que conocemos de él está, nos guste o no, mediado en gran parte por el lenguaje, merece la pena examinar más de cerca la naturaleza del lenguaje y su relación con los hemisferios. Es probable que nos diga mucho sobre las diferencias entre los hemisferios, sobre cómo se relaciona cada hemisferio con el mundo en general, e incluso cómo se relacionan los hemisferios entre sí, ya que el mismo lenguaje es nada menos que una versión del mundo, un tipo de experiencia, que por lo tanto tiende un puente entre lo físico y lo abstracto, lo inconsciente y lo consciente, lo implícito y lo explícito.

El lenguaje es competencia de ambos hemisferios y, al igual que todo lo demás, tiene diferentes significados en cada hemisferio. Cada uno lo utiliza de manera diferente, y sobresalen distintos aspectos en el uso que hacen de él uno u otro hemisferio.

Volvamos a la estructura del cerebro y echemos otro vistazo a esa extraña asimetría en la región parietal izquierda, donde se dice que reside el lenguaje. ¿No es obviamente, esa asimetría consecuencia de que se dedica a eso? ¿Cuál es el problema con esa explicación?

Si bien es cierto que la expansión del hemisferio izquierdo se asocia hoy en día con las funciones del lenguaje,15 la creencia de que es el lenguaje el que ha necesitado  dicha expansión plantea dificultades.16 Por un lado, los registros fósiles de los primeros humanos, mucho antes de que los antropólogos creyeran que se había desarrollado el lenguaje,17 ya mostraban este patrón típico de asimetría cerebral.18 Aún más sorprendente es el hecho de que algunos de los grandes simios, y posiblemente otros primates como los babuinos, que claramente no tienen lenguaje,19  ya muestran una asimetría similar a la del cerebro humano, con un agrandamiento en la misma zona del hemisferio izquierdo que en los humanos se asocia con el lenguaje.20 El planum temporale, que en los humanos está sin duda asociado con el lenguaje, y que es en general más grande en el lado izquierdo que en el derecho, es también más grande asimétricamente, en el lado izquierdo, en orangutanes, gorilas21 y chimpancés.22 Y la torsión de Yakovlev, también está presente no solo en los fósiles humanos, sino en los grandes simios.23

Además, ahora que sabemos más sobre el funcionamiento de nuestro propio cerebro, sabemos que en realidad no es cierto que el lenguaje dependa de un hemisferio: su funcionamiento se distribuye a través de los dos. Si bien es cierto que la mayor parte de la sintaxis y el vocabulario, el meollo del lenguaje, se encuentra en la mayoría de los casos en el hemisferio izquierdo, es sin embargo, el hemisferio derecho el que se encarga de las funciones lingüísticas superiores, como la comprensión del significado de una frase u oración en su contexto, su tono, su significado emocional, junto con el uso del humor, la ironía, la metáfora, etc. Sin embargo, aunque sea el hemisferio derecho el que, en términos lingüísticos, pinta el cuadro, sigue siendo el hemisferio izquierdo el que sostiene la "caja de pinturas". Después de un ictus en el hemisferio izquierdo, el pintor del hemisferio derecho se queda sin sus materiales. De ahí la antigua opinión de que el hemisferio izquierdo era el "dominante": en su ausencia no se pinta ningún cuadro, no hay un discurso coherente. Pero el argumento de que el lenguaje tenía que residir en un solo lugar, explicando así la expansión del hemisferio izquierdo, simplemente no se sostiene.

Entonces, ¿a qué se debe esta expansión del hemisferio izquierdo? Tal vez, se ha propuesto, sea consecuencia de la condición de ser diestros. Pero esto plantea una pregunta adicional, por qué hemos desarrollado la tendencia a ser diestros. La suposición habitual es que, al ser el hombre el animal que fabrica herramientas, se necesitaba una habilidad adicional para fabricar tales herramientas, lo que requería una especialización. Sin embargo, no es tan evidente por qué la habilidad se consigue mejor con una sola mano. Operarios hábiles podrían ser incluso aún más hábiles si pudieran usar ambas manos igualmente bien, y el cerebro no está sujeto a una regulación económica que signifique que el desarrollo de una mano deba hacerse a expensas de la adquisición de habilidades de la otra. Sin embargo, es un hecho evolutivo que, tanto para el uso como para la fabricación de herramientas, hemos tendido claramente a preferir la mano derecha, que está controlada por el lado izquierdo del cerebro - de hecho por una parte del cerebro que está, por cierto, muy cerca del área de Broca, la parte del hemisferio izquierdo que se ha hecho cargo del poder expresivo de la sintaxis y el vocabulario, de los nombres de las cosas y de cómo los juntamos.

Además, si volvemos a mirar a los primates superiores, también resulta que algunos de ellos comienzan a preferir la mano derecha para agarrar las cosas, a pesar del hecho de que, aunque utilicen palos y piedras, no sean desde luego fabricantes de herramientas en el sentido humano.24 Es poco probable que cualquier asimetría en sus cerebros se deba a la necesidad de espacio cerebral para albergar las complejas habilidades de fabricación de herramientas. Su mano derecha prensil debe ser un signo de otra cosa.         

Lo más extraño, es que parece que no es una expansión en general. Lo que hay es una deliberada inhibición de la expansión en el área correspondiente del hemisferio derecho. E incluso conocemos los genes que lo hacen. El investigador que los descubrió comentó: "Se puede asumir con seguridad que la asimetría que terminó conduciendo al lenguaje es poco probable que haya aparecido por el lenguaje...Es probable que haya aparecido por alguna otra razón y que básicamente haya sido cooptada por el lenguaje".25

La lateralización de la función cerebral y la asimetría de su estructura, ocurrieron sin el lenguaje o el uso de herramientas. No estoy diciendo que, una vez que la asimetría del hemisferio se aceleró en los humanos, no tuviera nada que ver con el lenguaje o con la preferencia por la mano derecha: obviamente fue así.26 Mi argumento es que estos no pudieron haber sido los impulsores, el origen del fenómeno; las asimetrías asociadas con el lenguaje y la preferencia por la mano derecha deben ser epifenómenos de otra cosa, algo más fundamental, más primitivo. ¿Qué fue eso?

 

 

 

LOS ORÍGENES DEL LENGUAJE

Para entender mejor esta asimetría, necesitamos dar un paso atrás por un momento y preguntarnos por qué tenemos lenguaje después de todo. Debido a qué el mundo sin él es tan inimaginable, y puesto que el lenguaje es el medio a través del cual evaluamos todas las cosas, incluido el propio lenguaje, es más difícil de lo que parece a primera vista enfocarlo ¿Qué clase de cosa es el lenguaje? ¿De qué clase de plan podría formar parte?, y ¿tiene algo en común con la preferencia por la mano derecha?

Obviamente, se podría pensar que el lenguaje debe haberse desarrollado para la comunicación. Pero eso no es tan obvio como parece. Hace unos trescientos o cuatrocientos mil años o más, el Homo heidelbergensis, el antepasado común del Homo Sapiens y del Homo neanderthalensis, tenía un cerebro de gran tamaño y un aparato vocal comparable a los de los humanos modernos y, aunque no podemos estar seguros de la fecha más temprana en que surgieron tales características, es muy posible que haya sido hace medio millón de años.27 Sin embargo, las evidencias sugieren que no desarrollamos el grado sofisticado de manejo de símbolos que requiere el lenguaje hasta un periodo mucho más tardío, posiblemente hasta hace tan poco, como unos cuarenta mil años, y en cualquier caso no antes, de unos ochenta mil años, que es cuando surgen de forma repentina y profusamente los primeros vestigios de culturas, junto con las evidencias de representaciones visuales, y cuando los humanos comienzan a hacer rituales para el enterramiento a sus muertos.28 Parecería, entonces, que durante una gran parte de la historia de la humanidad, a pesar de tener un cerebro grande y presumiblemente una inteligencia elevada,29 se las arreglaron para comunicarse satisfactoriamente sin el lenguaje tal y como hoy lo entendemos. Hay que admitir que no eran civilizados en el sentido real de la palabra. Pero sobrevivieron y prosperaron como animales sociales, viviendo en grupos. ¿Cómo se comunicaban nuestros antepasados, si no era mediante el lenguaje?

Abordar estas cuestiones requiere examinar otra curiosidad de lo que nos dicen los registros fósiles. Sabemos que el lenguaje hablado depende, no solo de un espacio cerebral suficiente para albergar un diccionario y una gramática, sino también de unas características bastante específicas del aparato vocal (no solo de las cuerdas vocales, sino también de las partes articulatorias de la lengua y de la boca) que nos permiten articular una amplia gama de sonidos, así como de un notable grado de control respiratorio, que nos permite pronunciar frases largas, fluidas y articuladas, y modular sutilmente la entonación a lo largo de una sola respiración. Todas las lenguas conocidas requieren estas características. Monos y primates no tienen tal control, lo que es una de las razones por las cuales los intentos de entrenarlos para hablar han sido tan infructuosos. Solo las aves pueden imitar el habla humana, mientras que no pueden hacerlo nuestros parientes más cercanos: el aparato vocal de las aves, o siringe (literalmente, "flauta") y su sofisticado control de la respiración, explican el porqué.30

¿Cuándo desarrollaron estas capacidades los humanos? Podría pensarse que es una tarea imposible, evaluar en qué momento de la historia humana nuestros antepasados ​​desarrollaron el sofisticado control del aparato vocal y la respiración que ahora poseemos. Sin embargo, algunas ingeniosas observaciones permiten hacer una inferencia fiable. Para acceder a la lengua, el nervio que la inerva, el nervio hipogloso, tiene que pasar por una abertura en la base del cráneo, llamada canal condilar anterior. La carga de trabajo que tiene que hacer un nervio se refleja en su tamaño; a su vez, el diámetro del orificio a través del cual pasa indica el tamaño del nervio. Así que, midiendo el diámetro del canal en la base del cráneo, podemos hacernos una idea bastante aproximada de cuánto trabajo articulatorio tenía que hacer la lengua del "dueño" del cráneo. Consideraciones similares se aplican al canal vertebral torácico por el que pasan los nervios que controlan la respiración de los músculos de la caja torácica. Y lo que encontramos, como cabría esperar, es que simios y primates tienen canales mucho más pequeños, tanto en relación con los nervios de la articulación vocal como con los de la respiración, que los humanos actuales. Pero, y aquí está la rareza que invita a la reflexión, el examen de los primeros esqueletos humanos, de mucho antes del periodo en que creemos que surgió el lenguaje, revelan tamaños de los canales casi indistinguibles de los de los humanos actuales. ¿A qué se debe eso?    

La respuesta más probable es una sorpresa, y requiere un cierto cambio de encuadre para la mayoría de nosotros. Porque la explicación de este sofisticado control y modulación de la producción de sonido, en ausencia del lenguaje tal y como lo conocemos, tuvo que ser una especie de lenguaje no verbal, en el que había entonación y fraseo, pero no propiamente palabras: ¿y qué es eso, si no la música?

Existen importantes similitudes entre la música y el lenguaje, lo que sugiere al menos un origen común. Por ejemplo, muchos aspectos sutiles del lenguaje están mediados por regiones del hemisferio derecho que también median en la interpretación y la experiencia de la música. Además, estas regiones del hemisferio derecho son las homólogas de áreas del hemisferio izquierdo que están implicadas en la elaboración y comprensión del lenguaje - están en la "misma" posición al otro lado del cerebro. La música y el lenguaje tienen una arquitectura compartida, construida a partir de frases de entonación relacionadas por una especie de 'sintaxis'; aunque la sintaxis de la música tiene más que ver con la forma general de toda la pieza durante muchos minutos (o, en el caso de Wagner, de horas) 31 que con la relación específica de elementos sucesivos y rápidos en una progresión lineal. Tanto en la música como en el habla, la frase es la unidad básica de la estructura y función, y tanto las frases del habla como las frases musicales tienen melodía y ritmo, que desempeñan un papel crucial en su expresividad. Existe incluso una estrecha relación semántica entre la música y el lenguaje: las frases musicales transmiten significados específicos que, de ser necesarios, asociamos intuitivamente con palabras específicas.32

Sin embargo, cuando se trata de comprender los orígenes del lenguaje, hay menos acuerdo y las especulaciones han seguido uno de estos tres caminos. Hay quienes creen que la música es una derivación inútil, o un epifenómeno, del desarrollo del lenguaje; hay quienes, por el contrario, creen que el lenguaje mismo se desarrolló a partir de la comunicación musical (una especie de canto); y, finalmente, hay quienes sostienen que la música y el lenguaje se desarrollaron de manera independiente, pero paralela, a partir de un ancestro común, que se ha denominado "musilenguaje".33 Me parece que esta última opción es difícil de distinguir de la posición de que "la música fue lo primero". Esto se debe a que, si bien el “musilenguaje” puede no haber sido una música muy sofisticada, debe de haberse parecido más a la música que al lenguaje referencial y, para que haya sido un 'lenguaje' en algún sentido, debe de haberse basado en lo que consideramos como aspectos musicales - los aspectos no verbales- del lenguaje, como el tono, la entonación, el volumen, el ritmo y el fraseo. La existencia misma del concepto de "musilenguaje" no hace más que poner de manifiesto hasta qué punto, los aspectos musicales del lenguaje contribuyen al significado, en el sentido de que podrían proporcionar por sí mismos la base para la comunicación de significados.

La evidencia de los registros fósiles es, como digo, que el control de la voz y la respiración, necesaria para el canto surgieron aparentemente mucho antes de que el lenguaje los hubiera requerido. Pero ¿hay alguna razón, aparte de esta, por la que deberíamos adoptar la visión de que la música fue lo primero?

 

LENGUAJE O MÚSICA: ¿QUE FUE PRIMERO?

Hay, por lo menos, algunos indicios sobre el tema. En primer lugar, la "sintaxis" de la música es más sencilla, menos evolucionada que la del lenguaje, lo que sugiere un origen anterior. Y lo que es más importante aún, la observación del desarrollo del lenguaje en niños confirma que los aspectos musicales del lenguaje son efectivamente anteriores. La entonación, el fraseo y el ritmo se desarrollan primero; la sintaxis y el vocabulario aparecen más tarde. Los recién nacidos ya son sensibles a los ritmos del lenguaje; 34 prefieren el "habla infantil" - también conocida como "parloteo de bebé" - que enfatiza lo que se llama prosodia, la música del habla. En respuesta a esto, tan pronto como nace su hijo, las madres amplían las variaciones de su tono, su repertorio y elevan el tono general de su habla, además de ralentizar el tempo y enfatizar su ritmo.35 Los bebes, pueden distinguir el timbre y entonación de la voz de su madre, y la prefieren a cualquier otra,36  y pueden distinguir la entonación única de su "lengua materna", que de nuevo también prefieren a otras.37  Estas capacidades para distinguir las inflexiones características de un idioma, o incluso de un hablante individual, no son signos de un talento innato para el idioma como tal: se basan en aspectos del procesamiento holístico del hemisferio derecho, capaz de hacer discriminaciones finas sobre patrones globales y que tienen poco que ver con el procesamiento analítico del lenguaje por parte del hemisferio izquierdo.38 De hecho, incluso los primates pueden identificar voces individuales, utilizando tales características. Por lo tanto, estos procesos en los recién nacidos tienen que ver con la activación de áreas del cerebro que se encargan de los aspectos no verbales y musicales del habla. Existe un principio (no del todo fiable) según el cual “la ontogenia recapitula la filogenia”, en otras palabras, que el desarrollo de los individuos de una especie sigue un curso similar al del desarrollo de la especie en su conjunto: un ejemplo sencillo es el desarrollo inicial de una cola en el embrión humano, que posteriormente se pierde. En la medida en que este principio es válido, entonces la música es anterior al lenguaje. Una observación en este sentido fue hecha incluso por Salomon Henschen: “La facultad musical es filogenéticamente más antigua que el lenguaje; ya que algunos animales tienen dicha facultad musical, y las aves en un alto grado. También es más antigua desde el punto de vista ontogenético, ya que el niño comienza a cantar antes que a hablar".39

En última instancia, la música es comunicación de la emoción, la forma más fundamental de comunicación que, en la filogenia, así como en la ontogenia, fue y es lo primero. La investigación neurológica apoya firmemente la suposición de que "nuestro amor por la música refleja la capacidad ancestral de nuestro cerebro de mamífero para transmitir y recibir sonidos emocionales básicos", la prosodia y el movimiento rítmico que emergen intuitivamente del acoplamiento del cuerpo en la expresión emocional: "La música se construyó sobre mecanismos prosódicos del hemisferio derecho que nos permitieron la comunicación afectiva emocional a través de entonaciones vocales."40 Presumiblemente, tales “mecanismos” fueron muy importantes para la supervivencia grupal. También es probable que tuvieran raíces profundas: "la profunda conmoción emocional que se genera por la música", escribe el influyente antropólogo Robin Dunbar, "sugiere que la música tiene orígenes muy antiguos, muy anteriores a la evolución del lenguaje."41    

Esta conclusión no ha sido aceptada universalmente. Hay varias razones, pero una de ellas destaca, al menos en lo que respecta a los genetistas. La aparición de nuevos avances debe demostrar una ventaja evolutiva. El lenguaje, se argumenta, da una gran ventaja por el poder que confiere a su poseedor: pero, ¿qué tiene que ver la música con el poder - qué ventaja puede aportar? Aparentemente no te pone en posición de asestar un golpe de gracia a tú rival y no parece ser una forma de preservar tus genes (a pesar de apelaciones poco convincentes a lo que se podría llamar el "factor Tom Jones"). Así, la música ha sido considerada como una “exaptación” inútil del lenguaje: es decir, una adaptación de una habilidad, originalmente desarrollada por su ventaja competitiva en un área, para un propósito muy diferente.42 Así, escribir a máquina podría verse como una exaptación de la habilidad digital desarrollada para fabricar herramientas: no fue la presión por publicar más artículos que sus colegas, lo que hizo que se desarrollara esta habilidad en primer lugar, como tampoco tenemos piernas para dar empleo a los sastres. La música sería, en tal sentido, un subproducto irrelevante de alguna innovación más competitiva, como el lenguaje: Steven Pinker por cierto lo considera así, e incluso sugiere que la música carece de sentido y es tan decadente como la pornografía o la afición a la comida grasienta.43 Sin embargo, las pruebas no se inclinan a favor de que la música sea una exaptación del lenguaje - sino más bien lo contrario. Si el lenguaje evolucionó más tarde, parece que lo hizo a partir de la música. Así que el problema evolutivo continúa (espero poder ofrecer una posible solución del problema en el momento oportuno).

No solo los genetistas pueden tener dificultades con dicha idea. Actualmente, tendemos a pensar en la música como algo periférico, si no inútil. Estamos inclinamos a arquear una ceja cuando se habla de nuestros antepasados ​​como “Neandertales cantores".44 Pero, de hecho, muchos teóricos del lenguaje, como Rousseau en el siglo XVIII, von Humboldt en el siglo XIX y Jespersen en el XX, han pensado que es probable que el lenguaje se haya desarrollado a partir de la música, de modo que las teorías de Mithen y otros en el siglo XXI no salen de la nada.45

Que podamos utilizar medios no verbales, como la música, para comunicarnos no es, en cualquier caso, algo sorprendente. El choque viene en parte por la forma en que los occidentales vemos actualmente la música: hemos perdido el sentido de la posición central que la música ocupaba antes en la vida comunitaria, y que todavía ocupa en la mayor parte del mundo. A pesar de que no hay ninguna cultura en el mundo que no tenga música y en la que las personas no se reúnan para cantar o bailar, hemos relegado la música a un segundo plano. Podríamos pensar en la música como una experiencia individualista, incluso solitaria, pero eso es raro en la historia del mundo. En sociedades estructuradas de forma más tradicional, la interpretación de la música desempeña un papel integral e integrador, no solo en las celebraciones, los festivales religiosos y otros rituales, sino también en el trabajo y el ocio cotidianos; y es, sobre todo, una interpretación compartida, no solo algo que escuchamos pasivamente.46 Es una forma vital de unir a las personas, de ayudarlas a tomar conciencia de la humanidad compartida, de los sentimientos y las experiencias compartidas y de reunirlas activamente. En nuestro mundo, la competencia y la especialización han hecho de la música algo compartimentado, algo alejado del núcleo de la vida. Así Oliver Sacks escribe:

 

Esta función primordial de la música se ha perdido hasta cierto punto hoy en día, en que tenemos una clase especial de compositores e intérpretes, y el resto de nosotros estamos reducidos a una escucha pasiva. Uno tiene que ir a un concierto, o a una iglesia o a un festival musical, para recuperar la emoción colectiva y el vínculo de la música. En tal situación, parece haber una verdadera unión de sistemas nerviosos...47

Pero si resultara que la música lleva al lenguaje, en lugar del lenguaje a la música, esto nos ayudaría a comprender por primera vez el hecho histórico, de otro modo desconcertante, de que la poesía surgió antes que la prosa.48 La prosa fue conocida al principio como pezos logos, literalmente "logos pedestre o caminante,, en contraposición al habitual logos danzante de la poesía. De hecho, la poesía primitiva se cantaba: así que la evolución de las habilidades literarias progresa, si esa es la palabra correcta, desde la música del hemisferio derecho (palabras que se cantan), al lenguaje del hemisferio derecho (el lenguaje metafórico de la poesía), y luego al lenguaje del hemisferio izquierdo (el lenguaje referencial de la prosa).

Es probable que la música sea el antecesor del lenguaje y que surgiera principalmente en el hemisferio derecho, que es donde cabría esperar que surgiera un medio de comunicación con los otros que promoviera la cohesión social.

 

COMUNICACIÓN SIN LENGUAJE

La predominancia del lenguaje y, sobre todo, de los efectos de la palabra escrita, puede haber contribuido por sí misma al declive de la música en nuestra cultura. (Espero mostrar en capítulos posteriores que la cultura de la palabra escrita tiende inevitablemente hacia el fenómeno predominante en el hemisferio izquierdo de un mundo competitivo, especializado y compartimentado). Puede que al principio nos cueste aceptar la primacía de la música, ya que estamos atrapados en una cultura tan determinada y dependiente del lenguaje que no podemos imaginar que sea de otra manera. Y debido a que la parte de la comunicación de la que somos conscientes radica en la elección de las palabras, imaginamos erróneamente que es ahí donde radica la mayor parte de la comunicación o incluso toda. De lo que no somos conscientes, y necesitamos para la mayoría de propósitos permanecer inconscientes, es de que la mayor parte de los mensajes que comunicamos no están en las palabras en absoluto. Los animales se comunican entre sí, e incluso cooperan, sin lenguaje, así que ¿por qué no habría de ocurrir en nosotros?

Algunos animales adoptan una forma de "musilenguaje", utilizando la entonación, no solo el lenguaje corporal, para comunicarse con los humanos: miren al perro doméstico. Entre ellos se comunican preferentemente por el olor y el lenguaje corporal. Pero ellos han logrado ser conscientes del hecho de que la entonación es una parte importante de la comunicación con los humanos. Aunque por muy buenos comunicadores vocales que sean, sus posibilidades son limitadas: no tienen ni el rango de conceptos que transmitir, ni el aparato vocal o respiratorio que los primeros humanos habrían poseído para transmitirlos.

En caso de que uno se sienta tentado a pensar que la música nunca podría proporcionar un medio de comunicación lo suficientemente flexible o extenso para los homínidos, hay que recordar que la amplia vida social de algunos de los animales no humanos más inteligentes, no solo los bonobos, sino también mamíferos acuáticos, como ballenas y delfines, incluyendo las complejas maniobras de ataque de las orcas, son coordinadas enteramente mediante lo que podríamos llamar "música", un "lenguaje" de tonos, entonaciones en una relación temporal.49 Y nuestros hijos preverbales se comunican con nosotros - no siempre, es cierto, con la claridad deseada, pero sí con suficiente eficacia. Incluso las personas que sufren accidentes cerebrovasculares en el hemisferio izquierdo, y que de forma repentina y devastadora han perdido el uso del lenguaje, pueden aprender a comunicar una serie de intenciones y significados, así como, obviamente, emociones, a pesar de que tienen  la doble desventaja de no haber crecido aprendiendo de forma instintiva e intuitiva la habilidad de comunicarse sin palabras, y de que viven en una cultura que se ha organizado totalmente en torno a la comunicación a través del lenguaje.

Quizá la evidencia más sorprendente, es que existen tribus en la cuenca del Amazonas, como los Pirahã, una tribu de cazadores-recolectores en Brasil, cuya lengua es en realidad una especie de canción, poseyendo una gama tan compleja de tonos, acentuaciones y longitudes de sílabas, que sus hablantes pueden prescindir por completo de sus vocales y consonantes y cantar, tatarear o silbar las conversaciones.50

Para nuestros ancestros ​​primates, que claramente no tenían habla, el lenguaje corporal desempeñaba un papel vital en la cohesión social, especialmente en las prolongadas sesiones de aseo mutuo. Una de las teorías es que las canciones, una especie de lenguaje musical instintivo con entonación, surgieron precisamente debido a que, con la aparición de los humanos, los grupos sociales se hicieron demasiado grandes para que el acicalamiento fuese práctico como medio de vinculación. La música, en este sentido, es una especie de acicalamiento a distancia; que no requiere el contacto físico, pero sí de igual manera un lenguaje corporal. Y, según esta teoría, el lenguaje referencial fue una evolución tardía a partir de ello.51 Se estima que, incluso ahora, más del 90% de la comunicación entre humanos se realiza por medios no verbales, a través del lenguaje corporal, y especialmente, a través de la entonación. La comunicación, después de todo, no es solo el tipo de lenguaje que usamos para hablar sobre las cosas. La música es comunicación - pero nos habla a nosotros, no acerca de cosas. No se refiere (a un tercero); tiene una existencia "Yo- tu", no una existencia "Yo- ello".

De hecho, incluso sin las pruebas antropológicas, podríamos dudar de que el lenguaje fuera necesario para la comunicación, aunque solo fuera porque el lenguaje, a diferencia de otras formas de comunicación más intuitivas y musicales, es el medio perfecto para ocultar, en vez de revelar, el significado. El hecho de que ahora nos comunicamos principalmente a través del lenguaje no debería hacernos olvidar el hecho igualmente importante de que no lo necesitamos para la mayoría de los tipos de comunicación. La mayor parte de nuestra comunicación se lleva a cabo sin ella, nos guste o no, y el lenguaje puede incluso hacer que algunos tipos de comunicación sean más problemáticos.

 

PENSAMIENTO SIN LENGUAJE

¿Pero puede decirse que, aunque el lenguaje no sea estrictamente necesario para la comunicación, su aparición fue necesaria para que los humanos se convirtieran en los seres pensantes que son, capaces de formar conceptos, emitir juicios, tomar decisiones, resolver problemas, todo lo que es característico de nuestras funciones más elevadas? Pues no, realmente, de hecho, no en absoluto. La creencia de que no se puede pensar sin lenguaje es otra falacia del proceso introspectivo, por la que pensar con palabras acerca del lenguaje solo sirve para confirmar la importancia del proceso verbal. Cuando nosotros conscientemente hacemos una introspección, o retrospección, sobre nuestros propios procesos de pensamiento, y tratamos de reconstruir lo que sucede, cómo funciona la mente, solo podemos hacerlo como si en esas circunstancias intentáramos llevar a cabo la tarea, conscientemente, poniéndolo en palabras. Pero la mente no actúa así. Llevamos a cabo la mayoría de los procesos mentales que normalmente constituyen lo que entendemos por pensar sin hacer nada conscientemente, ni con el lenguaje, siquiera. Damos sentido al mundo, formamos categorías y conceptos, sopesamos y evaluamos evidencias, tomamos decisiones y resolvemos problemas, todo ello sin lenguaje, y sin siquiera ser conscientes del proceso.

De hecho, muchas de esas cosas solo pueden realizarse satisfactoriamente si no tenemos una conciencia demasiado explícita del proceso, que de otro modo tendría un efecto limitador e inhibidor. Existen muchos ejemplos de famosos problemas científicos que se resolvieron sin lenguaje. Después de muchas cavilaciones, Kekulé captó la forma del anillo bencénico, el fundamento de la química orgánica, cuando la imagen de una serpiente mordiéndose la cola surgió de las brasas de su fuego; Poincaré, tras haberse pasado quince días tratando de refutar las funciones Fuchsianas, de repente vio su realidad, después de tomarse una taza de café negro, "las ideas surgieron en tropel - las sentí  chocar hasta que los pares se entrelazaron"; más tarde le vino a la mente la relación de estas funciones con la geometría no-euclidiana, en el momento en que subía a un autobús, y aunque estaba en medio de una conversación completamente ajena a la cuestión ("luego de regreso a Caen, verifiqué a conciencia el resultado con tranquilidad"). La estructura de la tabla periódica de los elementos se le apareció a Mendeléyev en un sueño. Einstein escribió que "las palabras o el lenguaje, tal como se escriben o se hablan, no parecen desempeñar ningún papel en el mecanismo de mi pensamiento…"52 Gauss y Helmholtz hicieron observaciones similares. El pensamiento matemático, mediado principalmente por el hemisferio derecho, tiene lugar en tres dimensiones. Rudolf Arnheim escribió en su obra clásica, "Pensamiento Visual", tan convincente hoy como cuando se escribió en 1969: "Lo que tenemos que reconocer es que las formas perceptivas y pictóricas no son solo traducciones de los productos del pensamiento, sino el propio pensamiento en carne y hueso".53 Observen esa expresión: "el propio pensamiento en carne y hueso". Tendré más que decir sobre esto más adelante en la discusión sobre el lenguaje y el cuerpo. Pero la cuestión es la siguiente: el hecho de que seamos más conscientes de aquellos momentos en los que pensamos explícitamente en palabras - y que actualmente concibamos que todo el pensamiento tiene lugar en palabras - no debe hacernos creer que el lenguaje es necesario para el pensamiento. Incluso podría ser un impedimento para ello. La mayoría de las formas de imaginación, por ejemplo, o de innovación, de resolución intuitiva de problemas, de pensamiento espiritual o de creatividad artística requieren que trascendamos el lenguaje, al menos el lenguaje en el sentido aceptado de un código referencial. La mayor parte del pensamiento, como la mayor parte de la comunicación transcurre sin lenguaje.

Es más, en términos evolutivos, el pensamiento, incluyendo la formación de conceptos, es claramente anterior al lenguaje. Aparte de la ya mencionada existencia de sofisticados homínidos preverbales, sabemos que los animales pueden pensar y formar conceptos. Cualquier ser sintiente que viva en un entorno donde necesita defenderse de depredadores y encontrar lo suficiente para comer debe ser capaz de formar conceptos y clasificar las cosas en categorías. Sin ello, se vería obligado a comenzar desde cero en cada encuentro con amigos o enemigos, con plantas o venenos, y no duraría mucho. Estas suposiciones se ven corroboradas por la evidencia de estudios que demuestran que, de hecho, la percepción de categorías no es exclusiva de los seres humanos y, por lo tanto, no puede depender del lenguaje.54 La capacidad de categorizar es, de hecho, casi universal.55 Las palomas, por ejemplo, pueden categorizar diferentes tipos de hojas, peces o personas. Incluso pueden distinguir un rostro humano en una multitud, y objetos artificiales de los naturales.56

De hecho, también se ha demostrado que son capaces de clasificar imágenes de dibujos animados y de discriminar ejemplos de arte moderno, por ejemplo, un Monet de un Picasso.57 Entrenados para poder picotear una palanca que les daba acceso a semillas de cáñamo en respuesta a uno u otro tipo de imagen, fueron capaces de elegir apropiadamente, e incluso pudieron comenzar a hacer generalizaciones entre Monet y Renoir, y entre Picasso y Braque. Y su discriminación no se basó en una característica, como el del color o el contorno, ya que también se realizaron pruebas en blanco y negro y desenfocadas. De manera similar las palomas pueden distinguir a Bach, de Hindemith o Stravinski.58 Por cierto, las carpas pueden distinguir el blues de la música clásica; incluso, y sospecho que el investigador se permitió un cierto sentido de humor aquí, al poner Muddy Waters y el Trout Quintet (el quinteto de la Trucha) (por si se preguntan cómo lo hizo, las carpas tenían que presionar un disco con su hocico: una elección correcta daba como resultado una bolita de comida).59 Y los animales son en general capaces de hacer representaciones mentales, de generalizar y de formar categorías y de razonar, aunque no tengan lenguaje.60  Los perros incluso entienden las conexiones aparentemente arbitrarias entre palabras y acciones o cosas.

La formación de conceptos, junto con la capacidad de ver las relaciones entre cosas y acontecimientos, y la capacidad de vincular conceptos con signos de algún tipo, presumiblemente movimientos físicos, surgió a través de la selección natural y formó el sustrato del lenguaje mucho antes de la aparición de la humanidad actual. La planificación prospectiva, que hasta ahora se considerada un rasgo distintivo de la cognición humana, está claramente presente en las aves que no tienen lenguaje (algo que vale la pena destacar ya que, por ejemplo, Alex, un loro gris africano de Irene Pepperberg, era capaz de comunicarse, planificar y razonar, ya que tenía bastante vocabulario).61 Incluso la "teoría de la mente"; es decir, la capacidad de atribuir estados mentales a otros, que se ha convertido en el estandarte del pensamiento complejo y multinivel, que los niños no lo adquieren hasta los cuatro años, y que algunos sujetos, en particular autistas, nunca lo adquieren del todo: está intacto en humanos que han perdido el lenguaje,62 y puede estar presente hasta cierto punto en chimpancés y primates.63 Por lo tanto, está claro que la "teoría de la mente" tampoco puede depender del lenguaje.        

Una vez más, no solo los animales, sino las crías de nuestra propia especie, evidencian que es un error suponer que los significados dependen del lenguaje, aunque nuestro hemisferio izquierdo consciente sea incapaz de concebir un significado que no se transmita con palabras. El significado y la capacidad de comunicar significados son anteriores al lenguaje en el desarrollo humano. Y lo que es más, tales significados están mediados, no por el hemisferio izquierdo, sino por el derecho. La sintonización de expresiones faciales emocionalmente expresivas entre la madre y el bebé durante la maduración temprana del hemisferio derecho del niño, significa que, mucho antes de que el bebé comprenda o pronuncie una sola palabra, posee ya un extenso repertorio de señales para comunicar su estado interno.64         

Que el pensamiento no depende del lenguaje también lo demuestran quienes han desarrollado alguna afasia, es decir, que han perdido la facultad del habla. Los que se recuperan son capaces de describir su experiencia y tenemos la suerte de contar con la descripción que dejó Jacques Lordat, profesor de fisiología en la Universidad de Montpellier, un hombre que de una forma un tanto irónica, había hecho un estudio sobre la afasia. En 1843 publicó un artículo en el que daba una descripción detallada de un episodio afásico, que le duró varias semanas, que él mismo había experimentado después de un derrame cerebral. Lordat observa que

 cuando yo quería hablar no encontraba las expresiones que necesitaba...en el pensamiento estaba disponible, pero los sonidos que tenían que expresarlo como intermediarios ya no estaban a mi disposición...no era capaz de aceptar...la teoría de que los signos verbales son necesarios, incluso indispensables para el pensamiento.65

De hecho, los sujetos que han sufrido un derrame cerebral demuestran que incluso el razonamiento complejo y el cálculo matemático no dependen del lenguaje.66 La estructura sintáctica es distinta de la estructura lógica: los sujetos que han perdido el control de la sintaxis tras un ictus en el hemisferio izquierdo siguen siendo capaces de utilizar procesos de pensamiento sofisticados, tan complejos como la estructura de sintaxis complejas, y pueden calcular y razonar perfectamente bien.67  Los pacientes con demencia semántica también pueden realizar cálculos, a veces excepcionalmente bien.68

Que no necesitamos palabras para sostener conceptos lo demuestran también algunas magnificas investigaciones llevadas a cabo en pueblos indígenas con vocabularios de estructura muy diferente a la nuestra. Resulta que, por ejemplo, los conceptos numéricos no dependen de la preexistencia de términos lingüísticos para ellos. Tribus con escasas palabras para los números (como la tribu amazónica de los Mundurukú, que no tienen ninguna palabra para un valor superior a tres) pueden tener éxito en tareas aritméticas que involucran valores tan grandes como ochenta. Algunos miembros de la tribu Mundurukú hablan tanto su propio idioma, con un vocabulario extremadamente limitado para los números, como en portugués, en el que hay un rango ilimitado de palabras numéricas, mientras que otros solo hablan Mundurukú. No obstante, los dos grupos de hablantes obtienen resultados equiparables en tareas de cálculo (tanto si su vocabulario numérico va más allá del "3" como si no), y ambos grupos obtienen resultados tan buenos como los grupos de control francófonos; y esto es así en adultos y niños.69  La idea del "infinito recursivo" - es decir, que se puede seguir agregando  un número indefinidamente para obtener números cada vez más grandes - es algo natural para nosotros, incluso cuando no figura en nuestros sistemas simbólicos establecidos, aunque Chomsky y sus colegas hayan supuesto que se deriva de la propiedad recursiva de las lenguas naturales.70  Los Oksapmin de Papua, Nueva Guinea, que utilizan partes del cuerpo como sistema de conteo, adaptaron rápidamente su sistema a una regla de conteo generativa (es decir, poder contar más y más, hasta "ordenes" de magnitud claramente demasiado grandes para que haya un número de partes del cuerpo) cuando los tiempos cambiaron y se introdujo el dinero en su sistema.71 Parece que tales conceptos clave son innatos, en lugar de ser impuestos culturalmente como producto de un lenguaje aprendido, y esto se confirma aún más por las investigaciones sobre la forma en que los niños desarrollan los conceptos de número.72

Pero, se puede decir, que seguramente necesitamos el lenguaje para discriminar, o al menos para hacer discriminaciones finas, entre las cosas que experimentamos: ¿cómo podemos organizar la experiencia si no tenemos "etiquetas" para lo que percibimos? Esto también resulta ser falso. Por ejemplo, no tener una palabra para un color no significa que no podamos reconocerlo. Los indios Quechi, tienen solo cinco términos para los colores, pero pueden diferenciar las tonalidades tan bien como cualquier occidental; y, más cerca, los alemanes, que no tienen una palabra propia para el color "rosa", pueden por supuesto reconocerlo de la misma manera.73 Sin embargo, las palabras pueden influir en nuestras percepciones. Pueden interferir en la forma en que percibimos los colores - y las expresiones faciales, para el caso - lo que sugiere que las palabras para los colores pueden establecer nuevos límites en la percepción de los mismos, y que el lenguaje puede imponer una estructura en la forma en que interpretamos las caras.74 En otras palabras, el lenguaje no es necesario ni para la categorización, ni para el razonamiento, ni para la formación de conceptos, ni para la percepción: no da lugar por sí mismo al paisaje del mundo en el que vivimos. Lo que hace, más bien, es dar una forma a ese paisaje fijando los "distritos" en los que lo dividimos, definiendo qué categorías o tipos de entidades vemos allí – según cómo lo moldeemos.

En este proceso, el lenguaje ayuda a que algunas cosas destaquen, pero por la misma razón hace que otras se desvanezcan. La observación del desarrollo infantil lo confirma: 

 Se ha sugerido que nuestros conceptos están determinados por el lenguaje que hablamos (la hipótesis de Sapir-Whorf). Sin embargo, esto no es más que una verdad a medias o en una cuarta parte. Sin duda, los niños a menudo adquieren primero el concepto y luego rápidamente aprenden la palabra para describirlo, lo cual sería el camino opuesto desde el punto de vista de Sapir-Whorf. Además, existen evidencias de que los bebés de cinco meses tienen un concepto, relacionado con el grado de ajuste de la ropa, que posteriormente pierden si su lengua materna no incorpora el mismo concepto.75

La hipótesis de Sapir-Whorf sostiene una verdad parcial - si no se tiene palabra, es probable que se pierda el concepto; pero esta investigación demuestra que el concepto puede surgir sin la palabra y, por lo tanto, no depende de ella.  Así que el pensamiento es antes que el lenguaje. A lo que el lenguaje contribuye es a afianzar ciertas formas particulares de ver el mundo y darles fijeza. Esto tiene su lado bueno y su lado malo. Ayuda a la coherencia de las referencias en el tiempo y el espacio. Pero también puede ejercer una fuerza restrictiva sobre lo que pensamos y cómo lo pensamos. Representa una versión más fija del mundo: da forma a nuestro pensamiento, no lo fundamenta.76

Así pues, el lenguaje no es esencial para la comunicación o el pensamiento, y puede interrumpir o interferir con ambos. Así que volvemos a la pregunta: ¿por qué surgió realmente el lenguaje y para qué sirve? 

Puede haber una pista en el hecho de que la otra característica humana que convencionalmente nos define, además del lenguaje, es la fabricación de herramientas, y que esto está asociado con el desarrollo de la habilidad de la mano derecha: interesantemente en la misma área del hemisferio izquierdo donde está la semántica y la sintaxis. Pero incluso si el desarrollo de la habilidad con la mano derecha hubiera provocado el crecimiento de la petalia izquierda (lo que no pudo haber hecho, porque el crecimiento es muy anterior a ello) aún nos quedaría la pregunta de por qué el proceso tuvo que ser asimétrico. A menos que la agenda de los dos hemisferios sea muy diferente.

EL LENGUAJE Y LA MANO

La localización de la capacidad de agarrar en el hemisferio izquierdo, cerca del lenguaje, no es casual y nos dice algo. Sabemos por experiencia que hay muchas conexiones entre la mano y el lenguaje. Por ejemplo, es evidente que existe una estrecha relación entre el lenguaje hablado y la riqueza del lenguaje gestual que suele acompañarlo. En sujetos normales, la restricción del movimiento de la mano produce un efecto adverso en el contenido y fluidez del habla.77 Ramachandran incluso relata un caso de una joven que nació sin extremidades superiores. Esta persona experimentaba el síndrome del brazo fantasma; y el hecho de que tenga brazos fantasmas, como ocurre en otras personas sin extremidades congénitamente, es bastante interesante (normalmente se piensa que los miembros fantasmas son el vestigio de una extremidad que se ha perdido, que en otras palabras, debía de haber estado allí originalmente).78 Pero, aunque estos brazos fantasmas, por ejemplo, no se balanceaban a los lados cuando iba caminando, no podía evitar sentir que gesticulaban cuando ella hablaba. A pesar de que nunca había sido capaz de usar un brazo o una mano, el habla activaba estas áreas de su cerebro.79              

También a nivel neurofisiológico, resulta que hay similitudes entre las habilidades necesarias para la producción del habla y las requeridas para el movimiento de las manos, específicamente del movimiento de la mano derecha.80 De hecho, según Marcel Kinsbourne, el lenguaje se desarrolla específicamente en relación con la "acción del lado derecho y, en particular, la orientación hacia la derecha".81 Se trata, según él, de una "elaboración, extensión y abstracción de la función sensoriomotora”, originada en un proto-lenguaje formado por “enunciados que eran coincidentes e impulsados por el mismo ritmo que el movimiento en cuestión”.82 Para confirmar la estrecha conexión entre el lenguaje y el cuerpo, especialmente los movimientos de señalar y agarrar con la mano derecha, se puede ver a los bebés y niños pequeños, señalar mientras balbucean, y los niños “siempre señalan mientras nombran y no nombran sin señalar, estirando la mano derecha... El balbuceo también puede aparecer en conjunción con secuencias motoras que son resultados de las respuestas de orientación- locomoción, agarre, y manipulación".83 Y la asociación no es solo válida para el niño: incluso en el adulto, el lenguaje, el gesto y el movimiento corporal son "diferentes actualizaciones del mismo proceso".84

Las capacidades manipulo-espaciales pueden haber constituido la base del lenguaje primitivo, y tales habilidades y el lenguaje referencial requieren mecanismos neuronales similares.85 Los elementos sintácticos del lenguaje bien pueden derivar de los gestos.86  Y no solo de los gestos, sino de los movimientos de la mano más funcionales, más manipulativos: tanto la fabricación de herramientas como el habla son "comportamientos seriados, sintácticos y manipuladores basados en complejas articulaciones de patrones biomecánicos".87 De hecho, la conexión es tan fuerte que una de las teorías es que el lenguaje referencial puede haber evolucionado, no a partir de sonidos, sino directamente a partir de los movimientos de las manos - y no solo eso, sino específicamente de los movimientos que se hacen para agarrar.88  La proximidad de la función se refleja en la anatomía, por la proximidad del área del habla y el área del cerebro encargada de la capacidad de agarre. Como ya se mencionó, en el área de Broca, el área motora del habla del lóbulo frontal, intervienen ciertas neuronas especializadas llamadas neuronas espejo que están implicadas en los movimientos de los dedos, y que también se activan al observar a otras personas realizar movimientos de las manos.89

Esta complicidad entre el lenguaje y los movimientos de agarre de la mano no es solo un interesante hallazgo neurofisiológico y neuroanatómico. Es intuitivamente correcto, como lo demuestran los términos que utilizamos para describir las comprensiones y expresiones lingüísticas. No es casualidad que hablemos de lo he "cogido”, cuando entendemos lo que alguien está diciendo. La metáfora de agarrar está muy arraigada en la forma de hablar acerca del propio pensamiento en la mayoría de los idiomas (por ejemplo, los diversos derivados en romance de la palabra latina com-prehendere, y las afines de be-greifen en las lenguas germánicas). En su fascinante estudio sobre la mano humana, el psicólogo húngaro de habla alemana Géza Révész escribe:

En alemán, la noción de "handeln" (actuar) abarca todas las actividades humanas significativas y dirigidas a un objetivo. Caracteriza inequívocamente la personalidad total del hombre. Esta idea no se limita a la manipulación externa, es decir, a las acciones que producen cambios en el mundo exterior. También incluye la acción interna, las actividades intencionadas de la mente. En su modo de manipulación, el hombre experimenta su "yo” verdadero. A través de él, adquiere poder sobre la naturaleza física, reúne un rico fondo de material de la experiencia, aumenta su rango de efectividad y desarrolla sus capacidades...los impulsos, las aspiraciones, los deseos, las decisiones presionan para su realización, y esto ocurre principalmente a través de la mediación de la mano...Si deseamos transmitir que hemos aprendido algo mental, decimos que lo hemos cogido.90

El señala palabras, como Erfassen, Begriff, begreiflich, Eindruck, Ausdruck, behalten, auslegen, überlegen. También las hay en inglés - no solo grasp y comprehend, (agarrar, comprender) sino también palabras como impression, expression, intend, contend, pretend, (impresión, expresión, pretender, contener) (estas últimas procedentes del latín tendere, alcanzar con la mano).

Entre otras cosas, Révész llama la atención sobre hecho de que, aunque el tacto es el primero, más básico y convincente de los sentidos (los organismos más simples solo tienen vellos o cilios táctiles), sin embargo, solo puede proporcionar una imagen fragmentada de algo. La manipulación de algo proporciona un fragmento de información cada vez, y luego uno tiene que reunir las partes: no da una sensación del conjunto. También señala que distinguir cosas con la mano es una cuestión de qué tipo de cosa es, y no de cuál en particular.

Todo esto – este agarre, esta toma de control, esta aprehensión fragmentada del mundo, esta distinción de tipos, en lugar de cosas individuales - se lleva a cabo en la mayoría de nosotros con la mano derecha. Así que, no es sorprendente que en estas reflexiones se escondan las pistas sobre la naturaleza de los procesos del hemisferio izquierdo. En todos estos aspectos, no solo en la toma de control, sino en la forma de abordar la comprensión, construyéndola paso a paso, en lugar de ser capaz de percibirla en su totalidad, en el interés por las categorías de las cosas en lugar de por los individuos, la comprensión sigue un camino acorde con las operaciones del hemisferio izquierdo. También es a través de agarrar las cosas que conferimos a las cosas certeza y fijeza: cuando son inciertas o cambiantes, decimos que "no podemos poner el dedo en la llaga", o que "no lo tenemos bien agarrado". Esto también es un aspecto importante del mundo de acuerdo al hemisferio izquierdo. La idea de “agarrar” implica apoderarse de una cosa para nosotros, para usarla, sacarla de su contexto, sujetarla con fuerza, concentrarse en ella. La aprehensión que tenemos, nuestro entendimiento en este sentido, es la expresión de nuestra voluntad, y es el medio de poder. Es lo que nos permite "manipular" - literalmente tomar un puñado de lo que necesitamos - y así dominar el mundo que nos rodea.

Y, como para confirmar la profunda relación entre el hemisferio izquierdo y la instrumentalidad, la actitud de agarrar y usar, recordemos que el uso de herramientas se representa preferentemente en el hemisferio izquierdo incluso en individuos zurdos. Esto es sin duda un hallazgo notable. Aunque el cerebro de una persona está organizado de tal manera que el hemisferio derecho gobierna las acciones cotidianas de la mano izquierda, los conceptos del uso de herramientas no activan de manera preferencial el hemisferio derecho, sino el izquierdo.91  Y otras pruebas, igual de destacables, demuestran que, una vez más, incluso en los zurdos, las acciones específicas de agarrar están asociadas con el control del hemisferio izquierdo, es decir, el concepto está separado del control de la mano como tal.92  Por otra parte, los movimientos exploratorios de la mano, en vez de los de agarrar, activan la corteza parietal superior derecha, incluso cuando la mano que está explorando es la mano derecha.93  Estos resultados de las investigaciones por neuroimágenes están de acuerdo con la experiencia clínica. Los sujetos con daños en el hemisferio derecho tienden a agarrar cualquier cosa que esté a su alcance, o incluso blanden su mano derecha en el espacio vacío, como si buscaran algo que agarrar. Y no se trata simplemente de la liberación de un reflejo primitivo: a diferencia de sujetos que muestran un reflejo de agarrar, son capaces de aflojar su agarre de inmediato, en cuanto se les pide que lo hagan. Es volitivo.94 Y el contraste con sujetos con daños en el hemisferio izquierdo, que, por lo tanto, depende de su hemisferio derecho, no podría ser más acentuado: 

Cuando se le pide al paciente que copie los gestos del investigador, trata de poner sus propias manos en el investigador...Cuando sus manos se ponen en acción, parece como si buscaran no permanecer aisladas, como si trataran de "encontrar compañía en algo que llene el espacio vacío".95

 

LENGUAJE Y MANIPULACIÓN

No soy el primero que ha conjeturado que el lenguaje referencial se originó en algo distinto a la necesidad de comunicar. El filósofo Johann Gottfried Herder, quien en 1772 publicó uno de los ensayos más importantes e influyentes sobre los orígenes del lenguaje, observó que lo que yo llamaría el elemento “yo-tú” de la comunicación al nivel más intuitivo, la fuerza empática que está presente en la música, es poco característica del lenguaje humano, concluyendo que "el lenguaje aparece como un órgano natural de la razón".96 Esto podría requerir una matización, ya que como he subrayado, el razonamiento se realiza sin el lenguaje; pero lo que señala aquí es la importancia del lenguaje principalmente como ayuda a un cierto tipo particular de cognición. Más cerca de nuestros días, el destacado neurocientífico estadounidense Norman Gershwin se aventuró a afirmar que, después de todo, el lenguaje podría no haberse originado en un impulso de comunicación, que llegaría más tarde, sino como un medio para cartografiar el mundo.97 Yo estoy de acuerdo con eso y voy un poco más allá. Es un medio de manipulación del mundo.          

Entender la naturaleza del lenguaje depende, una vez más de pensar acerca de la  ”como-eidad” (como-lo hace) no de la “que-eidad” (que-hace). El desarrollo del lenguaje denotativo permite, no la comunicación en sí misma, sino un tipo especial de comunicación, no el pensamiento en sí mismo, sino un tipo especial de pensamiento.

Ciertamente no es tan importante para la comunicación personal dentro de una relación, e incluso puede ser un impedimento en este caso. Las conversaciones telefónicas, en las que se pierden todas las señales no verbales, aparte de alguna información del tono parcialmente degradada, son insatisfactorias no solo para amantes y amigos, sino para todos aquellos para los que el intercambio personal es importante; no se puede esperar que este medio funcione bien para, por ejemplo, llevar a cabo sesiones de terapia o para cualquier tipo de entrevista. No está en sintonía con la relación “Yo-tu”. Cuando las palabras son útiles es en la transmisión de información, específicamente sobre algo que no está presente ante nosotros, algo que está alejado en el espacio o en el tiempo, cuando usted y yo necesitamos cooperar para hacer algo sobre alguna otra cosa. Esto amplia casi inimaginablemente el ámbito de la relación del “Yo-ello" (o "nosotros-ello").

¿Y qué hay del papel que juega el lenguaje, a partir de su existencia, en el pensamiento? Una vez más, el rol del lenguaje es dar control sobre el mundo, en particular sobre aquellas partes que no están presentes espacial o temporalmente, un mundo que en este proceso se transforma desde el "yo-tú" del mundo de la música (y del hemisferio derecho) al mundo del “yo-ello” de las palabras (y el hemisferio izquierdo). Las palabras por sí solas hacen que los conceptos sean más estables y estén disponibles para la memoria.98 Nombrar cosas nos da poder sobre ellas, de modo que podamos utilizarlas; cuando a Adán le fueron dadas las bestias para su uso y para "tener dominio" sobre ellas, también fue a él a quien le fue dado el poder de nombrarlas. Y la formación de categorías proporciona límites más claros al paisaje del mundo, dando a una determinada visión del mismo una mayor solidez y permanencia. Puede que esto no haya comenzado con los humanos, pero obviamente el lenguaje referencial le dio un gran impulso. El lenguaje afina la expresión de las relaciones causales. Amplía enormemente el abanico de referencias del pensamiento y amplía la capacidad de planificación y manipulación. Permite la memorización indefinida de más de lo que podría retener cualquier memoria humana. Estas ventajas, de memorización y fijación que aporta el lenguaje, por supuesto, aumentan enormemente cuando el lenguaje se convierte en escrito, permitiendo que los contenidos de la mente queden fijados en algún lugar del espacio externo. Y a su vez, esto amplía aún más las posibilidades de manipulación e instrumentalización. Los textos escritos más antiguos que se conservan son los registros burocráticos.

El lenguaje, en resumen, aporta precisión y fijeza, dos características muy importantes si queremos tener éxito en la manipulación del mundo. Y, específicamente, aunque no nos guste reconocerlo, sirve para manipular a otros seres humanos. No podemos ocultar fácilmente la verdad en la comunicación no verbal, pero sí con las palabras. No podemos dirigir fácilmente a otros para que lleven a cabo nuestros planes sin el lenguaje. No podemos actuar a distancia sin el lenguaje. Al parecer, el lenguaje comienza con lo que parecieran ser aspiraciones imperiales.

Por supuesto, no hay nada malo en la manipulación en sí misma, en tener proyectos sobre cosas que podemos controlar, cambiar o hacer nuevas. Estas son ciertamente características humanas básicas, y son los cimientos fundamentales de la civilización. En este sentido, el lenguaje es tal, y como se concibe de forma convencional pero simplista, un don sumamente precioso e importante.

Y volviendo a las necesidades de los lóbulos frontales, el lenguaje proporciona el marco para una representación virtual de la realidad. El lenguaje permite al hemisferio izquierdo representar un mundo "sin-conexión", una versión conceptual distinta del mundo de la experiencia, protegido del entorno inmediato, con sus impresiones persistentes, sentimientos y demandas, abstraído del cuerpo, donde ya no se ocupa de lo concreto, específico, individual, e irrepetible y en constante cambio, sino de una representación incorpórea del mundo, abstracta, central, no particularizada en tiempo y lugar, de aplicación general, clara y fija. Aislar artificialmente las cosas de su contexto ofrece la ventaja de permitirnos concentrarnos atentamente en un aspecto concreto de la realidad y en cómo se puede modelar, de modo que pueda ser captada y controlada.

Pero sus pérdidas son en cuanto a la imagen global. Todo lo que se encuentra en el ámbito de lo implícito, o que depende de la flexibilidad, todo lo que no puede ser enfocado y fijado, deja de existir en lo que concierne al hemisferio hablante.

También se desplaza la balanza hacia los intereses del hemisferio izquierdo, que no siempre están en consonancia con los del derecho. Hay muchos vínculos entre el lenguaje y la capacidad para agarrar, y tienen una agenda similar. Ambos permiten concentrarse en el mundo: la captación mental, al igual que la física, requiere la precisión y fijeza que proporciona el lenguaje, haciendo que el mundo esté disponible para su manipulación y posesión. ¿Fue el afán de poder, encarnado en la voluntad de controlar el entorno, lo que aceleró la manipulación de símbolos y la expansión del pensamiento conceptual (ya presente en algunos simios99 y en nuestros primeros ancestros) dando lugar a la expansión del hemisferio izquierdo antes de que evolucionaran el lenguaje y la capacidad de agarrar? Bajo esta luz, el lenguaje y la capacidad de agarrar pueden verse como expresiones en el nivel fenoménico de un impulso más profundo del hemisferio izquierdo: la manipulación efectiva del mundo, y más allá, la competencia con otras especies y con los otros. Una vez que se estableció la capacidad de manipulación en el hemisferio izquierdo, y sin duda especialmente una vez que el poder de abstracción se integró con los comienzos del lenguaje referencial, el uso preferencial de la mano derecha para llevar a cabo la manipulación literal del entorno habría seguido de forma natural.

 

LA METÁFORA

El lenguaje funciona como el dinero. Es sólo un intermediario. Pero, al igual que el dinero, toma algo de la vida de las cosas que representa. Empieza en el mundo de la experiencia y regresa al mundo de la experiencia - y lo hace a través de la metáfora, que es una función del hemisferio derecho, y está arraigada en el cuerpo. Para usar una metáfora, el lenguaje es el dinero del pensamiento.

Sólo el hemisferio derecho tiene la capacidad de entender la metáfora.100 Esto podría no sonar demasiado importante, como si fuese algo interesante, a la hora de hacer un poco de crítica literaria. Pero eso es solo una muestra del grado en que nuestro mundo discursivo está dominado por los hábitos mentales del hemisferio izquierdo. El pensamiento metafórico es fundamental para nuestro entendimiento del mundo, porque es la única manera en que nuestra comprensión puede salir del sistema de signos para llegar a la vida misma. Es lo que vincula el lenguaje con la vida.

El término metáfora implica algo que te lleva a través de una brecha implícita (en griego, meta- "a través", pherein - llevar). Cuando digo que el lenguaje es metafórico, no estoy pensando solo en Keats dirigiéndose a una urna griega - "Tú, todavía desamparada esposa de la quietud, / tú, hija adoptiva del silencio y el tiempo lento.” Aquí hay claramente muchas metáforas complejas interactuando, y es obvio que esto crea algo nuevo y diferente de una descripción objetiva del Jarrón de Sosibios. Se trata de un lenguaje metafórico en un sentido dramático. Pero hay otros dos sentidos, más amplios, y a la vez relacionados, en los que el lenguaje es metafórico. Hablando metafóricamente, se podría decir que el lenguaje está disponible para llevarnos al mundo de la experiencia, tanto en lo “más alto" como en lo “más bajo".

En el extremo "más alto" me refiero a cualquier contexto, y éstos no se encuentran, ni mucho menos solo en la poesía, en el que las palabras se utilizan para activar una amplia red de connotaciones, que aunque presentes en nosotros, permanecen implícitas, de modo que los significados se aprecian como un todo, de una vez, por la totalidad de nuestro ser, consciente e inconsciente, en lugar de estar sujetos a los efectos aislantes de la atención secuencial y de foco estrecho. Mientras permanezcan implícitos, no pueden ser secuestrados por la mente consciente y ser convertidos en otra serie de palabras, en una paráfrasis. Si esto sucediera, su poder se perdería, como un chiste que hubiera que explicar (el humor es una facultad del hemisferio derecho).

En el extremo "más bajo", me refiero al hecho de que cada palabra, en sí misma y por sí misma, al final tiene que llevarnos fuera de la red del lenguaje al mundo vivo, en última instancia a algo que solo puede ser señalado, algo que se relaciona con nuestra existencia encarnada. Incluso palabras como 'virtual' o 'inmaterial' nos remiten en su derivación latina, a veces por caminos muy tortuosos, a las realidades terrenales de la fortaleza de un hombre (vir-tus), o a la sensación de un trozo de madera (materia). Todo tiene que expresarse en términos de algo más, y ese algo más, al final, tiene que volver al cuerpo. Para cambiar de metáfora (e invocar el espíritu de Wittgenstein) ahí es donde la pala llega al lecho de roca y se desvía. No hay nada más fundamental en relación a lo que podemos entender que eso.

Eso es como la relación del dinero con los bienes materiales en el mundo real. El dinero toma su valor (en el extremo más bajo) de algunas cosas reales, y posiblemente vivas – las vacas o gallinas de alguien, en algún lugar - y solo adquiere valor realmente cuando se traduce en bienes o servicios reales - alimento, ropa, pertenencias, reparación del coche - en el ámbito de la vida cotidiana (en el extremo “más alto”). Entre tanto, puede participar en numerosas transacciones "virtuales" consigo mismo, el tipo de cosas que suceden dentro de un sistema monetario cerrado.

Permítanme enfatizar que la brecha a través de la cual la metáfora nos lleva es una brecha que el propio lenguaje crea. La metáfora es la cura del lenguaje para los males que el lenguaje conlleva (de la misma manera que, en mi opinión, el verdadero proceso de la filosofía es curar los males que implica el filosofar). Si la separación existe en el nivel del lenguaje, no existe en el nivel de la experiencia. En ese nivel, las dos partes de una metáfora no son similares; son la misma. El pensador alemán Jean Paul (Johann Paul Friedrich Richter) escribió en 1804, en su Vorschule der Asthetik (Introducción a la estética):

 

Las ingeniosas figuras del lenguaje pueden dar alma al cuerpo o cuerpo al espíritu. Originalmente, cuando el hombre era todavía uno con el mundo, este tropo bidimensional no existía todavía; no se comparaba lo que no mostraba ninguna semejanza, sino que se proclamaban identidades: las metáforas eran, como en el caso de los niños, sinónimos necesarios de cuerpo y mente. Al igual que, en el caso de la escritura, las imágenes precedieron al alfabeto, la metáfora (en la medida en que designaba relaciones y no objetos) fue la primera palabra en el lenguaje hablado, y solo después de perder su color original pudo convertirse en un signo literal.101

Una metáfora afirma una vida común que se experimenta en el cuerpo de quien la hace, y la separación solo está presente en el nivel lingüístico. Nuestro sentido de lo común de dos ideas, percepciones o entidades no radica en una derivación a posteriori de algo abstraído de cada una de ellas, que al compararlos posteriormente resulta ser similar, o incluso una y la misma cosa; sino más bien de una única experiencia concreta, cinestésica, más fundamental que cualquiera de las dos, y desde la cual a su vez se derivan. Así, un choque de argumentos y un choque de platillos no se ven como si tuvieran algo en común después de que la idea desencarnada de "choque" se abstrae de uno y de otro, y se encuentra -¡aja! – que son similares; es más bien que estas experiencias – un choque de argumentos y un choque de platillos, o, para el caso, un choque de espadas, o un choque de colores - se sienten en nuestros seres encarnados como compartiendo una naturaleza común.

Cuando la metáfora se parafrasea o se reemplaza, lo que ha sido extralingüístico, inconsciente y, por lo tanto, potencialmente nuevo y vivo en la colisión de estas dos entidades, pasa a ser reconstruido, esta vez sólo en términos de lo que es familiar. El propósito de la metáfora es reunir la totalidad de una cosa con la totalidad de otra, de modo que cada una de ellas se vea bajo una luz diferente. Y funciona en ambos sentidos, como siempre ocurre al unir una cosa con otra. No se puede sujetar a una para que no se mueva, mientras la otra es atraída hacia ella: deben atraerse mutuamente. Como dice Max Black: "Si llamar a un hombre, un lobo es ponerlo bajo una luz especial, no debemos olvidar que la metáfora hace que el lobo parezca más humano de lo que sería de otra manera."102 Y Bruno Snell, hablando de la forma en que Homero compara a un valiente guerrero con una roca en medio de las olas rompientes, y luego, a su vez, la roca es descrita como "inquebrantable" por analogía con el comportamiento humano, escribe con agudeza:

 

Esta peculiar situación, a saber, que el comportamiento humano solo se aclara por referencia a otra cosa que a su vez se explica por analogía con el comportamiento humano, es propia de todos los símiles homéricos. Más que eso, se da en toda metáfora genuina y, de hecho, en todos los casos de entendimiento humano. Por lo tanto, no es del todo correcto decir que la roca se ve antropomórficamente, a menos que agreguemos que nuestra comprensión de la roca es antropomórfica por la misma razón por la que somos capaces de mirarnos a nosotros mismos petromorficamente... el hombre debe escuchar un eco de sí mismo antes que pueda oírse o conocerse a sí mismo.103

La metáfora (servida por hemisferio derecho) precede a la denotación (servida por el izquierdo). Esto es una verdad histórica, en el sentido de que el lenguaje denotativo, incluso el lenguaje filosófico y científico, se deriva de metáforas basadas en la experiencia inmediata del mundo tangible.

 

La metáfora es esencialmente una cuestión de pensamiento, no solo de palabras. El lenguaje metafórico es un reflejo del pensamiento metafórico... Eliminando la metáfora se eliminaría la filosofía. Sin una gran gama de metáforas conceptuales, la filosofía no podría despegar. El carácter metafórico de la filosofía no es exclusivo del pensamiento filosófico. Es cierto para todo el pensamiento humano abstracto, especialmente para la ciencia. La metáfora conceptual es lo que hace posible la mayor parte del pensamiento abstracto.104

También es una verdad acerca de la epistemología, sobre cómo entendemos las cosas. Cualquier cosa solo puede entenderse en términos de otra cosa, y en última instancia, debe reducirse a algo que se experimenta, fuera del sistema de signos (es decir, al cuerpo). Las mismas palabras que forman los bloques de construcción del pensamiento explícito son todas ellas originalmente metáforas, basadas en el cuerpo humano y su experiencia.

La metáfora encarna el pensamiento y lo sitúa en un contexto vivo. Estas tres áreas de diferencias entre los hemisferios, metáfora, contexto y cuerpo, se interpenetran unas con otras. Una vez más, es el hemisferio derecho, en su interés por la inmediatez de la experiencia, el que está más densamente interconectado e involucrado con el cuerpo, la base de esa experiencia. Donde el hemisferio derecho puede ver que la metáfora es la única manera de preservar el vínculo entre el lenguaje y el mundo al que se refiere, el hemisferio izquierdo lo ve o bien como una mentira (Locke, expresando el desdén de la Ilustración, llamaba a las metáforas “engaños perfectos”) 105 o bien como una distracción ornamental; y la connotación como una limitación, ya que, en aras de la certeza, el hemisferio izquierdo prefiere los significados únicos.

Para el hemisferio izquierdo, en consecuencia, el lenguaje puede llegar a parecer desconectado del mundo, ser él mismo la realidad; y la realidad, por su parte, llega a parecer estar hecha de fragmentos encadenados, como las palabras están encadenadas por la sintaxis. El hemisferio izquierdo está obligado a ver el lenguaje así porque entiende las cosas a partir de la observación de “piezas” que luego reconstruye para hacer algo, y esta es la única vía que tiene para entender tanto el mundo como el lenguaje mismo, es el medio con el que hace su comprensión, incluyendo su comprensión del lenguaje.

 

LENGUAJE ENRAIZADO EN EL CUERPO

Las metáforas, incluso las más sencillas que se esconden en expresiones como sentirse “decaído”, derivan de nuestra experiencia de vivir como criaturas encarnadas en el mundo cotidiano.106 En otras palabras, el cuerpo es el contexto necesario para toda experiencia humana.

De hecho incluso el lenguaje, históricamente y en el marco de la historia de cada ser vivo a medida que él o ella adquieren el lenguaje, pone de manifiesto que no es un sistema teórico o un conjunto de procedimientos, formado por fragmentos encadenados por reglas o algoritmos, sino una habilidad encarnada, y sus orígenes se encuentran en el medio de comunicación empático de la música y del hemisferio derecho, donde está profundamente conectado con el cuerpo.

Anteriormente mencioné que había quienes creían que el lenguaje surgió, no de la música, sino del gesto. Sin embargo, no hay ningún conflicto necesario entre estas creencias. La música es profundamente gestual por naturaleza: la danza y el cuerpo están implícitos en ella en todas partes. Incluso cuando no nos movemos, la música activa la corteza motora del cerebro.107 La música es un medio holístico, "multimodal", como dice Mithen, que no está limitado por una modalidad especifica de experiencia. En la medida en que los orígenes del lenguaje se hayan en la música, se hayan en un cierto tipo de gesto, el de la danza: social, no intencional ("sin utilidad"). Cuando el lenguaje comenzó a desplazarse de hemisferio, y a separarse a sí mismo de la música, para convertirse en el medio verbal y referencial que ahora reconocemos con ese término, se alineó con un tipo diferente de gesto, el de agarrar, que es, por contraste, individualista, con un propósito, y limitado a una modalidad.

Pero el lenguaje, si lo atendemos correctamente, aún arrastra las nubes de gloria de sus orígenes en el hemisferio derecho. En el siglo XVIII, el filósofo alemán Herder, en su Ensayo sobre el origen del lenguaje, señala que el lenguaje puede contribuir a cegarnos ante la naturaleza intrínsecamente sinestésica de la experiencia, pero sugiere que parte de esta, puede captarse, a pesar del lenguaje, en los sonidos-palabras que surgen de ella:108

 

Estamos llenos de tales interconexiones de los más diferentes sentidos...en la naturaleza todos los hilos son un solo tejido…Las sensaciones se unen y todas convergen en la zona donde los rasgos distintivos se convierten en sonidos. Así, lo que el hombre ve con sus ojos y siente con el tacto también puede convertirse en sonido.109

Sin embargo, con el auge de la lingüística de Saussure en el siglo XX, se puso de moda insistir en la naturaleza arbitraria de los signos, un movimiento sorprendente y contra intuitivo, destinado a subrayar la "libertad" del lenguaje en la medida de lo posible de las ataduras del cuerpo y del mundo físico que describe. Sin embargo, hay muchas pruebas de que los sonidos de las palabras no son arbitrarios, sino que evocan de forma sinestésica, la experiencia de las cosas a las que se refieren. Como se ha demostrado repetidamente, las personas que no tienen ningún conocimiento de un idioma, pueden, sin embargo, adivinar correctamente qué palabra, o cuál de estos signos supuestamente arbitrarios – corresponde a cada objeto, en lo que se conoce como el efecto "kiki/bouba" (kiki evoca un objeto con forma de punta, mientras 'bouba' evoca un objeto suavemente redondeado).110 Por mucho que el lenguaje proteste por lo contrario, sus orígenes se encuentran en el cuerpo como un todo. Y la existencia de una estrecha relación entre el gesto corporal y la sintaxis verbal implica que no solo los nombres concretos, las "palabras-de cosas", sino incluso los elementos del lenguaje más aparentemente formales y lógicos, tienen su origen en el cuerpo y la emoción. La estructura profunda de la sintaxis se basa en secuencias fijas de movimiento de las extremidades de criaturas que corren.111 Esto respalda las pruebas que examinaré en el Capítulo 5, en el sentido de que las propias estructuras y el contenido del pensamiento existen en el cuerpo antes de su expresión en el lenguaje.

¿Por qué hago énfasis en este origen corporal del pensamiento y del lenguaje? En parte porque ha sido negado en nuestra época, no solo, ni siquiera principalmente, por De Saussure y sus seguidores. Más que eso, el hecho de su negación me parece que forma parte de una tendencia general, a lo largo de los últimos cien años más o menos, hacia un rechazo cada vez mayor de nuestro ser encarnado, en favor de una versión abstraída, cerebralizada, y maquinal de nosotros mismos, que se ha impuesto en el pensamiento popular, a pesar de que haya tendencias más recientes en la filosofía que intentan, con grados de éxito muy diversos, alejarse de tales conclusiones. Como dejan claro Lakoff y Johnson,

la propia estructura de la razón proviene de los detalles de nuestra corporeidad. Los mismos mecanismos neuronales y cognitivos que nos permiten percibir y movernos también crean nuestros sistemas conceptuales y modos de razón...La razón es evolutiva, en el sentido de que la razón abstracta se basa y hace uso de formas de inferencia motora y perceptiva presentes en animales "inferiores"…. Por lo tanto, la razón no es una esencia que nos separa de otros animales; más bien, nos sitúa en un continuo con ellos.112

La huida del lenguaje del hechizo del cuerpo durante los últimos cien años representa, en mi opinión, parte de una revuelta más amplia del modo de concebir el mundo por el hemisferio izquierdo contra el hemisferio derecho, el tema de la Parte II de este libro.

La vehemencia de la comparación de la música con exaptaciones tan inútiles como la pornografía y la inclinación por la comida basura sean intencionales o no, hacen que sea difícil argumentar que el lenguaje, la valiosa herramienta de la cognición científica, provenga en última instancia del turbio mundo de las emociones y el cuerpo. ¿Es eso lo que se está negando? ¿O acaso es que el discurso científico, tan dependiente del lenguaje referencial, no le gusta reconocer esos esqueletos en el armario familiar, y le resultan embarazosos sus ancestros corporales, de agarrar y manipular? Cualquiera que sea el motivo, el lenguaje hace todo lo posible por ocultar sus huellas y negar su parentesco.

Por ejemplo, el auge de la teoría chomskiana de la gramática universal.113 La creencia que las estructuras del lenguaje analítico están cableadas en nuestros cerebros contribuye a perpetuar la idea de que el cerebro es una máquina cognitiva, un ordenador equipado con un programa basado en reglas para estructurar el mundo, en lugar de ser el lenguaje una parte inextricable de un organismo vivo encarnado que desarrolla habilidades implícitas, y performativas, a través de un proceso empático de imitación inteligente. Si bien no estoy en condiciones de hacer plena justicia a un tema que todavía sigue siendo objeto de un vivo debate entre expertos, es indiscutible que la existencia de una gramática universal tal como la concibió Chomsky es muy discutible. Sigue siendo marcadamente especulativa cincuenta años después de que la haya postulado, y es discutido por muchos nombres importantes en el campo de la lingüística.114 Y algunos hechos son difíciles de cuadrar con ella. Resulta que lenguas de todo el mundo utilizan una variedad muy amplia de sintaxis para estructurar las frases.115 Pero lo que es más importante, la teoría de la gramática universal no es compatible de forma convincente con el proceso demostrado por la psicología del desarrollo, por el que los niños adquieren el lenguaje en el mundo real. Los niños demuestran ciertamente una notable habilidad para captar espontáneamente las formas conceptuales y psicolingüísticas del habla, pero lo hacen de una manera mucho más holística que analítica. Ellos son asombrosamente buenos imitadores - no máquinas de copiar, sino imitadores.

La imitación puede reducirse ciertamente a una cuestión de copia rutinaria: descomponer una acción en una serie de pasos y reproducirlos mecánicamente. La copia deliberada y explícita de gestos individuales, fuera de contexto, sería así. Pero la imitación también puede estar impulsada por un sentimiento de atracción que nos lleva, por un proceso que permanece desconocido, a aprehender esa totalidad e intentar sentir como debe ser desde dentro, por así decirlo, "habitar" a la otra persona. Así es como imitamos la voz de alguien, sus patrones de habla o sus ademanes físicos, su forma de hablar o de caminar. Utilizo el término "atracción" en un sentido que no hace ningún juicio sobre el valor de su objeto: si la imitación puede ser la forma más sincera de adulación, también puede ser la forma más sincera de burla. Pero a menudo conlleva una carga de atracción positiva hacia su objeto: nos convertimos en quienes somos imitando los modelos de personas que admiramos o respetamos. También es la forma en que adquirimos la mayoría de nuestras habilidades, aunque a veces recurramos a la copia de forma rutinaria. Tal imitación es empática, e implica una identificación. Juega un papel importante en el desarrollo humano, no solo en la adquisición de habilidades, tal y como, desarrolla un niño el dominio del lenguaje, sino en el desarrollo de valores que forman parte de nuestra individualidad. Volveré al tema de la imitación en el Capítulo 7, cuando considere las posibles formas en que podrían ocurrir los cambios en la historia de las ideas.

Las habilidades están encarnadas, y por lo tanto son en gran medida intuitivas: se resisten al proceso de seguir reglas explicitas. Un clásico de la literatura taoísta, que escribió Chuang Tzu, contiene varias historias, como la del Cocinero Ting despiezando un buey para su señor, Wen-hui, concebidas para ilustrar el hecho de que una habilidad no puede adquirirse mediante su formulación con palabras o reglas, sino que solo puede aprenderse observando y siguiendo con los ojos, manos y, en última instancia, con todo el ser: donde el mismo experto no es consciente de cómo realiza lo que hace.116 Como dicen Dreyfus y Dreyfus en su libro Mind Over Machine (“la mente sobre la maquina”): "la habilidad de un experto se convierte en una parte tan importante de él que no necesita ser más consciente de ella de lo que sería de su propio cuerpo.”117 A pesar de las poderosas sugerencias de lo contrario, el lenguaje no es una abstracción de la vida, un juego, con sus proposiciones de autonomía, trivialidad y definición por reglas. No, él es una extensión de la vida. En la famosa frase de Wittgenstein: "imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida" - no una representación virtual de la vida, sino una forma de vida.118

Un niño no adquiere la habilidad del lenguaje, al igual que la habilidad para la vida, aprendiendo reglas, sino imitando, una forma de identificación empática, generalmente con sus padres, o al menos con aquellos miembros del grupo que son percibidos como más competentes. He sugerido que tal identificación implica un intento (obviamente inconsciente) de habitar el cuerpo de otra persona, y esto puede sonar algo místico. Pero la imitación es un intento de ser "como" (en el sentido de experimentar ‘como’ sería ser) otra persona, y experimentar "como" sería ser otra persona es algo que solo se puede experimentarse "desde dentro".119 No solo la adquisición del lenguaje, sino el propio funcionamiento cotidiano del lenguaje, implica tal habitabilidad. La comunicación se produce porque, en un sentido necesariamente limitado, pero sin embargo crucialmente importante, llegamos a sentir lo que es ser la persona que se está comunicando con nosotros. Esto explica por qué adquirimos los hábitos o tics del habla de la otra persona, incluso contra nuestra voluntad (un tartamudeo sería uno de esos casos embarazosos); y explica muchos de los problemas del arrastre emocional en una conversación, la contratransferencia que se produce, no solo en la terapia, sino en la vida ordinaria y cotidiana, cuando experimentamos en nuestros propios marcos los mismos sentimientos que experimenta nuestro interlocutor. Y la empatía se asocia a un creciente deseo intuitivo de imitar.120

Habitando el cuerpo del otro: ¿es así como comenzó el lenguaje? ("musilenguaje”) Rudolf Laban, quien quizás haya observado más de cerca que nadie el significado del movimiento corporal en las actuaciones, nos ofrece algunas observaciones fascinantes a este respecto. En el África subsahariana existe una forma de comunicación basada en el ritmo de tambores que ha sido denominada, quizá de forma poco acertada, “telegrafía rítmica de tambores". Esta técnica está muy extendida y, con ella se pueden comunicar mensajes sumamente detallados a través de largas distancias. Según Laban, no hay ningún intento, como podría imaginar la persona occidental, de imitar el patrón de sonidos de palabras o frases; eso sería inútil por los muchos idiomas diferentes que hablan las distintas tribus que ocupan territorios contiguos. En cambio, "la recepción de estos ritmos de tambor o tam-tam están acompañados de una visión del movimiento del tamborilero, y es este movimiento, una especie de danza, el que se visualiza y se entiende".121 La comunicación se produce porque el oyente habita el cuerpo de la persona que toca el tambor y experimenta lo que el tamborilero está experimentando. Aunque en Occidente ya no nos parezca que el lenguaje "corporice" el significado de esta manera, es posible que al menos nuestra comprensión de la música todavía comparta esta forma de habitar los movimientos del otro, el intérprete, el cantante, quizás incluso, el compositor. Laban vuelve a decir: "Es…. interesante notar que la música orquestal es producida por movimientos corporales extremadamente precisos de los músicos", y propone que tal vez una de las razones por las que nos gusta ver, además de oír, la música interpretada, es justamente que podemos habitar mejor el cuerpo del intérprete, una percepción que me parece intuitivamente correcta.122

Recapitulando, por tanto: el lenguaje se origina como una expresión encarnada de la emoción, que es comunicada por un individuo "habitando" su cuerpo, y por lo tanto el mundo emocional, a otro; una habilidad corporal, además, que cada uno de nosotros adquiere mediante la imitación, por la identificación emocional y la armonización intuitiva de los estados corporales del que aprende con quien lo aprende; además, es una habilidad que se origina en el cerebro como un análogo del movimiento corporal, e involucra los mismos procesos, e incluso las mismas áreas del cerebro, que ciertos gestos altamente expresivos, así como la participación de neuronas (neuronas espejo) que se activan por igual cuando realizamos una acción que cuando vemos que otra persona la lleva a cabo (de modo que, en el proceso, puede decirse que compartimos casi literalmente la experiencia corporal del otro y habitamos el cuerpo del otro); un proceso, que por último, los antropólogos consideran  derivado de la música, a su vez una extensión del acicalamiento, que nos une como seres físicamente encarnados a través de una forma de lenguaje corporal extendido que es emocionalmente vinculante para un gran número de individuos dentro de un grupo. Como mínimo, se puede decir que tiende puentes, como lo hace todo modo de comunicación, entre individuos, en cada etapa de su desarrollo y de su práctica, histórica e individualmente, y lo hace apoyándose en nuestra corporeidad común, dentro de un grupo - cuya imagen, además, es el cuerpo. A un grupo de personas lo llamamos "un cuerpo", y sus componentes son vistos como sus extremidades o "miembros". Su relación dentro del grupo no es meramente aditiva, como lo sería en un ensamblaje mecánico de piezas, sino combinatoria, produciendo una nueva entidad que es más que la suma de sus partes. Si se tratara de una sustancia química, se diría que es un compuesto, en lugar de una mezcla.

Si el lenguaje comenzó en la música, comenzó con funciones (del hemisferio derecho) relacionadas con la empatía y la vida en común, no con la competitividad y la división; promoviendo la unión, o, como yo preferiría, la “entreidad". Por su naturaleza como medio de comunicación, el lenguaje es inevitablemente una actividad compartida, como la música, que comienza con la transmisión de emoción y promueve la cohesión. El canto humano es único: ninguna otra criatura comienza a sincronizar el ritmo, o a mezclar el tono de sus expresiones con las de sus congéneres, del modo en que lo hace instintivamente el canto humano. No es, como el canto de los pájaros, individualista en intención y competitivo en su naturaleza (recordemos que el canto de los pájaros, como otras expresiones instrumentales, se basa en el hemisferio izquierdo, no, como la música humana, en el derecho). Todo lo relacionado con la música humana sugiere que su naturaleza es compartida, no competitiva. Así, varios antropólogos han argumentado que el desarrollo de la habilidad musical debe haber sido un producto, no de la selección individual, sino de la selección grupal, un proceso por el cual "la reproducción de todos los genes presentes en un grupo se ve influida de manera similar por los nuevos comportamientos desarrollados".123 La selección natural explota la diferencia en las tasas individuales de reproducción exitosa dentro del grupo, pero aquí todo el grupo se habría beneficiado - en términos de su cohesión como grupo - de algo que todo el grupo habría desarrollado.124

Y, de hecho, el lenguaje referencial también tendría que haber sido un producto de la selección de grupo si realmente tuviera mucho que ver con la comunicación. O bien todos en el grupo lo desarrollan, y el grupo se beneficia, de modo que los miembros del grupo prosperen - o no se desarrolla, ya que no sirve de mucho ser un experto comunicador solitario si tus compañeros no pueden captar el mensaje. Y esto tiene sentido: las ventajas del lenguaje hablado, como la de cazar de forma más eficaz, habrían beneficiado a todos los individuos del grupo, incluso aunque hubiera un rango de desarrollo en las habilidades lingüísticas, ya que igual que los productos de la caza habrían sido compartidos. La selección natural clásica, por el contrario, tendría que requerir que la habilidad se ocultara activamente o se mantuviera en secreto a los demás - una habilidad que, por su propia naturaleza, tiene que ver con el intercambio de información. Así que parece que el lenguaje pudo haber comenzado, no como el producto de una competencia despiadada, sino como otra área en la que la humanidad ha mejorado gracias a la cooperación y la colaboración.125 Volviendo al puzle de la música (y su aparente falta de) ventajas competitivas, convencionalmente no hemos podido ver ninguna ventaja porque estamos acostumbrados a pensar en términos de individuo enfrentado contra individuo, no en términos de grupo, en el que los individuos trabajan juntos.

Esta es la argumentación desde la utilidad. Como tantas otras cosas que se suele decir que son útiles para un grupo– la música y la danza, el sentido de la belleza, la sensación de asombro – el lenguaje nos ayudó a ser competidores más efectivos a nivel de grupo, y no a nivel del individuo. Sin embargo, en última instancia, creo que el gran logro de la humanidad no es haber perfeccionado su utilidad a través de la asociación para formar grupos, sino haber aprendido a través de nuestra facultad para la experiencia intersubjetiva, y nuestra capacidad relacionada de imitar, para así trascender la utilidad por completo. Podemos, a través de nuestra capacidad de imitar, elegir por nosotros mismos la dirección que tomamos, moldear nuestro pensamiento y comportamiento y, por lo tanto, nuestro futuro humano, de acuerdo con nuestros propios valores, en lugar de esperar ser guiados por el proceso ciego de la competitividad genética, que conoce un solo valor, el de la utilidad. Podemos elegir imitar formas de pensar o de comportarnos; y al hacerlo, aceleramos nuestra evolución en muchos órdenes de magnitud, y las alejamos de las fuerzas ciegas del azar y la necesidad, en la dirección o direcciones que elijamos.

Es bastante extraño encontrar a Dunbar refiriéndose a la danza como algo inútil: "danzar, un fenómeno que probablemente se clasifique, junto con la sonrisa y la risa", escribe, "como uno de los más fútiles de todos los universales humanos".126 Digo que es extraño porque él más que nadie, debería poder ver más allá de esa aparente inutilidad para el individuo, su posible utilidad para el grupo. Tal vez lo hace, y lo llama "fútil" irónicamente. Sin embargo, estoy de acuerdo con él, que la sonrisa, la risa y la danza son – gloriosamente - inútiles: ¿Cuántos de nosotros realmente creemos que cuando bailamos, nos reímos o sonreímos, lo hacemos en última instancia debido a alguna pobre utilidad para el grupo al que pertenecemos? Quizás no haya ningún fin a la vista. Quizás estos comportamientos espontáneos no tengan un sentido, ni un propósito más allá de ellos mismos, aparte de que expresen algo más allá de nosotros. Quizás, el hecho de que tantos de nuestros rasgos distintivos sean tan "inútiles" podría hacernos reflexionar. En lugar de buscar, según el modo del hemisferio izquierdo, la utilidad, quizá deberíamos considerar, según el modo del hemisferio derecho, que finalmente, a través de la imitación y la experiencia intersubjetiva, la humanidad ha escapado de algo peor incluso que "la sombría desolación del azar" de Kant: de la sombría desolación de la necesidad.127

Al carecer de una explicación en términos de una causa final - la razón que da sentido a un comportamiento en función de su resultado - los científicos a veces piensan que han explicado un fenómeno redefiniéndolo en otro nivel. Así, Dunbar explica nuestra satisfacción con actividades "fútiles" a través de la referencia a las endorfinas. El aseo personal, la música, la convivencia, el amor, la religión - todo resulta misteriosamente por la liberación de endorfinas. "¿Suena familiar?", pregunta en una de esas ocasiones, complacido con la simplicidad de su solución, pero consciente de que ya ha recorrido algunas millas en el aire: "Bien, por supuesto que sí: es la historia de las endorfinas otra vez".128 Y se supone que eso explica por fin por qué necesitamos, disfrutamos y nos sentimos cómodos con tales cosas. Pero, ¿es esto realmente diferente de anunciar con orgullo que, después de una prolongada investigación, hemos descubierto que la razón por la que nos disgusta que nos menosprecien, o nos ignoren o nos golpeen en la cabeza con un garrote es que provoca el agotamiento de las endorfinas, la reducción de la biodisponibilidad de la serotonina, la secreción de cortisol o la sobrecarga del sistema nervioso simpático? En el mundo real, sin embargo, no elegimos participar en actividades porque se liberan endorfinas, aunque la liberación de endorfinas esté muy bien; sino que cuando nos comprometemos con lo que, por innumerables razones complejas y sutiles, tiene significado e importancia para nosotros, somos más felices, y las endorfinas simplemente son parte de la vía final común para la felicidad, a nivel neuroquímico - al igual que evitamos a un atracador, no porque nos gustaría mantener altos nuestros niveles de serotonina el mayor tiempo posible, sino porque es probable que nos ataque y nos haga la vida desgraciada, siendo el agotamiento de serotonina la vía común final de esa desdicha.

Así que el lenguaje es un híbrido. Evolucionó a partir de la música y en esa parte de su historia representaba el impulso de comunicación; y en la medida en que conserva elementos empáticos del hemisferio derecho, todavía lo hace. Sus fundamentos se encuentran en el cuerpo y en el mundo de la experiencia. Pero el lenguaje referencial, con su enorme vocabulario y su sofisticada sintaxis, no se originó en un esfuerzo por comunicarse, y desde este punto de vista, representa algo parecido a un secuestro. Ha hecho todo lo posible para repudiar tanto sus orígenes corporales como su dependencia de la experiencia - hasta convertirse en un mundo en sí mismo. Sin embargo, a pesar de todo esto, la necesidad de hablar no proviene del área de Broca, donde se origina el acto motriz del habla. Eso es evidente por el hecho de que los sujetos con lesiones en el área de Broca por lo general parecen estar desesperados por comunicarse. Proviene del área cingulada anterior, una región profundamente implicada en la motivación social. Los sujetos con daños en esta área exhiben mutismo acinético, la falta de deseo de comunicarse a pesar de tener la función del habla perfectamente normal. "Esto refuerza la conclusión de que el habla es fundamentalmente un acto social, y que solo se ha tergiversado de forma tortuosa con fines científicos. Entre paréntesis, los delfines y las ballenas tienen ricas expansiones neuronales en esta área del cerebro [cingulada anterior], y parecen ser altamente comunicativos".129 También se podría señalar que estos animales, famosos por su inteligencia y sociabilidad, se comunican a través de la música.

El lenguaje ha hecho todo lo posible para oscurecer su parentesco. Se ha abstraído cada vez más de sus orígenes en el cuerpo y en el mundo experiencial. Desarrolló su forma actual para permitir referirnos a lo que no está presente en la experiencia: el lenguaje ayuda a su re-presentación. Esto tuvo el efecto de expandir su utilidad para la comunicación y el pensamiento en algunos propósitos, pero lo redujo en otros. En este proceso, importantes aspectos del lenguaje, como los elementos denotativos que permiten la precisión de la referencia y la planificación, se han establecido en el hemisferio izquierdo, mientras que otros aspectos del lenguaje, en general sus funciones connotativas y emotivas, se han mantenido en el hemisferio derecho. Y la comprensión del lenguaje al más alto nivel, una vez que se han reunido los elementos, el sentido de un enunciado en su contexto, teniendo en cuenta cualquier cosa que esté sucediendo, incluido el tono, la ironía, el sentido del humor, el uso de la metáfora, etc.., pertenece una vez más al hemisferio derecho.

La forma en que estos aspectos del lenguaje se han organizado, como hemos visto, no es aleatoria, sino que está de acuerdo con la naturaleza global de cada hemisferio. La metáfora es el aspecto crucial del lenguaje por el cual retiene su conexión con el mundo, y mediante el cual las "partes" del mundo que el lenguaje parece identificar conservan su conexión entre sí. El lenguaje literal, por el contrario, es el medio por el que la mente pierde su contacto con la realidad y se convierte en un sistema auto-consistente de símbolos. Pero, más que esto, hay una configuración importante que seguiremos encontrando: algo que emerge del mundo del hemisferio derecho, es procesado en el nivel intermedio por el hemisferio izquierdo y regresa finalmente al hemisferio derecho en el nivel más alto.

 

 

 

LA EXPANSIÓN FRONTAL DERECHA

Hemos hablado bastante sobre el hemisferio izquierdo y su mundo. ¿Qué pasa con el hemisferio derecho? Al mismo tiempo que desarrollamos esta visión especializada y restringida del mundo, no podemos permitirnos perder de vista la totalidad de la experiencia en toda su riqueza. Está muy bien tener un mundo virtual, pero antes que nada hay que seguir habitando el mundo real de la experiencia, donde se puede poner en práctica la propia capacidad de manipulación. El éxito del hombre no ha sido solo en manipular el medio ambiente, como el "animal que fabrica herramientas", sino en la creación de sociedades unidas, que son la base de la civilización.

Es el hemisferio derecho el que nos permite hacer precisamente eso, al mantener su cometido más amplio, a la luz de lo que nos facilita el desarrollo del lóbulo frontal, y llevarlo mucho más lejos. Al estar especializado en la vinculación social, sería el lugar natural para que se desarrollen aún más las habilidades relacionales y empáticas del hombre, el "animal social"; y esto es exactamente lo que se observa. Como he mencionado, si uno observa la estructura del cerebro, se da cuenta de que no es solo el hemisferio izquierdo el que tiene un ensanchamiento asimétrico, sino también el derecho.

Como hemos visto, asimetrías similares a las encontradas en el cerebro humano también se encuentran en monos y simios y he mencionado la existencia en ellos de una expansión del hemisferio izquierdo. Pero no solo en esto se anticiparon nuestros antepasados evolutivos. Ellos también tienen esta petalia frontal derecha.

Las pruebas de qué petalia apareció primero, la derecha o la izquierda, están divididas.130 Al ser frontal, a diferencia de la expansión más posterior del hemisferio izquierdo, la petalia derecha bien puede haber llegado más tarde a escena. Sin embargo, en el feto humano, las regiones frontales del hemisferio derecho se desarrollan antes que las regiones occipitales del hemisferio izquierdo - ¿aquí la ontogenia recapitula la filogenia?131 En general, el hemisferio derecho madura primero, aunque en el segundo año de vida el hemisferio izquierdo lo supera, con el asentamiento de las áreas del habla y el lenguaje,132 pero también hay evidencias de que el hemisferio derecho continúa desarrollándose después de que el hemisferio izquierdo haya madurado, con elementos emocionales y prosódicos más sofisticados del lenguaje que se desarrollan en el quinto y sexto año de vida.133  Si esto es cierto, aquí hay un paralelismo interesante entre la historia evolutiva de los hemisferios (derecho­­­––>izquierdo--->derecho) y su relación funcional. En cualquier caso, la petalia frontal derecha comienza a aparecer en algunos de los monos más sociales, como macacos, y en simios, 134 pero alcanza su máxima expresión en los humanos, en cuyo cerebro es, de hecho, la región más asimétrica de todas.135

Si es aún más acentuada que la petalia izquierda e incluso más en particular en los humanos, ¿por qué le hemos prestado tan poca atención? ¿Podría ser porque nos hemos centrado en el hemisferio izquierdo, y lo que hace, a expensas del derecho, y lo que hace? Hasta hace poco, todo lo relacionado con el hemisferio derecho estaba envuelto en una cierta oscuridad. Después de todo, se consideraba que estaba en silencio; y para la forma de pensar del hemisferio izquierdo, eso significa mudo. ¿Es el lóbulo frontal derecho responsable de algo que pueda compararse con los logros, en términos de aprehensión y lenguaje denotativo, del hemisferio izquierdo?

Sabemos que es el lóbulo frontal derecho el que nos permite lograr el resto de cosas de lo que es capaz el lenguaje; el que hace posible la empatía, el humor, la ironía, y nos ayuda a comunicarnos y expresar no solo hechos, sino a nosotros mismos. Aquí, el lenguaje no se convierte en una herramienta de manipulación, sino en un medio para llegar al "otro". Pero, por supuesto, no es solo en el ámbito del lenguaje donde reside su importancia, ni mucho menos.         

De hecho, la mayoría de las características más notables de los seres humanos, las características que nos diferencian de los animales, dependen en gran medida del hemisferio derecho, y en particular de las contribuciones de la región en la que se expande el hemisferio derecho, el lóbulo frontal derecho. Si se pide nombrar las características que en última instancia diferencian a los humanos de los animales, las respuestas clásicas, la razón y el lenguaje, parecen una pobre tentativa. Muchos animales muestran, en un cierto grado, capacidad para deducir (el razonamiento deductivo está asociado de manera importante a la función del hemisferio derecho, en cualquier caso): los cuervos pueden razonar, incluso las abejas tienen algún tipo de lenguaje. Por supuesto, incluso los animales más evolucionados son incomparablemente inferiores a nosotros en ambos aspectos, pero la cuestión es que muestran al menos destellos de tales funciones utilitarias. Pero hay muchas cosas de las que no muestran evidencia alguna: por ejemplo, imaginación, creatividad, capacidad de asombro religioso, la música, la danza, la poesía, el arte, el amor a la naturaleza, el sentido moral, el sentido del humor o la capacidad de modificar sus ideas. En todos ellos (aunque, como siempre, ambos hemisferios sin duda juegan un papel), una parte importante, y en la mayoría de los casos la parte principal, la desempeña el hemisferio derecho, lo que generalmente implica al lóbulo frontal derecho. Mientras que la relación del hemisferio izquierdo con el mundo consiste en alargar la mano para agarrarlo, y por lo tanto para utilizarlo, la del hemisferio derecho parece consistir en tender la mano, sin más. Sin un propósito. De hecho, una de las principales diferencias entre las formas de ser de los dos hemisferios es que el hemisferio izquierdo siempre tiene "un fin a la vista", un propósito o uso, y es más el instrumento de nuestra voluntad consciente que el hemisferio derecho.

 

CONCLUSIÓN

Propongo que hay dos formas opuestas de abordar el mundo, ambas vitales, pero que son fundamentalmente incompatibles, y que, por lo tanto, incluso antes de que los humanos entraran en escena, requerían un manejo por separado, incluso un secuestro neurológico de uno al otro. Una tendencia, fundamental para poder obtener cosas del mundo para nuestros propios fines, implica el aislamiento de una cosa de la contigua, y en aislar al ser vivo, percibido como subjetivo, del mundo, percibido como objetivo. El impulso aquí es hacia la manipulación, y su valor rector es la utilidad. Desde mi punto de vista, comenzó colonizando el hemisferio izquierdo, y con la creciente capacidad de distanciamiento del mundo mediada por la expansión de los lóbulos frontales, a medida que se asciende en el árbol evolutivo, resultó en una expansión física del área concebida para facilitar la manipulación del entorno, simbólica y físicamente, en monos y simios superiores. Con el tiempo esa expansión se convirtió en la sede natural del lenguaje referencial en los humanos.

La otra tendencia centrípeta, en lugar de centrífuga: es hacia la sensación de conexión entre las cosas, antes de que la reflexión las aísle, y por lo tanto hacia el compromiso con el mundo, hacia una relación de "entreidad" con todo aquello que se encuentra fuera del yo. Con el crecimiento de los lóbulos frontales, esta tendencia se vio reforzada por la posibilidad de la empatía, cuyo asiento es la expansión frontal derecha en los primates sociales, incluidos los humanos.

Es muy posible que nosotros, y los grandes simios que nos precedieron, no seamos los iniciadores de la asimetría del funcionamiento de los hemisferios, ni siquiera los iniciadores de la naturaleza de esa asimetría, sino los herederos de algo mucho más antiguo que nosotros, que hemos utilizado y desarrollado en formas peculiarmente humanas para fines particularmente humanos. No solo en los seres humanos se han descubierto que hay necesidades, pulsiones o tendencias que, siendo igualmente fundamentales, son también fundamentalmente incompatibles; por un lado un impulso esencialmente divisorio de adquisición, de poder y manipulación, basado en la competitividad, que enfrenta al individuo con el individuo, al servicio de la supervivencia individual; y por otro lado un impulso esencialmente cohesivo hacia la cooperación, la sinergia y el beneficio mutuo, basado en la colaboración, al servicio de la supervivencia del grupo. Antes de que la aparición del lenguaje o la fabricación de herramientas al hemisferio izquierdo, pudiera haberlo "desplazado", con su necesidad de Lebensraum (espacio vital), los simios superiores ya muestran signos de haber segregado la expresión de las emociones sociales, al igual que nosotros, al hemisferio derecho del cerebro - manteniéndolo alejado de las áreas de abstracción utilitaria; y lo que es igual de importante, impidiendo que la abstracción ejerciera su efecto corrosivo sobre la experiencia.

Ambos impulsos o tendencias pueden servirnos bien, y cada uno de ellos expresa un aspecto de la condición humana que afecta a nuestra esencia. No es inevitable, en última instancia, que estén en conflicto; y de hecho es mejor que no lo estén. En algunos cerebros humanos, parece que pueden coexistir más fácilmente, y volveré a ello en la conclusión de este libro. Pero la relación entre los hemisferios no es sencilla. La diferencia puede ser creativa: la armonía (y el contrapunto) es un ejemplo. En este caso, las diferencias se funden para formar algo más grande que cualquiera de los componentes por sí solos; por lo que sería un error ver la tendencia divergente como puramente negativa. Antes de que pueda haber armonía, debe haber diferencia. La observación más fundamental que se puede hacer sobre el universo observable, aparte del hecho misterioso de que exista en general - provocando la pregunta final de la filosofía, de por qué existe algo en lugar de nada - es que hay en todos los niveles fuerzas que tienden a la coherencia y a la unificación, y fuerzas que tienden a la inestabilidad y a la separación. La tensión entre ellas parece ser una condición inalienable de la existencia, independientemente del nivel en que se contemple. Los hemisferios del cerebro humano, creo, son una expresión de esta tensión necesaria. Y los dos hemisferios también adoptan diferentes posturas acerca de sus diferencias: el hemisferio derecho hacia la cohesión de estas dos disposiciones, y el hemisferio izquierdo hacia la competencia entre ellas.      

Dado que el hemisferio derecho es más característico de la condición humana que el izquierdo, sigue siendo un misterio el por qué se le ha prestado tan poca atención. Parece que es parte de lo que podríamos llamar el síndrome del "hemisferio menor". Sin embargo, sabemos que es el hemisferio en el que se arraiga la experiencia y que tiene una visión más amplia, y que está abierto a todo lo que existe fuera del cerebro. ¿Entonces, cómo ha ocurrido este abandono? ¿Es solo que el hemisferio izquierdo tiene el control del lenguaje y del argumento analítico, y que, por lo tanto, cuando los científicos (que dependen de dicha metodología para construir una visión de cualquier cosa a partir de “elementos” de información) miran el cerebro, lo hacen solo desde el hemisferio izquierdo, y ven solo lo que éste ve? ¿Es solo que tales recursos no son capaces de entender el mundo como es en su totalidad, y que, por lo tanto, el hemisferio izquierdo prefiere su propia versión, que al menos tiene sentido para él? ¿O hay algo más pasando aquí?     

La enorme vehemencia con la que el hemisferio derecho ha sido desestimado por los representantes del elocuente hemisferio izquierdo, a pesar de su abrumadora importancia, sugiere una posible rivalidad. Creo que ha habido hasta muy recientemente una ceguera entre los neurocientíficos a las contribuciones hechas por el hemisferio derecho. En 1966, R. C. Oldfield escribía que, "entre los neurólogos prevalece una cierta conspiración de silencio sobre la falta de actividad del hemisferio derecho". Hasta la publicación de los libros de John Cutting, The Right Cerebral Hemisphere and Psychiatric Disorders and his Principles of Psychopathology, (“el hemisferio cerebral derecho y los trastornos psiquiátricos, y su obra ‘Principios de Psicopatología) y el reciente de Michael Trimble, The Soul in the Brain: The Cerebral Basis of Language, Art, and Belief, (El Alma en el cerebro: las bases cerebrales del lenguaje, el arte y las creencias) 137 no solo han recibido poco crédito, sino que han sido objeto de una cierta animadversión, al menos en apariencia, inexplicable. Parecería que hay un partidismo entre los científicos en favor del hemisferio izquierdo, una especie de "chovinismo del hemisferio izquierdo". Lo vemos incluso en el lenguaje utilizado por los escritores más objetivos para describir las diferencias entre los hemisferios: por ejemplo, la necesidad de precisión del hemisferio izquierdo ‘inteligente’ da lugar a un procesamiento "fino", mientras que la del hemisferio derecho marginado da lugar a un procesamiento "tosco". No se mencionan aquí los peligros de la sobredeterminación, ni las virtudes de un rango más amplio, de la sutileza, la ambigüedad, la flexibilidad o la tolerancia.

En este sentido, tal vez valga la pena señalar la impresión neutral de un lector "naif", el compositor Kenneth Gaburo, que se aproxima a la literatura neurocientífica desde fuera, y detecta que "hay algo extraordinariamente peyorativo",138 en el lenguaje utilizado para describir el hemisferio derecho. Entre otras referencias las que califican al hemisferio izquierdo como “dominante", y al hemisferio derecho como “menor”, "silencioso", etc., y así sucesivamente, él se estaba refiriendo al influyente artículo que Salomón Henschen, uno de los gigantes de la historia de la neuropatología, antiguo profesor de medicina en Uppsala, publicó en la revista Brain en 1926. La situación es incluso peor que lo que Gaburo da a entender, ya que las palabras reales de Henschen fueron:

En todos los casos, el hemisferio derecho muestra una inferioridad manifiesta en comparación con el izquierdo, y solo desempeña un papel automático...Este hecho demuestra la inferioridad del hemisferio derecho, especialmente del lóbulo temporal derecho ...Una persona que no es capaz de entender palabras después de la destrucción del lóbulo temporal izquierdo se hunde a nivel del hombre primitivo ...El lóbulo temporal derecho es, por supuesto, suficiente para la vida psíquica más primitiva; pero solo utilizando el lóbulo temporal izquierdo puede el hombre alcanzar un nivel más alto de desarrollo psíquico...es evidente que el hemisferio derecho no alcanza el mismo elevado nivel de desarrollo psíquico que el izquierdo...Por lo tanto, uno se pregunta si el hemisferio derecho es un órgano en regresión.. es posible que el hemisferio derecho sea un órgano de reserva.139

Michael Gazzaniga, uno de los más distinguidos neurocientíficos vivos e investigador de los hemisferios continúa la misma tendencia, y su lenguaje está en la tradición de Henschen. Hay "diferencias impactantes entre los dos hemisferios": "El hemisferio izquierdo tiene muchas más capacidades mentales que el derecho... [El hemisferio derecho] es una segunda opción en cuanto a habilidades para resolver problemas…. Sabe muy poco sobre muchas cosas.''140  En una ocasión escribió que "bien podría argumentarse que las habilidades cognitivas de un hemisferio derecho normal desconectado y sin lenguaje, son muy inferiores a las habilidades de un chimpancé."141 En un artículo más reciente, escribió: "Un sistema cerebral (el del hemisferio derecho) con aproximadamente la misma cantidad de neuronas que otro que es capaz de cognición (hemisferio izquierdo) es incapaz de desarrollar una cognición de orden superior - lo que constituye una prueba convincente de que el número de células corticales en sí mismo no puede explicar completamente la inteligencia humana."142 Sin embargo, cuando se demuestra que el hemisferio derecho supera al izquierdo en una tarea de predicción bastante básica, lo interpreta esto como un signo de la inteligencia del hemisferio izquierdo, alegando que los animales también son capaces de superar la estrategia del hemisferio izquierdo humano. De hecho, el problema es que al hemisferio izquierdo solo le gusta la teoría y, a menudo esta no es útil en la práctica – que es lo que hace que se equivoque. Sobre la atención, escribe que,

el hemisferio izquierdo dominante utiliza una estrategia "guiada" o "inteligente”, mientras que el hemisferio derecho no lo hace. Esto significa que el hemisferio izquierdo adopta una estrategia cognitiva útil para resolver un problema, mientras que el hemisferio derecho no posee esas habilidades cognitivas adicionales. Pero esto no significa que el hemisferio izquierdo sea siempre superior al hemisferio derecho en orientación atencional.143

Muy cierto. De hecho, como él sabe, ya que se refiere al hecho, el hemisferio derecho es el predominante para la orientación atencional, un tema que será familiar para el lector. A lo que él se refiere como estrategia "inteligente" y "útil" - "esas habilidades cognitivas adicionales" - de hecho, no son ni inteligentes ni útiles, en comparación con la postura abierta y no dogmática del hemisferio derecho. Conducen a una menor precisión, no a una mayor. Pero es posible que no lo entienda por el lenguaje utilizado.

Por supuesto, es igual de tediosa la tendencia a considerar que lo que comúnmente se entiende en el lenguaje popular por "hemisferio izquierdo" carece por completo de cualidades válidas. A menudo, me parece que tales posiciones ocultan un trasfondo de oposición a la razón y al uso cuidadoso del lenguaje, y una vez que las palabras pierden sus anclajes, y la razón se descarta - como han defendido algunos críticos posmodernos y feministas bastante influyentes - sobreviene la Babel.144 Las dudas sobre el alcance del racionalismo y la creencia de que la razón por sí sola  pueda revelar toda la verdad, no hacen que uno sea antirracional: pero condenar la razón en sí misma es un completo disparate. La poesía y la metáfora, como la ciencia, no toleran la negligencia, sino todo lo contrario, del mismo modo que es la razón, y no su desprecio sin límites, lo que conduce al escepticismo ante un racionalismo excesivo y fuera de lugar. Pero el lenguaje y la razón son hijos de ambos hemisferios, no de uno solo. El trabajo del hemisferio izquierdo debe integrarse con el del derecho, eso es todo. El hemisferio izquierdo es el consejero más preciado del Maestro, su valioso emisario.

Ya he sugerido que hay una necesidad de que los hemisferios mantengan su distancia uno del otro y sean capaces de inhibirse uno al otro. Además, el interés del hemisferio izquierdo por adquirir y utilizar le hace ser competitivo por naturaleza, ha de recordarse también, que es confiado, irracionalmente optimista, e inconsciente de lo que ocurre en el hemisferio derecho y, sin embargo, niega sus propias limitaciones. ¿Y si resultara, como de hecho ocurre, que la ventaja del hemisferio izquierdo que supone ser diestro ha sido el resultado, no de un aumento de la habilidad en la mano derecha, sino de un déficit en la izquierda?145 Esta podría ser otra asimetría interesante.

Marian Annett, quizás la mayor autoridad viva en cuanto a la preferencia por el uso de la mano derecha, cree que podemos haber desarrollado una "dependencia excesiva del hemisferio izquierdo a expensas de las habilidades del hemisferio derecho". Señala el número inesperadamente elevado de zurdos entre artistas, atletas e "intérpretes hábiles de muchas clases".146   En los diestros, la diferencia entre el rendimiento de las dos manos se asocia con una ligera ventaja de la mano derecha, pero el precio de esto, según Annett, es que "la mano izquierda disminuye drásticamente", un hallazgo que ha sido corroborado por muchos otros investigadores.147

Este patrón de una desventaja específica y relativa del hemisferio derecho se confirma a nivel anatómico.148   El planum temporale, como se mencionó en el primer capítulo, es asimétrico en la mayoría de los cerebros humanos, siendo el izquierdo hasta un tercio más grande que el derecho. Pero en los casos en que, inusualmente, los dos hemisferios se desarrollan simétricamente, no es que los dos planum sean del mismo tamaño que el del planum derecho (más pequeño), sino que son del tamaño habitual del planum izquierdo: en otras palabras, ambos son de gran tamaño. Por lo tanto, en los cerebros normales de los diestros, no es que el planum izquierdo esté aumentado, sino que el planum derecho está disminuido, en tamaño. Las investigaciones recientes para encontrar el gen o los genes responsables de la asimetría cerebral en la región del lenguaje esperaban encontrar un gen que actuara sobre el hemisferio izquierdo para hacer que se expandiera. En cambio, encontraron genes que intervenían en el hemisferio derecho para impedir su expansión: de los veintisiete genes implicados, la mayoría se expresaban más en el derecho, y el gen más importante lo hacía de forma drástica. Christopher Walsh, profesor de neurología en Harvard que dirigió la investigación, comentó: "Tendemos a asumir teleológicamente, por nuestro enfoque en el lenguaje como la cosa más hermosa, que debe de estar dotado de algún mecanismo especial en el hemisferio izquierdo…. Pero en realidad, puede que simplemente esté habitualmente reprimido en el hemisferio derecho y se le permita tener lugar en el izquierdo".149

La situación "normal", entonces, se asocia a pérdidas del hemisferio derecho, tanto anatómicas como funcionales.150 Los mecanismos que inducen la asimetría cerebral humana operan reduciendo el papel del hemisferio derecho.151         

¿Y eso por qué? Porque él no estar lateralizado de forma alguna es una desventaja, como hemos visto.152 Esto tiene que ser así, porque hay compensaciones asociadas a la especialización del hemisferio "dominante", el que tiene el control del lenguaje y la capacidad de agarre. El aislamiento de la función-tipo del hemisferio izquierdo hace que le sea más fácil hacer lo que tiene que hacer. Funciona de manera más eficiente si no tiene que lidiar con la “versión” conflictiva del mundo presentada por el otro hemisferio, el llamado “menor". Por tanto, el hemisferio no dominante tiene que estar en desventaja. Pero si se lleva el proceso demasiado lejos, las pérdidas obvias causadas por la cojera del hemisferio derecho superan las ventajas del izquierdo. Es una curva en forma de U invertida. La velocidad para mover clavijas en un tablero con cualquiera de las dos manos es una medida de la habilidad del hemisferio contralateral: los claramente diestros son más lentos que los que no diestros, especialmente con su mano izquierda.153 Igualmente, los relativamente pocos, claramente zurdos, cuyos cerebros pueden ser un reflejo de los totalmente diestros, también están en desventaja. De hecho, Annett supone que el elevado número de zurdos entre los matemáticos154  y los profesionales del deporte no se debe tanto a una ventaja intrínseca de los zurdos, sino a la ausencia de grandes diestros (que están en desventaja).155 Los más propensos a tener patrones anómalos de lateralización, como los zurdos, y aquellos con dislexia, esquizofrenia, trastorno bipolar y autismo, por ejemplo (junto con sus familiares, quienes pueden, ventajosamente, ser portadores de algunos, pero no todos, los genes para dicha condición), son los que tienen menos probabilidades de mostrar lo que podría llamarse "encapsulación del hemisferio izquierdo". En otras palabras, en el cerebro normal, el procesamiento en serie que constituye la base de la función del hemisferio izquierdo está cuidadosamente separado de las funciones que podrían perjudicarle, pero el corolario de esto es que el enfoque holístico del hemisferio derecho no está disponible en la misma medida que lo está el lenguaje y el pensamiento conceptual. En patrones de lateralización anómalos, esta segregación no ocurre, con ventajas y desventajas recíprocas. Esto daría lugar a que algunos accedan a determinados talentos de los cuales el resto de nosotros estamos excluidos ("matemáticos voladores"), y a que otros se encuentren en una situación peor, perdiendo las ventajas evolutivas de la especialización ("trapecistas inhibidos").Este punto de vista es compatible con la gran cantidad de evidencia disponible de que existen tanto talentos especiales como discapacidades asociadas a una organización cerebral anómala en estas condiciones, y en los familiares de aquellos que las padecen.

Es claro que se trata de un tema muy amplio, que merece un mayor análisis. El punto que deseo enfatizar aquí es que el hemisferio izquierdo tiene que "bloquear" al hemisferio derecho para poder hacer su trabajo. Esta es seguramente la importancia de las pruebas funcionales y anatómicas de que la superioridad del hemisferio izquierdo se basa, no en un salto hacia adelante del hemisferio izquierdo, sino en una restricción "deliberada" del derecho.

Si queremos entender la relación entre los hemisferios y su posible rivalidad, necesitamos comparar los dos mundos experienciales que producen ambos hemisferios.

 

 


CAPITULO 4.

LA NATURALEZA DE LOS DOS MUNDOS

 

 

En el primer capítulo, llamé la atención sobre la naturaleza dividida del cerebro y planteé que tenía un propósito: quizá había cosas que necesitaban mantenerse por separado. También llamé la atención sobre la asimetría del cerebro, un indicio de que la diferencia no implicaba necesariamente una equivalencia. En el segundo capítulo examiné cuál podría ser la naturaleza de las diferencias entre los hemisferios. En el tercer capítulo, he propuesto que los hemisferios no eran simples "bancos de datos" distribuidos al azar, sino que tenían conjuntos de valores coherentes y posiblemente irreconciliables, lo que se reflejaba en el control que ejerce el hemisferio izquierdo sobre la manipulación mediante la mano derecha, y en la evolución del lenguaje a partir de la música, de modo que el lenguaje paso a residir en gran parte en el hemisferio izquierdo y la música, en gran medida, en el derecho. En este capítulo examinaré con mayor detalle los tipos de mundo que los dos hemisferios traen a la luz y plantearé la cuestión de si son realmente simétricos o si uno de ellos tiene prioridad. Y para empezar, volvamos a la atención, que fue donde comenzamos nuestra exploración de las diferencias entre hemisferios.          

Nuestra atención es receptiva al mundo. Hay ciertos modos de atención que son evocados de forma natural por ciertos tipos de objetos. Prestamos un tipo de atención diferente a un hombre moribundo que, a una puesta de sol, o al carburador de un coche. Sin embargo, el proceso es recíproco. No es solo que lo que encontramos determina la naturaleza de la atención que le prestamos, sino que la atención que prestamos a cualquier cosa también determina qué es lo que encontramos. En circunstancias especiales, el hombre moribundo se convertirá en un manual de  enfermedades para un patólogo, o para un reportero gráfico en una "instantánea", tanto en el sentido de un momento visual capturado como en el de una ronda de disparos en una campaña. La atención es un acto moral: crea, trae aspectos de las cosas a la existencia, pero al hacerlo hace que otras se desvanezcan. Lo que una cosa es depende de quién lo atiende y de qué manera. El hecho de que un lugar sea especial para alguien por su gran paz y belleza puede, por ese mismo hecho, convertirse para otros en un recurso a explotar, de tal manera que su paz y belleza sean destruidas. La atención tiene consecuencias.          

Una forma de expresar esto es decir que no descubrimos una realidad objetiva ni inventamos una realidad subjetiva, sino que hay un proceso de evocación receptiva, el mundo "evocando" algo en mi interior, que a su vez "evoca" algo en el mundo. Esto es válido también para las cualidades perceptivas, no solo para los valores. Por ejemplo, no hay una montaña "real", distinta a la creada por las esperanzas, aspiraciones, reverencias o codicia de quienes se acercan a ella, y es igualmente cierto que su verdor, o su naturaleza grisácea, o su pedregosidad no se encuentran en la montaña ni en mi mente, sino que surge de entre nosotros, invocado por cada uno e igualmente dependiente de ambos, como la música no surge solo de las manos del pianista ni del piano, ni una escultura, procede de la propia mano del escultor o de la piedra, sino de su confluencia. Y, además, las manos son parte de un cuerpo vivo - o dicho más convencionalmente, son el vehículo de la mente, que es a su vez el producto de todas las otras mentes que han interactuado con ella, desde Beethoven y Miguel Angel hasta cada encuentro de nuestra vida cotidiana. Somos transmisores, no creadores.


Nuestra atención es receptiva al mundo, pero el mundo es receptivo a nuestra atención. La situación presenta una paradoja para el análisis lineal, como la mano de M. C. Escher, que dibuja la mano que dibuja a su vez la mano... (Ver Figura 4.1).

Fig. 4.1 Manos dibujando. M. C. Escher. 1948

Esta paradoja se aplica al problema de cómo llegamos a conocer cualquier cosa, pero es particularmente problemática para el caso específico en el que tratamos de acercarnos a los propios procesos por los que surge el conocimiento. No es posible discutir las bases neuropsicológicas de nuestra conciencia del mundo sin adoptar una posición filosófica, sea uno o no consciente de ello.1 No ser consciente de ello es haber adoptado implícitamente el punto de vista por defecto del materialismo científico. Y desafortunadamente, según esa posición, una de las manos del cuadro de Escher debe ser la primera.

La neuropsicología está indisolublemente ligada a la filosofía. En los últimos años, esto ha sido reconocido con mayor frecuencia, más por los filósofos que por los neurocientíficos, con una o dos excepciones importantes. Algunos de estos avances son de agradecer. Sin embargo, con demasiada frecuencia se desliza un proceso potencialmente traicionero en el propio trabajo, porque no es detectado. Lo que la ciencia hace realmente cuando presenta sus descubrimientos no se examina: el proceso científico y el significado de sus hallazgos generalmente se dan generalmente por sentado. El modelo del cuerpo y por lo tanto del cerebro, como un mecanismo, está exento del proceso de escepticismo filosófico: lo que nos dicen se convierte en verdad. Y, dado que el cerebro se ha equiparado a la mente, la mente también se convierte en un mecanismo. La visión filosófica del mundo se pone en consonancia con esto, y pone de manifiesto - la verdad del modelo mecanicista aplicado al cerebro y a la mente. Como resultado, en un espectacular secuestro, en lugar de un proceso de moldeamiento mutuo, por el que la filosofía interroga a la ciencia, y la ciencia informa a la filosofía, la visión naif del mundo de la ciencia ha tendido por defecto a dar forma y dirigir lo que se ha llamado "neurofilosofía".

Si el mundo del hemisferio izquierdo y el mundo del hemisferio derecho están presentes en la mente y forman aspectos coherentes de la experiencia, ¿no deberíamos encontrar que las incompatibilidades resultantes se reflejen en la historia de la filosofía? Los hemisferios tienen diferentes respuestas a la pregunta fundamental, “¿Qué es el conocimiento?", tal y como se ha expuesto en el capítulo anterior y, por lo tanto, diferentes "verdades" sobre el mundo. Así que, a primera vista, sí. Pero el enfoque por defecto de la filosofía es el del hemisferio izquierdo, ya que es a través del lenguaje denotativo y el análisis lineal y secuencial por el que fijamos las cosas y las hacemos claras y precisas, y fijarlas y hacerlas claras y precisas equivale a ver la verdad, de acuerdo con el hemisferio izquierdo. Y dado que el tipo de atención que se presta dicta el mundo que se descubre, y las herramientas que se utilizan determinan lo que se encuentra, no es sorprendente que la visión filosófica de la realidad reflejara las herramientas que se utilizan, las del hemisferio izquierdo, y concibiera el mundo según líneas analíticas, y puramente racionalistas. Sería poco probable que la filosofía pudiera ir más allá de sus propios términos de referencia y de su propia epistemología; y así, la respuesta a la pregunta de si la historia de la filosofía podría reflejar las incompatibilidades de los hemisferios es - probablemente, no.

Sin embargo, si hubiera evidencias de que, a pesar de esto, los filósofos se han sentido cada vez más impelidos a tratar de dar cuenta de la realidad del hemisferio derecho, en lugar de la del izquierdo, esto sería de extraordinaria importancia. Hay que admitir que tratar de lograrlo utilizando las herramientas convencionales de la filosofía sería un poco como intentar volar con un submarino, teniendo que realizar ingeniosas adaptaciones en el diseño para poder elevarse unos pies por encima del agua. Las dificultades para el éxito serían enormes, pero el mero hecho de intentarlo indicaría que había algo que obligaba a hacer el intento de ir más allá de los términos de referencia normales. Esta sería una evidencia mucho más sólida de la realidad última del mundo del hemisferio derecho que cualquier volumen de filosofías que confirmaran la realidad del hemisferio izquierdo, lo cual sería solo lo esperado.

Lo que argumentaré en este capítulo es que precisamente tal desarrollo se ha producido en la filosofía, y que ha sido evidente en el trabajo de los filósofos más influyentes de nuestra época. Tal evolución me parece tan sorprendente como la evolución de las matemáticas y la física desde la década de 1880, a la que en algunos aspectos importantes es paralela. No es de extrañar que el método científico condujera durante mucho tiempo a una visión del universo - el del universo newtoniano - que reflejaba los principios del método científico. Pero cuando empezó a obtener conclusiones incompatibles con el modelo asumido por su método, un universo "paradójico", fue el hallazgo más revelador. A finales del siglo XIX, Georg Cantor se debatía con la idea de que existía una necesaria incertidumbre e incompletud en el ámbito de las matemáticas. El infinito ya no era domesticable convirtiéndolo en un concepto abstracto, dándole un nombre, y luego continuando como si fuera un número más. Llegó a la constatación de que no hay un solo "infinito", sino una infinidad de infinitos, más allá de todo lo que podemos captar o representar, algo que era real, que no se limitaba a llevar las series "hasta donde llegaran", sino que iba más allá; algo de otra naturaleza que las series con las que intentaba alcanzarlo, y que, en principio, nunca podría ser alcanzado por ningún tipo de proceso cognitivo conocido. Su contemporáneo Ludwig Boltzmann introdujo el tiempo y la probabilidad en el ámbito intemporal y seguro de la física, mostrando que ningún sistema puede ser perfecto; los teoremas de incompletitud, de Kurt Gödel demostraron que eso, siempre sería así inevitablemente, que siempre habrá verdades dentro de cualquier sistema que no puedan ser probadas en los términos de ese mismo sistema. La "interpretación de Copenhague" de la mecánica cuántica de Niels Bohr y el Principio de incertidumbre de Werner Heisenberg establecieron un universo en el que la incertidumbre es el núcleo, no solo un producto de la imperfección humana, que se remediaría con el tiempo por los avances en el aprendizaje, sino que está en la propia naturaleza de las cosas. Aunque la visión interna o la intuición que los llevó a estos descubrimientos procedió, según sugiero, desde el hemisferio derecho o en todo caso, desde ambos hemisferios trabajando juntos, sus conclusiones se derivaron claramente de procesos del hemisferio izquierdo, de la lógica del análisis secuencial. No obstante, estos desarrollos transformadores, validaron el mundo proporcionado por el hemisferio derecho, no el del izquierdo.

Volviendo a la filosofía y al cerebro, deberíamos esperar que se iluminen mutuamente: la filosofía debería ayudarnos a comprender la naturaleza del cerebro, y la naturaleza del cerebro debería ayudar a iluminar los problemas filosóficos. En este sentido, hay tres cuestiones en particular que merecen ser planteadas. ¿Lo que sabemos sobre los hemisferios, tiene algo que ofrecer para esclarecer un debate filosófico? De igual manera, ¿ayuda la filosofía a dar sentido a las diferencias entre los hemisferios que sabemos que existen?  Y ¿qué pueden decirnos las respuestas a ambas preguntas sobre la naturaleza del cerebro?

La primera pregunta nos lleva de inmediato a aguas profundas. Los propios filósofos pueden ser los mejores jueces, y los temas son tan extensos y complejos como la propia mente. Sin embargo, se pueden proponer naturalmente algunas posibles áreas de debate.

En la filosofía Occidental, durante gran parte de los últimos dos mil años, la naturaleza de la realidad se ha tratado en términos de dicotomías: real frente a ideal, sujeto frente a objeto. Con el tiempo, los significados de los términos, y algunas veces los términos mismos, han cambiado, y la constante necesidad de trascender tales dicotomías ha llevado a modificaciones y calificaciones de la clase de realismo o idealismo, del tipo de objetivismo o subjetivismo, pero la cuestión esencial, ha permanecido: ¿cómo se conectan el mundo y nuestras mentes? Dado que nuestro mundo es traído a la existencia por los dos hemisferios, y que constituyen la realidad de maneras profundamente diferentes, parecería probable que algunas de estas dicotomías puedan ser iluminadas por las diferencias entre los mundos que cada uno de los hemisferios cerebrales trae a la existencia.         

Esto no tiene nada que ver con la idea de que, por ejemplo, un hemisferio podría ser subjetivo y el otro objetivo. Eso es obviamente falso. Se trata más bien de que la filosofía en Occidente es esencialmente un proceso del hemisferio izquierdo.2 Es verbal y analítica, requiere un pensamiento abstracto, descontextualizado, y desencarnado, trata con categorías, le interesa la naturaleza de lo general más que de lo particular, y adopta un enfoque secuencial y lineal de la verdad, construyendo el edificio del conocimiento a partir de las partes, ladrillo a ladrillo. Si bien esta caracterización no es cierta para la mayoría de los filósofos presocráticos, particularmente Heráclito, si lo es para la mayoría de los filósofos en Occidente, desde Platón hasta llegar al siglo XIX, época en que, por ejemplo, Schopenhauer, Hegel y Nietzsche comenzaron a cuestionar las bases sobre las que la filosofía hizo sus avances. La filosofía es naturalmente afín a la versión del mundo del hemisferio izquierdo, en la que divisiones como la que hay entre sujeto y objeto parecen especialmente problemáticas. Pero estas dicotomías pueden depender de una determinada visión del mundo, naturalmente dicotomizadora, del tipo "lo uno/o lo otro" y pueden dejar de ser problemáticas en el mundo proporcionado por el hemisferio derecho, donde lo que al hemisferio izquierdo le parece dividido está unificado, donde los conceptos no están separados de la experiencia, y donde es evidente el papel fundamentador de la "entreidad" en su constitución de la realidad. La clave de tales dicotomías filosóficas no reside, entonces, propongo, en la división entre los hemisferios, sino en la naturaleza del propio hemisferio izquierdo.

Si hubiera que caracterizar al hemisferio izquierdo en referencia a un principio rector, sería el de la división. La manipulación y el uso requieren claridad y fijeza, y la claridad y fijeza requieren separación y división. Lo que se está moviendo, sin fisuras, un proceso, se convierte en algo estático y separado - las cosas. Es el hemisferio de “lo uno/o lo otro”: la claridad genera límites bien definidos. Y así hace divisiones que pueden no existir según el hemisferio derecho. Al igual que un objeto en particular no es solo un manojo de propiedades percibidas "aquí, en mi interior", ni solo algo que subyace a ellas "fuera, en el exterior", el yo no es solo un manojo de estados o facultades mentales, ni, por otra parte, algo distinto que subyace a ellas. Es un aspecto de la experiencia que tal vez no tenga bordes nítidos.

Heráclito (como a los filósofos Orientales que influyeron en el pensamiento griego hasta Platón) no estaba perturbado por lo paradójico, ya que lo consideraba una señal de que nuestras formas ordinarias de pensar no son adecuadas para la naturaleza de la realidad. Pero más o menos al mismo tiempo en que el modo platónico de discurso, con su insistencia en la Ley del Tercero Excluido, 3 entró en juego - en otras palabras, cuando el pensar se convirtió en filosofía en el sentido establecido- la paradoja comenzó a erigirse en un foco de inquietud intelectual. Y así aparecieron algunas de las más famosas paradojas:

 

La paradoja de Sorites (del griego soros, un montón). Se cree que su origen está en Eubúlides de Mileto (c.350 a.C.) Si un grano de arena no es un montón, en ningún momento añadir un grano más, puede marcar la diferencia entre no ser un montón y ser un montón, ¿entonces, cómo puede ser que (por ejemplo, cuando se alcanzan 100.000 granos) se haya formado un montón?

La paradoja del Barco de Teseo. La escribió Plutarco en su Vida de Teseo:

La nave en la que regresaron Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y fue conservada por los atenienses hasta la época de Demetrio de Falero, pero se le fueron sacando los tablones viejos a medida que se deterioraban, poniendo en su lugar maderas nuevas y más resistentes, de tal manera que esta nave se convirtió en un ejemplo de referencia entre los filósofos, por la cuestión lógica de la identidad de las cosas que cambian; por una parte sosteniendo que la nave seguía siendo la misma y por la otra argumentando que ya no era lo misma.4

La referencia a Demetrio de Falero data de alrededor de 300 a.C. La "cuestión lógica de la identidad de las cosas que cambian" a la que se alude, es conocida habitualmente como el "argumento del crecimiento" y es la base de numerosas paradojas, como la paradoja de Crisipo, ya que, a medida que las cosas crecen, se añade o se pierde al menos alguna partícula, por lo que, según una interpretación, dejan de ser la misma entidad. En efecto, todos los seres vivos presentan este problema, el de una cosa que fluye, ya que siempre está en un estado de cambio y autoreparación. (Como diría el filósofo alemán Novalis, dos mil años después "No hay duda de que nuestro cuerpo es un río moldeado.")5

 

Las paradojas de Zenón. Se originaron con Zenón de Elea (c. 450 a.C.):

 

-      Aquiles y la tortuga. En una carrera en la que Aquiles le da ventaja a la tortuga, Aquiles nunca puede alcanzarla, porque primero tiene que llegar al punto donde la tortuga está, luego al punto que alcanzó la tortuga mientras que Aquiles llegó al punto de partida de la tortuga, y así hasta el infinito.

-      La dicotomía. Nunca podemos movernos en absoluto, porque primero tenemos que hacer la mitad del camino, y antes de eso, un cuarto del camino, y antes un octavo, y así hasta el infinito.

-      La flecha. Una flecha disparada a un blanco no puede moverse, porque, en un momento dado, la flecha está donde está o está donde no está. Si permanece donde está, entonces debe estar quieta, pero si se mueve a donde no está, no puede estar allí. Así que no puede moverse en absoluto.

 

La paradoja de Epimenides. Llamada así en honor a Epimenides de Cnosos (c.600 a.C.), un vidente cretense posiblemente mitológico, que escribió un poema o canción desenfadada en él que afirmaba que “los cretenses siempre son mentirosos"- algo que es falso si es verdadero, y verdadero si es falso. Pero parece que esto solo comenzó a parecer un verdadero problema cuando fue examinado retrospectivamente por escritores griegos posteriores.     

 

El surgimiento de la paradoja comienza a tener sentido si se tiene en cuenta los diferentes mundos que revelan los dos hemisferios. Se produce por una repentina intrusión de la visión de la realidad del hemisferio izquierdo, que entra en conflicto con la del hemisferio derecho.

Por ejemplo, la Paradoja de Sorites. Es el resultado de creer que una totalidad es la suma de las partes, y que se puede alcanzar mediante un proceso secuencial de agregación. Intenta relacionar dos cosas: un grano de arena y un montón de granos, como si esa relación fuera equivalente. También presupone que debe haber un montón o no haber un montón en un momento dado: "o lo uno/o lo otro" son sus únicas alternativas. Esta es la mirada del hemisferio izquierdo, y por supuesto conduce a la paradoja. Según el punto de vista del hemisferio derecho, se trata de un cambio de contexto y de la aparición de una Gestalt, una entidad que tiene límites imprecisos y que se reconoce como un todo: el montón se crea gradualmente y es un proceso, una "cosa" cambiante y en evolución (este problema está relacionado con el Argumento del Crecimiento). No tener en cuenta el contexto, la incapacidad de entender las formas de una Gestalt, una exigencia inadecuada de precisión donde no se puede encontrar, la ignorancia del proceso, es lo que lo convierte en una serie interminable de momentos estáticos: estos son signos del predominio del hemisferio izquierdo.

Igual pasa con La Nave de Teseo. También aquí el problema se debe a la creencia de que una totalidad es la suma de las partes y desaparece a medida que se cambian las partes. También existe la creencia de que necesariamente debe haber un "punto" en un proceso en el que la identidad cambia. El hecho de que este tipo de paradoja se conociera como el Argumento del Crecimiento (auxanomenos logos) demuestra que existe una dificultad para tratar con las formas vivas y cambiantes. Todo, una vez más, apunta a un predominio de la visión del hemisferio izquierdo sobre el del derecho.

Las paradojas de Zenón se basan igualmente en la adopción de la visión del hemisferio izquierdo de que todo movimiento que fluye en el espacio o en el tiempo puede determinarse en una serie de momentos o puntos estáticos que luego se pueden sumar para restituir el conjunto vivo. La fluidez "sin fisuras" del movimiento en el espacio o el tiempo, se "reduce" a una serie, parecido a la serie de fotogramas estáticos de una película de cine. Esto es lo que les sucede a los sujetos que sufren daños en el hemisferio derecho y desarrollan palinopsia. Esta fragmentación de la experiencia es también lo que subyace en la identificación errónea delirante, otro síndrome de déficit del hemisferio derecho, en él que la falta de fisuras, la esencia individual, de un ser vivo, se descompone en una serie de manifestaciones, que nos remite de nuevo al argumento del crecimiento: mi esposa, un día no es la misma persona que mi esposa al día siguiente.6

La Paradoja de los cretenses mentirosos es un poco diferente, pero también en este caso el problema se debe a que solo se confía en el hemisferio izquierdo para construir el mundo. Y lo hace con reglas y con precisión. Mientras tanto, el hemisferio derecho, como Aquiles en la vida real, supera a la tortuga del hemisferio izquierdo, en una zancada, sin esfuerzo: la pragmática del hemisferio derecho significa que sabemos exactamente lo que Epimenides quiere decir. No tenemos por qué obsesionarnos con las reglas. En el mundo real nada es absoluto, y así con una falta de pedantería apropiada al hecho de que su comentario proviene en realidad de un poema, y ​​probablemente tenga una intención humorística, es consciente de que es cretense, y entendemos que Epimenides se ha salido del encuadre por un momento, para echar un vistazo al pueblo al que pertenece. En la vida real, uno se encuentra con personas que se toman los comentarios humorísticos al pie de la letra, o que intentan laboriosamente reemplazar la comprensión mediante la aplicación de reglas absolutas y terminan en una paradoja, y que generalmente está en algún lugar del espectro de Asperger. Parece un fallo del hemisferio derecho como consecuencia de malentender el contexto, de falta de humor, de la falta de flexibilidad, o de la insistencia en la certeza que se obtiene por las reglas. Lo que esta paradoja también ilustra es que cualquier sistema cerrado y autorreferencial que el hemisferio izquierdo conciba, si se toma estrictamente en sus propios términos, auto explotará: hay un miembro del sistema que no puede ser acomodado por el propio sistema.7 Pero siempre hay una ruta de escape de la sala de los espejos, si uno mira con suficiente atención.

Paradoja significa, literalmente, un hallazgo contrario a la opinión o a la expectativa aceptada. Esto nos alerta inmediatamente, ya que el que el proveedor de opiniones y expectativas aceptables es el hemisferio izquierdo. Lo cito como una señal de que nuestras formas comunes de pensar, las del hemisferio izquierdo, no son adecuadas para la naturaleza de la realidad. ¡ya que - ¡cuidado! aquí parece que el hemisferio izquierdo, con su dependencia de la aplicación de la lógica, está afirmando lo contrario: que es la realidad la que es inadecuada para nuestras formas ordinarias de pensar. Contrariamente a la opinión admitida, afirma que la flecha no se mueve, que Aquiles no puede superar a la tortuga, que nunca puede haber un montón de arena, que después de todo la nave de Teseo no es realmente la misma nave, y que Epimenides estaba inevitablemente diciendo tonterías. En otras palabras, su comprensión de la paradoja es - no la de que debe de haber un problema al aplicar este tipo de lógica al mundo real - sino que el mundo real no es como creemos que es, porque la lógica lo dice. Esto parece una interesante usurpación, un intercambio de roles, con una nueva distribución que redefine quién es el Maestro y quién el Emisario.8

Los problemas que surgen si vemos el mundo como un proceso, siempre en flujo, o como una serie de entidades estáticas y acabadas, han persistido inevitablemente en la filosofía. En la Edad Media se reconocía en la distinción entre el mundo visto como natura naturans, la naturaleza "natural", haciendo lo que la naturaleza hace, un proceso en constante evolución, y en ese grado incognoscible, y natura naturata, la naturaleza "naturalizada", un algo terminado, perfecto, (lo que siempre implica un tiempo pasado, una detención del flujo del tiempo), estático, cognoscible. Spinoza fue uno de los pocos filósofos, entre Platón y Hegel, aparte de Pascal, que tuvo un fuerte sentido del mundo del hemisferio derecho.9 Para él, esta distinción, comprensiblemente, tenía una importancia particular; también entendió de manera preeminente la forma en que lo universal se alcanza solo a través de lo particular; "cuanto más entendemos las cosas individuales, más entendemos a Dios."10

Pero el área en la que los hemisferios y la filosofía pueden iluminarse mutuamente, algo que es de interés principal en este libro, es el de la relación de la mente con el mundo. Solo por la inmensidad de este tema, quiero acotarlo y pasar a mirar las cosas desde el otro extremo del proceso, y tratar mi segunda pregunta, qué puede decirnos la filosofía que nos ayude a entender las diferencias entre los hemisferios.

Así que regresemos al punto principal de las diferencias hemisféricas, la división frente a la cohesión. Desde la notoria división cartesiana entre sujeto-objeto, la filosofía ha peleado con el espectro del solipsismo. Conocer algo es encontrarse con lo otro, y conocerlo como algo separado de nosotros mismos. Si de lo único que estoy seguro es de mi propia existencia (cogito ergo sum), ¿cómo se puede cruzar la brecha? Para el solipsista, no hay nada que encontrar, ya que todo lo que conocemos proviene únicamente de nuestra propia mente; según Wittgenstein, el solipsista es como alguien que intenta hacer que el coche vaya más rápido empujando desde el interior del salpicadero. Aquí también se da una paradoja: la posición se autodestruye, en la medida de que exige otra mente, otra conciencia que pueda representar al solipsista (como el amo de Hegel necesita al esclavo para ser un amo): utilizar el término "yo" requiere la posibilidad de que haya algo que sea “no-yo" - de lo contrario, en lugar de "todo lo que es, es mío", solo obtenemos el vacuo "todo lo que es mío, es mío".11

Como ha demostrado Louis Sass en relación con el mundo de la esquizofrenia, la  subjetividad solipsista por un lado (con su fantasía de omnipotencia) y la objetividad alienada por el otro (con su fantasía relacionada de impotencia) tienden a colapsarse entre sí, y son meras facetas del mismo fenómeno: ambas implican aislamiento en lugar de conexión.12  El intento de adoptar la visión del ojo de Dios, o la "visión desde ninguna parte" en la famosa frase de Thomas Nagel, la posición pretendida por el objetivismo, es tan vacía como el solipsismo, y en última instancia es indistinguible de esta, en sus consecuencias: la "visión desde ninguna parte" pretende equipararse a una "visión desde todas partes".13  Lo que es diferente es la "visión desde alguna parte". Todo lo que conocemos solo puede ser conocido desde un punto de vista individual, ya sea bajo uno u otro aspecto de su existencia, nunca en su totalidad o perfección.14 Igualmente, lo que llegamos a conocer no consiste en cosas, sino en relaciones, cada entidad aparentemente separada cualifica a las otras con las que se relaciona. Pero esto no implica que no pueda haber un mundo de experiencia compartido constituido de forma fiable. El hecho de que no experimentemos exactamente el mismo mundo no significa que estemos condenados a no encontrarnos en mundo alguno. No podemos refugiarnos en fantasías ni de omnipotencia ni de impotencia. La dura verdad es menos grandiosa: que existe algo aparte de nosotros mismos, sobre el que podemos influir en algún grado. Y la evidencia es que cómo lo hacemos importa.

 

DEWEY Y JAMES: CONTEXTO Y NATURALEZA DE LA VERDAD

Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, los filósofos pragmáticos estadounidenses, John Dewey y William James, de diferentes maneras, comenzaron a mostrar su insatisfacción con el enfoque atomista y racionalista de la filosofía y la abstracción que necesariamente conllevaba. Dewey escribió:

 

Pensar es siempre pensar, pero el pensamiento filosófico se encuentra, en general, en el extremo de la escala de distanciamiento respecto a la urgencia activa de situaciones concretas. Es por este hecho que el abandono del contexto es la falacia más acuciante del pensamiento filosófico… me atrevería a afirmar que la falacia más dominante del pensamiento filosófico se deriva de la ignorancia del contexto……la ignorancia del contexto es el mayor fracaso en el que puede incurrir el pensamiento filosófico.15

Si el proceso de la filosofía es entender el mundo, y en realidad las cosas siempre están inmersas en un contexto de relaciones con otras cosas que las alteran, no vas a tener éxito en entenderlas si comienzas por sacarlas del contexto. "No somos conscientes explícitamente del papel del contexto porque cada uno de nuestros enunciados está tan saturado de él que conforma el significado de lo que decimos y escuchamos".16 Aquí Dewey se refiere a la naturaleza implícita del mundo del hemisferio derecho, su insistencia en la importancia del contexto y la importancia fundamental de la pragmática del hemisferio derecho para dar un sentido a "lo que decimos y escuchamos". Y el contexto implica tanto cambio como proceso:

 

Considerar al organismo en la naturaleza, al sistema nervioso en el organismo, al cerebro en el sistema nervioso, a la corteza en el cerebro es la respuesta a los problemas que acechan a la filosofía. Y cuando se vean así, se verá que están, no como están las canicas en una caja, sino como están los acontecimientos en la historia, en un proceso en movimiento, en crecimiento, que nunca termina.17

Dewey y James abordaron el problema de cómo se puede conocer la verdad en un mundo donde las cosas varían según el contexto, y parte de ese contexto es la propia naturaleza de la mente que lleva a cabo el conocimiento. "Las cualidades nunca estuvieron ‘en’ el organismo; ellas siempre fueron cualidades de las interacciones en las que participan tanto las cosas extra-orgánicas como los organismos".18 James, como Dewey, veía que había un algo otro a nosotros mismos, y que, por lo tanto, a pesar de la imposibilidad de una objetividad "desconectada", la verdad sobre ello era importante:

 

La tan alabada evidencia objetiva nunca está triunfalmente ahí; es una mera aspiración o Grenzbegriff [límite o noción ideal] que marca el ideal infinitamente remoto de nuestra vida pensante.... [Pero] cuando como empiristas renunciamos a la doctrina de la certeza objetiva, no renunciamos por ello a la búsqueda o esperanza de la verdad misma. Seguimos confiando en su existencia, y seguimos creyendo que lograremos una posición cada vez mejor hacia ella si continuamos sistemáticamente recopilando experiencias y pensando. Nuestra gran diferencia con la escolástica radica en la forma de afrontarla. La fuerza de su sistema reside en los principios, el origen, el terminus a quo de su pensamiento; para nosotros la fortaleza está en el resultado, la conclusión, el terminus ad quem. No se trata de decidir de dónde viene, sino a que nos conduce.19

Este comentario de James ilustra la diferencia entre las dos aproximaciones al conocimiento o a la comprensión, de los dos hemisferios. Según el hemisferio izquierdo, la comprensión se construye a partir de las partes; se comienza con una certeza, se coloca otra al lado y se avanza como si se construyera un muro, de abajo hacia arriba. Considera que hay pruebas objetivas de la verdad respecto a una parte, ajenas al contexto del conjunto que se va a constituir. Según el hemisferio derecho, la comprensión se deriva del conjunto, ya que solo a la luz del conjunto se puede entender verdaderamente la naturaleza de las partes. Un proceso es empujado desde atrás (desde el terminus a quo), el otro es atraído desde adelante (hacia el terminus ad quem). Según esta última visión, la del hemisferio derecho, la verdad es siempre provisional, pero eso no significa que uno deba "renunciar la búsqueda o la esperanza de la verdad misma".

Dewey también estaba insatisfecho con la idea de que el conocimiento fuera un proceso pasivo, según el cual había verdades claras y evidentes "ahí fuera" a las que se podía acceder, mediante un proceso en el que la mente y la imaginación humana no tenían que desempeñar un papel activo. En sus conferencias de Gifford en 1929, tituladas, La búsqueda de la certeza, "afirmaba que el debate en la filosofía había descansado, desde la década de 1630 [la época de Descartes] en una visión demasiado pasiva de la mente humana y en exigencias inadecuadas de certeza geométrica".20  Deploraba la teoría resultante de un "espectador” del conocimiento, “la concepción tradicional, según la cual la cosa a conocer es algo que existe antes y totalmente aparte del acto de conocer".21

Este tema fue retomado por los filósofos alemanes y franceses de la tradición fenomenológica. Es con ellos que las cosas dieron un paso notable, casi imprevisible, y es a ellos a quienes me dirijo ahora. Mi intención al hacerlo no debe ser mal interpretada. No se trata de afirmar que estos filósofos estén "en lo cierto" - aunque creo que revelan verdades importantes sobre nosotros mismos y el mundo, conocidas por otras tradiciones, que hasta hace poco se habían perdido completamente de vista en la filosofía Occidental. En la filosofía siempre hay puntos de vista diferentes, y la discusión literalmente no tiene fin. Siempre habrá quien no esté convencido de lo que estos filósofos parecen haber visto y tratado de transmitir. No – mi argumento es que estos filósofos, ninguno de los cuales pudo tener acceso a lo que ahora sabemos sobre las diferencias entre los hemisferios, se vieron obligados, sin saberlo, a deducir la realidad e importancia última del mundo del hemisferio derecho, a pesar de que cada uno partiera de las premisas y herramientas de la filosofía, con su tendencia inherente hacia el modo de pensar del hemisferio izquierdo.

 

HUSSERL Y LA IDEA DE LA INTERSUBJETIVIDAD

Edmund Husserl nació en Moravia en 1859 y comenzó estudiando matemáticas, física y astronomía, aunque cada vez más se fue interesando por la relación entre la psicología y la filosofía. Sus principales obras fueron publicadas durante el cambio de siglo y la segunda Guerra Mundial (murió en 1938); al igual que Wittgenstein, su posición filosófica evolucionó drásticamente, y sus últimas obras abordan los problemas del racionalismo en un mundo constituido en parte por la conciencia humana. Fue el primero, y quizá el único, fenomenólogo verdadero en el sentido más estricto, aspiraba a estudiar la conciencia y la experiencia consciente (los fenómenos) de manera objetiva, pero, no obstante desde una perspectiva en primera persona, en lugar de en tercera persona. Utilizó determinados tipos de experimentos mentales, llamados "reducciones" (nada que ver con el reduccionismo), en un intento minucioso de llegar a las cosas tal como son en sí mismas, con el fin de trascender todos los marcos teóricos preconcebidos, así como la división sujeto-objeto. Dado que la fenomenología ha sido la principal influencia en la filosofía europea del siglo XX, Husserl, como su fundador, es considerado por lo general como uno de los pensadores más influyentes de nuestra época. Heidegger, Merleau-Ponty, Scheler y muchos otros son a menudo llamados fenomenólogos y Hegel, un siglo antes, ha sido considerado como un precursor.

Aunque Husserl traía una formación en la filosofía cartesiana y en la metodología de la ciencia para abordar los fenómenos mentales, se dio cuenta de que esta filosofía y esta metodología fallaban a la hora de dar cuenta de la naturaleza de la experiencia. Según Husserl, las raíces de la crisis europea del modernismo se encontraban en el "verirrenden Rationalismus" y en la “Blindheit für das Transzendentale":22 una especie de racionalismo enloquecido y de una ceguera a lo trascendental. En su filosofía posterior, Husserl aspiraba a trascender la aparente dualidad entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el realismo y el idealismo, que tanto había preocupado a la filosofía desde Platón: enfatizando el papel que desempeña en la construcción del mundo la empatía, la capacidad no solo de ponerse en la piel del otro sino, sobre todo, de sentir lo que el otro está sintiendo.23 Llegó a la conclusión de que existía una realidad objetiva, que estaba constituida por lo que llamó intersubjetividad. Esta sucedía a través de la experiencia compartida, que se hace posible en nosotros por nuestra existencia encarnada junto a otros individuos encarnados.24 Distinguió las dos formas en que conocemos el cuerpo: como un objeto material (körper), junto con otros objetos en el mundo y, en ese sentido, ajeno a nosotros, y la manera en que lo experimentamos como algo no solo vivo, sino vivido (Leib), desde dentro, por así decirlo. Cuando vemos a otros comprometidos en la acción en el mundo, los sentimos a ellos como leibhaft como si compartiéramos con ellos nuestra conciencia de la existencia encarnada.25      

En este énfasis en el cuerpo, en la importancia de la empatía y la intersubjetividad (que forma parte de lo que entiendo por "entreidad"), Husserl está afirmando el papel esencial que desempeña el hemisferio derecho en la constitución del mundo en el que vivimos. Él también subraya la importancia del contexto: las cosas solo son lo que son porque se encuentran en el entorno en el que se encuentran y están conectadas a todo aquello a lo que están conectadas. Esto plantea el espectro de la circularidad epistemológica, ya que lograr la comprensión de cualquier cosa depende de la comprensión del conjunto; y las herramientas del lenguaje y del análisis lógico nos sacan del contexto, nos devuelven al conjunto de conceptos familiares que, si uno es un filósofo, está constantemente tratando de trascender mediante el análisis del lenguaje. Ese era el propósito de lo que él llamaba las reducciones fenomenológicas. Su propio enfoque es lineal, pero le obliga a reconocer la incómoda verdad que se muestra en las manos de Escher. El mundo surge de un proceso circular que da vueltas y busca sus orígenes, más parecido a una imagen que se ve de golpe, que como un recorrido lineal hacia un objetivo: por un proceso del hemisferio derecho, en otras palabras, más que por uno del izquierdo.

El hecho de que la empatía con los otros fundamenta nuestra experiencia no solo de ellos, sino de nosotros mismos y del mundo, se ha visto confirmado por la investigación psicológica en los últimos años. Uno podría pensar, al modo cartesiano, que atribuimos una "interioridad" a los demás sobre la base de que reconocemos primero nuestros propios sentimientos, los vinculamos a las expresiones externas, a las afirmaciones y acciones que hacemos simultáneamente con esos sentimientos, y luego, cuando vemos esas mismas expresiones en los demás, les atribuimos los mismos sentimientos por una especie de analogía lógica con nosotros mismos. Pero la psicología del desarrollo muestra que esta es una suposición falsa. La dirección en la que funciona no parece ser desde el interior de nuestros yoes (separados) hacia el interior de los otros (separados), sino desde la experiencia compartida hacia el desarrollo de nuestra propia interioridad y la de los demás. No necesitamos aprender a establecer el vínculo entre nosotros mismos y los demás, porque aunque somos individuales no estamos inicialmente separados, sino que somos intersubjetivos en nuestra conciencia.26 Como ha dicho un filósofo de la mente, reflexionando sobre la relevancia de la fenomenología para la neurociencia, comenta,

 

hay una notable convergencia entre estas dos tradiciones, no solo en el tema de la intersubjetividad, sino en prácticamente todas las áreas de investigación dentro de la ciencia cognitiva, como ha sido discutido por un número creciente de científicos y filósofos. En el caso de la intersubjetividad, gran parte de la convergencia se centra en la constatación de que la conciencia de uno mismo como individuo encarnado en el mundo está fundada en la empatía - en la cognición empática de uno con los otros y en la cognición empática de los otros con uno mismo.27

De nuevo, el proceso es circular (o como una espiral), en lugar de lineal.

El hemisferio izquierdo no se deja asombrar por la empatía: su preocupación es maximizar el beneficio para sí mismo, y su valor de referencia es la utilidad. En consecuencia, los filósofos de la tradición angloamericana, en mayor o menor medida ajenos a los fenomenólogos europeos, se han mostrado desconcertados por el comportamiento altruista. Han tenido que recurrir a complejas formulaciones lógicas que desafían el sentido común y la experiencia, para explicar un comportamiento, que obviamente es producto de un cuidado y atención, como algo en última instancia egoísta (a pesar de que El Dilema del Prisionero, véase más adelante, parece demostrar que la persona racional en realidad no debería actuar de manera egoísta, otra paradoja que ilumina uno de los puntos "gódelianos" dentro del sistema del hemisferio izquierdo). Naturalmente, hay formas de considerar lógicamente este tipo de problemas de lógica. Se añaden más y más clausulas rebuscadas, más bucles autorreferenciales, que recuerdan mucho a los epiciclos sobre epiciclos que añadían los astrónomos prekeplerianos a las órbitas planetarias para "salvaguardar los fenómenos". Es como el intento de trazar una curva usando solo líneas rectas: se añaden más y más, aproximándose cada vez más a la curva, en una complejidad infinita, sin que las líneas lleguen nunca a su objetivo, quedándose siempre fuera de la curva - algo que una mano diestra podría haber trazado en un solo movimiento. O como una compleja construcción de engranajes para producir un simulacro de persona viva, existiendo siempre, por mucho que se acerque a su objetivo, incluso de forma exquisita, algo más que le falta.

El Dilema del Prisionero es un problema que será familiar a muchos lectores, y que tiene su origen en un aspecto de los modelos económicos y sociales conocido como Teoría de juegos, y que fue presentado por primera vez por Flood y Dresher en 1950.28 El planteamiento es el siguiente. La policía sospecha que dos individuos, A y B, son autores de un delito grave, pero no tienen suficientes pruebas para inculparlos. Arrestan a los sospechosos y los interrogan por separado. A cada uno de ellos se le dice que, si testifica a favor de acusar al otro, y el otro permanece en silencio, saldrá libre y el otro recibiría la pena máxima de 10 años de cárcel. En el caso de que ambos guarden silencio, la policía solo podrá formular una acusación mucho menor, por lo que cada uno cumpliría seis meses. Si cada uno delatara al otro, cada uno recibiría una sentencia de dos años. Ninguno de los prisioneros está en condiciones de saber lo qué hará el otro. ¿Cómo deberían responder cada uno - guardando silencio o delatando al otro (por defecto)? Sus opciones se resumen a continuación.

                                                               B (guarda silencio)                                         B (delata)

A (guarda silencio)          A  condenado a seis meses                        A condenado a diez años             

B  condenado a seis meses                        B queda libre

A (delata)                           A queda libre                                                   A condenado a dos años

                                                               B condenado a diez años                             B condenado a dos años

 

La esencia del problema es que el mejor resultado para ambos es que cada uno permanezca en silencio, y que cada uno cumpla sus seis meses (opción superior izquierda). Pero, si cada uno se comporta de manera racional, terminarán haciéndolo peor: cada uno acusará al otro y ambos terminarían cumpliendo dos años (opción inferior derecha). La razón de esto es clara, A no sabe qué hará B, por lo que sopesa sus opciones. Si B se calla, para A, lo mejor es acusarle: saldrá libre, en lugar de cumplir seis meses en la cárcel. Si, por el contrario, B le acusa, A todavía le irá mejor acusarle, ya que le caerán dos años en lugar de 10 años. Así que pase lo que pase, es mejor que le acuse. Y, por supuesto, al ser la situación simétrica, B razonará de manera similar: por lo tanto, están atrapados en la esquina inferior derecha del diagrama, mientras que ambos estarían mejor en la parte superior izquierda.

A medida que se repite el juego, se pueden hacer varios intentos de anticipar lo que el otro puede estar pensando, lo que afecta al resultado. Por ejemplo, A puede aprender por experiencia que ninguno de los dos puede salir de esta trampa a menos que esté dispuesto a confiar y asumir un riesgo. Así que puede comportarse de manera altruista en la próxima ronda. Si B también lo hace, ambos serán recompensados. Si B no lo hace, A puede decidir no hacer el tonto en la tercera ronda, sino castigar a, A acusándole la próxima vez. Incluso si B hace lo recíproco en la segunda ronda, A puede decidir testificar en la tercera ronda, con la expectativa de que B pueda continuar en reciprocidad, para ventaja de A. Evidentemente, hay un número infinito de situaciones y enredos de este tipo que se pueden plantear, pero que solo se tratan en escenarios artificiales por los informáticos y filósofos. En el mundo real, nos damos cuenta de que, en pocas palabras, no podemos llegar a ninguna parte a menos que estemos dispuestos a asumir un riesgo y a confiar. El cálculo no es útil, y es reemplazado por un gesto de bondad en la mayoría de las personas en las que la corteza orbitofrontal derecha, la base de la empatía, sigue funcionando correctamente. En el caso de individuos muy poco empáticos, como los psicópatas, en quienes esta parte del cerebro es defectuosa y, por lo tanto, les falta este sentido del mundo, se dedicarán, como los filósofos, a los cálculos.29

La mayoría de los sujetos en el Dilema del Prisionero prefieren la cooperación mutua a la acusación unilateral, aunque el dilema esté planteado de tal forma que aparentemente sea de su interés el acusar, independientemente de lo que haga el otro jugador.30 Parece que no buscamos simplemente maximizar nuestra ventaja material a expensas de los demás, y esto no se explica por un razonamiento de prudencia "egoísta". El altruismo es una consecuencia necesaria de la empatía: sentimos los sentimientos de los demás, nos implicamos en su ser. Los grandes simios son capaces de empatía y pueden ser altruistas: por ejemplo, Binti Jua, un gorila del zoológico de Brookfield en Chicago, salvó a un niño que había caído en su recinto31. Perros que han convivido con humanos pueden actuar de maneras que no están impulsadas ​​ni por instinto ni por ningún interés concebible, y que serían consideradas altruistas si ocurriera en humanos: no pueden estar haciendo ningún tipo de cálculo. ¿Por qué no deberíamos también nosotros ser capaces de actos de amor?

 

Debemos recordar que, en los mamíferos, los mecanismos de vinculación social se basan en el aprendizaje y son sin duda más dominantes que los mecanismos innatos de "reconocimiento de parentesco". Podemos aprender a amar a otros animales…. la adquisición de un comportamiento  de cuidado deja una huella aparentemente indeleble en la forma de estar en el mundo de una criatura.32

El altruismo en los seres humanos va mucho más allá de lo que ocurre en el mundo animal, y también más allá de lo que se denomina "altruismo recíproco" en el que nos comportamos "altruistamente" desde la expectativa calculada de que el favor será correspondido. Tampoco se trata de que los genes miren por sí mismos, a expensas del individuo; los seres humanos cooperan con personas con las que no están genéticamente emparentadas. También es mucho más que una mera cooperación basada en la importancia de mantener la propia reputación; cooperamos y ayudamos, a los que apenas conocemos, aunque sepamos que nunca volveremos a encontrarlos y que no pueden recompensarnos de ninguna manera. La posibilidad de una futura reciprocidad puede, por supuesto, influir en las decisiones, allí donde se vea viable, pero no es fundamental para el fenómeno.33

Es la mutualidad, no la reciprocidad, el sentimiento de compañerismo, no el cálculo, lo que constituye tanto el motivo como la recompensa para una cooperación exitosa. Y el resultado, en términos utilitarios, no es lo importante: lo que importa es el proceso, la relación. A nivel neurológico, sabemos que en las situaciones experimentales en las que se utiliza el Dilema del Prisionero, los sujetos que llegan a la cooperación mutua con otro individuo humano muestran actividad en áreas del cerebro asociadas al placer (parte del sistema mesolímbico dopaminérgico, incluyendo el cuerpo estriado y la corteza orbitofrontal); sin  embargo, no ocurre igual en una situación en la que se lleva a cabo una apariencia de "cooperación mutua" con una computadora programada en lugar de con una persona viva. También es interesante que, cuando se juega con un compañero humano, la mayoría de las regiones que se muestran especialmente implicadas en la cooperación son las del lado derecho, mientras que con una máquina como compañero son principalmente las regiones del lado izquierdo (me importa un bledo la empatía, los dos queremos ganar).34 Y en caso de que alguien piense que la empatía necesariamente significa ser blando con los demás, esas regiones del lado derecho incluyen el núcleo caudado derecho, un área que se sabe que está involucrada en el castigo altruista por deserción.35

 

MERLEAU-PONTY: EMPATÍA Y CUERPO

La discusión sobre la empatía me obliga a salirme de la secuencia cronológica para analizar la filosofía de Maurice Merleau-Ponty, ya que el papel que desempeña la empatía y el cuerpo en la construcción de la realidad es central en su pensamiento. Nació en 1908, y sus principales obras se publicaron en francés entre los años de la guerra y la década de los sesenta, con traducciones al inglés que en la mayoría de los casos tardaron de diez a veinte años en llegar: sería difícil exagerar su influencia en la filosofía, la psicología y la crítica del arte desde la segunda mitad del siglo XX en adelante. Fue uno de los muchos pensadores que se vieron influidos por la filosofía de la intersubjetividad de Husserl.

Merleau-Ponty escribió sobre la reciprocidad de la comunicación que "es como si las intenciones de la otra persona habitaran en mi cuerpo y las mías en el suyo".36 El concepto de lo que podríamos llamar el "cuerpo vivido", la sensación del cuerpo no como algo que vivimos en nuestro interior, ni siquiera como una extensión de nosotros mismos, sino como un aspecto de nuestra existencia que es fundamental a nuestro ser, podría considerarse el fundamento último de la filosofía de Merleau-Ponty. Recapituló la visión de Henri Bergson de que la propia experiencia de ser humano está inmersa en el mundo, con el cuerpo como mediador, y sostuvo que el cuerpo humano es el medio por el que la conciencia y el mundo están profundamente interrelacionados y comprometidos entre sí. Para Merleau-Ponty, el "objeto" de la percepción no puede considerarse de forma aislada, porque en realidad está inmerso en un contexto, el nexo de relaciones entre las cosas existentes que le dan sentido dentro del mundo. Por lo tanto, ningún objeto existe independientemente de los demás, sino que refleja una parte de cualquier otra cosa con la que coexiste y, a su vez, se refleja de forma similar en ellas. Esto se relaciona con un sentido de la incompletitud intrínseca de la perspectiva disponible sobre cualquier entidad en un momento dado. Tales revelaciones parciales, "tomas” o Abschattungen (un término de Husserl, a menudo, infructuosamente traducido como “adumbraciones”), son una parte necesaria de la verdadera experiencia de cualquier cosa existente, que en última instancia existe en la totalidad de las perspectivas posibles. Tales visiones parciales no desautorizan, sino que tienden a confirmar, la existencia real de tal cosa; solo la representación de un ideal teórico podría pretender la completitud. Merleau-Ponty enfatizó específicamente la importancia de la profundidad como fundamento de tal experiencia en el mundo vivido, contrastando los diferentes aspectos, o Abschattungen, de un todo único, que se revelan en un objeto que tiene profundidad, con las partes que son todo lo que uno se encuentra cuando el objeto carece de profundidad.37

El hecho de que las relaciones entre "el sujeto y su cuerpo", y a su vez entre el cuerpo y el mundo, relaciones que constituyen el centro de las preocupaciones filosóficas de Merleau-Ponty, están suscritas por el hemisferio derecho es un conocimiento potencialmente disponible para cualquiera que haya atendido a pacientes que han sufrido un ictus. Y se hace evidente cuando algo va mal en el funcionamiento del hemisferio derecho. Esto se observó hace casi cincuenta años en un artículo ya clásico sobre las apraxias, síndromes neurológicos en los que hay una incapacidad para realizar una acción, a pesar de que no hay ningún deterioro de la función sensorial o motora. Sobre estas afecciones, Hécaen y sus colegas escribieron: "Es realmente notable que las apraxias que muestran una alteración de las relaciones entre el sujeto y su cuerpo o entre el cuerpo y el espacio circundante se encuentren en conexión con lesiones del hemisferio menor [es decir, el derecho]".38  Al mismo tiempo, cuando la cuestión es cómo utilizar un objeto, al menos si el uso es sencillo, la lesión suele estar en el hemisferio izquierdo; pero cuando no se trata de un uso sencillo, suele estar implicado el hemisferio derecho.39 Las apraxias constructivas, que dependen de la pérdida del sentido del conjunto, son más comunes y graves tras las lesiones del lado derecho.40 Para Merleau-Ponty, la verdad se alcanza a través del compromiso con el mundo, no a través de una mayor abstracción del mismo; lo general se encuentra a través de, y no a pesar de, lo particular; y lo infinito a través de, y no a pesar de, lo finito. En relación con el arte, el punto de vista de Merleau-Ponty, que concuerda con su experiencia, era que el artista no solo se limitaba a reflejar lo que existía ya, aunque fuera de forma novedosa, sino que en realidad "traía a la existencia una verdad" sobre el mundo que no existía antes, tal vez el mejor ejemplo de que lo universal se manifiesta a través de lo particular.41

El arraigo de nuestro pensamiento y lenguaje en el cuerpo que compartimos con los demás hace que, a pesar de que toda verdad sea relativa, esto no menoscabe en absoluto la posibilidad de una verdad compartida. Es la "conciencia primaria" del hemisferio derecho, junto a la conciencia corporal preconsciente del mundo, la que relaciona nuestra experiencia visceral y emocional con lo que sabemos del mundo.42 Esta posición ha sido corroborada más recientemente por Lakoff y Johnson, y una vez más el cuerpo es el mediador crucial:

 

La mente no está simplemente encarnada, sino que está encarnada de tal manera que nuestros sistemas conceptuales se basan en gran medida en la comunalidad de nuestros cuerpos y el entorno en el que vivimos. El resultado es que gran parte del sistema conceptual de una persona es universal o está muy extendido en todos los idiomas y culturas. Nuestros sistemas conceptuales no son totalmente relativos y no son una mera cuestión de contingencia histórica, aunque exista un cierto grado de relatividad conceptual y aunque la contingencia histórica tenga gran importancia...la verdad está mediada por la comprensión y la imaginación encarnadas. Esto no significa que la verdad sea puramente subjetiva o que no haya una verdad estable. Más bien, nuestra encarnación común permite que haya verdades comunes y estables.43

El papel de base de la experiencia que desempeña la empatía, la primacía que para Merleau-Ponty tiene la experiencia sobre el pensamiento conceptual (uno de sus ensayos se titula "La primacía de la percepción y sus consecuencias filosóficas"),44 su insistencia en el contexto y en el papel fundamental que desempeña el yo físicamente instanciado en el "cuerpo vivido" como requisito previo para-ser-en-el-mundo, el cuerpo vivido como medio de la experiencia intersubjetiva, la consiguiente importancia de la profundidad, que es la condición necesaria para la existencia encarnada, su énfasis en que la obra de arte da lugar a algo completamente nuevo, no solo a una redistribución de lo que ya existe, son todas ellas, en mi opinión, expresiones de la postura o disposición hacia el mundo del hemisferio derecho.

 

HEIDEGGER Y LA NATURALEZA DEL SER

Sin embargo, fue con la filosofía de Martin Heidegger que esta visión del mundo alcanzó su expresión más completa.45 Aquí hay que retroceder unos pocos años. Nacido en 1889 en el sur de Alemania, estaba destinado al sacerdocio, y sus primeros trabajos fueron sobre Aristóteles y Duns Escoto; pero empezó a darse cuenta de que nuestra forma de considerar al ser, como si fuera solo un atributo más de las cosas como otros atributos, o peor aún, una cosa al lado de otras cosas, conducía a un malentendido del mundo y de nosotros mismos. Su gran obra Sein und Zeit (“Ser y Tiempo”) fue publicada en 1927 y su importancia se reconoció de inmediato.  

Debido a que nuestro uso de un término como "ser" nos hace sentir que entendemos lo que es el ser, esto nos oculta la sensación de asombro radical que tendríamos si pudiéramos entenderlo realmente, y subvierte nuestros intentos de entenderlo. Me recuerda la percepción de Cantor de que tratar el infinito como otro tipo de número nos impedía comprender su naturaleza y, por lo tanto, la naturaleza del mundo. Pero al igual que eso no significa que debamos abandonar las matemáticas, la intuición de Heidegger no significa que debamos abandonar el lenguaje. Sólo significa que tenemos que estar en continua alerta para socavar el intento del lenguaje de socavar nuestra comprensión.

Aunque Heidegger tiene ardientes admiradores, igualmente que tiene ardientes detractores, y a pesar de la dificultad de sus escritos, no cabe duda de su importancia en todos los aspectos del pensamiento moderno: de hecho su influencia en todo el ámbito de las humanidades ha sido realmente profunda. Todo el impulso de Heidegger se aleja de la clara luz del análisis, y esto ha dado lugar a malentendidos. Mientras que algunos lo han admirado como un sabio filósofo-maestro, otros lo han vilipendiado como un ofuscador. Y aquellos interesados ​​en derribar los límites del mundo del sentido común le han adoptado como mentor. Creo que este intento, de los que llama, Julian Young “los ‘anarco-existencialistas’, para quienes toda interpretación de la realidad es una estructura de poder opresiva”, de anexar a Heidegger a su causa representa una farsa, una inversión casi total de lo que él defendía.46 Para Heidegger, el hecho de que nuestra aprehensión de lo que sea que es, tome parte en el proceso de que esa cosa llegue a ser lo que es, y que por lo tanto no haya una única verdad sobre nada que exista, no significa que cualquier versión de una cosa sea válida o que todas las versiones sean igualmente válidas. Como dice Eric Matthews, hablando de las reflexiones de Merleau-Ponty sobre las obras de arte:

 

Debido a que el soporte de la obra resultante no tiene un lenguaje de referencia convencional, cualquier significado que tenga no será expresable en otros términos que los de la propia obra. Sin embargo, no se trata de un significado arbitrario: el hecho de que no podamos dar una traducción “correcta” en otro soporte, no significa que podamos dar a la obra cualquier significado que queramos.47

Y esto no se aplica solo a las obras de arte. Las cosas no son lo que queramos hacer de ellas. Hay algo que existe aparte de nuestras propias mentes, y nuestro intento de aprehender lo que sea que es, tiene que ser verdadero, fiel a ese algo, sea-lo-que-sea que existe y al mismo tiempo, ser fiel a nosotros mismos al hacer esa aprehensión. Que no haya una sola verdad no significa que no haya verdad.

Hablar acerca de la verdad suena demasiado grandioso, demasiado lleno de la promesa de certeza, y con razón desconfiamos de ello. Pero la verdad no desaparece tan fácilmente. La afirmación de que "no existe tal cosa como la verdad" es en sí misma una afirmación sobre la verdad, e implica que es más verdadera que su opuesta, la afirmación de que "la verdad existe". Si careciéramos por completo del concepto de verdad, no podríamos afirmar nada en absoluto, e incluso no tendría sentido actuar. No tendría sentido, por ejemplo, buscar el consejo de los médicos, ya que no tendría sentido contar con su opinión, y no habría base para su posible opinión de que un tratamiento sería mejor que otro. Ninguno de nosotros realmente vive como si no existiera la verdad. Nuestro problema es más bien con la noción de una verdad única e inmutable.

La palabra "verdad" sugiere una relación entre cosas: ser veraz en relación a alguien o a algo, la verdad como lealtad o como algo que encaja, del mismo modo que lo harían dos superficies “entre sí”. La verdad está relacionada con la "confianza", y se refiere fundamentalmente a lo que uno cree que es cierto. La palabra latina verum (verdad) es afín a una palabra sánscrita que significa elegir o creer: la opción que uno elige, la situación en la que uno deposita su confianza. Tal situación no es un absoluto – y nos habla no solo sobre la cosa elegida, sino también sobre el que lo elige. No puede ser segura: implica un acto de fe e implica ser fiel a las propias intuiciones.          

Para Heidegger, el Ser (Sein) está oculto, y las cosas, tal y como son en realidad (das Seiende) solo pueden ser "desveladas" mediante una cierta disposición de cuidadosa de atención hacia el mundo - enfáticamente no anexionándolo, ni explotándolo o saqueándolo en busca de significados afines, en un espíritu de "todo vale". Heidegger relacionó la verdad con el concepto griego de aletheia, literalmente "desvelamiento". En este concepto, una serie de facetas de la verdad son en sí mismas desveladas. En primer lugar, esto sugiere algo que pre-existe a nuestros intentos de "des-cubrir” la".48 Por lo tanto, es una entidad definida mediante una negación - por lo que no es; y en oposición a alguna otra cosa más (desvelamiento). Se llega a ella a través de un proceso, un acceso al ser de algo; y ese proceso es también, de manera significativa, parte de la verdad. Es un acto, un viaje, no una cosa. Tiene grados. Y se encuentra quitando cosas, más que juntando cosas. Esta idea de la verdad-como-desvelamiento contrasta con la idea de la verdad-como-exactitud, que es estática, inmutable. La verdad como desvelamiento es un progreso hacia algo - el algo está a la vista, pero nunca se ve completamente; mientras que la verdad como exactitud se da como una cosa en sí misma, que en principio puede ser conocida plenamente.         

Para Heidegger, la verdad era dicho desvelamiento, pero también era una ocultación, ya que la apertura de un horizonte implica inevitablemente el cierre de otros. No hay un único punto de vista privilegiado desde el que se puedan ver todos los aspectos.49 Puede ser cierto que, citando a Patricia Churchland, "sea razonable identificar lo azulado de un objeto como su disposición para dispersar...las ondas electromagnéticas aproximadamente a unos 0.46µm" (énfasis en el original).50   Esto es, supongo, una especie de verdad sobre el color azul. Esa es una forma en que el azul se revela. Aunque a la mayoría de nosotros nos parecería que deja muchas cosas fuera. También hay otras verdades muy importantes sobre el color azul que experimentamos, por ejemplo, cuando vemos un lienzo de Ingres, o de Yves Klein, o contemplamos el cielo, o el mar, que encierran ese color. En este sentido, es como la imagen del conejo-pato: solo podemos hacer una "toma" a la vez. Vemos las cosas viéndolas como algo. También en este sentido creamos el mundo prestándole atención de una manera determinada.

Pero hay una razón más importante por la cual la verdad tiene que ser un ocultamiento. Todo lo que pretende ser verdad es, según Heidegger, inevitablemente una aproximación y las cosas verdaderas, las cosas como realmente son, y no tal y como las podemos aprehender, son en sí mismas inefables, inasibles. Por lo tanto, verlas claramente es ver algo que, en el mejor de los casos, es indistinto a la visión - excepto que verlas distintivamente no sería realmente verlas. Tener la impresión de que uno ve las cosas tal y como son, no es permitir que se nos hagan "presentes", sino sustituirlas por otra cosa, por algo más cómodo, familiar y asequible - lo que yo llamaría una re-presentación del hemisferio izquierdo. El marinero inexperto ve un tempano de hielo flotando; el marinero con experiencia ve un iceberg y se queda fascinado.

El concepto de ocultamiento de Heidegger no implica una especie de desesperación ante lo incomprensible. Todo lo contrario, como se desprende de toda su obra. Ocultamiento no significa, en las artes, estar más allá de una aproximación, ni tampoco invita a un todo vale; sino que sugiere que lo que entiende el hemisferio derecho es probable que no sea entendido por el izquierdo. El dicho un tanto gnómico de Heidegger, in der Unverborgenheit waltet die Verbergung ("en el desvelamiento habita el ocultamiento y su salvaguardia") llama la atención de forma acertada sobre la simultaneidad del ocultamiento y el resplandor de la verdad en las obras de arte. El significado está presente por completo en la obra de arte: no puede ser extraído de ella ni sacado a la luz del día, sino que se proyecta perfectamente allí donde está. Se podría comparar con la frase de Wittgenstein: "La obra de arte no pretende transmitir algo más, solo a sí misma."51

Según Heidegger, la postura o disposición que debemos adoptar es la de “estar a la espera" (nachdenken) de algo, en lugar de simplemente estar "esperando por" algo; es decir, optar por un paciente y respetuosa atención por algo para que se revele, en el que necesitamos tener ya alguna idea de lo que va a ser. George Steiner lo compara con "esa ‘inclinación hacia’, del espíritu, del intelecto y del oído" que se observa en la Anunciación de Fra Angélico en San Marcos.52 En otras palabras, una pasividad muy activa. Hay un proceso de reaccionabilidad entre el hombre (Dasein, literalmente "ser ahí", o quizás "el ser que está en el mundo") y el Ser, que vuelve a ser bien descrito por Steiner:

 

Una ent-sprechen no es "una respuesta a" (une réponse à), sino una "reacción a", una "correspondencia con", una reciprocidad dinámica y un acoplamiento como los que se producen cuando dos engranajes, ambos en rápido movimiento, se acoplan. Así pues, nuestra pregunta sobre la naturaleza de la filosofía no requiere una respuesta en el sentido de una definición o formulación de manual, ya sea platónica, cartesiana o lockeiana, sino una Ent-sprechung, una reacción, un eco vital, una "re-spondencia" en el sentido litúrgico del compromiso participativo...Para Descartes, la verdad está determinada y validada por la certeza. La certeza, a su vez, se sitúa en el ego. El yo se convierte en el centro de la realidad y se relaciona con el mundo de fuera de él con una actitud exploratoria necesariamente explotadora. Como conocedor y usuario, el ego es depredador. Para Heidegger, por el contrario, la persona humana y la autoconciencia no son el centro, los validadores de la existencia. El hombre es solo un oyente privilegiado y un respondedor de la existencia. La relación vital con la alteridad no es, como para el racionalismo cartesiano y positivista, una relación de “apropiación" y uso pragmático. Es una relación de escucha. Se trata de "escuchar la voz del Ser". Es, o debería ser, una relación de extrema responsabilidad, de tutela, de responsividad hacia y para.53

Se trata de un contraste entre, por  un lado, el ego aislado, que se encuentra en una relación de explotación alienada y depredadora con el mundo que le rodea, saltando de manera extraña de sujeto a objeto y viceversa, retirándose con su botín al gabinete de su conciencia, donde exige la certeza del conocimiento; y, por otro lado, un yo que se ve atraído y está inextricablemente vinculado al mundo en una relación, no solo de naturaleza metafísica, sino de "estar-con" y dentro de, una relación de cuidado (Sorge) y preocupación, sugiriendo la implicación de todo el ser experiencial, no solo de los procesos de cognición - este contraste evoca, en mi opinión, algunas de las diferencias esenciales entre los mundos que nos proporcionan los dos hemisferios. Pero eso no es todo.    

Puesto que Dasein es "ser ahí" en el mundo - el mundo literal, real, concreto, y cotidiano - ser un humano, en definitiva, es estar inmerso en la tierra, y en la cotidianidad material-del-hecho, del mundo. El hemisferio derecho se ocupa de lo familiar, no en el sentido de lo inauténticamente rutinario, sino en el sentido de las cosas que forman parte de "mi" mundo cotidiano o familia, del hogar, de aquellos por quienes cuido.54 No es ajeno a las cosas materiales, sino que, muy al contrario, atiende a las cosas individuales en toda su particularidad concreta. Esta es exactamente la “sensibilidad personal al núcleo y a la sustancia de la existencia física, a la ‘coseidad’ y a la obstinada quididad de las cosas, ya sean rocas, o árboles o la presencia humana" que se encuentra en Heidegger.55 De nuevo, esto arraiga la existencia en el cuerpo y en los sentidos. No habitamos el cuerpo como si fuera una extraña pieza cartesiana de magia maquinal, sino que lo vivimos - una distinción entre la comprensión del cuerpo por el hemisferio izquierdo y el derecho. Al tratar de transmitir la "otredad" de una construcción particular, su pura existencia o esencia anterior a cualquier acto de cognición por el que sea parcialmente aprehendido, Heidegger habla de que el hecho primigenio de su existencia se nos hace a nosotros presente en el propio olor de la misma, comunicado más inmediatamente de esta manera que por cualquier descripción o examen.56 Los sentidos son cruciales en la "presencia" del ser, "para nuestra aprehensión de un es en las cosas, algo que ninguna disección analítica o relato verbal puede aislar".57

El tiempo es responsable de la individualidad del Dasein, y es la condición bajo la cual las cosas existentes son. En Sein und Zeit (Ser y Tiempo) Heidegger insiste en que no vivimos en el tiempo, como si fuera un flujo independiente y abstracto, ajeno a nuestro ser, sino que vivenciamos el tiempo - del mismo modo que ser-en-el-mundo no es lo mismo que estar en el mundo como canicas en una caja. Vivimos el tiempo en lugar de solo concebirlo, y de la misma manera vivimos el cuerpo en lugar de simplemente derivar información sensorial a través de él.58   A través de la experiencia del tiempo, el Dasein se convierte en un "ser hacia la muerte": ya que sin la muerte, la existencia sería des-cuidada, carecería de la fuerza que nos atrae unos a otros y al mundo. Para Heidegger, el "nadir de la temporalidad inauténtica" es el tiempo como una secuencia de instantes (el modo del hemisferio izquierdo), que está en oposición al tiempo vivido del Dasein, y a todo lo que le da sentido.59

La cotidianeidad fue un concepto importante para Heidegger: y de nuevo tiene dos significados, y las distinciones de Heidegger iluminan una vez más las diferencias hemisféricas, igual que las diferencias hemisféricas iluminan el significado de Heidegger. Por tomar un ejemplo conocido suyo, el martillo que utilizo encuentra su lugar de forma natural en el contexto de la acción para la que lo utilizo, y se convierte casi en una extensión de mí mismo, de modo que no hay conciencia o atención focal (hemisferio izquierdo) hacia él. Se desvanece en su contexto - el mundo vivido por mí, mi brazo, la acción del martillear y el mundo que me rodea en el que esto ocurre (hemisferio derecho); en términos de Heidegger es zuhanden, ("listo-para-usar").60 Por contraste, solo se destaca, se convierte en términos de Heidegger en vorhanden ("presente-en-la mano"), cuando algo sale mal, se interrumpe este flujo, y llama mi atención como objeto de observación (hemisferio izquierdo). Entonces comienza a volverse ajeno. Pero la situación es más compleja y viva (hemisferio derecho) que lo que este esquema analítico (hemisferio izquierdo) lo hace parecer. Las cosas no acaban "archivadas" (hemisferio izquierdo) o "viviendo" (hemisferio derecho) en uno u otro hemisferio, sino que se mueven constantemente de un lado al otro o, para decirlo con más precisión, algunos aspectos de ellas pertenecen a un hemisferio y otros aspectos al otro, y estos aspectos están continuamente presentándose y retirándose en un proceso que es dinámico. La actividad de la vida hace que aparezcan aspectos de las cosas en cualquiera de los dos hemisferios. La rutina de la vida cotidiana, en la que las cosas tienen su lugar y su orden familiar (hemisferio derecho), puede embotar la percepción de las cosas en lo que Heidegger llamaba, inautenticidad (hemisferio izquierdo), por el propio peso de la familiaridad, y en mis términos, su re-presentación en el hemisferio izquierdo viene a ocupar el lugar de la cosa en sí misma (en términos generales, la idea del martillo reemplaza a la cosa tal y como se experimenta). Sin embargo, la propia alienación inherente a la experiencia de su repentina Vorhandenheit, (presencia) cuando el martillo se convierte en el foco de mi atención, permite la posibilidad de redescubrir la autenticidad que se había perdido, porque el distanciamiento nos permite verlo de nuevo como una cosa existente, algo notable casi con un sentido de asombro (en lo que, para Heidegger, como para muchos otros filósofos, comienza toda la filosofía).

A medida que las cosas se vuelven aburridas e inauténticas, se conceptualizan en lugar de experimentarse; se sacan de su contexto vital, un poco como si se arrancara el corazón de un cuerpo vivo. Heidegger llamó a este proceso de Gestell, o enmarcado, un término que sugiere el distanciamiento de ver las cosas como si se vieran a través de una ventana (como en una famosa imagen de Descartes), 61 o como si estuvieran re-presentadas en un cuadro o, hoy en día, encerradas en la pantalla del televisor o del ordenador.62 Inherente a ello es la noción de un conjunto arbitrariamente interrumpido de relaciones potenciales con el contexto - que en última instancia significa con la totalidad del Ser, con todo lo que es - cuidadosamente recortado por los bordes del encuadre. Debido a que la realidad está infinitamente ramificada e interconectada, y a que su naturaleza es la de esconderse, y rehuir el enfoque del análisis lógico, el lenguaje es un medio constantemente limitador, potencialmente equivoco y distorsionador. Sin embargo, es necesario para Heidegger como filósofo. El lenguaje en su tendencia a la linealidad se resiste a la red reticulada del pensamiento de Heidegger, y su escritura adopta imágenes y metáforas de caminos que son tortuosos e indirectos, como Holzwege, Feldweg, Wegmarken y así sucesivamente, sugiriendo el serpenteo a través de bosques y campos.63  Es interesante que la filosofía de Descartes se cociera a medias mientras dormía en un horno bávaro, la metáfora de la inmovilidad y el ensimismamiento revelando la naturaleza de la filosofía, siendo filosofía y cuerpo uno; mientras que Heidegger era, según Steiner, "un infatigable caminante por lugares de tinieblas": solvitur ambulando.64 La verdad es un proceso, no un objeto.

Desde el punto de vista analítico, como dice Steiner, hay que intentar constantemente "saltar ‘fuera’ y más allá de la propia sombra del hablante".65 Además, nunca hay que perder de vista la naturaleza interconectada de las cosas, de modo que el proyecto de Heidegger se opone también en esto al de Descartes, quien se limitaba a ver los objetos aisladamente: "si uno trata de mirar muchos objetos de una sola vez, no ve ninguno de ellos claramente".66  Heidegger llegó de forma natural a la metáfora, en la que más de una cosa es mantenida implícitamente (oculta) ante la mente, ya que valoraba de forma inusual para un filósofo, la ambigüedad del lenguaje poético. Lamentaba la terrible Eindeutigkeit - literalmente el "significado único" o explicitud - a la que tendemos en esta era de la informática: y tanto  Wittgenstein como Heidegger, según Richard Rorty, "terminaron tratando de elaborar términos honorables por los que la filosofía pudiera rendirse a la poesía".67 La obra de Wittgenstein se volvió cada vez más apotegmatica: luchando reiteradamente con la idea de que la filosofía no era posible fuera de la poesía.68  Y Heidegger acabó recurriendo, en sus últimas obras, a la poesía para transmitir la complejidad y profundidad de su significado. Veía el lenguaje como parte integrante de lo que sea que proponga, al igual que el cuerpo lo es del Dasein, y no como un mero contenedor del pensamiento: "Las palabras y el lenguaje no son envoltorios en los se empaquetan cosas para el comercio de quienes escriben y hablan".69

También es inherente a la forma en que Heidegger habla del lenguaje, el entendimiento de que nuestra relación con el lenguaje, al igual que la relación que tenemos con el mundo del que es imagen, no una cuestión de voluntad, de doblegar las palabras como si fueran cosas para nuestra utilidad, no es una cuestión de manipulación y dirección (como lo hace el hemisferio izquierdo). Es el lenguaje el que habla en nosotros, dice, no nosotros los que lo hablamos.70 La propuesta, a primera vista paradójica (una vez más, Heidegger lleva al límite lo que el lenguaje puede decir), incorpora la idea de que el lenguaje nos conecta con una sabiduría que necesitamos a través del esforzado discurso filosófico y, en cierto sentido, la instancia, o, como llegó a creer cada vez más, a través de la poesía, para permitir que nos hable; que necesitamos escuchar lo que emerge de nuestro lenguaje, en lugar de hablar a través de él- lo cual es una imposición de ideas. Debemos permitir que hable el hemisferio derecho "silente", con su entendimiento difícil de plasmar en el lenguaje ordinario de cada día, puesto que el lenguaje cotidiano ya nos remite directamente a la forma particular de estar en el mundo - la del hemisferio izquierdo - que se está intentando eludir. Cuando nos dirigimos hacia algo en un esfuerzo por aprehenderlo, parece decir Heidegger, no somos ingenuamente los principales impulsores. Para que podamos entender cualquier cosa, tenemos que estar ya en posesión de la suficiente comprensión de la misma para poder acercarnos a ella, y de hecho tenemos, que haberla comprendido ya en algún sentido antes de que podamos "comprender”la".71

Llegamos a la posición (tan conocida por la experiencia) de que no podemos conseguir la comprensión agarrándola por nosotros mismos. Ya tiene que estar en nosotros, y la tarea es despertarla, o quizás desplegarla - hacerla nacer en nosotros. Del mismo modo, nunca podremos hacer que los demás entiendan algo a menos que ya lo entiendan en algún nivel.72 No podemos darles nuestra comprensión, solo despertar su propia comprensión latente. Este es también el significado del oscuro dicho de que las ideas vienen a nosotros, no nosotros a ellas. Nuestro papel en la comprensión es el de una pasividad abierta, en cierto sentido activa: "A la hora de ver las cosas, (Einblick) son los hombres los que son alcanzado por la visión de".73 La idea también es familiar en Merleau-Ponty: "es el ser el que habla en nosotros, y no nosotros los que hablamos del ser", y de nuevo, "no somos nosotros quienes percibimos, es la propia cosa la que se percibe a sí mismo".74 La idea de que la mente consciente es pasiva en relación a lo que le llega a través del hemisferio, de lo-que-sea-que-existe más allá, también lo expresa Jung: "Todo el mundo sabe hoy en día que las personas "tienen complejos". Lo que no es tan bien conocido, aunque es mucho más importante teóricamente, es que los complejos pueden poseernos a nosotros".75

La filosofía y el discurso filosófico es solo una forma de entender el mundo. La mayoría de las personas que ven instintivamente el mundo en términos heideggerianos no se convierten en filósofos - los filósofos se auto-seleccionan como aquellos que sienten que pueden dar cuenta o al menos cuestionar con sensatez, la realidad en los mismos términos que necesitarían trascenderla si queremos hacer justicia a la realidad del hemisferio derecho. Sin embargo, hay notables excepciones, siendo Schopenhauer una de ellas. Al igual que Heidegger y Wittgenstein con la poesía, Schopenhauer creía que la mediación del arte en general, pero en particular la música, podía revelar más directamente la naturaleza de la realidad que la filosofía. También creía en la importancia de la compasión y la iluminación religiosa para lograrlo. Es interesante, desde nuestro punto de vista, que dijera que "el asombro filosófico está, por tanto, en el fondo perplejo y melancólico; la filosofía, como la obertura del Don Juan [el Don Giovanni de Mozart], comienza con un acorde menor".76  En vista de las asociaciones de la melancolía, la música, la empatía y el sentimiento religioso con el hemisferio derecho, la observación adquiere un nuevo significado, porque creo que, a pesar de las apariencias, la filosofía comienza y termina en el hemisferio derecho, aunque tenga que atravesar el hemisferio izquierdo en su camino (véase más adelante).

Sigue siendo cierto que Heidegger, aunque hace todo lo posible por utilizar el lenguaje para socavar el lenguaje, persiste en conceder un papel primordial al lenguaje en el Ser. A menudo se pregunta, ¿por qué no la música? Tal vez la respuesta sea personal: si él no hubiera pensado que el lenguaje tiene una importancia primordial, y el mismo no se hubiera agarrado instintivamente al lenguaje en lugar de la música o las artes visuales, como su medio, no habría sido un filósofo. De todas formas, partiendo de los modos de funcionamiento del hemisferio izquierdo - lenguaje, abstracción, análisis - Heidegger se mantuvo fiel a lo que percibía que estaba constantemente oculto para la visión del hemisferio izquierdo; no se dejó arrollar ni una sola vez, sino que, con extraordinaria paciencia, persistencia y sutileza, permitió que este hablara por sí mismo, a pesar del compromiso con el lenguaje, la abstracción y el análisis, y así logró trascenderlos. Es este extraordinario logro que le convierte, a mi modo de ver, en una figura heroica como filósofo, a pesar de todo lo que se podría decir, y se ha dicho, en contra de la ambivalencia de su papel público en la Alemania de los años treinta.77

Aunque partiendo de una tradición filosófica muy distinta y trabajando en una ruta diferente, el Wittgenstein tardío llegó a muchas de las mismas conclusiones que Heidegger. No puede haber duda de la escrupulosidad de Wittgenstein a la hora de abordar la naturaleza de la realidad. Sin embargo, al igual que Heidegger, consideró que el proceso filosófico tenía que trabajar en contra de sí mismo y se vio a sí mismo llevando la filosofía a un callejón sin salida. "Si mi nombre perdura", escribió, "entonces será solo como el terminus ad quem de la gran filosofía de Occidente. Como el nombre de aquel que quemó la biblioteca de Alejandría".78 Al igual que Heidegger, también Wittgenstein enfatizó la primacía del contexto sobre las reglas y la construcción de sistemas, y de la práctica sobre la teoría: "Lo que uno adquiere aquí no es una técnica; uno aprende a hacer juicios correctos. También hay reglas, pero no forman un sistema, y ​​solo las personas con experiencia pueden aplicarlas correctamente. A diferencia de las reglas de cálculo".79 Enfatizó que no son las mentes las que piensan y sienten, sino los seres humanos. Y al igual que Heidegger, comprendió que la verdad tanto puede esconderse o engañar, como revelarse. Peter Hacker, estudioso de Wittgenstein, escribe:

Toda fuente de verdad es también inevitablemente una fuente de falsedad, de la que sus propios cánones de razonamiento y confirmación intentan protegerla. Pero también puede convertirse en una fuente de confusión conceptual y, en consecuencia, de formas de mitificación intelectual, contra las que suele ser impotente. El cientificismo, la extensión ilícita de los métodos y categorías de la ciencia más allá de su dominio legítimo, es una de esas formas, y la concepción de la unidad de las ciencias, la homogeneidad metodológica de las ciencias naturales y de los estudios humanísticos uno de esos mitos. La tarea de la filosofía es defendernos de esas ilusiones de la razón.80

Wittgenstein era escéptico con respecto al método científico por dos razones principales: su tendencia a "reducir" y la engañosa claridad de sus modelos. Se refirió a la "preocupación por el método de la ciencia…. cuando reduce la explicación de los fenómenos naturales al menor número posible de leyes naturales elementales".81 Aunque "nos sentimos irresistiblemente tentados a plantear y responder preguntas de la forma en que lo hace la ciencia…nunca puede ser nuestro trabajo reducir una cosa a otra". (Véase. Joseph Needham: "nada puede ser reducido a ninguna cosa".)82 Una de sus frases favoritas era "Todo es lo que es y no otra cosa",83 una expresión del compromiso apasionado del hemisferio derecho con la pura quididad de cada cosa individual, a través de la cual nos acercamos a lo universal, y de su resistencia al reduccionismo inevitable del sistema de construcción del hemisferio izquierdo.

A pesar de su respeto por la honorable empresa de la búsqueda de claridad, Wittgenstein desconfiaba de la falsa claridad que aporta el pensamiento científico y, el mero negocio de su formulación en el lenguaje. Ya me he referido antes al modo en que la contribución particular del lenguaje al pensamiento consiste en darle claridad y solidez: y como vio su discípulo Friedrich Waismann, al hablar de los propios procesos de la mente, un motivo psicológico, "se espesa, se endurece y toma forma, por así decirlo, solo después de que lo expresamos con palabras".84 Debemos luchar por la objetividad, y, sin embargo, la realidad que pretendemos revelar no es precisa en sí misma, de modo que la precisión artificial de nuestro lenguaje nos traiciona.85  Wittgenstein hablaba despectivamente de la "irritación del intelecto", del "prurito del intelecto", que él oponía al impulso religioso (decía que no podía evitar "ver cada problema desde un punto de vista religioso").86  Consideraba que el cometido de la filosofía era oponerse a la anestesia de la razón autocomplaciente: "El hombre tiene que despertar al asombro- y tal vez también los pueblos. La ciencia es una forma de adormecerlos de nuevo".87

Heidegger habría estado de acuerdo. La importancia de Heidegger para el tema de este libro no solo radica en su percepción de que, en última instancia, el mundo viene dado por (lo que ahora podemos ver) como el hemisferio derecho. Fue aún más lejos, y parece haber comprendido intuitivamente la relación evolutiva entre los hemisferios, que constituye el tema de la segunda parte de este libro: específicamente, que con convulsiones, retrocesos y bandazos a veces tumultuosos, ha habido un movimiento incesante hacia la erosión del poder del hemisferio derecho durante los últimos siglos en Occidente.

El mismo Freud, aunque sabía que el entendimiento racional, al que llamaba "proceso secundario", nunca podría reemplazar al "proceso primario" del inconsciente, llegó a creer que, a lo largo de la historia humana, la razón había invadido el instinto y la intuición.88 Heidegger vio que había una continuidad fatal entre el lenguaje asertivo, predicativo, definitorio, y clasificatorio de la metafísica Occidental y esa voluntad de dominio racional-tecnológico sobre la vida, que él llamó nihilismo. En La Cuestión sobre la Tecnología y otros Ensayos, escribió que "el evento fundamental de la era moderna es la conquista del mundo como imagen".89 Consideraba que la investigación científica aportaba un cierto tipo de metodología estrecha y descontextualizadora de la naturaleza y de la historia, que aislaba y objetivaba su sujeto y era esencial para el carácter de su tarea. Al hablar de la visión, y de la evolución del concepto griego de theoria, más tarde en latín contemplatio, veía “que el impulso, ya estaba preparado en el pensamiento griego, por una mirada que aísla y compartimenta", y habla de "un avance  invasivo...hacia lo que puede ser captado por el ojo".90   Todo esto lleva a recordar demasiado a Descartes "tratando de ser un espectador más que un actor en todas las comedias que se representan [en el mundo]".91

Heidegger, adelantándose en el tiempo para considerar los últimos dos siglos, veía los desastres del materialismo occidental como derivados de un "olvido del Ser", y las fuerzas aparentemente opuestas del capitalismo y el comunismo como meras variantes de una tecnicidad y explotación comunes de la naturaleza. Nuestros intentos de forzar la naturaleza según nuestra voluntad son fútiles, pensaba, y no muestran ninguna comprensión del Ser. Esto puede parecer una reflexión beata, y que no concuerda con la razón. Pero hay un significado aquí que incluso el hemisferio izquierdo puede entender. La dominación y la expoliación masiva de la naturaleza y de los recursos naturales, la reducción del mundo a una mercancía, no ha llevado a la felicidad que debía producir. De acuerdo con Heidegger, lo que aparentemente se exige actualmente en todas partes es una acción dura, instantánea y, si es necesaria, violenta; "La larga y paciente espera de un don" ha llegado a parecer una mera debilidad.92

 

SCHELER: LA IMPORTANCIA DE LOS VALORES EN LA CONSTITUCIÓN DE LA REALIDAD

También es necesario decir algo sobre un contemporáneo, colega y amigo, menos conocido que Heidegger, Max Scheler, que murió joven, y que era la única persona que Heidegger creía que realmente lo entendía. De hecho, Heidegger llegó a calificar a Scheler como "la fuerza filosófica más poderosa de la Alemania actual, es más, de la Europa contemporánea, e incluso de la filosofía contemporánea como tal".93 Scheler avanzó más que Heidegger en ciertas direcciones filosóficas, en particular la exploración de los valores y el sentimiento, no como epifenómenos, sino como constitutivos del mundo fenomenológico. Según Scheler, los valores no son en sí mismos sentimientos, aunque nos lleguen a través del ámbito de los sentimientos, del mismo modo que los colores nos llegan a través del ámbito de la visión. Scheler como otros filósofos de la fenomenología subrayaron la naturaleza interpersonal de la experiencia, en particular en la naturaleza de la emoción, que él creía que trascendía al individuo, y que pertenecía a un reino en el que tales límites ya no se aplicaban. Según la fenomenología de Scheler, en Esencia y formas de la Simpatía, que respaldó con un estudio del desarrollo infantil y lingüístico, y que ha sido corroborada por la investigación después de su muerte en 1928,94 nuestra experiencia inicial del mundo es intersubjetiva y no incluye una conciencia del yo como alguien distinto del otro.95 Existe, en cambio, "un flujo inmediato de experiencias, indiferenciadas entre las mías y la tuyas, que en realidad contienen tanto las propias experiencias como las de los otros, entremezcladas y sin distinción unas de otras".96

La visión de Scheler en él que la emoción es irreductible, y desempeña un papel fundamental en la experiencia, se relaciona con lo que se ha llamado la primacía del afecto (trataré esto en el próximo capítulo). En esto, como señala el traductor de Scheler, Manfred Frings, siguió a Pascal, quien, aun siendo matemático, afirmó en una cita célebre que el corazón tenía razones que la razón  ignora.97 Pero, para Scheler, lo primordial no era cualquier afecto, sino el amor en sí mismo. Para él, el hombre es esencialmente ens amans, un ser que ama. En el paradigma de Scheler, este poder atrayente (en el sentido literal de la palabra) es tan misterioso y fundamental como el poder de atracción de la gravedad en el universo físico.    

Para Scheler, los valores son aspectos precognitivos del mundo existente, que no son ni puramente subjetivos (es decir, "lo que yo considere que sean") ni puramente consensuados (es decir, "lo que acordemos que sean"). Afirma que no es algo que derivemos, o elaboremos a partir de algún otro tipo de información, como tampoco derivamos un color, o llegamos a una conclusión sobre él, haciendo un cálculo. Llegan a nosotros por derecho propio, antes de que se haga cualquier cálculo de otro tipo. Esta posición está muy relacionada con dos temas del hemisferio derecho que ya hemos tratado: la importancia del contexto y de la totalidad. Por ejemplo, un mismo acto realizado por dos personas diferentes puede tener una valoración completamente diferente, por lo que la moralidad nunca puede ser una cuestión de acciones o consecuencias sacadas de contexto, tanto si se trata de un contexto más amplio como del mundo mental del individuo implicado (he aquí la debilidad de un sistema judicial codificado de manera demasiado rígida). De ahí que juzguemos algunas cosas que, fuera de contexto, se considerarían como debilidades, como parte de lo que es valioso y atractivo en el contexto del carácter de una persona en particular; no llegamos a un juicio sobre una persona sumando la totalidad de sus características o actos, sino que juzgamos sus características o actos por la "totalidad" que sabemos que es esa persona.98 (Esto no quiere decir que no se puedan acumular, tantas "partes" incongruentes que uno ya no pueda resistirse al juicio que invitan, con la consiguiente revisión de la naturaleza de ese todo. Es como hacer mayonesa: si se añade demasiado aceite, demasiado rápido, la emulsión se corta.)

Los valores no son un aroma que se agrega con algún fin socialmente útil; no son una función o consecuencia de otra cosa, sino que constituye un hecho primario. Scheler se refirió a la capacidad de apreciar el valor de algo, como Wertnehmung, un concepto que se ha traducido al inglés, de manera poco afortunada, como “value-ception”, (en castellano sería “valor-acción”). Para él, esta valor-acción determina el tipo de atención que prestamos a cualquier cosa y por la cual aprendemos más sobre ella. Nuestro conocimiento valorativo de la totalidad determina nuestra comprensión de las partes, y no a la inversa. Es, de hecho, una forma de entrar en el círculo de las manos de Escher, con el que comenzó este capítulo.

Scheler también sostuvo que los valores forman una jerarquía.99 Por supuesto, uno puede estar o no de acuerdo con él en este punto - se trata de cuestiones de juicio e intuición, más que de argumentos - pero lo que me parece significativo es que, sin saber nada de las diferencias hemisféricas, ilustra perfectamente la polaridad de los sistemas de valores de los dos hemisferios. El hemisferio derecho considera que los valores inferiores derivan su poder de los superiores a los que sirven; el hemisferio izquierdo es reduccionista, y explica los valores superiores en referencia a los valores inferiores, sus valores rectores son los del uso y placer. La jerarquía de Scheler comienza en el nivel más bajo, lo que él llama sinnliche Werte, o valores de los sentidos - si algo es agradable o desagradable. Los valores de utilidad (o inutilidad) están en el mismo nivel que los de los sentidos, ya que "nada puede llamarse significativamente útil excepto como un medio para el placer; la utilidad…….en realidad, no tiene ningún valor excepto como un medio para el placer".100 El siguiente nivel es Lebenswerte, el de los “valores de la vida", o de la vitalidad: lo que es noble o admirable, como el coraje, la valentía, la disposición al sacrificio, la audacia, la magnanimidad, la lealtad, la humildad, etc., o por el contrario, lo que es mezquino, (gemein) como la cobardía, la pusilanimidad, el egoísmo, la estrechez de miras, la traición y la arrogancia.101 Luego viene el reino de geistige Werte, los valores del intelecto o del espíritu - principalmente la justicia, la belleza y la verdad, con sus opuestos. El reino final es el de das Heilige, lo que es sagrado. Véase la figur4.2.

Es relevante para la tesis de este libro que hay cualidades importantes que resultan ser instrumentalmente útiles y, por lo tanto, deberían perseguirse por motivos utilitaristas, pero proceder de este modo carece de sentido, ya que no pueden alcanzarse mediante un esfuerzo de voluntad, y el intento de hacerlo simplemente las aleja más todavía. Este es otro punto expresado con gran sutileza y elegancia por el filósofo Jon Elster, en su brillante libro Uvas Amargas: como valores típicos de este tipo, menciona la sabiduría, la humildad, la virtud, el coraje, el amor, la simpatía, la admiración, la fe y la comprensión.102

Hemisferio derecho:

Valores más bajos

al servicio de los más altos

Hemisferio izquierdo: Valores más altos al servicio de los más bajos

Valores de utilidad y placer

Valores de vida

Valores del intelecto

Lo Sagrado

Fig.4.2 Pirámide de valores según Scheler.

 

Este es otro punto de la debilidad gódeliana del racionalismo (su libro se subtitula Estudios sobre la subversión de la racionalidad). Estos valores si se persiguen por su utilidad, se desvanecen en la nada. Todos estos pertenecen a los niveles superiores de la jerarquía de Scheler. Los valores de utilidad y de placer, los de rango más bajo, son los únicos a los que se puede aplicar los modos de funcionamiento del hemisferio izquierdo – pero incluso estos valores son a menudo inútiles de perseguir (como lo demuestra la paradoja del hedonismo).103 Cuando las cosas son re-presentadas en el hemisferio izquierdo lo que destaca es su valor-de uso. En el mundo que hace surgir, todo se reduce a la utilidad o es rechazado con considerable vehemencia, una vehemencia que parece nacer de la frustración, y de la afrenta a su "voluntad de poder". Los valores superiores en la jerarquía de Scheler, todos los cuales requieren un compromiso afectivo o moral con el mundo, dependen del hemisferio derecho.

Se dice que el significado de las palabras hebreas traducidas como "bien y mal", en el mito del Génesis, cuando Adán y Eva comieron del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, "significan precisamente lo útil y lo inútil, en otras palabras, lo que es útil para la supervivencia y lo que no lo es".104

 

DOS MUNDOS

Si el proceso del hemisferio izquierdo parece chocar sistemáticamente con los límites de su propio método y necesita trascenderlos, esto es una evidencia convincente de que la realidad que está tratando de describir es algo otro. El hecho de que en el siglo XX los filósofos, al igual que los físicos, hayan llegado cada vez más a conclusiones que estaban en desacuerdo con su propia metodología de hemisferio izquierdo y que sugiere la primacía del mundo tal y como la presenta el hemisferio derecho, nos dice algo importante.

Volviendo desde el ámbito de la filosofía al del uso del lenguaje en la experiencia cotidiana, también podemos ser conscientes de otra realidad, la del hemisferio derecho - y sin embargo sentir que la explicitación nos obliga a reconocer solo el mundo del hemisferio izquierdo. En otras palabras, vivimos, en dos tipos diferentes de mundo. Por lo tanto, debería haber dos significados para la mayoría de las palabras que comúnmente usamos para describir nuestra relación con el mundo. No todas serán como “agarrar"- voluntariosas, interesadas y unidireccionales.

 

Ver el mundo

Probablemente la metáfora más importante de nuestra relación con el mundo sea la de la propia vista. "Ver es saber " es una de las metáforas más consistentes de todas, y existe en todas las lenguas indoeuropeas, lo que sugiere un desarrollo temprano en el Ursprache indoeuropeo (o lenguaje “primigenio").105 Está profundamente arraigado en la forma en que aprehendemos el mundo. "Ya lo veo"; decimos, lo que significa "Ya lo entiendo".

En la era de la vigilancia por circuito cerrado de televisión, de los teléfonos móviles que "capturan" videos, etc., mucha gente imagina que sus ojos son algo así como el objetivo de una cámara giratoria en movimiento, tal vez un poco como la cámara de un cineasta - al igual que nuestro modelo de pensar y memorizar es como la de una computadora, con sus bancos de memoria internos. La imagen sugiere que escogemos hacia dónde dirigimos nuestra atención; y a este respecto, nos vemos a nosotros mismos como sumamente activos y autónomos. En cuanto a las "impresiones" que recibimos, seríamos como una placa fotográfica, tomando un registro fiel del mundo de "ahí fuera"; y en esto nos enorgullecemos de la objetividad, siendo, sumamente pasivos. El proceso es lineal, unidireccional, adquisitivo, y es la visión del hemisferio izquierdo de la visión.

Pero el modelo de la cámara es tan engañoso y restrictivo como el modelo del ordenador. Sabemos que no somos ni tan activos en elegir hacia dónde dirigimos nuestra atención, ni tan pasivos en el proceso de ver, como sugiere este planteamiento. Hay otra historia que contar acerca de la visión, que está respaldada por la neurociencia. También está más en consonancia con la visión del mundo del hemisferio derecho. Según esta visión, ya estamos en una relación con el mundo, lo que ayuda a dirigir nuestra atención; y también significa que aportamos algo de nosotros mismos al proceso de crear una "visión" del mundo.

 

¿Somos activos en la elección?

Tomemos en primer lugar la idea de que elegimos de forma activa hacia dónde miramos. Aunque por sí sólo, el hemisferio izquierdo está considerablemente atrapado en su propia mirada.106 Una vez que ve algo, se queda fijo en ello, de una manera que tiene poco que ver con una elección. En cualquier caso, el mundo en él que estaría efectuando la elección, lo proporciona la atención más amplia del hemisferio derecho, y a menudo lo que atrae el foco de nuestra atención nos llega a nosotros de forma pre-consciente, y pasa por alto cualquier acción voluntaria. Por ejemplo, un ojo se queda "atrapado", por así decirlo, por palabras o nombres destacados que sobresalen en una página, (palabras que probablemente no podamos volver a descubrir en cuanto intentemos encontrarlas, y entre en juego el estrecho haz de atención del hemisferio izquierdo). En la práctica, el llamado procesamiento "pre-atencional" significa que antes de que podamos tener la oportunidad de leer lo que hay, detectamos, de forma pre-consciente, cualquier cosa que posea una carga afectiva particular o demande nuestra atención.107 Por lo tanto, no es cierto que prestemos atención a algo de manera consciente antes de que podamos saberlo: solo podemos seleccionar a qué atender cuando sabemos ya de qué se trata. Primero lo sabemos, luego nos sentimos atraídos a atender, para saber más - de nuevo las manos de Escher. El mundo sale a nuestro encuentro y actúa para atraer nuestra mirada. La vitalidad, la vida y el movimiento en sí mismo atraen nuestra mirada. La figura de alguien paseando nos distrae; es difícil no sucumbir incluso a la televisión si se enciende un aparato en cualquier lugar de la habitación, ya que retrata la vida y el movimiento. En una habitación si hay un fuego en la chimenea, nos sentimos atraídos a mirarlo; en la época anterior a la televisión, el fuego era el foco de atención de una reunión social (focus es simplemente la palabra latina para "hogar", en el sentido de fuego domestico), y funcionaba como lo hace ahora el televisor permitiendo una cercanía sin tener que "enfocarse" demasiado explícitamente en el otro. En este sentido, cumplía con otro fin, el social.

Lo difícil de la "adhesividad" del hemisferio izquierdo es que una vez que hemos decidido lo que el mundo nos va a revelar, es poco probable que vayamos más allá. Estamos prisioneros de nuestras expectativas. 

La nueva experiencia, cuando se "presenta" por primera vez en la mente, compromete al hemisferio derecho y, a medida que la experiencia se vuelve familiar, se "re-presenta" por el hemisferio izquierdo. Como observaron Goldberg y Costa, el hemisferio izquierdo no solo parece estar especializado en tratar con lo que (ya) le es familiar, sino que, además, todo lo que trata el hemisferio izquierdo se convierte rápidamente en familiar, porque hay una tendencia a que siga recurriendo a lo que ya conoce. Esto tiene implicaciones para el tipo de conocimiento que puede tener el hemisferio izquierdo. El problema esencial es que entonces la mente solo puede conocer realmente, en el sentido de enfocar con nitidez, y "ver con claridad”, lo que ella misma ha creado. Por tanto, solo conoce - en el sentido de un conocimiento seguro (wissen), el tipo del conocimiento que le permite fijar y utilizar una cosa - lo que ha sido re-presentado (en el hemisferio izquierdo), no lo que está presente en su totalidad (ante el hemisferio derecho).

En un experimento ya famoso de Simons y Chabris, se pidió a algunos sujetos que vieran un breve videoclip que mostraba un partido de baloncesto en un recinto relativamente reducido.108 Se les pidió que contaran las veces que un equipo tenía la posesión del balón. Cuando se les preguntó después, que es lo que habían visto, la mayoría de los observadores fueron completamente ajenos al hecho de que una figura con un grotesco traje de gorila entraba en medio de la melé, se giraba para mirar a la cámara, se golpeaba el pecho con los puños, bailaba una danza y salía despreocupadamente por el otro lado de la pantalla - algo tan cómicamente evidente en una segunda visión, una vez que se sabe lo que se puede esperar, que es difícil de creer que realmente se haya podido pasar por alto. Como ellos y otros más han demostrado clara y gráficamente, solo vemos, al menos conscientemente, lo que estamos atendiendo de forma focalizada (con el hemisferio izquierdo consciente). Y dado que lo que seleccionamos para atender está guiado por nuestras expectativas de lo que vamos a ver, hay una circularidad involucrada, que significa que experimentamos cada vez más solo lo que ya conocemos. Nuestra incapacidad para ver las características aparentemente más obvias del mundo que nos rodea, si no se ajustan a la plantilla con la que estamos trabajando (parte de lo que Noë y O'Regan han denominado "la gran ilusión"), 109 está tan arraigado que es difícil saber cómo podemos llegar a experimentar algo verdaderamente nuevo.

Los neurocognitivistas dicen que solo podemos re-conocer y, por tanto conocer, algo si ya tenemos el modelo de ello en nuestro cerebro.110 Eso describe a la perfección los procesos del hemisferio izquierdo: pero significaría que estaríamos atrapados para siempre en el mundo re-presentado, ya sin vida, del conocimiento del hemisferio izquierdo, siempre re-experimentando lo familiar, un mundo eternamente anquilosado. Volveríamos a la sala de los espejos. Esto tampoco explica cómo podemos llegar a conocer algo en un primer momento - para que el modelo llegue a nuestro cerebro. Se trata de nuevo de las manos de Escher.

El hemisferio izquierdo nunca nos ayudará en esto. Como comenta un investigador, el hemisferio izquierdo por sí solo, por ejemplo, después de un derrame cerebral en el hemisferio  derecho, simplemente "ve lo que está esperando ver".111 Necesitamos, como señaló Heráclito, esperar lo inesperado: "el que no espera lo inesperado no lo descubrirá, porque no deja huella y está inexplorado".112  En otras palabras, debemos aprender a utilizar un tipo de visión diferente; a estar atentos, para no permitir que las opciones del hemisferio derecho se vean excluidas demasiado rápidamente por el enfoque más estrecho del hemisferio izquierdo.

La tarea del hemisferio derecho es llevar al izquierdo más allá, hacia algo nuevo, a algún “Otro” distinto de él mismo. La comprensión del mundo por parte del hemisferio izquierdo es esencialmente teórica y autorreferencial. En este sentido, da validez a la afirmación posmoderna de que el lenguaje es un sistema de signos encerrado en sí mismo - pero sí, y solo sí, es un producto del hemisferio izquierdo. Por el contrario, para el hemisferio derecho, como dijo Johnson acerca de las teorías sobre la literatura, hay siempre una apelación abierta a la naturaleza: está abierto a todo lo que es nuevo que proviene de la experiencia, del mundo en general.113

El corolario de este impacto de las expectativas sobre la atención es que el hemisferio izquierdo nos ofrece lo que ya conocemos, en lugar de lo que realmente experimentamos. Esto se puede ver en sus habilidades con el dibujo. Ya que incluso dibujará aquellos huesos que sabe que están en el interior de una silueta humana (el llamado dibujo en "rayos X"), con una mala percepción de la escala relativa, de las relaciones espaciales y de la profundidad.

Hay una relación inevitable entre la certeza y el "re-conocimiento"; el retorno a algo ya familiar, conocido. El conocimiento consciente, el conocimiento que caracteriza al entendimiento del hemisferio izquierdo, depende de que su objeto esté fijo - de lo contrario no lo puede conocer. Por lo tanto, es solo su re-presentación en la conciencia, después que se haya hecho presente en la mente inconsciente, lo que nos permite conocer algo conscientemente. Hay pruebas neurofisiológicas de que el conocimiento consciente va detrás de la aprehensión inconsciente en casi medio segundo.114 Chris Nunn, en un libro reciente sobre la conciencia y el cerebro, escribe que, como consecuencia, "pueden ocurrir fenómenos extraños, como percibir conscientemente que un objeto es de un tamaño irreal, y sin embargo ajustar de forma inconsciente la mano con la que lo agarramos correctamente en relación con su tamaño real".115  Conocer algo conscientemente, ser consciente de ello, requiere la memoria. El escribe:

 

En el nivel más básico, uno no puede mantener la atención en algo, a menos que haya alguna forma de memoria de lo que la atención estaba haciendo un momento antes y de lo que es ese "algo". La atención [consciente] depende, por lo tanto, por completo de la memoria intrínseca para su existencia momento a momento... Por otra parte, los objetos en los que se centra la atención parecen estar disponibles porque han sido recordados. Son, en cierto sentido, objetos extraídos de la memoria que coinciden con las características del mundo "de ahí fuera".

Esto es una expresión neurocognitiva de la verdad fenomenológica de que lo que conocemos con nuestro hemisferio izquierdo consciente, está ya en el pasado, ya no está "vivo", sino que es re-presentado.116   Y nos remite a Jung: "Toda cognición se asemeja al reconocimiento".117

Sorprendentemente, esta comprensión de la condición de, ya pasada, del conocimiento se encarna en la palabra griega, eidenai, "conocer", que surge en el mismo momento que en nuestra historia cultural nos movíamos hacia una conciencia más completa de los procesos mentales.118   Eidenai está relacionada con idein ("ver"), y de hecho originalmente significaba "haber visto".

 

¿Somos receptores pasivos?

La segunda parte de la analogía de la cámara hace referencia a la receptividad pasiva. Aunque en realidad nunca nos limitamos a "ver" algo en el mismo sentido en el que una placa fotográfica recibe los rayos de luz.119 En el mundo real aportamos mucho de nosotros mismos a la fiesta. Y eso significa que la mirada altera lo que encuentra. Esto solía expresarse con la idea, frecuente en la Antigüedad y también en el Renacimiento, de los rayos que salen de los ojos, de una fuente profunda de vida y energía en su interior. Homero describe los rayos, "penetrantes como el Sol", que salen de los ojos del águila. Empédocles escribió del ojo humano que, cuando fue creado, "el fuego primigenio se escondió en su pupila redondeada", protegido por delicadas membranas de las aguas que fluían a su alrededor.120 Y Platón, en Timeo, en donde por una vez parece anticiparse a los fenomenólogos, escribe que una suave y densa corriente de luz tenue, procedente del fuego más puro de nuestro interior se funde con la luz de lo que se ve, de modo que se forma "un solo cuerpo" entre nosotros y el objeto de nuestra visión, transmitiendo los "movimientos" de lo que se ve a cada parte de nuestro propio cuerpo y alma.121      

La expresión "mirar a alguien a los ojos" va más allá y sugiere que algo realmente emana de nuestros ojos y entra en el objeto de nuestra atención, como en la concepción isabelina del dardo que surge del ojo del amante, o aún más en los amantes del Éxtasis de Donne para quienes

nuestras miradas —esos rayos entretejidos                                                                                    con un doble bramante ligaban nuestros ojos.

En esos rayos del ojo del amante, también se puede sentir la comunicación profunda y recíproca que ofrece la mirada. En otras palabras, al mirar, entramos en una relación recíproca: el que ve y el que es visto participa en el ser del otro. El modelo de la cámara es simplemente el del hemisferio izquierdo, cuya captación analítica y secuencial de las cosas no abarca al movimiento reverberante y recíproco, la entreidad de la vista. Algunos pasajes famosos de Husserl fueron anticipados sucintamente por Blake, en El matrimonio del cielo y el infierno cuando escribió: "El necio no ve el mismo árbol que el hombre sabio ve ".

La mirada es realmente activa. Plinio el Viejo escribió en su Historia Natural sobre el basilisco, una especie de reptil venenoso que podía matar con su mirada, y la creencia en tal criatura estuvo vigente hasta el Renacimiento.122 Esto encarna una verdad sobre la atención. La atención focalizada y distante del cirujano, con la intención de curar, puede asemejarse fácilmente a la atención focalizada y distante del torturador, con la intención de controlar; solo el conocimiento de la intención cambia la forma en que entendemos el acto. Y, si soy su destinatario, también cambia mi propia experiencia. De hecho, es el desapego con el que se desarrollaron los detallados planes de los campos de exterminio, que a menudo se basaban en la experiencia de ingenieros, médicos y psiquiatras, lo que hace que el Holocausto sea especialmente escalofriante. Decimos y sentimos, que el ser humano ha sido reducido al status de una máquina, o de una parte de una máquina, y al actuar así reconocemos que el objeto cambia por la forma en que se le atiende. Incluso con un cadáver, el modo de atención altera lo que se encuentra. En China, el cuerpo, incluido un cuerpo muerto, se ve como un organismo: sin embargo, una vez que se le examina con un bisturí, se pone de manifiesto que está formado por partes aparentemente divisibles.123

La ciencia debe desligarse de todo lo que la pueda distorsionar. Y por supuesto, abandonarse a cualquier capricho o pasión personal nunca podría llevar a ningún tipo de verdad compartida. Pero lograr esa falta de distorsión es un proceso mucho más sutil de lo que parece. La objetividad requiere la interpretación de lo que uno encuentra, y depende de la imaginación para su logro.124 El distanciamiento tiene una naturaleza profundamente ambigua. La postura fría y distante de la mente científica o burocrática, en última instancia, puede llevarnos a donde no deseamos ir. Y la relación implícita de la atención del hemisferio izquierdo, mediante el método científico, con su materialismo implícito, no significa que no haya una relación – simplemente es una relación desvinculada, que implica, incorrectamente, que el observador no tiene un impacto en lo observado (y no se ve alterado por lo que observa). La entreidad no está ausente, solo se niega, y por lo tanto es de un tipo particular - particularmente "fría". No podemos conocer algo sin que haya sido conocido por nosotros - no podemos ver lo que podría ser si no fuéramos nosotros quienes lo conociéramos. Por lo tanto, cada cosa que aprehendemos es como es porque la vemos de esa manera y no de otra. Cuando la ciencia adopta una visión de su objeto en la que se ha eliminado todo lo "humano" en la medida de lo posible, poniendo una atención enfocada, pero totalmente desvinculada, está simplemente ejerciendo otra facultad humana, la de apartarse de algo y verlo, de esa manera en algún sentido importante desvinculada, desnaturalizada. No hay ninguna razón para ver esa forma particular como algo privilegiado, excepto que nos permite hacer ciertas cosas más fácilmente, utilizar las cosas, tener poder sobre las cosas - la preocupación del hemisferio izquierdo.

Por contraste, la mirada del hemisferio derecho es intrínsecamente empática, y reconoce la inevitabilidad de la "entreidad", de hecho, es el hecho mismo de que la mirada normalmente sea un proceso empático lo que hace que la mirada desvinculada sea tan destructiva. Merleau-Ponty escribía:

La mirada tiene en mí, un cierto poder para entrar en contacto con las cosas, y no es una pantalla en la que ella se proyecta....La mirada del otro me transforma en un objeto, y la mía a él, solo si ambos nos retraemos al núcleo de nuestra naturaleza pensante [hemisferio izquierdo], si ambos establecemos una mirada inhumana, si cada uno de nosotros siente que sus acciones no son aceptadas como comprensibles, sino observadas como si fueran las de un insecto. Esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando caigo bajo la mirada de un desconocido. E incluso entonces la objetivación de cada uno por la mirada del otro se siente como insoportable sobre todo porque ocupa el lugar de una posible comunicación.125

En otro lugar, Merleau-Ponty se refiere al momento de acercamiento cuando "la visión deja de ser solipsista" y "el otro me devuelve los rayos luminosos con los que yo lo había alcanzado".126

Merleau-Ponty era consciente no solo de la importancia de la corporeidad en la formación de la base del mundo intersubjetivo, sino de las ambigüedades de la visión, con su potencial para alienar y objetivar, o alternativamente para formar el medio de la intersubjetividad. Una de sus obras más conocidas se titula Lo Visible y lo Invisible. Así, si se ve la piel como algo totalmente opaco – en otras palabras, si solo se toma en cuenta el ámbito de lo visible - actúa como un obstáculo, algo que aliena al espectador de lo que ve. Pero si se mira de otra manera, viendo a través de lo que se ve, el "espesor" ((l'épaisseur, lo que implica algo intermedio entre la transparencia y la opacidad) de la piel, lejos de ser un obstáculo, es lo que nos permite ser conscientes del otro y de nosotros mismos como seres encarnados, y se convierte en el medio de comunicación entre ambos.127 (En El ojo y la mente, utiliza la analogía de algo que se ve a través del agua en el fondo de un estanque - y la palabra utilizada aquí para referirse al agua semi-translúcida es de nuevo, l’épaisseur, donde de nuevo la traducción tiene que conformarse con el término "espesor" que es demasiado literal).128 Nótese que debe conservar su condición semi-transparente, uniendo lo visible y lo invisible: la transparencia completa lo haría invisible, y una vez más nos veríamos alienados, sin un medio para comunicarnos.129

Como nosotros vemos el mundo no solo altera a los otros, sino a quienes somos nosotros. Necesitamos ser cuidadosos con aquello a lo que dedicamos nuestro tiempo y de qué manera lo atendemos. A los participantes en un cuestionario de conocimientos generales se les preparó de tres maneras mediante actividades que les hicieran pensar acerca de los estereotipos de profesor, de secretario o de gamberro. Los que fueron preparados con el estereotipo de profesor obtuvieron una puntuación del 60%, los que lo hicieron con el estereotipo de gamberro solo obtuvieron el 40%, y los que fueron preparados con el estereotipo de secretario obtuvieron una puntuación intermedia.130 En otro test, aquellos que fueron preparados con el estereotipo del "punk" se mostraron más rebeldes y menos conformistas que los que fueron preparados con el estereotipo de "contable".131 De manera similar, después de jugar un videojuego realista y agresivo, los participantes, especialmente hombres jóvenes, tenían más probabilidades de responder agresivamente si se les provocaba.132 A las personas que se les inculcó el estereotipo de persona anciana (a través de palabras como "sentimental", "canoso", "jugador de bingo") se volvían más conservadoras en sus opiniones; mientras que los que eran condicionados con estereotipos de políticos se volvieron más farragosos. Si se les condiciona con asociaciones positivas hacia el proceso de envejecimiento (tal y como, sabiduría y con experiencia), las personas mayores obtenían mejores resultados en los test de memoria que aquellos a los que se les condicionaba con asociaciones negativas (como "senil" o demente).133 El personal de enfermería que trabaja con personas mayores, que están, por así decirlo, en un estado de condicionamiento continuo, obtenían peores resultados en las tareas de memoria que las que tuvieron un contacto escaso con personas mayores.134 Las personas mayores condicionadas con estereotipos negativos sobre el envejecimiento llegaban incluso a perder las ganas de vivir.135

Aquello a lo que atendemos y cómo lo atendemos, hace que cambie y nos cambia. Ver no es solo "el mecanismo más eficiente para adquirir conocimiento", como tienden a verlo los científicos.136 Es eso, por supuesto, pero es también, y antes que nada, el medio principal por el cual establecemos nuestra relación con el mundo. Es un asunto esencialmente empático.

La mirada recíproca, y particularmente la mirada compartida hacia otro objeto, son características altamente evolucionadas. Aparte de los humanos, solo algunos monos y simios, que han tenido un contacto prolongado con los humanos, pueden ser capaces de mantener una mirada compartida hacia otro objeto.137  Los perros son exquisitamente sensibles a la atención humana, especialmente a la dirección de la mirada y a las expresiones de los ojos:138 es posible que sean capaces de compartir la atención, y algunos otros mamíferos sin duda son capaces de seguir la dirección de la mirada, pero es más difícil estar seguros de qué nivel de atención exhiben.139 La mayoría de los gatos, a pesar del contacto prolongado con los humanos, son incapaces de entender que estás interesado en alguna otra cosa y no se involucran en la dirección de tu mirada. No resulta mejor si se lo señalas: apuntar solo da como resultado que el gato te mire al dedo. Un perro, sin embargo, entenderá que estás pendiente de algo y que tienes algún interés en una determinada dirección y su mirada se orientará empáticamente en la misma dirección. Tanto en la mirada compartida como en la mutua, en la que sentimos un vínculo con la mente del otro individuo, el hemisferio derecho proporciona el sustrato neurológico. Cuando desviamos nuestra mirada hacia donde vemos que otra persona está mirando, lo hacemos a través del hemisferio derecho.140  En los seres humanos, la mirada mutua, incluso cuando se desvía hacia alguna otra cosa (es decir, cuando dos personas son mutuamente conscientes de su atención común al mismo objeto), se acompaña de la activación de una red altamente distribuida que se extiende por todo el hemisferio derecho.141 La interpretación de los rostros es una prerrogativa del hemisferio derecho; y al mirar a la cara de la pareja (en comparación con una cara desconocida), se incrementa la actividad de la ínsula derecha. Mirar la propia cara (en contraste con una cara desconocida) induce la activación del córtex prefrontal y temporal superior izquierdo, así como una activación límbica derecha más extensa.142 Así que parece que compartir la atención y mirar a los ojos de otra persona, así como reconocer la cara de alguien cercano a uno, aumenta la actividad en el hemisferio derecho mucho más de lo que sería necesario para procesar las caras por sí solas. De hecho, los estados mentales compartidos en general activan el hemisferio derecho.143   Y todos los aspectos de la atención empática se encuentran alterados en el autismo: el contacto visual,144 la capacidad de seguir la mirada de otro,145 la atención conjunta o compartida,146 y la comprensión de la mente a través de la mirada.147 También puede haber déficits de atención a la mirada en la esquizofrenia.148          

Por lo tanto, resulta problemático para la ciencia y, con frecuencia para la filosofía, que un lenguaje abstruso y abstracto, y una visión alienante, se consideren como la aproximación adecuada y única a la verdad. Descartes, según el filósofo David Levin, “prefería la visión distante...incluso cuando significaba deshumanización''.149  Con ello defendía la creencia de que si reconocemos nuestra relación con el mundo, éste se volvería opaco. En realidad, la opacidad es mayor cuando no se reconoce. El equipaje sube a bordo, como dice Dennett, sin ser inspeccionado. En un artículo científico, no se puede decir "yo lo vi suceder", sino "el fenómeno fue observado”. Sin embargo, en Japón, los estudiantes de ciencias que "observan" los fenómenos, lo hacen con un significado y en un espíritu bastante diferente a los de sus homólogos occidentales. La palabra kansatsu, que se traduce como "observar", está más cerca del significado de la palabra "contemplar", que usamos cuando estamos en un estado de atención absorta en la que nos olvidamos de nosotros mismos, y nos sentimos conectados con el otro. La sílaba kan en kansatsu contiene el matiz de que el que contempla llega a sentir una "unicidad" con el objeto contemplado.150

Así el ojo tiene un potencial tanto para conectar como para dividir. Y, de hecho, incluso la mano no tiene que ser solo como la he descrito, voluntariosa, interesada, y unidireccional. La mano tiene otros modos de ser. Una mano extendida puede significar otras cosas - puede confortar, curar o vivificar (obsérvese que el cuerpo de Adán, en la famosa representación de Miguel Ángel, es vivificado por la comunicación divina con su mano izquierda y, por lo tanto, del hemisferio derecho). fig. 4.3    


Y puesto que la atención se ve modificada por la intención que subyace tras ella, incluso agarrar puede dar vida, cuando el contexto cambia, como en la imagen de la iglesia de San Salvador en Khora, (lamina 4), en la que la figura del Cristo triunfante se desplaza en el Ultimo Día como un torbellino a través de las tumbas de los muertos, agarrándolos de los brazos y arrancándolos del sueño de la muerte.

Fig.4.3 la creación del Hombre, de Miguel Angel, en el techo de la Capilla Sixtina, 1508-12.


Lamina-4. Resurrección de los Muertos. iglesia de San Salvador en Khora. Siglo XIV.

La mano es el vehículo tanto de tocar, como de agarrar, y por lo tanto el origen de la metáfora de tener "tacto". De hecho, atender significa, precisamente, tender una mano hacia: nosotros extendemos la mano -"a-tender" - para dar, además de para tomar.

 

FAUX AMIS

El diferente estatus ontológico de los dos hemisferios incide en el significado de todos los términos filosóficos que utilizamos para entender el mundo, ya que ambos hemisferios creen que lo entienden, pero lo hacen de forma diferente, transformándose el concepto o la experiencia según el contexto en el que se encuentran (ya sea el del mundo del hemisferio izquierdo o del derecho). Al igual que los mundos de la mano-izquierda y de la mano-derecha vistos por Alicia a ambos lados del espejo, cada uno tiene su propia versión de la realidad, en la que las cosas parecen superficialmente iguales, pero son diferentes. Concluiré el capítulo con una breve discusión de algunos de estos faux amis, o "falsos amigos", que surgen cuando los hemisferios derecho e izquierdo entienden las palabras de manera diferente.     

"Conocimiento" y "verdad" ya los he discutido – y nuevamente hay dos versiones: una que pretende ser impersonal, estática, completa, una cosa, y la otra personal, provisional, una cuestión de grado, un viaje.  La "creencia" está estrechamente relacionada y tiene también dos significados.

 

Creencia

Creer en algo no se reduce a pensar que tal o cual cosa podría ser cierta. No es una forma de pensamiento más débil, mezclado con la duda. A veces hablamos así: "Creo que el tren sale a las 6.13", donde "creo que" significa simplemente que "pienso (pero no estoy seguro) que…". Dado que el hemisferio izquierdo se interesa por lo que es seguro, por el conocimiento de los hechos, su versión de la creencia es que es simplemente una ausencia de certeza. Si los hechos fueran seguros, según su punto de vista, en vez de eso debería poder decirse "Yo sé que..." Esta visión de la creencia proviene de la disposición del hemisferio izquierdo hacia el mundo: de su interés en lo que es útil, por lo tanto, fijo y seguro (los horarios de los trenes de nada sirven si no se puede confiar en ellos). Así que creer en algo es solo una forma débil de conocimiento, en lo que a él respecta.

Pero creer en términos del hemisferio derecho es diferente, porque su disposición hacia el mundo es diferente. El hemisferio derecho no "sabe" nada, en el sentido de conocimiento seguro. Para él, creer en algo es una cuestión de una atención cuidadosa: describe una relación, en la que hay una llamada y una respuesta, siendo el concepto raíz el de "responsabilidad".151 Por lo tanto, si digo que "creo en ti", no significa que piense que tal o cual cosa es cierta sobre ti, ya que no puedo estar seguro de que sea así. Significa que estoy en un cierto tipo de relación de atención hacia ti, que conlleva ciertos tipos de comportamiento (de actuar y de ser) hacia ti, y conlleva en ti también la responsabilidad de ciertas maneras de actuar y de ser. Es un actuar "como si" ciertas cosas fueran verdad sobre ti que por la naturaleza de las cosas no pueden ser seguras. Tiene las cualidades características del hemisferio derecho de ser una entreidad: una relación reverberante, "re-sonante", "responsable", en la que cada parte es alterada por la otra y por la relación entre ambas, mientras que la relación de la persona que cree, con aquello que cree en el sentido del hemisferio izquierdo es inerte, unidireccional y se centra en el control más que en el cuidado. Creo que esto es lo que Wittgenstein estaba intentando expresar cuando escribió que, "mi" actitud hacia el otro es una "actitud hacia un alma. No se trata de la opinión que tenga un alma".152 Una "opinión" sería una forma débil de conocimiento de algo: eso no es lo que se entiende por una creencia, una disposición o una "actitud".

Esto ayuda a esclarecer la creencia en Dios. Lo cual no es reducible a una cuestión de respuesta fáctica a la pregunta "¿existe Dios?”, asumiendo de momento que la expresión “una respuesta fáctica” tenga un significado.153 Se trata de tener una actitud, de mantener una disposición hacia el mundo, según la cual ese mundo, tal como surge para mí, es uno al que le corresponde Dios. La creencia altera al mundo, pero también me altera a mí. ¿Es verdad que Dios existe? La verdad es una disposición, la de ser fiel a alguien o algo. No se puede no creer en nada y, así evitar la creencia por completo, simplemente porque no se puede no tener ninguna disposición hacia el mundo, lo que es en sí mismo una disposición. Algunas personas eligen creer en el materialismo; actúan "como si" tal filosofía fuera verdadera. La respuesta a la cuestión de si Dios existe solo puede provenir de que yo actúe "como si" Dios existiera, y de este modo sea fiel a Dios, y experimente a Dios (o no, según sea el caso) como verdadero para mí. Si soy creyente, tengo que creer en Dios, y Dios, si existe, tiene que creer en mí.154 Al igual que en las manos de Escher, la creencia debe surgir recíprocamente, no por un proceso lineal de razonamiento. Este actuar "como si" no es una especie de evasiva, una admisión de que "en realidad" uno no cree en lo que pretende creer. Todo lo contrario: como lo entendió Hans Vaihinger, todo el conocimiento, especialmente el conocimiento científico, no es más que un actuar "como si" ciertos modelos fueran, por el momento, verdaderos.155 Verdad y creencia, una vez más, como en su etimología, están profundamente conectadas.156 Es solo el hemisferio izquierdo el que piensa que hay una certeza que se puede encontrar en algún sitio.

 

Voluntad

Nuestro ser primario radica en una disposición hacia el mundo - ciertamente no en un pensamiento, o en toda una panoplia de pensamientos sobre el mundo, ni siquiera en un sentimiento o sentimientos acerca del mundo. La voluntad, al igual que las creencias, con las que pienso que comparte algunas características, es mejor considerarla como una cuestión de disposición hacia el mundo. La disposición del hemisferio izquierdo hacia el mundo es la de su uso. Siendo la filosofía un proceso cognitivo hiperconsciente, puede ser difícil alejarse de la perspectiva del hemisferio izquierdo de que la voluntad tiene que ver con el control, y debe residir en el hemisferio izquierdo consciente. Pero si nuestra disposición hacia el mundo, nuestra relación con él, se modifica, la voluntad tendrá un significado diferente. La disposición del hemisferio derecho, la naturaleza de su atención al mundo, es una de cuidado, más que de control. Su voluntad se relaciona con un deseo o anhelo hacia algo, algo que está más allá de sí mismo, hacia el otro.

Las evidencias desde varias fuentes diferentes sugieren, como se comentó en el capítulo anterior, que la mente organiza la experiencia, agrupando las cosas según sus similitudes, sin la ayuda del lenguaje, y necesita hacerlo para darle algún sentido en general. Esto es claramente evidente en el comportamiento de aves y animales vertebrados, y debe tener lugar a un nivel subcortical relativamente bajo, ya que algunas reacciones automáticas muy rápidas se basan en la percepción de que tipo de cosa es a la que se está reaccionando. También sabemos que en los niveles superiores ambos hemisferios participan en el proceso de identificación. Hay indicios de que la forma en que lo hacen difiere en algunos aspectos fundamentales.157 Para el concepto de un "tipo", también puede haber dos significados - habiendo solo una "queidad", puede sin embargo haber dos "como-eidades". En un sentido, se refiere a la categoría a la que puede reducirse algo, debido a una o varias características específicas. Pero un niño llega a entender el mundo, a aprender sobre él, viendo las formas - tanto literalmente, las formas visoespaciales, como metafóricamente, las estructuras - que se presentan en su experiencia, utilizando una forma de percepción gestáltica, en lugar de aplicando reglas. Este es el comienzo de la facultad humana para ver, lo que Wittgenstein en Investigaciones Filosóficas denominó, "semejanzas familiares", que se asocia a los individuos sin que necesariamente haya un rasgo definitorio que todos los miembros del grupo tengan en común.158 Implica la percepción de algo que aún no se ha visto, y sin embargo, ese algo tiene un significado en relación a cada uno de los ejemplares que se ha experimentado, y solo se vuelve más claro con más y más experiencia. Así pues, aunque a menudo pensamos que un "tipo" es un fenómeno muy reducido, "el mínimo común denominador" de un determinado conjunto de experiencias, también puede ser algo mucho más grande que cualquier experiencia que, de hecho, se encuentra más allá de la experiencia misma, y ​​hacia la cual puede tender nuestro conjunto de experiencias. Si Bateson tiene razón en que todo conocimiento es conocimiento de la diferencia, este método es la única forma de conocer algo: la categorización de algo solo conduce a la pérdida de la diferencia esencial.

Y es aquí donde volvemos a la voluntad. Algunos de los más poderosos impulsores del comportamiento humano son estos tipos de ideales, no "tipos de personajes", que son efectivamente estereotipos, sino algo parecido a los arquetipos, que tienen un poder vivo en la imaginación y pueden atraernos hacia ellos. En su libro, De la Mettrie's Ghost, (el fantasma De la Mettrie) Chris Nunn aborda algunos de ellos, utilizando los ejemplos del "noble Romano" o "el santo", que describe como narraciones de una cierta forma de ser que nos contamos a nosotros mismos para dar sentido a nuestra experiencia, y que a su vez ayudan a dar forma a nuestras respuestas a la experiencia.159 Estos son tipos, pero tienen ciertas cualidades que sugieren un origen en el hemisferio derecho. No son reducciones (hacia abajo), sino aspiraciones (hacia arriba); se derivan de la experiencia, pero no están englobados en ella; tienen un significado afectivo para nosotros, y no son simplemente abstracciones; su estructura, como señala Nunn, tiene mucho en común con la narrativa; no pueden derivarse o convertirse en reglas o procedimientos. De hecho, una de las cosas que seguramente las invalidaría sería la tendencia a que se convirtieran en solo eso, un conjunto de reglas o procedimientos: "haz esto y esto, y serás un santo".          

A mi entender, tienen mucho en común con los arquetipos de Jung. El los veía como un puente entre el reino inconsciente del instinto y el reino consciente de la cognición, en el que cada uno ayuda a dar forma al otro,160 experimentándolos a través de imágenes o metáforas que nos transmiten un significado afectivo o espiritual de un reino inconsciente.161  En su presencia experimentamos un tirón, una fuerza de atracción, un anhelo, que nos lleva hacia algo más allá de nuestra propia experiencia consciente, y que Jung vio como derivado de una experiencia más amplia de la humanidad. Un ideal suena como algo por definición incorpóreo, pero estos ideales no son abstracciones inocuas, se derivan de nuestra experiencia afectiva encarnada.

Porque incluso el cuerpo tiene sus diferentes "comos": en el ámbito de la utilidad, por un lado, se convierte en el mediador por el cual actuamos y manipulamos el mundo, pero, por otra parte, es también la metáfora última de toda experiencia, incluyendo nuestra experiencia de los reinos más elevados de los valores. Esto lo reconoce Laban cuando señala que "el movimiento corporal siempre se ha usado para dos fines distintos: el logro de valores tangibles en todo tipo de trabajo y el acercamiento a los valores intangibles en la oración y el culto".162 El cuerpo, por lo tanto, alberga en sí mismo las disposiciones de ambos hemisferios hacia el mundo.

 

Familiaridad y novedad

Un arquetipo puede resultarnos familiar sin que nos lo hayamos encontrado nunca en nuestra experiencia. La familiaridad es otro concepto ambiguo. No es que uno u otro hemisferio "se especialice en", o tal vez incluso "prefiera", la familiaridad, sea lo que sea eso, sino que cada hemisferio tiene su propia disposición hacia ella, lo que hace que uno u otro aspecto se manifieste, y es ese aspecto el que se pone de manifiesto en el mundo de ese hemisferio. La mesa en particular en la que estoy trabajando, en toda su singularidad, me resulta familiar como parte de "mi" mundo y de todo lo que me importa (hemisferio derecho); las mesas en general me resultan familiares precisamente porque son genéricas (hemisferio izquierdo), en el sentido que no hay nada nuevo o extraño que descubrir en ellas. Igualmente, la Torre Eiffel es familiar para el hombre que ha pasado su vida bajo su sombra (hemisferio derecho), pero también es familiar, la Torre Eiffel como icono tópico de París (hemisferio izquierdo). Una pieza de música que he estado escuchando y oyendo inconscientemente, me es familiar hasta el punto de no tener vida; una pieza musical practicada y trabajada por un músico le es familiar hasta el punto de cobrar vida. Una se vacía de significado al ser constantemente re-presentada; la otra se enriquece de significado al estar constantemente presente - vivida e incorporada activamente en "mi" vida.

La novedad, es un concepto relacionado, e igualmente distinto en sus significados específicos para cada hemisferio. En un sentido, es un retorno de la familiaridad del hemisferio izquierdo a la familiaridad del hemisferio derecho, desde la inautenticidad a la autenticidad. No puede ser conseguido voluntariamente, aunque pueda ser muy deseado; requiere una apertura (aparentemente pasiva) y paciente a lo que es, que nos permite verlo como si fuera la primera vez, y conduce a lo que Heidegger llamó el "asombro" radical ante el mundo. Ese concepto también está relacionado con el estremecimiento de Jan Patocka: una especie de impulso básico para salir de la complacencia de nuestros modos habituales de ver el mundo.163 Es lo que Wordsworth en particular se esforzó por lograr: en palabras de Coleridge,

 

para provocar un sentimiento análogo a lo sobrenatural, despertando la atención de la mente del letargo de la costumbre, dirigiéndola hacia la belleza y las maravillas del mundo que tenemos ante nosotros; un tesoro inagotable, pero en el que, como consecuencia de la película de familiaridad y de preocupación egoísta, tenemos ojos que no ven, oídos que no oyen, y corazones que ni sienten ni entienden.164

Implica volver a reconectar con el mundo que la familiaridad había velado. Es lo más alejado de cualquier necesidad de un shock: requiere mirar más cuidadosamente lo que parece demasiado familiar, y verlo como si fuera la primera vez.

Pero también hay un tipo de novedad bastante diferente, que puede lograrse a voluntad, mediante la recombinación activa de elementos ya conocidos de forma extraña, rompiendo así las convenciones de nuestra realidad compartida, alejándonos lo más posible de todo lo que podría describirse como familiar. Esto coloca las “partes” ya presentadas en combinaciones disyuntivas, y fractura lo familiar (en el sentido del hemisferio derecho). Su objetivo es producir una conmoción a través de la aceptación inexorable de lo extraño o ajeno. Este es el sentido en él que los modernistas pretendían, en palabras de Pound, "crear lo nuevo", el sentido de "El Shock de lo Nuevo".165 Este tipo de novedad emana del mundo del hemisferio izquierdo.

 

Actividad y pasividad.

He descrito como "aparentemente pasiva" la apertura del hemisferio derecho a todo lo que es. Esto se debe a que, en ausencia de un acto de voluntad, así es como lo ve el hemisferio izquierdo. Pero hay una pasividad sabia, que permite que las cosas ocurran más por lo que no se hace que por lo que se hace, que abre posibilidades donde la actividad la cierra.

La dicotomía entre actividad y pasividad se produce desde el punto de vista de la necesidad de control. La pasividad, desde esta perspectiva, es la pérdida de control, la pérdida de la autodeterminación, la pérdida de la capacidad para la interacción efectiva, es decir, útil - un fracaso de la instrumentalidad. Sin embargo, esto no tiene en cuenta que todos los estados de cosas importantes, comenzando con el sueño y terminando con la sabiduría, de los que he hablado anteriormente en este capítulo, no se pueden lograr mediante un esfuerzo de voluntad – y donde, de hecho, una receptividad abierta, que permita que las cosas se desarrollen, es realmente más productiva. Es algo así como lo que Keats describió como "capacidad negativa", aquella característica de un "hombre consecuente", es decir, "cuando un hombre es capaz de estar en la incertidumbre, en el misterio, en la duda, sin perseguir irritablemente hechos y razones".166 Aquí se hace explicito, el vínculo con la capacidad de no forzar las cosas a una certidumbre, claridad, o fijeza, que nuevamente, lo vincula al dominio del hemisferio derecho.          

En última instancia, necesitamos unir las formas de ver que aportan ambos hemisferios. Sobre todo, la atención del hemisferio izquierdo debe reintegrarse con la del hemisferio derecho para que no resulte perjudicial.

 

CONCLUSIÓN

He mencionado la importancia de la intención que hay detrás de la atención. Como ha quedado claro en este último capítulo, la naturaleza del lenguaje en el hemisferio izquierdo y su relación con el gesto de agarrar implican el valor primordial que tiene para él, el uso. El hemisferio izquierdo siempre está comprometido con un propósito: siempre tiene un fin a la vista, y devalúa lo que no tenga ningún propósito instrumental a la vista. El hemisferio derecho, por el contrario, no tiene ningún propósito. Está atento a lo que sea que es sin preconcepciones, sin un propósito predefinido. El hemisferio derecho tiene una relación de preocupación o de cuidado (lo que Heidegger llama Sorge) con lo que sea que esté sucediendo.

Si tuviera que condensar las principales diferencias en la experiencia mediadas por los dos hemisferios, sus dos modos de ser, se podría decir así. El mundo del hemisferio izquierdo, es dependiente del lenguaje denotativo y la abstracción, proporciona claridad y poder para manipular las cosas que son conocidas, fijas, estáticas, aisladas, descontextualizadas, explícitas, incorpóreas, de naturaleza general, y en última instancia sin vida. Por el contrario, el hemisferio derecho da lugar a un mundo de seres vivos individuales, cambiantes, en evolución, en interconexión, implícitos, encarnados, que viven en el contexto del mundo experimentado, aunque por la propia naturaleza de las cosas, nunca sean completamente aprehensibles, y siempre se conozcan imperfectamente - y con este mundo se mantenga una relación de cuidado. El conocimiento que está mediado por el hemisferio izquierdo es un conocimiento dentro de un sistema cerrado. Tiene la ventaja de la perfección, pero dicha perfección se adquiere en última instancia al precio de una vacuidad, de la autorreferencia. Puede mediar en el conocimiento solo en términos de una reorganización mecánica de cosas ya conocidas. Nunca puede realmente "salir" para conocer algo nuevo, porque su conocimiento es solo de sus propias re-presentaciones. Mientras que la cosa en sí está "presente" para el hemisferio derecho, sólo es luego "re-presentada" por el hemisferio izquierdo, convertida ahora en una idea de la cosa. Donde el hemisferio derecho es consciente de lo Otro, sea lo que sea, la conciencia del hemisferio izquierdo es de sí mismo.

Y esto nos lleva finalmente a la tercera pregunta que formulé al comienzo de este capítulo: ¿puede todo esto decirnos algo sobre la naturaleza del cerebro? Creo que sí. Esa respuesta está implícita en todo lo que he mencionado antes. No existe tal cosa como el cerebro, está el cerebro según el hemisferio derecho y el cerebro según el hemisferio izquierdo: los dos hemisferios que hacen que todo exista, también, inevitablemente, se hacen a sí mismos - como las manos de Escher. Así que, para algunas personas, el cerebro es una cosa, un tipo particular de cosa, una máquina; lo que quiere decir que es algo que entendemos de abajo arriba y que existe para un propósito que nosotros reconocemos. Para otros, es algo cuya naturaleza es única, por lo tanto que solo podemos entender, aceptando un grado de no-saber que abre la mente a lo que sea y cuyo propósito no es fácil de determinar. En otras palabras, debemos esperar que algunas personas estén seguras de saber exactamente qué tipo de cosa es el cerebro, mientras que otras pueden saber "relativamente poco" acerca de él.167


 

 


 

CAPITULO 5. 

LA PRIMACÍA DEL HEMISFERIO DERECHO

 

 

 

Si cada hemisferio crea un mundo distinto, ¿en cuál deberíamos confiar si buscamos la verdad sobre el mundo? ¿Aceptamos simplemente que hay dos versiones del mundo que son igualmente válidas, y nos encogemos de hombros? Creo que la relación entre los hemisferios no es equivalente y que, si bien ambos contribuyen a nuestro conocimiento del mundo y que por lo tanto hay que sintetizar, uno de los hemisferios, el derecho, tiene prioridad, en el sentido de que sustenta el conocimiento que el otro llega a tener, y es el único capaz de sintetizar lo que ambos conocen en una totalidad aplicable. En este capítulo explicaré por qué creo que es así.

El hecho de que el hemisferio izquierdo ofrezca una imagen detallada y precisa podría convencernos de que es él, y no su irritantemente contraparte imprecisa, quien nos proporciona la verdad acerca del mundo. Y su postura menos comprometida podría ser un indicio de que es más fiable. Sin embargo, el hecho de que su atención desvinculada sea en algunos casos psicopática nos indica que la cuestión tiene un significado en cuanto a los valores, incluido el valor moral, del mundo que experimentamos. Es una cuestión importante a decidir - pero hay un problema para llegar aquí a una conclusión. Cada hemisferio atiende de una manera diferente; las diferentes formas de atender producen diferentes realidades, incluso sobre esta cuestión de la diferencia de los hemisferios. ¿Cómo salir del círculo hermenéutico?

Una forma de abordar la cuestión sería observar los resultados: comparar los resultados de adoptar un modo de atención más distante del mundo con los resultados de adoptar un modo más comprometido. Hacia el final de este libro, haré justamente eso - examinar cual es la mejor manera de entender el mundo, según la visión del hemisferio izquierdo, o sea como un mecanismo, o con la suposición de que el mundo es más bien un ser vivo, una totalidad conectada, tal como lo vería el hemisferio derecho. Lo haré sin ningún tipo de argumento especial, juzgando las respuestas de acuerdo con los valores del hemisferio izquierdo, no los del derecho. Después de todo, podemos medir las consecuencias de la manera en que vemos el mundo por lo que le sucede a él y lo que nos sucede a nosotros. Sin embargo, dado que la atención nos cambia tanto a nosotros como a lo que atendemos, el mismo juicio que emitimos podría reflejar no tanto la realidad como la naturaleza de aquello en lo que nos hemos convertido o nos estamos convirtiendo. Parece difícil salir de este problema, lo que plantea otra circularidad.

Por eso en el anterior capítulo busqué indicaciones desde la filosofía. Comencé proponiendo que podría haber algunas pistas desde la física, el otro camino por el cual intentamos aprehender la realidad última - si es que es realmente otro camino, y no el mismo camino bajo otra luz. Ya que hay una tendencia en las biociencias a considerar más "real" un universo mecanicista, a pesar de que la física se alejó hace tiempo de este legado del materialismo del siglo XIX, con el resultado bastante extraño de que el universo inanimado ha llegado a parecer vivo, a ser parte de la mente, mientras que el universo con vida parece inanimado, sin mente. La ciencia ha priorizado la claridad; la atención distante y focalizada; el conocimiento de las cosas a partir de sus partes; la lógica analítica secuencial como vía de conocimiento; y la priorización de los detalles sobre la visión de conjunto. Al igual que la filosofía, se acerca al mundo desde el punto de vista del hemisferio izquierdo. Y la versión de la realidad del hemisferio izquierdo funciona bien en el nivel local, en lo cotidiano, en lo que nos centramos por hábito. Ahí rige la mecánica newtoniana; pero se "deshilacha en los bordes", una vez que uno se asoma a una imagen más profunda de la realidad, a nivel subatómico o cósmico. Aquí la incertidumbre sustituye a la certeza; lo fijo resulta ser constantemente cambiante y no se puede precisar; las líneas rectas se curvan: en otras palabras, las leyes de Einstein dan mejor cuenta que las de Newton. Las líneas rectas, como la del horizonte, se curvan si se adopta una perspectiva más amplia, siendo el espacio mismo curvo - de modo que la rectilineidad del hemisferio izquierdo es un poco como la visión plana de la Tierra: “Así es como se ve aquí y ahora". Yo diría que la forma, no solo del espacio y del tiempo, sino de nuestra aprehensión de ello, es una forma curva: comienza en el hemisferio derecho, pasa por el reino del hemisferio izquierdo en algún punto intermedio y regresa al hemisferio derecho. La realidad tiene una redondez más que una rectilineidad, un tema al que volveré al final de este libro.

En el anterior capítulo señalé el hecho de que en el siglo XX, a pesar de la naturaleza del proceso filosófico, surgieron temas desde el debate filosófico que, sin saberlo, corroboraron la comprensión del mundo que tiene el hemisferio derecho. Entre ellos se incluyen: la empatía y la intersubjetividad como fundamento de la conciencia; la importancia de una atención abierta y paciente al mundo, en contraposición a una atención voluntarista y posesiva; la naturaleza implícita u oculta de la verdad; el énfasis en el proceso en lugar de lo estático, siendo el viaje más importante que la meta; la primacía de la percepción; la importancia del cuerpo en la constitución de la realidad; el énfasis en la singularidad; el carácter objetivador de la visión; la irreductibilidad de cualquier valor a la utilidad; y la creatividad como un proceso de desvelamiento (de lo no dicho) en lugar de un proceso deliberadamente constructivo.

Wittgenstein hablaba de "una experiencia que era, para él, un paradigma del sentido último de los valores: el sentido de asombro ante la existencia misma del mundo".1 Heidegger dijo que los que llamados filósofos presocráticos no eran filósofos, sino pensadores (Denker) que no tenían necesidad de "filosofar", absortos como estaban ante el asombro radical del Ser. Para Platón, "el estado de asombro (thaumazein) era la marca del filósofo - la filosofía, en realidad, no tiene otro origen"; 2 de hecho, pensaba que el theios phobos (el temor sagrado) era tan profundamente conmovedor y perturbador para la vida, que las artes, que podían invocarlo, debían estar bajo estricta censura para preservar el orden público. Aristóteles escribió que "es debido a su asombro que los hombres comienzan a filosofar, ahora y en un principio".3

Pero ya Demócrito, contemporáneo de Platón, comienza a elogiar la athaumastia y la athambia, el rechazo a dejarse conmover o asombrar por nada; "los sabios estoicos consideran como su objetivo más alto no perder la serenidad, y tanto Cicerón como Horacio, elogian el nil admirari" - no asombrarse ante nada.4 Y así la marca del verdadero filósofo no fue ya la capacidad de ver las cosas tal como son y, por lo tanto, asombrarse por el hecho del Ser, sino precisamente lo contrario, mantener la calma ante la existencia, sistematizar y clarificar el mundo, de modo que se re-presente como objeto de conocimiento. El papel del filósofo, como el del científico, consistía en desmitificar.

Sin embargo, el sentido de asombro que motivó a la filosofía nunca se perdió: incluso Descartes sostenía que "el asombro [es] la primera de todas las pasiones".5 Y también ha sido percibido por otros muchos, que el asombro no era solo el origen, sino la finalidad de la filosofía. Así, para Goethe, era "lo más elevado a lo que el hombre puede aspirar".6 Wittgenstein veía mayor sabiduría en los relatos míticos del mundo que en los relatos científicos, los cuales "nos dejan con la marcada impresión de que todo está explicado; nos dan la ilusión de explicar un mundo ante el que haríamos mejor en maravillarnos... Wittgenstein critica las explicaciones para dar paso al asombro. Para él, la claridad estaba en gran parte al servicio del asombro, sus energías críticas se dirigían a desenmascarar lo que él veía como pseudo-explicaciones que tienden a interponerse entre nosotros y el mundo, cegándonos ante la pura maravilla de su existencia".7 De manera similar, Thomas Nagel escribe: "Ciertas formas de perplejidad - por ejemplo, ante la libertad, el conocimiento y el significado de la vida - me parecen que encierran más profundidad que cualquiera de las supuestas soluciones a esos problemas".8 Y, más recientemente, Arne Naess lo expresa con estas palabras: "La filosofía comienza y termina con el asombro - un asombro profundo".9  Esto es lo que la filosofía del siglo XX recuperó trabajosamente.

La filosofía comparte la trayectoria que he descrito como típica de la relación entre los hemisferios. Comienza como asombro, intuición, ambigüedad, perplejidad e incertidumbre; progresa al desplegarse, examinándolo todo desde todos los ángulos, convirtiéndolo en linealidad por el hemisferio izquierdo; pero su punto final es ver que la cuestión misma del lenguaje y la linealidad deben ser trascendidas y, una vez más, dejados atrás. La progresión es familiar: del hemisferio derecho, al hemisferio izquierdo, y nuevamente al hemisferio derecho.

Esto también estaría en consonancia con otras evidencias del papel primario del hemisferio derecho en la generación del mundo experiencial.

 

EVIDENCIAS ADICIONALES DEL PAPEL PRIMARIO DEL HEMISFERIO DERECHO

De hecho, ya hemos mencionado varias razones para suponer que el hemisferio derecho desempeña un papel primario y fundamentador en la relación entre los hemisferios. Existe la primacía de la atención vigilante y amplia: si bien la atención focalizada puede parecerle a quien la ejerce que está bajo su control consciente, en realidad ya está decidida; dirigimos la atención en función de aquello de lo que somos conscientes, y para ello necesitamos la atención amplia del hemisferio derecho. Luego está la primacía de la totalidad: el hemisferio derecho aborda el mundo antes de que la separación, la división, o el análisis lo hayan transformado en alguna otra cosa, antes de que el hemisferio izquierdo lo haya re-presentado. No es que el hemisferio derecho conecte - porque lo que se revela nunca estuvo separado; no sintetiza - lo que nunca estuvo disgregado en partes; no integra - lo que nunca fue menos que un todo. 

También hemos examinado el papel que desempeña el hemisferio derecho en lo que se refiere a lo nuevo: su primacía en la experiencia. Lo que conocemos tuvo que llegar a ser, primero en el hemisferio derecho ya que, por definición, al principio es nuevo y el hemisferio derecho transmite lo que es nuevo como "presencia" - antes de que el hemisferio izquierdo llegue a re-presentarlo. Y además, tenemos el hecho de que la herramienta más poderosa del hemisferio izquierdo, el lenguaje referencial, tiene su origen en el cuerpo y en el hemisferio derecho: una especie de primacía de los medios.

Ahora me gustaría examinar otras líneas adicionales de evidencia sobre el tema.

 

LA PRIMACÍA DE LO IMPLÍCITO

Los orígenes del lenguaje en la música y el cuerpo podrían ser vistos como parte de algo más amplio, parte de una primacía de lo implícito. La metáfora (que depende del hemisferio derecho) aparece antes que la denotación (que depende del izquierdo). Esta es una verdad tanto histórica como epistemológica. El significado metafórico es en todos los sentidos anterior a la abstracción y a la explicitación. La propia palabra nos lo dice: no se puede extraer algo fuera (del latín, abs-fuera, trahere- extraer), a menos que haya algo de donde extraerlo. No se puede desplegar algo y hacerlo explícito (del latín, ex-fuera, plicare pliegue), a menos que ya esté plegado. Las raíces de la explicitación se encuentran en lo implícito. Como dijo Lichtenberg, "La mayoría de nuestras expresiones son metafóricas - la filosofía de nuestros antepasados ​​está escondida en ellas".10

Sin embargo, la metáfora no es solo un reflejo de lo que ha sido, sino el medio por el cual puede surgir lo verdaderamente nuevo, más que la simple novedad. Cuando una metáfora realmente vive en la mente, puede generar nuevos pensamientos o entendimientos - es cognitivamente real y activa, no solo un remanente histórico muerto de una metáfora que alguna vez estuvo viva, de un cliché.11

Cualquier conocimiento, ya sea del mundo o incluso de nosotros mismos, depende de la elección de la metáfora correcta. La metáfora que elegimos guía lo que vemos. Incluso al hablar sobre el conocimiento no podemos escapar de las metáforas. "Aferrarnos" a las cosas, por ejemplo, no nos llevará tan lejos como quisiéramos, porque las cosas más importantes en la vida se resisten a ser agarradas en cualquiera de sus sentidos. Como las uvas de Tántalo, se escapan de la mano que las intenta alcanzar.

La paradoja de la filosofía es que necesitamos ir más allá de lo que puede ser captado o expresado explícitamente, aunque la tendencia de la filosofía es siempre e inevitablemente volver a lo explícito. Merleau-Ponty, Heidegger, Scheler y el último Wittgenstein percibieron que la explicitación nos ata a lo que ya sabemos, por mucho que sigamos "desplegándolo" y "desarrollándolo". Implícitamente, y a veces explícitamente, cada uno de ellos trató de llevar la filosofía más allá de lo explícito, por lo tanto, en un sentido más allá de sí misma. Al hacerlo, desvelaron los límites del lenguaje analítico, ("de lo que no se puede hablar, uno debe permanecer en silencio"). Pero el intento sigue valiendo la pena, de hecho, tiene que hacerse, y siempre se hará, siempre y cuando se respeten los límites de lo que se puede lograr. "Para un viejo psicólogo y flautista de Hamelin, como yo", escribió Nietzsche, muy consciente de los problemas del lenguaje, “…precisamente aquello que se tendría que quedar en silencio tiene que hacerse audible".12

Los escritos de estos filósofos están repletos de imágenes metafóricas que no solo encarnan, sino que expresan ellas mismas, lo implícito. Así, tal vez haciéndose eco de los tortuosos caminos de Heidegger a través de los campos, (Feldweg), Wittgenstein habla de la indagación filosófica, no como una declaración explícita, sino más bien como una serie de perspectivas, una serie de recorridos diferentes a través de una cadena montañosa que, tal vez, permitan que surja una idea del conjunto. Trescientos años antes de Heidegger o Wittgenstein, Donne había escrito: “Sobre una enorme colina, / abrupta y escarpada, la Verdad se alza, / y el que quiera alcanzarla, tiene que ir hacia ella e ir hacia ella... "13 Tal vez sea apropiado que un poeta haya llegado allí primero. Este progreso circular, o más exactamente en espiral, es de nuevo, muy sugerente.

Sin embargo, el mayor problema de la explicitación es que nos devuelve a lo que ya conocemos. Reduce una experiencia única, una persona o una cosa a un montón de conceptos abstractos, y por tanto comunes, que podríamos hallar en cualquier otro lugar - y que de hecho ya teníamos. Conocer, en el sentido de ver con claridad, es siempre ver algo "como" ya conocido, y por tanto no presente sino re-presentado. La fructífera ambigüedad es forzada a ser una cosa u otra. Comencé este capítulo proponiendo que, debido a su capacidad de alterar las cosas, la atención también puede destruir. Muchas cosas que son importantes para nosotros simplemente no pueden tolerar que se les preste demasiada atención, ya que su naturaleza es ser indirectas o implícitas. Al forzarlas a ser explícitas cambia su naturaleza completamente, de modo que en esos casos lo que llegamos a pensar que conocemos "con certeza” de hecho, no lo conocemos en absoluto. Un exceso de autoconciencia no solo destruye la espontaneidad, sino también la cualidad que hace que las cosas estén vivas, la interpretación de la música o la danza, el cortejo, el amor y el comportamiento sexual, el humor, la creación artística y la devoción religiosa se vuelven mecánicas, sin vida y pueden paralizarse si somos demasiado autoconscientes.

Aquellas cosas que no pueden mantenerse en el foco de la atención consciente son, a menudo, las mismas cosas que no pueden conseguirse por voluntad propia, que llegan solo como un subproducto de algo más; se encogen ante el resplandor del mundo del hemisferio izquierdo. Así algunas cosas, como el sueño, simplemente no pueden ser logradas voluntariamente.14 El marco mental que se requiere para luchar por ellas es incompatible con el marco mental que permite experimentarlas. Tal como escribió Montaigne:

 

Incluso cosas que hago con facilidad y naturalidad, no puedo hacerlas cuando me ordeno a mí mismo hacerlas por una orden expresa y determinada. Las mismas partes de mi cuerpo que tienen un cierto grado de libertad y autonomía, a veces se niegan a obedecerme si planeo que ejecuten una tarea obligatoria en un momento y lugar determinados.15

Lo que es verdad para acceder al amor o irse a dormir también lo es para las cosas menos físicas: por ejemplo, los intentos de actuar con naturalidad, de amar, de ser sabio o de mantenerse inocente y de despreocuparse, generan autorechazo.16 Las mejores cosas de la vida se esconden del brillo de la atención enfocada. Rechazan nuestra voluntad.

Sin embargo, es precisamente la tarea del hemisferio izquierdo concentrar la atención en lo que se hace, hacer explícito lo implícito, para que lo que se observa se convierta en objeto de nuestra voluntad. Esto se logra mediante una cierta manera de mirar, ya que solo la vista, de entre todos los sentidos humanos, puede dar una información verdaderamente detallada y dar una clara localización en el espacio para guiar nuestra capacidad de agarrar. Esta claridad y fijación del objeto es muy adecuada para la visión del mundo del hemisferio izquierdo: de hecho, solo en el caso del hemisferio izquierdo, no del derecho, se puede hablar con propiedad de una "visión" del mundo en general. Por otra parte, la vista es el único de los sentidos que permite una discriminación precisa de la profundidad. En la medida en que esta profundidad es preservada, permite el compromiso del hemisferio derecho, que se traduce en “entreidad”. Si se elimina, se permite que el hemisferio izquierdo se enfoque con precisión en un punto de un plano bidimensional (uno es consciente esta bi-dimensionalidad, sobre todo cuando enfoca un microscopio o un telescopio). La ilusión resultante es la de claridad, la capacidad de conocer algo "tal y como es", como si todo se nos revelara con absoluta nitidez.

La profundidad es la sensación de algo que se encuentra más allá de nosotros. Otra manera de pensar en esto podría ser, de forma más general, en términos de la importancia última del contexto. El contexto es ese "algo" (en realidad nada menos que un mundo) al que pertenece lo que se ve, en el que reside su ser, y en referencia al cual solo puede entenderse, estando a la vez más allá y alrededor. El problema del "foco atencional", como lo denomina la literatura psicológica convencional, es que aísla el objeto de atención de su contexto - no solo de su entorno, sino de la profundidad en la que vive. Lo opacifica. Nuestra visión se detiene en "la cosa misma". El precio es que este recorte del contexto produce algo sin vida y mecánico. En un famoso pasaje de Las Meditaciones, Descartes comenta el hecho de mirar desde una ventana, viendo pasar a hombres por la calle. "Sin embargo", reflexiona, "¿Veo algo más que sombreros y abrigos que podrían ocultar autómatas? Yo estimo que ellos son hombres".17 No es de extrañar que, despojados por la mirada filosófica de todo contexto que pudiera darles sentido, los abrigos y sombreros que Descartes ve desde su ventana caminando por la calle pudieran estar siendo activados por una máquina. Se han vuelto completamente opacos; el observador ya no logra pasar a través de ellos para ver a las personas vivas que hay debajo. Ya no ve lo que está implícito. Sin embargo, la atención del hemisferio derecho, preocupada como está por el ser en su contexto, nos permite ver a través de ellos la realidad que se encuentra alrededor y más allá. No podría cometer el error de ver la ropa y los sombreros de forma aislada.

La ilusión de que, si podemos ver algo claramente, que lo vemos como realmente es, es enormemente seductora. Ruskin, en Pintores Modernos, señala que la claridad se compra al precio de la limitación: "Nunca vemos nada con claridad... Lo que llamamos ver una cosa con claridad, es solo ver lo suficiente de ella para distinguir que es; este grado de inteligibilidad varía en la distancia para diferentes magnitudes y tipos de cosas…" Pone el ejemplo de un libro abierto y de un pañuelo bordado sobre un jardín. Vistos desde una distancia, de un cuarto de milla, son indistinguibles; desde más cerca, podemos ver cuál es cuál, pero no leemos el libro, ni percibimos el diseño del bordado en el pañuelo; a medida que nos acercamos, "podemos leer el texto y seguir el dibujo del bordado, pero no podemos ver las fibras del papel, ni los hilos del tejido"; aún más cerca y podemos ver la marca de agua y los hilos, "pero no las ondulaciones de la superficie del papel, ni las finas fibras que conforman cada hilo”; hasta que nos acercamos con un microscopio, y así sucesivamente, ad infinitum. ¿En qué punto lo vemos claramente? "Cuando, por lo tanto, decimos, que claramente vemos el libro"; Ruskin concluye: "nosotros decimos solo que sabemos que eso es un libro".18 La claridad, al parecer, no describe un grado de percepción, sino un tipo de conocimiento. Conocer algo claramente es conocerlo solo parcialmente, y conocerlo, en lugar de experimentarlo, de una manera determinada.

Con el inicio de la Modernidad, nuestra propia experiencia se volvió cada vez más figurativa. Como escribe Heidegger: "La imagen del mundo no cambia de una más antigua a otra más moderna, más bien es el hecho de que el mundo se convierte en una imagen en general, es lo que distingue la esencia de la era Moderna".19 Esto altera la naturaleza de la existencia.

 

Cuando el mundo se convierte en una imagen... el mundo (es) concebido y captado como una imagen. Lo que es, en su totalidad, se toma ahora de tal manera que primeramente es en el ser, y solo es en el ser en tanto que lo determina el hombre, que lo representa y lo expone.20

La animosidad de Heidegger se dirigía especialmente contra el impacto de Descartes, quien había escrito que el “curso de nuestra vida depende enteramente de nuestros sentidos" y "el sentido de la vista es el más noble y más completo" de ellos.21 Esto se debe precisamente a que Descartes estaba  interesado en la vista como instrumento de conocimiento claro y definido de cada cosa de forma aislada - un proyecto imposible de conciliar con la comprensión basada en la naturaleza implícita y contextual de las cosas, tal y como la proporciona el hemisferio derecho, y que el hemisferio izquierdo, solo posteriormente “representa y enuncia” como elementos distintos. No es casualidad que el término "distinto" implique división.

A fin de ver realmente las cosas tal y como son, la atención necesita hacer algo bastante diferente. Necesita tanto descansar en el objeto como atravesar el plano de enfoque. Ver las cosas tal y como son depende también de ver a través de ellas, hacia algo más allá, el contexto, la "redondez" o profundidad, en la que existen. Si la atención desvinculante y extremadamente focalizada del hemisferio izquierdo se aplica a los seres vivos, y no se resuelve más tarde en una imagen completa mediante la atención del hemisferio derecho, que da profundidad y contexto, el resultado es destructivo. Nos convertimos en insectos, como dice Merleau-Ponty. Lo mismo ocurre con las obras de arte, que como he dicho, tienen más en común con las personas que con las cosas. La explicitación siempre obliga a este recorte, a esta concentración en la superficie y a la pérdida de transparencia - o más correctamente semi-transparencia. Esto es análogo a la explicación de un chiste, o a una metáfora trabajosamente reformulada. En tales circunstancias, el efecto del chiste o de la metáfora, se vuelve opaco y se obvia. El significado metafórico depende de esta semi-transparencia, de este ser-visto-y-no-ser-visto. Kerényi, por ejemplo, escribe sobre los símbolos homéricos, que se puede "ver a través de ellos", como "signos visibles de un orden invisible... no como elementos del ‘simbolismo’, sino como una parte transparente del mundo". Si se percibieran como símbolos, tendrían que ser explícitamente decodificados, y eso les quitaría todo su poder.22

Explicitar las cosas equivale a focalizarse en el funcionamiento, a expensas de la propia obra, en los medios a expensas del mensaje. Una vez opacado, el plano de atención está en el lugar equivocado, como si nos enfocáramos en la mecánica de una representación de teatro, y no en el contenido de la representación en sí misma; o en el plano de un lienzo, y no en lo que se ve en él.

La profundidad, en contraposición a la distancia de una superficie, nunca implica desconexión. La profundidad nos pone en relación, sea cual sea la distancia, con el otro, y nos permite "sentir a través” del espacio intermedio. Nos sitúa en el mismo mundo que el otro. Así, por muy distantes que estén las figuras en un cuadro de Claude, nos sentimos atraídos por ellas y su mundo; como decía Hazlitt, nos llevan en un viaje, a la profundidad del espacio que las rodea. Diderot escribió una serie de relatos de siete paseos que había hecho con un cierto abad como compañero, a través de los más bellos y salvajes paisajes, y de lo que allí habían visto y experimentado; solo al final del relato se revela que se trataba de viajes que fueron imaginados a partir de paisajes de los cuadros de Vernet.23 Lo que produce el aislamiento no es la profundidad, sino la falta de profundidad. La pérdida de profundidad constituye una característica importante de la visión cartesiana y objetiva del mundo, como si se estuviera proyectando en la superficie de la retina, o en una placa fotográfica. Nos sentimos repelidos por la bidimensionalidad del plano que permanece a cierta distancia de nosotros, sin profundidad, un mundo bidimensional en el que ya no podemos mantenernos junto a lo que se convierte en el "objeto" de nuestra visión. La profundidad tiene un gran significado psicológico, y es relevante que en la esquizofrenia, que simula un estado hiperactivo del hemisferio izquierdo, se produzca un deslizamiento de la perspectiva, como ha demostrado Louis Sass, una pérdida del anclaje en el marco de referencia.24 La atención deja de prestarse, por ejemplo, a la escena que se muestra en el papel, y se transfiere al plano del propio papel. Se pierde precisamente la transparencia que existe cuando entendemos algo de manera normal.

Una pintura no es una cosa en el mundo: ni tampoco una simple representación del mundo. En una maravillosa frase de Merleau-Ponty, nosotros no vemos pinturas, tan solo vemos de acuerdo a ellas.25 Al igual que las personas, y las formas del mundo natural, no son ni cosas objetivas, ni meras representaciones de las cosas: ellas nos permiten ver a través y de acuerdo a, ellas mismas. Tienen una cualidad semi-opaca (o semi-transparente), que no desaparece completamente, en cuyo caso se vería una realidad u otra, una realidad que ellas no harían más que representar. No, ellas tienen realidad propia. Pero tampoco son meras cosas, que existen “ahí fuera” independientemente de nosotros o de cualquier otra cosa que exista. Somos conscientes de ellas, pero vemos a través de ellas, vemos el mundo de acuerdo a ellas. Tomando el ejemplo de las pinturas de Claude: no nos limitamos a dejar que nuestro ojo se detenga simplemente en la cosa pura que tenemos enfrente, un lienzo que mide tal y tal, con tales y cuales manchas de azul, verde y marrón en él, ni tampoco vemos directamente a través del lienzo, como si ignoráramos que estamos mirando una pintura, e imagináramos que miramos a través de una ventana. Lo mismo ocurre con la poesía: aunque el lenguaje a menudo funciona como si fuera transparente, cuando leemos una pieza de prosa y no nos damos cuenta de su facticidad. Pero en la poesía, el propio lenguaje está presente para nosotros - semi-transparente, semi-opaco; no es una cosa, sino un algo vivo que nos permite movernos a través de él y más allá, aunque sin permitir que el lenguaje desaparezca como si no jugara ningún papel en lo que sea que está más allá del lenguaje y nos transmite.

También el teatro puede ser algo completamente absorbente o muy alienante, convirtiéndose en una imagen en la que no participamos. Para que nos absorba, los medios tienen que ser translúcidos o transparentes: no debemos estar centrados en los actores - ni en el autor de la obra (Shakespeare desaparece completamente en sus obras). Es por eso que una mala actuación puede ser tan embarazosa. Nos llama la atención sobre el hecho de que los actores están actuando, y cómo se ven a sí mismos; se convierten en una especie de críticos cuya autocomplacencia hace que se interpongan entre nosotros y lo que pretenden transmitir. Lo implícito se vuelve explícito y todo se pierde.

 

PRIMACÍA DEL AFECTO

Si lo implícito fundamenta lo explícito, implicaría que lo que uno siente no es una reacción o una superposición de lo que uno evalúa cognitivamente, sino al contrario: el afecto viene primero, el pensamiento después. Algunas investigaciones confirman fascinantemente que el juicio afectivo no depende del resultado de un proceso cognitivo. No decidimos si nos gusta algo sobre la base de una evaluación explícita, algún tipo de cálculo, sopesando sus partes. Hacemos una apreciación intuitiva del conjunto antes de que entren en juego los procesos cognitivos, si bien éstos se utilizarán, sin duda, más adelante para "explicar" y justificar nuestra elección. Esto se ha denominado "la primacía del afecto".26  Hacemos una valoración del conjunto de una vez, y los fragmentos de información  sobre aspectos concretos se juzgan a la luz del conjunto, y no al revés (aunque estos fragmentos de información, si hay suficientes y no se ajustan a nuestra idea del conjunto, en última instancia, pueden acabar provocando un cambio en nuestro juicio sobre el conjunto).27 La implicación es que nuestro juicio afectivo y nuestro sensación del conjunto, dependientes del hemisferio derecho, ocurren antes que la evaluación cognitiva de las partes, la contribución del hemisferio izquierdo. "Yo anticiparía que... en algún nivel afectivo profundo y fundamental, el hemisferio derecho está más en contacto, con los verdaderos sentimientos internos y es menos capaz de mentir".28 La suposición de Panksepp estaría respaldada por las pruebas de investigación analizadas en el Capítulo 2. Si bien el afecto no es, por supuesto, lo mismo que los valores, al igual que estos, es primario, no se deriva de la evaluación cognitiva, como el hemisferio izquierdo nos lo puede hacer creer cuando examinamos retrospectivamente el proceso, y fue esta idea la que subyace al importante concepto de Max Scheler de la Wertnehmung, la aprehensión pre-cognitiva del valor de algo, su relevancia para "mi".29

La disposición hacia el mundo llega primero: cualquier cognición es posterior y consecuencia de esa disposición, que es, en otras palabras el "afecto".30   El afecto se puede equiparar con demasiada facilidad con la emoción. Las emociones son ciertamente parte del afecto, pero son solo una parte de él. Algo mucho más amplio está implícito: una forma de atender al mundo (o no atenderlo), una forma de relacionarse con el mundo (o de no relacionarse con él), una postura, una disposición, hacia el mundo - en última instancia, una "forma de ser" en el mundo.

Pero la emoción es muy importante, y también está más cerca del núcleo de nuestro ser que la cognición. Como escribió Nietzsche, "los pensamientos son las sombras de nuestros sentimientos - siempre más oscuros, más vacuos, más simples".31  Varias líneas de razonamiento a partir de estas evidencias convergen para sugerir que el núcleo esencial del ser es subcortical.32 La conciencia perceptivo-cognitiva parece haberse desarrollado sobre la base de la conciencia afectiva, que era un "prerrequisito revolucionario", según escribe Jaak Panksepp: "Desde tal perspectiva, la fe de Descartes en su aserción: 'pienso, luego existo', puede verse desbancada por una afirmación más primitiva que forma parte de la configuración genética de todos los mamíferos: "siento, luego existo".33  Más adelante, en una nota a pie de página, añade: "la afirmación de fondo probablemente debería ser, “Yo soy, luego existo".34

La emoción y el cuerpo están en el núcleo irreductible de la experiencia: no están ahí simplemente para ayudar a la cognición. El sentimiento no es un mero complemento, un aderezo para el pensamiento: está en el corazón mismo de nuestro ser, y la razón emana de ese núcleo central de emociones, en un intento de limitarlas y dirigirlas, y no al revés. El sentimiento vino y viene primero, y la razón emergió de él: "las pasiones han enseñado a la humanidad a razonar", dijo el filósofo francés del siglo XVIII, Vauvenargues.35 Incluso el prejuicio que tenemos en favor de la razón no puede justificarse por sí mismo mediante el razonamiento; las virtudes de la razón son algo que no podemos hacer más que intuir. En su influyente libro, El error de Descartes, Damasio señala la primacía de la emoción en términos neurológicos, cuando observa que,

el sistema de la racionalidad, tradicionalmente considerado por ser neocortical, no parece funcionar sin la regulación biológica, tradicionalmente considerado por ser subcortical. La naturaleza parece haber construido el sistema de racionalidad no solo sobre el sistema de la regulación biológica, sino también a partir de él y con él.36

Esta observación me remite al punto que señalé en el Capítulo 1, según el cual la estructura del cerebro revela su historia, y ayuda, en parte por ese mismo hecho, a comprender la mente. Sin embargo, Damasio no parece reconocer la primacía fenomenológica de la emoción o el afecto: en su lugar considera que la emoción es auxiliar, que está ahí para guiar al ser pensante que somos, en lugar de considerar que el pensamiento está ahí para guiar al ser sintiente que somos. "Las emociones", insiste, "no son un lujo"; como si tal idea se le hubiera podido ocurrir a alguien a la luz de la experiencia, y mucho menos aún de la reconocida primacía del afecto. Las emociones no son un lujo, nos asegura Damasio, porque son herramientas útiles: "desempeñan un papel en la comunicación del significado a los demás, y también pueden desempeñar el papel de guía cognitiva que propongo..."37 Por lo tanto, las emociones están ahí para ejercer como sirvientes a la razón, desempeñando así una función útil para ayudarnos a la comunicación, o posiblemente para sopesar  los productos de la cognición, pero no en el núcleo irreductible de la experiencia de nosotros mismos.

En el proceso de intentar rehabilitar los sentimientos mostrando que forman, después de todo, una parte vital del proceso cognitivo, Damasio inevitablemente lo hace intentando hacerlos explícitos, medibles, cuantitativos - convirtiéndolos en velocidad o en una cantidad de procesos asociativos mentales, o en una cantidad de comportamientos motores - en lugar de cualitativos. También los considera, como William James, una forma de interpretar los "datos" corporales, de hecho llega a afirmar que "las sensaciones que tenemos normalmente proceden de una "lectura" de los cambios corporales".38 La inseparabilidad del cuerpo y la emoción (por no mencionar el afecto) es interpretada de tal manera que la emoción termina derivando del cuerpo por una "lectura", que está ahí para guiar la cognición que es la que hace la lectura. Aparentemente inconsciente de que está repitiendo el error de Descartes,39 escribe: "Conceptualizo la esencia de los sentimientos como algo que usted y yo podemos ver a través de una ventana que se abre directamente en una imagen continuamente actualizada de la estructura y el estado de nuestro cuerpo..."40 Una vez que eres capaz de "ver" tus sentimientos "a través de una ventana" que se abre en una "imagen" de tu cuerpo, es evidente que has superado a Descartes en su propio juego.

Creo que parte de la dificultad aquí, a la que volveré a lo largo del libro, es que en el contexto del discurso intelectual siempre estamos obligados a "mirar" la relación de la cognición con el afecto desde el punto de vista cognitivo. No es fácil expresar lo que significaría tratarlo desde el punto de vista del afecto, ni siquiera es fácil de imaginarlo; no hay duda, de que, si queremos conocer esta relación, en lugar de contentarnos con la intuición, entonces estamos obligados a tratar la cognición como el camino hacia el conocimiento. Sin embargo, pedirle a la cognición que dé una perspectiva sobre la relación entre la cognición y el afecto sería como preguntarle a un astrónomo en el mundo pre-galileico geocéntrico, si, en su opinión, el Sol giraba alrededor de la tierra o la tierra alrededor del Sol. Hacer la pregunta por sí solo sería suficiente para etiquetarle a uno como loco. Pero fíjense en lo que revela la metáfora: porque con el tiempo, la observación de pequeñas discrepancias en el modelo se volvió lo suficientemente significativo como para provocar una bouleversement (convulsión) de todo el universo conocido. Y así, la cognición finalmente encontró su propio camino hacia su tipo de verdad: la primacía del afecto.

 

PRIMACÍA DE LA VOLUNTAD INCONSCIENTE.

Algunos trabajos experimentales ya famosos de Benjamín Libet, publicados en 1985, intentaron investigar la voluntad consciente desde un punto de vista neurofisiológico. Libet les pedía a los sujetos que movieran los dedos de la mano a voluntad de forma espontánea, y registraba lo que sucedía en el cerebro, monitorizando los datos electroencefalográficos acompañantes, registrados por electrodos en el cuero cabelludo.41 Confirmando así hallazgos anteriores de un neurólogo alemán, Hans Kornhuber, que había demostrado que había una señal puntual en el trazado del EEG, conocida como "potencial de preparación",(Bereitschaftspotential) aproximadamente un segundo antes de que tuviera lugar el movimiento.42 Pero, para su sorpresa, descubrió que el impulso consciente para mover el dedo no ocurría antes, sino aproximadamente 0,2 segundos después del potencial de preparación. En otras palabras, el cerebro parecía saber de antemano lo que su "dueño" iba a decidir, para llevar a cabo una acción.

Esto claramente no cuadraba con la noción convencional según la cual tomamos una decisión consciente de hacer algo, y ha puesto en duda en algunas mentes el libre albedrío, dando lugar a una extensa literatura filosófica de debate. Como dice Susan Pockett, algunos de los resultados de la investigación de Libet, "parecen negar a la conciencia cualquier papel relevante en la conducción de nuestros asuntos cotidianos".43 Así es. Pero como señala uno de los participantes en esos debates, esto es solo problemático si uno imagina que, para que yo decida algo, tengo que haberlo querido con la parte consciente de mi mente.44 Quizás mi inconsciente sea tan “yo” o más, que yo. De hecho, es mejor que lo sea, porque muy pocas cosas en nuestra vida ocurren de manera consciente.

Se podría pensar que tal conclusión no sería difícil de aceptar en una era post-freudiana. Ciertamente, no sorprenderá a quienes hayan leído la obra ya clásica del psicólogo de Princeton, Julian Jaynes, El Origen de la Conciencia en la ruptura de la Mente Bicameral, en el que sistemáticamente disuade al lector de la idea de que la conciencia es necesaria para cualquiera de las características que definen la vida mental humana.45  Señala que, de hecho, muy poca de la actividad cerebral es consciente (las estimaciones actuales son menos del  5%, y probablemente menos del 1%), y que tomamos decisiones, resolvemos problemas, hacemos juicios, discriminamos, razonamos, etc. sin ninguna necesidad de participación consciente.

Antes de hablar más sobre la mente consciente e inconsciente, sería útil aclarar estos términos. Adam Zeman es admirablemente conciso al hacerlo.46 Distingue tres significados principales del término conciencia: (1) la conciencia como estado de vigilia: "tras un intervalo lúcido, el soldado herido cayó en un estado inconsciente"; (2) la conciencia como experiencia: “fui consciente de una sensación de temor y de un olor penetrante a goma quemada "; (3) la conciencia como mente: “Soy consciente de que puedo estar agotando su paciencia" - en cuyo caso, a diferencia del ejemplo anterior, uno no está comunicando algo sobre la experiencia como tal, sino sobre algo que se tiene en cuenta aunque no se piense en ello ni se experimenten las consecuencias de tal pensamiento en ese momento. La conciencia en cada uno de estos sentidos puede ser sostenida por cualquiera de los dos hemisferios aisladamente, aunque la calidad de esa conciencia puede diferir. La principal diferencia entre los hemisferios radica en su relación con la mente inconsciente, tanto si se refiere al estado de sueño (pensando en la conciencia en el primer sentido), o a lo que experimentamos o tenemos en mente sin ser conscientes de ello (los sentidos segundo y tercero). Todo lo que no se encuentra en el centro del campo de atención, en el que estamos enfocados, es mejor tratado por el hemisferio derecho, y el hemisferio izquierdo pueda mostrar, a veces, una sorprendente ignorancia de ello.

Jaynes alinea al hemisferio derecho con la mente inconsciente, y este vínculo ha sido establecido por muchos otros.47 El alineamiento tiene que ser una cuestión de grado en lugar de todo o nada. Como comenta un autor, "el lado izquierdo está involucrado en la respuesta consciente y el derecho en la mente inconsciente".48 Es cierto que el procesamiento de la información preconsciente, que incluye la mayor parte de lo que abarca el conocimiento social, tiende a realizarse por el hemisferio derecho.49  El sistema atencional que detecta los estímulos fuera del foco del procesamiento consciente, está "fuertemente lateralizado al hemisferio derecho".50 Igualmente, el procesamiento consciente tiende a realizarse en el hemisferio izquierdo. Esta dicotomía puede verse en juego incluso en un ámbito, como el de las emociones, con un sesgo ciertamente fuerte hacia el hemisferio derecho: el hemisferio derecho procesa material emocional inconsciente, mientras que el hemisferio izquierdo está involucrado en el procesamiento consciente de los estímulos emocionales.51 Ciertamente, el hemisferio derecho recibe material del cual el hemisferio izquierdo no puede ser consciente; 52  y según Allan Schore, el pre-consciente de Freud se encuentra en la corteza orbitofrontal derecha.53 Freud escribió sobre el pensamiento no verbal, imaginario, que “es, por lo tanto, solo una forma muy incompleta de volverse consciente. De alguna manera, también, está más cerca de los procesos inconscientes que el pensamiento en palabras, y es incuestionablemente más antiguo que este último, tanto ontogenéticamente como filogenéticamente".54  De hecho, Freud puede haber derivado su distinción entre el proceso secundario (consciente) y el proceso primario (inconsciente) a partir de la distinción de Hughlings Jackson entre el pensamiento verbal y proposicional del hemisferio izquierdo y los "niveles inferiores de ideación" sin palabras asociados con el hemisferio derecho.55 Todo esto está quizá en consonancia con las pruebas que sugieren que durante el sueño REM y el soñar, hay un flujo sanguíneo mucho mayor en el hemisferio derecho, en particular en la región temporoparietal.56  Los datos de la coherencia con el EEG también apuntan a la predominancia del hemisferio derecho en los sueños.

Si lo que entendemos por conciencia es la parte de la mente que enfoca con nitidez el mundo, lo hace explícito, permite formularlo mediante el lenguaje, y que es consciente de su propia conciencia, es razonable vincular la mente consciente con la actividad de casi todo lo que ocurre, en última instancia, en el hemisferio izquierdo. Se podría pensar en este tipo de conciencia como un árbol que crece a un lado de una valla, pero con un sistema de raíces que se adentra profundamente en el suelo de ambos lados de la valla. Este tipo de conciencia es una parte minúscula de la actividad cerebral, y debe tener lugar en el nivel más alto de integración de la función cerebral, en el punto donde el hemisferio izquierdo (que en realidad está en comunicación constante con el hemisferio derecho, a nivel de milisegundos) actúa como el "intérprete" de Gazzaniga.58 No es el único que tiene la experiencia, claro está, sino el que la interpreta, la traduce en palabras. (Obsérvese la importancia de la metáfora. El significado no se origina en el intérprete - todo lo que se puede esperar del intérprete es que en sus manos no se pierda el verdadero significado.)

¿Por qué no vamos a ser “nosotros”, tanto nuestro inconsciente, como nuestro consciente?  El experimento de Libet no nos dice que no elegimos iniciar una acción: simplemente evidencia que tenemos que ampliar nuestro concepto de “nosotros” para incluir a nuestro yo inconsciente. Las dificultades parecen surgir, como tantas veces, debido al lenguaje, que es principalmente la forma que tiene el hemisferio izquierdo de interpretar el mundo. Se objetará que lo que queremos indicar con palabras como "voluntad", "intención", "elección" es que el proceso es consciente, y si no es consciente, entonces es que no queríamos que sucediera, no lo intentaríamos, no sería nuestra elección. El hecho de que hoy en día tengamos claro que nuestros deseos, intenciones y elecciones inconscientes pueden jugar un papel importante en nuestras vidas parece no ser notado.

Si nos vemos obligados a reconocer este punto, la siguiente línea de defensa es renegar del inconsciente, al igual que en pacientes con cerebro dividido, el hemisferio izquierdo renegará de las acciones que obviamente se han iniciado ("elegido", "intentado"; "querido") por el hemisferio derecho: dirá no fue "mi" voluntad. De hecho, no hace falta observar a los pacientes con cerebro dividido para ver que el hemisferio derecho tiene voluntad, puede tener intenciones, propósitos, querer y elegir, al igual que el hemisferio izquierdo. Como escribió Hans Vaihinger:

La función orgánica del pensamiento se lleva a cabo en su mayor parte inconscientemente. En el caso de que el resultado finalmente entre también en la consciencia, o si la conciencia acompaña momentáneamente a los procesos del pensamiento lógico, esta luz solo penetrará en las aguas poco profundas, pero los procesos fundamentales reales son llevados a cabo en la oscuridad del inconsciente. Las operaciones específicamente intencionales son principalmente, y en cualquier caso al principio, totalmente instintivas e inconscientes, incluso si más tarde avanzan hacia el círculo luminoso de la conciencia...59

Y ahora quiero presentar algunos sorprendentes hallazgos de investigaciones que confirman no solo que esto es así, sino que, una vez más, estas intenciones surgen del hemisferio derecho y son anteriores, en todos los sentidos, temporal, lógica y ontológicamente, a las del hemisferio izquierdo.

 

TANTO EL PENSAMIENTO COMO SU EXPRESIÓN SE ORIGINAN EN EL HEMISFERIO DERECHO

Los resultados en cuestión provienen del estudio de los gestos, que son en sí mismos una especie de lenguaje con una sutileza e inmediatez que va más allá de la explicitud de las palabras: "Respondemos ante los gestos con una atención extrema y, casi se podría decir, que de acuerdo a un código elaborado y secreto que no está escrito en ninguna parte, ni nadie conoce, y que todos entienden".60  Existe, por cierto, una distinción a nivel de hemisferios, entre gestos expresivos que encarnan estados emocionales internos y gestos instrumentales, destinados a influir en el comportamiento inmediato del otro. Como cabría esperar, los gestos expresivos activan el hemisferio derecho, en la región del surco temporal superior, mientras que los gestos instrumentales activan un sistema lateralizado hacia la izquierda asociado al lenguaje y a la imitación motora.61

Pero la importancia de la gesticulación es que permite vislumbrar la génesis del pensamiento. David McNeil lleva años videograbando meticulosamente las interacciones humanas y ha analizado la relación entre el lenguaje gestual y el hablado. El enfoque de su trabajo no está dirigido hacia las diferencias entre hemisferios como tales, pero en el camino deja caer algunas observaciones que son oro puro para quienes están interesados en el tema.62          

El primer punto de interés para nosotros es que la gesticulación anticipa ligeramente el habla:

La anticipación al habla por parte de los gestos es una importante evidencia a favor del argumento de que los gestos revelan los enunciados en su forma primitiva: hay una imagen global-sintética tomando forma en el momento en que comienza la fase de preparación, pero no hay todavía una estructura lingüística en la que se pueda integrar.63

Queda claro que la imagen "global-sintética" es una descripción de la naturaleza holística o gestáltica del pensamiento asociado con el hemisferio derecho. McNeill se refiere, por contraste, a la naturaleza "lineal-segmentada" de la expresión verbal - siendo la linealidad y la segmentación características de la naturaleza analítica del pensamiento en el hemisferio izquierdo. Así pues, parece que la primera manifestación del pensamiento es en una forma "global-sintética" generada por el hemisferio derecho. Sin embargo, la fase propiamente dicha del gesto - su parte expresiva - parece retrasarse deliberadamente para que se sincronice con el acto del habla, una vez que el hemisferio izquierdo ha llegado a este punto, y los dos modos de pensamiento se han combinado.64

McNeill revisa las pruebas de las principales hipótesis sobre la relación entre la gesticulación y el habla, y concluye que existe una síntesis de dos "modos de pensamiento opuestos". Uno se expresa en los gestos y es "global-sintético en todo su recorrido": se construye en el momento de hablar y es de naturaleza idiosincrásica, en lugar de formar un código sistemático - todas características que lo identifican como derivado del hemisferio derecho. El otro modo se expresa en palabras, tiene "una estructura lingüística jerárquica lineal-segmentada," 65 rasgos que lo identifican como derivado del hemisferio izquierdo. Pero enfatiza que es la contribución del hemisferio derecho la que tiene prioridad temporal y ontológica, ya que el pensamiento originalmente sucede "en gran parte en imágenes y es mínimamente analítico", mientras que en  el momento de la expresión, se convierte "tanto en imágenes como analítico y es una síntesis de las funciones holísticas y analíticas".66 En términos de la tesis de este libro, entonces, el proceso comienza en el reino del hemisferio derecho, recibe la aportación del hemisferio izquierdo y, finalmente llega a una síntesis del hemisferio derecho con el izquierdo.

"Los gestos no se limitan a reflejar el pensamiento", escribe McNeill, "sino que ayudan a constituir el pensamiento.... sin ellos, el pensamiento estaría alterado o incompleto."67  Esto recuerda la insistencia de Max Black en que la paráfrasis de la metáfora produce, "una pérdida de contenido cognitivo"; no se trata solo de que la paráfrasis literal, "pueda ser fastidiosamente prolija o aburridamente explícita (o deficiente en cuanto a cualidades de estilo); falla en ser una traducción porque no da la visión de lo que la metáfora transmite."68 Casi todos los gestos acompañan el habla,69 y aunque la mayoría se hacen con la mano derecha70 - ya que el habla y la gesticulación están estrechamente combinados en y cerca del área de Broca, la naturaleza metafórica del lenguaje gestual, de hecho, proviene del hemisferio derecho y tiene que ser encaminada hacia el hemisferio izquierdo para su ejecución. Podemos ver esto en pacientes con cerebro dividido, cuyo patrón gestual de su mano derecha (que refleja el hemisferio izquierdo desconectado) es abstracto y empobrecido en extremo, pero se enriquece de nuevo cuando proviene de la mano izquierda (que refleja el hemisferio derecho desconectado). Sin embargo, de manera fascinante, esto interfiere en la fluidez del habla, ya que la forma sintética global de lo que se quiere decir, expresada con fluidez inmediatamente por la mano izquierda, no puede, como lo haría normalmente, transferirse a través del cuerpo calloso para que esté disponible en el hemisferio izquierdo para el habla71 - añadiendo más evidencia, si fuera necesaria, de que la riqueza del pensamiento proviene del hemisferio derecho y se transfiere al hemisferio izquierdo de forma secundaria para su traducción al lenguaje. De nuevo, la imagen del "intérprete" de Gazzaniga tal vez más acertada de lo que incluso él se dio cuenta.

McNeill descubre más pruebas del vínculo entre el lenguaje gestual que tiene primacía y sus orígenes en el hemisferio derecho. "Tras un daño en el hemisferio derecho, los hablantes muestran una tendencia tanto a descontextualizar el discurso como a reducir la producción de gestos;"72  y aquellos que no gesticulan tienden a transmitir secuencias de información más "segmentadas" que descripciones globales.73 Como se mencionó, la restricción del movimiento de las manos limita el contenido y la fluidez del habla,74  y ahora podemos ver que esto probablemente se debe a que inhibe la expresión del concepto primario global-sintético de lo que se quiere decir, originado en el hemisferio derecho.

Quizás el hallazgo más sorprendente de todos es que, cuando hay un desajuste entre el gesto y el habla, es el gesto el que prevalece en el 100% de los casos.  "En todos los casos, el elemento determinante del estímulo parecía ser el gesto, y nunca era el discurso".75 Cuando un conferenciante de matemáticas se equivocaba verbalmente, su gesto continuaba correctamente con el significado metafórico, lo que implicaba que el pensamiento era correcto aunque el lenguaje no lo fuera, y el gesto transmitía dicho pensamiento.76

McNeill también encontró que el hemisferio izquierdo desconectado no podía comprometerse con la narrativa, por dos razones principales: carecía de concreción y especificidad en su relación con la historia, volviéndose abstracto y genérico; y se equivocaba en las secuencias temporales, mezclando episodios que estaban separados en la historia porque parecían similares (en otras palabras, los categorizaba y, por tanto, los agrupaba, aunque luego en el mundo real su significado se perdiera al ser sacados de la secuencia narrativa). En lugar de una narración, se producía una meta-narrativa altamente abstracta e inconexa.77 Las formas narrativas de pensamiento están asociadas con el hemisferio derecho;78 se asocian con interacciones entre el yo y el otro, están muy cargadas afectivamente - y surgen antes que las formas "paradigmáticas".79

En general, las pruebas de McNeill apoyan firmemente los restantes argumentos de que el pensamiento, el significado y el impulso de comunicación provienen primero, del relativamente inconsciente ámbito del hemisferio derecho. Si la hipótesis histórica de que la música condujo al lenguaje es correcta, entonces esto es una demostración más de la primacía del modo de ser del hemisferio derecho.80

 

LA RE-PRESENTACIÓN ESPERA A LA PRESENTACIÓN

La evidencia del trabajo de McNeil es que - temporal, lógica y ontológicamente - el mundo del hemisferio derecho fundamenta el del izquierdo. A mi modo de ver, complementa de forma esclarecedora el trabajo de Libet sobre la voluntad. En ambos casos, el hemisferio izquierdo consciente se cree el originador, aunque en realidad es un receptor de algo que le llega de otra parte.

De manera similar, yo diría que el hemisferio izquierdo consciente cree que tiene el control, que dirige su mirada hacia donde quiere, que hace que el mundo exista mientras ojea hacia aquí y allá a su gusto, cuando la realidad es que está eligiendo entre un mundo más amplio que ya ha sido hecho realidad para él por el hemisferio derecho - y a menudo ni siquiera está haciendo eso, ya que, mucho antes de que se dé cuenta, sus elecciones ya se han hecho por él.

Esto tiene que ser así, ya que la re-presentación tiene que esperar al fenómeno de la presentación. Volviendo a la literatura neurológica y neuropsicológica, podemos ver lo que sucede cuando está ausente la contribución del hemisferio derecho al mundo. El mundo pierde realidad. Las personas que han perdido una parte significativa de la función del hemisferio derecho experimentan un mundo al que se le ha quitado el sentido, donde la vitalidad aparece atenuada, y donde las cosas mismas parecen insustanciales, carentes de solidez corpórea. Debido a la sensación de desvinculación, estas personas pueden comenzar a dudar de la realidad de lo que ven, preguntándose si de hecho todo es una "actuación", un simulacro, algo irreal. Pueden llegar a pensar que el hospital, sus médicos y enfermeras, son parte de una elaborada farsa montada para su conveniencia. Esto es similar a los síndromes delirantes de identificación errónea de Capgras y Fregoli mencionados anteriormente, en las que personas, cosas o lugares familiares se perciben como si hubieran sido reemplazados por copias, o impostores - síndromes que también están asociados con déficits en el hemisferio derecho. En una serie de artículos publicados en 1944, Vié, dio a conocer algunos ejemplos notables de varios tipos de identificación errónea, incluyendo dos casos distintos de soldados franceses que, al ser dados de baja por invalidez en la Primera Guerra Mundial, afirmaban que todo fue - soldados, trincheras, bombas y demás - una representación teatral.81   Al fin y al cabo, el mundo del hemisferio izquierdo es, virtual - no es presencial, sino que es una representación. En la esquizofrenia, esto puede deslizarse fácilmente hacia un sentimiento de amenaza, en el que parece haber algo que se "escenifica" o se finge, algo que se está “ocultando" al individuo; la alienación conduce a la paranoia, junto con una especie de angustioso hastío o "ennui". Y así los otros exhiben una falta de preocupación casi fatua. Es interesante que los individuos con daños en el hemisferio derecho pueden ver su propio cuerpo como algo ajeno, como algo mecánico, un ensamblaje de partes, o una mera cosa en el mundo como otras cosas, en lugar de verlo como un aspecto integral de nosotros mismos a través del que vivimos, no solo en el que vivimos. Una sensación inapropiada de desvinculación, alienación y extrañamiento del yo y del mundo son consecuencias características de las lesiones del hemisferio derecho, generalmente temporoparietales.82 Esta condición es similar a aspectos de la esquizofrenia, y es probable que gran parte de la fenomenología de la fase aguda de la esquizofrenia surja del hecho de que aspectos importantes de la función del hemisferio derecho están distorsionados o debilitados.

Así pues, es el hemisferio derecho el que permite que surja un mundo vivo, y de él se deriva el mundo re-presentado del hemisferio izquierdo. La diferencia entre uno y otro, lo que está presente y lo que está re-presentado, está bellamente ilustrado por los diferentes conceptos de verdad que sostienen.83 ¿Cómo podría hacerse uno una idea de esto? Tomemos el siguiente ejemplo de un silogismo con una premisa falsa:

1. Premisa principal: Todos los monos trepan a los árboles;                                                          2. Premisa menor: El puercoespín es un mono;                                                                                  3. Conclusión implícita: El puercoespín trepa a los árboles.

Bien - ¿esto es así? Como demostraron Deglin y Kinsbourne, cada hemisferio tiene su propia manera de abordar esta cuestión. Al principio de su experimento, cuando se le pregunta a una persona, "¿El puercoespín trepa a los árboles?", responde (utilizando, por supuesto, ambos hemisferios): "El puercoespín no trepa, corretea por el suelo; tiene púas, no es un mono". (Por desgracia, de hecho, hay puercoespines que, si trepan a los árboles, pero parece que los sujetos rusos, y sus investigadores, lo desconocían, por lo que, a efectos del experimento, hay que suponer que los puercoespines no son arborícolas.) Durante la inactivación temporal de los hemisferios, el hemisferio izquierdo del mismo individuo (con el hemisferio derecho inactivado) responde que la conclusión del silogismo es cierta: "el puercoespín trepa a los árboles porque es un mono". Cuando el investigador le pregunta: "¿Pero es el puercoespín un mono?", responde que sabe que no lo es. Sin embargo, cuando se le vuelve a presentar el silogismo, se muestra un tanto desconcertado, pero responde afirmativamente, porque "eso es lo que está escrito en la tarjeta". Cuando se le pregunta al hemisferio derecho del mismo individuo (con el hemisferio izquierdo inactivado) si el silogismo es verdadero, responde: "¿Cómo puede trepar a los árboles?  - ¡No es un mono, eso está equivocado ahí!"  Si el investigador le señala que la conclusión debe seguirse a partir de dichas premisas enunciadas, responde indignado: "¡Pero el puercoespín no es un mono!"  

En repetidas situaciones en un sujeto tras otro, se presenta el mismo patrón, cuando se presentan silogismos con premisas falsas, del tipo: “Todos los árboles se hunden en el agua; una balsa es un árbol; la madera de la balsa se hunde en el agua", o "La aurora boreal se ve a menudo en África; Uganda está en África; la aurora boreal se ve en Uganda". Cuando se les pregunta si la conclusión es verdadera, la persona muestra una reacción de sentido común: "Estoy de acuerdo en que parece sugerirlo, pero sé que en realidad es erróneo". El hemisferio derecho descarta las premisas y deducciones falsas como absurdas. Pero el hemisferio izquierdo se aferra a la conclusión falsa, respondiendo tranquilamente que "eso es lo que dice aquí".

En la situación que predomina el hemisferio izquierdo, se prioriza el sistema, independientemente de la experiencia: se mantiene dentro del sistema de signos. La verdad, para él, es la coherencia, porque para él no hay ningún mundo más allá, ningún otro, nada fuera de la mente, con el que se pueda corresponder. "Eso es lo que dice aquí". De modo que establece una correspondencia consigo mismo: en otras palabras, es coherente. El hemisferio derecho da prioridad a lo que aprende de la experiencia: el estado real de las cosas existentes, "ahí fuera". Para el hemisferio derecho, la verdad no es mera coherencia, sino una correspondencia con algo distinto de sí mismo. La verdad, para él, es entendida en el sentido de ser "fiel" a algo, fidelidad a lo que sea que exista aparte de nosotros.

Sin embargo, sería erróneo deducir de esto que el hemisferio derecho simplemente se ajusta a lo que le es familiar, adoptando una cómoda conformidad con la experiencia adquirida hasta ese momento. Después de todo, la experiencia de uno podría no ajustarse a la realidad: entonces prestar atención a la lógica sería una forma adecuada de alejarse de la suposición falsa habitual. Y he enfatizado que es el hemisferio derecho el que nos ayuda a ir más allá de lo rutinariamente familiar. El diseño del experimento anterior pone a prueba específicamente lo que sucede cuando uno se ve obligado a elegir entre dos caminos para llegar a la verdad, al tener que responder a la pregunta: o utilizando lo que uno sabe por experiencia o siguiendo el silogismo donde las premisas son abiertamente falsas. Ya que la cuestión no era si el silogismo era estructuralmente correcto, sino si era realmente verdad. Pero en una situación diferente, donde se plantea la pregunta "¿Es este silogismo estructuralmente correcto?", incluso cuando la conclusión se contradice con la experiencia de uno, es el hemisferio derecho el que responde correctamente, y el hemisferio izquierdo el que se distrae por la familiaridad de lo que ya cree saber y se equivoca en la respuesta.84 El hilo conductor aquí es el papel del hemisferio derecho como "detector de mentiras". En el primer caso (respondiendo a la pregunta "¿Qué es verdad aquí?), detectar la mentira implica el uso del sentido común. En el segundo caso (respondiendo a la pregunta "¿Es correcta la lógica aquí?"), detectar la mentira implica resistirse a lo obvio, a la línea de pensamiento habitual. Esto ilustra el aspecto de la actividad del hemisferio derecho al que Ramachandran se refiere como “abogado del diablo".85

 

EL FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA NERVIOSO ESTÁ EN CORRESPONDENCIA CON EL HEMISFERIO DERECHO

Hay otra línea adicional de evidencias que merece ser considerada. He propuesto que la función y la estructura del cerebro actúan como una metáfora de la mente: en otras palabras, que podemos aprender algo sobre la naturaleza de los procesos mentales observando el cerebro. Al mismo tiempo, he propuesto que hay algo más fundamental sobre el mundo que se hace realidad con el hemisferio derecho, con su entreidad, su modo de conocer que implica reciprocidad, un proceso reverberante de ida y vuelta, en comparación con la forma unidireccional, lineal, y secuencial de construir una imagen favorecida por el hemisferio izquierdo. Pero, se podría decir, que el sistema nervioso no sigue en sí mismo el modelo del hemisferio derecho. Un nervio transmite un impulso al siguiente, que a su vez lo transmite a otro, o a una fibra muscular, y finalmente eso da lugar a una acción. El proceso es lineal, secuencial: ¿qué tiene eso de "reverberante"? Seguramente, si las neuronas en sí mismas funcionaran de esta manera lineal, secuencial, unidireccional - con independencia de lo que pudiera ocurrir más adelante con el manejo de esta "información" - entonces el modelo del hemisferio izquierdo sería fundamental para nuestro ser, para nuestros procesos mentales y, por lo tanto, para la conciencia misma.     

Pues bien, resulta que el comportamiento de las neuronas no es lineal, secuencial, unidireccional: se comportan de forma recíproca, reverberante, y no solo en el hemisferio derecho. Esto es lo que dice Marcel Kinsbourne:

 

En contra de la imagen tradicional del cerebro como una vía de información unidireccional, cuando las estaciones celulares del cerebro se conectan, el tráfico es casi siempre bidireccional. El tráfico tampoco va en una dirección, con un poco de retroalimentación. Las áreas interactúan por igual en ambas direcciones, directamente en forma recíproca, o indirectamente mediante bucles a través de varias estaciones celulares, de modo que el tráfico neuronal reverbera desde su punto de partida. El cerebro anterior es, de manera abrumadora, un escenario de influencias recíprocas reverberantes.86

Parece que esta reciprocidad, esta entreidad, llega hasta el núcleo de nuestro ser. Más allá de esto, hay pruebas fascinantes de que la entreidad y la reciprocidad existen a nivel de la estructura y función celular dentro de la misma neurona, incluso a nivel molecular, a medida que el cerebro llega a comprender algo y deja huellas en la memoria.87 No sé si continúa en los niveles atómico y subatómico, pero mi lectura profana de esta literatura sugiere que podría ser así.

El proceso de traer el mundo a la existencia comienza, entonces, con el hemisferio derecho. Y, como mencioné en el Capítulo II, es el hemisferio derecho el que despliega sus funciones primero, y el que permanece dominante durante al menos el primer año de vida.88

 

 

EL PROCESAMIENTO INTERMEDIO REALIZADO POR EL HEMISFERIO IZQUIERDO

La primacía podría significar simplemente llegar primero, en el mismo sentido que la infancia llega antes que la madurez. Pero no me refiero solo a que el hemisferio derecho inicie el proceso de traer el mundo a la existencia. Con esto quiero decir que lo hace porque está más en contacto con la realidad, y que no solo tiene prioridad temporal o en el desarrollo, sino también primacía ontológica. Independientemente de lo que el hemisferio izquierdo pueda añadir, y lo que añade es mucho, necesita devolver lo que ve del mundo para que sea enraizado en el hemisferio derecho.

Ahora llegamos al mundo del hemisferio izquierdo, un mundo virtual, pero uno donde ya no somos receptores pasivos, sino operadores poderosos. El procesamiento del hemisferio izquierdo añade los valores de claridad y fijeza, que es lo que hace posible que controlemos, manipulemos o usemos el mundo. Para lograr esto, la atención se dirige y se focaliza; la totalidad se descompone en partes; lo implícito se despliega; el lenguaje se convierte en el instrumento del análisis en serie; las cosas se categorizan y se vuelven familiares. El afecto se deja a un lado y se reemplaza por la abstracción cognitiva; la mente consciente se hace cargo de la situación; los pensamientos se envían al hemisferio izquierdo para que se expresen en palabras y las metáforas se pierden o se suspenden temporalmente; el mundo se re-presenta en una forma ahora estática y jerárquicamente organizada. Esto nos permite llegar a tener conocimiento, y así poner el mundo en orden, pero deja dicho saber desnaturalizado y descontextualizado.

Este es el mundo que nos es familiar desde el período intermedio o "clásico" de la filosofía, desde Platón hasta al menos Kant, una vez que se perdieron las intuiciones de los filósofos presocráticos y antes de que se adquirieran las de los "idealistas" alemanes, y más tarde de los fenomenólogos. En física es el mundo de la mecánica clásica, el universo newtoniano y, en términos más generales una visión de la naturaleza que comenzó con Demócrito y sus contemporáneos y llegó a su fin con Niels Bohr y los suyos.

El hemisferio izquierdo, el mediador en la división, nunca es un punto final, siempre es un lugar de paso. Es un departamento útil al que enviar cosas para su procesamiento, pero las cosas solo vuelven a tener sentido cuando se devuelven al hemisferio derecho.         

Es necesario que haya un proceso de reintegración, por el cual volvemos al mundo experiencial nuevamente. Las partes, una vez vistas, son nuevamente subsumidas en el conjunto, al igual que la fragmentación difícil y consciente de una pieza por parte del músico en la práctica se disuelve de nuevo en la interpretación (ahora mejorada). La parte que ha estado bajo el foco de atención se ve como parte de una imagen más amplia; lo que tenía que ser consciente por un tiempo se vuelve inconsciente nuevamente; lo que necesita ser implícito una vez más se retira; la entidad representada vuelve a estar presente y "vive"; e incluso el lenguaje adquiere su significado final gracias a la pragmática holística del hemisferio derecho.

Así, lo que comienza en el mundo del hemisferio derecho es “enviado” al mundo del hemisferio izquierdo para su procesamiento, pero debe ser "devuelto" al mundo del hemisferio derecho donde se puede realizar una nueva síntesis. Quizás una analogía sería la relación entre la lectura y la vida. La vida ciertamente puede tener sentido sin los libros, pero los libros no pueden tener sentido sin la vida. La mayoría de nosotros probablemente compartimos la creencia de que la vida se enriquece enormemente con ellos: la vida entra en los libros y los libros regresan a la vida. Pero la relación no es igualitaria ni simétrica. Sin embargo, lo que hay en ellos no solo se añade a la vida, sino que genuinamente vuelve a la vida y la transforma, de modo que la vida, tal como la vivimos en un mundo lleno de libros, es creada en parte por los propios libros.          

Esta metáfora no es perfecta, pero aclara este punto. En cierto sentido, un libro, como el mundo según el hemisferio izquierdo, es un extracto selectivo, organizado, re-presentado, estático, revisable, delimitado, y "congelado" de la vida. Ha tomado algo infinitamente complejo, interrelacionado sin fin, fluido, en evolución, incierto, que nunca se repite, encarnado y fugaz (porque está vivo) y ha elaborado algo de una manera muy diferente que nos sirve para entenderlo. Aunque obviamente es mucho menos complejo que la vida misma, sin embargo, ha traído a la luz un aspecto de la vida que antes no estaba ahí. Por lo tanto, el hemisferio izquierdo (como el libro) puede considerarse que recibe el mundo tal y como lo entrega el hemisferio derecho (la "vida" irreflexiva), y devuelve la vida en forma mejorada. Pero, en la estantería, el contenido del libro está muerto: solo vuelve a la vida en el proceso de ser leído. Ya no es estático, delimitado, "congelado", el contenido del libro se incorpora al mundo donde nada es fijo o totalmente conocido, sino que siempre se convierte en algo más.

Parto de la base de que hay algo que existe fuera de la mente. Hay que tener un punto de partida, y si no se cree al menos en eso, no tengo nada que decir, sobre todo porque, si tiene razón, no está ahí para que se lo diga. La relación de nuestros cerebros con lo que sea que exista fuera de nosotros mismos podría ser de cuatro tipos: (1) ninguna relación en absoluto - lo que nos devuelve al solipsismo, ya que mi cerebro sería la única fuente de todo lo que experimento; (2) receptiva - en el sentido de que, tal vez como un aparato de radio, el cerebro recoge al menos algo de lo que lo que sea de ahí fuera, y eso se convertirá en lo que se experimenta; (3) generativa - en el sentido de que el cerebro ha creado al menos algo de lo que sea que existe aparte de nosotros; o (4) reverberante, es decir, tanto receptiva como generativa, recogiendo - recibiendo, percibiendo, y en el proceso produciendo, devolviendo, creando "lo que sea que existe aparte de nosotros mismos pero que nos incluye a nosotros mismos". Simplemente voy a decir en este punto que adopto la última de estas alternativas. Por supuesto, cual es la correcta es una cuestión tremendamente importante para la filosofía, pero si tal cosa es susceptible de ser probada, no puedo demostrarlo. Todo lo que puedo decir es que todas las evidencias de que dispongo como ser humano que vive, piensa, y siente me llevan a esa conclusión.

Así que, teniendo en cuenta el argumento de este libro, ¿son ambos hemisferios los que están haciendo este dar y recibir, formando parte de todo lo de ahí fuera - o solo uno? mi punto de vista es que tanto el hemisferio derecho como el izquierdo están involucrados en el proceso de dar y recibir, a partir del cual se crea el mundo que experimentamos, pero, una vez más, no simétricamente. El hemisferio derecho parece ser el primero en dar origen al mundo, pero lo que trae a la existencia solo puede ser inevitablemente parcial. La idea de que nuestros cerebros están perfectamente adaptados para traer a la existencia todo lo que pueda existir en el universo, especialmente, que podrían traer a la existencia todo lo que hay en el universo en un momento dado, es patentemente ridícula. Utilizando la analogía de un receptor de radio, se puede sintonizar solo en una longitud de onda a la vez, y siempre habrá ondas de radio, por no mencionar otras formas de ondas, que nunca se podrán captar. Pero este filtrado, esta restricción forzosa del hemisferio derecho, no es una limitación en sentido negativo, como tampoco es una cualidad negativa en una radio el hecho de poder transmitir un solo programa a la vez. Tal limitación es una condición de su funcionamiento en general. A partir de ella, permite que algo en particular surja para nosotros, el mundo tal y como nos lo entrega el hemisferio derecho.

A su vez el hemisferio izquierdo capta, ve y recibe solo una parte de lo que ha recibido el hemisferio derecho. Su método es la selección, la abstracción - en una palabra, la negación. Pero esta selección, este estrechamiento, una vez más no es una disminución, sino un incremento. Al restringir o seleccionar, surge algo nuevo que no existía allí antes. El proceso es como el de una escultura, en la que una cosa llega a existir a través de desprenderla de algo más. El tallado puede revelar lo que vive dentro de la piedra, pero igualmente esa cosa, sea lo que sea, solo vive en la piedra, no en el tallado por sí mismo. Así, en cierto sentido, la piedra depende de la mano del escultor, aunque no tanto como la mano del escultor depende de la piedra. El mundo que experimentamos es un producto de ambos hemisferios, claramente, pero no de la misma manera. La creación restrictiva de algo por parte del hemisferio izquierdo sigue dependiendo de su fundamento en algo que lo subyace en el hemisferio derecho (y ambos de algo que lo subyace a ambos, fuera del cerebro).                      

Es posible que esta estructura bifásica, y esencialmente apofática ("negadora"), de la revelación de lo que sea que exista aparte de nosotros, haya sido anticipada por Max Scheler. Aunque no haya una ecuación simple entre el hemisferio derecho y el Drang de Scheler, y el hemisferio izquierdo y su Geist,89   no obstante, creo que con ello se ilumina un elemento importante tanto en la forma en que los hemisferios se relacionan entre sí, como en la forma en que se relacionan juntos con lo que sea que exista aparte de nosotros. La relación entre los hemisferios es solamente permisiva. El hemisferio derecho puede o bien no permitir (diciendo, "no") o permitir (no diciendo, "no"), aspectos del Ser a la “presencia" en él. Hasta que no lo haga, no sabe lo que son, y por lo tanto, no puede estar involucrado en su existencia como tal antes de su revelación. Posteriormente a esto, el hemisferio izquierdo solo puede no permitir (diciendo que "no"), o permitir (al no decir, "no”) que se "re-presenten" aspectos de lo que es "presentado" en el hemisferio derecho: no sabe lo que el hemisferio derecho sabe y, por lo tanto, no puede participar en traerlo a la existencia como tal.

Este modo de creación negador o apofático de lo que-sea-que-es, se refleja en nuestra experiencia de que lo que conocemos acerca de las cosas tal y como son realmente, comenzando con el propio Ser, que es de naturaleza apofática: solo podemos conocer lo que ellas no son. Su significado particular es que describe el camino hacia la verdad del hemisferio derecho, que ve las cosas en su totalidad, y si se le pide que las describa, tiene que permanecer en "silencio". No tiene otra forma de llegar a lo que es esa cosa más que señalándola o desvelándola, permitiendo que la cosa se revele tanto como sea posible (no diciendo, "no" a ello, sino diciendo "no" a lo que lo rodea y lo oscurece), como un escultor cincelando la piedra para revelar la forma en su interior. Más aún, debido a que lo que el hemisferio izquierdo tiene a su disposición es solo lo que no dice que "no" a lo que se "presencia" en el hemisferio derecho, solo tiene partes del todo, fragmentos que, si trata de ver el conjunto, tiene que recomponerlos voluntariamente. Tiene que tratar de llegar a la comprensión juntando las piezas, construyéndolos activamente desde el interior, como si la estatua fuera "ensamblada". Mediante este proceso, la persona humana se parecería a un monstruo de Frankenstein, en lugar de a un ser vivo, y no en vano es una de las metáforas que originó el Romanticismo.

Esta idea no es solo una visión interna filosófica que nos ayuda a explicar lo que sabemos de los mundos creados por los dos hemisferios a nivel fenomenológico. Una vez más, lo encontramos instanciado a nivel neurológico en la anatomía funcional del cerebro. Recordemos que la función principal del cuerpo calloso es actuar como filtro de la transmisión entre los hemisferios,90 permitiendo el paso de la comunicación, pero actuando de manera preferente para inhibir la actividad, dando así forma a la evolución de la experiencia consciente, primordialmente, en el hemisferio izquierdo. Pero eso no es todo. La parte más evolucionada del cerebro, la corteza frontal, consigue lo que hace en gran medida negando (o no negando) el resto de la actividad cerebral. "El trabajo de la corteza consiste en evitar la respuesta inapropiada en lugar de producir la apropiada", escribe Joseph LeDoux; es decir, que reduce al mínimo las cosas que existen, selecciona, no las origina.91 Y una respuesta al problema planteado por el libre albedrío en los experimentos de Libet es que hay un tiempo entre el inicio inconsciente de una acción y su ejecución para que la mente consciente intervenga y "ponga un veto" a la acción. En este sentido, puede ejercer su influencia más como "libre no albedrío" que como "libre voluntad".92

Los lóbulos frontales son indiscutiblemente las partes del cerebro que nos hacen más humanos, los que nos proporcionan todas las grandes cosas que conseguimos. Por tanto, esta negación es enormemente creativa. Cuando recordamos que es el hemisferio derecho el que logra ponernos en contacto con lo que es nuevo mediante una actitud de apertura receptiva hacia lo que es - en contraste con la visión del hemisferio izquierdo que hace activamente nuevas las cosas, al juntarlas intencionadamente poco a poco - parece que aquí también hay pruebas, si es que se necesitan más, de que el hemisferio derecho es más fiel a la naturaleza de las cosas.

 

EL PROCESO DE REINTEGRACIÓN

En última instancia, el principio de división (que es el del hemisferio izquierdo) y el principio de unión (que es el del hemisferio derecho) deben unificarse: en términos de Hegel, la tesis y la antítesis deben poder alcanzar una síntesis en un nivel superior. Y los pacientes con cerebro dividido pueden decirnos algo sobre este nivel a partir de sus experiencias fuera del laboratorio, en su encuentro con la vida; dado que suelen tener problemas con los sueños y la imaginación.93 En el caso de los sueños, puede ser que tengan lugar los sueños, y que la dificultad radique en que el hemisferio izquierdo tenga acceso a ellos y, por lo tanto, sea capaz de informar sobre ellos. Sin embargo, es evidente que para la consecución de las mayores hazañas del espíritu humano se requiere la integración de ambos mundos hemisféricos, y los pacientes con cerebro dividido parecen tener un nivel empobrecido de imaginación y creatividad, sugiriendo, como creo que es claramente el caso, que es necesario el funcionamiento integrado de ambos hemisferios para tal actividad. La forma que adopte esa integración puede estar lejos de ser sencilla, por supuesto. Puede ser que, ante la ausencia de un cuerpo calloso normal, sea imposible para cualquiera de los dos hemisferios inhibir al otro adecuadamente y evitar que interfieran durante períodos críticos. O puede haber un fallo de la reintegración una vez que haya terminado la actividad por separado.

Si predomina la visión del hemisferio izquierdo, su mundo queda desnaturalizado (en términos de Heidegger, hay una "desmundanización" del mundo). Entonces el hemisferio izquierdo percibe que algo no funciona, que le falta algo - de hecho, nada menos que la vida. Intenta hacer que sus creaciones vuelvan a estar vivas apelando a lo que considera atributos de un ser vivo: novedad, excitación, estimulación. Sin embargo, es la facultad de la imaginación, que surge entre los dos hemisferios, la que nos permite recuperar las cosas del mundo del hemisferio izquierdo y hacerlas vivir de nuevo en el derecho. Es de esta manera, y no por medio de la novedad aparatosa, que las cosas vuelven a ser verdaderamente nuevas.

El hemisferio derecho necesita del hemisferio izquierdo para poder "desempaquetar" la experiencia. Sin su distancia y estructura, ciertamente, no podría haber, por ejemplo, arte, tan solo experiencia - la descripción de Wordsworth de la poesía como una "emoción rememorada en la tranquilidad" es solo un famoso reflejo de esto. Pero, igual de importante, es que si el proceso termina en el hemisferio izquierdo, uno tiene solo conceptos - abstracciones y concepciones, no arte en absoluto. Del mismo modo, la sensación pre-conceptual e inmediata de sobrecogimiento solo puede evolucionar hacia la religión con la ayuda del hemisferio izquierdo: aunque, si el proceso se detiene ahí, todo lo que queda es teología, sociología o un ritual vacío: es decir otra cosa. Parece que, una vez realizado el trabajo de división por el hemisferio izquierdo, debe buscarse una nueva unión, y para que esto suceda, el proceso debe devolverse al hemisferio derecho para que pueda seguir vivo. Por ello, Nietzsche sostenía que "a diferencia de todos aquellos que se empeñan en derivar las artes de un único principio, como fuente necesaria de vida para toda obra de arte, yo he mantenido mi mirada fija en estas dos deidades artísticas de los griegos, Apolo y Dioniso.”94 Según Nietzsche, estos dos dioses representaban los dos impulsos artísticos fundamentalmente opuestos (Kunsttriebe): uno hacia el orden, la racionalidad, la claridad, el tipo de belleza que viene con la perfección, el control humano de la naturaleza y la celebración de máscaras, representaciones o  apariencias; el otro impulso hacia la intuición, la superación de todas las fronteras artificiales humanas, un sentido de unidad o plenitud, el placer y el dolor físico, y la celebración de la naturaleza más allá del control humano, tal como realmente es. Se apreciará que este contraste no  corresponde claramente con el hemisferio izquierdo frente al derecho, sino más bien, en términos neuropsicológicos, con los lóbulos frontales frente las regiones subcorticales más antiguas del sistema límbico; pero dado que, como he subrayado, tales distinciones conllevan implicaciones para la separación de los hemisferios (en el sentido de que el hemisferio derecho está más en contacto con estas fuerzas antiguas y "primitivas", aunque las module de manera importante en muchos aspectos), tiene relevancia para el tema de este libro.

El hemisferio izquierdo sabe cosas que el hemisferio derecho no sabe, al igual que el derecho sabe cosas de las cuales el hemisferio izquierdo es ignorante. Pero solo, como he tratado de sugerir en capítulos anteriores, el hemisferio derecho está en contacto directo con el mundo vivo encarnado: el mundo del hemisferio izquierdo es, en comparación, un asunto virtual y sin vida. En este sentido, el hemisferio izquierdo es “parasitario" del derecho. No tiene vida en sí mismo: su vida proviene del hemisferio derecho, al que solo puede decir "no" o no decir "no". Esta idea subyace en la percepción de Blake en El Matrimonio del Cielo y el Infierno, en la que escribe, "La Energía es la única vida y proviene del Cuerpo; y la Razón es el límite o circunferencia exterior de la Energía” (la cursiva es mía). La razón (lo que Blake denomina en otro lugar Ratio, algo que está más próximo a la racionalidad que a la razón) toma su propia existencia de la delimitación de otra cosa en la que la vida es de hecho inherente. Esto no es, como pudo haber pretendido Blake, desacreditar la importancia de la razón, pero sí decir algo importante sobre su categoría ontológica. Análogamente, la relación entre los hemisferios implica algo más que una participación equivalente y simétrica de ambos: hay una asimetría entre los principios de división (hemisferio izquierdo) y unificación (hemisferio derecho), en última instancia a favor de la unión. Heidegger no fue el único en ver que la belleza reside en una armonización de opuestos, que se han diferenciado nítidamente, en la interrelación de una unidad armoniosa. La necesidad de unificación en última instancia de la división con la unión es un principio importante en todos los ámbitos de la vida; refleja la necesidad no solo de que haya dos principios opuestos, sino de que su oposición se armonice en última instancia. La relación entre unión y división no es en este sentido, una vez más, equivalente o simétrica.95

Los pensadores y filósofos de la tradición Romántica se esforzaron por expresar esta idea de diferentes maneras. Introduzco aquí el término "romántico" con cierta inquietud, porque para algunos sugiere las limitaciones de un período circunscrito de la historia cultural occidental reciente, asociado en sus mentes con la fantasía y la falta de rigor. Desafortunadamente, es el único término que tenemos para referirnos a una revolución tanto filosófica como cultural, que anunció los comienzos de una nueva toma de conciencia del poder del pensamiento metafórico, de las limitaciones de una lógica clásica y no-paraconsistente, y la adopción de formas no-mecanicistas de pensar sobre el mundo, que tardíamente nos permitieron ponernos al día con ideas que habían estado vigentes durante siglos, si no milenios, en las culturas orientales. Con el advenimiento del Romanticismo, la paradoja volvió a ser no un signo de error, sino, como habían visto los filósofos occidentales antes de Platón y todas las principales escuelas de pensamiento de Oriente antes y después, un signo de la necesaria limitación de nuestros modos habituales de lenguaje y pensamiento, a la que hay que dar la bienvenida, en lugar de rechazar, en el camino hacia la verdad.  "La paradoja es todo aquello que es a la vez bueno y grande", escribió Friedrich Schlegel.96

Como digo, los Románticos, lucharon por expresar la idea de la unidad de la unión con la división.97 Volviendo de nuevo a Schlegel: "Donde la filosofía se detiene, la poesía tiene que comenzar... Todo lo que se podía lograr mientras la poesía y la filosofía estaban separadas ya se ha hecho y se ha cumplido. Así que ha llegado el momento de unirlas".98 Con un argumento ligeramente diferente, pero en una línea similar, escribió: "Es igualmente fatal para la mente tener un sistema o no tener ninguno. Simplemente tendrá que decidir combinar los dos."99 Y Coleridge escribió en su Biografía Literaria:

Para obtener nociones adecuadas de cualquier verdad, debemos separar intelectualmente sus partes distinguibles; y este es el procedimiento técnico de la filosofía. Pero una vez hecho esto, debemos entonces restaurarlas a nuestra propia concepción de la unidad en la que realmente coexisten; y este es el resultado de la filosofía.100

Hegel también sostenía que la unión y la división tienen ellas mismas que ser unificadas, sugiriendo la prioridad final del principio de unión sobre el de división, a pesar del papel necesario que juega la división en una etapa del proceso. "Todo", escribió (con su característica impenetrabilidad) "depende de la unidad entre la diferenciabilidad y la no-diferenciabilidad, o de la identidad entre la identidad y la no-identidad".101

El concepto de lo individual (entidad o persona, sea lo que sea) es, por lo tanto, un concepto ambiguo. Por un lado, se puede ver como una parte, que tiene existencia previa a la totalidad en la que reside, y esa totalidad se entiende como algo que se alcanza al sumar las partes - lo individual como una "unidad" en un complejo de unidades, como un bloque entre bloques de construcción (el punto de vista del hemisferio izquierdo). Por otro lado, lo individual puede ser visto en sí mismo como una totalidad, indivisible en partes, a partir de las cuales esa totalidad podría volver a crearse una vez desmembrado; pero, sin embargo, no está separado de una totalidad mayor a la que pertenece, y que se refleja en él, del que, incluso, deriva su individualidad (punto de vista del hemisferio derecho). Así, según este punto de vista, la tendencia divisiva a la individuación existe dentro de la tendencia a la unión; las entidades individuales se distinguen, pero solo dentro de una unión que supera y matiza esa distinción. En el Romanticismo, como sugeriré más adelante, este sentido de individualidad, aplicado al individuo humano, era sustentable, si bien no por ello dejaba de percibirse como existente en el contexto de algo más amplio y profundo que ello mismo, hacia lo que tendía. Esta tendencia hacia algo más no aniquilaba la individualidad del yo, sino que la enraizaba.

La construcción de sistemas del hemisferio izquierdo ha sido muy poderosa históricamente, porque es retóricamente poderoso. Da la impresión de ser una forma de integrar o reintegrar los hechos o entidades dispares que el propio hemisferio izquierdo ha creado.

Pero de hecho crea algo muy diferente de la totalidad que ha sido perdida. Simplemente llamo la atención, siguiendo a Elster, sobre el hecho de que los sistemas racionalistas contienen las semillas de su propia destrucción. De manera gódeliana, siempre hay elementos que surgen desde dentro del sistema (objetivos concebidos racionalmente) que no pueden ser alcanzados por el mismo sistema (medios racionales de búsqueda), y que de hecho llaman nuestra atención sobre los límites del sistema, y nos señalan algo más allá. Asimismo, existen tensiones entre la búsqueda racional de la certeza y el deseo de conocimiento, ya que, como señaló Hegel, la "inmediatez" (la cualidad de ser comprensible algo sin necesidad de ningún otro concepto o idea), no es compatible con lo determinable, y por lo tanto la certeza se compra a expensas del contenido: "Cuanto más seguro es nuestro conocimiento, menos sabemos."102  Cuanto más especificamos algo para estar seguro de ello, menos sabemos realmente de ello, lo que equivale al principio de incertidumbre mencionado anteriormente.103

La dificultad de conciliar la distinción que en el fondo sentimos entre, por un lado, una visión del mundo como un ensamblaje de partes o fragmentos que necesitan, para ser comprendidos, ser agregados a un sistema (hemisferio izquierdo), y la apreciación de entidades individuales, o particulares, que nunca están separadas del todo al que pertenecen, y de cuya unidad, por más paradójico que parezca, se deriva su individualidad (hemisferio derecho), tenía preocupados y perplejos a los Románticos. Tanto en las cartas de Coleridge como en su Biografía Literaria, se ve la lucha por alcanzar una percepción más clara de esta dualidad; de hecho, encontrar una manera de esclarecer este aspecto profundamente sentido de la propia dualidad de la mente fue la batalla en la que estuvo comprometido durante la mayor parte de su vida intelectual. El escribió:

 

Yo puedo a veces sentir con fuerza las bellezas, que usted describe, en sí mismas, y por sí mismas - pero más frecuentemente todas las cosas me parecen insignificantes - todo el conocimiento que puede adquirirse, un juego de niños - el universo mismo - ¿qué es sino un inmenso montón de pequeñas cosas? ¡No puedo contemplar más que partes, y las partes son todas insignificantes -! - Mi mente siente como si anhelara contemplar y conocer algo grandioso - algo único e indivisible, y es solo en la fe de esto que las rocas o las cascadas, las montañas o las cavernas me dan la sensación de grandiosidad o majestuosidad! — ¡Pero sin esta fe todas las cosas falsifican el infinito!.104

Por contraste, solo unos días después escribió sobre su

 

amor a "lo Grandioso", y a “la Totalidad". -  Aquellos que han sido conducidos a las mismas verdades, paso a paso a través del testimonio constante de sus sentidos, me parece que carecen de un sentido que yo poseo – Ellos no contemplan nada más que partes - y todas las partes son necesariamente insignificantes - y el Universo para ellos no es más que una acumulación de pequeñas cosas.105

A finales del siglo XIX, Nietzsche había llegado a la conclusión de que esta visión de una masa de pequeñas cosas desconectadas no era solo otra forma de ver, sino una forma artificial, impuesta a la conectividad subyacente de la existencia por la conveniencia del conocimiento: "No hay unidades duraderas y finales, ni átomos, ni mónadas: también aquí el 'ser' de las cosas ha sido insertado por nosotros (por razones prácticas, útiles, de perspectiva)".106  Lo que quiere decir aquí con el "ser" de las cosas "es en el sentido de que hay entidades acabadas, que existen independientemente, en lugar de un todo interconectado siempre en proceso de llegar a ser: una percepción que es impuesta al mundo por el hemisferio izquierdo por "razones prácticas, útiles, de perspectiva", siendo las partes y los sistemas un subproducto del proceso de "conocer", al estilo del hemisferio izquierdo.    

"Mi mente se siente como si ansiara contemplar y conocer algo grandioso…" En alemán el sentimiento de anhelar algo, que existe fuera del yo al que este se siente conectado cristalizó en la palabra das Sehnen, que a menudo se traduce como "anhelo". Lo que este concepto me parece que recoge es el sentimiento de estar conectado a algo, y al mismo tiempo alejado de ello. La conexión permanece a pesar de la distancia, y la separación se mantiene a pesar de la sensación de unión. La razón por la que traigo esto a colación es que la diferenciación existe dentro de la unión, la cual la supera. Aunque este diferenciado, el individuo sigue siendo parte del todo y solo es comprensible en función del todo del que forma parte.

El término, das Sehnen, anhelo, proviene de la misma raíz que die Sehne, un tendón. El objeto del anhelo es aquello hacia lo que "tendemos", y el término "tendón" se relaciona de manera similar con las palabras "tender" y "tendencia". De hecho, la palabra inglesa "sinew" es afín a die Sehne, y "sinew" solía usarse para referirse a la unión elástica del músculo y el tendón. Estas imágenes sugieren el funcionamiento de una articulación como, por ejemplo, la del codo. La articulación es posible gracias a la existencia del tendón, una conexión elástica que permite que los huesos que forman parte de la articulación (pero que no constituyen la articulación) estén alejados entre sí, y permanezcan conectados, o que se muevan juntos y permanezcan separados; una imagen recogida ingeniosa, y profundamente, por Donne en los dos brazos de un compás, con la imagen de los dos amantes en, Una despedida: prohibido el duelo. El significado de estas ideas se hará más evidente en la Parte II.

Hay, pues, en resumen, una fuerza de individuación (hemisferio izquierdo) y una fuerza de cohesión (hemisferio derecho): pero, allí donde el todo no es lo mismo que la suma de las partes, la fuerza de individuación existe dentro de la fuerza de cohesión y está sujeta a ella. En este sentido, lo "dado" al hemisferio izquierdo tiene que ser nuevamente "cedido" para ser reunificado a través de las operaciones del hemisferio derecho. Esta sensación en la que la racionalidad del hemisferio izquierdo debe someterse de nuevo al influjo contextualizador más amplio del hemisferio derecho, con toda su complejidad emocional, puede explicar, sin duda, la afirmación eminentemente cuerda y razonable del filósofo David Hume de que, “la Razón es, y debería ser solo la esclava de las pasiones, y por lo tanto nunca puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas.”107 No quería decir que la pasión desenfrenada debiera gobernar nuestros juicios, sino que el funcionamiento racional del hemisferio izquierdo (aunque él no podría haber sabido que eso era lo que era) debería estar sujeto a la sabiduría intuitiva del hemisferio derecho (aunque tampoco podría haberlo reconocido como tal). Si la razón surge del sentimiento, como dice Vauvenargues, y, a su vez, debe inclinarse ante el sentimiento, como sugiere Hume aquí, esto expresa perfectamente mi punto de vista que lo que surge en el hemisferio izquierdo lo hace desde el hemisferio derecho, y necesita someterse a él una vez más.

 

LA REINTEGRACIÓN COMO AUFHEBUNG

He expresado esta reintegración en términos de un “retorno” al hemisferio derecho. Esto conlleva el riesgo de sugerir que los logros de la intervención del hemisferio izquierdo se pierdan o se anulan, reduciéndose sólo a un recuerdo que debe tenerse en cuenta al observar la nueva totalidad alcanzada por el hemisferio derecho, como si uno estuviera mirando la misma totalidad que antes, solo que con nuevos ojos. Esto sería como si un niño desarmara un reloj y lo volviera a armar. El único sentido significativo en el que el reloj vuelto a montar sería diferente estaría en el nuevo conocimiento que el niño tiene de sus partes constituyentes; una diferencia importante para el niño, sin duda, pero que no modificaría efectivamente el reloj. Una vez más aquí, nos dejamos engañar por la metáfora de un mecanismo, un reloj, que, al menos en un cierto sentido, no es más que la suma de sus partes.

En cambio, el modelo que yo adoptaría para explicar el modo en que este proceso de aprehensión bihemisférica del mundo ocurre es el del Aufhebung de Hegel. La palabra, a menudo traducida como sublación, significa literalmente "elevar" algo, y se refiere al modo en que las etapas iniciales de un proceso orgánico, si bien son desplazadas por las que vienen después, no son anuladas por éstas, a pesar de que dichas etapas posteriores sean incompatibles con las anteriores. En este sentido, la etapa anterior se "eleva" a la etapa posterior, tanto en el sentido de que es "absorbida en" o "subsumida" en la etapa siguiente, como en el sentido de que permanece presente en un nivel "superior" del proceso, pero transformada por él. En un famoso pasaje al principio de la introducción del Prefacio de La Fenomenología de la Mente, Hegel lo ilustra haciendo referencia al desarrollo de una planta:

 

El capullo desaparece al abrirse la flor, y podría decirse que lo anterior es refutado por lo actual; del mismo modo, cuando llega el fruto, la flor puede explicarse como una falsa forma de la existencia de la planta, ya que el fruto aparece como su verdadera naturaleza en lugar de la flor. Estos estadios no son meramente de diferenciación; sino que se suplantan unos a otros por ser incompatibles entre sí. Pero la incesante actividad de su propia naturaleza inherente hace que constituyan al mismo tiempo otros tantos momentos de una unidad orgánica, donde no solo no se contradicen entre sí, sino que unos son tan necesarios como otros; y está igual necesidad de todos los momentos constituye por sí sola y de este modo la vida del todo.108

Así, lo que ofrece el hemisferio izquierdo debe y necesita ser aufgehoben (sublimado) por el hemisferio derecho, no anulando la contribución del hemisferio izquierdo, sino llevándola más allá, reincorporándola de nuevo al ámbito de la unificación (de hecho, en alemán, aufgehoben incluye claramente la idea de ser preservado, y al mismo tiempo transformado).

No es solo que Hegel cristalice la relación de los hemisferios con este concepto, ni siquiera que la relación de los hemisferios sea un ejemplo de ontología dialéctica - la naturaleza de la existencia surgiendo de la oposición o la negación. Hegel, junto con Heráclito y Heidegger, ocupa un lugar particular en el desarrollo de la historia de la relación entre los hemisferios cerebrales, en la medida en que, me parece, que su filosofía trata realmente de expresar la intuición de la mente de su propia estructura - o si se prefiere, la mente conociéndose a sí misma. Su espíritu es como una presencia invisible en este libro, y se hace necesario dedicar algunas páginas a sus heroicos intentos de articular, en relación a la estructura de la mente o espíritu (Geist), lo que está más allá de dicha articulación, incluso actualmente que tenemos un conocimiento de la estructura del cerebro.

Mi elección de la fábula nietzscheana del Maestro y su Emisario sugiere que justo en el corazón de la relación entre los hemisferios vea una lucha de poder entre dos entidades desiguales, y además una lucha en la que la parte inferior y dependiente (el hemisferio izquierdo) comienza a verse a sí misma como de importancia primordial. Hegel también hablaba de un "amo" y un "siervo", es cierto, pero primero déjenme aclarar algo al respecto. Lo que la mayoría de la gente conoce del tratamiento que hace Hegel de la relación amo/siervo es un pasaje de la Fenomenología del Espíritu (B, IV, A) titulado "Señorío y servidumbre". Ahí habla de un amo y un siervo en el sentido convencional de dos personas en una relación socialmente definida, y donde centra su interés es en la relación paradójica entre un amo y un siervo concretos en su búsqueda de "reconocimiento" mutuo. En pocas palabras, el reconocimiento del siervo hacia el amo carece de valor para éste, debido al desprecio del amo hacia dicho siervo,109 pero el siervo sí que es capaz de lograr un sentido más genuino de reconocimiento por su trabajo cualificado, lo que le permite después de todo, alcanzar una conciencia de sí mismo más plena. Esencialmente, se trata de una fábula sobre la inutilidad del elitismo social, y no nos concierne aquí.

Pero hay un pasaje mucho más interesante, y más profundamente premonitorio, que sigue a este en la Fenomenología del Espíritu (B, IV, B), el de la "Conciencia Infeliz". Hegel aquí está hablando de algo muy diferente, algo de relevancia inmediata para el tema de este libro: la división interna de la mente o espíritu, que se encuentra escindida en un subyo, "amo" y en un subyo, "siervo". La descripción de la relación de estas dos partes de la mente anticipa asombrosamente lo que la investigación neurológica revelaría sobre el funcionamiento del cerebro y que constituye el tema de este libro, con la salvedad de que Hegel está utilizando el término "amo" aquí para referirse a la fuerza usurpadora que yo asocio con el hemisferio izquierdo - en otras palabras, al emisario convertido en déspota, conocido como el hemisferio "principal" - y al término "siervo" para referirse al verdadero Maestro, maltratado por el usurpador, que yo asocio con el hemisferio derecho, el hemisferio "silencioso" o "menor".110

En un pasaje bastante denso de la misma obra, Hegel hace una exposición tan brillante de lo que la investigación neurológica parece indicar que la incluyo aquí como el caso más extraordinario de cómo la mente mediante su introspección “se conoce a sí misma". En el primer párrafo ofrece lo que me parece una descripción perfecta de las debilidades de la aproximación al mundo real que realiza el hemisferio izquierdo, mientras no se resuelva en el posterior compromiso del hemisferio derecho. En el segundo párrafo describe cómo el verdadero conocimiento se redime a sí mismo "regresando a su sí mismo" en el hemisferio derecho (las cursivas y, por supuesto, las interpolaciones, son mías):

Si la constatación específica...es una que en sí misma es concreta o actual [como la que está presente en el H. dcho], de todos modos se degrada [debido a la comprensión formal del H. izdo] en algo sin vida e inerte [por ser meramente una re-presentación], ya que se limita a estar enunciada a partir de otra entidad existente, pero no se conoce como un principio vivo inmanente de esa existencia [que son todos modos del H. izdo en contraste con los del H. dcho]; ni tampoco hay ninguna comprensión de cómo en esta entidad tiene lugar su modo intrínseco y peculiar de expresarse y producirse [como podría comprender el H. dcho con su capacidad para apreciar tales cualidades profundas y únicas, en contraste con el H. izdo]. Esto, el núcleo mismo de la cuestión, la comprensión formal lo deja para que otros lo añadan más adelante [el H. izdo lo deja para que el H. dcho lo restituya en una etapa posterior de la reintegración, por lo que dicha reintegración es esencial]. En lugar de entrar en el contenido inherente del asunto en cuestión [como lo haría el H. dcho], el entendimiento siempre acomete un estudio del conjunto [desde el punto de vista del H. izdo en el eje vertical, como si leyera un mapa], asumiendo una posición por encima de la existencia particular de la que está hablando, es decir, no la ve en absoluto.

Aquí, Hegel ha captado brillantemente la diferencia entre la realidad del mundo tal como la percibe originalmente el hemisferio derecho y la "comprensión formal" de la misma por parte del izquierdo. Luego continua:

 

El verdadero conocimiento científico, por el contrario, demanda el abandono a la vida misma del objeto [el modo que solo el H. dcho puede alcanzar], o, lo que es lo mismo, reclama tener ante sí la necesidad interior que controla el objeto, y expresar solo esto. Sumergiéndose en su objeto [a lo largo del eje horizontal, como lo hace el H. dcho], se olvida de hacer ese estudio general [como lo habría hecho el H. izdo], que no es más que un giro del conocimiento desde el contenido hacia sí mismo [aludiendo a la naturaleza inevitablemente autorreferencial del H. izdo]. Pero al estar sumergido en el material en cuestión, y siguiendo el curso que dicho material toma, el verdadero conocimiento regresa a sí mismo [a su origen en el H. dcho], pero no antes de que el contenido en su plenitud [tal como fue "desempacado" completamente por el H. izdo, que es su inestimable contribución] sea tomado en sí mismo, se reduzca a la simplicidad de ser una característica determinada, descienda al nivel de ser un aspecto de una entidad existente [no solo lo que ve el H. izdo, sino tomado junto a, y en el contexto de, lo que aporta el H. dcho], y pase a su verdad más elevada [tal como se revela  por la Aufhebung final tanto del H. dcho como del H. izdo]. Mediante este proceso, el todo como tal, examinando todo su contenido, emerge él mismo de la riqueza en la que su proceso de reflexión parecía haberse perdido (el retorno al H. dcho recupera el todo, ahora enriquecido por el proceso del H. izdo en el que estaba amenazado de perderse].111

Lo que es ofrecido por el hemisferio derecho al izquierdo es devuelto y recogido en una síntesis que implica a ambos hemisferios. Así ocurre en los procesos de creatividad, en la comprensión de las obras de arte, y en el desarrollo del sentido religioso. En cada uno de ellos hay un progreso desde una aprehensión intuitiva de lo que sea, pasando luego por un proceso más formal de enriquecimiento a través de la comprensión analítica consciente y detallada, hasta una nueva y mejorada comprensión intuitiva de este todo, ahora transformado por el proceso que ha experimentado.

Esta idea, aunque difícil, es de una importancia crítica, porque el tema de la Parte II de este libro será que ha habido una tendencia del hemisferio izquierdo a ver el funcionamiento del hemisferio derecho como puramente incompatible, antagónico, como una amenaza a su dominio - el emisario percibiendo al Maestro como un tirano. Esto es una consecuencia inevitable del hecho de que el hemisferio izquierdo solo puede sostener una visión mecanicista del mundo, según la cual sería ciertamente verdad que la tendencia unificadora del hemisferio derecho revertiría sus logros en la delimitación de las entidades individuales. Según esa visión, la oposición no puede dar lugar a la sublación, a una negación de la negación, sino solo a la negación pura y simple. Pero esto es verlo de acuerdo a "lo uno/o lo otro"; y ver las entidades individuales como atomistas, como bolas de billar operando en el vacío - no habiendo entidades más grandes, excepto aquellas que son la suma de las interacciones de las "bolas de billar" individuales. Así parecería que, la naturaleza aborrece el vacío, como todos sabemos, y, por tanto, no hay nada entre las "bolas de billar". Pero en lugar de entidades separadas en un vacío, podríamos pensar en las entidades individuales como si fueran nodos densos dentro de alguna sustancia viscosa infinitamente elástica o distensible, una especie de sustancia viscosa existencial - ni en última instancia separable, ni en última instancia fusionada, aunque tampoco sin identidad ni sin el sentido de unidad final.

Esta idea explica el intento aparentemente paradójico, según las prácticas espirituales de todas las tradiciones de "aniquilar" al yo. ¿Por qué se querría hacer tal cosa, si el propósito de la creación es producir una infinita variedad, encarnada en innumerables yoes de todos los seres únicos existentes en el mundo creado? ¿No sería esto simplemente esforzarse por invertir el proceso creativo y regresar del Ser a la Nada? En cambio, lo que entiendo por esta mal llamada "aniquilación" del yo es un sacrificio de los límites que antes definían al yo, no en la anulación del yo, sino en su kenosis, una transformación por la cual es vaciado en un todo que es más grande que él mismo.112 De este modo, ni el capullo ni la flor son repudiados, sino que más bien son aufgehoben (integrados) en el fruto.

Como he propuesto anteriormente, todos los sistemas aparentemente "completos", como los que crea el hemisferio izquierdo, se manifiestan en última instancia, no solo según estándares o valores del hemisferio derecho, sino incluso en sus propios términos, como incompletos. Además, independientemente de que la superestructura se sostenga o no, sus fundamentos radican y son "impulsados" desde la intuición: las premisas de las que parte la construcción del sistema racional, e incluso el propio modo de funcionamiento racional, que es el del valor de la razón, no pueden ser confirmadas por el proceso de sistematización racionalista, sino que, en última instancia, necesitan ser intuidas. Esto no invalida nuestra intuición a favor de la razón, por supuesto, igual que no invalida otras de nuestras intuiciones, como el valor de la bondad, o de la belleza, o de la veracidad o de la existencia de Dios. (Wittgenstein en su Tractatus califica de trascendentales la lógica, la ética y la estética).113 Pero esto significa que tienen su origen en el hemisferio derecho, y no pueden trascender sus orígenes sino volviendo al hemisferio derecho en un proceso de sublación o Aufhebung. Por mucho que los sistemas racionalistas den la ilusión de ser completos - y que pueda ser muy difícil de escapar para aquellos que no pueden ver sus debilidades - de hecho, ocultan dentro de sí mismos los indicios del hilo que conduce a la salida del laberinto.

 

IGNORANCIA NECESARIA

El hemisferio izquierdo parece desempeñar un papel crucial en el establecimiento de lo que llega a existir; es parte del proceso de creación. La aplicación de un análisis lineal y secuencial obliga a explicitar lo implícito, y aporta claridad; esto es crucial para ayudar a que surja un aspecto de lo que está ahí. Pero, al hacerlo, se pierde el conjunto.

De nuevo aquí nos enfrentamos a la incompatibilidad de lo que tenemos que hacer. Tenemos que atender abiertamente al mundo para no perdernos algo nuevo o importante que tenderá a cambiar la forma en que miramos cualquier cosa; y a la vez, centrarnos en una cosa para poder ver lo suficientemente bien lo que es para que, una vez abandonada, pueda volver a ser constitutiva de la totalidad de la imagen en un sentido enriquecido. Nuevamente, estamos obligados a reconocer que ver un aspecto con claridad es ocultar otro aspecto: que la verdad es tanto un ocultamiento como un desocultamiento. La dificultad es una expresión de la incompatibilidad fundamental que supone situarse en el eje vertical al mismo tiempo que avanzamos lo más posible en el mundo a lo largo del eje horizontal.114 La vida parece obligarnos, como el gato de Schrödinger, a una especie de opción limitante. Parece que no podemos lograr la especificidad en la observación y, al mismo tiempo, preservar las demás características del objeto de nuestra atención, de la misma manera que una onda de luz (un proceso) se colapsa y se comporta como una partícula (una entidad aislada) si es acotada mediante una observación detallada.

El hemisferio derecho no necesita saber lo que sabe el hemisferio izquierdo, ya que eso destruiría su capacidad de comprender la totalidad; al mismo tiempo, el hemisferio izquierdo no puede saber lo que sabe el hemisferio derecho. Desde dentro de su propio sistema, desde su propio punto de vista, lo que cree haber "creado" parece completo. Solo porque lo que produce está enfocado y en el centro del campo de visión, se ve más fácilmente. Esta es una de las razones por las que somos mucho más conscientes de lo que contribuye a nuestro conocimiento del mundo.

El hemisferio izquierdo no puede aportar nada nuevo directamente desde el "exterior", pero puede desplegar, o "desempaquetar", lo que se le da. Su verdadera fuerza - y contiene una enorme fuerza, como demuestra la historia de nuestra civilización - radica en el hecho de que puede hacer explícito lo que el hemisferio derecho tiene que dejar implícito, dejar plegado. Sin embargo, esa es también su debilidad. La explicitación clarificadora debe reintegrarse al sentido del conjunto, lo que ahora está desempaquetado o desplegado, sea-lo-que-sea, debe ser devuelto al dominio del hemisferio derecho, donde vuelve a vivir. Y esto resulta ser un problema, como intentaré explicar en el siguiente capítulo.



 

 

CAPITULO 6.

EL TRIUNFO DEL HEMISFERIO IZQUIERDO

 

 

 

Repasando las evidencias que he expuesto en el capítulo anterior, procedentes de la filosofía, neurología y neuropsicología, parece que hay una mayor probabilidad de que sea el hemisferio derecho el que tenga una visión más completa del conjunto. A pesar de la convicción del hemisferio izquierdo de su propia autosuficiencia, todo lo concerniente a la relación de los hemisferios entre sí y con la realidad sugiere la primacía del hemisferio derecho, tanto en la fundamentación de la experiencia (en el nivel más bajo) como en la reconstitución de la experiencia procesada por el hemisferio izquierdo de nuevo como algo vivo (en el nivel más alto). También hemos visto que muchos aspectos importantes de la experiencia, aquellos a los que el hemisferio derecho está especialmente bien equipado para abordar, nuestras pasiones, nuestro sentido del humor, la comprensión metafórica y simbólica (y con ella la naturaleza metafórica y simbólica del arte), el sentido religioso, los procesos imaginativos e intuitivos, se desnaturalizan al convertirse en el objeto de una atención focalizada, que los hace explícitos, y por tanto mecánicos, sin vida. El valor del hemisferio izquierdo está precisamente en hacerlos explícitos, pero esto es solo una etapa, un nivel intermedio del "procesamiento" de la experiencia, nunca el punto de partida ni el punto final, nunca el nivel más profundo o el nivel último. Por lo tanto, la relación entre los hemisferios es muy significativa para el tipo de mundo en el que nos encontramos viviendo.

El hemisferio izquierdo es competitivo y su preocupación y motivación principal es el poder. Si la relación funcional se viera alterada, de modo que el hemisferio izquierdo pareciera tener la primacía o se convirtiera en el punto final o en el último peldaño del "procesamiento" de la experiencia, el mundo se transformaría en algo bien distinto. Y podemos decir con bastante claridad cómo podría ser: sería relativamente mecánico, un ensamblaje de "partes" más o menos desconectadas, sería relativamente abstracto e incorpóreo, relativamente distanciado de sentimientos de solidaridad, dado a la explicitación, utilitario en la ética, demasiado confiado en su propia forma de captar la realidad, y carente de una visión interna de sus propios problemas - la evidencia neuropsicológica es que todos estos son aspectos del mundo del hemisferio izquierdo en comparación con el del derecho.

¿Qué sabemos de la relación entre los hemisferios en la práctica, y de dónde podría venir nuestro conocimiento, no de las diferencias hemisféricas, sino de la relación funcional que mantienen entre sí? El estudio de neuroimágenes funcionales no es muy útil, ya que sus marcos temporales son demasiado amplios para detectar la mayoría de las interacciones hemisféricas; y el EEG carece de especificidad. Simplemente se tiende a encontrar, en un momento dado, que áreas de ambos hemisferios están implicadas (una vez más enfatizaría que todo lo humano involucra a ambos hemisferios: no hacemos prácticamente nada con un solo hemisferio).

Al igual que lo que sabemos sobre el funcionamiento normal del cerebro proviene de accidentes muy particulares de la naturaleza, o de experimentos artificiales cuidadosamente diseñados que ponen de relieve lo que de otro modo pasaría desapercibido, lo que sabemos sobre las relaciones entre los hemisferios proviene de la observación cuidadosa de cómo funcionan en circunstancias muy especializadas que permiten examinar su "relación de trabajo". Algunas de estas pruebas proceden de experimentos cuidadosamente diseñados con sujetos normales en los que se pueden separar artificialmente las reacciones de cada hemisferio y ser observadas minuciosamente sus interacciones. No obstante, una fuente especialmente rica ha sido la de los pacientes con cerebro dividido.

Mi tesis es que los hemisferios desempeñan tareas complementarias pero conflictivas que cumplir, y necesitan mantener un alto grado de mutuo desconocimiento. Al mismo tiempo necesitan co-operar. ¿Cómo se logra esto y cómo es la relación funcional entre ellos?

El cuerpo calloso y las demás estructuras subcorticales, como las comisuras cerebrales, que comunican entre sí los hemisferios, también desempeñan funciones complementarias pero contrapuestas.1 Necesitan compartir información, pero al mismo tiempo deben mantener separados los mundos donde se maneja esa información. Al principio de este libro me referí a la evidencia neurológica de que el cuerpo calloso tiene una función principalmente inhibidora. Eso suena a competencia, pero podría ser cooperación, porque la cooperación requiere diferencias, no más de lo mismo. Normalmente una acción en un hemisferio no suele tener su mejor reflejo en el otro: el cirujano y su ayudante no cooperan si intentan hacer la misma incisión. Para lograr muchos efectos musicales, ya sea entre los integrantes de un coro o los miembros de un cuarteto de cuerda, o las dos manos de un pianista, especialmente cuando hay elementos de fuga, discordias, ritmos cruzados y sincopas, es igualmente vital que el intérprete esté sensible y atento al conjunto de la experiencia y, al mismo tiempo, se deje llevar y exprese otras, que pueden parecer, a nivel más local, que están en conflicto entre ellas. Debemos inhibir una para poder habitar la otra. Si pensamos que la relación entre los hemisferios es como la que existe entre las dos manos de un pianista (cuyos dos hemisferios tienen que cooperar, pero igualmente deben permanecer independientes), se puede ver que la tarea del cuerpo calloso tiene que ver tanto con la inhibición del proceso como con la facilitación de la transferencia de información, y que la co-operación requiera que se mantenga un equilibrio adecuado.

Anteriormente hemos visto las pruebas neurológicas, pero ¿qué hay de las evidencias fenomenológicas?  - ¿Qué sucede realmente en el mundo del paciente cuyo cuerpo calloso deja de funcionar repentinamente? He mencionado que los pacientes con cerebro dividido llevaban una vida sorprendentemente normal. Si uno los conociera, saliera a comer con ellos, o incluso se fuera de vacaciones con ellos, nunca podría adivinar que había algo inusual en ellos. Pero bajo ciertas condiciones de laboratorio, en las que se puede aislar artificialmente el funcionamiento de los dos hemisferios, podemos aprender acerca de su función independiente; aunque aparte de esto, los pacientes con cerebro dividido no parecen particularmente discapacitados. Lo qué invita a preguntarse, ¿por qué no?

En lo que respecta al intercambio de información, la mayor parte de la experiencia del mundo exterior no se restringe a un hemisferio, y hay una considerable redundancia en el sistema: "A medida que nos movemos alrededor del mundo mirando objetos, tocándolos, escuchando sonidos, etc., la mayor parte de la información es captada por ambos hemisferios cerebrales. Además, ambos hemisferios suelen ser capaces de generar alguna respuesta conductual adecuada".2 No dependemos por completo de la transmisión callosa. De hecho, por esta razón, las condiciones experimentales para evaluar a cada hemisferio por separado de un sujeto con cerebro dividido deben planificarse cuidadosamente para que los estímulos lleguen a un solo hemisferio. Y, como ocurre con todos los seres humanos, la mayor parte de lo que cada hemisferio sabe, lo sabe en común con su contraparte. Al fin y al cabo, ambos hemisferios han tenido las mismas experiencias, comparten el mismo cuerpo y, de hecho, están unidos en ese cuerpo: por todo lo que está debajo del cuerpo calloso - el diencéfalo, el cerebelo, el tronco del encéfalo, la médula espinal y todo lo demás - y todo lo que el cuerpo les comunica segundo a segundo, lo siguen compartiendo. Además, como señala el colega de Sperry, Joseph Bogen, incluso en sujetos normales no hay vías de conexión, ni siquiera en el cuerpo calloso, que funcionen todo el tiempo: y los prolongados tiempos de neurotransmisión a través del cuerpo calloso obligan a un grado de independencia interhemisférica.3

Y no es de extrañar, como he enfatizado, que haya buenas razones para que la naturaleza haya conservado esta gran división entre los hemisferios. Cada hemisferio tiene que permanecer independiente, e inevitablemente ignorar hasta cierto punto lo que sucede en su contraparte. La inhibición es la otra función primaria, quizás la principal, del cuerpo calloso.4 ¿Cómo afecta la división del cerebro a esto?

A la larga, no tan mal como uno podría pensar. En el momento en que el cerebro se divide quirúrgicamente, cada hemisferio llevaba ya años trabajando con el cuerpo calloso intacto durante los cuales ha establecido sus propios modos especializados de funcionamiento, fijados como memorias en los patrones de conexión neuronal dentro de cada hemisferio. Por lo tanto, no es el establecimiento, sino el mantenimiento funcional, de dicha especialización lo que se ve afectado.

No obstante, en los primeros meses después de la cirugía, los pacientes con cerebro dividido informaban de algunas experiencias bastante desconcertantes. Estas tomaban la forma de un aparente conflicto de voluntades, que se manifestaba en el llamado conflicto intermanual. Tal fue el caso de un hombre que se encontró en la desafortunada posición de ir a abrazar a su esposa con un brazo y apartarla con el otro.5 Otros pacientes con trastornos del cuerpo calloso han relatado experiencias similares, por ejemplo:

 

En varias ocasiones, mientras conducía, la mano izquierda se levantaba y agarraba el volante quitándoselo a la mano derecha. El problema era tan persistente y grave que la mujer tuvo que dejar de conducir. Dicha mujer relató situaciones en los que su mano izquierda cerraba puertas que su mano derecha había abierto, desdoblaba sábanas que la derecha había doblado, arrebataba el dinero que la mano derecha había ofrecido a la cajera de una tienda, y le interrumpía su lectura pasando las páginas y cerrando el libro.6

O: "Abro la puerta del armario. Sé lo que quiero ponerme. Mientras busco algo con mi mano derecha, la izquierda se acerca y toma algo diferente. No puedo soltarlo en el suelo si está en mi mano izquierda. Tengo que llamar a mi hija".7 Obsérvese que siempre es la mano izquierda la que se está "comportando mal": volveré a hablar de ello en breve.

Estos síntomas tendían a desaparecer con el tiempo. De hecho, los pacientes con cerebro dividido se manejaban sorprendentemente bien, ya que "a pesar de tener dos procesadores cognitivos diferentes e independientes, se comportan como individuos unificados y rara vez muestran signos de vacilación, confusión o disociación en sus actividades cotidianas".8 Esto se debe a que, si bien la callosotomía corta los principales medios de transferencia de información entre los hemisferios, hay otros tractos subcorticales que los conectan, compartiendo información y ayudando a inhibir la función, aunque el empleo de algunos de estos "desvíos" requiera un cierto reentrenamiento del cerebro.9

Pero sin embargo, la naturaleza de la experiencia inicial tras la operación merece un examen más detenido. Ya que tales historias han sido descartadas en cierta medida, tal vez debido a la tendencia de los observadores a precipitarse en especulaciones sobre la divisibilidad del yo. No obstante, el mismo Roger Sperry, quien ganó el premio Nobel por su trabajo sobre el cerebro dividido, escribió: “Tanto el hemisferio izquierdo como el derecho pueden ser conscientes simultáneamente de experiencias mentales diferentes, incluso mutuamente conflictivas, que transcurren en paralelo."10 Es evidente que esta idea plantea cuestiones sobre el yo y la identidad personal, cuestiones que han sido muy discutidas, en particular por parte de los filósofos en los años sesenta y setenta, cuando se estaban dando a conocer dichas investigaciones sobre sujetos con cerebro dividido. Pero mi propósito al referirme aquí a estas experiencias es sugerir que la principal evidencia de perturbación después de la operación no era, como se podría haber esperado, que dejaran de ocurrir cosas, sino todo lo contrario – había cosas que no se podía impedir que ocurrieran que, en otras palabras, no podían ser inhibidas. En este sentido, los sujetos con cerebro dividido son como pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular u otra lesión neurológica que afecta a las vías que pasan por el cuerpo calloso: existe un problema que compromete la inhibición inter-hemisférica.11 La situación es más grave en el caso de personas con agenesia callosa (una afección común, que afecta hasta el 1 % de la población, en la que el cuerpo calloso no se desarrolla),12 o de personas con alguna disfunción congénita del cuerpo calloso: que nunca han tenido la ventaja de vivir con una división funcional,  por lo que no pueden desarrollar la inhibición interhemisférica habitual desde el principio.13              

La falta de competencia del cuerpo calloso se ha implicado en la génesis de algunos trastornos psiquiátricos, especialmente en la psicosis de la esquizofrenia; y esto está en consonancia con el hecho de que se han encontrado casos de psicosis asociados con agenesia parcial y completa del cuerpo calloso.14  Si el principal efecto del cuerpo calloso normal es inhibitorio, el hecho de que se vea afectado tendrá resultados imprevisibles: o bien resultará creativamente fructífero, o simplemente será disruptivo, al provocar un colapso prematuro en la unificación de elementos o procesos cuya independencia mutua era necesario mantener. La investigación en la esquizofrenia, utilizando pruebas neuropsicológicas, así como EEG y otras medidas, demuestra precisamente un fracaso de la inhibición interhemisférica. También en la esquizotipia, se sabe que hay una intrusión de los modos del hemisferio izquierdo en el funcionamiento del hemisferio derecho.15 Muchos de los fenómenos de la esquizofrenia y de la esquizotipia - tanto los potencialmente creativos (matemáticos acróbatas ) como los efectos obviamente disruptivos (trapecistas inhibidos) - podrían explicarse por tales intrusiones, incluidas las intrusiones de los modos del hemisferio derecho en el funcionamiento del hemisferio izquierdo, así como la intrusión de los modos del hemisferio izquierdo en el funcionamiento del hemisferio derecho.

En otras palabras, la incapacidad o agenesia del cuerpo calloso conduce a un cuadro de aparente mayor interconectividad de las funciónes.16 Este hallazgo aparentemente paradójico tiene sentido si el propósito principal del cuerpo calloso es mantener la separación de los hemisferios.17

El funcionamiento independiente de los hemisferios es uno de los logros de la madurez; los niños son, en términos relativos, sujetos con cerebro dividido, con  menos independencia interhemisférica.18 Los bebés y los niños pequeños dependen menos del cuerpo calloso: la mielinización del cuerpo calloso no comienza hasta el final del primer año de vida, y a partir de entonces solo progresa lentamente.19  A los niños preadolescentes les resulta relativamente difícil usar sus hemisferios por separado, lo que constituye una prueba más del papel inhibidor que desempeña el cuerpo calloso en los adultos.20 La conectividad interhemisférica se incrementa durante la infancia y la adolescencia, con el resultado de que los hemisferios se vuelven más independientes.21 Puede que no sea una coincidencia que los bebés y niños pequeños también sean más dependientes del hemisferio derecho, que madura antes que el izquierdo, y tal vez sea la creciente importancia de la función del hemisferio izquierdo con la edad la que haga necesaria la separación de sus ámbitos de actividad, en beneficio de ambos hemisferios. El muro de Berlín que responde a esta necesidad sería el cada vez más eficiente cuerpo calloso.

En definitiva, mi punto de vista es que el cuerpo calloso actúa principalmente como agente de diferenciación de los hemisferios más que de integración, aunque en última instancia, la diferenciación pueda estar al servicio de la integración. Esta función compleja, casi paradójica, está en el centro mismo del cerebro, formando un puente que, sin embargo, separa los mundos de los hemisferios, y esto está captado con extraordinaria clarividencia en uno de los versos del tratado espiritual hindú Los Upanishads: "En el espacio interior del corazón se encuentra el controlador de todo... Él es el puente que sirve de frontera para mantener separados los diferentes mundos".22

 

LA RELACIÓN ENTRE LOS HEMISFERIOS

¿Qué sabemos de la relación normal de funcionamiento entre hemisferios, en aquellos cerebros que no han sido artificialmente divididos? ¿Es una relación de armonía o de discordia? La cuestión no es sencilla. Así como la inhibición puede ser mantenida en interés de la cooperación, la cooperación puede mantenerse en interés de la competitividad: cuando dos personas co-operan, el primero puede hacerlo con un espíritu de reciprocidad, mientras que el segundo lo puede estar haciendo por su propio interés, beneficiándose de la generosidad de espíritu del primero.

Además, tenemos que distinguir los diferentes niveles de cualquier relación. Pensemos en la relación entre dos socios, que dirigen juntos una pequeña empresa. ¿De qué relación estamos hablando? En el nivel más simple, se podría describir su modo de trabajo cotidiano como el de socios comerciales. Así, por ejemplo, se podría decir que comparten una oficina y, además, comparten una amplia formación y experiencia en el trabajo que realizan, de modo que ambos pueden atender consultas en el propio lugar de trabajo. No obstante, se entiende que cada uno tiene intereses y conocimientos especializados, y en consecuencia, cuando es factible, se reparten el trabajo según líneas acordadas, especialmente cuando el trabajo es complejo; pero cuando sea más rápido o más conveniente, por ejemplo, porque uno de ellos está fuera de la oficina y se necesita una respuesta inmediata, el otro intervendrá y hará lo que sea necesario. En este nivel, y en este sentido, la relación parece bastante equilibrada y sin problemas.

Pero puede que no sea esa el tipo de relación de la que estoy hablando. Quiero decir, ¿cómo interactúan desde sus distintos roles y cómo contribuye cada uno al trabajo de la empresa en su conjunto? Esta es una pregunta bastante diferente, y nos lleva más allá del día a día, a algo más parecido al funcionamiento "mes a mes", un nivel intermedio.

En este caso, por ejemplo, podría resultar que Franny está especialmente interesada, y capacitada para conseguir nuevos clientes; Fred, al ser un poco más un tipo de trastienda, se le da mejor el trabajo de contabilidad y de informática. Sin la entrada de nuevos clientes, la empresa fracasaría; asimismo, difícilmente sobreviviría sin una contabilidad y un soporte informático adecuados. Así que cada uno necesita al otro. Sin embargo, supongamos que Fred ha decidido que el futuro de la empresa está en el desarrollo de nuevos y mejores sistemas de software de contabilidad, que eso es lo que realmente importa. Cualquiera, se dice a sí mismo, puede encontrar nuevos clientes; pero se necesita alguien especializado para mantener las cifras equilibradas, los sistemas en funcionamiento y en marcha. Como resultado, Fred pasa gran parte de su tiempo utilizando los datos de la empresa para desarrollar un software más sofisticado, y no da prioridad a preparar las cifras para las reuniones de Franny con los clientes. Se siente superior a Franny, diciéndose a sí mismo que no hay nada que ella haga que alguien no pueda hacer también. Al mismo tiempo, a Franny le molesta que Fred pase tanto tiempo en lo que parecen ser tecnicismos, aprovechándose él de su capacidad para forjar contactos y hacer tratos, y que luego le falle en el último momento. Hay un mal ambiente en la oficina: interacciones malhumoradas, silencios fríos. Y eso representa otro aspecto de su relación.

Pero hay un tercer nivel en esta relación; no el día a día, ni siquiera el mes a mes, sino los planes a largo plazo, sobre los cuales me acabo de enterar. Sin que Franny lo sepa, Fred ha decidido que va a tomar los datos de la compañía, abandonar a Franny, y hacer un viaje relámpago para poner en marcha su propio negocio de tecnología de informática.

Ya sé que los hemisferios no son personas. Y este escenario tampoco aspira a resumir la relación entre los hemisferios cerebrales. Solo pretende una cosa: mostrar que habría diferentes respuestas a la pregunta de cómo se relacionan los hemisferios según el nivel en el que nos fijemos. Necesitamos mirar en el nivel más bajo, en el "día a día", en cómo se desenvuelven juntos en el trabajo - quien contesta el teléfono. También debemos retirarnos un poco, hasta un nivel intermedio, y observar cómo se complementan sus funciones en la construcción de su mundo - en teoría, y en lo que puede no ser lo mismo, en la práctica. Y tampoco debemos olvidar mirar la estrategia a largo plazo, algo que una persona ajena podría conocer antes que uno de los socios.

 

                                                             NIVEL UNO

Si comenzamos por el nivel uno, la relación del "día a día" - o en el caso de los hemisferios, la relación milisegundo a milisegundo - ciertamente sus "tomas" del mundo son ambas necesarias para nosotros momento a momento como seres humanos vivos. No es solo que en el espacio tridimensional en el que nos movemos, como seres con un cuerpo, se requiera una participación bilateral con el entorno, y por tanto una participación bilateral del cerebro; nuestros procesos de pensamiento, los que nos definen como seres humanos, implican la necesidad de la intuición y la conceptualización conjunta. En la medida en que el hemisferio izquierdo es el lugar del conocimiento conceptualizado, y en la medida en que el hemisferio derecho encarna la percepción intuitiva, está claro que ambos son necesarios, y que deben mantener un equilibrio. En este caso se aplicaría aquí la conocida fórmula de Kant, “Begriffe ohne Anschauungen sind leer, Anschauungen ohne Begriffe sind blind” ("los conceptos sin intuiciones están vacíos; las intuiciones sin conceptos están ciegos").23  Visto desde el punto de vista de la utilidad y la realización de tareas, la mayoría de las tareas ordinarias de la vida cotidiana requieren “aportaciones” de ambas esferas y, desde el punto de vista de la vida cotidiana, el mundo que experimentamos de forma ordinaria es una fusión de lo que cada hemisferio ofrece. Así que está claro que lo mejor para nosotros es que los hemisferios co-operen.24

Sin embargo, ya he mencionado antes la despreocupación con la que el hemisferio izquierdo se inventa lo que ocurre en el hemisferio derecho, cuando en realidad no tiene ni idea. Hay algo intrigante en su reticencia a admitir su ignorancia. Algunos experimentos sutiles sobre secuencias de tareas que normalmente requieren que los dos hemisferios actúen de forma diferenciada apuntan a que su modo de interacción no es uno en el que cooperan con lo que cada uno hace mejor, como si fuera una imitación de una administración burocrática ideal, sino que es más parecido a la realidad, el de una rivalidad entre departamentos.25 La competitividad entre los hemisferios puede en realidad perjudicar el rendimiento (por lo que, no cabe duda, son capaces de inhibirse mutuamente).

Creo que sería un error atribuir alguna voluntad a estas decisiones que se toman de milisegundo en milisegundo. Aunque sí creo que cada uno de los hemisferios puede tener voluntad, pero necesitan tiempo para ejercerla. Por un lado, es sorprendente que

un hemisferio asume el control del procesamiento como resultado de un ajuste o de una expectativa en cuanto a la naturaleza de los requisitos de procesamiento previos al propio procesamiento de la información, y.… sigue teniendo el control incluso si su rendimiento, por el motivo que sea, es considerablemente peor que el que podría haber tenido el lado opuesto del cerebro.26

Es como si cada hemisferio tuviera su propio punto de vista: "Si me parece que esta carta va dirigida a mí, voy a ocuparme de ella, incluso si al abrirla resulta que estaba realmente dirigida a ti". Puede que haya buenas razones para este enfoque. Por ejemplo, si el envío de la información a la otra parte para su procesamiento supusiese un costo excesivo de tiempo, podría ser mejor aceptar una respuesta algo inferior que sería más rápida. Los modos de procesamiento con incoherencias mutuas adoptados por los hemisferios crean una dificultad, que requiere algo así como un árbitro para dirimir las situaciones en las que ambos hemisferios cerebrales tienen acceso a la misma información al mismo tiempo. Tales "decisiones de arbitraje" deben de tomarse en un nivel muy bajo, por debajo de los propios hemisferios, y debe de haber un interruptor de "metacontrol", a un nivel tan profundo como el tronco encefálico, que distribuya el trabajo entre los hemisferios.27

                En los pacientes con cerebro dividido, como vimos, está claro que en una situación normal es la voluntad del hemisferio izquierdo, en el nivel más consciente, la que normalmente inhibe la voluntad del derecho. Sería tentador pensar que también el hemisferio izquierdo, en el nivel micro, de milisegundo a milisegundo, es el que toma la mayor parte de las decisiones. De hecho, algunas de las pruebas experimentales parecen respaldar la idea de que la mayoría de las personas diestras están predispuestas hacia un modo de procesamiento que favorece el hemisferio izquierdo, siempre que el estímulo esté dispuesto de modo que les permita elegir.28 Pero hay otras evidencias que están en contra de ello, y parece que el sesgo probablemente pase al siguiente nivel.29

 

NIVEL DOS

Así que pasemos de las respuestas automáticas de los hemisferios instante a instante, a considerar su relación con los elementos de la conciencia - en el nivel fenomenológico, donde su interacción hace realidad nuestro mundo de experiencias. En este nivel es más difícil demostrar un hecho neuropsicológico, precisamente porque lo que estamos viendo no es solo la interacción de neuronas, sino la experiencia fenomenológica de los seres humanos. Esta tiene lugar durante períodos más largos que los del potencial de acción neuronal, en el nivel más alto de integración de la conciencia. Y nadie sabe dónde se encuentran, si se quisiera obtener imágenes de ello, o cómo medir sus correlatos neurológicos; además se trata de un proceso que fluctúa, en lugar de permanecer inmóvil en un lugar en un momento dado para ser medido. Lo que sucede ahí debe deducirse en gran parte por lo que sabemos sobre la naturaleza, preocupaciones, intereses, valores y modos típicos de funcionamiento de los dos hemisferios de forma individual, tal y como se ha explorado anteriormente en este libro. Pero, de todos modos, se pueden hacer, y se han hecho, algunas observaciones ingeniosas.

En la descripción del primer nivel, el énfasis estaba en la necesaria inhibición de un hemisferio por el otro, ya que cada uno de ellos debe trabajar por separado. Sin embargo, en un nivel superior, y durante períodos de tiempo más largos, también necesitan trabajar juntos, ya que algunas facultades humanas importantes, como la imaginación, parecen depender de la síntesis del funcionamiento de ambos hemisferios. En el capítulo anterior describí las evidencias de la primacía del hemisferio derecho en la constitución de nuestra experiencia de la realidad, junto con la necesidad de que el hemisferio izquierdo "despliegue” lo que el hemisferio derecho conoce, de manera que esta visión ya desplegada pueda reintegrarse posteriormente a la realidad del hemisferio derecho. Expresé esto en términos de la Aufhebung de Hegel, siendo el punto esencial que algo nuevo, que no estaba presente antes, surge a través de este proceso, no negando las etapas precedentes, sino transformándolas.

Y así lo demuestra uno de los hallazgos más significativos de la investigación sobre los hemisferios a nivel neurológico. Marie Banich, directora del Instituto de Ciencias cognitivas en Boulder, Colorado, y una de las principales investigadoras de la interacción hemisférica, escribe:

 

El principal hallazgo que ha salido de nuestro laboratorio desde mediados de los años ochenta, es que la interacción interhemisférica es mucho más que un simple mecanismo por el cual un hemisferio "fotocopia" experiencias y sentimientos para su compañero. La interacción interhemisférica tiene importantes funciones emergentes - funciones que no pueden derivarse de la simple suma de sus partes... la naturaleza del procesamiento cuando ambos hemisferios están involucrados no se puede predecir a partir de las partes.30

Es posible determinar qué áreas del cerebro se reclutan para realizar una tarea utilizando un solo hemisferio, y, al repetirla, se puede determinar eso mismo en cada hemisferio por separado. Pero cuando ambos hemisferios co-operan para llevar a cabo una tarea, no solo entran en juego regiones adicionales, como cabría esperar, sino otras regiones completamente diferentes, y muchas de las que se activaban en la modalidad de un solo hemisferio permanecen inactivas, y en cambio se reclutan nuevas áreas en diferentes partes del cerebro.31

 

A nivel global, podemos preferir uno u otro hemisferio.

Pero, ¿co-operan realmente los hemisferios para que se produzca esta situación? Hay algunas pistas en el nivel neurológico sobre la relación que mantienen en la práctica.

Resulta que uno u otro hemisferio puede predominar - y su particular estilo cognitivo y perceptivo en conjunto influirá más en nuestra experiencia del mundo - no solo durante fragmentos de la experiencia fenomenológica (que, por lo tanto, deben de durar poco más de unos pocos milisegundos cada vez) sino también durante períodos muy largos. Incluso podemos tener, tendencias características y coherentes hacia uno u otro hemisferio, como personalidades, ciertamente para clases particulares de experiencia, asociados con diferentes grados de excitación y activación de cualquiera de los dos hemisferios. Este fenómeno se conoce como "sesgo de utilización hemisférica" o "asimetría perceptiva característica".32

Se pueden observar algunos aspectos interesantes de la relación entre los hemisferios al examinar la forma en que estas diferencias individuales afectan a la competencia por el control de la atención visual. En los experimentos en los que se realiza una tarea que requiere prestar atención al campo visual no-preferente (el campo contralateral del hemisferio no-preferente), mientras se presenta una información irrelevante, y de distracción en el campo visual preferente, en aquellos sujetos con un sesgo característico hacia el hemisferio izquierdo, se encuentra que la tendencia, ya de por sí fuerte, del hemisferio izquierdo, a priorizar el campo visual derecho y a restar importancia al campo visual izquierdo, estaba reforzada. Esto significaba que la información irrelevante del lado derecho interfería con la tarea que se estaba realizando en el campo visual izquierdo (controlado por el hemisferio derecho). Pero en el caso de los sujetos con un sesgo característico hacia el hemisferio derecho, cuando se invirtieron las condiciones, no se observaron tales efectos competitivos: la información irrelevante en el campo visual izquierdo favorecido por el hemisferio derecho no interfirió en la capacidad del sujeto para atender la tarea que se estaba realizando, ahora, en el campo visual derecho (el campo favorecido por el hemisferio izquierdo).33

Esto sugiere una distribución más uniforme del interés en el hemisferio derecho que en el izquierdo. Sabemos que el hemisferio derecho "está pendiente” del territorio de ambos hemisferios, no solo del suyo propio, como hace el hemisferio izquierdo. Pero esto va más allá: cuando se tiene un "sesgo de utilización" a favor del hemisferio izquierdo se intensifica este efecto, mientras que tener un sesgo similar a favor del hemisferio derecho no hace nada para alterar la ecuanimidad de sus intereses. Esto coincide con otro hallazgo de investigación ya bien establecido: que la transferencia de información del hemisferio izquierdo al hemisferio derecho se realiza más lentamente que la transferencia del derecho al izquierdo.34 Y, cabe señalar, que esto es así independientemente de si la tarea es por naturaleza más adecuada para el hemisferio derecho o para el hemisferio izquierdo.35

La competitividad entre los hemisferios también se pone de manifiesto en las respuestas en las lesiones. Si, después de una lesión cerebral, se inhabilita temporalmente el otro hemisferio (el no dañado), por ejemplo, mediante la estimulación magnética transcraneal, se produce una mejoría en la función del hemisferio dañado.36 De manera similar, si el individuo sufre un accidente cerebrovascular en el hemisferio "normal", no dañado, el hemisferio originalmente lesionado mejora. Esto fue observado hace tiempo por el destacado neurofisiólogo Brown-Séquard, cuando descubrió que podía revertir una parálisis causada por una lesión en un hemisferio de una rana al infligir una lesión similar en el mismo punto del hemisferio contralateral.37 Es más, tal competitividad interhemisférica parece ser una vez más asimétrica, siendo el efecto supresor del hemisferio izquierdo sobre el derecho mayor que el del derecho sobre el izquierdo.38

¿Esto les recuerda algo? Quizás, la constatación de que, una vez que los hemisferios están en contacto a través de las comisuras, el hemisferio izquierdo es más capaz de inhibir el derecho que el derecho inhibir el izquierdo.

Otros datos proceden de personas con el cerebro dividido. Aunque tienen algunas desventajas, tienen una ventaja en al menos un aspecto: hay algunas tareas que pueden realizar con más rapidez que los sujetos normales.39 Por ejemplo, las tareas que implican una atención focalizada suelen implicar principalmente al hemisferio izquierdo, pero, en pacientes con cerebro dividido, el hemisferio izquierdo no puede inhibir tan eficazmente el derecho, de modo que ambos son capaces de prestar una atención focalizada (el hemisferio derecho también puede proporcionar una atención focalizada) y ambos contribuyen, con el resultado de que la tarea se lleva a cabo en la mitad del tiempo.

En algunos casos, se puede ver este patrón de competitividad hemisférica ejemplificado en el desarrollo cerebral después de una lesión. Los sujetos con un daño cerebral precoz en el hemisferio izquierdo, en quienes por lo tanto el lenguaje debe acomodarse en el hemisferio derecho junto con las facultades sintético-gestálticas del hemisferio derecho normal, muestran déficits del coeficiente intelectual en sus funciones no verbales, debido a las interferencias de la presencia del lenguaje en el mismo hemisferio. De nuevo, la influencia tiende a ser mayor en la dirección del hemisferio izquierdo sobre el derecho.

Lo que también revelan las historias de pacientes con cerebro dividido en los primeros meses posteriores a la operación, es que es el hemisferio izquierdo, el intérprete de Gazzaniga, el que asume el control, a nivel consciente, de la naturaleza coherente de "nuestra" experiencia, aunque podamos tener puntos de vista, deseos y valores diferentes en cada hemisferio. En el conflicto entre las manos, nunca es la mano derecha la que se experimenta como rebelde, la mano "traviesa", la que está "fuera de control": es siempre la izquierda, la que empuja hacia el otro lado, la que agarra el volante, o elige la ropa “equivocada”. "Por supuesto que sí", se puede decir: "ya que no es la mano derecha la que se comporta de manera disruptiva". Pero, ¿disruptiva respecto a qué? Una vez que el hemisferio izquierdo ha escrito el guion y ha representado la mitad de la obra, cualquier incursión desde el derecho es forzosamente perturbadora e inoportuna desde su punto de vista. Es el hemisferio izquierdo, ignorante de lo que está sucediendo en el hemisferio derecho, el que decide qué es lo que "yo" quiero, y luego juzga cualquier interrupción del hemisferio derecho como contraria a "mis" intereses. Pero si lo situamos en otro contexto, ¿quién sabe qué podría haber sucedido si en realidad hubiera escuchado tiempo antes a su hemisferio derecho y hubiera dejado a su esposa en lugar de abrazarla; ¿o - en la historia de la otra paciente - si ella hubiera cerrado la puerta, o hubiera conducido en dirección opuesta, o llevado el vestido de color llameante? En cualquier caso, al menos podemos deducir que cuando dice "sé lo que quiero ponerme", ella quiere decir "mi hemisferio izquierdo sabe lo que quiere que me ponga y estoy identificada con mi hemisferio izquierdo".40

Del capítulo anterior se desprende que es esencial que lo que aporta el hemisferio izquierdo se devuelva al reino del hemisferio derecho, donde puede volver a existir. Solo el hemisferio derecho está en contacto con la experiencia primaria, con la vida; y el hemisferio izquierdo solo puede ser una etapa intermedia, un lugar de procesamiento, a lo largo de la ruta - no el destino final. El hemisferio derecho ciertamente necesita el izquierdo, pero el hemisferio izquierdo depende del derecho.41 Mucho de lo que nos distingue, tanto en el sentido positivo como en el negativo, como seres humanos requiere la intervención del hemisferio izquierdo, siempre y cuando actúe de acuerdo con el hemisferio derecho. Importantes facultades humanas dependen de una síntesis de su actividad. En ausencia de esa acción concertada, el hemisferio izquierdo llega a creer que su territorio realmente es el mundo.

A pesar de la asimetría en sus funciones, a favor del hemisferio derecho, existe una importante asimetría opuesta en relación al poder, a favor del hemisferio izquierdo. El Maestro se hace vulnerable ante el emisario, y el emisario puede optar por aprovecharse de la situación, para ignorar al Maestro. Y parece que su naturaleza es tal que es propenso a hacerlo, e incluso puede, erróneamente, ver el mundo del hemisferio derecho como algo que anula su trabajo, desafiando su "supremacía".

Esta imagen sugiere, por supuesto, que los dos hemisferios tienen voluntades que pueden no estar siempre en armonía. ¿Qué tan legítimo es pensar que los hemisferios tienen voluntades en este sentido? Bogen se refiere a dos "hechos cruciales": por un lado, que "solo se necesita un hemisferio para tener una mente", y por otro, que "los hemisferios pueden sustentar la actividad de las dos esferas separadas de conciencia tras una comisurotomía."42 Sperry escribe que, en pacientes sometidos a una comisurotomía,

 

se puede demostrar que cada hemisferio experimenta sus propias sensaciones, percepciones, pensamientos y recuerdos particulares que son inaccesibles a la conciencia del otro hemisferio. Los relatos verbales introspectivos del hemisferio izquierdo que tiene el habla indican una sorprendente falta de conciencia de este hemisferio respecto a las funciones mentales que acaban de realizarse inmediatamente antes por el hemisferio derecho. En este sentido, cada hemisferio aislado quirúrgicamente parece tener una mente propia, pero cada uno de ellos aislado y ajeno a los acontecimientos conscientes del hemisferio asociado.43

Y no es así solo en hemisferios desconectados quirúrgicamente. La inactivación temporal de uno u otro hemisferio, a través del Test Wada, produce resultados similares.

Incluso sin tales procedimientos especializados, a veces el cerebro de una persona ordinaria muestra una desconexión comparable a la que se encuentra en sujetos con cerebro dividido.44 Si existen sensaciones, percepciones, pensamientos y recuerdos separados, así como maneras separadas de tratar con todo esto, no sería sorprendente que se formasen deseos separados, y voluntades separadas, para cada hemisferio - y sabemos que este es el caso por la experiencia de sujetos con cerebro dividido.

Pero también sabemos por ellos, como sabemos por nuestra propia experiencia acerca de una voluntad dividida, que, a pesar de todo esto, solo puede haber un campo unificado de conciencia. ¿Y cómo es eso?

Sperry hace su propio intento de responder a esta pregunta, y su solución radica en referirse a algo que debe suceder en el límite superior del proceso. El escribe: “El efecto funcional global y holístico podría así determinar la experiencia consciente. Si el impacto funcional de la actividad neuronal tiene un efecto unitario en las dinámicas conscientes del nivel superior, entonces la experiencia subjetiva se unifica".45 Al tratar estas cuestiones es casi imposible permanecer dentro de los límites del uso del lenguaje comúnmente aceptado, y no pretendo ser capaz de resolver dichas cuestiones de manera que se evite las trampas del lenguaje. Pero no puedo evitar encontrar insatisfactorios en términos explicativos frases tan generales, como "el efecto funcional global y holístico". Hace suscitar todo tipo de preguntas - ¿Qué es, aparte de ser una reformulación de lo que se está tratando de explicar? ¿Y en qué hemisferio se encuentra, o donde está "la dinámica consciente de nivel superior", sea lo que sea?

Me parece más fructífero pensar en la conciencia no como algo con bordes nítidos a lo que se llega repentinamente una vez que se alcanza la cima del funcionamiento mental, sino como un proceso que es gradual, en lugar de todo o nada, y que comienza en lo más profundo del cerebro, elevándose desde debajo del nivel de los hemisferios, antes de llegar a la gran división hemisférica. Así que es posible que sea lo contrario del modelo de Sperry. El problema entonces, no es cómo dos voluntades pueden convertirse en una conciencia unificada, sino cómo un campo de conciencia puede acomodar dos voluntades. Dichas voluntades evolucionan desde los niveles cognitivos superiores, porque es ahí donde cada hemisferio proporciona mundos diferentes a la conciencia, con diferentes conjuntos de valores y diferentes experiencias. A medida que pasamos de una situación a otra, donde diferentes contextos y diferentes conjuntos de valores cambian mis preferencias, mi voluntad también cambia.

Quizás, entonces, la conciencia está unificada en los niveles más bajos, y en realidad solo aparece la posibilidad de separación cuando el proceso se vuelve auto-consciente en los niveles superiores, dentro de la cognición. Aquí citaría a Jaak Panksepp:

 

La mayoría de las formas de intencionalidad y los sentimientos emocionales más profundos no están divididos de ningún modo obvio por la separación de los hemisferios. Solo se ven afectadas las interpretaciones cognitivas [fenómeno de alto nivel] de eventos concretos… La unidad de una forma de conciencia subyace en individuos con cerebro dividido, y tal vez su sentido fundamental del yo, se afirma por el hecho de que los hemisferios desconectados no pueden ejecutar más fácilmente dos tareas cognitivas simultáneas que los cerebros de los individuos normales.46 

El "sentido fundamental del yo" al que se refiere Panksepp, el núcleo del yo, es afectivo y se halla en lo más profundo: sus raíces se encuentran en un nivel por debajo de la división hemisférica, un nivel, sin embargo, con el que cada hemisferio cognitivamente consciente en el nivel más alto está todavía en contacto. Los conflictos que existen son el resultado de las diferencias entre los dos hemisferios en el procesamiento cognitivo en un nivel más alto, y en la mayoría de los casos, solo se manifiestan cuando, en circunstancias especiales, se tiene el cuidado de introducir material en un solo hemisferio, y de tal manera que no tenga oportunidad de descender a nivel del yo capaz de comunicarse por vías por debajo del cuerpo calloso. Esto ayudaría a explicar por qué los pacientes con cerebro dividido no experimentan ninguna perturbación del sentido del yo. Gran parte de nuestra experiencia y nuestro sentido del yo, proviene de la parte baja del "árbol" de la conciencia, por debajo del nivel hemisférico: la "integración" no necesita ser alcanzada. Todo lo que el cuerpo calloso tiene que hacer es ayudar a mantener la independencia de los hemisferios momento a momento, no lograr la integración del yo. Esto también explica por qué los pacientes con cerebro dividido no describen una fragmentación del yo, sino simplemente algunas dificultades para inhibir conflictos inapropiados en sus acciones.

Panksepp ve la conciencia como algo que comienza en lo profundo, en la llamada materia gris periacueductal del cerebro medio, y “migra” a través de las regiones superiores del cerebro, especialmente las regiones cingular, temporal y frontal del córtex.47  De modo que ve la conciencia como algo que no es todo o nada, sino que tiene una existencia continua, transformándose a medida que viaja hacia arriba, a través de las ramas, a lo que él llama, por analogía con el dosel arbóreo, "el dosel cerebral", hasta que ya en la corteza frontal se convierte en conciencia cognitiva de nivel superior.48  Me gusta esta imagen de "dosel" cerebral porque nos recuerda que la conciencia no es un ave, como a menudo parece estar en la literatura - revoloteando, distante, llegando al nivel superior y posándose en el cerebro en algún lugar de los lóbulos frontales - sino un árbol, cuyas raíces están muy dentro de nosotros. Esto refuerza la naturaleza de la conciencia no como una entidad, sino como un proceso.49 Si, como dijo Thomas Nagel, la conciencia es aquello que existe, "cuando hay algo que es ser ese organismo",50 esto identifica que la experiencia de la conciencia no es tanto una "que-eidad", sino una "cómo-eidad" - un "lo que es cómo" - una forma de ser que distingue a los seres vivos, y que es, cuando menos, una característica tanto del hemisferio derecho (que queda excluido del proceso de comprensión en la medida en que nos enfocamos en la cuestión y nos inclinamos por el análisis) como del izquierdo (el hemisferio que se encarga de enfocar y analizar).51         

La conciencia no es lo mismo que la interiorización, aunque no puede haber interiorización sin conciencia. Retomando la afirmación de Patricia Churchland de que es razonable identificar lo azulado de un objeto como su disposición a dispersar las ondas electromagnéticas preferentemente a 0.46µm,52 viéndolo así, como si fuera desde el exterior, y excluyendo la experiencia "subjetiva" del color azul - como si se tratara de sacar de la imagen, la interiorización de la conciencia – requiriéndose un grado muy alto de conciencia y autoconciencia. La polaridad entre los puntos de vista "objetivo" y "subjetivo" es una creación de la disposición analítica del hemisferio izquierdo. En realidad, no puede haber ni una cosa ni otra de forma absoluta, solo una elección entre una entreidad que se reconoce a sí misma y otra que niega su propia naturaleza. Al identificar lo azulado únicamente con el comportamiento de las partículas electromagnéticas no se está evitando una valorización, ni evitando la entreidad, ni evitando que la sombra de uno se proyecte sobre la imagen. Uno está utilizando la interioridad de la conciencia de una manera especializada para esforzarse por vaciarla tanto como sea posible de valoraciones, del yo. El resultado paradójico es una versión extremadamente parcial y fragmentada del color azul, que no está libre de valoración ni es independiente de la disposición del yo hacía su objeto.

Una de las dificultades en la práctica de la filosofía es que nos vemos obligados a poner en el centro de nuestra atención y, por lo tanto, a hacer explícitos, procesos que por su naturaleza no están focalizados y no se pueden hacer explícitos. Cualquier intento de hacerlo altera de forma inmediata y radicalmente lo que encontramos. Wittgenstein repetidamente hace la observación, que dejar de actuar y comprometerse con el mundo para reflexionar sobre él, hace que las cosas parezcan ajenas - sentimos que "el fenómeno se escapa de nosotros". Por lo tanto, su empeño como filósofo es ayudarnos a manejarnos con las cosas, a "movernos alrededor de las cosas y los acontecimientos del mundo en lugar de tratar de delinear sus rasgos esenciales"53   - en otras palabras, a ser participantes competentes en la vida del mundo a medida que fluye (hemisferio derecho), y no analistas desconectados del proceso una vez que este se detiene (hemisferio izquierdo). La cuestión de si esto podría socavar la práctica de la filosofía es una cuestión de la que Wittgenstein era, por supuesto, también muy consciente.

Esto tiene profundas implicaciones para nuestros intentos de precisar lo que es la conciencia, ya que tales intentos siempre y necesariamente conllevan altos niveles de auto-conciencia que inducen una condición reflexiva diferente de la conciencia tal como se entiende intuitivamente. Panksepp, quien ha escrito sobre el tema desde el punto de vista de un neurocientífico, considera que la conciencia es en última instancia de naturaleza afectiva, y que se basa en "procesos motrices que generan auto-conciencia al estar estrechamente vinculados a representaciones de la imagen corporal" - en otras palabras, somos, ante todo, conscientes de nosotros mismos a través de estados emocionales que nos llevan a la acción y al compromiso con el mundo como seres encarnados. El rechaza la visión de que la conciencia surge de las representaciones sensorio-perceptuales, según el modelo cognitivo predominante, basado en lo que encontramos cuando dejamos de actuar en el mundo y hacemos una introspección sobre nuestros propios procesos de pensamiento. "La conciencia", escribe, "no es simplemente un asunto sensorial-perceptivo, una cuestión de imágenes mentales, como nos hace creer los contenidos de nuestra mente. Está profundamente entrelazada con los mecanismos cerebrales que promueven automáticamente la disposición a la acción".54

Sé que no se siente necesariamente como si el sentido del yo proviniese de los niveles más inferiores del sistema nervioso. Pero no creo que se "sentiría" diferente si fuera así o no lo fuera. El problema es que cuando intentamos hacer una introspección sobre nosotros mismos, cambiamos la naturaleza de lo que estamos observando. Nuestro compromiso activo y encarnado con el mundo es una capacidad que tenemos. Es algo que aprendemos antes de ser conscientes de ello, y la conciencia amenaza con alterarla, como altera todas nuestras capacidades. De hecho, lo que se entiende como habilidad es algo intuitivo y no explícito. No calculamos qué acciones debemos realizar para golpear con un martillo de forma eficaz, y luego damos conscientemente instrucciones a nuestros brazos y manos para que lo lleven a cabo en un cierto orden, con innumerables advertencias y salvedades - "Si el martillo se desvía demasiado a la derecha, apunta un poco más hacia la izquierda; si esto no funciona, intente usar un poco menos de fuerza", y así sucesivamente. Si lo hiciéramos, martillaríamos muy mal: en vez de eso, simplemente tomamos el martillo y golpeamos. Como señala Dreyfus, un estudioso de Heidegger que ha escrito con insistencia sobre los problemas de tratar de “operacionalizar” nuestras capacidades, particularmente las capacidades más complejas que requieren una experiencia considerable, solo recurrimos al análisis explícito del proceso cuando hacemos una introspección sobre lo que sucedió - ya sea porque algo ha salido mal, o porque somos completamente principiantes. Los filósofos y psicólogos que defienden la opinión de que nuestros procesos mentales son similares a los de una computadora "aún no han notado que solo nos damos cuenta de nuestras capacidades cuando las cosas no van bien o cuando alguien que realiza un experimento nos ha dado una tarea en la que no tenemos ninguna experiencia o habilidad previa. Entonces, de hecho, sí que dependemos del análisis."55

Lo que nos lleva de nuevo a la cuestión de si "la conciencia está en el hemisferio izquierdo". Obviamente, mucho depende de lo que se entiende por "consciente", y si la conciencia es un continuo, será necesariamente imposible ser tajante al respecto - de hecho, suponer que se trata de un fenómeno bien definido sería una señal de estar descarriado. Sin embargo, la distinción más sólida que se puede hacer, aunque este lejos de no ser problemática, es la que existe entre la auto-conciencia y la conciencia "pura y simple". Pero, ¿qué es la conciencia sin auto-conciencia?  No podemos saber si otras criaturas tienen conciencia de sí mismas - o, estrictamente, conciencia en absoluto - por lo que estamos obligados a hacer una introspección sobre nuestra propia experiencia. Sin embargo, tal introspección es, por definición, auto-consciente, por lo que tampoco llegaremos a saber cómo es ser consciente por esta vía. Sin embargo, se puede distinguir entre los momentos en que uno es consciente de sí mismo como objeto de atención y los momentos en que uno es simplemente consciente de ser. Esto es lo más cercano que puede llegar tal distinción. Tiene la doble ventaja de coincidir con lo que normalmente entendemos por "auto-conciencia" en el lenguaje cotidiano; y de señalar la anormalidad en sujetos cuya psicopatología, como en muchos trastornos de ansiedad, especialmente en la fobia social, es la de una excesiva auto-conciencia. Los afectados describen la incómoda sensación de estar siendo observados, incluso de que hay un "ojo" que observa su "yo", (en el mundo de la esquizofrenia, este proceso se vuelve psicótico y se experimenta como una realidad; véase lámina 1). Tal auto-conciencia tiene también el efecto paralizante de entorpecer y volver artificiales las habilidades sociales ordinarias que deben permanecer intuitivas e inconscientes para ser eficaces; por eso, uno de los aspectos de tal auto-conciencia es el de arrastrar
hacia el centro de la conciencia, lo que debería permanecer fuera de ella. 

Lamina 1. Los sujetos psicóticos experimentan un ojo que todo lo observa y que existe en el mismo nivel que los objetos que se observan. Álbum de flores victoriano en el archivo del Hospital Real de Bethlem (por Barbara Honywood) muy anterior al modernismo al que parece anunciar.

 

La mayoría, si no todas, de las "funciones" mediadas por el hemisferio derecho caen en esta categoría de lo que tiene que permanecer fuera del foco de la conciencia - implícito, intuitivo, inadvertido. De modo que la auto-conciencia, al menos, parece surgir cuando el hemisferio izquierdo se dedica a inspeccionar la vida del hemisferio derecho. En cuanto a las actividades del hemisferio derecho en sí, somos conscientes la mayor parte del tiempo mientras las llevamos a cabo, pero no estamos enfocados en ellas, y por lo tanto, no somos conscientes de ellas - la atención está en otra parte (puede ir y venir, dependiendo de lo que esté sucediendo).56 Muchas rutinas sobreaprendidas, como conducir por una ruta habitual, son así. En el momento en que lo estamos haciendo, no nos damos cuenta de que lo estamos llevando a cabo, pero lo seríamos de inmediato si algo atrajera nuestra atención - o si cometiéramos un error.57 Muchos comportamientos rutinarios y sobreaprendidos deben involucrar al hemisferio izquierdo. Así que claramente, no todo lo que hay en el hemisferio izquierdo puede estar - o podría haber estado - en el foco de atención. Por una parte, ese enfoque es muy limitado; y, por otra, muy poco del hemisferio izquierdo puede estar cerca de la parte superior del dosel cerebral, donde está la conciencia principalmente.

La idea de que la auto-conciencia, en el sentido de ser conscientes de nosotros mismos haciendo o siendo algo, corresponde al hemisferio izquierdo examinando al derecho, está respaldada por varias observaciones. Como hemos visto, el "foco" de atención, es una función del hemisferio izquierdo. Las víctimas de la auto-conciencia son las habilidades sociales o empáticas basadas en el hemisferio derecho. Y los sujetos esquizofrénicos, cuya psicopatología depende de una hiperconsciencia reflexiva, y que a menudo representan en sus pinturas como un ojo distante observando, muestran una hipofunción relativa del hemisferio derecho en relación con el izquierdo. (véase lámina  2).

 

 

 

 

Lamina 2. En este notable cuadro de David Chick, de una experiencia psicótica, el sujeto andrógino existe en el plano del papel, al igual que el ojo que todo lo observa, a pesar del énfasis que se pone en la perspectiva (extraído también del archivo de Bethlem)

 

Más específicamente, la idea de que las cosas llegan a la existencia a través de un proceso apofático, también arroja luz, creo, sobre el problema del yo, y ayuda a confirmar esta visión. Hume investigó introspectivamente y no encontró ningún signo del yo, solo una serie de impresiones sensoriales. Fichte pensaba que eso era algo bastante natural. Él creía que el yo no surgía en la cognición: cuanto más absorto estabas en el proceso de atender, menos consciente estas de ti mismo como receptor. Es solo cuando hay algún tipo de resistencia cuando uno se da cuenta del propio yo, "no como un objeto sino como aquello a lo que se le opone algún tipo de realidad recalcitrante".58 Esto es como si las cosas estuvieran, en términos de Heidegger, vorhanden, separadas de nosotros, y nosotros nos sintiéramos separados de ellas. En términos de Merleau-Ponty, tiene que ver con el plano de enfoque: si el "yo" es transparente u opaco. Yo me hago realidad como ser, a través de la experiencia de la resistencia, como un lago está delimitado por la orilla, que es la que lo hace ser un lago. Estas asociaciones con la opacidad, y Vorhandenheit, sugieren nuevamente que el yo auto-consciente emerge solo cuando el foco de atención del hemisferio izquierdo se aplica al mundo del hemisferio derecho.

¿Qué ocurre con aquellos que han sufrido un ictus en el hemisferio izquierdo? Claramente siguen siendo conscientes. El grado en que siguen siendo auto-conscientes es más difícil evaluar debido a la dificultad que tienen de informar sobre ello de forma articulada. Sin embargo, no es imposible imaginar formas de evitar este problema, aunque no estoy al tanto de investigaciones que aborden este punto. Me sorprendería que la auto-conciencia faltara por completo, y puede ser que, si el árbol no puede alcanzar el dosel del bosque por un lado de la valla, presione hacia arriba por el otro lado en un intento de alcanzarlo, con resultados posiblemente paradójicos para aquellos que han tenido accidentes cerebrovasculares en el hemisferio izquierdo que pueden ser más, en lugar de menos, auto-conscientes, debido al efecto perjudicial de tener el foco de atención en el mismo hemisferio que todas aquellas cosas que por su naturaleza necesitan alejarse de ello; al igual que las personas con daño cerebral en el hemisferio izquierdo durante la infancia, desarrollan peores habilidades en el hemisferio derecho debido a la presencia en el mismo hemisferio del lenguaje, con su mirada de Gorgona.

La visión de la conciencia de Panksepp como un proceso que comienza en el cerebro medio y migra hacia arriba también sugiere un posible enfoque del llamado problema vinculante, que se refiere a la dificultad de saber cómo los diversos elementos modulares de la función cerebral se unen en la experiencia del yo - ¿en qué parte del cerebro o en qué lugar del mismo llegan a unificarse los diversos módulos identificados por la psicología cognitiva?

Una de las respuestas es epistemológica: se trata en gran parte de un problema creado por el modelo de mente que hemos apoyado. Derivado inevitablemente de los mecanismos autoconscientes y autorreflexivos del hemisferio izquierdo, nuestro examen de nosotros mismos identifica las partes de una totalidad viviente, y luego se pregunta cómo se pueden unir dichas partes (el problema del monstruo de Frankenstein). Pero la visión de Panksepp da una respuesta neurológica a este problema: lo que parecen "módulos” se entienden mejor como ramas de un árbol - salvo que, en este árbol, tupidos líquenes, el musgo español, también cuelgan entre las ramas.

      Ramachandran describe experimentos que,

 

contradicen rotundamente la teoría de que el cerebro esté formado por una serie de módulos autónomos que actúan como una brigada de voluntarios. La idea, popularizada por investigadores de la inteligencia artificial, de que el cerebro se comporta como una computadora, en el que cada módulo realiza un trabajo altamente especializado y envía su resultado al siguiente módulo, algo que se cree ampliamente... Pero mis experimentos…me han enseñado que así no es cómo funciona el cerebro. Sus conexiones son extraordinariamente lábiles y dinámicas. Las percepciones emergen como resultado de las reverberaciones de las señales entre los diferentes niveles de la jerarquía sensorial, incluso entre los diferentes sentidos.59

La experiencia no es un simple cosido, en el nivel superior, del "mosaico" de funciones de Gazzaniga. La experiencia ya es coherente en su totalidad en niveles muy bajos del cerebro, y lo que hacen los niveles más altos no es juntar los trozos (al estilo del hemisferio izquierdo) sino permitir el crecimiento de una totalidad unificada (al estilo del hemisferio derecho). Se sabe que existen bucles cortico-subcorticales altamente complejos y que están profundamente interconectados involucrando a los ganglios basales, núcleos situados en las profundidades del cerebro, muy por debajo del cuerpo calloso, y que, a medida que entendemos más sobre ellos, nos damos cuenta de que participan de manera creciente, no solo en la coordinación motora, como solíamos pensar, sino tanto en la segregación como en la integración de las funciones motrices, afectivas y cognitivas. Estos "bucles" son la base de aspectos emocionalmente cargados y sutiles de la experiencia. Aunque los elementos cognitivos, motores y afectivos están cuidadosamente segregados, incluso dentro de los núcleos subtalámicos - centros de transmisión minúsculos (de entre solo 5-15 mm de diámetro) - también están con igual cuidado interconectados (incluso a este nivel tan bajo hay división dentro de la unión). Los procesos resultantes son aprendidos, pero se han vuelto sin embargo automáticos, y ya no están bajo control consciente. Pacientes con afecciones como la enfermedad de Parkinson pueden actualmente tratarse mediante un procedimiento conocido como estimulación cerebral profunda, que consiste en implantar quirúrgicamente electrodos en los núcleos subtalámicos y estimularlos durante breves períodos (un procedimiento indoloro que se lleva a cabo y, de hecho, debe realizarse, con el paciente totalmente consciente). El profesor Yves Agid y su equipo en la Pitié-Salpêtrière en París encontraron que una ligera variación en la posición del electrodo, hacía que el paciente pasara de un estado parkinsoniano impasible, inmóvil y "apagado" a otro de depresión severa. En las grabaciones de video se puede ver al paciente haciendo muecas, sosteniendo su cabeza con las manos y expresando sentimientos de tristeza, culpa, inutilidad y desesperanza: "Me estoy derrumbando en mi mente, ya no quiero vivir, ni ver nada, ni escuchar nada, ni sentir nada…"  Cuando le preguntaron por qué lloraba y si sentía dolor, respondió: "No, estoy harto de la vida, ya he tenido suficiente... No quiero vivir más, estoy asqueado de la vida …. Todo es inútil... sin valor: tengo miedo de este mundo". Cuando se le preguntó por qué estaba triste, respondió: "Estoy cansado. Quiero esconderme en un rincón...Estoy llorando por mí mismo, por supuesto... No tengo remedio, ¿por qué le estoy molestando...?"  Menos de 90 segundos después de la interrupción de la estimulación, la depresión desapareció. Durante los siguientes cinco minutos, se encontraba en un estado levemente hipomaníaco, riendo y bromeando con el investigador, tirando juguetonamente de su corbata. Y al mover la sonda mínimamente, se volvió francamente hipomaníaco, pareciendo no solo alegre, sino que estaba "en el cielo" e inquietamente activo - todo ello en cuestión de minutos o segundos.60

La experiencia estaba ya completamente "fusionada" o unificada por su reclutamiento automático de los aspectos cognitivos, emocionales y motores del ser, y se experimenta en el nivel fenomenológico más alto como un fenómeno integrado, con pensamientos sobre la inutilidad de seguir viviendo, sentimientos de profunda tristeza y gestos de desesperación, que ya estaban coherentemente constituidos (y "listos para salir") en este nivel bajo del árbol de la conciencia. No es que al desplazar el electrodo se produjera una experiencia incoherente, tales como las restricciones motoras de la enfermedad de Parkinson, con cogniciones de manía y afecto propias de la depresión, fragmentos sin relación que tendrían que esperar a los niveles más altos de la función cortical para su integración. La totalidad de la experiencia, completamente coherente en todos los ámbitos, y que nos afecta tanto en niveles más conscientes como en los inconscientes, ya está presente muy por debajo de la conciencia.

 

 

NIVEL TRES

 Recapitulando. Más de una voluntad (y, con mayor motivo, más de un conjunto de metas o valores) no significan más de una conciencia: de modo que, con una conciencia podemos albergar más de una voluntad, las cuales son expresión de más de un objetivo. Entre los capítulos del dos al cuatro, propuse que los dos hemisferios, como dos vastos sistemas neurológicos coherentes, son cada uno capaces de sostener la conciencia por sí mismos, tienen diferentes preocupaciones, objetivos y valores, y por lo tanto es probable que se expresen en diferentes voluntades; y en este capítulo he presentado pruebas que sugieren que un conflicto de voluntades puede ser exactamente lo que nos encontremos. En el Capítulo cinco, mostré que por una serie de motivos tanto filosóficos como neuropsicológicos, el hemisferio derecho tiene primacía, y que, aunque el hemisferio izquierdo tiene un papel valioso, sus resultados deben devolverse al reino del hemisferio derecho y, una vez más, ser integrados en una nueva totalidad, mayor que la suma de sus partes. Anteriormente en este capítulo, mostré que, en el primer nivel, en el de los milisegundos, el hecho más obvio sobre la relación entre los hemisferios es que dependen de la separación y la inhibición mutua, lo cual es coherente con la visión de la relación entre los mundos fenomenológico de los dos hemisferios, según la cual cada uno debe, por diferentes motivos, permanecer ignorante del otro.  En el segundo nivel, el de su interacción más global a lo largo de periodos de tiempo más largos que forman la base de la experiencia consciente, la evidencia es que la relación no es simétrica ni recíproca, llevando la ventaja el hemisferio izquierdo. Por tanto, existe un conflicto de asimetrías.

 

Asimetría ontológica

A favor del hemisferio derecho existe lo que podría llamarse asimetría ontológica (la primacía de la interacción del hemisferio derecho con lo que sea que existe). El hemisferio derecho es el mediador primario de la experiencia, del que se deriva el mundo conceptualizado y re-presentado del hemisferio izquierdo, y del que depende. Puesto que, como dice Blake, “La Razón es el límite o circunferencia exterior de la Energía" (siendo la energía algo así como el Drang de Scheler), que, tal como él lo expresa, "es la única Vida, y proviene del Cuerpo", el hemisferio izquierdo no tiene vida en sí mismo, sino que la vida que parece tener proviene de su reconexión con el cuerpo, la emoción y la experiencia a través del hemisferio derecho. Es esta primacía de la interacción (mediada por el hemisferio derecho) con el mundo vivido más allá de nosotros mismos, sobre nuestra re-presentación del mismo (mediada por el hemisferio izquierdo) lo que subyace a la inversión que hace Goethe  de la declaración de San Juan: "En el principio fue la Palabra [logos], y "que en boca de Fausto se convierte en: "Im Anfang war die Tat!" (En el principio fue el Acto).61

 

Asimetría de función

También a favor del hemisferio derecho hay una asimetría de la función, que se deriva de la primera asimetría. En el funcionamiento conjunto de los dos hemisferios, los resultados del hemisferio izquierdo necesitan ser devueltos al ámbito del hemisferio derecho para que cobren vida. Si bien la experiencia se enriquece con el proceso opuesto, por el que los resultados del hemisferio derecho se envían al hemisferio izquierdo para "desempaquetarlos", no hay necesidad para ese proceso. Un proceso es literalmente vital: el otro no.

Estas dos asimetrías indican dónde debería estar, y de hecho necesita estar, el equilibrio de poder interhemisférico: en el hemisferio derecho. Pero no es así. Hay otras tres asimetrías que significan que, de hecho, el equilibrio de poder está condenado a estar peligrosamente sesgado hacia el hemisferio menor, el izquierdo. Se trata de una "asimetría de los medios", una "asimetría de la estructura" y una "asimetría en la interacción".

 

Asimetría de medios

El punto de vista del hemisferio izquierdo domina inevitablemente, porque es el más accesible: el más cercano al intelecto auto-consciente y auto-reflexivo. La experiencia consciente está en el centro de nuestra atención, por lo que suele estar dominada por el hemisferio izquierdo. Se beneficia de una asimetría de medios. Los medios de argumentación - las tres eles: lenguaje, lógica y linealidad - están, en última instancia bajo el control del hemisferio izquierdo, de modo que las cartas están considerablemente apiladas a favor de que nuestro discurso consciente haga valer la visión del mundo re-presentada por el hemisferio desde el que se habla, el hemisferio izquierdo, en lugar del mundo que está presente en el hemisferio derecho. Su punto de vista siempre es fácilmente defendible, porque es analítico; la dificultad reside en aquellos que son conscientes de que esto no agota las posibilidades y tienen sin embargo que utilizar los métodos analíticos para trascender el análisis. También es más fácil de expresar, debido a que el lenguaje se encuentra en el hemisferio izquierdo: el que tiene voz. Pero la ley de no-contradicción, y de la exclusión del término medio, que deben regir en el hemisferio izquierdo por la forma en que este interpreta la naturaleza del mundo, no son válidas en el hemisferio derecho, que interpreta al mundo como algo inherente, dando lugar a lo que el hemisferio izquierdo llama paradoja y ambigüedad. Esto es muy parecido al problema de la interpretación analítica frente a la holística de lo que es una metáfora: para un hemisferio, es una mentira quizás hermosa, pero en última instancia irrelevante; para el otro es el único camino hacia la verdad.

Pero incluso este hecho, por significativo que sea, no transmite la verdadera escala de la distinción, que se refiere no solo a diferencias funcionales en un momento dado, sino a lo que ocurre durante períodos mucho más largos en el cerebro humano normal. El hemisferio izquierdo construye sistemas, donde el derecho no lo hace. Por lo tanto, le permite elaborar su propio funcionamiento a lo largo del tiempo y convertirlo en un pensamiento sistemático que le da permanencia y solidez, y que creo que incluso ya se ha instanciado en el mundo exterior que nos rodea, lo que inevitablemente le da una enorme ventaja. (Ver Capítulo 12). Y hay algo muy sugerente en el hecho de que el predominio del hemisferio izquierdo pueda ser el resultado de que exista - ¿posiblemente de que se haya producido? - un déficit en el hemisferio derecho.

Veamos primero las formas en que los dos hemisferios tratan de conocer, de hacerse una idea del mundo. Usando la conocida terminología del procesamiento de información, el hemisferio izquierdo favorece el “procesamiento" secuencial y analítico, mientras que el hemisferio derecho favorece el "procesamiento" en paralelo de diferentes corrientes de "información" simultáneamente. Esto es lo que he expresado, como la forma en que el hemisferio izquierdo construye una imagen, de forma lenta pero segura, pieza a pieza, ladrillo a ladrillo. Una cosa se establece como (aparentemente) cierta; que sirve de base para agregar el siguiente pequeño trozo de certeza (aparente). Y así sucesivamente. Mientras tanto, el hemisferio derecho, trata de asimilar todos los diversos aspectos de lo que aborda a la vez. Ninguna parte en sí misma precede a ninguna otra: corresponde más bien a la manera en que se enfoca una imagen - hay un momento "aja" en el que la totalidad aparece repentinamente y cobra vida ante nosotros. Para ello, en cambio, el conocimiento llega a través de una relación, una entreidad, un proceso reverberante de ida y vuelta entre él mismo y lo Otro, y por lo tanto nunca está terminado, nunca es seguro. 

En este sentido, el hemisferio derecho tiene una gran desventaja. Si este conocimiento va a ser transmitido a otra persona, es de hecho esencial poder ofrecer ciertas certezas (aparentes): poder repetir el proceso para la otra persona, construirlo a partir de sus fragmentos. Así que este tipo de conocimiento puede ser transmitido, porque no es "mi" conocimiento. Es conocimiento (Wissenschaft), no el saber (Erkenntnis). Por el contrario, transmitir lo que el hemisferio derecho sabe requiere que la otra parte ya tenga un entendimiento previo de ello, que se pueda despertar en él; si no tiene tal conocimiento, será fácilmente seducido a pensar que el tipo de conocimiento del hemisferio izquierdo es una alternativa.

El "procesamiento" analítico secuencial también convierte al hemisferio izquierdo en el hemisferio por excelencia del discurso secuencial, y eso le da la ventaja extraordinaria de ser escuchado. Es como ser el Berlusconi del cerebro, un peso pesado de la política que tiene el control de los medios de comunicación. El discurso es también posible desde el hemisferio derecho, pero suele ser muy limitado. Hemos visto que aunque el pensamiento se origina probablemente en el hemisferio derecho, es el hemisferio izquierdo el que tiene la mayor parte de la sintaxis y la mayor parte del léxico, lo que lo convierte en el controlador de la "palabra" en general. Que, junto con su preferencia por la clasificación, el análisis y el pensamiento secuencial, lo hace muy poderoso para construir una argumentación. Por el contrario, al hemisferio derecho le resulta difícil hacerse oír: lo que sabe es demasiado complejo, no tiene la ventaja de haber sido cortado en pedazos que se puedan encadenar de forma ordenada, y de todos modos, no tiene voz.

 

Asimetría de estructura

Y luego hay una asimetría de estructura. Hay una asimetría inherente a la construcción de este sistema, en concreto, la dificultad de escapar de un sistema cerrado en sí mismo. El propio sistema cierra cualquier posible mecanismo de escape. La existencia de un sistema de pensamiento dependiente del lenguaje devalúa automáticamente todo lo que no puede ser expresado en el lenguaje; el proceso de razonamiento descarta todo lo que no puede ser alcanzado por el razonamiento. En la vida cotidiana podemos estar dispuestos a aceptar la existencia de una realidad más allá del lenguaje o de la racionalidad, pero lo hacemos porque nuestra mente en su conjunto puede intuir que algunos aspectos de nuestra experiencia se encuentran más allá de cualquiera de estos sistemas cerrados. Pero, en sus propios términos, no hay forma de que el lenguaje pueda salir del mundo creado por el mismo - salvo permitiendo que el lenguaje vaya más allá de sí mismo como en la poesía; al igual que en sus propios términos, la racionalidad no puede salir de lo racional para tomar conciencia de la necesidad de que haya algo más, de algo distinto de sí misma, que sustente su existencia - excepto si sigue una lógica gódeliana hasta su conclusión. El lenguaje en sí mismo solo puede referirse a sí mismo (hasta este punto, la posición posmoderna es correcta), y la razón solo puede elaborar, "desempaquetar" las premisas desde las que parte. Pero no puede haber ninguna evidencia desde dentro de la razón que dé las premisas desde las que debe partir la razón, o que valide el proceso de razonamiento en sí mismo - esas premisas y el salto de fe a favor de la razón, tienen que venir desde más atrás y más allá, desde la intuición o la experiencia.62

Una vez que el sistema se ha instalado, funciona como una sala de espejos en la que estamos aprisionados por sus reflejos. Los saltos de fe desde ese momento, están estrictamente fuera de los límites. Sin embargo, solo con aquello que pueda "saltar" más allá del mundo del lenguaje y de la razón es lo que puede sacarnos del aprisionamiento de la sala de los espejos y reconectarnos con el mundo viviente. Y la evidencia es que esa renuencia para permitir esta salida no es solo un proceso pasivo, una característica "involuntaria" del sistema, sino una que parece ser querida por el hemisferio izquierdo. La historia de los últimos cien años en particular, como trataré de transmitir en la segunda parte, contiene muchos ejemplos de ataques intempestivos del hemisferio izquierdo contra la naturaleza, el arte, la religión y el cuerpo, las principales vías de acceso hacia algo más allá de su alcance. En otras palabras, su comportamiento parece sospechosamente tiránico - el emisario del Maestro convertido en un tirano.

El hemisferio izquierdo, con su construcción de un sistema racional, hace posible la voluntad para la acción; cree que es el que hace que las cosas sucedan, incluso que las cosas vivan. Pero nada en nosotros, activa o positivamente, hace que las cosas vivan - todo lo que podemos hacer es permitir, o no permitir, la vida ya existente. Sigue pareciendo difícil de entender cómo un conjunto de relaciones que están basadas en que están en negación, su poder de decir "no", o de no decir "no", coincidiendo con Scheler (y, para el caso con Heidegger) - pueden resultar vivas y creativas. Parece obvio para el hemisferio izquierdo, que es lo que tenemos para "pensar" (la razón), y que permanece ignorante de lo que el hemisferio derecho sabe, que la creación debe ser el resultado de algo positivo que él hace. Hace cosas, y como hace que las cosas sucedan, piensa que les da vida. En esto es como un gato que empuja a un ratón muerto por el suelo para verlo moverse. Pero no tenemos el poder de hacer que las cosas vivan: como el gato, sólo podemos permitir la vida, o no permitirla.

Sin embargo, esta idea no es tan extraña - ni tan inusual en la historia de la filosofía, como puede parecer. El acto de creación puede ser un acto de invención, no en el sentido moderno de la palabra, sino en su sentido más antiguo: el de descubrimiento, de encontrar algo que estaba ahí, pero que requería liberarse para ser. La palabra invención significaba antiguamente descubrimiento (del latín invenire, encontrar), y fue solo desde el siglo XVII que la palabra ha pasado a tener el sentido grandioso de algo creado por nosotros, en lugar de algo que descubrimos. "Des-cubrir", ha incorporado en la misma palabra el acto de negación, de decir "no" a algo que se oculta. Spinoza fue el primero en afirmar que omnis determinatio est negatio: "toda determinación de algo [en el sentido de enfocar algo con mayor nitidez] es negación". Y Hegel, que en esto, como tantas veces, está en la vanguardia de la filosofía moderna, enfatizó la importancia creativa de la negación. Aunque la idea es ya familiar para la ciencia convencional. Los criterios popperianos para la verdad incorporan la noción de que nunca podemos demostrar que algo sea correcto; todo lo que podemos hacer es demostrar que las alternativas son incorrectas.

La sensación que tenemos de que la experiencia está sucediendo - que incluso si no hacemos nada y solo nos quedamos sentados mirando, el tiempo sigue pasando, nuestros cuerpos siguen cambiando, nuestros sentidos recogiendo imágenes, sonidos, olores y sensaciones táctiles, y así sucesivamente - esto es una expresión del hecho de que la vida viene a nosotros. Todo lo que sea que exista ahí fuera, aparte de nosotros, entra en contacto con nosotros igual que el agua que corre en un determinado entorno. El agua se precipita y el entorno le opone resistencia. Esto se puede ver como un río buscando incansablemente su camino a través de dicho entorno, aunque en realidad no se produce ninguna actividad, en el sentido de que no hay ninguna voluntad involucrada. Se puede ver el entorno bloqueando el camino del agua, de modo que tenga que girar en otro sentido, pero nuevamente, el agua solo se precipita en la forma en que el agua tiene que hacerlo, y el entorno se resiste en su camino, tal como debe hacerlo. El resultado de esa agua sin forma y de la forma de ese entorno es un rio.

El río no solo atraviesa el entorno, sino que se adentra en él y lo cambia también, como si el entorno hubiera "cambiado" y, sin embargo, no hubiera cambiado el agua. El entorno no puede crear el río. No trata de formar un río. Ni siquiera dice "sí" al río. Simplemente se limita a decir, "no" al agua, o a no decir, "no" al agua y, al no decir "no" al agua, dondequiera que lo haga, permite que el río se haga realidad. El río no existe antes de este encuentro. Sólo el agua existe antes del encuentro, y el río llega a existir en el proceso de encontrarse con el entorno, con su capacidad para decir 'no' o no decir 'no'. De manera similar, existe "lo que sea que existe aparte de nosotros mismos", pero "lo que sea que existe" solo llega a ser lo que es en la medida en que se desvela en el encuentro con nosotros mismos lo que es, y nosotros solo nos desvelamos y nos convertimos en lo que somos, en nuestro encuentro con "lo que sea que exista".

Pero surge un problema relacionado con el tiempo. En toda descripción, la cual es al fin y al cabo, una re-presentación, existe el problema de que empieza a partir de algo ya conocido. A continuación, construye sobre lo conocido con algo más que también es conocido. Estas pueden ser palabras o imágenes mentales (como fotografías, lo que los franceses llaman clichés - fijas, fragmentadas, bidimensionales). Así es como llegamos a la ilusión de que algo ha sido creado por el hecho de haberlo reunido. Todo lenguaje es inevitablemente así: sustituye la ambigüedad e incertidumbre que se experimenta en el encuentro inicial con algo en proceso de formación, con una secuencia de piezas de información aparentemente fijas y determinadas. La información es, por definición, algo fijo, un montón de datos, por así decirlo. Y todo lo que la mente consciente puede hacer cuando tiene un montón de piezas es reunirlas para intentar hacer algo. Sin embargo, esto no es más que una forma de restablecer la experiencia de que los seres vivos se crean cosiéndoles sus miembros. Por lo tanto, la aparente secuencia de cosas en las que unas se causan a otras en el tiempo es un artefacto de la forma de ver el mundo del hemisferio izquierdo. En el proceso de creación no estamos ensamblando activamente algo que ya conocemos, sino encontrando algo que está llegando a ser a través de nuestro conocimiento, al mismo tiempo que nuestro conocimiento depende de eso que está llegando a ser cobre existencia; como declara Pushkin sobre Evgueni Onegin, en medio de la propia obra, que él no sabía a dónde estaba yendo, era un camino inacabado, un viaje, una exploración, de lo que fuera que estaba surgiendo entre él mismo y el mundo de lo imaginado.

 

Asimetría en la interacción

Por último, existe una asimetría de interacción. Me parece que la forma general en que se relacionan los hemisferios ha cambiado de manera crítica, pasando de una forma que podría llamarse de equilibrio dinámico estable a una de desequilibrio. Cuando operan juntas dos entidades necesarias, pero opuestas entre sí, un desequilibrio a favor de una puede ser, y a menudo será, corregido por un cambio a favor de la otra - una oscilación del péndulo. Pero dicha retroalimentación negativa puede convertirse en retroalimentación positiva, y en el hemisferio izquierdo hay una tendencia inherente a ello.63 Volviendo a la imagen del péndulo, sería como si una violenta oscilación del péndulo desplazara todo el reloj, que entonces se desequilibraría en exceso y se volcaría. Creo que hemos entrado en una fase en nuestra historia cultural en la que la retroalimentación negativa por los resultados de acciones de cada hemisferio ha dado paso a una retroalimentación positiva a favor del hemisferio izquierdo. A pesar de la primacía del hemisferio derecho, es el hemisferio izquierdo el que tiene todos los ases en la mano y, desde este punto de vista, parece que va a ganar la partida. Ese es el tema de la Parte II.         

¿Qué luz aporta Heidegger sobre la interacción de los hemisferios? Según Heidegger, los aspectos de nuestro ser que antiguamente se denominaban como lo apolíneo, más racionalista y lo dionisíaco, más intuitivo se han desequilibrado enormemente. Nietzsche afirmaba que la constante oposición entre estas dos tendencias tan diferentes conducía a una fructífera estimulación a mayores y más elevados niveles de vida y creatividad (lo que concuerda con la evidencia de la relación entre los dos hemisferios en su mejor momento). La guerra, como decía Heráclito, es el padre de todas las cosas. Pero la guerra entre estas tendencias se ha convertido, según Heidegger, ya no en creativa sino meramente destructiva. Nos ha “dotado de forma preeminente con una capacidad de captar y delimitar": lo apolíneo ha triunfado a expensas de lo dionisíaco. Estamos atrapados, a su juicio, en un frenesí de "formación de proyectos, enclaves, marcos, divisiones, y estructuraciones", destruyéndonos a nosotros mismos y a nuestro entorno, convirtiéndolo todo en "recursos", en algo para ser meramente explotado, como dijo una vez gráficamente, la Naturaleza convertida en "una gigantesca estación de servicio".64 Esto es lo contrario del problema al que se enfrentaron los griegos, para quienes la balanza se inclinaba más hacia lo dionisíaco, y que por lo tanto se esforzaban, y necesitaban esforzarse, hacia lo apolíneo.

Sin embargo, desde la propia filosofía de Heidegger surgen motivos para suponer que la situación no es irremediable. Cita con acierto los versos de Hölderlin: "Wo aber Gefahr ist, wächst / Das Rettende auch (“allí donde hay peligro, lo que nos salvará también crece"). La forma en que entiendo esto en relación al cerebro es la siguiente.

En el primer nivel, nos indica algo sobre la interrelación constante y relativamente estable de los hemisferios en su máxima expresión. En cierto modo, es el argumento de Nietzsche sobre la relación fructífera de lo apolíneo y lo dionisíaco. Dentro del ámbito del hemisferio izquierdo ("donde hay peligro") también existe la posibilidad de un "despliegue" de lo que está implícito, que, si se devuelve al hemisferio derecho, conducirá a que surja algo más grande y mejor ("lo que nos salvará"). Esto suena muy abstracto, pero creo que se puede aclarar con un ejemplo. Si aplicamos a una obra de arte, por ejemplo, o incluso al cuerpo humano, una atención analítica y desvinculada, perdemos el sentido de la cosa en sí misma, y su ser en toda su integridad y alteridad se desvanece. Pero el resultado de tal forma de atención, siempre y cuando luego se renuncie a ella, de modo que volvamos a estar en un estado de apertura y receptividad ante la cosa en sí misma, puede dar como resultado una "presencia" más profunda y rica. Terminado el trabajo del hemisferio izquierdo, dicho objeto "retorna" al hemisferio derecho positivamente enriquecido. Las mejores críticas de obras de arte producen precisamente este resultado, y el estudio de la medicina en relación con el cuerpo humano, en su mejor momento también lo alcanzó. De nuevo, está la analogía con el análisis inevitable que realiza el pianista para aprender una pieza, un análisis que debe olvidar durante la interpretación. El "peligro" inherente en el proceso, es la potencial arrogancia del hemisferio izquierdo, que pueda no permitir el retorno: pudiendo llegar a considerarse a sí mismo como todo en todo.

El hemisferio izquierdo puede desempeñar un papel vital e irremplazable solo si se le devuelve al lugar que le corresponde y se deja reasumir por el hemisferio derecho. El hemisferio izquierdo es una parte crucial del proceso creativo - el despliegue del potencial. El devenir es un potencial, y para que el Ser emerja del Devenir, necesita "colapsar" en el presente, como la función de onda "colapsa" bajo nuestra observación, y el gato de Schrödinger pasa a estar vivo o muerto - en los términos en los que existimos. Pero, sin embargo, necesita devolver su trabajo al hemisferio derecho. Solo a partir de la unidad de la división y la unión surge una nueva unidad: así, la unidad se fusiona con su opuesto y sin embargo se vuelve más ella misma. (No es cierto, por el contrario, que a partir de la unidad de la división y de la unión surja una nueva división, ni tampoco es cierto que de la división de la unidad y la división produzca una nueva división: permaneciendo divididos, no surge nada nuevo en absoluto.)                         

En el segundo nivel, se revela algo sobre el peligro particular que entraña la concepción actual del mundo, en la que los hemisferios están, en mi opinión, desequilibrados. Según Heidegger, una parte inevitable de la existencia está en un estadio de caída, que llamó Verfallen. Pero él creía que, en cierto sentido, esto también tiene su lado positivo, ya que la existencia misma de Verfallen incita a nuestro Dasein a tomar conciencia de la pérdida del verdadero ser, y a esforzarse más hacia lo que es verdadero. Este proceso es inevitablemente un proceso de ciclos o alternancias de dirección. La sensación de anhelar y de luchar por algo más allá, algo que de otro modo no podríamos alcanzar, es una idea a la que volveré en la Parte II, donde consideraré la influencia del cerebro dividido en la cultura Occidental. En el desarrollo de la historia que expongo ahí, el hemisferio izquierdo llega a ser más y más poderoso: al mismo tiempo que crecen los problemas.

 

 

 

CODA: CAMINANDO SONÁMBULOS HACIA EL ABISMO

Desde que tuvo veinte años y hasta su muerte, en el año 1832, a la edad de ochenta y dos años, Goethe estuvo obsesionado con la leyenda de Fausto, y trabajó toda su vida, en lo que se convertiría en su obra maestra definitiva, el extenso poema dramático Fausto. La leyenda de Fausto, un médico erudito que, frustrado por los límites de su conocimiento y poder, hace un pacto con el diablo a fin de extenderlos sin ningún límite mientras esté vivo, a cambio de entregarle su alma inmortal, yace profundamente en la psique alemana, y las versiones de dicha historia se remontan a la Edad Media. El mito es claramente una advertencia contra la soberbia. En la versión de Goethe del relato, Fausto era en esencia un buen hombre, que había hecho mucho por los demás gracias a su capacidad como médico, antes de que su ansia de poder y conocimiento lo lleven a hacer numerosas acciones destructivas. Sin embargo, finalmente Fausto se da cuenta de que hay unos límites a lo que nuestra condición humana puede entender y lograr, y retorna, a través de su dolor y remordimiento, a la conciencia del bien que su conocimiento puede aportar a los demás: su momento final de felicidad, el propósito de su trato con Mefistófeles, le llega a través de su comprensión de lo que puede hacer por la humanidad, no para sí mismo. Al final de la obra, Dios, y no el diablo, se lleva su alma; y al hacerlo, reconoce el valor verdaderamente grande del esfuerzo incesante de Fausto. En esta versión del mito, a mi parecer, el deseo del hemisferio derecho de comprender algo que está más allá y los medios del hemisferio izquierdo para ayudar a conseguirlo - el Maestro y su emisario trabajando en colaboración - son finalmente redimidos y redentores.65  Aunque más explícitamente, Goethe escribió en su madurez otro poema, Der Zauberlehrling, (El aprendiz de Brujo), cuya historia será familiar para la mayoría de las personas por la película, Fantasía de Disney, en la que el brujo regresa – a quien Goethe se refiere como, der alte Meister, el viejo maestro – y no está enojado con el insensato aprendiz que pensaba que podía hacer por sí mismo lo que hacía su maestro, sino que se limita a pedirle que entienda que solo él, el Maestro, puede conjurar los espíritus de manera segura. Si el hemisferio izquierdo es impulsivo y competitivo, el hemisferio derecho no lo es: tiene una apreciación precisa de lo que su compañero puede ofrecer.

Pero en cualquiera de los dos relatos, la de Fausto o la del aprendiz de brujo - hay una conciencia salvadora de que las cosas han ido terriblemente mal. Y en el relato que estoy contando aquí, el hemisferio izquierdo actúa como el aprendiz de brujo que ignora despreocupadamente que está a punto de ahogarse, o como un Fausto que no tiene la visión interna de sus errores y de la destrucción que ha provocado.

Recordemos por un momento la literatura neurológica. Aunque el hemisferio izquierdo no vea y no pueda entender lo que el hemisferio derecho entiende, es experto en fingir que lo está viendo, en encontrar explicaciones bastante plausibles, pero falsas, para las evidencias que no encajan en su versión de los hechos. Los experimentos de Deglin y Kinsbourne nos recuerdan que el hemisferio izquierdo prefiere creer en la autoridad, en "lo que dice esta tarjeta", antes que en la evidencia de sus propios sentidos. ¿Y hay que recordar que está dispuesto a negar que tiene una extremidad paralizada, incluso cuando se enfrenta a pruebas indiscutibles? Ramachandran expone el problema con su expresividad habitual:

En los casos más extremos, un paciente no solo negará que el brazo (o la pierna) está paralizado, sino que afirmará que el brazo que está en la cama a su lado, su propio brazo paralizado, ¡no le pertenece! Hay una voluntad dislocada para aceptar ideas absurdas.

 

Pero cuando el daño se produce en el hemisferio izquierdo (y el paciente depende por tanto de su hemisferio derecho), con una parálisis en el lado derecho del cuerpo,

 

casi nunca experimentan la negación. ¿Por qué no? Estas personas están tan incapacitadas y frustradas como las personas con daños en el hemisferio derecho, y presumiblemente hay tanta "necesidad" de una defensa psicológica, pero de hecho no solo son conscientes de la parálisis, sino que hablan constantemente de ella...  Es la vehemencia de la negación - no una mera indiferencia ante la parálisis - lo que pide a gritos una explicación.66

 

De nuevo, Nietzsche le tiene tomada la medida: "Yo lo he hecho", dice mi memoria [episódica y verídica del hemisferio derecho]. "No puedo haberlo hecho" - dice mi orgullo (hemisferio izquierdo teórico y propenso a la negación), y se mantiene inflexible. Al final - la memoria cede".67

Al hemisferio izquierdo no le gusta asumir la responsabilidad. Si el defecto puede dañar la imagen del propio yo, no le gusta aceptarlo. Pero si puede responsabilizar a alguien o a algo, es decir - si es una "víctima" de un error ajeno - está dispuesto a reconocerlo. Ramachandran llevó a cabo un experimento en el que un paciente que negaba la parálisis de su brazo izquierdo recibió una inyección de agua salina inofensiva, diciéndole que el tratamiento le "paralizaría" su brazo izquierdo (que en realidad ya estaba paralizado). Una vez que su hemisferio izquierdo tenía a algo a lo que culpar, estaba dispuesto a aceptar la existencia de dicha parálisis.68       

Ramachandran de nuevo: "El hemisferio izquierdo es conformista, en gran medida indiferente a las discrepancias, mientras que el hemisferio derecho es lo opuesto: altamente sensible a las perturbaciones."69 La negación, la tendencia al conformismo, la voluntad de ignorar las evidencias, el hábito de eludir cualquier responsabilidad, la ceguera ante la mera experiencia frente a la evidencia aplastante de la teoría: todo esto podría sonar inquietantemente familiar a los que observan la vida occidental contemporánea.

Una especie de taponamiento de oídos con lacre parece ser parte del modo normal de funcionamiento del hemisferio izquierdo. No quiere escuchar lo que considera cantos de sirena del hemisferio derecho, que le remite a lo que tiene todo el derecho - de hecho, un derecho mayor, como he argumentado - a llamarse realidad. Es como si el hemisferio izquierdo siguiera adelante, a ciegas, siempre por el mismo camino. La evidencia de fallos no significa que vaya en la dirección equivocada, sino tan solo cree que no ha avanzado lo bastante lejos en la dirección hacia la que ya estaba encaminado.

 

El hemisferio izquierdo como un sonámbulo.

La suposición popular, ayudada por reflexiones de algunos respetables neurocientíficos, es que el hemisferio derecho podría ser algo así como un zombi, o un sonámbulo. Parece suponerse ingenuamente que la cualidad definitoria del zombi, la quintaesencia de los fenómenos raros, es la falta de inteligencia verbalizadora y racionalizadora que ejemplifica el hemisferio izquierdo.

En el Capítulo 10 trataré el fenómeno de lo siniestro, de los zombis y similares, fenómenos que comenzaron a aparecer en la literatura, de manera curiosa pero significativa, durante la Ilustración. Propondré que lo siniestro se parece extraordinariamente a ciertos aspectos del mundo según el hemisferio izquierdo, donde la vitalidad está ausente, y lo humano está obligado a asemejarse a algo mecánico. Después de todo, los zombis tienen mucho en común con el monstruo de Frankenstein. Funcionan como si fueran simulaciones por ordenador del ser humano. No hay vida en sus ojos. Y Giovanni Stanghellini ha explorado con sutileza, en su libro, Disembodied Spirits and Deanimated Bodies, (“Espíritus sin cuerpo y cuerpos sin alma”) el modo en que el estado 'zombi' se mimetiza con la esquizofrenia, una condición de déficit en gran parte del hemisferio derecho.70

Los llamados estados "zombis" se caracterizan por la disociación, en la que la mente consciente parece cortada del cuerpo y del sentimiento. Eso en sí mismo sugiere una relativa hipofunción del hemisferio derecho. La disociación es, además, la fragmentación de lo que debería experimentarse como un todo - la separación mental de componentes de la experiencia que normalmente se procesarían juntos, lo que nuevamente sugiere un problema del hemisferio derecho. Las características principales de la disociación incluyen la amnesia sobre información autobiográfica, los trastornos de identidad, la despersonalización y la desrealización (falta de sentido de la realidad del mundo fenoménico, que parece convertirse en una proyección bidimensional). Por lo tanto, en principio, se esperaría que se tratara de una condición deficitaria del hemisferio derecho. Y los sujetos con daño en el hemisferio derecho informan de hecho, de esto - un cambio y una extrañeza del propio yo, que está desconectado del mundo, una pérdida del sentimiento de pertenencia al mundo. A veces afirman haberse convertido en autómatas insensibles, marionetas o meros espectadores, desprovistos de sentimientos y aislados del mundo circundante (incluso un paciente informó que su cabeza se había convertido en un cono, y que le faltaba la parte delantera, otros pacientes han informado de que se sentían a sí mismos como una simple carcasa, o envoltura, ya que su "yo" había sido separado de ellos, y estaba situado fuera del cuerpo, en algún lugar cercano y a la izquierda). Los sujetos hablan casi invariablemente de "que se han ido a otro espacio o lugar".71

Teniendo en cuenta todo esto, sería extraordinario que la disociación en sujetos "normales" no implicara una desconexión del hemisferio derecho y un desequilibrio interhemisférico a favor del izquierdo. Y esto es justo lo que muestran las pruebas empíricas.72 De hecho, en la disociación, los hemisferios están desconectados más de lo habitual, como una "comisurotomía funcional" efectiva, o interrupción del funcionamiento del cuerpo calloso.73 La activación del hemisferio izquierdo en sujetos especialmente propensos a la disociación da lugar a una inhibición más rápida de lo habitual del hemisferio del derecho, mientras que aquellos que no son propensos a la disociación muestran una inhibición interhemisférica equilibrada, corroborando la idea de que la disociación implica una superioridad funcional del hemisferio izquierdo sobre el hemisferio derecho.74

El estado disociativo por excelencia es la hipnosis. A pesar del prejuicio popular de que la hipnosis probablemente implique la "liberación" del hemisferio derecho, no tiene ninguna de las características que uno esperaría si realmente fuera un estado de predominio del hemisferio derecho. Y, de hecho, muchos estudios de imagen han confirmado actualmente que parece haber un predominio de la activación del lado izquierdo durante la hipnosis.75 Cuando se nos pide que imaginemos que una fotografía  de colores brillantes está en blanco y negro, el estado cerebral no es el mismo que se manifiesta, cuando se nos hipnotiza, de modo que realmente llegamos a creer que la imagen está en blanco y negro, se trata de estados cerebrales diferentes; y la diferencia es que, en el  estado hipnótico, hay una activación anormalmente mayor en el hemisferio izquierdo.76 En la hipnosis, el hemisferio derecho no se activa, ni siquiera durante una tarea típicamente del "hemisferio derecho", utilizando como criterio el potencial general del EEG.77 En un estudio de neuroimagen que exploró los correlatos neurales de la hipnosis, la actividad disminuyó en el precuneus, el cingulado posterior y el lóbulo parietal inferior derecho,78  lo cual es coherente, ya que, como vimos anteriormente, en el Capítulo 2, se sabe que estas áreas están asociadas al sentido de la acción individual.79 Además, la hipnosis produce un aumento  de la concentración focal, junto con una relativa suspensión de la conciencia periférica, un modo de atención típico del hemisferio izquierdo. Es, según una fuente, "el análogo a la visión macular: nítida y detallada, pero muy restringida", una descripción perfecta del campo de visión del hemisferio izquierdo.80 Y de acuerdo con la hipótesis del hemisferio izquierdo, los sujetos más hipnotizables muestran niveles más altos de actividad dopaminérgica (la transmisión de dopamina es más extensa en el hemisferio izquierdo).81        

Así que, si estoy en lo cierto, y la historia del mundo occidental es la de una creciente dominación del hemisferio izquierdo, no esperaríamos que la visión interna fuera la nota imperante. En cambio, esperaríamos una especie de optimismo despreocupado, el sonámbulo silbando una alegre melodía mientras anda sin prisa hacia el abismo. 

Y ahora quiero referirme a la influencia del cerebro dividido en la cultura Occidental.


 

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