El MAESTRO
Y SU EMISARIO
EL CEREBRO DIVIDIDO
Y LA CONSTRUCCIÓN DEL MUNDO OCCIDENTAL
Iain McGilchrist
The Master and
his Emissary. I. McGilchrist.
2012
(Traducción: José Ángel González García)
Portada y contraportada: Rafael Araujo
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
……………………… 7
PREFACIO A LA
NUEVA EDICIÓN AMPLIADA ………… 9
INTRODUCCIÓN.
EL MAESTRO Y SU EMISARIO …… 27
PARTE I.
EL CEREBRO DIVIDIDO…………………………… 41
Capítulo 1. Asimetría y cerebro……………………… 43
Capítulo 2. ¿Qué es lo que "hacen" los dos
hemisferios? 59
Capítulo 3. Lenguaje, verdad y música………………………… 123
Capítulo 4. La naturaleza de los dos mundos…………… 163
Capítulo 5. La primacía del hemisferio derecho………… 207
Capítulo 6. El triunfo del hemisferio izquierdo…………… 241
PARTE II.
COMO EL
CEREBRO HA DADO FORMA A NUESTRO MUNDO 271
Capítulo 7. La Imitación y la evolución de la cultura………… 273
Capítulo 8. El mundo antiguo………………………… 291
Capítulo 9. El Renacimiento y la Reforma…………………… 331
Capítulo 10. La Ilustración…………………………………………… 365
Capítulo 11. El Romanticismo y la Revolución industrial 387
Capítulo 12. El mundo moderno y el mundo posmoderno 427
Conclusión. El Maestro traicionado…………………………… 469
AGRADECIMIENTOS
El Rey Carlos II se disculpó por haber estado "un
tiempo desmesurado muriéndose". Este libro ha llevado un tiempo desmesurado
para su nacimiento. Las deudas intelectuales en las que he incurrido durante los
veinte años en él que lo he estado gestando son muchas, y sólo puedo mencionar algunas.
En primer lugar, como será obvio para muchos lectores, estoy enormemente
agradecido por el trabajo pionero de John Cutting, especialmente de su libro Principios
de Psicopatología, que fue una revelación para mí, y también con muchos de sus
pensamientos, investigaciones y conversaciones a lo largo de los años, todo lo cual
me ha ayudado más de lo que puedo expresar; también mi agradecimiento a Louis Sass
en particular por sus libros, Locura y Modernismo y Las Paradojas del
delirio. Su enorme e importante trabajo está detrás de cada página que he
escrito; haya podido o no aprovecharme de su visión, ellos son los gigantes
sobre cuyos hombros me he apoyado. Ambos han sido generosos en su apoyo y Louis
Sass ha dedicado mucho de su tiempo a la lectura de varias versiones de este libro,
haciendo en el proceso muchas sugerencias valiosas, por las cuales estoy profundamente
agradecido.
También quisiera agradecer especialmente
a otras personas que han ayudado con sus comentarios sobre partes o todo el manuscrito
en algún momento, incluyendo a, A. Lishman, Sir Geoffrey Lloyd, D. Lorimer, D. Malone,
J. Onians, C. Pelling, A. Shanks, M. Sixsmith y N. Spice; tengo una deuda de gratitud
muy especial con John Wakefield por su cuidadosa atención a los sucesivos
borradores y por su apoyo incondicional en todo momento. Su rara habilidad para
combinar el tacto con una sagaz incisividad ha supuesto una enorme diferencia y
me ha salvado de muchos errores. Me he beneficiado de la correspondencia con Milton
Brener, cuyo libro Faces encontré estimulante y original. También estoy en
deuda con E. Hussey por sus consejos sobre el griego, y con C. Baxter, L. Bredt
y M. Sixsmith por sus consejos respectivamente sobre el francés, el alemán y el
ruso. Ni que decir tiene que los fallos y errores que haya, son enteramente
míos. Estoy muy agradecido por el apoyo constante
y el compromiso entusiasta de A. Goff, de D. Higham, y de mi editora, Phoebe Clapham,
cuyos consejos y sugerencias han sido extremadamente útiles, así como en
general a la Yale University Press, por creer en este libro desde el principio.
También debo mencionar a mi aparentemente omnisciente correctora, Jenny Roberts,
y a muchas otras personas en Yale que han contribuido de diferentes maneras.
Debo mucho a la
generosidad del, Warden and Fellows of All Souls College, Oxford. Mi primera estancia allí, hace más de treinta años,
me permitió explorar muchos temas a mi propio ritmo, y mi posterior reelección en
la década de 1990, me facilitó mantener un vínculo con el mundo académico durante
años repletos de otros compromisos. Su paciencia al ofrecerme una nueva beca en
2002-2004, me permitió organizar allí una conferencia sobre fenomenología y lateralización
cerebral en 2004, que desempeñó un papel importante en el nacimiento de este libro.
También estoy muy agradecido a la bondad y buen humor indefectibles de mis colegas
clínicos, especialmente mis queridos amigos, Jeremy Broadhead y David Wood, que
han atendido con tanto gusto a mis pacientes durante los períodos de soledad forzosa
que ha supuesto la redacción de este libro; así como a mis propios pacientes por
su comprensión y por la constante fuente de inspiración y aprendizaje que me han
brindado.
Abril-2012
PREFACIO A LA NUEVA EDICIÓN
AMPLIADA
"Psiquiatra desmonta el mito sobre el
cerebro izquierdo/cerebro derecho", proclama un titular. Siempre interesado
en saber algo más, sigo leyendo y descubro que el psiquiatra en cuestión soy yo
mismo.
Este titular pone el dedo en
el nudo de la cuestión. No creo en el mito del cerebro izquierdo/ cerebro
derecho: sí que creo en descubrir la verdad sobre las diferencias entre ambos
hemisferios. No cabe duda de que es una tontería creer en la mayor parte de lo
que se ha dicho en la cultura popular sobre el tema de las diferencias entre
hemisferios. Y sin embargo, sería igual de insensato creer, por lo tanto, que
no hay importantes diferencias entre los hemisferios cerebrales. Las hay y de
una gran importancia, y se encuentran en el núcleo de lo que significa ser un
humano. Es solo que estamos errando el tiro.
Cuando alguna persona
plantea la objeción de que cada hemisferio interviene en todo lo que hacemos,
tienen razón. Pero cuando supone que eso significa que no hay diferencias entre
ellos, se equivoca. Lo importante no es lo que hace cada hemisferio,
sino cómo lo hace, esa es la cuestión. Cada hemisferio está involucrado
en todo, es cierto; sólo que de maneras muy diferentes.
Cuando se publicó El Maestro y su Emisario
en noviembre de 2009, esperaba que algunas personas encontrasen esta tesis
realmente interesante. Incluso esperaba que se sintieran inspirados para llevar
estas ideas un poco más allá. Sin embargo, también esperaba que en su mayor
parte sería ignorado.
Pensé esto en parte, debido
a su temática. Mis colegas y mentores en el campo de la psiquiatría y la
neurología me habían aconsejado desde el principio, hace ya unos treinta años,
que no me involucrara en la investigación de la lateralidad cerebral, ya que era
un tema que estaba estigmatizado dentro del mundo de la neurociencia debido en
parte a la apropiación de la psicología más popular. También me advirtieron,
con razón, que eso implicaría empezar desde cero. Todas las cosas que creíamos
saber sobre la diferencia de los hemisferios se habían revelado, una tras otra,
como erróneas o, en el mejor de los casos, como medias verdades. Eso había
llevado (de forma un tanto derrotista, debo decir) a que se considerase un mal
proyecto. Y aquellos que abandonaron ese proyecto, se resignaron por el tiempo
y el esfuerzo perdidos proclamando en voz alta, su propio mito: que no había
diferencias hemisféricas significativas.
Sin embargo, yo ya conocía
lo suficiente sobre el tema para darme cuenta de que había ahí, un fascinante
rompecabezas intelectual demasiado importante para ignorarlo, fuera cual fuera
el coste en términos de mi trayectoria profesional. Esto exigía una
investigación más a fondo del tema. Por ejemplo, todas las criaturas conocidas
provistas de un sistema neuronal, por muy atrás que descendamos en el árbol
evolutivo y nos remontemos en el tiempo, tienen un sistema nervioso que es
asimétrico. ¿Por qué es así esto, dado que el mundo con el que interactúan no
es asimétrico? Yo ya estaba involucrado en una investigación en neuroimágenes
sobre la pérdida de la asimetría cerebral normal en la esquizofrenia que estaba
dando sus frutos. Así que no pude evitar pensar en el tema como algo
potencialmente de cierta relevancia.
Cuando, tras veinte años de
investigación, llegué al punto de publicar este libro, creí que me enfrentaría
a un ambiente académico y científico especializado hostil. Pero, salvo algunas
excepciones, afortunadamente no ha sido así, y algunos de los nombres más
conocidos de la neurociencia se han mostrado muy interesados con la tesis de
este libro. También esperaba, por supuesto, a la habitual facción de
autoproclamados "desmontadores de mitos", personas que se sentirían
superiores a la masa de crédulos, declarando que no había "nada nuevo en
el tema", sin molestarse en examinar las pruebas antes de pronunciarse. Me
imagino que ha habido muchos de ellos, pero eso no viene al caso.
La otra razón por la que no
esperaba que el libro tuviera una gran acogida era porque, he de admitirlo, no
es de lectura fácil, es un libro exigente. Me he esforzado en escribirlo con la
mayor claridad posible, espero que sin subestimar a mis lectores, dirigiéndome
a ellos en un plano de igualdad que les permitiera abordar cuestiones de
neurociencia y filosofía, sin presuponer ningún conocimiento previo. Me propuse
explicar lo que creía en términos que cualquier lector interesado, no
especializado pudiera entender. Pero la neuropsicología y la filosofía
fenomenológica no son probablemente un tipo de lectura fácil para todo el mundo.
Diez
años después, estoy realmente asombrado por el alcance totalmente imprevisible
que ha tenido este libro entre personas de distintas disciplinas y de cualquier
condición social. Ya se han vendido más de cien mil ejemplares y hay lectores
de todo el mundo. Creo que esto se debe a que las diferencias estructurales y
funcionales entre los hemisferios cerebrales que describo tienen, como es
lógico, su correlato en la mente; y a que somos intuitivamente conscientes de
estas diferencias estructurales y funcionales dentro de nuestra conciencia,
pero sólo, al parecer, una vez que se señalan.
Una de las reacciones más
comunes de los lectores ha sido: "Usted ha expresado ideas que ya conocía,
pero para las que nunca había encontrado palabras. Ha dicho algo que me ha
resultado inmediatamente convincente porque, en cierto nivel, ya era consciente
de los patrones que estaba mostrando y de las asociaciones que usted
establecía." Esto no puede deberse a que esos lectores estén simplemente
familiarizados con las ideas populares sobre el cerebro izquierdo/cerebro
derecho, porque la visión que emerge en este libro es bastante diferente de
todo lo que pudieran conocer anteriormente. Y tampoco puede deberse simplemente
a que haya distinciones filosóficas con las que ya estaban familiarizados,
independientemente de cualquier correlato cerebral, porque el patrón de
diferencias no es el mismo que el que se encuentra en cualquier debate
filosófico convencional, aunque partes de él ciertamente tengan sus reflejos en
diferentes puntos de la historia de las ideas, que es el tema de la segunda
mitad del libro.
Las diferencias entre esta
exposición y las ideas más convencionales sobre el cerebro izquierdo/cerebro
derecho se pueden apreciar a partir de las observaciones más sencillas. Por
ejemplo, no es cierto que el hemisferio izquierdo sea impasible, ajeno a las
emociones, tal vez un poco aburrido, pero al menos con los pies en la tierra y
fiable: de hecho, el hemisferio izquierdo es más propenso que el derecho al
enfado o a ser despectivo, a sacar conclusiones precipitadas, a hacerse falsas
ilusiones o a quedarse atascado en negaciones. Igualmente no es cierto que el
hemisferio derecho no tenga un lenguaje, (normalmente no tiene la capacidad del
habla, que es una cuestión diferente): ya que entiende muchos de los elementos
más sutiles e importantes del lenguaje mejor que el izquierdo. Tampoco es
cierto que el hemisferio izquierdo no pueda manejar imágenes visuales: en
ciertos casos está claro que puede hacerlo. Las matemáticas y las ciencias no
dependen principalmente del hemisferio izquierdo, sino que recurren en
distintos grados a ambos hemisferios. Y no, el cerebro izquierdo no es
masculino, ni el derecho es femenino.
La hipótesis de los
hemisferios trasciende y resitúa, pero no perpetua las viejas dicotomías de
razón contra sentimiento, racionalidad contra intuición, "sistema I contra
sistema II", cerebro masculino contra cerebro femenino. Cada hemisferio
desempeña su papel en cada parte de cada una de dichas dicotomías. Si se explora por Internet se puede
encontrar todo tipo de información errónea al respecto. Parte de ella se
encuentra en páginas webs populares de "psicología de autoayuda", y
otras en páginas web de gurús en gestión de empresas. Una de mis favoritas es
esta lista, que aparece en la página siguiente, la cual proyecto a veces en mis
conferencias con la advertencia en el título del error.
Aunque no hay nada inusual
ahí, y de hecho es uno de los resúmenes de este tipo más matizados de las webs,
las matizaciones no ayudan - porque están equivocadas. Tan sólo hay un
emparejamiento aquí que es acertado en líneas generales. Todos los demás son
falsos, a veces tanto que representan lo contrario de lo que se sabe que es el
caso.
|
FUNCIONES DEL CEREBRO IZQUIERDO |
FUNCIONES DEL CEREBRO DERECHO |
|
Utiliza la lógica |
Utiliza el
sentimiento |
|
Orientado a los
detalles |
Orientado a ver
“el cuadro general” |
|
Se rige por los
hechos |
Se rige por la
imaginación |
|
Palabras y
lenguaje |
Símbolos e
imágenes |
|
Presente y pasado |
Presente y futuro |
|
Matemáticas y
ciencia |
Filosofía y
Religión |
|
Capacitado para
entender |
Capacitado para
intuir |
|
Sabe |
Cree |
|
Reconoce |
Aprecia |
|
Ve el
orden/patrones |
Percepción
espacial |
|
Conoce el nombre
de los objetos |
Conoce la función
de los objetos |
|
Se basa en la
realidad |
Se basa en la
fantasía |
|
Desarrolla
estrategias |
Plantea
posibilidades |
|
Practico |
Impulsivo |
|
Seguro |
Corre riesgos |
Y en cuanto al debate filosófico convencional, basta con ver lo diferente
que es la tesis de este libro, tomada en su conjunto, de cualquier patrón preexistente para
darse cuenta de que nadie, que yo sepa, ha considerado, y mucho menos
formulado, una posición filosófica sobre la base de los puntos comunes, por
ejemplo, entre el realismo, la apreciación de la singularidad, la música y el
tiempo, el sentido del humor, la capacidad de leer el lenguaje corporal, la
atención sostenida y el modo de lucha o huida; o bien entre el optimismo
irracional, la manipulación, la descorporeización, la literalidad y la
preocupación por el detalle, o por la teoría o por las partes del cuerpo. Dicho
así, suenan como un improbable y aleatorio surtido de características, que no
se corresponden con ninguna visión filosófica del mundo preexistente. Sin
embargo, después de leer el libro, y una vez que se haya dibujado el panorama
más amplio, el lector, espero, verá exactamente cómo estos elementos forman un
cuadro coherente, un conjunto que consta de dos partes coherentes; un cuadro
que también arroja luz sobre nuestra situación en Occidente hoy en día, tal y
como parecen haber entendido los que han leído el libro.
Todo esto me sugiere que,
puesto que los patrones que surgen de la neurociencia que subyacen a este libro
parecen familiares a los lectores, sólo pueden serlo por una razón: que
corresponden a intuiciones que la mente humana tiene sobre su propia forma de
funcionar, y su consiguiente estructuración de la realidad.
Tampoco se trata de
elementos que se me hubieran ocurrido a mí o qué podría haber inventado según
cualquier teoría preconcebida que pudiera yo tener. Simplemente son el
resultado de sumergirme durante veinte años en ese campo y en su bibliografía
relacionada, así como de mis reflexiones sobre lo que emergía. Para ver los
patrones, necesitaba abarcar la gama más amplia de datos; y para examinar y
corroborar los detalles, tenía que mirar de cerca una infinidad de resultados
aislados.
La inmensa variedad de personas
que han reaccionado ante mis ideas y las han hecho suyas también contribuye, al
menos en mi opinión, a respaldar la tesis de que el mundo está estructurado
según ciertas diferencias hemisféricas, ya que, si estoy en lo cierto, debería
ser aplicable a la experiencia humana en todos sus ámbitos. Así que, además de
muchas respuestas positivas del mundo de la neurología, la psiquiatría, la
psicología y la filosofía, he recibido respuestas entusiastas en algunas áreas
que inicialmente me sorprendieron (en el sentido de que sabía relativamente
poco sobre ellas), como son las del mundo de la economía, de las finanzas y el
derecho; y he estado encantado, pero me ha sorprendido menos, las cálidas
respuestas de artistas, músicos y terapeutas, así como del mundo de la docencia,
el sacerdocio y la medicina.
Pero en ocasiones, quienes
deberían saber más sobre el tema hacen declaraciones despectivas sobre la
cuestión de las diferencias de los hemisferios. Sin embargo, cuando se observa
más de cerca se ve que lo que atacan, es lo que ellos mismos describen como
"caricaturas", "creencias populares", etc. Después de un
rato de jolgorio, estos autores admiten que,
las mitades izquierda y derecha del cerebro
funcionan de manera diferente, solo que estas diferencias son más sutiles de lo
que se cree popularmente. (Por ejemplo, el lado izquierdo procesa los pequeños
detalles de las cosas que ve, y el derecho procesa de una forma más general). 1
Ah, sí,
efectivamente. Pero, ¿por qué "sutil" habría de significar “sin
importancia”? De hecho, ¿por qué el procesamiento de los "pequeños
detalles de las cosas" frente al procesamiento de las formas en general no
tendría toda una serie de consecuencias? Ya que, por supuesto, las tiene. La
cita, por cierto, procede de la publicidad de un libro titulado, Top Brain,
Bottom Brain (Cerebro superior, cerebro inferior), que incluye una serie de
caricaturas del propio autor, por lo que se puede entender el afán de quitar de
en medio el incómodo asunto de los hemisferios.
La verdadera cuestión sobre
las diferencias entre los hemisferios es en efecto sutil y compleja, de ahí la
amplitud de este libro, pero totalmente coherente. Confío que las afirmaciones
de que hay pocas diferencias entre los hemisferios pronto parecerán no sólo
anticuadas y desfasadas, sino sencillamente insostenibles. En la última década,
se han producido una plétora de descubrimientos que corroboran la hipótesis de
los hemisferios, algunos de ellos en áreas en las que sólo había indicios en el
momento en que escribí este libro. El aumento de estas publicaciones es
gratificante, e imposible de ignorar. Cada vez hay más estudios que informan de
resultados en términos de lateralidad, por lo que la concienciación está
aumentando, algo que sin duda podrá seguir aumentando más y más rápido con un
mayor provecho. Algunos tipos de investigación pueden ser engañosos: por una
serie de razones, tal y como reflexiona un equipo de investigación, "los
estudios de neuroimagen pueden ser especialmente fallidos en arrojar luz sobre
la lateralización hemisférica".2 Esto se debe a que no pueden
encontrar diferencias reales por no discriminar adecuadamente o por agregar
datos según determinados criterios. Sin embargo, un conjunto coherente de unos cinco
mil trabajos de investigación independientes, de los que tengo constancia,
arrojan luz sobre la lateralización hemisférica de tal manera que apoyan la
hipótesis planteada en este libro.
Uno de los avances en los
diez años transcurridos desde la publicación de este libro ha sido el creciente
reconocimiento de las capacidades del hemisferio derecho. Ya no se considera
que tenga unas capacidades cognitivas "claramente inferiores a las de un
chimpancé", como dijo en su día uno de los gigantes de este campo, Michael
Gazzaniga.3 De hecho, investigaciones recientes del propio
laboratorio de Gazzaniga demuestran que es un socio más fiable y profundo, y en
otro estudio reciente en el que se cotejaban zonas dañadas tras un ictus
asociadas a la disminución del coeficiente intelectual, mostraban que se
localizaban los daños casi por completo en el hemisferio derecho del cerebro.4
Después de leer este libro,
no quisiera que ninguna persona inteligente pudiera ver el hemisferio derecho
como el hemisferio "inferior", como solía llamarse (o peor aún, como
el hemisferio voluble, impetuoso y fantasioso, el hemisferio poco fiable,
aunque tal vez suave y tierno) y el hemisferio izquierdo como el hemisferio
sólido, fiable y con los pies en la tierra, el que hace todo el trabajo pesado
y es la única fuente inteligente de nuestro entendimiento. Es posible que yo siga
navegando a contracorriente en cierta medida, pero hay señales de que la
corriente puede estar cambiando de dirección.
Hay una serie de puntos que podría haber expuesto
más claramente en este libro si hubiera sido consciente en el momento de
escribirlo de la posibilidad de que se produjeran malentendidos. Permítanme
ahora abordarlos brevemente.
No pretendo sugerir que el
cerebro sea la causa de la experiencia humana. Está claro que existe una
correlación entre el cerebro y la experiencia humana. Una discusión sobre lo
que podemos saber sobre la naturaleza de esa correlación me llevaría demasiado
lejos de los propósitos de este prefacio. Sin embargo, mi posición resumida es
que la naturaleza y la estructura del cerebro deben estar recíprocamente
relacionadas con la naturaleza y la estructura de la conciencia, aunque no
necesariamente den lugar a ella (más bien, digamos, la transducen). Y esto
puede ser así, o puede que no lo sea.
Tampoco he intentado dar a
entender que los cambios en el equilibrio cultural se deban a que se hayan
producido cambios sustanciales en nuestros cerebros a lo largo de esos
intervalos concretos (los últimos 2.500 años). Dado que somos criaturas en
evolución, es lógico que nuestros cerebros hayan cambiado en algún nivel, ya
que nuestros cerebros moldean y son a su vez moldeados por la cultura en la que
vivimos. Pero esa no es la cuestión. Lo que propongo es que hoy en día
utilizamos nuestros cerebros (aprovechamos su potencial) de forma diferente a
como lo hemos utilizado en diferentes periodos del pasado, periodos que también
difieren entre sí en este mismo sentido. Una analogía podría ser la siguiente.
Durante un tiempo considerable puedo escuchar una selección de emisoras de
radio. Sí, con el tiempo, descubro que sólo escucho una emisora de radio, eso
no implica que tenga un nuevo aparato de radio, sino solo que estoy utilizando
las opciones que me ofrece el aparato existente de forma más limitada.
Tampoco propongo que las
causas de estos cambios culturales puedan reducirse a la neurociencia. Hay
muchos factores causales en juego cuando hay cambios en las culturas,
incluyendo factores sociológicos, psicológicos, ambientales, epigenéticos,
tecnológicos, económicos y políticos, todos ellos interconectados. Buscando un
nexo causal se puede priorizar alguno de los factores sobre el resto si se
quiere, e interpretar los cambios de una manera u otra. Sin embargo, no
pretendo responder a la pregunta de qué ha causado dichos cambios, sino
qué patrones son discernibles cuando se han producido dichos cambios, y cómo se
relacionan esos patrones con las posibles visiones del mundo que nos ofrece la
estructura bihemisférica del cerebro. Esto nos permite entender aquellas
situaciones en las que se ha perdido el equilibrio (y creo que ahora estamos en
una de ellas). Y nos ayuda a ver qué es lo que estamos pasando por alto.
Un argumento que a veces se
esgrime contra la existencia de diferencias hemisféricas es que, en circunstancias
normales, cada hemisferio está siempre activo en cierta medida. A mí me parece
que esto no es un argumento en absoluto, nadie podría discutir este hecho ni
por un instante. Sin embargo, no demuestra que las funciones de los dos
hemisferios sean las mismas. Tanto la enfermera como el cirujano son parte
fundamental de un equipo quirúrgico, y trabajan juntos, al mismo tiempo, en la
misma tarea: una operación se volvería peligrosa en ausencia de uno, e
imposible en ausencia del otro. Trabajan bien juntos no porque tengan la misma
función, sino precisamente porque tienen diferentes funciones.
Naturalmente, un hemisferio
no es un todo indiferenciado, sino que abarca muchas regiones de importancia:
hay muchos detalles sobre localizaciones cerebrales en este libro (a menudo,
para simplificar, puestos en las notas) para quienes deseen ampliar información.
Y diferencias, como las que señalaré entre la corteza frontal y la corteza posterior,
son especialmente importantes. Pero, igualmente, hoy nos damos cuenta de que
tenemos que pensar cada vez más en términos de redes ampliamente distribuidas,
y no como antes solíamos hacer, en términos de "módulos". Los
hemisferios están mucho más conectados dentro de ellos mismos que el uno con el
otro, aunque, por supuesto, la transferencia de información interhemisférica
sigue siendo importante. Cada hemisferio forma un sistema complejo, y todas las
áreas de cada hemisferio están prolíficamente interconectadas, de modo que un
cambio en un área puede alterar el conjunto. La división más grande en el
cerebro es la que existe entre los dos sistemas hemisféricos derecho e
izquierdo, lo que hace que tengan una capacidad de funcionamiento relativamente
independiente. Así que, como en la vida, necesitamos tanto centrarnos en los
detalles como ver el conjunto.
Lo que si digo claramente en
este libro es que las diferencias entre los hemisferios no son absolutas, pero
como se me ha solido malinterpretar en este punto, quizá deba volver a insistir
en ello. Muy pocas diferencias son absolutas, sobre todo en el mundo vivo. Hay
solapamientos, pero eso no anula las diferencias esenciales. A este respecto,
me parece útil el ejemplo de Indonesia e Islandia, dos países muy diferentes
entre sí en multitud de aspectos, muchos de los cuales están relacionados con
las diferencias de temperatura en ambos países. Sin embargo es cierto que la
temperatura anual más alta registrada en Islandia es mayor que la temperatura
anual más baja registrada en Indonesia. En otras palabras, hay un solapamiento:
no podemos esperar diferencias absolutas para que las diferencias sean
sustanciales, incluso espectaculares, como en el caso de estos dos países.
Merece la pena señalar un
par de puntos relacionados. A veces, he escuchado decir que "los
hemisferios son mucho más parecidos que diferentes". Es difícil saber
exactamente qué significa esta frase; pero sea lo que sea, a veces en la vida
son las diferencias lo que cuenta. Donald Trump y Albert Einstein son, sin
duda, "más parecidos que diferentes". Un viejo auto y un Ferrari
nuevo son ambos coches, con motores de combustión interna, y son en ese sentido
mucho más parecidos que distintos. Pero cuando voy a comprar uno, me interesan
sus diferencias.
Tampoco estoy
"dicotomizando". La naturaleza lo hizo antes que yo, comenzando con
la considerable división física en el centro del cerebro, que desde entonces se
ha fortalecido gracias a mecanismos de inhibición interhemisférica. Algunas
dicotomías son válidas, como las que existen entre plantas y animales (a pesar
de que a nivel microscópico haya un cierto solapamiento). Otras dicotomías, por
ejemplo, entre buenos y malos conductores de coches, no lo son: no se trata de
una verdadera dicotomía, sino de un espectro continuo. El hecho de reconocer
diferencias válidas entre dos elementos de un sistema no es
"dicotomizar". Algunas personas temen que las dicotomías sean
simplistas. Pero también es simplista rechazar una dicotomía perfectamente
válida sólo por el mero hecho de estar en contra de las dicotomías cuando estas
se dan.
Se ha comentado que los
hemisferios funcionan "de la misma manera", refiriéndose a sus vías
neuronales. Pero esto es ignorar la experiencia fenomenológica. Los sistemas
visuales del gato y del ratón son muy similares, pero cada uno de ellos
"ve" el mundo de forma diferente. Así, las vías visuales de cada
hemisferio cerebral humano son técnicamente similares, aunque
fenomenológicamente su "visión" del mundo no lo sea. Hay diferencias
significativas entre las cadenas televisivas, Fox News y Al Jazeera, pero si
nos centramos en la mecánica de la iluminación de los estudios, el cableado,
las cámaras, la transmisión de la señal de televisión, los tubos de rayos
catódicos, las pantallas de plasma/LED, etc., estamos mirando en el lugar
equivocado. No encontraremos diferencias y concluiremos solemnemente que no las
hay. Y nos equivocaremos.
Por último, algunos creen
que en este libro he ido "mucho más allá de los hechos", que
simplemente he "ido demasiado lejos". Que haya llevado las cosas
demasiado lejos depende de muchos aspectos, entre ellos la magnitud de las
diferencias entre los hemisferios, así como la existencia de un patrón o un
significado general de esas diferencias y el contexto en el que se contemplen.
Si no se conoce el alcance de esas diferencias (y muy poca gente lo sabe), y si
al mismo tiempo no se ve el panorama general (viendo las diferencias como meros
datos de laboratorio, no como algo significativo respecto al sentido de ser una
persona viva), entonces - sí, he llevado las cosas demasiado lejos. Pero, si es
que se conoce ese alcance, entonces apenas llegué lo bastante lejos. Mi
experiencia ha sido que, cuando se ha hecho esta objeción, el problema radica
en que me he atrevido a vincular la ciencia del cerebro con la historia de las
ideas. Aunque también es posible que esto exprese simplemente la incomodidad
que sienten demasiados científicos por "extraviarme" hacia ámbitos de
filosofía y de la historia cultural. Pero hasta hace alrededor de unos setenta
años, los científicos se formaban y veían la ciencia como parte de una
concepción global del mundo en él que dicha ciencia desempeñaba un cierto
papel; por lo que considerar la ciencia de forma aislada del resto de la
actividad humana les habría parecido obviamente una distorsión. En cualquier
caso, cuando la ciencia aborda, cómo la conciencia hace surgir la experiencia
del mundo, simplemente no es posible evitar la filosofía, incluida la historia
de las culturas y las ideas. Ellas deben ser una parte importante del cuadro
general.
Esto en cuanto al empleo que
he hecho de los datos que he presentado en este libro. Pero hay otra preocupación
legítima que debe abordarse: el alcance y la representatividad de los propios
datos. Uno o dos críticos han dicho que “seguramente" debía de haber por
conveniencia "seleccionado" los datos que he utilizado, en otras
palabras, que he ignorado o pasado por alto datos que no se ajustaban a mi
argumento. No es una sospecha irrazonable cuando uno se enfrenta a un gran
trabajo que presenta una imagen general coherente. También es lo más fácil de
decir y lo más difícil de rebatir, ya que no se puede refutar; la única
respuesta podría ser: "De acuerdo, examine la misma cantidad de pruebas
que yo he hecho, y muéstreme dónde cree que yo he seleccionado a propósito;
entonces podremos tener una conversación razonable. Puede que sigamos
discrepando, pero si se me ha pasado por alto algo que cambie el argumento,
estaré dispuesto a tenerlo en cuenta.” Esta es una de las razones por las
que he sido tan cuidadoso como he podido para indicar la fuente de cada
afirmación que he hecho, y por qué la bibliografía es una parte importante del
libro; estoy agradecido a la editorial por haber incluido la bibliografía en su
totalidad, en esta nueva edición, tal y como estaba en la edición original. En
la ciencia se puede ser todo lo superficial que se quiera mientras se diga lo
que todo el mundo dice, pero si se dice algo diferente, es necesario,
razonablemente, ser lo más explícito posible en cuanto a las evidencias y la
base empírica. De esta manera, se está abierto a la discusión, y así es como
progresa la ciencia.
Además, no me interesaría en
absoluto una imagen que yo mismo hubiera inventado. Eso significaría que no
habría entrado en contacto con la realidad más allá de mí mismo, sino que
simplemente habría creado una fantasía sin sentido. He procurado ser fiel a lo
que sea que es la realidad exterior. Me ha apasionado descubrir que la
imagen ya estaba ahí, contenida en la estructura de nuestros yoes, de nuestros
cerebros y de nuestras mentes. Si me he equivocado, y puede que haya ocurrido
en algunos puntos, no será porque haya tergiversado los datos a sabiendas.
Muchas veces los datos me han llevado a cambiar un supuesto, a ampliar un punto
de vista, o a reconfigurar la imagen general y a reparar en algo que de otro
modo nunca habría visto. Las anomalías son a menudo el camino hacia una nueva
comprensión. También me he encontrado con algunas anomalías que no tienen más
peso que las demás pruebas disponibles sobre el terreno. Todos los científicos
tienen que enfrentarse a esto, especialmente en las ciencias biológicas, donde
nunca habrá un consenso al cien por cien sobre nada. La pregunta debe ser
siempre: ¿un hallazgo "anómalo" obliga a replantearse las cosas, o
sería perder el hilo de lo que sugieren el resto de los hallazgos?
En la escritura del libro,
me he basado en una amplia bibliografía. Ni siquiera un equipo de
investigadores podría haber realizado fácilmente una revisión exhaustiva,
detallando cada uno de los estudios, incluso una sola parte del mismo, a menos
que esa parte fuera bastante limitada, por no hablar de todo el campo. A decir
verdad, nadie me ha sugerido que debería haber recurrido a más
bibliografía, y alguna forma de selección se considera inevitable. La cuestión
es entonces: ¿hasta qué punto los datos, inevitablemente incompletos, son poco
representativos? Cuando se trata del cerebro humano, las cosas rara vez son
claras, y las personas difieren en cuanto a lo que habrían decidido destacar o
no. Sin embargo, siempre he tratado de ser fiel a un consenso emergente en
cualquier área, aunque ningún consenso es absoluto; y cuando había un apoyo
considerable para una opinión opuesta, lo he indicado. En un principio, tales
matizaciones formaban parte del propio texto, pero mi editor pensó sabiamente
que debía poner la mayoría de esos excursos en las notas finales, por temor a
que el lector perdiera el hilo del argumento. Creo que fue un buen consejo. He
seguido leyendo y discutiendo con mis colegas durante otros diez años, y nada
de lo que he leído me ha llevado a cambiar lo sustancial, o incluso, salvo en uno
o dos pequeños puntos, los detalles de lo que escribí. Nuevas evidencias siguen
encajando con la hipótesis. Ninguna de las muchas pruebas puede ser por sí
misma concluyente, pero su convergencia en una variedad de aspectos de la
psicología humana se ha vuelto cada vez más consistente. Gran parte de este
material está incorporado en la edición actual, en él que proporciono, al menos
en ciertas áreas limitadas (que es todo lo que humanamente se puede lograr),
una revisión más completa de la bibliografía.
¿Tiene algún valor
considerar las diferencias entre hemisferios, no sólo como un cúmulo de
detalles técnicos inconexos, sino como una imagen coherente, a nivel de
significado humano? Esta me parece que es la cuestión importante. Ya que para sustentar
cualquier visión coherente es necesario abarcar distintos campos de
conocimiento, y a medida que el conocimiento humano se expande
exponencialmente, la tarea se vuelve ipso facto cada vez más difícil.
¿Debemos, por tanto, abandonar el intento?
Seguramente, tengamos que constatar que intentar tal síntesis es algo
que científicos con una visión respetablemente limitada no podrán intentar
nunca en lo sucesivo. Sin embargo, con suerte, algunos serían lo
suficientemente temerarios como para intentarlo, ya que una visión restrictiva no
es – en absoluto – una característica de la ciencia, sino de las
características del estamento científico contemporáneo. Nada menos que un gran
biólogo evolutivo y paleontólogo George Gaylord Simpson, uno de los fundadores
de la llamada síntesis moderna de la evolución darwiniana con la genética
mendeliana, el logro supremo de la biología del siglo XX, escribió:
La ciencia, para ser realmente tal, debe
centrarse no en descripciones y nombres, sino en principios, es decir, en
generalizaciones, teorías, relaciones, interconexiones, explicaciones sobre y
entre los hechos.5
Aunque no tengo constancia de que se me haya
criticado por estos motivos, debo prevenir un posible malentendido. Puedo
entender que alguien exprese razonablemente la opinión de que se trata de una
hipótesis que no puede ser refutada. Sin embargo, no es así. Si bien no puede
ser refutada por ningún experimento, si puede ser sin duda refutada. Algunas
partes podrían ser más fácilmente refutadas que el conjunto, pero incluso el
conjunto podría ser refutado.
Podría ser de ayuda,
simplemente para el propósito de la argumentación, contrastar aquí las teorías
de Freud con las de Darwin. Ambos tenían hipótesis que han resultado ser
enormemente influyentes en el desarrollo del pensamiento. Ninguna de sus
hipótesis puede ser directamente refutada, pero por razones diferentes.
Freud nos ha proporcionado
un corpus de conceptos y una manera en la que ellos se relacionan que no es
posible refutar en absoluto, porque ninguna observación empírica podría
distinguir entre su teoría y cualquier otra teoría contraria: el estatus de su
obra, por tanto, es como la de una filosofía, en el sentido de que proporciona
un relato más o menos convincente de su experiencia, y no depende de datos
científicos en un sentido u otro para mantener dicha convicción. Lo tomas o lo
dejas, dependiendo de si se ajusta mejor a tu experiencia que cualquier otro modelo
competidor - lo que no significa que no sea valioso: ya que podemos
notar que reconfigura nuestro conocimiento de una forma que es más rica que
aquella a la que estábamos acostumbrados, y que nos conduce a una explicación
de otras observaciones que de otro modo nos resultarían desconcertantes.
Darwin, por el contrario,
nos ha proporcionado una hipótesis que se relaciona íntimamente con ciertas
observaciones en las que los datos empíricos son realmente relevantes, sin
dejar de lado el hecho de que ningún experimento individual puede probar o
refutar su hipótesis. Citando de nuevo al darwinista George Gaylord Simpson:
El ejemplo más llamativo [de una teoría que no
puede definitivamente probarse ni refutarse] es la más importante de todas las
teorías de la biología: que es la de la evolución de los organismos. Aunque de
su teoría se pueden deducir algunas predicciones bastante limitadas, la teoría
no se estableció de hecho por una predicción y tampoco está suficientemente
probada por ello. Un enorme número de observaciones enormemente variadas en su
género son todas consistentes con esta teoría, y muchas de ellas no son
consistentes con ninguna otra teoría que se haya propuesto. Por lo tanto,
podemos y, si somos racionales, debemos tener un grado de confianza
extremadamente alto en esta teoría... 6
Por supuesto, no pretendo ser un Freud o un
Darwin, pero veo claramente que mi hipótesis se parece en este aspecto más a la
de Darwin que a la de Freud. Ciertamente puede actuar como un modelo filosófico
que reconfigure nuestro conocimiento de una manera que creo que es más rica.
Pero se deriva, y puede contrastarse con observaciones empíricas y
experimentales. La hipótesis podría verse como un cúmulo de hipótesis más particulares,
cada una de las cuales puede contrastarse con pruebas empíricas y que pueden
abandonarse si no se ajustan a los resultados. Un número suficiente de
resultados negativos invalidaría la hipótesis global, al menos en su forma
actual. Alternativamente, podría resultar que al menos algunas observaciones
"enormemente variadas en su tipo sean consistentes con esta teoría, y muchas
otras no sean consistentes con ninguna otra teoría que se haya propuesto".
Y eso es lo que yo creo.
¿Cuáles podrían ser ejemplos
de tales observaciones, en el caso de la teoría expuesta en este libro? Comencemos
por algunas cuestiones básicas sobre el cerebro, que, por fundamentales que
sean, no han sido abordadas satisfactoriamente por ninguna otra teoría, que yo
sepa. ¿Por qué está dividido el cerebro, un órgano que existe sólo para
establecer conexiones? ¿Por qué es asimétrico en tantos aspectos medibles,
tanto estructurales como funcionales, y por qué su funcionamiento parece depender
de que sea asimétrico? ¿Y por qué la principal conexión entre los dos
hemisferios cerebrales, el cuerpo calloso, se ha vuelto proporcionalmente más
pequeño según se ha ido desarrollando la evolución, y le ha vuelto funcionalmente
más inhibitorio, en lugar de más grande, y funcionalmente más facilitador?
Estas observaciones innegables no son abordadas de forma satisfactoria por
ninguna de las teorías alternativas que conozca. Pero mucho más importante que
cualquiera de estas cuestiones, por importantes que sean, es que no hay
ninguna teoría alternativa que dé algún sentido al conjunto de un gran número
de diferencias hemisféricas ya constatadas. No tenemos una teoría general
que cubra tantos hechos. De esta manera, estos hechos se tratan simplemente
como un puñado de hallazgos aleatorios, que invitan a encogerse de hombros
cuando se plantean las preguntas de por qué existen esas diferencias
individuales y que sentido tienen en conjunto. Pero, para mí, que un científico
no se plantee precisamente estas preguntas delata, como mínimo, una asombrosa
falta de curiosidad intelectual.
El poder explicativo de la
hipótesis de los hemisferios es mayor que el de cualquier otra alternativa que
conozca; y, en cuanto a los que niegan las diferencias, ni siquiera pueden
llegar al primer escalón. Cuando se desarrolle una teoría mejor que abarque
tantos hallazgos, seré el primero en darle la bienvenida. Así es como
evoluciona el conocimiento. Me reconfortan las palabras de Max Planck:
Las ideas científicas novedosas nunca surgen de
un colectivo, por muy organizado que esté, sino de la cabeza de un investigador
individual e inspirado que cavila con sus problemas en solitario y concentra todo
su pensamiento en un solo punto que es todo su mundo en esos momentos.7
Creé cierta confusión al comentar al final de
este libro que, aunque creía poco probable que se demostrara que estaba
totalmente equivocado, también sería extraordinario que se demostrara que tenía
razón en todos los aspectos. Después de esta observación común, dije que, en el
peor de los casos, las diferencias entre los hemisferios era una valiosa
metáfora, ya que la metáfora es la forma por la que entendemos el mundo. Eso ha
llevado a algunas personas de cierta mentalidad literal a suponer que no creo
en mi propia tesis, y que considero que décadas dedicadas a investigar en
neurociencia han sido irrelevantes. No les sorprenderá saber que no soy en
absoluto de esa opinión.
Sin embargo, a veces me han
preguntado hasta qué punto la neurociencia es esencial para una visión crítica
del panorama del mundo moderno que sea válida en sus propios términos. Hay
varias respuestas a este punto.
En primer lugar, el
reconocimiento de las diferencias hemisféricas proporciona por primera vez una
forma de ver el panorama general como un todo coherente en lugar de una lista
de observaciones inconexas sobre la cultura o la sociedad, y una serie de
problemas que requieren una lista comparable de soluciones inconexas. Muestra
dichos problemas como consecuencias necesariamente interconectadas de adoptar
una determinada "visión" del mundo. Y por cierto, si tengo razón en
que actualmente somos esclavos de la visión del hemisferio izquierdo, una de las
consecuencias sería, precisamente, la incapacidad de ver dicha totalidad y en su
lugar ver un montón de elementos dispares, junto con la relativa incapacidad de
comprender lo que está sucediendo, que no es simplemente documentarlo e
intentar como se pueda, encontrar una serie de soluciones ad hoc.
En segundo lugar, y como
consecuencia del punto anterior, se deduce que la mejor manera de abordar
las deficiencias que hemos identificado, no será tanto mediante estrategias
fragmentarias, por necesarias que estas sean en algún nivel, sino abriendo los
ojos a las limitaciones de la concepción del mundo que las sustenta, concepción
que, como sociedad, adoptamos por defecto. El objetivo de este libro es
precisamente ese. No necesitamos más soluciones rápidas. Necesitamos un cambio
de paradigma.
En tercer lugar, al poner de
manifiesto que el hemisferio izquierdo, que es el que sustenta dicha visión
fragmentada, es literalmente más limitado en su capacidad para ver, y menos
capaz de comprender lo que sí ve, que el derecho - y, para colmo, es
menos consciente de sus propias limitaciones- el libro proporciona al lector
una buena razón para reevaluar la visión del mundo desde el hemisferio
izquierdo, siempre que pueda ser identificada como tal.
Pero existe una cuarta consideración,
la más importante. El libro no es sólo una crítica a la visión de nuestra
sociedad, sino que pretende conseguir algo más: contribuir a la comprensión del
funcionamiento del cerebro y, por tanto, a la comprensión de nuestras propias
mentes; al proporcionarnos un medio para evaluar formas de pensar que, aunque
aparentemente sean igual de racionales, a veces pueden estar en conflicto.
Pretende ayudarnos a comprender mejor un aspecto de lo que implica el ser
humano, pero no, repito, ofreciendo un mecanismo causal como tal, sino
ofreciendo un modelo descriptivo y fenomenológico anclado en la ciencia del
cerebro.
La comprensión de las
diferencias entre los hemisferios ofrece una perspectiva de la estructura de la
mente que no está disponible simplemente por medio de la introspección. Si en
la vida cotidiana fuéramos conscientes de las discrepancias en la visión, o la "toma",
del mundo que ofrece cada hemisferio, se haría impracticable el intento
inmediato de supervivencia. Por esta razón, la naturaleza se ha encargado de
que estas discrepancias no formen parte de nuestra conciencia cotidiana.
Incluso en una introspección sostenida, sólo podemos ser conscientes
indirectamente del hecho de que la realidad se construye a partir de dos
visiones del mundo incompatibles. Este hecho, sin embargo, se pone de
manifiesto en las disputas de filósofos y teólogos a lo largo de los tiempos
sobre la propia naturaleza de la realidad. Por esa vía indirecta nos damos
cuenta de que hay irreconciliabilidades fundamentales en el mundo,
irreconciliabilidades tan marcadas que han llevado a filósofos, una y otra vez,
a concluir que somos "ciudadanos de dos mundos", aunque esos mundos
nunca se hayan enunciado en su totalidad. En los últimos cincuenta años han surgido
los medios para llevar a cabo minuciosas observaciones sobre las funciones
cerebrales y los cambios en el mundo vital de individuos cuya función estaba
alterada. Con ello se ha llegado a saber que esos "dos mundos" que
los filósofos intuían están sustentados cada uno por un hemisferio del cerebro.
Por último, parece ser una
verdad literal que, como sociedad, nos estamos cada vez más pareciendo a
individuos con déficits del hemisferio derecho. Datos extraídos de la profesión
docente sugieren que entre un cuarto y un tercio de los niños de entre cinco y
siete años tienen que aprender a leer el rostro humano, algo que hasta hace
poco sólo era necesario en el caso de niños con autismo. Y alrededor de un
tercio de todos ellos tienen ahora dificultades para realizar tareas que hace
una década prácticamente cualquier niño de una escuela ordinaria habrían podido
hacer con facilidad, tareas que dependen de la atención sostenida. A esto hay
que añadir las investigaciones que sugieren que los jóvenes de hoy en día son
menos empáticos que los niños de hace treinta o cuarenta años. Si un
neuropsicólogo tuviera que elegir tres aspectos para caracterizar más
claramente la contribución funcional del hemisferio derecho, probablemente elegirían,
la capacidad de leer el rostro humano, la capacidad de mantener una atención
sostenida y la capacidad de empatizar.
A
veces me preguntan por qué razón, si la "visión" del mundo del
hemisferio izquierdo es menos esclarecedora, ha llegado a dominar nuestra forma
de pensar. Y si esto ha sucedido no sólo una vez sino tres veces, como así lo
creo, en la historia de Occidente, ¿cómo explicar este hecho? Son buenas
preguntas.
Creo que hay, de nuevo,
varias razones por las que se produce este afianzamiento característico y, de
hecho, es probable que se produzca siempre que una civilización pase por su
punto álgido. Todas ellas, en algún grado, ilustran la naturaleza
auto-reforzante y recursiva del mundo del hemisferio izquierdo, un mundo sujeto
a la retroalimentación positiva.
En primer lugar, la visión
del hemisferio izquierdo está diseñada para facilitar la apropiación de cosas.
Su finalidad es utilitaria y su adaptación evolutiva está al servicio de coger
y acumular "cosas". Como tal, esto es tentadora. Es probablemente por
esta razón que las culturas orientales, que solían ser más equilibradas en su
perspectiva, están ahora adoptando con tanto entusiasmo el actual modelo
occidental del mundo, y parecen dispuestas, muy tristemente, a superar a
Occidente en su propio juego pernicioso. En mi opinión, nosotros deberíamos
aprender de ellos, no ellos de nosotros. En el caso de la cultura de la antigua
Grecia, de Roma y del mundo occidental posterior a la Ilustración, la
decadencia de la civilización se ha asociado, no sólo con formas de pensamiento
más propias del hemisferio izquierdo, sino también con formas de imperialismo
militar o económico, y con la consiguiente extensión excesiva de la
administración, el embrutecimiento de los valores y una falta de vitalidad,
visión e integridad.
En segundo lugar, la visión
del hemisferio izquierdo ofrece respuestas simples. Su modo de pensar valora la
coherencia por encima de todo y pretende ofrecer los mismos modelos
mecanicistas para explicar todo lo que existe. Esta forma de pensar es compartida
por quienes defienden la ciencia reduccionista más simplista
("cientificismo"), por los entusiastas de las soluciones tecnológicas
para resolver los complejos problemas humanos, y por diseñadores y ejecutores
de sistemas burocráticos. Cuando este tipo de pensamiento se encuentra con un
problema para reconciliar lo aparentemente irreconciliable - por ejemplo,
materia y conciencia- simplemente niega que uno o el otro elemento exista. Creyendo
que eso es muy práctico.
En tercer lugar, la visión
del mundo del hemisferio izquierdo es más fácil de enunciar. El hemisferio
izquierdo es el hemisferio que tiene el habla: el hemisferio derecho no tiene
literalmente voz. El intento de hacer explícito lo implícito altera
radicalmente su naturaleza; como resultado, encontrar un lenguaje para expresar
la forma de ser del hemisferio derecho es simplemente más difícil que hacerlo
para la forma naturalmente explícita del hemisferio izquierdo. El hemisferio
izquierdo confía en la concatenación de proposiciones en serie y en los
aspectos literales del lenguaje para hacer explícito los significados; en
contraste, las metáforas y la narrativa suelen ser los requisitos para expresar
los significados implícitos de los que dispone el hemisferio derecho, y en una
cultura dominada por el hemisferio izquierdo, metáforas y narraciones se
desprecian como si fueran mitos y fábulas o, aún peor, como mentiras
flagrantes. Vivimos en una época en donde enunciar y hacer explícito es cada
vez más importante y se trata como una señal de su verdad, y su inverso es
tratado con creciente sospecha. En parte, esto es otro indicio del
"desplazamiento hacia el hemisferio izquierdo" que estoy
describiendo, aunque no es la única razón de ello: es también consecuencia de
desplazamientos a gran escala de poblaciones con diferentes lenguas y culturas,
así como por el gran tamaño de las sociedades urbanas modernas en las que ya no
se puede confiar en muchas cosas que antes se daban por sentadas en comunidades
más pequeñas y estrechamente unidas. Lo implícito tiene, ahora, que hacerse
explícito. El problema es que al hacerlo explícito ya no es lo mismo en general.
En cuarto lugar, desde la
Revolución Industrial, pero sobre todo en los últimos cincuenta años, hemos
creado un mundo a nuestro alrededor que, en contraste con el mundo natural,
refleja las prioridades del hemisferio izquierdo y su visión. Hoy en día, todas
las fuentes disponibles de vida intuitiva - el mundo natural, las tradiciones
culturales, el cuerpo, la religión y el arte - han sido tan conceptualizadas,
desvitalizadas y "deconstruidas" (ironizadas) por la autoconciencia,
la explicitación y los sistemas y teorías que se utilizan para analizarlas, que
su poder para ayudarnos a ver intuitivamente más allá del mundo hermético que
el hemisferio izquierdo ha establecido se ha agotado en gran parte de ellas.
Para muchos, las pantallas de televisión y los ordenadores suplantan la
experiencia directa cara a cara de la realidad. Lo cerebral y lo abstracto -por
ejemplo, la gestión y sus sistemas- se ha convertido en algo más valorado que
la tarea práctica para la que existe la gestión, con el extraño efecto de que
cuanto más se asciende en un oficio, en una habilidad o en una profesión, más
se aleja uno de su desempeño a fin de gestionarla. Hace un siglo, el entorno
físico era para la mayor parte de la humanidad el del mundo natural, con sus
ritmos y ciclos, su vida orgánica, siempre creciente y siempre cambiante e
interdependiente, un mundo al que parecía intuitivamente obvio que
pertenecíamos; ahora ha sido sustituido para muchos de nosotros por un entorno
implacable, inerte, agresivo, con superficies sin vida, líneas rectas, masas de
hormigón y formas en gran parte genéricas, que se experimentan generalmente
como alienantes. El resultado es que el mundo del hemisferio izquierdo se ha
externalizado, de modo que cuando entra en juego la tendencia compensatoria del
hemisferio derecho de contrastarlo con el mundo real de la experiencia, está ya
desvirtuado: el mundo "de ahí fuera" ya está colonizado por la visión
del hemisferio izquierdo. Estamos en una especie de sala de espejos en la que
nos reflejamos a nosotros mismos, en donde la lógica parece conducir de vuelta
a una solución dentro del propio sistema, en lugar de a la necesidad de salir
de dicho sistema.
En quinto lugar, es parte de
la relación entre los hemisferios el hecho de que tienen una visión diferente
de todas las cosas, incluyendo la propia relación entre ellos. La
investigación neurológica revela una imagen consistente de cómo los dos
hemisferios contribuyen a la riqueza de experiencia. Esencialmente, esto
significa que el hemisferio derecho tiende a enraizar la experiencia; y luego
el hemisferio izquierdo trabaja sobre ella para clarificarla, "descifrarla"
y, en general, hacer explícito lo implícito; y finalmente, el hemisferio
derecho reintegra lo que el hemisferio izquierdo ha elaborado mediante su
propia comprensión, desvaneciéndose de nuevo lo explícito, para producir una
nueva totalidad, ahora enriquecida. Obsérvese que las dos formas de tratar la
experiencia son necesarias y, en sentido estricto, incompatibles, al menos en
el mismo nivel y al mismo tiempo.
Esto podría ser similar a la
forma en la que un músico aprende una pieza musical. En primer lugar, él o ella
se siente atraído por la composición en su conjunto y tiene una idea de cómo
interpretarla en general; después descompone la pieza, analiza su estructura
armónica, practica ciertos pasajes de notas repetidamente, etc.; pero,
finalmente, todo eso debe desaparecer de la mente del intérprete para que la interpretación
no resulte afectada o forzada. No se trata de negar la importancia de la
contribución del hemisferio izquierdo, sino de dejar claro que su acción surte
los efectos necesarios en una fase intermedia. Los problemas surgen
cuando esta contribución es considerada como la etapa final. En términos
de la metáfora del Maestro y su emisario, el Maestro se da cuenta de la
necesidad de que un emisario haga ciertos trabajos en representación suya (en
los que él, el Maestro, no debe implicarse) y que le informe al respecto. Es
por eso que nombra al emisario en primer lugar. Sin embargo, el emisario, sabiendo
menos que el Maestro, cree saberlo ya todo y se considera el verdadero Maestro,
incumpliendo así con su deber de informar de vuelta. La visión del hemisferio
derecho es inclusiva, "esto y lo otro", es sintética, integradora; se
da cuenta de la necesidad de ambos. La visión del hemisferio izquierdo es excluyente,
“o lo uno/o lo otro", es analítica y fragmentaria, pero, lo crucial es que,
no es consciente de lo que le falta. Por tanto, cree que puede hacerlo
solo.
En sexto lugar, una cultura
que ejemplifica las cualidades del mundo del hemisferio izquierdo atrae hacia
sí, a puestos de influencia y autoridad, a aquellos cuya perspectiva natural es
similar. Personas con ciertos rasgos autistas se sentirán atraídas y serán
consideradas especialmente aptas para trabajar en áreas de ciencia, tecnología
y administración que, durante los últimos cien años, han sido inmensamente
influyentes en la configuración del mundo en el que vivimos, y que son aún más
importantes hoy en día. Así, una cultura que ya tiene algunas prominentes
características autistas atrae a puestos de influencia a individuos que la
ayudarán a seguir por el mismo camino. Este no es el único círculo vicioso que
existe. La creciente tecnologización y burocratización de la vida contribuyen a
erosionar modos de atención más integradores a personas y cosas que podrían
ayudarnos a resistir los avances de la tecnología y la burocracia, y de este
modo, ayudan a su propia replicación. Nos hacen más parecidos a ellas mismos.
Finalmente, aunque las
"concepciones" de los dos hemisferios están hechas para trabajar
juntas por debajo del nivel de conciencia, no son estrictamente compatibles.
Esto es más evidente cuando como ocurre en nuestra sociedad, nuestro
pensamiento, ya no se plasma en prácticas, tradiciones y rituales de la
comunidad, sino que se desarrolla en un debate explícito, público y a menudo
político, donde gran parte de su sutileza y de su tolerancia a la necesaria
ambigüedad se pierde. Una vez sacadas a la luz y examinadas, las "concepciones"
hemisféricas se ven a menudo tirando hacia direcciones opuestas. La trampa es
que, en una sociedad como la nuestra, cualquier aparente incoherencia se
considera un signo de error o de confusión intelectual. La ambigüedad ya no es
un punto fuerte, y dado que la verdad se sabe que es complicada y tiene muchas
capas; más bien es una debilidad, ya que se piensa que la verdad es simple y
directa. Por lo tanto, es más fácil aceptar el punto de vista del hemisferio
izquierdo, que se expresa fácilmente y sin ambigüedades, y que simplemente se
opone al punto de vista del hemisferio derecho, que aceptar el del hemisferio
derecho, que es más polifacético y más difícil de expresar, y que ya incluye el
punto de vista del hemisferio izquierdo, aparentemente incompatible. Esta virtud
le hace directamente vulnerable a la acusación de incoherencia, por lo que se
le desestima.
Desde que escribí este libro, he empezado a
pensar más que nunca en las implicaciones filosóficas de cómo nos vemos a
nosotros mismos, al planeta y nuestra relación con él. Las reacciones de los
lectores y las discusiones con los colegas me han ayudado enormemente en esta
tarea. Me parece que nos enfrentamos a una crisis muy grave y que, si queremos
sobrevivir, necesitamos no sólo algunas nuevas medidas, sino un cambio completo
de mentalidad y corazón. Sé, por la emotiva correspondencia que recibo, que
este libro ha ayudado a personas, mucho más de lo que yo podía esperar, a
cambiar su visión del mundo e incluso a cambiar sus vidas en aspectos
importantes: a mejorar en su trabajo, a salvar sus matrimonios, y a reevaluar
sus objetivos en la vida. Esto ha sido una revelación para mí, ya que no había
previsto la posibilidad de que tuviera el efecto terapéutico directo que
aparentemente ha tenido. El cambio social, sin embargo, es otra cuestión. Sería
bueno esperar que, de alguna manera, la tesis de este libro pudiera desempeñar
un pequeño papel en ese cambio, ya que no se puede encontrar una única solución
a lo que se considera que son problemas complejos, quizás intratables.
Sin embargo, en una época en
donde la verdad se pone en entredicho, la cuestión de en qué podemos confiar
como verdadero parece cada vez más apremiante. En particular, creo que el
reduccionismo se ha convertido en una enfermedad, un punto de vista carente
tanto de sofisticación intelectual como de profundidad emocional, que está
deteriorando nuestra capacidad de entender lo que está sucediendo y lo que
tenemos que hacer al respecto. Mis reflexiones actuales se dirigen a iluminar
lo que considero una imagen más verdadera, así como una forma más útil y, creo,
más esperanzadora de ver nuestra situación aquí en este planeta, mientras aún
estemos a tiempo.
Este es el tema de mis
pensamientos y escritos actuales. Me parece que hay cuatro caminos principales hacia
la verdad: la ciencia, la razón, la intuición y la imaginación. También creo
firmemente que cualquier visión del mundo que intente salir adelante sin
prestar el debido cuidado a estos cuatro aspectos está destinada al fracaso.
Cada una por sí misma tiene sus virtudes y sus defectos, sus dones y sus
peligros inherentes: sólo respetando a cada una y a todas juntas podemos
aprender a actuar con sabiduría. Y cada una es una combinación de elementos
aportados por uno u otro hemisferio.
Sin embargo, en cada caso se
aplica la misma condición, o sea, que para que cada una de ellas tenga éxito,
lo que el hemisferio izquierdo puede ofrecer debe utilizarse al servicio de lo
que el hemisferio derecho sabe y ve, y no al revés. Esto es tan importante en
el caso de la ciencia como en el de la imaginación, y en el caso de la razón
tanto como en el de la intuición. El hemisferio izquierdo es un maravilloso
sirviente, pero un maestro muy pobre.
También necesitamos ser
conscientes de hasta qué punto el hemisferio izquierdo es, de la forma más
realista y empíricamente verificable, menos fiable que el derecho, en
cuestiones de atención, percepción, juicio, comprensión emocional y, de hecho,
inteligencia tal y como se entiende convencionalmente. Y eso significa que deberíamos
ser debidamente escépticos con la visión del hemisferio izquierdo de un mundo
mecanicista, una sociedad atomizada, un mundo en el que la competencia es más
importante que la colaboración; un mundo en el que la naturaleza es un montón
de recursos para nuestra explotación, en el que sólo importan los humanos, y
sin embargo los humanos son sólo máquinas, y ni siquiera muy buenas; un mundo
extrañamente desprovisto de profundidad, color y valor. Esta no es una visión
inteligente, aunque sea inflexible, como sus defensores se consuelan en hacernos
creer; es tan sólo una fantasía estéril, producto de la falta de imaginación,
lo cual facilita la manipulación de lo que ya no entendemos. Pero es una
fantasía que sustituye y hace inaccesible el mundo vibrante, vivo y
profundamente creativo que hemos tenido la fortuna de heredar, hasta que
dilapidemos nuestra herencia.
El tiempo se está acabando,
y la manera de pensar que nos ha llevado a este desastre no nos sacará de él.
Por favor, lean y espero que disfruten de este libro, y, si su mensaje les
llega, llévenlo al mundo. Creo que necesitamos ver el mundo con nuevos ojos,
porque, como dijo Henry Thoreau, "la cuestión no está en lo que miras,
sino en cómo lo ves."8
Introducción
EL MAESTRO Y SU EMISARIO
Este libro cuenta una historia sobre nosotros mismos y
el mundo, y sobre cómo hemos llegado a donde estamos ahora. Aunque en gran
parte trata sobre la estructura del cerebro humano - el lugar donde la mente se
encuentra con la materia - en última instancia es un intento de comprender la
estructura del mundo que el cerebro en parte ha creado.
Cualquiera que sea la relación entre la
conciencia y el cerebro – y a menos que el cerebro no desempeñe ningún
papel en la creación del mundo tal y como lo experimentamos, una postura que
tiene pocos adeptos- su estructura tiene que ser significativa. Incluso podría
darnos pistas para entender la estructura del mundo que mediatiza, el mundo que
conocemos. Así que, por qué no hacerse una pregunta muy simple, ¿por qué el
cerebro está tan clara y profundamente dividido? ¿Por qué, de hecho, los dos
hemisferios cerebrales son asimétricos? ¿Difieren realmente en algún sentido
importante? Si es así, ¿con qué sentido?
El tema de las diferencias hemisféricas tiene tan
malos antecedentes, que ha desanimado a cualquiera que quisiera estar seguro de
no hacer el ridículo a largo plazo. Las opiniones sobre el tema han pasado por
varias fases desde que se descubrió a mediados del siglo XIX que los
hemisferios no eran idénticos, y que había una asimetría clara de funciones
relacionada con el lenguaje, que favorecía al hemisferio izquierdo. Al
principio, se creía que, además de que cada hemisferio, obviamente tenía el control
sensorial y motor del lado opuesto (“contralateral”) del cuerpo, el lenguaje
era la diferencia determinante y la principal tarea específica del hemisferio
izquierdo. Al hemisferio derecho se le consideraba esencialmente “mudo”. Luego,
se descubrió que el hemisferio derecho estaba mejor equipado que el hemisferio
izquierdo para manejar imágenes visuales, y esto fue aceptado como la
contribución particular que hacía, el equivalente al lenguaje: palabras en el
hemisferio izquierdo, imágenes en el derecho. Pero esto también resultó
insatisfactorio. Ambos hemisferios, ahora está claro, pueden tratar de
diferentes maneras con cualquier tipo de contenido, palabras o imágenes. Los
intentos posteriores de decidir qué grupo de funciones se repartían en cada
hemisferio fue descartado en su mayor parte, pues una prueba tras otra sugería
que cualquier actividad humana identificable era llevada a cabo en algún nivel
por ambos hemisferios. Había, en apariencia, una gran redundancia. El
entusiasmo por encontrar las claves de las diferencias hemisféricas fue
disminuyendo, y dejo de ser conveniente para cualquier neurocientífico formular
hipótesis sobre el tema.
Esto no es de extrañar, dado el cúmulo de
creencias sobre las diferencias entre hemisferios que habían pasado a la
cultura popular. Dichas creencias podrían caracterizarse, sin trastocar mucho
los hechos, como variantes de la idea de que el hemisferio izquierdo es de algún
modo resuelto, racional, realista, pero algo aburrido, y el hemisferio derecho
es fantasioso e impresionable, aunque creativo y apasionado; una formulación
que recuerda la distinción ya inmortal que hacen Sellar y Yeatman (en su parodia de la enseñanza de la historia de
Inglaterra titulada, 1066 and All That) entre los roundheads (Parlamentarios),
"correctos y odiosos" y los cavaliers (Monárquicos) "equivocados
pero románticos". En realidad, ambos hemisferios están involucrados de
manera crucial en el razonamiento, tal como lo están en el lenguaje; y ambos
hemisferios tienen su papel en la creatividad. Quizás lo más absurdo de estas
ideas equivocadas comunes es que se vea al hemisferio izquierdo, como severo y
lógico, y en cierto modo masculino, y al hemisferio derecho soñador y sensible,
y en cierto modo femenino. Si hubiese algún indicio de que se pudiese asociar un
sexo a cada hemisferio cerebral de esta manera, este tendería a indicar, si
acaso, lo contrario – pero esa es otra historia que no trataré en este libro.
Desalentada por este tipo de tergiversación popular, la neurociencia volvió a
la tarea necesaria e irreprochable de acumular pruebas, renunciando en gran
parte al intento de dar algún sentido a dichos resultados, una vez recopilados,
en algún contexto más amplio.
No obstante, no parece probable que las formas
en que difieren los hemisferios sean simplemente aleatorias, dictadas por
factores puramente contingentes tales como la necesidad de espacio, o la
utilidad de dividir el trabajo, lo que implicaría que funcionarían igual de
bien si las diferentes actividades específicas del cerebro se intercambiaran
entre los hemisferios si el espacio lo exigiese. Afortunadamente, no estoy solo
en esto. A pesar del reconocimiento de que la idea ha sido distorsionada por
todo el mundo, desde asesores de estrategias de gestión hasta publicistas, un
buen número de personas que conocen bien el tema en cuestión no han podido evitar
llegar a la conclusión de que hay algo profundo ahí que requiere de una
explicación. Joseph Hellige, por ejemplo, posiblemente una de las mayores autoridades
en la materia, escribe que si bien ambos hemisferios parecen estar involucrados
de una u otra manera en casi todo lo que hacemos, hay algunas diferencias
"muy llamativas" en las capacidades de procesamiento de información y
en las predisposiciones de los dos hemisferios.1 V.S. Ramachandran,
otro neurocientífico bien conocido y de
gran prestigio, reconoce que el tema de la diferencia hemisférica ha sido
distorsionado, y concluye: "La existencia de tal cultura popular, no
debería enturbiar la cuestión principal: la idea de que los dos hemisferios
pueden estar de hecho, especializados en funciones diferentes".2 Y recientemente Tim Crow, uno de los
neurocientíficos más sutiles y escépticos que investigan sobre la mente y el
cerebro, que con frecuencia ha enfatizado la asociación entre el desarrollo del
lenguaje y la asimetría funcional del cerebro en la psicosis, ha llegado a
escribir que "excepto a la luz de la lateralización nada en la
psicología/psiquiatría humana tiene sentido".3 No hay duda de que las cuestiones de la
asimetría del cerebro y la especialización de los hemisferios son
significativas. ¿La pregunta es – pero de qué? 4
Creo que hay, literalmente, un mundo de
diferencias entre los hemisferios. Entender en qué consiste, ha supuesto un
viaje a través de muchas áreas aparentemente no relacionadas: no solo por la
neurología y la psicología, sino también por la filosofía, la literatura y las
artes, e incluso hasta cierto punto, por la arqueología y la antropología, y
espero que los especialistas en estas áreas perdonen mis intrusiones. Todos los
ámbitos de actividades académicas están actualmente sujetos a una explosión de
información que hace que los pocos que todavía pueden llamarse verdaderamente
expertos, sean cada vez menos expertos. En parte por esta misma razón me parece
que vale la pena establecer vínculos fuera y a través de los límites de las
disciplinas, aunque el precio sea que uno será siempre, en el mejor de los
casos, un intruso interesado y en el peor un entrometido, condenado a cometer
errores que serían obvios para aquellos que realmente saben. El conocimiento
avanza y cualquier momento dado dista mucho de ser algo seguro. Mi esperanza es
qué lo que tengo que decir pueda resonar con las ideas de otros y, sirva de
estímulo para una reflexión más profunda por parte de quienes están mejor
cualificados que yo.
He llegado al convencimiento que los hemisferios
cerebrales difieren en formas que tienen un cierto significado. Hay una plétora
de hallazgos bien fundamentados que indican que hay diferencias consistentes - neuropsicológicas,
anatómicas, fisiológicas y químicas - entre otras, entre los hemisferios. Pero
cuando hablo de un “significado”, no es solo que crea que hay un patrón
coherente en estas diferencias. Eso sería un primer paso. Yo iría más allá, y
propondría que tal patrón coherente de diferencias ayuda a explicar aspectos de
la experiencia humana y por lo tanto que tienen un sentido en términos
de nuestra propia vida e incluso ayudan a explicar la trayectoria de nuestras
vidas en común en el mundo Occidental.
Mi tesis es que en
nosotros como seres humanos hay dos realidades fundamentalmente opuestas, dos formas
diferentes de experiencia; que cada una es de importancia fundamental para
crear un mundo reconociblemente humano; y que sus diferencias tienen sus raíces
en la estructura bihemisférica del cerebro. De ello se deriva que aunque los
hemisferios necesitan co-operar, creo que de hecho están involucrados en una
especie de lucha de poder, lo que explicaría muchos aspectos de la cultura contemporánea
Occidental.
LA ESTRUCTURA DEL LIBRO
Este libro está dividido en dos partes, al igual que
el cerebro que se describe.
En la primera parte, me centraré en el propio
cerebro, y en lo que eso puede decirnos. Examinaré la evolución del cerebro, su
naturaleza dividida y asimétrica, las implicaciones del desarrollo de la música
y el lenguaje, y lo que sabemos sobre lo que sucede en cada lado del cerebro.
¿Qué es lo que hace que sean tan diferentes? Pues, argumentaré, que no mucho;
que es bastante cierto que casi todo lo que pensábamos que sucedía solo en uno
u otro hemisferio, ahora se sabe que ocurre en ambos.5 Entonces,
¿Dónde queda la búsqueda de las diferencias entre los hemisferios? Pues en el
camino correcto. El gran problema es que estamos obsesionados acerca de lo
“que" hace el cerebro, debido a lo que sostengo que es nuestro apego a los
modos de pensar del hemisferio izquierdo, al fin y al cabo, ¿no es el cerebro
una máquina y como cualquier máquina, el valor de ella radica en lo que hace?
Yo creo que este modelo de la máquina nos lleva solo a una parte del camino;
como un tren que nos deja en medio de la noche, lejos de nuestro destino, y un
tren de pensamientos que nos lleva solo a una parte del camino es un inconveniente.
La diferencia, que argumentaré, no está en lo “que" hacen ambos
hemisferios, sino en "como" lo hacen - con lo cual no me refiero a
“los medios por los cuales” lo hacen (de nuevo, el modelo de la maquina), sino
a “la manera por la cual”, hacen cualquier cosa, algo que nadie le pide nunca a
una máquina. No me interesan únicamente las "funciones" sino las
formas de ser, algo que solo existe en los seres vivos.
¿Los principales centros semánticos del habla acabaron
simplemente en el hemisferio izquierdo por accidente? Y si es tan importante
mantener una función tan compleja como el lenguaje en un solo lugar, entonces,
¿por qué el lenguaje también depende del hemisferio derecho? ¿Es la música una
derivación inútil del lenguaje, o es algo más profundo? De todas formas ¿Por
qué tenemos un lenguaje? ¿Para comunicarnos? ¿Para pensar? Si no, entonces ¿con
qué, propósito? ¿Por qué somos diestros (o zurdos), en lugar de ambidiestros?
¿Es el cuerpo esencial en nuestra forma de ser, o simplemente un sistema útil
de abastecimiento de combustible y locomoción para el cerebro? ¿Son las emociones
realmente sólo un recurso para la cognición, las cuales nos ayudan a sopesar
nuestras decisiones correctamente, o es algo un poco más fundamental que eso?
¿Por qué es importante que un hemisferio tienda a ver las cosas en su contexto,
mientras que el otro las saca de ese contexto con el mismo cuidado?
Una de las generalizaciones más sólidas sobre
los hemisferios ha sido el hallazgo de que el hemisferio izquierdo tiende a
tratar con segmentos de información aislados y el hemisferio derecho con
entidades como un todo, la llamada Gestalt - posiblemente subyacente y
que ayuda a explicar la aparente dicotomía verbal/visual, ya que las palabras
se procesan en serie, mientras que las imágenes se toman de una sola vez. Pero
incluso en esto, se ha pasado por alto la importancia potencial de esta
distinción. Cualquiera pensaría que estamos hablando simplemente de otra
diferencia relativamente trivial de escaso uso o interés, un poco como
descubrir que a los gatos les gusta comer la carne en trozos pequeños, mientras
que a los perros, como a los lobos, les gusta en grandes trozos. A lo sumo, se
considera útil como ayuda para hacer predicciones sobre el tipo de tareas que
cada hemisferio puede realizar preferentemente, una diferencia en el
"procesamiento de la información", pero sin mayor importancia. Pero
si esto es verdad, la importancia de tal distinción es difícil de sobreestimarla.
Y si resulta que un hemisferio entiende las metáforas, mientras que el otro no
lo hace, esto no se trata de una cuestión menor, de una función literaria y pintoresca
que tenga que encontrar un lugar en alguna parte del cerebro. De eso
nada. Está en el núcleo de cómo comprendemos nuestro mundo, incluso a nosotros
mismos, como espero poder demostrar.
¿Y si un hemisferio es el que está,
aparentemente, en sintonía con todo aquello que es nuevo? Es eso, también, solo
una forma especializada de "procesamiento de información", ¿Qué papel
juega la imitación en liberarnos del determinismo? (una pregunta a la que
volveré de diferentes formas a lo largo del libro). Desde luego, no soy el
primero en hacer tales preguntas, que indudablemente admiten más de una
respuesta, y sobre todo más de un tipo de respuestas. Pero, aunque solo un
tonto afirmaría tener respuestas definitivas, haré algunas propuestas, que
espero animen a otros a pensar de forma diferente acerca de nosotros mismos, de
nuestra historia y, en última instancia, de nuestra relación con el mundo en el
que vivimos.
Las cosas cambian de acuerdo a la postura que
adoptamos hacia ellas, según el tipo de atención que les prestamos, y la
disposición que mantenemos en relación a ellas. Esto es importante porque la
diferencia más fundamental entre los hemisferios radica en el tipo de atención
que prestamos al mundo. Pero también es importante debido a la suposición
generalizada en algunos ámbitos de que hay dos alternativas: O bien las cosas
existen "ahí fuera" y no se alteran por la maquinaria que usamos para
sacarlas a la luz, o desmenuzarlas (realismo naif, materialismo científico); o
son fenómenos subjetivos que creamos en nuestra propia mente, y por lo tanto
somos libres para tratarlos de cualquier manera que deseemos, ya que son,
después de todo, nuestras propias creaciones (idealismo naif, post-modernismo).
Estas posiciones no están de ninguna manera, tan alejadas como parece y hay una
falta de sentido evidente en ambas. De hecho, creo que hay algo que
existe aparte de nosotros mismos, pero que nosotros desempeñamos un papel vital
a la hora de hacerlo realidad.6 Un tema central de este libro es la
importancia de nuestra disposición hacia el mundo y hacia los demás, como algo
fundamental para arraigar aquello con lo que llegamos a
tener una relación, en lugar de al revés. El tipo de atención que prestamos
a la realidad altera al mundo: somos, literalmente, socios en la creación.
Esto significa que tenemos una seria responsabilidad,
una palabra que capta la naturaleza recíproca del diálogo que tenemos con lo
que sea que exista aparte de nosotros mismos. Y examinaré lo que la filosofía
de nuestro tiempo ha estado diciendo sobre estas cuestiones. En
última instancia, creo que muchas de las disputas acerca de la naturaleza del
mundo humano pueden ser esclarecidas al entender que hay dos
"versiones" fundamentalmente diferentes, transmitidas por los dos
hemisferios, las cuales, aunque puedan ambas tener un sello de autenticidad, y
ser enormemente valiosas; se oponen entre sí, y necesitan mantenerse separadas
una de otra, de ahí la estructura bihemisférica del cerebro.
¿Pero cómo podemos entender el mundo, si hay
diferentes versiones del mismo por reconciliar? ¿Qué importancia tienen los
modelos y metáforas que utilizamos para explicar nuestra realidad? Y, si esto
es así, ¿por qué un modelo en particular nos ha dominado tanto que apenas nos
damos cuenta de su omnipresencia? ¿Y qué
nos dicen estos modelos acerca de las palabras que nos vinculan con el mundo en
general - 'conocer', 'creer', 'confiar', 'desear', 'coger', 'ver' - que
describen, y si no somos cuidadosos, a la vez que prescriben de la relación que
tenemos con dicho mundo? Esta primera parte del libro concluirá con algunas
reflexiones sobre una relación particular, la que existe entre los dos hemisferios.
Ya que parece que coexisten juntos cotidianamente, pero tienen conjuntos de
valores fundamentalmente diferentes y, por lo tanto, distintas prioridades, lo
que significa que, a largo plazo, es probable que entren en conflicto. Y aunque
cada uno de los hemisferios es de importancia crucial, y ofrecen valiosos
aspectos de la condición humana, y aunque cada uno necesita al otro para
diferentes propósitos, parecen destinados a mantenerse apartados.
La segunda parte del libro examina la historia
de la cultura Occidental a la luz de lo que creo sobre los hemisferios. Estas
reflexiones son inevitablemente contingentes, y hasta cierto punto,
fragmentarias y rudimentarias. Pero si el mundo no es independiente de nuestra
observación de él, ni de la atención e interacción con él, y si la mente está,
al menos, mediada por el cerebro, parece una propuesta razonable que el cerebro
haya dejado su huella en el mundo que hemos hecho realidad. Espero llamar la
atención sobre aquellos aspectos de la historia de nuestra cultura que resuenan
con los descubrimientos sobre el cerebro y que dieron acceso a ellos,
comenzando con el desarrollo de la escritura y la moneda en la antigua Grecia,
y el extraordinario florecimiento tanto de las ciencias como de las artes, y en
especial el teatro, en dicha época. En resumen, creo que todo esto está
relacionado con el desarrollo, a través del mejor funcionamiento del lóbulo
frontal, de lo que podría llamarse una "distancia necesaria" del
mundo, lo que a su vez exigió una mayor independencia de los hemisferios,
permitiendo a cada hemisferio hacer avances característicos en sus propias
funciones, y durante un tiempo hacerlo en armonía con su compañero. Creo que a
lo largo del tiempo se produjo un crecimiento continuo de la autoconciencia, lo
que provocó dificultades cada vez mayores en la cooperación. La inestabilidad
resultante se evidenció en la alternancia entre posiciones más extremas; y,
aunque hubo vaivenes en el péndulo, el equilibrio de poder se ha desplazado
hasta un punto donde ya no podía retornar - cada vez más y más hacia el mundo
parcial creado por el hemisferio izquierdo. Y luego a lo largo del tiempo se han
ido sucediendo vaivenes y retrocesos de este progreso, a través de los
principales cambios que se han identificado convencionalmente en la cultura
Occidental desde el Renacimiento en adelante, hasta llegar a la época actual.
La relevancia particular para nosotros en este
punto de la historia es la siguiente. Ambos hemisferios claramente juegan un
papel crucial en la experiencia individual de cada ser humano, y creo que ambos
han contribuido de manera importante a nuestra cultura. Cada uno necesita del
otro. No obstante, la relación entre los hemisferios no parece ser simétrica,
en el sentido de que el hemisferio izquierdo depende en última instancia del
derecho, uno podría decir que casi le parásita, aunque parece no tener
conciencia de esto. De hecho, está lleno de una alarmante confianza en sí
mismo. La consiguiente lucha es tan desigual como la asimetría del cerebro en la
que se origina. Mi esperanza es que la conciencia de tal situación pueda
permitirnos cambiar de rumbo antes de que sea demasiado tarde.
La conclusión, por lo tanto, está dedicada al
mundo que ahora habitamos. En este punto propongo la idea de que es como si el hemisferio
izquierdo, que crea una especie de mundo virtual auto-reflexivo, hubiera
bloqueado las salidas disponibles, los caminos de salida de la sala de los
espejos, hacia una realidad que el hemisferio derecho podría permitirnos
entender. En el pasado, esta tendencia era contrarrestada por fuerzas
exteriores al sistema encapsulado de la mente autoconsciente: y así además de
la historia, encarnada en nuestra cultura y del propio mundo natural, de los
que cada vez estamos más alienados, principalmente se hallaba en la naturaleza
corpórea de nuestra existencia, y en las artes y la religión. En estos tiempos,
cada una de ellas ha sido subvertida y las rutas de escape del mundo virtual
han sido cerradas. Ha surgido, un mundo cada vez más mecanicista, fragmentado y
descontextualizado, caracterizado por un optimismo injustificado mezclado con
paranoias y una sensación de vacío, reflejando creo, la acción sin oposición de
un hemisferio izquierdo disfuncional. Concluiré con algunas reflexiones sobre
lo que, si acaso, podemos hacer - o necesitamos no hacer, al respecto.
Debido a que me
siento implicado en el restablecimiento de este equilibrio, a veces puedo
parecer escéptico sobre las herramientas del discurso analítico. Sin embargo,
espero que sea obvio por lo que digo que no soy en absoluto partidario de
quienes quieren abandonar el razonamiento o descalifican el lenguaje. Lo
contrario es exactamente el caso. Ambas, razón y lenguaje, están seriamente
amenazadas en nuestra época, aunque creo que por facciones diametralmente
opuestas. El intento de algunos teóricos posmodernos de anexar el cuidadoso
escepticismo anti-cartesiano de Heidegger con una indiferencia anárquica hacia
el lenguaje y su significado, es una inversión de todo lo que él consideraba
importante. Decir que el lenguaje mantiene oculto la verdad no quiere decir que
el lenguaje simplemente sirva para ocultar la verdad (aunque ciertamente pueda
hacerlo), o mucho peor, que no existe tal cosa como la verdad (aunque esto
pueda estar lejos de ser simple). Pero igualmente no deberíamos estar ciegos al
hecho de que el lenguaje también está denigrado y desatendido por muchos de los
que nunca se cuestionan el lenguaje en general, y la verdad con demasiada facilidad
es reclamada por aquellos que ven el tema como no problemático. Esto nos obliga
a ser escépticos. Igualmente, este libro no tiene nada que ofrecer a aquellos
que querrían socavar la razón, la cual, junto con la imaginación, es lo más
valioso que le debemos al trabajo conjunto de los dos hemisferios. Mi
desacuerdo es sólo con un racionalismo excesivo y fuera de lugar que no se
somete al juicio de la razón, y está en conflicto con ella. Espero que no sea
necesario enfatizar, que no estoy en oposición en ningún sentido con la
ciencia, que al igual que su hermana el arte, son fruto de ambos hemisferios,
sino con un materialismo estrecho, que no es intrínseco a la ciencia en
absoluto. La ciencia no es ni más ni menos que la paciente y detallada atención
al mundo, y es parte integral de nuestra comprensión de él y de nosotros
mismos.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA ESTRUCTURA DEL
CEREBRO?
Podría
parecer reduccionista vincular los más altos logros de la mente humana, de la
filosofía y las artes, a la estructura del cerebro. Creo que no lo es. Por una
parte, incluso si fuera posible que la mente fuese "reducida", por
decirlo así, a la materia, esto nos obligaría necesaria e igualmente a
sofisticar nuestra idea de lo que la materia es y puede llegar a ser, es decir,
a algo tan extraordinario como la mente. Pero dejando esto de lado, la forma en
que experimentamos el mundo, e incluso lo que es el mundo como experiencia,
depende de cómo funcione el cerebro: no podemos escapar a ese hecho, ni tiene
sentido intentarlo. En lo más básico, algunas de las cosas que sabemos que son
potenciales objetos de experiencia, por ejemplo – ciertos sonidos de frecuencias
particularmente altas o bajas - no están disponibles para nosotros, aunque sí
puedan estarlo para murciélagos y osos; y eso es simplemente porque nuestros
cerebros no están preparados para ello. También sabemos que cuando se destruyen
zonas del cerebro, un fragmento de la experiencia disponible se pierde con
ellos. Y esto no es sostener que todo lo que existe está en el cerebro - de
hecho, lo que hace es demostrar que no puede ser así; ni tampoco afirmar que la
experiencia mental es solamente lo que podemos observar o describir a
nivel cerebral.
Bien, pero si mi propósito es entender mejor el
mundo, ¿por qué no me ocupo solo de la mente y me olvido del cerebro? Y, en
particular, ¿por qué debería interesarnos la estructura del cerebro? Esto quizá
sería de interés académico para los científicos, pero mientras siga
funcionando, ¿realmente importa? Después de todo, mi páncreas sigue haciendo
bien su trabajo sin que necesite saber mucho sobre su estructura.
Sin embargo según cómo uno conciba la relación
entre la mente y el cerebro - y especialmente si se cree que son idénticos - es
probable que la estructura del cerebro nos diga algo que de otro modo no se podría
ver tan fácilmente. Es cierto, que podemos inspeccionar el cerebro solo
"desde fuera" (incluso cuando sondeamos sus confines más recónditos):
pero solo podemos inspeccionar la mente "desde dentro" (incluso
cuando parece que la objetivamos). Ver la estructura del cerebro es solo
más fácil. Y puesto que estructura y función están estrechamente relacionadas,
eso nos dirá algo acerca de la naturaleza de nuestra experiencia mental, y de
nuestra experiencia del mundo. Por lo tanto, creo que sí que importa. Pero debo
enfatizar que, aunque empiece examinando la estructura cerebral en relación con
las funciones neuropsicológicas que sabemos que están asociadas a cada
hemisferio, mi objetivo es únicamente esclarecer aspectos de nuestra
experiencia.
Freud ya anticipó que sería posible establecer
conexiones entre la experiencia y la estructura del cerebro una vez que la
neurociencia estuviese suficientemente desarrollada. Neurólogo, antes que nada,
creía que las entidades mentales que describía y cuyos conflictos daban forma a
nuestro mundo -el ello, el ego y el superyo - algún día se identificarían con
más precisión con estructuras internas del cerebro.7 En otras
palabras, creía que el cerebro no meramente mediaba en nuestra experiencia,
sino que también le daba forma.
Cuando miramos a nuestro yo corporal, volvemos la
mirada al pasado. Y ese pasado no está muerto en nosotros. El pasado es algo
que escenificamos cada día de nuestra vida, aquí y ahora. El otro padre
fundador del psicoanálisis, Jung, fue sumamente consciente de esto, e intuyó
que gran parte de nuestra vida mental, como la de nuestros cuerpos, tenía unos
orígenes antiguos:
Al
igual que el cuerpo humano representa todo un museo de órganos, con una larga
historia evolutiva detrás de ellos, cabría esperar que la mente esté organizada
de manera similar……Recibimos junto con nuestro cuerpo, un cerebro altamente
diferenciado que trae consigo toda su historia, y cuando llega a ser creativo,
crea desde esta historia - desde la historia de la humanidad…. esa ancestral
historia natural que se ha transmitido de forma viva desde los tiempos más
remotos, es decir, la historia de la estructura del cerebro.8
El cerebro ha evolucionado, como el cuerpo en el
que se asienta, y sigue en proceso de evolución. Pero la evolución del cerebro
es diferente de la evolución del cuerpo. En el cerebro, a diferencia de la
mayoría de los otros órganos humanos, los desarrollos posteriores no reemplazan
a los anteriores, sino que se añaden a ellos, y se construyen sobre ellos.9
Así, la corteza cerebral, la envoltura externa que media en la mayoría de las
funciones superiores del cerebro, y desde luego en aquellas de las que somos
conscientes, surgió a partir de estructuras subcorticales subyacentes que se
encargan de la regulación biológica a un nivel inconsciente; y los lóbulos
frontales, las partes más recientes de la corteza cerebral, que ocupan una
parte mucho mayor del cerebro que en nuestros parientes animales, y que se
extienden hacia delante y por "encima" del resto de la corteza,
mediando en la mayoría de las actividades más sofisticadas que nos diferencian
como humanos – planificación, toma de decisiones, asunción de perspectivas,
autocontrol, y así sucesivamente. En otras palabras, la estructura del cerebro
refleja su historia; como un sistema dinámico en evolución, en la cual una
parte evoluciona a partir de otra, y en respuesta a ella.
Creo que podemos aceptar que los conflictos que Freud ayudó a identificar,
entre la voluntad y el deseo, entre la intención y la acción, y disyuntivas más
amplias entre formas enteras de concebir el mundo en él cual vivimos, son
preocupaciones adecuadas, no solo de psiquiatras y psicólogos, sino para
filósofos, y artistas de todo tipo, y para cada uno de nosotros en la vida
cotidiana. De manera similar, entender la forma en que la estructura del
cerebro influye en la mente es de relevancia no solo para neurocientíficos,
psiquiatras o filósofos, sino para cualquiera de nosotros que tiene una mente y
un cerebro. Si resulta que después de todo hay una coherencia en la forma en
que los correlatos de nuestra experiencia están agrupados y organizados en el
cerebro, y podemos ver que estas “funciones” forman un conjunto inteligible que
corresponden a áreas de la experiencia, y vemos cómo se relacionan unas con
otras a nivel cerebral, esto arrojaría algo de luz sobre la estructura y la
experiencia de nuestro mundo mental. En este sentido el cerebro es -de hecho,
tiene que serlo- una metáfora del mundo.
LA IMPORTANCIA DE
QUE SEAN DOS HEMISFERIOS
Aunque el cerebro está extraordinaria y densamente
interconectado dentro de sí mismo - se estima que hay más conexiones dentro del
cerebro humano que partículas en el universo - no es menos cierto, como cabría
imaginar, que las interconexiones más cercanas y densas se forman en el
interior de áreas, entre estructuras inmediatamente adyacentes. Así, el cerebro
puede ser visto como algo parecido a un enorme país: como una estructura anidada, de pueblos y
ciudades, luego distritos, reunidos en condados, regiones e incluso estados o
tierras parcialmente autónomas - un conglomerado de núcleos y ganglios en un
nivel, en otro nivel centros organizativos y regiones funcionales más amplias
dentro de las circunvoluciones o surcos específicos (los pliegues de la
corteza) formando los lóbulos, y esos lóbulos finalmente formando parte de uno
u otro hemisferio cerebral. Si bien es cierto que la conciencia surge de, o en
cualquier caso está mediada por la densidad y complejidad de las
interconexiones neuronales dentro del cerebro, esta estructura tiene algunas
consecuencias importantes para la naturaleza de la conciencia. El cerebro no puede
ser considerado como una masa indiscriminada de neuronas: la estructura de esa
masa importa. En particular, ha de ser relevante que en el nivel más alto de
organización del cerebro, ya sea como mediador o creador de la conciencia, está
dividido en dos.
El gran fisiólogo, Sir Charles Sherrington,
observó hace cien años que uno de los principios básicos del control
sensorio-motor es lo que él llamaba “procesadores en oposición”.10
Lo que esto significa puede entenderse en términos de una sencilla experiencia
cotidiana. Si se quiere realizar un procedimiento delicado con la mano derecha
que implica un movimiento muy finamente calibrado hacia la izquierda, esto es
posible utilizando la fuerza de contrapeso y estabilización de la mano
izquierda, que la sostiene al mismo tiempo y la empuja ligeramente hacia la
derecha. Y estoy de acuerdo con Marcel Kinsbourne en que el cerebro es, en
cierto sentido, un sistema de procesadores en oposición. En otras palabras,
contiene elementos mutuamente opuestos cuya influencia contraria hace posibles
respuestas finamente calibradas a situaciones complejas. Kinsbourne señala tres
emparejamientos en oposición en el cerebro que probablemente sean de
importancia. Estos podrían describirse a grandes rasgos como los pares,
"arriba/abajo" (los efectos inhibidores de la corteza cerebral sobre
las respuestas automáticas más básicas de las regiones subcorticales), el par "delante/atrás"
(los efectos inhibidores de los lóbulos frontales sobre la corteza posterior) y
el par "derecha/ izquierda" (la influencia de los dos hemisferios uno
con el otro).11
Yo estoy interesado principalmente por explorar
uno de estos pares de oposiciones: el que hay entre los dos hemisferios
cerebrales. A veces abordaré los otros dos pares de oposiciones –
"arriba/abajo" y "delante/atrás" - ya que, sin duda,
inciden en este par, sobre todo porque los hemisferios difieren en la relación
que cada uno de ellos tiene con las estructuras subyacentes subcorticales, e
incluso con los lóbulos frontales: que en esto como en muchos otros aspectos
son asimétricos. Pero es la dualidad primaria de los hemisferios lo que
constituye el centro este libro. Creo que es esta dualidad, lo que subyace al
conflicto que se está desarrollando a nuestro alrededor, y que en mi opinión,
ha tomado recientemente un giro que debería preocuparnos. Y si vemos más
claramente lo qué está sucediendo, estaremos en mejores condiciones de hacer
algo al respecto.
Estamos casi listos
para comenzar nuestro examen del cerebro. Sin embargo, antes de hacerlo, tengo
que hacer algunas advertencias, sin las cuales corro el riesgo de ser
malinterpretado.
AUNQUE LAS DIFERENCIAS NO SEAN ABSOLUTAS,
INCLUSO PEQUEÑAS DIFERENCIAS PUEDEN AMPLIFICARSE MUCHO
Cuando digo que el “hemisferio
izquierdo hace esto”, o “el hemisferio derecho hace aquello”, debe entenderse
que en cualquier cerebro humano en un momento dado, ambos hemisferios
participan activamente. A menos que un hemisferio haya sido extirpado
quirúrgicamente o destruido, se encontrarán signos de actividad en ambos. Ambos
hemisferios están involucrados en casi todos los procesos mentales, y
ciertamente en todos los estados mentales: la información se transmite
constantemente entre los hemisferios, y puede ser transmitida en ambas
direcciones varias veces por segundo. Lo que se ve como actividad en un escáner
está en función de donde se establece el umbral: y si el umbral se establece lo
suficientemente bajo, se vería actividad en todas las partes del cerebro todo
el tiempo. Pero, en el nivel experiencial, el mundo que conocemos es una
síntesis del funcionamiento de los dos hemisferios cerebrales, cada hemisferio
tiene su propia manera de entender el mundo - su propia “toma" de él. Esta
síntesis es poco probable que sea simétrica, y el mundo que realmente
experimentamos, fenomenológicamente, en cualquier momento dado, está
determinado por la versión del mundo del hemisferio que en última instancia
llegue a predominar. Aunque me resistiría a la idea simplista de que hay una
"personalidad hemisférica (izquierda o derecha)”, en general, hay evidencias
que veremos más delante de que, en algunos tipos de actividades, preferimos
sistemáticamente un hemisferio sobre el otro de maneras que pueden diferir
entre los individuos, aunque en poblaciones enteras tiendan a estar
cohesionadas.
Hay dos razones, por
las que incluso pequeñas diferencias en potencia entre los hemisferios en un
nivel bastante bajo pueden dar lugar a lo que son grandes cambios en un nivel
superior.
Por una parte, como ha
sugerido Ornstein, en el nivel del instante a instante, la actividad de los
hemisferios puede operar con un sistema en el que “el ganador se lo lleva
todo”, esto es que si un hemisferio es en un 85% tan eficiente en una tarea
como el otro, no se tenderá a dividir el
trabajo entre ellos en una proporción de 0.85:1.00, sino que usaremos de forma
continuada el que sea que mejor para hacer todo el trabajo.12 Sin
embargo, en aquellas ocasiones dónde, el hemisferio “incorrecto” llega primero
y comienza a tomar el control, al menos en tareas no muy exigentes, lo más
probable es que se imponga sobre el otro hemisferio, incluso si el otro
hemisferio hubiera sido una mejor opción desde el principio - posiblemente
debido a que los costos de tiempo para compartir o transferir el control son
mayores que los costos de mantener la disposición existente.13
Consideraré la relación de trabajo de los hemisferios en detalle en el último
capítulo de la primera parte.
La otra razón es que,
aunque los resultados del tipo “el ganador se lo lleva todo”, pueden ser
individualmente pequeños, una gran acumulación de muchos resultados pequeños,
podría conducir en última instancia a un gran sesgo global, especialmente
porque si se repite la preferencia por un hemisferio esto ayudaría a afianzar
aún más una ventaja que al comienzo era relativamente marginal. En la medida en
que un proceso se lleva a cabo de forma útil en un solo hemisferio, se refuerza
el envío de información preferentemente a ese hemisferio en el futuro. “Así
pequeñas diferencias iniciales entre los hemisferios podrían acrecentarse durante
el desarrollo, y en última instancia producir una amplia gama de asimetrías
funcionales, mediante un mecanismo de ’bola de nieve’”.14 Los
hemisferios participan así en la diferenciación entre ellos mismos.
Igualmente esta falta
de absolutos afecta a la manera en que debemos entender los datos. Un hallazgo
puede ser perfectamente válido, e incluso de la mayor significación general, y
sin embargo admitir hallazgos opuestos. Las temperaturas medias en Islandia e
Indonesia son claramente diferentes, lo que explica en gran parte las
características totalmente diferentes de su vegetación, de la vida animal, el
paisaje, la cultura y la economía de estas dos regiones, así como, sin duda,
muchas otras cosas que diferencian su "sensibilidad" y sus modos de
vida. Pero no es menos cierto que la temperatura media anual más baja en
Indonesia es inferior a la temperatura media anual más alta en Islandia
- y, por supuesto, la temperatura media varía considerablemente de un mes a
otro y, de manera menos predecible, de un día para otro y, de hecho, de un
lugar a otro dentro de cada región. La naturaleza de estas generalizaciones es
que son aproximadas, pero son no obstante de importancia crítica para
comprender lo que está ocurriendo. Una necesidad de certeza fuera de lugar
puede impedir el proceso de entender por completo.
Esto también implica que las generalizaciones nunca pueden ser reglas. En
cuanto a los hemisferios es casi seguro que no hay nada que se limite
enteramente a uno u otro. Quiero insistir en ello, porque realmente no deseo
fomentar una dicotomización simplista. Las diferencias que espero establecer
son demasiado matizadas para ser encapsuladas en pocas palabras o en simples
conceptos, pero creo, que son, sin embargo, de importancia por esto mismo.
Descartes fue un gran dualista. Él pensaba, que no sólo había dos tipos de
sustancias, mente y materia, sino que también había dos tipos de pensamientos,
dos tipos de movimiento corporal, incluso dos tipos de amor; y, por supuesto,
él creía que había dos tipos de personas: “El mundo está en su gran mayoría
compuesto de dos tipos de mentes..."15 Se ha dicho que el mundo
se divide en dos tipos de personas, aquellos que dividen el mundo en dos tipos
de personas y aquellos que no lo hacen. Yo estoy con el segundo grupo. Los
otros son demasiado cartesianos en sus clasificaciones, y por lo tanto están
demasiado de parte del hemisferio izquierdo. La Naturaleza nos dio la dicotomía
cuando separó el cerebro. Averiguar lo que esto significa no es en sí mismo
dicotomizar; solo se convierte en ello en manos de quienes interpretan los
resultados con cierta rigidez cartesiana.
LA ORGANIZACIÓN DEL CEREBRO VARÍA DE UN
INDIVIDUO A OTRO
Además está la cuestión de
la diferencia individual en la dominancia hemisférica y la lateralidad. Hablaré
en adelante, de "hemisferio derecho" y "hemisferio
izquierdo" como si estos conceptos fueran de aplicación universal. Está
claro que no siempre es el caso. Estos términos representan generalizaciones
sobre la condición humana. La preferencia por el uso de una mano se relaciona
con dicha organización, pero no de una manera directa: por esta razón, tengo
poco que decir en este libro acerca de dicha preferencia, por fascinante que
sea - excepto cuando parezca legítimamente reflejar pruebas de una preferencia
hemisférica.16 Al hablar de cualquier variable biológica, uno está
siempre haciendo algún tipo de generalización. Los hombres son más altos que
las mujeres, y el hecho de que algunas mujeres sean más altas que algunos
hombres no invalida este punto. La preferencia en el uso de una mano es una de
esas variables. La situación se complica por el hecho de que la predominancia
en la utilización de una mano no es un fenómeno uniforme; hay grados de
predominio de una mano en diferentes individuos para diferentes actividades (y
diferente "predominancia para andar", "para escuchar" y
"para mirar", para el caso). Sin embargo, en Occidente en la
actualidad, alrededor del 89 % de las personas son en general diestras, y la
gran mayoría de ellas tienen el habla y los centros del semánticos del lenguaje
en el hemisferio izquierdo – llamamos, a esto el patrón estándar.17
En el otro 11%, que
son en general zurdos, habrá conformaciones variables, que lógicamente siguen
uno de estos tres patrones: el patrón estándar, una simple inversión del patrón
estándar, o alguna otra reorganización. La mayoría de este 11%, (alrededor del
75%) tiene también su centro del lenguaje en el hemisferio izquierdo, y parecen
seguir en general el patrón estándar.18 Es, por tanto, solo
alrededor del 5% de la población general la que se sabe que no tiene
lateralizada el lenguaje en el hemisferio izquierdo. De estos algunos podrían
tener una inversión simple de los hemisferios, así todo lo que sucede
normalmente en el hemisferio derecho sucedería en el hemisferio izquierdo, y
viceversa; esto tiene poca importancia, desde el punto de vista de este libro,
excepto que uno tendría que leer “derecho” para el “izquierdo”, e “izquierdo”
para el “derecho”. Es solamente en el tercer grupo, en el que se ha postulado
que puede haber verdaderas diferencias en su organización cerebral: un subgrupo
de zurdos, así como algunas personas con otras afecciones, independientes de la
lateralidad, tales como la esquizofrenia, y la dislexia, y posiblemente
trastornos tales como la esquizotipia, algunas formas de autismo, síndrome de
Asperger y algunas afecciones del síndrome de "savant", que pueden
tener una inversión parcial del patrón estándar, dando lugar a que las
funciones cerebrales se lateralicen en combinaciones no convencionales. Para
ellos la partición normal de las funciones no se cumple. Esto puede conferir
ventajas especiales o acarrear desventajas, en la realización de diferentes
actividades.
Abordar estas
situaciones anómalas, por intrigantes e importantes que sean, está más allá del
alcance de este libro. Pero merece la pena hacer una observación en relación a
este último grupo, aquellas personas con alineamientos no convencionales de las
funciones dentro de cualquiera de los dos hemisferios. Si resulta que el
desarrollo del centro semántico y sintáctico del lenguaje en el hemisferio
izquierdo es un determinante clave de la forma de ver el mundo asociado a ese
hemisferio en su conjunto, su traslado al otro hemisferio, y alternativamente,
el desplazamiento al hemisferio izquierdo de funciones que normalmente son del
hemisferio derecho, podría tener efectos muy diferentes, e incluso opuestos, en
diferentes casos. El asunto es este: la coexistencia en el mismo hemisferio,
ya sea el derecho o el izquierdo, del lenguaje y lo que son normalmente las
funciones del hemisferio derecho, conduciría a una "reinterpretación"
del lenguaje según el modo característico del hemisferio derecho normal, o
conduciría al efecto opuesto - a que las demás funciones que están en ese
hemisferio sean transformadas por (lo que normalmente sería) una forma de ver
las cosas desde el hemisferio izquierdo. En pocas palabras, ¿colocar a un
profesor de matemáticas en una compañía de circo conduciría a crear un
matemático volador, o a que el grupo de trapecistas no pueda realizar una
acrobacia a menos que hayan calculado previamente la trayectoria precisa de sus
saltos? Probablemente ambos escenarios ocurren en diferentes individuos, dando
lugar a talentos inusuales y a déficit inusuales. Esto puede ser el vínculo
entre la lateralización cerebral y la creatividad, y puede explicar el hecho,
por otra parte difícil de explicar, de la conservación relativamente constante
en cualquier población, de genes que, al menos en parte por sus efectos sobre
la lateralización, dan lugar a enfermedades mentales graves, como la
esquizofrenia y la psicosis maníaco-depresiva (ahora conocida como trastorno
bipolar), y a trastornos del desarrollo, como el autismo y el síndrome de
Asperger. También puede asociarse a la homosexualidad, que se cree que implica
una incidencia de lateralización anormal mayor a la habitual. Tales genes
pueden ser, sobre todo en el caso de las enfermedades mentales, muy
perjudiciales para los individuos, y tener un impacto negativo sobre la
fertilidad de la población en general - por lo que ya se habrían eliminado hace
tiempo, sino fuera por algún beneficio sumamente importante que puedan
transmitir. Si ellos también, a través de sus efectos sobre la lateralización,
condujeran en algunos casos a talentos extraordinarios, y si particularmente lo
hicieran en parientes, que tuvieran algunos, pero no todos los genes
responsables, entonces tales genes se preservarían de forma natural, por
principios puramente darwinistas.
Tanto si es así como si no, nuestra necesidad es comprender mejor la
naturaleza de los hemisferios izquierdo y derecho, normales. En este libro, por
lo tanto, me propongo tratar solo la organización cerebral típica, la que tiene
una vigencia superior al 95 % de la proporción y que por el mismo argumento de
“el ganador se lo lleva todo”, tiene aplicabilidad universal al mundo en el que
vivimos por ahora.
ASIMETRÍA ESENCIAL
"El universo está construido según un plan, cuya
profunda simetría está, de alguna manera presente, en la estructura interna de
nuestro intelecto."19 Esta observación del poeta francés Paul
Valéry, es a la vez, una brillante visión de la naturaleza de la realidad, y lo
más errónea posible.
De hecho, el universo no tiene una “simetría
profunda”, más bien, tiene una profunda asimetría. Hace más de un siglo
que Louis Pasteur escribió: 'La vida como manifestación es una función de la
asimetría del universo... puedo imaginar a todas las especies vivientes siendo
primordialmente, en su estructura, en sus formas externas, funciones de esa
asimetría cósmica."20 Desde entonces los físicos han deducido
que la asimetría debe de haber sido una condición del origen del universo: fue
la discrepancia entre las cantidades de materia y antimateria lo que permitió
que el universo material llegara a existir y que haya algo en lugar de nada.
Tales procesos unidireccionales como los del tiempo y la entropía son quizá
ejemplos de que la asimetría es fundamental en el mundo en que vivimos. Y, sea
lo que sea lo que Valéry haya pensado, la estructura interna de nuestro
intelecto es, sin duda asimétrica en un sentido que tiene, una enorme
importancia para nosotros.
Como ya he dicho, creo que hay dos realidades
fundamentalmente opuestas arraigadas en la estructura bihemisférica del
cerebro. Pero la relación entre ellas no es más simétrica que la de las de las
cámaras del corazón - de hecho, es menos simétrica; más parecida a la del
artista con el crítico, o a la de un rey con su consejero.
Hay una historia de Nietzsche que dice algo así.21
Había una vez un sabio maestro, que era el soberano de un pequeño pero
próspero dominio, y que era conocido por su entrega desinteresada a su pueblo.
A medida que su pueblo florecía y crecía en número, los límites de este pequeño
territorio se extendieron; y con ello la necesidad implícita de confiar en los
emisarios que enviaba para garantizar la seguridad de sus dominios cada vez más
distantes. No se trataba solo de que le fuera imposible ordenar personalmente
todo lo que había que hacer: sino que como él mismo vio sabiamente, debía
mantener una distancia, y permanecer ajeno a algunas preocupaciones. Y por eso
cuidó y preparó con esmero a sus emisarios, para que pudiera confiar en ellos.
Sin embargo, con el tiempo, su visir más inteligente y ambicioso, en el que más
confiaba para hacer su trabajo, comenzó a verse a sí mismo como un maestro, y
usó su posición para lograr su propia riqueza e influencia. Veía la templanza y
tolerancia de su maestro como una debilidad, no como sabiduría, y en sus
misiones en nombre del maestro, no solo adoptó su manto, como suyo propio –
sino que el emisario se volvió despectivo con su maestro. Y así ocurrió que el
maestro fue suplantado, la gente fue engañada, el feudo se convirtió en una
tiranía; y finalmente se derrumbó en ruinas.22
El significado de esta historia es tan antiguo
como la humanidad y resuena lejos de la esfera de la historia política. De
hecho, creo que nos ayuda a entender algo de lo que está ocurriendo en nosotros
mismos, dentro incluso de nuestros cerebros y que ha tenido lugar en la historia
cultural de Occidente, particularmente en los últimos 500 años o más. Por qué
lo creo así, es el tema de este libro. Sostengo que, como el Maestro y su
emisario en dicha historia, aunque los hemisferios cerebrales deberían
co-operar, llevan un tiempo en conflicto. Las subsiguientes batallas entre
ellos están registradas en la historia de la filosofía, y se han desarrollado a
través de los cambios sísmicos que han caracterizado a la historia de la
cultura Occidental. En la actualidad, el feudo - nuestra civilización se
encuentra en manos del visir, que, por muy dotado que esté, es en realidad un
ambicioso burócrata local que persigue sus propios intereses. Mientras tanto el
Maestro, cuya sabiduría dio al pueblo paz y seguridad, es conducido encadenado.
El Maestro ha sido traicionado por su emisario.
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