GENE CLAVES
Desbloqueando el objetivo más elevado oculto en el ADN
Richard Rudd
PRÓLOGOINTRODUCCIÓN
1ª PARTE: DESBLOQUEANDO EL OBJETIVO MÁS ELEVADO OCULTO EN EL ADN
LOS OJOS DE SAN BENEDICTO
Era una perfecta mañana de otoño. El dorado sol surgía de pronto sobre los Montes Simbruinos, rozando ligeramente la blanquecina escarcha de los somnolientos ojos de la tierra. Una de las monjas me deja entrar por una puerta lateral y en mi pausado italiano le pregunté por el camino hacia la gruta sagrada. Amablemente y sin ninguna palabra, me condujo por un laberinto de pasillos monásticos, bajo incontables pasos de sandalias desgastadas hasta que finalmente me pare en el más mágico de los lugares.
Durante las siguientes dos horas me senté con la cabeza apoyada sobre la misma almohada de piedra donde un humilde ermitaño una vez dedicó su vida a una vigilia diaria, esperando y rezando por una visión de Dios. Después de tres años, su visión le fue otorgada en un instante desde los cielos, y emergió de su refugio interior y con el tiempo formó la más grande y afortunada orden monástica cristiana en la historia. Su nombre era San Benedicto.
Relato esta historia porque mientras me sitúo sobre esa fría losa de piedra, yo también experimenté una visión, o cuando menos el reflejo de una visión. De repente y sin aviso, vi un par de ojos mirándome. No tengo recuerdo en absoluto de una cara alrededor de los ojos, pero mientras viva nunca olvidaré esos ojos. Eran los ojos de alguien que había visto la Verdad, desbordando el amor y conocimiento más profundos.Solo una serie de palabras familiares acompañaron la visión, que por fuera sonaron como un mantra dentro de mi cabeza:
‘Mis ojos han visto la gloria de la llegada del Señor…’
Yo sabía que estos eran los ojos de San Benedicto.
Muchas cosas nuevas comienzan con una visión. Lo que yo he aprendido sobre cada visión genuina es, que no está limitada a un solo suceso.Una vez que la descarga inicial ha sucedido, la visión da inicio a su verdadero propósito – transformar y elevar tu frecuencia a partir de la experiencia original.
Este libro brotó en torno a una visión y da a conocer con tantas palabras como se puede, el núcleo de esa visión. La visión que personalmente recibí vino mucho antes de la experiencia de ver los ojos de San Benedicto. Llegó a mí tempranamente en mi vida y la he llevado secretamente dentro de mí desde entonces. Podría decirse que la visión emergió de mí en vez de hasta mí, porque como este libro evidenciará, nuestros destinos están escritos dentro de nuestro propio ADN.
Como la visión de San Benedicto, la mía fue una experiencia directa de la perfección de toda la creación. También vi el futuro en mi visión, pero lo vi como habiendo ya ocurrido,lo cual me dio la misma certidumbre que vislumbré en los ojos del ermitaño. Con lo cual, este libro ofrece una perspectiva a través del ojo universal – el ojo que ya ha visto la belleza, la maravilla y la certeza del futuro de la humanidad.Estamos entrando en una nueva Era Solar y, como el sol, las Gene Claves ofrecen nada menos que optimismo.
¿CUAL ES TU FINALIDAD MÁS ELEVADA?
Tú eres un genio viviente. Cada ser humano nace genio. No solo estoy diciendo que tienes la capacidad de ser un genio, sino que lo eres, ahora mismo. Tu finalidad más elevada en la vida es compartir tu particular genialidad con el mundo.
Pero ¿qué es genialidad? La raíz de la palabra se refiere a un tipo de espíritu o guardián supervisor que cuida de una persona. Tiene también una conexión con la palabra ‘gen’, que es una de las razones por las que ha estado asociada con cierta gente ‘especial’ con un genético don hereditario de inteligencia o intelecto. Actualmente, cuando pensamos en la genialidad, generalmente pensamos en ella como una hazaña intelectual, como por ejemplo en el caso de Einstein. Me gustaría que percibieras la genialidad de una nueva manera. Para empezar, no tienes que ser intelectual para ser un genio. La genialidad se representa viviendo en el cenit o en el apogeo. Es vivir la vida sin estorbos, con propiedad y trascendiendo los miedos. Ser un genio es tener el coraje de vivir la vida con un corazón abierto, como un profundo romance.
Mientras navegas a través de las Gene Claves, te estarás moviendo por grandes vidas humanas. Aunque sus nombres no puedan ser mencionados directamente, reconocerás lo qué se necesita para vivir una gran vida. Una gran vida no significa necesariamente una vida admirada. De toda la gente que conoces, piensa en una persona que admires verdaderamente – no por sus hechos, sino por su carácter, su paciencia, su incansable optimismo, su coraje. El genio puede prosperar en el más mundano de los ambientes. La genialidad simplemente te convierte en un ser humano jovial, y alegre. Esa es tu finalidad más elevada – estar radiante sin otra razón que la de estar vivo. Tu genio solo puede surgir de esa luminosidad interior. Si no te hace realmente feliz, entonces no es tu genio.
Tu genio es la tierra y tu propósito más elevado crece de esa tierra – ya resulte ser una humilde hierba, una deliciosa fruta o un gran roble. Las Gene Claves son el manual de jardinería que te guiará a través del proceso de crecimiento, pero la semilla está ya dentro de ti, esperando dentro de tu ADN.
También puedes darte cuenta por el nombre de este libro, de que el proceso de vivir tu objetivo más elevado tiene mucho que ver con el concepto de llave y cerradura. Esto es así porque tu ADN es un código real, y ese código solo puede ser abierto cuando tienes las llaves correctas. Aprenderás más sobre cómo funciona esto más adelante, pero por ahora es importante darse cuenta de que tienes en tus manos un libro de codificación cuyo único propósito es guiarte en el campo de tu propio genio.
Las llaves universales están en tus manos, pero solo tú puedes descubrir las llaves correctas y el correcto orden en el que se ajustan a tu código genético específico. Es un maravilloso puzzle en cada uno de nosotros, y solo nuestros corazones pueden mostrarnos el camino. El proceso de liberar tu propósito más elevado, es el de transformar la autoridad de tu mente a través de tu corazón. Solo esto transformará tu vida.
UN VIAJE DE DEJARSE LLEVAR
Las Gene Claves te son presentadas como un viaje, un viaje que cambiará tu vida. Para mí, la creación de este libro ha sido un acto de dedicación interior y transformación. La transmisión contenida en cada una de las 64 Gene Claves ha desbloqueado una nueva interpretación de mi propio código genético a nivel celular, el cual me ha revelado mi propósito verdadero. Se han despertado dentro de mi, mayores posibilidades, y una nueva y más elevada frecuencia para cautivarme fuera, y más allá de los patrones negativos que todos llevamos a través de la vida. Esto no siempre ha sido fácil.
Gran parte del lenguaje y comprensión de las Gene Claves está arraigada en nuestros miedos inconscientes. Como descubrirás por ti mismo, tales miedos están tan herméticamente tejidos en tu ADN que hace falta verdadero coraje para hacerles frente directamente. Sin embargo, el miedo es la materia prima de los estados superiores, y debe ser atravesado.
Como primer beneficiario de las Gene Claves, he aprendido algunas cosas que quiero transmitir, intrépidos compañeros de viaje. Lo primero es que las Gene Claves representan un campo energético vivo que existe en todo momento dentro de ti. Son una sabiduría salvaje en estado natural más que un sistemático proceso lógico. Personalmente, esto ha sido muy desafiante para mi mente porque he descubierto que no hay un camino fijo a través de tu ser interno. Tienes que trabajar en estas enseñanzas por ti mismo, en tu interior. No hay un gurú o guía para mostrarte el camino. No hay ninguna técnica, a menos que te inventes la tuya propia. Simplemente hay amables consejos prácticos que continuaré compartiendo contigo a lo largo de esta introducción. Para mí, las Gene Claves tienen más que ver con desmantelar conceptos que con añadir nuevos. Al final de la jornada, la transformación sucede por su propia voluntad, simplemente porque estás listo para ella.
Mi viaje personal por las Gene Claves ha servido para hacer accesibles nuevos y atrevidos horizontes dentro de mí. Ante todo, las Gene Claves me han dado libertad interior. A veces he tenido que abandonar muchos viejos sistemas, profesores e incluso amigos porque sus perspectivas no eran compatibles ni cómodas con tales vistas internas de la libertad.
Mi mayor avance con las Gene Claves tuvo lugar cuando vine a redactar la Gene Clave 55, después de regresar de los Estados Unidos, donde había estado enseñando. Esta Gene Clave es el código de activación de la libertad misma, por lo que tal vez debería haber estado más preparado. Sin embargo, cuando esta Gene Clave se abrió dentro de mí, me sorprendió descubrir lo profundo que era mi terror de la verdadera libertad. Ahora me doy cuenta de que este es uno de los más grandes de todos los miedos humanos, especialmente en este momento de la historia – el miedo a la libertad.
Cuando leas la Gene Clave 55, saborearás lo que está por venir para la humanidad. De hecho, a lo largo de este libro, el tiempo que estamos viviendo actualmente, le hago referencia como el ‘Gran Cambio’. Se trata de un cambio que esta teniendo lugar a nivel molecular dentro de la humanidad, y también esta impactando a todos los sistemas naturales y a todas las criaturas. En todo lo que ves hoy – en el medio ambiente, nuestras estructuras políticas y sociales, la economía mundial, la religión, la ciencia y la tecnología – verás un mundo que se prepara para un salto en la conciencia.
Tales tiempos son inherentemente inestables y un profundo temor colectivo avanza como un fantasma por nuestro mundo a raíz de los cambios que se aproximan. Es este miedo al que la Gene Clave 55 desafía directamente.
Mientras me sumergía más y más profundamente en este temor y encontraba el campo de transmisión vivo de la Gene Clave 55 dentro de mí, una enorme y desenfrenada sensación de libertad interior se propagó por mi cuerpo como un tornado. Me acarició la simplicidad e ingenuidad de la libertad, que llega cuando la vida está exenta del control de la mente. Este temor simplemente se evaporó. Otra presencia mucho más poderosa se despertó dentro de mi plexo solar y trasladó el asiento del control. Una nueva conciencia amaneció dentro de mí, abriendo sus ojos como un bebé recién nacido en mi corazón. La ráfaga fue inmensa. Liberada desde dentro de mi ADN, la luz se derramaba fuera de mi cuerpo, conectándome a cada imaginable aspecto del universo. Entonces descubrí el gran secreto interior del ADN en sí. Tu ADN es un túnel. Contiene un código que, cuando se activa, se abre hasta el núcleo del universo holográfico. Como tal, la molécula del ADN es en realidad un transductor o sensor de luz. Cuanto más abierto esté el túnel, más luz penetrará por ella. Como un anillo o protuberancia redondeada, tanto atrae la luz hacia sí como la emana hacia fuera. Con el tiempo, se irradia tanta luz a través de ti que el túnel se viene abajo. La explosión estelar resultante, te revela tu verdadera naturaleza universal como una con toda la creación.
Este es el principal papel de las 64 Gene Claves - iluminar tu camino hacia este gloriosa floración final – la unión con tu propia Divinidad. Entonces quizá, tus ojos también resplandezcan con el fuego del puro conocedor, la profunda compasión y la libertad sin temor, mientras emerges triunfante como San Benedicto desde la cueva de tu antiguo ser.
2ª PARTE: LAS 64 GENE CLAVES – UN LIBRO QUE HABLA DE TU ADN
“Quién, qué y dondequiera que estés, si no estas continuamente trascendiendo, entonces estas muriendo. “
La 3ª Gene Clave
LA ERA DE LA SÍNTESIS
Mientras el Gran Cambio amanece gradualmente para la humanidad, mucho de lo que ahora damos por sentado en el mundo se transformará. Uno de los mayores cambios que están teniendo lugar actualmente en la esfera humana está en la función de la ciencia. Durante cientos de años, la ciencia ha estado establecida bajo el enfoque del hemisferio izquierdo del cerebro (con cualidades verbales, matemáticas y lógicas) para observar la naturaleza objetivamente y hacer suposiciones lógicas basadas en la evidencia empírica (observable por los sentidos).
Sin embargo, dado que el nuevo ser humano, Homo sanctus, ya no funcionará principalmente desde la consciencia mental, surgirá una manera completamente nueva de ver el mundo. De hecho, ya no será posible observar la vida sin ser vida. Para una mente lógica moderna, esto no es tarea fácil de comprender. Un cambio fundamental esta llegando a nuestra estructura cerebral e incluso hoy, vemos sus primeras manifestaciones. Estamos adentrándonos en la Era de la Síntesis.
La verdadera síntesis solo puede producirse cuando el hemisferio izquierdo y el derecho del cerebro humano están en equilibrio. Esto significa que un nuevo tipo de pensamiento esta emergiendo en la humanidad. Que es en realidad, un no pensar en absoluto, pero consciente. Por ejemplo, mientras lees las palabras de este libro, puede haber perspectivas dentro de ellas que simplemente sabes que son verdad desde el núcleo de tu ser.
Este tipo de conocimiento intuitivo pasa a ser más fuerte y más consistente según tu vida se convierte en más armoniosa. Lo que sucede es que estás beneficiándote de un patrón fundamental holográfico que se encuentra por todo el universo. La misma geometría que se encuentra en tus genes se encuentra también en las vastas galaxias rodantes. Mientras el Gran Cambio se mueve a través de tu ADN, se empieza a reorganizar cada aspecto de tu vida, aportándote gradualmente armonía con estos omnipresentes patrones universales.
Las 64 Gene Claves predicen esta actitud hacia la verdad, puesto que son los arquetipos centrales encontrados en cada aspecto de nuestro universo. La matriz de los 64 pedazos es integral en la física, la biología, la música, la geometría, la arquitectura, la programación informática y la mayoría de los campos de investigación y esfuerzo humanos.
Las Gene Claves forman la estructura fundamental tetraédrica (4 superficies triangulares) que sustentan la base del mismo espacio-tiempo. Por lo tanto, no es de extrañar que esté esperando ser descubierta en el núcleo de todos los sistemas naturales. Como veremos, nuestro mismo ADN, su base es esta misma geometría de 64 partes, creándonos un microcosmos holográfico del cosmos entero. Muchas de las grandes civilizaciones antiguas y tradiciones de sabiduría, incluyendo la védica, egipcia, maya y china, codificaban esta estructura matemática en su arte, cosmología y ciencia. Dondequiera que miremos, desde la estructura de nuestras células hasta el ritmo y movimiento de los cuerpos celestiales y estrellas, vemos los mismos patrones fractales, repitiéndose continuamente en cada vez más figuras y formas únicas.
EL GENE I CHING
Uno de los mejores sistemas conocidos basados en esta distribución de 64, es el I Ching– el ‘Libro de los Cambios’. Este extraordinario sistema, cuyas misteriosas raíces datan de hace miles de años, es una de las principales inspiraciones para las Gene Claves.
Generaciones de sabios y laicos han utilizado el I Ching como herramienta de predicción para ayudarles a tomar decisiones claras en armonía con la naturaleza.
Más que esto sin embargo, el I Ching proporciona un amplio mapa digital de las dinámicas de energía dentro de todos los sistemas vivos. Esto es especialmente fascinante debido a su matemática similitud con el código genético. Muchos científicos, y místicos han comenzado a investigar esta impresionante relación entre el ADN y el I Ching. Sin entrar en una charla difícil sobre el tema, aquí tienes una versión sencilla de la relación entre el I Ching y el código genético.
Tu ADN está formado por dos hebras de nucleótidos, siendo una hebra un perfecto reflejo de la otra. Este patrón binario es también la base del ‘Yin’ y ‘Yang’ del I Ching. Tu código genético esta formado también de 4 ‘bases’, que están organizadas en grupos de 3. Cada uno de estas agrupaciones químicas corresponde a un aminoácido y forma lo que se conoce como un ‘codón’. Hay 64 de estos codones en tu código genético.
Del mismo modo, en el I Ching hay solo 4 permutaciones del yin y yang, que también están organizadas en grupos de 3, conocidos como ‘trigramas’. De la misma forma que las dos hebras del ADN se reflejan una con la otra, cada trigrama tiene un compañero. Y conjuntamente, estos dos símbolos crean el ‘hexagrama’; la base del I Ching. Al igual que hay 64 codones en el ADN, hay 64 hexagramas en el I Ching.
Esta exacta correlación matemática entre el I Ching y el código genético, nos permite crear un nuevo lenguaje global que resuena dentro de las células vivas del cuerpo. De hecho, las 64 Gene Claves son un Gene I Ching – un libro que le habla directamente a tu ADN.
UNA DESCARGA GENETICA DE LIBERTAD
Ahora que hemos cubierto algo de la información de fondo sobre las Gene Claves, podemos empezar a mirar cómo trabajan realmente. Me gustaría invitarte a enfocar las Gene Claves de una forma completamente original. En primer lugar, me gustaría que abandonaras todas las pautas normales que has aprendido para leer un libro. Este no es un libro normal. Es una descarga genética específicamente diseñada para penetrar en los elementos fundamentales de tu realidad cotidiana – tu ADN.
En segundo lugar, mientras entras en este proceso de asimilar las Gene Claves, me gustaría que comenzaras a imaginar a qué se parecería tu vida en tus sueños más salvajes. No importan tanto los detalles específicos que tu mente fabrique. Lo importante es que recuperes en tu interior una sensación de libertad interna.
El proceso de las Gene Claves trata de que te concedas libertad a ti mismo, y esta libertad comienza en tu imaginación. Tienes que exponerte a las posibilidades más elevadas de tu propia naturaleza. Mientras este proceso avanza, probablemente esto te ponga en contacto con algunos de tus más profundos temores. La buena noticia es que ya no necesitas temer a estos miedos. Ahora sabemos que son miedos heredados de nuestros antepasados, transmitidos por el linaje del ADN en todos los seres humanos y entendemos que tenían que estar allí para nuestra supervivencia como especie. Las Gene Claves te ofrecen la oportunidad de enfrentar y erradicar cada uno de los temores que sean un obstáculo en el camino de tu libertad.
Cada día un científico de alguna parte del mundo descubre algo nuevo y sorprendente sobre el ADN. La genética es una de las fronteras más atractivas y novedosas en toda la ciencia. Aun así, algunos de los mayores conocimientos científicos en este campo están situados muy por delante de nuestro futuro. Pero no tienes que esperar a que la ciencia le demuestre algo a tu mente. Tu ya tienes acceso directo al laboratorio de tu ADN solo porque estas vivo. Descubrirás que tu ADN está esperando a que introduzcas el código correcto, y una vez que haya recibido tus instrucciones, ejecutará el nuevo programa y modelará un nuevo cuerpo, una nueva vida y una nueva realidad. La evidencia se encuentra dentro de ti. Hagamos una pequeña excursión por tu laboratorio y echemos un vistazo a algunos de los mecanismos que la naturaleza te ha dado. Tómate un momento para mirar la palma de tu vano y observar tu propia piel. Está compuesta por millones de diminutas células cutáneas. Echemos un vistazo dentro de una de esas células.
Los elementos básicos de una célula tienen 3 partes – hay una membrana exterior, una capa media (Citoplasma) que contiene los engranajes operativos de la célula, y un núcleo que contiene el ADN celular y sus instrucciones.
Tú tienes alrededor de 60 trillones de estas células en tu cuerpo, todas con diferentes funciones. Pero lo más importante, cada célula en tu cuerpo justo ahora, esta haciendo dos cosas esenciales:
“Está escuchando, y está respondiendo.”
Cada célula está escuchando el entorno a través de sus innumerables antenas moleculares incrustadas en la membrana celular. Esta ‘piel celular’ interpreta las señales ambientales y transmite las correspondientes instrucciones al ADN del núcleo de la célula. El ADN entonces responde activando la maquinaria necesaria dentro de la célula. Es un poco como el capitán de un barco a vapor transmitiendo información de sus vigías hasta la sala de máquinas.
Si los observadores divisan un obstáculo, ellos alertan al capitán y él ordena a los trabajadores de la sala de máquinas abrir o cerrar los hornos que impulsan las turbinas o cambiar la velocidad de los piñones que hacen funcionar el propulsor. En tu cuerpo es lo mismo: los parámetros moleculares de tus células, le dicen al ADN qué genes activar y qué genes desactivar. Este proceso continúa en todos los 60 trillones de células todo el tiempo, día y noche, mientras vivas. Y tú estás diseñado para desbloquear la energía molecular almacenada dentro de tu cuerpo.
Ahora echemos un vistazo dentro de la sala de máquinas – el núcleo de la célula:
Aquí podemos ver la doble forma espiral del ADN. De lo que la mayoría de la gente no se da cuenta es que como una salina, el ADN es un conductor natural de electricidad.
Es extremadamente sensible a las ondas electromagnéticas. Incluso un ligero cambio en tu estado de ánimo, creará suficiente señal ambiental para desencadenar una respuesta de tu ADN.
Del mismo modo un pensamiento negativo o positivo generará una sutil corriente electromagnética por todo tu cuerpo que provocará en tu ADN algún tipo de respuesta biológica. La mayoría de nosotros somos inconscientes de cómo nuestros estados de ánimo, pensamientos, creencias y actitud general se plasman literalmente en nuestro cuerpo.
Debido a la elevada sensibilidad de tu ADN, todo en tu vida, desde la comida que comes hasta las personas con las que vives, esta co-creando tu cuerpo, y mediante tu actitud se determina la naturaleza de las señales electromagnéticas que alcanzan tu ADN.
Por ejemplo, si estas teniendo un mal día y te encuentras en un estado de ánimo negativo, esta actitud generará un impulso de baja frecuencia por todo tu cuerpo. Tu ADN responderá a esto inhabilitando ciertos pasos hormonales en tu cerebro, y te sentirás triste, deprimido o frustrado. Por otra parte, si estas teniendo un mal día y eres capaz de salir de tu modo de pensar negativo y reírte de ti mismo, una señal eléctrica de alta frecuencia alcanzará tu ADN y te sentirás más ligero y más alegre. Tu ADN responderá activando ciertas señales hormonales que te llevarán a que tu sensación del día sea mucho más satisfactoria.
El proceso de programar tu ADN a través de la actitud es la base del bien conocido efecto placebo y es también la base de una importante rama nueva de la genética conocida como epigenética. La epigenética es el estudio de cómo el entorno afecta a tus genes. Este nuevo y excitante área de la biología es mucho más global en realidad que los viejos modelos que todos aprendimos en la escuela. Con la epigenética, podemos ampliar la idea de impacto ambiental al mundo electromagnético de la física cuántica, y es entonces cuando podemos incluir también la actitud humana.
En un nivel cuántico, tu entorno es tu actitud. Lo que esto significa es que no puedes ser una víctima de tu ADN. Tampoco puedes ser una víctima del destino o suerte. Tu solo puedes ser una víctima de tu actitud. Cada pensamiento, cada sentimiento que tienes, cada palabra que pronuncias y cada acción que tomas, programa directamente tus genes y por lo tanto, tu realidad. Por consiguiente en un nivel cuántico, tú creas el ambiente que programa tus genes.
En la siguiente sección, aprenderemos más sobre cómo funciona esto y sobre cómo puedes crear el entorno óptimo para liberar el potencial más elevado en tu ADN. Este es el gran secreto que poseen las Gene Claves – el secreto de la libertad. Cuando lo descubras por ti mismo, tu vida se transformara ante tus propios ojos.
3ª PARTE: EL LENGUAJE DE LA LUZ
En la mente del principiante hay infinidad de posibilidades. En la del experto hay pocas posibilidades.
Suzuki
EL ANTIGUO ARTE DE LA CONTEMPLACIÓN
Si tuviera que decir en una sola línea lo que son las Gene Claves, diría que son un lenguaje universal constituido por 64 arquetipos genéticos. Si tuviera que decir lo que hacen las Gene Claves, diría que te permiten re-visualizarte completamente y volver a crear tu vida en un nivel limitado solo por tu propia imaginación.
Las Gene Claves son también una transmisión. En el Budismo existe una maravillosa palabra conocida como ‘dharma’. Es una es esas palabras fecundadas con muchas dimensiones de significado. Apunta hacia la existencia de una verdad más elevada o ley universal que se extiende por el universo.
Puesto que el entendimiento del dharma esta más allá de las palabras, su transmisión solo puede ser recibida a través del silencio y la absorción meditativa. Las Gene Claves son solo una transmisión. Como arquetipos, cada uno de ellos contiene un aspecto fractal de la misma Verdad universal. Como arquetipos genéticos te permiten identificar esa profunda Verdad dentro de cada célula de tu cuerpo.
Esto nos lleva a un punto importante que debes conocer antes de adentrarte en el área viva del dharma de las Gene Claves. Puesto que las Gene Claves son una transmisión más allá de las palabras, no entregarán sus secretos a una mente intelectual codiciosa. Cuanto más las persigas con tu mente, más frustrado podrás llegar a estar.
Como arquetipos, las Gene Claves están diseñadas para ser contempladas, y la contemplación requiere relajación y paciencia. La contemplación es uno de los mayores y menos entendidos de las antiguas artes y caminos místicos.
LOS TRES SENDEROS CLÁSICOS PARA LA VERDAD
Hay tres clásicas rutas que conducen hacia la conciencia más elevada; son la meditación, la concentración y la contemplación. Aunque cada ruta sea marcadamente diferente, todas ellas conducen al mismo objetivo final – la absorción, sobre la cual hablaremos más posteriormente.
La meditación es el gran arte pasivo en el que todas las formas, pensamientos y sensaciones se presencian como son. Con el tiempo, esta observación continua cede el paso, surgiendo la gran claridad interior, que culmina en una clara perspectiva de la naturaleza de la realidad. La meditación está arraigada en el hemisferio derecho del cerebro.
La concentración, por otro lado, es la ruta del esfuerzo. Gracias a la concentración, te esfuerzas con tu corazón, mente y alma para volver a unir tu ser interior con tu verdadera naturaleza superior.
La mayoría de los sistemas místicos y todos los tipos de yoga están basados en la vía de la concentración. La concentración está arraigada en el hemisferio izquierdo del cerebro. Mediante un proceso gradual de continua corrección, este sendero también llega a una perspectiva clara de la naturaleza de la realidad.
Justo en medio de estos dos senderos está la contemplación. La contemplación utiliza aspectos tanto de la meditación como de la concentración. Está arraigada en el cuerpo calloso, esa parte del cerebro que une ambos hemisferios, el izquierdo y el derecho.
La contemplación implica una especie de digestión celular. Tú asumes el objeto de tu contemplación y concentras tu ser entero en él, pero sin ningún esfuerzo o tensión. En cierto sentido, tratas con ella con tu mente, tus sentimientos y tu intuición.
Es como si estuvieras sujetando una caja de terciopelo con un anillo de diamantes en tus manos y continuamente recorrieras tus dedos delicadamente sobre ella, disfrutando de la sensación y el misterio de no saber lo que hay dentro. Entonces, en algún momento, tus dedos repentina e inesperadamente, descubren la diminuta pieza oculta incrustada en los profundos pliegues de terciopelo. De repente la caja se abre y el tesoro es revelado.
Así es como las Gene Claves están mejor orientadas – en un espíritu de profunda relajación. La verdadera inteligencia se activa a través de la paciencia y la ternura del corazón, y solo posteriormente es confirmada por la mente. Aquí necesitas ser un amante del misterio con mente de principiante, en vez de llegar como el experto decidido a resolver un enigma.
EL ESPECTRO DE LA CONCIENCIA – UN NEUROALFABETO LINGUISTICO
Al adentrarte en las Gene Claves, estas introduciéndote en un mundo de palabras. Las palabras en sí, son simplemente indicadores y códigos que te invitan a penetrar en un estado que se encuentra más allá de las palabras.
Todas las palabras resuenan dentro de las inflexiones de tu cuerpo. Llevan frecuencias hacia el interior y el exterior de tu ser. Si por ejemplo tomas la palabra ‘conflicto’ y dejas que resuene silenciosamente dentro de tu mente, crea un pulso electromagnético que se escucha por todo tu cuerpo. Si luego imaginas la sensación que esta palabra te trae, envías una señal incluso más poderosa al hueco interno de tu fisiología. Recuerda, tu ADN es tan sensible que oye todo y responde en consecuencia.
Al final de este libro encontrarás una tabla de palabras conocida como el “Espectro de la Conciencia”. Estos son los códigos de palabra específicos que se identifican con las 64 Gene Claves. Aprenderás que cada Gene Clave abarca este espectro y se divide en tres niveles de frecuencias conocidas como la Sombra (oscuridad), el Don (talento, facultad) y el Siddhi (virtud, realización).
El Espectro de Conciencia es tu lenguaje personal de programación genética. Es en realidad un alfabeto neuro-lingüístico, lo cual quiere decir que mientras pongas en práctica estas palabras y sus significados en tu propia vida, desprogramarán y reprogramarán tus genes con señales de alta frecuencia.
El objetivo de las Gene Claves es primero desprogramar tu ADN de todos sus patrones de baja frecuencia (las Sombras), después reprogramar tus células con patrones de frecuencia superior de tu talento natural (los Dones y los Siddhis).
Para aclararnos, resumamos todo lo que hemos aprendido hasta el momento antes de movernos en el lenguaje del Espectro de la Conciencia y aprendamos cómo activar las Gene Claves en sí.
Has visto cómo tus genes guardan los patrones de tu naturaleza, mientras es el entorno el que determina cómo se activan a través de la membrana celular. También sabes que el concepto de ambiente debe ser ampliado para incluir tus pensamientos /sentimientos/palabras, todo lo cual genera señales sutiles electromagnéticas que tienen un profundo efecto sobre tu ADN. Ya has sido introducido en las Gene Claves, un lenguaje sumamente específico cuyo propósito es comunicarse directamente con tus genes para adaptar su funcionamiento y producir una transformación en todo tu ser. Por último has aprendido que la principal manera de trabajar con las Gene Claves es a través del arte de la contemplación, un desenfadado pero sostenido método de absorber las verdades que ellas contienen.
CERRADURAS, LLAVES Y CÓDIGOS – EL TRAYECTO DESDE LA SOMBRA HASTA EL SIDDHI
LAS 64 SOMBRAS – TU PASO POR EL INFRAMUNDO
A medida que empieces a entrar en este nuevo lenguaje de las Gene Claves, estarás moviéndote por un mundo de vibraciones. Toda vida es simplemente vibración, y como hemos visto, tu ADN crea la vida sobre la base de la frecuencia de vibración que recibe.
El miedo genera un campo de energía de baja frecuencia, mientras que el amor genera un campo de energía de alta frecuencia. Diferentes gamas de frecuencia activan diferentes códigos dentro de tu ADN. Por ejemplo, tu cuerpo contiene un código que cuando se desbloquea, manifestará un sentimiento de calma tan profundo que silenciará los pensamientos que pasen por tu mente. Sin embargo, tus genes solo pueden crear este estado cuando envías una energía de frecuencia sumamente elevada a tus células. Por esta razón, tales estados superiores se califican como ‘ocultos’ en tu ADN. Están ocultos por las frecuencias inferiores, conocidas como las frecuencias de la Sombra.
Las 64 frecuencias de la Sombra, son estados de conciencia que muchas personas consideran ‘normales’ en el ser humano. En algunos casos, incluso escuchamos que estos atributos son saludables, cosa que no es el caso. Estas frecuencias forman un campo de energía colectivo generado por antiguas memorias genéticas del periodo en el que formábamos parte del reino animal. El foco principal de las 64 Sombras es la supervivencia individual basada en el miedo, y como tal ellas estimulan las partes más antiguas del cerebro, vinculada a tu fisiología.
A pesar de la evolución del cerebro humano durante miles de años, la conciencia de grupo de la humanidad está todavía influenciada por estos antiguos códigos basados en el temor. No importa lo positivo que intentes ser en la vida, si no llegas a ser consciente de los patrones de frecuencia de tu propia Sombra – tu presunto ‘lado oscuro’ – nunca serás capaz de liberar las frecuencias superiores.
Este es el verdadero trabajo de las Gene Claves – proporcionarte un lenguaje interno que te permita encarar los miedos inconscientes presentes dentro de ti. Solo por haber nacido, has heredado algunas de las memorias y miedos de tus antepasados, que realmente no tienen sentido en esta época de tu vida. Vienen de la reserva colectiva de genes humanos. Cuando trabajas con la Sombra de las Gene Claves, estás trabajando con verdaderos temores fisiológicos alojados profundamente en tu inconsciente, así como en el inconsciente colectivo.
Cuando la contemplación de las frecuencias de la Sombra remueve estos antiguos códigos en tu ADN, comienzas a ver cuánto de tu vida y del mundo que te rodea está gobernado por estas frecuencias arraigadas en el miedo. Tomando conciencia de estos aspectos ocultos de tu inconsciente, poco a poco y efectivamente, los desactivarás.
EL AUTÉNTICO TÚ
En cuanto a las 64 Sombras, también notarás que cada una funciona, bien mediante una expresión reprimida o bien mediante una expresión reactiva. Dependiendo de tu carácter, tu cultura y la naturaleza de tu condicionamiento en la niñez, es más probable que actúes bajo uno más que bajo el otro de estos patrones energéticos.
La naturaleza reprimida se manifiesta como un patrón psicológico más introvertido arraigado en el miedo, mientras que la naturaleza reactiva es más extrovertida y se manifiesta como ira, que es en realidad miedo orientado hacia el exterior. Es también común para muchos seres humanos moverse y balancearse entre ambos polos, por lo que es importante considerar ambos polos.
Mientras lees y contemplas las Gene Claves y particularmente sus Sombras, recuerda que el principio básico de este recorrido es llegar a ser auténtico. Cuando conoces y comprendes tus propias Sombras, te conviertes en un ser humano auténtico – uno cuya frecuencia evoluciona automáticamente hacia niveles más y más altos a través del poder de la auto-aceptación.
El comienzo de tu viaje por las Gene Claves puede ser un tiempo sumamente desafiante, cuando las claves liberen los mismos códigos que has estado evitando durante tanto tiempo.
Es realmente una revelación darte cuenta de que te has apartado de las frecuencias superiores porque estas atrapado en estos patrones de Sombra reprimidos y reactivos. Pero te puedes fortalecer con cada entendimiento y logro que venga a tu camino.
Cada vez que haces un salto, la frecuencia de tu ADN salta contigo. Este proceso interno lleva tiempo y requiere tanta paciencia como coraje, pero cuando perseveras con este proceso, comienzas a experimentar las frecuencias superiores palpitando por tu sangre. Este es un indescriptible don, porque significa el renacimiento del verdadero tu – el autentico tú.
LOS 64 DONES. LA APERTURA DE TU CORAZÓN
Cada Sombra contiene un Don. Este es el corazón de la transmisión de las Gene Claves. Es una de las asombrosas peculiaridades tejidas en la historia humana. La base de todos nuestros mitos, fábulas, novelas, películas e historias es que nuestro sufrimiento contiene la semilla de nuestra probable trascendencia. Cuando aceptas y abrazas tus Sombras, repentinamente ellas revelan su verdadera naturaleza y un nuevo impulso creativo se libera a través de ti. Dentro de tu ADN tiene lugar una sutil pero potente mutación.
En genética, una mutación indica un cambio en la manera en que el código genético es copiado dentro de la célula, lo cual conduce a un cambio en la manera en que se forman las proteínas, que a su vez conduce a un cambio en tu bioquímica.
Cuando tus Sombras revelan sus Dones ocultos, el conjunto del ritmo de tu vida cambia. La química de tu sangre cambia, tus biorritmos cambian, tu estado de anímico se estabiliza, tus patrones de comida cambian y tu actitud general hacia la vida se convierte en estimulante y optimista. Todos estos cambios suceden naturalmente y en su propio momento, mientras tú continúas contemplando las Gene Claves. Una vez que has comenzado el proceso de transformar tus Sombras, la perspectiva que tienes de ti mismo y tu sistema de creencias, sufre un salto grande.
Cuando empiezas a vivir cada vez más en las frecuencias del Don, incluso te encuentras abriéndote a la posibilidad de alcanzar los estados más elevados conocidos como los 64 Siddhis. Las frecuencias más grandes de tu ADN, lo más sensible a lo que llegan a ser los campos de energía que te rodean. Esto puede ser un desafío para ti, puesto que gran parte del mundo funciona en las frecuencias de la Sombra. Sin embargo, la naturaleza de la frecuencia del Don es abrir tu corazón, especialmente de las Sombras. Una vez que conoces las Sombras de tu interior, la evolución comenzará a utilizarte para elevar la frecuencia de los demás, lo cual te involucrará en alguna forma de servicio.
DESPERTANDO LA ENERGÍA DE TU AURA
El cuerpo humano emite una serie de sutiles sintonías de energía bio-eléctrica, que tomadas juntas, forman un poderoso campo electromagnético conocido como el aura. Más de un centenar de culturas diferentes han dado nombres a este fenómeno, así que no es en absoluto una revelación nueva. Lo que es nuevo es la comprensión de que el papel principal de las moléculas del ADN en el cuerpo (incluso antes de la síntesis de las proteínas usando el ADN y el ácido ribonucleico) es, la recepción y la transmisión electromagnética. Convirtiendo la frecuencia en química, tu ADN genera la vitalidad y calidad global en tu aura. Y según cómo evoluciona la frecuencia del Don en tu vida, así evoluciona tu aura, que está directamente vinculada con la salud y con la capacidad de generar y transmitir ondas de luz en tu entorno.
Dentro de tu cuerpo, las frecuencias superiores abren tu corazón y te inundan con intermitentes arrebatos de amor e incluso éxtasis. Tales olas llegan directamente a los campos áuricos de los demás, donde pueden desbloquear pasos previamente bloqueados y darte acceso a poderosas energías curativas.
En los últimos años, el aura humano ha sido comparado con un campo atractor. A través de su frecuencia, atrae frecuencias similares hacia sí, lo cual es el principio básico de toda relación de atracción. Más que esto, cuando tu aura se expande, comienza a aportarte una armonía más profunda con los grandes ritmos del cosmos, y esto a su vez, produce potentes manifestaciones en tu vida.
Tu aura interconecta la energía con la sincronicidad, la ley universal de la buena suerte. Esto atrae prosperidad a tu vida en todos los niveles. Te une con tus verdaderos aliados en la vida mediante la resonancia natural con el creciente campo de energía. Cada uno de los 64 Dones desbloquea una particular genialidad que luego encuentra expresión a través del esplendor de tu aura.
LOS 64 SIDDHIS – UNA ENCICLOPEDIA DE ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
Cuando tu contemplación de las Gene Claves continúa profundizando y activando los Dones en tu vida, tu frecuencia poco a poco llega a ser más alta y más refinada. En cierto punto de este proceso, la contemplación, espontáneamente da paso a la absorción. La absorción es un estado de conciencia, de alta frecuencia, en el que el ADN comienza a activar tu sistema endocrino para segregar ciertas hormonas poco densas de manera continua. Estas hormonas, que incluyen a la pinolina, harmina y melatonina, están asociadas a un mejor funcionamiento del cerebro e involucran estados de iluminación espiritual y trascendencia. La absorción solo puede ocurrir cuando tu aura esta generando una frecuencia lo suficientemente alta para alimentarse continuamente de su propio campo electromagnético. En esta etapa, ya no es posible volver a frecuencias inferiores más que por cortos periodos de tiempo.
Tanto la frecuencia del Don como la frecuencia del Siddhi implican avances espectaculares en la conciencia. La conciencia grupal de la humanidad esta preparada para emprender la transición de la frecuencia de la Sombra hacia una recién estabilizada conciencia en la frecuencia del Don. Esto es lo que catalizará una mutación genética global.
Al mismo tiempo, hay otro grupo de seres humanos más reducido, (la ‘Sinarquía’) preparada para hacer la transición desde la frecuencia del Don a la frecuencia del Siddhi. La palabra ‘siddhi’ viene del sánscrito y su significado es ‘don divino’. Existen muchos conocimientos antiguos que tratan de los siddhis (hay incluso una tradición establecida que afirma que hay sesenta y cuatro). En el contexto de las Gene Claves, los 64 Siddhis son las expresiones biológicas del último estado humano de iluminación. Son literalmente, una enciclopedia de las muchas manifestaciones de la realización espiritual.
TU ADN ES UN SUPERCONDUCTOR
Antes de que el ser humano realice el enorme salto a los reinos poco densos y sin palabras de los Siddhis, deben suceder algunos fenómenos inusuales. Una gran cantidad de tu ADN (alrededor del 90%) parece para los especialistas en genética no servir en absoluto para nada. En consecuencia, se ha ganado el poco atractivo nombre de ‘ADN de desecho “. Este es un enorme error de interpretación del verdadero papel de este tipo de ADN.
Es el ADN de desecho el que posee los patrones íntegros de la memoria colectiva del pasado – no solo tu pasado como humano, sino también tu remoto pasado como animal, reptil e incluso yendo aún más atrás, planta y bacteria. Antes de que puedas alcanzar un estado siddhico, toda esta memoria genética tiene que ser limpiada de tu ADN. Esto significa que mientras tu frecuencia va siendo cada vez más alta, tienes que procesar cada vez más profundamente los patrones de la Sombra que llegan desde nuestro pasado colectivo ancestral. En la tradición yóguica de la India es conocida está memoria genética, como los ‘sanskaras’ (impresiones fijadas en la mente inconsciente por la experiencia en esta o en otras vidas, que colorean el resto de la vida, la naturaleza de uno mismo, o las respuestas y estados de la mente.), y estas antiguas frecuencias de la Sombra son literalmente recogidas alrededor del ADN. Lo único que puede desacoplarlas es la misma luz.
La investigación sobre el ADN ha demostrado que una de sus más inusuales propiedades electromagnéticas es su capacidad de atraer fotones (partículas de luz elementales), empujándoles a movimientos en espiral a lo largo de la doble hélice. Es esta capacidad del ADN de tejer luz alrededor de sí, la que revela su verdadero papel oculto dentro de tu cuerpo – actuar como un superconductor, cuyo propósito es aumentar exponencialmente la frecuencia que pasa dentro y fuera de tu cuerpo. Esto a su vez conduce a una transmutación de la fábrica de tu ser.
Este fenómeno tan raro se conoce teóricamente como ‘explosión de transposiciones’ e implica el repentino y sincronizado movimiento de miles de elementos del ADN dentro de tu cuerpo a nuevas y diferentes localizaciones genéticas. Lo que significa el nacimiento de un tipo de ser humano completamente nuevo – homo sanctus – el hombre sagrado.
Cuando reflexiones sobre este movimiento desde la Sombra hasta el Siddhi, quizá puedas ver el impresionante viaje evolutivo que las Gene Claves representan. Son el lenguaje original de la luz interna, y aunque tejido de palabras, esas palabras realmente no son más que las frecuencias de la luz en sí.
Las Gene Claves simplemente son los mensajeros que envías a la estructura viva del ADN, y su papel es enseñar al ADN a forjar un cuerpo superior equipado para manejar una vida más alegre. Incluso los miedos más profundos en tu cuerpo no son más que patrones de baja frecuencia que oscurecen la pura y radiante luz que se encuentra en el corazón de tu ADN.
El viaje a través de la Gene Claves es una gran aventura en la última frontera del espacio interior. Se les pide a los espíritus guerreros de tu interior, encarar los demonios personales y colectivos que se esconden dentro del ADN celular. Armados con el arte de la contemplación enfocada y una saludable dosis de paciencia y valentía, lograrás los niveles más elevados del potencial humano. Recuerda que este no es un recorrido complicado. Tu mente puede intentar y hacerlo complicado, pero en realidad es tan natural como respirar. Tu contemplación de las Gene Claves puede continuar mientras te ocupas de tu vida cotidiana – trabajando, limpiando los platos, cuidando de los niños, en relajación, durmiendo e incluso soñando. El patrón de tus Gene Claves se manifestará automáticamente, así que todo lo que tienes que hacer es escuchar y aprender. La vida que se materializa ante ti, es el espejo de lo que esta ocurriendo dentro de tu ADN. Si lo contemplas, aparecerá como por arte de magia, justo ante tus ojos.
HERRAMIENTAS DE NAVEGACIÓN
Antes de comenzar cualquier viaje hacia territorio desconocido, siempre es buena idea, prepararse. El lenguaje que encontrarás en las Gene Claves utiliza términos específicos extraídos de una amplia variedad de campos. Mientras te mueves por este laberinto de nuevas ideas, conceptos y sentimientos, puede que necesites ajustarte a esta nueva terminología. Por esta razón, este libro está diseñado para interconectarse con la Biblioteca viva de las Gene Claves, nuestro recurso online, que te permite explorar las Gene Claves y toda su terminología relacionada en mucha más profundidad.
Cuando examines cada Gene Clave, notarás que está relacionada con algún aspecto de tu fisiología, con un aminoácido, y que es parte de una familia genética llamada ‘Círculo de Codón’ y tiene un ‘compañero de programación’.
Cada uno de estos aspectos es un portal para una contemplación más avanzada, y en la Biblioteca Viva online, encontrarás un campo siempre creciente de información y recursos como el Glosario de fortalecimiento personal – una guía de los términos y conceptos principales en las Gene Claves, y que describe su aplicación práctica así como sus significados.
COMPAÑERO DE PROGRAMACIÓN
Uno de los mayores entendimientos en las Gene Claves viene de la estrecha comprensión de la conexión de las Sombras, los Dones y los Siddhis.
Cuando los antiguos sabios desarrollaron el I Ching, el ‘Libro de los Cambios’, descubrieron muchas maneras diferentes de adaptar y amplificar su revelación. Se produjo un importante avance cuando los 64 arquetipos, conocidos como hexagramas, fueron ordenados en un círculo en vez de ser vistos como una secuencia lineal del 1 al 64.
Esta distribución circular de las Gene Claves te permite ver el funcionamiento de cada Gene Clave como la mitad de una programación binaria. Cuando contemplas las Gene Claves junto a sus compañeros de programación, puedes ver cómo estos apareamientos genéticos crean bucles de bioretroalimentación dentro de tu cuerpo, mente y emociones, ya sea bloqueando o liberando las frecuencias superiores.
LOS 21 CÍRCULOS DE CODÓN
En genética, el papel de los genes en tus células es sintetizar y mezclar varios aminoácidos para fabricar proteínas, que son los elementos fundamentales de tu vida.
Los principales aminoácidos están agrupados en familias genéticas, conocidas en este libro como los 21 Círculos de Codón.
Cada uno de estos Círculos de Codón tiene un nombre específico y actúan como cuerpos de programación colectivos dentro del cuerpo de la propia humanidad. Mucha de nuestra mitología humana emergió de estas agrupaciones químicas, y cada círculo contiene grandes misterios. Tienen conexiones directas con muchos de los alfabetos sagrados, como el alfabeto Hebreo, así como una relación con el rico simbolismo del tarot. Su más profundo significado se encuentra fuera del dominio de este libro, pero mientras consideras las Gene Claves a través de estos Círculos de Codón, puedes también desbloquear sus secretos desde dentro de tu propio ADN. Después de todo, este es tu viaje y lo dejo en tus manos, aprovecharlo.
4ª PARTE: ANGULOS DE ENFOQUE DE LAS GENE CLAVES
ANDANDO TU PROPIA TRAYECTORIA
Hay una maravillosa expresión de San Agustín, ‘solvitur ambulando’, que significa ‘caminando se soluciona’. Puedes tomar esto como el credo de las Gene Claves. Cualquier pregunta que tengas sobre cualquier aspecto de tu vida, la Gene Clave te señalará el camino hacia una respuesta, simplemente porque señalan el camino hacia dentro, que es donde encontrarás las respuestas. Todo lo que tienes que hacer es seguir caminando, continuando tu búsqueda.
El original I Ching, es un oráculo con la capacidad de orientar cualquier decisión que tomes en la vida. Las Gene Claves conducen más allá, orientándote en el I Ching vivo de tus genes. Una vez que este libro ha hecho su trabajo, no tendrás que buscar la verdad fuera de ti mismo.
En esta introducción, este libro te ha sido representado como un viaje – una aventura dentro de un gran misterio – el misterio de quién eres y por qué estás aquí. Como verás, hay diferentes trayectorias que puedes tomar dentro de las Gene Claves.
Así como este libro, hay multitud de diferentes herramientas y sistemas que utilizan las Gene Claves en innumerables modos diferentes. En lugar de sentirte agobiado por todos estos caminos diferentes, te animo a que vayas al paso y encuentres la manera que sientas más cómodo para ti. Como puedes darte cuenta, las Gene Claves son una transmisión viva en lugar de otro sistema de información más. Por lo tanto, solo entregarán sus secretos en una actitud relajada y contemplativa. La calidad de los primeros pasos que tomes, determina la forma del viaje a recorrer. Así que ten por sabido, que eres bienvenido aquí. Hay de sobra tiempo para que explores las Gene Claves en cualquier nivel que desees.
ANALÓGICO Y DIGITAL
A nivel más amplio, hay dos maneras en que puedes acercarte a las Gene Claves – el camino analógico, que abraza la perspectiva holística, y el camino digital, que se sumerge en el detalle y las partes. La vida se compone de ambos, y es beneficioso mantener un saludable equilibrio entre los dos. Como hemos visto, nuestro propio ADN es un código digital binario determinado por patrones y secuencias que pueden ser interpretadas de un modo lógico binario. El camino analógico es diferente. Es misterioso, espontáneo e intuitivo. Las frecuencias superiores solo pueden ser desbloqueadas de manera analógica, sin embargo, la manera digital es como cimentamos esas frecuencias y experiencias dentro de nuestra comprensión mental. Es la combinación de ambos, analógica y digital, que resulta de la contemplación – la principal vía en las Gene Claves.
SECUENCIAS ANALÓGICAS – PERMITIENDO QUE LA MAGIA SUCEDA
A la luz de lo anterior, estás invitado a crear tu propia trayectoria analógica dentro de las Gene Claves, mientras tu entendimiento intelectual transita por debajo. Tu genialidad natural solo puede florecer a través de tu corazón. El intelecto puede ser el gran enemigo de tu genialidad. Sin embargo, cuando permites que las Gene Claves hablen dentro de tu corazón, tu intelecto encuentra su lugar natural, sirviendo a tu corazón en lugar de intentar conducirlo. Por lo tanto, te recomiendo que viajes a través de las Gene Claves de una forma no secuencial, puesto que esto distraerá a tu intelecto y desbloqueará tus propios pasos y trayectos únicos a través de la matriz. Este es el tipo de libro que necesita ser abierto al azar en diferentes páginas, en momentos diferentes; es decir, en el espíritu de la magia del I Ching original.
Jugando en el campo de las Gene Claves de esta manera analógica, aprenderás el verdadero misterio de las secuencias. Tendemos a ver las secuencias como digitales (por ej., desde el uno hasta el diez), pero dentro de tu ADN hay secuencias geométricas que no siguen un patrón lógico. Quizá en tu viaje por las Gene Claves vuelvas a una Gene Clave específica una y otra vez hasta que aprendas esa lección.
Tal vez ciertas Gene Claves se mantengan contenidas hasta que estés listo para activarlas dentro de ti. Déjate sumergirte y bucear a través del texto y encuentra tu propia secuencia única.
Recuerda que tu viaje a través de las Gene Claves también está teniendo lugar en tu bioquímica. Cada Gene Clave está vinculado a través del ADN directamente a tu sistema endocrino, que influye en tu cuerpo físico, desde tu patrón de respiración hasta tu ritmo cardíaco. Sin duda, habrá momentos en tu proceso en que la luz dentro de tu ADN parece muy oscura y lejana. Tu actitud en tales momentos es de suma importancia. Puedes haber llegado a un momento decisivo en tu propia secuencia, y debas respetar los sentimientos que están dentro de ti. Tu secuencia no puede estar equivocada.
Comprende que tu ADN esta lanzando un patrón de Sombra, de modo que puedas borrarlo de tu memoria genética para siempre. En la secuencia de cada persona, hay altibajos que conducen a revelaciones, percepciones y avances. Cada revelación que tienes con este libro te cambia. Cada avance provoca que tu ADN mute a una frecuencia superior, que a su vez te hace sentir y comportarte de manera diferente a la de antes. Lo verdaderamente mágico cobra vida cuando la secuencia interna se refleja en tu vida exterior. Tu campo de atracción cambia y tiene lugar una nueva secuencia exterior de acontecimientos mientras el cosmos comienza a trabajar para ti en lugar de contra ti.
Después de todo, tu ADN es un almacén de milagros esperando a ser utilizados. Date permiso para soltar todas las pautas que puedas tener para leer el libro. Deja que las páginas vuelen y disfruta del flujo de la magia analógica mientras desbloquea esos milagros.
SECUENCIAS DIGITALES – ENTRANDO EN EL HOLOGRAMA
Una vez que te hayas impregnado del espíritu y la magia del camino analógico, empezará tu viaje con las Gene Claves. Por lo tanto, puedes zambullirte dentro de la Disneylandia digital. Como se ha dicho en la introducción, nuestros actuales conocimientos científicos del universo están cambiando rápida y radicalmente, y la imagen que está surgiendo es parecida a una catástrofe mental.
La física cuántica nos muestra que todo lo que vemos en el universo parece reflejarse en todo lo demás en el propio universo. La propia mente, enredada como lo está con la misma materia del cosmos, ya no puede ser utilizada para el razonamiento objetivo. Estudios de la conciencia, un campo evitado por la ciencia durante generaciones, ahora se están convirtiendo en una de las áreas nuevas más fascinantes para la exploración científica.
En consecuencia, mientras tratas las Gene Claves, deberías saber en qué te estás introduciendo: Te estás adentrando en el corazón del universo holográfico y accediendo a la matriz de programación para la vida. Cada cambio de frecuencia que experimentas dentro de tu ADN, afectará a cada átomo en el universo. Según evoluciones, así evolucionan todos los seres contigo.
En el universo digital, la estructura global de la vida está subdividida en infinitos aspectos fractales. Todos estos diversos elementos, relaciones y sistemas, pueden ser desmantelados y vistos desde una perspectiva microcósmica que nos aporta la capacidad de comprendernos mejor como individuos. En otras palabras, si quieres llegar al fondo de algo, tienes que desmontarlo. Esta es la raíz del camino digital.
TU PERFIL HOLOGENÉTICO
Cada ser humano nace con una geometría sagrada única integrada profundamente dentro de su ser. Esta geometría puede ser representada a través del momento y lugar de tu nacimiento en nuestro constantemente cambiante universo. Esta misma estructura está también, holográficamente codificada en tu ADN, formando un perfil personal de patrones genéticos y secuencias digitales, cada una de los cuales tiene que ver con un aspecto diferente de tu vida.
Este es tu Perfil Hologenético, el patrón original que nos dice quién eres, cómo funcionas, y sobre todo por qué estas aquí.
Tu Perfil Hologenético, es un mapa personalizado de las diversas secuencias genéticas que despertarán diferentes aspectos de tu genialidad.
Hay secuencias que gobiernan el propósito de tu vida, tus patrones de relación, tu prosperidad, tus dinámicas familiares, tus ciclos de desarrollo como niño, tu salud y curación, y tu despertar espiritual.
Cada secuencia tiene su aplicación singular en el mundo y viene con su propio conjunto de herramientas y enseñanzas. Un ejemplo es la secuencia de relación, conocida como la Secuencia de Venus. Este sistema identifica las cuestiones mentales específicas y bloqueos emocionales que se encuentran dentro del ADN de un individuo. Tales bloqueos pueden dar pie a las dificultades comunes en las relaciones humanas y en la salud. Mediante sencillas técnicas de reconocimiento del patrón utilizando las Gene Claves, cualquier persona puede ser guiada para ver sus tendencias autodestructivas y transformarlas en patrones más beneficiosos.
La Secuencia de Venus ha demostrado tener efectos transformadores en relaciones y personas. Puedes elegir entrar en las Gene Claves a través de una de sus muchas aplicaciones, como la Secuencia de Venus, o puedes contemplar este libro en su totalidad. De cualquier forma, es importante saber que cuando elevas la frecuencia en un área de tu vida, también estarás elevándola en todos los demás.
LA BIBLIOTECA VIVA DE LAS GENE CLAVES
Como el corazón de una nueva síntesis universal, las Gene Claves son un lenguaje vivo holográfico en constante expansión. Por ejemplo, cada Gene Clave tiene una resonancia específica con una forma, elemento, animal, ave, planta, árbol, flor, mineral y estrella. Una vez que empiezas a aprender este lenguaje universal, todo lo que te rodea repentinamente te comunica algo, desde el pájaro en tu ventana hasta la joya que llevas puesta alrededor de tu cuello. Tu vida exterior esta constantemente reflejando el proceso interno que respalda. Como uno de los transmisores de las Gene Claves, mi papel es determinar el mapa estructural de la síntesis completa. Nos corresponde a cada uno encajarla y lograr que viva con nuestra genialidad de marca propia. Esto es lo que esta síntesis es realmente: una biblioteca viva que constantemente se esta actualizando y reconociendo sus propios patrones fractales infinitos.
Como una enseñanza universal, las Gene Claves están diseñadas para funcionar en la era de Internet. Como Internet continúa expandiéndose, somos capaces de ver cómo se organiza la colectividad según los principios fractales. Cada sitio Web en Internet, funciona como el núcleo de una célula, y los programas que se activan en ese sitio Web son como el ADN que le dice a esa célula qué información transmitir y qué servicios ofrecer al conjunto. Colectivamente, todas esas células forman parte de un patrón más amplio que se auto-organiza. Esta noción de los sistemas de auto-organización se encuentra en el corazón de la síntesis de las Gene Claves. Este es un concepto nuevo para muchos de nosotros – que una enseñanza esta realmente viva y puede organizarse. Las Gene Claves se ampliarán a través de tu interacción con ellas y así contribuir a la síntesis completa. Como las células de nuestro cuerpo, las Gene Claves necesitan cooperación colectiva para completar su transmisión. Este es el rol de la Biblioteca Viva – proporcionar un círculo online para que seas un co-creador de las Gene Claves en vez de ser un observador.
Encontrarás que cada Gene Clave sigue su propio laberinto de caminos a través de Internet, y puedes añadir tus propias exploraciones y revelaciones a esta evolución en conjunto. Cuando tu ADN entra en síntesis con el conjunto, la información transmitida a través de tu aura aumenta y tu servicio al conjunto llega a ser más claro, tanto para ti como para los demás.
LA SINARQUÍA – DE LA COMUNIDAD A LA COMUNIÓN
Ya hemos explorado lo que son las Gene Claves, así cómo funcionan. Espero que esta introducción te haya proporcionado un atisbo de tu potencial, y que investigues el impacto que pueden tener cuando desbloquean tu potencial. Solo me queda por revelar una última pieza del rompecabezas antes de que te adentres en este nuevo mundo interno. Se trata de para quién son las Gene Claves. Como se mencionó en la introducción, hay dos saltos grandes a tener presente en este planeta – el avance de la conciencia de la masa de la humanidad fuera de la frecuencia de la Sombra hacia la frecuencia del Don, y el salto de una comunidad global ya despierta, conocida como la ‘Sinarquía’ desde la frecuencia del Don a la frecuencia del Siddhi.
A pesar de su relativa accesibilidad, las Gene Claves en su forma más elevada, son una avanzada enseñanza específicamente diseñada para este segundo grupo, la Sinarquía. La Sinarquía son los co-creadores de la Síntesis. Son un anticipado grupo de seres humanos listos para tomar el próximo gran salto evolutivo humano hacia las frecuencias superiores de los Siddhis. Hay claves dentro de las mismas Gene Claves que describen a esta comunidad de seres humanos en más profundidad, pero en resumidas cuentas, la Sinarquía es el campo genético de aterrizaje para una encarnación de grupo de frecuencia sumamente alta. La Sinarquía apunta hacia una forma superior de inteligencia organizativa que funciona a través de los bancos genéticos de todos los humanos. Para entrar en el espíritu de la sinarquía, tienes que estar dispuesto a renunciar a tu sentido de tu ser individual por un Ser comunal superior. Este sacrificio transforma una comunidad en un estado de comunión – una sola mente y corazón que funciona y prospera a través de múltiples estados altamente diferenciados de genialidad humana.
La Sinarquía es también un independiente y auto-organizado campo, exponencialmente aumentado, de conciencia superior. Su principal papel es iniciar a la humanidad en su próxima fase de evolución. En el momento que estás preparado para abrazar tu divinidad y encontrar el coraje para verte como todo lo que puedes ser, la Sinarquía comienza a trabajar contigo, apoyando y apresurando tu evolución en un ritmo mucho más acelerado que jamás hayas conocido antes. Si tú eres tal persona, o sabes que esto es lo que tu anhelas, las Gene Claves son uno de los únicos lenguajes lo suficientemente expansivos para guiarte a través del túnel que conduce a la pura luz en el corazón de tu ser. Las Gene Claves son el lenguaje de la Sinarquía, fundamentadas en la conciencia de la Sombra mientras permanecen encaminados hacia su permanente trascendencia.
CONTEMPLACIÓN, ABSORCIÓN Y ENCARNACIÓN – LA TRAYECTORIA BÁSICA
Tu viaje en las Gene Claves empieza con la contemplación. Aunque hayas estado leyendo esta introducción, tu contemplación ha comenzado. Las innatas verdades en estas enseñanzas ya están adentrándose en el aura, donde deben dejarse propagar. El arte de la contemplación trata de la paciencia y la absorción. Si tienes una mente abierta, entonces la transmisión de las Gene Claves se moverá profundamente en tu cuerpo sensible, el cuerpo ‘astral’. Dependiendo de tu propia predisposición para recibir las frecuencias más altas, tu ADN responderá cuando la transmisión llegue a tu cuerpo físico. Para que esto ocurra, primero debe pasar por tu mente y tus sentimientos. En cualquier momento, la transmisión puede enfrentarse a un bloqueo o patrón de Sombra. En tu mente esto puede surgir como un criterio, opinión o creencia. A través de tus emociones, puede mostrarse como un recuerdo reprimido inconsciente, o un patrón estrangulador emocional como la culpa, la vergüenza o el miedo. Tales patrones de Sombra se encuentran ocultos dentro del ADN de los humanos, y la contemplación en las Gene Claves les traerá naturalmente a la luz.
Mientras viajes por las Gene Claves, mantén tus oídos internos abiertos en todo momento y escucha tus respuestas naturales, intuiciones o corazonadas y pensamientos. Cualquier cosa que te cause incomodidad es de primordial importancia y te recomiendo que le prestes tú completa atención. Este viaje en el que estás, es personal, y mientras permitas a las frecuencias más altas resonar dentro de ti, pensando en ellas, sintiendo tu camino dentro de ellas y practicándolas, encontrarán su camino en tu ADN latente.
Sabrás cuándo un patrón de alta frecuencia en tu ADN ha sido desbloqueado, porque tu cuerpo, mente y corazón lo sentirán como una ráfaga de iluminación. Tales momentos son para ser apreciados, y según tu contemplación se profundiza, vendrán más a menudo.
La absorción sucede cuando el cuerpo se abre a nivel celular para recibir los nutrientes de los planos superiores de la realidad. Requiere profunda madurez emocional y gran claridad mental. En el estado de absorción, tu aura aumenta cuando tu ADN comienza a absorber luz en las células de tu cuerpo. En esta fase, incluso tu cuerpo físico vislumbra su naturaleza más elevada y comienza a saborear los Siddhis, las manifestaciones más elevadas de tu genialidad. Cuando las células de tu cuerpo se van acostumbrando cada vez más a estas frecuencias más altas, empiezas a encarnar el corazón de la transmisión hacia las que te han estado dirigiendo las Gene Claves. Esta etapa final de encarnación es la culminación de tu contemplación. Cuando formas parte de este bello estado, descubres que ya no necesitas técnicas o herramientas.
ENCARNACIÓN – DANDO EL SALTO MÁS ALLÁ DE LA VELOCIDAD DE LA LUZ
La encarnación pone fin a todas las palabras y las explicaciones. Incluso aunque puedas utilizar palabras, ya has entrado en el lenguaje de la propia luz, representada por los 64 Siddhis. En esta etapa verás que las Gene Claves son mensajeros que transmiten información hacia el interior y exterior de la célula para que este milagro más allá de las palabras pueda ocurrir.
Cuando reconoces ser parte de la Sinarquía, tu vida y tu propósito interno, finalmente se alinean. Eres parte del grandioso despertar. Eres una molécula de ADN dentro del cuerpo de la humanidad, y estás completamente despierto.
Tu único papel es comenzar la programación de todas las células que te rodean con las nuevas frecuencias superiores. Cuando encarnes la transmisión del despertar, encontrarás tu propia voz y adaptarás tu lenguaje para los que sean atraídos a tu luminosidad. Te darás cuenta de que no es el lenguaje lo que importa – es la frecuencia del mensaje y del mensajero.
De esta forma, la Sinarquía iniciará a la humanidad en su evolución superior, y con el transcurso del tiempo, absorberá a la humanidad dentro de su mayor inteligencia colectiva. Cuando este raro y precioso acontecimiento tenga lugar en nuestro planeta, la humanidad adaptará gradualmente sus estructuras y civilización a las frecuencias más altas y veremos el amanecer de un nuevo orden anclado en los principios de la paz, el amor y la comunión creativa.
Los cambios que vemos que tienen lugar alrededor de todos nosotros hoy, son una manifestación directa de la transmutación en este planeta. Las viejas estructuras basadas en el miedo, se están desmoronando y un nuevo sueño emerge. Se trata de un tiempo muy romántico para estar vivo. Tales tiempos requieren verdaderos románticos armados con magníficos sueños, que puedan ser sembrados, regados y cuidados por las transformadas generaciones del futuro.
Cuando hoy día miras a los niños del mundo, puedes ver el desencanto en sus ojos mientras su estado natural de inocencia tropieza con el moderno mundo que hemos creado. Lo que estos niños necesitan ahora más que nada, es que seamos partidarios de reclamar nuestra propia inocencia y traigamos de vuelta nuestra romántica genialidad al mundo.
La encarnación de las innatas verdades en las Gene Claves es una transmisión de puro romance – demuestra que la magia está viva dentro de cada uno de nosotros, que cualquier cosa es posible y que los milagros son inevitables. El mundo futuro será un mundo creado por adultos que pueden ver mediante los ojos de los niños.
La próxima mutación del homo sapiens al homo sanctus traerá, oleadas de niños iluminados al mundo que solo buscarán lo que este construido sobre las leyes cósmicas naturales, no los viejos sistemas arraigados en el miedo y la competición.
Como la Gene Clave 55 atestigua, es un extraordinario momento para estar vivo. Estos cambios solo sucederán cuando tú, que estás leyendo esto, puedas físicamente encarnar la viva transmisión de la luz. Tendrás que llegar a un punto de profunda relajación dentro de tu ser para que esto ocurra, puesto que la encarnación está arraigada en la relajación.
Como hemos dicho, la contemplación es el paso básico. Requiere una actitud relajada y respetuosa. Debemos recordar que las Sombras son simplemente Sombras, y que cada una contiene un Don.
Cuando cambies tu actitud, verás que todas las Sombras están moldeadas por la misma luz. Este es un viaje de perdonarse a uno mismo. Debes ser compasivo, ante todo contigo mismo.
Cuando te perdones tus Sombras, te estarás dando los Dones – los 64 Dones. Y ahora ya sabes – dentro de cada una de las Gene Claves se encuentra algo aún más precioso – las claves para desbloquear el objetivo más alto oculto en tu ADN.
Espero que disfrutes de tu viaje por las Gene Claves y sus muchas aplicaciones. Te son ofrecidos en el espíritu de una celebración para tu deleite contemplativo. Puesto que están también diseñados para atraer a otros que estén listos para encarnar este nuevo lenguaje, espero que continúes tu viaje más allá de este libro y los explores como un co-creador, celebrando tu propio esplendor y genialidad en el campo cada vez más amplio de su misterio.
ANEXOS:
La secuencia de activación es la secuencia genética primaria en su Perfil de Hologenético. Describe el viaje mítico fundamental que es su vida. Se trata de una secuencia genética que se activa a través de su comprensión y aplicación de las leyes de frecuencia.
La secuencia de activación sigue una serie de tres saltos en la conciencia de que se despliegue en tu vida para activar el propósito más alto dentro de su ADN. Estas realizaciones interiores se denominan tu desafío, tu avance y tu Estabilidad del núcleo.
Calcula a partir de la posición del sol en el momento de tu nacimiento, tu secuencia de activación señala cuatro genes teclas específicas, conocido como tus Cuatro regalos de Prime, que forman el campo vibratorio de tu genio. Al comprender y abrazar los aspectos de la sombra de estas claves de gen en su propia vida se activarán sus frecuencias más altas y catalizaran una mutación para tomar lugar profundo dentro de tu ADN. Por la contemplación sostenida en las frecuencias más altas de tus dones de Prime serán testigos una completa transformación en su vida como desbloquear el verdadero genio dentro de TI.
Sus cuatro regalos de Prime
Trabajo de su vida: Representa lo que
Estamos aquí para hacer en el mundo.
Su evolución: Representa lo que está impulsando su
trabajo de por vida.
Su resplandor: Representa la luz dentro de TI
esperando a ser desbloqueada.
Su propósito: Representa el propósito fundamental
de esta encarnación.
Liberando la luz de su núcleo
con Richard Rudd
Esta serie de 3 partes es esencial para cualquier persona interesada en los clave genes en cualquier nivel y sienta las bases para el buceo profundo de las claves gen. Le guía a través de un viaje Rico, visual y multidimensional, Richard destila las teclas gen hasta sus principios fundamentales y propósito. Descripción de dónde proceden, cómo funcionan dentro de TI y cómo aplicarlos prácticamente en su vida, este curso es una maravillosa mezcla de inspiración, empoderamiento y conciencia superior. Serán introducidos a todos los principales conceptos y lenguaje detrás de las teclas del gen permite comprender en particular sus cuatro regalos de Prime, que son los pilares de su genio individual.
Este curso es altamente recomendable antes de tener una sesión de secuencia de activación de dones de Prime.
Nota: Esta serie es también un curso como requisito previo antes de ingresar en la siguiente inmersión profunda comenzando a principios de 2011.
¿Sabías que dentro de cada célula de su cuerpo se encuentra una latente energía más allá de su imaginación más salvaje?
Durante milenios hemos escuchado historias de seres humanos que vivían en Estados superiores de conciencia – Estados de profunda paz, de amor incondicional y el gran silencio interior. Incluso algunos de nosotros pueden ser afortunados han experimentado durante períodos de tiempo. El hecho es que esos Estados son la floración natural de la evolución humana. Existen en forma de semilla dentro del ADN de cada célula del cuerpo, contenida por un campo magnético de baja frecuencia inconscientemente controlado por usted.
Las claves del gen son un lenguaje interno diseñado específicamente para aumentar la frecuencia de su ADN, activando así su funcionamiento más oculto. Este químico cataliza procesos interiores que permite romper con los patrones negativos en su vida y vivir dentro de un campo mayor de la conciencia. Además, su vida en un nivel superior se sentirá completamente natural, como si es algo que simplemente está Recordando.
Las claves del gen son un codebook para la nueva conciencia humana. Invitan a dar un salto cuántico gigante dentro de tu ser y navegar por la mayor ola de expansión que ha sido testigo de nuestro planeta desde su nacimiento.
¿Estás listo para liberar el código que conduce a su evolución superior?
*Bioretroalimentación (técnicas en las que el empleo de instrumentos médicos - esfigmomanómetro, termómetro, etc. - permite al paciente un cierto control sobre algunas funciones del sistema nervioso autonómico; y que se utilizan para combatir el estrés, la hipertensión, la disfunción eréctil, jaquecas, etc.)
martes, 23 de abril de 2013
domingo, 14 de marzo de 2010
Articulo de Ken Wilber. publicado en Kairos.
INTEGRACIÓN DE LA SOMBRA.
Al principio de su carrera como «Médico de los nervios», Sigmund Freud se desplazó a Nancy, en el este de Francia, para presenciar los trabajos del célebre hipnotizador: Dr. Bernheim.
Lo que Freud vio acabaría por moldear todas las corrientes principales de la psicoterapia occidental, desde Adler hasta Jung, la terapia Gestalt y Maslow.
En un experimento típico realizado por Bernheim, se llevó al paciente a un trance hipnótico profundo y a continuación se le dijo que: “Cuando se le hiciera una señal determinada, cogiera un paraguas que se encontraba junto a la puerta, lo abriera y lo levantara sobre su cabeza. Cuando se dio la señal, el paciente hizo exactamente lo que se le había indicado. “
Más tarde, el médico le preguntó al paciente por qué había abierto el paraguas dentro de la sala y éste le respondió de un modo perfectamente razonable:
«Deseaba averiguar a quién pertenecía».
El paciente realizaba un acto, pero a decir verdad no tenía la más remota idea del porqué.
En otras palabras, el paciente tenía definitivamente una razón para abrir el paraguas, pero no estaba enterado de la misma; su verdadera razón era inconsciente y obedecía a fuerzas que al parecer no estaban en su mente consciente.
Freud elaboró por entero su sistema psicoanalítico alrededor de esta introspección básica, según la cual: El hombre tiene necesidades o motivaciones de la que es inconsciente.
Ahora bien, debido a que dichas necesidades o instintos son inconscientes, el individuo no está plenamente enterado de los mismos y, por consiguiente, nunca puede actuar en consecuencia con ellos para obtener satisfacción.
En resumen el hombre no sabe lo que quiere, sus verdaderos deseos son inconscientes y, por consiguiente, nunca son adecuadamente satisfechos.
La consecuencia son las neurosis y las «enfermedades mentales», ya que es como si uno fuera completamente inconsciente del deseo de comer, y nunca supiera que tiene hambre y, por tanto, jamás comiera, con lo que, sin duda, enfermaría gravemente.
Ésta es una idea extraordinaria, cuya esencia se ha visto confirmada repetidamente en observaciones clínicas.
Sin embargo, el problema estriba en que, si bien todo el mundo coincide en que el hombre tiene necesidades inconscientes, nadie se pone de acuerdo en cuanto a cuáles son dichas necesidades.
La confusión empezó con el propio Freud, que cambió tres veces de opinión en cuanto a la naturaleza de los deseos o instintos del hombre.
Al principio creyó que se trataba del sexo y la supervivencia, a continuación pensó que era el amor y la agresión, y por fin afirmó que eran la vida y la muerte.
Desde entonces, los psicoterapeutas no han cesado en su empeño por descubrir las «verdaderas» necesidades del hombre. Tanto si las denominan necesidades, como instintos, deseos, impulsos, o motivaciones, se refieren a lo mismo.
Así O.Rank creyó que se trataba de la necesidad de una voluntad fuerte y constructiva; para Adler era la búsqueda de poder; en el caso de Ferenczi, la necesidad de amor y aceptación; para K.Horney, la seguridad; para Sullivan, satisfacciones biológicas y seguridad; para E.Fromm, la necesidad de significado; F.Perls creía que se trataba de la necesidad de crecer y madurar; para C.Rogers, autopreservación y mejora; para Glasser, la necesidad de amor y autoestima; etcétera, etcétera.
No es nuestra intención aumentar la confusión agregando lo que, a nuestro parecer, son las «verdaderas necesidades» del hombre, ya que aunque las distintas escuelas de psiquiatría y psicoterapia postulen necesidades humanas esencialmente diferentes, todas coinciden en la misma premisa básica:
Que el hombre es inconsciente de ciertos aspectos de su yo, y está aislado de los mismos o mantiene escasa comunicación con ellos.
Esos aspectos de su yo, de los que el hombre está aislado, es lo que hemos denominado Sombra y a continuación nos proponemos explorar algunos de los métodos más viables, mediante los cuales el hombre puede ponerse de nuevo en contacto y acabar por ser nuevamente dueño de su enajenada sombra.
Esto significa, en otras palabras, intentar reunir la persona, o autoimagen inexacta, con la sombra, o facetas aisladas del yo, a fin de desarrollar una autoimagen precisa y aceptable: el ego.
Sin embargo, no nos limitaremos a exponer estas terapias del nivel egoico, ya que existe en la actualidad un auténtico zoológico de técnicas, sistemas, métodos, escuelas y disciplinas psicoterapéuticas, lo que en sí no es necesariamente lamentable, ya que, como pronto será evidente, hay una buena razón para que existan tantas escuelas diferentes.
Pero el quid del problema, tan acuciante para el profesional como para el lego, consiste en discernir alguna semejanza de orden y estructura sintetizadora en este vasto complejo de sistemas psicológicos distintos y frecuentemente contradictorios.
Ahora creemos que, utilizando como modelo el espectro de la conciencia, puede realmente demostrarse dicho orden oculto.
Una de las principales afirmaciones es que la conciencia, el universo no dual, puede aparentar que funciona en distintas aunque continuas modalidades, estados o niveles.
Con la utilización de este modelo, estamos convencidos de que es posible integrar, de un modo bastante amplio y coherente, no sólo las principales escuelas de psicología y psicoterapia occidentales, sino también los conocidos como enfoques «orientales» y «occidentales» de la conciencia.
Ya que si hay algo de verdad en el espectro de la conciencia y en las grandes tradiciones metafísicas que coinciden unánimemente con su tesis básica, pasa a ser inmediatamente evidente que cada una de las principales aunque distintas escuelas de «psicoterapia», se dirigen simplemente a un nivel diferente del espectro de conciencia.
Por consiguiente, la razón primordial de que existan tantas escuelas de psicología diferentes y no obstante aparentemente válidas, no es, como generalmente se supone, que todas consideren el mismo nivel de la conciencia y lleguen a conclusiones contradictorias, sino que se dirigen a distintos niveles de la conciencia y llegan, por tanto, a conclusiones complementarias.
Así se empieza a discernir cierto método en esta algarabía de innumerables sistemas psicológicos aparentemente contradictorios.
Si estamos de acuerdo con las grandes tradiciones metafísicas en que la conciencia es pluridimensional (es decir, aparentemente compuesta de numerosos niveles), a partir de ahí descubriremos que las distintas escuelas de psicoterapia, orientales y occidentales, se encuadran de modo natural en un orden que abarca la totalidad del espectro de la conciencia.
Esto nos facilita, por consiguiente, una guía verdaderamente coherente e integradora del gran número de psicoterapias actualmente existentes.
Este estudio no pretende ser total ni definitivo, ya que a diario aparecen nuevas introspecciones psicológicas en distintos niveles. Por el contrario, facilita un esquema básico, una pauta invariable, al que podemos agregar nuevos datos conforme aumenta nuestro conocimiento. .
Recordemos que cada nivel del espectro de la conciencia lo genera un dualismo/ represión/ proyección determinado, que conduce (entre otras cosas) a un estrechamiento progresivo de la identidad del universo (Mente), al organismo (existencial), a la psique (ego) y a partes de la psique (persona).
Así, cada nivel del espectro es un productor potencial de cierto tipo de desórdenes, ya que cada uno representa un género determinado de enajenación del universo con respecto a sí mismo.
En términos muy generales, la naturaleza de dichos desórdenes «empeora» progresivamente conforme se asciende por el espectro, ya que con cada nuevo nivel aparecen más aspectos del universo con los que el individuo ha dejado de identificarse y que le resultan, por consiguiente, desconocidos y potencialmente amenazadores.
Por ejemplo, en el nivel existencial, el hombre se imagina separado de su propio medio ambiente y, por tanto, potencialmente amenazado por el mismo. En el nivel egoico, el hombre se supone enajenado de su propio cuerpo, de modo que no sólo el medio ambiente sino su cuerpo le parecen posibles amenazas para su existencia.
En el nivel de la sombra, el hombre parece haberse desvinculado incluso de partes de su propia psique, de modo que ahora el medio ambiente, su cuerpo e incluso su mente pueden parecerle extraños y amenazadores. Cada una de dichas enajenaciones, producto de un dualismo/represión/proyección determinado, es por consiguiente, potencialmente generadora de un tipo específico de desórdenes.
O, si se prefiere, de un tipo específico de represiones, proyecciones, procesos inconscientes, dualismos o fragmentaciones; desde el punto de vista del espectro de la conciencia, todos estos términos se refieren al mismo proceso de creación de dos mundos a partir de uno solo, que se repite con una nueva peculiaridad en todos y cada uno de los niveles del espectro.
Así pues, decir que cada nivel es producto de un dualismo/represión/proyección determinado, o que cada nivel se caracteriza por un estrechamiento de la identidad, o que cada nivel tiene su propio proceso inconsciente, equivale simplemente a afirmar que cada nivel tiene un conjunto característico de desórdenes potenciales.
Nuestra función consistirá, como ya hemos indicado, en señalar estos conjuntos principales de trastornos característicos de cada nivel, así como las terapias que se han adaptado a los mismos.
Esto nos brindará también la oportunidad de comentar las diversas «necesidades» e «impulsos» de cada nivel, su potencial de crecimiento en el mis¬mo, las «virtudes positivas» de cada nivel, los procesos inconscientes del mismo, etcétera.
En cuanto a las propias terapias, acabaremos por descubrir que, dado que cada nivel del espectro es generado por un dualismo/represión/proyección determinado, las terapias de cada nivel comparten el objetivo común de curar y unificar el dualismo principal del mismo.
Emprendemos el camino psicológico de la involución, del regreso a la fuente, del recuerdo de la Mente: el descenso del espectro de la conciencia.
Por tanto, empezaremos con las terapias cuyo objetivo es el de pasar del nivel de la sombra al egoico, descenderemos a continuación por el espectro a fin de examinar las terapias destinadas a la franja biosocial, para pasar acto seguido a las del nivel existencial; descenderemos entonces a las encaminadas a la gama transpersonal y concluiremos con las que operan en el nivel de la Mente. Por consiguiente, uno puede descender por el espectro lo mucho o poco que desee.
A fin de aprovechar plenamente los métodos destinados a la integración del nivel de la sombra, conviene recordar cómo se genera.
Con el dualismo/represión/proyección cuaternario, se divide el ego, su unidad se reprime y la sombra, que originalmente era una faceta integral del ego, se proyecta ahora como extraña, enajenada, desposeída.
En general, podemos pensar en la sombra como constituida por todas aquellas facetas potenciales del ego con las que hemos perdido contacto, que hemos olvidado y desposeído.
Así pues, la sombra puede contener no sólo nuestros aspectos «malos», agresivos, perversos, ruines, «malvados» y demoníacos de los que hemos procurado desprendernos, sino también los aspectos «buenos», enérgicos, divinos, angélicos y nobles que hemos olvidado que nos pertenecen.
A pesar de que procuramos desprendernos y desvincularnos de dichos aspectos, no dejan por ello de pertenecernos, y nuestro esfuerzo, a fin de cuentas, es tan inútil como si pretendiéramos desentendernos de nuestros codos.
Y debido precisamente a que dichas facetas no dejan de pertenecernos, siguen actuando sin que dejemos de percibirlas, pero, puesto que creemos que no nos pertenecen, las interpretamos como si procedieran de los demás.
Vemos nuestras propias cualidades en otra gente hasta tal punto que perdemos su rastro en nosotros mismos.
En el nivel egoico, esta enajenación de ciertos aspectos de nuestro yo tiene dos consecuencias básicas.
La primera consiste en que dejamos de pensar que dichos aspectos nos pertenezcan y, por consiguiente, nunca podemos utilizarlos, operar en ellos, satisfacerlos, con lo cual nuestra actuación básica se ve enormemente reducida, limitada y frustrada.
En segundo lugar, dichas facetas parecen existir ahora en el medio ambiente; hemos entregado nuestra energía a otros y ahora parece volverse contra nosotros, como de rebote.
La perdemos y «la vemos» en el medio ambiente, desde donde amenaza nuestra existencia.
En palabras del psiquiatra G.A.Young, «En este proceso el individuo se convierte en menos de lo que es y el medio ambiente en más de lo que es».
Acabamos por sacudirnos a nosotros mismos con nuestra propia energía.
Como dice Fritz Perls, «En el momento en que ha tenido lugar una proyección, o cuando hemos proyectado algún potencial, dicho potencial se vuelve contra nosotros».
No es difícil comprender cómo nuestra energía o potencial proyectado se vuelve contra nosotros; supongamos, por ejemplo, que dentro del yo emerge un impulso o estímulo, como el de trabajar, comer, estudiar o jugar.
¿Qué impresión nos causaría dicho impulso o estímulo si, debido al dualismo cuaternario, lo proyectáramos? El impulso emergería de todos modos, pero ya no lo sentiríamos como si nos perteneciera; el estímulo parecería ahora proceder del exterior, del medio ambiente, y, por consiguiente, no nos sentiríamos impulsados hacia el medio ambiente, sino estimulados por el mismo. En lugar de sentimos impulsados a actuar, nos sentiríamos impulsados por la acción; en lugar de tener ímpetu, nos sentiríamos objeto del mismo; en lugar de interés experimentaríamos presión : en lugar de deseo, obligación.
La energía sigue siendo nuestra, pero debido al dualismo cuaternario su fuente parece externa a nosotros y, por consiguiente, en lugar de poseerla nos sentimos agobiados por la misma, abofeteados y maltratados por lo que parecen ser fuerzas «externas», manipulados como indefensas marionetas, de cuyos hilos tira aparentemente el medio ambiente.
Además, no sólo podemos proyectar nuestras emociones positivas de interés, ímpetu y deseo, sino también nuestros sentimientos negativos de ira, resentimiento, odio, rechazo, etcétera.
Sin embargo, el resultado es el mismo: en lugar de sentirnos enojados con alguien, tenemos la sensación de que el mundo está enojado con nosotros; en lugar de sentir temporalmente odio por una persona, tenemos la sensación de que dicha persona nos odia a nosotros; en lugar de rechazar una situación determinada, nos sentimos rechazados.
Al pasar a ser inconscientes de nuestras escasas tendencias negativas, las proyectamos en el medio ambiente, poblando el mundo de aterradores «cocos», diablos y fantasmas imaginarios: nos asustamos de nuestras propias sombras.
Ahora bien, además de proyectar emociones positivas y negativas, podemos también proyectar ideas, cualidades o rasgos, positivos o negativos. Cuando alguien proyecta sus cualidades positivas de valor y mérito personal en otra persona, ha entregado sus propias «bondades» y las ve como pertenecientes a otro individuo. La persona en cuestión tiene entonces la sensación de carecer de valor comparada con dicho individuo, que ahora le parece un superhombre, poseedor no sólo de sus propios atributos sino de los proyectados.
Esta proyección de tendencias e ideas positivas tiene lugar frecuentemente en el amor romántico tanto en el heterosexual como en el homosexual-, de modo que la persona enamorada le ofrece todo su potencial a su pareja y a continuación se siente abrumada por su supuesta bondad, sabiduría, belleza, etcétera.
No obstante, «la belleza radica en el ojo del observador» y una persona románticamente enamorada lo está en realidad de los aspectos proyectados de sí misma, convencida de que la única forma de recuperar dichas bondades proyectadas consiste en poseer a la persona amada.
El mismo mecanismo es el que actúa en los casos de admiración y envidia desmesurada, ya que una vez más hemos hecho entrega de nuestro potencial, con la consiguiente sensación de que carecemos del mismo y viéndolo, por otra parte, como si perteneciera a otros. Nos creemos «inútiles» y el mundo a nuestros ojos parece estar lleno de gente capacitada, importante y admirable.
Asimismo, podemos proyectar cualidades negativas, sentir, por consiguiente, que carecemos de ellas y verlas, por el contrario, como pertenecientes a otros, Ésta es una situación más común, ya que nuestra tendencia natural al enfrentarnos a aspectos indeseables de nosotros mismos es simplemente negarlos y expulsarlos de la conciencia, Esto, evidentemente, es un gesto fútil, puesto que no por ello dejan de pertenecernos las ideas negativas y sólo podemos fingir que nos desprendemos de ellas al verlas en los demás.
Ha empezado la caza de brujas. Un comunista debajo de cada cama; el diablo a la vuelta de cada esquina; nosotros, los buenos, nos enfrentamos a ellos, los malos. Nuestra apasionada lucha contra los demonios de este mundo no es más que un sofisticado combate de boxeo con las sombras.
A quienes no están familiarizados con la proyección en el nivel egoico, este mecanismo les parece inicialmente muy desconcertante y a veces absurdo, ya que indica que las cosas que más nos trastornan de los demás son en realidad aspectos desconocidos de nosotros mismos.
Esta idea suele provocar resentimiento y una fuerte oposición.
Sin embargo, como lo indicó Freud, la negación violenta es precisamente muestra de proyección, es decir, ¡si lo negáramos, no lo proyectaríamos!
No obstante, sigue siendo cierto que «cree el ladrón que todos son de su condición» y nuestras críticas capciosas de los demás no son en realidad más que aspectos autobiográficos que no reconocemos.
Si deseamos saber cómo es realmente una persona, escuchemos lo que dice sobre los demás.
A decir verdad, esto se deduce del descubrimiento original de Freud de que todas las emociones no son interpsíquicas e interpersonales, sino intrasiquicas e intrapersonales.
Es decir que las emociones (por lo menos en el nivel egoico) no se experimentan entre tú y yo, sino entre yo Y yo.
Las denominadas neurosis son; por tanto, consecuencia de la emergencia del dualismo cuaternario, mediante el cual se rompe la integridad del nivel egoico, se reprime su unidad y se proyectan ciertas facetas en el medio ambiente.
Con esta proyección cuaternaria, nos desentendemos y enajenamos de algunas de nuestras propias tendencias, las olvidamos y a continuación olvidamos que las hemos olvidado.
La terapia en el nivel egoico involucra, por consiguiente, el recuerdo y recuperación de nuestras tendencias olvidadas, la reidentificación con nuestras facetas proyectadas y la reunión con nuestras sombras.
En palabras del doctor Perls:
Mucho material que nos pertenece, que forma parte de nosotros, mismos, ha sido disociado, enajenado, desposeído, rechazado. El potencial restante no está a nuestra disposición.
Pero estoy convencido de que en su mayoría está a nuestra disposición, aunque como proyecciones.
Sugiero que partamos del imposible supuesto de que lo que creamos ver en otra persona o en el mundo no es más que una proyección...
Podemos asimilar de nuevo, recuperar nuestras proyecciones, proyectándonos a nosotros mismos por completo hacia esa cosa o persona... Debemos hacer lo opuesto de la enajenación: identificarnos.
He aquí algunos ejemplos que aclararán plenamente estos puntos.
Hemos reunido los ejemplos en cuatro grupos, que representan las cuatro categorías principales de proyección: emociones positivas, emociones negativas, cualidades positivas y cualidades negativas. Los presentamos en el orden indicado.
1) Proyección de Emociones Positivas, tales como interés, deseo, ímpetu, motivación, anhelo, excitación.
John tiene una cita con Mary. Está enormemente emocionado y anticipa con anhelo el momento de recogerla en su casa. Al llamar a la puerta tiembla ligeramente de emoción, pero cuando el padre de Mary abre la puerta le entra pánico y se pone muy «nervioso». Olvida lo emocionado que estaba inicialmente por reunirse con Mary y, en consecuencia, en lugar de interesarse por el medio ambiente, siente que el medio ambiente -el padre de Mary en particular- se interesa por él.
En lugar de observar se siente observado y tiene la sensación deque la situación se ha centrado en él. John se está azotando con su propia energía (a pesar de que, probablemente, lo atribuirá al medio ambiente, en este caso a la «mala mirada» que le dirige el padre de Mary. Sin embargo, no hay nada en la situación propiamente dicha que «cause nerviosismo», ya que a mucha gente le gusta definitivamente conocer a los padres de sus parejas y trabar amistad con ellos; el problema no radica en la situación, sino en el propio John.
Además de atormentarse con su propia energía, John acabará en un círculo vicioso, ya que, como en todas las proyecciones del nivel egoico, cuanto más proyecte más tenderá a proyectar; cuanto más olvida su emoción, mayor es su proyección de la misma y, por consiguiente, mayor es el énfasis con que el medio ambiente parece concentrarse en él. Esto incrementa su emoción, que de nuevo proyecta, aumentando así la concentración aparente del medio ambiente en él, causándole a su vez más emoción...
La única forma de salir de esa incómoda situación consiste en que John recupere su interés, se reidentifique con su emoción y actué en ella en lugar de ser víctima de la misma. Normalmente esto ocurrirá en el momento en que Mary entre en la sala; John recuperará inmediatamente su interés y actuará de acuerdo con él, apresurándose a saludarla e integrando así su interés enajenado, ya que ahora observará el medio ambiente, en lugar de ser observado por el mismo.
En el momento en que John comenzó a sentir pánico y angustia, empezó a perder contacto con su excitación (no excitación sexual, sino simplemente excitación en general); la bloqueó, la rechazó y la proyectó.
En estas condiciones la excitación se experimenta como angustia, y por el contrario cuando sentimos angustia simplemente nos estamos negando a estar excitados, vivaces y vigorosos.
La única salida de este tipo de situación consiste en volver a ponernos en contacto con nuestros intereses y nuestra excitación; dejar que nuestro cuerpo se excite, respirar e incluso suspirar hondo, en lugar de tensar el tórax y reprimir la respiración; estremecerse y vibrar con energía, en lugar de pretender «conservar la compostura» e intentar dominar nuestra excitación con rigidez y «rigor»; permitir que nuestra energía se movilice y fluya en lugar de almacenarla.
Cuando nos sintamos angustiados, lo único que necesitamos preguntarnos es:
«¿Qué es lo que me excita?», o «¿cómo evito mi excitación natural?».
El niño se limita a sentirse alegremente excitado, mientras que el adulto se siente incómodamente ansioso, sólo debido a que según aumenta el caudal de energía, los adultos la aislamos y proyectamos, mientras que los niños dejan que fluya.
«La energía es un deleite eterno» y los niños son permanentemente encantadores, por lo menos hasta que se les enseña el dualismo cuaternario, a partir de cuyo momento -y al igual que los adultos- enajenan su excitación natural.
La energía no deja por ello de movilizarse y acumularse, pero, debido al dualismo cuaternario, parece emerger del exterior y adquiere una naturaleza amenazadora.
La angustia por consiguiente, no es más que excitación e interés bloqueados y proyectados.
La mejor forma de experimentarlo es cuando uno está solo, ya que entonces puede «abandonarse» sin temor a comentarios condescendientes de severos testigos.
Si se hace presente una sensación de angustia, no intentemos deshacernos de ella (enajenándola todavía más), entremos plenamente en ella; dejemos que el cuerpo se estremezca, tiemble, jadee; sigamos sus actos.
Establezcamos contacto con dicha angustia dejando que estalle en excitación. Encontremos esa energía que quiere nacer y sintámosla plenamente, ya que la angustia es el nacimiento que se le niega a la excitación.
Permitamos que esa energía nazca, reconozcámosla como nuestra, dejemos que fluya y la angustia cederá ante la vibrante excitación, la energía libremente movilizada y dirigida al exterior, en lugar de bloqueada y proyectada, con lo que no hace más que afectarnos de rebote en forma de ansiedad.
Como ejemplo adicional de las consecuencias de la proyección de una emoción positiva, consideremos la enajenación del deseo.
Jack tiene muchísimo interés en ordenar el garaje, que está hecho un asco y hace ya bastante tiempo que piensa limpiarlo. Por fin decide que lo hará el próximo domingo.
En ese momento Jack está íntimamente en contacto con su deseo, quiere que el trabajo se realice, pero cuando llega el domingo le empiezan a entrar dudas sobre el tema.
Durante varias horas da vueltas de un lado para otro cambiando cosas de lugar, soñando despierto, y comienza a perder contacto con su deseo. El deseo sigue presente, ya que de lo contrario Jack se limitaría a abandonarlo y hacer otra cosa. Todavía se propone llevarlo a cabo, pero empieza a enajenar y proyectar su deseo, y lo único que necesita para finalizar su proyección es una persona a quien “colgarle” el deseo proyectado.
De modo que cuando su esposa asoma la cabeza para preguntarle, sin darle importancia, cómo va el trabajo, Jack replica enojado: «¡Déjame tranquilo”.
Ahora tiene la sensación de que no es él sino su esposa quien quiere que ordene el garaje. La proyección es completa. Jack comienza a sentirse presionado por su esposa, cuando lo que experimenta en realidad es su propio deseo proyectado, ya que la «presión” que siente no es más que anhelo desplazado.
En este tipo de situaciones, la mayoría de nosotros solemos quejarnos de estar realmente sometidos a una enorme presión, no debida a nuestro deseo proyectado sino a la naturaleza intrínseca de la propia situación (el trabajo de la oficina, las «obligaciones» familiares, etcétera) y en consecuencia nuestro deseo de trabajar es muy escaso.
Pero éste es precisamente el quid de la cuestión, el mero hecho de ser inconscientes de nuestro deseo conduce a nuestra sensación de estar presionados.
A esto solemos responder que ciertamente nos encantaría que nos apeteciera trabajar, cocinar, lavar la ropa, o lo que se tercie, pero que el deseo está simplemente ausente.
Sin embargo, el caso es que el deseo está presente, aunque lo sentimos, como deseo o presión procedente del exterior. Dicha presión es nuestro propio deseo disfrazado; si no tuviéramos el deseo, simplemente no experimentaríamos la presión.
Sin la presencia del deseo, nos sentiríamos aburridos, indolentes, o quizás apáticos, pero nunca presionados.
Asimismo, en nuestro ejemplo anterior, si John no tuviera realmente interés en salir con Mary, al pasar por su casa no sentiría ningún tipo de angustia; simplemente no le importaría, se sentiría normal o a lo sumo algo molesto, pero no ansioso.
La angustia de John sólo es posible porque está realmente interesado por Mary, pero ha proyectado dicho interés y la presión sólo se experimenta donde hay un deseo proyectado.
Por consiguiente, Jack seguirá sintiéndose presionado y azuzado por su esposa, hasta que descubra que la única persona que le presiona para que ordene el garaje es el propio Jack, que la batalla es entre Jack y Jack, y no entre Jack y su esposa.
Si llega a darse cuenta de ello, actuará en consonancia con su deseo en lugar de luchar contra el mismo y acabará por ordenar el garaje, que era lo que se proponía desde el primer momento.
Los Putney lo resumen admirablemente como sigue:
La alternativa autónoma consiste en trasladarse más allá de la presión, reconociendo que toda forma de presión persistente es el propio impulso proyectado.
El individuo que reconozca que lo que siente es su propio impulso, nunca sentirá recelo ni opondrá resistencia a la presión; se limitará a actuar.
Así pues, si nos sentimos presionados, no tenemos necesidad de inventar ni crear deseo alguno para escapar de la presión; estamos ya experimentando el deseo necesario, sólo que lo hemos calificado erróneamente de «presión».
2) Proyección de emociones negativas, tales como agresión, ira, odio, rechazo, resentimiento.
La proyección de emociones negativas es un hecho increíblemente común, especialmente en Occidente, donde el ambiente moral dominante del cristianismo popular exige que intentemos luchar contra todo «mal» y tendencias negativas, tanto en nosotros mismos como en los demás; y aunque el propio Jesucristo aconsejó «no resistirse al mal», amarlo y ser su amigo, ya que «soy el Señor y no hay nadie más. Formo la luz y creo la oscuridad; hago la paz y creo el mal; yo, vuestro Señor, hago todas estas cosas», pocos somos los que amamos nuestras tendencias «malignas».
Por el contrario, las odiamos y despreciamos, nos humillan y avergüenzan, y, por tanto, en lugar de integrarlas, procuramos enajenarlas.
Con la emergencia del dualismo cuaternario, dicha enajenación se hace posible; o, mejor dicho, parece hacerse posible, ya que, aunque conscientemente la neguemos, no por ello deja de pertenecernos.
La expulsamos de la conciencia, de forma que parezca proceder del medio ambiente; entonces nosotros creemos no tenerla, pero nos acosa por doquier.
En realidad, cuando observamos a los demás y nos horroriza toda la maldad que «vemos» en ellos, sólo estamos contemplando el reflejo de nuestra propia alma.
La «salud y cordura» del ego exige, por consiguiente, que recuperemos e integremos nuevamente dichas tendencias «malignas» y negativas.
Cuando lo hacemos, tiene lugar algo auténticamente asombroso: descubrimos que esas tendencias negativas que tanta aversión nos producía aceptar como nuestras una vez integradas adquieren un equilibrio armónico con nuestras tendencias positivas, y por tanto pierden su colorido supuestamente maligno.
En realidad, esas tendencias negativas de odio y agresión sólo adquieren una naturaleza auténticamente maligna y violenta cuando las enajenamos, cuando las separamos de sus equilibradoras tendencias positivas de amor y aceptación, arrojándolas al exterior donde, aisladas de su contexto equilibrador, pueden parecer ciertamente perversas y autodestructivas.
Cuando imaginamos incorrectamente que dichos aspectos demoníacos existen en realidad en el ambiente, en lugar de comprender que forman parte de nosotros mismos como necesario contrapeso de nuestras tendencias positivas, reaccionamos con violencia y maldad ante esa amenaza ilusoria, emprendemos con frecuencia descabelladas y brutales cruzadas, nos lanzamos a la matanza de «brujas» por su propio bien, desencadenamos guerras para «mantener la paz», fundamos inquisiciones para «salvar almas».
En resumen,una tendencia negativa enajenada y proyectada, amputada de su contexto equilibrador y dotada de vida propia, puede adquirir una naturaleza sumamente demoníaca e inducir actos verdaderamente destructivos, si bien esa misma tendencia integrada armónicamente junto a su tendencia positiva equilibradora, adquiere una naturaleza suave y cooperadora.
En este sentido, es un imperativo moral que para ser un buen cristiano cultivemos la amistad del diablo.
Además, raramente nos damos cuenta de que las tendencias buenas y malas no sólo se equilibran entre sí cuando están debidamente integradas, sino que -al igual que todos los términos opuestos- las unas son necesarias para las otras, no sólo porque el mal armoniza con el bien, sino que el mal propiamente dicho es necesario para la propia existencia del bien.
En palabras de Rilke, «si me abandonan mis demonios, temo que lo hagan también mis ángeles».
Lao Tzu dice:
¿Hay diferencia entre sí y no?
¿Hay diferencia entre el bien y el mal?
¿Debo temer lo que otros temen?
¡Qué bobada! Tener y no tener emergen juntos,
difícil y fácil se complementan entre sí,
largo y corto se contrastan entre sí,
alto y bajo se apoyan entre sí,
delante y detrás se siguen mutuamente.
y Chuang Tzu concluye:
De modo que quienes dicen que se quedarían con el bien sin su correlato, el mal, o con un buen gobierno sin su correlato, el desorden, no asimilan los grandes principios del universo ni la naturaleza de toda la creación. Equivale a hablar de la existencia del cielo sin la de la tierra, o del principio negativo sin el positivo, lo que es claramente imposible. Sin embargo, hay quien lo discute incesantemente; deben ser estúpidos o truhanes.
La gente odia la oscuridad de sus tendencias negativas, al igual que los niños odian la oscuridad de la noche, pero así como sin la oscuridad de la noche no reconoceríamos la luz del día, si no poseyéramos aspectos negativos, tampoco reconoceríamos los positivos.
Nuestras tendencias negativas y positivas son, por consiguiente, como los valles y las montañas de un hermoso paisaje; no puede haber montañas sin valle, ni
viceversa, de modo que los que ofuscadamente pretenden aniquilar los valles eliminarán al mismo tiempo las montañas.
Procurar deshacernos de nuestras tendencias negativas, intentar destruirlas y eliminarlas, sería una idea excelente... si fuera posible.
El problema es que no lo es, que nuestras tendencias negativas que procuramos alejar de nuestra vista siguen aferradas a nosotros y vuelven para atormentarnos con síntomas, neuróticos de temor, depresión y angustia. Desvinculadas de la conciencia, adquieren un aspecto amenazador,totalmente desproporcionado respecto a su verdadera naturaleza.
Podemos dominar la maldad entablando amistad con la misma; nos limitamos a avivarla al enajenarla.
Integrado, el mal se suaviza proyectado, se torna ruin y, así, quienes pretendían eliminar la maldad habrán contribuido considerablemente a su victoria.
En palabras de Ronald Fraser:
Te ruego que algún día recuerdes que te he dicho que el odio de la maldad retuerza la maldad y que la oposición retuerza aquello a lo que se opone.
Ésta es una ley de una exactitud igual a la de las leyes matemáticas.
O, según el teólogo Nicholas Berdyaev:
Satán se regocija cuando logra inspirarnos con sus propios sentimientos diabólicos.
Él es quien gana cuando sus propios métodos se dirigen contra sí mismo... La continua denuncia del mal y de sus agentes no hace más que alentar su crecimiento en el mundo; verdad suficientemente patente en los evangelios, pero ante la que permanecemos persistentemente ciegos.
Como ejemplo de la proyección de emociones negativas, comencemos con el odio.
Martha abandona su casa para asistir a un «sofisticado» colegio para señoritas en la costa Este.
En el instituto, estaba en íntimo contacto con sus emociones negativas de odio, por lo que su odio no era en absoluto violento ni malicioso, sino más bien suave y llevadero, de un género que podríamos denominar pillería, travesura, extravagancia o cinismo suave.
Esta actitud de cinismo suave ha sido siempre característica de la gente eminentemente culta y humanista, en compañía de quienes pueden «relajarse» entre sí y expresar su cálida amistad en términos de «¿cómo te va, viejo pícaro?».
La posibilidad de que exista un cariñoso afecto entre seres humanos depende enteramente de que se reconozca y acepte cierto elemento de picardía en uno mismo y en los demás...
El poder del fanatismo, por «eficaz» que sea, se adquiere siempre a costa del inconsciente, y sea su causa buena o mala es ineludiblemente destructivo, porque actúa contra la vida: niega la ambivalencia del mundo natural.
El caso, una vez más, es que cuando somos conscientes de un ligero odio por nuestra parte, en realidad no se trata de odio propiamente dicho, ya que está mezclado y armonizado con nuestras emociones positivas de amor y cariño, que dotan al odio integrado de unas cualidades muy suaves y frecuentemente humorísticas.
El psiquiatra Bob Young saluda a sus íntimos amigos con un «¡Hola, viejo cabrón!», e incluso ha fundado un club llamado YRENRO ORA TSAB -que significa «pícaro cabrón» escrito en inglés y a la inversa - cuyo único objetivo es el de «promocionar el arte gentil del antiamor fraternal» .
Martha estaba en contacto con su faceta caprichosa y picaresca, su odio integrado, que formaba una parte muy constructiva de su carácter.
Pero al llegar a la universidad se encuentra con un círculo de amigas extraordinariamente relamidas, que tratan con sumo desdén toda expresión de picardía.
En muy poco tiempo, Martha empieza a perder contacto con su odio y, por consiguiente, comienza a proyectarlo. Entonces, en lugar de odiar el mundo con ternura y picardía, siente que el mundo la odia a ella. Como era previsible, pierde su sentido del humor y se apodera de ella una profunda sensación de que absolutamente nadie la quiere; «odio el mundo» se ha convertido en «el mundo me odia», pero así como lo primero induce un mundo de picardía, lo segundo conduce a un mundo de horror.
Muchos andamos por la vida (o por lo menos por el instituto) con la sensación de que «nadie nos quiere» y consideramos que eso es terriblemente injusto porque, evidentemente, nadie nos desagrada.
Pero éstos son precisamente los dos síntomas distintivos de la proyección en el nivel egoico: lo vemos en todos los demás, pero lo imaginamos ausente en nosotros mismos.
Sentimos que el mundo nos odia sólo porque somos inconscientes de esa pequeña parte de nosotros mismos que odia gentilmente el mundo. .
En general, lo mismo ocurre cuando proyectamos otras emociones negativas como la agresión, la ira y el rechazo.
En lugar de atacar el ambiente con gentileza y buen humor, dirigimos dichas emociones contra nosotros mismos y creemos que el ambiente nos ataca maliciosamente.
La agresión, por ejemplo, es un rasgo de la personalidad sumamente útil cuando somos plenamente conscientes de la misma, ya que nos permite relacionarnos de un modo eficaz con el medio ambiente.
Si no estamos dispuestos simplemente a «tragarnos»todo lo que se nos diga ni todas las experiencias que se crucen en nuestro camino, debemos ser capaces de atacar activamente, desmenuzar, «masticar» a fondo; no con malicia, pero sí con ímpetu e interés.
Si uno es capaz de comprender la necesidad de una actitud agresiva, destructiva y reconstructiva hacia cualquier experiencia que uno desee hacer realmente suya, apreciará la necesidad de... conceder a la agresión su debido valor, en lugar de tildarla verbosamente de «antisocial».
A decir verdad, los actos agresivos de violencia antisocial no son consecuencia de la agresión integrada, sino de la agresión reprimida y enajenada, ya que al «embotellarla» aumenta enormemente la fuerza de la agresión, al igual que el vapor en una olla a presión, que puede acabar explotando violentamente.
Una vez más, parece un imperativo moral integrar y hacer conscientes nuestras tendencias agresivas.
Sin embargo, la mayoría hacemos exactamente lo opuesto; procuramos negarlas y ocultarlas en el inconsciente. A estas alturas, no obstante, debe ser evidente que dichas tendencias no por ello dejan de pertenecernos y siguen operando, aunque ahora las experimentemos como si procedieran del medio ambiente y, por tanto, tengamos la sensación de que el mundo nos ataca. En resumen, tenemos miedo.
«El proyector está conectado... con su agresión proyectada por el miedo.»
Así como la excitación proyectada se siente como angustia y el deseo proyectado como presión, la agresión proyectada se siente como miedo.
«El caso es -responderán algunos- que hay ciertamente momentos en los que siento miedo, pero mi problema es precisamente no ser un tipo agresivo; tengo miedo a menudo, pero nunca me siento agresivo.»
¡Exactamente! ¡No sentimos la agresión porque la hemos proyectado y la experimentamos en forma de miedo!
La propia experiencia del miedo no es más que nuestra sensación de agresión camuflada, que hemos dirigido contra nosotros mismos. No es necesario inventar la agresión, esta presente en forma de miedo y por consiguiente lo único que tenemos que hacer es llamar al miedo por su propio nombre: agresión.
La expresión «el mundo me ataca emocionalmente» sería más exacta si dijera “yo ataco emocionalmente al mundo”.
Si la agresión proyectada se siente, como miedo, la ira proyectada se experimenta como depresión.
el rechazo iracundo del mundo, que todos experimentamos de vez en cuando, es útil para estimular una actuación constructiva, pero si se enajena y se proyecta, comenzamos a sentir que el mundo nos rechaza con ira a nosotros.
En esas circunstancias, el mundo parece muy inhóspito y, comprensiblemente, nos sentimos muy deprimidos. En lugar de salir, la ira invierte su rumbo al dirigirla contra nosotros mismos y a continuación sufrimos el terrible efecto de su azote.
Transformado el furor en tristeza nos convertimos en víctimas deprimidas de nuestra propia ira. Lo único que debe hacer la persona que esté deprimida es preguntarse: «¿Qué es lo que tanto me enfurece? Y a continuación comprender que no es cuestión de «tristeza» sino de furor.
3) Proyección de cualidades positivas tales como bondad, fuerza, sabiduría, belleza, etcétera.
Además de emociones, podemos también proyectar rasgos, cualidades y características personales, hasta llegar a sentirnos totalmente desprovistos de dichas características, cuando parecen abundar en todos los demás.
Cuando se trata de cualidades buenas y positivas, como la belleza o la sabiduría, nos aterra la cantidad de superhombres que parecemos tener a nuestro alrededor, puesto que les hemos ofrecido todos nuestros atributos.
Ésta es la base del amor romántico, pero también se da con frecuencia en los matrimonios y en las relaciones amistosas, entre médico y paciente, o entre profesor y alumno.
Hay una anécdota de una mujer sometida a psicoterapia, que había proyectado toda su bondad en su terapeuta, como consecuencia de lo cual sentía una admiración y adoración absoluta por él. Como muestra de su aprecio, decidió regalarle una hermosa corbata azul celeste que, en sus propias palabras, «hace juego con sus encantadores ojos azules, tan llenos de sabiduría».
El caso es que el terapeuta tenía los ojos castaños y cuando le entregó la corbata que supuestamente hacía juego con sus ojos azules de tanta sabiduría, éste cogió un espejo y lo colocó ante el rostro de la paciente. «Dígame -preguntó-, ¿quién tiene unos hermosos ojos azules llenos de sabiduría?»
Como es de suponer, la mujer tenía unos hermosos ojos intensamente azules. Como siempre, tanto la belleza como la sabiduría están en la mirada del observador y cuando sentimos por alguien una admiración desmesurada es porque hemos construido un pedestal para dicha persona con nuestro propio potencial.
4) Proyección de cualidades negativas, tales como prejuicios, esnobismo, melindrería, mezquindad, etcétera. Al igual que la proyección de emociones negativas, también es muy común en nuestra sociedad la de cualidades negativas, ya que somos víctimas del engaño de que lo «negativo» equivale a «indeseable».
Así pues, en lugar de intimar con los rasgos negativos de integrarlos, los enajenamos y proyectamos, viéndolos en todos los demás pero no en nosotros mismos. Como siempre, no por ello dejan de pertenecernos, por lo que:
Las acusaciones que A lanza contra B son aspectos embarazosos de la autobiografía de A.
La introspección de A de las motivaciones enfermizas de B revela los motivos de A, ya que una persona sólo puede tener una introspección de otra por analogía con su propia experiencia.
Tanto si las proyecciones encajan como si no, donde mejor se ajustan las acusaciones y las introspecciones es en su lugar de procedencia: en uno mismo.
Por ejemplo, en un grupo de diez chicas, a nueve les gusta Jill, pero la décima, Betty, no puede soportarla, porque, según explica Betty, Jill es una remilgada, y Betty detesta la melindrería.
Por ello se esfuerza en convencer a sus amigas de la supuesta melindrería de Jill, pero nadie parece estar de acuerdo con ella, lo que la pone todavía más furiosa. Puede que sea evidente que la única razón por la que Betty detesta a Jill es su
propia tendencia inconsciente a la melindrería que, al proyectarla en Jill, transforma el conflicto entre Betty y Betty en un conflicto entre Betty y Jill.
Jill, por supuesto, no tiene nada que ver con dicha pugna, limitándose a actuar como espejo involuntario del desprecio que Betty siente por sí misma.
Todos tenemos áreas inaccesibles, tendencias y rasgos que simplemente nos negamos a aceptar como nuestros, y que, por consiguiente, arrojamos al medio ambiente, donde acumulamos nuestra ira e indignación puritanas para luchar contra los mismos, ofuscados por un idealismo que nos impide reconocer que la batalla es interna y que el enemigo está en casa.
Y lo único que precisamos para integrar dichas facetas es tratarnos a nosotros mismos con el mismo cariño y consideración que dispensamos a los demás.
Como dice Jung con suma elocuencia:
La aceptación de uno mismo es la esencia del problema moral y compendio de todo un enfoque de la vida.
Dar de comer al hambriento, perdonar un insulto, amar al enemigo en nombre de Jesucristo son sin duda grandes virtudes. Lo que le hago al último de mis hermanos, se lo estoy haciendo a Jesucristo.
Pero ¿qué ocurre si descubro que el más insignificante entre todos ellos, el más miserable de los mendigos, el más procaz de los pecadores, el mismísimo enemigo se halla dentro de mí y que soy yo quien necesita la limosna de mi propia condescendencia, que soy yo el enemigo que debe ser amado, qué ocurre entonces?
Para resumir el tema y encuadrarlo en el contexto del espectro de la conciencia, nuestra energía (Brahma, nivel de la Mente) se moviliza y acumula, pasa por la gama transpersonal para llegar por fin al nivel existencial por el que también pasa, hasta llegar a la franja biosocial, donde adquiere la forma de una idea y la dirección de una emoción.
Nuestra energía, revestida ahora con ideas y emociones, llega al nivel egoico donde, si el dualismo/represión/proyección cuaternario ha tenido ya lugar, dichas ideas, cualidades y emociones, tanto positivas como negativas, se enajenan y proyectan, de modo que no parecen proceder de uno mismo sino del medio am¬biente.
Este último dualismo principal, que crea el nivel de la sombra, ha sido objeto de nuestro interés y lo han descrito sucintamente Perls, Hefferline y Goodman:
Una proyección es un rasgo, actitud, sentimiento o aspecto de la conducta perteneciente en efecto a su propia personalidad, pero que el individuo no experimenta como tal; por el contrario, lo atribuye a personas u objetos ajenos y lo experimenta como dirigido hacia él por los demás, en lugar de a la inversa.
El proyector, por ejemplo, inconsciente de que rechaza a los demás, cree que son ellos quienes le rechazan a él; o, inconsciente de su tendencia a la insinuación sexual, cree que son los demás quienes se le insinúan.
Las consecuencias de este dualismo cuaternario tienen siempre una doble vertiente. Por una parte, llegamos a convencernos de que carecemos por completo de la cualidad que proyectamos y, por consiguiente, al estar fuera de nuestro alcance, no la utilizamos ni nos servimos de ella, ni satisfacemos ninguna de sus necesidades, provocando una frustración y una tensión crónicas.
Por otra parte, vemos dichas cualidades como existentes en el medio ambiente, donde adquieren unas proporciones horrendas y aterradoras, de modo que acabamos por flagelarnos con nuestra propia energía.
La proyección en el nivel egoico es fácilmente identificable. Si alguna persona o cosa en el medio ambiente nos facilita información, lo más probable es que no estemos proyectando; sin embargo, si nos afecta, es plausible que seamos víctimas de nuestras propias proyecciones.
Por ejemplo, es perfectamente posible que Jill fuera una melindrosa, pero ¿sería ésa una buena razón para que Betty la odiara? Evidentemente, no; Betty no recibió simplemente información de que Jill fuera una mojigata, sino que quedó fuertemente afectada por su melindrería, lo que indica con toda seguridad que el odio que Betty sentía por Jill no era más que autodesprecio proyectado o extrovertido.
Asimismo, cuando Jack intentaba decidir si limpiar o no el garaje y su esposa se interesó por lo que hacía, su reacción fue exagerada. Si en realidad no hubiera deseado ordenar el garaje, si hubiese sido verdaderamente inocente de dicho impulso, se habría limitado a responder que había cambiado de opinión. Pero, en su lugar, se indignó con ella; ¡vaya desfachatez, ella pretendía obligarle a limpiar el garaje!
Jack proyectaba su propio deseo y lo experimentaba como presión, de modo que la inocente pregunta de su esposa no actuó sólo como información, sino que le afectó profundamente; Jack se sentía injustamente presionado. Y ésa es la diferencia fundamental; lo que vemos en los demás es más o menos correcto si se limita a facilitamos información, pero se trata definitivamente de una proyección si nos produce un fuerte efecto emocional.
De modo que, si nos sentimos excesivamente apegados a alguien (o algo) o eludimos emocionalmente u odiamos a alguien, estamos abrazando o luchando respectivamente con la sombra y no cabe duda de que el dualismo/represión/proyección cuaternario ha tenido lugar.
El desmantelamiento de una proyección representa un «descenso» por el espectro de la conciencia (del nivel de la sombra al egoico) , ya que ampliamos nuestra área de identificación al recuperar aspectos de nosotros mismos anteriormente enajenados.
Y el primer paso, el paso preliminar, consiste siempre en darse cuenta de que lo que creíamos que el medio ambiente nos hacía de un modo mecánico, es en realidad algo que nos hacemos a nosotros mismos; nosotros somos los responsables.
En palabras de Laing:
Existe, por consiguiente, cierta validez fenomenológica en referirnos a dichas «defensas» (como la proyección) con el término «mecanismo». Pero no debemos detenernos ahí. Están dotadas de esa cualidad mecánica debido a que la persona, por el modo en que las experimenta, está disociada de ellas.
Aparenta, ante sí misma y los demás, padecerlas (como si fueran «ajenas» a ella)...
Pero esto sólo es cierto desde la perspectiva de su propia experiencia enajenada.
Cuando empieza a desenajenarse (integrar sus proyecciones) logra en primer lugar ser consciente de ellas, en el caso de que no lo fuera, para dar a continuación el segundo paso, todavía más fundamental, consistente en comprender progresivamente que esas son cosas que hace o se ha hecho a si misma.
Por consiguiente, si me siento angustiado, probablemente alegaré que soy víctima indefensa de dicha tensión, que la gente o las situaciones que me rodean causan mi ansiedad.
El primer paso consiste en ser plenamente consciente de la angustia, entrar en contacto con ella, temblar, estremecerse y jadear -realmente sentirla, darle la bienvenida, expresarla ¬y así darme cuenta de que yo soy el responsable, de que aumenta mi tensión, de que estoy bloqueando mi excitación y, por tanto, experimentando angustia.
Yo soy quien se lo causa a sí mismo, de modo que la angustia es un asunto entre yo y yo, y no entre yo y el medio ambiente.
Pero este cambio de actitud significa que si bien antes enajenaba mi excitación, desvinculándome de la misma y
Alegando ser su victima, ahora acepto la responsabilidad de lo que me hago a mi mismo. Esto queda claramente demostrado en el siguiente diálogo:
Entre el terapeuta gestalt, Fritz Perls (F), y su «paciente» Max (M), en el que Max empieza por desentenderse de toda responsabilidad en relación con sus «síntomas»:
M.: Me siento tenso. Mis manos están tensas.
F.: Sus manos están tensas. No tienen nada que ver con usted.
M.: Me siento tenso.
F.: Está tenso. ¿Cómo está tenso? ¿Qué está haciendo? Usted ve la persistente tendencia a (enajenar aspectos de nosotros mismos mediante) la materialización; siempre intentando forjar algo a partir de un proceso...
M.: Me estoy poniendo tenso.
F.: Eso es. Examine la diferencia entre las palabras «me estoy poniendo tenso» y «aquí hay tensión». Cuando dice «siento tensión», usted es irresponsable, no es responsable de la misma, es impotente y no puede hacer nada para remediarla. El mundo debería hacer algo, darle una aspirina o lo que fuera. Pero cuando dice «me estoy poniendo tenso» se hace responsable y observamos la aparición de la primera muestra de excitación vital.
La tensión y la angustia de Max pronto se transforman en excitación y Perls comenta:
Evidentemente, hacerse responsable de su propia vida y ser rico en experiencia y habilidad (son) cosas idénticas.
Y a esto es a lo que aspiro durante este breve ciclo de conferencias, a hacerles comprender los enormes beneficios de responsabilizarse de todas sus emociones, de cada movimiento que hacen, de cada pensamiento que fraguan... y no responsabilizarse de nadie más.
El mundo no está aquí para su expectación, ni tienen por qué vivir para la expectación del mundo.
Nos afectamos mutuamente siendo sinceramente lo que somos y no estableciendo intencionadamente contacto.
Más adelante, el doctor Perls resumió el conjunto del tema con mayor claridad:
Mientras luchen contra un síntoma, empeorarán.
Si se hacen responsables de lo que se están haciendo a sí mismos, cómo producen sus síntomas, cómo producen su enfermedad, cómo producen su existencia, en el mismo momento en que establezcan contacto consigo mismos, empezará el crecimiento, comenzará la integración.
Si el primer paso en la «curación» de las proyecciones de la sombra consiste en responsabilizarse de dichas proyecciones, para el segundo basta con invertir la dirección de la propia proyección y hacerles delicadamente a los demás lo que hasta entonces nos hemos hecho despiadadamente a nosotros mismos.
De modo que «el mundo me rechaza» se traduce libremente por «¡rechazo, por lo menos de momento, este maldito mundo!».
«Mis padres quieren que estudie» se convierte en «quiero estudiar». «Mi pobre madre me necesita» se traduce por «necesito estar cerca de ella». «Tengo miedo de estar solo» pasa a ser «¡no estoy dispuesto a darle a nadie ni los buenos días!». «Todo el mundo me mira con recelo» se convierte en «me interesa observar críticamente a la gente».
Volveremos inmediatamente a estos dos pasos básicos de responsabilidad e inversión, pero en este momento señalemos que en todos los casos de proyección de la sombra hemos intentado «neuróticamente» convertir nuestra autoimagen en aceptable; a costa de su inexactitud.
Todas esas facetas de nuestra autoimagen, nuestro ego, incompatibles con lo que a nivel superficial parecen nuestros mejores intereses, o todos aquellos aspectos inconjugables con las franjas filosóficas, o todas esas facetas enajenadas en momentos de tensión, encrucijada o doble vínculo, todo ese autopotencial ha sido abandonado.
Por consiguiente, nuestra identidad ha quedado reducida sólo a una fracción de nuestro ego; a saber, la distorsionada y empobrecida persona. Y así, de un solo plumazo, quedamos condenados a que nos persiga indefinidamente nuestra propia sombra, a la que ahora negamos hasta la más mínima audiencia consciente. Pero la sombra jamás deja de expresarse, abriéndose paso en la conciencia en forma de angustia, culpabilidad, miedo y depresión. La sombra se convierte en síntoma y se nos aferra como un vampiro a su presa.
En términos un tanto figurativos, cabe afirmar que hemos dividido el concordia discors de la psique en numerosas polaridades, contrarios y opuestos, por conveniencia denominados colectivamente dualismo cuaternario, es decir, la separación de la persona y la sombra.
Por consiguiente, la sombra existe precisamente como opuesto de lo que nosotros, como personas, creemos consciente y deliberadamente ser.
De modo que es fácil deducir que, si uno desea saber cómo ve su sombra el mundo, a modo de experimento personal, no tiene más que asumir exactamente lo opuesto de lo que conscientemente desee, le guste, sienta, quiera, se proponga o crea.
Así podrá ponerse conscientemente en contacto con sus opuestos, expresarlos, interpretarlos y finalmente recuperarlos. Después de todo, uno los domina o le dominan a uno; la sombra nunca deja de manifestarse.
Si algo hemos aprendido en este capítulo ha sido a ser juiciosos conocedores de nuestros opuestos, o de lo contrario nos veremos obligados a defendernos de ellos.
Ahora bien, utilizar los opuestos, ser conscientes de nuestras sombras y acabar por recuperarlas, no significa necesariamente actuar en ellas.
Al parecer, casi todo el mundo teme enfrentarse a sus opuestos por miedo a que le dominen. Y, sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: acabamos siguiendo, totalmente contra nuestra voluntad, los dictámenes de la sombra solo cuando ésta es inconsciente.
Como ejemplo sumamente esquemático, imaginemos que Ann está convencida de que lo que realmente desea hacer en la vida es ser abogada. Tan segura está Ann de su vocación, que no permite que la más mínima duda perturbe su mente.
La perspectiva de dicha carrera le resulta sumamente agradable y todo parece indicar que sería muy feliz en esa situación. Sin embargo, está amargada porque, según explica ella misma, sabe que su marido se opondrá a sus proyectos.
A decir verdad, es evidente que no tiene nada que ver con él y Ann sabe que, en realidad, no intentará impedirle que se dedique a las leyes. Pero está simplemente convencida de que no le parecerá bien, lo cual -por varias razones- le resultaría agobiante y convertiría una profesión ya difícil en imposible.
No obstante, el caso es que Ann no ha llegado a preguntarle a su marido lo que opina de su propósito de ser abogada, lo que según ella es innecesario, ya que se opondría rotundamente.
De modo que durante algún tiempo - y no es inusual que este tipo de situaciones se prolongue varios años- Ann vive en una semiagonía, llena de resentimiento secreto con su marido por una parte y actuando abiertamente como mártir por la otra, ante la enorme confusión y frustración de su pareja.
Por fin el conflicto sale ineludiblemente a la luz del día y Ann le recrimina enojada a su marido su supuesta oposición a su proyectada carrera, pero queda absolutamente perpleja al descubrir que él, con toda sinceridad, no tiene nada que objetar a sus deseos.
Aunque el ejemplo sea superficial, representa un drama muy básico en el que todos hemos participado en un momento u otro.
Por consiguiente, cabe preguntarse: ¿Qué había realmente tras dicha estrategia? La orientación consciente de Ann consistía en un deseo supuestamente puro de convertirse en abogada. Sin embargo, Ann no podía haber sabido que lo que le apetecía era estudiar derecho si a una pequeña parte de ella misma no le hubiera desagradado.
Una imagen no se mantiene en la conciencia, a no ser que exista un campo contrastante que la realce.
Pero, para Ann, el hecho de ser consciente de una parte insignificante de sí misma que lo habría mandado todo a la porra, contribuía a su exclusiva convicción vocacional. Por consiguiente, había intentado negar su pequeño aunque absolutamente necesario desagrado del derecho, pero lo único que había logrado -como siempre en el caso de las proyecciones- había sido negar que le perteneciera.
Pero seguía perteneciéndole y la oposición desterrada no dejaba de reclamar su atención. De modo que sabía que alguien se esforzaba cada vez más en expresar su rechazo ante su propuesta carrera jurídica, pero, dado que evidentemente no era ella, sólo tenía que elegir a un candidato. Cualquiera habría servido, pero necesitaba uno como mínimo.
De modo que, para su mayor aunque atormentada gloria, entró su marido en escena y ahí, en el medio ambiente, en la persona de su esposo, ampliado y percibido como a través de una lupa psíquica, no hacía más que contemplar el rostro de su propia sombra, de su opuesto enajenado. «¡La osadía de ese cabronazo, de pretender que yo no vaya a la facultad de derecho!»
Debido a que, en lugar de enfrentarse a su opuesto, Ann lo proyectaba, el opuesto tenía en realidad la última palabra; Dios sabe durante cuánto tiempo, por lo menos en lo que a su conducta se refiere, Ann rechazó el derecho y no hizo la carrera. Cuando por fin quedó claro que, a decir verdad, a su esposo le encantaba la idea, Ann se quedó con su proyección en el aire.
Si en ese momento tiene el buen sentido de enfrentarse por fin a su opuesto, por primera vez estará en condiciones de evaluar de un modo consciente y realista los pros y los contras de su deseo y tomar una decisión sensata. Sea cual fuere su decisión, la tomará libremente y sin sentirse presionada.
El caso es que para tomar una decisión o elegir de forma válida, debemos ser plenamente conscientes de ambos bandos, ambos opuestos, y si una de las alternativas es inconsciente, es probable que nuestra decisión esté lejos de ser sensata.
En todas las áreas de la vida psíquica, como lo demuestran este ejemplo y todos los demás de este capítulo, debemos enfrentarnos a nuestros opuestos y recuperarlos, lo que no significa necesariamente actuar en los mismos, sino sólo ser conscientes de su existencia.
Conforme uno se enfrenta progresivamente a sus opuestos, cada vez es más evidente -y esto es algo en lo que no nos cansamos de insistir- que, dado que la sombra es una faceta real e integral del ego, todos los «síntomas» y molestias que ésta parece infligirnos son en rea1idad síntomas y molestias que nos infligimos a nosotros mismos, por mucho que protestemos conscientemente de lo contrario.
Es verdaderamente como si yo, por ejemplo, me propinara adrede dolorosos pellizcos, pero sin proponérmelo. Sean cuales fueren los síntomas en dicho nivel -culpabilidad, miedo, angustia, depresión-, todos son, de un modo u otro, consecuencia estricta de mis pellizcos «mentales».
Y esto significa ineludiblemente que, por increíble que parezca, tengo tanto deseo de que el doloroso síntoma en cuestión, sea cual fuere su naturaleza, permanezca, como de que desaparezca.
Por consiguiente, el primer opuesto al que uno puede intentar enfrentarse es el deseo secreto de la sombra de mantener y conservar dichos síntomas, ese deseo inconsciente de pellizcarse a uno mismo.
Además, permítasenos la audacia de sugerir que, cuanto más absurdo le parezca esto a un determinado individuo, más desvinculado está de su propia sombra, de esa parte de sí mismo responsable de los pellizcos.
Por consiguiente, preguntarse «¿cómo puedo librarme de dichos síntomas?» equivale a emprender desde el primer mo¬ento el camino equivocado, ya que sugiere que no es uno mismo quien los produce.
Sería como preguntarse «¿cómo puedo dejar de pellizcarme?».
Mientras uno se pregunte cómo dejar de pellizcarse, mientras intente dejar de hacerlo, es evidente que no se habrá dado cuenta de que es uno mismo quien se pellizca.
En estas circunstancias, el dolor persiste o incluso aumenta.
Si uno se da claramente cuenta de que se está pellizcando a sí mismo, no se pregunta cómo dejar de hacerlo, ¡para inmediatamente! Hablando claro, la razón por la que el síntoma no desaparece es precisamente el hecho de que uno intente hacerlo desaparecer.
Ésta es la razón por la que Perls afirma que mientras uno persista en luchar contra un síntoma, lo que hace es empeorarlo.
El cambio deliberado nunca funciona, porque excluye la sombra.
Así pues, el problema no está en eliminar un síntoma, sino en procurar deliberada y conscientemente incrementarlo, experimentarlo plenamente.
Si está deprimido, procure deprimirse todavía más. Si está tenso, intente incrementar más su tensión. Si se siente culpable, procure literalmente aumentar su sensación de culpabilidad.
De ese modo, uno reconoce e incluso se, solidariza por primera vez con su propia sombra, pasando a hacer conscientemente lo que hasta entonces ha hecho inconscientemente.
Cuando uno, a nivel de experimento personal, invierte conscientemente la totalidad de su propio ser en la producción activa y deliberada de los síntomas en cuestión, en realidad habrá reunido su persona con su sombra. Uno se habrá puesto conscientemente en contacto con sus opuestos, solidarizándose con los mismos y, en resumen, redescubriendo su propia sombra.
De modo que lo que debemos hacer es incrementar conscientemente cualquier síntoma presente, hasta llegar a darnos plenamente cuenta de que somos nosotros mismos quienes lo generamos y siempre lo hemos generado, en cuyo momento seremos, por primera vez, espontáneamente libres de detenerlo.
Al igual que cuando Max vio claramente que era él mismo quien generaba la tensión, y entonces -y sólo entonces- gozó de libertad para pararla.
Si uno logra incrementar su sensación de culpabilidad, de pronto y de un modo extraordinariamente espontáneo se da cuenta de que también puede decrecerla.
Si uno es libre de deprimirse, también lo es de no hacerlo.
Mi padre tenía un remedio infalible para el hipo, que consistía en sacar un billete de veinte dólares y exigirle a cambio a la víctima que parara inmediatamente. Asimismo, la angustia tolerada deja de ser angustia y el modo más fácil de conseguir que una persona deje de estar tensa consiste en desafiarla a que se tense tanto como pueda.
En todos los casos, al adherir la conciencia a un síntoma determinado, se libra uno de dicho síntoma.
Sin embargo, a uno no debe preocuparle que el síntoma desaparezca o que no lo haga; desaparecerá, pero a uno no debe preocuparle.
La utilización de los opuestos con el solo propósito de eliminar un síntoma equivale a condenarse de antemano al fracaso.
En otras palabras, no se trata de manipular los opuestos a medias tintas y verificar ansiosamente si el síntoma ha desaparecido.
Si uno se oye a sí mismo diciendo «he intentado empeorar mi síntoma, pero todavía no ha desaparecido y ojalá lo hiciera», significa que no ha llegado siquiera a ponerse en contacto con la sombra y que se ha limitado a expresar ciertas buenas intenciones para aplacar a los dioses y a los demonios.
Hay que convertirse en dichos demonios, hasta que con toda la fuerza de su atención consciente uno produzca, genere y retenga deliberadamente sus síntomas.
Por consiguiente, sobre todo al principio, cada vez que uno sienta que se desliza de nuevo hacia un intento deliberado de silenciar algún síntoma, erradicado o ignorado, debe acudir a su opuesto, retener el síntoma, incrementarlo, expresarlo, interpretarlo.
Es como si uno comenzara a caerse de la bicicleta y, contra sus mejores instintos, al inclinarse en dirección de la caída, la bicicleta milagrosamente se enderezara. Tropezamos constantemente con nuestros «síntomas» por la simple razón de que tomamos la dirección equivocada.
Así pues, si el primer error consiste en intentar eliminar el síntoma, el segundo es el de intentar no eliminarlo, a fin de eliminarlo.
Insistimos, por consiguiente, en que a uno no debe preocuparle, ni siquiera debe albergar la esperanza de que el síntoma desaparezca.
Esto, como hemos visto, en todo caso no es más que media verdad. Lo que debemos hacer es concentrarnos única y exclusivamente en la experimentación y vivencia del síntoma, el contacto con la sombra, el enfrentamiento de los opuestos, y entonces -sin presión alguna por nuestra parte y a su debido tiempo- el síntoma desaparecerá espontáneamente.
Y esto se debe sencillamente a que la psique es un sistema espontáneamente autoorganizador que, al recibir por fin la información correcta sobre lo que la está pellizcando, lo para automáticamente.
El juego de los opuestos, y el hecho de responsabilizarse de la propia sombra y de los síntomas constituyen esencialmente el primer paso. Y conforme los opuestos pasan a ser cada vez más conscientes -amor y odio, agrado y desagrado, buenas y malas cualidades, emociones positivas y negativas- y los síntomas más experimentados -estados de ánimo y temores, temblores y estremecimientos, depresiones y angustias-, el individuo puede pasar, si es necesario, al segundo paso e invertir la dirección de las proyecciones, siguiendo las líneas generales indicadas en este capítulo, según sean estas cualidades positivas o negativas, o emociones positivas o negativas.
Por regla general, este segundo paso sólo es necesario con las emociones proyectadas, pero no con las cualidades; es decir, que hay que invertir la dirección de la proyección.
En términos generales, esto se debe a que las emociones no son sólo cualidades, sino cualidades con una dirección. De modo que cuando proyectamos una emoción determinada, no sólo expulsamos de nuestro interior la cualidad de dicha emoción, sino que también invertimos su dirección.
Por ejemplo, si proyecto una emoción positiva como el interés, no sólo proyecto la cualidad propia de dicho interés (y, por consiguiente, me considero ausente de dicha cualidad), sino que también invierto su dirección, de modo que en lugar de observar a los demás tengo la sensación de que son los demás quienes me observan.
O si proyecto mi deseo sexual hacia alguien, me desprendo de la cualidad e invierto su dirección, de forma que en lugar de excitarme sexualmente ante la persona en cuestión, tengo la sensación de que se propone violarme. O si proyecto mi ímpetu me siento apático, e impulsado y presionado por todos los demás. Lo mismo ocurre con las emociones negativas: «rechazo a los demás» se convierte en «los demás me rechazan»; «odio el mundo» se convierte en «el mundo me odia»; «tengo ganas de pelear» se convierte en «todo el mundo se mete conmigo».
Al proyectar la cualidad de la emoción tenemos la sensación de carecer de ella «no siento odio alguno» y al mismo tiempo invertimos su dirección «¡pero él me odia a muerte!».
En resumen, cuando proyectamos una emoción invertimos también su dirección.
De modo que al entrar en contacto con mis síntomas e intentar deliberadamente identificarlos, debo recordar que cualquier síntoma determinado -si su núcleo es emotivo- es la forma visible de una sombra, que no sólo contiene la cualidad opuesta sino la dirección contraria.
Así pues, si estoy profundamente afectado y ofendido «debido a» lo que cierto individuo me ha dicho y ello me produce un fuerte sufrimiento -a pesar de que, a nivel consciente, no siento más que afecto por dicho individuo-, lo primero de lo que debo darme cuenta es de que yo soy el autor de lo que está ocurriendo, de que estoy literalmente torturándome a mí mismo. Después de responsabilizarme de mis propias emociones, estoy ahora en condiciones de invertir la dirección de la proyección y ver que mi sensación de atormentado es precisamente mi propio deseo de atormentar al individuo en cuestión.
«Me siento injuriado por ese individuo», a fin de cuentas se traduce correctamente por «deseo injuriar a ese individuo». Esto no significa que vaya a pegarle una paliza; el hecho de ser consciente de mi ira basta para la integración (aunque quizá me apetezca desahogarme aporreando una almohada).
El caso es que mi síntoma de sufrimiento no sólo refleja la cualidad opuesta, sino también la dirección inversa. Por consiguiente, tendré que responsabilizarme tanto de la ira (que es la cualidad opuesta de mi afecto consciente en cuanto al individuo en cuestión), como del hecho de que la propia ira va de mí hacia él (que es lo opuesto de mi dirección consciente).
Por consiguiente, en el caso de la proyección de emociones, lo primero de lo que debemos darnos cuenta, en cierto sentido, es de que lo que creíamos que nos estaba haciendo el medio ambiente, en realidad nos lo hacemos nosotros mismos, nos estamos literalmente atormentando a nosotros mismos; y a continuación, por así decirlo, darnos cuenta de que, a decir verdad, se trata de nuestro propio deseo solapado de atormentar a los demás.
De acuerdo con la proyección de cada uno, sustitúyase el «deseo de atormentar a los demás» por el deseo de amar, odiar, tocar, crear tensión, poseer, observar, asesinar, abrazar, capturar, rechazar, ofrecer, tomar, jugar, dominar, engañar o ensalzar. Rellene cada uno el espacio en blanco o, mejor dicho, deje que su sombra lo rellene.
Ahora bien, este segundo paso correspondiente a la inversión es absolutamente esencial. Si la emoción no se descarga plenamente en la dirección correcta, uno no tarda en caer de nuevo en la costumbre de dirigirla contra sí mismo. De modo que cuando uno establece contacto con una emoción, como la ira, siempre que empiece a dirigirla de nuevo contra sí mismo debe activar la dirección opuesta.
¡Inviértala! Ahora depende de usted: pellizcar o ser pellizcado, observar o ser observado, rechazar o ser rechazado. .
Recuperar nuestras proyecciones es algo más sencillo -aunque no necesariamente más fácil- cuando se trata de cualidades, rasgos o ideas proyectadas, debido a que carecen en sí de dirección, o por lo menos no es tan pronunciada y activa como la de las emociones.
Por el contrario, las cualidades tanto positivas como negativas, como la sabiduría, el valor, el rencor, la malicia, la tacañería, etcétera, parecen ser relativamente más estáticas. Por consiguiente, sólo tenemos que preocuparnos de la cualidad propiamente dicha, sin pensar excesivamente en su dirección.
Claro que cuando estas cualidades han sido proyectadas, puede que reaccionemos ante ellas de un modo emotivamente violento, a continuación de lo cual tal vez proyectemos dichas reacciones emocionales, reaccionemos ante las mismas y así sucesivamente en un vertiginoso torbellino de acumulación de sombras.
Además, es perfectamente posible que las cualidades o ideas no se proyecten, a no ser que estén emocionalmente cargadas. Sea como fuere, es posible conseguir una reintegración considerable, simplemente considerando por sí mismas las cualidades proyectadas.
Como de costumbre, al igual que en el caso de las emociones proyectadas, los rasgos proyectados serán aquellos que «vemos» en los demás, que no sólo nos informan sino que nos afectan poderosamente.
Lo normal es que se trate de las cualidades que imaginamos que otro posee y que nosotros aborrecemos profundamente; suelen ser esas cualidades que tenemos tanto empeño en señalar y condenar violentamente. Poco importa que no hagamos más que lanzar nuestros vituperios contra el área negra de nuestro propio corazón, con la esperanza de desendemoniarlo.
Ocasionalmente, las cualidades proyectadas serán algunas de nuestras propias virtudes, por lo que nos apegamos a aquellos a quienes atribuimos nuestras bondades, a menudo protegiendo y monopolizando febrilmente a la persona elegida.
La fiebre procede, evidentemente, del poderoso deseo de conservar ciertos aspectos de nosotros mismos.
A fin de cuentas, hay proyecciones para todos los gustos.
En todo caso, estas cualidades proyectadas -al igual que las emociones- serán siempre las opuestas a aquellas que conscientemente imaginamos poseer.
Sin embargo, al contrario de las emociones, estos rasgos carecen en sí mismos de dirección y, por consiguiente, su integración es sencilla.
Al dar el primer paso en relación con los opuestos, uno descubrirá que lo que ama o aborrece en los demás no son más que cualidades de su propia sombra.
No se trata de una relación entre yo y otros, sino entre yo y yo. Al establecer contacto con nuestros opuestos, lo hacemos con la sombra y, al comprender de ese modo que nos estamos pellizcando a nosotros mismos, dejamos de hacerlo.
Dado que los rasgos proyectados carecen en sí de dirección, para su integración no es necesario dar el segundo paso de la inversión.
De ese modo, gracias a la entrada en escena de nuestros opuestos, otorgándole a la sombra el tiempo que le corresponde, acabamos por ampliar nuestra identidad -y, por consiguiente, nuestra responsabilidad- a todos los aspectos de la psique y no sólo a nuestra empobrecida persona.
Así, la brecha entre la persona, la sombra se «remienda y unifica», gracias a lo cual evoluciona espontáneamente una autoimagen fidedigna y, por consiguiente, aceptablemente unitaria, es decir, una fiel representación mental del conjunto de mi organismo psicosomático. Así se integra mi psique; así desciendo del nivel de la sombra al del ego.
La mayoría de las «psicoterapias» desarrolladas en Occidente van primordialmente encaminadas a descender al nivel egoico y trabajar en el mismo; de un modo u otro, se ocupan del dualismo/represión/proyección cuaternario, del denominado conflicto intrapsíquico: integrando la sombra, independientemente de cómo haya sido concebida. A nuestro estilo esquemático, sugerimos que a pesar de sus numerosas diferencias de forma, estilo y contenido, y a pesar de sus diferencias en eficacia aparente, se ocupan todas esencialmente del cuarto dualismo principal, con el propósito de «convertir en consciente lo inconsciente», «reforzar el ego», desarrollar una autoimagen fidedigna, etcétera.
Ciertos aspectos de la terapia Gestalt, la psicología psicoanalítica del ego, la terapia de la realidad, la terapia racional, el análisis transaccional, el psicodrama, la plétora de psicologías egoicas -por nombrar sólo unas cuantas- proponen la confrontación de la sombra, para acabar recuperando su posesión y ver de ese modo aquello de lo que antes no éramos capaces: a un amigo en el viejo enemigo.
INTEGRACIÓN DE LA SOMBRA.
Al principio de su carrera como «Médico de los nervios», Sigmund Freud se desplazó a Nancy, en el este de Francia, para presenciar los trabajos del célebre hipnotizador: Dr. Bernheim.
Lo que Freud vio acabaría por moldear todas las corrientes principales de la psicoterapia occidental, desde Adler hasta Jung, la terapia Gestalt y Maslow.
En un experimento típico realizado por Bernheim, se llevó al paciente a un trance hipnótico profundo y a continuación se le dijo que: “Cuando se le hiciera una señal determinada, cogiera un paraguas que se encontraba junto a la puerta, lo abriera y lo levantara sobre su cabeza. Cuando se dio la señal, el paciente hizo exactamente lo que se le había indicado. “
Más tarde, el médico le preguntó al paciente por qué había abierto el paraguas dentro de la sala y éste le respondió de un modo perfectamente razonable:
«Deseaba averiguar a quién pertenecía».
El paciente realizaba un acto, pero a decir verdad no tenía la más remota idea del porqué.
En otras palabras, el paciente tenía definitivamente una razón para abrir el paraguas, pero no estaba enterado de la misma; su verdadera razón era inconsciente y obedecía a fuerzas que al parecer no estaban en su mente consciente.
Freud elaboró por entero su sistema psicoanalítico alrededor de esta introspección básica, según la cual: El hombre tiene necesidades o motivaciones de la que es inconsciente.
Ahora bien, debido a que dichas necesidades o instintos son inconscientes, el individuo no está plenamente enterado de los mismos y, por consiguiente, nunca puede actuar en consecuencia con ellos para obtener satisfacción.
En resumen el hombre no sabe lo que quiere, sus verdaderos deseos son inconscientes y, por consiguiente, nunca son adecuadamente satisfechos.
La consecuencia son las neurosis y las «enfermedades mentales», ya que es como si uno fuera completamente inconsciente del deseo de comer, y nunca supiera que tiene hambre y, por tanto, jamás comiera, con lo que, sin duda, enfermaría gravemente.
Ésta es una idea extraordinaria, cuya esencia se ha visto confirmada repetidamente en observaciones clínicas.
Sin embargo, el problema estriba en que, si bien todo el mundo coincide en que el hombre tiene necesidades inconscientes, nadie se pone de acuerdo en cuanto a cuáles son dichas necesidades.
La confusión empezó con el propio Freud, que cambió tres veces de opinión en cuanto a la naturaleza de los deseos o instintos del hombre.
Al principio creyó que se trataba del sexo y la supervivencia, a continuación pensó que era el amor y la agresión, y por fin afirmó que eran la vida y la muerte.
Desde entonces, los psicoterapeutas no han cesado en su empeño por descubrir las «verdaderas» necesidades del hombre. Tanto si las denominan necesidades, como instintos, deseos, impulsos, o motivaciones, se refieren a lo mismo.
Así O.Rank creyó que se trataba de la necesidad de una voluntad fuerte y constructiva; para Adler era la búsqueda de poder; en el caso de Ferenczi, la necesidad de amor y aceptación; para K.Horney, la seguridad; para Sullivan, satisfacciones biológicas y seguridad; para E.Fromm, la necesidad de significado; F.Perls creía que se trataba de la necesidad de crecer y madurar; para C.Rogers, autopreservación y mejora; para Glasser, la necesidad de amor y autoestima; etcétera, etcétera.
No es nuestra intención aumentar la confusión agregando lo que, a nuestro parecer, son las «verdaderas necesidades» del hombre, ya que aunque las distintas escuelas de psiquiatría y psicoterapia postulen necesidades humanas esencialmente diferentes, todas coinciden en la misma premisa básica:
Que el hombre es inconsciente de ciertos aspectos de su yo, y está aislado de los mismos o mantiene escasa comunicación con ellos.
Esos aspectos de su yo, de los que el hombre está aislado, es lo que hemos denominado Sombra y a continuación nos proponemos explorar algunos de los métodos más viables, mediante los cuales el hombre puede ponerse de nuevo en contacto y acabar por ser nuevamente dueño de su enajenada sombra.
Esto significa, en otras palabras, intentar reunir la persona, o autoimagen inexacta, con la sombra, o facetas aisladas del yo, a fin de desarrollar una autoimagen precisa y aceptable: el ego.
Sin embargo, no nos limitaremos a exponer estas terapias del nivel egoico, ya que existe en la actualidad un auténtico zoológico de técnicas, sistemas, métodos, escuelas y disciplinas psicoterapéuticas, lo que en sí no es necesariamente lamentable, ya que, como pronto será evidente, hay una buena razón para que existan tantas escuelas diferentes.
Pero el quid del problema, tan acuciante para el profesional como para el lego, consiste en discernir alguna semejanza de orden y estructura sintetizadora en este vasto complejo de sistemas psicológicos distintos y frecuentemente contradictorios.
Ahora creemos que, utilizando como modelo el espectro de la conciencia, puede realmente demostrarse dicho orden oculto.
Una de las principales afirmaciones es que la conciencia, el universo no dual, puede aparentar que funciona en distintas aunque continuas modalidades, estados o niveles.
Con la utilización de este modelo, estamos convencidos de que es posible integrar, de un modo bastante amplio y coherente, no sólo las principales escuelas de psicología y psicoterapia occidentales, sino también los conocidos como enfoques «orientales» y «occidentales» de la conciencia.
Ya que si hay algo de verdad en el espectro de la conciencia y en las grandes tradiciones metafísicas que coinciden unánimemente con su tesis básica, pasa a ser inmediatamente evidente que cada una de las principales aunque distintas escuelas de «psicoterapia», se dirigen simplemente a un nivel diferente del espectro de conciencia.
Por consiguiente, la razón primordial de que existan tantas escuelas de psicología diferentes y no obstante aparentemente válidas, no es, como generalmente se supone, que todas consideren el mismo nivel de la conciencia y lleguen a conclusiones contradictorias, sino que se dirigen a distintos niveles de la conciencia y llegan, por tanto, a conclusiones complementarias.
Así se empieza a discernir cierto método en esta algarabía de innumerables sistemas psicológicos aparentemente contradictorios.
Si estamos de acuerdo con las grandes tradiciones metafísicas en que la conciencia es pluridimensional (es decir, aparentemente compuesta de numerosos niveles), a partir de ahí descubriremos que las distintas escuelas de psicoterapia, orientales y occidentales, se encuadran de modo natural en un orden que abarca la totalidad del espectro de la conciencia.
Esto nos facilita, por consiguiente, una guía verdaderamente coherente e integradora del gran número de psicoterapias actualmente existentes.
Este estudio no pretende ser total ni definitivo, ya que a diario aparecen nuevas introspecciones psicológicas en distintos niveles. Por el contrario, facilita un esquema básico, una pauta invariable, al que podemos agregar nuevos datos conforme aumenta nuestro conocimiento. .
Recordemos que cada nivel del espectro de la conciencia lo genera un dualismo/ represión/ proyección determinado, que conduce (entre otras cosas) a un estrechamiento progresivo de la identidad del universo (Mente), al organismo (existencial), a la psique (ego) y a partes de la psique (persona).
Así, cada nivel del espectro es un productor potencial de cierto tipo de desórdenes, ya que cada uno representa un género determinado de enajenación del universo con respecto a sí mismo.
En términos muy generales, la naturaleza de dichos desórdenes «empeora» progresivamente conforme se asciende por el espectro, ya que con cada nuevo nivel aparecen más aspectos del universo con los que el individuo ha dejado de identificarse y que le resultan, por consiguiente, desconocidos y potencialmente amenazadores.
Por ejemplo, en el nivel existencial, el hombre se imagina separado de su propio medio ambiente y, por tanto, potencialmente amenazado por el mismo. En el nivel egoico, el hombre se supone enajenado de su propio cuerpo, de modo que no sólo el medio ambiente sino su cuerpo le parecen posibles amenazas para su existencia.
En el nivel de la sombra, el hombre parece haberse desvinculado incluso de partes de su propia psique, de modo que ahora el medio ambiente, su cuerpo e incluso su mente pueden parecerle extraños y amenazadores. Cada una de dichas enajenaciones, producto de un dualismo/represión/proyección determinado, es por consiguiente, potencialmente generadora de un tipo específico de desórdenes.
O, si se prefiere, de un tipo específico de represiones, proyecciones, procesos inconscientes, dualismos o fragmentaciones; desde el punto de vista del espectro de la conciencia, todos estos términos se refieren al mismo proceso de creación de dos mundos a partir de uno solo, que se repite con una nueva peculiaridad en todos y cada uno de los niveles del espectro.
Así pues, decir que cada nivel es producto de un dualismo/represión/proyección determinado, o que cada nivel se caracteriza por un estrechamiento de la identidad, o que cada nivel tiene su propio proceso inconsciente, equivale simplemente a afirmar que cada nivel tiene un conjunto característico de desórdenes potenciales.
Nuestra función consistirá, como ya hemos indicado, en señalar estos conjuntos principales de trastornos característicos de cada nivel, así como las terapias que se han adaptado a los mismos.
Esto nos brindará también la oportunidad de comentar las diversas «necesidades» e «impulsos» de cada nivel, su potencial de crecimiento en el mis¬mo, las «virtudes positivas» de cada nivel, los procesos inconscientes del mismo, etcétera.
En cuanto a las propias terapias, acabaremos por descubrir que, dado que cada nivel del espectro es generado por un dualismo/represión/proyección determinado, las terapias de cada nivel comparten el objetivo común de curar y unificar el dualismo principal del mismo.
Emprendemos el camino psicológico de la involución, del regreso a la fuente, del recuerdo de la Mente: el descenso del espectro de la conciencia.
Por tanto, empezaremos con las terapias cuyo objetivo es el de pasar del nivel de la sombra al egoico, descenderemos a continuación por el espectro a fin de examinar las terapias destinadas a la franja biosocial, para pasar acto seguido a las del nivel existencial; descenderemos entonces a las encaminadas a la gama transpersonal y concluiremos con las que operan en el nivel de la Mente. Por consiguiente, uno puede descender por el espectro lo mucho o poco que desee.
A fin de aprovechar plenamente los métodos destinados a la integración del nivel de la sombra, conviene recordar cómo se genera.
Con el dualismo/represión/proyección cuaternario, se divide el ego, su unidad se reprime y la sombra, que originalmente era una faceta integral del ego, se proyecta ahora como extraña, enajenada, desposeída.
En general, podemos pensar en la sombra como constituida por todas aquellas facetas potenciales del ego con las que hemos perdido contacto, que hemos olvidado y desposeído.
Así pues, la sombra puede contener no sólo nuestros aspectos «malos», agresivos, perversos, ruines, «malvados» y demoníacos de los que hemos procurado desprendernos, sino también los aspectos «buenos», enérgicos, divinos, angélicos y nobles que hemos olvidado que nos pertenecen.
A pesar de que procuramos desprendernos y desvincularnos de dichos aspectos, no dejan por ello de pertenecernos, y nuestro esfuerzo, a fin de cuentas, es tan inútil como si pretendiéramos desentendernos de nuestros codos.
Y debido precisamente a que dichas facetas no dejan de pertenecernos, siguen actuando sin que dejemos de percibirlas, pero, puesto que creemos que no nos pertenecen, las interpretamos como si procedieran de los demás.
Vemos nuestras propias cualidades en otra gente hasta tal punto que perdemos su rastro en nosotros mismos.
En el nivel egoico, esta enajenación de ciertos aspectos de nuestro yo tiene dos consecuencias básicas.
La primera consiste en que dejamos de pensar que dichos aspectos nos pertenezcan y, por consiguiente, nunca podemos utilizarlos, operar en ellos, satisfacerlos, con lo cual nuestra actuación básica se ve enormemente reducida, limitada y frustrada.
En segundo lugar, dichas facetas parecen existir ahora en el medio ambiente; hemos entregado nuestra energía a otros y ahora parece volverse contra nosotros, como de rebote.
La perdemos y «la vemos» en el medio ambiente, desde donde amenaza nuestra existencia.
En palabras del psiquiatra G.A.Young, «En este proceso el individuo se convierte en menos de lo que es y el medio ambiente en más de lo que es».
Acabamos por sacudirnos a nosotros mismos con nuestra propia energía.
Como dice Fritz Perls, «En el momento en que ha tenido lugar una proyección, o cuando hemos proyectado algún potencial, dicho potencial se vuelve contra nosotros».
No es difícil comprender cómo nuestra energía o potencial proyectado se vuelve contra nosotros; supongamos, por ejemplo, que dentro del yo emerge un impulso o estímulo, como el de trabajar, comer, estudiar o jugar.
¿Qué impresión nos causaría dicho impulso o estímulo si, debido al dualismo cuaternario, lo proyectáramos? El impulso emergería de todos modos, pero ya no lo sentiríamos como si nos perteneciera; el estímulo parecería ahora proceder del exterior, del medio ambiente, y, por consiguiente, no nos sentiríamos impulsados hacia el medio ambiente, sino estimulados por el mismo. En lugar de sentimos impulsados a actuar, nos sentiríamos impulsados por la acción; en lugar de tener ímpetu, nos sentiríamos objeto del mismo; en lugar de interés experimentaríamos presión : en lugar de deseo, obligación.
La energía sigue siendo nuestra, pero debido al dualismo cuaternario su fuente parece externa a nosotros y, por consiguiente, en lugar de poseerla nos sentimos agobiados por la misma, abofeteados y maltratados por lo que parecen ser fuerzas «externas», manipulados como indefensas marionetas, de cuyos hilos tira aparentemente el medio ambiente.
Además, no sólo podemos proyectar nuestras emociones positivas de interés, ímpetu y deseo, sino también nuestros sentimientos negativos de ira, resentimiento, odio, rechazo, etcétera.
Sin embargo, el resultado es el mismo: en lugar de sentirnos enojados con alguien, tenemos la sensación de que el mundo está enojado con nosotros; en lugar de sentir temporalmente odio por una persona, tenemos la sensación de que dicha persona nos odia a nosotros; en lugar de rechazar una situación determinada, nos sentimos rechazados.
Al pasar a ser inconscientes de nuestras escasas tendencias negativas, las proyectamos en el medio ambiente, poblando el mundo de aterradores «cocos», diablos y fantasmas imaginarios: nos asustamos de nuestras propias sombras.
Ahora bien, además de proyectar emociones positivas y negativas, podemos también proyectar ideas, cualidades o rasgos, positivos o negativos. Cuando alguien proyecta sus cualidades positivas de valor y mérito personal en otra persona, ha entregado sus propias «bondades» y las ve como pertenecientes a otro individuo. La persona en cuestión tiene entonces la sensación de carecer de valor comparada con dicho individuo, que ahora le parece un superhombre, poseedor no sólo de sus propios atributos sino de los proyectados.
Esta proyección de tendencias e ideas positivas tiene lugar frecuentemente en el amor romántico tanto en el heterosexual como en el homosexual-, de modo que la persona enamorada le ofrece todo su potencial a su pareja y a continuación se siente abrumada por su supuesta bondad, sabiduría, belleza, etcétera.
No obstante, «la belleza radica en el ojo del observador» y una persona románticamente enamorada lo está en realidad de los aspectos proyectados de sí misma, convencida de que la única forma de recuperar dichas bondades proyectadas consiste en poseer a la persona amada.
El mismo mecanismo es el que actúa en los casos de admiración y envidia desmesurada, ya que una vez más hemos hecho entrega de nuestro potencial, con la consiguiente sensación de que carecemos del mismo y viéndolo, por otra parte, como si perteneciera a otros. Nos creemos «inútiles» y el mundo a nuestros ojos parece estar lleno de gente capacitada, importante y admirable.
Asimismo, podemos proyectar cualidades negativas, sentir, por consiguiente, que carecemos de ellas y verlas, por el contrario, como pertenecientes a otros, Ésta es una situación más común, ya que nuestra tendencia natural al enfrentarnos a aspectos indeseables de nosotros mismos es simplemente negarlos y expulsarlos de la conciencia, Esto, evidentemente, es un gesto fútil, puesto que no por ello dejan de pertenecernos las ideas negativas y sólo podemos fingir que nos desprendemos de ellas al verlas en los demás.
Ha empezado la caza de brujas. Un comunista debajo de cada cama; el diablo a la vuelta de cada esquina; nosotros, los buenos, nos enfrentamos a ellos, los malos. Nuestra apasionada lucha contra los demonios de este mundo no es más que un sofisticado combate de boxeo con las sombras.
A quienes no están familiarizados con la proyección en el nivel egoico, este mecanismo les parece inicialmente muy desconcertante y a veces absurdo, ya que indica que las cosas que más nos trastornan de los demás son en realidad aspectos desconocidos de nosotros mismos.
Esta idea suele provocar resentimiento y una fuerte oposición.
Sin embargo, como lo indicó Freud, la negación violenta es precisamente muestra de proyección, es decir, ¡si lo negáramos, no lo proyectaríamos!
No obstante, sigue siendo cierto que «cree el ladrón que todos son de su condición» y nuestras críticas capciosas de los demás no son en realidad más que aspectos autobiográficos que no reconocemos.
Si deseamos saber cómo es realmente una persona, escuchemos lo que dice sobre los demás.
A decir verdad, esto se deduce del descubrimiento original de Freud de que todas las emociones no son interpsíquicas e interpersonales, sino intrasiquicas e intrapersonales.
Es decir que las emociones (por lo menos en el nivel egoico) no se experimentan entre tú y yo, sino entre yo Y yo.
Las denominadas neurosis son; por tanto, consecuencia de la emergencia del dualismo cuaternario, mediante el cual se rompe la integridad del nivel egoico, se reprime su unidad y se proyectan ciertas facetas en el medio ambiente.
Con esta proyección cuaternaria, nos desentendemos y enajenamos de algunas de nuestras propias tendencias, las olvidamos y a continuación olvidamos que las hemos olvidado.
La terapia en el nivel egoico involucra, por consiguiente, el recuerdo y recuperación de nuestras tendencias olvidadas, la reidentificación con nuestras facetas proyectadas y la reunión con nuestras sombras.
En palabras del doctor Perls:
Mucho material que nos pertenece, que forma parte de nosotros, mismos, ha sido disociado, enajenado, desposeído, rechazado. El potencial restante no está a nuestra disposición.
Pero estoy convencido de que en su mayoría está a nuestra disposición, aunque como proyecciones.
Sugiero que partamos del imposible supuesto de que lo que creamos ver en otra persona o en el mundo no es más que una proyección...
Podemos asimilar de nuevo, recuperar nuestras proyecciones, proyectándonos a nosotros mismos por completo hacia esa cosa o persona... Debemos hacer lo opuesto de la enajenación: identificarnos.
He aquí algunos ejemplos que aclararán plenamente estos puntos.
Hemos reunido los ejemplos en cuatro grupos, que representan las cuatro categorías principales de proyección: emociones positivas, emociones negativas, cualidades positivas y cualidades negativas. Los presentamos en el orden indicado.
1) Proyección de Emociones Positivas, tales como interés, deseo, ímpetu, motivación, anhelo, excitación.
John tiene una cita con Mary. Está enormemente emocionado y anticipa con anhelo el momento de recogerla en su casa. Al llamar a la puerta tiembla ligeramente de emoción, pero cuando el padre de Mary abre la puerta le entra pánico y se pone muy «nervioso». Olvida lo emocionado que estaba inicialmente por reunirse con Mary y, en consecuencia, en lugar de interesarse por el medio ambiente, siente que el medio ambiente -el padre de Mary en particular- se interesa por él.
En lugar de observar se siente observado y tiene la sensación deque la situación se ha centrado en él. John se está azotando con su propia energía (a pesar de que, probablemente, lo atribuirá al medio ambiente, en este caso a la «mala mirada» que le dirige el padre de Mary. Sin embargo, no hay nada en la situación propiamente dicha que «cause nerviosismo», ya que a mucha gente le gusta definitivamente conocer a los padres de sus parejas y trabar amistad con ellos; el problema no radica en la situación, sino en el propio John.
Además de atormentarse con su propia energía, John acabará en un círculo vicioso, ya que, como en todas las proyecciones del nivel egoico, cuanto más proyecte más tenderá a proyectar; cuanto más olvida su emoción, mayor es su proyección de la misma y, por consiguiente, mayor es el énfasis con que el medio ambiente parece concentrarse en él. Esto incrementa su emoción, que de nuevo proyecta, aumentando así la concentración aparente del medio ambiente en él, causándole a su vez más emoción...
La única forma de salir de esa incómoda situación consiste en que John recupere su interés, se reidentifique con su emoción y actué en ella en lugar de ser víctima de la misma. Normalmente esto ocurrirá en el momento en que Mary entre en la sala; John recuperará inmediatamente su interés y actuará de acuerdo con él, apresurándose a saludarla e integrando así su interés enajenado, ya que ahora observará el medio ambiente, en lugar de ser observado por el mismo.
En el momento en que John comenzó a sentir pánico y angustia, empezó a perder contacto con su excitación (no excitación sexual, sino simplemente excitación en general); la bloqueó, la rechazó y la proyectó.
En estas condiciones la excitación se experimenta como angustia, y por el contrario cuando sentimos angustia simplemente nos estamos negando a estar excitados, vivaces y vigorosos.
La única salida de este tipo de situación consiste en volver a ponernos en contacto con nuestros intereses y nuestra excitación; dejar que nuestro cuerpo se excite, respirar e incluso suspirar hondo, en lugar de tensar el tórax y reprimir la respiración; estremecerse y vibrar con energía, en lugar de pretender «conservar la compostura» e intentar dominar nuestra excitación con rigidez y «rigor»; permitir que nuestra energía se movilice y fluya en lugar de almacenarla.
Cuando nos sintamos angustiados, lo único que necesitamos preguntarnos es:
«¿Qué es lo que me excita?», o «¿cómo evito mi excitación natural?».
El niño se limita a sentirse alegremente excitado, mientras que el adulto se siente incómodamente ansioso, sólo debido a que según aumenta el caudal de energía, los adultos la aislamos y proyectamos, mientras que los niños dejan que fluya.
«La energía es un deleite eterno» y los niños son permanentemente encantadores, por lo menos hasta que se les enseña el dualismo cuaternario, a partir de cuyo momento -y al igual que los adultos- enajenan su excitación natural.
La energía no deja por ello de movilizarse y acumularse, pero, debido al dualismo cuaternario, parece emerger del exterior y adquiere una naturaleza amenazadora.
La angustia por consiguiente, no es más que excitación e interés bloqueados y proyectados.
La mejor forma de experimentarlo es cuando uno está solo, ya que entonces puede «abandonarse» sin temor a comentarios condescendientes de severos testigos.
Si se hace presente una sensación de angustia, no intentemos deshacernos de ella (enajenándola todavía más), entremos plenamente en ella; dejemos que el cuerpo se estremezca, tiemble, jadee; sigamos sus actos.
Establezcamos contacto con dicha angustia dejando que estalle en excitación. Encontremos esa energía que quiere nacer y sintámosla plenamente, ya que la angustia es el nacimiento que se le niega a la excitación.
Permitamos que esa energía nazca, reconozcámosla como nuestra, dejemos que fluya y la angustia cederá ante la vibrante excitación, la energía libremente movilizada y dirigida al exterior, en lugar de bloqueada y proyectada, con lo que no hace más que afectarnos de rebote en forma de ansiedad.
Como ejemplo adicional de las consecuencias de la proyección de una emoción positiva, consideremos la enajenación del deseo.
Jack tiene muchísimo interés en ordenar el garaje, que está hecho un asco y hace ya bastante tiempo que piensa limpiarlo. Por fin decide que lo hará el próximo domingo.
En ese momento Jack está íntimamente en contacto con su deseo, quiere que el trabajo se realice, pero cuando llega el domingo le empiezan a entrar dudas sobre el tema.
Durante varias horas da vueltas de un lado para otro cambiando cosas de lugar, soñando despierto, y comienza a perder contacto con su deseo. El deseo sigue presente, ya que de lo contrario Jack se limitaría a abandonarlo y hacer otra cosa. Todavía se propone llevarlo a cabo, pero empieza a enajenar y proyectar su deseo, y lo único que necesita para finalizar su proyección es una persona a quien “colgarle” el deseo proyectado.
De modo que cuando su esposa asoma la cabeza para preguntarle, sin darle importancia, cómo va el trabajo, Jack replica enojado: «¡Déjame tranquilo”.
Ahora tiene la sensación de que no es él sino su esposa quien quiere que ordene el garaje. La proyección es completa. Jack comienza a sentirse presionado por su esposa, cuando lo que experimenta en realidad es su propio deseo proyectado, ya que la «presión” que siente no es más que anhelo desplazado.
En este tipo de situaciones, la mayoría de nosotros solemos quejarnos de estar realmente sometidos a una enorme presión, no debida a nuestro deseo proyectado sino a la naturaleza intrínseca de la propia situación (el trabajo de la oficina, las «obligaciones» familiares, etcétera) y en consecuencia nuestro deseo de trabajar es muy escaso.
Pero éste es precisamente el quid de la cuestión, el mero hecho de ser inconscientes de nuestro deseo conduce a nuestra sensación de estar presionados.
A esto solemos responder que ciertamente nos encantaría que nos apeteciera trabajar, cocinar, lavar la ropa, o lo que se tercie, pero que el deseo está simplemente ausente.
Sin embargo, el caso es que el deseo está presente, aunque lo sentimos, como deseo o presión procedente del exterior. Dicha presión es nuestro propio deseo disfrazado; si no tuviéramos el deseo, simplemente no experimentaríamos la presión.
Sin la presencia del deseo, nos sentiríamos aburridos, indolentes, o quizás apáticos, pero nunca presionados.
Asimismo, en nuestro ejemplo anterior, si John no tuviera realmente interés en salir con Mary, al pasar por su casa no sentiría ningún tipo de angustia; simplemente no le importaría, se sentiría normal o a lo sumo algo molesto, pero no ansioso.
La angustia de John sólo es posible porque está realmente interesado por Mary, pero ha proyectado dicho interés y la presión sólo se experimenta donde hay un deseo proyectado.
Por consiguiente, Jack seguirá sintiéndose presionado y azuzado por su esposa, hasta que descubra que la única persona que le presiona para que ordene el garaje es el propio Jack, que la batalla es entre Jack y Jack, y no entre Jack y su esposa.
Si llega a darse cuenta de ello, actuará en consonancia con su deseo en lugar de luchar contra el mismo y acabará por ordenar el garaje, que era lo que se proponía desde el primer momento.
Los Putney lo resumen admirablemente como sigue:
La alternativa autónoma consiste en trasladarse más allá de la presión, reconociendo que toda forma de presión persistente es el propio impulso proyectado.
El individuo que reconozca que lo que siente es su propio impulso, nunca sentirá recelo ni opondrá resistencia a la presión; se limitará a actuar.
Así pues, si nos sentimos presionados, no tenemos necesidad de inventar ni crear deseo alguno para escapar de la presión; estamos ya experimentando el deseo necesario, sólo que lo hemos calificado erróneamente de «presión».
2) Proyección de emociones negativas, tales como agresión, ira, odio, rechazo, resentimiento.
La proyección de emociones negativas es un hecho increíblemente común, especialmente en Occidente, donde el ambiente moral dominante del cristianismo popular exige que intentemos luchar contra todo «mal» y tendencias negativas, tanto en nosotros mismos como en los demás; y aunque el propio Jesucristo aconsejó «no resistirse al mal», amarlo y ser su amigo, ya que «soy el Señor y no hay nadie más. Formo la luz y creo la oscuridad; hago la paz y creo el mal; yo, vuestro Señor, hago todas estas cosas», pocos somos los que amamos nuestras tendencias «malignas».
Por el contrario, las odiamos y despreciamos, nos humillan y avergüenzan, y, por tanto, en lugar de integrarlas, procuramos enajenarlas.
Con la emergencia del dualismo cuaternario, dicha enajenación se hace posible; o, mejor dicho, parece hacerse posible, ya que, aunque conscientemente la neguemos, no por ello deja de pertenecernos.
La expulsamos de la conciencia, de forma que parezca proceder del medio ambiente; entonces nosotros creemos no tenerla, pero nos acosa por doquier.
En realidad, cuando observamos a los demás y nos horroriza toda la maldad que «vemos» en ellos, sólo estamos contemplando el reflejo de nuestra propia alma.
La «salud y cordura» del ego exige, por consiguiente, que recuperemos e integremos nuevamente dichas tendencias «malignas» y negativas.
Cuando lo hacemos, tiene lugar algo auténticamente asombroso: descubrimos que esas tendencias negativas que tanta aversión nos producía aceptar como nuestras una vez integradas adquieren un equilibrio armónico con nuestras tendencias positivas, y por tanto pierden su colorido supuestamente maligno.
En realidad, esas tendencias negativas de odio y agresión sólo adquieren una naturaleza auténticamente maligna y violenta cuando las enajenamos, cuando las separamos de sus equilibradoras tendencias positivas de amor y aceptación, arrojándolas al exterior donde, aisladas de su contexto equilibrador, pueden parecer ciertamente perversas y autodestructivas.
Cuando imaginamos incorrectamente que dichos aspectos demoníacos existen en realidad en el ambiente, en lugar de comprender que forman parte de nosotros mismos como necesario contrapeso de nuestras tendencias positivas, reaccionamos con violencia y maldad ante esa amenaza ilusoria, emprendemos con frecuencia descabelladas y brutales cruzadas, nos lanzamos a la matanza de «brujas» por su propio bien, desencadenamos guerras para «mantener la paz», fundamos inquisiciones para «salvar almas».
En resumen,una tendencia negativa enajenada y proyectada, amputada de su contexto equilibrador y dotada de vida propia, puede adquirir una naturaleza sumamente demoníaca e inducir actos verdaderamente destructivos, si bien esa misma tendencia integrada armónicamente junto a su tendencia positiva equilibradora, adquiere una naturaleza suave y cooperadora.
En este sentido, es un imperativo moral que para ser un buen cristiano cultivemos la amistad del diablo.
Además, raramente nos damos cuenta de que las tendencias buenas y malas no sólo se equilibran entre sí cuando están debidamente integradas, sino que -al igual que todos los términos opuestos- las unas son necesarias para las otras, no sólo porque el mal armoniza con el bien, sino que el mal propiamente dicho es necesario para la propia existencia del bien.
En palabras de Rilke, «si me abandonan mis demonios, temo que lo hagan también mis ángeles».
Lao Tzu dice:
¿Hay diferencia entre sí y no?
¿Hay diferencia entre el bien y el mal?
¿Debo temer lo que otros temen?
¡Qué bobada! Tener y no tener emergen juntos,
difícil y fácil se complementan entre sí,
largo y corto se contrastan entre sí,
alto y bajo se apoyan entre sí,
delante y detrás se siguen mutuamente.
y Chuang Tzu concluye:
De modo que quienes dicen que se quedarían con el bien sin su correlato, el mal, o con un buen gobierno sin su correlato, el desorden, no asimilan los grandes principios del universo ni la naturaleza de toda la creación. Equivale a hablar de la existencia del cielo sin la de la tierra, o del principio negativo sin el positivo, lo que es claramente imposible. Sin embargo, hay quien lo discute incesantemente; deben ser estúpidos o truhanes.
La gente odia la oscuridad de sus tendencias negativas, al igual que los niños odian la oscuridad de la noche, pero así como sin la oscuridad de la noche no reconoceríamos la luz del día, si no poseyéramos aspectos negativos, tampoco reconoceríamos los positivos.
Nuestras tendencias negativas y positivas son, por consiguiente, como los valles y las montañas de un hermoso paisaje; no puede haber montañas sin valle, ni
viceversa, de modo que los que ofuscadamente pretenden aniquilar los valles eliminarán al mismo tiempo las montañas.
Procurar deshacernos de nuestras tendencias negativas, intentar destruirlas y eliminarlas, sería una idea excelente... si fuera posible.
El problema es que no lo es, que nuestras tendencias negativas que procuramos alejar de nuestra vista siguen aferradas a nosotros y vuelven para atormentarnos con síntomas, neuróticos de temor, depresión y angustia. Desvinculadas de la conciencia, adquieren un aspecto amenazador,totalmente desproporcionado respecto a su verdadera naturaleza.
Podemos dominar la maldad entablando amistad con la misma; nos limitamos a avivarla al enajenarla.
Integrado, el mal se suaviza proyectado, se torna ruin y, así, quienes pretendían eliminar la maldad habrán contribuido considerablemente a su victoria.
En palabras de Ronald Fraser:
Te ruego que algún día recuerdes que te he dicho que el odio de la maldad retuerza la maldad y que la oposición retuerza aquello a lo que se opone.
Ésta es una ley de una exactitud igual a la de las leyes matemáticas.
O, según el teólogo Nicholas Berdyaev:
Satán se regocija cuando logra inspirarnos con sus propios sentimientos diabólicos.
Él es quien gana cuando sus propios métodos se dirigen contra sí mismo... La continua denuncia del mal y de sus agentes no hace más que alentar su crecimiento en el mundo; verdad suficientemente patente en los evangelios, pero ante la que permanecemos persistentemente ciegos.
Como ejemplo de la proyección de emociones negativas, comencemos con el odio.
Martha abandona su casa para asistir a un «sofisticado» colegio para señoritas en la costa Este.
En el instituto, estaba en íntimo contacto con sus emociones negativas de odio, por lo que su odio no era en absoluto violento ni malicioso, sino más bien suave y llevadero, de un género que podríamos denominar pillería, travesura, extravagancia o cinismo suave.
Esta actitud de cinismo suave ha sido siempre característica de la gente eminentemente culta y humanista, en compañía de quienes pueden «relajarse» entre sí y expresar su cálida amistad en términos de «¿cómo te va, viejo pícaro?».
La posibilidad de que exista un cariñoso afecto entre seres humanos depende enteramente de que se reconozca y acepte cierto elemento de picardía en uno mismo y en los demás...
El poder del fanatismo, por «eficaz» que sea, se adquiere siempre a costa del inconsciente, y sea su causa buena o mala es ineludiblemente destructivo, porque actúa contra la vida: niega la ambivalencia del mundo natural.
El caso, una vez más, es que cuando somos conscientes de un ligero odio por nuestra parte, en realidad no se trata de odio propiamente dicho, ya que está mezclado y armonizado con nuestras emociones positivas de amor y cariño, que dotan al odio integrado de unas cualidades muy suaves y frecuentemente humorísticas.
El psiquiatra Bob Young saluda a sus íntimos amigos con un «¡Hola, viejo cabrón!», e incluso ha fundado un club llamado YRENRO ORA TSAB -que significa «pícaro cabrón» escrito en inglés y a la inversa - cuyo único objetivo es el de «promocionar el arte gentil del antiamor fraternal» .
Martha estaba en contacto con su faceta caprichosa y picaresca, su odio integrado, que formaba una parte muy constructiva de su carácter.
Pero al llegar a la universidad se encuentra con un círculo de amigas extraordinariamente relamidas, que tratan con sumo desdén toda expresión de picardía.
En muy poco tiempo, Martha empieza a perder contacto con su odio y, por consiguiente, comienza a proyectarlo. Entonces, en lugar de odiar el mundo con ternura y picardía, siente que el mundo la odia a ella. Como era previsible, pierde su sentido del humor y se apodera de ella una profunda sensación de que absolutamente nadie la quiere; «odio el mundo» se ha convertido en «el mundo me odia», pero así como lo primero induce un mundo de picardía, lo segundo conduce a un mundo de horror.
Muchos andamos por la vida (o por lo menos por el instituto) con la sensación de que «nadie nos quiere» y consideramos que eso es terriblemente injusto porque, evidentemente, nadie nos desagrada.
Pero éstos son precisamente los dos síntomas distintivos de la proyección en el nivel egoico: lo vemos en todos los demás, pero lo imaginamos ausente en nosotros mismos.
Sentimos que el mundo nos odia sólo porque somos inconscientes de esa pequeña parte de nosotros mismos que odia gentilmente el mundo. .
En general, lo mismo ocurre cuando proyectamos otras emociones negativas como la agresión, la ira y el rechazo.
En lugar de atacar el ambiente con gentileza y buen humor, dirigimos dichas emociones contra nosotros mismos y creemos que el ambiente nos ataca maliciosamente.
La agresión, por ejemplo, es un rasgo de la personalidad sumamente útil cuando somos plenamente conscientes de la misma, ya que nos permite relacionarnos de un modo eficaz con el medio ambiente.
Si no estamos dispuestos simplemente a «tragarnos»todo lo que se nos diga ni todas las experiencias que se crucen en nuestro camino, debemos ser capaces de atacar activamente, desmenuzar, «masticar» a fondo; no con malicia, pero sí con ímpetu e interés.
Si uno es capaz de comprender la necesidad de una actitud agresiva, destructiva y reconstructiva hacia cualquier experiencia que uno desee hacer realmente suya, apreciará la necesidad de... conceder a la agresión su debido valor, en lugar de tildarla verbosamente de «antisocial».
A decir verdad, los actos agresivos de violencia antisocial no son consecuencia de la agresión integrada, sino de la agresión reprimida y enajenada, ya que al «embotellarla» aumenta enormemente la fuerza de la agresión, al igual que el vapor en una olla a presión, que puede acabar explotando violentamente.
Una vez más, parece un imperativo moral integrar y hacer conscientes nuestras tendencias agresivas.
Sin embargo, la mayoría hacemos exactamente lo opuesto; procuramos negarlas y ocultarlas en el inconsciente. A estas alturas, no obstante, debe ser evidente que dichas tendencias no por ello dejan de pertenecernos y siguen operando, aunque ahora las experimentemos como si procedieran del medio ambiente y, por tanto, tengamos la sensación de que el mundo nos ataca. En resumen, tenemos miedo.
«El proyector está conectado... con su agresión proyectada por el miedo.»
Así como la excitación proyectada se siente como angustia y el deseo proyectado como presión, la agresión proyectada se siente como miedo.
«El caso es -responderán algunos- que hay ciertamente momentos en los que siento miedo, pero mi problema es precisamente no ser un tipo agresivo; tengo miedo a menudo, pero nunca me siento agresivo.»
¡Exactamente! ¡No sentimos la agresión porque la hemos proyectado y la experimentamos en forma de miedo!
La propia experiencia del miedo no es más que nuestra sensación de agresión camuflada, que hemos dirigido contra nosotros mismos. No es necesario inventar la agresión, esta presente en forma de miedo y por consiguiente lo único que tenemos que hacer es llamar al miedo por su propio nombre: agresión.
La expresión «el mundo me ataca emocionalmente» sería más exacta si dijera “yo ataco emocionalmente al mundo”.
Si la agresión proyectada se siente, como miedo, la ira proyectada se experimenta como depresión.
el rechazo iracundo del mundo, que todos experimentamos de vez en cuando, es útil para estimular una actuación constructiva, pero si se enajena y se proyecta, comenzamos a sentir que el mundo nos rechaza con ira a nosotros.
En esas circunstancias, el mundo parece muy inhóspito y, comprensiblemente, nos sentimos muy deprimidos. En lugar de salir, la ira invierte su rumbo al dirigirla contra nosotros mismos y a continuación sufrimos el terrible efecto de su azote.
Transformado el furor en tristeza nos convertimos en víctimas deprimidas de nuestra propia ira. Lo único que debe hacer la persona que esté deprimida es preguntarse: «¿Qué es lo que tanto me enfurece? Y a continuación comprender que no es cuestión de «tristeza» sino de furor.
3) Proyección de cualidades positivas tales como bondad, fuerza, sabiduría, belleza, etcétera.
Además de emociones, podemos también proyectar rasgos, cualidades y características personales, hasta llegar a sentirnos totalmente desprovistos de dichas características, cuando parecen abundar en todos los demás.
Cuando se trata de cualidades buenas y positivas, como la belleza o la sabiduría, nos aterra la cantidad de superhombres que parecemos tener a nuestro alrededor, puesto que les hemos ofrecido todos nuestros atributos.
Ésta es la base del amor romántico, pero también se da con frecuencia en los matrimonios y en las relaciones amistosas, entre médico y paciente, o entre profesor y alumno.
Hay una anécdota de una mujer sometida a psicoterapia, que había proyectado toda su bondad en su terapeuta, como consecuencia de lo cual sentía una admiración y adoración absoluta por él. Como muestra de su aprecio, decidió regalarle una hermosa corbata azul celeste que, en sus propias palabras, «hace juego con sus encantadores ojos azules, tan llenos de sabiduría».
El caso es que el terapeuta tenía los ojos castaños y cuando le entregó la corbata que supuestamente hacía juego con sus ojos azules de tanta sabiduría, éste cogió un espejo y lo colocó ante el rostro de la paciente. «Dígame -preguntó-, ¿quién tiene unos hermosos ojos azules llenos de sabiduría?»
Como es de suponer, la mujer tenía unos hermosos ojos intensamente azules. Como siempre, tanto la belleza como la sabiduría están en la mirada del observador y cuando sentimos por alguien una admiración desmesurada es porque hemos construido un pedestal para dicha persona con nuestro propio potencial.
4) Proyección de cualidades negativas, tales como prejuicios, esnobismo, melindrería, mezquindad, etcétera. Al igual que la proyección de emociones negativas, también es muy común en nuestra sociedad la de cualidades negativas, ya que somos víctimas del engaño de que lo «negativo» equivale a «indeseable».
Así pues, en lugar de intimar con los rasgos negativos de integrarlos, los enajenamos y proyectamos, viéndolos en todos los demás pero no en nosotros mismos. Como siempre, no por ello dejan de pertenecernos, por lo que:
Las acusaciones que A lanza contra B son aspectos embarazosos de la autobiografía de A.
La introspección de A de las motivaciones enfermizas de B revela los motivos de A, ya que una persona sólo puede tener una introspección de otra por analogía con su propia experiencia.
Tanto si las proyecciones encajan como si no, donde mejor se ajustan las acusaciones y las introspecciones es en su lugar de procedencia: en uno mismo.
Por ejemplo, en un grupo de diez chicas, a nueve les gusta Jill, pero la décima, Betty, no puede soportarla, porque, según explica Betty, Jill es una remilgada, y Betty detesta la melindrería.
Por ello se esfuerza en convencer a sus amigas de la supuesta melindrería de Jill, pero nadie parece estar de acuerdo con ella, lo que la pone todavía más furiosa. Puede que sea evidente que la única razón por la que Betty detesta a Jill es su
propia tendencia inconsciente a la melindrería que, al proyectarla en Jill, transforma el conflicto entre Betty y Betty en un conflicto entre Betty y Jill.
Jill, por supuesto, no tiene nada que ver con dicha pugna, limitándose a actuar como espejo involuntario del desprecio que Betty siente por sí misma.
Todos tenemos áreas inaccesibles, tendencias y rasgos que simplemente nos negamos a aceptar como nuestros, y que, por consiguiente, arrojamos al medio ambiente, donde acumulamos nuestra ira e indignación puritanas para luchar contra los mismos, ofuscados por un idealismo que nos impide reconocer que la batalla es interna y que el enemigo está en casa.
Y lo único que precisamos para integrar dichas facetas es tratarnos a nosotros mismos con el mismo cariño y consideración que dispensamos a los demás.
Como dice Jung con suma elocuencia:
La aceptación de uno mismo es la esencia del problema moral y compendio de todo un enfoque de la vida.
Dar de comer al hambriento, perdonar un insulto, amar al enemigo en nombre de Jesucristo son sin duda grandes virtudes. Lo que le hago al último de mis hermanos, se lo estoy haciendo a Jesucristo.
Pero ¿qué ocurre si descubro que el más insignificante entre todos ellos, el más miserable de los mendigos, el más procaz de los pecadores, el mismísimo enemigo se halla dentro de mí y que soy yo quien necesita la limosna de mi propia condescendencia, que soy yo el enemigo que debe ser amado, qué ocurre entonces?
Para resumir el tema y encuadrarlo en el contexto del espectro de la conciencia, nuestra energía (Brahma, nivel de la Mente) se moviliza y acumula, pasa por la gama transpersonal para llegar por fin al nivel existencial por el que también pasa, hasta llegar a la franja biosocial, donde adquiere la forma de una idea y la dirección de una emoción.
Nuestra energía, revestida ahora con ideas y emociones, llega al nivel egoico donde, si el dualismo/represión/proyección cuaternario ha tenido ya lugar, dichas ideas, cualidades y emociones, tanto positivas como negativas, se enajenan y proyectan, de modo que no parecen proceder de uno mismo sino del medio am¬biente.
Este último dualismo principal, que crea el nivel de la sombra, ha sido objeto de nuestro interés y lo han descrito sucintamente Perls, Hefferline y Goodman:
Una proyección es un rasgo, actitud, sentimiento o aspecto de la conducta perteneciente en efecto a su propia personalidad, pero que el individuo no experimenta como tal; por el contrario, lo atribuye a personas u objetos ajenos y lo experimenta como dirigido hacia él por los demás, en lugar de a la inversa.
El proyector, por ejemplo, inconsciente de que rechaza a los demás, cree que son ellos quienes le rechazan a él; o, inconsciente de su tendencia a la insinuación sexual, cree que son los demás quienes se le insinúan.
Las consecuencias de este dualismo cuaternario tienen siempre una doble vertiente. Por una parte, llegamos a convencernos de que carecemos por completo de la cualidad que proyectamos y, por consiguiente, al estar fuera de nuestro alcance, no la utilizamos ni nos servimos de ella, ni satisfacemos ninguna de sus necesidades, provocando una frustración y una tensión crónicas.
Por otra parte, vemos dichas cualidades como existentes en el medio ambiente, donde adquieren unas proporciones horrendas y aterradoras, de modo que acabamos por flagelarnos con nuestra propia energía.
La proyección en el nivel egoico es fácilmente identificable. Si alguna persona o cosa en el medio ambiente nos facilita información, lo más probable es que no estemos proyectando; sin embargo, si nos afecta, es plausible que seamos víctimas de nuestras propias proyecciones.
Por ejemplo, es perfectamente posible que Jill fuera una melindrosa, pero ¿sería ésa una buena razón para que Betty la odiara? Evidentemente, no; Betty no recibió simplemente información de que Jill fuera una mojigata, sino que quedó fuertemente afectada por su melindrería, lo que indica con toda seguridad que el odio que Betty sentía por Jill no era más que autodesprecio proyectado o extrovertido.
Asimismo, cuando Jack intentaba decidir si limpiar o no el garaje y su esposa se interesó por lo que hacía, su reacción fue exagerada. Si en realidad no hubiera deseado ordenar el garaje, si hubiese sido verdaderamente inocente de dicho impulso, se habría limitado a responder que había cambiado de opinión. Pero, en su lugar, se indignó con ella; ¡vaya desfachatez, ella pretendía obligarle a limpiar el garaje!
Jack proyectaba su propio deseo y lo experimentaba como presión, de modo que la inocente pregunta de su esposa no actuó sólo como información, sino que le afectó profundamente; Jack se sentía injustamente presionado. Y ésa es la diferencia fundamental; lo que vemos en los demás es más o menos correcto si se limita a facilitamos información, pero se trata definitivamente de una proyección si nos produce un fuerte efecto emocional.
De modo que, si nos sentimos excesivamente apegados a alguien (o algo) o eludimos emocionalmente u odiamos a alguien, estamos abrazando o luchando respectivamente con la sombra y no cabe duda de que el dualismo/represión/proyección cuaternario ha tenido lugar.
El desmantelamiento de una proyección representa un «descenso» por el espectro de la conciencia (del nivel de la sombra al egoico) , ya que ampliamos nuestra área de identificación al recuperar aspectos de nosotros mismos anteriormente enajenados.
Y el primer paso, el paso preliminar, consiste siempre en darse cuenta de que lo que creíamos que el medio ambiente nos hacía de un modo mecánico, es en realidad algo que nos hacemos a nosotros mismos; nosotros somos los responsables.
En palabras de Laing:
Existe, por consiguiente, cierta validez fenomenológica en referirnos a dichas «defensas» (como la proyección) con el término «mecanismo». Pero no debemos detenernos ahí. Están dotadas de esa cualidad mecánica debido a que la persona, por el modo en que las experimenta, está disociada de ellas.
Aparenta, ante sí misma y los demás, padecerlas (como si fueran «ajenas» a ella)...
Pero esto sólo es cierto desde la perspectiva de su propia experiencia enajenada.
Cuando empieza a desenajenarse (integrar sus proyecciones) logra en primer lugar ser consciente de ellas, en el caso de que no lo fuera, para dar a continuación el segundo paso, todavía más fundamental, consistente en comprender progresivamente que esas son cosas que hace o se ha hecho a si misma.
Por consiguiente, si me siento angustiado, probablemente alegaré que soy víctima indefensa de dicha tensión, que la gente o las situaciones que me rodean causan mi ansiedad.
El primer paso consiste en ser plenamente consciente de la angustia, entrar en contacto con ella, temblar, estremecerse y jadear -realmente sentirla, darle la bienvenida, expresarla ¬y así darme cuenta de que yo soy el responsable, de que aumenta mi tensión, de que estoy bloqueando mi excitación y, por tanto, experimentando angustia.
Yo soy quien se lo causa a sí mismo, de modo que la angustia es un asunto entre yo y yo, y no entre yo y el medio ambiente.
Pero este cambio de actitud significa que si bien antes enajenaba mi excitación, desvinculándome de la misma y
Alegando ser su victima, ahora acepto la responsabilidad de lo que me hago a mi mismo. Esto queda claramente demostrado en el siguiente diálogo:
Entre el terapeuta gestalt, Fritz Perls (F), y su «paciente» Max (M), en el que Max empieza por desentenderse de toda responsabilidad en relación con sus «síntomas»:
M.: Me siento tenso. Mis manos están tensas.
F.: Sus manos están tensas. No tienen nada que ver con usted.
M.: Me siento tenso.
F.: Está tenso. ¿Cómo está tenso? ¿Qué está haciendo? Usted ve la persistente tendencia a (enajenar aspectos de nosotros mismos mediante) la materialización; siempre intentando forjar algo a partir de un proceso...
M.: Me estoy poniendo tenso.
F.: Eso es. Examine la diferencia entre las palabras «me estoy poniendo tenso» y «aquí hay tensión». Cuando dice «siento tensión», usted es irresponsable, no es responsable de la misma, es impotente y no puede hacer nada para remediarla. El mundo debería hacer algo, darle una aspirina o lo que fuera. Pero cuando dice «me estoy poniendo tenso» se hace responsable y observamos la aparición de la primera muestra de excitación vital.
La tensión y la angustia de Max pronto se transforman en excitación y Perls comenta:
Evidentemente, hacerse responsable de su propia vida y ser rico en experiencia y habilidad (son) cosas idénticas.
Y a esto es a lo que aspiro durante este breve ciclo de conferencias, a hacerles comprender los enormes beneficios de responsabilizarse de todas sus emociones, de cada movimiento que hacen, de cada pensamiento que fraguan... y no responsabilizarse de nadie más.
El mundo no está aquí para su expectación, ni tienen por qué vivir para la expectación del mundo.
Nos afectamos mutuamente siendo sinceramente lo que somos y no estableciendo intencionadamente contacto.
Más adelante, el doctor Perls resumió el conjunto del tema con mayor claridad:
Mientras luchen contra un síntoma, empeorarán.
Si se hacen responsables de lo que se están haciendo a sí mismos, cómo producen sus síntomas, cómo producen su enfermedad, cómo producen su existencia, en el mismo momento en que establezcan contacto consigo mismos, empezará el crecimiento, comenzará la integración.
Si el primer paso en la «curación» de las proyecciones de la sombra consiste en responsabilizarse de dichas proyecciones, para el segundo basta con invertir la dirección de la propia proyección y hacerles delicadamente a los demás lo que hasta entonces nos hemos hecho despiadadamente a nosotros mismos.
De modo que «el mundo me rechaza» se traduce libremente por «¡rechazo, por lo menos de momento, este maldito mundo!».
«Mis padres quieren que estudie» se convierte en «quiero estudiar». «Mi pobre madre me necesita» se traduce por «necesito estar cerca de ella». «Tengo miedo de estar solo» pasa a ser «¡no estoy dispuesto a darle a nadie ni los buenos días!». «Todo el mundo me mira con recelo» se convierte en «me interesa observar críticamente a la gente».
Volveremos inmediatamente a estos dos pasos básicos de responsabilidad e inversión, pero en este momento señalemos que en todos los casos de proyección de la sombra hemos intentado «neuróticamente» convertir nuestra autoimagen en aceptable; a costa de su inexactitud.
Todas esas facetas de nuestra autoimagen, nuestro ego, incompatibles con lo que a nivel superficial parecen nuestros mejores intereses, o todos aquellos aspectos inconjugables con las franjas filosóficas, o todas esas facetas enajenadas en momentos de tensión, encrucijada o doble vínculo, todo ese autopotencial ha sido abandonado.
Por consiguiente, nuestra identidad ha quedado reducida sólo a una fracción de nuestro ego; a saber, la distorsionada y empobrecida persona. Y así, de un solo plumazo, quedamos condenados a que nos persiga indefinidamente nuestra propia sombra, a la que ahora negamos hasta la más mínima audiencia consciente. Pero la sombra jamás deja de expresarse, abriéndose paso en la conciencia en forma de angustia, culpabilidad, miedo y depresión. La sombra se convierte en síntoma y se nos aferra como un vampiro a su presa.
En términos un tanto figurativos, cabe afirmar que hemos dividido el concordia discors de la psique en numerosas polaridades, contrarios y opuestos, por conveniencia denominados colectivamente dualismo cuaternario, es decir, la separación de la persona y la sombra.
Por consiguiente, la sombra existe precisamente como opuesto de lo que nosotros, como personas, creemos consciente y deliberadamente ser.
De modo que es fácil deducir que, si uno desea saber cómo ve su sombra el mundo, a modo de experimento personal, no tiene más que asumir exactamente lo opuesto de lo que conscientemente desee, le guste, sienta, quiera, se proponga o crea.
Así podrá ponerse conscientemente en contacto con sus opuestos, expresarlos, interpretarlos y finalmente recuperarlos. Después de todo, uno los domina o le dominan a uno; la sombra nunca deja de manifestarse.
Si algo hemos aprendido en este capítulo ha sido a ser juiciosos conocedores de nuestros opuestos, o de lo contrario nos veremos obligados a defendernos de ellos.
Ahora bien, utilizar los opuestos, ser conscientes de nuestras sombras y acabar por recuperarlas, no significa necesariamente actuar en ellas.
Al parecer, casi todo el mundo teme enfrentarse a sus opuestos por miedo a que le dominen. Y, sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: acabamos siguiendo, totalmente contra nuestra voluntad, los dictámenes de la sombra solo cuando ésta es inconsciente.
Como ejemplo sumamente esquemático, imaginemos que Ann está convencida de que lo que realmente desea hacer en la vida es ser abogada. Tan segura está Ann de su vocación, que no permite que la más mínima duda perturbe su mente.
La perspectiva de dicha carrera le resulta sumamente agradable y todo parece indicar que sería muy feliz en esa situación. Sin embargo, está amargada porque, según explica ella misma, sabe que su marido se opondrá a sus proyectos.
A decir verdad, es evidente que no tiene nada que ver con él y Ann sabe que, en realidad, no intentará impedirle que se dedique a las leyes. Pero está simplemente convencida de que no le parecerá bien, lo cual -por varias razones- le resultaría agobiante y convertiría una profesión ya difícil en imposible.
No obstante, el caso es que Ann no ha llegado a preguntarle a su marido lo que opina de su propósito de ser abogada, lo que según ella es innecesario, ya que se opondría rotundamente.
De modo que durante algún tiempo - y no es inusual que este tipo de situaciones se prolongue varios años- Ann vive en una semiagonía, llena de resentimiento secreto con su marido por una parte y actuando abiertamente como mártir por la otra, ante la enorme confusión y frustración de su pareja.
Por fin el conflicto sale ineludiblemente a la luz del día y Ann le recrimina enojada a su marido su supuesta oposición a su proyectada carrera, pero queda absolutamente perpleja al descubrir que él, con toda sinceridad, no tiene nada que objetar a sus deseos.
Aunque el ejemplo sea superficial, representa un drama muy básico en el que todos hemos participado en un momento u otro.
Por consiguiente, cabe preguntarse: ¿Qué había realmente tras dicha estrategia? La orientación consciente de Ann consistía en un deseo supuestamente puro de convertirse en abogada. Sin embargo, Ann no podía haber sabido que lo que le apetecía era estudiar derecho si a una pequeña parte de ella misma no le hubiera desagradado.
Una imagen no se mantiene en la conciencia, a no ser que exista un campo contrastante que la realce.
Pero, para Ann, el hecho de ser consciente de una parte insignificante de sí misma que lo habría mandado todo a la porra, contribuía a su exclusiva convicción vocacional. Por consiguiente, había intentado negar su pequeño aunque absolutamente necesario desagrado del derecho, pero lo único que había logrado -como siempre en el caso de las proyecciones- había sido negar que le perteneciera.
Pero seguía perteneciéndole y la oposición desterrada no dejaba de reclamar su atención. De modo que sabía que alguien se esforzaba cada vez más en expresar su rechazo ante su propuesta carrera jurídica, pero, dado que evidentemente no era ella, sólo tenía que elegir a un candidato. Cualquiera habría servido, pero necesitaba uno como mínimo.
De modo que, para su mayor aunque atormentada gloria, entró su marido en escena y ahí, en el medio ambiente, en la persona de su esposo, ampliado y percibido como a través de una lupa psíquica, no hacía más que contemplar el rostro de su propia sombra, de su opuesto enajenado. «¡La osadía de ese cabronazo, de pretender que yo no vaya a la facultad de derecho!»
Debido a que, en lugar de enfrentarse a su opuesto, Ann lo proyectaba, el opuesto tenía en realidad la última palabra; Dios sabe durante cuánto tiempo, por lo menos en lo que a su conducta se refiere, Ann rechazó el derecho y no hizo la carrera. Cuando por fin quedó claro que, a decir verdad, a su esposo le encantaba la idea, Ann se quedó con su proyección en el aire.
Si en ese momento tiene el buen sentido de enfrentarse por fin a su opuesto, por primera vez estará en condiciones de evaluar de un modo consciente y realista los pros y los contras de su deseo y tomar una decisión sensata. Sea cual fuere su decisión, la tomará libremente y sin sentirse presionada.
El caso es que para tomar una decisión o elegir de forma válida, debemos ser plenamente conscientes de ambos bandos, ambos opuestos, y si una de las alternativas es inconsciente, es probable que nuestra decisión esté lejos de ser sensata.
En todas las áreas de la vida psíquica, como lo demuestran este ejemplo y todos los demás de este capítulo, debemos enfrentarnos a nuestros opuestos y recuperarlos, lo que no significa necesariamente actuar en los mismos, sino sólo ser conscientes de su existencia.
Conforme uno se enfrenta progresivamente a sus opuestos, cada vez es más evidente -y esto es algo en lo que no nos cansamos de insistir- que, dado que la sombra es una faceta real e integral del ego, todos los «síntomas» y molestias que ésta parece infligirnos son en rea1idad síntomas y molestias que nos infligimos a nosotros mismos, por mucho que protestemos conscientemente de lo contrario.
Es verdaderamente como si yo, por ejemplo, me propinara adrede dolorosos pellizcos, pero sin proponérmelo. Sean cuales fueren los síntomas en dicho nivel -culpabilidad, miedo, angustia, depresión-, todos son, de un modo u otro, consecuencia estricta de mis pellizcos «mentales».
Y esto significa ineludiblemente que, por increíble que parezca, tengo tanto deseo de que el doloroso síntoma en cuestión, sea cual fuere su naturaleza, permanezca, como de que desaparezca.
Por consiguiente, el primer opuesto al que uno puede intentar enfrentarse es el deseo secreto de la sombra de mantener y conservar dichos síntomas, ese deseo inconsciente de pellizcarse a uno mismo.
Además, permítasenos la audacia de sugerir que, cuanto más absurdo le parezca esto a un determinado individuo, más desvinculado está de su propia sombra, de esa parte de sí mismo responsable de los pellizcos.
Por consiguiente, preguntarse «¿cómo puedo librarme de dichos síntomas?» equivale a emprender desde el primer mo¬ento el camino equivocado, ya que sugiere que no es uno mismo quien los produce.
Sería como preguntarse «¿cómo puedo dejar de pellizcarme?».
Mientras uno se pregunte cómo dejar de pellizcarse, mientras intente dejar de hacerlo, es evidente que no se habrá dado cuenta de que es uno mismo quien se pellizca.
En estas circunstancias, el dolor persiste o incluso aumenta.
Si uno se da claramente cuenta de que se está pellizcando a sí mismo, no se pregunta cómo dejar de hacerlo, ¡para inmediatamente! Hablando claro, la razón por la que el síntoma no desaparece es precisamente el hecho de que uno intente hacerlo desaparecer.
Ésta es la razón por la que Perls afirma que mientras uno persista en luchar contra un síntoma, lo que hace es empeorarlo.
El cambio deliberado nunca funciona, porque excluye la sombra.
Así pues, el problema no está en eliminar un síntoma, sino en procurar deliberada y conscientemente incrementarlo, experimentarlo plenamente.
Si está deprimido, procure deprimirse todavía más. Si está tenso, intente incrementar más su tensión. Si se siente culpable, procure literalmente aumentar su sensación de culpabilidad.
De ese modo, uno reconoce e incluso se, solidariza por primera vez con su propia sombra, pasando a hacer conscientemente lo que hasta entonces ha hecho inconscientemente.
Cuando uno, a nivel de experimento personal, invierte conscientemente la totalidad de su propio ser en la producción activa y deliberada de los síntomas en cuestión, en realidad habrá reunido su persona con su sombra. Uno se habrá puesto conscientemente en contacto con sus opuestos, solidarizándose con los mismos y, en resumen, redescubriendo su propia sombra.
De modo que lo que debemos hacer es incrementar conscientemente cualquier síntoma presente, hasta llegar a darnos plenamente cuenta de que somos nosotros mismos quienes lo generamos y siempre lo hemos generado, en cuyo momento seremos, por primera vez, espontáneamente libres de detenerlo.
Al igual que cuando Max vio claramente que era él mismo quien generaba la tensión, y entonces -y sólo entonces- gozó de libertad para pararla.
Si uno logra incrementar su sensación de culpabilidad, de pronto y de un modo extraordinariamente espontáneo se da cuenta de que también puede decrecerla.
Si uno es libre de deprimirse, también lo es de no hacerlo.
Mi padre tenía un remedio infalible para el hipo, que consistía en sacar un billete de veinte dólares y exigirle a cambio a la víctima que parara inmediatamente. Asimismo, la angustia tolerada deja de ser angustia y el modo más fácil de conseguir que una persona deje de estar tensa consiste en desafiarla a que se tense tanto como pueda.
En todos los casos, al adherir la conciencia a un síntoma determinado, se libra uno de dicho síntoma.
Sin embargo, a uno no debe preocuparle que el síntoma desaparezca o que no lo haga; desaparecerá, pero a uno no debe preocuparle.
La utilización de los opuestos con el solo propósito de eliminar un síntoma equivale a condenarse de antemano al fracaso.
En otras palabras, no se trata de manipular los opuestos a medias tintas y verificar ansiosamente si el síntoma ha desaparecido.
Si uno se oye a sí mismo diciendo «he intentado empeorar mi síntoma, pero todavía no ha desaparecido y ojalá lo hiciera», significa que no ha llegado siquiera a ponerse en contacto con la sombra y que se ha limitado a expresar ciertas buenas intenciones para aplacar a los dioses y a los demonios.
Hay que convertirse en dichos demonios, hasta que con toda la fuerza de su atención consciente uno produzca, genere y retenga deliberadamente sus síntomas.
Por consiguiente, sobre todo al principio, cada vez que uno sienta que se desliza de nuevo hacia un intento deliberado de silenciar algún síntoma, erradicado o ignorado, debe acudir a su opuesto, retener el síntoma, incrementarlo, expresarlo, interpretarlo.
Es como si uno comenzara a caerse de la bicicleta y, contra sus mejores instintos, al inclinarse en dirección de la caída, la bicicleta milagrosamente se enderezara. Tropezamos constantemente con nuestros «síntomas» por la simple razón de que tomamos la dirección equivocada.
Así pues, si el primer error consiste en intentar eliminar el síntoma, el segundo es el de intentar no eliminarlo, a fin de eliminarlo.
Insistimos, por consiguiente, en que a uno no debe preocuparle, ni siquiera debe albergar la esperanza de que el síntoma desaparezca.
Esto, como hemos visto, en todo caso no es más que media verdad. Lo que debemos hacer es concentrarnos única y exclusivamente en la experimentación y vivencia del síntoma, el contacto con la sombra, el enfrentamiento de los opuestos, y entonces -sin presión alguna por nuestra parte y a su debido tiempo- el síntoma desaparecerá espontáneamente.
Y esto se debe sencillamente a que la psique es un sistema espontáneamente autoorganizador que, al recibir por fin la información correcta sobre lo que la está pellizcando, lo para automáticamente.
El juego de los opuestos, y el hecho de responsabilizarse de la propia sombra y de los síntomas constituyen esencialmente el primer paso. Y conforme los opuestos pasan a ser cada vez más conscientes -amor y odio, agrado y desagrado, buenas y malas cualidades, emociones positivas y negativas- y los síntomas más experimentados -estados de ánimo y temores, temblores y estremecimientos, depresiones y angustias-, el individuo puede pasar, si es necesario, al segundo paso e invertir la dirección de las proyecciones, siguiendo las líneas generales indicadas en este capítulo, según sean estas cualidades positivas o negativas, o emociones positivas o negativas.
Por regla general, este segundo paso sólo es necesario con las emociones proyectadas, pero no con las cualidades; es decir, que hay que invertir la dirección de la proyección.
En términos generales, esto se debe a que las emociones no son sólo cualidades, sino cualidades con una dirección. De modo que cuando proyectamos una emoción determinada, no sólo expulsamos de nuestro interior la cualidad de dicha emoción, sino que también invertimos su dirección.
Por ejemplo, si proyecto una emoción positiva como el interés, no sólo proyecto la cualidad propia de dicho interés (y, por consiguiente, me considero ausente de dicha cualidad), sino que también invierto su dirección, de modo que en lugar de observar a los demás tengo la sensación de que son los demás quienes me observan.
O si proyecto mi deseo sexual hacia alguien, me desprendo de la cualidad e invierto su dirección, de forma que en lugar de excitarme sexualmente ante la persona en cuestión, tengo la sensación de que se propone violarme. O si proyecto mi ímpetu me siento apático, e impulsado y presionado por todos los demás. Lo mismo ocurre con las emociones negativas: «rechazo a los demás» se convierte en «los demás me rechazan»; «odio el mundo» se convierte en «el mundo me odia»; «tengo ganas de pelear» se convierte en «todo el mundo se mete conmigo».
Al proyectar la cualidad de la emoción tenemos la sensación de carecer de ella «no siento odio alguno» y al mismo tiempo invertimos su dirección «¡pero él me odia a muerte!».
En resumen, cuando proyectamos una emoción invertimos también su dirección.
De modo que al entrar en contacto con mis síntomas e intentar deliberadamente identificarlos, debo recordar que cualquier síntoma determinado -si su núcleo es emotivo- es la forma visible de una sombra, que no sólo contiene la cualidad opuesta sino la dirección contraria.
Así pues, si estoy profundamente afectado y ofendido «debido a» lo que cierto individuo me ha dicho y ello me produce un fuerte sufrimiento -a pesar de que, a nivel consciente, no siento más que afecto por dicho individuo-, lo primero de lo que debo darme cuenta es de que yo soy el autor de lo que está ocurriendo, de que estoy literalmente torturándome a mí mismo. Después de responsabilizarme de mis propias emociones, estoy ahora en condiciones de invertir la dirección de la proyección y ver que mi sensación de atormentado es precisamente mi propio deseo de atormentar al individuo en cuestión.
«Me siento injuriado por ese individuo», a fin de cuentas se traduce correctamente por «deseo injuriar a ese individuo». Esto no significa que vaya a pegarle una paliza; el hecho de ser consciente de mi ira basta para la integración (aunque quizá me apetezca desahogarme aporreando una almohada).
El caso es que mi síntoma de sufrimiento no sólo refleja la cualidad opuesta, sino también la dirección inversa. Por consiguiente, tendré que responsabilizarme tanto de la ira (que es la cualidad opuesta de mi afecto consciente en cuanto al individuo en cuestión), como del hecho de que la propia ira va de mí hacia él (que es lo opuesto de mi dirección consciente).
Por consiguiente, en el caso de la proyección de emociones, lo primero de lo que debemos darnos cuenta, en cierto sentido, es de que lo que creíamos que nos estaba haciendo el medio ambiente, en realidad nos lo hacemos nosotros mismos, nos estamos literalmente atormentando a nosotros mismos; y a continuación, por así decirlo, darnos cuenta de que, a decir verdad, se trata de nuestro propio deseo solapado de atormentar a los demás.
De acuerdo con la proyección de cada uno, sustitúyase el «deseo de atormentar a los demás» por el deseo de amar, odiar, tocar, crear tensión, poseer, observar, asesinar, abrazar, capturar, rechazar, ofrecer, tomar, jugar, dominar, engañar o ensalzar. Rellene cada uno el espacio en blanco o, mejor dicho, deje que su sombra lo rellene.
Ahora bien, este segundo paso correspondiente a la inversión es absolutamente esencial. Si la emoción no se descarga plenamente en la dirección correcta, uno no tarda en caer de nuevo en la costumbre de dirigirla contra sí mismo. De modo que cuando uno establece contacto con una emoción, como la ira, siempre que empiece a dirigirla de nuevo contra sí mismo debe activar la dirección opuesta.
¡Inviértala! Ahora depende de usted: pellizcar o ser pellizcado, observar o ser observado, rechazar o ser rechazado. .
Recuperar nuestras proyecciones es algo más sencillo -aunque no necesariamente más fácil- cuando se trata de cualidades, rasgos o ideas proyectadas, debido a que carecen en sí de dirección, o por lo menos no es tan pronunciada y activa como la de las emociones.
Por el contrario, las cualidades tanto positivas como negativas, como la sabiduría, el valor, el rencor, la malicia, la tacañería, etcétera, parecen ser relativamente más estáticas. Por consiguiente, sólo tenemos que preocuparnos de la cualidad propiamente dicha, sin pensar excesivamente en su dirección.
Claro que cuando estas cualidades han sido proyectadas, puede que reaccionemos ante ellas de un modo emotivamente violento, a continuación de lo cual tal vez proyectemos dichas reacciones emocionales, reaccionemos ante las mismas y así sucesivamente en un vertiginoso torbellino de acumulación de sombras.
Además, es perfectamente posible que las cualidades o ideas no se proyecten, a no ser que estén emocionalmente cargadas. Sea como fuere, es posible conseguir una reintegración considerable, simplemente considerando por sí mismas las cualidades proyectadas.
Como de costumbre, al igual que en el caso de las emociones proyectadas, los rasgos proyectados serán aquellos que «vemos» en los demás, que no sólo nos informan sino que nos afectan poderosamente.
Lo normal es que se trate de las cualidades que imaginamos que otro posee y que nosotros aborrecemos profundamente; suelen ser esas cualidades que tenemos tanto empeño en señalar y condenar violentamente. Poco importa que no hagamos más que lanzar nuestros vituperios contra el área negra de nuestro propio corazón, con la esperanza de desendemoniarlo.
Ocasionalmente, las cualidades proyectadas serán algunas de nuestras propias virtudes, por lo que nos apegamos a aquellos a quienes atribuimos nuestras bondades, a menudo protegiendo y monopolizando febrilmente a la persona elegida.
La fiebre procede, evidentemente, del poderoso deseo de conservar ciertos aspectos de nosotros mismos.
A fin de cuentas, hay proyecciones para todos los gustos.
En todo caso, estas cualidades proyectadas -al igual que las emociones- serán siempre las opuestas a aquellas que conscientemente imaginamos poseer.
Sin embargo, al contrario de las emociones, estos rasgos carecen en sí mismos de dirección y, por consiguiente, su integración es sencilla.
Al dar el primer paso en relación con los opuestos, uno descubrirá que lo que ama o aborrece en los demás no son más que cualidades de su propia sombra.
No se trata de una relación entre yo y otros, sino entre yo y yo. Al establecer contacto con nuestros opuestos, lo hacemos con la sombra y, al comprender de ese modo que nos estamos pellizcando a nosotros mismos, dejamos de hacerlo.
Dado que los rasgos proyectados carecen en sí de dirección, para su integración no es necesario dar el segundo paso de la inversión.
De ese modo, gracias a la entrada en escena de nuestros opuestos, otorgándole a la sombra el tiempo que le corresponde, acabamos por ampliar nuestra identidad -y, por consiguiente, nuestra responsabilidad- a todos los aspectos de la psique y no sólo a nuestra empobrecida persona.
Así, la brecha entre la persona, la sombra se «remienda y unifica», gracias a lo cual evoluciona espontáneamente una autoimagen fidedigna y, por consiguiente, aceptablemente unitaria, es decir, una fiel representación mental del conjunto de mi organismo psicosomático. Así se integra mi psique; así desciendo del nivel de la sombra al del ego.
La mayoría de las «psicoterapias» desarrolladas en Occidente van primordialmente encaminadas a descender al nivel egoico y trabajar en el mismo; de un modo u otro, se ocupan del dualismo/represión/proyección cuaternario, del denominado conflicto intrapsíquico: integrando la sombra, independientemente de cómo haya sido concebida. A nuestro estilo esquemático, sugerimos que a pesar de sus numerosas diferencias de forma, estilo y contenido, y a pesar de sus diferencias en eficacia aparente, se ocupan todas esencialmente del cuarto dualismo principal, con el propósito de «convertir en consciente lo inconsciente», «reforzar el ego», desarrollar una autoimagen fidedigna, etcétera.
Ciertos aspectos de la terapia Gestalt, la psicología psicoanalítica del ego, la terapia de la realidad, la terapia racional, el análisis transaccional, el psicodrama, la plétora de psicologías egoicas -por nombrar sólo unas cuantas- proponen la confrontación de la sombra, para acabar recuperando su posesión y ver de ese modo aquello de lo que antes no éramos capaces: a un amigo en el viejo enemigo.
viernes, 6 de noviembre de 2009
la integración de la mente
“Híbridos de plantas y fantasmas”-
Nietzsche.
“Combinación de objetos vivos limitados, bien circunscritos e identificables
y de animación mental ilimitada, interna, difícil de localizar.”
En el film, 2001 Odisea en el espacio, de S. Kubrick en un momento dado, una computadora, Hall 9000, se rebelaba y decidía tomar determinadas decisiones para acabar con los seres humanos.
Luego en otras películas se ha presentado una situación semejante, la más reciente que recuerdo es
La trama partía de la base de una computadora tan sofisticada y compleja, que paradójicamente en su extremadamente lógica e “inteligencia”, tomaba decisiones destructivas hacia su entorno y en especial hacía los humanos, en estos filmes casi siempre, los protagonistas lograban desenchufarla o alguna otra variante que permitía desconectarla y resolver la situación.
Mi planteamiento parte de esta metáfora y de un base semejante: Nosotros los seres humanos, como especie hemos ido desarrollando en nuestro cerebro “una supercomputadora” (otra Hall 9000).
La complejidad evolutiva como especie en nuestra relación con el entorno y los demás, nos ha “empujado” a desarrollar una complejidad y riqueza en nuestros lóbulos frontales, (el neocórtex), para poder afrontar el reto de una existencia como individuos en este planeta...
En principio esta supercomputadora, surge como una necesidad para poder vivir en este planeta, y nos faculta para afrontar la complejidad de la existencia, pero este Hall por razones de su reciente incorporación, (tan solo miles de años), todavía no está integrado en el organismo.
Su especialización y desarrollo han sido tan rápido que está como poco, casi fuera de control.
Este neocortex que hemos desarrollado y llevamos dentro de nuestra cabeza, es un buscador de significados, de sentidos, evalúa nuestro sistema constantemente y en muchas ocasiones plantea exigencias imposibles de cumplir y como resultado bombardea constantemente al organismo, con exigencias, autorreproches, o establecimientos de códigos morales tan perfectos que se vuelven inaccesibles.
Como resultado, el organismo termina sintiendo, “un gran peso en la cabeza”, intentamos distraernos, olvidarnos de nuestro coco aunque a la vez lo necesitemos utilizar continuamente, y seguimos esforzándonos en intentar cumplir las directrices de dicha parte del cerebro.
Un primer descubrimiento, es darse cuenta que no somos dicha computadora, sino que tenemos una computadora..... Eso ya relaja un poco.
Pero la tarea ímproba es integrarlo, lograr que deje de ser una carga y que encuentre su lugar que no es el de dirigir y controlar nuestra existencia, y así realmente nos facilite nuestra vida.
Este planteamiento la integración de nuestra facultad cortical se vuelve la tarea central de muchas técnicas de crecimiento personal o en diferentes procesos terapéuticos.
Las investigaciones relativamente recientes de neurobiología, apuntan en esa dirección.
Así las emociones y los sentimientos, se consideran sistemas orgánicos avanzados y se vuelven los indicadores del grado de integración del coeficiente intelectual.
Somos seres en evolución y necesitamos ir integrando una facultad y casi un órgano nuevo que hemos desarrollado pero todavía no se ha acoplado al resto de nuestro organismo.
A. Damasio
Hall: Acrónimo de (ordenador heurístico de algoritmos). A partir de un cuento de A.C. Clarke (“El centinela”),
Nietzsche.
“Combinación de objetos vivos limitados, bien circunscritos e identificables
y de animación mental ilimitada, interna, difícil de localizar.”
En el film, 2001 Odisea en el espacio, de S. Kubrick en un momento dado, una computadora, Hall 9000, se rebelaba y decidía tomar determinadas decisiones para acabar con los seres humanos.
Luego en otras películas se ha presentado una situación semejante, la más reciente que recuerdo es
la conspiración del pánico D. J. Caruso.
La trama partía de la base de una computadora tan sofisticada y compleja, que paradójicamente en su extremadamente lógica e “inteligencia”, tomaba decisiones destructivas hacia su entorno y en especial hacía los humanos, en estos filmes casi siempre, los protagonistas lograban desenchufarla o alguna otra variante que permitía desconectarla y resolver la situación.
Mi planteamiento parte de esta metáfora y de un base semejante: Nosotros los seres humanos, como especie hemos ido desarrollando en nuestro cerebro “una supercomputadora” (otra Hall 9000).
La complejidad evolutiva como especie en nuestra relación con el entorno y los demás, nos ha “empujado” a desarrollar una complejidad y riqueza en nuestros lóbulos frontales, (el neocórtex), para poder afrontar el reto de una existencia como individuos en este planeta...
En principio esta supercomputadora, surge como una necesidad para poder vivir en este planeta, y nos faculta para afrontar la complejidad de la existencia, pero este Hall por razones de su reciente incorporación, (tan solo miles de años), todavía no está integrado en el organismo.
Su especialización y desarrollo han sido tan rápido que está como poco, casi fuera de control.
Este neocortex que hemos desarrollado y llevamos dentro de nuestra cabeza, es un buscador de significados, de sentidos, evalúa nuestro sistema constantemente y en muchas ocasiones plantea exigencias imposibles de cumplir y como resultado bombardea constantemente al organismo, con exigencias, autorreproches, o establecimientos de códigos morales tan perfectos que se vuelven inaccesibles.
Como resultado, el organismo termina sintiendo, “un gran peso en la cabeza”, intentamos distraernos, olvidarnos de nuestro coco aunque a la vez lo necesitemos utilizar continuamente, y seguimos esforzándonos en intentar cumplir las directrices de dicha parte del cerebro.
Un primer descubrimiento, es darse cuenta que no somos dicha computadora, sino que tenemos una computadora..... Eso ya relaja un poco.
Pero la tarea ímproba es integrarlo, lograr que deje de ser una carga y que encuentre su lugar que no es el de dirigir y controlar nuestra existencia, y así realmente nos facilite nuestra vida.
Este planteamiento la integración de nuestra facultad cortical se vuelve la tarea central de muchas técnicas de crecimiento personal o en diferentes procesos terapéuticos.
Las investigaciones relativamente recientes de neurobiología, apuntan en esa dirección.
Así las emociones y los sentimientos, se consideran sistemas orgánicos avanzados y se vuelven los indicadores del grado de integración del coeficiente intelectual.
Somos seres en evolución y necesitamos ir integrando una facultad y casi un órgano nuevo que hemos desarrollado pero todavía no se ha acoplado al resto de nuestro organismo.
La mente existe para el cuerpo, y está dedicada a contar la historia de los múltiples acontecimientos del cuerpo.
El núcleo del cerebro antiguo maneja la regulación biológica básica en el sótano, mientras que arriba en la corteza cerebral, se delibera con sabiduría y sutileza.
En el piso de arriba, en la corteza están la razón y la fuerza de voluntad, mientras que en la planta baja, en la subcorteza, está la emoción.
A. Damasio
Hall: Acrónimo de (ordenador heurístico de algoritmos). A partir de un cuento de A.C. Clarke (“El centinela”),
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